Regalo


Hacía mucho, pero que mucho tiempo que Covi pensaba en regalárselo a su marido.

Su relación era buena, llevaban muchos años casados, otros tantos juntos y ambos sabían que tanto el uno como el otro habían tenido algún escarceo extramatrimonial. Nunca quisieron saber hasta donde, pero ambos lo sabían.
La pareja de trentaitantos, como tantas otras, era absolutamente normal, con sus bajones, sus alegrías y sus penas. Con respecto al sexo, que es lo que nos ocupa en este blog, las cosas comenzaban a enfriarse. Cuando lo hacían, lo hacían bien, sin prisa y disfrutaban los dos, pero la rutina y quizás el cansancio hacia mella y sus encuentros sexuales no pasaban de uno o dos al mes.

Covi tenía la persona ideal, era una amiga del trabajo, Bea. Una chica muy atractiva, más joven que ellos, 25 años y muy fogosa.

Covi lo había comprobado en un par de ocasiones en las cenas de empresa, por como bailaba tanto con chicos como con chicas, por como salía de los baños de alguna disco despeinada y limpiándose la comisura de los labios.

Covi sabía de sobra que no salía de beber agua del grifo.

El plan era dar una sorpresa a su chico. Una noche en su casa, vendarle los ojos y hacer que pasara Bea.
Pero no os confundáis, ella no quería un trio no, eso era peligroso y confuso. Ella quería regalarle una felación a dos bocas, cuatro labios y un par de lenguas. Una de las fantasías más típicas y excitantes de todo hombre.
Con esta idea se ahorraba que su marido metiera su polla en el coño de otra mujer, confusiones y celos. Covi lo tenía todo planeado, al milímetro: Su marido atado, vendado y boca arriba en la cama. Primero comienza Covi, luego hace pasar a Bea, las dos le maman la verga hasta que noten que va a explotar, deja ver al marido lo que pasa en sus bajos y luego Covi y solo Covi se lo folla, mientras Bea mira y hace lo que le de la gana, luego si todo va bien, otra mamada doble y se repite el cuento.
Ese era el plan a grandes rasgos.

Pero como en todo plan hay un preparativo, y el primero era decirle a Bea lo que tenía pensado.
Se conocían desde hacía 5 años, tomaban el café de las 10:00 juntas y hablaban de sus cosas, pero pocas veces intimaron, con lo cual la conversación iba a resultar violenta y difícil.

En el café del lunes Covi comenzó a preguntarle cosas a Bea más personales: Si tenía novio, novia, si salía muchas noches. Covi sin sospechar nada, le respondía confiada

En el café del martes Covi sacó el movil y fingiendo que mensajeaba a su marido acabó por enseñarle una foto del susodicho a Bea, la cual elevó las cejas en una señal de aprobación muy típica de las mujeres.

En el café del miércoles Covi le dijo a Bea que ella y su marido habían tenido sendas aventuras extramatrimoniales hacía ya bastante tiempo, pero que ambos las sabían y que se habían perdonado. Bea, para satisfacción de Covi, quiso saber en que habían consistido dichas relaciones, a lo que Covi respondió inventándose ambas, ya que como os había comentado antes, no las sabía.

En el café del jueves Covi le dijo a su amiga que le había enseñado su foto del Facebook a su marido y que este la había dicho que "tenía una amiga muy, muy atractiva". A lo que Bea, divertida y ligeramente ruborizada, contesto "dile que su mujer también es muy atractiva... como el"

 En el café del viernes Covi le soltó la bomba:

-Bea, quiero proponerte algo, no espero que me digas que sí, y tampoco espero que te enfades o te parezca mal. Te conozco, eres muy bonita y si te ofrezco esto es por que confío en ti y sé que entenderás mi propuesta.
-Huyyy, Covi, me estás poniendo nerviosa, ¿qué necesitas?
-Quiero hacerle un regalo a mi marido..... y te necesito. Bea abrió los ojos mucho, y de su boca igualmente abierta no salió ni una palabra.
-No, no es ni un trio, ni que tu te acuestes con el - Aclaró Covi Bea se relajó.
-¿Entonces?
-Quiero hacerle..... una felación.... contigo - Logró decir Covi roja de vergüenza y no pudiendo mirar a su amiga a la cara. Después de varios segundos de incómodo silencio, Bea reacciono.
-Pero estás loca? El lo sabe? Te parezco tan puta como para aceptar?-

Covi no sabía donde meterse, no había sospechado que la reacción de Bea pudiera ser tan mala.
-Perdona, perdona, de verdad, lo siento, pensé que.... no sé que pensé, perdóname, lo siento en el alma-

Y con estas palabras se levantó de la mesa y se fue con un paso más que ligero.

Covi se metió en su despacho y no salió de allí en toda la mañana, no quería por nada del mundo cruzarse con Bea. Pensó que lo mejor sería enviarle un mail pidiendole perdón y discreción a partes iguales, que ella olvidaría el tema y que entendería que no le volviera a dirigir la palabra nunca más. Justo cuando estaba abriendo el programa de correo electrónico, le sonó el móvil. Desbloqueó la pantalla y allí aparecieron las palabras que por nada del mundo esperaba:

"Nuevo mensaje de Beatriz"

Suponiendo que le diría de todo menos palabras bonitas abrío el mensaje y allí aparecieron otras palabras que esperaba mucho menos:

"Lo harémos. Quiero que estés conmigo todo el rato. No me dejes a solas con el"

Escueto y claro. Covi no sabía como actuar, así que locura por locura:

"Acepto todas tus condiciones. Muchas gracias de corazón. Mañana a las 20.00 en mi portal"
Y escribiéndole la dirección de su casa cerró el móvil.

A las 15.00 ambas chicas se cruzaron en la puerta de salida de su trabajo. Covi no sabía como reaccionar, pero Bea le lanzo una leve sonrisa.



El marido de Covi era un chico de estatura media, buen físico y atractivo, llevaba bien la edad que tenía y atraía a las mujeres.
El sábado se levantaron los dos sobre las 9 de la mañana y Covi tenía un brillo especial en los ojos.
Hicieron vida normal, rutina de fin de semana, prepararon un desayuno copioso, salieron a hacer compra, comieron, pequeña siesta y.... justo en ese momento toda la rutina del sábado se fue al traste.

-Quiero que hoy no salgamos, quiero darte placer esta noche... como nunca lo he hecho - Le espetó Covi a su chico.

-Wow, suena bien - Dijo torpemente su marido.

Covi le tomó de la mano y se lo llevó a la habitación. Le ordenó que se desnudara delante de ella que, sentada al borde de la cama, le observaba sin perder detalle. Cuando se plantó delante de ella, completamente desnudo, Covi le tomó la ya semi erecta polla con las manos y se la llevó a la boca.
Un leve "MMMMMHHH" hinundó la habitación.

Covi sabía lo que le gustaba a su chico y sin soltar la polla de este, comenzó a quitarse la ropa que podía. Pantalones, calcetines, tanga. cuando quiso quitarse la parte de arriba solto la verga ya durísima de su chico y se deshizo de camiseta y sujetador.

