Un buen viaje al infierno con la hermana de mi mujer

UN BUEN VIAJE AL INFIERNO

Aquella noche tocaba un famoso grupo punk en la ciudad, todos y todas las punkys del pueblo donde vivíamos se preparaban para ir a verlo y disfrutar saltando y gritando sus canciones. A mí siempre me había gustado ese estilo de música si bien no me defino como punky ni visto como tal, cadenas, pinchos, ropa ajustada ni nada de eso, pero esa noche sí que me convertí más o menos en un sex Pistols para el evento tan esperado, me puse unos jeans negros elásticos mis botas militares y una camisa negra un poco rota de The Class.

Mi esposa bastante conservadora en gustos musicales por supuesto no se planteaba ni de lejos ir al concierto, siempre criticaba mis gustos y mi forma de vestir, así que esa noche mis planes eran irme con mi grupo de 4 amigos en el coche de uno de ellos a saltar y bailar y después saldríamos a tomar unas birras y a vacilar por la zona de bares y seguir escuchando buen punk en esos antros oscuros y concurridos, la noche prometía, además hacía tiempo que no salía sin mi mujer y a veces apetece, lo reconozco.

Todo estaba pensado y preparado, iríamos en el auto de Marcos que aunque pequeño era el único que tenía medio de transporte propio, ya habíamos comprado una buena carga de cerveza, vino y también algo para comer por el camino, y por supuesto, llevábamos un buen cargamento de sustancias para aguantar bien toda la noche. Todo estaba listo, éramos los justos para aquel auto pequeño y un poco incómodo pero estábamos muy motivados y alterados por salir a la ciudad. Mi mujer estuvo todo el día con cara de perro ya que nunca le ha gustado que me juntara con mis amigos y menos que fuéramos a la ciudad a escuchar ese ruido del diablo como decía ella, así que estuvo todo el día sin dirigirme la palabra, pero yo no iba a cambiar mis planes.

Como digo ya estaba todo preparado, yo estaba dándome los últimos retoques ya que aun siendo un hombre no tan joven siempre he sido bastante coqueto y me gusta acicalarme bien, mis jeans bien ajustados marcando bien mi entrepierna que dejaba ver un buen bulto y que me encantaba que las chicas por las calles miraran, me excitaba. La camiseta rota por varios sitios de tantos años usándola estaba casi transparente y dejaba ver mi pecho bien formado.

Estaba a punto de salir de casa cuando de pronto sonó el teléfono y mi mujer lo cogió, con su voz seria iba contestando con monosílabos y cuando abrí la puerta para salir me llamó, me acerqué y me dijo: “ Oye en el auto de Marcos ¿queda sitio para otra persona?” yo me quedé callado y me vino todo el bajón ya que pensé que se había arrepentido y se quería venir al concierto y la contesté “No, la verdad que llevamos el auto a tope, no entra ni un alfiler”, entonces ella me dijo, “Vaya, mi hermana quiere ir; ya sabes que es una fan total del punk, pero no tiene cómo ir a la ciudad, por favor, haced espacio y llevadla, si no, me va a estar dando la paliza todo el día, es muy pendeja para entender un No por respuesta”. Entonces respiré, y pensé “menos mal que mi mujer no había cambiado de opinión”, pero aun así me fastidiaba que tuviera que modificar mis planes, y le dije “de verdad, que en el coche no entra nada más, somos 5 tíos y todos bastante grandes como para que entre otra persona”, pero ella no daba su brazo a torcer, “joder, hazme este favor, no cuesta tanto, si no hay plaza la llevas encima de ti, ya sé que es un viaje un poco largo, pero no te vas a morir”. Realmente tenía razón, el viaje era largo, casi 5 horas, y llevar a una persona encima de las piernas podría ser todo un calvario, además que eso de que mi cuñadita, a la que hacía tiempo que no veía, viniera me cortaba el rollo, ya no podría hablar con mis amigos de todas las cosas que hablan los amigos cuando están solos, debería de cuidar mis palabras, ya que la niña luego podría largar la lengua de cosas que no me interesaba que se supieran, y menos mi mujer; pero al final le dije que llevaría a su hermana al concierto, todo por no tener más problemas con ella, así que avisé a Marcos para que pasáramos por la casa de Rebeca para llevárnosla en el auto.

