La experiencia es un grado II

Pasaron los días y por suerte a Adri el morbo de la historia que la había contado su compañera había desaparecido. Entre otras cosas por que nuestra amiga había evitado con total éxito a los tres viejos de la historia. Otra de las razones de su aparente normalidad mental y emocional fue que se auto convenció de que la historia era falsa y que su amiga le quería meter el miedo en el cuerpo. El tercer y último motivo fue que le había llegado a casa una carta para hacer una entrevista de trabajo en un laboratorio en el centro de la ciudad.
"Horario fijo, buen sueldo, comisiones... Perfecto" pensó Adriana durante toda la semana.

Pero por desgracia para Adri, la semana del turno de mañana acabó y la siguiente le tocaba el soporífero y largo turno de noche.

E iba a ser una gran desgracia.

Era la primera vez que lo hacía completo y estaba un poco preocupada por si le surgía algún problema, pues era la única asistente en el turno junto con el chico que estaba en la zona de los ancianos incapacitados y eso estaba lejos y si mantenía una atención más seria que su zona.

Sólo en el exterior, en la zona de entrada, había también un vigilante nocturno, pero sin responsabilidades sobre la atención de los ancianos, de manera, que estaba sola.

Ella y los ancianos.

No obstante, en prevención de posibles incidentes, Se hizo una pequeña "chuleta" con todos los teléfonos de emergencias necesarios por si llegaba el caso. Incluso su ya amiga y confidente, África, le había dejado el propio, por si necesitaba consultarle alguna cosa.

La noche entró calurosa.
Se dio una vuelta por las habitaciones. Tenía algunos medicamentos que distribuir, dispuestos en una bandeja con vasitos de plástico, que tenían anotado los nombres, habitación y la hora de administración.

A las 24.00 y Adriana buscaba alguna corriente dejando abiertas las ventanas de su despacho y la del pasillo, pero allí apenas corría ninguna ráfaga de viento.
Miró el reloj y vio las dos agujas una sobre otra al norte de su esfera. Era la hora de la ronda.

El sudor le corría entre los pechos solamente por el esfuerzo de caminar esos pasillos, oscuros, casi entre tinieblas. De pronto se vio tentada a actuar como esos carceleros malvados de ciertas películas e ir golpeando con el gran manojo de llaves las puertas de las habitaciones de los ancianos. La sola idea de hacerlos le arranco la primera sonrisa de la noche.

Volvió a su pequeña habitación y encendió la televisión, nada, programas de cotilleos, películas infumables y debates varios. La volvió a apagar. Encendió el Pc que tenía en la mesa, el ruido que emitía no presagiaba nada bueno, la máquina tendría por lo menos diez años. De pronto un "Hola?" sonó desde su walkie talkie. Adri apretó el botón del suyo y respondió con un lógico "Andrés?". Andrés era el compañero de la otra parte de la residencia. Hablaron solo unos minutos sobre como iba la noche, los problemas que habían tenido (el iba por su tercero y ella ninguno).
Justo cuando a Andrés le surgió su cuarto problema tuvieron que cortar la comunican.
El PC había arrancado y su antiguo sistema operativo funcionaba bastante rápido. Adriana comenzó a jugar al buscaminas, después al pimball y acabo con unos cuantos solitarios.
Miró su reloj y este aún marcaba la 1.46 de la noche. No apagó el Pc y siguió explorándolo. Comprobó que no disponía de conexión a Internet, improbó que había muchas fichas de los ancianos y acabó absolutamente sorprendida en una carpeta dentro de "Mis documentos" que contenía las fotos de una chica desnuda, en una piscina, en posiciones muy sexuales, depilada, masturbándose y riéndose muy caliente. Pensó que sería de algún compañero que guardaba allí fotos de su chica... pero se fijó un poco más y absolutamente nerviosa se dio cuenta de que la chica era África. Trató de buscar una explicación: que haya guardado allí las fotos de un día loco, que las hubiera robado alguien... pero al final, tratando de calmarse comprendió que no, que las fotos eran reales, eran de su compañera, que las piscina donde estaba era la de la residencia.... y que la historia que le había contado era cierta, pero que la chica que había tenido sexo con los ancianos había sido ella misma.

"Puta" fue la primera palabra que le vino a la cabeza.

Su responsabilidad le hizo mirar el reloj y se dio cuenta de que le tocaba hacer la siguiente ronda. Turbada y con la historia de nuevo rondando por su cabeza y su cuerpo se dispuso a hacer la ronda. Esta vez había que volver a dar algunas pastillas a ciertos residentes. Nerviosa, respiró hondo y tratando de calmarse, estudió bien a quien dar cada medicamento, un fallo podría ser mortal en estos casos.

Comenzó a picar a las cuatro habitaciones que tenia que repartirlos.
"Rogelia su medicación"
"Luis su medicación"
"Maruja su medicación"
"Cosme su......"

A Adriana se le calló la píldora, el agua y su concentración al suelo cuando vio que Cosme era uno de los viejos de la historia.

- Hola bonita, ya iba siendo hora de que te tocara el turno de noche para cuidarnos - Le dijo el viejo
- Bueno, es bastante aburrido y con este calor - Respondió Adri desde el suelo secando y recogiendo las píldoras
- Es verdad, pero este calor es buenos para mi lumbago - Sonrió el anciano clavando sus ojos en el hueco que el uniforme dejaba sobre los pechos de Adriana.
- Cosme, por favor...
- Hijita mía eres una dulzura. Un par de amigos y yo mismo nos hemos hecho con unas llaves de la piscina y nos vamos a dar un bañito para refrescarnos. ¿Querrás venís? - Le pregunto.

A Adriana su cabeza se le nubló, sus pierna le flojearon y su respiración se le entrecortó.

- Sabe que está prohibido bañarse sin el socorrista.
- Bueno, más razón para que vengas a cuidarnos - Le espetó sin pensarlo Cosme.

"Imbécil"

- Mira preciosa, nosotros vamos a ir igual, si no bienes, estupendo, pero si nos pasa algo te la cargarás con todo el equipo. Te recomiendo que vengas y nos vigiles.

Adri no tenía salida... pero en el fondo tampoco la quería.

Quedaron que en veinte minutos se verían dentro de la piscina. Adriana le dijo que solo los vigilaría que si hacían tonterías tendría que informar al director.

Nuestra protagonista atravesó las pesadas puertas de la piscina y allí vio a los tres amigos. No estaban en la piscina grande, estaban en el jacuzzi "Con este calor!" Pensó Adri.

Con silbidos y gestos la hicieron acercarse. Por supuesto lo primero que buscó Adriana fue la botella con el líquido verde y los vasos. Y allí estaban.

Los tres ancianos estaban con sus bañadores, invitaron a Adriana a que se sentara en una silla. Ella aceptó y allí estuvieron hablando varios minutos. Curiosamente ella hablo mucho más de su corta vida que ellos de la suya.

El tiempo pasaba y Adriana se impacientaba, los ancianos no tenían muchas ganas de volver a sus habitaciones y ella temía que ocurriera algo.

- ¿Entonces te casarás en breve? - Le preguntó uno de ellos, continuando la conversación sobre la vida sentimental de Adriana
- Sí. Solo espero que las cosas vayan bien. Es el primer y único novio que he tenido y nos gustaría formalizar más la relación.

Los tres ancianos se miraron y sonrieron a Adriana.

- ¿El primero y único?
- Sí, ¿Qué ocurre? - Respondió Adriana sin entender la risilla de los abuelos.
- ¿Como va a ser al primero y el único con ese cuerpo y esa belleza que tienes, chiquilla? Apuntillo uno de ellos dirigiendo señalando a la joven con sus manos

Adriana notó calor en sus mejillas. Se estaba ruborizando por las miradas atrevidas y lascivas de los abuelos, los cuales ya solo tenían ojos para su cuerpo.

La conversación comenzó a desviarse hacia el terreno sexual. Ellos se quejaban de que hacía años que no tenían ninguna emoción o desahogo fuerte. Ella insistía en que a su edad lo que había que hacer era calmarse y disfrutar de la tranquilidad; a lo que ellos, con aspavientos mas propios de jóvenes que de hombres de su edad, negaban rotundamente.

El ambiente comenzó a relajarse demasiado, Adriana se reía con las insinuaciones y los comentarios jocosos de los ancianos. Sin darse cuenta Adriana se había descalzado y estaba sentada a la orilla de la piscina con los pies chapoteando en el agua pasando un buen rato.

Su cara cambió cuando Vio a los tres viejos echarse un poco de ese sospechoso líquido verde en sus pequeños vasos de plástico y beberlo de un solo trago.

- ¿Qué es eso? - Preguntó inocente Adriana, queriendo parecer una enfermera preocupada.
- Absenta - Respondió uno de los señores sin apenas mirarla a la cara
- ¿Y eso os va a sentar bien?
- Ni te lo imaginas, niña mía.

Los comentarios sobre su único amante y la perdida que eso significaba para media humanidad, no cesaron. Algunos eran inocentes, otros simpáticos, pero otros eran directamente sexuales: "Si yo tuviera algunos años menos, no te me escapabas"
La tensión fue creciendo y los comentarios sobre su cuerpo comenzaron a hacerse de notar más de lo necesario.
"Con esas tetitas que se te adivinan..."
"Menudo culo tiene la chiquilla"
"Tu novio debe de ser muy feliz"

Adriana comenzó a sentirse ligeramente incómoda, pero a la vez curiosa, intrigada. La historia que le había contado su amiga sobre la otra chica que acabó desnuda delante de ellos, le llenaba la cabeza de ideas absurdas y sensuales.

A medida que los ancianos seguían convocándola, ella se sentía mas voluptuosa. Se sentía segura, tres viejo no podrían abusar de ella, solo corriendo les mantendría lejos en caso de que se volvieran violentos.... "¿Pero que coño estás pensando?" Se preguntó Adriana.

Cuando quiso bajar de la nube de excitación que le producían las palabras soeces y calientes de los tres hombres, fue demasiado tarde.

Su cuerpo había comenzado a actuar por si mismo y el arqueamiento de su espalda con cada palabra, el morderse los labios con cada insinuación. Adriana estaba ya en una nube y se sentía protagonista de una historia excesivamente morbosa.

- Enséñanos algo, bonita - Le dijo uno de los viejos
- Señores, no creo que sea buena idea - Respondió Adriana tímida y provocativa
- Vamos, lo estás deseando.
- A ver, me pondré de pie y os enseñaré el culo sin bajarme los pantalones - accedió Adriana, sintiéndose poderosa

Así, con calma, sacó los pies del agua, se incorporó y dándose la vuelta, abrió ligeramente las piernas y sacó su precioso culo hacia los ancianos.

Los vítores y las frases malsonantes llenaron el vacío: "te lo comía ahora mismo" "Déjanos verlo sin pantalón" "Mira que preciosidad".

Adriana se sentía poderosa, deseada por aquellos viejos. Su vergüenza fue dando paso a un calor que la llenaba por dentro. Pudo darse cuenta, sentándose de nuevo pero más cerca de ellos que antes, que los tres viejos comenzaban a acariciarse su entrepierna.

"Son míos" Pensó Adriana

Los viejos ya muy desinhibidos, no dudaron en jalear más a nuestra joven amiga. Ella confiada de su poder y de su ventaja les dijo que no era bueno para ellos ni tanto calor, ni tanta excitación. Ellos rompieron en carcajadas. El más atractivo de los tres se levantó e incorporándose lentamente dejó ver su miembro totalmente tieso. Era una verga fina pero larga. Ana se sintió turbada por la imagen del viejo acariciándose los testículos mientras le enseñaba su aparato. Los otros dos amigos se incorporaron de nuevo y dejaron ver sus miembros: uno muy grueso pero más bien corto y el tercero en discordia de unos 20 centímetros muy proporcionado.

Ahora Adriana no sabía si ella tenía la situación controlada o eran ellos los que sabían lo que hacían perfectamente.

- ¿Crees que no nos podemos correr a nuestra edad?
- Yo no he dicho eso - Respondió muy turbada Adriana
- Pero lo crees - Contestó el de la verga gorda
- Creo que tanto calor y tanta excitación os puede sentar mal - Trató de excusarse Adriana

De nuevo las carcajadas.

- Hacemos una cosa, tu nos excitas y comprobamos que ocurre primero: si nos morimos o si nos corremos - La retó el de la polla delgada

Los aplausos y las palabras de ánimo sonaron de nuevo estruendosas en la piscina. Cada vez que los ancianos se comportaban como quinceañeros, Adriana sentía su libido por los aires.

- De acuerdo, será un juego. Si no llegáis todos en quince minutos, habré ganado yo - Sentencio Adriana

De nuevo aplausos.

Los tres viejos, totalmente desnudos, se sentaron en el borde de la piscina. Piernas abiertas y pollas en las manos.

Adriana se incorporó de nuevo. Se desabrochó los dos botones de su camiseta verde, abrió sus piernas y comenzó a moverse muy despacio y muy sensualmente.

Los abuelos comenzaron a masturbarse. Adriana se daba la vuelta, les mostraba su precioso culo, se alzaba el pelo para dejar al aire su nuca.

"Era cierto, lo que me contó mi compañera era cierto. Estoy haciendo lo mismo" Adriana no sabía si eso la turbaba o la excitaba aún mas. Pero nuestra joven amiga no se percató que mientras bailaba y pensaba el borde de la piscina se acercaba peligrosamente a su centro de gravedad.

Solamente fue medio segundo, pero fue suficiente para que en un abrir y cerrar de ojos Adriana apareciera sumergida en el agua. Aturdida y muy avergonzada Adriana abrió los ojos y comenzó a sentir como varias manos trataban de ayudarla para incorporarse. Su pelo, su ropa, su cuerpo, sus zuecos... su orgullo estaban mojados

- ¿Estás bien chiquilla? - Preguntaban los abuelos aún desnudos
- Sí, sí - Respondió Adriana avergonzada
- ¿Seguro?

Adriana notaba las manos en su cuerpo seis manos en su cuerpo, aguantándolo, apoyándolo, cuidándolo, mimándolo. Adriana empezó a notar que las manos comenzaban a apoyarse en partes de su cuerpo que no habían sufrido daño alguno. Una mano se apoyó en su nuca, otra en su espalda, otra en su culo, otra en su pecho izquierdo. Adriana ahora estaba casi flotando en el agua y no era por culpa del líquido elemento.

