Sexo intenso con Aries

Cuando me subí al coche me saludó, así nada más. Sin besos, sin abrazos, pero con la sonrisa llena de ganas. Ese día había elegido una blusa gris especialmente escotada, la redonda línea dejaba al descubierto la parte superior de mis senos y pude sentir su mirada sobre ellos, saboreando lo que estaba por venir.

Llegamos a la habitación de siempre, con el jacuzzi y la enorme regadera doble. Casi como un ritual fui directo a dejar mis cosas mientras comentábamos como nos había ido últimamente. En cuanto me quité la chamarra ya estaba atrás de mí, recorriendo con una mano la curva de mis glúteos, el interior de mis muslos, mientras que la otra subía por dentro de la blusa, haciendo a un lado el sostén para poder apretar mis senos. Me giró hacia él y sin dejar de tocarme me besó suavemente, pero con la promesa de las ganas que llevaba semanas aguantando. Bajé la mano y pude sentir cómo su verga crecía con la excitación.

– Quiero chupártela.

Aún medio vestido lo aventé sobre la cama y abrí sus pantalones, dejando salir su delicioso miembro. Primero lo primero, un par de besitos en la punta, una buena lamida desde la base. Escucharlo gemir cuando me la metí completa a la boca. Su sabor me vuelve loca, no puedo evitar querer mamársela hasta que se venga en mi boca, en mi cara. Pero sé que eso no va a pasar. No con él. El sexo intenso es un deporte para nosotros, una carrera de resistencia. Me empuja para poder terminar de quitarse la ropa y mientras está sentado desnudándose, yo me voy quitando la ropa frente a él. Sus manos recorren mis piernas, mi espalda, mis senos, mientras besa mi abdomen y mi vientre.

Se levanta de pronto y me gira sobre la repisa, dejando mis nalgas al aire, aún con la tanga puesta. Deja que sus dedos recorran mis labios exteriores, inflamándolos de ganas. Se lleva un dedo a la boca y regresa, para empezar a explorar la entrada de mi coño, solo para comprobar que estoy bien mojada para él. Empuja un poco hacia adentro y empieza a dibujar círculos justo en la entrada, haciéndome gemir de expectación. Ya bien mojada, sus dedos van hacia mi clítoris, empiezo a temblar. Sé lo que quiere, quiere que me corra para él, en él.

– ¿Y como está mi deliciosa putita?

– Bien caliente para ti cariño, y apretada.

– Justo como te quería.

Me levanto y se pone frente a mi, la verga dura, lista para cogerme hasta hacerme gritar.

– Levanta tu pierna.

Apoyo el pie en el buró, permitiéndole que se acomode entre mis muslos, jugando con su glande en mi clítoris y deslizándolo hasta mi coño empapado. Empuja fuerte, de nuevo me hace temblar.

– Ah! Justo así la querías. Bien adentro.

Me ve directo a los ojos, la excitación de tenerlo adentro me hace cerrarlos pero sé que él me sigue viendo, disfrutando de como me da placer. Es lo que más me gusta de coger con él, que no le importa nada más que hacerme venir y lo disfruta tanto o tal vez más que yo.

Con un movimiento rápido me levanta de la cadera sin salirse de mí. Su verga tiene el tamaño para quedarse clavado en mi interior mientras me tira sobre la cama. Siento su peso encima y abro las piernas, levanto la cadera, para permitirle entrar hasta el fondo. Esta vez no hay más previos, empieza a follarme con ganas, con fuerza, deteniéndome entre sus brazos. Siento el primer orgasmo explotar a su alrededor, apretándolo, estrujándolo. Veo su sonrisa de satisfacción al hacerme correr.

Usualmente el juego se acaba aquí para mí, los hombres dicen que los ordeño. Pero no con Aries, esto es apenas el principio. Cambia a un ritmo más lento pero no deja de moverse en mí, sacando casi toda la verga y volviendo a entrar, dejándome sentir cada centímetro de ella en mi vagina y sus testículos golpeando contra mis glúteos. Me vuelve loca, empiezo a mover la cadera a su ritmo y entonces empieza a darme tan fuerte que me clava de nuevo contra el colchón. Cierro los ojos, dejo que mis manos recorran su espalda mientras me pierdo en la sensación y el placer. Otra vez me corro, otra vez sonríe y se levanta para quedar frente a frente. Es un mamón, se pone a hacer lagartijas mientras me la mete, dejándome ver perfectamente cómo me va abriendo y la extensión completa de su miembro, empapado en mi jugo.