El cuerpo de Covi era muy bonito, cintura delgada, unos pechos pequeños y muy elevados, y un culo grande pero en su sitio.

Ya desnudos los dos, Covi hizo tumbarse a su marido en la cama, boca arriba. Con su lengua recorrió de arriba a abajo el cuerpo de su chico. Sacó de debajo de la almohada dos cinturones de los dos albornoces que usaban ella y su marido y con un rápido movimiento, ató a su chico las manos a la cama. Este no pudo más que abrir los ojos y sonreír nervioso, excitado... preocupado?
Una vez bien atado, Covi miró el reloj de mesita que tenían en la habitación. Marcaba las 19:58 Por un momentos y durante 3 minutos, mientras estaba sentada, perdida en sus pensamientos, masturbando lentamente a su marido, sin mirarle.... supo que Bea no vendría.
"Hubiera sido demasiado fácil" pensó Covi. Volvió a mirar el reloj: 20:01 y el timbre de la puerta sonó.
Su marido sobresaltado, bufó quejándose, pero solo tuvo unos segundos de realidad. Los justos para darse cuenta de que Covi le dejaba allí, desnudo, atado y empalmado, mientras ella se levantaba de la cama, se ponía su albornoz (sin cinturón) y se dirigía a abrir la puerta.

Con un "Pero Covi vístete...." la chica desapareció de la vista de su marido.

En el recibidor, Covi abrió la puerta y allí estaba Bea. Vestía un vaquero cortado muy arriba, con sandalias, una camiseta blanca casi transparente y gafas de sol.

-Gracias por venir - Susurró Covi dándole dos besos
-De nada... esto es una locura Covi, yo...-

En ese momento, de la otra parte de la casa las interrumpió la voz del marido diciendo "¿Quien es?"

Covi tomó de la mano a Bea y la llevó a la habitación contigua al dormitorio.

-Está desnudo y atado. Yo también creo que es una locura. Ya no sé qué hacer- Reconoció una nerviosa Covi tomando las manos a Bea
 -Está bien, tranquila, todo es cosa tuya, si quieres dejarlo, me voy sin hacer ruido- Bea bajó la cabeza, estaba nerviosa, asustada
-Verás... yo... tu... no sé...- Covi le levantó la cabeza y con un pequeño beso en los labios le susurró "Vamos a hacerlo".

Bea sonrió.


Covi apareció en el dormitorio de nuevo. Sonriente se sentó en la cama al lado de su maniatado marido

-Tranquilo, solo era una vendedora-

Sin más abrió el armario y sacó una corbata, con un suave beso en los labios se la colocó a su marido alrededor de la cabeza a su marido, cegándolo. La respiración de este volvió a ser rápida, la excitación había vuelta tras la interrupción.
Covi bajo parándose en cada poro de su cuerpo, besándolo, hasta que se volvió a encontrar con la polla de su hombre. La tomo con la boca, sin tocarla con las manos. Movimientos profundos pero suaves, hasta el fondo de su garganta.

Covi levantó la cabeza y vio a Bea, en la puerta, con sus braguitas blancas y su sujetador a juego. Mirando nerviosa, con un dedo en sus labios.
La imagen era de una niñita asustada.

Covi dejó la polla de su marido y se acercó a ella. La tomó por la mano y la acercó a su chico. Este levantó la cabeza, extrañado por la desaparición de la boca de su chica en su abrazo a su verga.

Las dos se arrodillaron delante de los pies de la cama, con la visión de los huevos y la dura polla del chico delante suya. Covi no dejaba de masajearla, mientras que Bea no miraba la polla, miraba las manos, la cara, los brazos de su amiga.
Covi en una mezcla explosiva de celos y sobre excitación, tomo la polla por su base y se la ofreció a Bea con una sonrisa nerviosa. Bea reaccionó de una forma sorprendentemente cómica: se llevó la mano a la frente en un gesto de sorpresa y humor, sonriendo y negando con la cabeza.
La complicidad de las dos chicas se vio interrumpida por el "Covi, ¿Que haces? Me estás volviendo loco" que dijo su marido con las manos atadas y con los ojos vendados.
Covi volvió su vista a Bea que, mordiéndose el labio inferior, se acercaba peligrosa y lujuriosamente a la polla del hombre.

Los celos iban en aumento exponencialmente según se acortaban los centímetros de la polla de su marido a los labios de Bea. La excitación apareció potentemente cuando esos mismos labios rodearon el glande de su marido y Bea cerró los ojos. El "MMMMMHH" de su chico hizo que a Covi su entrepierna le vibrara.

Bea solo se había metido el glande en la boca, pero lo besaba, succionaba con cuidado. Covi sabía que esa maniobra a su chico le volvía loco y eso la volvía loca a ella también.

El chico no sospechaba nada, el solo sentía placer, mucho placer.

Fue justo en el momento en que entrecerró sus piernas levemente en torno al cuello de Bea cuando comenzó a sospechar algo, ya que es un movimiento que a su mujer le encanta y que responde con sus manos rodeando el abdomen de su amante. Pero en este caso no.

Ahora los labios de Bea bajaban ligeramente y volvían a subir. Lo hacía muy despacio.
Covi se estaba dando cuenta de que su amiga era una experta mamadora. Sin usar dientes, solo labios y lengua. Su marido levantaba las caderas (signo inequívoco de que le estaba volviendo loco) Covi estaba muy excitada, demasiado. Decidió actuar y levemente tomo la nuca de Bea, por debajo de su pelo y le marco un ritmo suave, despacio, practicamente el mismo que llevaba su amiga... pero Covi quería tocar, sentir.

La imagen de una chica mamandosela a su marido, este retorciendose de placer y ella ayudando a la "extraña" hacía las delicias de su coño.

Bea subió la boca y dejó al aire la más que brillante y dura polla. Tuvo la elegancia y el valor de pasar su mano por la polla del hombre para limpiar su saliva de la misma y tomando por la nuca de la misma manera que se lo había hecho a ella, hizo que Covi bajara a mamar la polla que por papeleo le pertenecía. Allí la tomó.
En ese momento en la cabeza de su marido una chispa saltó. no sabía decir que pasaba, pero pasaba algo, extraño, inusual... pero no sabía decir que era. Solo pudo esbozar un "Uuuuf, nena me estás matando" Covi mamaba deliciosamente la polla de su hombre, mientras que Bea miraba, sin parar de morderse nerviosamente los labios.
Ahora su marido tenía las piernas totalmente abiertas, dejándose hacer, entregándose al placer de la boca de su esposa. Esta mamaba con avidez, jugaba con la lengua sobre el glande de su hombre, con las manos en sus testículos..... y con los ojos buscaba a Bea. Bea se había colocado de rodillas al lado de la pareja, viendo la escena comenzó a despojarse del poco algodón que ocultaba levemente su cuerpo.
Braguitas y sujetador abandonaron su piel y su bonito, pequeño, voluptuoso y redondo cuerpo se mostró en todo su esplendor. Con su mano derecha comenzó una suave masturbación, despacio, disfrutando de el porno en vivo que le ofrecía la pareja de amigos.
Con la otra mano comenzó a acariciar la espalda de Covi, que con su mano derecha busco el contacto tranquilizador y cómplice con su amiga.

