CHUBBYS & COUGARS

 Mi nombre es Alonzo, tengo 19 años,  actualmente vivo en una zona rural debido a mis estudios. Alquilo un cuarto a una mujer de cuarenta y tantos que vive con su pequeño hijo.

El año pasado me cogí a mi vecina Irene de 38 años, después
de este año he perdido contacto con ella, es una verdadera lástima.

Soy de estatura media, tengo un cuerpo delgado, siempre me
han encantado las mujeres mayores, aunque con Irene debute, esta temporada
conocí a una mujer que volvió bastante interesante mi estancia en este pueblo.

Un viernes por la tarde, después de clases me dirigía a mi
casa en dicho pueblo, cuando un se detuvo en la parada, y se bajó una mujer.
Una mujer de cuarenta y tantos, piel morena, tenía rasgos fuertes, pelo largo
negro, un poquito gorda no mucho, siempre me recordaba a alguien, no fue hasta hace poco que me di cuenta que se parece mucho a Niki Santana (busquen niki santanaxxx jajaja) solo que un poco mayor.

La mujer vestía una blusa roja, un jeans y unos zapatos con
tacón bajo,  no es muy alta tal vez 1.60 y con zapatos, su pelo negro y largo lo tenía suelto. Traía un bolso y una cara de pocos amigos. Veníamos caminando en sentido contrario, cuando estuvimos al lado del otro me dedico una mirada perversa, y se echo una risilla, yo quede en shock, cuando no llevaba mucho de haberla encontrado me volví para verla, y mi
sorpresa fue que ella también estaba viendo, y me dedico un saludo moviendo la mano.

La desconocida Marcela

Llegue a la casa arrepentido de no haberle hablado a aquella
mujer, me dirigí directamente al cuarto pensaba hacerme una buena paja pensando en esa mujer, cuando estaba a punto de hacerlo, tocaron a mi puerta, Salí y era Sara, la dueña de la casa, y para mi sorpresa estaba con la mujer de la parada,wao, sentí de inmediato una erección, -ella es mi hermana mayor, se llama Marcela-dijo Sara. Marcela me tendió la mano, llevaba anillos desde el dedo índice hasta el dedo meñique, le di la mano y nos quedamos viendo sosteniendo la mano.

-Mucho gusto Marcela- me dijo con una mirada y una sonrisa
un poco perversa.

-Mmmm hola, ehhh Alonzo, mucho gusto-dije nervioso

-Bueno yo los dejo para que hablen, tengo que salir pero
vuelvo en un momento-dijo Sara, y se fue.

-Doña Marcela quiere algo de tomar?

-Ahhh no me diga doña jajaja, mmm si claro.

-Una cerveza?

-Mmmm que rico, si claro, guapo e inteligente-me dijo y me
sonrio y volvió a ver con esa risa picara.

-Bueno, ya vuelvo-se apresure a traerle la bebida.

Le di la lata de cerveza, la abrió y bebió casi la mitad de
un trago, que mas podrá tragar pensé y volví a sentir un movimiento en mi
entrepierna.

-Y cuanto se viene a quedar donde Sara?

-Mmm unos días, la otra semana tengo que hacer un trámite
por aquí cerca, pero aproveche para venir a pasear donde mi hermana.

-Ya entiendo.

-Y no se aburre usted aquí?- me pregunto Marcela

-Un poco, por aquí ahí poco que hacer.

-Y la novia?      – Pregunto
con curiosidad

-Ah no yo no tengo novia jajaja- dije riendo

-Mmmm cómo? Un papucho tan guapo como usted y solito? –dijo con
esa mirada

-Jajaja gracias –

-Si yo no estuviera tan mayor, ya te hubiera clavado las
uñas, jajaja-

-Ahhh jajaja, cómo?, una pregunta privada, cuantos años
tiene usted?

-Mmmm en secreto,jajaja, tengo 53 años.

-Ohhh , enserio?

-Si papi, porque me veo muy vieja?

-Noo al contrario yo te calculaba 45 o menos!!!

-Jajaja gracias, y vos minimo tienes 16, si fueras un
poquito mayor- y me miro con una mirada malisiosa.

-Jajaja pero yo tengo 19!!! Hace poco los cumpli.

-Mmmm papi,  entonces no tenemos ningún problema jajaja, y como te gustan las mujeres?- me pregunto Marcela, estábamos sentados en el sofá largo en la sala.

-Siempre me han gustado mayores, maduras.

-Ah ya veo, así como de 53 años? Jajajaja- dijo Marcela

-Mmmm son 34 años de diferencia, no es mucho?- dije un poco
asustado

-Que pasa? Te da miedo, jajaja-dijo Marce sarcásticamente.

-No yo no tengo ningún problema, desde que te vi ahora te quiero
comer-dijo- y por lo visto alguien me quiere conocer también y señalo mi
entrepierna donde se veía levantado y mojado en la punta el pantalón café.

-Jajajajaja, si desde que la vi se me levanto, puedo hacerle
una pregunta?

-Dime

-Porque usa anillos casi en todos los dedos?

-Mmm por nada, porque?

-No son incomodos?

-Para nada, más bien agarro mejor- con su mano hizo la forma
como hacerse la paja, y la sacudió mientras me veía con esos ojos de mala- nada
se me escapa.

