La Vecina

“Buenas tardes”-
“Buenas tardes”- me contesta ella.

Todos los días la veo pasar, moviendo las caderas sin importarle nada, sin importarle que me vuelva loco. Sin importar que me haga soñar todas las noches con ella, más que un sueño es una pesadilla ¿porque siempre tengo que despertar? , ¡Maldita sea!!!.
¡Algo tengo que hacer, no puedo seguir viviendo así!

Esa noche ya es  tarde y no puedo dormir, acá hace demasiado calor, mejor voy a dar una vuelta para despejarme.
La calle esta desierta, soy el único noctambulo. Doy vuelta la esquina y sin darme cuenta miro hacia una ventana y no lo puedo creer: es mi vecina, la que tantas noches me quita el sueño.
 Mis pies se hacen de plomo, no quieren seguir caminando. Me agacho un poco para no ser visto, solo asomo la cabeza a través unos arbustos que hay en el jardín. Ahí está ella de pie, recién salida de la ducha, solo cubierta por una toalla. Esto no lo esperaba en lo más mínimo. En mi torpeza y mis ansias por querer ver más, los arbustos ceden un poco haciendo un ruido que parece atronador en medio de la quietud de la noche. Me hago un ovillo en el piso y con miedo miro de reojo si he delatado mi posición. Algo ha escuchado, abre la ventana y mira hacia donde estoy. ¡Como quisiera ser transparente!!!
Ella sigue mirando, creo que estoy perdido. Pero no, se hace la distraída, hasta mira de reojo y puedo ver una sonrisa que se escapa de su boca.
Y como si fuera un pedido mío deja deslizar la toalla al piso descubriendo su cuerpo, totalmente desnudo, hermoso, angelical. Ese cuerpo que tantas veces he soñado, hasta conocerlo de memoria. Se pone un camisón transparente que insinúan sus hermosas curvas, estoy a punto de enloquecer. Lo está haciendo a propósito, está brindando su mejor espectáculo.

¿Qué hago?

No quiero moverme aun.
Ella se recuesta en la cama y apaga la luz de la habitación. Se acabó todo, fue lindo mientras duro, pero no me doy cuenta que sigo agazapado y por la otra cuadra viene una pareja caminando. Si me paro me van a ver, aprovecho un agujero entre las matas  y paso para el jardín de la casa y sigilosamente me deslizo contra la pared al lado de la ventana.

!Maldición!!! Si miran hacia acá estoy perdido, me verán igual.
- “Pasa”
“¿Qué?”
“Pasa que te van a ver”
Era ella, estaba al tanto de todo lo que paso!!!

No lo pienso ni por un segundo y me escabullo por la ventana. Ahí estaba ella, de pie frente a mí, no podía creerlo, sus ojos iluminados por una luz tenue brillaban con luz propia en la oscuridad, los tengo clavados a los míos, ya no me importa nada, solo una vez en la vida se nos presenta una oportunidad única que por cobardía no aprovechamos, ya estaba jugado.

La tome por la cintura y tape su boca con la mía, así si su intención era gritar me daría tiempo a pensar algo. Lejos estaba de imaginar que a través de sus labios aparecería su lengua buscando la mía. El sueño hecho realidad!
La atraje más hacia mí y apreté sus glúteos contra mí para que me sintiera, sentí sus pechos duros contra mi pecho, su aroma, su sabor, todo me envolvía, me sentía en el paraíso.
La tome en mis brazos sin dejar de besarla y la deposite en la cama, sus brazos entrelazados a mi cuello comenzaron su recorrido hacia mis pantalones. Mientras ella me despojaba de mis pantalones yo hacía lo propio con su camisón. Ahí estaba totalmente desnuda y esperándome ansiosa.
Empiezo a recorrer con mi boca su cuello, sus pechos, sus pezones erectos. Son míos ahora, los hago míos, sigo descendiendo hasta llegar a su pubis, donde ella descarga un suspiro de aceptación, bebo el dulce néctar de su ser, mientras mis manos se hace cargo de sus pechos.
Su cuerpo empieza a contonearse como cuando camina por la vereda frente a mí, empieza a moverse en una danza frenética, solo atino a dejar mi lengua lo más afuera posible, ella hace el resto, conoce muy bien su cuerpo y lo está disfrutando. Sus jugos fluyen, los bebo, me alimento de ellos y en pequeñas pero perceptibles contracciones de derrama para mí.