Covi sabía que la polla de su chico estaba ya al 100% de dureza y excitación y decidió pasar a la segunda parte del regalo. Saco de su boca el pene e incorporándose se sentó al lado de la cabeza de su marido, aún ciego. Covi miró a Bea y esta asintió, nerviosa, excitada. En un rápido movimiento la esposa quitó la corbata que cegaba a su marido. Este, aún atado de manos, tardó unos segundos en acostumbrar su mirada a la nueva situación. Cuando por fin lo consiguió, levantó la cabeza dirigiendo su mirada a su entrepierna, la cual notaba la suave masturbación que le estaba ofreciendo unas pequeñas manos.

No pudo articular palabra, simplemente su cerebro se colapsó al ver dos cabeza, dos caras bonitas entre sus rodillas flexionadas. Su mujer.... y otra chica, más joven, le sonaba la cara, pero en ese momento no se fiaba de su memoria, no se fiaba de nada.

-Míranos- Le dijo Covi.

Así lo hizo.



El chico vio como las dos chicas bajaban sus cabezas y comenzaban a jugar con sus lenguas y labios. La polla la tenía sujeta por la base Covi, la cual después de dos lamidas en el glande, se la cedía a la otra chica, la cual besaba, lamía y chupaba con ternura la dura y sorprendida polla.

-Pero Covi... yo- Trató de decir el chico.
-Míranos, mira como te la chupamos las dos- Sentenció Covi.

Así continuaron.

Las mamadas cada vez eran más largas entre una y otra, la sed se apoderaba de las chicas.
Las dos bocas jugaban a la vez con la carne dura y venosa. Juntando sus labios, sus lenguas sobre el glande del hombre, el cual miraba y se retorcía de placer.
Fue Bea la que en un impulso de lujuria, se animó a levantarse y soltar las manos atadas del chico. Covi al verla solo pudo sonreirla... con la polla de su marido dentro de la boca, en un gesto cómico y cómplice. El hombre no quitaba ojo de la "invitada", le gustaba, era muy atractiva, se la estaba chupando muy bien... y su mujer estaba allí.

Cuando Bea volvió a la entrepierna del hombre, Covi le pasó la polla, Bea la agarró con cuidado y comenzó a chuparla, mecánicamente, despacio, con el mismo ritmo, igual que un robot. Labios cerrados sobre la base y el tronco, lametazos en el glande y vuelta a empezar.
Covi vio que la polla de su marido estaba perfectamente cuidada y decidió darse placer por primera vez aquella noche. Se subió a la cama, abrió las piernas sobre la cara de su marido, se arrodillo sobre ella y con sus manos se abrió los labios vaginales, poniéndolos sobre los labios de su hombre. Este no pudo más que tomar con sus manos las nalgas de su mujer y comenzar a lamer todo el sexo que ella le ofrecía, le regalaba.

La respiración de su marido chocaba contra la entrepierna de Covi, mientras que su lengua penetraba y buscaba el clítoris.
El placer no podía ser mayor.

Covi se corrió entre temblores y gemidos de placer, arañando el pecho de su marido entre gemido y gemido.
Bea observaba toda la escena sin soltar la polla de su amante con los labios. Excitada como estaba decidió jugarse el tipo y arriesgarse a una nueva maniobra. Soltó la verga y con su lengua buscó los huevos del hombre, que encontró calientes, los lamió para, acto seguido, seguir bajando con su lengua hasta el ano del chico, el cual, cuando comenzó a notar que una lengua comenzaba a hurgar en ese lugar, dio un respingo, un grito ahogado de placer.

Covi se percató del movimiento a sus espaldas, se liberó de la lengua de su marido y bajó a ver como su amiga le daba placer a su chico. Bea cuando vió que había público asistente, dejó de lamer el ano del hombre y, avergonzada, se quedó mirando a la esposa de este.

-Me encanta como eres, ¿me dejas hacérselo a mi?-
-Claro... es tuyo-

Las dos chicas sonrieron divertidas y excitadas.
El marido no daba crédito, estaba en el cielo, la polla no bajada de su erección, el calor, el placer, todo le daba vueltas. La lengua de Covi comenzó a trabajar el ano de su chico y sus manos a pajear la dura verga. Entonces fue cuando Bea decidió dar rienda suelta a sus instintos más ocultos.

Con el marido boca arriba en la cama, con las rodillas flexionadas y Covi de rodillas, entre sus piernas, con el culo en pompa y las piernas ligeramente separadas, Bea se lanzó a lo que había estado deseando toda la velada.
Con leves caricias relajó a Covi, que estaba absorta dando placer anal a su chico. Las caricias en la espalda se hicieron más precisas, más largas.
Con sus manos fue bajando hacía las nalgas de su amiga. Cuando llegó a ellas se aseguró de que su acto no perturbaba a Covi y se colocó justo detrás de ella. Ahora eran las dos manos las que acariciaban ya sin ningún pudor las nalgas de su amiga. La respiración de Covi se estaba acelerando, el movimiento de su espalda así lo delataba, "buena señal" pensó Bea. El siguiente paso era más complicado, Bea acercó sus manos donde las dos nalgas se juntan y comenzó a acariciar la raja del culo de Covi... despacio, suavemente.
No había noticias de que a su amiga le desagradara este nuevo paso. Bea de vez en cuando daba rienda suelta a su furor y, sin que nadie se percatara, pasaba su mano por el coño húmedo, recogiendo alguno de sus jugos y llevándoselos a su boca, donde su lengua los devoraba con avidez.

Bea ya no podía más. Se percató de que Covi había dejado el culo de su marido y volvía a centrarse en su polla, mamándola como una loca.
El hombre la tenía tomada por la cabeza y le marcaba el ritmo. cuando covi bajaba la cabeza para casi llegar a tocar los huevos de su marido, Bea veía como este la miraba.
Bea en un segundo de locura le sonrió y sacó la lengua, retorciendola hacia arriba con lujuria y locura juntas, en un gesto lleno de morbosidad.
Ya no podía esperar más.

Abrió las nalgas de Covi y sin miramientos, sacó esa lengua juguetona. Abrió con sus manos el coño de su amiga y sin pensarlo, como le gustaba a ella, como lo había hecho con sus diferentes novias y amantes ocasionales, comenzó a lamer, comer, succionar, penetrar y jugar con el coño de Covi. Esta solo pudo jadear con la polla de su marido en la boca.
El hombre que sabía que pasaba, tomó a su esposa por los pelos y, literalmente, comenzó a follar a Covi por la boca.
La escena siguiente era devastadora.

Covi se corrió con un alarido animal en la boca de Bea que, experta bisexual, no paró de lamer el mojado sexo, hasta que las convulsiones de su amiga cesaron. El marido no pudo más que correrse cuando su mujer gritaba como una loca por las embestidas de su amiga.

