Regalo


Hacía mucho, pero que mucho tiempo que Covi pensaba en regalárselo a su marido.

Su relación era buena, llevaban muchos años casados, otros tantos juntos y ambos sabían que tanto el uno como el otro habían tenido algún escarceo extramatrimonial. Nunca quisieron saber hasta donde, pero ambos lo sabían.
La pareja de trentaitantos, como tantas otras, era absolutamente normal, con sus bajones, sus alegrías y sus penas. Con respecto al sexo, que es lo que nos ocupa en este blog, las cosas comenzaban a enfriarse. Cuando lo hacían, lo hacían bien, sin prisa y disfrutaban los dos, pero la rutina y quizás el cansancio hacia mella y sus encuentros sexuales no pasaban de uno o dos al mes.

Covi tenía la persona ideal, era una amiga del trabajo, Bea. Una chica muy atractiva, más joven que ellos, 25 años y muy fogosa.

Covi lo había comprobado en un par de ocasiones en las cenas de empresa, por como bailaba tanto con chicos como con chicas, por como salía de los baños de alguna disco despeinada y limpiándose la comisura de los labios.

Covi sabía de sobra que no salía de beber agua del grifo.

El plan era dar una sorpresa a su chico. Una noche en su casa, vendarle los ojos y hacer que pasara Bea.
Pero no os confundáis, ella no quería un trio no, eso era peligroso y confuso. Ella quería regalarle una felación a dos bocas, cuatro labios y un par de lenguas. Una de las fantasías más típicas y excitantes de todo hombre.
Con esta idea se ahorraba que su marido metiera su polla en el coño de otra mujer, confusiones y celos. Covi lo tenía todo planeado, al milímetro: Su marido atado, vendado y boca arriba en la cama. Primero comienza Covi, luego hace pasar a Bea, las dos le maman la verga hasta que noten que va a explotar, deja ver al marido lo que pasa en sus bajos y luego Covi y solo Covi se lo folla, mientras Bea mira y hace lo que le de la gana, luego si todo va bien, otra mamada doble y se repite el cuento.
Ese era el plan a grandes rasgos.

Pero como en todo plan hay un preparativo, y el primero era decirle a Bea lo que tenía pensado.
Se conocían desde hacía 5 años, tomaban el café de las 10:00 juntas y hablaban de sus cosas, pero pocas veces intimaron, con lo cual la conversación iba a resultar violenta y difícil.

En el café del lunes Covi comenzó a preguntarle cosas a Bea más personales: Si tenía novio, novia, si salía muchas noches. Covi sin sospechar nada, le respondía confiada

En el café del martes Covi sacó el movil y fingiendo que mensajeaba a su marido acabó por enseñarle una foto del susodicho a Bea, la cual elevó las cejas en una señal de aprobación muy típica de las mujeres.

En el café del miércoles Covi le dijo a Bea que ella y su marido habían tenido sendas aventuras extramatrimoniales hacía ya bastante tiempo, pero que ambos las sabían y que se habían perdonado. Bea, para satisfacción de Covi, quiso saber en que habían consistido dichas relaciones, a lo que Covi respondió inventándose ambas, ya que como os había comentado antes, no las sabía.

En el café del jueves Covi le dijo a su amiga que le había enseñado su foto del Facebook a su marido y que este la había dicho que "tenía una amiga muy, muy atractiva". A lo que Bea, divertida y ligeramente ruborizada, contesto "dile que su mujer también es muy atractiva... como el"

 En el café del viernes Covi le soltó la bomba:

-Bea, quiero proponerte algo, no espero que me digas que sí, y tampoco espero que te enfades o te parezca mal. Te conozco, eres muy bonita y si te ofrezco esto es por que confío en ti y sé que entenderás mi propuesta.
-Huyyy, Covi, me estás poniendo nerviosa, ¿qué necesitas?
-Quiero hacerle un regalo a mi marido..... y te necesito. Bea abrió los ojos mucho, y de su boca igualmente abierta no salió ni una palabra.
-No, no es ni un trio, ni que tu te acuestes con el - Aclaró Covi Bea se relajó.
-¿Entonces?
-Quiero hacerle..... una felación.... contigo - Logró decir Covi roja de vergüenza y no pudiendo mirar a su amiga a la cara. Después de varios segundos de incómodo silencio, Bea reacciono.
-Pero estás loca? El lo sabe? Te parezco tan puta como para aceptar?-

Covi no sabía donde meterse, no había sospechado que la reacción de Bea pudiera ser tan mala.
-Perdona, perdona, de verdad, lo siento, pensé que.... no sé que pensé, perdóname, lo siento en el alma-

Y con estas palabras se levantó de la mesa y se fue con un paso más que ligero.

Covi se metió en su despacho y no salió de allí en toda la mañana, no quería por nada del mundo cruzarse con Bea. Pensó que lo mejor sería enviarle un mail pidiendole perdón y discreción a partes iguales, que ella olvidaría el tema y que entendería que no le volviera a dirigir la palabra nunca más. Justo cuando estaba abriendo el programa de correo electrónico, le sonó el móvil. Desbloqueó la pantalla y allí aparecieron las palabras que por nada del mundo esperaba:

"Nuevo mensaje de Beatriz"

Suponiendo que le diría de todo menos palabras bonitas abrío el mensaje y allí aparecieron otras palabras que esperaba mucho menos:

"Lo harémos. Quiero que estés conmigo todo el rato. No me dejes a solas con el"

Escueto y claro. Covi no sabía como actuar, así que locura por locura:

"Acepto todas tus condiciones. Muchas gracias de corazón. Mañana a las 20.00 en mi portal"
Y escribiéndole la dirección de su casa cerró el móvil.

A las 15.00 ambas chicas se cruzaron en la puerta de salida de su trabajo. Covi no sabía como reaccionar, pero Bea le lanzo una leve sonrisa.



El marido de Covi era un chico de estatura media, buen físico y atractivo, llevaba bien la edad que tenía y atraía a las mujeres.
El sábado se levantaron los dos sobre las 9 de la mañana y Covi tenía un brillo especial en los ojos.
Hicieron vida normal, rutina de fin de semana, prepararon un desayuno copioso, salieron a hacer compra, comieron, pequeña siesta y.... justo en ese momento toda la rutina del sábado se fue al traste.

-Quiero que hoy no salgamos, quiero darte placer esta noche... como nunca lo he hecho - Le espetó Covi a su chico.

-Wow, suena bien - Dijo torpemente su marido.

Covi le tomó de la mano y se lo llevó a la habitación. Le ordenó que se desnudara delante de ella que, sentada al borde de la cama, le observaba sin perder detalle. Cuando se plantó delante de ella, completamente desnudo, Covi le tomó la ya semi erecta polla con las manos y se la llevó a la boca.
Un leve "MMMMMHHH" hinundó la habitación.

Covi sabía lo que le gustaba a su chico y sin soltar la polla de este, comenzó a quitarse la ropa que podía. Pantalones, calcetines, tanga. cuando quiso quitarse la parte de arriba solto la verga ya durísima de su chico y se deshizo de camiseta y sujetador.

El cuerpo de Covi era muy bonito, cintura delgada, unos pechos pequeños y muy elevados, y un culo grande pero en su sitio.

Ya desnudos los dos, Covi hizo tumbarse a su marido en la cama, boca arriba. Con su lengua recorrió de arriba a abajo el cuerpo de su chico. Sacó de debajo de la almohada dos cinturones de los dos albornoces que usaban ella y su marido y con un rápido movimiento, ató a su chico las manos a la cama. Este no pudo más que abrir los ojos y sonreír nervioso, excitado... preocupado?
Una vez bien atado, Covi miró el reloj de mesita que tenían en la habitación. Marcaba las 19:58 Por un momentos y durante 3 minutos, mientras estaba sentada, perdida en sus pensamientos, masturbando lentamente a su marido, sin mirarle.... supo que Bea no vendría.
"Hubiera sido demasiado fácil" pensó Covi. Volvió a mirar el reloj: 20:01 y el timbre de la puerta sonó.
Su marido sobresaltado, bufó quejándose, pero solo tuvo unos segundos de realidad. Los justos para darse cuenta de que Covi le dejaba allí, desnudo, atado y empalmado, mientras ella se levantaba de la cama, se ponía su albornoz (sin cinturón) y se dirigía a abrir la puerta.

Con un "Pero Covi vístete...." la chica desapareció de la vista de su marido.