Ahora es mi turno, vuelvo a recorrer esa pendiente en un camino de regreso que ya conocía, lentamente, disfrutando cada centímetro me detengo entre tus pechos a juguetear, pero tus manos me aferran de mis nalgas empujándome a que sigan el camino, llego a tu boca y nuestras lenguas comienzan su jugueteo.
Lentamente me voy acercando a ti, solo te apoyo para que me vayas sintiendo, estas ardiendo al igual que yo, tus manos en mis glúteos me van llevando hacia ti y voy penetrando tu ser, lenta y suavemente, para hacer la primera vez interminable y distinta. Tu boca se abre dejando escapar un gemido, dejando escapar tu alma. Ya eres mía y eso nadie lo cambiara, ya ingrese en tu mundo interior para ser parte de ti.
Tus piernas se abren más mientras tus manos me empujan más hacia tu cuerpo y comienzo a moverme dentro tuyo en un vaivén que cada vez se acelera más, la urgencia lo pide, más rápido más adentro y me derramo dentro de ti en el preciso momento en que tu cuerpo se arquea y entre convulsiones de gozo me entrega todo lo que necesito para saber que hemos terminado juntos el camino, nuestras manos entrelazadas debajo de la almohada, nuestras respiraciones agitadas y toda la paz.
Por unos segundos nos miramos a los ojos y me vi reflejados en ellos… pensé que era un sueño pero solo por unos minutos porque ella quería más en esa noche. 
 

Llueve

 Afuera está lloviendo. Es increíble como la lluvia nos induce a un estado de melancolía pura, recuerdos nostálgicos guardados en nuestra mente, casi olvidados, casi ajenos. Recuerdos de momentos que quisiéramos repetir, pero son únicos e inigualables.
Como aquella tarde que tocaste a mi puerta.......

La tormenta te había tomado por sorpresa. Llegaste totalmente empapada huyendo de la lluvia, acertaste a pasar por mi casa de camino a la tuya. Sabías que te ofrecería cobijo, como no hacerlo, nuestra amistad llevaba años, sabias de mis secretos más que las mujeres que estuvieron conmigo, como yo de los tuyos.
Te ofrecí una toalla y empezaste a secar tu cabello dorado, resplandeciente, no pude evitar bajar la vista, tu blusa mojada transparentaban tus pezones, erectos por el efecto del frío.
Cuando levanto la vista, me sorprendo al ver que estabas mirándome, me has atrapado en una situación incómoda, tu sonrisa lo dijo todo.

-Tengo frío- me dijiste.
Fui al dormitorio a buscarte una bata.

-Cámbiate, mientras tanto iré a preparar un café-

La situación era embriagadora y excitante, pero debía sacar esos pensamientos de mi cabeza, no podía echar por tierra una amistad de años por un momento de lujuria.

