Mi vecino voyeurista 2

Segunda parte

Después del episodio del baño, empecé a caer poco a poco en su juego de manera sistematizada. En las mañanas salía con lencería de encaje de lo más sensual al balcón de mi recámara. Conjuntos de dos piezas y de colores oscuros como negro, guindo, o azules oscuros que resaltaban en mi piel extremadamente blanca, y que coronaba con una cortita bata de seda semi transparente para no parecer muy exagerada.

No quería que él se diera cuenta de que yo estaba consciente de su acoso. Ese era en resumen la parte esencial del juego, de mi juego; él debía sentirse alerta todo el tiempo, sentir la adrenalina de no ser atrapado en sus perversiones. Debía permanecer como un espía entre las sombras y nunca saber que fue descubierto. Es por eso que me divertía siendo lo más sensual que podía sin dejar de parecer natural. Pocas veces volteaba en su dirección y trataba hacer movimientos casuales que en el fondo sabía que lo estarían volviendo loco. Es esas mañanas salía con cara soñolienta y después de tomar una gran bocanada de aire matinal, en donde mis pulmones se llenaban sacando así mis abundantes senos a flote entre el escote de mi bata, procedía a realizar una serie de estiramientos que a decir verdad ya los realizaba antes de esta locura pero que ciertamente no de una manera tan provocativa como entonces, y menos en el balcón. Estos movimientos consistían primero en girar mi cuello de manera lenta en círculos, después en entrelazar mis manos y levantándolas hasta arriba, proceder a arquear mi espalda lo más posible sacando mis redondos pechos y levantando mi trasero poniéndome de puntitas; todo esto estando o bien de perfil, o bien de espaldas a la casa vecina. Otros ejercicios que tenía en esa rutina era girar mis caderas lentamente, utilizar mi elasticidad para subir ahora un pie, después el otro en él barandal del balcón inclinándome hacia enfrente para tocar la punta de mi pie y dejar salir mis senos. Y hacer sentadillas lentas y sensuales o simplemente empinarme para tocarme la punta de mis pies. Toda esta rutina no duraba más de 15 minutos pero sé que eran 15 minutos de mi tiempo que hacían arder en deseo a un joven espía, y eso, cuanto más lo pensaba, hacía que un ligero cosquilleo empezará a nacer en mi entrepierna.

El segundo encuentro visual, como ya mencioné, sucedía en el cuarto de baño. Aún con el conjunto encima, aunque algunas veces, cuando me sentía algo más divertida, sin la bata de seda encima, llegaba hasta el balcón del baño y abría las cortinas para dejar entrar la luz del sol. Después emprendía el viaje de regreso hacia la regadera caminando lo más cadenciosamente posible y moviendo mi trastero, que según mi marido, lucía espectacular con esas bragas que se escondían entre mis glúteos. No me desnudaba si no hasta ya estar dentro de la regadera, que como ya lo dije antes, era un cubículo en el centro de la habitación de un cristal transparente pero de visibilidad opaca, distorsionada, y que podía verse perfectamente desde la casa de enfrente. No me desnudaba ante él por qué quería que deseara mi cuerpo más y más cada vez. Que imaginara día y noche cada parte de mi y que construyera con su mente cada rincón de mi cuerpo que él no había alcanzado a ver aún.

Mi cuerpo a través del cristal dibujaba solamente mi silueta, e imaginaba mientras me bañaba que su sexo adolescente iba poniéndose más y más duro mientras me contemplaba. Casi podía verlo gotear por mí, y antes de reprocharme esos pensamientos tan absurdos, de un chico al que le llevaba más de 10 años de edad y que además no era para nada guapo; ya estaba con un par de dedos rozándome abajo y con la otra mano acariciando mis senos mientras el agua ardiendo, acaso no tanto como toda yo por dentro, se deslizaba por mi espalda y entre mis nalgas.