En el recibidor, Covi abrió la puerta y allí estaba Bea. Vestía un vaquero cortado muy arriba, con sandalias, una camiseta blanca casi transparente y gafas de sol.

-Gracias por venir - Susurró Covi dándole dos besos
-De nada... esto es una locura Covi, yo...-

En ese momento, de la otra parte de la casa las interrumpió la voz del marido diciendo "¿Quien es?"

Covi tomó de la mano a Bea y la llevó a la habitación contigua al dormitorio.

-Está desnudo y atado. Yo también creo que es una locura. Ya no sé qué hacer- Reconoció una nerviosa Covi tomando las manos a Bea
 -Está bien, tranquila, todo es cosa tuya, si quieres dejarlo, me voy sin hacer ruido- Bea bajó la cabeza, estaba nerviosa, asustada
-Verás... yo... tu... no sé...- Covi le levantó la cabeza y con un pequeño beso en los labios le susurró "Vamos a hacerlo".

Bea sonrió.


Covi apareció en el dormitorio de nuevo. Sonriente se sentó en la cama al lado de su maniatado marido

-Tranquilo, solo era una vendedora-

Sin más abrió el armario y sacó una corbata, con un suave beso en los labios se la colocó a su marido alrededor de la cabeza a su marido, cegándolo. La respiración de este volvió a ser rápida, la excitación había vuelta tras la interrupción.
Covi bajo parándose en cada poro de su cuerpo, besándolo, hasta que se volvió a encontrar con la polla de su hombre. La tomo con la boca, sin tocarla con las manos. Movimientos profundos pero suaves, hasta el fondo de su garganta.

Covi levantó la cabeza y vio a Bea, en la puerta, con sus braguitas blancas y su sujetador a juego. Mirando nerviosa, con un dedo en sus labios.
La imagen era de una niñita asustada.

Covi dejó la polla de su marido y se acercó a ella. La tomó por la mano y la acercó a su chico. Este levantó la cabeza, extrañado por la desaparición de la boca de su chica en su abrazo a su verga.

Las dos se arrodillaron delante de los pies de la cama, con la visión de los huevos y la dura polla del chico delante suya. Covi no dejaba de masajearla, mientras que Bea no miraba la polla, miraba las manos, la cara, los brazos de su amiga.
Covi en una mezcla explosiva de celos y sobre excitación, tomo la polla por su base y se la ofreció a Bea con una sonrisa nerviosa. Bea reaccionó de una forma sorprendentemente cómica: se llevó la mano a la frente en un gesto de sorpresa y humor, sonriendo y negando con la cabeza.
La complicidad de las dos chicas se vio interrumpida por el "Covi, ¿Que haces? Me estás volviendo loco" que dijo su marido con las manos atadas y con los ojos vendados.
Covi volvió su vista a Bea que, mordiéndose el labio inferior, se acercaba peligrosa y lujuriosamente a la polla del hombre.

Los celos iban en aumento exponencialmente según se acortaban los centímetros de la polla de su marido a los labios de Bea. La excitación apareció potentemente cuando esos mismos labios rodearon el glande de su marido y Bea cerró los ojos. El "MMMMMHH" de su chico hizo que a Covi su entrepierna le vibrara.

Bea solo se había metido el glande en la boca, pero lo besaba, succionaba con cuidado. Covi sabía que esa maniobra a su chico le volvía loco y eso la volvía loca a ella también.

El chico no sospechaba nada, el solo sentía placer, mucho placer.

Fue justo en el momento en que entrecerró sus piernas levemente en torno al cuello de Bea cuando comenzó a sospechar algo, ya que es un movimiento que a su mujer le encanta y que responde con sus manos rodeando el abdomen de su amante. Pero en este caso no.

Ahora los labios de Bea bajaban ligeramente y volvían a subir. Lo hacía muy despacio.
Covi se estaba dando cuenta de que su amiga era una experta mamadora. Sin usar dientes, solo labios y lengua. Su marido levantaba las caderas (signo inequívoco de que le estaba volviendo loco) Covi estaba muy excitada, demasiado. Decidió actuar y levemente tomo la nuca de Bea, por debajo de su pelo y le marco un ritmo suave, despacio, practicamente el mismo que llevaba su amiga... pero Covi quería tocar, sentir.

La imagen de una chica mamandosela a su marido, este retorciendose de placer y ella ayudando a la "extraña" hacía las delicias de su coño.

Bea subió la boca y dejó al aire la más que brillante y dura polla. Tuvo la elegancia y el valor de pasar su mano por la polla del hombre para limpiar su saliva de la misma y tomando por la nuca de la misma manera que se lo había hecho a ella, hizo que Covi bajara a mamar la polla que por papeleo le pertenecía. Allí la tomó.
En ese momento en la cabeza de su marido una chispa saltó. no sabía decir que pasaba, pero pasaba algo, extraño, inusual... pero no sabía decir que era. Solo pudo esbozar un "Uuuuf, nena me estás matando" Covi mamaba deliciosamente la polla de su hombre, mientras que Bea miraba, sin parar de morderse nerviosamente los labios.
Ahora su marido tenía las piernas totalmente abiertas, dejándose hacer, entregándose al placer de la boca de su esposa. Esta mamaba con avidez, jugaba con la lengua sobre el glande de su hombre, con las manos en sus testículos..... y con los ojos buscaba a Bea. Bea se había colocado de rodillas al lado de la pareja, viendo la escena comenzó a despojarse del poco algodón que ocultaba levemente su cuerpo.
Braguitas y sujetador abandonaron su piel y su bonito, pequeño, voluptuoso y redondo cuerpo se mostró en todo su esplendor. Con su mano derecha comenzó una suave masturbación, despacio, disfrutando de el porno en vivo que le ofrecía la pareja de amigos.
Con la otra mano comenzó a acariciar la espalda de Covi, que con su mano derecha busco el contacto tranquilizador y cómplice con su amiga.

Covi sabía que la polla de su chico estaba ya al 100% de dureza y excitación y decidió pasar a la segunda parte del regalo. Saco de su boca el pene e incorporándose se sentó al lado de la cabeza de su marido, aún ciego. Covi miró a Bea y esta asintió, nerviosa, excitada. En un rápido movimiento la esposa quitó la corbata que cegaba a su marido. Este, aún atado de manos, tardó unos segundos en acostumbrar su mirada a la nueva situación. Cuando por fin lo consiguió, levantó la cabeza dirigiendo su mirada a su entrepierna, la cual notaba la suave masturbación que le estaba ofreciendo unas pequeñas manos.

No pudo articular palabra, simplemente su cerebro se colapsó al ver dos cabeza, dos caras bonitas entre sus rodillas flexionadas. Su mujer.... y otra chica, más joven, le sonaba la cara, pero en ese momento no se fiaba de su memoria, no se fiaba de nada.

-Míranos- Le dijo Covi.

Así lo hizo.



El chico vio como las dos chicas bajaban sus cabezas y comenzaban a jugar con sus lenguas y labios. La polla la tenía sujeta por la base Covi, la cual después de dos lamidas en el glande, se la cedía a la otra chica, la cual besaba, lamía y chupaba con ternura la dura y sorprendida polla.

-Pero Covi... yo- Trató de decir el chico.
-Míranos, mira como te la chupamos las dos- Sentenció Covi.

Así continuaron.

Las mamadas cada vez eran más largas entre una y otra, la sed se apoderaba de las chicas.
Las dos bocas jugaban a la vez con la carne dura y venosa. Juntando sus labios, sus lenguas sobre el glande del hombre, el cual miraba y se retorcía de placer.
Fue Bea la que en un impulso de lujuria, se animó a levantarse y soltar las manos atadas del chico. Covi al verla solo pudo sonreirla... con la polla de su marido dentro de la boca, en un gesto cómico y cómplice. El hombre no quitaba ojo de la "invitada", le gustaba, era muy atractiva, se la estaba chupando muy bien... y su mujer estaba allí.

Cuando Bea volvió a la entrepierna del hombre, Covi le pasó la polla, Bea la agarró con cuidado y comenzó a chuparla, mecánicamente, despacio, con el mismo ritmo, igual que un robot. Labios cerrados sobre la base y el tronco, lametazos en el glande y vuelta a empezar.
Covi vio que la polla de su marido estaba perfectamente cuidada y decidió darse placer por primera vez aquella noche. Se subió a la cama, abrió las piernas sobre la cara de su marido, se arrodillo sobre ella y con sus manos se abrió los labios vaginales, poniéndolos sobre los labios de su hombre. Este no pudo más que tomar con sus manos las nalgas de su mujer y comenzar a lamer todo el sexo que ella le ofrecía, le regalaba.