La corrida acabó en su abdomen, blanca, caliente.... Cuando Bea notó que ambos acababan de orgasmar, se incorporó y sin preguntar a nadie, se acercó a las gotas de semen que descansaban en los abdominales del chico, tomó a Covi por la nuca y las dos comenzaron a limpiarle con las lenguas las gotas del blanco y caliente liquido.

Un beso apasionado y húmedo entre las dos chicas, cerró la sesión de limpieza.


Veinte minutos más tarde, mientras el marido de Covi se duchaba, el silencio finalmente se rompió.

-Espero que no te haya molestado nada- Dijo tímida Bea
 -Me has sorprendido, no sabia que tu... que eras...- Trató de decir Covi

Las dos chicas sentadas en la cama una al lado de la otra, desnudas y confesándose. La imagen era tierna, más que erótica.

-Siempre me has gustado mucho Covi. Me ha encantado ayudarte en tu regalo, he disfrutado muchísimo-

La velada termino con silencios incómodos y con castos besos entre los tres integrantes.

Solo un "Te llevo en coche si quieres" fue el preludio a un último "no gracias, quiero ventilarme un poco caminando".


Covi y su marido no se dijeron nada, en sus mentes estaban aún muy frescas todas las emociones y placeres de la velada.
Se durmieron abrazados uno al otro y apenas soñaron nada.


A la mañana siguiente, fue Covi la que bajó a por los periódicos, mientras su chico preparaba los desayunos.
Se habían levantado cariñosos y solamente habían hablado mientras se duchaban juntos.

-Lo pasado pasado es, es un regalo, hemos disfrutado los dos y espero que esto no afecte a nuestra relación- Dijo Covi
-Por supuesto que no- Atajó su marido
-Te quiero-
-Te quiero- Respondió el dándole un suave beso en los labios

De camino al kiosco, en el móvil de Covi sonó el tono de mensaje.
Supuso que era su chico para recordarle algo.

Mensaje de Bea: "El jueves tengo cena con amigas en mi casa Me gustaría que vinieras y las conocieras"

Covi sintió que el fuego la devoraba por dentro y comenzó a teclear en su móvil:

"Donde vives?........."

Cómo nunca llegué a ser un ángel (I y II)

-I-



Tener amigas que estén como un tren tiene más inconvenientes que ventajas. Sobretodo si tú eres también una chica que, noche tras noche, ha de acostarse con cualquier hombre de cuantos conozcan que no sea “el que está bueno”, el que ella disfrutará. La muy zorra...

Da igual que tengas unas tetas jóvenes y suaves, y que casi las regales con tu escote. No importa que tus palabras insinúen abiertamente que tu boca se vende fácil a las pollas, como si fueses una ninfómana desesperada. Porque los tíos, mil veces odiosos, ya han decidido que “el premio” es mi amiga mucho antes de entrarnos. Y yo, que a mi parecer estoy de muy buen ver, no tengo mayor alternativa que convertir en afortunado a algún segundo plato que, encima, hubiera preferido acostarse con ella. Es tan odioso!!!!


Tan sólo en una ocasión nos cruzamos con un grupo de tíos en el que fueran dos, y no sólo uno, los pivones que estaban para comérselos. Y se los llevó, cómo no, ella. Sí, a los dos. Aquella noche le romperían el culo en una de tantas fantasías que yo sólo experimentaré cuando ella me las cuente. No he conocido hombre con el que valga la pena el sexo anal, pero es que aquellos dos tíos... Uf!! En fin, socorro.


Su nombre es Lucía, el mío Ana Mar, y sería esta “rivalidad” de la que ni siquiera sé si ella era consciente la que nos adentraría en la mayor aventura de sexo a la desesperada de nuestras vidas.

Todo comenzó un muy caluroso Martes del mes de Julio, en la playa. Habíamos decidido marcharnos juntas de vacaciones, las dos, solas. La mayoría de nuestras amigas tenían ya pareja estable, y estaba un poco de moda criticar nuestra costumbre de no dormir solas. Allá ellas. Rodeadas de sus “chicos encantadores”, me figuro que la condena de un sexo con dos miembros pasivos había caído sobre todas, y se les notaba en el humor.

Tumbadas en una hamaca, pronto nos sentimos devoradas a miradas (lo que, Dios lo sabe, nos encantaba). Las dos morenas, Lucía escultural, ojos verdes, labios finos, cuerpo en forma, y aquellas piernas maravillosas, y yo, de desgraciados ojos marrones, menos delgada, aunque mis piernas tampoco estaban mal; sabíamos que todos estos detalles pasaban desapercibidos. Miré con envidia los pechos del ángel que estaba tomando el sol a mi lado. Eran enormes. Parecían duros, como si la gravedad no los derrotase, redondos, ardientes, alucinantes. Recordé la ocasión en la que, borrachas como nunca las dos, comenzamos a besarnos en mi casa, calientes perdidas. Continuamos desnudándonos, y, loca de morbo, empecé a lamérselos. Dios, me sentí MUY lesbiana. Ella acabaría tirándose al capullo de mi hermano pequeño en mis jodidas narices, sin que casi me importara. Recordé cómo, sentados ambos en el sofá, Lucía lo cabalgaba de aquella forma salvaje. Cómo le bailaban esas tetas. Arriba, abajo, hipnotizantes, mágicas, embelesando a mi afortunado hermanito, que cumplía los 18 años y apenas le duró unos minutos. Jaja, fue incluso gracioso cómo, después de haberse corrido, le pidió completamente arrepentido de haber dejado pasar la ocasión que intentase chupársela, que sólo un poquito, mientras ella pasaba completamente del tema. Creedme que os gustaría saber cómo terminó todo, como le gustó a él también... pero no he venido a contar esa historia.

Detrás de nosotras, un grupo de chicos un poco más mayores, de unos veintitrés o veinticuatro años, jugaban a una especie de “mini-fútbol” playero y nos miraban de una forma descarada. Me volví un poquito, por curiosidad. No estaban mal, bastante atléticos. Dos de ellos se encontraban apartados, uno estaba escribiendo algo. La incertidumbre me invadió, quería atenderles mejor. Me puse, disimuladamente, a hacer que tomaba el sol boca abajo, con las gafas de sol puestas, para poder así mirarles de una forma discreta.

El chico que escribía, sentado en una especie de banco de piedra que marcaba los lindes de la playa, estaba tremendísimo, tenía un “algo” que me atraía, y el chico que le acompañaba, de pie, tampoco se quedaba atrás. Vi que nos miraban, en especial el segundo. Me entró un pelín de excitación, no sexual, eran nervios, ya sabéis, y me desabroché el bikini para corresponderles, sin dejar de quedarme boca abajo. Tenía que combatir de alguna manera contra la delantera con que Lucía les deleitaba. Puta.

Pronto pude comprender más o menos la escena. El escritor parecía animar a su amigo, que se veía cortado, a algo, y me figuré que mi amiga, yo y nuestros cuerpos tenían algo que ver. Ya lo creo, pronto pasarían a nuestro lado, y el cortado se agacharía un poco para dejar a mi lado la nota que yo sabía que había salido de manos del escritor. Discretos, se metieron al agua sin mirar atrás, dejando que cogiese el papelito sin tener que cohibirme, un detalle. La nota decía:

“Sería capaz de recorrer un mundo entero si supiese que, al llegar, me estuviera esperando tu precioso cuerpo de mujer, así, desnudo, cubierto por, afortunadas las manos, la crema que ahora te nutre, bajo este sol que te deslumbra, y en esta playa que te acoge. Pero tú estás aquí, y, por hoy, no necesito de hazañas para convertirme en el hombre más afortunado del planeta.”