Al terminar, el vapor terminaba por dejar sin visibilidad a través del cristal. Cogía una toalla y me secaba dentro de la regadera, después la enredaba en mi cuerpo y salía de nuevo. La toalla cubría solo lo esencial; mis pechos apenas se contenían, desbordándose en cada paso que daba. Y debajo, la Tela apenas cubría la naciente marca de mis nalgas que ahora se veía y después se ocultaba ante el vaivén de mis pasos y el viento que se colaba debajo.

El jardín:

No sé absolutamente nada de jardinería. Pero después de una semana y de pensar que era muy aburrido esperar dentro de la casa sin poder mostrarme a mi admirador sin parecer muy obvia, pensé que debía de encontrar una excusa para salir donde pudiera verme sin parecer que ya había descubierto que me espiaba y que además me gustaba. Y después de darle vueltas al asunto, tuve la idea de salir al patio a simular que trabajaba en el jardín. Mi admirador tenía poco viviendo alado y supuse que no sabía aún que jamás en mi vida me había ocupado de esos asuntos y que de hecho, contábamos con un jardinero que venía cada cierto tiempo a ocuparse de esa tarea. Así que no me fue difícil arreglar la cuestión. Tome el teléfono y marque a nuestro jardinero, un hombre mexicano ya rondando los 60 años y que siempre se había portado muy decente conmigo, más allá de las miraditas discretas cuando me volteaba y él creía seguro deleitarse con mi cuerpo sin que yo me enterará. Pero las miradas pesan, y más cuando están cargadas de deseo, y eso lo he aprendido muy bien en los últimos meses. En fin, aún así sus miradas siempre las sentí con deseo, si, pero siempre con un toque inocente por su edad y nunca me llegaron a molestar.

-Felipe, habla Nancy mcallister de Chester hill.

– Ooh, hola señorita, ¿cómo ha estado?- me dijo con gusto en la voz

– Muy bien, gracias por preguntar Felipe-

– No es nada señorita. Pero, creo que no me toca ir a su casa hasta el próximo miércoles. ¿Pasó algo con el jardín? A ya se, son los rosales ¿verdad? El perro de los Ramírez se metió de nuevo al jardín ¿no es así?

– No Felipe, no son los rosales. Es solo que quería pedirte un favor- le dije con un tono coqueto, ese tono que según mi marido volvía loco a cualquier hombre

– Por supuesto que sí señorita, usted sabe que estoy a sus ordenes- dijo con sincero entusiasmo

– Sucede que he estado viendo algunos manuales de jardinería y me ha entrado una curiosidad repentina por esta. Solo quería pedirle que si podía ausentarse las próximas semanas. No se preocupe por su salario, se le pagara exactamente igual como si estuviera aquí-

– Pero señorita…-

– Señora, Felipe, señora-

– Si, si, lo siento, es que es usted tan joven y tan bonita que lo olvido y…-

– … No te preocupes Felipe-

– Claro. Pero señora ¿cómo podría hacer eso? no dudo que usted pueda tener un gran talento con esto, inclusive ser mejor que yo, con esas manos tan dulces que tiene señorit… Señora, pero, si su marido se entera que estoy cobrando sin trabajar temo que me regañe incluso me despida.- dijo con tono asustado

– No Felipe, si se llegara a enterar yo te protegeré tenlo por seguro. Pero eso no va a pasar, por qué de hecho, el no se enterará. El está muy ocupado estas semanas y solo viene un par de días entre semana y solo a dormir. Y no se enterará porque él piensa que todas esas ideas que se me ocurren repentinamente son solo caprichitos míos, así que se lo ocultaré esta vez ¿me entiendes? Así que no te preocupes que él no se enterara. Y tomate el descanso sin preocupaciones que jamás seré buena en esto como tú y cuando este caprichito como dice mi marido y que seguramente tiene razón, se me pase, volverás a trabajar aquí igual que siempre-

– Está bien señorita, cualquier cosa o duda no dude en llamarme. Qué tenga buen día-

Colgué y pensé que lo que me estaba pasando estaba llegando cada vez más lejos. Ahora está afectando a terceras personas por este demencial juego de miradas y deseo que no sabía cómo se estaba volviendo cada vez tan grande como divertido.

