Mi experiencia sexual: Voraz II

Antes de mi primera experiencia sexual, que os conté en “relato XXX de fantasía sexual: voraz“, yo creía que para estar con un hombre solo debía haber amor, que llegaría mi príncipe encantado y me llevaría a un mundo lleno de flores y sería feliz para siempre… jajajajaja que linda ilusión infantil, pero él llegó y me enseñó un mundo en tonos rojos apasionados y estridentes. No me lo esperaba, pero me encantó el nuevo mundo que nació después de aquella experiencia sexual.

Esa mañana inesperada en esa oficina del 5to piso del edificio de Docentes y tutorías, yo July estaba siendo convertida en una criatura salvaje presa de sus deseos, estaba perdiendo la batalla con mi buen juicio que decía “es una locura”, contra mi cuerpo que solo quería más sin importar nada… solo el deseo y el placer de una nueva experiencia sexual. El experimentado Patricio me estaba dando el más increíble momento erótico que hasta ese momento había tenido en mi corta experiencia con los hombres… vendrían muchos placeres más aun…

Yo así, con mi sexo palpitante y húmedo, expuesto ante sus fascinados ojos que miraban con atención ante cada contracción de placer mientras con su experto dedo aún me poseía y así seguía prolongando mi inesperado momento de placer, mis gemidos y espasmos descontrolados lo trajeron a la realidad y se paró sin sacar su dedo, me atrajo a su bien tonificado cuerpo con un abrazo contenedor, al mismo tiempo atrapó mi boca con sus besos y su lengua experta comenzó a poseerla para acallar mis gemidos y así dejarme probar el sabor de mi propia excitación que aún estaba viva en su boca.

Era todo un mundo de sensaciones que estaba absorbiendo en ese momento sin tener yo el control de ni una de ellas, solo intentando disfrutar de esa inesperada experiencia sexual que él me daba y al mismo tiempo se daba a sí mismo.

Movió su dedo como haciendo una clave Morse continuamente hasta que estuve totalmente vacía de placer, retiró su mano de mi entrepierna, la llevó a nuestros unidos labios y me hizo probar, yo estaba como poseída y chupé con ganas su mojada mano. (Mi sabor era algo dulce y salado), de repente agarró el borde de mi camiseta y la sacó por mi cabeza, desabrochó el sostén, y así terminó de liberarme de la ultima prenda, observó satisfecho mi cuerpo mientras desabrochaba su camisa, y yo aun sentada en su escritorio miraba impaciente… Y dice – Tócate para mí, quiero verte dándote placer.- Dudé un minuto ya que nunca había disfrutado de ese tipo de experiencia sexual en solitario, pero comencé a hacerlo lentamente, subí una pierna, así estaba más abierta y comencé a acariciarme delante de ese hombre que se desnudaba frente a mis ojos, tocaba mi vulva que comenzaba a mojarse nuevamente y sentí un gozo que hasta entonces nunca había sentido con esas prácticas, pasaba por mi clítoris y por los labios cada vez más rápido y sonaba como mis dedos chapoteaban en mis propios jugos, al mismo tiempo vi caer su pantalón junto a la demás ropa, ya solo se interponía su bóxer blanco ajustado, solo ese pedazo de tela entre su miembro y mis ojos, ya se alcanzaba a ver la cabeza sobre el elástico (he de reconocer que nunca me emocionó ver un pene, pero ese lo esperaba con ansias) bajó la prenda con un rápido movimiento y liberó su hombría, así tan esplendida, larga, dura, del grosor perfecto no muy gruesa ni flaca y con una leve curvatura hacia arriba, con una cabeza armónica al resto, rosada e intensa, me gustó como ni una otra y seguía mojándome más y más, ya hasta mis piernas chorreaban con la espectacular vista de ese cuerpo trabajado, pero sin exagerar, esos hombros anchos, brazos fuertes, abdominales definidos y esos oblicuos que guiaban cual flecha hacia su maravilloso pene, el cual él ya tenía entre manos. Entonces, comencé a gemir como una gata, nuevamente ya sentía un nuevo orgasmo acercarse a pasos agigantados y lo dejé llegar con fuerza, sin resistirme.