– Show-off. – Le digo con una sonrisa y aprovecho la posición para dejar que mis dedos se enreden en el vello de su pecho. Es un oso, tal cual. Encuentro sus pezones y empiezo a juguetear con ellos, rozándolos con la punta de mis dedos. Cierra los ojos y gime profundamente

– Uy sí, putita, sabes que eso me encanta – Empieza a murmurar mientras mi lengua lame su pezón derecho y mis dedos aprietan el izquierdo hasta que se ponen duros. Lo chupo, eso lo dispara y empieza a enterrarse con fuerza de nuevo dentro de mí. La posición en la que estoy hace que tenga un acceso completo, puedo sentir la punta de su pene golpeando el fondo de mi vagina cada vez con más fuerza.

En medio de tanto sexo intenso, entre gemidos, logro decirle – Así, justo así – Sin voltear a verme me ordena – Se dice “más duro” – Otra vez me voy a correr, es como si el cabrón hubiera encontrado el botón de “orgasmo” en mi coño. Regreso a sus pezones, y mientras le mordisqueo uno le suplico.

– ¡Más duro! ¡Más!

No tengo que decirlo dos veces, mientras me embiste con violencia puedo sentir como toda mi vagina se contrae alrededor de él, puedo sentir que su miembro pulsa en mi interior, aguantándose la eyaculación pero dejándose disfrutar del orgasmo. No se detiene y me deja terminar, empujar la cadera para que entre más al fondo. Cuando termino empiezo a temblar. Él se levanta frente a mi, con su verga aún atrapada en mi coño contraído por el orgasmo. Me recorre descaradamente con la mirada y sus manos estrujan mis pechos, sus dedos aprietan mis pezones, los jalan.

– Muy bien putita, muy bien. –

Se aleja, puedo sentir como escurro la parte interior de los muslos y lo veo allí, hincado en la cama frente a mi, con la verga llena de mi. Me volteo y quedo en cuatro puntos frente a él, no le pregunto nada, solo me meto su verga a la boca. Ya no está dura, pero probarme en él me hace lamerlo completo, hasta que logro que tenga otra erección. Le gusta que lo masturbe, desde la empuñadura, mientras me meto el glande a la boca y se lo lamo de todas las formas que se me ocurren. Cuando está listo me levanto y lo aviento sobre el colchón, quiero metérmela otra vez.

– Es mi turno de estar arriba, y te tengo un regalo.

– ¿Ah si? A ver.

Saco un churro y el encendedor y le doy una larga fumada, llenando mis pulmones del embriagante humo. Me inclino sobre él y dejo salir el humo mientras me besa, dejando que lo aspire directo de mi boca. Nada como un buen viaje compartido a Orgasmolandia. Hincada junto a él abro las piernas y me acomodo sobre su cadera, la punta de la verga lista en mi coño. Sus manos en mi cadera me guían hasta abajo, entrando suavemente en mí. Las ganas me hacen levantarme y empezar a mover la cadera furiosamente, tallando mi clítoris en su vello púbico. Es casi instantáneo, me arqueo hacia atrás de placer y dejo expuesto mi clítoris, él se aprovecha y con su pulgar me masturba mientras yo muevo mi cadera, sintiéndolo bien adentro. Puedo sentir cómo me corro de nuevo, empapando su cadera, su vello, sus testículos.

– Me haces venir de formas que no sabía que podía venirme – Lo miro directo a los ojos, – Carajo, estoy enamorada de tu verga y mientras más me das, más quiero. 

Se ríe de mí, pero sé perfectamente que es justo lo que quiere oír, su puta personal suplicando que la folle de todas las formas que se le ocurran.

– Me encanta que descubras cosas nuevas. 