La respiración de su marido chocaba contra la entrepierna de Covi, mientras que su lengua penetraba y buscaba el clítoris.
El placer no podía ser mayor.

Covi se corrió entre temblores y gemidos de placer, arañando el pecho de su marido entre gemido y gemido.
Bea observaba toda la escena sin soltar la polla de su amante con los labios. Excitada como estaba decidió jugarse el tipo y arriesgarse a una nueva maniobra. Soltó la verga y con su lengua buscó los huevos del hombre, que encontró calientes, los lamió para, acto seguido, seguir bajando con su lengua hasta el ano del chico, el cual, cuando comenzó a notar que una lengua comenzaba a hurgar en ese lugar, dio un respingo, un grito ahogado de placer.

Covi se percató del movimiento a sus espaldas, se liberó de la lengua de su marido y bajó a ver como su amiga le daba placer a su chico. Bea cuando vió que había público asistente, dejó de lamer el ano del hombre y, avergonzada, se quedó mirando a la esposa de este.

-Me encanta como eres, ¿me dejas hacérselo a mi?-
-Claro... es tuyo-

Las dos chicas sonrieron divertidas y excitadas.
El marido no daba crédito, estaba en el cielo, la polla no bajada de su erección, el calor, el placer, todo le daba vueltas. La lengua de Covi comenzó a trabajar el ano de su chico y sus manos a pajear la dura verga. Entonces fue cuando Bea decidió dar rienda suelta a sus instintos más ocultos.

Con el marido boca arriba en la cama, con las rodillas flexionadas y Covi de rodillas, entre sus piernas, con el culo en pompa y las piernas ligeramente separadas, Bea se lanzó a lo que había estado deseando toda la velada.
Con leves caricias relajó a Covi, que estaba absorta dando placer anal a su chico. Las caricias en la espalda se hicieron más precisas, más largas.
Con sus manos fue bajando hacía las nalgas de su amiga. Cuando llegó a ellas se aseguró de que su acto no perturbaba a Covi y se colocó justo detrás de ella. Ahora eran las dos manos las que acariciaban ya sin ningún pudor las nalgas de su amiga. La respiración de Covi se estaba acelerando, el movimiento de su espalda así lo delataba, "buena señal" pensó Bea. El siguiente paso era más complicado, Bea acercó sus manos donde las dos nalgas se juntan y comenzó a acariciar la raja del culo de Covi... despacio, suavemente.
No había noticias de que a su amiga le desagradara este nuevo paso. Bea de vez en cuando daba rienda suelta a su furor y, sin que nadie se percatara, pasaba su mano por el coño húmedo, recogiendo alguno de sus jugos y llevándoselos a su boca, donde su lengua los devoraba con avidez.

Bea ya no podía más. Se percató de que Covi había dejado el culo de su marido y volvía a centrarse en su polla, mamándola como una loca.
El hombre la tenía tomada por la cabeza y le marcaba el ritmo. cuando covi bajaba la cabeza para casi llegar a tocar los huevos de su marido, Bea veía como este la miraba.
Bea en un segundo de locura le sonrió y sacó la lengua, retorciendola hacia arriba con lujuria y locura juntas, en un gesto lleno de morbosidad.
Ya no podía esperar más.

Abrió las nalgas de Covi y sin miramientos, sacó esa lengua juguetona. Abrió con sus manos el coño de su amiga y sin pensarlo, como le gustaba a ella, como lo había hecho con sus diferentes novias y amantes ocasionales, comenzó a lamer, comer, succionar, penetrar y jugar con el coño de Covi. Esta solo pudo jadear con la polla de su marido en la boca.
El hombre que sabía que pasaba, tomó a su esposa por los pelos y, literalmente, comenzó a follar a Covi por la boca.
La escena siguiente era devastadora.

Covi se corrió con un alarido animal en la boca de Bea que, experta bisexual, no paró de lamer el mojado sexo, hasta que las convulsiones de su amiga cesaron. El marido no pudo más que correrse cuando su mujer gritaba como una loca por las embestidas de su amiga.

La corrida acabó en su abdomen, blanca, caliente.... Cuando Bea notó que ambos acababan de orgasmar, se incorporó y sin preguntar a nadie, se acercó a las gotas de semen que descansaban en los abdominales del chico, tomó a Covi por la nuca y las dos comenzaron a limpiarle con las lenguas las gotas del blanco y caliente liquido.

Un beso apasionado y húmedo entre las dos chicas, cerró la sesión de limpieza.


Veinte minutos más tarde, mientras el marido de Covi se duchaba, el silencio finalmente se rompió.

-Espero que no te haya molestado nada- Dijo tímida Bea
 -Me has sorprendido, no sabia que tu... que eras...- Trató de decir Covi

Las dos chicas sentadas en la cama una al lado de la otra, desnudas y confesándose. La imagen era tierna, más que erótica.

-Siempre me has gustado mucho Covi. Me ha encantado ayudarte en tu regalo, he disfrutado muchísimo-

La velada termino con silencios incómodos y con castos besos entre los tres integrantes.

Solo un "Te llevo en coche si quieres" fue el preludio a un último "no gracias, quiero ventilarme un poco caminando".


Covi y su marido no se dijeron nada, en sus mentes estaban aún muy frescas todas las emociones y placeres de la velada.
Se durmieron abrazados uno al otro y apenas soñaron nada.


A la mañana siguiente, fue Covi la que bajó a por los periódicos, mientras su chico preparaba los desayunos.
Se habían levantado cariñosos y solamente habían hablado mientras se duchaban juntos.

-Lo pasado pasado es, es un regalo, hemos disfrutado los dos y espero que esto no afecte a nuestra relación- Dijo Covi
-Por supuesto que no- Atajó su marido
-Te quiero-
-Te quiero- Respondió el dándole un suave beso en los labios

De camino al kiosco, en el móvil de Covi sonó el tono de mensaje.
Supuso que era su chico para recordarle algo.

Mensaje de Bea: "El jueves tengo cena con amigas en mi casa Me gustaría que vinieras y las conocieras"

Covi sintió que el fuego la devoraba por dentro y comenzó a teclear en su móvil:

"Donde vives?........."

Balcones

Las vacaciones con amigos son un peligro.
Hay dos posibilidades: o que unos se diviertan más que otros o que los otros se diviertan más que tu. Creo que yo estaba en el segundo grupo. Mis cuatro colegas vivían por las noches y dormían por el día. Mi reciente ruptura con la chica de mis sueños me hacía más un lastre para sus noches lujuriosas que un revulsivo; así que para no estropearles las noches, yo me dedicaba a llorar mis penas en la bonita piscina del hotel, abusando de los triglicéridos en el buffet libre y acompañado por suaves cócteles en las tumbonas.
La única ventaja que les sacaba es que mi piel se estaba bronceando mientras que ellos entre ojeras y palidez eran más personajes de libro de vampiros que chicos de vacaciones en una bonita y mediterranea isla.

Me quedaban muchos días por delante, mi toalla, mi libro y mis gafas de sol eran los acompañantes justos para mis sesiones de piscina. Por un lado me protegían del sol, me ofrecían diversión y me secaban... por otro me permitían observar a algunas chicas de muy, muy buen ver que tomaban el sol cerca de mi.

Una de ellas era un espectáculo andante. Mariela se llamaba, lo sé por que una de sus amigas la llamaba siempre que Mariela se entretenía con algún chico a la orilla del agua.
De unos veintitantos años, morena de piel, de cabello rubio, un bonito cuerpo y lo que más destacaba.... desenfadada, muy abierta, rayando la ordinariez pero controlando sus impulsos, juvenil. Saluda a todo el mundo, se ríe con todos los comentarios, juega con su mirada bajando las gafas hasta la punta de su pequeña nariz.

Sí, me tenía un poco atrapado. Lo reconozco.

Se me hizo tarde esa mañana y llegó el mediodía. Bajé con mis tres herramientas a la piscina. Apenas había lugar donde ponerse, así que opté por un lugar un poco más alejado del agua pero con mejores vistas del mar. A mi derecha estaba la fachada principal del hotel, donde los balcones ofrecían un abstracto cuadro multicolor de toallas (a pesar del aviso de que estaba prohibido)
No localizaba a Mariela, entre otras cosas por que estaba bastante alejado de donde solían ponerse ella y su pequeño grupito de amigas.

