GABI LA VAQUERITA 01

Sé que está mal pensar en la hermana de la mujer con la que estás saliendo, más si es una menor de edad... pero Gabi tenía la picardía de una lolita, y yo solo podía desearla cada vez más, mientras ella me dirigía las miradas más ardientes y se levantaba ligeramente la falda de la escuela en mi presencia para que pudiera ver las tangas que usaba o que no usaba... Poco a poco fuimos desarrollando una complicidad que me costaría la virilidad......


GABI LA VAQUERITA 01
Sé que está mal pensar en la hermana de la mujer con la que estás saliendo, más si es una menor de edad... pero Gabi tenía la picardía de una lolita, y yo solo podía desearla cada vez más, mientras ella me dirigía las miradas más ardientes y se levantaba ligeramente la falda de la escuela en mi presencia para que pudiera ver las tangas que usaba o que no usaba... Poco a poco fuimos desarrollando una complicidad que me costaría la virilidad.

[HETERO] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [MEDICO]



Categoria: Hetero      Autor: José Rivada





Gabi la vaquerita - Parte I de V

Por aquel entonces iba con bastante frecuencia la casa de mi novia Ceci, una muchacha de 25 años, profesionista, nacida en la costa de mi país por lo cual tenía atributos sobresalientes. Caderas anchas, unas nalgas firmes y paraditas, senos que al balancearse hacían volar la imaginación y levantaban más de una erección, una cintura y un vientre delgado, y lo más importante de todo, una sonrisa divina. Ceci tenía una hermana, Gabi, una chica que también inspiraba deseo al ser una versión más pequeña de su hermana. Gabi estaba por cumplir quince y Ceci me había invitado a la fiesta en la que pude verla en un apretado vestido de satén, que hizo que pene se pusiera durísimo. Durante toda la fiesta mi gran miembro viril quiso salir de mi pantalón, e ir a parar entre las pequeñas manos de Gabi, sentir  su boquita rodeándolo y dándole placer. Cuando bailé con ella, no paró de rozar mi pene con su vientre y sus nalgas. Gabi disfrutaba de hacer hervir a los chicos en deseo, y no pensaba respetar siquiera que yo estuviese en una relación con Ceci. 

Sé que está mal pensar en la hermana de la mujer con la que estás saliendo, más si es una menor de edad... pero Gabi tenía la picardía de una lolita, y yo solo podía desearla cada vez más, mientras ella me dirigía las miradas más ardientes y se levantaba ligeramente la falda de la escuela en mi presencia para que pudiera ver las tangas que usaba o que no usaba... Poco a poco fuimos desarrollando una complicidad que me costaría la virilidad... Todo pasaba a escondidas de Ceci, que no se imaginaba como su hermana coqueteaba conmigo, y yo también comenzaba a insinuarme. 

A las pocas semanas de empezar a salir con Ceci empezamos  a tener sexo, y era delicioso... Ceci era una garganta profunda, hacía un oral perfecto, y gustaba del sexo anal, algo difícil de encontrar en una chica. Nunca la oí quejarse cuando le hundía mi gran pene en el culo, parecía que estaba siempre lista, dispuesta para el sexo desconocido y perverso.

A veces, en las sesiones más intensas, veía como la puerta de la habitación se entreabría, y el rostro pequeño de Gabi se asomaba, la veía morderse los labios y llevarse la mano a la entrepierna haciendo pequeños círculos sobre su vagina. Eso me hacía arder, penetrando más fuerte a Ceci, quería siempre darle tan duro como pudiera, imaginando que en realidad estaba quitándole la virginidad a su hermanita, si es que aún había alguna virginidad que arrebatar. Este sexo salvaje dejaba a Ceci agotada, y casi siempre caía rendida y dormía, solo para despertar hambrienta de mí pene horas más tarde. 

Sucedió un día después de una sesión intensa de penetración anal. Sabíamos que Gabi estaba en la casa viendo TV, sin embargo no nos importó correr a la habitación y encerrarnos a tener sexo. El culo de Ceci cedía con facilidad ante las embestidas de mi pene, y su boca lo recibía deseosa después, mientras yo jugaba con sus senos. Recuerdo como disparé hacia el fondo de su garganta, potentes chorros de semen, que llenaron su boca y escurrieron luego por su barbilla. Recuerdo  también como se relamía, como su lengua recorría sus labios y la punta de mi pene para limpiar las últimas gotas de leche tibia. Esta tarde de sexo Ceci estaba insaciable y no fue sino hasta después de múltiples orgasmos, que cayó rendida sobre la cama. Ella no se dio cuenta de que la puerta se había abierto, y alguien observaba y gemía suavemente en el pasillo. 

