El culito de Rocio

Uno de los recuerdos más fuertes de mi infancia, fue cuando me excité por primera vez con el cuerpo de una mujer. Rocío y yo teníamos la misma edad e íbamos al mismo jardín, fuimos vecinos por muchos años durante mi niñez, y de hecho se puede decir que ella fue la primera mujer de mi vida, pues cuando éramos niños nos besábamos en su cuarto y luego frotábamos nuestros sexos desnudos, sólo porque se sentía “rico”.

Sin embargo los años pasaron, yo me mudé de barrio, ella también, yo fui a un colegio estatal a desgastar mi juventud, ella fue a una escuela de danza tradicional para hacerse artista, yo me fui de la cuidad tras graduarme y ella se quedó allí para hacer su vida. Dejamos de hablarnos completamente, pero nuestras madres nunca dejaron de ser amigas.

Un día que estaba en mi ciudad natal trabajando en un artículo para la universidad, mi madre me pidió que la acompañase “por favor” a una fiesta, lo cual me pareció extraño, pues traía en sus manos un traje formal para mí. De camino me comentó que era la fiesta de quince años de la hermana de Rocío, cuando ella pronunció ese nombre, entonces volvieron a mi cabeza los recuerdos de cuando fuimos niños y nos desnudamos el uno frente al otro por primera vez, en su casa. La verdad no sabía cómo reaccionar, que hacer, o como darle la cara a Rocío, ni siquiera la había buscado en Facebook, o alguna red social, en ese momento era realmente el desconocido con el que solía jugar a la casita.

No tenía la más mínima idea de qué hacía Rocío, o cómo lucía. Yo había subido de peso, hago lucha olímpica y la verdad estoy rellenito, pero soy muy fuerte eso sí, además parecía un hombre salido de las cavernas, con una barba espesa y corta alrededor de la quijada, bigote ralo y abultado, además mi rostro es amplio, fuerte y delgado, con mi pelo un poco largo peinado para atrás, me hacían parecer más bien un guardaespaldas. Al llegar, yo me senté a beber whiskey a sorbos, aislado porque no conocía a nadie más que mi madre, ésta se había ido a saludar a sus amigas y a chismear hasta que comenzó la fiesta y tuve que salir a bailar con ella.

Pensé que la noche sería aburrida, hasta que vi en la pista a Rocío. Estaba usando un vestido apretado y cortito de color gris, dejaba ver unas piernas fuertes por los años de danza, y un culo impresionante en forma de corazón invertido, un culito tan bien terminado en cada cachete, gordo y alto, que me quitó el aliento de golpe. Mientras subía por sus caderas un poco abultaditas, me fijé en sus pechos pequeños, que parecían tan indefensos en comparación con ese culito, para terminar en el rostro que tanto me gustaba de niño; todas las veces que nos bañamos juntos de juego, desnudos, regresaron a mi mente enseguida, entonces sin dudarlo dos veces le clavé la mirada, y sus ojos, un poco rasgados y de color negro, me miraron. Creo que también me reconoció, porque se quedó quieta y no sabía si saludarme o no, entonces yo me adelanté, levanté la mano, dejé a mi madre un rato en la mesa y me fui a saludarla.

-Hola…-, ella me interrumpió dándome un beso en la mejilla diciendo- cuánto tiempo, pensé que jamás te volvería a ver…-, sin darme cuenta, le puse mi mano en las caderas, motivado por algo inconsciente, y al sentirme ella me abrazó tan fuerte que no nos dimos cuenta de que éramos los únicos quietos en la pista de baile.

-¿Bailas conmigo?

-Sí, claro.

En ese momento sus ojos se quedaron en mí, me sentía incómodo, pero no dejé de mirarla, le sonreí y le pregunté: ¿qué pasa?, ella volvió a responder “es que en serio nunca pensé en volver a verte”. Entonces sonó una bachata, y decidí hacer mi jugada, la tomé por las caderas rodeándola con fuerza y pegando mi pelvis a la suya; entonces, ella metió su pierna en mi entrepierna y me rozaba el pene mientras bailábamos esa bachata de una forma tan sensual, que todos nos miraban admirados, pero no nos importaba, solo seguíamos bailando y ella entonces me abrazó fuerte, me besó el oído y dijo:

-Pensé que no te acordabas…

Cuando paró la música, ella se fue al baño, y supe entonces que debía actuar sigilosamente. Aprovechando que se venía el vals de la quinceañera, me escabullí detrás de Rocío. Al entrar al baño ella estaba de salida, Rocío se metió a una caseta en el baño de hombres, era mi llamado, y justo cuando yo me iba a meter detrás de ella entraron unos niños tontos a querer tomarse unas selfies, pero yo estaba a mil, los miré y les dije seriamente: “¡afuera ya!”, se fueron sin chistar.

