La Zapatería

Habían quedado como cada semana ir a tomar el café.
Se conocían desde que iban al colegio.  Luego, ya más de mayores habían vuelto a coincidir y se convirtieron en amigas inseparables. 
Todos los miércoles del año coincidían en tomar el café a la misma hora, en el mismo bar. Aprovechaban que iban a la capital para charlar y luego dar una vuelta por las tiendas, hacer unas compras y pasar un día agradable juntas.
  Solían entrar siempre en la misma tienda de zapatos, les encantaban a las dos, y....el chico que las atendía estaba buenísimo!! Siempre hacían broma de quien se lo ligaría primero, pero siempre salían a dos velas y riéndose.

Aquella tarde entraron como de costumbre para dar un vistazo de las últimas novedades y ese día su "vendedor" no estaba solo, estaba acompañado por un comercial de zapatos que visitaba la tienda, los dos estaban hablando de negocios, interrumpieron un momento su charla para saludarlas y siguieron con sus temas, ellas notaron las miradas de los dos clavarse en sus glúteos, eso le gustó, y aprovecharon para contonear aún más sus apetitosas caderas hasta dirigirse al fondo de la tienda.

Se probaron varios modelos, mientras se sentían observadas, ellos las miraban y sonreían entre sí. Al cabo de un rato, se acercaron para ver cómo les iba con las pruebas, Silvia se estaba probando unas botas que le costaban un poco de poner, el comercial, Fernando, se le aproximó con una sonrisa:

 -¿me permites?
 colocó hábilmente sus dedos en el tobillo y la ayudó a que la bota se deslizase por sus piernas.
 - ¡Cuestión de tacto! le dijo con una sonrisa.

 Su amiga Merche hablaba con el vendedor, los dos sonreían, vio que él se había sentado al lado de ella, cada vez más cerca y que le acariciaba el pelo.

 Sin darse cuenta, las dos se estaban morreando con aquellos apuestos jóvenes, sin que se dieran cuenta se había hecho la hora de comer y habían bajado la persiana, y les quedaba un largo rato por delante.
 El saber que alguien podía mirar por el escaparate y podía verlas morreándose, les daba aún más morbo, de los besos pasaron a las caricias, y de las caricias a desnudarse....las dos se comieron una buena polla, las chupaban, las lamían, las besaban.
 Nunca se habían imaginado que las dos fuesen tan guarras, tan ardientes...competían por ver quien hacía gemir más a su chico...ellos se contorneaban en su sofá disfrutando de esas mamadas fenomenales.....en un momento dado empezaron a sobarles las tetas... las dos estaban bien dotadas y eso les hizo enloquecer....brotaron de sus pollas sendos chorros de leche que fueron a parar a las botas que se habían probado.
Ya no las podrían vender...de esa manera fue como a la noche cuando en casa su marido le pregunto si se las había comprado...ella dijo: 
- No, me tocaron en una rifa...hoy era mi día de suerte!


La mujer del Antifaz

 ¿Qué es lo que impulsa a una chica de su status, de su prestancia, a tomar esa iniciativa?

 ¿Qué motivos influyeron?...
 ¿Por qué esa decisión?...la verdad es que Madeleine no tenía respuesta para esos interrogantes, el hecho es que cuando algo se le ponía en su cabeza, estaba decidida  y ya no iba a parar hasta hacerlo.
   La cita era para las 4 de la tarde, llegaba con tiempo al lugar, era una zona de los suburbios.
  Un barrio donde no acostumbraba a estar, debía ir con cuidado que no la reconociese ninguna de sus amistades.
 Aprovechó que iba con tiempo para entrar a un gran bazar, se perdió entre los pasillos mientras miraba gran cantidad de objetos, y, de entre ellos uno que le llamó la atención, una llamativa máscara con plumas de color granate, le gustó...siempre le habían dado morbo esas cosas, Venecia en carnaval… las máscaras, el anonimato....

Se dirigió al sitio convenido, una estrecha escalera que llevaba hasta una primera planta, flanqueó la puerta y  un fornido negro la saludo como esperándola.  La dirigió hacia una pequeña sala en la que se oía  música de fondo y enseguida se presentó la persona con la que había contactado.
Comenzó a explicarle un poco los detalles de la sesión, se trataba de hacer unas fotos algo ligeras de ropa…  sensuales, algo que  quería hacerle de regalo sorpresa a su marido. Le gustó mucho la idea de lo que le había explicado. Ya le excitaba la sola idea de ver la reacción de su hombre cuando viera esas fotografías.

