La princesa wikinda. Pt. 1

LA PRINCESA WIKINDA  1 Todo el mundo pensaba que eran extraños. Quizás no del tipo de extrañeza que evoca a una de esas familias conservadoras (porque además, distaban mucho de serlo) que vivían en las colinas a las afueras del pueblo con sus establos, vacas y gallinas; ni del tipo de familias extravagantes con peinados modernos, autos exóticos y esaContinuar leyendo »

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Una Compañera de Lujo 2

Anteriormente en “Una compañera de lujo“ Era un hombre de unos 30 años y soltero, nada fornido, que acostumbraba usar lentes y llevar la barba de dos o tres días de largo. Había quedado con un amigo para “pasar un rato” con una conocida de él. Una mujer de gran belleza, atrevimiento y pechos muy generosos. Para ello, y que laContinuar leyendo »

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Relato erótico: Déjame poseerte una vez más…

Relato erótico: Cuerpo de sirena, dulce mujer de ojitos celestes, hoy te he soñado como nunca, recordando en silencio tu cuerpo desnudo de curvas apetecibles, que solo verlo me excita en demasía. Tu piel blanca, fina, suave, tus pechos hermosos, adornados de pezones duros y paraditos que esperan ser besados, chupados, mordidos y acariciados sin pausa. Y acaso mi recuerdoContinuar leyendo »

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Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (3ª parte)

(Relato erótico continuación de Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? parte 2) Yo, tumbada en la cama, me quedo esperando a que me busques el juguete erótico. Tú cansada y fatigada, te quedas al lado unos segundos hasta que reaccionas y te das cuenta de que mi proposición de que me “presentes” a tu amiguito es totalmente en serio. TeContinuar leyendo »

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Dos Novias y Una Embarazada 2

Anteriormente…  Tras realizar una entrevista de trabajo Lucia, la entrevistadora, invita a Piper, la candidata al trabajo, a un trago… de leche de sus senos. Tras hacer el amor y dormir juntas Lucia preparo una merienda a base de café, jugo de fruta y tostadas para sus dos nuevas amigas. Aunque la mujer encinta opto por te en vez deContinuar leyendo »

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Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (continuación)

Siguiendo el juego de fantasía lésbica que comencé hace unos días con este relato XXX y según el comentario de Ricardo:

Estamos las dos, tú y yo, con las hormonas revolucionadas y entregadas a la pasión y el morbo de comenzar el placer.

Has estado un rato a 4 patas, y con mi lengua he lubricado completamente tu vagina. Todo sin contar el placer que he sentido de saborear tu cuerpo. Tonos dulces con toques salados y templados que últimamente eran más calientes. Después de esto, yo me canso de sólo dar placer y no recibirlo, al igual que tú, que siento cómo ardes en deseos de poder disfrutar de mi cuerpo.

Así que te volteas en la cama y te pones boca arriba, yo me giro y me coloco al revés para encajar en un perfecto 69 lésbico.

Como todo el tiempo tienes una actitud más paradita y sumisa, en cuanto pongo mis rodillas por los laterales de tu cuerpo, te falta tiempo para estirar el cuello y sacar la lengua para llegar a mí. Yo antes de notarte sigo con mi juego. Aprovecho mis pechos voluptuosos y pezones duritos que tengo, para arrastrarlos por tu ombligo, vientre bajo y llegar al pubis. Lo intercalo con hacer una especie de péndulo y moverlos también de un lado a otro. Tu inquietud ya es palpable, presiento la fuerza de la pasión en tu interior. Estás muy inquieta y con tus manos me sujetas por las caderas y parte del culo. Con la boca intentas moverte de un lado para otro para ver si en algún momento llegas a tocar mi cuerpo. Te revuelves entre el placer de las cosquillas, las caricias que te produzco y tus propias ganas de darme sexo oral.

Para no ser muy mala contigo, me incorporo un poco como si fuera a sentarme sobre mis talones, pero en lugar de usar mi cuerpo, uso tu cara. Según lo hago siento una oleada de placer. Tu lengua está justamente entre mis labios vaginales. Tus manos que se habían apartado por un instante, vuelven a mi cuerpo. Esta vez abrazando mis piernas y juntándose delante de mí, en mi regazo. Yo disfruto de sentirte y voy dándote juego de cadera para que si quieres, puedas recorrer todo mi sexo. Sutilmente roto mis caderas hacia adelante para que tu boca pase de mi vagina a mi ano. Casi te obligo a que me hagas un beso negro.

Varios escalofríos más tarde, me tumbo sobre tu cuerpo para controlar mi excitación y no tener el primer orgasmo tan rápido. Según me agacho, mis culo vuelve a subir y mi vagina retoma su posición natural que es en tu boca. Pero ahora con mucha más jugosidad, estoy muy húmeda.

Me recoloco bien para darte todo el placer que pueda. Esto es que tal como estás tú, puesta bocarriba y yo a 4 patas sobre ti, paso mis brazos por debajo de tu piernas entrelazándolos. Justo con las manos por tu ingle y vulva, para así poder manipularla bien y ayudarme mientras te la como. Para empezar, no uso apenas los dedos, solo mi lengua para recorrer tu vagina exteriormente nuevamente. De forma esporádica te doy algún beso por los laterales. A la vez, voy sintiendo que tu subes la intensidad conmigo, yo la subo para ti. Comienzo a usar mis dedos a la vez que mi boca. Tiro de los labios hacia fuera, apartándolos para dejar más expuesta tu vagina. Según abro tu entrepierna surge tu clítoris, que me ocupo de darle cariño con la punta de lengua para luego usar mis dientes. Lo sujeto con ellos y sin apretar excesivamente te muerdo y tiro un poquito de él.