-Jaja, tía- no pude evitar contárselo a Lu (Lucía) -mira lo que acaba de dejarme ese pavo-

Lo leyó, y no tardó en poner cara de rechazo -Mira que algunos están salidos, ¿eh? ¿cuál de los dos ha sido?-

Dios, increíble. Creo que ella se había fijado ya en ellos. Probablemente en el escritor, el chico con ese “algo” que no sabría cómo describir pero que parecía capaz de convertir en realidad todos tus sueños, o al menos los húmedos. Y que esa cara de rechazo se debía a, no sé cómo no me había percatado, ¡que me hubiesen dejado la nota a mí! ¡a mí, a Ana Mar, a la chica-que-no-estaba-al-nivel, mientras Lu se tumbaba al sol con todos sus encantos destacando! Estaba decidido: El chico me había encandilado. El escritor, claro. Y por nada del mundo iba a dejar que Lu se lo anotase esta vez.

-El más rubio, el alto- respondí señalando al cortado y omitiendo el resto de la historia
-¿El rubio? ¿Sí? Oye, pues no está nada mal eh?-
-No, la verdad es que no, ¿no crees?- Le seguí el rollo, aunque su tono ahora me desconcertaba. Por favor, estaba claro que el Escritor era carne de polvazo, pero ella parecía, de verdad, no fijarse.
-¿No vas a devolverle una nota tú, o algo?- me lanzó -tía, esas palabras tienen morbazo.-
-No lo sé, tía, no lo sé! Me lo pensaré. La verdad es que parece divertido!- hablábamos como locas, formaba parte del rollo.
-Deberías volver a ponerte boca arriba- me dijo -las tetas siempre atraen más que las espalda, Anita, que pareces nueva!-
-Jaja, tú y tu mente calenturienta, guarrona! Quizás tengas razón!-

Comencé a abrocharme de nuevo el bikini...

-No! Tía, no seas tonta!- me interrumpió -desmelénate, Anita, que estás en una playa joer!-
-Jaja, pero tía, me pides que deje todas las tetas fuera ahí? Cómo te pasas no?- (sí, la idea me encantaba)
-Oye, pero dijimos que veníamos a disfrutar o qué? Caliéntales con esas tetazas tuyas, que tienes ya una edad, y esa belleza hay que aprovecharla!-

Recordé por qué éramos amigas, sonreí y pensé que, acabara como acabara la cosa, la idea de que no sólo el escritor y el cortado, sino tantos otros desconocidos que nos rodeaban, se pasasen la mañana muertos de ganas por sentir mi senos y soñando con follarme hasta extasiarme sudada, se me antojaba divertida. Claro que sí. Me volví con mis pechos desnudos. No serían los de Lucía, pero no estaban nada mal. Ahora me moría de ganas porque el escritor regresase a la playa para encontrarse con su carnoso regalo.

Los minutos pasaron con los chicos en el agua, el sol me relajaba demasiado, y no pude evitar caer dormida. ¡Maldita tonta!

-Tía!- me despertaría Lu -tía, tía, despierta! No te lo vas a creer! Los chicos nos han traído bebida!-

Desperté. Apenas pude creerme lo que me esperaba. Inclinada sobre mí, despertándome, estaba Lucía. Su pelo negro, que caía sobre su espalda. Sus ojazos verdes. Aquella nariz moldeada, aquella boca tan sexy y... sus increíbles tetas, bailando desnudas, sin bikini como las mías. Arpía, ¿cómo no iban a traernos nada con aquellos melones seduciéndolos? Así como estaba, inclinada sobre mí, sus pechos, morenos, colgaban arrejuntados, y sus pezones, mágicos, quedaban a unos centímetros de mi cara. ¿Lo peor? Que me encantaban. Que me parecían una forma genial de despertarme. Que me moría por besárselos. Por lamérselos. Por dejar mi boca a su servicio y dar a mi lengua su contacto. La envidia me corroía, me sentía traicionada por saber que Lu había seducido a mi aventura, pero también, y esta vez sin estar borracha, me sentía un tanto lesbiana.

-Bua, Anita, estabas tan espectacular ahí con las tetas al aire que me has dao envidia y me he quitao yo también el bikini- me dijo haciéndose la tonta. En su mano, la bebida. Martini. Así, en botella. ¿Cómo podía haberlo aceptado? No era propio de Lucía.
-Mira, es martini. Iba a rechazárselo, ha venido el rubio a traértelo con bastante desparpajo, supongo que ellos también se han metido alguna, pero me he acordado de que te estaba molando, de que éste es nuestro verano y, jiji, le he dicho que sí!- dijo como leyéndome la mente

Joder, Lucía. Si se estaba haciendo la tonta, lo hacía muy bien. ¿Cómo podía no haberse fijado ella en el guapo escritor? Y, sobretodo, ¿cómo montármelas para tirármelo sin que ella se fijase por el camino? No podía permitirlo. El hecho de que centrase su atención en el cortado me daba cierta ventaja: tendría que explotarlo.

-Trae aquí!- le dije cogiendo la botella -puta locura!-

Comenzamos a beber. En la botella no nos esperaba martini. No sé qué habrían metido, pero estaba casi tan bueno como el escritor. Después comprobamos lo rápido que se subía, mientras los chicos nos miraban ya descaradamente y descojonándose. Lu y yo comenzamos a decir cosas tontas y a morirnos de la risa. Aún sonrío al pensar en lo que pasaría por las cabezas de la gente que nos rodeaba, allí, un martes por la mañana, con aquellas dos chicas borrachas y desnudas diciendo tonterías y riéndose. El espectáculo estaba por comenzar.

-Oye Anita! Que me doy cuenta de que llevo más de una hora aquí con las tetas de paseo y se me ha olvidado darme crema!- dijo con especial tono de tonta
-Joder! Y a mí! Dónde tienes la crema?- no era momento de que se me quemasen, no era el puto momento!
-Aquí, en la bolsa!-

Cogió la crema, y se echó un chorrito sobre una de ellas.

-Tía...- me dijo entonces, con un tono muy, muy sexy -¿no quieres calentar un poco a tu ligue?-
-jaja, tía, qué dices...-
-bueno... digo que...- su voz era sensual -podíamos darnos la crema la una a la otra...-
-jajaja, tía!!!!!- dije escandalizada. Teníamos que estar muy, muy borrachas. Para colmo, hablábamos muy alto, y la gente nos miraba.
-Vamos... Como si no tuvieras confianza ya con ellas... eh, Anita?-

Joder, qué picante. Aquellos senos, con un poco de crema en uno de ellos, pidiéndome que los sintiera. Me llamaban, me atraían, me gustaban.
-Está bien, pero si lo hacemos sexy... lo hacemos sexy- le dije sonriendo. En ese momento no estaba pensando en calentar a los chicos. Estaba pensando en las tetas de Lu. En tocarlas. En masajearlas. Y quería hacerlo, quería hacerlo a conciencia, quería disfrutarlo. Cualquier excusa que me ayudase me iría de lujo.

