CHUBBYS & COUGARS

 Mi nombre es Alonzo, tengo 19 años,  actualmente vivo en una zona rural debido a mis estudios. Alquilo un cuarto a una mujer de cuarenta y tantos que vive con su pequeño hijo.

El año pasado me cogí a mi vecina Irene de 38 años, después
de este año he perdido contacto con ella, es una verdadera lástima.

Soy de estatura media, tengo un cuerpo delgado, siempre me
han encantado las mujeres mayores, aunque con Irene debute, esta temporada
conocí a una mujer que volvió bastante interesante mi estancia en este pueblo.

Un viernes por la tarde, después de clases me dirigía a mi
casa en dicho pueblo, cuando un se detuvo en la parada, y se bajó una mujer.
Una mujer de cuarenta y tantos, piel morena, tenía rasgos fuertes, pelo largo
negro, un poquito gorda no mucho, siempre me recordaba a alguien, no fue hasta hace poco que me di cuenta que se parece mucho a Niki Santana (busquen niki santanaxxx jajaja) solo que un poco mayor.

La mujer vestía una blusa roja, un jeans y unos zapatos con
tacón bajo,  no es muy alta tal vez 1.60 y con zapatos, su pelo negro y largo lo tenía suelto. Traía un bolso y una cara de pocos amigos. Veníamos caminando en sentido contrario, cuando estuvimos al lado del otro me dedico una mirada perversa, y se echo una risilla, yo quede en shock, cuando no llevaba mucho de haberla encontrado me volví para verla, y mi
sorpresa fue que ella también estaba viendo, y me dedico un saludo moviendo la mano.

La desconocida Marcela

Llegue a la casa arrepentido de no haberle hablado a aquella
mujer, me dirigí directamente al cuarto pensaba hacerme una buena paja pensando en esa mujer, cuando estaba a punto de hacerlo, tocaron a mi puerta, Salí y era Sara, la dueña de la casa, y para mi sorpresa estaba con la mujer de la parada,wao, sentí de inmediato una erección, -ella es mi hermana mayor, se llama Marcela-dijo Sara. Marcela me tendió la mano, llevaba anillos desde el dedo índice hasta el dedo meñique, le di la mano y nos quedamos viendo sosteniendo la mano.

-Mucho gusto Marcela- me dijo con una mirada y una sonrisa
un poco perversa.

-Mmmm hola, ehhh Alonzo, mucho gusto-dije nervioso

-Bueno yo los dejo para que hablen, tengo que salir pero
vuelvo en un momento-dijo Sara, y se fue.

-Doña Marcela quiere algo de tomar?

-Ahhh no me diga doña jajaja, mmm si claro.

-Una cerveza?

-Mmmm que rico, si claro, guapo e inteligente-me dijo y me
sonrio y volvió a ver con esa risa picara.

-Bueno, ya vuelvo-se apresure a traerle la bebida.

Le di la lata de cerveza, la abrió y bebió casi la mitad de
un trago, que mas podrá tragar pensé y volví a sentir un movimiento en mi
entrepierna.

-Y cuanto se viene a quedar donde Sara?

-Mmm unos días, la otra semana tengo que hacer un trámite
por aquí cerca, pero aproveche para venir a pasear donde mi hermana.

-Ya entiendo.

-Y no se aburre usted aquí?- me pregunto Marcela

-Un poco, por aquí ahí poco que hacer.

-Y la novia?      – Pregunto
con curiosidad

-Ah no yo no tengo novia jajaja- dije riendo

-Mmmm cómo? Un papucho tan guapo como usted y solito? –dijo con
esa mirada

-Jajaja gracias –

-Si yo no estuviera tan mayor, ya te hubiera clavado las
uñas, jajaja-

-Ahhh jajaja, cómo?, una pregunta privada, cuantos años
tiene usted?

-Mmmm en secreto,jajaja, tengo 53 años.

-Ohhh , enserio?

-Si papi, porque me veo muy vieja?

-Noo al contrario yo te calculaba 45 o menos!!!

-Jajaja gracias, y vos minimo tienes 16, si fueras un
poquito mayor- y me miro con una mirada malisiosa.

-Jajaja pero yo tengo 19!!! Hace poco los cumpli.

-Mmmm papi,  entonces no tenemos ningún problema jajaja, y como te gustan las mujeres?- me pregunto Marcela, estábamos sentados en el sofá largo en la sala.

-Siempre me han gustado mayores, maduras.

-Ah ya veo, así como de 53 años? Jajajaja- dijo Marcela

-Mmmm son 34 años de diferencia, no es mucho?- dije un poco
asustado

-Que pasa? Te da miedo, jajaja-dijo Marce sarcásticamente.

-No yo no tengo ningún problema, desde que te vi ahora te quiero
comer-dijo- y por lo visto alguien me quiere conocer también y señalo mi
entrepierna donde se veía levantado y mojado en la punta el pantalón café.

-Jajajajaja, si desde que la vi se me levanto, puedo hacerle
una pregunta?

-Dime

-Porque usa anillos casi en todos los dedos?

-Mmm por nada, porque?

-No son incomodos?

-Para nada, más bien agarro mejor- con su mano hizo la forma
como hacerse la paja, y la sacudió mientras me veía con esos ojos de mala- nada
se me escapa.

-Mmmm

-Apretemonos un rato mientras viene mi hermana, cuando viene
nos separamos y disimulamos

-Esta bien

Nos acercamos y empezamos a besarnos, Marcela me metió la
lengua desde el principio hasta adentro, los besos eran bastantes sonoros, yo sentía
que mi pene iba a explotar o romper el pantalón, estuvimos apretando por un
largo rato, Marcela me empezó a sobar la polla por encima del pantalón.

-Uy papi lo tenes duro duro.

-Si estoy a full.

-Mi hermana andara muy largo?

-No quiere una sobadita papi?

-Siii claro

-Pero me da miedo que Sara venga.

-En la otra casa hay un perro, y siempre ladra, solo estar
atentos.

-Bueno papi.

Me saque mi polla, y Marcela puso una cara de sorpresa, se quedo mirando largo rato.

-Wao papi estoy que enorme, uyy,- dijo y la agarro con su
mano derecha llena de anillos y empezó a sobarla.