Agarra uno de mis senos, apretándolo con suavidad, acariciando el pezón erecto con sus dedos para luego acercarme a él y lamerlo, tomándolo entre sus dientes, tironeándolo levemente. Sus manos en mi cadera me detienen para permitirle entrar a su gusto, sus dedos bajan justo a la altura de la base de mis nalgas para estirarme y abrirme. Miro el espejo y veo mi reflejo, cabalgándolo, disfrutándolo. Si alguien grabara esto podríamos hacernos millonarios con una gran película porno. Quiero probar otro ángulo y me volteo, dándole la espalda, de forma que puede ver perfecto como me la mete completa en el espejo. El reflejo no miente, su gran verga me tiene empalada hasta el fondo y yo no puedo parar de moverme, guiada por él, hasta correrme de nuevo.

Caigo en la cama agotada y él se levanta a llenar el jacuzzi. El agua es un ambiente maravilloso, sé las cosas que puede hacer allí, las posiciones que pueden ocurrírsele. No entiendo como mi cuerpo agotado puede seguir queriendo más de esto, más de él. Regresa a la cama y me abre las piernas, su mano recorre mi muslo hasta llegar a mi coño bien rasurado, lo acaricia, disfrutando la humedad causada por él y para él, para que pueda deslizarse dentro de mi todas las veces que quiera. Si, soy su puta, puede cogerme hasta que se harte. Se la he mamado mientras ve la tele, solo porque estaba aburrido. Y me fascina. Cuando estoy bien caliente otra vez me deja, va al jacuzzi y se mete.

– Sé una buena putita y prepárame otro toque. – Vaya que lo tengo consentido, obedezco sin chistar.

Pongo música, un playlist que le he estado armando, canciones con las que quiero que me coja. Cuando me meto, el agua está hirviendo pero no me importa, justo empieza Closer.

– Esta es la canción que me recuerda a ti.

Sonrío de nuevo, él sabe que es justamente lo que quiero. “I want to fuck you like an animal”. He estado viendo su verga a través del agua, no lo puedo evitar, quiero más de él así que mi mano va directo a masturbarlo de nuevo. El ritmo de la música es perfecto y cuando su erección está lista, me monto de nuevo en él, deslizando cada centímetro de su miembro hasta el fondo de nuevo. Segundo round y la música sigue sonando, él me guía, me da el movimiento, el ritmo, y yo me dejo llevar. El agua salpica todo, no importa, solo importa que está dentro de mi otra vez y que me estoy corriendo de nuevo, sus manos en mi cadera, deteniéndome para no perderse ni una sensación cuando mi coño vuelve a estrujarlo. Coger en el jacuzzi es una de mis formas favoritas, lo muevo hasta que encuentro la posición exacta. Acomodo su glande directo a la entrada de mi coño.

– Estás seca mi amor.

– Es lo malo del agua. Pero te puedo asegurar que por dentro estoy bien húmeda y caliente.

– Veamos si es cierto.

Sus dedos de nuevo a la base de mis nalgas, me abre y empuja hasta adentro. Grito por el dolor/placer.

– Relájate y déjame cogerte rico. 

Murmura cosas sobre lo rico que es cogerme en mi oído, otra vez me dejo ir, llevada por él, cada vez más duro, más profundo.

– Quiero que me cojas hasta que me desmaye de placer. No quiero que pare el sexo intenso

Grito mientras me vengo de nuevo. Esta vez no me deja descansar, aprieta más mi cadera y empieza a moverse dentro de mi.

– Eres mi fantasía perfecta, una puta a la que le gusta que me la coja como se debe y que sabe venirse bien rico. 

Lo escucho gemir, eso me prende más todavía. Saber que me desea así, solo por el placer que le doy, por el placer que me da. La música sigue, yo la sigo, no sé cuanto tiempo ha pasado y todo desparece a mi alrededor cuando comienza “You could be mine”. El ritmo de la canción, su verga bien enterrada en lo más profundo de mi, lo empujo y quedo arriba de él. El agua me ayuda a moverme sin esfuerzo, hasta adentro, viendo como disfruta que me lo coja así. Me corro de nuevo y me dejo caer hacia atrás en el agua. Pero él no va a dejar que se quede en eso y me detiene con sus piernas. Me va a hacer venir otra vez, hasta que no pueda ni respirar. Pone sus manos en mi espalda baja, enterrándose de nuevo hasta adentro con furia, con ganas. Lujuria pura. Nada más, sexo en su forma más primitiva, haciendo que todo mi cuerpo tiemble.

