Se lo hizo con su hermano

Tras mucho tiempo de vida desordenada y escasez de relatos, me gustaría compartir con vosotros uno de esos regalos literarios que alguien decide colgar en la red sin su firma y que, a mi parecer, no se merecen ser olvidados. Sacado de http://foro.enfemenino.com/forum/pareja2/__f11183_pareja2-Relato-sexual-se-lo-hizo-con-su-hermano.html

Ojalá lo disfrutéis ;)


Hola, me llamo Marta.

No sé muy bien por dónde empezar a contar todo lo que ocurrió el pasado verano, creo que empezaré por ubicaros un poco.

En la actualidad tengo 23 años y salgo con mi novio Sergio desde hace tres años. La verdad es que estoy como un queso, (al menos eso dicen todos los que me conocen). Mido 1,74, 58 kilos, tengo el pelo castaño tirando a rubito un poco rizado, morena de piel, boca pequeña, ojos grandes, no tengo mucho culo, pero a mi novio le vuelve loco, sobre todo cuando lo llevo bien marcado en unos vaqueros ajustados.
Pero lo mejor que tengo, sin duda, son dos buenas tetas. Son de tamaño mediano, tirando un poquito a grandes, muy duras, firmes, hacia arriba, con unos pezones rosados pequeños. Y todo natural, ¿eh?. Hay quien dice que darían envidia a cualquier chica Playboy.



Antes de meterme de lleno en la historia voy a describir a mis amigos habituales:

Sergio (mi novio), Sofía (mi mejor amiga), Luis (el novio de Sofía y mi mejor amigo desde la infancia), Mónica (mi hermana mayor) y Carlos (el novio de mi hermana).

Sergio es bastante alto (1,85), moreno, pelo engominado, gafas, atlético, atractivo. Es muy callado, pero a mí me gusta mucho. A Sergio lo conocí en la facultad de Medicina, donde estudiábamos los 2. Era de los más guapos de clase, y sobre todo, muy bueno en la cama.
Antes de decir que nuestra vida sexual es muy activa, he de confesar que cuando conocí a Sergio era virgen. Había tenido muchos novietes, pretendientes, pero yo reservaba mi cuerpo para alguien especial, y ese era Sergio.

La primera vez que lo hicimos fue a los 3 meses de salir, en su casa. Él ya lo había hecho con su anterior novia, así que no estaba tan nervioso como yo. Antes ya nos habíamos besado, toqueteado, pero poco más, ni tan siquiera le había dejado ver mis tetas. Ese día yo noté que el ambiente era especial. Sergio me lo propuso y yo, aunque dubitativa, accedí. Fue maravilloso, al principio me dolió un poco, pero él sabía manejar la situación. Con el tiempo me desinhibí un poco y fuimos a más, al mes se la chupé por primera vez. Me resultó excitante ver la cara de ponía cada vez que me la metía en la boca, y mucho más notar como temblaba la polla dentro de mi mano al salir el chorro de esperma al correrse. Nunca le he dejado correrse en mi boca, aunque me lo ha pedido. Me da un poco de asco.

Mi mejor amiga se llama Sofía, tiene 21 años y mide 1,67. Su pelo es muy moreno y liso y le llega por debajo de los hombros. Tiene unos labios carnosos y ojos azules, sus tetas no son muy grandes y a veces se queja, pero lo mejor que tiene es un culo redondito y duro. Es muy guapa, pero nunca ha destacado tanto como yo. Su novio se llama Luis, es mi mejor amigo desde que éramos pequeños.

Luis mide 1,77 tiene 22 años y he de admitir que es muy guapo, entre rubio y castaño y con unos ojos verdes que hipnotizan. A Sofía y a mí siempre nos ha gustado, pero ella puso más empeño con él. Llevan 2 años juntos, y ,por lo que me ha contado Sofía, también es muy bueno en el tema. Aunque no me lo creo del todo, siempre me ha tenido envidia. Me quedo con mi Sergio.

Carlos, el novio de mi hermana, mide 1,81. Siempre lleva su pelo castaño de punta. Tiene 22 años y un cuerpo trabajado de gimnasio. Es el mejor amigo de Luis, siempre andan juntos de aquí para allá. Sé que ha tenido muchas novias, y lo entiendo. Está buenísimo.

Ahora salía con mi hermana Mónica, modelo de 25 años. Tiene el pelo moreno, rizado, muy largo y cuidado, que le llega a la mitad de la espalda. Mide 1,80, es guapísima de cara con unos labios perfectos, jugosos y carnosos, como los de Angelina Jolie. Sus tetas son medianas, y tiene un culo pequeño, que sabe lucir muy bien con su colección de tanguitas. Nos parecemos bastante físicamente y en cuanto a gustos, y como sólo me saca dos años, siempre sale con nosotros. Así conoció a Carlos.

El verano en que ocurrió la historia ya salíamos los 6 siempre juntos. Carlos y Luis eran amigos de toda la vida, pero integraron muy bien a mi novio Sergio. Yo me llevaba muy bien con Luis, nos conocemos de toda la vida, ha pasado mucho tiempo en casa y lo sigue pasando, lo mismo que Sofía. De hecho, así se conocieron e intimaron.
Cuando salimos de marcha, Luis a veces me toca el culo y me echa piropos. Sofía se lo tomaba a risa como todos, hay confianza. Todos tonteamos con todos en plan de coña.

La verdad es que éramos un grupo bastante atractivo, cualquiera haría buena pareja con cualquiera.

Ese verano planeamos irnos de vacaciones 15 días en Julio los 6 a Sanxenxo, a un piso que mis padres tenían en primera línea de playa. Ellos cogían vacaciones en Agosto y nos lo dejaban, siempre que no desfasáramos mucho.
Siempre hemos gozado de buena posición económica. Menos Carlos y Sergio, todos vivíamos en una urbanización de clase alta. Mónica tenia un Audi A3, Luis un Golf GTI y Sofía y yo teníamos unas motos para ir a la Facultad. Nunca nos ha faltado de nada.

Cuando salíamos los seis juntos lo pasábamos de muerte. Alcohol por aquí, algún porrillo por allí y alguna vez hemos comprado algo de coca. No solemos colocarnos muy a menudo, sólo en fiestas de guardar, (la Ascensión, el Apóstol y alguna vez en verano). He de decir que cuando la he probado he echado los mejores polvos de mi vida con Sergio.

El fin de semana antes de irnos de vacaciones se fueron mis padres de viaje, ese fin de semana quedamos para salir solo Sofía, Luis, Sergio y yo, Mónica se quedó en casa con Carlos.

Nos fuimos al Orense y pedimos unos litros, que duraron bastante poco, y unas botellas de Licor Café. A las 2 de la mañana íbamos finos de carallo y nos fuimos a una discoteca.

Mientras estábamos bailando en la pista, Luis me cogió la mano y le dijo a Sergio:

- ¿Te importa que baile con ella?
- Por supuesto que no.

Empezamos a bailar, esa noche yo llevaba un pantalón negro ajustado, camisa blanca y zapatos de tacón, el pelo recogido con una coleta, algo que no pasó desapercibido para Luis.

- Estás muy guapa esta noche. -me dijo mientras bailábamos.
- !!!Como siempre!!! -dije yo.
- No, hoy estas especial...
- Me voy a poner colorada, tonto...
- Coño, no se te puede decir nada. Ni que no hubiera confianza.
- No te pongas así, que era broma...

Sofía y Sergio estaban también bailando. De los cuatro ella era la que peor iba con diferencia. Más que bailar, Sergio cargaba con ella.

- Vaya pedal que lleva Sofía. -le dije a Luis.
- Sí, es que no sabe beber, y eso que nosotros no vamos nada mal...

En eso empezó una lenta. Luis no se cortó un pelo y se acercó a mí un poco más. Yo apoyé la cabeza en su hombro y el me metió la mano por la espalda y me la acarició... Yo me empecé a poner caliente y él debió de notarlo.

- ¿Te molesta?
- Claro que no.

Me acerqué más para guardar las apriencias. Seguro que podía notar mis tetas duras contra él, los pezones se me estaban poniendo tiesos!!!
Él me seguía acariciando la espalda por la zona de la cintura, justo encima de mi culo. Me estaba empezando a poner nerviosa de verdad, el alcohol hace que tenga ganas de follar como una loca. En cuanto saliéramos de la discoteca, me iba a llevar a Sergio a casa y le iba a echar un buen polvo. Muchas ya me entenderéis, los fines de semana al llegar a casa con unas copas de más, quién no se ha quedado con ganas antes de irse a la cama. De pronto, acabó la canción y noté como Luis puso cara de pena. Yo creo que estaba algo excitado. Buscamos en la pista a nuestras respectivas parejas, per no las veíamos. Salimos afuera y nos encontramos a Sofía devolviendo. No se tenía en pie, y Sergio la estaba sujetando.

- Ya era hora de que aparecierais! -dijo contrariado.
- Habernos avisado, tío. ¿Que tal estas cariño? -dijo Luis acercándose a Sofía.
- Vamonos a casa, por favor. -susurró con dolor.
- Nos vamos... -dijo Luis
- Espera que nosotros también nos vamos. -dije yo
- Pero si es muy pronto, aprovechar la noche, tontines.
- He dicho que vamos con vosotros.
- Como queráis...

Cogimos un taxi hasta la urbanización, Luis acompañó a Sofía hasta su casa y yo me fui con Sergio a la mía. Era extrañamente temprano, las 3:20 a.m. Nosotros acostumbramos a llegar a las 7 o así. Al entrar en casa, caminamos en silencio, para no molestar. Subimos a la planta de arriba de puntillas, que es donde están las habitaciones. Al subir por las escaleras oímos unos crujidos, pero no eramos nosotros. Nos pusimos un poco nerviosos:

- Joder, qué vergüenza!!! -le dije a Sergio.
- ¿Qué es ese ruido?
- Pues qué va a ser, Carlos y Mónica!!!

Al pasar a la altura de su habitación descubrimos que tenían la puerta entreabierta. Normal, no esperaban a nadie a esa hora en casa. Yo pasé despacito cerrando los ojos, pero Sergio se detuvo en la puerta.

- ¡¡¡Pero qué haces!!!, ¿estás loco? -le dije con mi agudizado sentido del susurro.
- ¡¡¡Joder!!! ¡¡¡Vaya polvazo!!! Ven, mira...
- Ni de coña, vámonos...
- Que vengas...

Me agarró de la mano y tiró de mí hacia la puerta. La habitación de mi hermana era grande y la cama estaba al fondo. Tenían la luz de la mesilla encendida, y no creo que con lo entretenidos que estaban, acertaran a vernos. Me asomé, muerta de vergüenza, a ver el espectáculo que allí había montado. Mónica estaba a cuatro patas con el culo hacia la puerta y Carlos detrás de ella de rodillas, follándole el coño duramente. Me impresionó ver el hipnótico balanceo de las tetas de mi hermana mientras ella se retorcía de placer. De repente, Carlos detuvo la embestida y se echó hacia atrás. Se salió de dentro de mi hermana y apareció una polla grande, gorda y dura. Debía tener más o menos 23 cm. Lo siento, no tenía un metro a mano para medírsela.

El trasero de Mónica quedó mirando hacia nosotros unos segundos y Sergio y yo nos fuimos hacia mi habitación al final del pasillo. ¡¡¡Pensaba que nos habían visto!!! Todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Me temblaban las piernas, y el corazón quería salirse de mi pecho. Era la primera vez que veía follar a alguien en vivo, aunque sólo hubieran sido unos segundos. Estaba muy nerviosa y a la vez excitada, no se como estaríais vosotros si hubierais visto a vuestra hermana en plena faena con su novio.

Entramos en la habitación y eché el pestillo, para evitar sustos. Sergio me dio la vuelta y me empezó a besar. Yo le notaba alterado, caliente; se ve que a él también le puso cachondo la escenita. Yo estaba bastante húmeda. Entre el baile con Luis y ahora esto, me habían entrado unas ganas locas de follar. Me di cuenta de una cosa, no me podía sacar la imagen de la polla de Carlos y el cuerpo de Mónica sudando de la cabeza. Ahí con su culo en pompa hacia nosotros.

Sergio me sacó la camisa y me arrancó el sujetador, era la primera vez que lo hacía de esa manera. ¡¡¡Estaba super excitado!!!. Mis tetas se quedaron al aire, se tiró hacia ellas y me las chupó ansioso. Me agarraba el culo con fuerza mientras me mordisqueaba los pezones, nos tumbamos en la cama excitadísimos.