Entré en la caseta, Rocío estaba esperando y temblaba, “no quiero que pienses mal de mí…es que…bailando…yo…”, le cerré la boca acariciando sus labios con mis dedos pulgares mientras mis otros dedos le acariciaba la nuca, ella no sabía qué hacer, estaba fría hasta que la besé, despacio primero, luego con más intensidad abriendo sus labios con mis labios y atrapándolos entre mi boca cuando los cerraba. De pronto, ella me sorprendió cuando metió su lengua hasta el fondo de mi garganta y me pegó del cabello para ella para a continuación decirme:

-Aquí no se puede…-, pero yo ya había levantado su falda y tenía mis dedos acariciándola allí; solo con la yema de los dedos, presionando levemente su vulva sobre su tanga, la recorría moviéndolos sin parar una y otra vez, acariciándola rápido mientras ella se tumbaba sobre mí tratando de que parase, diciendo entre gemidos “aquí no”, pero yo no paraba hasta que me empujó fuerte. Enojado le pregunté que dónde, y con una mirada de lujuria respondió: en mi auto, busca un  **** blanco en el estacionamiento, y entonces se fue.

Yo salí después del baño, me estaba acomodando la erección en los pantalones, me fui a la mesa y me serví una gran porción de whisky sin nada de hielo, que bajó por mi garganta quemándome, y me dio la serenidad como para esperar esos cinco minutos. Después me levanté y, sin decirle nada a nadie, me dirigí al estacionamiento, caminaba de manera decidida, había perdido mi erección pero tenía toda la voluntad del mundo para recuperarla, era que solo pensar en el culito de Rocío embutido en ese vestido me provocaba una sensación salvaje, incontenible. Caminaba mirando todas las ventanas de los coches de forma rápida hasta que, en una de ellas, se puso una mano de forma dura. Era Rocío, que se estaba tocando de forma brusca y gimiendo, tan pronto sonó la alarma desactivando el seguro de la puerta la abrí y me metí en el asiento del chófer, encima de ella.

Estábamos incómodos, así que empujé el asiento hacia atrás con mucha fuerza  y lo recliné a todo mientras ella me desataba la correa como podía, entonces se dio la vuelta de una forma fiera, me impresionó cómo me entregaba ese delicioso culito, con los pies sobre el asiento y de pecho contra el mismo, respingándolo a todo lo que daba, bien puesta en cuatro y pegada al asiento. Sin tardar le subí el vestido y de pronto, sorpresa: su culito firme se caía, ya no parecía ese corazón invertido y firme de antes, “culito con trampa”, pensé para mí mismo mientras sostenía mi pene duro a punto de penetrarla por la vagina, rozándole ese pedazo de piel entre la entrada de la vagina y el ano, entonces espabilé cuando ella grito “¡métemela ya!”, la tomé por las caderas duro, y entonces se la metí con toda mi fuerza enviándola de rostro contra la parte dura de arriba del asiento, la tomé por los cabellos y supe cómo le gustaba cuando gritó “¡así!” al jalarle del cabello.

De pronto, tras un minuto de tenerla contra el asiento dándole con todo, sentí algo que me llevó al cielo, ella me hizo soltarla del pelo y, agarrándose bien del asiento, me empujó con todo desde el culo. Entonces, comenzó a moverse como una auténtica experta, primero de arriba abajo, sin sacarla, diciendo entre gemidos “apriétame… apriétame… más duro -seguido de una serie de palabrotas-“. A continuación me tumbé sobre ella y la empujé con todo, cuando ella comenzó a moverse en círculos, pero como nunca antes lo había sentido. Yo estaba a mil, gemía tan duro en su oído, con toda mi fuerza tratando de meterle mi lengua en el tímpano, hasta que, sin darme  cuenta, me vine con todo lo que tenía gimiendo a gritos en su oído, no me da vergüenza decir que fueron tres minutos tan intensos, porque ella no permitió que la sacase ni un momento mientras movía sus caderas al ritmo de quién sabe qué canción que me estuviese bailando en ese momento.

