Esto no es crítica: Namiko de Tokutomo Roka

De vuelta a la Literatura Japonesa porque… porque sí. No necesito muchas razones para decidir, la verdad. Por fortuna, esta aparente falta de criterio no me ha jugado una mala pasada hasta el momento. He terminado disfrutando esta novela pese a la poca trascendencia de la misma y de su escritor (según cuentan las malas lenguas).
Namiko, titulada originalmente en japonés Hototogisu, es una novela del escritor y filósofo japonés Tokutomi Roka publicada primero por entregas de 1898 a 1899. La obra está dividida en tres partes y en ella se narra la vida de Namiko, quien desde muy niña pierde a su madre y se ve sometida al mandato de su madrastra, que rápidamente la relega por ser la favorita del padre. Así, cuando Namiko se casa, piensa que al fin podrá llevar una vida más tranquila; no contó con que su suegra sería incluso peor que su madrastra. Sin embargo, el temperamento de la suegra le pasó a Namiko como una simple diferencia familiar, ya había recibido como consejo de su padre la paciencia, pues si iba a vivir con otras personas, obviamente las costumbres podrían ser algo diferentes. Takeo, su esposo, por otro lado, es un joven tranquilo que parece adorarla. Su trato para con ella es sereno y afectuoso, lo que hace que Namiko la pase verdaderamente mal durante su ausencia ya que Takeo desempeña un modesto cargo en la marina que frecuentemente lo aleja de casa.
De pronto, cuando Namiko al fin ha aprendido a sobrellevar el carácter de su suegra y se cree en un matrimonio feliz, cae enferma; el diagnóstico no es bueno: tuberculosis. En ese tiempo no se conocía muy bien la enfermedad y no tenía cura e incluso se creía hereditaria,  por lo cual es utilizada como excusa para intentar separar en la pareja, todo en aras de la preservación del linaje familiar, dado que Takeo es hijo único.

La estructura es lo  primero que quiero mencionar por la forma curiosa pero clara en que se fue desarrollando la novela. La primera parte es en su totalidad introductoria, y ahí yace su encanto, pues los personajes se van presentando en una especie de secuencia en cadena, comenzando con Namiko. Así, en esta primera parte conocemos a todos los personajes en torno a los cuales gira la obra de una manera tal vez demasiado definida, cosa que ya mencionaré más adelante.
La segunda parte de la novela trata las circunstancias familiares en ambas casas, más como un desarrollo de personajes, es para comprender todos esos valores que regían a la familia en esta sociedad japonesa en tiempos posteriores a la restauración. Es además aquí donde se desarrolla todo el plan para separar a la pareja, pasando de un implicado a otro con las formalidades que el trato entre ellos mismos ameritaba según su posición social y cercanía con la familia, convirtiendo este plan macabro en una auténtica burocracia.
La tercera parte entonces es una suerte de convalecencia, y de cuestionamiento personal y social. Hay que recordar que la sociedad japonesas siempre ha sido rígida en cuanto a las conveniencias sociales; sin embargo, este periodo posterior a la Restauración Meiji, como se ve en otros escritores de la época (sólo Soseki se me viene a la mente por el momento) comienzan a plantear esa paradójica relación entre el yo y la sociedad; y en el caso de la obra que nos ocupa, entre el yo y la familia.

La novela, más que una historia romántica, es una crítica social. Esto se nota claramente porque todas estas conveniencias sociales rivalizan con el protagonismo que supuestamente carga Namiko. Si bien alrededor de Namiko giran todas las decisiones de lo más personajes, las razones por las que estos actúan como lo hacen es todo debido a la presión social, a la importancia del linaje masculino, del honor familiar.

Este es el fuerte de la novela, ya que sirve como critica a la posición de la mujer en esta época. Namiko, ante los ojos de la mayoría, no es más que un accesorio, un vientre de alquiler, y ya que su enfermedad no le va a permitir ser madre, o más bien, por su enfermedad no se le debería permitir ser madre por la fatalidad que creen puede desencadenar, ya no hay espacio para ella en la familia que la ha adoptado, y a la que poco le importan sus sentimientos.

La misma madre de Takeo es quizá quien mejor lleva la batuta en cuanto a la posición de la mujer, y puede llegar a ser hasta doloroso escuchar sus palabras, pues ella misma, acepta sin incomodidad alguna, la inferioridad de la mujer frente al hombre, y como una mujer puede ser fácilmente descartada cuando se ve que ésta ya no podrá cumplir con los roles sociales que son su responsabilidad; en este caso, ser madre.

Incluso  Namiko en más de una ocasión hace alusión al status que adquieren las mujeres cuando al fin se cansan, o son madres, haciendo notar que su opinión sólo importa cuando lo han sido, y no antes.

De hecho, todo este asunto de la supuesta posición que ganas las mujeres cuando se casan y son madres se ve incluso en la forma de peinarse, en la forma de vestir, para que todos en la calle sepan que como mujeres ya están cumpliendo su función en la sociedad; y aun así, ni siquiera son dueñas de su propio hogar, ya que por la estructura familiar, esta función todavía le sigue perteneciendo a la madre del esposo.
La mayor falla de la novela, sin embargo, recae en los mismos personajes, puesto que son planos; así es fácil diferenciar los buenos de los malos con facilidad, pues el escritor les ha otorgado un papel que cumplen sin mayor cambio a lo largo de la obra.
No sufren un desarrollo en toda la expresión de la palabra, nunca se oponen a las conveniencias sociales regentes (lo cual no es algo negativo en sí, más bien sirve para reforzar, y más en nosotros los lectores occidentales que no estamos del todo familiarizados con este tipo de estructuras familiares y sociales, la verdadera fuerza que ejercen). Otra cosa negativa que puede mencionarse son ciertos tintes melodramáticos en ciertas escenas, aunque nada que a la larga resulte demasiado tedioso o exagerado.

Pero incluso con todo esto Namiko es una novela que puede leerse de una sentada (como fue mi caso), es ligera, entretenida, con un lenguaje sencillo pero bien trabajado, casi en absoluto repetitivo (salvo tal vez en la primera parte donde se puede llegar a notar que la narrativa del escritor todavía no había alcanzado su punto. Recordemos que la novela primeramente fue publicada como una serialización). Plantea una problemática que si bien pertenece a otro tiempo, puede visualizarse en la sociedad de hoy, y no únicamente en la sociedad japonesa. 

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Espero les haya gustado esta opinión. Mejor aún, ojalá les haya generado curiosidad y decidan leer la novela.
Saludos.

Esto no es crítica: Sin aliento de Ilsa J. Bick.


«Sin aliento» de Ilsa J. Bick fue una de esas lecturas que escojo casi a ciegas, con el único propósito de entretenerme. Como cuando sientes la necesidad de leer pero al mismo tiempo reconoces que ni tu concentración ni tu tiempo son los más adecuados para zambullirte en algo demasiado complejo o demasiado extenso. Cuando escojo lecturas con esta intención, generalmente las termino disfrutando por la sencillez de lo que presentan, sin pretensiones; lecturas agradables que me hacen pasar una buena tarde. Sin aliento, en cambio, fue un poco más allá.

La historia comienza con Jenna, la protagonista de dieciséis años, siendo interrogada por un detective después de haber sido rescatada de un lago helado. ¿Cómo terminó en ese lago? Es lo que el detective quiere saber y es lo que se nos va relatando a lo largo de la historia. Jenna ha tenido una vida dura; fue internada en un psiquiátrico debido a una depresesión severa y muy autodestructiva, y para rematar, su familia no es ni de lejos lo mejor que se podría tener para superar esta situación: una madre alcohólica, un padre hipócrita y controlador, y un abuelo abusivo. Su padre, minimizando la depresión de Jenna al nivel de un simple incidente, decide que ya es hora de que ésta regrese al mundo real porque se niega a aceptar que esa situación siga determinando el rumbo sus vidas, así que no sólo despide a su psiquiatra sino también la matricula en un nuevo instituto para que continúe sus estudios. Así, Jenna no sólo tiene que luchar contra ese mundo al que quieren reintegrarla, sino también con ese pasado del que quiere alejarse y que regresa sin que pueda controlando reviviendo en ella la necesidad de lastimarse. Ha soportado tanto que no puede evitar sentirse sola, depositando su único punto de apoyo en un aparentemente hermano ausente, y ya después, en el Sr. Anderson, el único que parece auténticamente interesado en ella.
La narración es en primera persona, con excepción del primer capítulo, el introductorio, que está en tercera. Jenna le habla directamente a Bob a través de una grabadora cuando éste, al inicio de la historia, le pide que cuando se sienta lista relate lo que ha sucedido, y temiendo que Jenna no pueda sincerarse si él permanece a su lado, deja la grabadora con ella.

Así Jenna decirle relatarle a Bob todos esos sucesos que hicieron que ella terminara casi congelada en ese lago, y lo hace, debo agregar, con una fluidez atrapante. Es una de las primeras cosas que quiero destacar: la novela la leí en un día, en un lapso de aproximadamente seis horas. Fue tanto el enganche  que me produjo, que aunque me tocaba viaje, no dejé de leer. (Hay gente que se marea en la carretera, por suerte, no es mi caso y me alegro por ello). El lenguaje concuerda con la edad de Jenna, la jovialidad que le imprime a su tono también, consigue una forma bastante coloquial.

 Hay una tensión moderada en el orden de los acontecimientos, pero no sobrecargada. La depresión de Jenna es abordada de una manera más realista, sin exagerar con ánimos de ganarnos a base de sentimentalismo. Sí, Jenna está rota, Jenna tiene demasiados problemas (al inicio no imaginamos la magnitud de los mismos), siente que todo el mundo la ignora (y no está lejos de la realidad este pensamiento) y otro sinfín de cosas más que no sólo delimitan su personalidad sino también le dan sentido al desarrollo de la trama, la dan sentido a la forma en que Jenna se relaciona con los demás, sobre todo con el Sr. Anderson.
La trama no es excesivo compleja, pero este no es un punto en contra. A medida que uno va leyendo puede notarse que en realidad no es la trama el punto central; el propósito de la novela es  intentar retratar la ambigüedad moral que existen en cada una de las personas, matizando personajes que generalmente, al menos en este tipo de literatura, casi siempre quedan en los extremos blancos y negros sin más complejidad. Por lo mismo puede resultar difícil catalogar un villano como tal, que no es que no lo haya, simplemente su carácter no llega a ser completamente negro, y también, más parece que la escritora decidió dejar ese juicio en las manos del lector (tal como hace notar en el apartado de Agradecimientosde la novela).