-Esta pequeña verdad? Jajaja

-Al contrario esta enorme, uy- empezamos a besarnos y ella seguía
frotándola lentamente.

Una buena mamada

Sin decir nada se inclino y empezó a mamarme la polla, yo
estaba en trance, Marcela lo hacía de una manera ruidosa, se lo metía y hacia
sonidos como una especie de chuck chuck chuck, luego de un rato se la saco con un sonoro blop como un descorche, se puso de pie. Se puso delante mio y se puso de rodillas y se acomodo entre mis piernas, ahora estaba enfrente de mi verga.

-Ahora si papi, te voy a ordeñar jajajaja

-Jajajaja

-Me avisa cuando se va a regar.

La agarro y empezó a sobar y mientras me veía con cara de
loca, me dijo, -papi usted pídame lo que quiera, cualquier fantasia, lo que
quiera, lo que sea-yo estaba extasiado.

Se la metió y mientras me la chupaba me masturbaba, yo
estaba en otro mundo, Marce empezó a hacerlo mas rápido yo sentí litros de
leche bajando por mi vientre, en ese momento el perro empezó a ladrar, Marcela se levanto de un salto, yo me la guarde como pude. En ese momento entro Sara.

-Que calor hace afuera, y ustedes encerrados.

-No aquí no esta tan caliente- Dijo Marce

-Que es ese olor? Huele raro-dijo frunciendo el ceño Sara

-A mi no me huele a nada, y como te fue?

-Bien, bien, vamos a la cocina y te cuento- Sara se fue.

-Esto no ha terminado- me dijo Marce riéndose y se fue para
la cocina…

Continuará…     

 

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Fantaseando con mi madre y mi tía

Comenzaba el verano, y mi madre (Pilar) y mi tía (Amparo) ya se estaban empezando a probar vestidos y ropa de verano que tenían de años anteriores, algunas de las cosas no le gustaban como le quedaban a mi madre y decidieron ir de compras.

Al día siguiente yo me levanté como cada día, me lavé, hice la cama y mi madre me dijo que se iban a comprar ropa aprovechando que empezaban las rebajas de verano.

Pasaron más o menos unas tres horas cuando llegaron, mi madre se había comprado un vestido con estampados y mi tía unos pantalones “shorts” y unas sandalias grises.

Al rato, me enseñaron todo lo que se habían comprado cada una y me preguntaron que si me gustaba. Yo afirmé que sí y que le quedaban bastante bien.

Por la tarde, me eché la siesta como un día cualquiera de verano, al levantarme, me levanté con el pene erecto como cuando te levantas por la mañana, yo no le di importancia cuando me entraron ganas de ir al baño, me encontré a mi madre maquillándose para ir a salir, le pregunté qué adónde iban y me dijeron que a comprar una cosa. Me quedé pensativo dándole vueltas a que iban a comprar, cuando volvieron, me saludaron rápido y se metieron en la habitación, al cabo de una hora ya extrañado con todo lo que estaba pasando esa tarde, fui a la habitación donde se habían metido mi tía y mi madre, fue entonces cuando me las encontré dándose un beso.

Por la noche, nos fuimos a dormir. Como cada noche, mi madre y mi tía me dieron las buenas noches y se fueron rápidamente a la cama; no le di más importancia hasta que al día siguiente, cuando me levanto, me las encuentro desnudas en la cama. Cuando me vieron, se taparon rápidamente y me dijeron que me fuera de la habitación inmediatamente.

Me fui a mi habitación y me hice una paja fantaseando con mi madre y mi tía…

 

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Fantaseando con mi madre y mi tía

Comenzaba el verano, y mi madre (Pilar) y mi tía (Amparo) ya se estaban empezando a probar vestidos y ropa de verano que tenían de años anteriores, algunas de las cosas no le gustaban como le quedaban a mi madre y decidieron ir de compras.

Al día siguiente yo me levanté como cada día, me lavé, hice la cama y mi madre me dijo que se iban a comprar ropa aprovechando que empezaban las rebajas de verano.

Pasaron más o menos unas tres horas cuando llegaron, mi madre se había comprado un vestido con estampados y mi tía unos pantalones “shorts” y unas sandalias grises.

Al rato, me enseñaron todo lo que se habían comprado cada una y me preguntaron que si me gustaba. Yo afirmé que sí y que le quedaban bastante bien.

Por la tarde, me eché la siesta como un día cualquiera de verano, al levantarme, me levanté con el pene erecto como cuando te levantas por la mañana, yo no le di importancia cuando me entraron ganas de ir al baño, me encontré a mi madre maquillándose para ir a salir, le pregunté qué adónde iban y me dijeron que a comprar una cosa. Me quedé pensativo dándole vueltas a que iban a comprar, cuando volvieron, me saludaron rápido y se metieron en la habitación, al cabo de una hora ya extrañado con todo lo que estaba pasando esa tarde, fui a la habitación donde se habían metido mi tía y mi madre, fue entonces cuando me las encontré dándose un beso.

Por la noche, nos fuimos a dormir. Como cada noche, mi madre y mi tía me dieron las buenas noches y se fueron rápidamente a la cama; no le di más importancia hasta que al día siguiente, cuando me levanto, me las encuentro desnudas en la cama. Cuando me vieron, se taparon rápidamente y me dijeron que me fuera de la habitación inmediatamente.

Me fui a mi habitación y me hice una paja fantaseando con mi madre y mi tía…

 

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Sexo duro con voyeurs mirando

Es blanco pero tostado y de ojos verdes, de 50 años quizás, se ve duro, bajo, pelo corto y tieso y todos lo tratan con respeto. De verdad siempre me gustó. Sus manos son toscas, pero cuidadas.

Esa noche, después de jugar a las cartas con otros amigos, salimos a la terraza de la casa de la playa a tomar un trago. Nos dimos unos besitos y entramos a su dormitorio por la cocina. Se sentó en el borde de la cama, me puso de pie frente a él y comenzó a desabrocharme la blusa, a sacarme el brasier. Yo sentía sus manos acariciarme la espalda y su lengua y sus dientes en mis pezones me daban escalofríos de rico. Me hizo atrás, me desabrochó el pantalón y me dejó frente a él, sola con mis pantaletas. Pensé si estarían húmedas, pues no tenía protección… Luego me tomó de la cintura, me recostó en la cama, encendió unas velas, apagó las luces y se sentó a mi lado acariciándome; yo estaba algo mareada por los dos wiskys, pero me encantaba cómo me recorría esa mano áspera y subía hasta mi entrepierna. Nada me hacía presagiar la intensa sesión de sexo duro con voyeurs que me esperaba.