Así que gafas para abajo, libro arriba y a pasar el rato mientras mis amigos dormían la mona.
La cerveza con limón se acababa, el calor y el sol no daban tregua, así que decidí levantar la vista de mi libro e ir a seguir abusando del "todo incluido" del hotel.

Giré la cabeza y allí estaba ella, Mariela, pero no, no estaba en la piscina o en los alrededores, estaba en uno de los balcones. He de suponer que sería el de su habitación.



Súbitamente detrás de ella apareció un joven. Me olvidé rápidamente de mi cerveza con limón y giré mi tumbona. Escondido tras mis gafas de sol contemplé toda la maniobra.

Los dos están en ropa de baño, bikini ella, bañador el. El chico aparece a sus espaldas, ella está de pie en el balcón con ambas manos en la barandilla, el muchacho (que parece más joven que ella) la toma de la cintura, le besa el cuello y una de sus manos se pierde por la parte de arriba del bikini, dentro de la tela, masajeando su pecho. Ella sonríe picaramente. Se retuerce. El joven comienza a bajar sus manos, siempre metidas dentro de la camiseta de la joven.
Ella sin pensarlo abre las piernas cuando el busca con ambas manos entrar dentro de su pequeño pantalón de playa. Mariela gira la cabeza y se funde en un beso apasionado con su novio (¿?), mientras este comienza a frotar sus dedos contra el pubis de nuestra joven amiga.
Ella suelta la lengua del chico y comienza a mover su melena al ritmo de su cabeza que se mueve al de las manos del joven. Golpea la barra del balcón, el chico saca una de sus furtivas manos y le mete dos dedos en la boca de la joven, que a juzgar por sus movimientos y su abertura de piernas está a punto de correrse.
Su melena queda colgando en el aire, así se pasa unos segundos, justo antes de reincorporarse, darse la vuelta, ponerse de rodillas y bajarle los pantalones al joven hasta los tobillos.
La escena hace que mi entrepierna ya esté pensando por ella misma.
La melena se le mueve alante y atrás y sospecho que la polla del chico también. El no duda en poner las manos en la cabeza de la joven y marcarle el ritmo, pero el muchacho ya está más que preparado para la explosión final.

Con un golpe de cadera comienza a correrse. Ella, lista, sube su mano y le araña el pecho, pero no suelta su presa, ni su zumo natural, del que sospecho que no deja ni una gota en su recipiente.

tras un par de lamidas para dejar el aparato reluciente, se reincorpora, da un beso en los labios del chico y lo deja solo en el balcón, pensando en la novia que tiene (o eso creo yo)

Pienso que quizás debería de decírselo a mis colegas, pero también pienso que si ellos "vivieran" durante el día, tendría alguna razón el chivatazo, así que me lo guardo para mi y para mis ejercicios táctiles onanísticos.

El calor, la sombra que por fin me llega de la sombrilla y el recuerdo del espectáculo de Mariela, hacen que me entre el sueño.

Me despiertan risas de niños jugando en la piscina de los ídem. Miro el reloj que cuelga de la pared del puesto de bebidas y me asombro con las cinco de la tarde que marca. No he comido, pero no tengo demasiada hambre.
Lo primero que hago al incorporarme es buscar a mi "amiga", pero no la veo y sospecho que estará con su novio haciendo la segunda parte del show del balcón.

Pero un par de tumbonas más allá veo al "novio" de Mariela, con tres marcas de uñas en su pecho y riendo a gritos con dos amigos más. Sospecho que está vacilando de lo hecho hace tres horas.

Me levanto y me meto en el agua. Justo cuando me apoyo mirando al hotel, la veo de nuevo, otra vez con su mini pantalón y su parte de arriba del bikini, dos minúsculos triangulos.
No entiendo la reacción de la pareja, ella pasa delante de el y de su grupo de amigos, y apenas se miran. Mariela pasa de largo y se sienta en una tumbona donde está una de sus amigas. Mariela se quita el pantaloncito y se queda con una especia de tanga a juego con su mini sujetador del bikini.
Tiene un cuerpo digno de un museo.

No le di importancia, es más, supuse que quizás había sido una aventura pasajera, ninguno de los dos era un niño ya.

En la noche me animé a salir un poco con mis amigos "vampiros". Lo cierto es que no lo pasamos mal, tambien reconozco que en mi mente el hueco por Mariela ya era amplio y contundente. pero las risas y las conversaciones típicas con las chicas en los bares eran amenas y todos pasamos un buen rato. Desde luego reconozco que el primero que se fue al hotel fui yo. Eran las 3 de la madrugada y en la discotequa quedaban algunos viejos y otros tantos padres bailando muy agarrados música lenta.

Me masturbé pensando en el espectáculo que me habían brindado los dos chicos en la tarde, mereció la pena.

Por supuesto cuando yo baja a a desayunar sobre las 10 de la mañana mis amigos entraban por la puerta del hotel. "Vaya la que te perdiste", "Eres un rajado" y cosas así sonaron en toda la recepción.

Me senté en la mesa de siempre y cuando me estaba sirviendo café en la máquina del mismo, pude ver como Mariela ya estaba sentada en una mesa, cercana a la mía, con gafas de sol y al lado de una chica, no esperad, una señora, tenía cerca de los cincuenta o cuarenta y pocos, alta, morena, muy atractiva. Me llamó la atención, no era del grupo de sus amigas. Pensando ya en mi mesa, con mi café y mis dos donuts, apuré las opciones de que fuera su madre, pero no se parecía en nada. Las dos se reían, incluso se hacían gestos cariñosos y cómplices con las manos.
Todo esto comenzaba resultarme muy extraño.

Ya en la tumbona habitual, con las gafas de sol habituales me dispuse a tomar el sol, desconectar y esperar que la muchacha me ofreciera otro espectáculo. Mi cuello se retorcía entre las tumbonas de la piscina y el balcón donde los había visto ayer. Mi gozo se fue al conocido pozo cuando vi aparecer al chico con sus amigos, directos a la piscina ya reír carcajada en alto.

Al mirar en dirección al balcón, por fin la veía.... espera un momento; primero, segundo, tercero... Está en el tercero!!! Pero si el de ayer era el quinto!!

Súbitamente, detrás de ella apareció una sombra. "Pero si acabo de ver al chico en la piscina" Giré la cabeza y aún seguía en el agua, con sus amigos.

"A ver, calma, vamos a tranquilizarnos" pensé.
Volví a mirar al balcón, al ser dos pisos más bajo que el de ayer, pude ver que la sombra era la de la mujer con la que había desayunado, que se ponía a su lado. La mano de Mariela se posó sobre la de la mujer y en un abrir y cerrar de ojos las dos se fundieron en un apasionado beso.

"No, no son madre e hija"

Las manos de la mujer comenzaron a bajar, hasta apoyarse en las nalgas de Mariela, las cuales comenzó a apretar con dulzura mientras sus lenguas jugaban a ver quien entraba más a dentro. Mariela abrió las piernas un poco para que la mujer pudiera maniobrar bien los bajos de la joven.

El espectáculo era incluso mejor que el del día anterior, había más pasión, era más pausado. Mariela separo sus labios de los de la mujer y poniéndose de rodillas busco los otros.
Sin quitarse la braga del bikini, solo apartándola un poco Mariela comenzó a dar buena cuenta del coño de la mujer, que ya comenzaba a flojear sus piernas y a acariciar el brillante pelo de nuestra joven amiga. Casi podía escuchar los pequeños grititos que salían de su boca.

Os confirmo que mi entrepierna estaba aún más "escandalizada" que yo.

La mujer apretó la cabeza de Mariela contra su coño, justo en el momento en el que su cuerpo, por medio de pequeños espasmos, anunciaba un fuerte orgasmo.
Mariela se separó de su amante y lamiéndose los labios se fundió de nuevo en un apasionado beso, tan apasionado que supuse que lo que buscaba era que la mujer bebiera de sus propios fluidos.

Yo no podía más de la excitación que sentía.

La mujer hizo un amago de tomarla por la mano para llevarla dentro de la habitación, pero Mariela la detuvo y dándose la vuelta, se bajó el bikini tanga, se lo quitó, se abrió de piernas y se abrió las nalgas del precioso y moreno culito. La mujer no se pudo resistir y arrodillándose en el suelo del balcón, comenzó a meter su lengua por el ano de su joven amante. Con una otra mano comenzó a masturbar el coño de Mariela, mientras que con la otra metía y sacaba dos dedos de su húmeda vagina.
Mariela se retorcía de placer.