 Uno puede llegar a preguntarse: ¿lo hizo porque es bueno o es una consecuencia inesperada de una mala acción? Tampoco la resolución de los problemas puede catalogarse como felices o tristes, y menos aún el estado mental de Jenna cuando llegamos al final de la novela. El final no es precisamente abierto, pero ya que hemos llegado hasta él cargando todo este cúmulo de ambigüedades, da espacio para más de una interpretación, que es la cuestión que más me gustaría abordar pero como tengo una política de cero Spoilers, tendré que dejarlo de lado. A lo largo del desarrollo se nos van proporcionando pistas que hace que todo resulte obvio, todo esto es así casi desde el inicio. Apenas pasadas unas páginas uno ya siente que algo no pinta bien, y en mi caso no pude evitar pensar «todo es demasiado bueno para ser verdad» cosa que Jenna no llega a exteriorizar precisamente con estas palabras, pero que igual resulta claro.
Entre los personajes destacan, además de Jenna al ser la protagonista, el Sr. Anderson. Es profesor de Química y es el único que se acerca a Jenna sin pretensiones. Cuando Jenna fue matriculada en el instituto su padre le dio a conocer a todos los profesores su ficha psiquiátrica, lo que hizo que el trato de algunos la sofocara, no así el Sr. Anderson, quien no sólo se muestra comedidamente comprensible sino que le da espacio y no la presiona, lo que hace que Jenna sienta por primera vez en mucho tiempo que todavía puede tener control sobre ciertas partes de su vida.
Danielle, compañera de Jenna, o más bien una rival, aunque no aparezca mucho en el relato sirve como punto de comparación, y lo mismo puede decirse de la madre de Jenna. Y la familia de Jenna, incluida su abuela muerta, es esa ancla al pasado, pero un pasado que no sólo le pertenece a ella, sino a cada uno de los miembros, que arrastran secretos incluso igual de destructivos.
Hay muchos más aspectos en los que no puedo interiorizar porque tengo que evitar arruinarles la historia, pero ya habrán notado, por lo que he venido diciendo hasta aquí, que la novela me ha encantado. Tengo que aclarar, por supuesto, que no es perfecta. Tienes sus fallos de estilo y probablemente pudo haber tenido un mejor desarrollo. Pero yo hablo comparativamente, si se puede decir así. No soy fanática de la Literatura Juvenil como tal, sin embargo, la leo con cierta frecuencia. Así que lo que me gustó de la obra fue la temática abordada, la vulnerabilidad juvenil y no lo digo por el hecho de que Jenna padece de depresión sino en general, y esos matices en las personalidades de las personajes, que aunque desarrollados de manera breve (la novela es bastante corta, además, es el testimonio de Jenna, por lo que en cierta medida se comprende la superficialidad del desarrollo) al menos llegan a bosquejarse con claridad, haciendo casi palpable la ambigüedad que la escritora intenta hacernos notar.
En la Literatura Juvenil romántica he notado que abundan personajes dañados a quienes el amor sana, un amor desinteresado y puro, incluso sufrido. ¿Pero qué tanta profundidad vemos en el desarrollo de estas situaciones y personajes? Generalmente, para el final el personaje dañado ya casi está sano por completo. Y no es que en esta novela sea el caso, Jenna sana de alguna u otra manera, pero, ¿acaso su última acción no denota cierto grado de desequilibrio? Porque pueda que el final se vea como algo romántico, pero personalmente, no me lo pareció así. Más lo vi como una adición más a la larga lista de padecimientos que Jenna ya carga consigo… Pero me detendré aquí para no crearles ideas preconcebidas en caso de que decidan leerla.

En conclusión, Sin alientoes una novela sencilla pero atrapante y muy recomendable que intenta entregarnos personajes y situaciones en las que hay espacio para cuestionar un poquito la motivación de las mismas. Puede que no llegue a tener una complejidad lo suficientemente profunda, sin embargo, la intención es clara, y se aprecia: no todo es blanco y negro.


Eso no es crítica: "El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares" de Ransom Riggs

Y aquí estoy otra vez, escogiendo lecturas por razones que no vienen a cuento pero que igual resumiré: Eva Green.
¿Y es que acaso Eva Green escribió esta novela?, se preguntarán.  ¡Por supuesto que no! Es que Eva Green estará en la adaptación cinematográfica que viene de la mano de Tim Burton (que no es santo de mi devoción últimamente) y que verá los cines el próximo mes de septiembre. Lo cierto es que esta novela la he encontrado antes, mucho antes, sin llegar a interesarme un poquito siquiera. Así que sí, Eva Green. Uno no va ignorante a ver las películas de sus actores favoritos, simplemente no es natural.
Pero ya entrando en tema.
El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, es una novela del escritor estadounidense Ransom Riggs, publicada el 2011, que forma parte de un proyecto más grande, probablemente una trilogía, dado que en el 2014 conoció el mundo su secuela titulada en inglés «Hollow City». Esta novela pertenece a la tan en boga literatura Young Adulto Literatura juvenil, con elementos de horror, fantasía e intriga, que cuenta con la peculiaridad de que originalmente estaba planeada como un Picture Book, un libro ilustrado, en donde naturalmente imperarían las imágenes sobre la narrativa, aunque en este caso, fotografías, tan reales como peculiares. No fue sino gracias a la intervención de la editorial que terminó en las estanterías como una novela, sin descartar del todo las fotografías que le dieron vida a la historia y que nos encontramos cada cierto número de páginas como apoyo de la misma. (Aunque más bien son su origen).

La novela, tiene como protagonista a Jacob Portman, un desmotivado joven de dieciséis años que lleva una vida acomodada pero aburrida. Su relación más cercana es con su abuelo, a quien de niño admiraba por las extrañas historias que le relataba, historias que de todo corazón esperaba que fueran reales, pero que con el tiempo fue juzgando de la misma manera que lo hacían los demás: simples efectos del estrés post traumático al haber formado parte de la Segunda Guerra Mundial. En un último intento por convencerlo, el abuelo le muestra a Jacob un extraño grupo de fotografías que el joven descarta como manipuladas, interponiendo más distancia entre ambos. Un desafortunado suceso, sin embargo, vuelve a acercarlos, y así Jacob se aventura en busca de la isla en dónde su abuelo se crio, lugar en el que quizás pueda encontrar las respuestas a todos esos sucesos extraños que siempre rodearon su vida.
El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares está narrada en primera persona, la narración corre por cuenta del protagonista, Jacob, por lo que el lenguaje es sencillo, jovial y directo. La sencillez de la narración es bien cuidada y nunca resulta tediosa, y el ritmo de la misma está bien equilibrado.

  

El desarrollo de la historia es gradual y limpio. Parece quedarse un poco estancada a mitad del libro pero recupera la tensión, y la mantiene muy bien, en las páginas finales, cuando el verdadero conflicto se desata. A su vez, los dilemas internos de Jacob y su lucha por encontrar su lugar y su identidad  no llegan a resultar tediosos ni excesivamente sentimentales.
En cuando a los personajes, Jacob es un joven totalmente desmotivado, la situación con su abuelo lo ha dejado tan desconsolado que sus padres deciden que tiene que ver a un psiquiatra. Está atrapado entre la realidad y la fantasía, entre lo que le dicen que debe creer y lo que cree. No sabe qué camino seguir, y teme que su propia identidad esté demasiado marcada por la influencia de su abuelo, cosa que se le irá remarcando a lo largo de su viaje, sobre todo cuando llega a la mansión de Miss Peregrine y parece que lo reciben como si fuera alguien más.

Miss Peregrine es la encargada de los niños peculiares. Se encarga de mantener el lugar en orden y que a nadie le falte nada. Es seria y decidida, severa de necesitarse, pero misteriosa sobre todo.
En cuanto a los demás personajes destaca la del abuelo, más por recuerdos y por misterios y por su presencia constante pese a no encontrarse nunca físicamente; el padre de Jacob, también víctima de los secretos del abuelo, un hombre inseguro que nunca llega a terminar nada de lo que se propone, una lamentable figura paterna;  Emma Bloom, una chica entusiasta y decidida que hará dudar a Jacob haciendo que replanteé su identidad y lo que quiere. Además de otros chicos con poderes peculiares que le mostrarán a Jacob una faceta de sí mismo que no conocía, cada uno con su historia trágica aunque tantos éstas como sus personalidad nunca son desarrolladas del todo.
Hay que resaltar que hay elementos a lo largo de la novela que han sido colocados con cuidado para luego ser retomados. Y digo con cuidado porque no parecen de todo ocultos, son mencionados con naturalidad, siguiendo la narración, ni tratando de minimizarlos ni resaltándolos en exceso; esto hace que cuando nuevamente aparecen, nos remitamos a ese momento en que fueron presentados, atando ciertos cabos. Y aunque si bien la historia no resulta compleja en ningún sentido, el que cada elemento sea considerado, incluido los poderes de los niños peculiares durante la resolución de ciertos problemas, resulta destacable, pues habla de la capacidad del escritor para ir colocando indicios a lo largo de la historia. Lo que hace que no se sienta que las cosas de dan de sopetón.
En cuanto a las fotografías. Destacan por el aire vintage, y porque son bastantes peculiares en su composición. En el apartado de Agradecimientosde la novela se garantiza su originalidad y los títulos de cada una. Al ver las fotografías uno entiende un poco más la inventiva del escritor, porque las fotos no se tomaron para ilustrar la novela, la novela nació de esas fotografías, en base a ellas fueron creados los personajes y la trama, hasta darle su total forma a la novela.

En conclusión, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares es una historia de madurez, de iniciación hacía la vida adulta. Es una historia breve de rápida lectura, sencilla y agradable, con un lenguaje jovial y directo y con personajes que no llegamos a conocer del todo pero que igual pueden llegar a resultarnos simpáticos en su singularidad. Puede que la trama para algunos se mueva un poco lento al inicio, pero esto se ve compensado con el dinamismo de los capítulos finales que logran mantener la tensión y la velocidad de los acontecimientos hasta su desenlace. Un desenlace abierto que sirve como introducción a la próxima aventura de tan peculiares criaturas.
Personalmente la disfruté, pero no de la manera que había creído. Es una lectura para pasar el rato, para entrenarse sin más, sin mucho esfuerzo. No sé qué tanto influirá mi edad en esta percepción, por lo que mi mejor recomendación es que si al menos te da un poquito de curiosidad, intentes leerla. No será lo mejor que leerás, pero al menos no te quedaré la sensación de haber perdido el tiempo. Además, las fotografías son una joya por sí solas, y con una que veas seguro te pica la curiosidad.  


¡Tengo esta sección también en Wattpad!
Gracias por leer.
Saludos.

Esto no es crítica: «Vida y muerte» de Stephenie Meyer


«Vida y muerte» de Stephenie Meyer no es la primera novela que no termino de leer pero que igual decido «reseñar» en el blog. La primera que decidí reseñar sin terminar fue «Grey» con todas sus inconsistencias. No resulta curioso entonces que sea ahora una «obra» de la autora que inspiró la súper insípida y dañina 50 Sombras la que hizo que perdiera mi fe en las editoriales y en sus fans en general.