Cuando termino me suelta, me hundo en el agua. No puedo moverme, todo mi cuerpo está a punto de desplomarse. Lo veo salir del agua, tirarse en la cama. –Ven aquí, ándale, relájate – Verlo allí tirado, desnudo, es ver mis más locas fantasías hechas hombre. Tengo que tocarme. Sigo en el agua, así que me deslizo y quedo con las piernas totalmente abiertas para qué vea lo que estoy haciendo.

– Ese es el problema con las multiorgásimcas, todos los hombres quieren una pero cuando la tienen, ya no saben que hacer con ella. 

Tengo que reírme, es cierto. Pero él sabe muy bien que hacer conmigo. Cogerme. Así de sencillo, una y otra vez, duro. Nos hemos aguantado las ganas de que me deje bien marcada su mano por toda mi piel, tal vez algún día. Deseo tanto el dolor al sentir su palma golpeando mis nalgas, mis muslos, mis senos.

Salgo del jacuzzi directo a la cama y me enciendo un cigarro, al fin un respiro, pero siento mi coño palpitar todavía, disfrutando de las últimas oleadas de placer y expectante ante volver a recibir la verga que tanto desea. La idea me da escalofríos. Estoy sentada a la altura de su cadera, así que tengo total acceso a su pubis, la tentación es mucha, acaricio su muslo hacia los testículos, metiendo uno en mi boca. No se lo esperaba así que lo que quiera que me estaba diciendo se queda a medias. Enterrar la cara en su vello y olerlo, mientras mi lengua acaricia suavemente el testículo en mi boca y mi mano se aprieta alrededor de su pene.

– Se me va a poner dura otra vez. – Levanto la mirada. – Esa es la idea. 

Aprovecho y cambio de testículo, me lo quiero comer todo, su sabor es adictivo, su olor me embota los sentidos y solo puedo pensar en qué nuevos trucos hacer para darle más placer, en que tan pervertida puedo llegar a ser para él. Puedo ver en sus ojos que él también quiere saberlo.

Su verga está lista otra vez, tan dura como en el primer round, es un maldito dios del sexo, y yo soy la musa que lo inspira a dejarse llevar a lo más profundo de la perversión. Le he contado todas mis fantasías, todo lo que quiero que me haga y que me haga hacer, incluso las más obscuras, las que me niego incluso a mi misma. Lo he hecho mientras me la mete toda en mi coño apretado, constantemente húmedo cuando él está cerca. Voy a montarlo otra vez. Tengo que hacerlo disfrutar con mis orgasmos. Abro las piernas sobre su erección, llevándolo a la entrada, solo la puntita, me mojo más, estoy lista para que mi coño se lo coma completo otra vez.

Cuando me la meto sus brazos me jalan hacia él, quedo recargada sobre su hombro, he aprendido a dejarlo hacerme, relajarme, solo sentirlo meterla una y otra vez, enseñándome a sentir placer. Lamo el sudor de su hombro, subo por su cuello, siento su barba raspar mi mejilla. Es perfecto, carajo, perfecto. Cierro los ojos y aspiro profundamente, su olor llena mis pulmones, es la droga más dulce que he probado. Siento como sus dedos dejan mi culo al aire y mi coño se abre más para su verga. Voy a enloquecer, me levanto empiezo a mover la cadera de nuevo, lo miro, otra vez sonríe.

– Eso es preciosa, vente rico.

– Para ti, lo que sea cariño. ¿Te gusta que me venga para ti?

– Me encanta, me encanta ver como disfrutas que te la meta.

No puedo más y dejo que mi cuerpo estalle en un orgasmo como jamás lo había sentido. 1, 2, 3, 4, 5 fuertes contracciones, pierdo la cuenta. No puedo respirar, no puedo parar de temblar en contracción tras contracción de placer. Grito, ya no importa nada, no me importa que me escuchen en las otras habitaciones o en tres cuadras a la redonda. Que se enteren que este hombre sabe cogerme como nadie lo ha hecho. Termino y me dejo caer de nuevo sobre su pecho, me abraza casi hasta tierno, acariciándome con sus manos, empujando suave su verga para que sepa que aún está allí y que me va a dar más. Va construyendo el siguiente orgasmo lentamente. Sigo mojada, cada vez más, más caliente ¿Cómo lo hace? No lo sé. Otra vez hacia arriba, otro orgasmo listo para él.