- Chúpamela, Marta, chúpamela. -me susurró al oído.

Le bajé los pantalones, y la tenía durísima. Me la metí despacito en la boca y se la chupé. Me la metía y sacaba de mi boca muy despacio, me encantaba hacerlo, sabía que el quería que lo hiciera rápido, pero no quería que se corriera todavía. Además me gusta tener el poder entre mis manos y putearlo un poco. En varios momentos mientras se la chupaba me vino a la cabeza la polla de Carlos. Dios, era enorme.
Noté que Sergio se iba a correr ya y paré en seco. Me la saque de la boca y le dije:

- No te voy a dejar que te corras todavía.

Le notaba muy excitado y no quería que se me corriera en la boca, nunca lo había probado pero no me apetecía en ese momento. Empecé a pajearle la polla con cuidado, me acerqué a su oído y sin dejar de menearsela le susurré con voz de viciosa:

- Fóllame...

Me bajó los pantalones con cuidado, los llevaba muy ajustados, mientras contemplaba el tanga que llevaba puesto. Era uno blanco y nuevo. Decía que le excitaba quitárme la ropa poco a poco. Él no lo sabía, pero a mi también. Yo me encontraba totalmente desnuda encima de mi cama y a él solo le quedaba su mejor camisa abierta, dejándome ver su torso desnudo y depilado.

- No te la quites. Fóllame ya. - le dije.

Se situó encima de mí y colocó su miembro caliente encima de mi coño rasuradito. Esa sensación de la polla caliente y dura segundos antes de follar, justo ahí a la entrada de mi coño todo mojado me vuelve loca. No se hizo de rogar, poco a poco empece a notar como me la metía lentamente...

- Ummmm!!! Que gusto!!!
- ¿Te gusta, eh?
- Siiiii, sigue, no pares.
- ¿Te gusta que te folle?
- Siiiiiii, me encanta!!! Fóllame, cabrón.
- Que buena estás...
- Je, je... Lo sé.
- ¿Viste como se follaba Carlos a tu hermana?, -dijo mientras empujaba
- Siiiiiii, no pares!!!
- Carlos la tiene contenta con esa polla que tiene, ¿la has visto?
- Sii...
- ¿Y te gustaba?

Pero ¿qué era esto?, me estaba preguntando si me gustaba la polla de Carlos. No dudé al contestar para que no parara:

- No, me gusta más la tuya. ME GUSTA MÁS TU POLLA.
- Dime la verdad, -dijo jadeando
- Te he dicho que no... Vamos fóllame, no pares!!!

Sergio seguía encima de mí, me apretaba fuerte las tetas. Sabía que le encantaban mis tetas. Yo sabía que para él follar conmigo, ya era estar en la gloria, pero ese tipo gestos me hacían saberme deseada, y eso no hacía otra cosa que ponerme más y más cachonda.

- Te has puesto cachonda bailando con Luis?
- Noooo...
- Mentirosa, cuando habéis salido él tenía todavía la polla dura.
- ¿¿Qué??
- Pues eso, y tú los pezones...
- Noooo!!! -dije a punto de tener un orgasmo, pensando que la polla de Luis se le había puesto dura...
- ¿Y tú que?, ¿se te ha puesto dura con Mónica?
- Siiii, pero por lo menos lo reconozco...
- Vale, me he puesto un poco caliente, pero era por el alcohol... Vamos no te pares que estoy a punto de correrme...
- Yo no aguanto mas, me voy a correr,
- Siiiii, vamos...

La situación era increíble. Sergio se movía encima de mí como nunca lo había hecho y todavía se oía follar a Carlos y a Mónica al final del pasillo. La imagen de la polla de Carlos, el culo de Mónica, el alcohol de la noche, el baile con Luis, como le rocé con mis tetas, no aguantaba más... Sergio y yo explotamos en un orgasmo bestial...

Podía notar su eyaculación perfectamente. Era un acierto usar la píldora. No me gusta el semen, pero que se corra dentro de mí o en mis tetas me pone muy caliente. Notaba los disparos, me estaba durando el orgasmo más que nunca, ahogamos nuestros gemidos, para que no nos oyeran,...siiiiiiiiiiii!!!!

Se quedó dentro de mi unos segundos y me besó con cariño y ternura, yo podía notar su cuerpo todo sudado y como la sangre me volvía a la cabeza después de semejante orgasmo.

- Ha sido fantástico, cariño. -comentó.
- No ha estado mal... ¿Así que te gusta mi hermana, eh? -le pregunté sonriendo.
- Hombre, no está mal, pero tu estás mucho mejor. Y sólo lo decía para picarte mientras follábamos, ya sabes que es un juego... ¿y tú qué con Luis?
- Ya, lo mismo te digo, es para excitarte.

Siempre hablamos mientras lo hacemos, es una manera de excitarnos, pero no le podía reconocer en medio del polvo que me había gustado la polla de Carlos, además es un pensamiento que tenía que sacarme de la cabeza.

Nos quedamos en silencio abrazados. Ya no se oía nada en la habitación de mi hermana. Nos sonreímos y nos dormimos.

A la mañana siguiente, Carlos ya se había ido. Fui a despedir a Sergio en bata y apareció Sofía en la puerta con mala cara:

- Vaya resaca... -se presentó

- ¿Que tal ayer?, -le pregunte.

- ¡¡¡No vuelvo a beber en la vida!!!

- Siempre dices lo mismo...

- Ya, venía a tomar un café contigo para comentar la noche.

- Jeje, pues no te lo vas a creer...

Al entrar en la cocina, le conté todo lo que había pasado anoche, y en efecto, no se lo creía.

- ¡¡¡Vaya pasada!!!

- Díselo a Luís si quieres, pero por favor, que no se entere mi hermana.

- Tranquila que no le diré nada.

La semana transcurrió sin más sobresaltos antes de irnos de vacaciones. Hicimos las maletas, metimos los bikinis, nuestra mejor ropa para por las noches y lo metimos todo en el monovolúmen de mis padres para ir los seis juntos. Llevaba el coche Carlos, y en hora y media ya estábamos en la playita.

Al llegar hicimos el reparto de habitaciones. La de mis padres, para mi hermana y Carlos; la de mi hermana, para Sofía y Luís y la mía, para Sergio y para mí.

El primer día que llegamos era sábado, salimos esa noche por la zona de Silgar y acabamos en la playa con unas botellas. Hacía una noche muy buena, y cuando ya llevábamos unas copas encima, Sofía propuso jugar al "Yo nunca...".

Yo nunca había jugado, así que explicó el juego, llenamos el vaso y empezó Sofía:

- Por ejemplo, yo nunca me he acostado con más de una persona, sólo con Luís. Ahora los que se han acostado con más de una persona, beben.

Lo hicieron Carlos, Luís y Mónica. Esto se ponía interesante. Era el turno de Luís...

- Yo nunca he chupado una polla, jajajaja!!!

Los tres chicos se partían de la risa y empezaron a chocar la mano entre ellos. Las tres bebimos sonrojadas y sonriendo, mirándonos entre nosotras. De todos modos, creo que aquello no sorprendió a nadie. Era mi turno, probé con...

- Yo nunca le he puesto los cuernos a nadie.

Sólo bebió mi hermana...

- Pero no fue a Carlos... -se apresuró a decir.

- Está bien saberlo. -dijo Carlos

Sólo llevaban 5 meses juntos, así que sonreí y me alegré del resultado obtenido. Así siguió el juego. En menos de una hora ya íbamos ciegos y las preguntas empezaron a desfasar:

- ¡¡¡Yo nunca he visto follar a nadie en vivo y en directo!!!

Nadie bebía; Sofía nos miraba a nosotros y yo la mataba con la mirada...

- ¡¡¡No vale hacer trampas, cerdetes!!! -dijo señalándonos.

- Vale, vale... -bebimos Sergio y yo

- ¿A quien habéis visto, si se puede saber? -dijo Mónica.

Yo me puse muy colorada, no sabía por donde salir. Sergio contestó por mí:

- A un par de salidos, hace un mes en el Maycar.

La bola parece que convenció a Mónica, y yo me besé con Sergio. Así transcurrió el juego, gracias a él descubrimos que Sofía y Mónica habían recibido por el culo de Luís y Carlos. Me sorprendió eso de Sofía, que era la más discreta del grupo, pero con lo salido que está Luís y el buen culo de Sofía, era de esperar...

Descubrimos que mi hermana lo había hecho en una piscina, que me gustaba que se corrieran en mis tetas... Al principio me dio mucho corte, pero el juego era el juego...

Llegamos a casa a las 5 de la mañana con una melopea considerable. Cada oveja se fue con su pareja a su cuarto. Lo que pasó en las demás no lo sé, pero Sergio y yo nos empezamos a desnudar automáticamente nada más entrar en la habitación. Nos metimos en mi cama. Sólo me dejé el tanguita negro, y él se quedó con unos Calvin Klein que le regalé por su cumpleaños. Todo sea dicho, le marcaban bastante el paquete, y no sólo no disimulaban su erección, si no que me daban mucho morbo porque, con ese cuerpo atlético que se gasta mi novio, me recordaba al póster de Ljunberg, un jugador de fútbol que me pone mogollón.

Acostado de lado desde detrás de mí, empezó a sobarme las tetas. Una mano la metió por dentro de mi tanga y pudo ver que yo ya estaba con ganas. Me metió 2 dedos, y yo, ni corta ni perezosa, le bajé un poco el calzoncillo y le agarré la polla tiesa, que desde hacía un rato notaba caliente en mi culo, y se la empecé a menear. Empezaba el partido:

- Vaya con Mónica y Sofía, menudas guarrillas... -dijo Sergio.

- Ya te digo. -sonreí.

- ¿Te imaginas a Luís dándole por el culo a Sofía?

Mientras decía esto, empezó a hacer círculos con sus dedos más y más rápido dentro de mi coño mojado.

- Siiii, y corriéndose dentro de su culo.

- ¿Y tu hermana chupando esa pedazo de polla que tiene Carlos?

- Sigue, sigue, no pares... Dime más cosas...

- Seguro que se traga toda su leche, como Sofía con Luís...

- Siiiii, me encanta... Más...

Con la excitación le estaba haciendo un pajote de campeonato a mi novio, noté que se iba a correr ya.

- Me voy a correr en tu espalda, ¿Quieres?

- Siiiiiii, Por favor, córrete encima de mí.

Nada mas decir esto, empezó a escupir leche. La mayoría empezó a escurrir hacia mi culo y a mi mano también, me excité tanto que cerré los músculos del coño con los dedos de Sergio dentro y con mi culo contra su polla mojada. Cerré los ojos y le dije que me metiera los dedos hasta el fondo mientras me corría. Fue una experiencia nueva, y no estuvo nada mal...


Por las mañanas nos íbamos a la playa a tomar el sol. Nosotras con unos sugerentes bikinis, que pondrían cachondo a todos los chicos que pasasen por la orilla.
Mónica llevaba uno negro, tenía un cuerpo perfecto, se notaba por qué era modelo. Sofía uno azul, pero el mejor era el mío, uno rojo pasión. Me quedaba perfecto, mis tetas parecían que luchaban por salirse de él. Sergio, Luís e incluso el novio de mi hermana, que ya se podía quejar, no podían disimular mirarme el escote, el más descarado era Luís. Me encanta ser el centro de atención y notar como los chicos me miran disimuladamente detrás de sus gafas de sol.
Jugábamos a las cartas, los chicos se ponían ciegos ante los 3 monumentos que tenían delante. Cuando nos levantábamos para ir al agua, ellos disimulaban sus erecciones boca abajo en la toalla. Así se quedaban atrás y comentaban el espectáculo que era ver contonearse nuestros cuerpos yendo hacia el mar.
Éramos muy malas con ellos, les pedíamos que nos echaran crema, cada una a sus respectivos, sabíamos que eso les calentaría. Así matábamos el tiempo, pero el sábado siguiente a la semana de estar allí, pasó algo que cambió mi vida. 
Después de comer, se echaron la siesta todos menos Luís y yo. La costumbre era echarse un poco o, a veces, bajar a la piscina del complejo. Los que no nos echábamos casi siempre éramos Luís, Sofía y yo, pero hoy Sofía estaba descansando para la noche. En contra de lo habitual Luís y yo nos fuimos a la playa, solos, cogimos las cosas y nos plantamos allí en 5 minutos. No sabía lo que me esperaba esa tarde.

