Probé sexo anal con tres amigos y me rompieron el culo (1)

El sexo anal puede ser una experiencia inolvidable…y por eso quiero compartir un relato porno sobre cómo tuve sexo anal con tres amigos hace unos meses ya. Fue una experiencia muy morbosa e inolvidable, aunque no creo que vuelva a repetirla nunca más.

Mi marido y yo casi no tenemos relación porque él hace tiempo que dejó de confiar en mí, tal y como ya os he comentado en otro relato erótico. A mí me parece que él me es infiel desde hace años, porque hacemos el amor muy poco. Es verdad que trabaja mucho y que viaja mucho por su trabajo y por eso tal vez no tenga siempre ánimos para hacerlo, pero creo que en realidad en sus viajes se va de putas o algo.

Resulta que a principios de año conocí a un chaval en el gimnasio que se llama Iván. Tiene unos 27 años y está muy musculado porque le encanta hacer deporte. Nos hicimos amigos porque solíamos coincidir en clase de spinning y en la cinta de correr, por lo que cogimos mucha confianza hablando de temas, por lo general, un poco picantes. Él suele presumir de que folla muy bien y de que cada fin de semana está con una diferente porque, según él, todas somos unas putas. Yo siempre le digo que es un fantasma y que tendría que demostrarme eso que dice.

Yo, por mi parte, le digo cosas como que los tíos me duran muy poco en la cama y que necesito a varios para satisfacerme. Siempre en tono de broma, pues yo nunca he follado con más de un tío por vez.

Un día, Iván volvió a sacar el tema sexual y al final, no sé cómo, terminamos retándonos mutuamente para quedar él y yo junto con algún amigo y así demostrar quién decía la verdad. Claro que jamás pensé que fuese a cumplir con su promesa. Así que el fin de semana, el sábado, quedamos para ir a dar una vuelta aprovechando que mi marido no estaría en casa hasta el lunes, por lo menos…

Una tarde de cervezas y pollas

Fuimos a tomar unas cervezas y allí conocí a Rubén y a Darío, que eran dos amigos suyos y compañeros del gimnasio. Pronto empezó Iván con las bromas, las cuales se acentuaron a medida que el alcohol se nos iba subiendo a los tres.

-Entonces, dices que no tienes bastante con tu marido…-comentó Iván-.

-Jaja, bueno, ni con mi marido ni con ningún tío, que sois todos muy gallitos solo de palabra.

-Pero mujer, -intervino Rubén-, ¿es que te acuestas con más tíos aparte de tu marido? No me digas que le pones los cuernos…

Al  decir esto, todos nos reímos mucho, porque era obvio que sí, aunque yo seguía sin ser muy consciente de si íbamos a follar o no, pues no parecía que tuviesen prisa por ir a mi casa.

-Algún que otro cuerno sí que le he puesto, aunque creo que yo tengo más cuernos que él.

-No te preocupes, tú puedes cobrártelas todas juntas –afirmó Dario-. Eres muy guapa y tienes unas tetas…uish, ¡perdón! Jajaja.

-Por no hablar de ese culito… –dijo Iván-.

-Jajajaja, ¡Iván, tío, estás obsesionado con su culo! –Dijo a voces mientras reía Dario-.

-Es que sueño y todo con tu culo Marta. Cuando te veo en la cinta de correr con tus leggins no sabes cómo me pongo. Dime, ¿alguna vez has tenido sexo anal?

-¡Pero bueno! ¿Qué pregunta es esa? Jajajaja.

-¡Venga mujer, no seas así!

-Una vez…con un tipo que conocí por casualidad. Estaba muy cachonda y quise sentirlo en todos mis agujeros.

-¿Y te gustaría repetir?

-Sí.

-¿Estás preparada? Quiero decir, ¿tienes los preparos para tener sexo anal…hoy mismo?

-No te entiendo…¿qué preparos?

-Si no estás acostumbrada al sexo anal, y si quieres que te duela menos…lo suyo es utilizar determinados juguetes para dultos…una pera para limpieza anal, un plug anal, cosas así.

Me quedé pasmada, pues Iván estaba muy interesado en el tema. Ahí empecé a ser consciente de que esa tarde iba a ser una tarde-noche muy interesante.

Seguimos hablando de sexo y de cómo se lo pasan los fines de semana, con orgías y visitas a locales de gente liberal y sitios de ese estilo.  Cuando ya habíamos reposado un poco las cervezas de toda la tarde, les pregunté que si querían ver mi casa y cenar allí, a lo que el graciosillo de Rubén dijo que solo si había un buen postre.