– Estas mojándote, Putina -me dijo, aunque a mí me pareció una ordinariez que me llamase así.

– Zarina, le dije molesta.

– Putina -me dijo. Y siguió acariciándome, me dio la vuelta y metió su mano entre mis piernas, me sacó las pantaletas y quedé desnuda en la cama, y ya a punto. Él se dio cuenta de ello y acomodó una almohada bajo de mis caderas que levantaron mi trasero. Yo ya estaba a cien, levantaba mis glúteos para que los tomara y el paseaba su dedo por mi hoyito, luego bajaba su mano a mi rajita que estaba muy, muy mojada.

– Sigo? -me susurró con sus dedos presionando mi clítoris.

– Síííí, por favor… -le pedí entre suspiros.

– Viste que eres putita. Mi putina-me dijo-, reconócelo. Dilo… -mientras me magreaba el sexo.

– Putina, le dije en silencio, siguiendo sus movimientos.

– Más fuerte, que no te escucho amor. -Me gustó que me dijera amor.

– Soy tu putina -le dije, y sonreí.

Y siguió. Yo movía mis caderas buscando el contacto de mis labios mojados con su mano. Estaba muy, muy excitada ya; solo quería que se sacara su ropa y entrara en mí.

Te mueves mucho Putina, me dijo, y me puso bocarriba, acostada en la cama y ató mis manos a cada esquina de la cabecera. Luego separó mis piernas y las amarró por encima de las rodillas a los bordes de la cama, impidiendo que las juntara. Dejándome abierta a él, mojada e hinchada, cualquier roce me aceleraba, me hacía jadear. Luego me vendó los ojos. Afuera se escuchaban las voces de los demás, que continuaban jugando a las cartas y olí las velas que alumbraban la habitación. Su mano continuó jugando con mi cuerpo, lo rozaba, lo pellizcaba, buscaba mi boca o se colaba entre mi cola, la enredaba en mi pelo, así por un largo rato que me hacía padecer. ¿Por qué no me monta de una vez? me preguntaba impaciente a mí misma. Luego su mano comenzó a bajar por mi estómago, lenta, y se acercó a mi clítoris. Pensé que si me lo tocaba no iba a poder reprimir el orgasmo. Estaba lista. Pero en el momento que lo hacía sentí que se me quemaba mi pezón y no pude evitar dar un grito de dolor, parecía que un cuchillo lo hubiera atravesado, me retorcí pero las correas de las manos y piernas me inmovilizaban, era un dolor de agujas que entraban por mi piel y se confundía el dolor con su mano que se acercaba a mi entrepierna nuevamente. En el momento que abría mis labios buscando mi vulva y yo levantaba hasta donde podía mi cadera buscando el roce para llegar, la cera caliente volvió a clavarme como miles de agujas en mi otro pezón, esta vez solo emití un grito ahogado, un quejido que se confundía con gemido de placer. Yo acezaba y la transpiración me pegaba el cabello a la frente. Su mano en mi pierna devolvía mi excitación, jadeaba de caliente que estaba, creo que si hubiera soplado mi clítoris me habría hecho eyacular como a una jovencita.

– Tienes calor Putina… -me dijo, más que preguntarme.

Sexo duro con voyeurs mirando sin mi permiso

Luego sentí sus pasos que se alejaban y una brisa bañó mi piel desnuda sobre la cama con mis caderas allí levantadas. Su mano buscó nuevamente mi entrepierna, se hundió en ella y llegó a mi ano, que sintió que sus dedos penetraban en él. Yo levanté las caderas facilitando su clavada por atrás y un escalofrío me recorrió… había dejado de sentir el murmullo en la otra pieza… la brisa era de la puerta entrejunta…  y quedé helada: maldito, pensé, maldito maricón este, huevón, bestia. Había dejado la puerta entreabierta y ahora seguro miraban, veían cómo tenía dos dedos metidos en mi hoyito y jadeaba y me retorcía toda caliente sobre la cama. Iba a llorar. Pero sentí cómo me abría y penetraban sus dedos ahora en mi vagina, y los sacaba y me los volvía a encajar. Quizás son ideas mías, pensé, y dejé que mi cintura se alzara buscando esa penetración, no, seguro se han asomado a la puerta, si no… ¿por qué el silencio? Pero mi clítoris hinchado y duro como un pequeño volcán que quiere reventar no me dejaba pensar, y en el momento que sentía que desde mi estómago me bajaba un dulce escalofrío, un río de fuego me quemó entre las piernas provocándome un ahogado grito de dolor, eran miles de agujas que me taladran la pelvis. Tiritaba de dolor, resoplaba, sentía mis sudor reunirse con mis lágrimas y gotear juntas desde mi sien hacia el colchón en que me tenía. Respiraba solo por la boca, jadeaba de placer y sufrimiento, de vergüenza por exhibirme allí. Presentía sus miradas cómplices, de burla, sus sonrisitas de “mírala, tan puestecita”, o “tan digna que se creía”, “ella que se las daba de señora”, pero mi sexo y esa mano podían más que yo. Pensé que, por suerte, me había depilado porque mis caderas buscaban de nuevo el contacto, sudaba entre mis pechos, en el cuello, las axilas, la boca estaba seca de jadear como una perra y nuevamente sus dedos entre mis piernas. Mis pezones sufrían con la cera aún tibia y la cera sobre mi coxis se endurecía. Nuevamente me llevaba hacia el suspiro del éxtasis y la cera hirviendo lo anulaba justo en el último momento, cuatro, cinco, ocho veces, perdí el sentido del tiempo, mareada, ida en esa cama, la vista en blanco, no tenía voluntad, estaba abandonada a lo que ÉL dispusiera.

– Si me dices que eres mi Putina te hago terminar -me dijo al oído ese al cual ahora sabía por qué los demás lo respetaban y por qué le decían “viento frío”.

– Soy tu Putina, -me escuché murmurar.

– Más fuerte -me dijo,- que no escucho -y se rió.

– Soy tu Putina, -le dije ahora en un tono normal.