La hermana de mi mujer, toda una belleza

Estando ya los 5 amigos bien apretados en el coche pasamos a buscarla y cuando bajó del departamento donde vivía nos quedamos todos con la boca abierta, joder con la cuñadita, hacía tiempo que no la veía y había cambiado demasiado, la niña de 18 años aparentaba bastantes más, y encima venía vestida con la ropa adecuada para el concierto, zapatos de tacón, medias de rejilla rotas como buena punkita, minifalda de cuadros escoceses que mostraban unas piernas largas y delgaditas y de piel muy blanca y camiseta negra de Kortatu bien apretada que dejaba bien marcadas sus tetas pequeñas pero bien formadas y redondas. Llevaba el pelo casi al cero pero le quedaba bien, le favorecía ese corte, llevaba los brazos tatuados y piercing casi por todos los sitios de la cara.

Cuando me bajé del coche para saludarla me abrazó efusivamente y me dio dos besos. “Eyy cuñadito ¿cómo estás? Hacía siglos que no te veía, ¿preparado para una noche loca de punk?

Yo me quedé sorprendido pero alegre, siempre me había caído bien Rebeca aunque me parecía que estaba hablando con otra persona, yo la recordaba siendo una niña tímida y vestida con el uniforme del colegio, ahora tenía delante de mí a una jovencita punkita toda sexi y alternativa.

Yo: Sí ansioso por quemar la noche y pasarlo bien, tenemos cervecitas en el maletero, ¿tú bebes?

Rebeca: Bieeeen si claro que me gusta, saquemos algunas para el camino.

Yo: ok, el único problema que tenemos es que no hay plaza libre en el coche.

Rebeca: Pero cuñadito eso no es problema, yo iré encima de ti, soy delgadita y ligera como una pluma, no te aplastaré, ¿vale?”

YO: ok, si me canso cambiamos y ya está, jajaja yo me subiré encima de ti jajajaja.

Rebeca: Vale jajaja sin problema, venga vámonos.

Sacamos un paquete de cervezas del maletero y nos metimos en el auto, primero entré yo y luego ella que se sentó encima de mí, ahora sí que íbamos como sardinas en lata, pero íbamos contentos. Después de que Rebeca saludara a mis amigos arrancamos y nos fuimos camino a la ciudad por la autopista.

En cuanto entramos a la autopista comenzamos a beber y con la música a tope empezamos a cantar, reír y a recordar historias de otros conciertos. A todo esto Rebeca no paraba de botar y de moverse encima de mí, cosa que enseguida me puso caliente, su minifalda quedaba por encima y su culo se apoyaba casi desnudo en mi paquete, yo disimulaba, reía y hablaba como si no pasara nada, pero me preocupaba que mi verga comenzara a encenderse y ella se diera cuenta, para mí supondría toda una vergüenza que aquella niña pensara que era un pervertido.

Al principio pensé que ella se movía de forma inocente sin ninguna intención, pero con el transcurso del viaje me di cuenta de que quería calentarme. Lo que me excitó más fue sentir en mi verga el calor de su coño que parecía un horno, era increíble el calor que desprendía, incluso con mis jeans puestos sentía el ardor de su sexo encima del mío, así que ya sin vergüenza alguna dejé que pasara, di rienda suelta a mi polla, que se puso como el acero y amenazaba con romper la cremallera del pantalón, Rebeca sintió mi calentón y siguió moviéndose; con la excusa de bailar y hablar con los amigos que iban en la parte delantera del auto se rozaba todo el rato con mi rabo, yo también con la excusa de jugar y hacerla cosquillas la apretaba fuerte hacia abajo, le hacía que se sentara bien contra mi entrepierna, como si me la fuera a follar con la ropa puesta. Así el viaje transcurría entre risas, cervezas y yo más cachondo que un mono.

Pasado un rato comencé a bajar mis manos por sus piernas, sentía sus medias de rejilla rotas y su piel suave como la seda como es la piel de una niña de 18 años, ella seguía como si nada, cosa que me indicaba que la gustaba que la tocara y seguí apretando cada vez más sus largas piernas, subía y bajaba mis manos por sus muslos y sus tobillos, esto nos estaba calentando a los dos, pero ella no hizo en ningún momento gesto de placer aunque sus bragas cada vez desprendían más calor e incluso creo que las sentí húmedas en mi polla que ya sí que estaba como un volcán a punto de reventar, y que empezaba también a estar húmeda en su glande.

