Sexo intenso con Cáncer

Vivíamos en la misma calle, así que lo conocía bien. El único problema es que cuando nos conocimos yo ya era casi un adulto y él apenas empezaba la escuela. La verdad nunca le puse mucha atención, seguí mi vida y me mudé, pero regresaba cada semana a visitar a mis padres. Todo cambió una de esas tardes.

Acababa de estacionarme cuando vi junto a mi ventana a un hombre joven y muy atractivo. Levanté la vista y fue mi sorpresa al encontrarme con el vecino ya crecido y convertido en todo un hombre. Resulta que ya era mayor de edad. En mi mente solo cruzó un “Eso significa que ya eres legal…”. Sonreí mientras me contaba de la escuela y la vida, caminábamos rumbo a casa de mis padres, nos quedamos todavía un rato más platicando en la puerta.

“¡Sería genial volver a vernos!” me dijo. ¿Acaso es tan inocente que no se ha dado cuenta de que llevo cinco minutos devorándomelo con la mirada? ¿O se dio cuenta y está dando pie a algo más? Le doy mi número pensando qué tan lejos podría llegar con alguien que tiene edad para ser mi hijo…

Solo un par de horas después recibo un mensaje. A pesar de la diferencia de edad, tenemos algunos temas en común. La conversación fluía normalmente hasta que en algún momento cambió de tema abruptamente:

-Oye, ¿puedo preguntarte algo? Solo que no quiero que te enojes.

-No puedo prometerte eso, pero lo voy a intentar. Dime.

Veo que escribe, deja de escribir, vuelve a escribir. ¿Qué podría estar pensando este niño que requiere tanto tiempo? Cuando por fin recibo el mensaje casi me caigo del sillón en el que estaba sentada:

-¿Me enseñarías a coger?

Estoy helada. No sé qué contestar. No sé qué es más excitante: la idea de ese joven cuerpo o la idea del poder darme el lujo de pervertirlo a mi gusto. Tengo que tener mucho cuidado en esta situación.

-Vaya. ¿Algo en especial que quieras saber o es solo por el gusto de practicar?

-Bueno… ya lo he hecho antes pero con puras chicas de mi edad. Pero quiero aprender a hacerlo bien. Digamos que me va a dar mucha ventaja. Tu sabes de esto, te tengo confianza y hoy que te vi…

-Jajajajajajajajaja. Eres inteligente. Hagamos algo, nos vemos y vamos a ver una película. Y vamos viendo cómo nos va. ¿Vale?

Sexo intenso en el cine

Quedamos un sábado por la tarde en un complejo de cines dentro de un centro comercial. Saludé a sus papás como siempre y les dije que después de la película iría a cenar con unos amigos, así que les pedí permiso para llevar a mi acompañante a la reunión y que yo lo llevaría a casa después. Una vez resuelto el asunto del horario de llegada, nos dirigimos a la fila para comprar palomitas y refrescos. El lugar estaba a reventar como era de esperarse, así que había poco espacio para moverse en la serie de filas que salían desde la barra. Podía sentir el calor de su cuerpo junto al mío. Volteé para quedar de frente, era un poco más alto que yo y la barba apenas se le empezaba a notar. Me acerqué un poco más.

Platicamos de tonterías mientras avanzábamos, pero con cada paso parecía que nuestros cuerpos estaban ajustando la distancia hasta que quedó pegado a un costado mío, un poco atrás, perfecto para tapar mi mano. Deslicé mis dedos por sobre sus pantalones, sintiendo un miembro que empezaba a crecer de excitación y su respiración acelerándose mientras veía mi escote sobre mi hombro. Yo fingía no saber que estaba prendiéndolo así, seguía avanzando y compramos las palomitas como si no pasara nada.

Llegamos a nuestros lugares, que muy convenientemente había elegido hasta atrás, en una esquina justo a un lado de la cabina, asegurándome de que no habría mucha gente cerca. Era una película extranjera, así que no esperaba que hubiera mucho público. En efecto cuando las luces se apagaron, había apenas otras 7 o 10 personas repartidas en el cine, concentradas casi en el centro y como estábamos pegados a la pared, no podían vernos desde la cabina.

Más tardaron en empezar la proyección que yo en sacar la verga de este delicioso semental joven. Sin muchos reparos, me incliné sobre él para abrir sus pantalones y empezar a chuparlo. Pude sentir cómo brincó por la sorpresa, pero empezó a relajarse poco a poco. Puso su mano en mi nuca y empezó a guiarme. Cuando metí toda la extensión de su verga en mi boca gimió de placer. Sin sacármela de la boca, llevé un dedo a sus labios para darle a entender que tenía que estar muy calladito y metía y sacaba los dedos de su boca al ritmo que metía y sacaba su miembro de mi boca.

Sabía que iba a venirse muy pronto, así que aumenté el ritmo, bajando mi otra mano por su pecho para acariciar sus pezones hasta que sentí cómo estalló y me llenó la boca de su leche. Me levanté hasta quedar frente a él, sonreí y me la tragué toda. En la penumbra del cine podía ver la excitación brillando en sus ojos.

Si bien la técnica no es la mejor, la ventaja de los jóvenes es que su tiempo de recuperación es mínimo. Por supuesto sabía que apenas iba empezando, así que me acomodé en mi asiento, pero dejé su miembro expuesto, empapado en mi saliva, para juguetear con él mientras veíamos la película. Acariciaba suavemente su glande, él metía su mano entre mis muslos para llegar a mi entrepierna. Sentí cómo en casi nada empezó a crecerle de nuevo mientras sus dedos exploraban mi rajita empapada por encima de la tanga. Bajé la cadera y abrí un poco más las piernas para que pudiera hacerla a un lado, dándole a entender que podía meter sus dedos.

Tomé su mano y la guié para que me masturbara primero el clítoris, que sintiera como se iba inflamando, dejé que me recorriera toda, explorando mi coño y mi culo con la punta de sus dedos y embarrando mis jugos en mis muslos. Cuando metió el dedo medio en mi coño me arqueé de placer. Puse los dedos de mi otra mano en mi clítoris, masturbándome y masturbándolo mientras me follaba ya con tres dedos hasta adentro, haciéndome estallar en un orgasmo espectacular.

Su verga ya estaba lista para la siguiente ronda, así que con cuidado de no hacer mucho ruido, giré para quedar casi sentada de lado. Levanté mi falda y le ofrecí mi trasero para que se acomodara y me la metiera por atrás. Pude sentir cómo rodeó mi cintura con su brazo y pegó mis nalgas a su cadera para empalarme con su verga hasta el fondo. Nos movíamos suavemente, deslizándonos hasta quedar de rodillas, yo inclinada sobre el sillón del cine con este adolescente cogiéndome con todas las ganas de sus hormonas atrás de mí hasta venirse y dejarme el coño escurriendo.

Nos acomodamos la ropa y regresamos a nuestros lugares. Nadie había notado nada y la película seguía corriendo. Se acercó a mi oído y me dijo con la respiración entrecortada de acabar de correrse dos veces en mí: “Ni siquiera estoy poniendo atención, ¿y si nos vamos directo a nuestra fiesta?”.

Fue así como empezaron las clases de sexo intenso.

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