Ella se fue contra el asiento y se dio la vuelta, me abrazó muy fuerte por cuello y me besó mientras lloraba diciendo “por qué te olvidaste de mí, yo te amaba”. Yo solo atiné a quedarme callado. Entonces, la besé en los labios despacito, como cuando éramos niños, dejando mis labios sobre los de ella. Luego abrí mi boca atrapando sus labios entre mis labios y chupándolos suavemente y soltándolos una y otra vez; mi lengua se metió en su boca buscando su lengua, comenzando un juego en el que ella buscaba rozarme con locura mientras yo escapaba para lanzarme contra su boca de nuevo. Apenas busqué descansar, mientras que ella comenzó a chupar mi lengua con todo al tiempo que yo masajeaba sus pechos.

En cierto modo sabía que tenía que compensarla de alguna manera, sólo duré tres minutos, así que bajé de su boca a su pelvis, y abriendo sus piernas levemente comencé a chupar sus muslos por la parte interna mordisqueándolos suavemente. De pronto, cuando llegué a su entrepierna, abrí bien la boca para chupar con todas mis fuerzas esa parte de su piel, metiéndole dos dedos en la vagina y moviéndolos de un lado al otro suavemente, entonces ella se arqueó tanto que me levantó del rostro, de modo que, con malicia, le mordí la entrepierna empujándola yo esta vez; como respuesta, me agarró de los cabellos con fuerza apretando contra su entrepierna, gritando otra serie de insultos combinados con “más duro”. Entre palabrota y palabrota golpeaba con furia mi espalda tratando de sentarse inútilmente.

Para cerrar el momento, la tomé por las piernas y, poniéndolas sobre mis hombros, me fui directo sobre su vagina abriéndola con mis dedos a todo lo que daba, puse la punta de mi lengua sobre su sexo abierto -ella solo atinaba a mirarme desde su posición con esos ojos llenos de lujuria, respirando como loca-, y luego, abrí despacio mi boca… para comenzar a succionar chupándolo como un bebé con su chupón, pero con fuerza, moviendo mi cabeza de un lado al otro mientras tenía su sexo abierto en mi boca. Esta vez con tres dedos en su interior comencé a penetrarle con fuerza, y ella estaba que se sofocaba, hasta que se vino de una forma intensa en mi rostro, maldiciendo y gritando palabrotas mientras movía las caderas golpeando mi rostro contra sus entrepierna una y otra vez.

Después, cuando nos calmamos y recuperamos la compostura,  nos dedicamos a caminar de la mano por los jardines de la casa. Dentro, la fiesta continuaba, los adultos que no estaban ebrios se dedicaban a conversar o bailar, los muchachos de la fiesta estaban robando alcohol para embriagarse a escondidas de sus padres, o estaban jugando a darse besos y manosearse debajo de las mesas. Rocío me miró fijamente, no sabíamos qué iba a pasar, ella me preguntaba constantemente “ahora, ¿qué se supone que somos?”, yo le respondía de la misma forma “lo que tú quieras linda… lo que tú quieras…”

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Sexo intenso con Aries

Cuando me subí al coche me saludó, así nada más. Sin besos, sin abrazos, pero con la sonrisa llena de ganas. Ese día había elegido una blusa gris especialmente escotada, la redonda línea dejaba al descubierto la parte superior de mis senos y pude sentir su mirada sobre ellos, saboreando lo que estaba por venir.

Llegamos a la habitación de siempre, con el jacuzzi y la enorme regadera doble. Casi como un ritual fui directo a dejar mis cosas mientras comentábamos como nos había ido últimamente. En cuanto me quité la chamarra ya estaba atrás de mí, recorriendo con una mano la curva de mis glúteos, el interior de mis muslos, mientras que la otra subía por dentro de la blusa, haciendo a un lado el sostén para poder apretar mis senos. Me giró hacia él y sin dejar de tocarme me besó suavemente, pero con la promesa de las ganas que llevaba semanas aguantando. Bajé la mano y pude sentir cómo su verga crecía con la excitación.

– Quiero chupártela.