Me arrodillé sobre ella. Sobre su cuerpo tostándose al sol. Ella cerró los ojos y echó la cabeza atrás. Estaba metida en su papel... Y la confianza con la que se abandonaba a mis manos me encantaba. Comencé a tocárselas en un tórrido masaje. Suaves y firmes, cómo las envidiaba, su sólo tacto ya me estaba volviendo loca. Pero quería más. Quería volvérselas a besar. Como aquella noche en que mi boca había conocido por vez primera los pechos de una mujer y la polla de mi hermanito. Sabía que era imposible, rodeados de gente, y cubiertas ya de crema, pero quería lamérselas otra vez. Lucía, además, ponía cara de concentración, como si lo disfrutara. “Finge por el jueguecito del rollo sexy” pensé, pero no. No, había caras muchísimo más sexys, y Lu las dominaba todas. Estaba sintiéndome. Estaba disfrutanto, como yo también hacía.

Me acerqué a su boca. Sentí sus labios cercanos a los míos. Quería besarla. Quería besar a Lucía. A la mujer de ensueño que hipnotizaba. Sentí incluso celos por cuantos hombres habían pasado por esos labios. Quería sentirlos. Pero no estaba tan borracha.

-Lu, no sabes cómo me encanta tocarte las tetas...- parece que sí que estaba suficientemente borracha como para soltar eso. Me arrepentí enseguida... Me miró raro.
-Pero qué dices tía?-
-Joe, no sé, tan blanditas, tan...-
-Jaja, tía, estamos hechas unas lesbianas que lo flipas...- me respondió

Un momento: ¿Cómo? ¿Estaba declarándome abiertamente que no le molestaba? ¿Incluso que, a su manera, a ella también le excitaba? Joder, tenía sentido, era ella la que me había propuesto todo este lío de sobarnos, pero... uf, sería demasiado caliente.

-Es tu turno, Anita-

Me levantó y me hizo tumbarme en mi hamaca. Sus ojos brillaban. Humedeció un poco los labios con su lengua. Lu, me estás poniendo a cien. A mil. A cienmil. Joder, Lucía, si fueras un hombre, comenzaría a chupártela ahora mismo. Lo disfrutaría. Fingiría que lo disfrutaría aún más. Te destrozaría con mis ojos, te follaría con mi lengua, y después... por dios, desearía que tuvieses ganas de mí. De metérmela, de hacérmelo, de cabalgarme, de torturarme a placer. De escucharme gemir como una puta, sobar mis tetas, sujetarme contra la pared y terminar con tu boca en mi vagina. Y ambos seríamos felices. Pero eres una mujer, y no sé qué hacer contigo. No sé jugar como lo hago con los tíos. Ni como tú lo haces conmigo.

En lugar de arrodillarse a mi lado, se subió también en mi hamaca, colocando sus piernas a ambos lados de mi cadera. Su cara expresaba deseo. No pretendía “darme crema”. Tampoco fingía ante los chicos. Quería meterme mano. Quería conocer mis tetas como yo lo había hecho con las suyas. Estaba deseando mi cuerpo. Lu, la chica increíble, me consideraba a su nivel... y yo me sentía feliz. El atrevimiento con el que me trataba indicaba que se le había subido más aquel “martini” que a mí, pero no me importaba. Quería disfrutar con aquello.

Imagináosla. Se echó crema en una mano. Comenzó a masajearme con las dos. Sus brazos, en esa postura, aprisionaban sus tetas que salían, turgentes, deslumbrantes. Sus manos me estaban acariciando a placer. Cerró los ojos, mirando hacia el cielo en una expresión de placer.

-Anita... no sabes cómo me estás poniendo...-

Como me pones tú a mí, jodida.

-Anita... me estás matando...- decía aquella especie de sueño que se sentaba sobre mis caderas.

Comencé a humedecer la parte inferior del bikini. Lucía...

Se inclinó sobre mí. Apoyó sus codos sobre la hamaca. No hace falta mucha imaginación para saber que sus senos se encontraron con los míos. Wow. Nuestras tetas, húmedas por la crema que acabábamos de ponernos, se conocían ahora por vez primera. Lucía seguía con sus ojos cerrados, y comenzó a mover esas tetas maravillosas. Hacia arriba, hacia abajo, en círculos...

Cerré los ojos. Nuestros espectadores estaban ya atónitos. La sentí. La sentí con todo el placer del mundo. Nuestras tetas se estaban besando. Se estaban deleitando. Joder, Lucía y sus tetas. No me cansaba de pensar en esa palabra. Las tetas de Lu. Las enormes e increíbles tetas de Lu.

Sentí su aliento cerca de mi boca. Abrí los ojos, y allí estaban los suyos, encendidos. Mi vagina se humedeció más si cabe. Y así, con su cuerpo desnudo recostado sobre el mío, comenzó a besarme. Esa boca, Lu... no puedes imaginarte cómo me gustó. Primero juntaba sus labios con los míos, en cálidos besos. Luego comenzaba a jugar con cada uno de mis labios. Cuando fue su lengua la que entró al juego, quedé desarmada. Quería que aquel beso nunca terminara. Mi lengua estaba disfrutando la suya, mis labios también, y no podía dejar de pensar en el roce entre nuestros pechos. Nos besábamos, nos saboreábamos. El beso era cálido, era suave, dulce cómodo, excitante. Un beso de mujer.

Entonces Lu comenzó a lamer la comisura de los labios. Sentí cómo me derretía. Mi amiga era una profesional. Y su juego no había terminado.

Se apartó un poco, se recostó a mi lado, sin dejar de pasar su lengua por mis labios. Una de sus manos quedó libre, y comenzó a acariciarme el ombligo. Lu, dime que no estás pensando en eso...

Su mano siguió acariciándome. Tranquila, paciente, como nunca lo había hecho la de ningún hombre. Lu...

Alcanzó la braguita del bikini. Lucía, acabarás conmigo...

Y así, metió su mano y comenzó, suavemente, a masturbarme

-Joder Anita, guardas un trozo de mar aquí abajo?- dijo al sentir la humedad en mi vagina
-No me separes de tu lengua, Lucía- dije lanzándome de nuevo a reclamársela, loca

-Eh! Vosotras!!! Joder, dónde coño os creéis que estáis???-

La voz de un tío, alta, poderosa, nos devolvió a la realidad. No era otro de nuestros espectadores, ya idiotizados. Parecía una especie de guarda o algo. Se acercó hasta nosotras.