Ahora bien, quiero aclarar que más que una reseña (siempre digo que reseñar y criticar es mucho más complicado, estos post siempre son puras opiniones) esta es una entrada grosso modo acerca de las razones por las que fui incapaz de continuar leyendo.
También quiero agregar que a muchos mis palabras le resultarán ofensivas, y con total honestidad digo que no es a propósito… la mayoría del tiempo. YO simplemente me encargo de plasmar lo que siento al leer, y desde siempre aclaro que esta sección del blog nunca se ha caracterizado ni se caracterizará por su total objetividad. Sin embargo, en esta ocasión, las cosas que quiero resaltar en esta obra son en su mayoría aspectos formales de la misma, debidos, sobre todo, a la trama inconsistente (inexistente, de hecho) y a la mala escritura. Así que no queda más que advertir que si eres un fan acérrimo de esta saga y de su «escritora», estoy 100% segura de que esta opinión no te va a gustar para nada.
Yo, por fortuna, no leí la trilogía de Meyer, esa que la hizo millonaria y llevó a medio mundo a un estado de demencia de lo más desconcertante. Lo intenté, cuando salió el anuncio de las adaptaciones, pero a las dos páginas me di por vencida. En aquel entonces era más agria y mi paciencia tenía una mecha bien cortita. Ahora, en cambio, veo las cosas con un tono más jocoso; incluso veo mi masoquismo con cierto sentido del humor disfrazado, en la mayoría de las ocasiones, de aburrimiento. Sea como sea, me gustan estas dinámicas porque resultan entretenidas y hace que un buen grupo de mis contactos de Facebook participen en el «debate» y la «crítica» y eso siempre es bueno. Pensarán que nos unimos en nuestro odio, pero no… no del todo, al menos. Simplemente nos gusta, o bueno, a mí me gusta comprender todo lo que hay detrás de todos estos «fenómenos literarios» que son cada vez más frecuentes en estos días y que de literarios tienen bien poco. Esta es la razón por la que decidí leer esta novela. Así que por favor eviten los «si no te gusta, no la leas»; hace mucho dejamos el jardín de infantes.
Aclarado todo esto, comienzo. (Y agárrense bien, que esto va para largo)
«Vida y muerte» es, según la sinopsis:
«…una nueva y sorprendente reformulación de la historia completa —Crepúsculo— realizada por la autora, junto con un detallado prefacio y epílogo.Los lectores disfrutarán de la icónica historia de amor de Bella y Edward con una perspectiva renovada».
No puedo decir qué tanta «renovación» sufrió la historia original porque, como ya mencioné, no la he leído. Pero sí les puedo decir que como lectora no disfruté absolutamente nada. Ni siquiera burlarme. Es todo tan soso que ni para material de burla funciona.
La «escritora», en el Preámbulo de la obra, dice que una de las principales razones por las que hizo este cambio de sexo, aparte de lo obvio (el dinero) es por la crítica constante que recibe la protagonista de la novela original. Sí, Bella. Y yo no he leído los libros pero sí que vi dos películas, y bueno, comprendo en parte de dónde viene tanta crítica. Pero claro, con sólo las películas no puedo hacer una comparación, y no lo haré, no me detendré en esto. Aunque aún dejándolo de lado igual se puede entrever que su intención es demostrar que el proceso de enamoramiento adolescente y el subsecuente bloqueo de todo funcionamiento cerebral coherente se da por igual en hombres y mujeres. Como queriendo decir: Bella no es tonta por ser una mujer enamorada, Bella es tonta simplemente por estar enamorada (más por estar terriblemente escrita, argüirían algunos).
¿Consigue defenderse bien? No. De hecho, en varias ocasiones me tuve que recordar que el narrador es un chico adolescente, para empezar; aunque poca veces llega a comportarse de manera sentimentalmente desproporcionada (al menos hasta donde leí) que es una de las cuestiones que se critican de Bella, así que la autora misma se contradice cuando afirma que da lo mismo cuando un chico o una chica están enamorados si es claro que ha alterado la personalidad de la representación masculina de Bella (Beau) en la obra, según ella porque:
«El 5% de los cambios se deben a que la personalidad de Beau se desarrolló de manera ligeramente distinta a la de Bella. Las mayores variaciones son que es bastante más TOC, que su lenguaje no es tan poético, ni en sus palabras ni en sus pensamientos, y que es mucho menos iracundo: no tiene el mismo sentido de inferioridad que Bella carga sobre sus hombros».
Ya hablaré de esto más adelante. Continuemos.
Por otro lado, una de las aclaraciones por parte de la autora que me resulta más indignante y sorprendente, (siempre en este preámbulo) es la siguiente:
«El 70% de los cambios se deben a que me han permitido hacer una corrección de estilo pasados diez años y he tenido oportunidad de cambiar casi cada palabra que me incomodaba desde que el libro fue impreso, lo cual ha sido magnífico».
Tremenda cara se tiene que tener para afirmar una cosa así, sobre todo, porque leyendo la obra uno se da cuenta de que (1) en realidad carece de todo característica que puede denominársele «estilo», ¿siquiera sabe esta mujer lo que es «estilo»? (2) la reiteración de las ideas resulta mentalmente agotadora y deja en uno la certeza de que la «escritora» jamás en su vida ha tomando un curso de redacción y, (3) la poca armonía en el texto, la incoherencia del mismo y el poco desarrollo de la trama y los personajes junto con los dos incisos anteriores hacen que uno no crea ni por un minuto que el texto en cuestión sufrió revisión alguna, ni por parte de la «escritora» y mucho menos por parte del editor. Y es que es todo esto lo que hizo que yo dejara la lectura, después de mucho esfuerzo, en la página 162/383 (edición digital).
Empecemos con la reiteración absurda de ideas y acciones por parte de los personajes.
"Click" a cada imagen para agrandar. Las citas van "al relajo" (mi pereza otra vez). Y mucho ojo en el número de páginas, ahí se nota lo repetitivo del asunto.
El juego de las miradas es el abuso que más me sacó de mis cabales. Páginas enteras en las que los verbos: mirar, observar, ver, contemplar, etc. se repiten de manera absurda. ¿Qué denota esto? Pobreza de lenguaje. Falta de capacidad de redacción. Como escritora, no tiene inventiva, puesto que fracasa miserablemente en describir las situaciones sin recurrir una y otra vez a las mismas acciones y a las mismas palabras. Esto hace que el texto se vuelva insoportable e innecesariamente repetitivo, a tal punto de que se puede llegar a creer que uno por error ha leído la misma página, ¡en más de una ocasión!
Pero esto no se queda aquí, (y aquí mismo aprovecho para darle  inicio a mi campaña para regalarle a la millonaria Meyer un diccionario de sinónimos y antónimos) la descripción de las características físicas de los personajes y sus alteraciones humorísticas también resulta repetitivo, sobre todo, como en el primer caso, por el nulo léxico de la «escritora» Sí, queda claro que Edythe es perfecta con una vez que lo digas. Sí, y lo mismo aplica para el dorado y negro de sus ojos, (aunque esta descripción cumple una función —demostrar el estado del apetito de Edythe— la mal uso de este recurso hace que igual resulte insoportable, repetirla sin tener consideración de la situación hace que cuando la observación sí resulta necesaria en la narración, pase totalmente desapercibida, perdiendo el énfasis que supuestamente debe aportar) y para su piel suave, y su cabello. También para el cielo, el bosque verde, el laberinto verde, el verde verde, etc. Y para Beau, sí, se sonroja, y si creen que decir «manchas en el cuello» suena más macho, adelante, pero sigue sonando igual de terrible cuando lo repites y repites y repites. La cuestión es esta: en una situación igual (o una hipotética) en donde estamos cerca del chico/chica que nos gusta, o lo admiramos, sí, nos vamos a poner nerviosos, o nos vamos a fijar más en unas cualidades que en otras (en sus ojos, por ejemplo, o en su forma de hablar). Es normal. Pero esto no es normal en una novela, en donde la capacidad del escritor nos tiene que deslumbrar, o al menos tiene que ser lo suficientemente buena para que no nos produzca un tedio enorme (como para convencernos de tirarnos del puente más cercano). Todo escritor, dependiendo de su capacidad, cuenta con un inmenso abanico de recursos estilísticos. Hay figuras literarias hasta debajo de las piedras, y si alguien no los encuentra esto se notará en su texto, pues la mediocridad del mismo siempre dejará al descubierto el verdadero esfuerzo del escritor. 
Y la cosa no se detiene aquí, claro, porque, dale, abusemos de los símiles, no importa. Los símiles son como las estrellas en el cielo, como las piedras en el camino, como las pecas de tu rostro; y tienen la complejidad (en la obra que nos ocupa) de la sumas de un dígito, ya saben, como uno más uno. ¿Adjetivación? Claro, otra manera de recalcar lo perfecta, armoniosa, venerable, sublime, hermosa, inalcanzable, peligrosa, explosiva e impredecible que es la vampirita; nunca está de más, digo, por si no ha quedado claro las primeras diez mil veces. A veces uno como lector es tan despistado. Metáforas, ¡benditas metáforas! Y entre más obvias, mejor, el cerebro no tiene que trabajar de más, dios no lo quiera. El cerebro funciona para tantas cosas, pero definitivamente no para leer. Mucho menos para leer esto. ¿Armonía? ¿Coherencia? ¿Se come? No hay nada mejor que una lectura entrecortada, sirve para que no tengamos una puta idea de lo que se nos quiere decir porque los personajes prefieren centrarse en contemplaciones más banales para luego desplegar una enorme paleta de emociones salidas de la nada en un vano intento por atribuirle características complejas a personajes que son más planos que el señor Tablón de Ed, Edd y Eddy (sin ánimos de ofender al señor Tablón). Aunque en realidad poco se puede hacer cuando no se tiene mucho que contar. Lo que nos lleva al último punto: ¿trama?


Todo esto es apenas un esbozo. Es difícil sacar todos los errores de una obra (aunque no de esta obra en particular), y lo es más cuando el trabajo en cuestión te hace perder el interés en la primera página. Estas son cosas fácilmente notables, de esas que (y me permito copiar el estilo de Meyer) hasta un ciego vería. Hay otras, por supuesto, que resaltan con la misma intensidad, pero que no coloco aquí porque, la verdad sea dicha, soy una haragana sin remedio.
Ahora, volviendo al punto que dejé medio colgando: los personajes y  la trama.
¿Es Beau una creíble personificación masculina de Bella? ¿Cumple Meyer al intentar demostrar que el enamoramiento es igual independientemente del sexo del protagonista, y que Bella no está mal escrita, simplemente está mal enamorada?
Lastimosamente, como no me dio el estómago para terminar de leer esta obra, no puedo afirmarlo con la certeza que se merecen, aparte, ni siquiera leí la trilogía original, por lo que me limitaré a dar mis muy humildes impresiones tratando «Vida y muerte» como una novela independiente (o al menos lo intentaré. No prometo nada). Dicho esto, replanteo: ¿es Beau un personaje decente? No lo es. Hasta donde leí, ¿mostró Beau un comportamiento desproporcionado en cuando a sus sentimientos por Edythe? No. De hecho, sus reacciones son más bien sosas, y aparte de perseguirla con la mirada y decepcionarse cuando no llega a clases —hasta la página 162 que leí—, no se comportó de manera más grave. Aunque claro, hasta la página 162 que llegué apenas habían tenido su primera conversación en todas las de la ley, por lo que este comentario no es garantía de nada. (Mira qué bonita manera de trabajar la trama, 162 páginas en las que no pasa nada, ni desarrollo de personajes, ni de la relación entre ellos, ni del conflicto principal de la novela, ni nada; la novela se va a puras miraditas, un intento mediocre de plasmar el flirteo adolescente, otra cosa en la que Meyer falla fantásticamente).
El enamoramiento es instintivo, a lo «amor a primera vista». Beau tiene cierta confianza en sí mismo, con el pequeño defecto de que se sonroja… perdón, le salen manchas púrpuras en el cuello, que es una de las pocas cosas que lo hacen sentir mal consigo mismo. Sabe que es atractivo, jamás malinterpreta la intención de las chicas (se da cuenta a la primera de que las chicas quieren con él) y se tacha de raro, único y especial. Cocina. Odia el clima excesivamente nublado. Odia tener que rechazar a las chicas. (¡Cómo se atreven! ¡Es que no notan que no les interesa!) Y en sus tiempos libres hace de Cupido. Sí demuestra inseguridad cuando está con Edythe, pero más porque siente que sus preguntas sonarán tontas que por otra cosa. Lo deslumbra la belleza de la chica, pero esto no lo deja mudo. Es cauteloso con lo que dice, y la relación con su padre, aunque apartada, sigue siendo funcional, dentro de lo que cabe. En pocas palabras, Beau es un personaje aburrido, pero no tan inseguro. Llega a ser un poco odioso la manera en que se da cuenta de que las chicas quieren con él. Podrían tacharle de introvertido si quieren (sin ánimos de ofender) pero es que ni a eso llega. Es un chico con un crush, que acepta de buenas a primeras que la chica por la que se ha vuelto loco es una vampira. Y ya. Quiere estar con ella. Ya. ¿Perdió la cabeza? Al menos, hasta donde leí, no. Ni siquiera enfrenta mucho de los dilemas de los chicos que se enamoran de las chicas imposibles. Él la ve lejana, pero no tan lejana.  
Edythe, por su parte, trata de meterse en nuestra cabeza como un personaje enigmático. Nada más lejos de la verdad. Es que no habla, y desaparece todo el tiempo. Es su ausencia la que intenta ser enigmática, ella no. Aunque el enigma no nace de ninguna de las dos cosas. No existe. Es bonita. Hermosa. Es lo más perfecto que nadie jamás ha visto (en palabras de Beau), pero esto, en lugar de emocionar, te genera una indiferencia de lo más… triste. Edythe tampoco presenta un comportamiento altamente obsesivo, es acosadora, hasta cierto punto, pero no invasiva en exceso. Se podría decir que ve desde la distancia. Lo que más resulta tedioso en ella es ese jueguito de: te busco para decirte que soy peligrosa, así que por favor, mantén tu distancia. Y es ella quien termina acercándose a él en la mayoría de las ocasiones (si esto es un buen reflejo de Edward, ya sabemos de dónde salió inconsistencias Grey).  Luego está su hambre, su complejo de superioridad (aunque nada fuera de lo común) y su complejo de guarda espalda. Si se supone que esta chica tiene que deslumbrarnos, que dejarnos con una gran «O» en la boca, sólo me queda decir que la «escritora» —otra vez— falla miserablemente. Si Beau nos resulta soso, a Edythe ni siquiera se puede llegar a considerar. Ni siquiera es muy asertiva con sus avances. Y si el punto es demostrar que sin importar el sexo actuamos igual, ¿para qué minimizar tanto la intensidad de los sentimientos de los personajes en base a su sexo? Porque, puede que no haya leído la trilogía, pero si conozco aspectos de la relación de Edward y Bella que puedo afirmar no se ven reflejados en la relación de Beau y Edythe. Esto tira por la borda la supuesta intención de la «escritora» por demostrar que no importa el sexo, todos reaccionamos igual en el amor. Porque una cosa es adecuar la personalidad de los personajes respecto a su sexo, y otra muy distinta camuflar las supuestas reacciones que trata de defender detrás de este «necesario» cambio de personalidad, cuando, en primer lugar, tuve que estarme recordando que estaba leyendo a un varón adolescente (aclaraciones al respecto más adelante). Como lo veo, en lugar de tratar de adecuar los personajes desde la perspectiva masculina y femenina, al operarse el cambio de sexos para esta «reinterpretación», le resultó más fácil simplemente minimizar el sentimentalismo de los dos, reconociendo de esta manera que sí, efectivamente, el sentimentalismo de Bella estaba en exceso desproporcionado al igual que el carácter acosador y posesivo de Edward, rasgos no tan notables en Beau y Edythe, que presentan (y repito, hasta donde leí) un comportamiento más acorde a su edad emocional (o al menos en el caso de Beau, Edythe como personaje tiene muchas posibilidades, ninguna desarrollada debidamente). Es obvio que Meyer ni siquiera consigue esbozar las primeras líneas de su defensa. Simplemente no lo consigue, como si ni siquiera lo hubiera intentado en primer lugar.
Y sí, sí, sí, ya sé que dije que no iba a hacer comparaciones, pero no se me puede adjudicar total ignorancia cuando todos los detalles de esta novela andan sueltos por ahí por lo absurdamente viral que se tornó esta «historia de amor», y conociendo a personas que han leído la trilogía, que en su tiempo le gustaron, y que ahora califican de mala, y no precisamente por moda. Pero si esto les sirve para desacreditarme, adelante. No me importa. Mi opinión no se verá alterada en lo más mínimo.