Desde la cama apenas alcanzaba a escuchar los gemidos, y la fricción silenciosa de una mano sobre el clítoris de una mujer. Imaginé a Gabi masturbándose al otro lado de la puerta, totalmente mojada y con las piernas abiertas. Mi pene endureció de nuevo, estaba listo, palpitante y casi doloroso, me decía que fuera y la buscara. Fue así que me puse de pie en silencio y caminé despacio hasta la puerta, dejando atrás a mi novia desnuda. Gabi ya no estaba allí,  solo quedaba en el piso el top que llevaba puesto en la mañana, y una tanguita diminuta totalmente mojada. Escuché como corría a su habitación por el pasillo y la seguí.

En el camino solo pude llevarme su tanguita húmeda a la nariz, y deleitarme con el aroma ardiente de su sexo que empezaba a florecer. En la habitación la hallé recostada sobre la cama, en cuatro patas, levantando el trasero para mostrar su vagina húmeda y ofreciéndomela. Con una mano jugaba con su clítoris, con la otra, comenzaba a dilatar su ano. No dude un instante. Ceci estaba dormida y se presentaba la oportunidad perfecta para satisfacer mi más anhelada fantasía, desflorar a la hermana de mi novia, una hembra cargada de deseo y picardía, una lolita que de pronto se abría ante mí para que yo la llenara con mi pulsante miembro.

-¿Cuánto mide?, preguntó con miedo cuando sintió la cabeza de mi pene en la entrada de su húmeda vagina. 
- 26 centímetros, dije con orgullo. 
- ¿Me va a doler?, preguntó con la voz temblorosa
- Solo al principio, dije. Y empujé mi pene hasta el fondo de su apretada vagina. Vi las lágrimas bajando por sus mejillas y perdiéndose en la almohada. 



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Eran las tres de la tarde cuando empezamos a tener sexo, pasaron horas quizás, ya empezaba a oscurecer. Habíamos probado un montón de posiciones, habíamos dado rienda suelta a las perversiones más oscuras de ambos. Penetración anal, oral, tortura a los pezones y los huevos, nalgadas, latigazos, golpes.


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Estábamos exhaustos luego de tanto sexo, y sin embargo, ambos queríamos tener una última vez, a Gabi le encantaba una posición, la vaquerita. El culo de Gabi era perfecto, redondo, firme, mientras con mi dedo pulgar la penetraba analmente, mientras mi pene grueso la taladraba con violencia, ella cabalgaba encima de mí, con fuertes sentones que nos hacían explotar de placer.  Sentía como mis huevos golpeaban contra las nalgas de la lolita, Gabi, Ella mordía la almohada para callar lo gemidos de placer y dolor, con la respiración agitada. 



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Sabía que Ceci no tardaría en despertar, pero el deseo me pesaba más. La sangre se me heló cuando escuché la voz de Ceci desde la puerta, quien sabe cuando llevaba ahí:

-HIJO DE PUTA, gritó. La mujer desnuda corrió hacia nosotros con un cuchillo en la mano.



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No tuve tiempo para reaccionar y tratar de evitar el cuchillo de carnicero que tenía en la mano, estábamos a punto de terminar y solo pensaba en llenar la vagina de deliciosa de Gabi con mi leche.  La primera puñalada de clavó en la base de mi erección y la cercenó por completo. No solo cortó mi pene de un golpe, sino que alcanzó a arrancar el clitoris de Gabi con la punta del cuchillo. Ambos nos retorcimos de dolor y yo solo pude ver a Gabi echarse a un lado con el clítoris sangrando y mi pene aun incrustado en su vagina. Yo me giré para encarar a Ceci y tratar de detenerla, sin embargo, ella ya había levantado el cuchillo afilado una vez más. 

De un solo tajo cortó mi escroto. Vi mis huevos rodar por el piso de madera, y mi entrepierna sangrando a borbotones. Grite, grite hasta perder la voz, más que por el dolor de las heridas, porque acababa de perder mis genitales, mis huevos y mi gran pene...ya no era más un hombre.  Estaba en shock...