-Preferiría una copa- me dijiste.
La sorpresa casi me hace derramar todo el café. Ahí estabas con mi bata, las manos en los bolsillos y el escote que se me insinuaba aún más. No podía simular mi turbación y tú lo presentías, era una lucha interna entre mi cabeza y mis hormonas.
Te acerque la copa y nos fuimos a sentar en el sofá. Charlábamos de las cosas simples de la vida, poniéndonos al tanto de las cosas que pasaron desde la fiesta en que nos vimos por última vez. Empezamos a reírnos tontamente, quizás por los vapores etílicos que ya empezaban a hacer su efecto.
Tu mano se apoya inocentemente en mi hombro y yo la miro, la retiras disimuladamente aunque sin mucho éxito, y el rubor comienza a encender tus mejillas.
Dejo la copa sobre la mesa y al darme vuelta veo tus ojos, iluminados, brillantes, intento decir algo pero mis palabras se ahogan en mi garganta. Nos quedamos mirando largamente esperando que alguno de los dos rompa el silencio, pero nada ocurre.
Nuestras miradas nos acercan como un imán, tu mano se desliza hacia mi pierna, ya no hay nada que nos detenga. Mi mano toma tu cuello y te atraigo hacia mí, nuestras bocas se unen, ya no importa nada, saboreo las mieles de tu boca y ya no quiero volver atrás.
Mis brazos te envuelven para no dejarte ir, mientras las tuyas recorren mi pecho y desabrochan mi camisa para posarse en mi espalda.
De a poco voy inclinándote mientras desato el cordón de la bata, sin dejar de besarte, para que tu boca no pronuncie ese tan temido "NO" que echaría por tierra este maravilloso momento. Libre de las ataduras mis manos empiezan a recorrer tus pechos hermosos que tantas veces mire de reojo y los sabios compañeros de otras manos.
El daño estaba hecho, no habría vuelta atrás. Libero tu boca con miedo, pero solo escucho tu respiración agitada, recorro tu cuello y me invade el perfume de tu piel que me embriaga, desciendo a tus pechos que ahora son míos, saboreo tus pezones dulcemente mientras tus manos se enredan con mis cabellos, no quieres que me detenga, también lo esperabas.
Me quitas los pantalones ya como una invitación a hacerte tuya.
Me detengo y te miro a los ojos. Porque te veo tan hermosa?, casi como un ángel?
Comienzo a invadirte lentamente, tu vulva húmeda y caliente no se resiste, ya eres mía, lo serás por siempre. No dejo de mirarte, de besarte, mientras nuestros cuerpos empiezan a moverse en una danza ancestral que nuestros cuerpos conocen por siglos.
Tus brazos me aprietan más hacia ti mientras tu cuerpo se convulsiona de placer, cierras los ojos, tu boca se abre, tu espalda se arquea y te dejas estar, te dejas llevar a ese lugar que visitamos pocas veces pero que nos lleva al placer extremo.
No puedo contenerme con tan maravillosa imagen y me derramo dentro de ti, cada latido de mi miembro deja dentro de ti una parte de mí, mudo testigo de que serás mía por siempre.
Quedamos así tendidos, exhaustos, felices y abrazados. Sin decir palabra, con nuestras propias vergüenzas de lo que habíamos hecho, pero sin arrepentimiento.
Nos quedamos dormidos, felices, abrazados uno al otro.
Al despertar me encuentro cobijado con la bata, ya no estas y siento vergüenza por lo sucedido.
Pasaron los días y volvemos a encontrarnos.


Es un acto del colegio, donde nuestros hijos participan de la obra. Estas ahí del brazo de tu marido, sonriendo feliz. Yo giro la cabeza y le dedico una sonrisa a mi esposa y la beso con eterna gratitud.....