Dedos pellizcaban sus pezones con cuidado y a través de la ropa mojada. Otras manos apretaban sus nalgas. Unas terceras acariciaban sus labios, los cuales trataban de susurrar un "estoy bien, ya me podéis dejar". Pero de ellos no salía más que un leve gemido.

Los abuelos viendo que su joven víctima se dejaba hacer comenzaron a ser un poco más explícitos en sus toqueteos. El de los pechos se dedicó rápidamente a desabrochar los pocos botones que le quedaban a Adriana en su camisa verde. El de las nalgas, comenzó a bajar los pantalones de Adriana por sus tobillos. En un abrir y cerrar de ojos, la chica estaba con su minúsculo tanga y con su sujetador de encaje.

Adriana seguía flotando.

Las manos volvieron para acabar de desnudar a la joven enfermera. En pocos instantes Adriana flotaba en la piscina, con ayuda de unas experimentadas manos, completamente desnuda y a merced de los tres abuelos.

Cuando la chica notó que una mano comenzaba a subir por su entrepierna, se sorprendió abriendo sus preciosas piernas. Dejando que los arrugados dedos comenzaran a jugar con su depilado y húmedo coño. Cuando quiso incorporar la cabeza para ver quien le estaba haciendo aquello, su visión se vio interrumpida por dos cabezas que a la vez bajaron hasta sus pezones, los cuales comenzaron a chupar y lamer con avidez.





Le asqueaba reconocerlo, pero ella misma sabía que estaba en el cielo a merced de los tres viejos.

Pasados unos minutos, incorporaron a Adriana y allí de pie los cuatro siguieron con su ritual.

Tomaron las manos de Adriana y se las llevaron hasta las duras vergas las cuales Adriana agarró como si le fuera la vida en ello.

La suerte estaba echada y las posiciones tomadas. Los dos viejos a los cuales Adriana Masturbaba le chupaban y lamían las tetas, el tercero en cuestión seguía masturbando el clítoris de nuestra amiga. El placer comenzaba a abrirse camino al igual que sus piernas. El tacto de las dos pollas en sus manos, el saber que estaba haciendo algo prohibido, las dos bocas mamando sus pechos y sobre todo los expertos dedos que se abrían paso en su interior y buscaban insistentemente su placer, hacían que Adriana ya estuviera a merced de esos tres diablos.

De la mano, Los tres ancianos acercaron a Adriana a la orilla. Los abuelos se sentaron en el borde y sin mediar palabra uno de ellos la tomo por la cabeza y llevó su boca hasta su cipote. Era el pequeño y grueso. Adriana poseída, se lo engullo entero y comenzó a mamarlo con avidez. Con los ojos cerrados, nuestra amiga solo podía escuchar el sonido de los otros dos ancianos masturbándose viendo la escena. Justo cuando comenzaron los espasmos antes de la corrida, el anciano separó la boca de Adriana (muy dispuesta a beberse el añejo licor del abuelo) y masturbándose comenzó a correrse en la cara de la joven. Adriana una vez recibido su regalo, se limpio con el agua de la piscina. El siguiente anciano la llamó con un gesto, era el de la verga delgada y larga. Adriana de nuevo se arrodilló en los peldaños de la escalera y comenzó a chupar. A los pocos segundo notó como el tercero en discordia se levantaba y desaparecía.

Justo cuando notó que la verga de dentro de su boca comenzaba a acoplarse, noto como dos dedos entraban de nuevo en su coño.
Como si de un profesional se tratara, el viejo le estaba dando un masaje-masturbatorio increíble, con rapidez y en el punto exacto, movía dos dedos de manera especial. Adriana comenzó a sentir convulsiones en su cuerpo, placer, placer, placer..... Chorros de placer. Justo en el momento en el que soltó la polla del abuelo, Adriana se corría frenéticamente. El abuelo hizo lo propio, pero esta vez su leche calló en los pechos de la joven.

A merced del placer que sentía, solo le quedaba por cumplir con el que parecía más experto de todos. Pero este no quiso una mamada.

Se sentó en el borde de la piscina y llamó a Adriana. Esta aún temblando de su intenso orgasmo, se acercó. El abuelo le tomo de las manos y con una sonrisa le invitó a abrir las piernas. Adriana captó el mensaje enseguida. Tomó la bonita verga del anciano y bajando su cuerpo, se la comenzó a insertar en su coño..... coño muy mojado por lo antes escrito.

Una vez acoplada, Adriana comenzó a cabalgar, suavemente. El abuelo reposaba su cabeza entre las tetas de la joven, lamiendo la suave y húmeda piel.

El morbo aumentaba aún más cuando Adriana se percató de que los otros dos abuelos simplemente tomaban, desnudos, ese brebaje, sin hablar y viendo como su amigo se follaba a la que podría ser su nieta (en el mejor de los casos).

Adriana Aumentó el ritmo de sus embestidas. Quería correrse con la polla de "su abuelo" dentro. En solo unos segundo el orgasmo le llegó de nuevo y unos pocos segundos después el anciano la avisaba de que se iba a correr. Adriana Se incorporó de nuevo; se arrodilló y con un par de golpes de boca, esta vez si logró que el abuelo se corriera dentro de su boca.

Adriana Estaba aturdida, se vestía mientras los viejos no paraban de dedicarle piropos, unos muy bonitos, otros más soeces... pero piropos al fin y al cabo. Como si nada hubiera sucedido, Adriana acabó de vestirse, se giró hacia sus tres amantes y les dijo:

- Agradecería discreción en este asunto.

- No te preocupes, preciosa jovencita - Respondió el mas anciano de todos poniendo por primera vez en toda la noche una cara que de verdad parecía la de un viejo desvalido.




Adriana llegó a casa a las 10.00 de la mañana y se acostó inmediatamente.
Su novió llegó para comer a las 14.00 y la despertó. El estaba eufórico, por fin su chica tendría un trabajo bien remunerado, con horario cómodo y haciendo lo que le gustaba.

Durante la comida hablaron. Adriana estaba ausente, con la mirada perdida y vacía.

- ¿Cuando dirás en la residencia esa que lo dejas? - Le preguntó su chico.

Silencio

- ¿Adriana?

- ¿Sabes? creo que no voy a cambiar de trabajo - Fue su respuesta

La discusión se alargó hasta la hora en la que Adriana volvía a entrar a trabajar.

En los vestuarios Adriana se cruzó con la amiga que le había contado lo de los tres viejos, esta solo le guiñó un ojo.
Eran las once de la noche y nuestra joven amiga, temblando, apretó el interruptor del PC de la mesita del despacho. Fue directamente a la carpeta "Mis documentos" y la abrió. Allí estaban aun las fotos que había visto la noche anterior. Pero vio una carpeta al lado de esta.

"12/07/2010" Era su nombre, la fecha de ayer.
Abrió la carpeta y comenzaron a aparecer imágenes. Imágenes de su culo, de sus pechos, de su coño, de como los viejos la tocaban, incluso una instantánea de como ella se limpiaba el semen de su cara.

Adriana sonrió.

"Adriana?" Sonó en el walkie talkie de la mesa.
"Andres?" Contestó Adriana.
"Todo bien por ahí?" Preguntó el compañero
"Sí, sí, por ahora todo muy tranquilo"


Silencio


"Sabes? Ninguna de las otras chicas se atrevieron a tanto como tu... los tienes

Te vas a enterar

"No sale" pensaban las chicas, "No sale y lleva dentro una hora". Las dudas se acumulaban en las tres cabecitas. Ya no había risas desde hacia muchos minutos, y las miradas eran más de preocupación que de complicidad.

- Quizás haya sido mala idea dejarla sola ahí dentro - Dijo una de ellas mirando a la puerta del local.

- Quizás haya sido una mala idea desde el principio - Respondió otra mirando a la misma puerta.

- Callaros, joder!. Seguro que sale ahora - Sentenció la tercera.




Irene es un bellezón, a sus 18 años es alta, rubia, pelo largo, cuerpo precioso, culito perfecto y pechos más que bonitos, una envidia andante.

Irene tiene solo un pero, y muy grande, es imbécil, creída, orgullosa. Irene tiene amigas, por supuesto, a esa edad por muy idiota que seas, tienes amigas... y por desgracia suelen ser parecidas. Y así ocurría con nuestras otras protagonistas, hermosas pero idiotas. El problema añadido viene cuando una de ellas (Irene) consigue más chicos que las otras; entonces el orgullo y la envidia se abren camino. Un camino cuyo final puede ser peligroso.

Irene la había acabado de cagar cuando comenzó a tener una "relación con derecho a roce" con un ex de una de sus amigas. Carla, Cris y Ana estaban realmente enfadadas con ella, pero Ana, la ex del nuevo amante de Irene, quería algo más. Quería venganza.

- Se va a cagar esa zorra - Repetía Ana dando caladas a su pitillo.

- La verdad es que se ha pasado mogollón - La secundaba Carla.

- Camarero, la cuenta - Pidió Cris.

Ana era una chica lista, mucho, pero se dejaba llevar fácilmente por sus otras amigas. Cris, Cris era un verdadero cerebro, fría, calculadora y muy inteligente.

- Ya sé lo que vamos a hacer - Dijo Cris - No os preocupéis que a esta no le van a quedar más ganas de tío en mucho tiempo.

Cris sentía cierto odio hacia su amiga Irene. Esta le había levantado en más de una ocasión a algún chico por el que ella llevaba mucho tiempo trabajando.

Sí, es curioso como cuatro personas que son amigas, pueden odiarse tanto entre ellas, pero la juventud es así de extraña.

Cris envió sendos SMS a sus dos amigas Carla y Ana para quedar con ellas en su casa. Sabía que Irene estaría con su nuevo "amigo" y que poco le importaba lo que hicieran sus amigas... hasta que e cansara de la lengua y atributos sexuales de su amante.

En la habitación de Cris la venganza se puso en marcha: La idea era llevar a Ire a un pub de parejas swinger o intercambio, resumiendo, un club liberal.
Cuando a Cris le preguntaron por que conocía ella ese lugar, ella respondió que lo conocía y punto.
Unos días antes las tres pasaron por delante del lugar, querían asegurarse de que el local no daba impresión de puticlub mugroso y no era así. La entrada estaba iluminada con luces muy naturales, nada de neones azules, había un portero de 4x4 negro y muy bien vestido y para nada aquel local parecía lo que en realidad era.

La idea fue tomando forma los días siguientes. Era verano, las tres chicas salían por las noches de jueves a domingo, enrollándose con todo lo que les gustaba y dando negativas a ciertos gañanes que les pedían un morreo con lengua.

Los días pasaron y por fin Cris se enteró de que a Irene ya no quería seguir lamiendo el cuerpo de su amante. Con una sangre fía mejor que la de Kaiser Soze la llamó compungida y le comentó la posibilidad de salir ese sábado con sus tres amigas.
La idea de tener tres hombros para que la consolaran y le recordaran lo guapa que era agradó a Ire, que inmediatamente quiso poner ella el lugar y la hora.

- No, espera. Estos días hemos encontrado un pub fantástico, copas baratas, tíos guapísimos y música más que decente - Le respondió Cris mordiéndose el labio llena de ira.
- Sí? pues no se hable más... una mancha de mora, con otra se quita - Respondió Irene.

En cuanto se despidieron, Cris llamó a sus dos amigas-cómplices y les dijo que se pasaran por su casa 2 horas antes de la hora de la cita para aclarar varias cosas.

- ¿Pero no crees que puede olerse el ambiente y salir de allí? - Preguntó Ana

- Esa es una zorra y cuando vea los chicos mayores que hay, seguro que se queda para tratar de comerse alguno. Para ella será un reto - Dijo Cris

- ¿Y nosotras? - Volvió a preguntar Ana.

- Nosotras entramos, tomamos algo rápido y con la excusa del baño nos piramos.

Cris estaba muy convencida de su plan.

Las cuatro se vieron en la plaza donde solían quedar todas las noches.
Monísimas de la muerte podría ser la palabra que mejor las definiera. Aunque para no engañaros Irene era la más espectacular. Su melena rubia contrastaba con su tostada piel, sus ojos claros pintados de negro hacían su cara mucho más atractiva y los pantalones cortos que llevaba apenas dejaban nada a la imaginación, el inicio de sus nalgas anunciaba el final de la tela. Solo una camisa blanca ocultaba vaporosamente ese detalle.

Casi sin hablar entre ellas, llegaron al lugar planeado. En la puerta el negro enorme hablaba con una joven pareja de unos 35 años. Las cuatro jóvenes se presentaron en la puerta y Cris comenzó a subir los tres peldaños que había hasta la entrada.
Una voz grave interrumpió su escalada.

- ¿Donde os creéis que vais? - Preguntó el armario ropero.

- Dentro.... - Murmuró Cris

- ¿Dentro?..... a ver esos DNI

Las chicas extrañadas sacaron sus carnets de los pequeños bolsos que llevaban y se los mostraron al portero. Este miraba sus documentos y las miraba a ellas. Su cara no era de desconfianza, era más bien de confusión: "?Qué coño van a hacer estas niñatas aquí?" pensaba.

- Vale... todo en orden. Pero sin tonterías eh? - Dijo el hombre devolviendo los carnets a las chicas.

La música comenzó a abrirse camino mientras ellas recorrían un estrecho pasillo que daba a una gran sala de baile.
Instintivamente Carla y Ana se dieron la mano, estaban asustadas y muy nerviosas. Cris seguía la primera con paso firme e Irene no paraba de mirar a todas las personas que estaban en la sala.
Llegaron a la barra y un atractivo camarero de unos 32 años les preguntó que qué tomarían. Las chicas pidieron las tres un Malibú con piña. El camarero encogiéndose de hombros se los sirvió.

- Chicas... esto es un poco deprimente - Dijo Irene llevándose el vaso a los labios.

Justo cuando acabó su trago dos hombres de unos 35 y 40 años se acercaron a ellas.

- Hola jóvenes. ¿Qué hacéis aquí? - Les preguntó el canoso mayor.

- Pasando el rato, pero no hay mucho movimiento aún, ¿verdad? - Respondió Carla

- Esto se llenará un poco más tarde, pero ahora la pista de baile está muy bien para darse unos meneos - Dijo el otro señor.