Salir al jardín era de hecho el momento donde podía lucir mi guardarropa. Obvio no saldría al patio vestida como una puta, pues sabía que en gran medida el deseo que él sentía por mi estaba basado, además de mi cuerpo claro está, en lo tan inalcanzable que le resultaba al chico. Sabía que el ser una mujer casada con un hombre guapo y exitoso además de rico, ser una mujer que lo tenía todo, elegante y con una pinta de rica, hacían que le fuera más deseable todavía. Por lo tanto, mientras más elegante, decente y con clase me vistiera, más volvería loco los instintos de ese mocoso. Claro, el vestir elegante no quiere decir que no fuera sexy, de hecho estaba dispuesta en convertirme en la mujer con clase más provocativa que hubiera conocido en su mocosa vida.

Para el segundo encuentro pasaron dos semanas con la misma rutina. Las mañanas en lencería, el baño de la mañana, las tardes en que salía a tomar aire fresco, el baño de las tardes y finalmente desnudarme frente la ventana de mi cuarto para ponerme ropa de dormir con las luces encendidas y dibujando mi silueta en las cortinas blancas cerradas de la ventana del balcón. Además claro está de los martes y viernes de arreglar el Jardín.

Era esta última la actividad que me estaba fastidiando más. Porque aquí yo no estaba segura de si él me estaba espiando o no. Al principio no tenía duda de que si lo hacía, el tenia tanto empeño que seguramente lo hacía.  Pero conforme fueron pasando los días llegue a dudar que fuera así. ¿Y si él no me miraba ahí? ¿Si él no tenía cómo verme de una manera cómoda? ¿Y si todas las veces en que vestía con unos shorts de mezclilla cortísimos adheridos a mi respingón trasero que terminaban en la naciente de mis glúteos, y con una camisa a cuadros de botones que parecían reventar ante la presión de mis redondos pechos, y me ponía a gatas a trabajar en los Rosales, él no estuviera tras las sombras para deleitarse? Era un pensamiento cansado, pero estaba decidía a no rendirme.

Un viernes dio resultado. Estaba vestida tan sexy como ya he dicho y estaba de pie descansando un poco bajo un árbol cuando él mocoso se atrevió a volver a mostrarse ante mí. Llevaba unos shorts deportivo holgado, y un jersey blanco. Lucía algo nervioso pero parecía tratar de actuar de lo más normal. Salió botando un balón de Soccer y cuando se puso a mi altura en su lado del patio, miró hacia mí.

-Cielos, que hermosa tarde- dijo sonriéndome y enarcando una ceja.

Yo me limité a fruncir el ceño y a poner cara de molesta. No dije nada y me dirigí de nuevo hacia dónde había estado trabajando en los rosales. Al llegar ahí me puse de rodillas y pude sentir como mi shorts se escondía entre mis nalgas. Pude imaginarme su reacción así que sonreí donde no pudiera verme hacerlo.

Volví a oír botar el balón. Yo me puse a gatas y empecé escarbar en la tierra con una pequeña pala de mano. Sabía que había desabrochado los primeros 3 botones de mi camisa, por lo que mis pechos salieron de la camisa y rejuntados por un liso sostén color blanco, se bamboleaban cada vez que escarbaba con la pala. Como ya he dicho, llevo el cabello corto a medio cuello y lacio, pero lo tengo algo abundante así que las puntas de mi rubio cabello se metían en mi boca o me cubrían la vista por lo que tenía que levantar el dorso y acomodarlo tras mis orejas de vez en cuando.

