Espiando a mi madre en el baño

Era una mañana de julio, hacía mucho tiempo que no había pasado nada entre mi tía (Amparo), mi madre (Pilar) y yo. Amparo se acababa de levantar y mi madre estaba desayunando, me fui directamente a desayunar cuando mi tía me llamó para que fuera a su habitación. Cuando entré en la habitación, mi tía me dio un beso y me dijo que si le podía ayudar a colocar la ropa. Cuando terminé de ayudar a mi tía a colocar la ropa, me fui a desayunar a la cocina donde mi madre me dio los buenos días como cada mañana, terminé de desayunar al mismo tiempo que mi tía, limpiamos la cocina, nos aseamos cada uno por su lado, cuando mi madre nos dice a mi tía y a mí que se iba a duchar para que lo supiésemos. Mi tía se fue a hacer la cama y yo me fui a mi habitación, entonces, mientras se estaba duchando mi madre, entré en el baño con el móvil, mi madre no me había oído de que había entrado en el baño. La ducha que teníamos no tenía cortinas porque las teníamos que comprar, entonces preparé la cámara del móvil y le hice una foto a mi madre completamente desnuda; como el móvil estaba en silencio no pudo oír el sonido que hace el móvil cuando hace una foto.

Al momento, se giró y vio cómo estaba espiando a mi madre y grabándola completamente desnuda, era la primera vez que lo hacía y la verdad que no se me dio nada mal; después de ducharse mi madre, salí del baño rápidamente sin que se diese cuenta, dejé la puerta abierta y fui a la cocina corriendo; a mi madre le entraron ganas de hacer pis y al salir de la cocina le hice otra foto, pero esta vez sí que me pilló. Me dijo muy enfadada que no le mirara tapándose sus partes con las manos.

A continuación, dejé el móvil desbloqueado en el salón y no me dijo nada porque la cámara estaba activada, me asusté pensando en que había visto el video, pero no me dijo nada.

Al día siguiente estuve espiando a mi madre otra vez cuando salía de la ducha, pero esta vez me pilló haciéndole una foto desnuda. Como consecuencia de estar espiando a mi madre, ella se enfadó conmigo como nunca antes y me dijo que no se me ocurriese dirigirle la palabra; al salir del baño completamente desnuda, fue a su habitación, Amparo entró en ese momento y mi madre se asustó porque no tenía nada de ropa puesta y pensaba que era yo, mi madre le contó lo que había hecho y le dijo que era un salido y que no había criado a un hijo mirón.

Mientras estaban hablando en la habitación, mi madre (que aún seguía completamente desnuda) y mi tía, se dieron un beso y cuando mi madre se iba a poner un tanga, a mi tía que le gusta ir completamente descalza por casa, se le ocurrió la idea de ponerse en cuclillas y chuparle el coño a mi madre, mi madre, le dijo que tenía ganas de hacer pis, ya que no lo había hecho antes de que ocurriese todo lo que había pasado. En ese momento, Amparo le dijo que se pusiera en cuclillas y orinara tranquila. Cuando terminó mi madre de hacer pis, Amparo le hizo un dedo por el culo mientras que mi madre se tocaba su vagina.

 

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Espiando a mi madre en el baño

Era una mañana de julio, hacía mucho tiempo que no había pasado nada entre mi tía (Amparo), mi madre (Pilar) y yo. Amparo se acababa de levantar y mi madre estaba desayunando, me fui directamente a desayunar cuando mi tía me llamó para que fuera a su habitación. Cuando entré en la habitación, mi tía me dio un beso y me dijo que si le podía ayudar a colocar la ropa. Cuando terminé de ayudar a mi tía a colocar la ropa, me fui a desayunar a la cocina donde mi madre me dio los buenos días como cada mañana, terminé de desayunar al mismo tiempo que mi tía, limpiamos la cocina, nos aseamos cada uno por su lado, cuando mi madre nos dice a mi tía y a mí que se iba a duchar para que lo supiésemos. Mi tía se fue a hacer la cama y yo me fui a mi habitación, entonces, mientras se estaba duchando mi madre, entré en el baño con el móvil, mi madre no me había oído de que había entrado en el baño. La ducha que teníamos no tenía cortinas porque las teníamos que comprar, entonces preparé la cámara del móvil y le hice una foto a mi madre completamente desnuda; como el móvil estaba en silencio no pudo oír el sonido que hace el móvil cuando hace una foto.