El Ascensor



Un poco cansado de las actividades diarias me subo al ascensor, en el tercer subsuelo... sólo.
Al llegar a planta baja, se llena en un segundo. Ufa, estaba tan cómodo y ahora parezco una sardina enlatada.
Tengo justo enfrente de mí... ¡¡¡¡¡oh, por favor!! Que hermosa cola... y está precisamente apoyada contra mi miembro. No te conozco, pero al verte por el espejo del ascensor veo tu dulce carita, que al principio pareció preocupada y quizás algo molesta, pero que luego de mirar al espejo y cruzarse con mi mirada, parece relajarse. Tus ojitos denotan una mezcla de dulzura, picardía y aceptación... ya que mi bulto ya no se contiene en los pantalones y comienza a ser algo notorio.
El ascensor continuo lleno, y casi no nos podemos mover... pero vos te las rebuscas para menear tu colita, frotándola contra mi pene, que quiere salir sin importarle el público presente...
Octavo piso... aquí debería bajarme, pero... que va, ni se me cruza por la cabeza salir de la posición que tengo ahora. El ascensor comienza a desalojarse, pero vos continúas pegada a mí. Ahora inclinas tu cabeza contra mi oído y me decís: " Hola...", "Hola", te contesto.
Décimo piso. Ya sólo quedan cuatro personas dentro del ascensor, de las cuales dos somos nosotros... aunque parecemos uno, ya que estamos muy pegados.
Piso quince... ya no hay nadie más que nosotros dos en el ascensor. Te das vuelta y me comes la boca de un beso. Que dulce y que sensual... hasta que comienzas a apretar mis glúteos y tu lengüita empieza a hacer de las suyas con mi boca... Hasta el piso treinta no sube nadie, lo que posibilita que nos olvidemos dónde estamos y yo, sin ningún tipo de vergüenza libere mis genitales completamente.... Bajas, a la vez que vas acariciando mi cuerpo con tus manos, y terminan agarrando mi sexo, una mano en el tronco y la otra sujetando fuertemente los testículos. Tu lengua sigue con sus jueguitos, ahora con el glande. De pronto te la introducís toda en la boca, contorsionando tu cuello para que entre hasta el fondo... y la mantenéis ahí por unos segundos. Luego empiezas a bombear, primero lento y después como si me la quisieses arrancar y comértela de un solo bocado.
Estoy a punto de llegar, pero me contengo. Estoy disfrutando demasiado como para correrme en este momento. Una de tus manos desciende entre tus piernas, corriendo tu falda y las bragas. ¡¡Te estas masturbando!! Por favor, no sé cómo hacer para no llenarte la boca... No puedo evitar inclinarme de costado para ver cómo tus deditos juegan primero con tus labios y tu clítoris, para luego entrar hasta los nudillos en tu sexo... No aguanto más. Si seguís así te voy a inundar la boca. Te tomo de los hombros y te invito a levantar. Ahora me toca a mí... y parece que lo sabes. Abrís las piernas para que mi cabeza entre tranquilamente entre tus piernas, y comienzo a jugar con tu clítoris, pero sólo un momento... Tampoco quiero hacerte llegar tan rápido. Intento lamer y morder tus labios, para humedecerte bien, pero eso ya ocurrió. Tu vagina es un mar, del que quiero beber, y lo hago.
Ya los dos estamos excitadísimos; yo como nunca, y vos con un sexo que comienza a gotear en el piso. Sin que haga falta "invitación" te levantas y apoyas tus manitos en la puerta del ascensor, colocando tu cola en posición para ser bien penetrada. Te tomo de la cintura con firmeza, cosa que por el arqueo de tu espalda noto que te gusta. Te apoyo mi miembro en tu vagina, que parece succionarla. El ascensor se detiene; aprovecho el movimiento para embestirte hasta el fondo, arrancando un grito de tu boca... y comienzas a moverte, como si mis movimientos no bastaran; quieres más... y la quieres hasta el fondo. Ahora te sueltas de las puertas y tomas mis caderas, para marcar vos el ritmo. Tus gemidos me vuelven loco. Estoy por terminar... pero el ascensor comienza a moverse. Enojada, sueltas mis caderas y de un golpe aprietas el botón de parada, justo entre dos pisos. Te sacó de clima?
No lo sé, pero aprovechas la interrupción para tomarme de los hombros e inclinarme y luego acostarme en el piso. Acomodas tu falda y comienzas lentamente a sumergir mi sexo en tu vagina, si es posible, más jugosa que antes. Cuando pensé que ya tenías suficiente, que ya había entrado hasta donde tu cuerpito aguantaría... levantas los pies del suelo, haciendo que penetre toda. Y así, con el único punto de apoyo en tu sexo, porque tus piernas parecen tocar el cielo de tan abiertas y levantadas que están, haciendo que tus redonditos cachetes de la cola casi desaparezcan, comienzas a moverte, para adelante y para atrás; para adelante y para atrás. Un poco en círculos, como para que mi miembro recorra hasta el último recoveco de tu vagina y tu útero, porque siento que hasta allí llega.
Bajas tus piernas y, sin sacarla ni un milímetro, me agarras la cabeza con ambas manos y me volvéis a comer la boca. Con tus labios pegados a los míos, gemís como la peor de las gatas, usando mi boca como silenciador. Por tus gemidos, tus movimientos más suaves... y sobre todo por tu cara de relajada, intuyo que llegaste... Te tomas unos segundos para reponerte y sentís que algo pasa dentro tuyo. La sacas y bajas, para tomar tu justo premio. Con la mano la aprietas, como queriendo evitar que todo termine, para poder saborearla... no quieres que salga nada todavía. Por un momento, creo que me quieres hacer sufrir, pero en unos segundos la sueltas y dejas que fluya como nunca, un chorro casi interminable, que te recorre la cara desde la boca hasta la frente...
Me estaba relajando en ese instante, ya que realmente fue impresionante, cuando te escucho a vos, nuevamente, gemir como cuando la tenías bien adentro. Tuviste otro orgasmo... Comienzo a incorporarme, para besarte, pero vos estás ocupada en otra cosa... estas juntando con tus deditos, todo lo que hay en tu cara. Busco un pañuelo, como para ayudarte, pero... no es necesario. Lo estás degustando, gota a gota... No te quiero interrumpir, así que dejo que termines. Ahora sí, te puedo dar un beso. Nos acomodamos la ropa, y liberamos el ascensor. Cuatro pisos más abajo, se llenan nuevamente. En general nadie presiente nada... excepto esa parejita de novios, que mueven sus narices, como quien está oliendo algo sospechoso; algo que conocen.
Te miro, y nos sonreímos. Sabemos que se darán vuelta y que nos mirarán. Debemos prepararnos para poner la mejor cara de yo no fui, pero... no. No se dan vuelta. En realidad se comienzan a mirar entre los dos, y se ponen colorados. Ella saca un desodorante de su bolso, y se lo aplica, y como en un acto de desesperación, también le echa un poco a su novio... Qué estaban haciendo estos chicos de la oficina?
Nuevamente nos miramos, y ahora ya no es una sonrisa leve, sino casi una risa. Nos besamos y prometimos encontrarnos al día siguiente... en un lugar menos público...