– No te escucho, mi amor -me volvió a decir.

– Soy tu Putina, -le dije, ya entregada.

– No eres mi Putina, eres una Putina… ¡dilo!

– Soy una Putina, -lo dije mientras me caían las lágrimas de vergüenza, y el sudor de la calentura por mis sienes-.

– No te llamas Zarina, te llamas Putina… dilo.

– No me llamo Zarina, me llamo Putina -le dije entre sollozos.

– Y qué quiere esta Putina? … .

– Que me hagas terminar…

– Por favor…

– Por favor, hazme terminar.

Y sentí que algo fresco, una mano helada y delicada me tocaba donde antes me ardía como el infierno y había hecho que casi me desmayara. Esos delicados dedos rodearon mi botoncito suavemente y este obedeció sumiso, lo acarició y sentí cómo desde sobre mis rodillas atadas y desde mi estómago un dulce escalofrío comenzaba a transformarse en delicioso calambre que se concentraba en mi volcán. Eché la cabeza atrás y se soltó la venda, levanté en una contorsión mi cintura y mi cuerpo dio un largo estertor, me iba, me iba en ese calor que escapaba por entre mis piernas, exhalaba en un grito ahogado mi placer, y entre ese dulce morir presentí que era observada y ello hizo que esta dulce muerte fuera más intensa aún. Y junto a un gemido ronco dejé de saber de mí por unos instantes, quizás unos minutos. Volví con la cabeza doblada al lado, ida, abandonada entre sudor, lágrimas y el flujo de mi vagina que esa mano delicada me restregó por la cara cuando volvía en mí.

Estaba hecha un bulto, un fardo sobre la cama y sentí que la puerta se cerraba mientras él me desataba. Me dio vuelta y me puso en cuatro en el borde de la cama, de espaldas a él, yo apenas me sostenía, mi cuerpo aún tiritaba, me sujetó las caderas y sentí que me penetraba por atrás. Sentí el dolor de mi carne que se abría. “Me duele, me duele mucho” le supliqué en un murmullo. Sentí que metía sus dedos en mi vagina y me los restregaba en mi ano y comenzaba nuevamente a perforarme. Me sujetaba las caderas para que no me cayera. El dolor disminuyó algo y sentía que me rasgaba por atrás. Puso su mano en mi clítoris que aún palpitaba y me dijo si aún quería más…

– Lo que tú quieras -le susurré, totalmente entregada a sus deseos.

– Quién eres?  -me preguntó seguro, sonriéndose mientras sentía cómo disfrutaba el empalarme así, arrodillada de espaldas a él, abierta entera a su disposición total.

– La Putina -le dije, asumiéndolo-, la putina.

– Bien -me dijo-, voy a terminar dentro de ti -me dijo-, acá atrás. -Y sentí cómo me llenaba mis riñones con su generoso semen.

Se salió de mí, se recostó en la cama y me dijo:

-Párate allí -señalando a unos pasos de la cama-, vas a ponerte de espaldas a mí y de frente al ropero, con las piernas abiertas, agachándote un poco, y apoyas las manos en él para que no te vayas para delante, quiero ver cómo chorreas.

Lo hice obediente, mareada, tiritando, con las piernas que apenas me sostenían. Él se paró y me tapó los ojos nuevamente y un escalofrío me hizo presentir lo que vendría. Desnuda allí, apoyada semirrecostada contra el ropero, como una niña que ha hacho mal la tarea, sentí cómo su semen comenzaba a escurrirse desde mi colita y mis líquidos bajaban bordeando mis piernas.

– Voy a buscar un trago -me dijo-, y no te muevas. Putina.

Sentí que salía, y el aire frío bañó la pieza nuevamente… y los pasos se acercaron, los presentía, me rodeaban, sentía sus sonrisas, sentía sus miradas, su desprecio. Yo me atrevía apenas a respirar… creo que el pañuelo que me cubría la vista debió haberse mojado igual, no lo sé. Pero sí sé que me miraban, miraban cómo chorreaba un líquido viscoso desde mi ano y desde mi vagina hasta manchar el piso. Miraban las huellas de la cera, mis piernas separadas con las marcas aún de las correas que las habían mantenido abiertas, la huella de la transpiración bajo mis brazos, mi pelo pegoteado por la transpiración y las lágrimas.

Comenzaba a darme frío y escuchaba el chocar de los hielos en los vasos de whiskys.

Sentí que me quedaba sola de nuevo y los dedos de Viento Frío enredarse en mi cabello y tomada así me llevaba a la cama donde me recostaba. Tomó un largo trago de whisky, que pasó de su boca a la mía y me ayudó a sentirme mejor. Me quitó la cera que extrañamente casi no me dolió al retirármela.

– Tu marido te habría regalado un orgasmo como el de hoy? -Me preguntó.

– No, -le reconocí-. Pero tampoco una vergüenza como la de hoy. ¿Qué van a decir después, qué van a…? -y no pude seguir porque los sollozos no me dejaban.

– Pero si no pasó nada -me dijo-, cínico. Y aunque pasara. No van a decir nada, porque el que dice algo se va de la mina y en su vida vuelve a encontrar un trabajo como el que tiene, para eso soy jefe y con buenos contactos. Y de las mujeres que había tampoco. Aunque nadie les va a creer si dijeran algo.

– Y no me gusta que me digas Putina, -le dije bajito…

– Noooo, si te gusta, porque eres una Putina, te gusta que te miren, te gusta que te controlen, te gusta que el otro sea responsable, te gusta servir, complacer. Tienes 25 años perdidos de matrimonio, tienes que recuperarlos luego Putina, y yo te voy a hacer gozar como no te imaginas que se pueda gozar, putina. Porque eres una putina putita, ¿verdad? -Y se rió.

Me quedé en silencio, me tenía, me controlaba, era más fuerte que yo.

– Sí, una putita, eso soy: una putita, -le dije casi en un murmullo.

– Ahora te vas a masturbar de pie acá, delante de mí, y cuando termines, me la mamas y te tomas todo.