Aún medio vestido lo aventé sobre la cama y abrí sus pantalones, dejando salir su delicioso miembro. Primero lo primero, un par de besitos en la punta, una buena lamida desde la base. Escucharlo gemir cuando me la metí completa a la boca. Su sabor me vuelve loca, no puedo evitar querer mamársela hasta que se venga en mi boca, en mi cara. Pero sé que eso no va a pasar. No con él. El sexo intenso es un deporte para nosotros, una carrera de resistencia. Me empuja para poder terminar de quitarse la ropa y mientras está sentado desnudándose, yo me voy quitando la ropa frente a él. Sus manos recorren mis piernas, mi espalda, mis senos, mientras besa mi abdomen y mi vientre.

Se levanta de pronto y me gira sobre la repisa, dejando mis nalgas al aire, aún con la tanga puesta. Deja que sus dedos recorran mis labios exteriores, inflamándolos de ganas. Se lleva un dedo a la boca y regresa, para empezar a explorar la entrada de mi coño, solo para comprobar que estoy bien mojada para él. Empuja un poco hacia adentro y empieza a dibujar círculos justo en la entrada, haciéndome gemir de expectación. Ya bien mojada, sus dedos van hacia mi clítoris, empiezo a temblar. Sé lo que quiere, quiere que me corra para él, en él.

– ¿Y como está mi deliciosa putita?

– Bien caliente para ti cariño, y apretada.

– Justo como te quería.

Me levanto y se pone frente a mi, la verga dura, lista para cogerme hasta hacerme gritar.

– Levanta tu pierna.

Apoyo el pie en el buró, permitiéndole que se acomode entre mis muslos, jugando con su glande en mi clítoris y deslizándolo hasta mi coño empapado. Empuja fuerte, de nuevo me hace temblar.

– Ah! Justo así la querías. Bien adentro.

Me ve directo a los ojos, la excitación de tenerlo adentro me hace cerrarlos pero sé que él me sigue viendo, disfrutando de como me da placer. Es lo que más me gusta de coger con él, que no le importa nada más que hacerme venir y lo disfruta tanto o tal vez más que yo.

Con un movimiento rápido me levanta de la cadera sin salirse de mí. Su verga tiene el tamaño para quedarse clavado en mi interior mientras me tira sobre la cama. Siento su peso encima y abro las piernas, levanto la cadera, para permitirle entrar hasta el fondo. Esta vez no hay más previos, empieza a follarme con ganas, con fuerza, deteniéndome entre sus brazos. Siento el primer orgasmo explotar a su alrededor, apretándolo, estrujándolo. Veo su sonrisa de satisfacción al hacerme correr.

Usualmente el juego se acaba aquí para mí, los hombres dicen que los ordeño. Pero no con Aries, esto es apenas el principio. Cambia a un ritmo más lento pero no deja de moverse en mí, sacando casi toda la verga y volviendo a entrar, dejándome sentir cada centímetro de ella en mi vagina y sus testículos golpeando contra mis glúteos. Me vuelve loca, empiezo a mover la cadera a su ritmo y entonces empieza a darme tan fuerte que me clava de nuevo contra el colchón. Cierro los ojos, dejo que mis manos recorran su espalda mientras me pierdo en la sensación y el placer. Otra vez me corro, otra vez sonríe y se levanta para quedar frente a frente. Es un mamón, se pone a hacer lagartijas mientras me la mete, dejándome ver perfectamente cómo me va abriendo y la extensión completa de su miembro, empapado en mi jugo.

– Show-off. – Le digo con una sonrisa y aprovecho la posición para dejar que mis dedos se enreden en el vello de su pecho. Es un oso, tal cual. Encuentro sus pezones y empiezo a juguetear con ellos, rozándolos con la punta de mis dedos. Cierra los ojos y gime profundamente

– Uy sí, putita, sabes que eso me encanta – Empieza a murmurar mientras mi lengua lame su pezón derecho y mis dedos aprietan el izquierdo hasta que se ponen duros. Lo chupo, eso lo dispara y empieza a enterrarse con fuerza de nuevo dentro de mí. La posición en la que estoy hace que tenga un acceso completo, puedo sentir la punta de su pene golpeando el fondo de mi vagina cada vez con más fuerza.

En medio de tanto sexo intenso, entre gemidos, logro decirle – Así, justo así – Sin voltear a verme me ordena – Se dice “más duro” – Otra vez me voy a correr, es como si el cabrón hubiera encontrado el botón de “orgasmo” en mi coño. Regreso a sus pezones, y mientras le mordisqueo uno le suplico.

– ¡Más duro! ¡Más!