Ella y su amiga



Salí temprano de la facultad. Una tarde de calor sofocante. Decidí ir a la quinta de Flor, mi novia, para disfrutar un rato de la piscina, ya que los padres se encontraban de viaje y disfrutar un poco también de ella. 
Fui directamente sin avisarle para sorprenderla, sin saber que el sorprendido terminaría siendo yo.
 Entro por la puerta lateral que da al parque para no delatarme y ahí la veo haciendo topless tirada sobre la reposera, magnífico espectáculo, cuando al asomarme un poco más veo a su amiga Natalia.

 Es la típica mujer que aparece en tu vida cuando decides  ponerte de novio con alguien y su mejor amiga es la perfección personificada. 
Ahí estaba también total y completamente desnuda tomando sol. Que cuerpo tan magnifico, un ángel caído del cielo brindándose a todo su esplendor. Pero tonto de mí, no me di cuenta que estaba totalmente expuesto a que Flor me viera y no habría excusa que me justificara, por suerte estaba con los ojos cerrados, o eso creía. Vuelvo a esconderme y el maldito celular empieza a sonar en mis pantalones!!! 
-¿Que fue eso?- pregunta Naty -Debe ser de la calle, ven vamos a refrescarnos un poco- dice Flor 

Espero un par de minutos y entonces decido asomarme otra vez. 
No esperaba esto pero ahí estaban las dos abrazadas con el agua hasta los hombros y comiéndose la boca una a la otra. No podía creer lo que veían mis ojos, ambas entrelazando sus leguas como queriéndose comer una a la otra. Desde ya que lo único duro en mis pantalones no era el celular, estaba pasmado sin saber que hacer, mil cosas pasaban por mi cabeza, de lo que estaba seguro, era que no quería dejar de mirar.
 -Salgamos- le dice Flor 
Y allí estaban las dos, secándose mutuamente sin dejar de mirarse, sin dejar de mirar yo mismo esos dos cuerpos prodigándose caricias.
 -Vamos a la habitación de mis viejos- dice Flor Menudo problema.
 Justo estaba parado en la ventana de la habitación de sus padres, trate de hacerme una tabla para que no me vean cuando entren. Se oyen sus murmullos, un rato de silencio y después unos gemidos, de a poco comienzo a asomarme y ahí estaban sobre la cama, besándose salvajemente y sus piernas entrelazadas friccionando sus clítoris para darse placer mutuamente, Flor comienza a bajar y recorre esos hermosos y deseables pechos mientras Naty muerde sus labios conteniendo sus gemidos, sigue bajando y entierra su cabeza entre las piernas de Naty que ahora la envuelve como una boa para no dejarla escapar. Intercambian roles, intercambian orgasmos uno tras otro, nunca había visto a mi novia gozar tanto. Eso me desmoralizo por completo.
 Di vuelta a la casa para no ser visto y salí a dar una vuelta para pensar un poco, la cabeza me daba vueltas. Tenía que terminar con esto, no podía seguir así. Tome el teléfono y la llame:

- Flor, estoy yendo para tu casa, necesito que hablemos. 
-Dale te espero estoy en la piscina tomando sol, un beso- dijo ella. 