- ¡¡¡Esto está hasta el culo de gente!!! -dijo Luís
- Ya, es que la otra playa está un poco lejos...
- Conozco una cala nudista, a 10 minutos de aquí. Por supuesto, no hay que hacer nudismo, no todo el mundo está en bolas. ¿Vamos dando un paseo?

Luís conocía bien la zona, sus padres tenían un chalet cerca. Yo accedí sin pensarlo mucho; quizás el morbo de estar en una playa nudista me empujó a hacerlo. Nunca antes lo había hecho. Si me lo hubiera pedido otro chico, no hubiera aceptado, pero con Luís, ¿qué podía pasar?

Al llegar me sorprendió la poca gente que había. Era una playa pequeña pero acogedora y ciertamente no todos iban desnudos. De hecho poca gente lo hacía. Nos tumbamos a tomar el sol, cuando pasó por delante un nórdico impresionante completamente desnudo. He de reconocerlo, para estar relajado, tenía el aparato muy grande. Me hizo gracia un detalle, sólo llevaba unas gafas de sol.

- ¡Vaya pedazo de polla! -dijo Luís.
- No seas vulgar... -dije como si no me hubiera percatado.
- Ahora me dirás que el tamaño no importa...
- Pues no, lo importante es el cariño... (No me lo creía ni yo misma)
- Pues a mí si me gusta que las tías tengan las tetas grandes.
- Pues Sofía no es que las tenga muy allá...
- Sofía me encanta como es y con ese culo que tiene me vale. Lo que digo es que si pudiera escoger, la elegiría con unas peras grandes, ¡¡¡como las tuyas!!!

Debí de ponerme a juego con mi bikini, roja como un tomate. Sabía que bromeaba, pero yo me pongo roja en cuanto me halagan un poco. Siempre ha habido muy buen rollo con Luís, es muy bromista, y él sabía como ponerme roja como nadie.

- Que por cierto, a ver cuando me las enseñas.
- Pues creo que eso no será nunca, enséñame tú lo tuyo, ¿no te jode?
- ¿El qué?, ¿esto? -dijo apuntando hacia su bañador- Yo te la enseño si me enseñas tus peras luego...
- No seas crío... -dije mientras buscaba el agua como loca para sofocar el calentón- Sabes que me da mucho corte y no es plan de...

Juro que me di la vuelta un segundo para coger la botella de agua de la bolsa y al volverme, ¡¡¡Luís estaba desnudo!!!

- ¿Ves? No pasa nada... -dijo con naturalidad.
- Creo que esto no esta bien. Tápate Luís.

No me di cuenta pero no podía apartar la mirada de su polla, no estaba nada mal, no era como la de Carlos pero sí más grande que la de Sergio, y eso que mi novio no estaba mal dotado. La tenía en semi-erección, mis pezones se pusieron duros al momento.

- Me voy a bañar... -dije acalorada por la situación.
- Espera que voy contigo...

Y vino detrás de mí, en pelota picada, como vino al mundo. Bueno, como vino al mundo pero algo más desarrollado. Ya me entendéis.

- Creo que me tienes que enseñar algo... -dijo con soniquete
- Ni de coña...
- Fuiste tú la que sugirió que te enseñase la polla.
- Es que no puedo, ¿que le digo a Sergio?
- No tienes por qué decírselo.
- ¿Y Sofía?
- Tampoco.
- Pero es tu novia, y mi mejor amiga. Pídeme otra cosa, lo que quieras... -Todavía no sé cómo le pude decir eso.
- Está bien, si no quieres enseñármelas, déjame que te las toque. Ya sabes que el culo te lo he tocado muchas veces, pero las tetas no.
- No puedo, ¡¡¡eso es peor todavía!!!
- Tómatelo como un favor. Las de Sofía son muy pequeñas...

Pegué un suspiro profundo mientras barajaba todas mis opciones. Era Luís, el de toda la vida. Me había tocado el culo muchas veces, pero esto no era lo mismo.

Eran mis tetas, ¡¡¡mis tetazas!!! Sólo de pensarlo me excitaba, pero al pensar en Sergio, no quería hacerlo. Le miré. Allí tenía a mi amigo Luís, ese rubito tan guapo, metido en el agua totalmente desnudo a un metro de mí. Al fin y al cabo, yo también le había incitado.

- Tienes 30 segundos.

Su cara se iluminó. Se acercó, se colocó detrás de mí y cuando me iba a soltar la parte de arriba del bikini...

- ¡¡Espera!! vamos donde nos cubra. Hasta que el agua me llegue por encima de las tetas.
- ¿Aquí te parece bien?
- Sí, recuerda que 30 segundos, ¡ni uno más!
- Vale, tómatelo con calma, que estoy un poco nervioso.
- Yo también, no te jode... ¿O te crees que esto me pasa todos los días?

Me puso las manos en la cintura, las fue subiendo hasta el ombligo, se estaba recreando en su suerte, el muy cabrón. Fue subiendo, hasta que llegó a las tetas. Las rozó suavemente para ponerme los pezones duros. ¡¡¡Como si no fuese suficiente con la temperatura del agua!!!

- Mmmm...
- 30, 29, 28...

Me agarró con cuidado las tetas por encima del bikini.

- Que gusto... -me susurró.
- Venga, date prisa. No me lo hagas pasar mal.

Tiró del sujetador hacia arriba y mis pechos quedaron desnudos bajo el agua. Situó sus temblorosas manos sobre mis tetas duras. Las tocó, amasó, aplastó, hizo círculos, las juntó, las subía y las bajaba, se entretuvo con mis pezones... Con el venir de una ola se pegó a mí, y noté su polla dura y desnuda rozando mi culo por encima del bikini. Una corriente sacudió mi cuerpo, aquello me estaba gustando...

- Te quedan 10 segundos.
- Vale tranquila, déjame un poquito más por favor. Joder, que tetas mas duras tienes, son mejores de lo que pensaba.

Era todo nervios. Mientras me sobaba las tetas me acordaba de mi novio, pero no podía dejarle parar. Lo estaba haciendo de maravilla. Nunca le había puesto los cuernos a Sergio y aquello era lo más parecido. Pensé que por dejarle tocar las tetas no podía pasar nada.

En esto, una ola hace que me caiga un poco hacia atrás. Mi mano derecha se colocó ella sola sobre su caliente y dura verga. Estaba totalmente tiesa y me asusté, eso me hizo reaccionar.

- Bueno, se acabó.

Le quité las manos de golpe y me coloqué el bikini. Sin decirle nada me fui a la toalla, sin mirar atrás. Él tardó un poco más, seguro que se masturbó en el agua, porque salió con la polla todavía morcillota, pero más relajado. Aparte de lo excitada que estaba, en mi cabeza no paraba de pensar en Sergio, era un manojo de nervios. En el camino de vuelta ninguno de los dos dijimos nada.


Esa noche convencí a Sergio de que no quería salir y nos quedamos en casa. Estaba preocupada por lo que había sucedido con Luís, quería contárselo pero no me atrevía. Todavía me duraba la calentura de la playa. Con el recuerdo aún en mi mente del sobeteo bajo el agua, tenía que hacer algo para desahogarme y no sentirme mal. Algo que compensase a Sergio de alguna manera, pero sin que él se diera cuenta de que algo me rondaba la cabeza. Algo que limpiase un poco mi conciencia y quitara la imagen de Luís de mi mente. Al menos, por un espacio de tiempo.

- Túmbate en la cama, y no digas nada. Si no salimos, tendré que compensarte...

Me fui despojando poco a poco de la escasa ropa que llevaba, contoneándome al ritmo de una música que sólo sonaba en nuestras cabezas. Empecé por la camiseta, la estiré despacio hacia abajo, para que Sergio pudiera ver mi canalillo. Sabía que él tenía debilidad por mis tetas, y eso me gustaba, me siento muy orgullosa de ellas.

Vi que Sergio se acomodaba en la cama para ver el show, o quizás era que se estaba excitando. Pegué la camiseta hacia atrás para que se me marcasen todavía más mis pechos y él se pusiera más nervioso. Cómo me gusta jugar con él. Crucé mis brazos por delante y empecé a enrollar la camiseta hacia arriba, lentamente. No llevaba sujetador y mis pezones se habían erguido con el roce. Sergio empezaba a sudar, y ni siquiera le había tocado.

Seguí levantando la camiseta justo hasta la altura de mis rosados pezones, para que se pudiese recrear con la base de mis senos. Lo que habría dado él por tener una cámara de vídeo en ese momento. Desde la cama me miraba, parecía suplicar con sus ojos:

- "Súbetela más, quiero ver tu cuerpo desnudo, y lo quiero ver ya".
- "Está bien" -pensé.

Me despojé completamente de la parte superior, haciendo una leve parada cuando pasaba por la cabeza, para que viera caer mis rizos sobre mis pechos, y que alguno, graciosamente, se metiese por mi canalillo.
Tiré la camiseta al suelo y comencé a masajearme las tetas y a hacer círculos sobre mis pezones. Sin dejar de sobarme la teta izquierda, empecé a chuparme el dedo índice de la mano derecha. Sabía que eso le iba a gustar. Quería que se hiciera una idea de lo que iba a venir después. 

Con el dedo húmedo, comencé a recorrer mi cuerpo en dirección sur. Me metí la mano dentro del short y empecé a acariciarme mis labios y, con los dedos ya húmedos, me froté con cuidado el clítoris. Empezaba a estar verdaderamente mojada. Llegué incluso a jadear con aquella pequeña masturbación. Teníais que verle la cara, tenía los ojos como platos. 

Me abalancé sobre él, con el short todavía puesto, y le besé en la boca con pasión, rozando mi lengua con la suya. Me encanta como me besa, sólo con su lengua ya consigue ponerme a cien. Me estaba calentando demasiado, mis pezones empezaban a dolerme de lo duros que estaban y entendí que era el momento de dirigirme hacia otras partes de su cuerpo, por el bien de los dos. Deslicé mi lengua fuera de su boca, repasando el contorno de su rostro, desde la barbilla hasta llegar a su oreja derecha. Allí le susurré:

- Shhhh, no digas nada, hoy no. No sabes cómo me pones. TE DESEO.

Fui bajando desde su oreja, despacito, chupando su cuello, en dirección al ombligo, desabotonándole la parte de arriba del pijama entre besos. A medida que iba bajando, pude notar como su respiración se aceleraba. Mientras iba bajando, besándole su pecho y sus marcados abdominales, algo se movía bajo mis desnudos pechos. Era su miembro, que empezaba a endurecerse y a palpitar, al ritmo de mi corazón, bajo el pantalón corto de su pijama. Cuanto más abajo iba, más duro, más caliente.

- Parece que alguien necesita algo de cariño por aquí abajo. -acerté a decir con una pícara sonrisa en mi boca.

Comencé a bajarle su pantalón corto, quedando al descubierto su apetecible falo. Soplé sobre su sonrosado capullo, para excitarle más, como haciéndole saber que estaba allí, a sólo unos segundos de metérmela en la boca. Yo le miré, y él me miró. Asentí con la cabeza y empecé a besarle y a lamerle la punta. 

Sentía que quería que se la comiera ya, pero iba a hacerme desear un poquito más. Extendí mi lengua y empecé a escribir con mi saliva una W sobre el cuerpo de su pene. Primero hacia abajo, luego hacia arriba, otra vez hacia abajo y, finalmente hacia arriba, terminando en el orificio de su glande. Parecía desesperado, pero al mismo tiempo estaba disfrutando viendo como su novia lo llevaba hasta límites insospechados. 

Coloqué mi cabeza sobre su miembro erecto, abrí la boca y descendí, metiéndome los 17 cm. de polla de mi novio hasta el fondo, muy despacio, eso sí. Puede parecer difícil, pero si colocas bien la lengua y la garganta, puedes meterla hasta el fondo y seguir respirando por la nariz. Sentir su verga caliente dentro de mi boca es una sensación sin igual. Ya no lo iba a desesperar más.