Ejemplo.
Se obviaron ciertos errores a propósito. No podía dejar la página completamente pintada xD

Y para concluir, un par de aclaraciones.
Cuando mencioné que tuve que recordarme en varias ocasiones que Beau es un varón adolescente, no digo que Beau no sea hombre por cuestiones sentimentales o por inseguridades, digo que la escritora no sabe manejar sus personajes, ni parece muy comprometida con la mencionada intención de este texto, dado que es recurrente encontrar inconsistencias en la personalidad, y es así como uno se pierde, pasamos de tener a un personaje masculino a tener a la típica protagonista de este tipo de novelas (género que, como saben, leo bastante en mi tiempo libre). Lo mismo sucede con Edythe. Esto me hace concluir que la escritora no planeó en absoluto este cambio de sexos, y que todo el asunto de la personalidad, las reacciones, y demás, no es más que palabrería barata de su parte, porque no lo demuestra en ningún momento en su trabajo.
Creo que se me podrá «atacar» usando como base el hecho de no haber terminado la novela. Sólo me queda preguntar, ¿acaso sirve de algo terminar de leerla? Dicen muchos escritores que una página basta y sobra para determinar la valía de una obra. Bueno, yo, con mucho esfuerzo, llegué hasta la 162. La mayoría de mis problemas con el texto fueron por aspectos formales y por el desarrollo de los personajes más que por la trama en sí (que si ni siquiera estaba bosquejada en esas primeras 162 páginas, es que no es muy buena, es natural cuestionar su existencia, es de tontos no hacerlo, si me permiten decirlo). Comprendo que a algunos este tipo de trama poco desarrollada les resulta atractiva, pero esto no cambia el hecho de que la trama sigue estando poco desarrollada. Y si la escritora tenía alguna otra intención, también falló en desarrollarla. La literatura no es tan subjetiva como muchos creen, tiene sus normas, y en base a estas normas uno la califica. Es algo simple. No tiene absolutamente nada de vergonzoso aceptar que nos gustan cosas que no llegan a alcanzar el calificativo de buenas. El que se lo tomen tan personal sólo descubre su carácter pobre, y generalmente explotan no porque se ataque la obra en cuestión, sino porque sienten que se atacan sus gustos. Son cosas diferentes. No califico sus gustos, califico el nulo valor literario de esta novela. Nada más.
Para concluir no me queda más que decir, sin temor a enfurecer a algunos, que esto no es una novela. Esta mujer no es una escritora. Esto ni siquiera es una historia decente. Esto simplemente es una excelente estrategia de marketing. Una envidiable estrategia de marketing. ¿Y qué si la publicaron? ¿Y qué si es mundialmente reconocida? ¿Esto qué dice en realidad? Por lo menos para mí, esto significa que la capacidad crítica del lector promedio deja mucho que desear.  Y digo, esta lectura, como forma de ocio, está bien, el problema viene cuando engrandecen trabajos mediocres, cuando endiosan a sus «escritores», cuando lo convierten todo en un circo a lo quién vende más. Es la falta de actitud crítica la que hace que saquen todo de su verdadera proporción. No es el valor del texto, la influencia de la escritora, son los fans. Los fans locos y ciegos. Aunque, a fin de cuentas, poco se puede hacer al respecto. Vive y deja vivir, dicen por ahí. Dicen.
Tendré que cortarme aquí (de forma demasiado abrupta) porque ya me he explayado demasiado. Traté de resumir esta opinión tanto como pude, pero el hecho es que sola una página basta para escribir una crítica de cinco. Me salvo porque esta no es una crítica formal, por eso hice con ella lo que quise, sin perder la visión que tenía, claro.
Espero hayan leído hasta el final. Los comentarios y las sugerencias son bienvenidos. No se lo tomen tan personal (a menos que quieran, ese ya no es asunto mío).
Saludos.

 PD: Tenía material como para unas cincuenta páginas de «crítica» pero creo que con esto mi intención quedó bastante clara. Espero.



Esto no es crítica: "El grito silencioso" de Kenzaburo Oé.

Esto no es crítica:
«El grito silencioso»
Kenzaburo Oé.

No es que llevara sin leer a Kenzeburo Oé, lo último de él con lo que me relacioné fue «Arrancad las semillas, fusilad a los niños» lectura de la que ya hablé aquí en el blog. Sin embargo, este novela la elegí por pura casualidad, después de haber dejado de usar PlayBooks como app de lectura (la versión de iOS no se le compara en nada a la de Android que es superior) me di cuenta de que estaba ahí, en el olvido, en mi «Biblioteca». Como acababa de leer grosso modo a ciertos filósofos, me dije que era hora de que retomara la narrativa, y fue así como comencé a leer, no sin interferencias lastimosamente, y hasta que el día de ayer, ya más libre, pude darle fin a la lectura, la que me dejó, entre muchas cosas, algo confundida, pero muy muy satisfecha.
(Lean con calma, evito todos los grandes spoilers).

«El grito silencioso» nos presenta a Mitsu (Mitsusaburo) un hombre que ha perdido toda «esperanza» debido sobre todo al nacimiento de un hijo «subnormal» (así lo describen en la novela), este acontecimiento también ha marcado la vida de su esposa, Natsumiko, quien se refugia en la ebriedad proporcionada por el whisky; adicional a la condición de su hijo, al que han dejado abandonado en un sanatorio, también está la muerte por suicidio (y uno bastante peculiar) de un amigo cercano, que es el acontecimiento con el que inicia la novela y es el que sumerge a Mitsu en ese eterno dilema existencial que es la vida misma. Mitsu está sumido en una depresión de la que pareciera no quiere escapar y que más bien busca, a esto hace alusión cuando dice que su ojo tuerto (el que está así debido a que unos niños, sin razón aparente, lo atacaron lanzándole piedras) ve lo que su ojo sano no ve. Su ojo sano ve hacia el exterior mientras el tuerto lo hace hacia el interior. Y con todo esto, hay cierto equilibrio en sus vidas. En su relación carente de toda iniciativa sexual, en la depresión y el whisky en que ambos se internan, usando esto como excusa válida para que sus vidas sigan estancadas.
Por otro lado tenemos a Taka (Takashi) hermano menor de Mitsu quien, después de  que la aparente culpa por haber participado en varias revueltas estudiantiles se hiciera insoportable, viajó a Estados Unidos, donde una serie de circunstancias hicieron que perdiera comunicación con su hermano, siendo su única conexión con su Japón natal Hoshio y Momoko, dos jóvenes que lo admiran por sus dotes de «revolucionario». Cuando Mitsu recibe la noticia de que Taka va a regresar a Japón, no sólo acude a recibirlo, sino que también acepta la idea de regresar Shikoku, su pueblo natal, con la excusa de que ha vendido las tierras de sus padres.
La mayoría de la novela se desarrolla entonces en este lugar. Shikoku es un lugar alejado, con un camino difícil y tedioso. El pueblo todavía parece atrapado en la forma de vida del pasado, confiriéndole importancia a sucesos históricos, albergando rencores ideológicos productos de todos los ideales de guerra que siguen atrapados en ese lugar, junto con la vergüenza, el miedo y la ira. Sucesos en parte relacionados con la familia Nedokoro, apellido que comparten Mitsu y Taka.
Entre los personajes que se encuentran en el pueblo cabe destacar «El emperador de los supermercados» y Gii, el eremita, así como el personaje colectivo que representa el equipo de fútbol fundado por Takashi, que no es sino una fachada para su grupito revolucionario que tiene como aparente intención, hacer que el pueblo y no un coreano (el emperador del supermercado) sea quien gestione el supermercado, ya que casi todo el pueblo tiene deudas con él, además, al ser el único lugar al que pueden acudir, tienen que versélas con los precios elevados.
Pero la verdadera razón tras todo este levantamiento revolucionario en el pueblo es otro más personal. De hecho, Taka no alberga interés alguno en las personas del pueblo a quienes se refiere como «moscas», y todo este ardid revolucionario no sirve más que para purgar hipócritamente una culpa que carga desde la muerte de su hermana. Sin embargo, nadie puede creer mal de Taka, pese a la insistencia de Mitsu, quien dice conocerlo bien, que afirma que todo lo que está haciendo Taka no es más que producto de la cobardía que ha cargado desde niño. Esto le hace ganar la desaprobación del pueblo, y hace que se distancie del mismo, al punto no sólo de perder su compañía, sino también, la simpatía de su esposa.
La relación entre Taka y Mitsu está directamente relacionada con los sucesos del pasado, con su bisabuelo y el hermano de éste, quien Taka tanto admira y a quien trata de emular, aunque también por razones egoístas. Así, a la par que se va desarrollando la relación entre Taka y Mitsu, se van develando los secretos escondidos en esta primera y gran revolución del pueblo que Mitsu tanto ha frivolizado y que Taka ha idealizado a extremos insospechados.
La conclusión de la novela es cruda y realista, pero es el primer estivo de una «desestancamiento». Lo que pasó en el pueblo sirvió para que tanto Mitsu como su esposa, decidieran que intentarían seguir con sus vidas, y esta vez, al lado de su hijo «subnormal».