Estaba pensando en que quien me tenia inmersa en esta locura estaba viéndome en ese instante sin ocultarse de mí. Había salido de entre las sombras quien me tenía pensando tanto en el deseo la última semana. No era mi marido irónicamente, era mi vecino, un mocoso de escasos 16 años que además de ser algo feo, era la segunda vez que lo veía tan claramente desde que llegó a la casa de al lado.

Pero las cosas eran como eran. Y no podía evitar excitarme tanto. Estando pensando en esto no me percaté de que el balón había dejado de escucharse, así que voltee para ver qué ocurría y entonces vi una imagen que aún tengo grabada en mi mente. Ahí estaba el chico con su celular en la mano, aparentemente grabándome o tomándome fotos, con los ojos perdidos, casi en blanco, y con la otra mano tocándose la entrepierna donde ya se marcaba un considerable bulto. En ese momento no sé cómo pasó, pero olvidé por completo el juego, me pare tan rápido como pude y avancé hacia él con cara de enfadada. No era actuación, lo juro, el chico en mi juego, el que me tenía vuelta loca de deseo, el que lograba hacer que me tocara ardiendo por dentro no era ese que estaba observándome. El que me tenía obsesionada era invisible. Era solo un par de ojos en las sombras, tras unos binoculares, era una imagen difusa, solo era un cúmulo de deseo hacia mí.

Lo que estaba en el patio de alado, era un pervertido mocoso de 16 años que era flaco, feo, y encima grosero y estaba violando mi privacidad sacando fotos de mi culo y mis tetas.

-Hey! Tú! ¿Qué crees que haces escuincle grosero? Dije mientras me acercaba a el que estaba como en shock y con la cara roja, había dejado tocarse.

– ¿Crees que puedes sacarme fotos empinada y tocarte como un enfermo mientras me ves a plena luz del día? Le dije mientras me pare frente al él. Yo no soy muy alta, pero el solo me llegaba hasta quizá la boca o nariz.

Seguía con la mirada perdida, aunque ahora miraba mis ojos fijamente, y el celular descansaba en su mano. Volteo a mirar su celular por unos segundos, y después lo puso en su bolsillo.

-¿Pero qué crees que haces? Dame ese celular ahora mismo mocoso, vas a borrar todas esas fotos y…-

-pe,pe,pe perdón- Se veía tan frágil, no podía creer que él, que ese niño aún, me tuviera tan, pero tan caliente las últimas semanas.

-¿Perdón? Estarás de broma, acabas de acosarme jovencito, y esto lo van a saber tus padres ¿Perdón? Y tienes suerte de que no se lo diré a mi marido, por qué no quiero hacer las cosas más grandes, pero él seguro que no se conformaría con un “perdón”. ¿Crees que lo que hiciste, estar sacando fotos del culo de tu vecina se arregla con un perdón?

-n, n, n, no, no,- Decía tartamudeando mientras bajaba su vista por mis senos que estaban en su sostén blanco con los botones de mi camisa dejándolos libres, y se seguía por el resto de mi cuerpo.

-Claro que no, ¿y cómo te atreves a seguir mirándome así? Eres un grosero.

-No, no le pido, le pido perdón por, por, por eso.-

-¿Ah no? ¿Entonces por qué?, ¿por existir? Le dije realmente molesta, atrás quedaban los días de deseo, ese mocoso no era mi admirador.

-le, le, pido, pi, le pido, perdón por, perdón por esto.- Puse cara de confundida y la verdad, de verdad que no lo vi venir, dio un par de pasos y acabó con la distancia entre nosotros, después muy rápido me abrazo y me besó como un loco apuntó de explotar en deseo. Bajo una de sus manos y la deslizó hasta mi trasero, tomó uno de mis glúteos y lo apretó con tanta fuerza que me hizo daño y me dejo una marca por días que me costó ocultársela a mi marido. Después mientras seguía besándome, puso su otra mano en mi seno izquierdo y con su mano sobre mi sostén, apretó mi pecho como si fuera cualquier cosa menos una parte sensible de una mujer. El dolor era fuerte pero me sentía tan apresada que no sé por qué en un segundo, en tan solo un segundo, mientras me tenía apretada por atrás y por delante, abrí más mis labios y roce un par de veces su lengua joven con la mía, pude sentir como nuestras salivas que estaban a punto de hervir, se mezclaban y se deslizaban en partes iguales dentro de nuestras gargantas.

