Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (continuación)

Siguiendo el juego de fantasía lésbica que comencé hace unos días con este relato XXX y según el comentario de Ricardo:

Estamos las dos, tú y yo, con las hormonas revolucionadas y entregadas a la pasión y el morbo de comenzar el placer.

Has estado un rato a 4 patas, y con mi lengua he lubricado completamente tu vagina. Todo sin contar el placer que he sentido de saborear tu cuerpo. Tonos dulces con toques salados y templados que últimamente eran más calientes. Después de esto, yo me canso de sólo dar placer y no recibirlo, al igual que tú, que siento cómo ardes en deseos de poder disfrutar de mi cuerpo.

Así que te volteas en la cama y te pones boca arriba, yo me giro y me coloco al revés para encajar en un perfecto 69 lésbico.

Como todo el tiempo tienes una actitud más paradita y sumisa, en cuanto pongo mis rodillas por los laterales de tu cuerpo, te falta tiempo para estirar el cuello y sacar la lengua para llegar a mí. Yo antes de notarte sigo con mi juego. Aprovecho mis pechos voluptuosos y pezones duritos que tengo, para arrastrarlos por tu ombligo, vientre bajo y llegar al pubis. Lo intercalo con hacer una especie de péndulo y moverlos también de un lado a otro. Tu inquietud ya es palpable, presiento la fuerza de la pasión en tu interior. Estás muy inquieta y con tus manos me sujetas por las caderas y parte del culo. Con la boca intentas moverte de un lado para otro para ver si en algún momento llegas a tocar mi cuerpo. Te revuelves entre el placer de las cosquillas, las caricias que te produzco y tus propias ganas de darme sexo oral.

Para no ser muy mala contigo, me incorporo un poco como si fuera a sentarme sobre mis talones, pero en lugar de usar mi cuerpo, uso tu cara. Según lo hago siento una oleada de placer. Tu lengua está justamente entre mis labios vaginales. Tus manos que se habían apartado por un instante, vuelven a mi cuerpo. Esta vez abrazando mis piernas y juntándose delante de mí, en mi regazo. Yo disfruto de sentirte y voy dándote juego de cadera para que si quieres, puedas recorrer todo mi sexo. Sutilmente roto mis caderas hacia adelante para que tu boca pase de mi vagina a mi ano. Casi te obligo a que me hagas un beso negro.

Varios escalofríos más tarde, me tumbo sobre tu cuerpo para controlar mi excitación y no tener el primer orgasmo tan rápido. Según me agacho, mis culo vuelve a subir y mi vagina retoma su posición natural que es en tu boca. Pero ahora con mucha más jugosidad, estoy muy húmeda.

Me recoloco bien para darte todo el placer que pueda. Esto es que tal como estás tú, puesta bocarriba y yo a 4 patas sobre ti, paso mis brazos por debajo de tu piernas entrelazándolos. Justo con las manos por tu ingle y vulva, para así poder manipularla bien y ayudarme mientras te la como. Para empezar, no uso apenas los dedos, solo mi lengua para recorrer tu vagina exteriormente nuevamente. De forma esporádica te doy algún beso por los laterales. A la vez, voy sintiendo que tu subes la intensidad conmigo, yo la subo para ti. Comienzo a usar mis dedos a la vez que mi boca. Tiro de los labios hacia fuera, apartándolos para dejar más expuesta tu vagina. Según abro tu entrepierna surge tu clítoris, que me ocupo de darle cariño con la punta de lengua para luego usar mis dientes. Lo sujeto con ellos y sin apretar excesivamente te muerdo y tiro un poquito de él.

Jugando y jugando presiento tu orgasmo. Cada vez tienes el coño más húmedo y desprende más y más calor. Hasta que de forma progresiva van sonando a lo lejos y taponados por mi vagina, gemidos varios. La última señal son pequeñas contracciones por tu ano y labios. En ese momento coloco mi boca presionando contra tu cuerpo y haciendo un sello entre tus labios y los míos. Muevo la lengua por tu interior en círculos, y en segundos se inunda toda mi boca. Temporalmente paras de darme placer y tu respiración se dispara para casi hiperventilar. Yo estoy disfrutando de tu orgasmo bebiéndome todo lo que sale de tu interior. Un líquido tremendamente caliente y fluido, muy dulce y con algo de acidez a la vez. ¡Riquísimo! De los mejores que he probado, pero yo también quiero correrme en tu boca.

Así que mientras tú te repones un poco, yo me masturbo sobre tu cara con una mano mientras me acaricio las tetas con la otra mano. No tardo mucho tiempo en correrme y soltarte todo lo que llevo dentro en tu boca. Se nota que no estás muy acostumbrada porque te cuesta succionar todo el líquido que sale de mi.

Después de ese momento de placer tan intenso, me tumbo al lado tuya mirando al techo. Aunque como soy un poco viciosa, en cuanto recupero la respiración, por instinto mis manos van a mi coño y me voy masturbando nuevamente.