Lo hice obedientemente, luego me dormí en su cama. Al otro día, la vergüenza no me dejaba abrir los ojos al pensar en la sesión de sexo duro con voyeurs mirándonos, pero sin preguntarme me sacó y me bajó a la playa junto a los demás. Las miradas a mis espaldas eran socarronas y las sonrisas de ellas de superioridad, de desprecio; pero ninguno ni ninguna dijo nada, almorzamos y volvimos a la ciudad al atardecer. Me fue a dejar uno de los chicos que había estado la noche anterior jugando a las cartas. Uno de los que me había visto, “en eso”. Cuando se despedía me sorprendió preguntándome si me podía llamar cuando volviera a bajar de la mina, que le gustaría invitarme a comer, que había un restaurante recién abierto, de moda.

Los hombres son una sorpresa.

 

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Lizzete

El viernes, con un poco de tiempo que me dio mi trabajo, me fui a comprar una nueva cámara web para mi computadora, debido a que la que tenía se había roto y se veían las imágenes borrosas. Instalada en el equipo decidí probarla con una de mis grandes debilidades.  Lizzete– Una veterana (No debiera contarles esto)  de 55 años que me puso de la cabeza desde la primera vez en el Pool.

¡ Hola Lizete, ¿estás en este momento?, estoy estrenando mi cámara web nueva!– La contestación no se hizo esperar .

¡Hola Paul!  Que gusto verte y oírte.. Lo mismo digo .

¿Como estás? – Pregunté.

Mira con tus propios ojos….  – Me abre plano y veo que está en ropa interior. Tanga, sostén, y descalza.

Estás sola por lo que veo.  Y..Si. –

Si no no estaría así… te gusta??.

Me encantaba. Sentí vergüenza, yo estaba vestido. Así que me bajé los pantalones y le mostré mi miembro para que viera.

Mmmm!!  Le daría con gusto unas lamidas si estuvieras aquí conmigo..

Como estaba excitado por lo que veía por la pantalla le dije. – ¿En Mi casa o en la tuya?

En mi hotel –  Pero mientras nos  poníamos de acuerdo podía ver como se metía la mano en su vagina, masturbándose con la imagen de mi cámara nueva.  Para excitarme mas aún, le dije  – Me gusta esa tanga que te has puesto. Ese color rosa y el sostén …. Me excita mucho ese escote.. esas tetas…

¿ Te gustan, que les harías ?

Uffff…. Un montón de cosas… nena. Quiero chuparlas…Bueno.. tu con mi verga también tienes esas cositas de….

– No sigas! -, me interrumpió . – Te vienes para acá  ¡Quiero Coger ! – .

Así fue que apagué la computadora y me dirigí al hotel de su propiedad. En la habitación de siempre me recibió muy formal, con una pollera a la rodilla negra, tacos altísimos al tono y una blusa escotada blanca sin sostén. Tomamos unas copas en la habitación y luego me empezó  a chupar la verga, que a esa altura de la noche tenía un gran tamaño. Se apoyó contra la pared de la habitación para que mi miembro entrase por su hermoso ano. Los gemidos que daba eran acompañados por besos en la boca, Húmedos al tiempo que me decía que siguiera con ese buen ritmo, duro y sin parar.

La gozada fue tan grande que se chorreó y me chorreé sobre sus nalgas.

¡Vamos otra vez! – me decía con vos jadeante. Y así fue, fuimos de nuevo. Estuvimos dos horas largas cojiendo con Lizzete. Para luego pegarnos una ducha . ( después de eso nos transpiramos ). Ya mas tranquilos nos tomamos una cerveza;  pero ella cruzó sus piernas, de modo que yo no evité acariciarlas. Ella me practicó sexo con los pies y yo le dije… necesito Paz, mujer ! Pero era imposible y … lo hicimos otra vez.

Entre besos de lengua me dijo. ¿Donde compraste la camarita ?  se ve fantástico nene !

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Lizzete

El viernes, con un poco de tiempo que me dio mi trabajo, me fui a comprar una nueva cámara web para mi computadora, debido a que la que tenía se había roto y se veían las imágenes borrosas. Instalada en el equipo decidí probarla con una de mis grandes debilidades.  Lizzete– Una veterana (No debiera contarles esto)  de 55 años que me puso de la cabeza desde la primera vez en el Pool.

¡ Hola Lizete, ¿estás en este momento?, estoy estrenando mi cámara web nueva!– La contestación no se hizo esperar .

¡Hola Paul!  Que gusto verte y oírte.. Lo mismo digo .

¿Como estás? – Pregunté.

Mira con tus propios ojos….  – Me abre plano y veo que está en ropa interior. Tanga, sostén, y descalza.

Estás sola por lo que veo.  Y..Si. –

Si no no estaría así… te gusta??.

Me encantaba. Sentí vergüenza, yo estaba vestido. Así que me bajé los pantalones y le mostré mi miembro para que viera.

Mmmm!!  Le daría con gusto unas lamidas si estuvieras aquí conmigo..

Como estaba excitado por lo que veía por la pantalla le dije. – ¿En Mi casa o en la tuya?

En mi hotel –  Pero mientras nos  poníamos de acuerdo podía ver como se metía la mano en su vagina, masturbándose con la imagen de mi cámara nueva.  Para excitarme mas aún, le dije  – Me gusta esa tanga que te has puesto. Ese color rosa y el sostén …. Me excita mucho ese escote.. esas tetas…

¿ Te gustan, que les harías ?

Uffff…. Un montón de cosas… nena. Quiero chuparlas…Bueno.. tu con mi verga también tienes esas cositas de….

– No sigas! -, me interrumpió . – Te vienes para acá  ¡Quiero Coger ! – .

Así fue que apagué la computadora y me dirigí al hotel de su propiedad. En la habitación de siempre me recibió muy formal, con una pollera a la rodilla negra, tacos altísimos al tono y una blusa escotada blanca sin sostén. Tomamos unas copas en la habitación y luego me empezó  a chupar la verga, que a esa altura de la noche tenía un gran tamaño. Se apoyó contra la pared de la habitación para que mi miembro entrase por su hermoso ano. Los gemidos que daba eran acompañados por besos en la boca, Húmedos al tiempo que me decía que siguiera con ese buen ritmo, duro y sin parar.

La gozada fue tan grande que se chorreó y me chorreé sobre sus nalgas.