Así, mareada y un poco atontada, me tomó y me levantó cual pluma, se sentó en la silla de madera en la cual yo lo había esperado, me puso a horcajadas sobre sus piernas con las mías abiertas de par en par y con gran propiedad me dijo:

– Ahora te lo voy a meter y tú subirás y bajarás a tu gusto, yo me dejaré querer.- y tomando su pene comenzó a ponerlo en la entrada de mi vagina chorreante y sensible y yo comencé a bajar sobre él, llenándome cada espacio hasta llegar al final, me sentía llena de su carne, mi vulva palpitaba y se contraía en torno a él aún sin haberme movido, así que me abrace a su espalda y disfrute esa sensación un par de segundos, hasta que comencé a moverme lenta y sinuosa, mientras mis pechos subían y bajaban, me separé un poco de su cuerpo y así los dos veíamos el espectáculo de cómo su miembro entraba y salía de mí mientras él agarraba mis pechos y los estrujaba, yo solo me aferraba a sus brazos para no perder el equilibrio.

El tempo y ritmo de nuestra danza ya estaban marcados, sube, baja, chupa, lame, besa y de repente él coloca sus manos en mis nalgas y comienza a amasarlas, a separarlas de  a poco jugando acerca un dedo a mi ano y comienza a masajearlo suavemente y como ya estaba lo suficientemente mojada por todos lados él comienza a meter su dedo meñique, yo instintivamente aprieto (la sensación me era completamente extraña ), pero de a poco le cedo el paso y a pesar de la molestia inicial comienzo a disfrutar esa nueva experiencia sexual y así sin más vuelvo a estallar en miles de diminutos pedazos, desapareciendo en la inconsciencia del momento, caigo en su pecho exhausta con los ojos cerrados por el esfuerzo mientras él se derrama dentro de mí con un gruñido feroz voraz y salvaje.

Patricio me toma de la barbilla, me da un dulce beso y dice – vamos, hay que vestirse y seguir nuestro día, así que te ayudo y vamos a tomar un café, ¿te parece?… recuerda que es solo el comienzo, después me tocará a mí y hagas lo que hagas no te comprometas para nada, a la tarde seguimos en mi casa, mi dulce gatita en celo- y yo con algo de sorpresa y una sonrisa en la cara solo le digo – por supuesto, quiero seguir disfrutándote.

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La primera vez de Ricky

Ricky estaba muy asustado cuando Maggie lo llamó aquella noche. No porque supiera que iban a pelear o porque hubiera hecho algo malo. No. Ricky estaba nervioso porque, esa noche, Maggie había decidido convertirlo en hombre. Esa iba a ser la primera vez de Ricky.

Recapituló antes de golpear la puerta:

Maggie le llevaba cinco años, era la hermana mayor de su mejor amigo y, ¡Dios! Él lo sabía muy bien: ¡La muchacha era una bomba!

De piel canela y piernas largas, llevaba el cabello castaño y largo y los ojos marrones cargados de placer. Sus pechos se dejaban imaginar grandes y turgentes, su vientre liso y bien marcado, y sus nalgas redondas y firmes. Completando lo que para él era una imagen divina.

Sí. Maggie era el sueño de todo chico y él estaba a punto de volverlo realidad la primera vez que iba a tener sexo. Tragó saliva.

Ya no recordaba cuántas veces se había masturbado viéndola. Pero si tenía grabado a fuego en su mente aquella vez que ella lo descubrió mientras tomaba sol tumbada de espaldas en el patio y, en lugar de escandalizarse y regañarle, se puso en cuatro patas levantando su culito y contoneándolo, como si se lo estuviera ofreciendo. Pero Rycky no pudo dejar de masturbarse y apuró el roce de su mano en su pene para largar su contenido. A partir de ese día, supo que solo era cuestión de tiempo. Por eso no se sintió para nada sorprendido cuando Maggie le escribió informándole de que sus padres y su hermano habían salido, que volverían tarde y que quería verlo cuanto antes. Al principio se sintió intrigado, pero su curiosidad se volvió una mezcla de miedo y excitación cuando le oyó decir:

-No te olvides de traer unos cuantos forros.

Así que ahí estaba él, el joven y virgen Ricky, a un golpe en la puerta de cambiar su vida y volverse hombre. Tocó tres veces.

Maggie lo recibió envuelta en una bata rosa clara y con una sonrisa por demás juguetona. Ricky entró tímidamente y fue conducido hasta la cocina.

-No tengas miedo, relájate. –le dijo Maggie al tiempo que le servía una copa de vino. –Créeme, nos vamos a divertir mucho.