«El grito silencioso» fue une lectura intensa, aun cuando la narrativa japonesa no suele abusar de recursos sentimentales o de giros excesivamente dramatizados. Fue una lectura pesada, en partes, y lenta, por la carga cultural e histórica. El tiempo en el que se desarrolla es lineal, con inserciones dispersas de sucesos pasados, lo que disfraza un poco esta linealidad, linealidad que no es una desventaja en absoluto. El lenguaje (esta traducción al menos) es directo y crudo, al igual que la frialdad con la que al narrador suele referirse a todo lo que acontece.
La novela tiene una carga existencialista bastante pesada, cruda y pesimista. Nos encontramos aquí frente a personajes cuyo propósito en la vida está desaparecido y que más bien se refugian en esa indiferencia, luchando por salir de ella, pero sin intentarlo en serio. Tal vez por eso es que Taka tenga la habilidad de mover tanta gente. Taka aparece aparentemente con un propósito en la vida, cosa que nadie más, sobre todo Mitsu, parece tener. Y no resulta curioso entonces que sea Mitsu precisamente el único que no decide seguirlo, conociendo la falsedad de tal propósito, aunque al mismo tiempo desconociendo todo lo que su hermano es. Cosa que sólo conocerá hasta en las páginas finales.
Aparte de la clara carga existencial hay elementos de crítica social. Se hace mención de varias manifestaciones durante sucesos que marcaron permanentemente la identidad de Japón, sucesos que se desencadenaron después de la II Guerra Mundial, y que pusieron en jaque el espíritu de identidad nacional, en lo que destaca la firma del tratado de protección entre Japón y Estados Unidos. Así, en un pueblo donde el honor es tan importante, ¿qué podían sentir al ver cómo los estadounidenses construían bases militares en sus tierras?
En la novela, todas estas fuerzas represoras se ven representadas en menor escala en la figura del Emperador de los Supermercados, quien, para rematar, es coreano. Se menciona entonces los refugios coreanos, y revueltas que el pueblo ha tenido con los coreanos (una de las cuales terminaría matando al hermano mayor de Mitsu y Taka, referido en toda la novela simplemente como S), quienes al final de la guerra fueron reubicados. Y no es sino una tremenda bofetada que precisamente uno de los coreanos que habitaban en esos refugios fuera quien no sólo comprara toda esas tierras, sino también quien terminara convirtiéndose en el único proveedor del valle. Se revive de esta manera esa antigua tensión entre naciones. Es esta la razón que usa Mitsu para obtener la simpatía del pueblo, quienes se abriga de su propia vergüenza, una vergüenza colectiva que les proporciona cierto anonimato, para intentar reponer el sentimiento de derrota todavía presente en ellos, sin saber que sólo están siendo utilizados, y para caer, después de todo, en la hipócrita benevolencia del Emperador a quienes, sin pretenderlo, terminan dándole más poder.
Pero es gracias a esta serie de acontecimientos que se va develando una verdad más personal, un secreto enterrado que busca ser escuchado y perdonado. Y este secreto, una vez suelto, hace que los engranajes comiencen a girar lentamente, como si se vislumbrara a lo lejos un nuevo propósito que perseguir.
Sólo me resta mencionar que el recurso del hijo «subnormal» es una constante en el trabajo de Oé, se ve de manera más central en «Una cuestión personal» y esto obedece a las vivencias del escritor al enfrentar una situación familiar similar, los sentimientos encontrados y en parte la culpa por tener un hijo con estas condiciones. También el tema del suicidio de un amigo es una constante tanto temática como personal, como se ve en «Renacimiento».
Y hasta aquí esta ¿reseña? ¿opinión? ¿palabrería? Espero haber despertado un poquito el interés por este escritor. Sobra decir que es el segundo premio Nobel para Japón (el primero fue Yasunari Kawabata), y tal vez esto para muchos, como para mí, no signifique gran cosa, pero lo cierto es que Kenzaburo Oé es un excelente narrador y, como tal, merece una oportunidad.

Saludos. 



Esto no es crítica: Un hotel en ninguna parte de Mónica Gutiérrez.

Hola a todas y todos, estoy de vuelta con esta sección. Es que a mí los arranques me dan por periodos, por eso había dejado de escribir, aunque no de leer. Como había dicho, no opinaré sobre todo lo que lea, porque, en primer lugar, soy una tremenda holgazana; y, en segundo, a veces, aunque quiera, no me queda tiempo. Pero ya basta de excusas.
Leí, en una tarde en la que no quise levantarme de la cama (aunque tenía que analizar unos cuentos, pero estos análisis son tan extensos y exhaustivos que si no hay ganas es mejor no hacerlos) “Un hotel en ninguna parte” de Mónica Gutiérrez. Casualmente (y como le mencionaba a mi gente de facebook) ya había leído una obra de esta escritora: “Cuéntame una noctalia”, lectura que en su tiempo también encontré agradable; es una de esas lecturas que yo recomendaría para relajarse cuando no se busca algo que nos exalte demasiado, cuando sólo queremos soltar uno que otro suspiro, cuando no queremos drama innecesario.

Con “Un hotel en ninguna parte” resulta igual.
Copio aquí la sinopsis de la novela.
¿Quién dijo que las segundas oportunidades no podían ser las mejores? No importa lo mucho que te escondas: cuando el amor viene a por ti, te encuentra.
A Emma Voltarás no le queda nada: ni trabajo, ni casa, ni pareja. Por eso acepta una oferta para trabajar todo el invierno en El Bosc de les Fades, un hotel escondido en un bosque. Allí aprenderá que todo lugar extraordinario esconde secretos pero ¿no es ese el mejor punto de partida para empezar de nuevo? Y es que cuando no te queda nada allí de dónde vienes no tienes más remedio que seguir adelante.
Emma pronto descubrirá que la amistad puede encontrarse en cualquier lugar, por muy escondido que esté, quizás de la mano de una camarera de habitaciones hada madrina, o de una niña extraordinaria, o de un viejo escritor necesitado de ternura, o de un cocinero que le abrirá las puertas de los escenarios, o de un surfero que se hace mayor a su pesar, o de una jardinera susceptible; o, quizás de la mano de un hombre huraño y maravilloso capaz de devolverle la ilusión por volver a bailar sobre zapatos de cristal entre las flores de un jardín encantado.
Sin mapas.
Sin prisas.
Sin condiciones.
Ven a perderte en El Bosc de les Fades.
Y bien, como notarán, es una historia romántica (sí, a veces me entran ganas de leer cosas románticonas, y no sólo de escribirlas xD).
Primero tengo que mencionar que el desarrollo de la historia entra dentro del género epistolar. Sí, todo se nos cuenta a través de cartas que los diferentes personajes se envían entre sí. Esto al tiempo que proporciona cierta noción de intimidad también nos limita el desarrollo de los acontecimientos a simples relatos anecdóticos, lo que a algunos les resultaría un poco soso, porque esto prácticamente impide el desarrollo de situaciones excesivamente dramáticas y limita también la interacción entre los personajes, pero es precisamente lo que, para mí, resulta su punto fuerte. El resultado es una historia amena, sobriamente relatada, agradable y nada pretenciosa. Punto. (Como ya había mencionado, ya había leído a la escritora con anterioridad, y debo mencionar aquí que su estilo se mantiene, al igual que la temática).
La temática, como leyeron en la sinopsis, son las segundas oportunidades. Nuestra protagonista acaba de salir de una relación desastrosa, una relación que, mientras leemos sus cartas, intuimos más de admiración que de romance, de una entrega surgida de gustos afines y de mantener a esa persona (se refiere siempre a él como Il Maestro, lo que dice mucho de la posición que en verdad este hombre había tenido en su vida) muy por encima de lo que en verdad debería estar. Cuando Emma habla de este hombre de su pasado, notamos que no había una relación de igual a igual, y que si había amor entre ellos, era por ese amor que ambos compartían por la música.
Samuel, en cambio (no como dice la sinopsis) sólo resurta huraño y taciturno porque disfruta la soledad. Disfruta su jardín. Ama el hotel y quiere sacarlo a flote, quiere que todo le salga bien. En ningún momento es en verdad violento y mucho menos dominante, y tomando en cuenta la tendencia moderna con los protagonistas masculinos, esto es un punto importantísimo a destacar. Se menciona que ya ha tenido un matrimonio fallido, pero no se interioriza en este aspecto, y más sólo sirve para reforzar, aunque superficialmente, todo este asunto de las segundas oportunidades.
Los demás personajes son agradables, están para lo que están: acompañar y demostrarle a Emma que hay mucho más en esta vida que sólo la autocompasión. Por esto mismo en su mayoría son todos de carácter alegre y un tanto entrometidos, pero cada uno aporta su granito para que Emma vaya descubriendo el valor de lo que ahora tiene, el amor que siempre le ha profesado a la música, y el nuevo enfoque que toma para la misma; porque al terminar su antigua relación, había dejado de tocar bien. Esto demuestra el grado de dependencia que había generado y que tan intensamente intentaba superar.
 Como no me canso de mencionar, no esperen mucha complejidad aquí. La escritora quiso relatar una historia agradable, con sus toques divertidos, pero dejando de lado el drama y el sentimentalismo exagerado (aunque hay sus líneas cursis y recontracursis) y eso es lo que, a mí parecer, entrega. No hay sucesos excesivamente dramáticos, y en general el tinte de la historia es optimista y alegre, la típica historia con el típico final feliz. Pero esto no tiene de malo, porque, como decía, no hay pretensión aquí. Desde el inicio la nota la intención de la escritora, y como dicen, sobre aviso no hay engaño.
Con esto termino mi opinión. Recomiendo esta historia romántica (entre dos personas mayores de 30, de ahí la poca explosividad) por su narración amena y porque va a lo que va. A parte, de vez en cuando se necesita leer algo dulce que no abuse de diabético.
Saludos.
PD: Tengo entendido que esta escritora se autopublica, o lo ha hecho alguna vez en su vida al menos. Así que ya saben, sólo falta animarse.


Esto no es crítica: Los chicos de las taquillas de Ryu Murakami.

Esto no es crítica
Los chicos de las taquillas de Ryu Murakami

Los chicos de las taquillas es la cuarta novela que leo del escritor japonés Ryu Murakami (mis otras lecturas han sido: Piercing, Sopa de miso y Azul casi transparente); con esto, cualquiera supondría que estaría más o menos preparada para enfrenar cualquier cosa que el escritor me aventara. Y bueno, casi...


Los chicos de las taquillas nos presenta a Hashi y a Kiku, dos huérfanos que, curiosamente, no sólo fueron a parar al mismo orfanato sino que también fueron adoptados por la misma familia, creciendo como hermanos. Esto no es lo más curioso, sin embargo, dado que el lazo que más los une es otro: ambos fueron abandonados por sus madres, encajonados, un día de verano como cualquiera, en un par de taquillas. Esta circunstancia tan especial definiría el camino de ambos chicos, sumergiéndolos en una vida aparentemente absurda y sin sentido.

Sip, estas son las benditas taquillas xD


Otra circunstancia que destaca es el hecho de que, tan problemáticos como son ambos, las monjas deciden que reciban atención psiquiatra juntos, en donde uno de los tratamientos consistía en encerrarlos a oscuras acompañados únicamente por la grabación del sonido del latido de un corazón humano. Kiku, pero sobre todo Hashi, se verá sumamente influenciado por este sonido, al punto de buscarlo de las maneras más extrañas y ocurrentes.


La relación entre Hashi y Kiku es algo más clara al inicio tornándose un tanto ambigua en el momento en que Hashi decide dejar el hogar y viajar a Tokio en busca de su madre. Cuando Kiku lo encuentra, Hashi es todo un chapero consagrado a punto de iniciar su tan anhelada carrera musical, la cual inició precisamente debido a la búsqueda de ese sonido que ambos escucharon y qué tanto los tranquilizó en su momento. Por otro lado, la obsesión de Kiku es la datura, una sustancia altamente peligrosa capaz de generar en las personas una ira y un descontrol extremo. Kiku lo quiere para destruir Tokio, dejarlo en blanco, mudo. Así, cada uno de los hermanos toma su camino, el que se ve entrelazado en varios momentos de la historia aunque de una manera que no es precisamente fraternal.


Los dos se encontrarán con personajes igual de absurdos: Gazelle, el motero barbudo que conocen en la ciudad minera abandonada. Neva, la estilista a quien le removieron los senos. Anémona, la joven modelo con un cocodrilo como mascota. D, el productor musical. Yamano, Nakakura, Hayashi, entre otros. Todos son un punto de apoyo para los propósitos de ambos protagonistas y se puede decir que sólo aparecen para cumplir esta función: para recordarle algo a cada uno de ellos, ya sea bueno o malo.


El final llega a ser un tanto desconcertante y vago. Aunque, en intensidad, un poco más leve que el resto de la obra. Aunque esto no quiere decir que sea malo, simplemente es un final abierto a la interpretación.


Murakami logra con Los chicos de las taquillas una unión curiosa entre lo cotidiano y lo absurdo, tal vez de una manera no tan sutil, pero igual de efectiva. Ciertos sucesos resultan hilarantes y totalmente desproporcionados considerando la realidad circundante, hay cierta explosividad en ellos, como si se pisara una mina terrestre, no queda más que la resignación, ver cómo los sucesos se desencadenan a partir de ahí jamás tomando el rumbo que uno quisiera, pero que, una vez sucedidos, encontramos aceptablemente lógicos.  


Los chicos de las taquillas fue una lectura extensa, que decayó una o dos veces aunque no de manera tediosa, no fueron más que puntos intermedios para hilar la aguja y seguir tejiendo; se levantó y me atrapó de una manera un tanto vaga, pues en varias ocasiones me tomó más de un minuto asimilar lo que estaba sucediendo, sorprendiéndome y encantándome, haciéndome reír (el humor negro de Murakami está en su punto en esta novela), extrañándome; esta lectura fue como una montaña rusa (aunque nunca he subida en una) y podría señalar fácilmente cuatro o cinco acontecimientos que me elevaron hasta lo máximo, sumiéndome enseguida en una caída lenta, ideada únicamente para ir preparando el terreno para el próximo subidón.

