Strip Poker con mi hermanastro

Nota: escribo este relato erótico para plasmar de alguna forma mi fantasía filial. No quiere decir que todo ocurriese tal y como a continuación lo cuento. Espero que disfruten de esta pequeña historia de sexo en familia.

Lo que se suponía iba a ser una gran noche de fiesta con mi hermanastro(a partir de ahora hermano) y mis dos primos, saliendo con nuestros amigos de fiesta por la ciudad, acabó siendo una noche un tanto extraña y es que pronto se cancelaron los planes de salir de fiesta debido a que el tiempo no acompañaba.

Una fuerte tormenta empezó a caer en nuestro barrio, lloviendo como pocas veces había visto. Lluvia acompañada de un fuerte viento y truenos. Por lo que al final los cuatro optamos por no salir esa noche y quedarnos en casa.

Mis padres ya habían salido a cenar fuera con mis tíos, avisándonos que esa noche llegarían tarde a casa, y mi hermano y yo, al ver como se había truncado el plan de salir con nuestros amigos, esa noche decidimos quedarnos en casa y llamar para pedir unas pizzas(Nuestros padres nos habían dejado algo de dinero).

Esa noche nos tocaba cuidar de nuestros primos Juan y Laura, los cuales estaban de visita el fin de semana. Pese a vivir en otra ciudad venían a visitarnos de vez en cuando ya que tienen una edad parecida a la nuestra y ya desde pequeños jugábamos mucho juntos. Podría decirse que nos hemos criado los cuatro juntos.

Tras pedir un par de pizzas para cenar, nos pusimos a hacer tiempo viendo la tele. Pasando de canal en canal sin nada que nos gustase ver. No tardó mi primo Juan en decir que se aburría y que iba a ser una noche muy larga, tras lo cual, mi prima Laura propuso de jugar a algun juego de cartas.

A mi nunca me gustaron demasiado los juegos de cartas pero esa noche no había otra cosa que hacer, así que le seguí la corriente a mi prima y enseguida empezamos los cuatro a decir nombres de juegos de cartas que se nos pasaban por la cabeza. Sorprendentemente mi hermano Rafa fue el que más nombres de juegos propuso y eso que yo pensaba que, al igual que a mi, el no jugaba prácticamente nada a juego de cartas.

Tras un par de minutos de discusión sobre a qué jugaríamos, sin tener claro un juego que conociéramos los cuatro, sonó el timbre de la puerta. Finalmente habían llegado las pizzas y las cervezas.

Mi prima Laura y yo corrimos a coger el dinero y a abrir al pizzero mientras mi primo Juan y mi hermano Rafa aún seguían discutiendo en el salón a qué juego jugaríamos después de cenar.

El repartidor de pizzas y las cervezas

Mi prima que pese a ser la menor de los cuatro siempre había sido muy espabilada y picarona, fue la que habló con el pizzero pagándole las pizzas y una buena propina para que no dijese nada al ver para quién eran las cervezas que habíamos pedido(Mi prima y yo por poco no éramos menores de edad pero lo aparentábamos).

Tras hablar con nosotras durante unos minutos, al recibir su propina el pizzero se marchó muy contento y algo cachondo por culpa de la forma picarona de hablar que solía usar mi prima con los chicos.

De vuelta al salón, ya con las pizzas bien calientes y las cervezas bien frías, mi prima empezó a preguntarme.

-¿Te has fijado en la espalda del pizzero?- Con cara de cachonda y una gran sonrisa. A lo que respondí.

-Claro que me he fijado, pero no sin antes fijarme en su culo- empezamos a reír las dos, y es que el muchacho que nos trajo las pizzas estaba bastante bien.

Al llegar al salón y ver a mi hermanastro y mi primo callados(algo que ya me pareció bastante raro entonces), esperando que llegásemos, pusimos las pizzas en la mesa del salón y nos sentamos a comer los cuatro.

Mientras comíamos, mi primo que es el mayor de todos, empezó a explicar a qué íbamos a jugar al poker texas holdem, juego de cartas al que los cuatro sabíamos jugar y que no habría que explicar demasiado.

Seguíamos comiendo mientras hablábamos de algunos de nuestros amigos y amigas mientras mi hermano, apoyado por mi primo, no paraba de meterse con mi prima por un amigo que tenemos en común y que a ella le gustaba de pequeña.

En uno de los comentarios de mi hermano mi prima se cansó levantándose de la mesa, llamándole idiota y pidiéndome que la acompañase al baño. Yo la apoyé, diciendo a mi hermano lo imbécil que podía llegar a ser a veces y que ya le valía.

La seguí al baño, donde nada más llegar cambió su cara de enfado por una ligera sonrisa, y es que ya estaba maquinando algún tipo de plan para ser ella quien se riera de ellos.

Entramos las dos al baño, cerrando la puerta con llave, tras lo cual empezamos a hablar sobre lo tontos y simples que son los chicos a veces(podíamos oírles de fondo haciendo ruidos infantiles, imitando la voz del chico que siempre le gustó a mi prima acompañado de besos y frases del tipo “Siempre me has gustado Laura”).

Mi prima cabreada decidió reírse de ellos a su manera. Empezó a decirme que no me preocupara por ella, que se encontraba bien, pero para devolverles la gracia les haría ver que tan machitos eran. Me propuso que jugásemos con ellos no al poker de toda la vida si no a un Strip Poker. Lo dijo riendo, pensando en las caras que pondrían. Sobretodo la de mi hermano, que es quien siempre se metía con ella por ser la más pequeña.