Sin ni siquiera mirarme, me preguntas: “¿Quieres conocer a un amigo muy complaciente que guardo aquí? Es mi “amigo” fiel para cuando estoy sola

A lo que yo respondo: “Yo soy muy simpática y los amigos de mis amigas, son también mis amigos, preséntamelo

Y ya lo siguiente es cuestión de otra historia que no sé si os gustará conocerla 😉 Contadme qué opináis en los comentarios.

 

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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Carmen y sus juegos eróticos

Les voy a relatar como conocí a mi amiga Carmen:

Entré en un chat de sexo y le mandé un privado le pregunté de dónde era… y qué casualidad que era de mi mismo pueblo y que hasta nos conocemos, pues nos saludamos cuando nos vemos por la calle y nos sonreímos cada vez que nos vemos con una sonrisa pícara.

Cuando se pone blusas se le transparenta la combinación que se pone y algunas veces el sujetador. En faldas con raja trasera se le ve también la tela de la combinación y esos encajes tan bonitos.

Por el chat estuvimos un largo tiempo hablando y contándonos nuestras cosas. Le propuse hablar de sexo, ya que nunca lo habíamos hecho. Ella aceptó mi idea y empezamos a decirnos lo que nos gusta. Ella me dijo que se ponía muy caliente cuando se pone combinaciones, yo le respondí que a mí me gustan mucho también.

Una noche lo hicimos por cam… Ella llevaba puesta una combinación de color rosa semitransparente, sin nada debajo. Estaba depilada, y se empezó a acariciar sus pechos, que mostraban unos pezones muy sonrosados y duros, y le dije “no pares, acaríciate el coño”, y lo hizo. A mí me estaba poniendo al 100 x 100, me estaba acariciando mi polla al ver a mi amiga en la forma en que se estaba masturbando para mí. Sentí ganas de poseerla en ese momento.

Cuando terminamos nuestro juego virtual me propuso hacerlo en persona, a lo cual yo acepté encantado, pero había un problema… que está casada. Por eso teníamos que esperar a que su marido no estuviera en casa.

Aprovechamos a que un fin de semana su marido tenía que marcharse por motivos laborales y lo aprovechamos muy bien. Me llamó por teléfono para que fuera yo a su casa. Cuando llegué llamé al timbre, me abrió la puerta y la vi con una bata de color morado abotonada por 4 botones de los 6 que tenía. Entre botón y botón se le veía la combinación que se había puesto para mí. Me invitó a una cerveza y nos sentamos en el sofá.  Nos miramos a los ojos… yo no dejaba de mirar la bata y empezamos los juegos eróticos: le metí mano entre botón y botón, le acaricie sus pequeños pechos y terminé por quitarle la bata, viendo que debajo solo llevaba puestas unas braguitas de color azul.

Me quitó la camiseta y el pantalón. Mi polla se salía del calzoncillo, el cual me quitó para empezar a besar mi capullo. Se lo tragaba entero… yo le dije “sigue, no pares cielo, que me gusta mucho”. Cuando se la sacó de la boca empecé a meterle los dedos en su coño, acariciándole sus tetas por encima de esa tela que llevaba puesta. Le quite braguita y le comí el coño hasta que se humedeció. Me dijo “Juan no pares, métemela ya”, y yo se la metí hasta las bolas varias veces, hasta que nos corrimos los dos juntos y nos fuimos a la cama. Se quitó la combinación, que ya estaba muy húmeda por nuestros juegos, y se puso otra para dormir de color azul. Le pregunté si tenía más y me dijo que sí. Entonces le pregunté: “¿Cariño, te importaría que yo durmiera contigo en combinación?”.

Se levantó de la cama fue al cajón donde guarda toda su lencería y me sacó una de color blanco que ella me puso. Mi polla empezó a ponerse dura otra vez y empezamos otra vez a acariciarnos en la cama hasta que le volví a comer el coño. A la vez que ella me chupaba la polla hasta que se la volví a meter otra vez hasta que los dos nos volvimos a correr y nos metimos en la cama, ambos vestidos solo con esa prenda que tanto nos gusta a los dos.

A la mañana siguiente ella estaba en la cocina preparando el desayuno. Solo llevaba puesta la combinación, al igual que yo. Nos fundimos en un gran beso y empezamos a follar otra vez. Me puse detrás de ella acariciándole el cuello. Le chupé el lóbulo de la oreja mientras que con mis manos le acariciaba los pechos. Sus manos no dejaban de acariciarme la polla… se puso de rodillas para chupármela, se la metió toda en su boca mientras yo le acariciaba suavemente la cabeza para que siguiera chupándomela hasta que me corrí en sus tetas y ella se corrió en mi polla.

Fue un fin de semana maravilloso. Me quité la combinación para dársela y me dijo que me la regalaba para tener un recuerdo de ese fin de semana. Cada vez que ella o yo nos quedábamos solos en nuestras casas nos veíamos para hacer el amor como a nosotros nos gusta.

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