Al momento, se giró y vio cómo estaba espiando a mi madre y grabándola completamente desnuda, era la primera vez que lo hacía y la verdad que no se me dio nada mal; después de ducharse mi madre, salí del baño rápidamente sin que se diese cuenta, dejé la puerta abierta y fui a la cocina corriendo; a mi madre le entraron ganas de hacer pis y al salir de la cocina le hice otra foto, pero esta vez sí que me pilló. Me dijo muy enfadada que no le mirara tapándose sus partes con las manos.

A continuación, dejé el móvil desbloqueado en el salón y no me dijo nada porque la cámara estaba activada, me asusté pensando en que había visto el video, pero no me dijo nada.

Al día siguiente estuve espiando a mi madre otra vez cuando salía de la ducha, pero esta vez me pilló haciéndole una foto desnuda. Como consecuencia de estar espiando a mi madre, ella se enfadó conmigo como nunca antes y me dijo que no se me ocurriese dirigirle la palabra; al salir del baño completamente desnuda, fue a su habitación, Amparo entró en ese momento y mi madre se asustó porque no tenía nada de ropa puesta y pensaba que era yo, mi madre le contó lo que había hecho y le dijo que era un salido y que no había criado a un hijo mirón.

Mientras estaban hablando en la habitación, mi madre (que aún seguía completamente desnuda) y mi tía, se dieron un beso y cuando mi madre se iba a poner un tanga, a mi tía que le gusta ir completamente descalza por casa, se le ocurrió la idea de ponerse en cuclillas y chuparle el coño a mi madre, mi madre, le dijo que tenía ganas de hacer pis, ya que no lo había hecho antes de que ocurriese todo lo que había pasado. En ese momento, Amparo le dijo que se pusiera en cuclillas y orinara tranquila. Cuando terminó mi madre de hacer pis, Amparo le hizo un dedo por el culo mientras que mi madre se tocaba su vagina.

 

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Incesto con mi tía y mi madre

Antes de nada, comentar que la historia de incesto con mi tía y mi madre que os voy a contar es totalmente cierta y sin ninguna metáfora de ningún tipo.
Todo comienza hace un año. Era un día no normal como otro cualquiera; mi madre (Pilar) que tiene 48 años se iba a trabajar cuando de repente mi tía (Amparo) que tiene 54 me llama por teléfono; me dijo que quería hablar primero conmigo, le dije que se pasara por casa. Tardó unos 10 minutos en llegar a mi casa, cuando llegó me dijo que desde que se fue su hijo de casa estaba un poco sola y desanimada, a lo que se me ocurrió una idea descabellada.

Llamé a mi madre y le dije que Amparo estaba muy sola y que por qué no se venía a vivir con nosotros. A ella le pareció genial, así de esa forma no estaría tan sola. Después de que mi madre me confirmara que Amparo venía a vivir con nosotros, nos pusimos manos a la obra con la mudanza.
Mi madre y yo fuimos a casa de mi tía para empezar a recoger cosas para nuestra casa; empezamos a hacer maletas metiendo ropa y tal. Mientras estaba colocando la ropa interior de mi tía en la maleta, mi madre ayudaba a mi tía a recoger un poco la casa para que no quedara nada descolocado.

Cuando llegamos a nuestra casa, le presentamos la casa a mi tía y empezamos a colocar la ropa en la habitación, una vez que la colocamos, mi madre me dijo que se iba a duchar para relajarse un poco de la mudanza y despejarse. A continuación, mi tía me dijo que si le enseñaba mi habitación a lo que yo sin problema ninguno le mostré, de repente mi pene se puso erecto y yo intentaba ocultarlo, aunque Amparo se dio cuenta y me puso mala cara (como si estuviera enfadada por la erección). Le mostré la habitación a mi tía y me dijo que le gustaba y que si su estancia en nuestra casa iba a ser un estorbo.