Con un gesto muy galán el mayor ofreció su mano a Irene y está con media sonrisa se la acepto para salir a bailar un poco. "No hay chicos que bailen..." Pensó distraída.
El otro señor se quedó hablando con las tres chicas.

- ¿No sois muy jóvenes para estar en un sitio como este?... ?O no sabéis de que va esto? - Les preguntó

- Mmmmm, lo sospechamos, ¿pero nos lo explicas tu? - Cris, valiente y estúpida le responde

El hombre se acerca a las tres, y susurrando cerca de sus cabezas les suelta: "Aquí se viene a follar mucho"

Ninguna risa, caras de poker y vasos a los labios.

- Y vuestra joven amiga lo va a conseguir muy pronto - Dijo señalando con la mirada a la pareja que bailaba sin pudor alguno en el centro de la pista.

Irene se acercaba con su trasero a la entrepierna del caballero, al ritmo de la música. Este la tomaba cuidadosamente por la cintura y le seguía el ritmo. Irene subía los brazos y los entrelazaba con los de su acompañante.

"Zorra"
"Puta"
"Calientapollas"
Son quizás algunos de los pensamientos más suaves que pasaron por la cabeza de sus tres sorprendidas amigas.

- ¿Alguna de vosotras se anima a bailar conmigo? - Pregunto el caballero.

- Todas nosotras nos vamos al baño - Respondió Cris.

De la mano y sin ser vista por su cuarta amiga, emprendieron camino al aseo.

- No si al final le habremos hecho un favor al traerla aquí - Dijo Carla

- Calla, joder, calla, a ver si la violan de una puta vez - Gritó Cris roja de ira.

De camino al baño (siempre al fondo a la derecha) se toparon con una escena un poco... complicada: Una mujer de unos 40 años estaba sentada en un sofá, entre dos hombres. Mientras besaba a uno apasionadamente, apretaba la entrepierna del segundo que a su vez buscaba el sexo de la mujer debajo de su falda.

Solo Ana se quedó parada delante del trío, sin apenas poder respirar. El hombre que buscaba el sexo de la mujer giró la cabeza y con un gesto de su mano le invitó a que se acercara. Ana echó a correr hacia la puerta del baño donde sus dos amigas acababan de entrar.

- Vale, ahora nos piramos y dejamos que esa puta se las apañe sola - Dijo Carla

- Con cuidado y pegadas a las paredes, no quiero que nos vean salir - Dijo Cris mirándose al espejo.

Así salieron, el local se había ido llenando considerablemente desde que habían entrado y no les fue difícil salir sin que nadie las viera.

Ya en la calle y sintiendo esa mezcla de ira, envidia, miedo y nerviosismo las tres se miraron. Las cartas estaban sobre la mesa y solo había que esperar que Irene saliera corriendo como una loca asustada por lo que pudiera ver allí dentro. Las tres chicas se sentaron en un banco del parque que había enfrente de la entrada del local y esperaron.... y esperaron.

A Ire le estaba cansando el baile con el atractivo hombre y justo cuando se iba a separar y a buscar a sus amigas, sintió como por detrás algo comenzaba a acariciarla. Eran las manos del amigo de su bailarín. Esta algo más gordito y un poco más entrado en años. Irene se dejaba llevar un poco más de tiempo. Solo de pensar la envidia que sentirían sus tres amigas de verla bailando con dos hombres maduros (y seguramente casados) le hacia aguantar el aburrimiento que para ella era estar en ese lugar.
Irene levantó la vista para buscar a sus amigas, pero no vio ninguna cara conocida, lo que si vio fue como el local se había llenado casi al completo. La gente bailaba, todos eran más o menos de la edad de sus acompañantes y eso la incomodó un poco. Aunque las manos de sus dos amigos recorriendo su cintura y espalda hacían que se olvidara de ese detalle de la edad de la gente y se centrara más en intentar que no se sobrepasaran.

Irene comenzó a asustarse cuando después de buscar y buscar con la mirada, no encontró señales de sus amigas por ningún lado. Al sentir que la impaciencia se hacía con ella trató de darse la vuelta y preguntar al mayor de los dos si sabía donde estaban. Al hacer esto y tratar de acercarse a su oído, Irene se encontró con los labios del señor encima de los suyos.

- We, we, we, señor, ¿Qué haces? - Dijo separándose rápidamente.

Sin esperarlo dos manos se posaron sobre los hombros de nuestra amiga y a escasos milímetros de su oído alguien le susurra "besarte". Un escalofrío le recorrió la espalda. Irene se dio la vuelta para ver (de sobra ya lo sabía) quien le había dicho eso. En cuanto su mirada se cruzó con la del hombre más joven, los labios de este le sellaron cualquier palabra que fuera a decir. Este beso fue más allá y la lengua de su amante se abrió paso entre los labios y los dientes de nuestra joven amiga.

Las manos del segundo seguían acariciando su cintura y espalda, la fina tela de la camisa que llevaba no amortiguaba en ningún caso las caricias que le daba el veterano hombre.

El beso se prolongó más de lo que Irene pretendía. El hombre era un experto besador y sentir el mareo de saberse acariciada por otras manos la hizo desvanecerse en sus pensamientos de defensa.
En ese momento el más joven la tomó de la mano y caminando entre la gente se la llevó fuera de la pista de baile. El otro hombre más mayor les seguía de la mano de ella.

En un esfuerzo por controlar sus emociones y excitaciones el miedo tomó el mando:

- Esperad, esperad, donde vamos. ¿Y mis amigas? - Preguntó Irene intentando detener la marcha.

- Tus amigas se fueron al baño, creo que te tenían bastante envidia - Respondió detrás de ella el mayor.

A través del pasillo que Irene estaba atravesando a gran velocidad, ciertas imágenes se mezclaban en su mente: Dos hombres besándose, una mujer masturbando a dos hombres. Dos hombres comiendo los pechos a una mujer. Las imágenes iban tan rápido como desaparecían, pero ahí estaban e Irene no las estaba imaginando, las estaba viendo según iba pasando por las diferentes habitaciones que daban al pasillo.





- Ya tarda - Dijo Ana mientras apuraba su tercer cigarrillo.

- Nos está buscando como una desesperada - Aseguró Carla.

- O se la están follando como nunca en su vida - Terminó Cris.


Aún no.




Irene llegó de la mano de sus dos acompañantes a una sala semi oscura, con un sofá de tres plazas. Allí sin dejar que preguntara por nada, el hombre mayor la abordó con pasión, pero con mucho cuidado. Sus labios comenzaron a comer los de Irene, que aún en estado de shock no sabía si seguir, parar, gritar o echar a correr lo más rápido que sus bonitas piernas la dejaran. Pero no, sus piernas ahora estaban siendo acariciadas por el más joven, que arrodillado en el suelo, se las acariciaba y besaba con delicadeza. Irene estaba en las nubes. Pero eran unas nubes inestables... inseguras.
Su lengua no se movía, solo e dejaba hacer, sentía más miedo que otra cosa y era tal su grado de incertidumbre, que apenas podía pensar. Solo las manos en sus piernas, subiendo despacio la inquietaban. La lengua de su adulto amante, apenas la inquietaba, había besado muchas bocas y esa sería una más "muy mayor" pero lengua al fin y al cabo... y no lo hacía más.
Las manos de su segundo amante seguían subiendo por sus muslos y ya estaban muy cerca de sus nalgas. Los mini pantalones que llevaba apenas ofrecían resistencia a las manos expertas del caballero.

Justo cuando los dedos del hombre se introdujeron en su pantalón y comenzaron a descubrir que Irene solo llevaba un tanga, de repente esta despertó.

Con un rápido movimiento se separó de los dos hombres.

- A ver, os estáis pasando bastante, ¿Qué coño creéis que soy? - Preguntó mientras trataba de bajarse su mini pantalón.

Los dos hombres se miraron y estallaron en una sonora carcajada ante la incrédula mirada de Irene.
Cuando las carcajadas cesaron el mayor se acercó a ella y le preguntó:

- ¿Tu sabes que clase de local es este?

- Ni puta idea, pero no me está gustando nada - Dijo Irene con su pose más diva.

- Pequeña... este es un local de intercambios.

- ¿De qué? - pudo decir Irene

- Un local liberal, donde la gente viene, se conoce y hace cosillas - Respondió el más joven con una pícara sonrisa en su cara.

- Hijas de puta..... HIJAS DE PUTAAAAA! - Gritó Irene con todas sus fuerzas

Los dos hombres se sentaron en el sofá dándose cuenta de lo que había pasado.

- ¿Es que te casas enseguida o algo así? - Preguntó el mayor de los dos.

- No. Seguro que esas putas me la han jugado para asustarme metiéndome aquí.

Ambos se miraron y sonrieron entre si. Se levantaron a la vez y tomando a Irene por la mano se la llevaron de la sala. Esta, en su creída inocencia, les espetó:

- Yo solo me lo haré contigo (señalando al canoso más joven)

Siguieron caminando.

- Esta es la sala de intercambios. Aquí vienes con tu pareja y dejas que otras personas la posean... mientras tu, si quieres, posees a la cuarta persona que queda libre - Le explicó el más mayor.

En la sala dos matrimonios entrados en años y semi desnudos se acariciaba despacio y amorosamente. Por supuesto Irene no pudo distinguir cuales eran las parejas "originales", pero sintió que la situación le estaba dando bastante morbo.

Siguieron caminando.

- Esta es la de los "desconocidos". Aquí entras y si te gusta alguien vas y lo pescas. Pero hagas lo que hagas, no puedes salir de la habitación.

En ella una mujer de no más de 40 años, cabalgaba con la blusa puesta y la falda en la cintura, sobre un hombre bastante mayor. Mientras una mujer a su lado, se masturbaba mojándose los dedos continuamente con su lengua.
Irene se descubrió cruzando sus piernas, apretando sus muslos y agarrando la mano del más joven de sus dos acompañantes. El mayor, viendo la reacción de la joven, la tomó por los hombros en un gesto más de protección que sensual. Ella respondió mirándolo y tratando de sonreír.... nerviosamente.

- Y aquí la última sala, la sala oscura. Aquí entras desnuda o solo con ropa interior.... apenas puedes ver lo que vas a besar, comer, chupar... o follar. Si quieres entrar a verla, nosotros te protegeremos -

- No sé, la verdad, este sitio me está poniendo muy nerviosa - Dijo Irene escapándose una risita.

- Hacemos una cosa - Dijo el mayor - No hace falta que te quites la ropa, solo la camisa, esos pantalones tan cortitos podrán pasar por braguitas. Nosotros te protegeremos.

Irene mirando al más joven, comenzó a desabrocharse la camisa. "Estas tres zorras se van a enterar" pensaba mientras, furiosa y nerviosa, se desprendía de la blusa dejando al aire su precioso y fino sujetador.

Los tres entraron en la antesala de la habitación. Allí los dos hombres se quedaron en ropa interior. El más joven tenía un cuerpo aceptable para su edad, el otro estaba gordito y tenía pelos por todo el cuerpo.

Irene tomó la mano de los dos y entraron en la sala.


- Pero si le ha pasado algo... algo malo de verdad? - Preguntó ya preocupada Ana

- No creo que en un lugar tan serio como parecía este puede pasar algo malo - Respondió Carla

Cris no dijo nada, solo clavaba los ojos en la puerta del club, deseando que Irene saliera a medio vestir, con la ropa hecha girones y gritando como una posesa.




La habitación era oscura, pero tenía justo la luz para ver cuerpos y reconocer partes de la anatomía las las personas que había allí dentro. Irene temblaba, solamente el hecho de estar haciendo lo contrario de lo que esperaban que hiciera, la mantenía firme para seguir adelante con aquella locura. Qué nadie pensara que ella iba a follar o ser follada, no, en cualquier caso si le apetecía tener algo con su "menos viejo" acompañante. Aunque era el otro bajito y gordo el que le tomaba por la cintura detrás de ella.

El trío se sentó en un cómodo sofá, era más pequeño que el anterior y esta vez Irene sintió las piernas de sus dos amigos pegadas a las suyas.
Al poco tiempo los ojos se acostumbraron a la penumbra de la habitación. Delante de ellos una pareja jodía frenéticamente, el sentado en un sillón, ella subida encima de el cabalgaba sin parar, moviendo su melena en cada salto.
Irene comenzó a sentirse extrañamente asustada, justo en el momento en el que notó como las dos manos de sus acompañantes se posaban casi al unísono en sus rodillas.

"Ahora tendría que salir corriendo, pero seguro que esas hijas de puta están esperándome fuera para verlo". Irene se daba ánimos como podía. Su experiencia en el territorio sexual se basaba en polvos con chicos de su edad o incluso un poco más mayores, pero en ningún caso un trío o una orgía, eso solo lo había usado alguna vez para masturbarse, pero no entraba en sus planes. Por su cabeza le iba pasando todo lo que había hecho.

Recordó como un antiguo novio le había metido un par de dedos en el cine y como ella se había dado cuenta de que el señor que tenía 4 asientos más a la derecha la había mirado con ojos de lujuria.

Recordó al ver en un sofá a su derecha a dos mujeres besándose, como una noche de borrachera ella y Cris se habían besado y como sus lenguas se tocaron durante un breve instante... y no le había desagradado.

Imágenes y recuerdos se agolpaban en su cabeza. Irene se descubrió autoconvenciendose de que aquello le gustaba, pero lo que también descubrió es que la mano del mayor de sus dos acompañantes ya estaba en su pierna... y subiendo. Irene le miró, pero este solo miraba a un trío donde dos hombres daban buena cuenta de una chica, quizás la más joven que Irene había visto hasta ese momento. Ella estaba en el suelo a cuatro patas, con un hombre detrás de ella penetrándola muy despacio, mientras ella comía el pene de otro hombre mayor que estaba delante de su cara.

Un acto reflejo e inesperado hizo que Irene abriera sus piernas un poco más. Ahora eran las dos manos de sus dos acompañantes las que acariciaban sin pudor alguno a nuestra joven amiga.