Espere un tiempo prudencial para aclarar mis ideas y volví a la casa. Entre y fui hacia la piscina a su encuentro, Naty ya se había ido. Al verme vino corriendo hacia mí, seguía desnuda, se colgó de mi cuello y me dio un beso largo y profundo, ahora era yo el que era devorado y las imágenes volvieron a recorrer mi cabeza, ambas. Puso su mano en mi entrepierna y un gesto de admiración recorrió su rostro:
 - Ay amor, ni que fuera la primera vez que me ves desnuda- me dijo con una sonrisa pícara. 

Y sin mediar palabra se arrodillo, me despojo del pantalón y el slip y empezó a lamerme como si fuera la última vez, por dentro de mí pensaba: Esta yegua quiere más después de lo que vi.!!! 

-Vamos a la habitación ya, te quiero para mí, acá puede haber algún mirón- me dijo. 

Que ironía, hasta hace un rato el mirón había sido yo. Y allá fui, sin ganas, solo pensaba que esa sería la última vez, me deje hacer, mientras ella recorría con su boca todo mi cuerpo mi cabeza estaba en otro lado.

 -¿Que pasa amor, ya no tienes ganas de mí? Ya sé lo que te hace falta…. Naty pasa!!!- gritó. 

No podía creerlo, ahí estaba ella, otra mirona, totalmente desnuda y con una sonrisa lujuriosa como nunca había visto. Se acercó a nosotros y sin mediar palabra siquiera se abalanzo sobre mi miembro y juntas, empezaron a pelear con sus bocas y lenguas por la presa del momento.

-Dale, es todo tuyo-dijo Flor. 

Y Naty ni lerda ni perezosa me monto y empezó a cabalgarme frenéticamente mientras Flor la abrazaba por detrás y apretaba sus hermosos pechos y se besaban tan apasionadamente como cuando las vi en la piscina. Una y otra vez fueron turnándose en su cabalgata frenética, gozando, gimiendo, aullando, nuestros cuerpos entrelazados sin saber dónde empezaba uno y terminaba el otro, así fue hasta bien entrada la noche en que sucumbimos exhaustos por la batalla.

 -¿Te gusto la sorpresa mi amor?-me dijo Flor. Y yo ahí, tendido y rendido, abrazado entre dos mujeres hermosas, viviendo algo que jamás hubiera imaginado. Y yo que pensaba que sería el final, no fue sino el principio de una aventura que se repetiría por varios años.