La mujer era el vivo retrato de la lujuria, su cabeza se movía salvajemente entre el coño de Mariela y su ano. A los pocos minutos el orgasmo llegó a la joven y poniéndose de puntillas sobre sus sandalias de su boca salió un grito que hizo buscarlo a un par de niños que estaban cerca de mi tumbona.
Sin ponerse su tanguita, Mariela tomó de la mano a la mujer para ayudarla a incorporarse y las dos entraron en la habitación.

"Esto es una puta locura" pensé, sin darme cuenta de que mi bañador ya no podía sujetar más mi polla.

Comí con Felipe, el único que se atrevió a bajar al comedor. Estuve tentado a comentarle las jugadas de Mariela, pero el egoísmo se apoderó de mi y al final pensé que guardármelo para mi solo sería lo mejor. El sin embargo no paraba de hablar de una chica que había conocido la noche anterior "justo antes de que te fueras".
Siempre es lo mismo, cuando se te ocurre irte, ocurre lo mejor de la noche.
Yo apenas le prestaba atención, enfrascado en mis pensamientos cual Sherlock Holmes intentando buscar una explicación a los diferentes espectáculos que me ofrecía, sin ella saberlo, Mariela.

Felipe me preguntó si me apetecía ir a la playa, que estaba unos doscientos metros del hotel, pero mi "no" rápido y contundente le sobró para no insistir más.

Subí a la habitación y allí estaban aún desperezándose los otros dos chicos. Me lavé los dientes y dije que me baja de nuevo con mis gafas de sol y mi revista.

Antes de echarme de nuevo en la tumbona, pedí en la barra un café solo con hielo. La piscina estaba casi desierta, era la hora de la siesta y apenas un par de alemanes "ballena style" dormidos y rojos como cangrejos.
Una pareja joven haciéndose arrumacos dentro del agua y el socorrista muy aburrido.

Me tumbé buscando algo de sombra y comencé a contar balcones. Mi cloncusión fue la que seguramente todos vosotros y vosotros habéis llegado. Mariela era una chica a la que le gustaba el sexo y con cualquiera de los dos géneros de la raza humana, tuviera la edad que tuviera.

"Quizás si yo le tiraba los tejos, podría hacer algo, la verdad que está riquísima"
Pensé.
"Pero yo soy del montón y tanto el chico del primer día como la mujer de hoy, eran muy atractivos, quizás solo busca gente guapa...."

De mis pajas mentales me despertó la silueta de Mariela desde un balcón, uno nuevo. Este era en el sexto piso y de entre las cortinas salio Mariela y una de sus amigas del grupo de la piscina. Supuse enseguida que se trataba de su habitación. Las dos comenzaron a hablar, haciendo gestos bastante ostentosos. Parecía que discutían. La altura del piso solo podía entrever que Mariela sonreía mientras la otra chica le reprochaba algo.
Mariela comenzó a gesticular suavemente, como pidiendo perdón. Trataba de tomar las manos de la chica, de calmarla con caricias en los hombros. La chica se ablando y con un abrazo entre las dos, pude suponer que la paz había llegado de nuevo.
La amiga de nuestra joven protagonista, se separó de ella y le dio un pico en los labios; del que Mariela no se escondió.
La chica se separó lentamente de su amiga y Mariela la volvió a tomar por los hombros acercándose de nuevos sus labios. Esta vez el beso no fue casto e inocente. Las dos abrieron las bocas y comenzaron a trabajar sus lenguas.
Las manos de la chica se perdían por el pelo y la nuca de Mariela. Mientras que las de nuestra amiga comenzaban a bajar peligrosamente por la espalda de la chica.

Se posaron en las nalgas de la joven. La amiga de Mariela sin dejar de chupar su lengua, pasó sus manos hacia alante y con un hábil gesto pasó una de ellas por dentro del bikini de Mariela para comenzar a hurgar en sus bajos.
Mariela se separo de los labios de su amante para comenzar a respirar y poner esa cara que ya conocía de las otras dos veces.
La mano furtiva de la joven comenzó a moverse muy rápido, casi frenéticamente. A Mariela comenzaban a flojearle las rodillas. Su amiga, lista ella, aprovecho el momento de debilidad, para apartar uno de los minúsculos triángulos que tapaban sus pezones y comenzar a chupar como un bebe hambriento. Su mano izquierda, experta por lo que podía ver, comenzaba a abrirse paso entre los placeres de Mariela. A los pocos segundos las rodillas de Mariela cedieron y cayendo sobre ellas comenzó a tener espasmos de placer.
Allí estuvo durante unos segundos, mientras que su amiga la miraba, con cara de deseo. Con un suave gesto tomándole la barbilla, le levantó la cabeza. Se intercambiaron algunas palabras y la amiga abrió sus piernas, se llevó la parte de alante del bikini a un lado de su pubis y trajo la boca de Mariela hacia su coño. Mariela comenzó a beber, comer, lamer, chupar. La amiga se había vuelto una salvaje. Tomaba la cabeza de Mariela y se la empujaba para que se comiera todo lo que le ofrecía.
Moviendo sus caderas, comenzó a abrirse más de piernas, mientras Mariela trataba de apartar el bikini para poder comer el sexo de su amiga con comodidad. Pude notar como las manos de la joven compañera, se posaban sobre las nalgas y abriéndoselas a ella misma, con una buscó su ano, para ayudar a que su coño tuviera un rápido orgasmo.
Lo tuvo, vaya si lo tuvo. Con Mariela bebiéndoselo todo, la chica comenzó a gesticular con las manos en el aire, como poseida, mientras su amante comenzaba a darle fuertes palmadas en sus nalgas mientras se corría.

Sí, si os estéis preguntando como estaba yo, acertáis, yo estaba cardiaco, ya era real y solo los estaba disfrutando yo. Mi mano jugaba con mi bañador disimuladamente aprovechando el solitario ambiente que reinaba aún en la piscina.

Las dos chicas después de arreglarse como pudieron, se metieron de nuevo en la habitación, de la mano, como dos enamoradas.

El día pasó sin pena ni gloria. Mis amigos bajaron a la piscina un poco antes de salir. Hoy también iba a salir con ellos a ver si este calentón que me llenaba lo podía desahogar con alguna chica.
Eran las nueve de la noche y el sol nos ofrecía una bonita fotografía desde nuestro balcón, estaba esperando a que los chicos se arreglaran para bajar a cenar e irnos a la zona de bares cuando picaron a la puerta de la habitación.

Después de un par de minutos Felipe vino al balcón y con cara de loco me dijo: "Tío, es la chica de la que te hablé hoy en la comida, dice que si tenemos algo de bebida"

Con cara de sorprendido entré en el salón y me dirigí hacia la pequeña cocina que tenía nuestra habitación.

"Mariela"

Allí estaba Mariela, con su inseparable pantalón ultra-corto, con su bikini de triángulos y hablando apoyada en la pared con los otros dos amigos.

Me miró nada más que me vio entrar en la habitación y sin apartar sus ojos de los míos me preguntó

"¿Puedo ver la puesta de sol desde vuestro balcón?"

La experiencia es un grado I

"No, no pienso meterme detrás de una barra, ni pienso hacer pizzas, no"

"No, no pienso meterme detrás de una barra, ni pienso hacer pizzas, no"

Adriana pensaba que si acababa de terminar la carrera con mucho esfuerzo era para dedicarse a eso precisamente. Fueron días duros, días sin salir de noche, semanas sin ver a su chico, meses sin salir de la biblioteca de su universidad, años de esfuerzo.

Y no, este fracaso en la oposición no la iba a ajar de su ilusión. Ilusión que mezclaba el gran corazón que tenía nuestra amiga con las ganas de trabajar y de ayudar a las personas más necesitada. En su caso eran los viejecitos, los ancianos, las personas con más historia de cuantas nos rodean.

Las prácticas que había hecho en la Cruz Roja, le habían servido para hacerse fuerte, limpar las heces de personas sexagenarias enfermas, darles el medicamento, la comida... ayudar. Desde luego el mundo necesitaba más personas como Adriana.

Se gastó todo un cartucho de tinta negra en sacar decenas de CV y los repartió por todas las residencias y geriatricos de su ciudad. Su novio la ayudó, el chico era comprensivo y conocía bien a Adriana, casi seis años de noviazgo daban para mucho y Martín sabía que ella no cesaría en su empeño.
Querían independizarse, habían apalabrado un pisito céntrico y apañado y solo con el sueldo de Martín no podrían costear todos los gastos.