¡Vamos otra vez! – me decía con vos jadeante. Y así fue, fuimos de nuevo. Estuvimos dos horas largas cojiendo con Lizzete. Para luego pegarnos una ducha . ( después de eso nos transpiramos ). Ya mas tranquilos nos tomamos una cerveza;  pero ella cruzó sus piernas, de modo que yo no evité acariciarlas. Ella me practicó sexo con los pies y yo le dije… necesito Paz, mujer ! Pero era imposible y … lo hicimos otra vez.

Entre besos de lengua me dijo. ¿Donde compraste la camarita ?  se ve fantástico nene !

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Mi vecina la coja infiel

Hola como estáis, os quiero contar una historia que me pasó la semana pasada, mi vecina se rompió una pierna, así que no se podía mover de casa. Se pasaba las horas sentada en el balcón mirando hacia la calle. Una maňana me desperté temprano y salí al balcón, yo estaba un poco empalmado como casi siempre al despertar. No me di cuenta pero mi vecina estaba allí, sentada con la pierna levantada apoyada sobre la barandilla, la miré de reojos y pude ver que no llevaba bragas.

-Buenos días vecino, ¿ qué te vas de camping? -Me dijo-
-¿Por qué? -dije yo-.
-Porque ya veo que llevas la tienda de campaña montada

Mientras se reía, yo me sonroje un poco y le dije

-Joder lo siento
-No tienes porqué, me encanta despertar y que me alegren el día. Me gustaría hacer algo para calmar tu irritación me dijo…

Eso me puso aún más cachondo. Ella se giró hacia mi y abrió más aún sus piernas. Se veía que estaba muy mojada. No me pude contener y di un salto hacia su balcón.

Una vecina algo madura y caliente

Ella sentada me cogió por el culo y me apretaba hacia su boca, empezó a morder mi paquete por encima del pantalón. Yo mojé mis dedos y empecé a acariciar su clítoris. Bajó mi cremallera y sacó mi polla que estaba a punto de estallar.

-Que polla más hermosa tienes vecino -cuando me giró y comenzó a chuparme el culo mientras me hacía una paja.-

Yo apretaba sus tetas, los pezones se le pusieron muy duros. Me dió la vuelta y empezó a chuparme la polla como una loca, se notaba que sabía lo que hacía, era una auténtica mamona. Yo me arrodillé ante ella y empecé a chuparle el coňito, de abajo a arriba y de arriba a abajo, de un lado al otro lado, sin dejar ningún rincón sin chupar, me encantaba su jugo.

-Quiero que me folles -me dijo-

Así que yo de rodillas y ella sentada frente a mí abrió sus piernas y se mojó su vagina, empecé a meterle la cabeza nada más, la meto y la saco, la saco y la meto, de repente le meto un empujón que se la clavo entera y la dejo ahí un ratito para que la sienta bien adentro. Luego comienzo a darle fuerte y rápido, ella empezó a gemir, yo empecé a chuparle las tetas, me encantaba.

-Quiero que me metas el dedo por el culito, ¡Ahora mismo!

Me lo chupó y se lo metí bien adentro, moviéndolo en círculos, le veía la cara disfrutar de placer. No puedo aguantar mucho más, y me dijo, córrete en mi boca, se la saqué enseguida y me subí a la altura de su cara, empezó a chupármela y a masajear mis huevos. Empecé a correrme en su cara y ella no paraba de chupar, hasta la última gota, que placer más intenso, yo me quedé aún empalmado, le dije -¿Cómo quieres correrte tú?-

-Ponme a cuatro patas por favor

Así lo hice, podía ver su coňito bien abierto mirando hacia mi. Me acerqué, la cogí por el pelo y le metí la polla hasta el fondo, mis huevos golpeaban sobre su clítoris, me quedé parado para que fuera ella quien diera el ritmo, se movía como una auténtica guarra, se notaba que le encantaba en esa postura, -Méteme un dedo en el culito por favor-, lo moje y empecé a metérselo hasta el fondo, le encantaba, no pudo aguantar mucho y empezó a correrse como una loca. Escuchamos unos pasos por las escaleras, -¡Es mi marido!- dijo, corre date prisa, salta hacia tu casa, así lo hice. Me miró y vi que aún tenía semen sobre su cuello, se lo limpió con la mano y llego su marido. Le dió un beso en la cara, seguro que aún tenía el olor de mi corrida, pero el no dijo nada. Yo con las prisas me dejé allí mis calzoncillos, ella los cojió y se puso a olerlos y a chuparlos, mientras miraba hacia mi balcón. Desde entonces todas las mañanas salgo mirando hacia la derecha esperando ver a mi vecina esperándome a que yo salga con mi tienda de campaña, jijiji.

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Sexo con mi psicologa: sesión 1

El día después de mi cumpleaños número 17 (un domingo), que supuestamente tenía la casa sola, decidí invitar a una “amiga” a celebrar mi nacimiento con una botella de vino, en una cita más íntima. La verdad es que entre los dos existía una atracción muy erótica, y pensé sacar provecho de eso.

Elli (mi amiga) llegó a casa vestida de una forma poco provocativa, tenía puesto un overol ancho de tela jean, unas zapatillas y una camiseta blanca pegada a su delgado y sensual cuerpo. Tan pronto llegó y abrimos la botella, no pude evitar hacerle una serie de comentarios sobre sus grandes ojos marrones, le hablaba sobre lo hermosa que era y cuánto deseaba ser su novio, es decir, me declaré como lo hubiese hecho un niño.

Elli tenía en ese entonces mi edad, un pelo abultado, azabache y muy rizado que llegaba hasta sus hombros, su piel demasiado pálida se ajustaba perfectamente a su delgado rostro alargado y alegre. A su edad, su mirada (algo achinada) expulsaba una sensualidad que buscaba florecer, así que no me pude resistir besar sus delgados y alargados labios rosas, acaricié su rostro con mis manos toscas y grandes, tumbándome sobre ella suavecito, besándola torpemente comencé a acariciar sus recientemente y muy poco expandidas caderas sobre la ropa, me temblaba el cuerpo y sentía que lo estaba haciendo mal hasta que ella gimió y me mordió el cuello apenas me descuidé. De pronto estaba yo desabrochando su overol por adelante y ya nos habíamos acabado el vino, y toqué por encima de su camiseta blanca sus dos pequeños pechos como dos medias manzanas que buscan separarse la una de la otra se me presentaban, luego, al sentirlas entre mis dedos perdí el control de mi pensamiento. El sentido de la palabra “carne” había adquirido otro rumbo para mí; masajeaba sus pequeños pechos con fuerza mientras ella buscaba desesperadamente quitarme el pantalón, gemía con fuerza cuando la yema de mis pulgares se metían sin discreción en medio de los pechos y empujaban sus pezones contra su propia existencia. Todo parecía perfecto, a pesar de que ya no era virgen, porque mi prima me había hecho el favor hacía algún tiempo, esta experiencia se presentaba tan nueva para mí, era como empezar de nuevo y con la mujer que quería para ser mi novia, pero mi madre entró justo cuando Elli sostenía mi pene erecto en su mano apretándolo con mucha fuerza.