Lectura entretenida, curiosa, y altamente contagiosa. No la recomendaría para aquel que quiere iniciar con este escritor (yo siempre recomiendo Piercing antes que otra cosa) pero si igual alguien quiere echarle una miradita no pierde nada. Tal vez lo atrape, tal vez no, de todas formas, no quedará indiferente.


Esto no es crítica: La puerta de Natsume Soseki.

Esto no es crítica:

La puerta de Natsume Soseki


A Soseki comencé a leerlo con Soy un gato (es casi obligación comenzar así) y a partir de ahí continué con lo primero de él que se me atravesara. Uno lo tiene un tanto difícil cuando se trata de los clásicos de la Literatura japonesa, e igual con la literatura contemporánea, así que es normal contentarse con lo que se encuentre. Fue por esto que, pese a que La puerta es la novela con la que termina esta trilogía, hasta donde sé, sin nombre (y es que en los prólogos y estudios previos de estas obras siempre lo mencionan así), yo comencé con la  segunda novela, Daisuke. Daisuke es un joven que se está adentrando en la vida en sociedad, sin éxito alguno, que se vuelve a encontrar con una mujer de su pasado; es una novela sentimental sobre la madurez emocional y social de las personas, así como de las decisiones personales: el yo contra la sociedad. Luego continué con Sanshiro, que es la primera. En esta novela se ve este choque cultural entre lo tradicional y la modernidad que trajo consigo la apertura al exterior (Soseki mismo vivió esta transición por lo que siempre resulta tema en sus novelas), aquí de paso Soseki aprovecha a hacer una crítica (y tiene una manera bastante simpática de hacerlo) de la sociedad intelectual de esa época.
Así que mi esquema fue 2-1-3, sin embargo, aunque a estas obras se les considera una trilogía, más que una continuidad regida por la trama nos encontramos una continuidad temática. Con Sanshiro vemos la etapa de juventud, cuando la persona comienza a formarse. En Daisukevemos la obligada integración a la sociedad, y con La puerta, entonces, nos encontramos en el periodo de madurez.
Me gustaría hablar de las tres novelas pero las primeras dos las leí hace tiempo, por lo que me centraré completamente en La puerta, que terminé de leer hace cosa de dos días.
En La puerta conocemos a Sōsuke, un hombre joven (aunque por su forma de comportarse y estilo de vida parece viejo, pese que al inicio de la novela declaran que apenas tiene 10 años más que su hermano menor, quien en ese entonces estaba por culminar sus estudios secundarios) que lleva un matrimonio tranquilo con Oyone. Esta relación resalta curiosamente en la novela por la armonía entre ambos personajes. Sōsuke acude a su trabajo diligentemente, y disfruta plenamente el domingo, el único día que puede descansar. Sōsuke no vive cómodamente, en varios momentos mencionan lo difícil que es llegar a fin de mes, y la situación empeora al morir su tío, ya que este estaba a cargo de la educación de su hermano menor, Koroku. Sōsuke, sabiendo que son pocas las soluciones que puede aportar (y en parte sintiendo culpa por dejar que su tío dispusiera de la herencia de su padre cuando este murió, perdiendo todo el dinero en inversiones dudosas) decide alojar a su hermano en su casa, al tiempo que entabla negociaciones con su primo ya que es indispensable que Koroku termine sus estudios (más por insistencia de Koroku, aunque no se vislumbra en la obra un verdadero interés académico-intelectual de su parte).  La relación de Sōsuke con su hermano es un tanto fría y apartada, y lo mismo con Oyone, ya que Koroku no la aprecia mucho.
Otra relación que surge en el desarrollo de la novela es la de Sōsuke con su casero, Sakai, un hombre aparentemente culto que disfruta de una vida tranquila en compañía de su familia. Al inicio Sōsuke escuchó varios rumores sobre las excentricidades del casero, pero al conocerlo se dio cuenta de que al final sólo había sido eso, rumores. A través de esta relación Sōsuke tiene un indeseado encuentro con su pasado, con ese gravísimo pecado que Oyone y él mencionan haber cometido y por el cual se aislaron de su familia y de la sociedad en general (y que sólo es aludido pero jamás especificado ni aclarado en la obra), lo que hace que se recluya, durante diez días, en un templo Zen. Este retiro, sin embargo, no da exactamente el resultado deseado, aunque tampoco puede considerarse del todo un fracaso. Sōsuke regresa a su casa, y al lado de su esposa, se dedica a observar el paso de las estaciones.
Lo que más me resultó curioso a mí fue la relación entre Sōsuke y Oyone ya que son retratados como un matrimonio sólido alejado de las conveniencias sociales y con una complicidad y una compenetración que no suele verse en la literatura japonesa (o al menos en la que yo he leído). Y aunque no se desvela del todo a lo largo de la obra se van notando los acontecimientos que hicieron que la complicidad entre ambos personajes resulte tan fuerte, teniendo su base en el «pecado» cometido. Resultó tan refrescante leer la preocupación de Sōsuke cuando Oyone cayó gravemente enferma, y al mismo tiempo notar como Oyone siempre quería estar sonriente y dispuesta para su esposo sin hacerlo parecer una obligación conyugal, quería ser así para él. El hecho de comprarle tela cara para un kimono, pensar en ella constantemente, como cuando salió y vio en las tiendas prendas que le hubiera gustado regalarle. O cuando tuvo ese encontronazo con el pasado, su interés ferviente por ocultarlo para no hacerla sufrir. A pesar de ser un matrimonio sin hijos (4 hijos muertos, dos antes de nacer siquiera) y aunque esto pese, sobre todo a Oyonen (quien lo ve como una especie de «purga» por el pecado cometido), funcionan perfectamente como un matrimonio, incluso sigue pareciendo así cuando se pone en contraste con la familia de Sakai.
Me gustaría hablar más al respecto pero los spoilers son malos y es mejor dejar una chispa de curiosidad para que se animen a leerla.
En La puerta, como en todas las obras de Soseki hay un enfrentamiento entre el yo y la colectividad. Hay que recordar que desde siempre Japón ha tenido una visión colectiva, pero con su apertura al mundo comenzaron a plantearse estas cuestiones, a considerar un poco más el yo, lo que, obviamente, desencadena muchos conflictos. Esto se nota específicamente en La puerta, en varios aspectos. En primer instancia, el lugar donde el matrimonio vive. Es una casita vieja que queda debajo en un barranco, haciendo alusión a que en cualquier momento su vida aislada puede caerles encima y destruirlos. Y el conflicto se ve en que, este aislamiento es una clase de castigo autoimpuesto por el pecado cometido. Se casaron y se alejaron de parientes y amigos y de todo lo relacionados con ellos. De esta misma manera aceptan el hecho de que no pueden tener hijos. Y sin embargo, la paz con la que viven no es falsa. La confianza y respeto mutuo no es falso. Y de hecho, todo estaba bien y de no haber sido por el problema con la manutención del hermano (un problema del exterior) su vida habría seguido desarrollándose sin contratiempos, ya que es el hermano quien de alguna manera la recuerda a Sōsuke que hay un mundo allá afuera, ya que fueron las preocupaciones monetarias las que hicieron que conociera mejor a Sakai, entre otras cosas, y así Sōsuke volvió a levantar su mirada hacia el mundo más allá de su vida matrimonial y su trabajo, lo que significaba, por supuesto, el inevitable encontronazo con su pasado. Entonces aquí se ven reacciones iguales y opuestas: ellos abandonaron la vida en sociedad, la sociedad los abandonó a ellos, y con todo y todo, ambas situaciones existen lado a lado,  por más que una quiera negar la existencia de la otra y viceversa.

En fin. La puerta ha sido una lectura bastante entretenida y enriquecedora. No es algo que sorprenda, si viene de la mano de Soseki. Lectura sutil, simbólica, sentimental a la manera japonesa, y bastante relajante. Deja con una sensación de paz (a pesar del cumulo de miedos e inseguridades en las que se ve envuelto el protagonista) y, tal como narra el párrafo final, con una sensación de continuidad, porque la vida no se detiene.


Esto no es crítica: Arrancad las semillas, fusilad a los niños de Kenzaburo Oé

Eso no es crítica
Divagando: Arrancad las semillas, fusilad a los niños de Kenzaburo Oé

De Kenzaburo Oé sólo he leído dos novelas: Arrancad las semillas, fusilad a los niños y Una cuestión personal. Ambas novelas crudas, con un lenguaje directo y que, sin embargo, no apelan a la sentimentalismo del lector. Expone las cosas tan y como son, con un lenguaje claro, para que el lector se haga sus ideas.
Arrancad las semillas, fusilad a los niños es relectura, me dio por volver a leer esta novela (que es breve) y lo hice en un día. Desde la última vez que la había leído ya había pasado su buen tiempo, pero no le atribuyo a esto el hecho de haber olvidado algunas partes finales. Soy plenamente consciente de que las olvidé a propósito. Aunque sí recordaba el sentimiento. En esta relectura todo me pareció más obvio (lo que era de esperarse) por lo que no dolió tanto. La primera vez que la leí, lloré.
Pero hablando un poquito de la novela: la historia está narrada en primera persona (narrador anónimo, nunca sabemos el nombre del protagonista ni el de su hermano), y cuenta las desventuras de un grupo de jóvenes reclusos quienes, debido a la guerra y a que sus padres no acudieron por ellos al reformatorio, tuvieron que ser recolocados en un pueblito remoto en donde a nadie le estorbaran, y con todo el descontento de los habitantes de este pueblo, que en ningún momento se atreven a tratar a estos jóvenes como seres humanos, por lo que les encarga hacer los trabajos más sucios. En el pueblo corre el miedo de una epidemia, las muertes en ascenso de distintas especies animales (animales que les tocó enterrar a los chicos sin ninguna clase de protección pese a que la gente del pueblo les atribuía la propagación de la peste) y de un par de personas. Cuando este miedo alcanza su punto fulminante, los pueblerinos huyen, dejando a los quince chicos a su suerte. Los chicos, al inicio temen por sus vidas y por su futuro, ¿pero acaso no habían sido abandonados desde mucho antes? Así, durante cinco días se adueñan del pueblo y de sus vidas, viviendo en plena libertad e, incluso con esto y siendo chicos, sin excesos. Al grupo se unirá un coreano de la colonia coreana cerca del pueblo que no evacuó por quedarse enterrando a su padre, una niña del pueblo que fue abandonada junto al cadáver de su madre y un soldado japonés fugitivo de guerra al que los pueblerinos intentaban cazar hasta que la peste los obligó a centrarse en otras cosas.
La novela se desenvuelve entonces entre la interacción de todos estos chicos, la manera en que sobreviven, sus pensamientos ante el abandono, el abuso y la indiferencia de los adultos, entre otras cosas igual de personales y universales. Es una obra sutil en su crudeza a pesar de su lenguaje claro y directo. La mayoría del tiempo me la pasé tratando de comprender la forma de actuar del pueblo (personaje colectivo). Conocen la magnitud de lo que hicieron, pero el acuerdo al que llegan con los chicos es francamente macabro. Es la forma, creo yo, en que el escritor trató de mostrar los desastres de la guerra, no los de violencia bélica, sino en la mentalidad de las personas, y más aun, entre la gente de un mismo país. I, el chico coreano, llega a decir:
«—¡Los japoneses os matáis los unos a los otros! —exclamó I con profundo desprecio—. Nosotros escondimos al soldado, pero sus compatriotas lo han matado. La policía militar, la policía normal, los campesinos con sus lanzas… Hay montones de gente dispuesta a salir a la caza de los que huyen al monte y a matarlos a lanzazos. No puedo comprenderlo.»
El final es fuerte, desconcertante, es descorazonador; te deja a medio suspiro, y tal vez de ser otro estilo, otra novela y otro escritor, perduraría la esperanza, pero en este caso, todos los capítulos anteriores sirven para reforzar una idea, y al final, no queda nada más que certeza.

Espero que se animen a leerla, como mencioné, es una novela breve, algo que pueden leerse una tarde, merece mucho la pena intentarlo.
Saludos.