-Mmmm

-Apretemonos un rato mientras viene mi hermana, cuando viene
nos separamos y disimulamos

-Esta bien

Nos acercamos y empezamos a besarnos, Marcela me metió la
lengua desde el principio hasta adentro, los besos eran bastantes sonoros, yo sentía
que mi pene iba a explotar o romper el pantalón, estuvimos apretando por un
largo rato, Marcela me empezó a sobar la polla por encima del pantalón.

-Uy papi lo tenes duro duro.

-Si estoy a full.

-Mi hermana andara muy largo?

-No quiere una sobadita papi?

-Siii claro

-Pero me da miedo que Sara venga.

-En la otra casa hay un perro, y siempre ladra, solo estar
atentos.

-Bueno papi.

Me saque mi polla, y Marcela puso una cara de sorpresa, se quedo mirando largo rato.

-Wao papi estoy que enorme, uyy,- dijo y la agarro con su
mano derecha llena de anillos y empezó a sobarla.

-Esta pequeña verdad? Jajaja

-Al contrario esta enorme, uy- empezamos a besarnos y ella seguía
frotándola lentamente.

Una buena mamada

Sin decir nada se inclino y empezó a mamarme la polla, yo
estaba en trance, Marcela lo hacía de una manera ruidosa, se lo metía y hacia
sonidos como una especie de chuck chuck chuck, luego de un rato se la saco con un sonoro blop como un descorche, se puso de pie. Se puso delante mio y se puso de rodillas y se acomodo entre mis piernas, ahora estaba enfrente de mi verga.

-Ahora si papi, te voy a ordeñar jajajaja

-Jajajaja

-Me avisa cuando se va a regar.

La agarro y empezó a sobar y mientras me veía con cara de
loca, me dijo, -papi usted pídame lo que quiera, cualquier fantasia, lo que
quiera, lo que sea-yo estaba extasiado.

Se la metió y mientras me la chupaba me masturbaba, yo
estaba en otro mundo, Marce empezó a hacerlo mas rápido yo sentí litros de
leche bajando por mi vientre, en ese momento el perro empezó a ladrar, Marcela se levanto de un salto, yo me la guarde como pude. En ese momento entro Sara.

-Que calor hace afuera, y ustedes encerrados.

-No aquí no esta tan caliente- Dijo Marce

-Que es ese olor? Huele raro-dijo frunciendo el ceño Sara

-A mi no me huele a nada, y como te fue?

-Bien, bien, vamos a la cocina y te cuento- Sara se fue.

-Esto no ha terminado- me dijo Marce riéndose y se fue para
la cocina…

Continuará…     

 

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Irene

Mi nombre es Irene, tengo  43 años, mido 1.60 aproximadamente, cabello
corto aunque antes lo usaba largo, contextura gruesa soy gordita jajaja. Pechos
medianos normales, un culo grande y parado (siempre ha sido mi orgullo), soy de
piel blanca, soy como cualquier mujer, tu vecina que pasa desapercibida, no me
arreglo mucho tampoco.

Me case relativamente joven a los 20 años con
un hombre el cual perdió  el interés en
mí hace años. Él también me ha sido infiel en varias ocasiones, antes me dolía,
ahora encontré con mi pasatiempo ya no.

Siguiendo con mi descripción
nunca le había sido infiel a mi marido, aunque siempre había sido picara, me
gustan los hombres y mucho, siempre le decía algún comentario un poco
obsceno  o le dedicaba una mirada a alguno,
pero hasta ahí y todo en broma.

Todo cambio cuando cumplí 38
años.

Ahora les hablare de mi vecino, lo
llamare A, con él fue que empezó mi desmadre como lo llamo yo jajaja, tenía en
ese momento 18 añitos recién cumplidos, acaba de retirar su documento de identidad.
Es delgado, un poco más alto que yo, y siempre muy callado me parecía raro.

Este vecino siempre había tenido
fantasías conmigo, según me contó después, yo notaba que me miraba mucho, y
siempre trataba de estar en mi casa con mi hijo de una edad parecida,  recuerdo que tenía mi número telefónico, y a
veces me escribía y enviaba vídeos e imágenes, casi siempre porno jajaja,
aunque yo pensaba que era cosa de jóvenes y me limitaba a reír.

Mi casa está situada a dos casas
de la suya por lo que prácticamente nos veíamos a diario. Un día recuerdo que
me entro un mensaje suyo, era una imagen, venia seguida por varios mensajes de
disculpa, y que no mirara la foto, que la borrara pues. No pude la curiosidad
me mato, la abrí y cual era mi sorpresa que era una foto de  A enfrente del espejo totalmente desnudo. La
verdad me quede con la boca abierta, su miembro era enorme, y su cuerpo delgado
lo resaltaba más.

Nunca me habían gustado los
hombres jóvenes, hasta ese día, me obsesione con él, siempre que yo salía de mi
casa volvía a ver la puerta de la casa de A con el fin de verlo. Mientras que A
parecía que me evitaba por la vergüenza, a pesar de haberle dejado claro que
fue un error.
Mi obsesión llego al punto que decidí empezar yo a escribirle, siempre
había sido A el que iniciaba las conversaciones por mensajes, le escribí como
¨Hola porque tan perdido?¨, no recibí respuesta y esto me desespero hasta el
grado que le escribí 3 veces el mismo mensaje, en la tarde noche me contesto y
entablamos una conversación fue algo como:

-Ire:
Hola porque tan perdido?

-Ire:
Hola porque tan perdido?

-Ire:
Hola porque tan perdido?

L

-A:Hola claro que no aquí estoy
jajaja, estaba en el Cole.

-Ire:
No volviste a la Casa.