Empecé a comer su polla de arriba a abajo, acompañando con la mano a mi boca en el movimiento. Aquello nos estaba gustando a los dos y ambos lo sabíamos. En apenas un minuto, Sergio estaba casi a punto de explotar, pero aquello no había terminado. Saqué su pene de mi boca y lo coloqué entre mis jugosas y perfectas tetas. Con mis manos junté mis pechos y sujeté su miembro por delante para seguir con el movimiento de vaivén. Él estaba a punto y yo quería que se corriese en mis tetas. Era algo que me encantaba y él lo sabía.

- Sergio, me voy a tumbar y me vas a follar las tetas. Quiero que te corras en mis tetas. Quiero que te corras ya.

Aquél día en la playa me había cambiado. ¡¡¡Le dije a Sergio que se hiciera una cubana con mis tetas y que se corriera en ellas!!! Estaba irreconocible, lanzada, pero era lo que necesitaba en aquel momento, y así se lo hice saber.

Sergio empezó a temblar de excitación y, junto a un leve gemido de alivio, soltó todo su amor sobre mí y sobre mis tetas.

- Cariño... -dijo jadeando- Es, con diferencia, la mejor mamada que me han hecho en la vida.
- Lo sé... -sonreí.
- Te quiero, mi amor.
- Yo a ti también.

Aquella imagen de Sergio corriéndose de aquella forma en mis tetas, no se me borrará de la cabeza nunca en mi vida. Creo que hasta tuve un pequeño orgasmo cuando explotó en ellas y vi venir el chorro hacia mí. Fue fantástico. No volví a pensar en Luís en toda la noche.

Al día siguiente, era domingo, estaban todos machacados de la fiesta de la noche anterior, excepto Sergio y yo, que habíamos dormido como troncos, tras una de las mejores noches de mi vida, sexualmente hablando. Sergio y yo salíamos por la puerta del piso, dispuestos a comer en la playa, cuando se levantó Luís y dijo que se venía a comer con nosotros. Preparamos unos bocadillos más y salimos.
Al llegar, me sentí extraña teniendo a Luís y a Sergio juntos, sobre todo después de todo lo que había pasado el día anterior. Me levanté a darme un baño antes de comer, Luís vino también, pero Sergio se quedó en las toallas.

- Marta, perdona por lo del otro día. No quiero que estemos así, sin hablarnos.
- No pasa nada, ya lo tengo olvidado.
- Mentira, que sigues sin dirigirme la palabra.
- Es que me da un poco de corte, no sé como reaccionar todavía.
- Pero si no pasó nada, mujer. Fue un juego.
- Ya lo sé, pero me tocaste las tetas, ¡¡¡mis tetas!!!
- No volveré a hacerlo.
- Eso ya te lo digo yo.
- ¿Podemos seguir siendo amigos?
- Por mí está todo olvidado. No voy a dejar que esto afecte al grupo.

Estábamos nadando, y con el mar de fondo, nos alejamos un poco de la orilla. Siempre había poca gente en la playa a la hora de la comida, pero estábamos bastante lejos, porque apenas veíamos a Sergio en las toallas. De todos modos, todavía hacíamos pie. Luís se acercó y me dio un cachete cariñoso en el culo.

- ¿Ya estamos otra vez? -le pregunté visiblemente enfadada.
- Creí que habíamos quedado en que todo sería como antes, sin malos rollos y con cachetes en el culo.
- Es que todavía está todo muy reciente.

Luís me cogió la mano y se la acercó a su culo.

- ¿Lo ves?, no pasa nada, tontina.
- Si ya, pero...
- Pero nada.

En esto me seguía sujetando la mano en su culo. Era un culo pequeño pero estaba bien duro.

- Apriétalo, sin miedo.
- No está mal... -le dije apretando un poquito y sonriendo.

Me agarró la mano y me la puso en su paquete. Yo intenté retirarla, pero él era más fuerte que yo. La cogió con fuerza, pero sin hacerme daño, y me puso la mano sobre su polla de tal forma que no me dejaba quitarla.

- Tócamela, Marta.
- Esto está yendo muy lejos, Luís...
- TOCA, es la única forma de arreglar esto.

Lo dijo como intentando convencerme. Otra vez apreté un poco y la noté a través del bañador. No quería seguir con aquello. Aunque no hubiera tenido novio, todavía estaba Sofía, y ella era mi mejor amiga...

- Venga, vale ya, por favor. -dije.

Salimos del agua y comimos los tres juntos con tranquilidad y conversando sobre tonterías para pasar el rato. No pasó nada más...

...hasta el jueves por la noche.

Ese jueves salimos todos al "cine" del pueblo, el típico cine donde ponen películas que hace años que están en DVD. En la entrada, pasó lo de siempre, división de opiniones.

Carlos y Sergio querían ver una de acción y Luís y yo queríamos ver "Lucía y el sexo". Sergio ya la había visto con unos compañeros de clase y Mónica y Carlos también. Sofía iba a entrar con nosotros pero se quedaba sola Mónica, así que decidieron ver "Gente pez".

Yo estaba acostumbrada a ir sola al cine con Luís, porque, el verano pasado, Sofía estuvo trabajando en unos cines en Santiago y, a veces, íbamos a buscarla. Como siempre salía a las mil, nos colaba en una sesión golfa para hacer tiempo hasta que ella terminase.

Entramos en la sala Luís y yo, pero esta vez había algo distinto. Recuerdo que no había mucha gente, dos o tres parejas desperdigadas por la sala.

- Otra vez solos... -dijo Luís.
- Ya... ¡vaya coincidencia!

Empezó la película. No soy crítica de cine, pero la verdad es que nos defraudó bastante. A media película, Luís me pasó el brazo por los hombros. No le dije nada, la verdad es que no le di importancia. Todo volvía a ser como antes, ¿no?
La película no era gran cosa, pero alguna escena que otra no estaba nada mal. Sobre todo las escenas de sexo.
Me empezó a acariciar la cara, le dejé hacer, era un simple gesto de amigo. Me puso una mano en la pierna, aquello empezaba a ser mucho y se la retiré.

- Quieeeeto.

Los protagonistas empezaban a follar en la pantalla y yo me empecé a calentar. A los cinco minutos, Luís volvió a poner su mano en mi muslo y empezó a deslizarla suavemente. Con el dedo índice de la otra mano, empezó a acariciarme la barbilla, luego los labios, luego la nariz, todo muy suave. Otra vez lo posó en mis labios. Yo le besé la punta del dedo, lo introdujo un poco en la boca, tocó mi lengua, lo volvió a sacar, me estaba poniendo muchísimo. En eso apareció la mejor escena de la película para mi gusto. Aquella en la que la niñera, una chica joven, le cuenta al protagonista que su madre era actriz porno, y que ella, para excitarse, veía sus películas y se masturbaba en el sofá imitando las posturas de su madre. Esa escena de la madre chupando una polla en la tele y ella a 4 patas en el sofá chupando un consolador de goma, luego cabalgando sobre él y el novio de la madre viéndolo todo...

Aquello fue mucho para los dos, Luís subió su mano derecha y me la puso en una teta. Empezó a apretar como él sabía. Con su mano izquierda, volvió a meterme el dedo en la boca. Yo se lo besé. Lo introdujo más y más. Ya lo había metido entero y lo movía dentro. Yo se lo chupaba. Madre mía, no pude evitar pensar que estaba chupando su polla. Aquella polla grande y morena que me había hecho tocar bajo el agua.

Ya no era consciente de lo que pasaba, no podía controlarme. Se me habían desatado los infiernos. Mis bragas negras estaban caladas.

Luís metió sus manos dentro de mi camisa de cuadros y me tocó las tetas. Ni siquiera se molestó en desabrocharla. Con aquél sofocón, no pude evitar el soltar un leve gemido, lo cual hizo que Luís no sólo no parase, por miedo a ser descubiertos, ¡sino que insistió!

Dios... Tenía los pezones duros. Sin casi darme cuenta, cogió mi mano y se la puso en el paquete. La tenía durísima, pero esta vez no aparté la mano. ¿Realmente deseaba que pasara aquello?
El novio de mi mejor amiga se desabrochó la bragueta y me puso la mano sobre los calzoncillos, una descarga eléctrica me recorrió la espalda, ¡¡¡estaba temblando!!!
Me volvió a meter la mano por dentro de la camisa y el dedo en la boca. Yo se la acaricié despacio, todavía por encima del slip. La tenía realmente dura.
Suavemente, metí la mano en su ropa interior y se la agarré.

¡¡Tenía la polla dura de Luís en la mano!!

Los dos seguimos viendo la película sin parar de tocarnos. Bueno, mirando la pantalla. Me desabrochó el botón de mis vaqueros y, sin cortarse un pelo, deslizo la mano que había tenido en mi boca hacia mi coñito afeitado. Lo tocaba despacio con sus dedos humedecidos por mis jugos. Parecía como si estuviese tocando el piano. Do-Re-Mí... que gloriosa melodía. Se debió de dar cuenta de que aquello me estaba gustando y bajó un poquito más la mano y llegó a la entrada. Estaba empapada. Yo, mientras, se la meneaba muy despacio, no era plan de dejar aquello olvidado. Nos miramos un segundo a los ojos.

- "No puedo creer que esté haciendo esto contigo". -pensé.

Luego volvimos a mirar a la pantalla. Él, como si tal cosa, subió a mi botoncito. ¡No podía más! La imagen de su polla en mi mano hacía que me calentara más todavía. Era la primera que tocaba aparte de la de Sergio. Mi respiración aceleraba por momentos.

- Levanta tu culo un segundo. -ordenó.

Pegó un tirón y me bajó los pantalones y las bragas hasta las rodillas. Ahora que lo pienso, estaba desnuda en un sitio público. Menos mal que en aquella sala no había casi nadie, porque nuestro show empezaba a ser más interesante que la peli.

- Marta, ¿me la chupas un poco? -espetó.
- Ni de coña, eso es mucho. -respondí agitada.
- Vamos, sólo un poco, sólo la puntita. Quiero ver como me la chupas.

Dudé qué hacer. Ante mi no-respuesta, Luís me sujetó por mi rubia coleta y empezó a llevarme la cabeza hacia su polla.

- Sólo la puntita, ¿eh? -dije girándome hacia él, cuando ya estaba a escasos 10 cm. de su polla.

Saqué mi lengua y le repasé la puntita despacio, sin metérmela en la boca. Mmmm... Aquella polla estaba realmente deliciosa. Un poco salada y húmeda. Casi me apetecía ya más a mi chupársela que a él...

¿Qué estaba haciendo? Había perdido el control.

Me acomodé un poco para realizar la acometida y me la metí hasta la mitad, sin miramientos. Él ahogó su gemido con la mano. Jugué con mi lengua sobre su capullo, ya dentro de mi boca.

Luís mientras me acariciaba la espalda. La fue bajando hasta mi culo desnudo, buscando el tesoro de mi entrepierna. Desde allí acarició la entrada de mi coño. Con la impresión cerré durante un instante las piernas, aprisionándole la mano. Estuve a punto de correrme. Me acariciaba el culo con la palma al mismo tiempo que jugaba con su dedo en mi pequeño agujerito. Comprobé en mis carnes que Luís realmente sabía lo que hacía, Sofía no había mentido.

Yo seguía chupándosela de arriba a abajo. Me la sacaba y me la metía en la boca. Estaba descubriendo que el poder de la imaginación podía hacerme sentir placer mientras chupaba aquel rabo. Lo hacía sin mano, con ella. Estaba a puntito. Me encanta que mi novio me la meta hasta el fondo cuando me voy a correr. Me gusta sentirlo dentro de mí mientras me retuerzo de placer.

En esto noté que me ve venía. Como si de mi coño se tratase, me metí la polla entera en la boca, me rozó la garganta. Empecé a gemir como una loca con su deliciosa polla en mi boquita. Luís sabía que estaba estallando y, de repente, ¡¡¡me introdujo el dedo pulgar de golpe en el culo!!!

- ¡¡¡¡¡¡Mmmmmmmmmmmmmmm!!!!!!

Sentí como nos tensamos los dos. ¡¡¡NOS CORRIMOS A LA VEZ Y ÉL LO HIZO EN MI BOCA!!!

- SIIIIIIIIIII, MARTA, ME CORRO EN TU BOCA, ¡ME CORRO!

Mientras me corría, Luís no dejo de acariciarme el clítoris con su dedo corazón sin sacar su dedo pulgar de mi culo. Fue magistral. La mejor corrida de mi vida sin llegar a ser penetrada. Bueno, al menos por el coñito.