"Sí, recuerdo una noche, una noche hace poco, me estaba morreando con un chico y este se tuvo que ir al baño y en su lugar apareció un amigo y me puse ciega de lengua por unos momentos hasta que volvió el primero, mierda no recuerdo el nombre, y picándole en el hombro pidió permiso para seguir comiéndome... y los dos me sobaron bien" Irene buscaba excusas a la desesperada para que aquello le gustase.

Pero la excusa se la dio uno de los dos acompañantes.

El más joven le giró la cabeza y le plantó un beso profundo, húmedo y muy caliente. Irene se dejó llevar, mientras el mareo de sentir cuatro manos en su cuerpo cada vez la llevaba más lejos. El hombre más mayor se arriesgó y bajando su cabeza comenzó a besar la rodilla y pierna de Irene, que estaba demasiado ocupada chupando la lengua del canoso, este, nota como el aliento de Irene se va haciendo más inciso y pesado, más rápido y audible.


El gordito ya lame y besa las pantorrillas de Irene, el otro no se cansa de chuparle la lengua y morderle cuidadosamente los labios. Ahora Irene ya no busca recuerdos sexuales pasados, ya los tiene muy presentes.




- Tengo algo de frío - Repetía Ana desde el banco.

- De aquí no se mueve nadie hasta que esa no salga - Le dijo Cris mirándola fijamente.

- Esta no sale de ahí en años - Rió divertida Carla.




Irene se dejaba llevar, el mareo y la confusión de sentir esas dos bocas y esas cuatro manos en su cuerpo ya habían ganado la batalla a cualquier pensamiento razonable. El canoso estaba besando la parte superior de sus pechos, mientras el gordito e había puesto de rodillas delante de sus piernas y ahora besaba y lamía la parte interior de estas. Irene había llevado la cabeza hacía atrás para disfrutar de esta nueva experiencia. Justo en el momento en el que estaba dejando escapar un suave y joven gemido sus labios fueron sellados por otros carnosos y viciosos, una mujer de unos 50 la estaba besando, abriendo toda su boca y metiendo su lengua hasta atrás. En un acto reflejo Irene sacó la suya lo que produjo en la madura mujer unas ganas irrefrenables de llevarse la lengua de Irene a su casa; la chupó, lamió y comió hasta límites insospechados, dejando a Irene aún más indefensa ante las acometidas sexuales del local.

Nuestra joven amiga notó como su sujetador bailaba demasiado para estar abrochado y de reojo, vio como el canoso lo había desabrochado y ahora bailaba cerca de su ombligo, los pechos de Irene, como el Guadiana, aparecían y desaparecían dentro de la boca de su amante. El gordito trataba de desabrochar el mini pantalón de la chica, pero apenas podía encontrar el botón que compartía el término "mini" con la prenda. Irene ya desesperada por saber que iba a sentir, en un rápido y ágil movimiento se lo desabrochó y elevando el culo dejó que el gordito le quitara a la vez pantalón y tanga.

"El verano pasado en las vacaciones, en aquella playa tan bonita, me quité la parte de arriba del bikini y metí la parte de abajo por dentro de mis nalgas, dejándola en un tanga y la gente me miraba, los chicos se paraban para pedirme fuego... y me gustaba esa sensación". Irene no paraba de motivarse.

Su desnudez, su perfecto cuerpo y su juventud hizo que muchas personas que solo estaban mirando en la habitación, se percataran de ella y se acercaron a ver el espectáculo. La mujer que la estaba besando también se separó de ellos, ahora alrededor del pequeño sofá había un circulo bastante concurrido de personas que miraban a nuestros tres amigos.

El gordito le había abierto las piernas y sin entrar del todo, pasaba su lengua traviesamente por el depilado sexo de Irene, dando lametones de arriba a abajo, solo con la punta. El canoso se había quitado su ropa interior quedando completamente desnudo. Le había tomado la mano a Irene y se la había llevado a su ya dura verga. Nuestra amiga la había tomado con pasión, pero sin movimiento, estaba aún perdida dentro de la situación. El canoso después de comerla la boca le tomó la nuca y despacio fue bajando su cabeza hasta que la boca de Irene chocó literalmente contra el glande brillante de su amante. Esta sin pensarlo, se lo besó y comenzó a chupar su cabeza, dura y dulce por los líquidos pre seminales. Irene levantó la vista en busca del dueño de esa dulce polla que estaba tragando pero solo vio caras y ojos clavados en ella.



"Una vez me enrollé con un tío en un pub, me metía mano por todas partes y los tres amigos de este nos miraban muy excitados y riéndose con el espectáculo que les estábamos dando a todos"

A su alrededor la gente se apretaba los unos con las otras, desnudos, vestidos, miraban y se excitaban con el precioso cuerpo de Irene devorado por dos hombres.

El canoso le sacó la verga de su dulce boca. El mareo ya no era tal, ahora era vertiginoso placer. Su mente apenas podía sentir unas manos, unas lenguas, unas caricias o unos besos.
El gordo le seguía comiendo su sexo, de manera magistral en cada embestida de su lengua Irene gemía y trataba, asustada por su propio placer, de cerrar las piernas, pero las fuertes manos de su veterano amante se las mantenían abiertas.

Primer orgasmo: la sensación de correrte con una boca bebiendo o chupando tu placer es algo indescriptible, no os descubro nada nuevo, pero cuando aparte de eso tu grito queda ahogado porque tu mente está ocupada masturbando una buena polla, eso ya es imperial. A Irene el orgasmo producido por la lengua del gordito le pilló masturbando la gran polla del canoso. A medida que los gemidos subían de volumen, el movimiento de su manita aumentaba la velocidad.

A los pocos segundos y con convulsiones aún en su cuerpo, sus dos amantes se pusieron frente a ella y con un rápido y ágil movimiento se enfundaron sendos condones.

- No, por favor - Fue lo único que débilmente pudo susurrar Irene.

Pero sus manos la delataban, sus manos sobre sus rodillas mientras mantenía estas abiertas.

El primero fue "su" canoso, entro en el coño de Irene fácil, muy fácil, comenzó a bombear y no lentamente. Tomó sus píes y se los subió a sus hombros. Así comenzó a follarla, hasta el fondo. El cuerpo de Irene se movía frenéticamente en cada embestida y sus "ah... ah... ah...ah..." entrecortados resonaban en toda la sala.
Solo fueron unos minutos, el siguiente en penetrarla fue el gordito, con una polla más corta pero muy gruesa la tomó de nuevo. Este le abrió las piernas mucho y comenzó a moverse con embestidas cortas pero muy profundas.
Cuando Irene cerraba los ojos estaba en el cielo, cuando los abría y descubría en que situación estaba.... ¡que coño! También estaba en el cielo.

Su "tortura" se alargo durante varios minutos, en los cuales los dos hombres se la turnaron. El coño de Irene estaba mojado, dilatado y a punto de llegar a un nuevo orgasmo. Este no llego hasta que entre los dos hombres no la levantaron y la colocaron sobre un reposabrazos del sofá, boca abajo y con su culito en pompa.
Allí tuvo su segundo orgasmo. No supo con quien lo tuvo, por que Irene ni miraba para atrás. A Irene no le importaba quien se la metiera. A Irene solo le importaba gozar y saber qué y cómo se lo diría a sus tres putas amigas.
Notaba como manos se posaban en sus nalgas, en su cintura, en sus hombros, tirando de ella hacia atrás. Sentía ese tacto conocido del látex del preservativo. Sentía como se corrían sus amantes, una, dos, tres, cuatro veces... así hasta perder la cuenta. Levantaba la vista y cada vez veía menos gente delante suya. Agudizaba el oído y sentía cada vez más gente detrás suya. Dedos expertos que abrían sus nalgas para poder metérsela mejor. Alguna que otra palmada en sus preciosas y duras nalgas.
Irene ya no sabía que sonido hacer, los "oooh, haayyyy, uuuyyyy, oooggghhh" y demás expresiones guturales se le habían acabado.

Sintió embestidas fuertes y bestiales; leves y suaves. Alguna que otra mano furtiva buscando sus pezones.

Nuestra joven protagonista perdió la cuenta de sus orgasmos en el cuarto. Sin atreverse a mirar atrás. Irene sabía que no se la habían follado solo sus dos amantes iniciales. Irene sabía que por su coño habían pasado más pollas, bastantes más.

Con su entrepierna dolorida de tanto placer y tanta carne, Irene descubrió que solo quedaban en la sala ella y los dos hombres.

- Te ha gustado? - Le preguntó el canoso

Irene incorporándose con la ayuda del gordito respondió: - Ha sido una experiencia de puta madre - Dijo exhibiendo orgullo.

- Entonces ¿te veremos más por aquí? - Le dijo el gordito ofreciéndole una toalla

Irene solo sonrió mientras buscaba su ropa.

Ya vestida, Irene atravesaba la pista central de la discoteca, las miradas se centraban en ella. Eran una mezcla de aprobación... y admiración. Irene conocía bien esa clase de miradas.

La invitaron a un par más de copas y apurando la última con su cigarro en la otra mano, Irene se despidió de ellos dándole un beso a cada uno en los labios.

Antes de salir del local, Irene se agenció tres tarjetas con el número de teléfono y la página web.

Salió por la puerta.

Vestida.

Sonriendo.

Saludando.

Caminando como una modelo en una pasarela.


No se detuvo, pasó al lado de sus amigas y dejó las tarjetas encima de las piernas de Cris. Se aseguró de que cuando dijo las últimas palabras ellas las escucharan:
"Deberíais de probar a ser folladas por varios tíos... se os quitaría esa cara de frío que tenéis".

La isla IV (fin)

Es tarde, la puesta de sol que se aprecia desde la plaza del poblado es preciosa, casi sobrecojedora. Entre las primeras penumbras del crepúsculo dos cuerpos desnudos se ven después de horas buscándose. Las lágrimas de la mujer hacen sentir al hombre más culpable aún; culpabilidad que, sin saberlo, hace que las lágrimas de su mujer salgan con más fuerza.

El abrazo es sincero, los cuerpos desnudos se funden, sudor, lágrimas... arrepentimiento, vergüenza.

- ¿Donde estabas? - Le susurra Sara al oído de Tino.
- Buscándote - Le responde este ahogando un sollozo.

Por primera vez en minutos se separan y se miran a los ojos. Algo no va bien y ambos lo saben. Lo que no saben es quien confesará primero.

Por primera vez en horas se percatan de que el pueblo ha cobrado vida propia. Alrededor de la plaza hay muchas antorchas haciendo el papel de farolas, el ambiente está coloreado de color amarillo fuego. En el centro de la plaza un banco, ancho, más parecido a un diván que a una cama.
El matrimonio, casi en medio de la plaza comienza a fijarse detenidamente en todo. Delante de la gran choza, del gran hombre han sacado su trono, que no deja de ser una silla hecha de gruesos troncos.

El matrimonio, de la mano, camina hacia la gran choza, desde hace algunos minutos no se miran a los ojos ya, solo caminan intentando pasar desapercibidos. Ahora es más fácil, la oscuridad es ya total en el cielo y la luz del fuego hace que todas las pieles sean del mismo color e igual de desnudas.

En la puerta de la choza aparece la imponente figura del jefe del pueblo, esta vez va desnudo completamente, polla descomunal colgando entre las piernas, de la mano lleva a sus dos concubinas, jóvenes, morenas, muy bonitas, muy desnudas también. El jefe mira a la pareja de invitados y con un gesto hace que dos chicos los tomen y los lleven hasta el centro de la plaza, donde está el diván y un par de grandes antorchas a los lados que iluminan el lugar. Allí los hacen sentarse. Sara se percata por primera vez que todo el pueblo esta haciendo un gran círculo alrededor de la plaza, gente y más gente, jóvenes, muy jóvenes, mayores y ancianos, todos absolutamente desnudos. A sus espaldas Tino reconoce a los tres viejos que les "rescataron" de la isla donde el tiempo se les escapó de las manos mientras dormían. Están alrededor de una gran vasija de barro, cortando hojas de cactus y exprimiendo su pulpa; para, a continuación, revolver mientras echan pétalos de una flor blanca. Cuando sacan la gran cuchara de madera, la mayoría de gente que esperaba haciendo un círculo se va acercando ordenadamente a ellos. Casi todos son jóvenes, hay algún niño, alguna que otra jovencita, y algún anciano. La oscuridad, la desnudez, el miedo y el desconocimiento no dejan ver claramente el número de personas que bebe de ese líquido... pero son muchas. Las dos últimas personas que beben de un pequeño vaso son las dos jóvenes que viven con el jefe. Regresan de la mano y se para delante de la pareja. Con una simple mirada les hacen entender que ellos también tienen que beber. Tino y Sara se levantan y, no sin miedo, se encaminan hacia la vasija.
El líquido sabe amargo, a verdura fresca mezclada con menta. Según baja por el pecho, notan un quemazón que súbitamente desaparece cuando el líquido reposa en el estómago.

Vuelven a su diván, se sientan, les pesa la cabeza y la aldea comienza a darles vueltas. Se toman de la mano, están asustados. Buscan un respiro bajando la cabeza y metiéndola entre sus respectivas piernas, tal como les dijeron en el barco en caso de fuerte oleaje... y se preve gran marejada.

Pasados unos cinco minutos de mareos varios, todo vuelve a su lugar.

Tino y Sara levantan la vista.

Cuerpos.

Cuerpos desnudos.

Cuerpos desnudos tocándose.

Miran al frente, allí está el jefe, con sus piernas abiertas, con su gran polla mirando a las estrellas, con sus dos niñas, lamiendo, chupando, pajeando... de nuevo esa imagen.
Sara no puede apartar la vista de ese aparato, y de pronto, Sara nota la mano de su marido buscando su coño. La cara de Tino es desconocida para Sara, los ojos muy abiertos, mordiéndose el labio inferior, respirando fuertemente. Sara se da cuenta de que ha abierto las piernas dejando así que su marido haya metido ya tres dedos en su coño. Sara vuelve a levantar la vista y ve como dos jóvenes se encaminan hacia ellos. Cuando llegan a su lado comienzan a hablarles de nuevo en su idioma, Sara no entiende nada, Tino está aún perdido buscando algo en el coño de su esposa. Los chicos se miran y se dan cuenta de que no les entienden.
En un abrir y cierra de ojos toman a Sara, la levantan y la obligan a arrodillarse entre las piernas de Tino. La polla de este está más que grande. Sara piensa que tiene que ser una alucinación, puesto que el tamaño de su verga es casi tan grande como la del jefe de la tribu. Uno de los chicos la toma por la cabeza y con cuidado la obliga a meterse el mástil de su chico en la boca. El otro muchacho, toma la polla de Tino y la dirige hasta la boca de Sara.