Jugando y jugando presiento tu orgasmo. Cada vez tienes el coño más húmedo y desprende más y más calor. Hasta que de forma progresiva van sonando a lo lejos y taponados por mi vagina, gemidos varios. La última señal son pequeñas contracciones por tu ano y labios. En ese momento coloco mi boca presionando contra tu cuerpo y haciendo un sello entre tus labios y los míos. Muevo la lengua por tu interior en círculos, y en segundos se inunda toda mi boca. Temporalmente paras de darme placer y tu respiración se dispara para casi hiperventilar. Yo estoy disfrutando de tu orgasmo bebiéndome todo lo que sale de tu interior. Un líquido tremendamente caliente y fluido, muy dulce y con algo de acidez a la vez. ¡Riquísimo! De los mejores que he probado, pero yo también quiero correrme en tu boca.

Así que mientras tú te repones un poco, yo me masturbo sobre tu cara con una mano mientras me acaricio las tetas con la otra mano. No tardo mucho tiempo en correrme y soltarte todo lo que llevo dentro en tu boca. Se nota que no estás muy acostumbrada porque te cuesta succionar todo el líquido que sale de mi.

Después de ese momento de placer tan intenso, me tumbo al lado tuya mirando al techo. Aunque como soy un poco viciosa, en cuanto recupero la respiración, por instinto mis manos van a mi coño y me voy masturbando nuevamente.

Sin ni siquiera mirarme, me preguntas: “¿Quieres conocer a un amigo muy complaciente que guardo aquí? Es mi “amigo” fiel para cuando estoy sola

A lo que yo respondo: “Yo soy muy simpática y los amigos de mis amigas, son también mis amigos, preséntamelo

Y ya lo siguiente es cuestión de otra historia que no sé si os gustará conocerla 😉 Contadme qué opináis en los comentarios.

 

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Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo?

Si alguna chica de las que entran por esta web a leer fantasías sexuales tiene la fantasía lésbica de probar con otra chica, debes leer esto e imaginar lo que te escribo. Si eres chico seguro que también te pondrá muy caliente pensar en esta fantasía lésbica.

Estamos tú y yo en la cama, la descripción física de nuestros cuerpos es lo de menos, lo dejo a tu elección. Ya hemos hablado durante un tiempo y ambas sentimos la atracción por la otra. Por llegar a ese momento de fusionar placeres, el tuyo y el mío.

Hago que te tumbes bocabajo en la cama, que te coloques de la forma más cómoda para ti. Yo me retiro de tu lado unos instantes. Después lo siguiente que notas es tímidamente el roce de mis pelos por una de tus piernas. A continuación, mi pelo largo acaricia con suavidad tus piernas, ahora ya las dos. Desde los tobillos voy subiendo hacia tu cuerpo. Además puedes sentir por el colchón como me voy moviendo y la cama se va adaptando al cambio de lugar de mi peso.

Las caricias pasan de las piernas a la espalda y de repente tu cuerpo siente el contacto del mío. Tu piel es abrazada por la mía, me he subido encima de ti. Ahora tu cuello es el centro de mi deseo. Tumbada sobre tú lo único que hago es respirar despacio sobre tu cuello y esperar a que tu piel se erice y un escalofrío nazca y vaya hacia el brazo y la columna.

Vuelvo a moverme y ahora me coloco a cuatro patas sobre ti, con mis rodillas sujetando tus caderas y mis manos apoyadas junto a tus hombros. Cariñosamente te voy dando besos por la espalda. Voy haciendo una especie de caminito serpenteante hasta llegar a la parte baja de tu espalda. Ahí saco los dientes y los marco en uno de tus glúteos. Yo estoy bastante excitada con la situación y mi vagina hace rato que está emanando flujos. Así que me vuelvo a mover para ahora sentarme sobre ti. Poner mi pubis y vagina caliente y húmeda sobre tu delicada piel de la espalda. Te agarro del pelo de tu cabeza y lentamente voy deslizándome por tu espalda. Aprovecho la humedad de mi vagina para que lubrique y relaje la fricción de tu cuerpo contra el mío. A la vez que uso el resalto de tus vértebras como juguete para masturbarme y sentir más placer según froto mi clítoris contra tu cuerpo.

Esto lo hago varias veces, primero más lento y recorriendo tu espalda por completo. Después voy más rápido pero usando menos espacio, hasta que termino sentada sobre ti casi sin moverme del sitio pero frotándome más enérgicamente. Ahora sí que estoy más caliente y toca ponerte a ti igual de cachonda que yo. Así que me quito de encima de ti y me pongo otra vez a cuatro patas pero en dirección contraria a ti. Todo para poder ir lamiéndote la espalda y limpiando todos los fluidos que he estado dejando por tu piel. Comienzo en la parte alta de tu espalda y voy dirección hacia tu culete. Mientras voy lamiéndote puedes notar perfectamente como mis pezones duritos van arañándote. Al final llego a tus nalgas, paso mi lengua por el medio a la vez que con las manos te separo las piernas. Paro un segundo y me pongo detrás de ti, meto una mano por debajo de tu vientre y tiro hacia arriba de él. Para que termines estando en pompa o a cuatro patas, según tu experiencia sexual. Así vuelvo a pasar mi lengua por tu cuerpo, ahora ya si llego a tu vagina con facilidad. Juego con tus labios a la vez que con las ingles.