A mi lado, Gabi se retorcía de dolor. Mi pene cercenado ya se había desinflado y había caído al suelo, yendo a parar justo al lado de mis huevos. La niña trataba también de detener la hemorragia de cu clítoris cortado. Y miraba a su hermana con lágrimas en los ojos

Perdón !Perdón!, -decía entre lágrimas
Perdóname hermana, por favor. Me duele, ayúdame.

Pero la mirada de Ceci era salvaje, estaba cargada de furia por la traición. Vi el botoncito, el pequeño clítoris de Gabi sobre el cochón. Ceci, en su sed de venganza la tomó, lo puso en su boca y masticó con fuerza haciéndolo desaparecer. 

Tu herida es pequeña Gabriela, ya no eres una niña, por lo que veo, sin embargo, no sé si sigas siendo una mujer. Una sonrisa malvada se dibujó el rostro de la costeña. Si quieres salvar a este cabrón, deberás ir tu sola con él al hospital para que le curen las heridas. Pero espero que muera. Dijo. Ya se disponía a abandonar la habitación cuando tropezó con mi sangrante pene. 

Ningún hombre puede tener peor suerte, y no existe tortura física, o emocional parecida, a la de ser reducido a un macho sin sexo, que recuerda aquellos días de placeres y excesos en la cama. Ceci recogió mi miembro cortado y se acercó a mí. Antes de perder el conocimiento puede ver como de un mordisco arrancaba el glande y lo trago con la misma voracidad con la que devoró el clítoris de Gabi.  Perdí la conciencia. 

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Esteban, Esteban. La voz de Gabi vino a mí una y otra vez en el sueño, las imágenes de nuestro delicioso encuentro, el olor de su sexo dispuesto a complacerme, el sonido de mi pene entrando y saliendo de su apretada vagina, los gemidos y la excitación...Desperté tres semanas más tarde. Gabi estaba junto a la cama de un hospital desvencijado. 

-Dónde estamos, pregunté.
-En México, en Ciudad de Juarez, cruzamos la frontera hace un par de noches, respondió. Mi hermana Ceci te denunció como pederasta, y como secuestrador de menores cuando me fui contigo, tratando de salvarte.

-Qué pasó con mi pen... con tu clit... no quise acabar la pregunta ya que vi el rostro triste de Gabi.

-Ya no tengo clítoris, pero puedo sentir placer de otra manera. Una penetración profunda, o sexo anal harán el trabajo, dijo. Yo estaba a punto de llorar...sin mi pene...estaba completamente jodido.

Ella me dedicó una sonrisa...Salvé lo que quedaba de tu pene, dijo. Y un médico local pudo reimplantarte un testículo, el izquierdo, el derecho es una prótesis. Mira, levantó la sábana y pude ver mi pene sin glande de nuevo unido a mi cuerpo, vi la cicatriz que rodeaba la base de mi miembro, sin embargo, los puntos ya habían sanado bastante. Debajo del pene flácido, un escroto perfecto con huevos simétricos sobresalía en la parte de abajo y apenas se veía la cicatriz donde Ceci había cortado para castrarme.

Entre lágrimas de alegría pregunté.

¿Mide lo suficiente?

De nuevo vi la sonrisa pícara de Gabi, esa sonrisa de Lolita que me había cautivado desde el principio y me había llevado a la castración parcial...

Tendremos que averiguarlo, dijo, y se llevó mi miembro a la boca. 



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Nota adicional del autor: 

Hola a toda la comunidad de Relatos de Eunucos, soy José Rivada, y este es el cuarto relato que comparto con el sitio. Hoy quiero saludarlos, y ofrecerles algo para que fantaseen un poco.

Resulta que he decidido cortar mi pene y huevos, no todo al tiempo, pero si por partes. Fue una decisión que tuve que meditar muchísimo, pero es algo que quiero hacer. Quisiera que la comunidad de relatos de eunucos me ayudara a escoger una de las opciones con las que empezaré mi camino a ser un eunuco total. Estas opciones son:

1. Circuncisión apretada
2. Abrir la cabeza de mi glande en dos
3. Cortar completamente el glande.
4. Cortar testículo izquierdo
5. Cortar testículo derecho

Cada vez que lleve a cabo una de estas acciones, escribiré una parte más de esta serie de relatos "Gabi", y al final en una nota, podré fotos reales (y si se puede el video) de lo que suceda y pondré nuevas opciones para que puedan disponer de mi hombría como deseen.  Quiero disfrutar de esto, y quiero compartirlo con ustedes. Este es mi paquete, y mi ofrenda para esta valiosa comunidad: 



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Autor: José Rivada       Mail: jrivada@gmail.com