Cuando llegamos, Iván nos soltó en mi portal, y le dije cuál era mi puerta para cuando viniese después de aparcar el coche. Mientras tanto, Rubén, Darío y yo subimos a mi apartamento. Estaban muy confiados, se intercambiaban miradas y sonrisas, pero sin decir nada. Eso me inquietaba al mismo tiempo que me ponía muy cachonda.

Una vez en mi salón, les serví unos cubatas mientras esperábamos a Iván, que estaba tardando en encontrar aparcamiento. Sus dos amigos bromeaban conmigo diciendo tonterías sin mucho sentido y metiéndose con ellos mismos. La verdad es que son graciosos, son como niños grandes a los que no podría parar de follarme.

Todo bien preparado para el sexo anal

Iván tocó a la puerta, y fui corriendo a abrirle, pero de repente, sin esperármelo, me cogió de la cintura y empezó a comerme la boca al tiempo que cerraba la puerta. Mientras, sus amigos le vitoreaban y aplaudían desde el salón. Yo no pude reaccionar más que correspondiéndole con un apasionado beso que casi me deja sin respiración.

-Llévame al cuarto de baño, -me ordenó Iván-.

-¿Y eso?

-No preguntes. Llévame.

Al entrar en el cuarto de baño, me quitó la ropa en un segundo, me metió en la bañera y, sin mediar palabra, me enseñó una pera de limpieza anal. Me dio por reír de lo absurdo que me parecía aquello. Se había molestado en ir a una sexshop para comprarme aquellas…herramientas para dejarme a punto. Verdaderamente tenía ganas de follarme el culo, cosa que me hizo mucha gracia, sobre todo por el alcohol que había ingerido durante todo el día.

-Reserva tus risas para cuando termine de ponerte el enema. Te voy a dejar bien limpia para lo que te espera…

-Ok, ok.

Iván se esmeró en ponerme aquel enema para dejarme el recto más limpio que una patena. Podíamos oír a sus amigos gritando de broma cosas como “¡déjanos algo a nosotros, cabrón!”.

Después de terminar con su particular preparativo, me secó, me miró de arriba abajo, me dio la vuelta y me dio un sonoro cachete en el culo.

-Ahora vamos a ver si te podemos dejar satisfecha.

Me llevó hasta el salón cogiéndome la mano, como si él fuese el anfitrión y yo un regalo para sus amigos. Estos empezaron a aplaudir y a vitorearme. Estaban disfrutando como niños mientras Iván me exhibía como un trofeo para ellos. Volvió a comerme la boca y yo, con los ojos cerrados, empecé a notar su mano, luego sus dos manos, tres, cuatro, cinco manos… Me estaban sobando los tres al mismo tiempo y enseguida empecé a mojarme entera. Era sumamente excitante estar rodeada de tres tíos que parecían modelos y que estaban ansiosos por follarme.

En ese momento decidí tomar la iniciativa y los senté a los tres después de bajarles los pantalones. Me arrodillé y empecé a mamársela a Iván, que estaba en el centro, mientras a Rubén y Darío les acariciaba sus rabos. Iván puso sus manos sobre mi cabeza, acompasando sus manos con el movimiento de mi cabeza. Poco a poco intentaba que su polla llegase más y más adentro de mi garganta hasta casi provocarme una arcada.

Empecé a comérsela a Darío, que suspiraba  y miraba al cielo con cara de felicidad. O yo lo estaba haciendo muy bien, o nunca antes se la habían comido por lo profundo de sus suspiros, cosa que me puso más cachonda aún. Ya estaba deseando ser bien penetrada por alguno de ellos, pero quería ponerlos muy cachondos para tener en todo momento la iniciativa y hacer que se corriesen cuando yo quisiera

Mientras le comía la polla a uno y a otro, Iván empezó a masajearme el ano, cosa que me gustó mucho, por lo que yo misma sentí cómo se me relajaba el esfínter por sí solo. De esta forma, empezó a meterme el dedo corazón, metiéndolo y sacándolo con suavidad. Yo no paraba de lamer esas tres vergas que ya estaban duras y bien dispuestas para penetrarme.

Iván se levantó y me quedé con sus dos amigos cuando, de repente, me colocó a cuatro patas y empezó a introducirme un plug anal bien embadurnado con lubricante. No era la primera vez que me metían algo en el ano, pero jamás me habían preparado tan bien para la ocasión, así que lo estaba disfrutando de lo lindo, sintiendo cómo entraba y salía con facilidad ese juguete erótico.

-Bueno Martita, esto ya está listo. Vamos a ver si te portas bien –dijo Iván-.

Yo intenté portarme lo mejor que pude durante aquella jornada de sexo desenfrenado, pero ellos no fueron tan buenos conmigo…Ya os contaré el resto cuando tenga algo más de tiempo.

¡Un besazo a todos!

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