Después abrí mis ojos como platos, cerré mi boca y gruñí como un animal mientras me retorcía para zafarme de sus brazos. Era más pequeño que yo pero la fuerza de su deseo lo hacía muy difícil de quitar. Al fin pude zafarme de sus brazos y lo golpeé con una cachetada que soñó casi en toda la calle, le dije que estaba loco y que se arrepentiría de eso. El se alejó de mí lentamente, y recobrando la mirada inocente y de niño que tenía antes de que lo poseyera la excitación, se alejó corriendo con cara de asustado y una gigantesca erección bajo el shorts donde ya se dibujaba una mancha húmeda.

Quedé en shock y me llevé la mano al seno y a la nalga que me había lastimado segundos atrás y me sobé por el dolor que empezaba a sentir. Tendré que hablar con sus padres de esto, pensé.

Deje las herramientas donde estaban y entre a la casa convencida de que esto se tenía que terminar. Ese escuincle se estaba saliendo de control, más adelante quién sabe de qué sería capaz. Estaba totalmente obsesionado y loco por mí. Si, definitivamente esto tenía que terminar. 

Entre a la casa con la firme intención de hablar a los vecinos y acabar con esto de una vez. Pero cuando estaba sentada ante el teléfono, ya no estaba tan Segura de querer que esto terminara. De hecho, estaba empezándome a tocar entre las piernas con el teléfono, y es que la forma en la que me había apresado me parecía ahora tan caliente que en pocos segundos termine por tener un orgasmo. ¿Qué fue lo que sucedió después? Se los contaré un poco más adelante, pero créanme, sucedieron muchas cosas, y cosas que jamás pensé que sucederían.

Si te perdiste la primera parte, puedes encontrarla aquí: http://sexoescrito.com/mi-voyeur-particular/

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Mis momentos con Saul 1ra parte

Desde hace algunas meses mi Novio no me toca, quizás la costumbre y la rutina han hecho mella en nuestra relación. Vivimos juntos desde hace algunos años y al parecer el fuego y la pasión se extinguieron, pero una mujer tan caliente y fogosa como yo…necesitaba de algunas atenciones, porque si, me encanta el sexo, es la mejor forma de sentirse hermosa.

Así que desde que conocí al atractivo Saúl, mis noches húmedas le pertenecían por completo a él.

Saúl era un hombre enigmático, brutalmente inteligente y sarcástico en algunas ocasiones, pero conmigo siempre se había comportado como todo un caballero, decente y educado, hasta podía sentirlo un poco distante cuando me mandaba textos y algun que otro correo, pero todo se extinguía cuando leía aquel apodo con el que me llamaba a diario.

Porque nació de la nada y era algo que solo me decía cuando estábamos a solas o cuando me escribía, me sentí atraída a él desde que comencé a trabajar a su lado, me di cuenta de que era un hombre realmente apasionado y sin querer comencé a tener fantasías con él.

Aquel hombre de 1.90 que siempre estaba de punta en blanco, de pies a cabeza, aun cuando su cuerpo robusto podía confundirse con el de un leñador, el olía a hombre de poder y eso me hacía temblar, su mirada ambarina que jugueteaba conmigo cuando comíamos juntos y me decía cosas de doble sentido…él también quería jugar con fuego.