Esto no es crítica: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë

Esto no es crítica
Divagando: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë


Hace cuestión de un par de días releí (en un solo día debo decir) Cumbres Borrascosas. Desde la última vez que lo leí han pasado casi diez años, por lo que prácticamente fue como leerlo por primera vez. Lo releí porque últimamente me he topado bastante (y no de buena manera) con el apellido Brontë. Y lo leí, porque suelen catalogar Cumbres Borrascosas como novela romántica, y ciertamente no recordaba muchas cosas, pero sí que recordaba que éste no es el caso. Cumbres Borrascosas, para mí, tiene de romántico lo que un perro tiene de pesimista.

Evitaré, tanto como me sea posible, no ser tan detallista, por si alguien no ha leído la novela y quiere hacerlo.

Cumbres Borrascosas cuenta la vida de Heathcliff y Catalina a través de los relatos de Elena, una mujer que ha llevado toda una vida de servidumbre y que ha tenido que soportar el carácter tan explosivo de todos sus amos. Las relaciones en esta novela son tormentosas, apasionadas y destructivas. Heathcliff y Catalina se llevan de encuentro a todo aquel que se interpone en su camino, sin percatarse de que son ellos mismos los únicos y verdaderos obstáculos en sus vidas.
El protagonista, Heathcliff, atraviesa una niñez desafortunada después de ser adoptado por el Sr. Earnshaw. Esto marca su carácter prácticamente para siempre. Lo único rescatable de esta infancia tan tormentosa llena de maltratos y abusos, es su relación con Catalina. Al punto que ambos se hacen inseparables, cosa que no fue bien vista por nadie más. A medida ambos fueron creciendo la relación se fue estrechando, pero todo cambia cuando, debido a un accidente, Catalina debe pasar tiempo en casa de los Linton. (Y cortaré aquí para no dar más spoilers).
El tema principal de la novela es la venganza. Una venganza visceral nacida del desprecio, del abuso, del maltrato y del rechazo. Esta venganza viene de manos de Heathcliff, y la lleva a cabo con especial maestría.
Heathcliff, como personaje, es lo más odioso que uno se puede encontrar en mucho tiempo. Sus únicas muestras de afecto, de algo parecido al cariño o a la simpatía, las recibe Catalina, pero incluso es severa con ella por su rechazo, porque no acepta de buena manera, y al mismo tiempo no puede alcanzar a odiarla, por ser la única que en realidad interfirió en su felicidad. Heathcliff no se corta a la hora de hacerle daño a los demás, de despojarlos de lo que más quieren, de apropiarse de todo cuanto ve para perfeccionar su venganza porque este es su motor, sin ella no es nada, no existiría. Heathcliff va por la vida odiando, golpeando, abusando, destruyendo, etc. Y no le importa. No enfrenta ni el más leve remordimiento, y sin embargo, a lo largo de la novela, tiene pequeñas señales de algo que puede caracterizarlo como humano, como cuando llora en la habitación de Catalina, o para el final, aunque más que arrepentimiento, fue resignación y entrega.
Catalina, por su parte, es caprichosa, molesta, mandona, melodramática, manipuladora, etc. Decide no unir su vida a Heathcliff, y sin embargo, prácticamente obliga a todas sus personas cercanas a que lo acepten (pese al horrible comportamiento de éste con todo aquel que no sea Catalina e incluso con ella) y que respeten su posición a su lado.
La relación entre ambos es tormentosa y autodestructiva. Se dicen amar pero su  forma de ser, consigo mismo y con los demás, impide que entre ellos las cosas se den bien. Ambos son orgullosos, pedantes, no están dispuestos a dar el brazo a torcer. De verdad que frustra (o al menos a mí me frustró) verlos interactuar. Frustra cómo tratan a los demás y cómo reaccionan ante las cosas. Yo pienso que Emily Brontë mientras escribía, pensó: ya hay demasiados personajes buenos, me toca a mí escribir un par de gente odiosa.

(Hace poco leí en una novelita de esas modernas, que utilizaban a Heathcliff y Catalina como ejemplo de relación, como tratando de justificar la permanencia en esas relaciones tormentosas. Bueno, pues que vaya a leer la novela -que parece que no lo hizo- para ver cómo se desarrolla la vida no sólo de los protagonistas, sino también de todos quienes los rodean).

Estas relaciones tormentosas con estos personajes tan insoportables (aunque ni Heathcliff ni Catalina son planos, no como los personajes de las novelas románticas modernas –juveniles y eróticas-) parece que han servido de pauta, porque esta dinámica está siendo bastante utilizada últimamente. Pero no nos engañemos, si hay alguien que catalogue Cumbres Borrascosas como novela romántica es que no la ha leído o no pasó de los primeros tres capítulos. La visión de los acontecimientos en esta novela no está idealizada. El carácter tan negativo de ambos personajes principales, tan dañino, no es adornado con buenas intenciones o mentirillas blancas en aras de los intereses de la persona amada. Lo hacen porque anhelan, más que todo, poseer eso que quieren. Lo hacen porque disfrutan de la venganza. Lo hacen porque no les importa nadie más. Es por eso que, aunque uno llega a aceptar que ambos personajes se quieren a su manera loca, con todos sus defectos (cualidades no vi por ningún lado), con su orgullo encarnado y su egoísmo, se sabe también que no hay manera de que esas dos por personas, amándose cómo dicen que se aman, terminen juntos con un final más o menos positivo.
Cumbres Borrascosas es una novela breve pero que desarrolla bastante bien la psicología de los personajes. Estos distan mucho de ser perfectos, incluso en su maldad incompleta. La dinámica en casi todas las relaciones es dañina. No idealiza nada: ni la vida matrimonial, ni en familia, tampoco la vida en el campo, ni la vida de una persona de clase acomodada.
En fin, que si alguien se acerca a Cumbres Borrascosas buscando leer una novela agradable para pasar el rato con una pizca de romanticismo, debería ir a buscar otra cosa. Ahora, si quieren relaciones tormentosas, personajes con caracteres dañinos, acomplejados, en donde impera el egoísmo y la venganza, ¡pues adelante!
Aunque, con todo y esto, Cumbres Borrascosas tuvo un final feliz.




Esto no es crítica: GREY (o de cómo me torturo a mí misma.)

Leí “Grey” a petición de mis chicas de Facebook (las amo aunque no lo parezca) y la verdad es que no pude llegar muy lejos. Sin embargo, dado que los primeros capítulos son un descarado Copy Page de la primera parte de 50 sombras (50M, como le digo yo) tampoco es que me perdí de la gran cosa. (Y, en general, digo ¿qué hay que perderse de esa saga? Felices aquellos que se mantuvieron y mantienen al margen). Por cierto, ya tengo una entrada en la que hablo de 50M. AQUÍ.
Pero antes, quiero hacer un par de aclaraciones.

Este post va exactamente cómo lo escribí en un estado en MI Facebook. Terminaba de leer lo último que pude de “Grey” y aparte del cansancio, estaba explotada, por eso van ciertas expresiones que pueden resultar ofensivas. No quise cambiarlas porque obedecieron a un estado de ánimo inmediato, lo que por sí mismo ya dice mucho de la lectura y lo que me produjo, y por eso hago esta aclaración. No creo, quiero agregar, que todas las lectoras que disfrutaron de esta novela, o que la leyeron completa sean mediocres (como digo más adelante) lo que me resulta mediocre es que se empeñen en defender algo que no existe. Que ignoren tan deliberadamente esos indicios tan claros en el comportamiento abusivo y controlador de Grey, o que escondan esto detrás de un BDSM que de BDSM no tiene nada; me parece una especie de autosugestión porque en el fondo comprenden que esto está mal, sólo no quieren aceptarlo. Pero esta es sólo una impresión mía, una impresión un tanto superficial, si cabe, pero es que no logro concebir tanta aceptación de comportamientos tan dañinos de ninguna otra manera. Cuando apelan a la típica “es ficción” me indigno todavía más, porque puede ser ficción, pero las ideas que trasmite no lo son. Y no hace faltar ser un genio del psicoanálisis para saber que no siempre tenemos control sobre las idas que absorbemos diariamente. Muchas se implantan en el inconsciente y ahí se quedan y nosotros ni cuenta nos damos de esto, ni siquiera cuando nos comportamos o juzgamos de acuerdo a estas ideas. Ejemplo típico: un comercial de televisión. ¿Por qué nos da ganas de beber CocaCola (o cualquier refresco) después de ver un bonito comercial? ¿Por qué el campo de la Publicidad ha crecido tanto últimamente? ¿Por qué compramos cosas que no necesitamos? No se engañen, gente. Las ideas nos sobreviven.
Y por último: leer cualquier cosa así por así no es bueno. Leer con criterio es lo aconsejable. Siempre.
Dicho esto, los dejo con el post en cuestión.

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Pues se acabó Grey para mí. ¿Recuerdan que cuando leí 50M vivía comentando lo cansada que me dejaba? Bueno, pero al menos esto comenzó a calarme en serio hasta más o menos la mitad del libro. Con Grey fue mucho antes. Quizás fue por lo repetitivo del asunto, que me remitía a esa primera experiencia, lo que le sumó peso a la ya agonizante carga que supone leer a esta mujer; o quizás fue porque Grey resulta muchísimo más insufrible que Anastasia, ¡quién lo diría! ¬¬
La escritora, por otro lado, además de abusar de la repetición (todo es un descarado copy page) ni siquiera se esmeró por cambiar el punto de vista de los acontecimientos, la carga moral, emocional de los mismos. Que sería lo obvio, por supuesto, tratándose de dos personas diferentes. Pero no. Resulta que Anastasia es buena leyendo a la gente (claro, claro xD). A lo que me refiero es que la impresión que queda es la misma, y de nada sirve que el narrador sea uno o sea el otro. Tampoco que esperara la gran cosa, claro (es James) pero resulta básico sopesar la idea porque, ¿no se supone que era esta la intención al publicar un libro narrado por Grey? Ah no, claro que no. Vender era lo que quería. Hay que explotar a la gallina de los huevos de oro. Hay que ir a destazar a la pobre.
Grey es la personificación del machismo puro, ese que de vez en cuando se disfraza de caballerosidad, de amor, de preocupación. Pero aparte de contadísimas ocasiones, todo en él resulta obvio, todo su abuso y control está plasmadito literalmente en cada página. Y es que uno creería que si hay tantas mujercitas suspirando por él era porque la escritora utilizaba un lenguaje un poco ambiguo, o que las situaciones en sí mismas resultaban ambiguas; pues ni una cosa ni la otra (y en serio, la James no da para nada más, es hueca) todo está clarito, clarito. Lo que me hace temer por la mujer promedio (la mujer disque lectora que sólo lee estas mierdas y todavía tiene el descaro de defenderlas y catalogarlas de Literatura). No concibo yo que una mujer, al planteársele una situación tan clara, tan directa, tergiverse los acontecimientos tan consientemente, al punto de que siempre le terminan pareciendo románticos. Porque los acontecimientos, el supuesto cortejo por parte de Grey resulta espeluznante, y esto suavizándolo un poco. Estamos hablando de acoso, rastreo, investigación detallada de su vida, su trabajo, sus estudios; control de lo que come, de lo que dice, de lo que hace y con quién. Y resulta exasperarte el recursito que utiliza la James para introducir siempre esto, porque al final de cada párrafo, después de líneas enteras de ese deseo por parte de Grey por controlar, por poseer, por dominar, por subyugar, humillar, etc. todo termina con un "a saber qué habría pasado si yo no hubiera intervenido? No podía dejarla sola, estaba en peligro. Etc.". Que una mujer se empeñe tanto en disfrazar su machismo resulta increíble, y más increíble resulta porque no lo consigue ni medianamente bien, e incluso con esto, las lectoras caen redonditas ante los supuestos encantos de seductor del Sr. Grey. Y yo de: WHAT.
Otra cosa, la facilidad con la que Grey reacciona ante avances sexuales por parte de Anastasia, esos que no son más que fantasías suyas, porque la tipa es un pan blanco, una tortilla sin sal, etc.; a algunas lectoras de esta saga le resultará romántico, a lo "mira, lo pone loquito, sólo se excita así de fuerte por ella" o no sé, algo así intuyo, porque yo no tiendo a relacionar la excitación sexual y el amor tan rápidamente, todo lo contrario. Pero parece que aquí este es el caso; pero retomando la idea inicial, al hacer que Grey sea tan fácilmente excitable, en lugar de conseguir lo que ya mencionaba, sólo lo hace parecer como un puberto, alguien inexperto en el sexo, con poco control sobre sus impulsos. Y no creo que esa sea una imagen beneficiosa para un disque dominador. Así que en lugar de fortalecer el carácter del personaje, lo debilita.
El cúmulo de incoherencias que es este personaje se debe a la mediocridad de la autora al querer atribuirle una complejidad que no existe en ningún lado. No la busquen, no la encontrarán. Su supuestos traumas de la infancia y adolescencia podrían servir para enriquecer un poco al personaje, pero dado que sólo están usados para apelar a la sensiblería barata de las lectora mediocres (pues, quién más leería esto tan religiosamente? Quién más lo catalogaría como le obra cumbre del erotismo moderno?) resulta insustancial. Soso. Un desperdicio enorme de letras y de papel. Y, por otro lado, no se debería usar como recurso cuando no se sabe manejar bien. Los traumas de alguien no le dan carta blanca para andar jodiendo libremente a quien se le antoje y luego salir asombrosamente aireado del asunto porque, ya saben, "pobrecito".
Podría seguir y seguir con esto, pero estoy, literalmente (no exagero) cansada de este tema. Lo poco que leí ayer hizo que durmiera casi doce horas, y sigo cansada y con sueño. Además, como notarán, no dije nada nuevo. xD
Seiren.