Justamente en este punto, es el momento de jugar y romper la barrera de la lectura, escribe en los comentarios cómo quieres que sigamos “jugando” en esta fantasía lésbica y lo pongo en el siguiente relato dentro de unos días ;).

¡¡¡Espero ardiente vuestros comentarios a esta fantasía lésbica!!!

 

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Mi vecino voyerista Pte.3

El shock tras mi experiencia con mi vecino voyerista

El shock después de lo sucedido con mi vecino voyerista habría de durarme casi tres días. En cualquier actividad en la que me encontrara, en la soledad de mi casa, siempre terminaba por evocar el episodio del jardín protagonizado por mi vecino voyerista.

Lo recordaba una y otra vez, con la mirada perdida y los labios entreabiertos no logrando precisar si todo había sido producto de mi cada vez más decadente cordura o si en efecto, había ocurrido. Pero no podía engañarme por más que deseara que así fuera. Las marcas en mi trasero (en mi nalga izquierda para ser más exacta), y en mi seno derecho, que ya empezaban a tornarse de un preocupante tono azul verdusco, dejaban completamente claro que de hecho, lo sucedido había sido muy real. Mi vecino voyerista me había tomado como un objeto y me había besado de la manera más sucia que jamás nadie me había besado. Su lengua invadió mi boca y soltó un veneno con saliva que hervía intensamente. Sus manos habían sido dos pinzas que me apresaron y me empujaron hacia él, casi al borde de mezclarnos en uno solo. Pero no fueron estas cosas las que lograron que estuviera tan a merced de mi vecino voyerista, sino ese oscuro y corrupto deseo hacia él que en el momento del clímax hizo que me derritiera y quedara sin fuerzas para oponerme a él. Por eso cada vez que mis pensamientos me llevaban a esto último, sacudía mi cabeza y seguía con cualquiera que fuera mi tarea en ese momento para tratar de despejar esas desoladoras conclusiones.

Durante esos días después del incidente con mi vecino voyerista, y hasta la fecha en que llegó mi marido de su viaje de trabajo, no volví a mostrarme como hasta entonces. Los primeros días fue fácil, pues como les he dicho, el shock por lo sucedido seguía latente, y una mezcla de coraje y repulsión con un ardiente deseo, seguían dentro de mí. Pero los días siguientes sí que me fue difícil seguir con ese plan de austeridad hacia mi vecino voyerista. Me lo imaginaba en su cuarto, esperando en su ventana y con sus binoculares en las manos esperando segundo a segundo a que por fin volviera a salir y pudiera verme, desearme, saborearme, reclamarme como suya mientras sus manos recordaban, reconstruían a calca perfecta en el aire, cada uno de los centímetros de mi cuerpo que acarició, reviviendo vívidamente la consistencia de mi carne bajo la mezclilla de mis shorts y el algodón de mi sostén. El aroma de mi cuerpo estaría presente aún entre sus manos, y sus labios guardarían aún el sabor de miel de los míos. Me lo imaginaba así, delirando por mí en las sombras de su morada, y poco a poco lo veía deslizando su mano hasta su sexo, rígido como aún recuerdo sentirlo contra mi vientre. Cómo comienza a tocarse por mí, poco a poco con un ritmo que me hace sudar. Y a punto estoy de desvestirme y salir corriendo al balcón. A punto de dejar que sus ojos desenfrenados me consuman solo con su mirada penetrante, a punto están de consumirme los deseos  nuevamente cuando golpeo fuerte la mesa, el sofá, o cualquier mueble donde me encuentre y me digo que esto tiene que parar, que me estoy volviendo loca.

La última vez estuve realmente cerca de salir a por él, cuando el teléfono sonó estrepitosamente en el buró. Sonó tres veces y no podía reaccionar. Estaba completamente sudada. Mis pechos en mi top deportivo estaban perlados por el sudor y se inflaban y contraían al ritmo de una agitación al respirar. Al fin reaccioné y me percaté de que había comenzado a tocarme la entre pierna.

Nancy, tienes que parar esto o vas a volverte completamente loca, me dije mientras saltaba del sofá para alcanzar a contestar el teléfono que iba ya por su sexto timbrazo. Levanté el teléfono.

-Bueno, residencia McAllister.-

– Hola amor, soy Daniel. Solo para recordarte que en un par de horas estaré llegando a casa, y me encantaría que hicieras una cena especial para celebrar que estoy de regreso. Puedes sacar aquel vino que me regalaron y que tantas ganas teníamos de abrir.

– Me parece muy bien cielo. Entonces tendré todo listo para cuando estés aquí.

– Perfecto. Te amo. Te veo en un rato.-

– Chao -colgué.

Algo de todo esto me devolvió la tranquilidad. El hecho de que mi esposo estuviera de regreso podía hacer que todos estos pensamientos terminaran por quedar de lado. Jamás lo he culpado, pero esa última vez se había ido por casi tres semanas, y la soledad estaba afectándome demasiado.

Pero no es la primera vez que estás sola, no puedes buscar excusas a tu reprobable comportamiento. Me decía mi conciencia, castigándome. Y tenía razón, pero a algo tenía que aferrarme y empezar a creer que las cosas irían mejorando. Tenían que mejorar.

Mi marido está de vuelta

-¿Y cómo te fue en estas tres semanas en mi ausencia?-

Había cocinado una pasta excelente y efectivamente estábamos dando cuenta de aquel delicioso vino que le habían regalado.