Todo mi cuerpo se estremeció y su dedo gordo quedó prisionero en mi culo. Cerré los ojos jadeando, mientras notaba como Luís se vaciaba en mi boca. Me corrí patas abajo. Mi coño parecía un grifo abierto.

Notar su explosión en mi boca fue muy fuerte. Era la primera vez que lo hacían. Y ni era mi novio, ni me había pedido permiso. Un disparo, dos, tres, cuatro. ¡¡¡Qué impresión!!!

Tenía la boca llena de semen, no me creía que pudiera haberlo aguantado. Ni era tan asqueroso, ni estaba tan mal. Era un poco amargo, con un regusto salado. He de decir que esta primera impresión no me dejó un mal sabor de boca.
Necesitaba respirar, me faltaba el aire. Sin darme cuenta, me tragué el semen que pude, el resto lo escupí. Me levanté de su polla todavía jadeando. Él logro recuperar su dedo y sacó la mano de mi coño.

Le di una torta, no sé muy bien por qué. Me atusé un poco el pelo, me subí mis braguitas y mi pantalón de las rodillas y salí corriendo hacia el baño. El resto del grupo no podía verme con aquellas pintas.

Entré a la sala otra vez, ya arreglada. Cuando llegué al sitio, Luís estaba con una cara de satisfacción tremenda. ¡¡¡Todavía no se había guardado la polla!!! Estaba viendo la película como si nada, con su falo recostado en su vientre. Yo me senté en mi butaca y esperamos al final de la película.

Los demás no notaron nada. Dijimos que la película había estado muy floja, que mejor haberse quedado en casa. Antes de besar a Sergio, me comí unos cuantos caramelos de menta para quitarme el sabor salado del esperma de la boca.

En el camino a casa, entre risas, Luís se me quedó mirando y me guiñó un ojo. Yo simplemente sonreí.

¿Qué me está pasando? Estoy segura de que quiero a Sergio, pero ¿y Luís? ¿Qué siento hacia él?

Mi relación con quien había sido mi mejor amigo desde la infancia, ¿se había ido al garete o había mejorado? Por un lado, sentirme deseada es algo que me encanta, pero por el otro no quiero herir a mi novio. Él no soportaría enterarse de la historia del cine. 

¿Y Sofía? ¿Qué iba a pasar con ella? Y si un día me cuenta un detalle íntimo sobre Luís, ¿qué le voy a decir?

El piso de la playa se hacía muy pequeño para mí. Luís ya no era el de antes, sus cachetitos ya no eran inocentes y juguetones. Ahora aprovechaba cualquier momento a solas en la casa para meterme mano sin pudor. Yo me resistía al principio para que desistiera, pero en el fondo me gustaba tenerle cerca. Si nos quedábamos a solas después de comer, no dudaba en acariciarme por todo el cuerpo. Sabía como ponerme a tope. Yo le suplicaba que no lo hiciera, por el bien de todos, pero el riesgo a ser cazados lo hacía todavía más excitante. A él le gustaba jugar… y a mí también. 

Luís sabía que me tenía pillada, que tenía que mantener la boca cerrada. Si alguien se enteraba, se fastidiarían las vacaciones, el grupo y toda mi vida. ¿Qué importaba si jugueteábamos a escondidas? Él quería a Sofía, yo a Sergio… Sólo era sexo. 

Por suerte el mes llegaba a su fin y mis padres comenzaban las vacaciones, así que tuvimos que volver a Santiago. Los días de desfase habían terminado. ¿O no…?

Con mis padres en Sanxenxo, Mónica y yo nos quedamos solas en nuestra casa y Carlos se dejaba caer por las tardes para ir a la piscina de la urbanización con mi hermana, y solía quedarse a dormir. 

Los fines de semana, Mónica trabajaba de azafata de una bebida de ron dominicano en las discotecas de Santiago. Ya sabéis, esas chicas en bikini detrás de un stand repartiendo merchandising, que te dan regalitos cuando te tomas una copa de su marca. Siempre traía llaveros, camisetas, linternas y demás parafernalia publicitaria.

El primer viernes de Agosto ocurrió algo que no olvidaré nunca. Sergio se había ido con sus padres a una regata a Portosín y Mónica tenía que irse a trabajar. Para que no me quedara sola, Carlos se ofreció a pasar la noche en casa.

Carlos era y es muy fuerte, su presencia me tranquilizaba bastante y agradecí que se quedara a dormir, no fuera a ser que esa noche ocurriese algo inesperado. Y ocurrió… vaya si ocurrió…

A eso de las doce de la noche, poco después de que mi hermana se marchase, alguien llamó a la puerta.

- ¡Ya voy yo! -se ofreció

Abrió la puerta y de la oscuridad aparecieron dos siluetas.

- ¡Qué pasa chavalote! -apareció Luís
- ¡Hola! -saludó Sofía

Al parecer, Carlos los había invitado a ver una película con nosotros y, para hacerlo más ameno, Luís se había traído unas botellas de buen vino y una bolsita de maría.
La noche iba bastante bien. Risas, chistes, una copita por aquí, otra copita por allá. Mientras Luís liaba unos porritos, Carlos puso la peli que echaban en Canal+ por el satélite. La verdad es que entre las copas y el ambientillo que ponía la maría, poco caso le hicimos a la tele y seguimos de cháchara recordando hechos de cuando aún estábamos en el Colegio.

Sin darnos cuenta la peli se había terminado y había empezado una porno.

- Jejejeje, ahora empieza lo bueno. -rió Carlos. Luis sonrió.
- Mira que sois salidos… Quita eso, anda. ¿No ves que a Sofía le molesta?
- Por mi no pasa nada, -dijo Sofía dándole un trago a su copa de vino- Vamos a verla un rato, que creo que esta noche nadie nos va a decir nada.

No era la primera vez que veía una peli porno, pero tal y como estaba el ambiente entre Luis y yo no me parecía lo mas apropiado. Fui a la cocina a llamar a Sergio, pero tenía el móvil apagado. Debía de estar durmiendo. Cuando volví al salón estaban los tres recostados en el sofá de tres piezas. En la pantalla, una francesita de unos 18 añitos, rubia y de coletas, estaba siendo follada por su primo, mientras ésta se la chupaba a su novio, cómodamente sentado en un sofá. Desde mi posición en la puerta de la cocina, pude ver como a la chica se le corrían los dos simultáneamente en la cara a la vez que con su lengua acariciaba el glande de uno de los actores.

- Hay que ver cómo la han puesto… -dijo Luis
- Vaya pedazo de puta. -dijo Sofía.
- ¿Qué pasa? ¿Es que Luis nunca se te ha corrido encima? -dijo Carlos.
- … 

Sofía no llegó a contestar, porque mientras decían esto, apareció un actor con una polla enorme, realmente grande.

- Eso es una polla, y no lo vuestro -espetó Sofía acalorada por el comentario previo.
- Pues Carlos no tiene nada que envidiarle a ese… -dejó caer Luís.
- ¿Ah sí? -preguntó Sofía, interesándose por el tamaño del miembro de Carlos.
- Hombre, Luís, tampoco es para tanto…
- ¿Cómo que no es para tanto? Anda, enséñasela a las chicas.
- Oye, oye, más despacio. Si quieres ver una polla mira la tele. -dije yo.
- Por mí que no se corte… -dijo Sofía entre risas
- Venga, hombre, sácala, ahora no me dejes quedar mal… -dijo Luis
- Es que... -dijo Carlos, señalándome con la mirada.
- Si es por Marta, créeme que a ella no le importa… -dijo Sofía

Sofía sabía que yo ya le había visto el cipote a Carlos mientras se follaba a Mónica, el día que los cazamos al volver de salir de marcha.

- Serás… A mí me da igual, él verá lo que se hace... -le contesté.
- Bueno, bueno, si me lo pedís así…

Mientras decía esto, Carlos se bajó los vaqueros y los calzoncillos y se sentó sobándose la polla con la mano, para que acabara de ponerse tiesa del todo. La tenía enorme y dura. Más de lo que yo recordaba.

Yo no podía creer lo que allí estaba pasando. El alcohol y la maría no ayudaban precisamente, y la cosa fue a más. Luis se levantó del sofá y sentó a Sofía al lado de Carlos. 

- Mírala bien, ¿que decías?
- Si que es grande, si…
- Si quieres puedes tocarla -ofreció Carlos.
- ¿Puedo? -preguntó Sofía a Luis.

Luís, conocedor de todo lo que habíamos hecho en Sanxenxo, miró hacia mí y preguntó:

- ¿Tú qué dices Marta? ¿Le dejo o no?
- Ay, a mí no me preguntes, haced lo que queráis…

La escena me sobrepasaba, por supuesto que quería ver cómo se la tocaba, aquello era morboso, estaban realmente pasados de vueltas y yo estaba caliente de verdad.

Carlos se la estaba sobando ante la atenta mirada de Sofía. Luís se sentó en el sofá pequeño y desabrochándose el pantalón, aceptó:

- Venga, tócasela si quieres.
- Esto no me lo pierdo… -dije yo, sentándome en el reposabrazos del sofá al lado de Carlos.

Sofía estiró la mano y le agarró la polla con suavidad.

- Mmmm… Está dura y caliente -afirmó.
- Muévela un poquito… -pidió Carlos visiblemente excitado.
- Joder, qué listo… -dijo Sofía, mientras empezaba a meneársela despacio.
- Vaya con mi novia -dijo Luis introduciéndose la mano en el pantalón.

Supongo que, conociendo a Luís, aquella mezcla de excitación y celos le puso a mil. Tanto que él también se la sacó y empezó a meneársela allí, delante de todos.
Sofía le miró y no sólo no paró, sino que empezó a masturbar con algo más de intensidad a Carlos sin dejar de mirar cómo Luís se la cascaba. Yo estaba acaloradísima. Se notaba que a Sofía le estaba gustando sentir la enorme polla de Carlos en su mano y ver cómo su novio disfrutaba con la escena.
La mano de Sofía bajaba y subía agarrando las pieles de aquel enorme falo. Carlos cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Estaba gozando del momento. Yo ya hacía rato que tenía ganas de marcha. Tenía la polla de Carlos totalmente empalmada a medio metro de mí y, detrás de Sofía, a Luís meneándosela mientras nos miraba a los tres.

Volví un instante mi vista hacia la televisión y comprobé que lo que estaba presenciando allí en directo era bastante mejor que aquella película francesa. Ante mi distracción, Sofía me agarró la mano y me la colocó ¡¡¡encima de la polla de Carlos!!!

Un escalofrío recorrió mi espalda

- Marta, ¿a que nunca has tocado una polla como ésta? -preguntó mi amiga.

Estaba bastante excitada, pero aquello sobrepasaba nuevamente los límites, era el novio de mi hermana. Retiré mi mano como si el pene de Carlos quemase.

- ¿Que creéis, que es esto un juguete? -preguntó Carlos sonriendo.

Sofía se la agarró de nuevo y se la empezó a menear otra vez, lentamente.

- Por supuesto que no, estas cosas hay que tratarlas con mimo… -dijo Sofía.

Mientras Luis seguía emocionado viendo toda la escena:

- Anda, Sofía, cáscasela como tú sabes. -ordenó Luis.
- ¿Así, cariño? -dijo Sofía, mientras aceleraba el ritmo de la masturbación.
- Mmm… Sí, así, corazón, como si me lo hicieses a mí.

A Carlos le empezó a brotar un liquidillo transparente de la punta del capullo. Con una mano, Sofía le acariciaba el pecho a Carlos, y con la otra le acariciaba muy lentamente la polla.

Ante la sorpresa de todos, Luis se levanta y se planta delante de mí con la polla tiesa y dice:

- Toma Marta, toca esta si quieres, que no quiero que te aburras.

Yo no daba crédito a lo que ocurría. Mi mejor amiga haciéndole una paja al novio de mi hermana, y su novio me pedía que se la tocara allí delante de ella. La tentación era muy fuerte. Sofía me miró sonriendo, sin dejar de pajear a Carlos.

- Vamos, tócasela, que no muerde… -indicó.
- Es que… Esto me parece muy fuerte…-traté de reprimirme en contra de mi propia voluntad.
- Es que nada. Si él me deja que se la toque a Carlos, yo te dejo que se la toques a él. -contestó Sofía.