Tras volver del baño a la mesa, donde aún seguían haciendo el tonto, mi prima llamándolos infantiles, les propuso lo siguiente:

-El juego de poker en sí es algo aburrido, además que no disponemos de dinero para apostar. Así que si os atrevéis, podríamos jugar a Strip Poker- poniendo cara de chula y desafiante a los dos graciosillos.

Al mencionar la palabra Strip Poker, pude ver como la cara de mi hermano y mi primo se transformaba en un poema. Yo empecé a reír diciéndole a mi prima que eso sonaba bastante divertido, y que seguro esa noche las cartas estaban del lado de las chicas, convirtiéndolo en una guerra de sexos.

Tras unos segundos de silencio mientras nosotras terminábamos de comer y de beber(ellos habían terminado mientras estábamos en el baño) ambos se miraron con cara de incrédulos y seguidamente mi hermanastro, que seguía con idea de meterse con mi prima aceptó el desafío por él y mi primo. Jugaríamos a Strip Poker, ya estaba decidido(a los pocos días me enteré que mientras nosotras estábamos en el baño, ellos también habían pensado en proponernos jugar a Strip Poker).

Tras cenar y recoger la mesa mientras habríamos más cervezas, los cuatro discutíamos sobre las reglar, acordando que perderían los dos primeros en quedarse en ropa interior y ganarían los otros dos. En todo momento mi hermano y mi primo hablaban muy seguros del resultado, en el cual ellos iban a ganar y nos iban a hacer pasar vergüenza. Nada más lejos de la realidad…

La importancia de una buena mano en el Strip Poker

Recuerdo que empezamos a jugar los cuatro en la mesa redonda, unos enfrente de otros. Yo tenía a mi primo enfrente y mi hermano a mi prima. Tocándome a mi ser la primera en decidir en jugar o pasar, apostar una prenda de más o hacer Check.

No era una buena mano, por lo que hice check y, tras volverme el turno, pasar ya que mi prima había subido una prenda en su apuesta(Se la veía con ganas de humillar a mi hermano y mi primo). Esa mano la terminó ganando mi prima la cual quedaba jugando contra mi hermano. Este, que no podía creerse la suerte de la doble pareja de mi prima, entre refunfuños se quitó el reloj y los zapatos.

Dos manos más y ya estábamos los cuatros sin tenis o calcetines, eran las primeras prendas que nos atrevíamos a apostar. Los cuatro cada vez más picados los unos con los otros debido a que la suerte esa noche estaba bastante repartida.

Una ronda en la que quedamos mi prima y yo apostando contra mi primo hasta dos prendas, seguras de nuestra buena mano, terminamos perdiendo. Quedándonos yo en bragas y ella en sujetador. Ya quedaban pocas prendas para que hubiese un claro ganador.

No sabría decir si era porque ya llevábamos unas cuantas manos jugadas y nos quedaba poca ropa o si era porque llevábamos unas cuantas rondas de cerveza, pero se notaba que la actitud había empezado a cambiar y la vergüenza empezaba a desvanecerse. Ya no peleábamos por si eran las chicas las que ganarían o los chicos, cada uno quería dejar desnudo al resto y no ser el que quedaba en ropa interior. Ya no había piques o insultos entre mi prima y mi hermano, ya solo reíamos cuando alguien se atrevía a apostar una prenda de más y animábamos a postar al resto. Fue en ese momento en que todo fue a más.

Desnudada y castigada por su hermano

Mi prima a punto de perder, se atrevió a apostar contra su hermano que también estaba a solo una prenda de perder. Y tras sacar las 3 cartas de la mesa se declaró como oficial, que la primera persona en perder había sido mi prima. La cual sin pensárselo quedó únicamente en braguitas y sujetador, teniendo que levantarse de la mesa y dar una vuelta a la mesa para que todos la viéramos. Era el castigo para los dos perdedores.

Mi prima algo triste por verse obligada a dejar de jugar, justo cuando todo estaba tan reñido(Solos les quedaba una prenda para perder a mi primo y a mi hermano. A mi dos prendas) siguió bebiendo mientras me animaba a ganarles a los dos gracisillos.

La siguiente ronda tuve suerte y con un Full destrocé la mano de mi primo, el cual solo tenía una mísera pareja de reyes. Derrotado quedó en boxers y con vergüenza dió una vuelta a la mesa tal como había tenido que hacer su hermana una mano antes. Todos pudimos ver como se marcaba en su boxer una ligera erección, seguramente debida a la excitación de aquella situación. No podía imaginar que mi primo tuviese semejante paquete. Un buen bulto que sin duda llamó la atención incluso de su hermana, la le señalaba riéndose de él, humillándole delante del resto.

Nada más sentarse mi primo Juan, mi prima Laura se levantó de la silla y dijo:

-Esto es un rollo, justo cuando la cosa estaba más interesante he perdido, y aun me queda ropa. Es injusto.- quedaba claro en la forma de pronunciar las palabras que el alcohol de la cerveza estaba haciendo efecto en nosotros. Seguidamente se quitó el sujetador delante de nosotros, dejando ver su pequeños y preciosos pechos, colocándolo sobre la mesa al grito de: -Esta es mi siguiente apuesta. Entro de nuevo a la partida, no seáis unos rajados- con voz desafiante a mi hermano y mi primo.

Mi primo Juan no se lo pensó dos veces y prometió que él haría lo mismo con la prenda que le quedaba pero solo si valía tanto como las dos partes de la prenda femenina. Apuesta de unos boxers por un sujetador y unas braguitas, lo cual lo vimos todos algo justo. Seguimos jugando nuevamente los cuatro, ésta vez hasta quedar completamente desnudos.