Pasaron los días, las semanas y los meses, pero no había llamada, ni mail, ni nada. Y las deudas apretaban.

Justo cuando Adriana arrancó de una farola un papelito que demandaba una cuidadora para una señora en un piso (lipieza del mismo incluida) el cielo se abrió.

- Adriana? - Le preguntó una voz al otro lado de su teléfono móvil.
- Sí, soy yo - Respondió sin saber quien era.
- Le llamamos de la residencia "los pinos" y queriamos hacerle una entrevista. ¿Había dejado aquí su CV verdad?.
Adriana no se lo creía "¡¡una entrevista!!"

Esa noche su novio y ella follaron como leones, los nervios habían cambiado de bando y ahora un nuevo horizonte se abría ante ellos.

Adriana se vistió elegante y ligeramente sensual. Falda oscura por debajo de las rodillas, pero ajustada en su bonito culo. Camisa de manga larga blanca y portafolios debajo del brazo.
Quería dar una imagen de seria, responsable y atractiva. Siempre había sospechado que en esas residencias buscaban a jovenes agradables de aspecto para alegrar la vista a los ancianos. Era su teoria privada y ese día se confirmó que era cierta.

La entrevista fue breve. Sus buenas notas en toda la carrera, las prácticas en la Cruz Roja y su disposición al salario mímino y a trabajar los fines de semana convencieron al director de la residencia.

Era privada, muy privada. Con un extenso y cuidado jardín, piscina, tumbonas, juegos varios (minigolf, petanca), buffette abierto todo el día, ayudantes jóvenes y dispuestas. "Desde luego allí no irían pobres pensionistas" pensó Adriana.

Dentro de la mansión había salas de televisión, salas de baile, centros de masajes, un jacuzzi y todo lujo de accesorios para que las estancia de los abuelos fuera lo más agradable posible.

En el despacho de la ayudante jefe le dieron a Adriana su uniforme. Por supuesto era verde, con pantalones, camisa amplia, zuecos y un juego de llaves de las salas más comunes.
Cuando llegó a casa con el contrato firmado dentro de su portafolios, Adriana y su novio follaron de nuevo, hacia mucho tiempo que no lo hacían con asiduidad y hacia mucho tiempo que no tenían ese desenfreno propiciado por la evasión de preocupaciones.

- El sueldo no es alto, pero mucho mejor que el de una cajera o una asistenta del hogar - Filosofó Adriana en la cena post coito.
- Lo importante es que te adaptes rápido, tomes experiencia y quien sabe si esto te ayudará a subir de posición - La animó Martín
- El lugar es estupendo, de alta categoría, no creo que tenga problemas. No hay ancianos muy enfermos, no es que me importe, pero creo que no será difícil.

Adriana empezó a trabajar un lunes, esa primera semana le tocó el turno de tardes. Había tres turnos: Mañana, tarde y noche.
Printo comenzó a tratarse con una chica igual de joven que ella que llevaba trabajando allí cerca de un año.

Esta le explicó los pormenores de la residencia. Lo más problemático al principio era acordarse de las horas de ciertos medicamentos. Pero para eso tenían las listas con los nombres, las pastillas y las horas.
Las mujeres eran un poco más problemáticas, más gruñonas con las enfermeras. La compañera tenía la teoría de que para ellas las jovenes enfermeras eran las cuñadas. Las dos se rieron a carcajada limpia.
La compañera le explicó que los pellizcos en el culo, las palmadas en las nalgas y las toqueteos en los pechos eran más qu ecomunoes. Los hombres eran gente de dinero, que en su juventud no se habían privado de nada y en su vejez pensaban que el mundo seguía rigiéndose por el dinero.
Adriana pensó que no les faltaba razón.

La siguiente semana le tocó el turno de mañana, con otra compañera, esta más seria, mayor que Adriana y con cara de aburrida. Apenas hablaron de nada. Las mañanas eran más movidas. Al contrario que las tardes, donde todos dormian una plácida siesta, en las mañanas el jardín y las salas de ocio bullían de, sabiduría, canas y arrugas.

Las nalgas de Adriana ya comenzaban a sentir el toqueteo de algunas manos venosas. El hecho de no poder darles un guantazo o incluso de gritarles, hacía que las ancianas que observaban la escena, cuando Adriana pasaba a su lado, se llevara un "pero que cacho de guarra eres" o perlas por el estilo.
El medio día del jueves un anciano la sacó a bailar un poco en la pista destinada a mover el esqueleto, sin apenas tiempo para reaccionar su cuerpo se vio invadido por dos manos que en menos de dos minutos le habían sobado el cuello, la nuca, la espalda, el culo, la teta izquierda y se habían despedido dándole una palmadita en la nalga derecha.

Adriana solamente podía esbozar una cara de reprimenda y el consiguiente "señor Agustíííín".

Adriana se percató el viernes sobre las dos de la tarde que todos los día a esa hora un grupito de tres hombres de unos 75 años se sentaba en el banco del jardín principal y allí hablaban y se reían a gusto sin prestar atención al baile, a la petanca o a cualquier actividad de ocio que dentro se desarrollaba.

En los vestuarios de las enfermeras el domingo coincidió con su amiga que entraba al turno de tarde y le preguntó por esos tres caballeros.

"Solo te diré que no te acerques a ellos, son un peligro. Son señoritos que llevan toda su vida ganando dinero, haciendo lo que quieren y viviendo como les da la gana. Son un vividores y si te descuidas..... bueno, yo que tu no me acercaba mucho a ellos"
Le explicó su amiga en un tono tan misterioso como fascinante.

Adriana tuvo una buena, bonita y húmeda ración de sexo oral proporcionada por Martín. El chico era un Dios moviendo la lengua dentro del coño de Adriana, y está le premió con dos orgasmos la lengua de su chico dentro para acto seguido chupársela como una corderita chupa de las mamas de su progenitora. Justo cuando Adriana notó que su chico comenzaba a arquear la espalda anunciando su inminente corrida; a Adriana, fugazmente, le paso por la mente la imagen de las tres espaldas de los tres ancianos sentados en el banco del jardín. Sin darse cuenta Adriana estaba ya tragándose todo el semen que su chico estaba vaciando en su boca.

Dulce y misterioso.

El día siguiente Adríana consiguió que su amiga se quedara con ella para tomar un café. Hablaron de trabajos anteriores, planes de futuro y experiencias en la residencia. Adriana tenía las ideas muy claras y sin que se le notara, acabaron hablando de esos tres misteriosos ancianos.
Su amiga le volvió de decir que tuviera cuidado con ellos. Pero esta vez nuestra protagonista quiso saber a que se refería.

- Pero no entiendo. Son tres abueletes, ¿qué peligro pueden tener? - Pregunto haciéndose la inocente.

Su compañera miró a un lado, a otro y con gesto de la mejor espía acercó su silla a la de Adriana.

- Prométeme que esto no se lo dirás a nadie - Le susurró al oído.

- Pero...... - Comenzó a decir Adriana

- Ni peros, ni nada - Prométemelo o no te digo nada.

- Vale, vale, prometido está. Soy una tumba - Dijo Adriana con ceremoniosidad religiosa.

La bonita chica encendió un cigarro y comenzó a hablar con la mirada perdida en el humo de la cafetería.

"Llevo trabajando allí un año y dos meses, no he tenido más problemas que los pellizcos en el culo de Cosme, los insultos de alguna vieja arpía y poco más. Pero fue en un turno de noche cuando vi lo que vi.
La chica cuya plaza tu ocupas era joven, muy bonita y tambien con un alma caritativa muy utópica en estos tiempos. Estuvo solo medio año."

A Adriana se le abrieron los ojos y antes de que preguntara la razón, su compañera prosiguió la historia.

"Nos llevabamos muy bien, incluso cambiamos los turnos para que nos tocaran juntas. En uno de los de noche me dijo que iba a pasar por el salón y las habitaciones para controlar y la esperé en la sala de las enfermeras. Pasada casi una hora me extrañó que no volviera y salí a buscarla. En la residencia no hay viejos conflictivos, más o menos cascarrabias, pero nada violentos. No me preocupé demasiado.
Recorrí el pasillo de las habitaciones pero no la encontré, llegué a la sala pero, como estaba establecido, allí no había nadie a esas horas. Comencé a preocuparme"

Adriana la miraba absorta pensando en algo desagradable, violento.