El acabose.

En cuanto Sara nota en las paredes, lengua y paladar la carne caliente de su hombre una locura se apodera de ella. Comienza a chupar como un cervatillo hambriento chupa de las ubres de su madre. Tino la agarra de la cabeza y le marca un ritmo frenético. Los dos jóvenes se quedan mirando la pareja y se alejan sonrientes (prueba superada)

Hay un calor insoportable en las entrepiernas y vientres de nuestros amigos, un calor que quema demasiado, un calor que solamente parece que se va cuando algo entra en los cuerpos de Sara y Tino.... Sexo.

Tino levanta la vista, sin dejar de agarrar la cabeza de su mujer. Ve al pueblo entero follar, masturbarse, bailar, todos están en trance. La gente cada vez se acerca más a la pareja. Tino se vuelve loco. Hay mujeres follando con hombres, adolescentes chupando pollas de hombres mucho más mayores, tres jóvenes chicas tocándose entre si, metiéndose dedos en boca, vagina....



Locura.

Sara levanta la cabeza y ve lo que ocurre a su alrededor. Sin pestañear se levanta y abriéndose los labios vaginales se introduce el mástil de su marido en el húmedo coño. Este la toma por la cintura agarrándola fuertemente. Los dos comienzan a follar mientras ven a la gente.... follar.

Alrededor de ellos hay una chica bastante joven de rodillas, detrás de ella un chico la penetra despacio. Detrás de este chico otro joven le marca el ritmo tomándolo de las caderas. A los pocos segundos se intercambia de posición y la chica vuelve a gozar otra vez.

Sara sigue cabalgando, ahora a un ritmo más lento. Tino tiene las manos en sus pechos y los masajea y pellizca sus duros pezones.

El marido mira a su derecha y ve una pareja, el tumbado en el suelo, ella en cuclillas encima de el botando como una loca sobre su polla. Cada embiste de la chica los gemidos del chico son una mezcla de dolor y placer.

Sara mira al frente, ve al jefe, no, más bien ve la polla del jefe, ahora sola, grande, brillante. Los brazos en el trono, mirando su gente.

Follando.

Sara siente el pena de su marido dentro, muy dentro, pero ahora no piensa en el, ahora piensa en aquello grande que ve a lo lejos, le parece un mundo la distancia que hay entre ella y el jefe. De repente entre ella y aquel cipote aparece un chico. Muy alto, muy delgado no más de veinte años, qué sin mediar palabra (ni falta que hace), la desconecta de su marido y la coloca sobre el diván, boca abajo, piernas abiertas, culo en pompa y, por suerte, mirando hacia el jefe que, por primera vez, la observa solo a ella.



Tino mira como han colocado a su mujer, pero antes de reaccionar, tiene una cabeza en su entrepierna y justo cuando ve que a su mujer se la empieza a follar el chico alto, a el se la empieza a chupar algo oscuro que ha buscado hueco allí abajo.

Detrás de ellos un anciano está follándose a una joven mientras esta bebe de la entrepierna de una mujer ya bastante adulta.
Cuando el chico alto se separa de Sara, sin tiempo a reaccionar, otro ocupa su lugar. No quiero entrar en detalles sobre la cantidad de orgasmos que Sara está teniendo, por que no acabaría el relato nunca. Pero si os contaré que ese calor que la come por dentro, solo se calma cuando siente una polla dentro de su coño... y hace bastante que no siente ese calor.

Sara mira de nuevo a su izquierda mientras las caderas del quinto hombre la golpean sin cesar, ver una mujer, entrada en años y rellenita, de rodillas, con un jovencísimo chico penatrándola por detrás, mientras un hombre bastante mayor está follándole literalmente la boca.


Tino levanta un poco la vista y ve como detrás la la cabeza que hay entre sus piernas hay una espalda y detrás de esa espalda un culo en pompa que está siendo sodomizado por un chico.

Sara no puede más, ha perdido la cuenta de sus gemidos, de sus placeres y de sus orgasmos. Levanta la vista y vuelve a ver los ojos del gran jefe, clavados en ella. La visión dura bien poco, de repente una polla corta pero tremendamente gruesa se postra delante de ella y busca su húmeda boca, nuestra amiga la abre lo que puede, pero aún así el dolor de la comisura de sus labios hace que desista el intento por meterse eso en la boca. Comienza a pajearlo y a lamer su glande. Al cabo de pocos segundos un chorro de leche caliente se derrama y le cubre mejillas y boca. La polla se retira para dejar paso a dos chicas que comienzan a limpiar el semen del cuerpo de Sara. Lamen sus mejillas, besan su boca, chupan su lengua.



Sara está en el cielo (¿o será en el infierno?)

La turista se da cuenta del gran revuelo que se está formando alrededor de ella. En cuanto las dos jóvenes la dejan libre, dos hombres le dan la vuelta y la dejan tumbada boca arriba, le abren las piernas y metiendo sus cabezas entre ellas, comienzan a comer de su coño. Dos lenguas a la vez "nunca lo hubiera imaginado". No hay tabús. A los dos hombres les da igual que sus lengua se toquen dentro del coño de Sara.

Otro orgasmo, bestial.

Tino continua sentado y una joven dándole la espalda, está botando encima de el. Abierta de piernas, con las del hombre entre las de ella. Es la tercera mujer que pasa por su polla. Son solamente unos segundos, suficientes para que el fuego se apacigüe.

La chica se levanta y Tino divisa una cara familiar, la joven con la que tuvo sexo en la mañana aparece. No le da la espalda, se sube encima, se coloca la polla delante de su coño y sin contemplaciones comienza a follarlo, como antes, es una gata. Se contonea, se menea, se retuerce. Como si necesitara ayuda la mujer de detrás de ella, la toma por las caderas y le marca el ritmo.

"Esto es una locura"

Tino se corre, su grito es ensordecedor y hace que en toda la tribu reine el silencio por unos segundos. Su pequeña amante se retuerce y le clava la uñas en la espalda, su grito, más agudo, hace entender que también le ha llegado el placer.
A la pequeña, en un abrir y cerrar de ojos, dos hombres la levantan en volandas. Con una mano la toman de las piernas, mientras ella rodea con sus brazos ambos cuellos. Las delgadas piernas continúan abiertas y Tino ve como una oleada de cuerpos de mujeres desnudas se abalanza, como zombis hambrientos, sobre ella para comenzar a lamer, comer, beber y en resumidas cuentas limpiar su recién fecundado coño.

Nuestro hombre no da crédito, peor menos se cree aún cuando ve a su Sara empalada por un robusto hombre desde detrás es follada una y otra vez por dos jovenzuelos que, traviesos ellos, sonríen mientras la chica intenta tragar todo lo hondo que puede. El primer en llegar le agarra la cabeza y con cortos temblores descarga toda su leche en la boca de Sara, que intenta tragar, no sin antes tomar aire para no atragantarse. Inmediatamente después, el otro joven ocupa el lugar de su amigo y se corre rápidamente; esta ves la corrida se deposita en la lengua de Sara, que traga con avidez y, por que no decirlo, mucho vicio.

Tino no puede más, siente calor, miedo, excitación, hambre... todo.



Sara se separa del hombre que lleve martilleando sus caderas más de diez minutos y, como si de una pasarela de moda se tratara, se levanta y comienza a caminar, contoneándose, hacia el jefe.... El Gran Jefe.

Este la mira, Tino la mira, la joven que aún está en volandas la mira, los chicos que acaban de correrse en su boca la miran... Todo el pueblo la mira. Todo el pueblo sabe que va a intentar.

La polla mide 31 Cm de largo y unos 9 Cm de diámetro. Sí, puede parecer que es una misión imposible, pero el coño de Sara nunca ha estado tan lubricado, tan grande, tan dilatado... y Sara nunca ha tenido tantas ganas de meterse algo por alguna parte de su cuerpo en su vida.

Sara agarra el aparato con ambas manos, de repente el silencio de la aldea es sepulcral, nuestra amiga nota como cientos de ojos se clavan en ella. Sara se da la vuelta sin soltar aquel mástil y busca los ojos de Tino.

Los encuentra.
Tino, con la jovencísima muchacha de la mano, se incorpora y asiente.

Sara se escupe en las manos, mucho. Comienza a masajear la polla del jefe, a dejarla reluciente. Con ambas manos sube y baja, vuelve a escupir en su glande, con su lengua lo esparce bien.

Se sube a horcajadas encima de sus pantorrillas, comienza a bajar su pelvis. Esta vez no hace falta que nadie dirija el aparato, está firme y apunta al cielo... en este caso hacia la raja depilada y dilatada de Sara.

Con un sonoro "Mmmmpppppfffff" Sara comienza a introducírselo. No, no va a poder. Comienzan a escucharse murmullos. Sara trata por todos los medios de dilatar más y no hay cosa mejor que darse más placer. Se masturba frenéticamente.

"Sí"

La gente murmulla más.

Sara nota que su cuerpo se llena, desde su dedo meñique del pie, hasta el último pelo de su despeinada cabeza. En su entrepierna se reunen la angustia, el dolor y el placer.

La angustia gana terreno, pero enseguida desaparece, el masaje en su clítoris hace que el coño lubrique y haga más espacio. El dolor aparece cuando la polla del jefe pasa su glande y comienza a penetra el grueso tronco, pero el placer ya está ahí. Sara se masturba y tiene un orgasmo, brutal, casi asesino. El jefe no la toca, sabe lo que hace y tiene las manos en los brazos del trono.

Placer.

El murmullo ya casi es un grito de júbilo.

Cuando Sara acaba de sentir el placer de su masturbación, sus nalgas comienzan a notar que tocan algo.

"Sí"

Esta empalada.

Ahora el jefe la toma de las caderas y con un gesto sorprendentemente dulce, comienza a subirla y a bajarla, centímetros, casi milímetros.

"Sí"

Sara comienza a notar algo, un murmullo en su estómago que quiere salir a la oscuridad de la noche.

"Dios"

Sale, no se puede detener

"Dios"

Una última y leve embestida del jefe.

"Diiiiiiiiiiiiioooooooooooooooooooooooooooooooooosssssssssssssssssssaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.....Ahaaahhaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaa".

La tribu entera grita, exclama, vitorea, salta.


En la oscuridad de la noche ya sin antorchas... hay una nueva reina.




La pequeña barca que aparece por el horizonte lleva a bordo su capitán, tres tripulantes, dos policías y dos médicos.
En su idioma un hombre vestido con unos vaqueros rotos y una camisa floreada, habla con un anciano solo ataviado con un taparrabos.
Se despiden con un amable gesto y una sonrisa.

Tino siente la brisa en la cara, pro primera vez en dos días lleva una camiseta y un bañador, no son suyos, pero los agradece. Uno de los médicos le pregunta en inglés si está bien. Tino asiente sonriendo.
El otro médico habla con la chica en un inglés más que pobre. Ella no responde.

No sabe inglés, ni siquiera castellano. Tiene catorce años y el bikini que lleva le queda demasiado grande... y le es incómodo, no está acostumbrada a llevar ropa.

Me turbas sin más

Gabriela, Gabi para los amigos es preciosa, 35 años, morena de pelo largo, ojos verdes, alta y con una figura más que apetecible.

Gabi estaba casada con Rodolfo, eran felices y tenían una preciosa niña de 3 años. Su matrimonio era de lo más normal, en una ciudad de lo más normal y con una vida social de lo más normal.

Gabi acababa de trabajar a las 15.00 como profesora de instituto y tenía muchas tardes libres, a Gabi le encantaba navegar por la Web. Tenia cuentas en Facebook, Twitter, Youtube, etc, etc.
La vida sexual de Gabi era lo más común después de años de matrimonio, fidelidad y una hija, lo justo para contentar a ambas partes, pero nada copioso.

La media de masturbaciones de Gabi era de dos veces a la semana, usaba su pequeño consolador regalo de su marido en su 8º aniversario de bodas y buscaba vídeos subidos de tono por la Web. No le gustaba el porno duro, clásico y sin sentido. Le gustaba ver parejas haciéndolo, pilladas con cámara, amateur grabándose y tríos, le encantaban los tríos y las imágenes con más de dos personas. Era su fantasía, le daba igual si era con dos hombres o dos mujeres, si era una fiesta salvaje o simplemente una orgía. Le excitaba sobremanera ver cuerpos desnudos acariciándose, lamiéndose, tocándose.

Por supuesto el pasado de Gabi era como su presente. Había tenido cuatro novios, había hecho el amor con todos ellos, pero no había hecho ningún trío, ni orgia ni nada fuera de lo común.

La tarde del atrevimiento transcurría placidamente, era un otoño gris y marrón, su niña estaba en la guardería y tenía la casa para ella sola. Eran las 17.00 y no tenía sueño para una siesta.
Gabi arrastraba en su cabeza una imagen que había visto en el patio del instituto donde una chica se estaba morreando con dos chicos, primero comía la boca de uno, para seguidamente cambiar a la del otro. Esto perturbó a Gabi, que después de unos minutos viendo la TV, decidió sacar su portátil y masturbarse. Antes de eso fue a por su consolador, color rosa. Encendió su Apple, lubricó su consolador con una pequeña y húmeda mamada y se preparó para su sesión de autosatisfacción.

Buscó en sus páginas favoritas, comenzó con un trío de jóvenes (dos chicos y una chica) tocándose mutuamente, siguió con una pareja de japoneses follando en un tren y lo siguiente que apareció en pantalla fue la imagen de una chica, la solo aparecía de hombros hacía arriba, se le adivinaban unas grandes tetas y estaba tumbada en una cama.
Gabi siguió viéndolo, no le atraía demasiado ver a mujeres, pero reconocía que alguna vez la había ayudado a tener intensos orgasmos ver a mujeres haciendo el amor.