Alguien quedaría completamente desnudo

La siguiente mano era más delicada ya que había que pensarse mejor el apostar una prenda, sobretodo mi primo y mi prima que estaban a solo una prenda de quedarse desnudos allí delante de todos.

La siguiente mano recuerdo que la perdí contra mi hermano Rafa y mi primo Juan apostando las dos prendas que me quedaban antes de quedarme en ropa interior, aunque sabía que podría seguir jugando con el sujetador y las braguitas. Ellos sacaron la misma escalera al rey de picas mientras que yo, que buscaba color, no lo conseguí.

Me quedé en braguitas y di la vuelta a la mesa. Fue entonces cuando al pasar por al lado de mi primo pude ver su enorme polla, bastante dura y recostada a un lado bajo los apretados boxers. No hacía por esconderla e incluso diría que entonces quería que la viese. Y mi hermano, pese a que no hice por fijarme en él, pude ver que estaba tocándose ligeramente sobre el pantalón, prenda que aún le quedaba por perder. Al pasar junto a mi prima le susurré al oído:

-Vaya polla tiene tu hermano tía, no me había fijado nunca- entre risas de ambas, volví a mi silla y seguimos jugando. ¡Solo ganarían los que no quedasen desnudos!

Siguiente ronda y 3 jugadores con tan solo una prenda y mi hermano aun con dos. Decidimos ponernos en su contra. Incluso mi primo parecía haber dejado de apoyarlo e iba contra él.

Yo podía notar perfectamente como mi hermano no quitaba ojo a mi prima, como la miraba con deseo cada vez más cachondo con aquella situación. Y es que todos estábamos bastantes cachondos a esa alturas del juego.

De repente mi hermano se arriesgó con un trío de corazones y perdió. Mi prima le había sacado un full en su cara, tras lo que se rió de él, y éste picado se quedó en boxers. Empezó a dar su vuelta a la mesa, como todos habíamos hecho ya. La vuelta a la mesa de la vergüenza. Pero al llegar a la altura de mi prima, mientras ésta se reía y le animaba a caminar más despacio antes de llegar a su silla de nuevo, mi hermano se le acercó y le dejó ver su pene delante de todos. No era tan grande como el de mi primo Juan, pero tampoco estaba nada mal. Rasurado y bien duro se lo acercó a mi prima diciéndole:

-¿Ves? para que veas lo hombre que es tu primo y dejes de reírte- mi prima callada acercó su mano a mi hermano tocándole su duro rabo, a la vez que mi hermano, caliente pero quizás aún cortado, volvía a su silla para poder seguir jugando.

Ahora todos estábamos a una sola prenda de quedar desnudos. No había marcha atrás, solo dos podían ganar, y teníamos que ser las chicas.

El siguiente Dealer me tocaba a mi y sería yo la que repartía las cartas. Una pareja de sietes para mi, una pareja de cuatros para mi hermano Rafa, un As de picas y un tres de diamantes para mi primo Juan y para mi prima Laura un As de copas y una dama de corazones. La suerte estaba echada y en la mesa comenzaban a salir las cartas.

¿Adivináis qué cartas salieron? Fue increíble pero salieron un siete, un As de trébol y una dama de picas. Todos empezamos a apostar creyendo tener nuestra mano ganadora, pensando que la suerte ahora si estaba de nuestro lado e íbamos a ver al resto desnudos. Todo decidimos apostar y arriesgarnos.

Esa noche tuve suerte

Salieron dos cartas más en la mesa. Otro siete y otra dama. Ya tenía mi Poker cuando todos decidimos en voz alta jugar el todo o nada. Levantamos cartas y empezamos a reir todos. Ellos por vergüenza quizás, pero yo porque era la ganadora y los vería a todos desnudos por perder una partida de Strip Poker, algo que les recordaría el resto de sus vidas.

Mientras yo permanecía sentada, entre ellos se pusieron de acuerdo por quien sería el primero en dar una nueva vuelta a la mesa, esta vez desnudos. Comenzó mi prima, la más picante y cachonda de todos(nunca tuvo demasiada vergüenza).

Mientras reía empezaba a girar alrededor de la mesa lentamente hasta llegar al lado donde estaba mi hermano. Allí le puso sus manos sobre los hombros de mi hermano Rafa y girando levemente a mi hermano se le sentó sobre en las piernas, tocando suavemente su duro pene, mientras mi primo y yo flipábamos al ver la escena.

Cachondos y mientras reían, mi hermano y prima animaban a mi primo a dar el la vuelta a la mesa. Era su turno por haber perdido junto al resto.

Mi primo, algo más tímido que su hermana pero con un gran pene que pedía algo de guerra, empezó a girar alrededor de la mesa pasando primero por el lado donde estaba mi hermano y su hermana. Ésta al pasar desnudo junto a ellos le dió entre risas un bofetón en el culo a su hermano, animándolo a llegar hasta mi. Una vez lo tenía delante, no podía quitar ojo a aquella increíble y viríl polla. No había visto todavía muchas, pero aquella sin duda era al más grande hasta el momento.

Lo agarré de la cintura hasta tenerlo más cerca y sin pensármelo dos veces mientras le agarraba el culo, que quedaba casi a la altura de mi cabeza(yo seguía sentada, esperando  en mi imaginación aquel momento hacía rato) y le empujaba su enorme polla hasta mi boca. A esas horas de la  noche y tras un juego de calentamiento bastante alargado entre cerveza y risas, estaba muy cachonda.