Después, mientras yo estaba en el salón viendo la tele mi tía le dijo a mi madre que si podían hablar juntas de sus cosas (algo que me parecía normal), fueron a la habitación de mi madre y le dijo Amparo a Pilar que yo me había puesto erecto. Cuando les vi salir de la habitación a mi tía y a mi madre, les vi la cara y estaban como un poco enfadadas como si yo hubiese hecho algo malo.

Al día siguiente, yo me levanté más o menos sobre las nueve y mi tía y mi madre ya se habían levantado como una media hora antes; fui a la cocina y al llegar ya habían terminado de desayunar y me dijeron que iban a salir a comprar debido a que mi madre ese día no trabajaba. Por la tarde, más o menos después de comer, y de recoger toda la cocina, por casualidad, vi cómo Amparo le daba un azote en el culo a mi madre, ellas no sabían que yo estaba en el pasillo cerca de la cocina cuando ocurrió lo del azote, aunque se asustaron porque pensaban que lo había visto (aunque así fue). Pasaron unas dos horas más o menos, y Pilar le dijo a mi tía en voz baja (porque no quería que yo me enterase) que tenía que salir a comprar compresas porque se le habían acabado. Amparo le dijo que a ella le quedaban dos, pero que también tenía que comprar. Entonces, fueron a su habitación a cambiarse y cuando mi madre ya estaba casi cambiada, le entraron ganas de hacer pis y mi tía entró al baño (porque solo tenemos uno) para maquillarse, pero no se había dado cuenta de que mi madre estaba dentro; cuando mi tía abrió la puerta, mi madre dio un grito de susto y se ocultó la vagina porque pensaba que era yo quien entraba al baño y la estaba espiando. Pero cuando ya vio que era mi tía, mi madre se limpió y le oí decir: “Pensé que eras Raúl”. Amparo preguntó y mi madre le dijo que estos últimos días yo estaba muy raro.

Al día siguiente, tanto mi madre como mi tía ya se habían levantado y se acababan de duchar, fui al salón y me las encontré en ropa interior; mi madre tenía un sujetador de color blanco y un tanga rosa y mi tía un tanga negro y un sujetador azul celeste; cuando me vieron recién levantado, se enfadaron conmigo porque pensaban que las estaba espiando, se fueron a cambiar y ordenaron un poco la casa.

Por la tarde, yo me quedé pensando en lo que había pasado por la mañana y me hice una paja. Más tarde, oí cómo Amparo le preguntaba a mi madre que cómo la tenía y mi madre le dijo que ya me la había visto y que le gustaba bastante.

Llegó la noche y encontré a mi madre maquillándose, pensé que iban a salir pero cuando ya no íbamos a la cama, mi tía y mi madre entraron en mi habitación y me dijeron que querían hablar conmigo. Fuimos al salón y mi tía le quitó a mi madre el pantalón del pijama y mi madre a mi tía la camiseta. Al momento me dijeron: “Somos todo tuyas”. Yo me quedé asombrado y mi tía se me acercó y me besó, a continuación mi madre me empezó a tocar el pene mientras que mi tía me besaba; después se levantaron las dos y mi madre se quitó el tanga y se quedó completamente desnuda y mi tía me dijo que le bajara el tanga. Cuando las dos se quedaron frente a mí completamente desnudas, me dijeron: ¿qué te parece cariño, te gusta? Nada más que me hizo la pregunta respondí que sí.

Mi madre me dijo que comenzara por donde quisiese. Le dije que se diese la vuelta; al instante, mi tía le dio un azote a mi madre en el culo y le dijo: “cómo me encanta tu culo, cariño”.

Le empecé a lamer el culo a mi madre mientras mi tía besaba a mi madre, a continuación mi madre me empezó a hacer una paja mientras yo le tocaba el coño y me dijo, ¿te gusta mi vagina? Al instante le respondí dándole un beso en sus labios; al rato, mientras le metía el pene a mi madre por el culo le empecé a hacer un dedo a Amparo por el coño; mi madre se sacó el pene de su culo y se puso en cuclillas para chuparle el coño a mi tía. Mientras mi tía se excitaba con la comida que le estaba regalando mi madre, se me ocurrió tocarle el culo y masajearle un poquito su coño.