Pasadas unas horas, mis amigos se calmaron un poco, el viaje era largo y después de bastantes cervezas llegó el sueño y todos salvo el conductor, claro, se quedaron dormidos o al menos con los ojos cerrados, había que descansar un poco antes del gran concierto, pero yo no podía pegar ojo con Rebeca encima, era imposible. Ella también cerró los ojos y se echó hacia atrás pegando su espalda contra mi pecho y mi cara, aún así, seguía moviendo su cadera y su culo, como si quisiera masturbarme con su rico trasero o incluso follarme con la ropa puesta, uff eso ya era demasiado y mis manos comenzaron a subir por su entrepierna hasta llegar a su tanga que estaba empapado y caliente, ella seguía haciéndose la dormida, pero no lo estaba; dejó que le tocara su mojadísima raja que estaba llena de sus fluidos, esto ya me pareció una tortura. Necesitaba follarla, pero donde estábamos era imposible, necesitaba clavarle mi verga gorda y larga de 23 cms en esa concha que pedía a gritos que la taladrara; de pronto bajó su mano hasta mi bragueta y apretó fuerte mi polla, eso casi ya hizo que me corriera, la situación era de extremo morbo, todos mis amigos dormidos en espacio minúsculo y yo con Rebeca encima pidiéndome a gritos que le clavara el cipote y todo esto sin decir una palabra, la música que sonaba a todo volumen me salvaba de que mis amigos me oyeran mi respiración fuerte y agitada. Ya no pude más y me lancé a la locura y lo que pasara no me importaba, así que me acerqué a su oído y le dije que se levantara un poco, porque tenía las piernas dormidas; bajé mi mano y abrí mi cremallera dejando mis 23 cms libres y, agarrándola de la cadera, la empujé hacia mí. Ella, que notó mi verga fuera del pantalón, bajó colocándose justo encima de ella y se la metió entera, giró su cuello y pegó su boca en mi cuello para silenciar su gemido de placer, yo la apreté con todas mis fuerzas y ella comenzó a hacer pequeños giros con su cadera haciendo que mi glande se rozara por todas las paredes de su coño, que ya estaba encharcado. Yo miraba a mis amigos con temor de que se dieran cuenta de lo que estaba pasando, pero parecían bien dormidos y el conductor iba a lo suyo, cantando las canciones que iba cambiando cada poco rato en la radio. Esta niña sabía moverse muy bien, me estaba haciendo perder el sentido y mi polla se puso más dura, gorda y grande que nunca, le llegaba a la altura del ombligo y su concha la recibía sin problema, así estuvimos un rato, yo quieto y ella moviéndose con giros de cadera discretos… pero tan sensuales, que me volvía loco. Ella se mordía los labios para no gritar y yo pegaba mi cara contra su espalda como para esconderme y que no me vieran mis amigos, debía de tener el corazón a mil y cuando estaba a punto de correrme la volví a empujar hacia abajo con la intención de que dejara de moverse y poder soltar toda mi leche dentro de aquella pequeña y maravillosa almeja que llené completamente, hasta tal punto que le empezó a escurrir por los labios y a mojarme con mi propio semen los pantalones y hasta la tapicería del coche. Ella se corrió cuando sintió el calor de mi leche dentro y no pudo evitar soltar un pequeño grito contenido, pero que con la música pasó desapercibido y nadie escuchó o al menos eso creo.

Después de todo esto nos quedamos tan relajados que incluso logramos dormir unos minutos. Así llegamos al concierto, bailamos, saltamos y disfrutamos. El concierto estuvo superior, pero por supuesto lo mejor de todo fue el buen viaje que tuvimos.

Nunca hablamos de lo sucedido. Creo que ninguno de los dos teníamos claro si había sido real o sólo un sueño. Después de un par de años en los que no la volví a ver, pues se fue a estudiar fuera del pueblo, y tras mi divorcio, una noche estando con mis amigos en un bar de los que solíamos frecuentar me la encontré de cara, cuando salía del baño. Nos quedamos mirándonos fijamente, me sonrió y me saludó efusivamente como siempre hacía y, después de un rato conversando, me guiñó un ojo y, cortando la conversación que estábamos teniendo, me dijo: “oye ¿te apetece que recordemos aquel buen viaje que tuvimos?”

Lo que pasó después lo contaré en otro relato relato erótico, porque creo que por esta vez es suficiente.

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