– bien, nunca he terminado por acostumbrarme a la soledad, lo sabes, pero he estado leyendo una novela que creo que será la mejor que lea este año.-

Traté de sonar lo más natural posible. Pero mi conciencia me decía que no lo estaba logrando.

Sabe que escondes algo, me decía. Tus manos, no has dejado de retorcerlas y tu frente está sudando. Además no le estás mirando a los ojos, tú siempre le miras a los ojos. Es cuestión de tiempo para que te descubra.

Pero para que te descubra ¿de qué?, me decía mi lado positivo, si ni siquiera puede decirse que lo haya engañado. Sí, sabes que el chico te mira y tú juegas un poco con eso pero, ni siquiera te muestras desnuda. Y ¿a qué mujer no le gusta que la miren? ¿A cuál?

Pero es otro hombre, estas dándote a desear a tu vecino voyerista, insistía el diablito de mi conciencia.

Tal vez, pero no has cambiado tu rutina por darte a desear, siempre has gustado de andar en lencería y vestir ropa sexy, vamos, tú te ves sexy con traje de esquimal nena. Me seguía defendiendo.

¿A no? ¿Y qué me dices del jardín? ¿No has salido solo por tu vecino voyerista?

No puedes asegurar eso. Además todas tienen caprichos como intentar hacer el jardín alguna vez. Y ese incidente no fue culpa de ella, ese chico mocoso fue el que la tomó por sorpresa y la acosó a la fuerza.

Puedes tratar de engañarte querida, pero lo que no puedes negar a ninguna de nosotras tres, es que te gustó, te encanto, te ha fascinado. No, no te gustó, ha sido la experiencia más intensa en tu vida, y mira que sabemos que no fuiste ninguna santa antes de casarte.

Pum! Knock-out. La perra del negativismo había vencido.

– ¡Amor! te hice una pregunta. ¿Que cómo es que se llama? Andas algo distraída ¿no te parece?

Sabía que su pregunta no ocultaba otras intenciones. Confiaba en mí como yo confió en que Dios existe. Y era eso lo que más me afectaba, saber que de algún modo le estaba fallando a esa confianza ciega que el depositaba en mi al dejarme sola.

– No, para nada. Bien, ya te digo que no terminará por gustarme nunca la soledad.

– Eso ya me lo has dicho jajaja. Te pregunté qué ¿cómo es que se llama esa novela que tanto esta gustándote?

– Ah! Jajaja. Pues la verdad que ahora mismo no recuerdo. Pero es de un tipo que puede saltar entre varios mundos a través de portales o cosas así.

– Genial. Deberías prestármela ahora que estaré aquí.

– Vale.

Después de cenar, me ayudó a recoger la mesa y a fregar los platos. Vimos una película juntos en la sala y a eso de las 10 pm subimos a nuestra habitación. Un sentimiento de culpa, como grilletes de acero en mis tobillos que hacían pesado mi andar, o como una nube espesa y preñada de miedos que me seguía a todas partes ensombreciendo mi rostro, no dejaba de atormentarme durante todo momento. No podía estar 5 minutos concentrándome en la cinta cuando el rostro enloquecido de mi joven vecino al momento de besarme en el jardín, golpeaba de nuevo mis pensamientos.

Al fin terminó la película y ya acostados en nuestra habitación me desvestí con mucha pesadumbre y cansancio moral. Llevaba un brassier liso color negro, con un pequeño moño color rosa entre las montañas redondas de mis senos. Y vestía una sexy braga color negro que solo dejaba ver un pequeño triángulo de tela antes de perderse en mis abultados glúteos. Él se desnudó a prisa.

– Te ves hermosa amor. Tanto tiempo he pasado pensando con estar nuevamente contigo.

– Gracias. Yo también te he extrañado.

Dije mientras dibujaba acaso la primera sonrisa honesta desde que él regresara.

– Ven, acércate. Quiero tocarte.

Me acerqué y puso su mano sobre mi mejilla. Acercó su rostro y me dio un tierno beso. Después me sentó en la cama y fue besándome más y más hasta que me empujó con su peso acostándome en la cama y quedando el sobre mí mientras seguía besándome. No tardó en recorrer sus manos limpias y pulcras sobre mi cuerpo. Acarició mi cuello con amor y fue bajando hasta mis senos, entonces bajo sus labios por mi cuello y en silencio presionó suavemente mis pechos con sus dedos. De vez en cuando paraba un poco y me decía al oído “te amo”, yo trataba de cerrar los ojos y disfrutar, de amarlo, pero siempre abría los párpados y miraba fijamente al techo de la habitación, y ponía mi mente en blanco para no dejarla carburar.