Diez minutos más tarde, mi madre se volvió a poner en cuclillas para hacerme una mamada mientras que mi tía se tumbaba para chuparle el coño. En ese momento, mientras mi tía le chupaba el coño a mi madre, se hizo pis encima, cosa que a mi tía le encantó. Al final, mi tía me dio un beso y me dijo que esperaba que hubiese disfrutado

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El acto de follar con mi hombre

Dormimos como lirones, la noche había sido larga ya que no había parado de follar con mi hombre. El recibimiento supongo que fue de su agrado, pues se notaba en sus jadeos cuando la metía en mi boca. Sus corridas eran inmensas y abundantes… pero siempre me quedaba con ganas de más.
Seguía dormido, respiración lenta, boca arriba, en la sábana se adivinaba su sexo erecto y me preguntaba cómo le gustaría despertarse. Entonces decidí sentarme encima, mi coño frotando su polla, primero con movimientos lentos, notando cómo cada vez se ponía más dura.
Abrió los ojos y me dijo:

-Mi putita se ha quedado con ganas de más, ¿verdad?
Froté mi coño más fuerte y noté lo dura que la tenía, me la podía clavar con la sábana encima, gemí… Me apretó los pezones con fuerza y yo gemía sin parar. Cada vez lo ponía más caliente porque empujaba su polla con avidez.
Yo estaba mojándolo todo cuando me cogió de los brazos y me tumbó en la cama. Me tumbó boca abajo y me puso los brazos en la espalda…
-Ahora, putita, vas a tener lo tuyo.
Me abrió las piernas con las suyas mientras yo me resistía, pero él con fuerza me la metió de un tirón, mmmmmmmm Dios, jamás había sentido tanto placer. Me follaba a lo bestia, le daba igual que gritara, me daba azotes en el culo, lo tenía rojo…eso lo ponía muy cachondo porque no paraba de azotármelo y empujar al mismo tiempo.

Follar con mi hombre…por el culo

Mientras me follaba como un loco metió un dedo en mi culito…despacio, estimulándome para encularme, lo deseaba. Sacó su polla de mi coñito y la puso en mi ojete. Yo estaba estimulada y lubricada, ponía aceite para encularme bien, aunque ya estaba como una perra, deseando que me la metiera…
Su polla entraba, la notaba, me dolía, pero solo podía pedirle más, más duro, más adentro…
-Rómpeme!!!- Le supliqué a gritos.
Cada vez más fuerte me fue penetrando al tiempo que yo gritaba de placer. Era un dolor que necesitaba. Quería que me diera muy fuerte y se lo dije:
– Dame cañaa!!! Fóllame!!
Él estaba muy cachondo y me repetia:
-Pídemelo perra!!!
-Rómpeme el culo!!! Llénamelo de leche!!!
Cada vez más fuerte, con cada embestida yo gritaba de placer, nunca había estado más cachonda. Me corrí varias veces, mojando toda la cama, me resbalaba por los muslos y él se ponía cada vez más cachondo.
Cuando iba a explotar, la sacó de mi culo y se corrió en mi espalda llenándola de leche caliente, la cual resbalaba por mi espalda. Las gotas me corrían por las tetas, tenía ganas de que la esparciera y me la diera a probar con sus dedos.
La esparcía por mi cuerpo, y le pedí que me dejara chupar sus dedos…se empalmó de nuevo, metía sus dedos llenos de lefa en mi boca y yo los chupaba con avidez, como si no hubiera bebido en mil años…mmm me sabía a gloria, me corrí saboreando su leche…
Ahora solo quedaba esperar a que su amigo llegase…un voyeur de tomo y lomo, al que le gusta masturbarse mientras los demás follan como perros. A mí eso me ponía muy cachonda solo de pensarlo. Imaginaba cómo sería y la verdad… estaba deseando ver cómo se masturbaba para mí.

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Relato Erótico: El amanecer de los muertos

zombieEl cielo amaneció rojo. Era el preámbulo de la batalla, la señal de que aquellas hermosas tierras verdes pronto se teñirían con la sangre escarlata de amigos y enemigos por igual. Desde lo alto de la colina, de pie en primera lÍnea de batalla, Kasumi observó el horizonte teñirse poco a poco de luz carmesí sin emoción, ni arrepentimientos. Al grito de guerra despertaron los guerreros, uno a uno desenvainaron sus espadas y entre relinchos de caballo y jadeos humanos cargaron contra el enemigo. El sol incendió su katana. Sabía que había sido enviado allí a morir por lo que no cabía lugar para la esperanza, pero se llevaría con él tantos hombres como pudiera a la tumba. Su espada no conocería misericordia.