Estiré mi mano derecha tímidamente y empecé a masturbarlo despacio mientras él seguía de pie. Luís me tomó del brazo y me sentó junto a él en el otro sofá para que los dos pudiésemos seguir viendo la escena mientras yo se la cascaba. Ni corto ni perezoso, Luís extendió su mano y empezó a acariciarme las tetas por encima de la camiseta. Sofía se dio cuenta de que Luis empezó a sobarme y no dudó en reaccionar ante el atrevimiento de su novio.

- Sigue, Sofía, ¡qué bien lo haces, joder! -exclamó Luís.
- ¿Ah, sí? Pues a ver qué te parece esto…

Sin mediar más palabra, Sofía se agacha y empieza a chuparle la polla a Carlos. Luis miró la escena, como si de una película X se tratase, y me sonrió.

Era muy excitante ver a Sofía chupando ese pollón una y otra vez a escasos metros de su propio novio. Carlos se retorcía de placer en el sofá. Sin comerlo ni beberlo, pasó que le tocaran la polla por simple curiosidad, a que una tía muy atractiva, con su novio presente (con el morbo que eso tiene que dar), se la comiese de una manera espectacular.

Aquello empezó a salirse de madre y Carlos agarró a Sofía por el pelo y empezó a introducirle y a sacarle la mitad de la polla en la boca.

De repente, Luis metió la mano por dentro de mi camiseta y de un tirón me quitó camiseta y sujetador, dejando mis hermosos senos a la vista de todos.

- ¡Mira Carlos, que tetazas tiene tu cuñada! ¿A que son unas tetas de impresión? -gritó Luis.

Mientras lo decía me las amasaba ante la atenta mirada de la otra pareja. El calentón era máximo, tenía los pezones como puntas de lanza. Luis me levantó de mi asiento y comenzó a frotarme el culo con su paquete sin dejar de sobar mis tetazas. Con toda aquella excitación, no noté como echándose hacia delante me desabrochó el pantalón con una sola mano. Paró un instante de sobarme y me lo bajó junto con mis bragas y ¡¡¡empezó a chuparme el culo!!!

Nunca me lo habían hecho, pero si llego a saber lo placentero que es, se lo hubiera pedido a Sergio mucho antes.

El muy cabrón empezó a meterme la lengua en el culo mientras yo me retorcía de placer. Era maravilloso, ver como la polla de Carlos entraba a través de la boca de Sofía y se metía en mi culo en forma de lengua.

Sofía, se giró un poco sin dejar de chupar, me sonrió y me guiñó un ojo. Supe que algo se cocía en su mente calenturienta. Dejó de chupar, se incorporó y se subió la mini falda dejando al aire su coñito afeitado, pues no llevaba ropa interior.
Se sentó encima de Carlos y colocó su verga entre sus piernas, quedando por delante de su coñito. Empezó a mojarle la polla con sus húmedos labios ante la mirada atónita de Luis, que había dejado de chuparme el culo al ver levantarse a su novia e intuir lo que iba a hacer.

- ¿Pero qué haces? ¿Te lo vas a follar?
- Lo siento Luis, pero estoy empapada. Después de tanto chupar, a mi coñito le ha entrado el hambre, y quiero notar esta polla dura dentro de mí…
- Yo, Luis... -musitó Carlos.
- Tú nada… Si mi niña quiere follar, ¡te la follas!

Ante la orden de su amigo, Carlos colocó la polla en la entrada de Sofía, al tiempo que esta se levantaba un poco para que entrase mejor. De un golpe, Sofía se dejó caer lentamente sobre la polla de Carlos ante nuestra atenta mirada. Entró entera, suave como un cuchillo entra en la margarina.

- ¡AHHH! ¡Qué gusto! -gimió Sofía.
- Venga, empieza a moverte, para que estos dos vean como me follas… -imploró Carlos.

Sofía se movía de maravilla, Carlos la sujetaba de los cachetes de su gran culo y la ayudaba a cabalgar sobre su polla. Ella apoyó su cabeza en su pecho y mirando hacia nosotros mientras montaba dijo:

- Poneros a follar, que yo también quiero ver como folla mi novio.

Luis me tumbó sobre el sofá, me abrió de piernas y me colocó la polla en el coño y me preguntó:

- ¿Quieres que te folle?
- Sí, por favor…
- Dímelo más alto, que te oigan Carlos y Sofía
- Sí, fóllame, quiero que Luis me folle. ¡Venga, métemela ya!
- Dios, cómo me ponen esas tetas de puta que tienes…
- ¡Siiiiii, fóllame, fóllame como a una puta! -grité.

Me la metió entera de golpe, pude notar como su capullo tocaba en el fondo. Mi coño empezó a chorrear, y me empezaron a temblar las piernas.

- La muy puta, se va a correr antes que yo… ¿Te vas a correr con sólo metértela? De eso nada, te voy a follar bien follada.

Luís se movía con violencia encima de mí, pero no me hacía daño, al contrario, me producía un enorme placer. Sus huevos rebotaban en mi coño. Aquello me estaba encantando, cuando, de pronto, Carlos empezó a correrse mientras Sofía jadeaba como una loca.

- ¡Me corro, me corro…! -anunció Carlos.
- ¡Yo también, córrete conmigo! -suplicó Sofía.

Luis paró un momento de follarme, los dos miramos. Sofía cabalgaba con brutalidad sobre la polla de Carlos. Tenía que estar haciéndose daño. Sofía cerró las piernas en clara señal de que le sobrevenía el orgasmo. Los dos dejaron de respirar por un instante y Sofía empezó a gemir:

- ¡Sí, échamela toda en el coño!
- Tómala, toda tuya. ¡¡¡AHHH!!!

Se estuvieron corriendo durante 15 segundos por lo menos. Cuando Sofía recuperó las fuerzas, sacó de su entrepierna la polla de Carlos y se acarició el clítoris con su capullo todavía hinchado. Se deslizó hacia el suelo y se sentó a los pies de Carlos. Abrió sus piernas hacia nosotros y empezó a tocarse.

- Ahora te toca a ti Luis. -dijo mientras se acariciaba el clítoris con la punta de sus dedos.

La leche de Carlos brotaba levemente de su coñito a la vez que se tocaba. Luís volvió a empujar dentro de mí. Intenté disfrutarlo, pero sabía que en el fondo se estaba imaginando con Sofía. En cinco o seis acometidas, Luís se tensó y vertió su semen dentro de mí. Ver como Carlos se corría dentro de su novia le había dejado a punto.

- ¡¡¡Sí, me corro en tu coño Marta, me corro!!!

Yo lo agarré por el culo y provoqué que me la clavara hasta el fondo para notar su leche bien adentro. Pude notar perfectamente como se me llenaba el coño de semen.

- ¡¡¡Sí, lléname el coño con tu leche, cabrón!!!

Estaba muy caliente, pero todavía no me había corrido. Luís se salió de dentro de mí y se fue al suelo a besarse con Sofía. Me había dejado completamente calada, el coño me ardía y necesitaba una manguera que apagara mi fuego interior. La leche de Luís se me escurría hacia el culo, pero necesitaba esa polla otra vez dentro. Iba a quedarme con el mayor calentón de mi vida.

Por suerte, la película porno no había terminado, y empecé a masturbarme con la leche todavía dentro de mí. Tenía las tetas duras, me ardían hasta los pezones. Con mi mano no bastaba.

- Mira ésta, -dijo Carlos.- todavía tiene ganas de marcha.
- Es que la he dejado a medias. -dijo Luis.
- Acaba de follártela. -ordenó Carlos.
- ¡¡¡Sí, hombre!!! ¡¡¡Otra vez!!! -dijo Sofía oponiéndose a esa idea.

Parecía que a Sofía se le había bajado el calentón de golpe. Claro, como ella SÍ se había corrido…

- Las novias mandan… -se excusó Luis.- Fóllatela tú…
- ¿Estás loco? ¿Cómo me voy a follar a la hermana de mi novia?
- Pues creo que de la misma forma que te has follado a la mía. Metiéndosela en el coño.

Se estaban rifando quien me iba a follar. Yo seguía masturbándome, intentando correrme. Necesitaba acabar con aquella agonía.

- Venga, fóllatela. ¿No ves que está a puntito? -dijo Sofía riéndose.
- Fóllatela, que tú te la puedes cascar hasta tres veces seguidas. -dijo Luís.

Yo seguía oyendo la discusión, estaba a puntito de correrme. Me metí 3 dedos hasta el fondo del coño.

- ¿No quieres que te folle? - me preguntó Sofía.
- …

Sólo de pensar en aquella polla taladrándome, se me derretía el coño de gusto. Sofía se levantó del suelo y empezó a meneársela otra vez a Carlos, muy lentamente, sólo para provocarme.

- ¿Seguro que no quieres ésta? Está dura y caliente otra vez… -dijo Sofía.
- Chúpasela otra vez Sofía, ya verás como esta putita se dispara. -dijo Luis.

Sofía le empezó a chupar la punta mientras se la seguía meneando. Carlos no veía ya a la hermana de su novia, veía a una putita de 23 años totalmente desnuda, con unas tetas impresionantes, que suplicaba por una polla que terminase con su agonía.

Carlos se levantó y se dirigió hacia mí.

- ¡¡¡Se la va a meter, se la va a meter!!! -chilló Luis.

Carlos se recostó sobre mí, me colocó su polla tiesa justo a la entrada del coño. Me miró fijamente a los ojos, pero no se atrevía.

- ¡¡¡MÉTEMELA!!! -le grité agarrando su duro culo con mis manos.

No era momento para dudar. De un golpe me la metí y creedme que entró hasta el fondo. Se me nubló la vista, perdí hasta el conocimiento del gusto. Había muerto y estaba en el cielo. Aquella polla majestuosa, larga y dura, se movía en mi coño como los ángeles. En pocos segundos me corrí chillando como una loca:

- ¡¡¡SIII, ME CORRO, ME CORRO!!!

Carlos no se había corrido y seguía empujando como un toro. De pronto, me vino otro orgasmo, y otro, y otro.

- ¡¡¡AHHH, AHHH, MÁS!!! -gritaba mientras me corría.

Con el quinto orgasmo, mi coñito dijo basta.

- Para, para, me duele… -supliqué
- Yo aún no me he corrido… -dijo Carlos totalmente excitado.
- ¿Y que quieres que haga? -pregunte sonriendo, pues ya conocía la respuesta.
- Chúpamela, quiero correrme en tu boca. -ordenó.

No lo dudé ni un momento. Con Carlos allí sentado en el sofá, agarré su maravillosa polla, que segundos antes me había brindado cinco orgasmos seguidos y, poniéndome de rodillas en el suelo, me la metí en la boca. Primero chupé con fuerza su gigantesco capullo para luego comenzar a introducirme su miembro muy despacito, hasta que no pude más. Comencé a chupársela despacito, poco a poco, para que disfrutara del momento. Arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo… Carlos empezó a temblar.

Noté en mi mano como el semen subía por dentro de su polla y supe que había llegado el momento de recibir todo su semen en mi boca, así que no dejé de chupársela mientras se corría.

Allí, delante de su mejor amigo y de la novia de éste, dejé que Carlos me llenara la boca con su rica leche. Cuando terminó de correrse le miré a los ojos, sabía que quería algo más. Abrí la boca y jugueteé con mi lengua y aquel delicioso néctar. Carlos sonrió. Yo cerré la boca y me lo tragué todo, en agradecimiento por su polvo, fue sensacional.

Las dosis de Iraina – I

Este relato ya se subió hace tiempo pero, supongo que durante el cambio de look del blog, ha desaparecido. Lo vuelvo a subir, para que pueda leerse ;)

-I-


¿Que por qué me ponía Iraina? No lo podría aclarar. Es decir, sí, me ponía su cara; Sus ojos, ojazos, sus labios tan, tan carnosos, la tersura y el color de su piel, pero es que... ¿cuántas mujeres valdrían más que ella en aquel aspecto? Quizás millones. E Iraina, sin tener un cuerpazo, ni tetas de escándalo, ni piernas esculturales, me ponía más que todas ellas... juntas.

¿Qué tienes, Ira?



El secreto estaba, o al menos así lo creo, en su “simple” forma de ser. Nacida y crecida en Bilbao, su forma de hacer las cosas, y también de entenderlas, lo convertía todo en sencillo. En agradable. Y en excitante.