-¡Por dios mi hijo fornicando en mi propia casa!-, dijo mi mamá agarrándose la boca y a punto de tener ese ataque de pánico/rabia/indignación que tienen los papás cuando nos descubren con las manos en la masa o haciendo algo “muy malo”. Fiel seguidora de sus dos religiones: el adventismo y el psicoanálisis, se puso a maldecir a Elli “condenándola” a todos los círculos del infierno, le dijo “ramera” y casi se le sale el calificativo “puta”, luego recobró el decoro, me dio una bofetada y echó a mi amiga de la casa para llevarme inmediatamente adonde nuestro pastor local.

-Hijo, ¿qué te lleva a desear tener relaciones sexuales fuera del matrimonio?-, me preguntó enfrente de mi madre como si ambos ignoraran el placer que conlleva lo mismo, creyendo que yo, en mi enojo y frustración le iba a dirigir la palabra siguió tratando de descubrir una verdad simple: me gustaba coger. Pasamos dos horas así, intercambiando miradas incomodas, en silencio yo, mi madre llorando como víctima, y el pastor con cara de no saber cómo tratar con el tema. -Mira, si no quieres hablar conmigo está bien, podemos pedirle a otro hermano de la congregación…- intentó abordarme el pastor, pero yo solo dije,  -déjeme en paz, usted no sabe nada- en tono muy desafiante, a lo que mi madre respondió con otra bofetada y más llanto.

-¿Y si tratamos con un psicólogo?-, sugirió mi madre al borde de perder la compostura por mi constante mirada desafiante ante ella y el pastor. El religioso no se opuso y me despidió de su oficina sin antes recordarme que la fornicación me llevaría al infierno.

Sexo con mi psicologa, la mejor terapia

La cita con la psicoanalista de mi mamá, la doctora Jimena, se programó para dos días después. Primero entramos los dos (yo casi a rastras) al elegante consultorio, nos sentamos y mi madre comenzó:

-Este niño está fuera de control, primero las bajas notas, luego las peleas y ahora fornica en ¡mi casa!, desde que me separé siento que ya no puedo controlarlo…doctora ayúdeme…-, se puso a llorar.

-Por favor Esther, déjeme a solas con él, usted está muy alterada-, increíblemente obedeció, mi madre una mujer tan necia y tan mal arrebatada se paró, se fue al estacionamiento a encerrarse a seguir llorando y maldiciendo en su auto.

La doctora, en ese entonces, lucía como una señora de 40 aproximadamente, un poco gordita (se le veía una llanta pequeña a través de la blusa), con un pecho de copa B muy junto y levantado por el bra, pero bien cubierto por la blusa, poseía unas caderas amplias que terminaban en sus gruesos muslos cruzados uno sobre otro. Ese día llevaba ropa de oficina, muy elegante y pegada a su cuerpazo. Se levantó de su sillón y yo no pude evitar sentirme inquieto al ver en su faldita que embutía, un culito en forma de corazón invertido (tan bien cuidado por el gym seguramente). Instantáneamente me entró una excitación tan poderosa como la que me produjo Elli hace un tiempo, me senté (ya me había recostado en el diván), y también crucé la pierna para que no noté mi erección a través de mi ropa deportiva, que lo único que hacía era remarcar el bulto en medio de mis piernas.

-Toma, quiero que dibujes a tu madre mientras me cuentas lo que pasó-, me dijo extendiéndome un tablero pequeño de plástico, un lapicero y unas cuantas hojas en blanco.

-Mire, lo que pasó fue que me agarró haciéndole el amor a la que iba a ser mi chica (yo había dibujado un humano simple con falda, tal como la haría un niño), y luego se puso histérica, quiere que todo mundo me hable de sexo y de lo irresponsable que soy, que me voy al infierno, que soy el peor hijo de todos…-, ya había dejado el tablero a un lado y me esforzaba por no dejarle ver mi erección a la doctora, era que ella se movía de un lado al otro y mordisqueaba la punta de su bolígrafo mientras ponía especial atención a mis palabras sin anotar nada. Luego calle y me dediqué a observar su hermoso pecho bien levantado y amenazante, su caderas me provocaban de una forma intensa, sentía que podía saltar cualquier momento sobre ella para hacerla mía, su cabellera rubia (teñida) estaba un poco desaliñada, pero se veía tan sexy. Muy en el fondo creo que esa era la razón por la que no atendía pacientes hombres, porque ya había tenido cierto problema antes y tuvo que pelear su licencia en un juicio ante el colegio de profesionales, sin embargo me había aceptado como su paciente por la súplicas de mi madre y talvés porque veía en mi un niño más.

-¿Qué es hacer el amor?-, me preguntó tajante.

-Ya sabe…-, le dije blanco, -Es…-

-Cómo dices que le hacías el amor a tu novia, si ni siquiera sabes qué es eso-

-¡Yo si sé lo que es hacer el amor!-, le respondí enojado.

-Bueno entonces explícamelo-.

En ese momento no sé que me pasó, cerré los ojos y comencé a describirle lo mismo que sentí cuando Elli comenzó a apretarme el pene y cuando mi prima dirigió ese mismo miembro a su vagina, -es algo que no se puede describir…- sin darme cuenta a abrír las piernas y le deje ver todo sin ninguna vergüenza, comencé a mover la cadera suavemente como bailando conmigo mismo, luego continúe hablándole -es llegar a ese momento tan intenso que te olvidas de todo, que no le tienes miedo a nada…te consume el placer, las ganas de “besarte y morderte”-, movía la cadera con más intensidad si haber siquiera entendido que le hice una propuesta, con los ojos cerrados me dejé llevar no sé por qué fuerza, -es entregarte a lo ani…-, luego me callé cuando un pie se puso encima de mi entrepierna y frotaba mi pene de arriba abajo.