No hay guerrero más mortal ni peligroso que un hombre que ha dado su vida por perdida. El metal pronto se tiñó de rojo sangre. Cuerpo tras cuerpo se fueron apilando a sus pies caballeros sin nombre y con un rostro que jamás recordaría. En los años venideros sería conocido como El Demonio Rojo y su nombre sería temido y admirado por todos. No es que fuera a vivir para recordarlo. Muerto a muerto, herida a herida que besaba su piel y mordía su cuerpo… el dolor se disipaba en el ardor de la batalla y en el amargo sabor de la desesperanza. Cuando la noche fría y oscura cayó sobre él no quedaban más que cadáveres a sus pies. Amigos y enemigos por igual amortajados en el silencio. ¿Quién había vencido? No le importaba. Sus rodillas se doblaron rendidas bajo el peso del cansancio, las heridas y el sueño. Hincó la espada ensangrentada en la tierra roja y se dejó caer sin miramientos, jadeante. Tendido de espaldas sobre el frío suelo solo podía sentir la calidez de la sangre. ¿De quién? ¿Suya? ¿De sus muertos? No importaba. El cielo era hermoso aquella noche, la luna palidecía ante las millares de relucientes estrellas que con su luz titilante parecían llamarle.

“Al fin ha llegado mi hora”-pensó sin tristeza. Al fin y al cabo había sido enviado a morir, siempre lo había sabido.

Una sombra cubrió las estrellas. Kasumi parpadeó sorprendido para apartar el hilo de sangre de sus ojos y alzó la vista. El fantasma de un rostro lo miraba. Era un hombre joven, aunque mayor que él, de tez pálida y un atractivo y varonil rostro alargado enmarcado por una larga y sucia melena oscura. Estaba cubierto de sangre y se apoyaba agotado sobre su katana. El joven reconoció la armadura del enemigo. No tenía fuerzas para intentar ponerse en pie y menos aún para alcanzar su espada y presentar batalla; de modo que aguardó pacientemente a la muerte con cara de enemigo. El desconocido ladeó la cabeza para mirarlo.

-De modo que sigues vivo-comentó, había un extraño deje en su voz. Casi sonaba alegre.

Kasumi entrecerró los ojos como única respuesta. El hombre sonrió.

-Mi nombre es Takeshi. ¿Te importa si me siento contigo?

El muchacho negó suavemente con la cabeza y Takeshi se dejó caer pesadamente a su lado. Dejó escapar un largo suspiro.

-Es un hermoso cielo nocturno.-murmuró para sí.

-Es el pacífico cielo después de una cruenta batalla- replicó Kasumi con voz monocorde- De algún modo las estrellas se burlan de la estupidez humana, pero al menos la luna parece triste.

-Tienes razón-concedió el hombre.

Ambos observaron el firmamento en silencio por largos segundos.

-¿Y tú no estás triste?-inquirió Takeshi de nuevo sin volverse a mirarle.

-¿Por qué iba a estarlo?-las estrellas parecían hacerle guiños simpáticos- ¿Debería estar triste por afrontar mi destino? Al fin y al cabo fui criado para esto, para matar y puede que también para morir. Tal vez que ahora pueda al fin descansar en paz-cerró los ojos-o puede que tenga que pagar por las vidas que ha arrebatado mi espada y que los fantasmas de los muertos vengan a darme caza. Sea como sea no importa, porque ya terminó.

-Es una lástima enviar a un muchacho tan joven y apuesto a la guerra-dejó escapar el extraño en un largo suspiro.

Kasumi sintió tras sus párpados cerrados como se inclinaba a mirarlo. “Qué enemigo tan extraño”-pensó con una amarga sonrisa.

-Según parece mis hermanos no eran de la misma opinión.-rió con suavidad-Tengo la suerte de ser el hijo bastardo de mi noble y ahora difundo padre y mis hermanastros encontraban mi existencia molesta y peligrosa para su noble y lujoso futuro.