La conocí en New York, donde ambos dos vivíamos en aquel entonces. Se había introducido en nuestro grupo de amigos a base de liarse con uno de ellos en un romance que, de primeras, nos chocó un poco a todos. Un poco gordita (un poco), con dificultades para el inglés, y sin aficiones ni gustos resaltables, se había llevado al “triunfador” de la plantilla, Andrew, a quien todas nuestras amigas vacilaban por promiscuo, y también al que todas, llámalo cinismo, se habían tirado en más de un encuentro. Guapo galán, adinerado ejecutivo, joven y seductor, y... ¿te quedas con la chica vasca? Es decir, era maja, muy maja, y bastó conocerla para saber que, pasase lo que pasase en aquella relación, había pasado a formar parte de nuestro grupo de amigos; no hubiera sido extraño que se hubiese liado con cualquiera del resto de nosotros, pero es que... ¿Andrew? ¿Andrew el aventurero? ¿El “espíritu libre” Andrew? No sé, no encajaban.

Los rumores, por supuesto, se dispararon al instante: Que si fingían para darle celos a alguien, que si Iraina había quedado embarazada en una noche de borrachera y habían escogido esa opción, cienmil chorradas del estilo... La posibilidad de que Ira volviera loco al chaval no apareció nunca como una ellas.



Mi punto de vista cambiaría completamente cuando un día llegué a casa, cansado del trabajo, y me abandoné en el sofá completamente decidido a entregarme a un viejo ritual que hacía tiempo que no me permitía, y que prometía relajarme a base de suministrarme un pequeño placer. Desabroché la cremallera de mi pantalón, que bajé lo justo para que no me molestase, y dispuse mi mano sobre mi pene para lo que mi ex llamaba “darse un homenaje”. ¿Y por qué no?

No tardó en erguirse; pero antes de deleitarme había de decidir quién iba a complacerme. Qué chica, qué belleza estaba por entregarse a mi mente. "Podía ser Susie, mi compañera de trabajo. Nah, demasiado usada, lo siento Susie, fue bonito mientras duró, pero tu piel ya no se siente tan dulce. ¿Quizás Carla, el bombón de clase de mis tiempos de universidad?" Nada, el recurso también estaba gastado, quizás desde aún antes. Y no sé, no era excitante.
Comencé a probar a mis amigas. Aquello fue más divertido, siempre tiene su gracia imaginar a una chica con la que tienes cierta intimidad gimiendo y entregándose al contacto de tu polla, pero aun así no me daban lo suficiente. Una por una, todas fueron fracasando. Si me pudiesen dejar en el pene una marca de su pintalabios creo que tendría una colección de arte moderno envidiable pero, para mi desgracia, de morbo, ni rastro.

Y entonces se me ocurrió Ira. ¿Por qué no? Podía al menos probarla... Ya me estaba quedando sin alternativas, y ella contaba con al menos una cosa: Era la nueva; y era simpática, no sé...

Iraina me miró, sonriente, juguetona. Arrodillada entre mis piernas, recorría sus labios con su lengua mientras no dejaba de mirarme con lascivia. Bajo su cara, un enorme y sexy escote me deleitaba. Me vio mirándolo, sonrió, y se quitó la camiseta...

(...y de momento ya me había durado más que ninguna de las otras...)

...y allí salieron sus tetas, preciosas. Ella, por su parte, no dejaba de sonreírme en su lascivia. Casi parecía que se estaba metiendo conmigo, jugando con mi forma de admirarla, y era extraño, porque jamás había imaginado a ninguna de mis fantasías en una disposición similar. Aquello me calentó. Ira, creo que hay algo en ti. Algo excitante. Y una alegría muy tonta me entró en el cuerpo, ¿podía ser el morbo segregándose en mi venas? Sí, ¡joder, me apeteces, Iraina!

Dejé temporalmente tranquila mi polla para buscar en mi portátil alguna foto en las que saliera la chica que, inconsciente, estaba a punto de entregarme su tacto. Me costó encontrar alguna en la que estuviera sin el estúpido Andrew, pero encontré un par de ellas, que coloqué en la pantalla tan grandes como me fue posible.

En una salía riendo, en pose caricaturizada hacia la cámara, y en la otra sus labios ponían “morritos”, resaltando su naturaleza carnosa y volviendo a Iraina bastante guapa. "Qué maja."

Decididas las fotos, me fui a la bañera y encendí el grifo del agua caliente, sumando algunos aceites para que quedasen diluidos, e incluso encendí un poco de incienso, dejándome llevar por la intuición. También aquello fue raro, porque nunca había montado algo así para masturbarme, pero yo qué sé; Como ha quedado escrito, estaba cansado, y necesitaba relajarme con un regalo que, por desgracia, ninguna mujer me iba a obsequiar.

Me metí en la bañera, y el calor reconfortante me inundó en un agradable abandono a la tranquilidad. Encontré que, sin que yo se lo pidiera, mis manos habían buscado entre mis piernas, enamorándose de aquel que aún me llamaba sin doblegarse, tan ansioso como yo por conocer a mi nueva amiga. La fantasía merecía ahora comenzar de nuevo...


Me estaba duchando, cuando alguien abrió la puerta del baño. Era Iraina. ¡Perdón! gritó de inmediato cerrando la puerta. Como si me hubieras molestado, Ira.

Volvió a abrir.

-Lo siento, lo siento muchíiiisimo, pero voy con mucha prisa y necesito ducharme! Estoy con los ojos cerrados -era cierto, se los estaba tapando con una mano -no miro nada, dime donde puedo alcanzarte una toalla y déjame la ducha a mí, por favor!

Reí



-jaja, pues me doy cuenta de que no tengo ni una mísera toalla a mano en el baño, y aún ni siquiera me enjabonado el pelo, así que me temo que tu plan es un poco insostenible. Pero en la ducha cabemos los dos, Ira, no seas tonta y ven aquí...


(En efecto, fantasear es algo tan, taaan fácil...)




Ella abrió los ojos. En mi ducha no había mamparas, y se encontró con mi cuerpo desnudo, sin nada que nos interpusiera. Pude ver cómo lo miraba de arriba a abajo haciéndose la distraída. Más abajo que arriba, desde luego.

-Pues joe, si no te importa... lo siento, pero es que llego tarde!
-Estaré encantado de que lo hagas, Ira... -respondí tratando de poner una voz cómoda y atractiva, estilo caballero.

PhotobucketSe desnudó corriendo, como si de verdad tuviera prisa. Su cuerpo, tan impresionante como mi imaginación podía permitirse, quedó enseguida libre ante mis ojos. El vapor que inundaba el baño le daba un toque húmedo que le quedaba perfecto, y ella estaba flamante, preciosa. Incluso mi pene se irguió entonces para no perdérsela.

-Jaja, vaya con el nene- dijo riendo ante mi erección y vacilándome -a ver si ahora no vamos a caber los dos en la ducha...!
-Jaja, lo siento, Ira, parece que me excitas un poquito
-¿Sí no? Ya lo veo ya, pero me meto igual, que llevo prisa, no te importa no?

Y sí, se metió, desnuda, junto a mí. Por mi parte, no pude evitar centrar de inmediato mi vista en sus preciosas tetas. Soy un hombre, yo que sé, no puedo escoger mis prioridades, ni tengo por qué hacerlo en los momentos a solas conmigo. Y ahora, a diez centímetros de mí, podía oler a esa mujer. Y admirarla. Y morirme en la visión de esos pezones que nada evitaría que lamiera en unos segundos. Y excitarme como si nunca hubiera probado a una mujer en mi vida.

-Nene, ya que te veo lanzado, ¿me harías un favor? ¿te importa enjabonarme? Es que necesito ganar tiempo, y tendría que estar saliendo ya...


Mi imaginación no es de lo más sorprendente. Ni me importa.

-Claro. Te enjabonaré, Ira -respondí galantemente.

Y así, ella me dio la espalda mientras la ducha seguía humedeciéndole pelo y piel. Comencé por sus hombros, poco a poco, su culo, sus piernas... De alguna manera, imaginaba que lo hacía despacio, conociéndola, experimentando su tacto en mis manos, pero en mi mente todo pasaba muy rápido, demasiado concentrado en la idea de llegar al final. Aun así, el calor de esa chica inundó mis dedos. Después de enjabonar su vientre, por fin, me atreví a subir hasta sus senos, los senos que llevaba “tanto” tiempo esperando; despacio, con delicadeza, deleitándome en su tacto... alcancé sus pezones, suaves, mojados, excitantes... envolví sus preciosas tetas... para comenzar a masajearlas...

-Joder, pero...-exclamó con cierto tono de reparo -me estás tocando las tetas?
-Hombre... te las enjabono, no? -respondí con una voz más masculina que la que saldría nunca de mi boca en el mundo real
-Sí ya, un poco listo tú eh? Me estás sobando las tetas! -mantenía el tono de reparo, pero se empezaba a notar un fondo de “te vacilo hombre, tócamelas joder”
-Sólo un poquito, Iraina...
-Jaja, claro hombre, idiota...! -se acabó rindiendo y sonriendo. Estaba sobando sus pechos, y aun así me hacía sentir inocente!

Photobucket

Se volvió hacia mí.

-Anda, pero solo un poquito eh? Que llevo mucha prisa...

Gracias al cielo. Eran suaves, sexys, enormes. Eran unas tetas geniales. Acerqué mi boca hasta ellas para proceder a lamerlas..

-Oh, nene -gimió -sí, gracias por pedirme permiso para lamerme las tetas. Podía haberme importado -la mofa inundaba el tono de su voz mientras mi lengua lamía por vez primera la piel de Iraina, los pechos de Ira, sus voluminosas y calientes tetazas, que sabían a dulce, sabían a sed y agua, a cielo después de tierra. Sabían a placer.

-Oh dios, nene, creo me está gustando... -susurró ella con un ligero gemido
-Soy muy exigente cuando enjabono a alguien, Ira... -vacilé yo, cómo no, con voz sexy y atractiva



-Nene... -me susurró -no sabía que las lenguas limpiasen...

Sus pezones, empapados, se tersaron entre mis labios, y yo llevé una de sus manos hasta la parte de mi cuerpo que más la reclamaba... Sin importarle, sus dedos encontraron mi polla, la rodearon...

-Aunque, claro... -me miraba riendo -tenía que haber caído, si no lo hicieran, gastarías demasiado jabón para limpiar ese... ese...

Su mano agarró mi polla y comenzó a moverla, mientras ella se agachaba hasta quedar arrodillada ante él, quedando sus labios más cerca de mi placer que de cualquier otra cosa en el universo, y de su boca salió una mueca de sonrisa. Me miró.

-Tendré que ayudarte, no?

Photobucket

Y así llegó el momento en el que mi mente decidía no hacerlo más largo y sus labios, húmedos, calientes, rodeaban mi glande para dejar que mi polla deslizase a continuación por su lengua y dándome a probar a la más espectacular de las Irainas. La Iraina desnuda, la Iraina mojada inundando mi cuerpo de ardor con sus labios y dedicándome una felación increíble. Me la estaba chupando...

Y fue entonces cuando lo sentí. Cuando sentí por primera vez el tremendo poder morboso de la boca de Iraina. Al imaginar sus labios en mi polla, me inundó un sentimiento de excitación, de bienestar, mientras sentía un pequeño “picor” en el glande calentándome y volviéndome loco. Era una sensación que había tenido de adolescente, cuando había comenzado a masturbarme, y que había olvidado mucho, muchísimo tiempo atrás. Dios mío, ¡Iraina!

El agua nos empapaba e Iraina, desnuda y arrodillada, recorría con sus labios mi pene y lo sorbía y lamía como si lo necesitase. Agua y saliva se fundían en su boca mientras mi corazón se aceleraba, mi mente desaparecía y mi cuerpo se abandonaba a la increíble experiencia vasca. Comenzó a frotarse las tetas con las manos, gimiendo. Su lengua me recorría, arriba y abajo, lamiendo mi miembro entero, mientras su mirada atacaba a la mía y me desarmaba. Aún parecía estar vacilándome. Llamándome “nene”, metiéndose conmigo. Mas de su boca no salían palabras de mofa. Su boca se centraba en saborear mi placer con ansia, con deleite. Le encantaba, le ponía, lo disfrutaba. “Mmmm...” me soltó deshaciéndose de mi pene para morderse un labio, recorrer mi polla con la lengua y regresar a su escandalosa mamada.