– ¿Otro? No seas tan puta.

– Contigo no lo puedo evitar, quiero que me hagas venir.

Ya no supe cuantas veces más repetimos la escena, hasta que caigo a un lado de él, boca abajo. Pone su mano en mi espalda, baja hasta donde inician mis nalgas y vuelve a subir.

– Anda, termina de venirte, de disfrutarlo.

Si, eso es lo que debo hacer, dejo que todo mi cuerpo se relaje después del maratón de placer que me acaba de dar. Cierro mis ojos, lo siento moverse junto a mi, seguir acariciando mi cuerpo. Toma mis piernas y me gira sobre mi costado para acomodarse entre mis muslos. Trato de moverme pero deja caer su peso sobre mi

– Tranquilita, deja que me acomode dentro de ti. 

Soy adicta a él, sabe que voy a hacer lo que me pida. Me quedo quieta, dejando que su verga dura me penetre de nuevo, sintiendo sus testículos contra el interior de mi muslo. Embiste duro, grito otra vez. En cuanto ya está bien adentro aumenta el ritmo, la fuerza, abro más las piernas, rodeando su cintura con la pierna libre, sus manos acariciando mi espalada y apretando mis senos. Voy a desmayarme de placer cuando me corro otra vez. Vuelve a girarme, quedo boca abajo, sintiendo su peso sobre mi, su cadera contra mis nalgas, su verga bien dentro de mi coño. Me murmura lo mucho que lo excita que su putita disfrute tanto que se la coja y no para hasta que me vuelvo a correr. Levanto la cadera y aprieto los músculos para que sepa que quiero más pero se levanta y me da una nalgada

– Suficiente, quiero que te quedes con ganas de más para la próxima vez. –

No sé cuando lo voy a volver a ver, no es importante. Estaré allí, lista, húmeda y caliente para disfrutar del sexo intenso con él.

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Sexo liberal con mi amigo Juan mientras su novia miraba

Hola chicos y chicas, hoy os quiero contar una historia de sexo liberal que me propusieron unos amigos. Como algunos ya saben me llamo María y no es la primera vez que escribo un relato aquí. Es la forma en que me siento liberada al compartir estas experiencias eróticas y sexuales, a la vez que me pongo algo cachonda imaginando o recordando mientras escribo, la verdad.

Bueno, el relato que quería contarles hoy es algo que me pasó hará un mes, cuando un sábado por la mañana Marta, la novia de mi amigo Juan, vino sola a mi casa para que les prestara la aspiradora. Ellos viven a unas 2 manzanas de mi casa, por lo que no me importaba prestarles de vez en cuando algo. Ya hacía unos años que nos conocíamos Juan y yo, y a Marta la conozco de hará unos 3 meses, que es lo que lleva saliendo con Juan.

Cuando Marta llegó a mi casa, todo era normal. La invité a pasar a la casa mientras iba a buscar la aspiradora al trastero. Al llegar de vuelta al salón con la aspiradora en la mano, encontré a Marta rara, la noté algo nerviosa. Era como si quisiera decirme algo, pero no sabía cómo,por lo que le pregunté si le pasaba algo. Marta, con una voz algo temblorosa asintió con la cabeza a mi pregunta tras lo que me respondió que no había venido solo a por la aspiradora, que eso era más bien una excusa para pedirme algo sin que Juan estuviese delante. Temblorosa y con voz tímida se acercó a mi cara y me dijo en voz baja, como asegurándose de que nadie se enterase, que me encontraba bastante atractiva. A la vez que me aclaraba que ella no era lesbiana ni le gustaban las chicas de forma sexual, pero que sabía apreciar cuándo una chica era bastante guapa y atractiva. Me contó que ella era muy abierta en el sexo y que estaba intentando hacer que Juan lo fuera también por lo que tenía una proposición para mi.

Yo me quedé callada, sin saber qué responder o decir a todo lo que me estaba contando.

He de reconocer que a mi sí me gustan las chicas, además de los chicos, y que Marta es muy atractiva, morena con ojos claros, una cintura pequeña y con unos pechos pequeños, pero un gran y firme trasero.