Abrió los ojos lentamente. Takeshi se había arrodillado sobre él, su rostro a apenas unos centímetros del suyo, pudo apreciar por primera vez sus hermosos y brillantes ojos oscuros, similares al cielo estrellado sobre sus cabezas. Durante un largo instante quedó irreversiblemente prendido en aquellos ojos y se preguntó si la muerte habría tomado forma de hombre para llevárselo.

-¿Y estás de acuerdo con eso?-inquirió el hombre con suavidad-¿Estás conforme con aceptar el destino que otros te han impuesto?

Kasumi lo miró directamente a los ojos.

-¿Y qué más puedo hacer? Pelear es todo lo que sé y aunque hubiera huido antes de la batalla me habrían encontrado y ajusticiado por desertor. Prefiero morir honorablemente en la guerra que darles el placer de asesinarme con deshonra como a un cobarde.

Takeshi lo miró pensativo con tristeza. Eran palabras tan tristes en boca de alguien tan joven…

-Como sea, yo creo que no estás dispuesto a aceptarlo tan fácilmente.-concluyó- Te he visto pelear y despachar enemigo tras enemigo con tu katana y teniendo en cuenta la cantidad de muertes que has infligido tus heridas son escasas, aunque suficientes para matarte si no son bien tratadas. Eso es sin duda debido a tu deseo de seguir viviendo aunque sea un poco más, hasta ver el cielo nocturno.

Kasumi observó con más atención los rasgos del hombre. Era alto, fuerte y en cierto modo atractivo, y a pesar de estar cansado y cubierto de sangre, poca parecía ser suya. Apenas había recibido herida alguna, debía de ser un guerrero excepcional.

-¿Quién eres?- le preguntó en apenas un susurro.

El hombre sonrió y su sonrisa era asombrosamente amable y se reflejaba con calidez en sus ojos negros.

-Al amanecer era tu enemigo y ahora soy tu amigo-contestó enigmáticamente- Pero si preguntas por mi nombre ya te lo he dicho, soy Takeshi. ¿Y tú? ¿Cuál es tu nombre?

-Kasumi- dijo el chico automáticamente.

-Kasumi…-repitió el fuerte guerrero saboreando cada sílaba- Significa niebla. Es un nombre hermoso y apropiado para ti, joven, liviano y rápido que desciende fugaz sobre los hombres y los ciega y después se esfuma en la noche como si nunca hubiera existido.

No encontró palabras para responder, nunca antes le habían hecho un cumplido, ni alabado su nombre; y cuando Takeshi se inclinó sobre él atravesándolo con su mirada de medianoche y posó sus labios sobre los suyos no supo reaccionar. Fue un beso largo y suave que lo cegó por completo, como la niebla de su nombre. La piel de las mejillas del hombre eran ásperas por el comienzo de barba y sus labios sabían a la sangre y el metal del campo de batalla. Y sin embargo, una desconocida sensación de calidad inundó su pecho y se deslizó en su corazón. No le desagradaba.

-¿Por qué?- jadeó entre dientes cuando sus labios se separaron.

-Porque me he enamorado de ti desde el momento en que te he visto bailar la danza de la muerte con tu espada, tanta desesperación y tanta belleza juntas en un cuerpo tan joven y hermoso- susurró Takeshi con voz enronquecida por la emoción.- Porque ahora que he hablado contigo no quiero dejarte marchar, no quiero dejarte morir y para ello debo darte una razón para vivir. Permíteme ser tu razón para vivir, Kasumi.

-P…pero somos hombres-el muchacho tartamudeó confuso.

-¿Qué importa eso? Somos hombres muertos, a nadie le importa el sexo de los espíritus.

Kasumi lo miró sin comprender.

-No estamos muertos. ¿No has dicho que serías mi razón para vivir? Y si vivo mis hermanos vendrán a buscarme y me ajusticiarán bajo cargo de traidor.

El guerrero revolvió cariñosamente el oscuro cabello del muchacho, un gesto íntimo y sorprendentemente lleno de amor. La calidez se desbordó dentro de su pecho ante un gesto tan simple por el que había estado esperando una vida. ¿Era aquello el amor? Nunca lo había sentido antes por lo que no podía saberlo a ciencia cierta, pero fuera lo que fuera era cálido, agradable y por alguna misteriosa razón algo nostálgico. Hacía que su corazón solitario suspirara por más. Kasumi pensó que no le importaría morir siendo amado.