No tengo que decirlo dos veces, mientras me embiste con violencia puedo sentir como toda mi vagina se contrae alrededor de él, puedo sentir que su miembro pulsa en mi interior, aguantándose la eyaculación pero dejándose disfrutar del orgasmo. No se detiene y me deja terminar, empujar la cadera para que entre más al fondo. Cuando termino empiezo a temblar. Él se levanta frente a mi, con su verga aún atrapada en mi coño contraído por el orgasmo. Me recorre descaradamente con la mirada y sus manos estrujan mis pechos, sus dedos aprietan mis pezones, los jalan.

– Muy bien putita, muy bien. –

Se aleja, puedo sentir como escurro la parte interior de los muslos y lo veo allí, hincado en la cama frente a mi, con la verga llena de mi. Me volteo y quedo en cuatro puntos frente a él, no le pregunto nada, solo me meto su verga a la boca. Ya no está dura, pero probarme en él me hace lamerlo completo, hasta que logro que tenga otra erección. Le gusta que lo masturbe, desde la empuñadura, mientras me meto el glande a la boca y se lo lamo de todas las formas que se me ocurren. Cuando está listo me levanto y lo aviento sobre el colchón, quiero metérmela otra vez.

– Es mi turno de estar arriba, y te tengo un regalo.

– ¿Ah si? A ver.

Saco un churro y el encendedor y le doy una larga fumada, llenando mis pulmones del embriagante humo. Me inclino sobre él y dejo salir el humo mientras me besa, dejando que lo aspire directo de mi boca. Nada como un buen viaje compartido a Orgasmolandia. Hincada junto a él abro las piernas y me acomodo sobre su cadera, la punta de la verga lista en mi coño. Sus manos en mi cadera me guían hasta abajo, entrando suavemente en mí. Las ganas me hacen levantarme y empezar a mover la cadera furiosamente, tallando mi clítoris en su vello púbico. Es casi instantáneo, me arqueo hacia atrás de placer y dejo expuesto mi clítoris, él se aprovecha y con su pulgar me masturba mientras yo muevo mi cadera, sintiéndolo bien adentro. Puedo sentir cómo me corro de nuevo, empapando su cadera, su vello, sus testículos.

– Me haces venir de formas que no sabía que podía venirme – Lo miro directo a los ojos, – Carajo, estoy enamorada de tu verga y mientras más me das, más quiero. 

Se ríe de mí, pero sé perfectamente que es justo lo que quiere oír, su puta personal suplicando que la folle de todas las formas que se le ocurran.

– Me encanta que descubras cosas nuevas. 

Agarra uno de mis senos, apretándolo con suavidad, acariciando el pezón erecto con sus dedos para luego acercarme a él y lamerlo, tomándolo entre sus dientes, tironeándolo levemente. Sus manos en mi cadera me detienen para permitirle entrar a su gusto, sus dedos bajan justo a la altura de la base de mis nalgas para estirarme y abrirme. Miro el espejo y veo mi reflejo, cabalgándolo, disfrutándolo. Si alguien grabara esto podríamos hacernos millonarios con una gran película porno. Quiero probar otro ángulo y me volteo, dándole la espalda, de forma que puede ver perfecto como me la mete completa en el espejo. El reflejo no miente, su gran verga me tiene empalada hasta el fondo y yo no puedo parar de moverme, guiada por él, hasta correrme de nuevo.

Caigo en la cama agotada y él se levanta a llenar el jacuzzi. El agua es un ambiente maravilloso, sé las cosas que puede hacer allí, las posiciones que pueden ocurrírsele. No entiendo como mi cuerpo agotado puede seguir queriendo más de esto, más de él. Regresa a la cama y me abre las piernas, su mano recorre mi muslo hasta llegar a mi coño bien rasurado, lo acaricia, disfrutando la humedad causada por él y para él, para que pueda deslizarse dentro de mi todas las veces que quiera. Si, soy su puta, puede cogerme hasta que se harte. Se la he mamado mientras ve la tele, solo porque estaba aburrido. Y me fascina. Cuando estoy bien caliente otra vez me deja, va al jacuzzi y se mete.

– Sé una buena putita y prepárame otro toque. – Vaya que lo tengo consentido, obedezco sin chistar.

Pongo música, un playlist que le he estado armando, canciones con las que quiero que me coja. Cuando me meto, el agua está hirviendo pero no me importa, justo empieza Closer.

– Esta es la canción que me recuerda a ti.