La chica tenía cara de ser de algún país escandinavo, rubia, con pecas y mofletes abundantes. Al poco de comenzar el vídeo se escucha un leve sonido, un "flap, flap, flap" que descubre que la chica se está masturbando. Cierra los ojos, saca la lengua, se muerde el labio inferior, el superior, así se pasa algunos minutos, el sonido de sus dedos contra el ya húmedo coño se hace más audible y la chica comienza a tener espasmos, se está corriendo.
Gabi se descubre a si misma masajeándose suavemente su coño con el pequeño vibrador, se sorprende verse excitada ante la cara y los gemidos orgásmaticos de una rubia regordeta.

Nuestra protagonista decide investigar y acaba dando con la página oficial en cuestión. En ella descubre chicas, chicos, hombres y mujeres que se graban de hombros para arriba mientras se masturban y tienen orgasmos. Algunas chicas se dejan ver las tetas, algunos chicos lo hacen con su novia, mujer o amigo al lado. Mucha variedad de orgasmos.
Gabi para no ser menos había tenido ya uno, le había gustado un chico, con el pelo rapado, que había gemido como un toro. Jugando, Gabi había llegado a su orgasmo a la vez que el chico elegido.

Abierta de piernas, descansando su sexo, continuó viendo orgasmos.

Y Gabi se animó.

La página parecía seria y bien hecha, nada chabacana, con buen gusto y sencilla.
Con una sonrisa en la cara Gabi se quitó la camiseta y el sujetador dejando al aire sus dos grandes y bonitos pechos.
Colocó la pantalla de su portátil encima de la mesa del salón y se aseguró de que la cámara captara sus hombros, cara e inicio de las tetas.
Activo el programa de "grabación de vídeo" y su cara apareció en pantalla.
Gabi se rió, casi a carcajada limpia cuando se vio en la pantalla de su Mac. Las risas cesaron cuando en todo el salón comenzó a sonar el pequeño vibrador. Gabi se puso sería y comenzó a masturbarse, primero despacio, después más deprisa. No podía ayudarse de imágenes, puesto que lo único que aparecía en pantalla era su cara, ya muy "desfigurada" por el placer. Gabi cerró los ojos y comenzó a pensar en todo lo que había visto esa tarde, las parejas, el trío, la orgía, los chicos y chicas masturbándose... Y llegó.



Al final del segundo orgasmo de la tarde abrió los ojos y se vio en la pantalla, sudando, con la boca entreabierta y sus preciosos ojos verdes muy abiertos.

Le gustó verse así

Se dio de alta en la página y casi temblando por la emoción, el recién orgasmo y los nervios, buscó el botón de "enviar vídeo" y tras meditarlo durante dos minutos, le dio al click.

Gabi se quiso ver, y después de varios minutos de cargar el vídeo, este apareció en la categoría "vídeos más recientes" y allí estaba su linda cara, sus espasmos, su lengua buscando algo que no estaba y sus temblores cuando llegó al orgasmo. Cinco minutos de placer colgados en una página que podía ver cualquiera.

Su mente divago, se asustó y se arrepintió de lo que acababa de hacer, pero Gabi era una chica lista y se autoconvenció de que no pasaría nada, de que nadie de su entorno la descubriría en una página llena de vídeos. Sería demasiada casualidad.

Cerró su portátil y se fue a ver la TV.

Los meses pasaron, Gabi prosiguió con su rutina, iba a clase, reñía a sus alumnos, comía sola, se masturbaba dos veces por semana y se acostaba con su marido otras dos veces, pero al mes. Ni se acordaba de su vídeo colgado.

Llegó el final del curso y la entrega de notas. Gabi tenía ganas de acabar, ese año le habían tocado los chicos de 16 años y aquello era un infierno. Salidas de tono, respuestas maleducadas, alguna que otra pelea en clase. Gabi tenía ganas de acabar, estar los casi tres meses desconectada y rezar para que el año que viene le tocaran una clase más joven.

Era un miércoles de junio y fue llamando por orden alfabético a sus alumnos para entregarles el parte de evaluación. Los "bien", "joooooder", incluso algún que otro "menuda zorra" se escucharon por la clase. Al final de esta cuando sonó el timbre para salir al patio, Gabi vio, después del típico revuelo para salir del aula, como se quedaban cuatro alumnos sentados en sus sillas mirándola.

- Ya podéis salir al patio - Les dijo sin mirarlos mientras recogía su mesa.
- No estamos conformes con estas notas - Le dijo Luis.
- Pues tendréis que pedir una tutoría y hablar con los distintos profesores para revisar las pruebas - Respondió Gabi esta vez mirándolos.
- Tu nos las tienes que revisar - Respondió rápidamente Alfredo

Las risas estallaron entre los cuatro amigos. Estos eran los "macarras" de la clase, tenían a todo el instituto amenazado, habían sido expulsados más de una vez y no iban a aprobar nada en su vida.

Luis era el cabecilla, moreno, alto y delgado, con los pantalones siempre caídos y camisetas cuatro tallas más grandes de lo que necesitaba.
Alfredo era el payaso del grupo, siempre haciendo bromas soeces a los compañeros e incluso a los profesores, bajito y regordete, suplía su poco agraciado físico con un ingenio a la hora de hablar extrañamente inteligente para su edad.
Los otros dos eran mera comparsa: Rafa un crío callado y tímido que si iba con este grupo era por no ser del bando "sufridor" y luego estaba Ham, un marroquí que se encontraba en el instituto en grado de adaptación, dormía en una casa de acogida y estaba fichado por la policía por pequeños robos.

Por primera vez Gabi los miró buscando sus caras y expresiones y se quedó sorprendida cuando reconoció a Luis y a Ham como dos de los chicos que hace algunos meses se estaban morreando con la misma chica en el patio, un rápido y casi imperceptible cosquilleo atravesó su estómago.

- Chicos, os lo repito, si queréis revisar exámenes, pedirme una tutoría y hablamos con los profesores que haga falta - Trató de ser amable Gabi.

Luis se levantó despacio y caminando con esa chulería casi ridícula que le caracterizaba se acercó a Gabi. La profesora cuando vio a su alumno acercarse y no parar hasta que estuvo a menos de un metro de ella, por primera vez tuvo miedo de verdad y su primer movimiento fue retroceder hasta tropezar con su mesa.

- Tranqui profe, que no pasa nada - Le dijo Luis con una cínica sonrisa en la cara.

Gabi buscó a los tres alumnos y se tranquilizó cuando los vio sentados aún en sus pupitres. Había escuchado muchas historias de agresiones a los profesores y ella no estaba preparada para eso.

Empezó a temblar cuando Luis se llevó la mano al bolsillo, pero este solamente sacó su teléfono de última generación, Gabi lo conocía bien, su marido tenía uno como aquel. Con un rápido movimiento de dedos Luis le puso la pantalla delante de su cara.

- Mira profe - le susurró

En la pantalla negra comenzó a verse un logotipo de una página web para acto seguido, ante el terror de Gabi, aparecer su cara, sus hombros y su media risita nerviosa. Era ella y comenzaba a masturbarse como aquella vez delante de su portátil allá por octubre.
Lo primero que se le ocurrió decir fue la mayor estupidez de todas.

- Esa no soy yo - Dijo intentando disimular su nerviosismo

Luis giró el aparato miro haciéndose el interesante y acto seguido llamó a sus tres amigos.

- Venid un momento que me dice que no es ella, a lo mejor nos hemos equivocado -

Los tres chicos se acercaron riéndose. Entre risas y miradas a la pantalla y a su profesora comenzaron a asentir.

- Dale volumen Luis, que quiero ver si tiene la misma voz - Dijo Alfredo

Con solo un movimiento de dedos Luis accionó el volumen y debido al silencio de la clase los gemidos de Gabi resonaron con fuerza.

- Cuando se enfada suena igual - Rió Ham

Los demás comenzaron a reírse. Gabi vio la oportunidad de coger el aparato en ese momento, pero que haría con el, estamparlo contra el suelo, tratar de borrar ese vídeo. No, mala idea.

Los chicos, escucharon el final de su orgasmo, un bonito grito de placer seguido de respiración entrecortada.
La cara de Gabi era todo un poema y ellos lo sabían y sabían manejar esa situación pues era el mismo gesto que tenía la mitad del instituto delante de ellos.

- El viernes búscate la vida, pero a las seis de la tarde nos vemos aquí, traete los exámenes y nosotros las notas, que esto no nos gusta nada y nuestras madres se merecen una alegría - Le espetó Alfredo

Sin dejarle tiempo a reaccionar, los cuatro futuros delincuentes le dieron la espalda y salieron de clase.

Gabi estaba aterrorizada, por su mente pasaron millones de cosas, de dudas y de preguntas: ¿Qué pasará el viernes? ¿Tendría que acudir a la cita? ¿Se lo debería de decir a alguien? ¿A su marido? ¿A la policía?.
La luz le llegó el jueves. Cuando se quedó sola en casa entró en la página donde había colgado su vídeo con la idea de borrarlo. El problema fue que entre los nervios y que hacía meses que no entraba, no recordaba la contraseña. Cursó la petición de recordatorio y al cabo de cuatro minutos que le parecieron eternos, la recibió de nuevo en su mail.
Entró en su cuenta y ante ella se le abrió el cielo. El botón "delete video" estaba allí y no tardó ni un segundo en apretarlo.

El vídeo se había borrado correctamente. Incluso creó una nueva cuenta y entro con ella para verificar que el vídeo ya no estaba allí.

Y no estaba allí.

A Gabi se le dibujó una sonrisa en la cara y pensó "Vais a hacer chantaje a vuestra puta madre". Esa noche durmió muy tranquila.

Llego el viernes, el último día de curso. Había pocos chavales en el centro, solo los que iban a revisar exámenes y los que iban a entregar algunos trabajos de recuperación.
Eran las seis de la tarde y al final del largo pasillo vio aparecer a los cuatro amigos.

- Pasad - Les ordenó Gabi, abriendo la puerta de su despacho - ¿Qué tenéis que decirme?-

- No te pongas chula, profe, solo queremos que nos apruebes todas las asignaturas y así hacernos pasar un verano agradable - Le dijo Luis

- Eso va a ser imposible, he revisado vuestros exámenes y como no os apruebe por vuestras bonitas firmas, no llegáis ni al 0,5 - Respondió Gabi con sorna.

- Vale, vale, vale, a ver si nos has entendido - Replicó Fredo - si no nos apruebas TODAS las asignaturas, colgaremos tu vídeo en la mismísima web del instituto- Amenazó

- Todo el mundo verá como te corres - Dijo Ham

- Lo dudo - Respondió Gabi con seguridad

Rápidamente Luis se llevó la mano al bolsillo de sus anchos pantalones y sacó su temido teléfono. A Gabi se le estremeció todo el cuerpo cuando vio aparecer el aparato infernal.
Luis con destreza maestra comenzó a buscar el deseado vídeo del chantaje.

- Donde está... donde está.... a ver.... - Se hablaba a si mismo el niñato mientras Gabi comenzaba a saborear su victoria.....

- Aquí -

"No, no, no, que dice, no puede ser" Piensa Gabi

El imbécil gira su teléfono y allí está de nuevo su cara, su preciosa y excitante cara retorciéndose de gusto.

- Pero si lo borré de la página - Susurra Gabi mientras se fija mejor en la imagen sin creérselo aún.

- Profe, profe, no sabes que bajarse un vídeo es muy sencillo y se queda guardadito en tu disco duro? - Replicó Fredo

Gabi no se lo podía creer, no era posible, esto era una broma, una pesadilla.

- Ahora por chula no solo nos vas a aprobar, nos vas a poner notas bastante altas, yo quiero hacer la carrera de medicina - Dijo Luis

- Para tocar tetas, he guarrete? - Respondió rápidamente Fredo

Los cuatro chicos se empezaron a reir.

Gabi no sabía que hacer aún, no podía cambiarles las notas, todos se darían cuenta y a ella la expulsarían de la docencia y lo que era peor, hiciera lo que hiciera tenía la absoluta convicción de que el video se acabaría mostrando. El terror y el pánico se apoderó de ella.

- Mira profe, no te pongas mal, solamente tienes que cambiarnos las notas y listo, borramos el vídeo y todo esto se olvida - Le dijo Ham rodeándola con su brazo por los hombros

- No puedo hacer eso, ¿no os dáis cuenta de que es una estupidez?. Os pillarán, esto no se basa solo en un papel donde ponga lo listos que sois ("que lo sois, cerdos de mierda" pensó Gabi) vuestro expediente está en el ministerio y de allí no sale ni entra nadie. No os servirá de nada que yo os falsifique las notas..... además, me expulsarán - Acabo de decir Gabi con lágrimas en los ojos.

- Mierda - Dijo por primera vez Rafa

Los cuatro chicos se quedaron mirándola, sin saber que decir o que hacer.

- Vale - hablo Luis - No puedes hacer nada, pero nos has puteado todo el curso y queremos una compensación, además me iba a costar mucho tener que meterme en la página del instituto y colgar este vídeo -

- ¿Qué queréis que haga? - Preguntó asustada Gabi

Los chicos se miraron y fue Fredo el que le dijo a Luis algo en el oido

- Un momento - Le dijo Luis a su profesora

Los chicos se retiraron un par de pasos y cuchichearon entre ellos.

Gabi se asustó mucho cuando vio a Ham dar vuelta a la llave de su despacho. Ahora estaban encerrados y con el centro semi vacío.

- No se si lo conoces pero hay un juego "verdad, consecuencia o beso"... ¿juegas? - Le espetó con toda tranquilidad Luis.

- Lo conozco, no soy tan vieja, pero me parece una ridiculez. ¿Por que no nos vamos a casa, borráis el condenado vídeo y olvidamos todo esto? - Trató de poner cordura la profesora.

Fredo con el dichoso teléfono en sus manos con la lengua fuera tratando de buscar algo sonrió diabólicamente cuando comenzó a sonar los gemidos de su profesora.

- Vale, vale, pero sin tonterías - Accedió Gabi tratando de conservar la calma.

Los cuatro chicos se miraron y con esas caras de incredulidad mezcladas con excitación tomarón asiento en el pequeño sofá de dos plazas que Gabi tenía en su despacho.

- ¿Quien va primero? - Preguntó Ham

Fredo alzó la mano y sin que nadie le diese el turno preguntó a la profesora.

- ¿En qué pensabas cuando estabas masturbándote delante del ordenador? - Pregunto con una cara pícara y traviesa

A Gabi le subieron todos los colores, pero solo se le notó el rojo en su cara.