-A: He estado muy ocupado con los
exámenes finales.

Ire: Ahhh ya veo

-A: Si

-Ire:
te mentí con algo jajaja

-A: Cm conq?

-Ire:
Con la foto que pasaste

-A: Cm?, la viste? Q vergüenza

-Ire:
Tranqui, no pasa nada, estamos en confianza jajaja, por cierto no tienes NADA
de q avergonzarte.

-A: Mmm cm?

-Ire:
Estas muy bien dotado jajaja, dichosa tu novia jajaja

-A: Jajaja gracias pero no tengo
novia.

-Ire:
Mmmm

-A: jajaja me estoy sonrojando,
jajaja

-Ire:
jajaja

-A: Por cierto el sábado es la
fiesta por mi cumple 18, quieres venir?

-Ire:
Mmm 18 añitos :-P, ya eres todo un hombre, jajaja, mmm me gustaría, pero que
voy a hacer yo tan vieja en una fiesta de chicos.

-A: Casi que solo es familia, no
te dejan?

-Ire:
A mí nadie me manda jajaja, claro yo voy pero no sé qué regalarte jajaja.

-A: Jajaja

 

El día sábado llego, sinceramente
no me paso nunca por la cabeza lo que pasaría ese día, la fiesta empezaba a las
7, llegue a la casa de A a las 7 30, con una blusa negra y una falda larga
hasta los tobillos de a rayas (las faldas son mis favoritas), cuando A me vio
se puso contento y se sonrojo jajaja, me invito a sentarme y me sirvió un
trago, la música estaba alta habían pocas personas aunque ya eran mayores,
conversaban entre ellas.

A las 9 ya los tragos se me
habían subido a la cabeza jajaja, empecé con cuidado de que nadie me viera, a
acariciar la pierna de A, el cual estaba a mi lado (no se había ido ni un
momento el bandido), le pregunte en el oído que donde estaba el baño, muy
atento me condujo a la puerta, y antes que se fuera le dije en el oído que esa foto
era un montaje, que yo no le creía, A se me quedo viendo y soltó una risa, y me
pregunto si quiere se la enseño, nos miramos con malicia y giramos para ver si
alguien nos miraba, y rápido nos metimos al baño.

El baño era algo pequeño pero  entrabamos los dos sin problema, afuera la
música sonaba fuerte y se escuchan risas de borrachos, A se quitó el botón del
pantalón y se lo bajo junto con el calzoncillo hasta las rodillas, su polla
estaba parada y era enorme, no lo podía creer, contrastaba con su cuerpo,
calculo que estuve algunos minutos viendo, A soltó otra risa y pregunto que si
ya estaba convencida, jajaja. Y me dijo ¨toca si no crees¨ y yo me aproveche,
se lo atrape con la mano derecha, estaba muy caliente, empecé a sobarla de
arriba abajo, si mucho pensarlo me arrodille y empecé a chuparlo,
inmediatamente escuche el seguro de la puerta, A cerró la puerta para nuestra
conveniencia. Es increíble mis dos manos podían sujetarlo a lo largo
perfectamente, trate de metérmelo todo a la boca pero no paso de la mitad,
estuve chupándolo por varios minutos, cuando se me ocurrió coger.

A me ayudo a poner de pie, me
gire quedando de espaldas a él, como pude me subí la falda y me baje el calzón,
me doble agarrando el inodoro para quedar totalmente a su disposición, A
sabiendo que pasaba no tardó mucho en empezar a buscar como penetrarme, con mi
mano derecha intente guiar a su enorme y torpe verga, cuando lo logro sentí que
me desmañaba,  debido a su inexperiencia
trato de meterla toda de golpe, yo lo detuve y le dije que fuera despacio, en
mi interior pensaba que este hombre me va a matar.

Poco a poco fue hasta que estuvo
todo adentro, luego empezó lento a sacarla, y luego adentro, primero lo hizo
con cuidado, adentro y afuera, empecé a sentir donde aceleraba, recuerdo que en
un momento me golpeó la cabeza contra   la
parte superior del escusado, aunque A no lo notó, seguía más rápido, el sonido
de la carne golpeando era cada vez más intenso, tanto que temí que nos
escucharan, sonaba como un aplauso, empecé a gemir , de pronto el sonido de la
música y su carne pegando con mi culo, alguien toco la puerta, era un tío de A,
A le dijo que estaba ocupado, pareció que A se asustó demasiado, porque se
salió de mí, se puso rápido la ropa, y espero que su tío se fuera, salió sin
decirme una palabra.

Y esa fue mi primera experiencia
o loquera como lo digo yo, desde ese día me transforme en algo que desconocía.

 

Continuará.

 

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Sexo duro con voyeurs mirando

Es blanco pero tostado y de ojos verdes, de 50 años quizás, se ve duro, bajo, pelo corto y tieso y todos lo tratan con respeto. De verdad siempre me gustó. Sus manos son toscas, pero cuidadas.

Esa noche, después de jugar a las cartas con otros amigos, salimos a la terraza de la casa de la playa a tomar un trago. Nos dimos unos besitos y entramos a su dormitorio por la cocina. Se sentó en el borde de la cama, me puso de pie frente a él y comenzó a desabrocharme la blusa, a sacarme el brasier. Yo sentía sus manos acariciarme la espalda y su lengua y sus dientes en mis pezones me daban escalofríos de rico. Me hizo atrás, me desabrochó el pantalón y me dejó frente a él, sola con mis pantaletas. Pensé si estarían húmedas, pues no tenía protección… Luego me tomó de la cintura, me recostó en la cama, encendió unas velas, apagó las luces y se sentó a mi lado acariciándome; yo estaba algo mareada por los dos wiskys, pero me encantaba cómo me recorría esa mano áspera y subía hasta mi entrepierna. Nada me hacía presagiar la intensa sesión de sexo duro con voyeurs que me esperaba.