-Estamos muertos para el resto del mundo-le susurró Takeshi al oído- Observa a tu alrededor, hay cientos de cuerpos en este campo de batalla. Sin duda alguno debe parecerse a nosotros, si le damos nuestras pertenencias y desfiguramos su rostro seremos dados por muertos sin duda y podremos volver a empezar en otro lugar, un lugar tranquilo lejos de la guerra. Renacer de nuestras cenizas los dos juntos ¿Qué te parece?

El joven cerró los ojos durante un momento y se imaginó un cuerpo con su ropa y su katana, una tumba con su nombre y una pequeña casa con jardín en una aldea sin nombre alejada del mundo donde dos hombres sin pasado podían vivir en paz.

-Suena agradable-murmuró sumergido en la fantasía.

-Bien, entonces…

Takeshi deslizó sus dedos suavemente bajo su armadura y sintió como desataba cada pieza con dedos expertos.

-¿Qué estás haciendo?- exclamó Kasumi alarmado abriendo los ojos de par en par.

El hombre le sonrió.

-Voy a echar un vistazo a tus heridas y a cuidar de ellas como mejor pueda para que podamos marcharnos de este maldito lugar- explicó con amabilidad aunque la sonrisa de sus labios era traviesa.- ¿Qué pensabas que iba a hacer?

El muchacho apartó la mirada sonrojado. Sí-se reprochó a si mismo- ¿Qué se había imaginado?

No tuvo tiempo para responder, el último pedazo de armadura cayó al suelo y bajó la incesante mirada de las estrellas Takeshi deslizó sus dedos sobre la piel desnuda de su torso y sus brazos con manos rápidas y diligentes, con cuidado de no causarle dolor. Con sorprendente habilidad y precisión comenzó a encargarse de sus heridas.

-¿Eres médico?-preguntó Kasumi cerrando los ojos con suavidad- Creía que eras guerrero.

-Quien sabe curar también sabe matar-contestó Takeshi con dulzura.

Kasumi se sorprendió por la delicadeza con que aquellas grandes y callosas manos podían acariciar su piel, la gentileza con la que traían alivio tanto a su cuerpo como a su corazón herido. Puede que siempre hubiera estado esperando por alguien que se preocupara por él, alguien que quisiera cuidarlo y protegerlo, alguien para llenar el vacío de su corazón solitario. Quién iba a decirle que habría de encontrarlo el día de su muerte y que habría de renacer de sus cenizas con renovada esperanza. Puede que existieran los milagros después de todo. Puede que hubiera un lugar para un hijo bastardo si había alguien dispuesto a aceptarlo, a amarlo y a perdonar los pecados que él nunca podría perdonarse. Sus manos estarían por siempre manchada con la sangre de las vidas que había arrebatado para seguir viviendo, pero era la primera vez que su corazón estaría lleno de amor.

Al día siguiente descubrirían dos cadáveres entre centenares con sus ropas y sus armas y sus rostros desfigurados, y sus cuerpos serían enterrados en tumbas con nombres falsos; uno con el honor de los héroes vencedores y el otro con la vergüenza de los perdedores y traidores. El nombre del Demonio Rojo habría de resonar durante largos años de boca en boca como el nombre de un héroe temible o de un villano sangriento, una pobre compensación por parte de los asesinos que habían entregado a su propio hermano a la muerte.

Mientras lejos de aquel campo maldito de batalla donde la tierra fue teñida con la sangre de los hombres, a las afueras de una pequeña aldea sin nombre, en una casita con jardín que siempre huele a hierbas medicinales, viven un médico fuerte y musculoso de manos gentiles y ojos de medianoche, acompañado por su silencioso pero amable ayudante, un joven atractivo que tiene locas a las muchachas del pueblo. Nadie sabe que en realidad ellos son amantes ya que a nadie le importa lo que los muertos hacen y menos estos espíritus pacíficos que ayudan a salvar vidas y curar enfermedades como mísera compensación por las vidas que arrebataron en una lejana guerra sin causa.

Mara Aguinaga


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