- Por favor...... - Suplicó Gabi

- Si no respondes pagas prenda - Replicó Ham

Avergonzada y con ganas de acabar esta pantomima Gabi respondió lo más sinceramente que pudo.

- Cerré los ojos y pense en un trío que acababa de ver en internet - Respondió avergonzada

Los vítores y palmas de los chicos no se hicieron esperar. A Gabi se le escapó una pequeña sonrisa en sus labios.

Era el turno de Gabi.

- ¿Como encontrasteis el vídeo? - Preguntó avergonzada Gabi

Los chicos se miraron, por primera vez, confundidos y algo avergonzados

- Fui yo - Respondió Rafa - Buscaba en casa "material" para las horas muertas y fue pura casualidad que tu vídeo ya estaba en una red de vídeos porno -

"Cabrón" Pensó Gabi

Era el turno de Rafa

- Ahora Ham, tienes que darle un beso en la mejilla a la profe -

Ham se rió y sin pensárselo se levantó del sofá y se dirigió, paso firme, hacia su profesora. Gabi no sabía que hacer, si retirarse, si aceptarlo.... Cuando Ham e inclinó sobre ella pudo notar su olor juvenil. Centímetro a centímetro el chico se le fue acercando hasta que sus gruesos labios encontraron la roja mejilla de su profesora. El beso fue limpio y dulce, Ham abrió ligeramente sus labios e hizo que ese gesto bastara para que Gabi notara cierta humedad en su mejilla.

Los chicos volvieron a aplaudir.

"Si esto va a ser así, puedo estar tranquila" Pensó Gabi.

Pero no.

El turno era de Ham y su dulce beso no tenía nada que ver con lo que tenía preparado.

- Quiero que la profe bese a Luis en la boca - Soltó el chico marroquí

- De eso NADA - Gritó Gabi

- Pues tendrás que pagar prenda y tal y como vas vestida te recomiendo un pequeño morreo antes de que te veamos en bragas o sujetador - Apuntó Fredo.
Este tenía razón, Gabi solamente llevaba sus vaqueros y una camisa, estaban en verano y hacía calor.

En solo unos segundos Gabi se debatió entre morrearse con el delincuente en potencia de Luis o de quedarse sin camiseta o pantalones.

Ni corta ni perezosa y reconociendo que la situación estaba bastante tranquila para como ella la hubiera imaginado, se incorporó. Los chicos pensaron que se quitaría la camisa, pero no; Gabi avanzó por la sala y poniéndose de rodillas delante de Luis acercó sus labios a los suyos y lo besó, sin abrir apenas los suyos, notaba como los de Luis tampoco hacían mucho por forzar la situación. En unos segundos Gabi dejó los labios de su alumno libres de nuevo.
La profesora sentía ahora una mezcla de vergüenza, de miedo y de excitación.

- No, no, no. Un morreo en condiciones, con lenguas flotando - Les recriminó Fredo

Gabi iba a protestar, cuando notó las manos de Luis en su cara y como estas le giraban el cuello. Lo siguiente que notó fueron de nuevo los labios de su alumno y como estos se abrían y su lengua entreba en la boca de Gabi. Ese sabor juvenil a chicle, esa saliba entrando en su boca y esa lengua jugando dentro de ella, hicieron que su apendice tambén buscara su premio.
Ambos estuvieron más de un minuto comiendose las lenguas respectivamente, el sonido inundaba la sala y los tres amigos miraban sin dar crédito.

- Ala, ya está - Dijo Gabi al despegarse de su "besador"

- Wow, tíos, ha sido la hostía - Dijo Luis aún en las nubes

Era el turno de Gabi.

- Hace tiempo os he visto a Luis y a Ham, morrearse con una chica en el patio, los tres. ¿Me lo podéis explicar? - Pidió Gabi

Los cuatro chicos se rieron a carcajada limpia y fue Ham el que habló

- Es Lara, una putilla de la clase de al lado. Esta super salida. No fue la primera vez que hicimos cosillas con ella - Puntualizó Ham mientras los otros chicos lanzaban gritos de aprobación - Hace como un mes nos la chupó a los cuatro. No se deja follar aún, pero esa cae en breve -

Gabi cruzó instintivamente sus piernas, la explicación la habia calentado mucho. Una niña de 16 años chupando cuatro pollas a la vez. La imagen se le dibujó claramente en su cabeza y su entrepierna comenzó a despertar.

Le tocaba a Ham

- Como veo que la profe no se cree lo de Lara y sus mamadas, quiero que Luis le enseñe el video que grabamos -

Luis se tiró hacia atrás por el ataque de risa que le había entrado. Sacó de nuevo su móvil y con esos dedos volvió a buscar en la pantalla. Cuando lo encontró le pasó el aparato a Ham y este a Gabi. En la pantalla se veía claramente como la chica en cuestión estaba sentada a los píes de una cama, mientras los cuatro chicos, con los pantalones bajados se colocaban delante de ella. Luis llevaba el móvil grabando pero eso no impedía que se viera tambien su polla. A continuación, como si de una película porno se tratara, la tal Lara se llevó el aparato de Fredo a la boca y comenzó a chuparlo entre gritos de júbilo de los chicos, a los pocos segundos cambio de polla y comenzó con la de Rafa y así durante varios minutos con todas las pollas que iban tomando un tamaño considerale. La mayor era la de Ham, que era delgada pero muy larga, la de Luis era de un tamaño estandar, pero algo más gruesa, la de Rafa era la más común de todas, la de Fredo era pequeñita, pero tenía su encanto.

Gabi se sorprendió a si misma pensando en el tamaño y grosor de las pollas de sus alumnos y se avergonzó de ello. Le devolvió el movil a Luis y este se levantó para volver a metérselo en el bolso. Gabi no pudo evitar mirar su entrepierna y nota como allí algo grande se escondía.

El miedo de la profesora empezaba a ser sustituido por una creciente excitación acompañada por algo de deshinibición. Esto la puso aún más nerviosa.

- Podemos acabar ya e irnos a nuestras casas, creo que os he pagado con creces - Dijo Gabi

- No, profe, no, aquí solo ha cobrado Luis - Dijo Ham

"¿Tenían pensado cobrar todos?" se preguntó Sara.

- Quiero que Fredo se morré con la profe - Ordenó Ham

Fredo, como si supiera lo que le iba a pedir su amigo, se levanto como un resorte.

Gabi pensó que entre morreo y morreo la tarde pasaría y que al final nada malo ocurriría.

La profesora se sentó sobre su mesa y Fredo se acercó a ella. Este aprovechó su corta estatura y se acomodó entre las piernas ligeramente abiertas de su profesora. Esta le tomó por la nuca y le acercó sus labios para su premio. Fredo tuvo la sutil idea de tomarla por la cintura.
El morreo se alargó por más de un minuto, las lenguas jugaban y a Gabi ya le daba igual quien estuviera dentro de su boca. Pero no le daba igual quien le intentara sobar el culo, y las manos de Fredo eran lo que buscaban. La profesora, sin dejar de chupar la lengua de su alumno, buscó sus manos y las separó de sus nalgas.

- Ya esta - Dijo entrecortadamente Gabi

Los chicos volvieron a aplaudir y a chocar sus palmas con las de Fredo.

Gabi estaba demasiado excitada ya y quería salir de allí o cometería una locura. El ambiente estaba muy caldeado y ella no se fiaba de su control.

Fredo pidio algo que descolcó a todos.

- Quiero que Ham y Luis se morren - Ordenó.

Las protestas comenzaron entre los dos chicos: "ni de coña", "estas pirao", "no habíamos quedado en eso". Al final decidieron que los dos pagarían prenda y lo que hicieron fue quedarse en gallumbos.

Gabi no podía más , sabía que tenía que salir de allí rápido o los chicos pasarían a mayores... y la propia Gabi dudaba de su integridad. Ver a dos jóvenes en gallumbos, con las piernas al aire y con sus pollas marcadas en la tela, la estaba poniendo muy nerviosa, demasiado.

- Chicos, me tengo que ir, de verad que se me hace tarde - Dijo intentando poner cara de sinceridad.

Los cuatros chicos la miraron, serios, con esa mirada que ella conocía tan bien, mirada de "tú haras lo que nosotros digamos".

El turno de Luis no se hizo esperar.

- Ahora quiero que sobes un poco la polla de Ham - Le ordenó su alumno.

Gabi sabía que tarde o temprano pedirían algo así, y sin más se levantó ante el estupor de todos.... pero simplemente para quitarse su camisa y dejar su sujetador color crema al aire con sus tetas rebosando por encima del encaje.

Los chicos comenzaron a dar vitores, olvidándose de que dos de ellos estaban en ropa interior, se pusieron de pie comenzando a acercarse a su profesora y a aplaudir como monos en celo.

Era el turno de Gabi, asustada no sabía que pedir, si baja el listón ellos lo subirían en la siguiente prueba, pero subirlo más era ya pasar a palabras mayores. Decidió dejar contento a otro chico, ya se había morreado con dos y conociendo a Rafa no se propasaría demasiado... y se arriesgó.

- Quiero morrearme con Rafa - Ordenó.

Los chicos volvieron a saltar y a alegrarse. Rafa se levantó y se acercó a la profesora.
Cuando sus bocas chocaron, Gabi estalló de excitación, ni de joven había besado a tres chicos en tan corto espacio de tiempo. Rafa besaba muy, muy bien, muy húmedo y sensual, la lengua le sabía dulce. Gabi lo tomó por la nuca y lo acarició. Rafa le comenzó a acariciar la espalda suavemente hasta subir a sus hombros. El beso ya duraba cerca de los dos minutos, pero a Gabi no le parecia suficiente, estaba muy, muy caliente y Rafa besaba fenomenal. Enredó sus dedos con el pelo de su alumno, Rafa a su vez dejó una mano en la nuca y la otra la fue pasando hacia delante, en busca de las tetas de Gabi. Las pudo acariciar, Gabi jadeaba dentro de la boca de Rafa mientras este acariciaba suavemente la parte superior de sus pechos. A Gabi se le paró el tiempo y fue Rafa quien se separó de ella.

Cuando la profesora abrió los ojos se percató de que los dos chicos en ropa interior tenían una considerable erección y el silencio reinaba en la oficina.

Luis fue el que tomó la iniciativa:

- Vale, ya vemos por donde vas, vamos a ponernos serios, ahora morreate con Ham, que es el único que te queda y vemos si nos podemos ir ya - Dijo con una sinceridad aplastante.

- Vale, pero la última y acabamos - Mintió Gabi.

Ham se levantó, Gabi no pudo evitar mirar su entrepierna y notar como aquello estaba muy grande, la carne le rebotaba en la tela de su gallumbo, tuco que hacer un esfuerzo para no pensar en el video de la chica chupándosela a todos y no imaginarse a ella con ese aparato en su boca.
Ham se le acercó, cuidadosamente le abrió las piernas y se acomodó entre ellas, la tomó por la cintura, acariciando su piel desnuda, ambos giraron las cabezas y comenzaron a besarse.

Ham era diferente, era más brusco, mas húmedo, más fuerte, pero a Gabi le gustaba, hacía tiempo que no la besaban así. Ham se separó por un momento de la boca de su profesora y le susurró: "Rafa te ha tocados un poco las tetas, yo tambien quiero". Gabi se lo tomó como una proposición y no como una orden y con una tímida sonrisa en los labios, asintió con la cabeza. Ham volvió a la carga buscando cada rincón de su boca con la lengua, mientras que sus manos buscaban los pechos de Gabi.

Gabi escucho movimiento en el despacho, abrió los ojos y vio como los alumnos se levantaban y se dirigían hacia ellos, le entró el miedo, el nerviosismo, pero la lengua y las manos de Ham la tenían presa de placer. Su alumno no se quedó tan preso y lentamente fue buscando el pezón de su profesora hasta encontrarlo, apretándolo despacio. Gabi trató sin éxito de separarse, sin éxito puesto que solo hizo un débil movimiento de manos.

Gabi comenzó a notar como unas manos acariciaban su espalda. Intentó girarse, pero la mano y la lengua de Ham se lo impidió.

Luis bajó por su espalda hasta dar con el sujetador, el cual desabrochó con la misma habilidad que manejaba su móvil.
Gabi notó como sus pechos quedaban libres y como la tela del sujetador desaparecía de su cuerpo. La lengua de Ham seguía martilleando el interior de su boca. Gabi por fin pudo separarse de los labios de su joven amante.

- Chicos, por favor, por favor.... - Rogó Gabi

- Disfruta profe, no te preocupes - Contestó Fredo.

Ham la soltó y cuatro manos la tumbaron encima de la mesa, quedando recostada con las tetas libres. Gabi observó la escena y vió a cuatro cabezas que la miraban desde arriba con cara de hambre.

- Por favor, por favor, dejad que me vaya - Suplicó de nuevo la profesora.

- Un poco más, solo un poco más y acabamos - Contestó Rafa escitadísimo

Fredo se colocó justo encima de su cabeza y bajó hasta comenzar a besarla, metiendo su lengua, jugando con ella, inundándola de placer.
Ham comenzó a acariciar su pezón derecho suavemente.
Luis bajó hasta comenzar a besar su vientre.
Rafa tomó con sus manos el seno izquierdo.

Gabi estaba en la gloria, una gloria culpable e infiel, pero gloria al fin y al cabo. Sus gemidos y respiraciones desataron las hostilidades entre sus alumnos.

Fredo buscó la lengua de su profesora y esta no dudó en sacarla y dársela, dejando a este que se la chupara. Ham y Rafa comenzaron a lamerle y chuparle los pezones ya duros y oscuros.

Y Luis? Donde estaba Luis? Gabi notó como su cinturon se abría y acto seguido sus vaqueros comenzaban a desabrocharse. Notó como sus pantalones bajaban hasta desaparecer por sus píes. A continuación unas manos tomaron sus braguitas y rápidamente desaparecieron, siguiendo el mismo camino que sus pantalones.

Ahora Gabi estaba totalmente desnuda, a merced de cuatro criminales en potencia... y le estaba gustando. La mezcla de miedo, excitación, perversión, saber que cuatro expertos menores le estaban chantajeando de esa manera la hizo volverse loca.