-Sigue, no te detengas, dime cómo quieres morderme-, me dijo mientras se soltaba el cabello y me masajeaba. Yo seguía moviendo mi cadera y sin entenderlo tomé su tobillo, lo levanté y me dediqué a besarla por encima del nylon, llegué hasta su falda y le clavé mi mirada desafiante, ella solo supo levantarse la falda y entre abrir la boca.

Comenzó a gemir ruidosamente cuando mis manos agarraron su entrepierna y la apretaba, era un consultorio privado y aislado de todo ruido, las ventanas eran reflectantes, es decir se podía ver lo que pasaba fuera, pero no se podía ver lo que pasaba adentro. Comencé a masajearle la entrepierna con las palmas abiertas y con los pulgares sobre su vulva masajeaba sus labios vaginales, estaba tan excitado que solo trataba de hacer lo que me enseñó mi prima aquel verano en la playa, su mojado sexo comenzaba a ceder mientras ella mordía el bolígrafo con intensidad.

Su ropa interior de viejita se deslizó abajo, no le quité las media nylon porque se veían demasiado sexis, luego puse mi boca sobre su pelvis y comencé a besarla por todo lado hasta que me encontré con la parte más de arriba de su vulva, respire profundo antes de entrar ahí, tan potente era el olor que no supe cuando tenía ese espectacular culo en mis manos apretándolo con fuerza y mi cabeza se había girado para besarle apasionadamente (pero lento) sus labios vaginales (los exteriores). Mi boca movía sus gruesos pedazos de piel entre mis labios, y mi lengua se adentraba de vez en cuando, en medio de su sexo apretándola con la punta, luego impulsé mi cabeza hasta el fondo y comencé chupar como un bebe, distintos espacio de alrededor de su vulva. Ella estaba en otra dimensión y yo había comenzado a descubrir algo que ni siquiera mi prima o Elli podían generar en mí.

Luego metí dos de mi dedos en su vagina y comencé a moverlos de lado a lado suavecito mientras besaba sus muslos, mi dedo pulgar escarbaba vagamente entre sus labios vaginales interiores. La doctora me miro y entonces supe que debía hacer algo que la desatara, saqué mis dedos y me los llevé a la boca, los chupe con ganas mirándola a los ojos, ella solo supo lanzarme una mueca rara y decirme -tómame carajo- en un tono nacido con fuerza pero ahogado por el placer. Me levanté, me quité toda la ropa de abajo y le dejé ver mi pene, que es esencialmente largo y recto, gordo en la mitad y un poco pequeño en la punta. Ella abrió la piernas excitadísima, me dijo -ya no aguanto más…ven- ahogándose en su voz, yo puse sus piernas en mis hombros, le quité a la fuerza la blusa, ella me detuvo un poco, tomo el teléfono, llamó a su recepcionista, le pidió que cancele sus próximas dos citas y que le diga a mi madre que mi test se alargó un poco, que puede venirme  recogerme en una hora.

Luego me miró, me tomó del rostro y me comenzó a besar como ninguna otra mujer me había besado hasta ese entonces, apretó sus labios en mi labios, me mordió con fuerza mientras yo ya había metido la mitad de mi sexo en su interior, me jaló más le labio inferior y empujé con todo para finalizar el beso en un grito de ella en mi boca. En ese momento había agradecido todas las sesiones de masturbación previa a esto que me di pensando en Elli, sino hubiese terminado hace ya mucho rato. Luego comencé a embestirla con suavidad, sacaba mi pene de su vagina hasta la mitad y luego la embestía con fuerza para quedarme pegado a ella y moverme de arriba abajo empujando mi cadera con toda la fuerza que me permitía mi cuerpo.

La doctora gemía y gemía, movía la cadera como incitándome a que yo me tumbara contra ella y se lo diera con toda la rapidez posible, la levanté del culo (siempre he sido muy fuerte) y la tumbe sobre el diván (estábamos en su incomodo asiento), abrió las piernas para mí y me dijo -qué esperas papi-, más como un reclamo que como una pregunta. Me semi tumbe sobre ella, me rodeó  con sus piernas y me pego a ella, yo dirigí la punta de mi pene por medio de sus labios vaginales empujando duro para ver esa carita de golosa reprimida se retorcía mientras me pedía que la penetrara “ya”. Mis caderas comenzaron a moverse rápido y esta vez tomando sus pechos entre mis dedos desde abajo, apreté sus pezones con mucha intensidad entre los mismos, ella respondió en un alarido intenso, comenzó a retorcerse al tiempo que yo me aseguraba de rozar toda mi pelvis en su pelvis mientras la penetraba.

El intercambio de gemidos de boca a boca se dio cuando me tumbé sobre mi terapeuta y la besaba torpemente, para ser sinceros ella tampoco estaba en sus cabales así que me besaba desesperadamente mientras decía “papi” sin parar, sentíamos un placer tal, que luego comencé a embestirla con tanta fuerza hasta lograr que su piel suene cada vez que se la metía hasta el fondo con todo lo que tenía, “más” comenzó a gritar mientras me jalaba el pelo, pero yo ya estaba a punto, no se lo dije y me vine con todas mi fuerzas mientras la doctora extendía los brazos para sostenerse del espaldar del diván al tiempo que decía groserías a viva voz y se sacudía en mi cadera logrando que mi pene dormido vague por su vulva mojada. Permanecimos así, gimiendo en la boca del otro por un rato hasta que notamos la hora.

Nos separamos y ni cuenta nos dimos del público que ignoraba lo que hacíamos. Nos arreglamos, ella guardó la compostura, y me programó una cita por semana en su consultorio por tiempo indefinido…yo era lo que ella había descrito en el expediente como “ignorante patológico de las reglas sociales más básicas”.

Nos vestimos, ella reía en secreto, me programó otras citas, pero esta vez me habló de terapia especial en casa los días sábados, cosa que discutiríamos luego, me estrechó una mano y con la otra extremidad me sujetó el pene muy duro recomendándome al oído: pórtate bien con tu mamá. Y esta fue la primera sesión de terapia de sexo con mi psicologa, pero no la última…

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