Desabrochó mi sostén con cuidado sin dejar de besarme y acariciar mis senos, mi cintura, mi vientre, mi espalda, mi trasero y más allá. Siguió besándome por los pechos hasta mis pezones, suaves, rosados y firmes, obedeciendo a las sensaciones de ser besados, lamidos, humedecidos, y desobedeciendo a mi mente que no hacía más que mandar señales muertas a cada terminal de mi cuerpo. Mis pechos le encantaban: su redondez, su peso, lo terso de su piel. Pude sentir que al besarlos y acariciarlos su sexo se hinchaba más y más. No pudo aguantar más y, agarrándome de la cintura, se impulsó un poco para arriba y colocó su ya palpitante entrepierna en la entrada de mi vagina. Entonces, empujó suavemente, con amor pero con firmeza, con deseo real. Su glande estaba más hinchado de lo normal (víctima de tantos días de abstinencia), y mi sexo no terminaba de lubricarse por completo (víctima de una mente tan perdida), por lo que la penetración resultó complicada y un tanto dolorosa. Hice una mueca de dolor cuando por fin empujó metiendo por completo su pene. Apreté mis uñas en su espalda y él volvió a repetirme que me amaba. Embistió de nuevo, ahora un poco más fuerte, y de nuevo volvió a lastimarme un poco. Siguió haciéndolo, cogiendo un ritmo lento. Su palo ardiente poco a poco hizo el trabajo que mi vagina se negaba a realizar, y sus jugos terminaron por ir lubricando mi cavidad, acabando así con la molestia al penetrarme. Sus embestidas las sentía llenas de placer, de deseo, de amor. Era todo su sexo tierno, amoroso. Todo lo que una esposa desea en su marido, todo lo que yo deseo en él.

Sin embargo, yo no podía dejar de pensar en mi vecino voyerista, de divagar en todo lo que estaba sucediendo en los últimos días. Por eso estaba con la mira de nuevo en el techo, fija, mientras él me empujaba con sus caderas y hacía que mi cabello se revolviera en mi frente tapando mi vista. Yo resoplaba y resoplaba, un poco por el esfuerzo que conlleva el ser penetrada por un macho que te dobla el peso, y un poco para apartar los cabellos de mis ojos. Logro apartarlos y me doy cuenta mientras miro al vacío, que ha pasado largo tiempo desde que comenzó a follarme y yo no he emitido ruido alguno. Solo lo abrazo y le clavo las uñas en la espalda cuando su penetración llega a lugares privilegiados. Intento gemir un poco, pero me detengo poco tiempo después al dudar si lo estoy haciendo real o si por el contrario es demasiado fingido. Él ha comenzado a acelerar el ritmo. Siempre ha sido silencioso al hacerme el amor, pero esta vez el placer lo está venciendo y empieza a gemir un poco. Besa mis senos, mi cuello, mis labios. Me repite que me ama, me muerde el labio, me muerde el seno, me muerde el pezón. Mi vagina empieza a revelarse, empieza a emitir señales de orgasmo cada vez más claras y frecuentes. El ruido de su vientre chocando en mi sexo se esparce por la callada habitación. Te amo, me dice. Lo sé, me digo. Su eyaculación está cerca, mi orgasmo quiere avanzar, pero mi mente la intenta detener. De pronto mis culpas empiezan a ceder, el placer quiere sacarlas de aquí, quieren tener un clímax pleno, perfecto. Él ha dejado de apoyarse en sus rodillas y ahora se impulsa desde la punta de sus pies, quiere penetrarme completamente, con fuerza. Su semen está listo, hirviendo en sus genitales. De repente, una imagen empuja la cortina blanca que he puesto ante mí para no perder los estribos, y puedo ver a mi joven vecino voyerista ante mí, mi espía, el chico repulsivo y con acné que tanto me desea. Besándome, oliéndome, derritiéndome con sus manos. Puedo sentir su lengua invadirme. Estamos de pie en el Jardín. Sus manos aprietan mis nalgas y mis senos. Su saliva inunda mi boca. Está tomándome, reclamándome como suya. Su sexo golpea mi vientre, quiere entrar en mi Venus, conquistar lo que es suyo. Yo estoy ahí, de pie, paralizada. Completamente aprisionada. Pero obedezco, y recorro mi mano hasta mi vientre y la colocó sobre el botón de mis shorts ajustados. Él sigue besándome, ríe por dentro sabedor de que me tiene. Desabrocho el botón y lentamente bajo la mezclilla. Mi trasero trata de evitarlo, pero un último tirón logra zafar mis glúteos de los shorts. Lentamente los bajo hasta mitad de mis torneadas piernas. Con mi mano temblando, tomo su short deportivo y su ropa interior juntos y los bajo dejando al descubierto un enorme sexo hinchado, virgen, deseoso. Separo un poco mis piernas, y mientras él sigue besándome como un depravado, tomando por igual mis tetas y mi culo, aprieto su latente extremidad y la coloco lentamente en la entrada de mi vagina. Él, como un perro intentando copular con su hembra, instintivamente comienza un ciego vaivén intentando colarse hasta el fondo. Finalmente lo logra, y siento cómo su carne me llena completamente, caliente, a punto de explotar, y grito, grito como loca. El orgasmo llega como una explosión. Me ciega aún con los ojos abiertos y grito más. Mi marido también grita, gime. Ha llegado al orgasmo junto conmigo, y sus últimas embestidas están bajando de ritmo. Los últimos espasmos pasan y cae rendido sobre mí, sudando, sonriendo. Yo estoy mirando al techo aún, pero ahora no hay pantalla blanca, ahora hay luces, estrellas. Una migraña me invade por la intensidad del momento. Estoy rendida, con una agitación notable al respirar. Él está sobre mis pechos, me besa el cuello.

Te amo, me vuelve a repetir.

Próximamente: Mi vecino voyerista  pte.4

 

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Relato XXX de fantasía sexual: Voraz

Espero que mi primer relato XXX de fantasía sexual sea totalmente de su agrado.

Lo conocí un día soleado (la verdad no me interesó inmediatamente, no me pareció especial). Me lo presentó mi amigo Tomás en una de sus famosas “tardes de estudio”:

Tomás – July te presento a Patricio.

Yo– hola Patricio.