Empecé a chupársela poco a poco. Notaba como casi no me cabía en la boca de lo gruesa y dura que la tenía. Y mientras más se la chupaba podía notar como me agarraba más fuerte la cabeza, acompañando mis movimientos. Chupar pollas es algo que siempre me ha gustado, he de admitirlo.

De fondo, mientras me concentraba en hacerle la mamada más perfecta a mi primo, podía oír como mi hermano y mi prima murmuraban mientras se dirigían al sofá que estaba a un par de pasos de la mesa donde estábamos nosotros.

Entre mamada y mamada pude ver de reojo como mi hermano se tumbada en el sofá y mi prima se colocaba encima de él. Colocando con su mano la dura polla de mi hermano e introduciendola con suavidad. Podía apreciar perfectamente en ese momento la expresión de placer en sus caras. Como si llevasen toda la noche esperando ese momento.

Mantuvimos el ritmo por un rato hasta que mi primo, cansado de esperar y ardiente en deseo de darme placer a mi, me hizo levantarme de la silla, agarrándome del brazo y llevándome al sofá donde estaban mi prima y hermano, follando desde hacía rato. El sofá era bastante grande, de estos en forma de L y lleno de cojines grandes, por lo que los cuatro cabíamos perfectamente.

Me tumbó boca arriba junto a mi prima, que estaba también tumbada boca arriba siendo follada por mi hermano. Y justo cuando mi primo se echaba encima mía, yo agarraba a mi prima de la mano, entrelazando nuestros dedos cada vez más fuerte a la vez que notaba como la gran polla de mi primo me penetraba poco a poco. Mi primo comenzó entonces a follarme con suavidad, prácticamente apoyando su pecho sobre mi pecho, y con su boca cerca de mi oreja pude escuchar como me susurraba lo cachondo que le tenía desde hacía tiempo.

En el piso no se escuchaba otra cosa que mis gemidos y los de mi prima entrelazados. Mi hermano y mi primo, concentrados en hacer bien su trabajo, apenas jadeaban cuando de repente mi prima gritó fuertemente de placer, un gemido que seguro había podido escuchar algún vecino, y que sin duda era debido al fuerte osgasmo que acababa de tener.

Mientras estaba mi prima gimiendo a la vez que se corría, empezamos tanto mi hermano, mi primo y yo a reír. Fue una risa un tanto cómplice, de aquel buen rato que estábamos pasando los cuatro juntos.

Mi primo me cogió de la cintura y con fuerza me dio la vuelta, colocándome de rodillas a cuatro patas sobre el sofá. Me quedé con mi cara sobre la de prima la cual aun seguía con los ojos cerrados, cara de placer y ligeros espasmos, inmersa en aquel gran orgasmo.

No pude resistirme al verla tan cerca y le di un beso, uniendo nuestras bocas mientras mis hermano seguía follándola con suavidad a la vez que mi primo me lo hacía a mi bien duro, como buscando correrse rápido. Me comí la boca con mi prima durante un buen rato mientras disfrutábamos aquel momento de placer. Algo que me llevó a tener un orgasmo a mi también.

Mi hermano fue el primero en correrse de los chicos y lo hizo dentro del chochito de mi prima. Mi prima no lo dejaba salir, agarrándolo fuerte de la cintura, estaba como poseída por la lujuria.

Mi primo poco después, que avisó con correrse, sacó su enorme polla de mi cálido y mojado coñito y se corrió sobre mi culo y espalda. Yo a la vez que él, y frotándome fuertemente el clítoris con mi mano derecha, lo tuve también. Empecé a correrme mientras aun notaba a mi primo restregando su dura polla entre mi coño y mi ano, esparciendo su semen sobre mi.

Por lo que podría decirse que fue una noche bastante completa. Todos llegamos al orgasmo, unos detrás de otros.

Tras quedar exhaustos, limpiarnos y vestirnos, pasamos a recoger la mesa que aún seguía con trozos de pizza y latas de cerveza. No queríamos que al llegar nuestros padres viesen que habíamos estado bebiendo alcohol. Reímos y bromeamos sobre cosas que no tendrían que ver con aquel momento de sexo en grupo. Nunca más volveríamos a hablar de aquel momento. Haciendo como si nunca hubiese pasado, pero todos guardaríamos el recuerdo de aquella noche de Strip Poker en familia.

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2. Tania e Iván: El Amante Perdido

– Hey peque… ¿Estás conmigo? – La voz de mi hermana Erika me sacó de mi estado y de pronto me encontré de nuevo sentada a su lado, en su coche y rumbo a su piso de Toledo. No sabía muy bien si me había quedado dormida o soñando despierta.

– ¿Qué?… – Dije desorientada.

– jajajaja… ¿Donde te habías ido? Estabas en las nubes – Se burló.

– No… No sé. Me… Me he quedado en blanco… – Mentí lo mejor que pude.

Lo cierto es que recordar la primera vez que mi hermano y yo habíamos estado juntos me había excitado bastante. Tenía las palmas de las manos unidas entre mis piernas y me había estado rozando disimuladamente sin apenas ser consciente de ello.

– ¿Pensabas en Iván? ¿Le echas… de menos? – Preguntó en un tono serio.

– Si… Muchísimo. Hace ya un montón que no hablo con él ni sé nada… ¿Cómo… Cómo le va…? – Pregunté tratando de disimular.

– Bueno… Papá está harto de él. Dice que no hace nada en el instituto. Que discute por todo y que se pasa casi todo el día encerrado en su cuarto. Yo he hablado con él y le he metido caña… Pero no hay manera. Quizás si hablas tú con él, te haga más caso… – Me lanzó una mirada fugaz.

– ¿Yo? – Pregunté atónita.