Cita a Ciegas



Días atrás recibí un e-mail entre los muchos que recibo diariamente. Su mensaje era breve y conciso. 
Leí tus cuentos, búscame....
 Apenas esas pocas palabras eran un oasis en el desierto. Inmediatamente le respondí, porque acostumbro responder todos mis mails aunque sea brevemente. 
-¿Dónde?
 Rogaba que no me dijera Barcelona, Polinesia o Malasia, o Arabia Saudita.
Transcurrieron dos días y su silencio me olió a mentirilla. Dos largos días y llegó una respuesta que ya no esperaba: era un número de teléfono de Buenos Aires. Inmediatamente intuí la broma de algún amigo. O alguna otra persona realizando una de esas fantasías que pululan en Internet.
Fui a llamarla, aunque no estaba seguro si se trataba de él o ella. Una voz de gata ronronean te me dijo te espero y me dio una dirección. 
Salí hacia allá posponiendo todo lo que debía hacer ese día, y si hubiese sido necesario, todo lo que debía hacer durante una semana. Aunque nunca había aceptado una cita a ciegas, la situación era excitante y valía la pena probarla. Al tocar el timbre, me atendió inmediatamente y la puerta eléctrica se abrió. Subí por el ascensor al segundo piso, y antes de que llegara a la puerta, ésta se abrió con lentitud, dejando paso a una hembra descomunal, y visiblemente sedienta.
 Montaba sus espectaculares piernas sobre unos altos tacos de acrílico. Mis ojos la recorrieron desde abajo hasta arriba. Llevaba unas medias negras brillosas, y tenía a la vista un hermoso pubis sin pelos, un inmaculado pubis que se ofrecía como un regalo irrechazable. Dos globos que remataban en dos puntos duros eran sus magníficos pechos. Su cabello lacio y marrón caía salvajemente sobre sus hombros desnudos. Parecía agitada de pasión. Me acerqué y la besé en los labios. Pero aquello no fue besarla, sino acariciarle los labios con los míos, y hundirle la lengua hasta el fondo de su boca hambrienta. Era un coito oral. 
-Quiero que me hagas lo que contaste en el cuento del ascensor -preanunciaba el combate.
Como me gusta ser muy original, y suelo variar, le respondí: 
-Tengo algo mejor para ti. 
Y tomándola de sus delgadas muñecas la conduje hasta las escaleras. La ubiqué tres escalones más arriba y me arrodillé, sí,  como un esclavo, porque en ese momento sentía deseos de ser su esclavo sexual. Colocando mis manos en sus glúteos llevé mi boca hacia su cálida concha y jugué con mis labios encendidos y mi larga lengua exaltada. Ella entreabrió sus piernas y echó su pubis hacia adelante con decisión, cuando la penetré con mi lengua buscando su profundidad más ardiente. Por detrás, un dedo ya había alcanzado el grueso y tenso anillo de su esfínter, y lo hundí suavemente. Ese orificio no hacía resistencia alguna y emitía fuertes latidos al succionar mi dedo mayor. En ese instante comenzó a balancearse hacia atrás y hacia adelante, a hamacarse como una máquina y humedecerse abundantemente. Yo paseaba mi lengua sobre su clítoris rosado que crecía de tamaño y se levantaba como un dedo meñique. Luego la masajeé alrededor del orificio.
 Estuvimos así durante quince o veinte minutos, me encanta prenderme a los juegos orales y estar así indefinidamente, pero sus deseos se tornaron incontenibles. Gritaba. La puse de espaldas con sus manos apoyadas contra la pared, abierta bien de piernas y en el mismo escalón que yo me encontraba. Ella bajó su pulposa cola sobre mis piernas, y mi pene se perdió entre sus muslos.
Había ingresado donde minutos antes había besado, mamado y sorbido. No transcurrió mucho tiempo hasta que empezó a gritar el consabido ahhh, ahhh, ahhh. Le rogué que no gritara que nos descubrirían, y me respondió que en ese piso no había nadie a esa hora y continuó gritando más fuerte. Me dejé llevar por sus gritos y el frenesí de los roces en su estrecho y húmedo agujero. Y al cabo de unos minutos, mis gritos se sumaron a los de ella. Estábamos acabando juntos, yo terminaba con ella, y ella terminaba conmigo.

 Pasos arriba y pasos abajo, sonido de llaves en cerraduras, puertas que se abrían, alguna voz, y todo ello sumado hizo que nuestro orgasmo fuera más acelerado y arrebatado.
Terminado aquel febril ajetreo corrimos hasta su departamento riéndonos. Llenó su bañera y nos metimos. Un poco apretados, cada uno entre las piernas del otro. Estuvimos un rato mirándonos a los ojos, riendo de nuestro juego de las escaleras, acariciándonos la piel suavemente con las yemas de los dedos. Cuando salimos del agua nos secamos juntos, nos fundimos en un abrazo y fuimos a la cama, se quedó de espaldas y humedecí su firme cola con placer y lentamente. Luego la penetré, ella me recibía gozosa. Más tarde nos dormimos una hora abrazados.
Al despertar fuimos hasta la cocina y tomamos un café,  juntos, en completa desnudez. 

-Toqué el cielo con las manos... -dijo.
 -¿Mañana vuelves? -Le dije que sí, y ví en sus ojos que estaba planeando otra cosa. Creo que me adivinó el pensamiento.
 -Quiero que hagamos el amor en el piso del living con las cortinas abiertas.
 Frente a su ventana había decenas de ventanas vecinas. Me reí, porque admiraba que a ella le gustaran las mismas cosas que a mí. Durante toda mi vida había esperado encontrarme con alguien así. Me imaginé acostado en el suelo, ella subida y galopándome. Su hermoso culo abierto hacia las ventanas, hacia los ojos que se asombrarían viéndola, hacia los dedos y las manos que se agitarían, observando esa escena placentera y fascinante. Se preguntarán qué edad tiene. Les respondo: la edad no importa, podría tener quince o cincuenta y uno, y gozaríamos de la misma manera. Lo importante es que ella, como yo, ha decidido dejar de tener una vida aburrida. Y cualquier edad es buena para eso.