"Tiene el coño depilado" Anunció Luis. Ham dejó por un momento su pezón y se acercó a verlo. Ahora Gabi se sentía como un maniquí, a la vista de todos.
"Déjame ver si esta excitada" dijo Ham, para acto seguido meter un dedo en su más que húmedo coño. "Sí, lo está y mucho" dijo Ham sonriendo, para acto seguido llevarse el dedo a la boca y chupar la miel de su profesora.

Fredo había dejado de comer su lengua y se había acercado tambien a su entrepierna, "¿A ver?" y acto seguido introdujo dos dedos rechonchos y muy expertos, sacándolos a los pocos segundos también se los llevó a la boca para probar su nectar "Está muy dulce la putilla" dijo.

"Putilla... Dios me están usando, soy una puta, ¿lo soy?" pensó Gabi.

Ahora los cuatro chicos estaban entre sus piernas, metiendo los dedos placenteramente en su coño, cada vez que los metían tardaban más en sacarlos, acariciando su vulva.
Gabi no podía más, o salía de allí o acabaría por follarselos a todos.

- Vamos a beber un poco que tengo sed - Dijo Luis con ya una erección que sus gallumbos no podían disimular ya más

Este se agacho, metió su cabeza entre los muslos de Gabi y comenzó a lamer, chupar, beber, comer, meter en su coño. La profesora se agarró a los bordes de la mesa, tratando de no gritar o gemir.

- ¿Quien tiene sed? - Preguntó Luis cuando acabó de beber del coño de Gabi.

Todos levantaron las manos... y todos, uno a uno, comenzaron a lamer su sexo, casi había empujones por adelantarse y comer de aquella fruta prohibida hasta hoy. Todo esto supereba a Gabi que se autoconvencía de que si hacía esto era simplemente por el vídeo que podrían colgar en la página web del instituto.

Pero ella sabía que no era por eso.

Gabi se corrió cuando la cuarta lengua buscaba su clítorix, se corrió mordiéndose el labio inferior, sin gritar y arqueando la espalda sobre la mesa. No sabía de quien era esa lengua, pero poco le importaba ya.
Se incorporó como pudo.

- Por favor, os lo suplico, dejardme ir, por favor - Pidio Gabi

- ¿Cómo te vamos a dejar ir con esto que tenemos entre las piernas - Dijo Ham señalándose el paquete y agarrándoselo con una mano.

Los chicos hicieron lo mismo, agarrándose le paquete con ambas manos, el de Luis era espectacular.

Niñerías.

Gabi, tan asustada como excitada, no sabía que hacer, la imagen de la chica chupando esas cuatro pollas al mismo tiempo le envolvía la mente y no le dejaba pensar con claridad.

- Vale, vale - reaccionó Gabi - Os dejo que os masturbéis - Dijo inocente.

Los chicos estallaron en carcajadas.

- No profe, no. Vamos a pajearnos y tu nos vas a ayudar, queremos ver el video pero en primera persona... en vivo - Dijo Fredo.

Gabi, tratando de cubrir sus pechos y su coño, se dio cuenta de que lo que los chicos querían era verla masturbarse en directo.

"Mientras sea solo eso, lo haré, me iré y todo habrá acabado" Se volvió a mentir Gabi.

Los chicos se acomodaron apretados en el sofá, Gabi hizo lo propio en si silla, que había colocado delante de la mesa, se abrió de piernas cerró los ojos y comenzó a acariciarse la parte interior de los muslos. A continuación con su mano izquierda se abrió ligeramente los labios de su coño y, mojándose los dedos de la derecha (cosa que hacía instintivamente pero que no necesitaba puesto que su coño chorreaba de pura lujuria), bajo hasta acariciarse su clítorix.



Abrió los ojos y vio la escena que se presetnaba delante de ella: Cuatro chicos, desnudos de cintura para abajo, encajados en un pequeño sofá, con sus pollas duras y juveniles entre sus manos, sin quitar los ojos de su profesora, unos con movimientos suaves, otros con más rapidez.

Gabi abrió más las piernas y su masaje se volvió más rápido y salvaje. Los chicos no reían, solo miraban y se masturbaban. A gabi le excitó ver la imagen de sus piernas desnudas, tocándose entre si.

Los chicos no podían más, la imagen de Gabi abierta de piernas, con su mano frotándose el coño rápido, sus tetas botando en cada sacudida, y mirándolos fíjamente... todo eso era demasiado para unos adolescentes en celo como eran ellos.

Gabi bajó la vista para ver como su coño comenzaba a pedir sitio para su orgasmo, sus pies se pusieron de puntillas, su mano libre apretaba sus pechos. Gabi alzó la vista de nuevo pero los chicos ya no estaban sentados.

Los cuatro se acercaban a ella, con sus miembros duros apuntandola directamente. Ella por primera vez no tenía miedo, solo ganas de follárselos.


Ham fue el primero en actuar. Acercó su larga y fina polla a la cara de Gabi, le abrió la boca con los dedos y se la insertó de golpe. La profesora la recibió con susto, pero con gran placer, sentir carne caliente dentro de su boca, jugosa por la masturbación anterior, dulce, joven.

Los otros tres chicos simplemente miraban como Gabi chupaba como una loca el pollón del joven marroquí mientras se pajeaban a escasos centímetros de ella. Gabi alzó las manos y buscó a tientas algo a lo que agarrarse, algo duro, carnoso y caliente. Encontró dos pollas que comenzó a masturbar.

Estaba en el cielo.

La cuarta polla que faltaba se la encontró cerca de su boca, en un momento soltó la de Ham y se dedicó a chuparla. Tenía que ser la de Fredo, era pequeña, sabrosa pero pequeña.

- Espera, que seguro que puedes con las dos - Dijo Fredo

De nuevo la polla de Ham se acercó a la boca de Gabi. Los dos chicos las tenían bien agarradas y haciendo un gran esfuerzo, Gabi se metió primero la de Ham para seguidamente meter la de Fredo. Ahora por primera vez en su vida tenía dos pollas en su boca.

La sensación era extraña, incómoda, la pequeña polla de Fredo intentaba salir de su boca, todo lo contrario de la de Ham que la taladraba sin compasión. El morbo la tenía superada, la edad de los chicos, de ser alumnos, de poder, de estar actuando en una película porno, de esas imágenes que ella misma usaba en sus tardes de masturbación....

Se separó de ellos cuando su respiración comenzó a fallarle. Ahora tenía las cuatro pollas a la vista, impacientes, calientes, húmedas. Pero Gabi no sabía que hacer con tanta carne.

Los chicos sí.

Gabi se dejó hacer. Se tumbó en la mesa. abrió los brazos y las piernas.

"Buah.... menuda caliente" escuchó a uno de los chicos. Le daba lo mismo.

Uno a uno fueron pasando por su coño, mientras los otros guardaban cola para metérsela, ella disfrutaba del placer de sentir todas aquellas pollas dentro de su excitado y dilatado coño.
El primer orgasmo lo tuvo con la polla de Luis dentro. Era gruesa, sabía moverse muy bien, tenía caderas poderosas y le sacó un orgasmo bestial. Gabi no ahogó el grito, esta vez no.

- Alaaaaaaa, se ha corrido, a ver si le sacamos una corrida cada uno - Dijo Ham.

Así uno a uno fueron metiendosela de nuevo. Esta vez los que esperaban no se quedaban guardando cola, se acercaban a su cara, se la metían por la boca, ella les pajeaba, le comían las tetas. Manos por todas partes, lenguas por todo su cuerpo, caos, placer...

Gabi estaba en una bacanal, como las que alguna vez había visto en los videos.

Se corrió con todos y cada uno de sus alumnos, no podía más. Pero ellos no se corrían, su juventud les ayudaba a mantenerse firmes y sabían parar.

- Chicos, por favor, no puedo más... no puedo más - Estalló Gabi, sus piernas le dolían, sus pechos estaban llenos de saliba, su coño tan sensible que una brizna de aire le arrancaba un espasmo mezcla de dolor y placer.
Pero su petición, no iba a resultar tan fácil de conseguir.

- La última prueba; dinos donde quieres que nos corramos - Le espetó Luis

Gabi no había sospechado que los chicos saldrían con eso. Pensó, fantaseó, pero no sabía, eran cuatro pollas, en su coño sería peligroso, no estaba ovulando pero quedarse embarazada era lo más encillo del mundo cuando no lo deseas, en la boca aunque estaba acostumbrada a tragarse algunas veces la corrida de su marido, no creía posible beber la leche de los cuatro chicos, de dos quizás, de los cuatro acabaría con arcadas....

- Rafa y Fredo en mi boca, Ham y Luis en mis tetas - Respondió decidida.

Los chicos chocaron sus manos, y se encaminaron hacia ella. Ham y Luis se despojaron de sus camisetas también. Sus cuerpos lampiños pero musculados despertaron si cabe aún más la excitación que sentía Gabi que por primera vez decidió tomar cartas en la situación.
So colocó boca abajo apoyada sobre un reposabrazos del sofá, que era suficientemente alto como para dejar su culo en pompa a una altura perfecta para que los chicos "jugaran con ella".

- Ham y Luis me váis a follar y Rafa y Fredo se ponen en el sofá de rodillas y se las chupo - Ordenó, no sin cierta verguenza, Gabi.

Los chicos sorprendidos de la nueva situación se encogieron de hombros y obedecieron a su profesora.

Si había elegido a Ham y a Luis para que le follaran de nevo fue por que creía que tenían más experiencia y sus dos pollas eran perfectas para follar. Las de Rafa y Fredo eran más normales y prefirió comerselas.

Mientras Ham y Luis se turnaban para follársela, Gabi daba buena cuenta de las dos jovenes pollas que tenía en su cara. Lamió y chupó entre gemidos de placer.

Fredo que aún guardaba alguna, le retó a que tratara de chupar las dos pollas a la vezde nuevo. Gabi lo miró con cara cómplice y comenzó a meterse los dos trozos de carne en su preciosa boca. Justo en el momento que lo había conseguido y volvía a sentir la placentera incomodidad de tener esas dor vergas en la boca, un nuevo orgasmo le llegó gracias a las embestidas de Ham, que seguia martilleando, junto con su amigo, el coño de su profesora.

Al cabo de varios minutos de placer, saliva, orgasmos femeninos y sudor. Los chicos comenzaron a gemir y a respirar más rapidamente.

Rafa y Fredo separaron sus poyas de la cabeza de su profesora, Gabi se los tomó con ambas manos y en pocos segundos comenzaron a correrse. Primero Rafa, que metió toda su polla en la boca de Gabi y descargó en ella su leche.

"Traga, traga, traga" Animaban desde atrás sus dos alumnos mientras aún la estaban follando.

Gabi no dejó una sola gota, se lo tragó sin derramar nada, caliente, áspero, agridulce.

- Ahora me toca a mi - Dijo Fredo mientras Rafa se separaba de ella con una sonrisa en los labios.

Gabi tomó la pequeña polla de el chico gordito y se la llevó a la boca. Rafa la tomó por la cabeza y, literalmente, comenzó a follarle la boca. Al cabo de pocos segundos con un bufido más parecido a un toro que a un joven de 17 años, Fredo se corrio de nuevo en la boca de Gabi.
Esta vez, al contrario de lo que llevaba pensando la profesora toda la tarde, la sorpresa fue mayúscula, el bajito, gordito, con la picha corta y más bien feo le sorprendió al descubrir que su corrida estaba dulce, dulce como no había probado jamás. La engulló y por si eso no le bastara apretó la polla de su alumno con una mano estrujándo y sorbiendo hasta la última gota, mientras que con la otra le agarraba una regordita nalga de su culo.

- Waaaaa, esta pava me va a dar la vuelta!!! - Dijo con sorna Fredo intentando separarse

Las risas estallaron de nuevo en la sala.

Gabi no podía más, durante las dos corridas, había pensado que los dos chicos que le estaban taladrando el coño pararían para ver el espectaculo, pero no fue así en ningún momento y, o se corrían ya, o matarían a Gabi de un placer que rayaba ya la locura.

Gabi se desenganchó de la polla de Luis y se sentó en el sofá.

- Venid - Les dijo - Machacaosla, mientras me mamáis las tetas -

Los chicos obedecieron más esas dos únicas órdenes que Gabi les había dado que en todo el curso entero.

Se pusieron de rodillas en el suelo y con las manos masturbando sus tiesas pollas, comenzaron a mamar y lamer las grandes tetas de su profesora.

Los otros dos, aún desnudos, miraban la escena sentados en la mesa. Rafa aún se acariciaba su polla, aun empalmada.

Cuando Gabi notó que los lametones se estaban conviertiendo en mordiscos, los hizo levantarse y, tomando sus dos pollas, las masturbó hasta que practicamente a la vez, se comenzaron a correr sobre sus tetas.

"Ooooooooooooooooooh" gimieron sus dos jóvenes amantes, mientras ella esparcía su leche con las puntas de sus pollas.

"Esto es increible. Dios, nunca lo hubiera pensado, que maravilla" Pensó Gabi mientras limpiaba con sus dedos la leche de sus tetas y se los llevaba a la boca.


A los chicos se les veía cansados mientras se vestían. Gabi usaba un paquete de pañuelos húmedos que tenía en el cajón de su mesa para limpiarse lo mejor que podía el semen que aún tenía en los pechos y la cara.

Luis buscaba algo entre su ropa.

- Profe, mira - Le mostró el teléfono - Acabo de borrar el vídeo, estamos en paz - Le dijo con una de esas sonrisas de macarra que antes tanto coraje le daban a Gabi y que ahora tanto le gustaban

- Muchas gracias - Le dijo esta acompañándolo con un beso en los labios.

Y así dándoles un pico en los labios a los cuatro chicos se despidió de ellos. Era su último curso y no sabía si los volvería a ver, por un momento le pasó por la cabeza pedirles sus correos electrócnicos o móviles, pero deshechó la idea justo en el momento en el qué se abrochaba los pantalones.


Una vez vestida se sentó en su silla, detrás de su mesa. Sacó las boletines de evaluación de los cuatro chicos de su maletín y otros cuatro nuevos de su cajón.
Buscó la asignatura de Lengua, que era la que ella les impartía y fue la única que cambio de un "insuficiente" a un "bien".

"Tampoco hay que exagerar" Pensó Gabi con una ámplia sonrisa en los labios.