– Si. ¿Qué te parece si le llamamos cuando lleguemos a mi casa? Si papá no se entera podrás hablar con él todo lo que quieras… Además, él también se muere de ganas de hablar contigo – Dijo con total tranquilidad.

– Te ha… Él… ¿te ha preguntado… por mí?… – Pregunté sorprendida tratando de controlar mi entusiasmo por la idea.

– Si. La verdad es que me pregunta muchísimo por ti. También te echa de menos. Aunque intenta disimularlo – No pude evitar esbozar una sonrisa al imaginarlo. Saber aquello me reconfortaba de una forma increíble.

– ¿Sabes si tiene… Algo? ¿Alguna chica o…? – Sólo pensarlo hacía que me diese un vuelco el corazón.

Yo me había mantenido fiel a él y apenas me había fijado en nadie simplemente por que le quería. Pero había pasado casi un año completo desde que nos separaran y no habíamos tenido ocasión de despedirnos. Además, controlaban las escasas veces que nos dejaban hablar por teléfono y mi madre me impedía conectarme a Internet. ¿Como nos dejaba eso? ¿Seguiría queriéndome después de tanto tiempo?.

Yo vivía en una prisión que controlaba todos mis movimientos y probablemente él también. Quizás mi padre habría logrado quebrarle y se había dado por vencido.

¿Podría culparle si hubiera decidido rehacer su vida sin mí?. ¿No sería lo mejor para los dos?. Seguramente si, pero no podía evitar sentir miedo ante la posibilidad de perderle definitivamente.

Erika hizo una mueca.

– Pues… la verdad es que si… Está loco por una chica. Yo la he visto y es bastante guapa. Además creo que ya han tenido “algo” aunque por lo que sé, ahora no están juntos… Pero no me hagas mucho caso. No sé mucho del tema… – Dijo sin perder de vista la carretera. Me pareció notarla algo tensa, pero no dije nada.

Ella no lo sabía pero acababa de hacerme polvo por dentro. “Lo ha hecho… Se ha olvidado de mí “. Pensé abatida. Comencé a llorar descontroladamente y mi hermana se dio cuenta.

– Eeeeh… Eeeeh… Eeeeh… Peque… ¿Qué pasa? ¿Tanto le echas de menos? – Preguntó con expresión triste. Yo asentí como pude, lo cual hizo que me sintiera peor.

Me dio un par de caricias en la mejilla pero agarró el volante impotente.

– Joder. Yo creo que papá y mamá se están pasando. No sé que hicisteis para cabrearles tanto, pero una cosa es que os castiguen y otra ya que os mantengan separados e incomunicados desde hace casi un año. Es que yo flipo, de verdad… – Dijo mirándome de nuevo de forma extraña.

Yo seguí llorando desconsolada pero tras un par de minutos puse todo mi empeño en serenarme antes de que a mi hermana le pudiera dar por sospechar. Ella me dirigió  una sonrisa tierna y cómplice.

– Jopé… Con lo que molaba cuando nos íbamos de vacaciones todos juntos… Tú e Iván os hicisteis uña y carne en las últimas ¿verdad?. Las de Gijón. Hasta dormisteis en el mismo cuarto ese año por qué yo no podía dormir con tus ronquidos jajaja…- Recordar aquello me arrancó una sonrisa leve que mi hermana recompensó pellizcándome la mejilla.

– Si… Esas vacaciones fueron geniales jejeje – Sentenció.

– Recuerdo las noches que  os pegabais Iván y tú. Algunas veces mamá y papá se levantaron por qué no parabais de armar jaleo. Y luego por la mañana no había quien os despertara… – Aquello también me arrancó una media sonrisa.

Yo sabía que lo nuestro estaba mal, que nunca podríamos ser una pareja normal. Pero le amaba sin remedio y en el fondo solo deseaba verle feliz. “Le tuve para mí más tiempo del que habría  soñado. Tengo que conformarme con eso” Pensé. Pero resulta muy difícil convencerse de algo cuando tu corazón no para de golpearte con fuerza en el pecho insistiendo en lo contrario.

De todas formas Erika tenía razón en algo. Fue un verano genial, y si definitivamente había perdido a mi hermano para siempre, al menos en mis recuerdos siempre sería mío.

Volví a dejarme llevar por los recuerdos una vez más en cuanto se instauró un incómodo silencio en el coche. En poco tiempo retrocedí de nuevo a aquellas vacaciones, un día después de cometer ambos la mayor locura de nuestras vidas…

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Los dos estábamos tumbados en nuestras camas a oscuras. Con la única y débil luz de la noche entrando por la ventana acompañada del sonido del oleaje.

Sabía que Iván aún no se había dormido por que hacía pocos minutos que habíamos apagado la luz y él sabía que yo no estaba dormida por que según decían, yo roncaba un poco…

Llevábamos sin hablar desde el día anterior por la tarde. Justo después de nuestro “encuentro” sexual. Nos evitábamos mutuamente y a penas nos dirigíamos miradas fugaces y avergonzadas durante la comida o la cena. Incluso nuestros padres y hermana se dieron cuenta y pensaron que estábamos enfadados.

Pero aquella noche yo estaba muy confusa. Por un lado, la situación con mi hermano me aterraba. Era consciente de que dos hermanos teniendo sexo estaba mal. Pero por otro lado, después de haberlo procesado un poco… Me excitaba…

A penas había podido olvidarlo desde que ocurrió y andaba caliente y distraída todo el día.

En aquel momento, con mi cuerpo húmedo por el calor y la excitación y mi corazón latiendo a toda velocidad, de alguna forma, encontré el valor para hablarle.