Tras unos segundos de silencio en los que ella quedó a la espera de cómo reaccionaba yo, le dije entre risas que estaba muy agradecida por el cumplido, que no solo ella era abierta en cuestiones de sexo. La tranquilicé contándole una experiencia que tuve una vez con un chico en la que pasó una cosa bastante graciosa y empezamos a reírnos. Roto el frío y el miedo a qué le respondería, se lanzó directa a preguntarme si me gustaba Juan físicamente. Con miedo a cómo le sentaría mi respuesta le dije que Juan no estaba nada mal, éramos amigos de hacía tiempo y lo veía solo como un amigo, pero físicamente es un tío guapo y atractivo. Ella sonrió y fue más directa al grano. Me dijo que no me preguntaba porque estuviese celosa, sino todo lo contrario. Ella quería montarse un trío con Juan y otra chica y no sabía dónde encontrar una chica de confianza con la que Juan abriese más su mente en el tema del sexo liberal.

La verdad es que nunca me había propuesto tener sexo con Juan, pero la idea de follar con Marta me ponía bastante cachonda y seguro que Juan tenía una buena polla. Recuerdo algún que otro verano entre amigos en la playa donde Juan solía marcar un buen paquete.

No me lo pensé mucho y le dije a Marta que estaría dispuesta a probar una experiencia así. Que si a Juan no le parecía mal la idea podríamos quedar los tres un día en casa de ellos para tomar algo y ver cómo transcurría la experiencia.

Cita para sexo liberal

No vi a Juan desde que quedé con Marta en visitarlos en su casa al martes siguiente. No sabía cómo reaccionaría al verme, pero iba dispuesta a pasarlo bien esa noche. Me preparé y me puse un conjunto sexy, uno que me gustaba especialmente. Rojo y ajustado, con un buen escote.

Al llegar a casa de Juan y Marta, me recibieron juntos en la puerta entre risas y bromas, contentos porque estuviese allí de visita. Tras invitarme a pasar y un par de besos de Juan, Marta me saludó con un solo beso pero en los labios, corto pero picante tras lo que me daba las gracias al oído por haber decidido compartir con ellos un momento así. Las dos nos dirigimos al salón mientras Juan en la cocina recogía unas copas con ginebra para los 3.

La verdad es que para ser la primera vez que hacía algo así me sentía muy cómoda, supongo que era porque a ambos los conocía ya bastante bien e incluso a Juan de hacía años.

Marta solo miraba mientras se masturbaba y gemía

Al entrar Juan al salón, nos ofreció las copas sentándose en el sofá junto a mí. Era un sofá de dos plazas, junto a un sillón de una sola plaza que tenían en el salón y donde se había sentado premeditadamente Marta. Cosa de la cual me daría cuenta después.

Empezamos a hablar bromeando sobre una situación así de sexo entre amigos, de porqué Marta le había propuesto algo así a Juan y de qué me parecía esa idea de sexo liberal.

A los pocos minutos, que ya estaban Juan y Marta echándome piropos por el vestido y por como reía, Marta se levantó dirigiéndose al interruptor de la luz, apagando la luz principal y dejando solo una luz tenue de fondo, a la vez que subía un poco el volumen de la música en el salón. Entonces decidí dar un paso yo, ya que Juan podía notarse en el fondo algo nervioso, y empecé a frotar mi mano sobre el muslo de Juan mientras éste me miraba a los ojos sonriendo.

Marta, mientras, volvía a su sillón y se acomodaba mirando cómo Juan se acercaba y me metía boca. Comenzamos a besarnos a la vez que él me empezaba a tocar a mi la entrepierna, suavemente subiendo su mano poco a poco hasta frotarla en mis bragas. Fue algo rápido, cuestión de pocos minutos cuando ya podía sentir mis bragas húmedas debido a mi gran excitación.

Dejé entonces de besar a Juan, separándome un poco de él mientras con las dos manos le iba desabrochando la correa y el pantalón. Pude ver entonces a Marta en el sillón con su vestido subido agarrando con una mano sus bragas a un lado, mientras con la otra mano se frotaba suavemente sus partes íntimas mientras nos miraba fijamente. Eso me puso aun más cachonda ya que no solo era una chica guapa, sino que tenía un coño bastante bonito y apetecible.