"Hasta que llegué a la sala terapeutica. Sí esa de las duchas, jacuzzis y masajes. Y escuché risas y conversaciones. Me asomé por la ventana redonde de una de las puertas y allí los ví.
La chica solo llevaba puesto el pantalón verde del uniforme.... pero arriba no llevaba nada. Estaba sentada de frente a la puerta y pude verla así. Los tres viejos estaban a medio vestir. Uno con los pantalones puestos, otro en pijama y el tercero son su "aparato" al aire."

Adriana tragó saliba, no se lo podía creer.

"No quise interrumpir, me parecia muy violento pero a la vez me entró la curiosidad y me quedé a observar.
Los viejos le hacían cosquillas, a ella no parecía importarle lo más mínimo. De las cosquillas pasaron a las tocamientos en los pechos. No podía escuchar lo que hablaban, solo risas y algún que otro gritito nervioso de la chica.
Uno de los abuelos, calmó la situación y no sé que ordenó, pero todos se desnudaron. Los cuatro se quedaron sentados dentro del jacuzzi, desnudos y con su torso fuera del agua".

Adriana ya lo quería saber todo, le daban igual edades.

"A continuación la joven se pudo de píe y comenzó a moverse sensualmente, bajo el aplauso de los tres ancianos se contoneaba, se tocaba los pechos y se abría las nalgas. Era todo un desmadre y muy excitante.
Buscando alguna rezón vi como al lado de uno de los abuelos había una botella con un líquido verde y varios vasos alrededor. Supuse que estaban borrachos o algo peor.
Cuando paró de bailar los tres ancianos aplaudían entusiasmados.
A continuación fua la joven la que se sentó dejándome ver sus pechos, estaba colorada, el calor y aquella sustancia verde la tenía ligeramente congestionada. Los tres hombres se incorporaron y ella comenzó a hablar, tímidamente, llevándose la mano a la boca, como nerviosa y avergonzada.
Cuando paró de hablar (o dar ordenes) los tres viejos se rieron, se incorporaron y delante de ella pude ver como sus manos comenzaban a temblar haciendo movimientos que yo no podía ver ya que sus espaldas desnudas me lo impedían.
Pero lo que estaban haciendo era muy evidente...."

Adriana trataba de beber de la taza de café que estaba vacía desde que la chica estaba bailando para los viejos.





"Sí, por como la chica se morcía los labios supe que estaba viendo a tres hombres masturbándose delante de ella. Apartó la vista de sus pollas y los miró a la cara. Se rió, puso sus manos en las mejillas y volviendose a morder el labio inferior, comenzó a acercar sus manos a los viejos.
En un abrir y cerrar de ojos pude sospechar como la chica comenzó a masturbar a los tres, turnandose las pichas cada pocos segundos. Pude ver como dejaba de morderse el labio para abrir la boca y sacar la lengua en un gesto nervioso e impaciente".

Adriana no daba crédito, sus piernas habían dejado de estar cruzadas, para dejar espacio a su mano izquierda que ahora reposaba apretada contra sus muslos. "No puede ser, no puede ser, no me lo creo" pensaba muy excitada.

Su compañera continuó: "Yo tampoco me lo creía. Una chica joven y bonita con tres viejos verdes.... era imposible, pero allí estaba pajeandolos a los tres. Supuse que se corrieron rápido pues ella dejó de mover sus manos y los señores, después de flojearles las rodillas, volvieron a sentarse dentro del agua. Los tres le dieron a la chica sendos besitos en las mejillas, supongo que como muestra de agradecimiento. Ella estaba avergonzada, borracha y escitada, puesto queuna de los viejos, con un gesto, la invitó a que s epusiera de pie. Ella lo hizo y volviendo a jugar con su pelo nerviosa, me volvió a dar la espalda. Se abrió de piernas y comenzó a masturbarse con las piernas abiertas y semi flexionadas".

Adriana estaba ya más en la sala con los cuatro protagonistas que en la cafetería. Su narradora encendió otro pitillo y acabó de contarle esa extraña e inverosimil historia.

"Después de pocos minutos la chiquilla se corrió, su melena mojada comenzó a bailar con sus movimientos orgásmicos de cabeza, flexionó más aún las rodillas y pude notar como su pubis se movía con gesto obsceno y placentero.
Los tres viejos aplaudieron a rabiar mientras ella se volvía a sentar entre ellos.
Yo me tenía que ir, pero pude ver como los ancianos la animaban, la abrazaban y sobaban todo lo que podían".

Reinó el silencio durante unos segundos eternos, Adriana no reaccionaba y su acompañante rompió el incomodo silencio.

- ¿No te lo crees verdad? -
- Es que se me hace muy difícil de creer. Tres viejos, con esa chica ¿La habrían drogado? -
- El liquido podría ser absenta. Es muy fuerte y si no estas de ello.... - Sospechó la joven.

Los cafés los pagó adriana aún pensando en lo que acababa de oir.

Llegó a casa y vió a su novio tirado en el sofá, viendo la TV. Adriana colgó su bolso se acercó a el y, como hipnotizada, se quitó el abrigo, se desnudo en pocos segundos, le bajo el pantalón del pijama a su chico y comenzó a hacerle una mamada, como poseida por el espíritu de un pequeño lechon que mama de su madre, Adriana mamó, chupó y succionó la polla de su chico, mientras este aún con la sorpresa en el cuerpo no sabía si pararla, seguir mirando la TV o decir "buenas noches". Adriana arrodillada con las piernas abiertas se masturbaba mientras sentía como la polla de su novio comenzaba a crecer en su boca. Como su respiración se hacía más profunda...

Adriana se corrió, con el clitoris entre sus dedos índice y corazón justo cuando su chico comenzó a darle su semen, dulce y caliente. Lo bebió todo, hasta la última gota.
Le supo a gloria.

Pero Adriana no estaba allí, Adriana no había chupado la polla de su chico, ni había bebido su semen.

Y Adriana lo sabía.

Papa Noel y sus ayudantes


Y cuando salí de su casa, aún no me lo creía. Que estupidez.

Había que tener una imaginación enorme y una vergüenza inversamente proporcional para contarme esa historia.

Me llamó el 25 de diciembre, exaltada y muy nerviosa. Me preocupé y pensé que le había pasado algo la noche de Navidad, después de dejarla en su casa.

Estaba bastante borracha y la llevé hasta su portal, hasta ahí todo bien.

A la mañana siguiente (casi a las 14) suena mi móvil y me ruega temblorosa, que vaya a su casa.

Me planto lo más rápido que puedo en su puerta y me abre. Sigue vestida como la dejé la noche anterior, pero con el pelo aún más alborotado y toda la ropa arrugada.

Fuma cigarro tras cigarro y bebe de su botellín de agua mineral. Adriana es una "niña bien" encargada de una de las sucursales de una conocida cadena de tiendas de ropa más conocidas en el mundo. Su piso es casi un Loft y ella tiene ese aspecto de ganadora-atractiva. Alta, de más de 1.70, con unos ojos preciosos, rubia y con un cuerpo bastante apetecible.

"Tienes que escucharme, tienes que creerme", casi me susurra con la mirada perdida en alguna pared de su salón.

"Te escucho, Adri. ¿Te pasó algo?"

"Si…. Bueno, no. Joder… no lo sé"

Me arriesgo a preguntar lo que llevo sospechando desde que me llamó:

"¿Te atacó alguien?"

"Mejor, empiezo desde el principio" Me dice encendiendo otro cigarro.







Me dejaste en el portal y aunque pareciera que no, mi borrachera ya estaba más que acabada.

Subí y abrí la puerta. Nada más cerrarla escuché un ruido en el salón y me asusté mucho. Recuerdo agarrar el bolso con fuerza, pensando que eran ladrones. No encendí la luz (no me preguntes por qué) y solo pude reunir fuerzas para medio susurrar un "¿Ahí alguien ahí?" No obtuve respuesta alguna.

Seguí caminando despacio y pegada a la pared, camino al salón, justo donde estamos ahora.

Y los vi.

Hice el gran esfuerzo de no gritar y de fijarme bien, tenia que ser producto de lo que quedaba de la borrachera. Allí estaba una figura de Papa Noel colocando paquetes de regalo debajo del árbol de navidad, ayudado por tres... Joder… Tres enanos!!!. Créetelo, por favor.