– Estas mojándote, Putina -me dijo, aunque a mí me pareció una ordinariez que me llamase así.

– Zarina, le dije molesta.

– Putina -me dijo. Y siguió acariciándome, me dio la vuelta y metió su mano entre mis piernas, me sacó las pantaletas y quedé desnuda en la cama, y ya a punto. Él se dio cuenta de ello y acomodó una almohada bajo de mis caderas que levantaron mi trasero. Yo ya estaba a cien, levantaba mis glúteos para que los tomara y el paseaba su dedo por mi hoyito, luego bajaba su mano a mi rajita que estaba muy, muy mojada.

– Sigo? -me susurró con sus dedos presionando mi clítoris.

– Síííí, por favor… -le pedí entre suspiros.

– Viste que eres putita. Mi putina-me dijo-, reconócelo. Dilo… -mientras me magreaba el sexo.

– Putina, le dije en silencio, siguiendo sus movimientos.

– Más fuerte, que no te escucho amor. -Me gustó que me dijera amor.

– Soy tu putina -le dije, y sonreí.

Y siguió. Yo movía mis caderas buscando el contacto de mis labios mojados con su mano. Estaba muy, muy excitada ya; solo quería que se sacara su ropa y entrara en mí.

Te mueves mucho Putina, me dijo, y me puso bocarriba, acostada en la cama y ató mis manos a cada esquina de la cabecera. Luego separó mis piernas y las amarró por encima de las rodillas a los bordes de la cama, impidiendo que las juntara. Dejándome abierta a él, mojada e hinchada, cualquier roce me aceleraba, me hacía jadear. Luego me vendó los ojos. Afuera se escuchaban las voces de los demás, que continuaban jugando a las cartas y olí las velas que alumbraban la habitación. Su mano continuó jugando con mi cuerpo, lo rozaba, lo pellizcaba, buscaba mi boca o se colaba entre mi cola, la enredaba en mi pelo, así por un largo rato que me hacía padecer. ¿Por qué no me monta de una vez? me preguntaba impaciente a mí misma. Luego su mano comenzó a bajar por mi estómago, lenta, y se acercó a mi clítoris. Pensé que si me lo tocaba no iba a poder reprimir el orgasmo. Estaba lista. Pero en el momento que lo hacía sentí que se me quemaba mi pezón y no pude evitar dar un grito de dolor, parecía que un cuchillo lo hubiera atravesado, me retorcí pero las correas de las manos y piernas me inmovilizaban, era un dolor de agujas que entraban por mi piel y se confundía el dolor con su mano que se acercaba a mi entrepierna nuevamente. En el momento que abría mis labios buscando mi vulva y yo levantaba hasta donde podía mi cadera buscando el roce para llegar, la cera caliente volvió a clavarme como miles de agujas en mi otro pezón, esta vez solo emití un grito ahogado, un quejido que se confundía con gemido de placer. Yo acezaba y la transpiración me pegaba el cabello a la frente. Su mano en mi pierna devolvía mi excitación, jadeaba de caliente que estaba, creo que si hubiera soplado mi clítoris me habría hecho eyacular como a una jovencita.

– Tienes calor Putina… -me dijo, más que preguntarme.

Sexo duro con voyeurs mirando sin mi permiso

Luego sentí sus pasos que se alejaban y una brisa bañó mi piel desnuda sobre la cama con mis caderas allí levantadas. Su mano buscó nuevamente mi entrepierna, se hundió en ella y llegó a mi ano, que sintió que sus dedos penetraban en él. Yo levanté las caderas facilitando su clavada por atrás y un escalofrío me recorrió… había dejado de sentir el murmullo en la otra pieza… la brisa era de la puerta entrejunta…  y quedé helada: maldito, pensé, maldito maricón este, huevón, bestia. Había dejado la puerta entreabierta y ahora seguro miraban, veían cómo tenía dos dedos metidos en mi hoyito y jadeaba y me retorcía toda caliente sobre la cama. Iba a llorar. Pero sentí cómo me abría y penetraban sus dedos ahora en mi vagina, y los sacaba y me los volvía a encajar. Quizás son ideas mías, pensé, y dejé que mi cintura se alzara buscando esa penetración, no, seguro se han asomado a la puerta, si no… ¿por qué el silencio? Pero mi clítoris hinchado y duro como un pequeño volcán que quiere reventar no me dejaba pensar, y en el momento que sentía que desde mi estómago me bajaba un dulce escalofrío, un río de fuego me quemó entre las piernas provocándome un ahogado grito de dolor, eran miles de agujas que me taladran la pelvis. Tiritaba de dolor, resoplaba, sentía mis sudor reunirse con mis lágrimas y gotear juntas desde mi sien hacia el colchón en que me tenía. Respiraba solo por la boca, jadeaba de placer y sufrimiento, de vergüenza por exhibirme allí. Presentía sus miradas cómplices, de burla, sus sonrisitas de “mírala, tan puestecita”, o “tan digna que se creía”, “ella que se las daba de señora”, pero mi sexo y esa mano podían más que yo. Pensé que, por suerte, me había depilado porque mis caderas buscaban de nuevo el contacto, sudaba entre mis pechos, en el cuello, las axilas, la boca estaba seca de jadear como una perra y nuevamente sus dedos entre mis piernas. Mis pezones sufrían con la cera aún tibia y la cera sobre mi coxis se endurecía. Nuevamente me llevaba hacia el suspiro del éxtasis y la cera hirviendo lo anulaba justo en el último momento, cuatro, cinco, ocho veces, perdí el sentido del tiempo, mareada, ida en esa cama, la vista en blanco, no tenía voluntad, estaba abandonada a lo que ÉL dispusiera.