– Iván… – Susurré a la silueta oscura sobre su cama. Cuando vi que no contestaba dejé pasar unos segundos.

– Iván… – Insistí.

– ¿Qué quieres Tania? – contestó casi de inmediato. Parecía molesto.

– Yo… lo de ayer… Fue mi culpa… – Dije con miedo. Él guardó silencio.

– Iván… – No dijo nada pero contestó con un leve sonido nasal.

– Es que… ¡Jolín!. No sé que me pasa. Últimamente solo puedo pensar en eso… – Me resultó increíble que me hubiese atrevido a decir aquello.

– ¿En lo que hicimos? – Contestó.

– Si… Bueno, también… Pero me refiero a “eso”… Al… Sexo… – No sabía cómo iba a acabar aquella conversación pero ya había comenzado y no podía parar.

– ¿Por qué? – Dijo.

– No… No sé… Pero es que siempre… Estoy excitada ¡jolín!… – Mi hermano se incorporó sobre un codo para mirarme al notar que estaba a punto de echarme a llorar. Pero no dijo nada.

– Bueno, estás en la edad… En parte es normal – Dijo con tranquilidad.

– Si, no sé… Supongo. Pero Iván… Lo que hicimos ayer… Está muy mal ¿no?… –

– Si, Tania. Está fatal… – Susurró incómodo.

– Entonces… ¿Por qué me gustó tanto? – Me tapé la boca maldiciéndome por mi estupidez. Pero mi hermano siguió callado y su silencio constante comenzó a molestarme.

– Bueno, vale… Olvídalo… – Farfullé dándome la espalda.

– A mí también me gustó… – Soltó enseguida. Mi rostro dibujó una enorme sonrisa.

Casi inmediatamente escuché como salía de la cama y se acercaba a mí. Un escalofrío tremendo recorrió mi cuerpo dejándome inmóvil mientras mi hermano tiraba de mi hombro poniéndome boca arriba y agarraba mis pechos por encima de la camiseta.

Bajo ella no llevaba nada y en la parte de abajo tan sólo llevaba un pantalón corto blanco muy finito sobre la parte de abajo de uno de mis bikinis de color rojo.

Lentamente se tumbó a mi lado mientras me comenzaba a levantar la camiseta y algún beso fugaz se estrellaba en mi cuello o mi mejilla.

Yo estaba muy excitada y me apetecía acariciarle, tocarle. Tocarme a mí. Aún así seguía confusa e inmóvil. Pero cuando agarró una de mis manos y la introdujo dentro de su pantalón haciéndome tocar su pene erecto, me decidí.

Lo sujeté con fuerza y comencé a masturbarle mientras cubría mi torso de besos y caricias.

Su cuerpo estaba tan húmedo y caliente como el mío. Acaricie su pecho y noté sus pezones erizados, pero no más que los míos. Cada segundo que pasaba estaban más y más sensibles bajo el asedio de sus dedos.

Sus besos se estaban concentrando en mi mejilla peligrosamente cerca de mi boca, por lo que torcí el rostro para esquivarle dejando mi cuello expuesto. El mordisco que me lanzó al momento me hizo clavarle las uñas y tratar de separarlo de mí. Pero tras unos segundos aquella sensación se transformó en un placer inmenso que disparo mi excitación obligándome a buscar mi vagina con la mano libre.

Cuando soltó mi cuello, lo noté palpitar y observé el rostro de mi hermano a pocos centímetros del mío. Comprendí enseguida que quería besarme en la boca.

Durante unos segundos me mordí el labio inferior pensativa. ¿Debíamos cruzar esa línea? ¿Qué significaría hacerlo? ¿Importaba realmente después de lo que estábamos haciendo?… Al final no importó, por que cuando se acercó a mis labios lentamente yo… no me aparté.

Dejé que nuestros labios conectaran y no tardé en corresponder su beso dejándome llevar.

Yo no tenía mucha experiencia en besar a los chicos. Había tenido algún noviete pero casi nunca les dejaba meter la lengua.

Una vez, no hacía mucho, me dejé besar en serio por uno. Pero fue él quien lo hizo casi todo y tras varios segundos decidí que el chico no me gustaba lo suficiente para dejarle tocar mis pechos .

Pero con Iván era otra cosa. Tal vez por la situación o tal vez por mi grado de excitación, no lo sé.

El caso es que me encontré devorando sus labios y su lengua, aprendiendo sobre la marcha todo lo que tenía que saber a cerca de los besos. Lo que transmitían, lo que implicaban…

Todo se detuvo unos segundos después. El beso se ralentizó hasta desaparecer y ambos nos quedamos mirando en silencio. Algo nació en ese instante… Algo bonito, cálido… Algo inmenso.

Tras aquello me lancé de nuevo a sus labios y todo volvió a acelerarse, pero esta vez fue él quien comenzó a acariciarme entre las piernas mientras yo aún seguía masturbándole.

Sus dedos eran más fuertes y osados que los míos por lo que no tardaron en penetrarme con fuerza provocándome una sensación extrema.

Cuando separó sus labios de nuevo, fue para descender lamiendo mi cuerpo mientras retiraba lentamente mi pantalón corto y la parte inferior del bikini deshaciéndose de ellos.

Pensé que se detendría para “jugar” con mis pechos de nuevo, pero apenas les dedicó unos segundos y siguió descendiendo disparando mis alarmas.

Cuando pasó de largo mi ombligo, tuve claro lo que pretendía.

– No. No no no ¡no!… Iván, dios… No… – Mis súplicas fueron en vano. La lengua y los labios de mi hermano comenzaron a explorar mi vagina húmeda.