-Dios mío, sois lo que me faltaba por ver. Si supierais la multa que os puede caer por esto... Mirad, escuchadme, a vuestro alrededor no hay más que tíos jóvenes, y os voy a perdonar porque no creo que les hayáis molestado precisamente, pero quiero que os larguéis ahora mismo de mi playa, vale chicas?-
-S..Sí, sí señor agente (no creo que fuese ningún agente, pero es lo que me salió), ahora mismo... por supuesto...- me moría de envidia. No así la borracha de mi amiga.
-Pero señor agente... si está empalmadísimo!-

En un rápido movimiento, Lu bajó los pantalones del agente. Desde luego que estaba empalmado, estaba empalmadísimo, cómo no iba a estarlo. Lucía soltó una risita y se metió su pene en la boca. De inmediato, comenzó a mamársela. Maldita profesional. La aparté enseguida como pude.

-Dis... ¡Disculpe señor agente! Es que mi amiga está... está muy borracha... y...-

El guarda no reaccionó, se había quedado paralizado. Así, me apuré en levantar a mi amiga, coger la bolsa y, con las tetas al aire aún las dos, salir de la playa. Una vez fuera, me dijo picantona:

-Espera! Espera!- Se puso a hurgar en la bolsa. Cogió la nota del chico y un boli, y corriendo, anotó mi número de teléfono y se fue corriendo hacia el cortado
-Lucía no!!-

Tarde. El cortado me miró como diciendo “no pasa nada”. La verdad es que, sin ser el escritor, no estaba nada mal. Entonces recordé a mi amor del día. El masculino, al menos. El que tenía “algo”. Ya lo creo que lo tenía. Tenía novia. A su lado, una chica que parecía acabar de llegar lo abrazaba mientas nos miraba con cara de asco. Una maldita novia. Sonará mal, pero este es un relato de confesiones: aquello me enamoró del todo de aquel desconocido. Del escritor. De mi escritor.



-II-


El cortado me llamó al día siguiente. Su nombre era Raúl. Quería saber si me gustaría tomar algo con él. Valiente gesto, llamarme después de un día de borrachera en el que era consciente de que me había visto montándomelo con mi amiga. Tuve que hacerme la tonta, no estaba sola en el hotel. No es que durmiera con Lucía...

Cuando salimos de la playa, estábamos mojadísimas. Y aún en tetas. No sabía si Lucía querría seguir con el juego en la habitación, pero ahora me daba algo de corte y ni siquiera sabía si lo deseaba. Dos tíos pasaron, mirándonos, como toda la calle. Uno de ellos estaba bastante bien, el otro era más bien feote.

-Tía, necesito polla- me dijo Lu, pedo perdida -y este señor tiene pinta de tener una bien deliciosa- dijo agarrándose (sí, desnuda) al guapo. Me resigné. Yo también la necesitaba. No había dónde elegir, así que me quedé con el feo. Una vez en la habitación, desinhibida por el alcohol, le dejé las cosas claras.

-Si estás aquí, es porque mi amiga me ha puesto a cien y necesito desfogarme. Eres un cabrón afortunado, y tu papel esta noche es el de darme placer. Me parece bien que lo disfrutes, por qué no, pero esto es para mí, no trates de cumplir todos tus sueños ahora. Apagaré la luz. Me comerás el coño. Lo harás a conciencia, además, más te vale hacerlo bien, porque pienso correrme mientras lo haces. Si después me apetece, follaremos. Tú te pondrás encima, y me trabajarás. No me beses en la boca, no me gustas. Bésame lo que quieras, excepto la boca-

Puede sonar duro aquí escrito, no lo sé. Sé que estaba pedo, y que a él le sonó a cielo. Un gemido de mujer llegó desde la habitación de Lucía.

Apagué la luz. Me desnudé, cerca suyo. Sin tocarle, haciéndole sentir que me desnudaba. Desabroché su camisa, botón a botón. Seguía sin tocarle en exceso. Sus pantalones... Hacía mucho que no desabrochaba unos pantalones sin proceder a una mamada. Cuando follaba por impulso, por calentón, que eran las ocasiones en los que no cabía el sexo oral, solían desabrochárselos los tíos solitos. Creo que mi invitado lo notó, y supongo que cruzó los dedos. No, no estaba para comerle la polla ahora, estaba decidido. Le cogí la cabeza.

-Ven aquí- le dije, tumbándome en la cama y hundiendo su cabeza entre mis piernas. Intuitivo el chico, se puso a lamer. No lo hacía muy bien. Le cogí la cabeza. No pensaba quedarme sin disfrutar de aquello, y comencé a movérsela según me apetecía. Una vez comencé a disfrutar, el calentón olvidado en la playa regresó instantáneamente. Pensé en Lucía. Pensé en Lucía y en su lengua. La imaginé entre mis piernas. Sí, no era el desconocido el que me estaba dando aquel momento. Era Lucía. Vamos, Ana, concéntrate. Ví sus ojos de mujer mirándome, lujuriosos. Sus labios. Su lengua recorriendo el interior de mis muslos. Comencé a calentarme. Arriba, abajo, Lu besaba mi vagina con deseo, con placer, y su lengua jugaba conmigo. Sus tetas bailaban mientras lo hacía, sus ojos contemplaban bailar a las mías.

-Sí, Lucía, sí, por Dios, sigue...-

Aquello calentó al tipo, que aceleró el ritmo. Lucía había cerrado los ojos, comía con ansia mi coño, con placer. Me miró. Sonrió. Siguió lamiendo. Su lengua, arriba, abajo, húmeda, suave, como el beso, pero en un lugar muchísimo más increible, lamía, me miraba, sonreía, sus tetas seguían bailando, Lucía se excitaba, se entregaba a esa vagina.

-Sigue!! Sigue!!!! Sigue!!!!!-

Su cara lujuriosa se hundió por completo entre mis muslos lamiendo con ansia. Me moría. Bajé mis dedos para ayudar. Pero no eran mis dedos. Eran los de Lucía. Loca, me besaba, me enloquecía, me disfrutaba. “Joder Anita..” dijo antes de volver a lanzar su boca para comerme el clítoris, los labios, para meterme sus dedos, para masturbarme, qué manos, qué boca, dios mío, Lucía, sigue.. sigue...

-Ah!! Ahhh!!! Sí!! Síiiiiiii!!!!!-

Me corrí. Me corrí con ansia, con fuerza. No había sido la mejor comida que me habían hecho, pero mi imaginación había puesto el resto. No sabía si ahora me apetecía que aquel tipo me follara. Me pareció mal cortarle. Supongo que sintió mi invitación, porque subió y comenzó a besarme las tetas. Definitivamente, su boca no tenía ningún don.

-Cariño, si no quieres que se me vaya la líbido por los suelos, creo que es el momento de que me la...-

“Metas”. No me dio tiempo ni a terminar la frase. Su polla me penetró casi sin permiso, vulnerando toda intimidad. ¿Polla? Pollón. Joder. Joder! Me la sacaba y me la metía, vaya miembro! Dios! Quedaba alucinada a cada viaje. Aquel tío había conseguido sorprenderme, y fue una sorpresa más que maravillosa. Sí, sí... Miré hacia mi amante. A oscuras, no se le veía la cara. Pero yo sabía quién era. Era el escritor. Era aquel pedazo de hombre que había dejado en la playa, sobre mí, rozándome, deseándome, metiéndomela, acostándose conmigo. Echaba en falta más violencia, quería que me destrozara, pero el cielo sabe que aquella polla me lo estaba haciendo gozar.