La primera vez de Ricky, un sueño hecho realidad

Sin mayores preámbulos, Maggie tomó a Ricky de la mano y lo condujo hasta la habitación de sus padres. Rápidamente tiró al muchacho sobre la confortable y enorme cama. Se acostó a su lado y, sonriéndole abiertamente, comenzó a besarlo.

Sus labios y sus lenguas danzaban apasionadamente al tiempo que la muchacha lo tomaba por la espalda, acercándolo hacia su cuerpo. En su inexperiencia y desesperación, Ricky buscaba bruscamente acariciar cada centímetro de la muchacha, desde sus nalgas hasta su espalda y cabellos.

-Mmmmm, veo que alguien ya está preparado. –comentó grácilmente Maggie al tiempo que frotaba la pelvis de Rick por sobre su pantalón y notaba cómo su bulto iba creciendo y creciendo. –Abrí bien los ojos pendejo, que esto te va a encantar.- Añadió guiñándole un ojo.

Y ante la sorprendida y fogosa mirada de Ricky, Maggie se quitó la bata quedando completamente desnudo.

-¿Te gusta lo que ves? –le preguntó entre jadeos al tiempo que le acercaba los pechos a la cara y le tomaba las manos para que se los apretase. –Apriétalos y chúpalos, dale… Mmmm sí, así. –Comenzó a gemir cuando Ricky comenzó a apretar y masajear sus pechos mientras le daba largas lamidas y chupadas.

El éxtasis del joven comenzó a crecer cuando Maggie lo liberó de sus pantalones y dejó a la vista su pene totalmente duro y erguido.

-Mmmm qué grande es –comentó la joven tocándole la cabecita con la lengua y haciendo que se doblara de placer sobre la cama. Sonrió. –Despacito, que quiero saborearlo entero, entero.-Añadió dándole suaves lamidas y frotándolo con la mano lentamente.

Una fina capa de sudor comenzó a recorrer el cuerpo de Ricky mientras acariciaba a Maggie en las mejillas y esta se tragaba dispuesta y hambrienta todo su pene. No podía creer que se lo estaban chupando. Sentía el paladar de la muchacha en la punta de su miembro y una suave lengua recorriéndole por los costados. Sus huevitos duros y redondos, masajeados por finos y suaves dedos, amenazaban con descargarse.

-Llegó la hora de hacerte hombre. –Dijo Maggie a su oído, incorporándose y sentándose sobre él.

La muchacha comenzó a frotarle el pene mientras le ponía un preservativo y lentamente se sentó sobre él haciendo que su conchita se lo tragara por completo. Dejó escapar un gemido seco y comenzó a moverse lentamente.

Las manos de Ricky iban de las piernas de la muchacha a sus dulces nalgas. Su respiración se agitaba y se entrecortada al tiempo que una electricidad recorría su espalda y un leve hormigueo invadía sus caderas al sentir cómo Maggie lo rozaba con cada pequeño saltito que daba sobre su pene. Sus ojos estaban hipnotizados por el bailecito que hacían esos rebosantes pechos con cada sacudida y solo quería tenerlos en su boca. Pensamiento que Maggie debió adivinar, pues se agachó y le colocó los pechos en el rostro, moviéndolos de lado, al tiempo que aumentaba la velocidad de su cabalgada.

Ricky comenzó a mover su pelvis también, automáticamente, al tiempo que comenzaba a ser consciente de la sensación tan plácida de calor y humedad que invadía a su pene y de cómo este se iba pelando en el interior de la muchacha.

-¡Sí, sí, así! –gimió Maggie, al tiempo que Ricky se llevaba uno de sus pezones a la boca y apretaba el otro con dedos un poco más expertos.

La joven se incorporó un poco y lo besó apasionadamente, introduciéndole la lengua hasta la garganta, al tiempo que aumentaba la velocidad de sus movimientos y roce. Los gemidos de ambos comenzaron a entremezclarse. La muchacha dejó escapar un agudo grito en el mismo momento en el que Ricky sentía cómo su semen abandonaba su pene y se desparramaba, caliente y espeso, en el interior del condón. Era la primera vez que Ricky experimentaba aquella inolvidable sensación.

La muchacha le dio un cálido beso y se recostó a su lado.

 -¿Te gustó volverte hombre? –le preguntó besándole una oreja.

 Ricky no pudo responderle con palabras, solo atinó a volver a besarla.

 

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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