– Si me dices que eres mi Putina te hago terminar -me dijo al oído ese al cual ahora sabía por qué los demás lo respetaban y por qué le decían “viento frío”.

– Soy tu Putina, -me escuché murmurar.

– Más fuerte -me dijo,- que no escucho -y se rió.

– Soy tu Putina, -le dije ahora en un tono normal.

– No te escucho, mi amor -me volvió a decir.

– Soy tu Putina, -le dije, ya entregada.

– No eres mi Putina, eres una Putina… ¡dilo!

– Soy una Putina, -lo dije mientras me caían las lágrimas de vergüenza, y el sudor de la calentura por mis sienes-.

– No te llamas Zarina, te llamas Putina… dilo.

– No me llamo Zarina, me llamo Putina -le dije entre sollozos.

– Y qué quiere esta Putina? … .

– Que me hagas terminar…

– Por favor…

– Por favor, hazme terminar.

Y sentí que algo fresco, una mano helada y delicada me tocaba donde antes me ardía como el infierno y había hecho que casi me desmayara. Esos delicados dedos rodearon mi botoncito suavemente y este obedeció sumiso, lo acarició y sentí cómo desde sobre mis rodillas atadas y desde mi estómago un dulce escalofrío comenzaba a transformarse en delicioso calambre que se concentraba en mi volcán. Eché la cabeza atrás y se soltó la venda, levanté en una contorsión mi cintura y mi cuerpo dio un largo estertor, me iba, me iba en ese calor que escapaba por entre mis piernas, exhalaba en un grito ahogado mi placer, y entre ese dulce morir presentí que era observada y ello hizo que esta dulce muerte fuera más intensa aún. Y junto a un gemido ronco dejé de saber de mí por unos instantes, quizás unos minutos. Volví con la cabeza doblada al lado, ida, abandonada entre sudor, lágrimas y el flujo de mi vagina que esa mano delicada me restregó por la cara cuando volvía en mí.

Estaba hecha un bulto, un fardo sobre la cama y sentí que la puerta se cerraba mientras él me desataba. Me dio vuelta y me puso en cuatro en el borde de la cama, de espaldas a él, yo apenas me sostenía, mi cuerpo aún tiritaba, me sujetó las caderas y sentí que me penetraba por atrás. Sentí el dolor de mi carne que se abría. “Me duele, me duele mucho” le supliqué en un murmullo. Sentí que metía sus dedos en mi vagina y me los restregaba en mi ano y comenzaba nuevamente a perforarme. Me sujetaba las caderas para que no me cayera. El dolor disminuyó algo y sentía que me rasgaba por atrás. Puso su mano en mi clítoris que aún palpitaba y me dijo si aún quería más…

– Lo que tú quieras -le susurré, totalmente entregada a sus deseos.

– Quién eres?  -me preguntó seguro, sonriéndose mientras sentía cómo disfrutaba el empalarme así, arrodillada de espaldas a él, abierta entera a su disposición total.

– La Putina -le dije, asumiéndolo-, la putina.

– Bien -me dijo-, voy a terminar dentro de ti -me dijo-, acá atrás. -Y sentí cómo me llenaba mis riñones con su generoso semen.

Se salió de mí, se recostó en la cama y me dijo:

-Párate allí -señalando a unos pasos de la cama-, vas a ponerte de espaldas a mí y de frente al ropero, con las piernas abiertas, agachándote un poco, y apoyas las manos en él para que no te vayas para delante, quiero ver cómo chorreas.

Lo hice obediente, mareada, tiritando, con las piernas que apenas me sostenían. Él se paró y me tapó los ojos nuevamente y un escalofrío me hizo presentir lo que vendría. Desnuda allí, apoyada semirrecostada contra el ropero, como una niña que ha hacho mal la tarea, sentí cómo su semen comenzaba a escurrirse desde mi colita y mis líquidos bajaban bordeando mis piernas.

– Voy a buscar un trago -me dijo-, y no te muevas. Putina.

Sentí que salía, y el aire frío bañó la pieza nuevamente… y los pasos se acercaron, los presentía, me rodeaban, sentía sus sonrisas, sentía sus miradas, su desprecio. Yo me atrevía apenas a respirar… creo que el pañuelo que me cubría la vista debió haberse mojado igual, no lo sé. Pero sí sé que me miraban, miraban cómo chorreaba un líquido viscoso desde mi ano y desde mi vagina hasta manchar el piso. Miraban las huellas de la cera, mis piernas separadas con las marcas aún de las correas que las habían mantenido abiertas, la huella de la transpiración bajo mis brazos, mi pelo pegoteado por la transpiración y las lágrimas.

Comenzaba a darme frío y escuchaba el chocar de los hielos en los vasos de whiskys.