PD: Tambíen creen en álbum con citas y anotaciones. Es de dominio público (?) xD


Mi opinión sobre After de Anna Todd (y de cómo me enojé mucho).

He leído el primer libro de la Saga/Trilogía/No sé ni me interesa: After. Y publico esta entrada porque he quedado traumatizada. No sé qué tanta atención mediática ha tenido esta “novela”, sólo espero que no haya alcanzado los extremos de Cincuenta Sombras de Grey. Que AFTER es igual, incluso peor.
Wattpad molestaba tanto con el anuncio de la novela (la editada y vendida) que terminé cayendo y comencé a leerla. (Esto va para largo)
No tengo ni la menor idea de cómo alguien puede encontrar esto romántico.
He quedado tremendamente horrorizada, y me horrorizo más al leer comentarios tachando esto de romántico. Esto es abuso, violencia, manipulación, mentira. Es todo menos amor.
Y cuando al inicio decía que puede ser incluso peor que 50S, lo digo porque 50S se presenta como una fantasía un tanto alejada de la realidad de las lectoras. Nunca nadie va a conocer a un tipo así de rico y psicótico, porque los ricos sólo se llevan con ricos o pagan prostitutas finas, y los psicóticos están hospitalizados o presos. Con todo y las estupideces cometidas por las lectoras, y los casos en que lamentablemente si encontraron a un Christian Grey (ya saben, las noticias donde la mujer murió por imitar prácticas del libro), no es una realidad tan próxima a la de las lectoras (o al menos así me quiero engañar, porque no puedo creer que se acepte tanta estupidez, sin más). Las que tuvieron sentido común supieron desde el inicio que sólo era una fantasía estúpida y abusiva, pero no les planteó más influencia que esa, no como a otras más idiotas (perdón por el lenguaje, pero esto me enoja). Ahora bien, en AFTER, los dos protagonistas son universitarios comunes y corrientes, como tú, como yo, lo que crea una sensación de cercanía. Una sensación de “posibilidad” puede decirse.
Y viendo las noticias, y viendo la vida de amigas y amigos, incluso de familiares, no pueden venir a plantarme cara y decirme “sólo es ficción”. En primer lugar, es un argumento estúpido. Las ideas nunca son ficción, son reales. Son reales y se implantan en tu inconsciente y a ciegas comienzan a buscarse porque hay algo dentro, algo que no distingues que te es aparentemente ajeno, que te mueve. Porque eso es lo que es el inconsciente. No tienes poder sobre él.
Con esto tampoco se quiere decir que todo lo que se escribe tiene que ser ideal y sano. No. Para nada. No intenten tomarlo por ahí, conmigo no les funcionará. Suceden cosas muy feas en el mundo. Ahora bien, hay que replantearlo: digamos que nos presentan esta misma historia con un tono más noticioso (que ya abundan noticias de esto): chica se suicida (no es el caso de la novela, pero es un ejemplo) porque el novio apostó su virginidad con los amigos.  Se imaginan a la reportera, la cintita informativa abajo, y la cara de consternación de esa mujer mientras le dice a otras mujeres que hay que tener cuidado, y se precavidas. En las noticias hay cierto distanciamiento, y cierta objetivismo (depende del noticiero, claro). En estas novelas rosas cutres, no lo hay. De hecho, se busca lo contrario, se busca que las jóvenes y los jóvenes se sientan identificados con personajes, situaciones y sentimientos. Estas novelas buscan que la lectora o el lector diga: sí, es algo que me puede pasar.
Y efectivamente, es algo que pasa día a día, pero no de la manera rosa, romantizada e idealizada que presentan estas novelas. Esto es un absurdo inmenso que no sé cómo ha tenido cabida en tantas cabezas. Es algo que tiene que desaparecer. Porque mi problema no es el contenido, es cómo lo presentan. Esta idealización tiene que desaparecer porque es dañina. Porque las relaciones que tienen los jóvenes hoy en día ya son lo suficientemente tóxicas como venir a cagarse más en ellos. Porque no se les educa. Porque se les ve con un libro  y ya con eso creen que se está formando. Si existe la creencia que un buen libro nos educa, ¿por qué resulta tan inconcebible que un mal libro nos afecte de una manera negativa?
Pero, hablando un poco de la historia. Recuerden que sólo leí el primer libro (no pienso leer los demás) así que mis impresiones sólo están basadas en esto.
 Tessa es esta chica normal, con buenas notas, que se desvive por complacer a su madre. Tiene un novio, Noah, buena gente. Tessa llega a la residencia universitaria, donde conoce a Steph y compañía, dentro de esa compañía se encuentra Hardín, quien desde el inicio es grosero con Tessa. ¡Ah! Pero es “guapo” para chuparse los dedos y todas esas babosadas ridículas e inverosímiles.
Comienzan a frecuentarse porque en una fiesta, durante un verdad y reto, Tessa confiesa ser virgen. En este momento nadie se lo plantea, pero al final del primer libro Tessa se entera que Hardín sólo se le ha acercado por una apuesta. Apostó dinero con sus amigos para ver quién le quitaba la virginidad. Hermoso, ¿verdad? Ruedan lágrimas de cocodrilo por mis mejillas. Es que, a pesar de la humillación, mientras trataba de llevársela a la cama, ¡ha terminado enamorado de ella! Dios mío, ¡qué cosa más hermosa! A esto aspiro yo en la vida, a que me declaren su amor humillándome, manipulando mi vida sexual y todo eso. *Más lágrimas de cocodrilo*.
Claro, durante todo este proceso de “desvirgamiento” (en el buen léxico, claro) él no tuvo la decencia siquiera (digo, si iba a desflorar a la cipota para ganar dinero, por lo menos hacerlo con algo de clase, hay que ser badass con estilo, hombre) de ser amable con ella. No. El tipo es tan imbécil que por todo se enoja, y se muestra tan celoso y posesivo, que sólo le falta el taparrabo y el mazo y “¡hunga, hunga!”(sin ánimos de ofender a nuestros ancestros, que estos defendían su comida). Pero ella está enamorada de él. Y claro, lo comprendo, ¡es que es tan guapo! Y sus tatuajes, joder ¡dayum! Y su pasado oscuro y tormentoso (porque todo aquel que tenga un trauma de la infancia tiene permiso expreso para tratar a todo el mundo como una mierda, es normal y aceptable, es ley). Y la cereza del pastel: lee a Austen y a las Brontë. No, es el hombre perfecto.
¡Dónde estás, mi hombre perfecto!
Se deja influenciar tanto por él, se crea tan pronto esta relación enfermiza de dependencia, que Tessa rompe con su novio, que es lo sensato, después de haberle puesto los cuernos tantas veces; y con su madre. Que es cierto que la mujer es una controladora igual, pero si vas a escapar de una controladora no vayas a caer a las manos de un controlador. ¡Entonces en qué estamos, niña!
Se mudan a los casi tres meses de haberse conocido. Es amor, les digo, ¡ni se les ocurra decirme lo contrario! Pero la dinámica es la misma: están acaramelados, pelean, ella tiene miedo de decir lo que piensa, él pide perdón y dice que intentará ser mejor, que por ella quiere ser mejor persona, pero viene y vuelve a ser grosero y ofensivo, y acepta que es grosero y ofensivo porque quiere lastimarla, pero es que a veces así es él, sólo quiere lastimar a la gente. Y blablablá. Le cuenta su trauma de la infancia (que sí es pesado, pero nada justifica el que trates a las personas como mierda) y ella, cautivada, conmovida, y viendo despertar un sentimiento de sobreprotección tan absurdo como inaudito, exclama: ¡ahora lo conozco mejor!  Y el amor crece, y ahora ella sabe que tiene que tener más cuidado con él, porque él ha sufrido tanto, TANTO, que ya comprende por qué es tan agrío y mierdero (en el buen léxico) con todo el mundo. ¡El mundo al fin tiene sentido!
Pero entonces ocurre lo que tiene que ocurrir (y me salto tanto porque en realidad es una novela repetitiva y aburrida): Tessa se entera de la apuesta. Jesucristo, mi corazón se rompió en pedacitos. Casi entierro la cara en la almohada tratando de contener mis ¡POR QUÉ! Como si no hubiera sido claro desde el inicio la mierda de persona que es Hardín y lo ingenua y estúpida que había sido ella al creerle todito.
Es humillada. El único que medio medio la defiende es Tristán, novio de Steph, porque ni ella, a quien Tessa consideraba una amiga, le dijo nada del trato. Los demás chicos se están burlando. Hardín ha ganado y aparentemente se ha llevado un billetón. Claro que para comprobar el “desvirgamiento” tuvo que cumplir ciertos requerimientos protocolarios, claro, para demostrarlo. Lo lógico. Así que guardó el primer condón utilizado, para enseñárselo a los amigos, y de paso, anduvo paseando en su auto las sábanas manchadas de sangre sobre las que Tessa  y él tuvieron sexo. El poder del dinero, qué les digo. Claro que él como típico héroe de novela rosa cutre, estaba enamorado de ella, y sintió culpa. Pero habla de esto como si la primera vez que tuvieron sexo hubiera pasado hace mucho, mucho tiempo. Y recuerden: tres meses. Son 700+ páginas de pura mierda desarrollada en un lapso de tres meses. Terrible. Dice él que no sabía que se iba a enamorar de ella, que lo perdonara, que podían arreglarlo. Y etc. Ella llora y llora y se siente una mierda, claro, porque como mierda ha sido tratada todas las 700+ páginas y más sorprende que hasta ahorita se dé cuenta de ello. Se marcha con Zed (otro de los que había apostado su virginidad) y le pide que le cuente todo. Y así termina esta barrabasada inaudita destroza neuronas. Fin.
No se ofendan. Es mi impresión y nada más. Puede ser que sí me dice alguien por ahí que la ha gustado y la ha encontrado romántica, yo pierda un poquito la cabeza y cualquier buena idea o sentimiento que pudiera haber tenido o tener sobre esa persona. A estas alturas, ni me molesta ser ofensiva porque todo esto se está volviendo cada vez más ridículo. Y me enoja. Me enoja. ¿Qué quieren que les diga? Esto no es normal. No es simplemente “ficción”. Es la comercialización indiscriminada de una idea aberrante que implanta ciertos ideales en la mente de las personas aunque estos ni lo noten o se empeñen en negarlo. Si se empeñan tanto en negarlo, por algo será. Sólo digo.
Es todo.
Sean felices.
Lean con cuidado.

Saludos.

PD: Omití el decir que todo esto comenzó siendo un fanfic de 1D porque ni los fanfics son tan malos ni las fanfickers tan huecas y no hay que darle mala fama al género. 
PD: Pueden ser ofensivos en los comentarios si les he tocado algún nervio, sólo recuerden que de igual manera he de responder.