Él –Un placer July.

Solo fueron esas las palabras las que cruzamos aquel día, después solo lo olvidé toda la tarde, pero cómo no, una de mis amigas hizo comentarios lujuriosos sobre él, yo solo me limité a oír y reír con el grupo, sabía que solo era fascinación por el juguete nuevo.

Pasaron unos días después de la “tarde de estudios” y donde iba en la facultad me lo encontraba. La verdad es que era un tipo muy amable y simpático, un tanto mayor que yo, quizá unos 6 años, era ayudante del profesor de Matemáticas. Materia en la que yo me destacaba, así que sin pensarlo nos comenzamos a hacer cercanos.

Fue una mañana en la que al entrar a la facultad nos enviaron a una reunión en el casino, al cual nos dirigimos sin preguntar con mi grupo de amigas. Ahí estaba él, parado al lado de una ventana bañado por el sol matinal, lo que hacía que su camisa se transparentara un poco y dejara ver una espalda y unos brazos envidiables. Desde ese momento quedé atrapada por miles de pensamientos y más de una fantasía sexual… siendo él mismo el protagonista de cada fantasía sexual.

Más que una fantasía sexual

Sin pensarlo comencé a hacerme indispensable en su vida, con pequeños detalles, ayudas. Era demasiado evidente que me gustaba, todos lo notaban, incluso él, y yo no podía disimularlo… ese día me puse una falda amplia que quedaba por arriba de la rodilla y una polera con un generoso escote (solo quería llamar su atención). Me senté en la oficina a esperar su arribo, llego tarde como siempre. Entro sin notarme al principio y al verme saludo amable como siempre:

Patricio Hola July, ¡guau te ves infartante!

Yo Hola Patricio, no me digas ese tipo de cosas…

Entonces él se da la vuelta y saca de su bolsillo una llave y cierra la puerta lentamente hasta que la llave topa y la saca lentamente de la cerradura. Por alguna razón esto me éxito sobremanera, sentí que comenzaba a mojar mi pantaleta. Él se voltea y me mira de pies a cabeza como un leopardo a su presa, avanza lenta y elegantemente como esperando mi reacción, como no me muevo me toma de la mano y hace que me pare de mi silla. Yo como una autómata me paro y me quedo quieta, él se abalanza sobre mí y me da un beso ansioso, goloso y demandante (el cual yo no esperaba), pero me adapto rápido y le respondo con igual hambre, me pego a él, a su cuerpo tonificado y fibroso, siento hasta el más mínimo de sus movimientos. Sus manos comienzan a explorar mi cuerpo, primero mis pechos que son grandes redondos suaves y con una leve fragancia de Rosas, baja con sus besos hasta ese pronunciado escote y con sus dedos comienza a destapar ese pecho poco a poco hasta que lo libera y este queda levantado solo por la copa del sostén, comienza a chupar y besar mientras con la otra mano libera el pecho que falta y lo masajea como un poseso -mmm lo siento delicioso-.

Yo aún no me muevo, me siento como estacada en suelo, pero la sensación de su toque sobre mi comienza a enloquecerme, así que tímidamente comienzo a acariciar su pelo mientas le dejo hacer. Mis pezones se yerguen como un par de estandartes y comienzo a sentir ese pequeño cosquilleo eléctrico desde la cabeza recorriendo la columna y alojándose en lo más profundo de mi vientre, además siento su erección golpear en mi sexo, el cual cada vez está más preparado para lo que se viene.

Él sigue en su camino a mi perdición, sus manos bajan por mi espalda y desabrochan en un rápido movimiento la falda que cae al piso como el pétalo de una flor, entonces me agarra con toda confianza el trasero y lo aprieta lo amasa de repente me vuelve a besar la boca y me mira sonríe pícaro y comienza a bajar mis pantaletas de encaje sin decir palabra, como si supiera que yo no lo impediría, estas caen y quedo expuesta de la cintura para abajo solo con mis sandalias de medio taco. Me observa con una expresión satisfecha y dice:

 Sé que no lo esperabas, pero ya no lo resisto más y ese escote me provocó hasta el límite, ahora te haré mía y será mejor de lo que imaginaste, si quieres puedes gritar, ya que estamos solos en este piso.

Yo solo asentí y me tiré hacia él con ganas, solté su cinturón y comencé a bajar el cierre… pero él me detuvo y me sentó sobre el borde del escritorio, me besó y bajó su mano hasta mi ya inundada vulva.

 ¡Qué lista esta señorita! Pero quiero más.

Así comenzó a jugar con sus dedos en mis labios mayores, a separarlos llegando a ese pequeño vértice de placer mimándolo con múltiples tocadas pequeñas y rápidas, se agachó y haciendo que separara bien las piernas observó con una lujuria sin fin ese mar rosado y jugoso, acercó su cara e inspiró profundo. Acto seguido comenzó a besar y chupar como un bebé a su chupete. Yo sentía que iba a explotar de placer, solo podía acariciar sus fuertes brazos y su cabeza, comencé a temblar y arquear mi espalda. Él lo supo por mi temblor, por lo que metió su dedo medio en mi vagina y justo ahí hice la más increíble y húmeda explosión que jamás había hecho… pero este no es el fin de este relato XXX de fantasía sexual.

 

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Las nalgas de Angela

Este es un relato XXX que la imaginación me dejó. Lo escribí a petición una chica de un grupo de Facebook. Espero que les guste.