Y la oportunidad se nos sirvió en bandeja de plata , Saúl celebraría sus 29 años en una preciosa reunión al aire libre, todos los de la oficina estábamos invitados y yo no pude resistirme a vestirme para matar. No podía llegar con nada vulgar, pues él era un hombre elegante y en la reunión estarían muchos de sus familiares y compañeros, por lo que opté por un vestido vaporoso azul claro largo, se pegaba perfectamente a mis senos sin brasier y realzaba mi fabuloso trasero, que muchas veces pille como Saúl veía.

Entre la música y el poco alcohol lo vi caminar hacia mí, con una enorme sonrisa en su rostro y aquellos fuertes brazos que me atraparon junto a un húmedo beso muy cerca de mis labios me dijo:

-Estas preciosa Kahila, como siempre – me susurró y de inmediato mi piel se erizó, yo le sonreí y comencé a parloteare sobre cosas sin importancia, el simplemente sonreía y me rozaba de vez en cuando, pero pronto nos vimos ansiosos por salir de la vista de todos, me llevó dentro de la casa con la excusa de buscar otra botella de vino, pero cuando llegamos a la bodega sentí sus manos ceñirse a mi cintura y su aliento tras mi oreja.

-hueles delicioso – susurró para luego comenzar a depositar besos en mi cuello, yo retrocedí un paso para sentirlo más cerca de mí y me encantó sentir aquel bulto justo en mi trasero, comencé a moverme un poco para estimularlo a lo que el mordió mi cuello y llevó sus manos a mis senos, escuche su gruñir al darse cuenta de mi falta de brasier, con delicadeza pellizcó aquellos pezones que rugían por algo de atención.

Me giró para mirarme a los ojos, aquellos magníficos ámbar estaban empañados en deseo y supe que, como el caballero que era, estaba esperando mi permiso. Yo lo tomé del cuello y me acerqué a su boca para besarlo con ansia, porque lo había deseado tantas noches que ya no podía resistir más, él se dejó llevar y comenzó a jugar con mi lengua, llevando sus manos a mi trasero, apretándolo y masajeándolo como si se le fuera la vida en ello.

Poco a poco bajó sus labios por mi cuello y los llevó a mi clavícula hundiendo sus dientes como un animal. Dios cuanto deseaba que ese hombre me empotrara de una vez, pero no descansó mucho en ese lugar, quitó las tiras de mi vestido dejándolo caer al suelo, mientras mi piel se volvía a erizar al sentir sus manos masajear mis senos y pellizcar mis pezones, se sentía tan bien que tuve que morderme el labio, verlo ahí totalmente encantado conmigo …pero a su
merced.

Pronto me obligó a recostarme en aquella mesa llena de vinos, dándole la espalda, dejándole una hermosa vista de mi maravilloso trasero, me sentía tan húmeda que estuve tentada a tocarme, pero no…deseaba que ese hombre me hiciera lo que quisiera.

-Que rico culo tienes bella mía – sentí su mano rozar mi mojada braga, que de seguro estaba chorreando y lo escuché reír, ese hombre era poder y tentación.

Me despojó de aquel pedazo de tela y me abrió las piernas, yo preparada para su estocada mordía mi labio ante la espera, pero lo que sentí fue mucho mejor que eso, su lengua me recorrió desde el clítoris al ano en una sola lamida, gemí tan alto que tuve miedo de ser descubierta por lo que tape mi boca con mi mano.

-No, quiero escucharte – me dijo y me tomó ambas manos para asegurarse de que no volviera a silenciarme, volvió a su tarea de saborearme tan rico. Lamía y succionaba toda mi rosada vagina sin contemplación, arrancándome sonoros gemidos, que fueron acompañados por espasmos al sentir sus dedos entrar y salir de mí, aquellos dos dedos tan gruesos y perfectos que me hacían ansiar aún más su pene.