-Dios, sí...- dijo el hombre.
-Cállate- su voz no le quedaba bien al escritor -y sigue follándome, cabronazo, sigue follándome!-

Eso le animó, y sus embestidas cobraron más fuerza.
-Sí joder, sí. Métemela! Métemela! Métemela!!!!- gritaba como una desgraciada. El escritor, con ojos profundos, disfrutaba de mi cuerpo, pero lo hacía a un nivel diferente. Tranquilo, reposado, y violento de igual manera, dejaba que mis piernas le abrazaran, que mi voz le sedujera, que mis pechos le traspasaran, mientras me miraba con complicidad. Era increíble. Era un hombre. Un hombre, como no había conocido a ninguno.

Comenzó a besarme las tetas. Sí, por favor, sí. A chuparlas, a lamerlas. No lo hacía de la forma en que lo hacía el escritor en mi mente, pero no me importaba. Subió por mi cuello. Su pene seguía entrando y saliendo de mi cuerpo, calentándome, disfrutándome, follándome. Follándome, siempre me encantaba esa palabra. Follándome como solo el escritor sabía hacerlo. La temperatura subió. Comenzó a besarme el cuello, la oreja. Era guapísimo, diferente, masculino. Su polla, enorme. Y me estaba follando!!

Me besó en la boca. Se saltó las normas. Pero era el escritor, y me volvió loca que lo hiciera. Loca.
Solté un gemido de placer mientras le devolvía el beso. Le abracé. Le sentí. Sentí su musculado cuerpo, sentí su deseo, sentí sus brazos, sus piernas, su culo. Y esa polla, por favor, esa polla que me estaba matando, que no paraba de entrar y salir de mí.

-Sí!! Por favor, sí!!! por favor!!!-

El orgasmo llegaba, deslumbrando sobre cualquier otra parte de mi ser. Mi lengua estaba en su boca. Mis tetas se frotaban con su cuerpo. Mis piernas envolvían su cadera. Y así, en una increíble explosión de placer. Llegó. Me corrí. Me corrí con toda mi alma, entre gemidos. Sí, escritor. Desde luego que es amor lo que me estás dando. Y lo que te daré yo a ti.

Insatisfecho, el pene de mi amante seguía reclamando mi cuerpo. Encendí la luz. Se lo había ganado. Sin embargo, para mí no dejaría de ser el escritor. Lo senté en la cama. Me arrodillé ante él. Obediente, seguía sin decir una palabra. Pude ver su pene. No era tan grande, después de todo, quizás la imaginación hubiese puesto lo demás. Comencé a chupársela. Capullo afortunado, mi amante se deleitaba en mi entrega al escritor., y si algo sabía hacer, era mamar una polla. Demasiada práctica. Demasiados hombres, demasiados penes, demasiada confianza con mi hermano como para no repetir, y siempre las mismas reacciones. Mi lengua se entregó. Acariciaba su capullo, lo chupaba, lo lamía, lo mamaba. Me entregaba a mi Shakespeare con la intención de inspirarle más que sus letras. Chupaba, humedecía, seguía chupando. Volví a calentarme. Tumbé aquel cuerpo.

Empeñada en no ver otra cara que la de mi escritor, me senté sobre el, de espaldas, y me estiré hasta que mis tetas quedaron a la altura de su polla y mi culo frente a su cara. Así, mis senos envolvieron aquel pene, haciendo que mi acompañante se derritiera en el acto. Ver mi culo bailando mientras lo hacía no solía desagradar tampoco a nadie...

Me recosté más. Ahora, su pene quedaba bajo mis labios, y mi vagina sobre los suyos. Lo que son los escritores, no tardó en acudir a él la inspiración. Comenzamos el sesentaynueve. Yo chupaba y chupaba, como si algo me atrajese en aquel miembro erecto. Lamía, lo recorría, lo conocía. Lo saboreaba. Mi boca subía y bajaba, enloqueciéndole. Sentí que su eyaculación se acercaba. Jodido tío feo, apuesto a que no olvidarás esta noche. Comenzó a correrse, y dejé que su semen se lanzase sobre mis tetas. Les encantaba. Pero había algo que les gustaba aún más. Hice que necesitaba quedarme algo de aquel semen, lamerlo, y lancé de nuevo mi boca sobre la polla de mi Oscar Wilde, terminando mi mamada mientras él terminaba de correrse. Aquello me calentó muchísimo, y sentí acercarse a mi tercer orgasmo de la noche. Comencé a mover mi entrepierna, restregándola contra su lengua con mayor habilidad de la que él tenía para lamérmela. Sí, así sí, así sí!!. Se acercaba. Venía. Tras los dos anteriores, casi parecía algo natural. Alcé la cabeza. Gemí. Grité. Y me corrí.



El tío amaneció en mi cama. De repente, me parecía aún más feo. Y entonces llamó Raúl, el cortado. No sabía muy bien cómo encarar aquello.

-Sí, claro que quedaremos, por qué no?- le respondí -pero tú y yo solos, vale?-

Accedió. Yo ya tenía un plan. No iba a cejar en mi empeño por que mi aventura con el escritor trascendiese la imaginación. Pero iba a ser complicado. Tenía novia. Sin embargo, eso lo convertía en un hombre heterosexual. Sabía cómo lidiar con esa especie. No tan bien como Lu, pero sabía hacerlo. Y, con el cortado de trampolín, Shakespeare acabaría deseando mis tetas antes de que terminasen las vacaciones. Encantada.

El ligue de la noche anterior se había metido ahora en la ducha. Seguía sin decirle palabra. Me metí en el baño. Apagué la luz. Me metí en la ducha. Me arrodillé. Comencé otra mamada. Pero esta no era de premio. Ni el resultado de un calentón. Sería una mamada lenta. Una mamada profesional. Mi lengua se quedaría sin un centímetro que besar, y su pene sin una sensación que conocer. Lo haría delicioso. También me gustaba esa palabra: Delicioso. Sí, simularía que el pene lo era, y le correspondería. Llamadme puta, pero saber hacer aquello formaba parte del plan. Con la luz apagada, no tenía que preocuparme por la expresión facial. Era un error. Encendí la luz. El pobre chico estaba perplejo. Retomé mi mamada. Esta vez no dejé de mirarle. De sonreirle. Sería una mamada larga. Sería una mamada increíble. Al mirarle, no dejé de ver al escritor. Sí, se la estaba chupando a mi amante, y se la chupaba de vicio. La envolví entre mis tetas. El chico gimió. El agua caía sobre nuestros cuerpos, haciéndolo todo mucho más placentero. Me la metía, me la sacaba, jugaba con ella, sin darle tregua. Gemí. Chupé. Sentí cómo se acercaba su orgasmo. No quería que la ducha de ese tío se extendiera, y opté por, esta vez, devorarlo todo. Lo tragué. Él se dejó caer sobre el suelo. Me sentí satisfecha. Tenía la habilidad con un pene entre mis labios. La necesitaría si quería alcanzar mi meta.