Sonrío de nuevo, él sabe que es justamente lo que quiero. “I want to fuck you like an animal”. He estado viendo su verga a través del agua, no lo puedo evitar, quiero más de él así que mi mano va directo a masturbarlo de nuevo. El ritmo de la música es perfecto y cuando su erección está lista, me monto de nuevo en él, deslizando cada centímetro de su miembro hasta el fondo de nuevo. Segundo round y la música sigue sonando, él me guía, me da el movimiento, el ritmo, y yo me dejo llevar. El agua salpica todo, no importa, solo importa que está dentro de mi otra vez y que me estoy corriendo de nuevo, sus manos en mi cadera, deteniéndome para no perderse ni una sensación cuando mi coño vuelve a estrujarlo. Coger en el jacuzzi es una de mis formas favoritas, lo muevo hasta que encuentro la posición exacta. Acomodo su glande directo a la entrada de mi coño.

– Estás seca mi amor.

– Es lo malo del agua. Pero te puedo asegurar que por dentro estoy bien húmeda y caliente.

– Veamos si es cierto.

Sus dedos de nuevo a la base de mis nalgas, me abre y empuja hasta adentro. Grito por el dolor/placer.

– Relájate y déjame cogerte rico. 

Murmura cosas sobre lo rico que es cogerme en mi oído, otra vez me dejo ir, llevada por él, cada vez más duro, más profundo.

– Quiero que me cojas hasta que me desmaye de placer. No quiero que pare el sexo intenso

Grito mientras me vengo de nuevo. Esta vez no me deja descansar, aprieta más mi cadera y empieza a moverse dentro de mi.

– Eres mi fantasía perfecta, una puta a la que le gusta que me la coja como se debe y que sabe venirse bien rico. 

Lo escucho gemir, eso me prende más todavía. Saber que me desea así, solo por el placer que le doy, por el placer que me da. La música sigue, yo la sigo, no sé cuanto tiempo ha pasado y todo desparece a mi alrededor cuando comienza “You could be mine”. El ritmo de la canción, su verga bien enterrada en lo más profundo de mi, lo empujo y quedo arriba de él. El agua me ayuda a moverme sin esfuerzo, hasta adentro, viendo como disfruta que me lo coja así. Me corro de nuevo y me dejo caer hacia atrás en el agua. Pero él no va a dejar que se quede en eso y me detiene con sus piernas. Me va a hacer venir otra vez, hasta que no pueda ni respirar. Pone sus manos en mi espalda baja, enterrándose de nuevo hasta adentro con furia, con ganas. Lujuria pura. Nada más, sexo en su forma más primitiva, haciendo que todo mi cuerpo tiemble.

Cuando termino me suelta, me hundo en el agua. No puedo moverme, todo mi cuerpo está a punto de desplomarse. Lo veo salir del agua, tirarse en la cama. –Ven aquí, ándale, relájate – Verlo allí tirado, desnudo, es ver mis más locas fantasías hechas hombre. Tengo que tocarme. Sigo en el agua, así que me deslizo y quedo con las piernas totalmente abiertas para qué vea lo que estoy haciendo.

– Ese es el problema con las multiorgásimcas, todos los hombres quieren una pero cuando la tienen, ya no saben que hacer con ella. 

Tengo que reírme, es cierto. Pero él sabe muy bien que hacer conmigo. Cogerme. Así de sencillo, una y otra vez, duro. Nos hemos aguantado las ganas de que me deje bien marcada su mano por toda mi piel, tal vez algún día. Deseo tanto el dolor al sentir su palma golpeando mis nalgas, mis muslos, mis senos.

Salgo del jacuzzi directo a la cama y me enciendo un cigarro, al fin un respiro, pero siento mi coño palpitar todavía, disfrutando de las últimas oleadas de placer y expectante ante volver a recibir la verga que tanto desea. La idea me da escalofríos. Estoy sentada a la altura de su cadera, así que tengo total acceso a su pubis, la tentación es mucha, acaricio su muslo hacia los testículos, metiendo uno en mi boca. No se lo esperaba así que lo que quiera que me estaba diciendo se queda a medias. Enterrar la cara en su vello y olerlo, mientras mi lengua acaricia suavemente el testículo en mi boca y mi mano se aprieta alrededor de su pene.

– Se me va a poner dura otra vez. – Levanto la mirada. – Esa es la idea. 