La indicaron  una sala con poca luz donde poder cambiarse y ponerse la poca ropa que traía y comenzar hacer la sesión de fotos. Se colocó su ropa interior y una transparente gasa negra que dejaba entrever sus pezones....entró el fotógrafo un hombre de unos 50 años, de aspecto no muy agradable, desaliñado, Se saludaron y le dio algunas indicaciones  para que ella posara con más libertad y lograra el efecto deseado de aquella sesión....se sintió muy cómoda, el hecho de que el hombre fuese feo la ayudó a relajarse y mostrarse en posiciones que no había pensado que hiciese, ese hombre la sabía llevar y ella se desinhibió...por un momento le pareció que incluso le estaba excitando por la voluminosidad de los pantalones en ese sitio en concreto. Fue más de dos hora en que transcurrió sin más novedades, que un cambio más de ropa.
Una vez terminada la sesión, el fotógrafo se despidió correctamente y ella se quedó para volverse a vestir.

  Se quedó sola en la habitación, le dieron ganas de tocarse un poco...esa sesión la había excitado y más le excitaría saber que su marido disfrutaría de esas fotos, y, que posiblemente las enseñaría a sus compañeros de trabajo, diciéndoles mira qué buena está mi mujer...seguramente, alguno de ellos, terminaría en su casa masturbándose pensando en lo buena que estaba la mujer de su jefe....justo empezaba a calentarse pensando en esa situación, cuando llamaron a la puerta. Su reacción instintiva fue colocarse el antifaz, no sabía quién podía ser y que la reconociesen, como nadie respondió, entró el chico que limpiaba las habitaciones de fotografía.....ella estaba sentada, aguantando el antifaz con una mano y casi desnuda de cintura para arriba...el chico primero se asustó entre sorprendido y admirando esos senos que para ser una madurita no estaban nada mal...

-Disculpe, no sabía que.....
- No te preocupes ya me marchaba....

El chico llevaba un pantalón apretado y ella notó que su presencia le provocaba ciertos cambios físicos.
No hubieron más palabras, en cuanto él se acercó por donde estaba Madeleine está lo miró a los ojos, y sin decir palabra le acarició esa prominencia por encima del pantalón, llevaba el antifaz puesto aún y eso la excitaba y la incitaba a comportarse de esa manera compulsiva....empezó a acariciar ese supuesto miembro. Hasta que no aguantó más, desabrochó los pantalones y apareció una verga bastante aceptable como hacía tiempo que no veía.....desapareció dentro de su boca, entre mamadas, besos y lametones.
Estaba claro que ese chico se acordaría de la mujer del antifaz...cuanto más se la chupaba, más se excitaba, hasta el punto de no poder parar sabía que el muchacho se le vendría en pocos momentos pero no paró, siguió, siguió, siguió…Hasta que notó la excitación en el glande y como una avalancha de leche se mezclaba con su saliva. Se sintió muy puta...y, a la vez muy feliz.

Se marchó casi sin despedirse...en el suelo quedó un antifaz y en la habitación un aire de perversión de una madura, un antifaz y el chico que limpiaba.