Si lo hacía bien o mal, no lo sabía. Tan sólo sabía que aquello me gustaba muchísimo.

El tacto de su lengua ardiente estimulando mi clítoris mientras uno de sus dedos me penetraba hizo que estuviese a punto de perder el control.

Quería gritar, gemir, retorcer las sábanas con mis puños hasta romperlas, pero no podía hacer ruido y provocar una catástrofe. En lugar de ello me mordí los labios, la mano o la camiseta que tenía subida hasta el cuello, tratando de controlar la respiración.

Los minutos comenzaron a pasar. Mi vagina ardía de placer y mi hermano no parecía dispuesto a parar a pesar de tenerme al borde del éxtasis. Pero entonces, tan lentamente como había bajado, su boca comenzó a ascender.

Le lancé una mirada de frustración al creer que me quedaría a medias pero entonces vi que se había bajado el pantalón y su pene erecto apuntaba a mi vagina acercándose lentamente.

Su cuerpo impedía que cerrara las piernas así que empujé sus hombros con fuerza.

– ¡Iván!… ¡No! ¡Espera! Espe… – Sus labios silenciaron a los míos mientras la cabeza de su pene comenzaba a frotarse con mi rajita húmeda.

Empujé su cuerpo con fuerza y escapé de sus labios.

– No… Iván, por favor… Por favor, por favor, porfa… Eso no… – Le supliqué.

– No tengas miedo peque… No te voy a hacer daño… – Su mirada era extraña, como si me suplicara que le dejase seguir aunque la presión de su pene iba en aumento.

– Dios, Iván… No me hagas esto por favor… No… – Le dije. Pero lo cierto es que no puse mucho empeño en detenerle mientras lo decía.

Estaba a punto de perder la virginidad con mi hermano y aunque hacerlo me aterraba, mi cuerpo pedía a gritos que me dejara llevar.

Supongo que cuando has cruzado la línea todo cambia. No importa cuanto te asustes o te arrepientas. Sabes que no hay vuelta atrás y que lo único que puedes hacer es seguir adelante y descubrir por que lo arriesgaste todo. En mi caso ya hacía rato que crucé esa línea y ahora tenía que averiguar por que…

Mi hermano agarró su pene para frotarlo con mis labios y lubricarlo para poco después presionarlo contra la entrada de mi vagina.

– Iván… Porfa… – Supliqué dándome por vencida mientras la cabeza de su pene comenzaba a entrar.

– ¿Quieres que pare…? – Preguntó tembloroso. Mi cabeza estaba hecha un lío. La razón y el deseo pugnaban por tomar el control.

– No… Sólo que… – Mis ojos se empañaron. Me sentía estúpida. Iván volvió a besarme mientras lentamente su pene entraba en mí.

– Ten cuida… Aaaaah ¡dios!… – Grité en un susurro cuando la metió entera.

Aquello me sorprendió y tuve que esforzarme por no hacer ningún ruido. Nunca había tenido nada tan grande dentro de mí y aunque sentía un leve escozor en el interior, no era comparado al placer.

Mi hermano volvió a retirarla lentamente dejándome una sensación extraña e inmediatamente volvió a penetrarme un poco más rápido arrancándome un pequeño grito que ahogué en mi garganta.

Una tras otra, oleadas de placer comenzaron a saturar mi mente obligando a mi cuerpo a actuar por instinto.

Mis labios buscaron su cuello, sus hombros, su rostro… Su boca. Cuanto más me penetraba más ganas tenía de besarle y acariciarle. Estaba perdiendo la virginidad con mi hermano, pero al menos podía seguir soñando que era algo perfecto. Esforzarme por conseguirlo y… Lograrlo.

– Dios… Iván, naaaah… No… Dios, no pue aaaah… ¡No aguanto más! – Susurré cómo pude. Mi hermano aceleró el ritmo.

Lo que vino después fueron un par de minutos de respiración acelerada, besos despiadados, caricias desesperadas y miradas desafiantes hasta que me derrumbé tapando mis labios con desesperación para ahogar los gemidos que trataban de salir por mi boca.

Toda la fuerza de mi cuerpo se escapó al final en un leve chorro que empapó el pene de Iván y que no cesaba de empujar rítmicamente mientras que mis sentidos comenzaban a funcionar de forma caótica.

Su aliento entrecortado chocaba ardiente contra mi piel mientras yo me retorcía bajo su cuerpo completamente fuera de control.

A penas sentí como sus labios succionaban la piel de mi cuello durante un buen rato mientras mi cuerpo comenzaba a calmarse. Sabía que él aún no se había corrido pero aún así bajó bastante el ritmo hasta casi detenerse. Me concedió los minutos que necesitaba para recuperarme.

– Dios Iván… Es… – Quise expresarle todo el caos de emociones y sentimientos que me hacían tener cada milímetro de mi cuerpo a flor de piel. Pero no me salieron las palabras.

Él sonrió y volvió a besarme en los labios con más ternura de lo que esperaba. Aquello fue sorprendentemente agradable y no tuve más remedio que aceptarlo. Cada vez me estaba pillando más por mi hermano.

Lentamente, sus caderas comenzaron a moverse reanudando el va y ven que me había llevado al orgasmo e hizo que mi cuerpo se estremeciera de placer otra vez. Pero no se precipitó. Sabía que yo aún trataba de recuperarme así que se contuvo y como en un oleaje lento y suave, mi cuerpo se dejaba mecer sobre un mar de sábanas blancas. Mientras tanto nuestras miradas se cruzaban, nuestras manos dibujaban entre sombras y destellos débiles las formas del otro. Los labios sellaban con besos el peligroso secreto que había nacido el día anterior.