Era un día de verano un poco caluroso en la playa. Estaba caminando por la arena divagando en varios pensamientos. Levanto la mirada y la veo caminando, a lo lejos, hacia mí. Al momento de acercarnos la saludo: “Hola”; ella me contesta con un “¿Qué tal?”. “¿Qué haces?”, me pregunta. Le digo que sólo estaba caminando, tratando de distraerme un poco y de alejarme de la monotonía del trabajo. Me pregunta si puede acompañarme a lo que le contesto que no hay problema. “Me llamo Angela, ¿y tú?”; “Daniel”. Así fue como comenzó nuestra introducción y la plática posterior que llevo a uno de los encuentros sexuales más cachondos que he tenido.

Seguimos hablando y al cabo de cierto tiempo nos encontramos frente a un hotel. Ella, Angela, me pregunta si la acompaño un momento al hotel mientras una de sus manos me acaricia el miembro sobre el pantalón. “Vamos” le digo mientras la encamino en dirección al hotel con mi mano en sus caderas. Una vez dentro de la habitación me siento en un sillón bastante cómodo. Angela enciende el televisor y sintoniza un canal de música. La música que empieza a suena, casualmente, es un blues lento y bastante erótico. Siguiendo ese ritmo, Angela empieza a bailar lentamente y sensualmente. Se acerca a mí y se sienta sobre mis piernas moviéndose. Se para y se aleja desvistiéndose lentamente. Con poca ropa, un brassiere cubriendo sus pechos de una chica de 23 años, y una tanga que no deja nada a la imaginación y muestra esas tremendas, duras, y bien formadas nalgas que tiene, se acerca a mí gateando.

Con sus manos en mis piernas siento como va jalando de ellas para abrirlas, desabrochar mi pantalón y bajarlo. Con un bulto en mi bóxer, debido a la excitación que traía, Angela me ve a la cara mientras lentamente me lo quita. Voltea a verme de nuevo y, sonriendo, se acerca a mi pene para darle unas lamidas. Lentamente lo lame. Llega a la punta y hace círculos con su lengua al rededor de la cabeza. Mis ojos se van hacia atrás por el placer que ese movimiento me provoca. Se para y se sienta en mis piernas. Puedo sentir cómo va entrando mi verga erecta en su conchita húmeda y apretada al mismo tiempo que la escucho pujando por tener mi pedazo de carne entrando en ella. Así sigue haciéndolo una y otra vez hasta que desliza con facilidad hacia adentro y hacia afuera. Los sentones que me da son con fuerza. “Reviéntame el ano” me dice entre gemidos. “¿Te gusta mi verga, Angela? Te gusta sentirla dura dentro de ti, ¿verdad mami?”; “Sí, bebé; métemela más. Más. Más. Duro. Fuerte. Hasta adentro”

Después de taladrar su puchita me pregunta: “¿Estás por venirte? Hazlo, pero hazlo en mis nalgas; me encanta sentir la leche de mi pareja escurriendo por mis nalgas.” Rápidamente se pone a gatas en el suelo. Levanta su culo presentándome las nalgas y meneándolas, tentándome a eyacular en ellas. Las aprieto, las beso y las muerdo antes de liberar mi semen y que pinte esas blancas morenas con un color blanco.

Angela queda así, a gatas, en el suelo. Jadeando y bañada en sudor, este recorriendo su cara, y mi semen recorriendo sus redondas nalgas morenas.

 

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Las nalgas de Angela

Este es un relato XXX que la imaginación me dejó. Lo escribí a petición una chica de un grupo de Facebook. Espero que les guste.

Era un día de verano un poco caluroso en la playa. Estaba caminando por la arena divagando en varios pensamientos. Levanto la mirada y la veo caminando, a lo lejos, hacia mí. Al momento de acercarnos la saludo: “Hola”; ella me contesta con un “¿Qué tal?”. “¿Qué haces?”, me pregunta. Le digo que sólo estaba caminando, tratando de distraerme un poco y de alejarme de la monotonía del trabajo. Me pregunta si puede acompañarme a lo que le contesto que no hay problema. “Me llamo Angela, ¿y tú?”; “Daniel”. Así fue como comenzó nuestra introducción y la plática posterior que llevo a uno de los encuentros sexuales más cachondos que he tenido.

Seguimos hablando y al cabo de cierto tiempo nos encontramos frente a un hotel. Ella, Angela, me pregunta si la acompaño un momento al hotel mientras una de sus manos me acaricia el miembro sobre el pantalón. “Vamos” le digo mientras la encamino en dirección al hotel con mi mano en sus caderas. Una vez dentro de la habitación me siento en un sillón bastante cómodo. Angela enciende el televisor y sintoniza un canal de música. La música que empieza a suena, casualmente, es un blues lento y bastante erótico. Siguiendo ese ritmo, Angela empieza a bailar lentamente y sensualmente. Se acerca a mí y se sienta sobre mis piernas moviéndose. Se para y se aleja desvistiéndose lentamente. Con poca ropa, un brassiere cubriendo sus pechos de una chica de 23 años, y una tanga que no deja nada a la imaginación y muestra esas tremendas, duras, y bien formadas nalgas que tiene, se acerca a mí gateando.