Sentí que me quedaba sola de nuevo y los dedos de Viento Frío enredarse en mi cabello y tomada así me llevaba a la cama donde me recostaba. Tomó un largo trago de whisky, que pasó de su boca a la mía y me ayudó a sentirme mejor. Me quitó la cera que extrañamente casi no me dolió al retirármela.

– Tu marido te habría regalado un orgasmo como el de hoy? -Me preguntó.

– No, -le reconocí-. Pero tampoco una vergüenza como la de hoy. ¿Qué van a decir después, qué van a…? -y no pude seguir porque los sollozos no me dejaban.

– Pero si no pasó nada -me dijo-, cínico. Y aunque pasara. No van a decir nada, porque el que dice algo se va de la mina y en su vida vuelve a encontrar un trabajo como el que tiene, para eso soy jefe y con buenos contactos. Y de las mujeres que había tampoco. Aunque nadie les va a creer si dijeran algo.

– Y no me gusta que me digas Putina, -le dije bajito…

– Noooo, si te gusta, porque eres una Putina, te gusta que te miren, te gusta que te controlen, te gusta que el otro sea responsable, te gusta servir, complacer. Tienes 25 años perdidos de matrimonio, tienes que recuperarlos luego Putina, y yo te voy a hacer gozar como no te imaginas que se pueda gozar, putina. Porque eres una putina putita, ¿verdad? -Y se rió.

Me quedé en silencio, me tenía, me controlaba, era más fuerte que yo.

– Sí, una putita, eso soy: una putita, -le dije casi en un murmullo.

– Ahora te vas a masturbar de pie acá, delante de mí, y cuando termines, me la mamas y te tomas todo.

Lo hice obedientemente, luego me dormí en su cama. Al otro día, la vergüenza no me dejaba abrir los ojos al pensar en la sesión de sexo duro con voyeurs mirándonos, pero sin preguntarme me sacó y me bajó a la playa junto a los demás. Las miradas a mis espaldas eran socarronas y las sonrisas de ellas de superioridad, de desprecio; pero ninguno ni ninguna dijo nada, almorzamos y volvimos a la ciudad al atardecer. Me fue a dejar uno de los chicos que había estado la noche anterior jugando a las cartas. Uno de los que me había visto, “en eso”. Cuando se despedía me sorprendió preguntándome si me podía llamar cuando volviera a bajar de la mina, que le gustaría invitarme a comer, que había un restaurante recién abierto, de moda.

Los hombres son una sorpresa.

 

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Lizzete

El viernes, con un poco de tiempo que me dio mi trabajo, me fui a comprar una nueva cámara web para mi computadora, debido a que la que tenía se había roto y se veían las imágenes borrosas. Instalada en el equipo decidí probarla con una de mis grandes debilidades.  Lizzete– Una veterana (No debiera contarles esto)  de 55 años que me puso de la cabeza desde la primera vez en el Pool.

¡ Hola Lizete, ¿estás en este momento?, estoy estrenando mi cámara web nueva!– La contestación no se hizo esperar .

¡Hola Paul!  Que gusto verte y oírte.. Lo mismo digo .

¿Como estás? – Pregunté.

Mira con tus propios ojos….  – Me abre plano y veo que está en ropa interior. Tanga, sostén, y descalza.

Estás sola por lo que veo.  Y..Si. –

Si no no estaría así… te gusta??.

Me encantaba. Sentí vergüenza, yo estaba vestido. Así que me bajé los pantalones y le mostré mi miembro para que viera.

Mmmm!!  Le daría con gusto unas lamidas si estuvieras aquí conmigo..

Como estaba excitado por lo que veía por la pantalla le dije. – ¿En Mi casa o en la tuya?

En mi hotel –  Pero mientras nos  poníamos de acuerdo podía ver como se metía la mano en su vagina, masturbándose con la imagen de mi cámara nueva.  Para excitarme mas aún, le dije  – Me gusta esa tanga que te has puesto. Ese color rosa y el sostén …. Me excita mucho ese escote.. esas tetas…

¿ Te gustan, que les harías ?

Uffff…. Un montón de cosas… nena. Quiero chuparlas…Bueno.. tu con mi verga también tienes esas cositas de….

– No sigas! -, me interrumpió . – Te vienes para acá  ¡Quiero Coger ! – .

Así fue que apagué la computadora y me dirigí al hotel de su propiedad. En la habitación de siempre me recibió muy formal, con una pollera a la rodilla negra, tacos altísimos al tono y una blusa escotada blanca sin sostén. Tomamos unas copas en la habitación y luego me empezó  a chupar la verga, que a esa altura de la noche tenía un gran tamaño. Se apoyó contra la pared de la habitación para que mi miembro entrase por su hermoso ano. Los gemidos que daba eran acompañados por besos en la boca, Húmedos al tiempo que me decía que siguiera con ese buen ritmo, duro y sin parar.

La gozada fue tan grande que se chorreó y me chorreé sobre sus nalgas.

¡Vamos otra vez! – me decía con vos jadeante. Y así fue, fuimos de nuevo. Estuvimos dos horas largas cojiendo con Lizzete. Para luego pegarnos una ducha . ( después de eso nos transpiramos ). Ya mas tranquilos nos tomamos una cerveza;  pero ella cruzó sus piernas, de modo que yo no evité acariciarlas. Ella me practicó sexo con los pies y yo le dije… necesito Paz, mujer ! Pero era imposible y … lo hicimos otra vez.

Entre besos de lengua me dijo. ¿Donde compraste la camarita ?  se ve fantástico nene !