Entonces, Juan se levantó mientras yo seguía desabrochando los botones de su pantalón, quedando de pie junto a mí, con su paquete a la altura de mi cara. A la vez, me ayudaba a quitarle los pantalones y los calzoncillos bajándolos y dejando al descubierto su enorme polla flácida, aunque podía apreciarse cómo iba endureciéndose por segundos.

Con esa enorme polla junto a mi cara, vi a Marta, que seguía junto a nosotros en el sillón masturbándose, a lo que me dijo -”vamos, cómetela”- Cosa que no pude rechazar, y tras su consentimiento y el de Juan, que ya sabía que lo tenía ganado, empecé a acariciar esa enorme polla con mi mano derecha, mientras con la izquierda me empezaba a tocar yo misma mi húmedo coño.

Ya casi dura del todo la introduje en mi boca y empecé a chupársela como una auténtica viciosa. Era una polla a la que le tenía ganas desde hacía tiempo. Para mí, era como una fantasía cumplida.

Unos cuantos minutos chupándosela a Juan de todas las formas posibles, incluso le masturbaba con una mano mientras con la otra le acariciaba y le chupaba las pelotas, hasta que Juan no pudo aguantarse más. Me agarró fuertemente levantándome entre sus brazos, comiéndome toda la boca aún llena de saliva por la felación y tirándome con fuerza contra el respaldo del sofá, de espaldas a él y Marta, quien seguía sentada, con las piernas abiertas y frotándose fuertemente su coño y gimiendo de vez en cuando mientras veía cómo Juan empezaba a follarme en el sofá con su gran  y dura polla.

De espaldas a ambos, no podía dejar de gemir al notar la dura y grande polla de Juan follándome con ganas el coño, a la vez que pensaba en que Marta estaba ahí, mirando toda la escena y masturbándose a la vez. En cuestión de minutos noté cómo Juan dejó de meter su polla con esa fuerte intensidad del principio hasta que paró y me dijo que me tocaba a mí. Se sentó en el sofá, no sin antes comerle la boca unos segundos a su novia Marta, y seguidamente me subí sobre él. Nunca olvidaré la cara de viciosa que tenía Marta en ese momento, como si quisiera follarnos a los dos, pero solamente se limitaba a ver y a meterse hasta tres dedos en su coño a la vez que con la otra mano frotaba su clítoris.

Subida sobre Juan, empecé a mover mi cintura, algo que se me da bastante bien, dando giros y haciendo la presión adecuada según veía en la cara de Juan cuando más le gustaba. Al poco tiempo de estar encima de Juan, mientras este me comía las tetas y yo movía mi cintura con fuerza, noté cómo Marta, desde atrás, me daba un fuerte cachetazo en el trasero, diciéndome que le diese bien fuerte, que quería verlo correrse “en ese coño”.

Se refería a mi coño, claro está, y sin pensármelo demasiado empecé a hacer más presión sobre la polla de Juan, girando la cadera y agarrándome las tetas para acercárselas a la boca… entonces, Juan no pudo más y se corrió. Pude notar cómo eyaculaba dentro de mi coño, sin condón, ya que yo utilizo la píldora normalmente y no era un problema el no usar protección ya que eramos amigos y nos conocíamos.

Al mismo tiempo que recibía la leche de Juan en mi coño, giré la cabeza buscando a Marta, la cual estaba teniendo un orgasmo mientras se masturbaba viéndonos. Entre la gran polla de Juan explotando dentro de mi vagina, y la imagen de Marta gimiendo y eyaculando en un gran orgasmo, no recuerdo haber estado nunca más excitada. Seguí moviendo fuertemente mi cintura mientras aún Juan tenía su polla bien dura hasta que llegué a correrme yo también. Fue la corrida más fuerte que he tenido en mi vida.

Los tres quedamos allí agotados y, entre risas, comentábamos lo bueno que había sido.

Tras recoger un la ropa y beber un poco más de la copa decidí dejarlos solos en su casa, por lo que me marché tras despedirme de ambos con un beso en la cara. Había sido una buena noche, aunque no puedo decir que lo fue para el sofá. El pobre sofá terminó manchado entre las corridas y el sudor, seguramente tendrán que cambiarlo, pero fijo que les mereció la pena, al menos a mí sí. jijiji. Una experiencia de sexo liberal más que sumar a las que ya tengo vividas. ¡Y las que me quedan!

Besitos, :)

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