– Ya no me arrepiento de nada peque… Me da igual… Esto no puede ser tan malo… – Dijo empujando hasta el fondo y provocándome un estallido de placer que volvió a encenderme.

– Aaaaahhora no… Aaaaah ahora no me llames… Peque… – Mis susurros rompieron el silencio de nuestro cuarto y enseguida supe que lo había dicho excesivamente alto. Pero no ocurrió nada. Nadie se quejó.

Sus movimientos comenzaron a acelerarse mientras el sudor de nuestra piel facilitaba el roce de nuestros cuerpos. Mi excitación se desbordaba por mi vagina produciendo sonidos húmedos y empapando mis inglés y mi trasero dejando un rastro frío.

Su respiración era errática y el tacto de sus latidos bajo mi mano indicaba que su corazón se esforzaba al máximo. Yo también me esforzaba a mi manera, mordiendo su piel, arañándola tal y como había visto o leído. Pero a decir verdad, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Sólo sé que él reaccionaba a todo lo que hacía y ello me hacía sentir bien.

Tardé un poco en volver a ponerme a su altura en cuanto a la excitación pero no me hizo falta forzarlo. Nuestros cuerpos se entendían perfectamente y simplemente ocurrió. Pasados unos minutos ambos nos movíamos jadeantes de placer hasta que estallé en otro orgasmo que acabó con las pocas fuerzas que me quedaban. Mientras trataba de mantener mis gemidos bajo control, contemplaba a mi hermano tensándose sobre mí con una mirada desgarradoramente atractiva.

Creí que se correría dentro, pero en su mente aún debía de quedar algún rastro de lucidez y su semen acabó esparcido por mi cuerpo en una abundante lluvia templada.

Poco después, la luz de una lamparilla vieja en el otro extremo del cuarto nos permitió encontrar un paquete de toallitas húmedas con el que limpiarnos. Vestirnos y volver a tumbarnos entre besos y caricias.

Cuando comencé a pensar con calma me llevé la mano al cuello para tratar de aliviar el escozor. Comenzó entonces un juego silencioso de mordiscos, cosquillas y forcejeos que de alguna forma nos ayudó a relajarnos y no afrontar inmediatamente lo inevitable.

– ¿Ahora qué? – Pregunté acomodándome en su pecho mientras el sueño hacía presa de mí.

Él no contestó. Se limitó a acariciar mi cabello y mi espalda después de darme un profundo beso en la cabeza.

Supe entonces que no había un plan. Que tendríamos que improvisar día a día y hacer frente a los obstáculos que surgieran. Pero también supe en ese instante, mientras me quedaba dormida sobre su cuerpo, que era posible ser feliz.

Aquella noche finalmente el sueño me atrapó con una enorme sonrisa en mis labios.

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La ventanilla del coche se bajó de repente y el aire fresco del exterior me golpeó en la cara devolviéndome a la realidad.

Erika me sonreía aún con el dedo en el botón que controlaba la ventanilla.

– Eeeeh ¡despierta!… Llevo un rato hablando sola ¿sabes? – Dijo.

– ¿Qué?… Dime… Perdona… – Contesté confusa mirando la carretera.

– Estás muy rara Tania. ¿Qué te pasa? ¿Y por qué sudas tanto? – Preguntó.

Era cierto. Mi cuerpo ardía por culpa de los recuerdos que repasaba en mi mente. Mis manos sudorosas aún estaban entre mis piernas y frotaban el pantalón lentamente.

– ¿Te haces pis? – Preguntó mi hermana mirándome las manos.

– Si… Un poco – Mentí.

– Aguanta que ya casi estamos. Aunque cuando veas lo que te tengo preparado… Igual te haces pis encima jajaja – Dijo con una expresión maliciosa. Parecía inquieta.

– ¿Qué es? ¿Qué es? Dímelo porfi… – Le supliqué. Ella se rió mientras se metía por una calle que tenía un aspecto antiguo y paró en un lado de la calle. Yo no le quitaba ojo de encima mientras parecía buscar algo por la ventanilla.

– ¿Te acuerdas que hace un rato te he dicho que a veces hago magia? – Preguntó fijando su vista en algo del exterior.

– Si… – Contesté confusa.

– Pues ese es mi mejor truco… – Agarró mi barbilla obligándome a girar la cabeza y mirar por la luna delantera. Al principio no lo vi, después me negué a creerlo y luego simplemente me quedé clavada en mi asiento contemplando a mi hermano Iván sonriéndome casi al final de la calle. Erika me plantó un beso en la mejilla tras quitarse el cinturón de seguridad.

– ¿De verdad pensabas que no sabía nada, tonta?. Me costó su tiempo pero al final él me lo contó todo… – Miré a mi hermana que tenía una sonrisa de oreja a oreja.

– Erika… Yo no sabía cómo… – Ella me silenció con un dedo en los labios.

– ¿Tú estás enamorada? – Me preguntó expectante.

Observé a Iván caminando hacia nosotras y entonces recuperé la confianza.

– Si… Le quiero más que a mi vida Erika… – Dije completamente decidida.

– ¡Pues corre y bésale tonta! – Miré a mi hermana incrédula suplicando que no fuese una broma de las suyas. Pero cuando desabrochó mi cinturón de seguridad se puso seria y besó mi frente.

– Corre… – Dijo en apenas un susurro.

Y entonces bajé del coche y corrí con todas mis fuerzas para encontrarme con él. Mi amante perdido…

Continuará…

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