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Lizzete

El viernes, con un poco de tiempo que me dio mi trabajo, me fui a comprar una nueva cámara web para mi computadora, debido a que la que tenía se había roto y se veían las imágenes borrosas. Instalada en el equipo decidí probarla con una de mis grandes debilidades.  Lizzete– Una veterana (No debiera contarles esto)  de 55 años que me puso de la cabeza desde la primera vez en el Pool.

¡ Hola Lizete, ¿estás en este momento?, estoy estrenando mi cámara web nueva!– La contestación no se hizo esperar .

¡Hola Paul!  Que gusto verte y oírte.. Lo mismo digo .

¿Como estás? – Pregunté.

Mira con tus propios ojos….  – Me abre plano y veo que está en ropa interior. Tanga, sostén, y descalza.

Estás sola por lo que veo.  Y..Si. –

Si no no estaría así… te gusta??.

Me encantaba. Sentí vergüenza, yo estaba vestido. Así que me bajé los pantalones y le mostré mi miembro para que viera.

Mmmm!!  Le daría con gusto unas lamidas si estuvieras aquí conmigo..

Como estaba excitado por lo que veía por la pantalla le dije. – ¿En Mi casa o en la tuya?

En mi hotel –  Pero mientras nos  poníamos de acuerdo podía ver como se metía la mano en su vagina, masturbándose con la imagen de mi cámara nueva.  Para excitarme mas aún, le dije  – Me gusta esa tanga que te has puesto. Ese color rosa y el sostén …. Me excita mucho ese escote.. esas tetas…

¿ Te gustan, que les harías ?

Uffff…. Un montón de cosas… nena. Quiero chuparlas…Bueno.. tu con mi verga también tienes esas cositas de….

– No sigas! -, me interrumpió . – Te vienes para acá  ¡Quiero Coger ! – .

Así fue que apagué la computadora y me dirigí al hotel de su propiedad. En la habitación de siempre me recibió muy formal, con una pollera a la rodilla negra, tacos altísimos al tono y una blusa escotada blanca sin sostén. Tomamos unas copas en la habitación y luego me empezó  a chupar la verga, que a esa altura de la noche tenía un gran tamaño. Se apoyó contra la pared de la habitación para que mi miembro entrase por su hermoso ano. Los gemidos que daba eran acompañados por besos en la boca, Húmedos al tiempo que me decía que siguiera con ese buen ritmo, duro y sin parar.

La gozada fue tan grande que se chorreó y me chorreé sobre sus nalgas.

¡Vamos otra vez! – me decía con vos jadeante. Y así fue, fuimos de nuevo. Estuvimos dos horas largas cojiendo con Lizzete. Para luego pegarnos una ducha . ( después de eso nos transpiramos ). Ya mas tranquilos nos tomamos una cerveza;  pero ella cruzó sus piernas, de modo que yo no evité acariciarlas. Ella me practicó sexo con los pies y yo le dije… necesito Paz, mujer ! Pero era imposible y … lo hicimos otra vez.

Entre besos de lengua me dijo. ¿Donde compraste la camarita ?  se ve fantástico nene !

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Sexo salvaje con la señora Fabiola

Hola, mi nombre es Alexander. Este es mi primer relato erótico, así que empezare haciendo una breve descripción sobre mí: tengo 22  mido, 1.90 de alto, soy blanco, cabello chino largo, soy de complexión atlética diría yo, juego al fútbol americano desde los 6 y tengo ojos grises claros. Después de esta breve descripción, empezaré con mi relato erótico.

Todo empezó el viernes, 6 de noviembre del año 2015. Yo estaba afuera de casa lavando el auto de mi papá, ya que, para que me lo preste, primero tengo que lavarlo, pulirlo, etc.  Como esa noche saldría con mi linda novia, llamada Marizas -de ella les contare en otro relato erótico-, estaba casi por terminar cuando veo que va pasando la señora Fabiola, mi vecina, una mujer hecha y derecha, como de 1,60 m de altura, con un cuerpo de tentación: con un 93 de pecho, 63 cintura y 95 de cadera… toda una muñeca morena clara, de unos 60 a 62 kilos de peso, muy bien conservada a pesar de sus 35 años y 1 hijos, pues se la pasa en el gym, que está cerca de mi casa. Es la única de mis vecinas que, cuando me piropea, sí me hace ruborizarme. No es que alardee de ser guapo, pero por lo menos de mi calle sí soy el más guapo!! Jajaja, ya que todos los demás chavos son más bajos y morenos.

Bueno, continúo.  Ya estaba terminando de lavar el auto, cuando siento un toque en la espalda, seguido de un “buenas tardes vecinito, ¿cómo estás?” Al voltear, vi a esa mujer viéndome, ya que para lavar el auto solo lo hago en pantalones cortos, y lo hago porque sé que a mis vecinas les agrada… desde la más chica hasta las más grandes, y eso me excita un poco. Me voltee para contestar al saludo, y vi a mi vecina: traía puesto unos leggins negros súper gustos, que hacían resaltar su bien conservado culo grande y redondo, una blusa blanca, también muy justa, y un escote que dejaba ver su grandes pechos, los cuales invitaban al deseo, y con unos tacones altos, que afilaban su ya buena figura.

-¿Qué tal señora, cómo le va? –Respondí.