Aprovecho y cambio de testículo, me lo quiero comer todo, su sabor es adictivo, su olor me embota los sentidos y solo puedo pensar en qué nuevos trucos hacer para darle más placer, en que tan pervertida puedo llegar a ser para él. Puedo ver en sus ojos que él también quiere saberlo.

Su verga está lista otra vez, tan dura como en el primer round, es un maldito dios del sexo, y yo soy la musa que lo inspira a dejarse llevar a lo más profundo de la perversión. Le he contado todas mis fantasías, todo lo que quiero que me haga y que me haga hacer, incluso las más obscuras, las que me niego incluso a mi misma. Lo he hecho mientras me la mete toda en mi coño apretado, constantemente húmedo cuando él está cerca. Voy a montarlo otra vez. Tengo que hacerlo disfrutar con mis orgasmos. Abro las piernas sobre su erección, llevándolo a la entrada, solo la puntita, me mojo más, estoy lista para que mi coño se lo coma completo otra vez.

Cuando me la meto sus brazos me jalan hacia él, quedo recargada sobre su hombro, he aprendido a dejarlo hacerme, relajarme, solo sentirlo meterla una y otra vez, enseñándome a sentir placer. Lamo el sudor de su hombro, subo por su cuello, siento su barba raspar mi mejilla. Es perfecto, carajo, perfecto. Cierro los ojos y aspiro profundamente, su olor llena mis pulmones, es la droga más dulce que he probado. Siento como sus dedos dejan mi culo al aire y mi coño se abre más para su verga. Voy a enloquecer, me levanto empiezo a mover la cadera de nuevo, lo miro, otra vez sonríe.

– Eso es preciosa, vente rico.

– Para ti, lo que sea cariño. ¿Te gusta que me venga para ti?

– Me encanta, me encanta ver como disfrutas que te la meta.

No puedo más y dejo que mi cuerpo estalle en un orgasmo como jamás lo había sentido. 1, 2, 3, 4, 5 fuertes contracciones, pierdo la cuenta. No puedo respirar, no puedo parar de temblar en contracción tras contracción de placer. Grito, ya no importa nada, no me importa que me escuchen en las otras habitaciones o en tres cuadras a la redonda. Que se enteren que este hombre sabe cogerme como nadie lo ha hecho. Termino y me dejo caer de nuevo sobre su pecho, me abraza casi hasta tierno, acariciándome con sus manos, empujando suave su verga para que sepa que aún está allí y que me va a dar más. Va construyendo el siguiente orgasmo lentamente. Sigo mojada, cada vez más, más caliente ¿Cómo lo hace? No lo sé. Otra vez hacia arriba, otro orgasmo listo para él.

– ¿Otro? No seas tan puta.

– Contigo no lo puedo evitar, quiero que me hagas venir.

Ya no supe cuantas veces más repetimos la escena, hasta que caigo a un lado de él, boca abajo. Pone su mano en mi espalda, baja hasta donde inician mis nalgas y vuelve a subir.

– Anda, termina de venirte, de disfrutarlo.

Si, eso es lo que debo hacer, dejo que todo mi cuerpo se relaje después del maratón de placer que me acaba de dar. Cierro mis ojos, lo siento moverse junto a mi, seguir acariciando mi cuerpo. Toma mis piernas y me gira sobre mi costado para acomodarse entre mis muslos. Trato de moverme pero deja caer su peso sobre mi

– Tranquilita, deja que me acomode dentro de ti. 

Soy adicta a él, sabe que voy a hacer lo que me pida. Me quedo quieta, dejando que su verga dura me penetre de nuevo, sintiendo sus testículos contra el interior de mi muslo. Embiste duro, grito otra vez. En cuanto ya está bien adentro aumenta el ritmo, la fuerza, abro más las piernas, rodeando su cintura con la pierna libre, sus manos acariciando mi espalada y apretando mis senos. Voy a desmayarme de placer cuando me corro otra vez. Vuelve a girarme, quedo boca abajo, sintiendo su peso sobre mi, su cadera contra mis nalgas, su verga bien dentro de mi coño. Me murmura lo mucho que lo excita que su putita disfrute tanto que se la coja y no para hasta que me vuelvo a correr. Levanto la cadera y aprieto los músculos para que sepa que quiero más pero se levanta y me da una nalgada

– Suficiente, quiero que te quedes con ganas de más para la próxima vez. –

No sé cuando lo voy a volver a ver, no es importante. Estaré allí, lista, húmeda y caliente para disfrutar del sexo intenso con él.

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