Pensé que era una broma, una cámara oculta, vosotros en mi casa vestidos de Papa Noel… pensé muchas cosas, hasta que al final me encontré debajo del marco de la puerta mirándolos fijamente.

Reuní las fuerzas suficientes para decir:

"¿Quien coño sois y que hacéis en mi casa?"

Los cuatro personajes se giraron y me miraron. El que iba de Papa Noel, se levanto despacio, con las manos pidiéndome calma.

Agarré el jarrón de mi derecha y amenacé con arrojárselo.

El tono que salió de su boca, fue lo más relajante que he escuchado jamás.

"Tranquila, niña. Solo hemos venido a traerte tus regalos de navidad"

Volví a dejar el jarrón en su sitio y baje mis defensas. Un hombre así con esa voz, no podía ser malo.

"Eso es pequeña niña, relájate. No va a pasar nada" Era hipnótico.

Me acerqué al sofá donde estamos ahora y me dejé caer. El sueño me pudo y cerré los ojos.

Me despertó un: "Quítaselas, quítaselas"

Y poco a poco abrí los ojos.

Incorporé la cabeza ayudada por los tirones que sentía en mis piernas.

Abrí los ojos del todo y vi a los tres enanos, dos de ellos abriéndome las piernas y el tercero tirando de mi tanga.

El señor de rojo, con barba blanca, estaba apoyado en la pared viendo la escena.

Traté de zafarme de los tres pequeños hombres, pero cuando intenté agitar mis piernas, la maldita voz de aquel simpático y gordito hombre me volvió a hechizar.

"Tranquila Adriana, es Nochebuena, relájate y disfruta".

Mis piernas se volvieron pesadas y mi cuerpo sufrió otra vez el desplome casi orgásmico que había sufrido minutos antes… Solo que esta vez no me dormí.

Con mis piernas totalmente abiertas, la maniobra de bajada de tanga fue más que fácil. El mismo que lo arrojo a los pies del hombre de rojo, dio dos pasos y se metió, literalmente entre mis piernas.

Sin poder ver nada, puesto que por su pequeño tamaño, mi falda arremangada lo tapaba casi por completo, sentí como unas pequeñas manos abrían mi depilado coño y una experta lengua comenzaba a chuparlo.

Mi cabeza dio un respingo hacía atrás y un gemido salió de mi boca.

"Le está gustando" Escuché que decía otro de los enanos.

Los dos amigos del que me estaba comiendo el coño, subieron al sofá y con una rapidez increíble y a la primera lograron quitarme la camiseta de tirantes y dejarme solo por unos segundos en sujetador; el cual quitaron con suma facilidad.

Mis pechos quedaron al aire por poco tiempo, sus dos pequeñas bocas comenzaron a succionarme los pezones.

No voy a mentir y entre el desconcierto, los grados de alcohol que quedaban en mi sangre y que los jodidos enanos lo estaban haciendo de película, comencé a sentir que mi cuerpo se abandonaba a la lujuria y el placer.

El orgasmo lo tuve con la lengua del pequeño hombrecillo en el fondo de mi coño. Subí mis caderas instintivamente mientras un "Iiiiiihhh" salía de mi boca.

Me volví a relajar.

La siguiente imagen que recuerdo es al pequeño ser que me había dado placer increíble en mi coño, subido encima del sofá, bajándose el peto que vestía verde, delante de mi cara.

La realidad me invadió de nuevo y pensé que un enano me iba a enseñar su polla. Mientras que los otros dos seguían lamiéndome y comiéndome los pezones.

Volví a sentir esa sensación de la que está haciendo algo desagradable, anormal… pero otra vez el maldito viejo barrigón de rojo volvió a hablar.

"Es Nochevieja, pequeña, relájate"

Y así fue.

El enano logró quitarse los pantalones y dejar delante mía su pequeña polla. Medía unos 6-7 centímetros y aunque tuviera ese tamaño, parecía bastante dura.

Se acerco a mi y con sus pequeñas manos me abrió la boca. Sin dificultad lo consiguió y con un paso hacía mi, me metió su pequeña "cosa" en mi boca. Sin pensarlo y mientras los otros dos habían dejado de succionar mis tetas, comenzó a follarme la boca.

Su pequeño cuerpo se movía ágilmente y he de reconocer que su polla sabia diferente a todas las que había probado. Era un sabor dulce, rico, sabroso. Comenzó a gustarme, así que mis manos tomaron sus pequeñas nalgas y comencé a chupar con avidez.

No podía creer lo que estaba haciendo.

Logré ver a los otros dos enanos, desvistiéndose, mientras hablaban entre si.

La aguda voz del que estaba metiéndome su pene en mi boca comenzó a pasar del "Chúpamela, así, así" a un sonido gutural que nunca había oído.

La sorpresa auditiva se acabo de repente cuando noté en mi lengua la corrida del pequeño hombre.

Su sabor….. dulce, espeso…raro…. Delicioso. Me gustaba, si, chupé, chupé, succioné hasta la última gota de su corrida.

La imagen debía de ser bastante cómica, puesto que los otros dos comenzaron a reírse.

El primer enano se separó de mi como pudo y mi avergonzada cara quedó libre de nuevo… no por mucho tiempo.

Los otros dos, ya muy excitados por la escena que acababan de ver, se lanzaron sobre mi.

Me tumbaron en el sofá y mientras uno se puso sobre mi cara, el otro comenzó a comerme el coño.

Su polla sabía igual de bien que la de su anterior compañero, así que esta vez Papa Noel no tuvo que decir nada para calmarme.

El otro trataba de meter su pequeña cosa en mi mojado coño.

"Siempre igual, no es posible" Decía

No se si por pena o por gula, lo tome por la mano y lo subí hasta mi cara. Con uno a cada lado de mi cabeza, me metí las dos pequeñas y dulces pollas en mi boca. Cabían perfectamente y así estuve chupándoselas mientras que ellos acariciaban mis mejillas, mis tetas, mi cuello… acariciándome todo lo que sus cortos brazos alcanzaban a tocar.





Así chupando fuertemente y con mucha sed, logré que los dos se corrieran a la vez en mi boca. Su sabor no me defraudó. Dulcísimo, casi como leche condensada. Casi me trago a los dos hombrecillos de tan fuerte que succionaba, no quería dejar nada en sus pequeños huevos.

Se incorporaron los dos y comenzaron a vestirse. Mientras yo me limpiaba la comisura de los labios con la lengua.

Miré al viejo gordo y barbudo con voz relajante, y no me lo pensé dos veces. Corriendo a gatas me acerqué hasta el y con un fuerte movimiento, le bajé los pantalones, una arrugada y pequeña polla apareció entre las delgadas piernas del viejo.

La tome con mis dos manos y comencé a chupar, buscando ese sabor. El viejo se reía mientras me miraba por encima de su gran barriga. Su polla comenzó a ponerse morcillona. Yo trataba por todos los medios de que se corriera cuanto antes. Chupársela a un viejo no resultaba muy agradable… aunque viniera de chupársela a tres enanos. Pero si el jefe de estos, tenia el mismo sabor que ellos, el sacrificio valdría la pena.

Noté como el viejo me agarraba de la cabeza y comenzaba a sufrir leves espasmos, seguido de un bufido y seguido de un chorro de esperma que inundó mi boca.

Su sabor fue tan increíble, que según caía por mi garganta noté como mi cuerpo se desvanecía vencido por su sabor.









"Tienes que creerme. Sucedió así, te lo juro" Me suplico Adriana

Independientemente de si la creía o no, mi excitación era máxima.

"Adri, creo que has soñado. Y creo que ha sido un sueño muy excitante, extraño y un poco bizarro, pero solo eso, un sueño"

"¿Y los regalos? ¿Que hacen esos regalos ahí? Yo no los puse, yo no los compré. No me he atrevido ni a abrirlos"

"Adri, quieres que me crea que entraste en tu casa, te encontraste con Papa Noel y con tres enanos ayudantes y que te corriste una orgía con ellos?"

"Sé que es difícil de creer, pero es la verdad…. Por favor" Me suplicó mirándome a los ojos.

Me levanté y cogí mi chaqueta.

"Mañana lo hablamos con más calma y seguro que todo esto tiene una explicación lógica" Le dije… quitándole una mancha blanca de su mejilla con una caricia.

Ya en el coche de vuelta a mi casa, seguía dándole vueltas al asunto. "¡Que locura!" pensé.

Pensé

Pensé

Pensé

"Quitándole una mancha blanca de su mejilla"

- Mierda –