Una inolvidable noche en la Ville Lumière


Esta historia la escribió un estimado lector de mi blog con quien comparto el gusto por la escritura y el dejar volar a la imaginación. Le hice unos pequeños retoques al relato pero no perdió su esencia… espero que lo disfruten.
 Llego justo cuando iban a cerrar la fila de gente que podía subir ese día, aprovechó sus años de gimnasia deportiva para dar un último sprint antes de que pusiesen la cuerda que impedía el acceso al gran público. Una veintena de persona se agolpaban delante suyo para subir y esa tarde la mayoría  eran turistas de la tercera edad. Entre tanta espera le llamó la atención un sujeto de espaldas anchas y melena rubia… que cuerpazo tenía el tío, siempre le habían gustado los hombres de espaldas anchas – recordó. Quizás porque su primer novio, el gimnasta, era así y le dejó un buen recuerdo.
 Con estos pensamientos estaba, cuando la fila empezó a marchar hacia delante, volvió al instante a la realidad, y sin darse cuenta se encontró dentro del ascensor con el grupo de gente y el joven que la había hecho adentrarse en su adolescencia lo tenía justo al lado.
   Lo observó de reojo, no era tan joven, en realidad se trataba de un apuesto maduro que se adentraba en los cuarenta tal vez, muy bien cuidado, de esos que te alegran la vista – pensó, pero nada a lo que  tuviera que temer  ya que ella sobrepasaba los 50. A medida que el ascensor subía, se concentró en las panorámicas sobre la ciudad, le habían dicho que el mejor momento para subir a la Tour Eiffel, era cuando ya anochecía… y poder comprobar “in situ” porqué le llamaban la ciudad de las luces. El aire fresco entraba por los resquicios de la puerta del ascensor justo en el momento en que se abrieron las puertas, el ascensorista les dijo que tenían 10 minutos para dar la vuelta y volvían a bajar. Quedó maravillada con lo que veía….allí en lo alto, la sensación de libertad… la conexión con el cielo y con las estrellas se magnificaba. Ahora entendía porque de pequeños todos los niños quieren volar, se sentía medio pájaro….recordaba cuando de pequeña se ponía sobre una piedra y abría los brazos esperando que una racha de viento la elevase sobre el cielo, y recordó todos esos buenos ratos con sus amigos, este viaje le estaba devolviendo retazos de su infancia la estaba haciendo revivir, lo que había empezado como una huida sentimental a raíz del engaño de su marido con su mejor amiga, se estaba convirtiendo en un viaje a su interior , a partes de su historia que ya creía olvidadas. 
 En estos pensamientos estaba cuando notó una mano en su hombro, se levantó asustada mirando hacia su espalda…era el chico de la melena rubia
-          Disculpe, creo que tenemos un problema. Nos dejaron solos....
   Ella miró el reloj asustada…habían pasado ya 50 minutos desde el aviso que les había dado el ascensorista. Fue hacia las puertas y estaban cerradas…no quedaba nadie. Miró hacia el interior del restaurante y todo estaba oscuro, apenas una luz tenue quedaba encendida.
-          Ya miré yo. -  dijo él.  Me entretuve en el baño y me di cuenta que se habían olvidado de mí, luego la vi a usted.
 Pronto entendimos que la noche iba a ser larga y fría, sin posibilidad que viniesen  por nosotros hasta el día siguiente…quizás en el fondo, tampoco lo deseábamos. Se trataba de un hombre resolutivo y hábil, consiguió abrir una de las puertas de servicio del restaurante.
-          Al menos de hambre y de frío no moriremos.
Ciertamente, me había entrado hambre, encontramos comida, así que dispusimos una mesa para comer a la luz de la luna, ni en el mejor de mis sueños pensé en tener esa cena con esa compañía y en ese lugar increíble. Tuvimos una charla amena, distendida, en la que enseguida se generó esa química entre personas que ya han vivido un poco la vida y no tienen ataduras…hablamos un poco de todo, sonreímos bastante y eso nos hizo terminar la botella de champán que había abierto…decidimos ver la panorámica desde un rincón del restaurante. Era espectacular.
   Mientras me dirigía hacia el rincón, noté sus ojos clavarse en mis glúteos, fue una sensación rara. No me molestó. Es más. La percibí con agrado. Él se acercó a donde yo estaba, la vista era sensacional  y sin darnos cuenta nuestras manos estaban unidas…bastó una mirada para entender lo que queríamos….busqué su boca con avidez, quise embriagarme con su aliento, notar que estaba viva, sentirlo, disfrutarnos….era una sensación maravillosa. Nuestras bocas explorándose, nuestras lenguas buscándose. Poco a poco nuestras manos fueron moldeándonos mutuamente…se notaba que era un hombre cuidadoso y  me sentí acariciada por todo el cuerpo….el fragor de nuestros deseos hicieron que no tuviésemos frío, la ropa estaba a nuestro alrededor y nuestros cuerpos desnudos se rozaban, sentí la necesidad de acariciar su miembro, de notar su dureza en mis manos mientras se cruzaban nuestras miradas, su miembro crecía por momentos, me arrodillé delante de él. Deseaba engullirlo, besarlo, morderlo, hacerlo disfrutar. Lo sentía estremecerse de placer cada vez que mi lengua pasaba por su glande, él apoyaba sus manos en la cristalera y sus gemidos me excitaban más…
   De pronto, me alzó en brazos y me acompañó hasta una de las mesas, me tumbó. Mi sexo aparecía depilado a sus ojos….lo vi arrodillarse y el mundo perdió el sentido para mí…sólo veía las luces de Paris a través de los cristales. Sentí su lengua hurgarme por todos los rincones, y una avalancha de flujo descargo en mi vagina, era un hombre hábil con la lengua, nunca me habían elevado hasta tan arriba…me sentí morir por tres veces cuando empezó a jugar con mi clítoris, primero con el dedo haciendo circulitos, luego lo mordisqueó hasta presionarlo con su lengua….no puede evitar jadear…. estremecerme toda entera… sólo pude recordar su miembro erecto penetrándome una y otra vez sin parar, ya no me sentía dueña de la situación, se mezclaban las ganas de reír ,llorar, gemir…  el tiempo pareció detenerse hasta sentirlo corriéndose en potentes chorros caliente entre mis senos…     
  Esa fue una inolvidable noche en la Ville Lumière.