Ella, haciendo un gesto, me dijo que no le dijera señora, que la llamara solo  Fabiola porque le hacía sentir vieja. Después de eso estuvimos charlando como unos 30 min de cosas triviales hasta que salió a tema que esa noche saldría con mi chica, que iríamos a cenar y después a una fiesta con unos amigos. Ella me dijo que hacía tiempo que no salía a una fiesta, ya que su esposo se la pasa trabajando y que cuando salen solo van a fiestas infantiles por su niño, o a restaurantes donde hay juegos, también por su hijo, que tiene 7 años. Yo, en tono de juego, le dije que cuando quisiera yo la invitaba a salir, a lo cual respondió con una sonrisa y me dijo “pero que sea verdad”.

Entré a casa para darme un baño para ir a por mi chica, y al llegar a casa de mi novia me dijo que no podría ir, ya que tenía una terminar una tarea de la universidad. Me dijo que fuera con mis amigos y que me divirtiera, que ella saldría al día siguiente conmigo, así que me dispuse a ir a la fiesta con mis amigos y ponerme a beber y charlar de cosas de hombres; pero vi que entre las prisas había olvidado mi dinero en casa, por lo que volví a casa, tomé mi cartera y se me vino a la cabeza lo que mi vecina me había dicho, y  pensé que esa era mi oportunidad.

Me dirigí a casa de mi vecina y toqué el timbre. Ella abrió la puerta casi enseguida, diciéndome “hola vecino, pasa”.  Yo pasé con algo de miedo y, al entrar, me preguntó que si quería algo de beber, a lo cual yo contesté que sí.  Se fue a la cocina; yo, por mi parte, tomé asiento. Al regresar de la cocina me le dije lo de mi novia y que venía a cumplir mi promesa de invitarla a salir. Ella dijo que sí, que solo tenía que llevar a su hijo con su hermana.

Sexo salvaje con mi vecina, en un hotel

Nos subimos a mi auto, la llevé a casa de su hermana y después nos fuimos. Pasamos a un lugar al que me gusta ir, pedimos vino y empezamos a charlar. Llevábamos una hora conversando hasta que le pregunté que por qué había aceptado tan fácil a mi invitación. Ella se sonrojó y me dijo que no era de todos los días que el chico más lindo de la colonia le invitara a salir. Yo, al escuchar esto, me puse súper rojo, no sabía que más decir.

Después de un rato terminamos la botella de vino y de comer, cuando le dije que si quería ir a la fiesta con mis amigos. Ella me dijo que sí, pero que le gustaría mejor ir a otro lugar más privado. Al escuchar esto, mi pene se levantó de inmediato. Ella lo notó y dijo: “¿qué te parece si vamos a un hotel?” Eso solo hizo que mi pene quisiera romper el pantalón y salir. Le respondí que sí, así que tomamos rumbo al hotel más cercano.

Ya en la habitación, empezamos a conversar hasta que ella empezó a sobar mi pene por encima del pantalón. Yo respondí apretándole levemente los muslos; comenzamos a besarnos como un par de locos, después ella se subió encima de mí dejándome sus grandes tetas en la cara, y seguimos besándonos  por un rato, hasta que ella se bajó, se puso de rodillas frente a mí y me empezó a quitar el cinturón y a bajar mi cremallera dejando salir a mi pene erecto. Sin decir nada, lo comenzó a chupar poco a poco hasta agarrar ritmo y terminar con toda mi virilidad en la boca. Yo quedé asombrado. ya que mi novia siempre lo había intentado y nada más, no podía. Después de eso se levantó, se empezó a quitar la ropa y cuando quedó desnuda se montó sobre mí; su vagina estaba súper mojada, así que no le costó mucho entrar a mi pene. Cuando la tuvo dentro me empezó a besar y a morder el cuello sin dejar de moverse de arriba hacia abajo. Yo mientras tanto manoseaba su culo grande y firme; estaba en el cielo. Después de un rato en esa posición le pedí que se pusiera a cuatro patas. Ella de inmediato se colocó como le pedí mientras se tocaba los senos con una mano y con la otra se tocaba la vagina. Yo estaba buscando el condón, a lo que ella  respondió que sin el condón era mejor, que quería sentir mi semen en su interior. Al escuchar eso no lo dudé y empecé a bombear: ella solo decía “¡¡sí papi, más fuerte, así, así!!” Yo estaba maravillado viendo sus grandes nalgas chocar contra mis muslos; pasado un rato cambiamos a nuestra posición final, yo acostado y ella arriba de mí. No podía creerlo, estaba con la vecina más buena mientras se aceleraba más el ritmo. Sus tetas se movían de forma suculenta, yo solo las apretaba y chupaba… cuando sentí que me venía, empecé a bombear muy fuerte, dándole tan fuerte que ella solo gemía de placer. Gritaba “¡Sí, más, más, así papi, así!” Terminamos juntos, sentí cómo mi semen llenaba esa vagina. Ella me besó y se cayó encima de mí. Estaba exhausta, y después de eso nos quedamos recostados, pedimos una botella de vino y nos quedamos esa noche en el hotel, teniendo sexo salvaje en la cama, en el baño, parados, acostados, etc. Desde ese día, cada vez que quiero voy a por ella y nos vamos a ese mismo hotel o hasta en su misma casa a pasarla de lo lindo.

Espero y les agrade mi relato erótico, pronto les contaré sobre mi novia Marisa y su amiga Paola, así como de mis múltiples encuentros con la señora Fabiola. Estoy convenciéndola para que me deje darle por el culo, ya que su culo es virgen. En realidad es como que quiere y no, pues dice que le da miedo, pero cada día da su brazo a torcer un poco más. Espero que les haya gustado estas experiencias sexuales de sexo salvaje.

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