-¡Vamos Saúl métemela ya! – le rogué entre gemidos, el sonido de su cierre bajándose me hizo sonreír, vamos que los dos estábamos igual de cachondos

Sin mucha ceremonia sentí la punta de su pene abriéndose paso lentamente, era bastante grueso,justo como lo había esperado, estaba duro y se sentía tibio mientras entraba, pude escucharlo jadear al hundirse por completo dentro de mí.

-Quiero partirte en dos…que rica estas –ese hombre me encendía con cada palabra que salía de su boca, comenzó a darme estocadas fuertes lo sacaba y metía por completo, justo como me gustaba, como si tuviéramos toda una vida follando, se apoderó de mis senos nuevamente, pero me la metía hasta el fondo con ansias, las botellas vibraban al compás de nuestros movimientos, podía sentir sus testículos chocar contra mis nalgas con fuerza, casi la misma con la que yo gemía su nombre.

-Más, duro…más!  – le exigía mientras me tomaba por las caderas intensificando cada movimiento. Ya muchas botellas habían caído al suelo, pero eso no importaba, no cuando tenía esa deliciosa verga dentro de mí, palpitante y dura, la maldita verga de mis sueños.

Tomó una de mis piernas y la subió a la mesa, diablos ahora sí que la sentía toda adentro, sus gruñidos y palabras sucias me encantaban, tanto que llevé mi mano a mi clítoris para estimularme, él se dio cuenta y me dio una pequeña nalgada, si tan solo supiera que me encantaba el sexo rudo.

-Eres una viciosa mi niña – su niña, se la estaba metiendo hasta la garganta a su niña, por un momento me molesté al sentir como salía de mí, pero fue solo para tomarme y empotrarme en la pared más cercana, enredé mis piernas en sus caderas , estaba llena de vicio por ese hombre.

-Quiero verte a la cara cuando te corras –me la metió de nuevo hasta el fondo, comiéndome la boca al mismo tiempo, mientras sus manos me subían y bajaban como les daba la gana, sentía todo su poder y control sobre mí.

– ¿Te gusta? – pregunto buscando aumentar su ego al verse sudoroso y temblando gracias a mi apretada vagina.

-Me encanta – y lo vi sonreír, con aquella media sonrisa que desde hace algunos meses me hacía mojar las bragas, comenzó a morder mis pezones y lo supe, estaba a punto de correrse, por la forma en que me lamia y mordía, por como gemía mi nombre en voz alta y porque yo también estaba viendo las estrellas del climax.

-Hazlo dentro – le ordené y es que deseaba sentir todo su semen dentro de mí, al parecer eso le excitaba  aún más porque cada vez se movía más rápido, casi sentía aquella pared retumbar, más allá del temblor que se apoderó de mis piernas, la contracción completa de mi columna ante aquel exquisito orgasmo que estaba sintiendo, cuando ese hombre se hundía cada vez más hondo en mí, mientras mis espasmos me controlaban por completo y pude sentir su espeso semen llenarme por completo, dios era tanta cantidad que pude sentirla escurrirse por mis nalgas, el me veía fijamente con una sonrisa en sus labios, cuando tuve mis tacones de nuevo en el suelo él se apartó un poco de mi y tomó  mis prendas para entregármelas.

-Este ha sido el mejor de todos los cumpleaños…tiene que repetirse mi niña – cuando tuve mis cosas en las manos me beso nuevamente y con una sonrisa se despidió.

Algo drogada aun por la lujuria me vestí con lentitud, dándole algo de tiempo para luego salir de aquel lugar, así que tomé mi teléfono para entretenerme por algunos minutos, hasta que llegó un mensaje.

“¿Sabes algo?…no sé cuándo podré volver a tenerte entre mis brazos.
Así que no pienso esperar 5 meses más…te espero en mi coche
Saúl”

 

 

Si…no deben dejar mucho tiempo a sus novias desatendidas chicos…o llegará un hombre como Saúl, que estará más que dispuesto a darle todo y más.

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