Con sus manos en mis piernas siento como va jalando de ellas para abrirlas, desabrochar mi pantalón y bajarlo. Con un bulto en mi bóxer, debido a la excitación que traía, Angela me ve a la cara mientras lentamente me lo quita. Voltea a verme de nuevo y, sonriendo, se acerca a mi pene para darle unas lamidas. Lentamente lo lame. Llega a la punta y hace círculos con su lengua al rededor de la cabeza. Mis ojos se van hacia atrás por el placer que ese movimiento me provoca. Se para y se sienta en mis piernas. Puedo sentir cómo va entrando mi verga erecta en su conchita húmeda y apretada al mismo tiempo que la escucho pujando por tener mi pedazo de carne entrando en ella. Así sigue haciéndolo una y otra vez hasta que desliza con facilidad hacia adentro y hacia afuera. Los sentones que me da son con fuerza. “Reviéntame el ano” me dice entre gemidos. “¿Te gusta mi verga, Angela? Te gusta sentirla dura dentro de ti, ¿verdad mami?”; “Sí, bebé; métemela más. Más. Más. Duro. Fuerte. Hasta adentro”

Después de taladrar su puchita me pregunta: “¿Estás por venirte? Hazlo, pero hazlo en mis nalgas; me encanta sentir la leche de mi pareja escurriendo por mis nalgas.” Rápidamente se pone a gatas en el suelo. Levanta su culo presentándome las nalgas y meneándolas, tentándome a eyacular en ellas. Las aprieto, las beso y las muerdo antes de liberar mi semen y que pinte esas blancas morenas con un color blanco.

Angela queda así, a gatas, en el suelo. Jadeando y bañada en sudor, este recorriendo su cara, y mi semen recorriendo sus redondas nalgas morenas.

 

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Autorretrato mientras me masturbo

La decisión está tomada y busco acomodarme sobre mi cama. Desnudo, cierro los ojos mientras acaricio mi escroto. Me encanta sentir cómo la piel se encoge y se mueve hacia no sé dónde mientras me masturbo, juntando todos sus pliegues para presionar suavemente a los gemelos.
Masturbo con suavidad mi pene, desde el punto donde se extiende hacia afuera. Lo aprieto un poco y siento lentamente cómo se endurece. Dejo mi falo encendido y estiro el brazo hacia el frasco con crema lubricante. Saco un poco y froto con ella mi glande.
Es una sensación deliciosa, y extiendo el aceitoso fluido por toda la longitud de mi falo. Mientras lo recorro con mi mano, siento cómo se endurece más cada vez, y la sensación del frote sobre mi piel se incrementa a medida que me concentro en mi glande, disminuye un poco al alejarme de él y me dirijo hacia el fondo y así, nuevamente.
Dependo de esa crema lubricante. Sin prepucio que me permita una sensación de frote de piel con húmeda piel, necesito sentir que mi mano se desliza sobre mi verga y la recorre cuando me masturbo, llevando placer que se interrumpe tan solo de vez en cuando para apretar con suavidad mis huevos.
Veo, con mis ojos cerrados, cómo se reproducen en mi memoria recuerdos recientes y lejanos. Aún mis fantasías se pueden ver mientras mi sensación es la de una penetración real al cuerpo de mi amante.
Aprieto más, sin proponérmelo, cuando imagino que entro por el ano de alguien o por la novísima gruta de una joven que me ha entregado su virginidad.
Continúo frotándome, sin sacudirme. Simplemente me froto, subiendo y bajando con mayor intensidad. Sé que pronto explotaré y así lo dejo ser.
Aunque sé que la explosión se acerca, no me entero del instante último sino hasta que está ya encima y me entero de los espasmos que me sacuden mientras de mi se escupen, con potencia aún, hasta mi pecho y casi hasta mi rostro, los escupitajos de mi semen, espeso y cálido, que dejan charcos húmedos sobre mi pecho y mi abdomen deslizándose, lentamente, hacia el colchón.

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Relato erótico: Hoy vas a sentirme como ayer…

       Sé que estás ahí, curiosa con esos ojitos vivaces recorriendo cada letra, cada palabra mía. Hoy me acerco a ti como tantas veces, muy despacio rozando nuestras bocas,  mezclándose en alientos ardientes, mientras nos respiramos.

Vas a sentirme subiendo por tu espalda con la yema de mis dedos y con la punta de mi lengua; acaso al sentirlo experimentarás un escalofrío que te haga temblar.

Hummm! Tu  aroma me ha llegado muy adentro, casi puedo olerlo. Con caricias me envuelves, me pones inquieto cuando tus pechos se aplastan en los míos y entonces me acerco a tu oído para susurrarte: “voy a penetrarte tan duro hasta que mis huevos salten en tus nalgas y cuando me chupes mi pene duro y carnoso vas a desear que te entre por esa vagina tan apretada que tienes“. Al escuchar eso, sentirás humedecerte acompañado de un cosquilleo intenso en todo tu cuerpo, desde tu sexo exquisito hasta los dedos de tus manos.

Veo tus ojos brillar, mientras me muevo en ti, con tu sonrisa abierta cálida, tan bella. No puedo apartar de tu rostro mi mirada, cada gesto que haces cuando entro en ti me enciende más.

Me muevo en ti avanzando y retirando, abrazándote con descaro, moviendo mi cuerpo contra el tuyo, abriéndote las piernas, apretándote más y más. Mientras te estremeces y gimes, nuestros cuerpos se sacuden como descargas y en esa lucha pasional nuestras bocas se juntan besándose otra vez.

Como en un baile nos movemos sedientos e imparables: yo empujando, tú empujando, ahogando nuestros gemidos en nuestras bocas… Yo llenándote por dentro y tú mojándome todo… así quiero que me sientas hoy, tan dulce, tan inquieto, tan deseoso de ti…

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