Mi orgasmo dio pronto muestras de acercarse. Ella lo notó y comenzó a besar con más y más ansia. Su mirada ya no me criticaba, sus ojos estaban cerrados, en cara de concentración, de disfrute. Llevó una de sus manos a su vagina mientras su boca aceleraba el movimiento, y sus tetas respondieron bailando y matándome de excitación mientras el agua seguía lloviendo sobre nuestros cuerpos.
No pude evitar correrme en su boca mientras ella seguía comiéndome la polla...

...y me maldije a continuación mientras el esperma saltaba sobre mi vientre. Me maldije por no haberlo hecho más largo. Desearía haber bebido más de esos pechos, me gustaría haber besado sus labios, joder, habérmela follado y oírla gritar de placer mientras se olvidaba de sus “prisas”. Pero estaba hecho. Y lo cierto es que había quedado satisfecho. Y relajado. Pronto descubriría que la definición exacta de mi estado era aún más potente.

Estaba... drogado. Drogado de Iraina.

El Juego – Labios




"Ploc, plic, pluc". El sonido de un dado al rodar. Toda mi expectación concentrada en sus rebotes. Cruza los dedos. Un dos. "Fantasía, Gabri", me dice ella, leyendo lo que marca la casilla en la que a mi ficha le toca colocarse. "Has de contar una fantasía que hayas tenido con alguno de los otros jugadores". En esta ocasión, la elección es imposible: Tan sólo jugamos yo y ella; Labios. Tampoco puedo optar por la artimaña o discreción: El alcohol embauca mis venas, y me muero de ganas por escuchar en voz las morbosas imágenes que a su libre albedrío se pasean por mi mente.


-Cualquiera que te incluya chupándomela, Labios -le confieso, agradecido por la ocasión al juego -No me importa si estamos solos o entre gente, en la ducha, la cama, el sofá, o el trabajo. Ni siquiera te necesito desnuda. Tan solo deseo verte arrodillada, adherida a mi falo, dios, ya sabes, mamando desesperada, bebiendo saliva, y haciéndolo muy despacito, largo...
-Toma ya, vaya -responde ella, en un tono desenfadado, aún más tocada por la bebida que yo -No nos curramos demasiado las fantasías ¿eh?
-Mónica, quizás sea el momento de confesarte por qué te llamamos Labios...
-Ah... -remolonea -¿no es porque siempre los lleve pintados en colores extraños?
-Uff, no, Mónica, me temo que no...

Ella sonríe. Yo hablo. "Es por tus amantes, Labios" sentencio. "Tan sólo hablan de tus mamadas. De tu lengua. De esos labios, como si no existiese otra cosa que gozar cuando se meten en tu cama. No hablan de tus pechos, ni de tu culo, ni siquiera de tu gemir o tus caras ocultas, como es habitual al hablar de las mujeres y sus orgasmos. Sólo del momento en que por fin te arrodillas entre sus piernas para ofrecerles tu besar. Con lo terriblemente buena que estás, Mónica, y ellos siempre exaltan lo mismo, las jodidas mamadas de Labios; ni te imaginas el morbo que adquiere a cada historia la idea, ya de por sí asesina, de imaginarte chupándonosla. Sumado a lo simpática y cariñosa que eres... joder, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que Mónica y su boca es lo único en lo que piensan los amigos que se van a casa solos cada sábado."

No deja de sonreírme.

-Ya lo imaginaba -confiesa con travesura -Es genial para las citas, no me lo arruines, yo seguiré haciéndome la tonta, y tú simularás que no me lo has contado.

Me enamora. Me perturba. Y le toca tirar los dados...



Aquella noche, en principio, no iba a quedar con ella. Tenía una cita con una compañera de trabajo, y nuestros planes iban por caminos desgraciadamente separados. Como me suele pasar, para cuando dieron las dos de la mañana la cita había hecho aguas: Andábamos de bar en bar, de calle en calle, desentendidos y sin esperanzas; era difícil, no congeniábamos. La monotonía se rompió cuando una voz histérica de hombre estalló en la calle en la que nos encontrábamos para dejarnos a todos callados.

-¡¡¡Puta!!! ¡¡¡Te mato!!! ¡¡¡Yo te mato!!! -exclamaba con fervor, gritando.

El tío corría poseído, calle arriba, terriblemente cabreado. Me giré para buscar de forma instintiva lo que quiera que esperara en el otro lado.

Increíble, no podía ser. Era ella. Era Labios.

No lo dudé, y me interpuse en el camino entre ambos.

-¡¡Guarra!! ¡¡¡Voy a matarte, puta!!! -vociferaba el capullo, descontrolado.

No podía creer que yo fuese el único con intención de pararlo. Trató de esquivarme. Lo paré. Era mucho más fuerte que yo; pero también estaba muchísimo más borracho. Me miró poseído en rabia, frustrado. Quizás me hubiese acojonado de no haber sabido que también Labios me estaba mirando desde el otro lado. Su puño se disparó, con intención de golpearme; Bruto y torpe, fue muy fácil esquivarlo. Mi contragolpe, parece ser que no tanto. Conseguí impactar en su cara. Su nariz crujió, y mi adversario se tambaleó no sé si por la ostia o por borracho. No importaba. Repetí. No es que sea un hombre de gimnasio, pero algunas clases prácticas de lucha me han enseñado a dar como se deben dar los puñetazos. Conseguí llevarlo hasta la pared, a ostias. Repetí el golpeo, esta vez no en la cara, sería pasarme: Él estaba derrotado, y yo tan solo debía terminar de intimidarlo.

-Como vuelvas a acercarte a mi amiga, será lo último que hagas, ¡¿me oyes?!

Trató de lanzarme una vista desafiante, pero ya nada lo salvaría de haber sido humillado. Su nariz sangraba; sus ojos se perdían; apenas podía pantenerse en pie.

-¡¡¿Me oyes he dicho?!!

El tío cayó sobre sus rodillas, la policía debía estar al llegar, era el momento de alejarme.

-Tu amiga es una putita... -vaciló mientras me marchaba -¿A ti también te ha comido la polla, no? Admito que eso lo hace de puta madre... es una pena que se lo haga a todo el mundo... la muy zorra... -rió el imbécil.

Yo me volví. Le odié. Era mi amiga a quien insultaba. Le odié demasiado. Era Labios. Aún arrodillado, le metí la patada más fuerte que supe entre la nariz y los labios, dejándolo tumbado. A su alrededor, nadie dijo nada. Y me fui. Mónica estaba paralizada, contemplándolo.

-Ey, Labios, un subnormal más, ya está, ha pasado, vámonos de aquí
-E.. joder, ..es el tío con el que me acosté el sábado pasado... -susurró ella, incrédula.
-Déjalo ya, no seas boba, no creo que vuelva a molestarte; seguro que no lo hubiera hecho de no haber estado tan borracho. Oye, ¿y la pandilla?
-La noche ha salido un poco rara -me dijo aún seria, mirándome -nos marchábamos a nuestra casa, ya sabes, cansados.
-Ya... pues no creo que ahora debas irte a casa. Anda, vamos a tomar algo.

Me despedí de mi cita para salir de fiesta con Mónica. Jamás habíamos salido solos, ella y yo, y nos divertimos. Nos emborrachamos. Bailamos, dejando el incidente olvidado. De una forma que no hubiéramos podido esperar, conectamos. Cerramos todos los bares, y acabamos en su portal.

-¿Subes a por la última? -propuso ella al sacar sus llaves
-Desde luego, ¡me parece fatal que los bares ya hayan cerrado! -me hice yo el tonto, sintiéndome demasiado afortunado.

Aquello era inesperado y perfecto, un sueño. Una fantasía. Éramos amigos, pero no tanto como para subir a su casa sin intención de acostarnos. Quizás, sin esperarlo, podría volver esa noche a mi piso acompañado por el recuerdo de una felación de la morbosa Labios. Tal vez incluso algo más, pero qué más daba: Yo, por favor, sólo quería una de esas tórridas mamadas con que se decía que fundía la sensibilidad de sus enamorados.

-¿Oye, igual te apetece jugar a un juego? -insinuó ella, demasiado cerca para conversar, tras servirme una copa de martini blanco.
-Uf, Moni, no sé yo si estoy para juegos ahora... -estoy para desnudarte, para follarte, para admirarte comiéndome la polla...

Sus ojos, atrevidos, buscaron los míos con la intención de atraparlos.

-Sí, ya lo creo que te apetece... -me vaciló resuelta, excitante.

En su salón, me mostró en su caja el juego del que hablaba. "Übersinnlicher", titulaba su portada, discreta, en tapa roja y con el dibujo de la silueta de una pareja besándose.

-¿De qué va? -pregunté yo, resignado, demasiado borracho para aprender a jugar a nada.
-De pasárselo bien -respondió ella, guiñándome un ojo -te gustará, ya verás, no seas tonto...

Desplegó su tablero. La discreción terminaba en el envoltorio. El juego estaba repleto de imágenes eróticas, colores espectaculares, describiendo un camino circular en forma de espiral hacia un centro donde se podía encontrar la sensual imagen de una pareja acostándose. Era increíblemente bello para ser un juego tan poco conocido. En su caja había relojes de arena de distintos tamaños, aceites, estimulantes, lubricantes, de todo. Increíble...

-Las reglas son muy fáciles -pude escuchar entre el ensoñamiento decir a la voz de Labios -el juego nos irá dando órdenes... ya imaginarás, órdenes sexys... calentándonos, con retos cada vez más excitantes a medida que vayamos avanzando. Si uno de los dos alcanza el orgasmo antes de llegar al final, pierde. Y si pierde, el otro jugador dispone de él durante una hora como su esclavo -rió, consciente de su ventaja -si los dos llegan al final, la ruleta decidirá el tipo de sexo que se practican, un sesentaynueve, un coito o, sólo si los concursantes quieren, sexo anal, hasta que ambos dos lleguen al orgasmo... Con postura aleatoria si no hay acuerdo entre ambos.

Es decir, que el juego te garantizaba el orgasmo. "Pero no te garantiza que Labios termine succionando", reparé, terriblemente ingrato.

-Las fichas son bombones -siguió ella -a veces te puede tocar tener que comértelas, y si eso pasa, ¡pierdes!


Era increíble, estaba excitado, muy excitado. -Entonces... -susurró, cerca de mí, consciente de que estaba embriagado -...¿jugamos?

La miré, alienado. ¿Te das cuenta que estamos hablando de sexo, Labios? ¿De que estamos a punto de practicarlo? Un sexo sin fronteras, desinhibido, desenfadado... Socorro, no puede estar pasando...

-Desde luego que jugamos.


Ahora es su turno. Vuelve a rodar el dado. Otro dos, como el mío, esta vez le toca a ella fantasear, conmigo como infiltrado.

"Mmm... confieso que no lo había pensado..." dice, sólo tal vez sincera, mientras mira al cielo, pensando. "Supongo que tendrías que ser mi caballero azul, como antes... Sí... Un poco violento, quizás... Sí, eso está bien..."

Distraída, indaga entre sus pensamientos, buscando entre sus estímulos cuál podría dar en el clavo.

"Si me exigieses algo... yo qué sé, un poco de necesidad, de deseo, así, seguro, como antes has estado... sí, podrías calentarme mucho, Gabri. Sí, ya lo creo que podrías" concluye sonriéndome. "Aunque me parece que me pone más el juego".


Nada evita que haga mis cavilaciones. Sólo puedo alcanzar la mamada anhelada de tres maneras: Llegando hasta el final y cayendo en el sesentaynueve, lo que significaría recibirla sin poder disfrutarlo del todo...; caer en una casilla que me de el derecho a su boca y forzar el orgasmo, aún perdiendo, opción que no me gusta no por convertirme en su esclavo durante una hora, sino por obligarme a terminar rápido...; o hacer que ella pierda. En ese caso, exclusivamente en ese caso, dios mío, podría disfrutar de una larga hora de Mónica chupándomela, sensual, despacio. No tiene pinta de ser muy fácil, o tal vez sí, se denota en sus maneras que su sangre era caliente, quizás no sea tan complicado conducirla a un orgasmo anticipado. En fin, ¿tengo elección acaso?

Mi turno. "Masaje en el pelo, 1 min." De acuerdo, poco a poco. Uno de los relojes de arena marca el minuto necesario. Ella me da la espalda, yo coloco el reloj boca abajo, y procedo a masajearla. No es que me apasione, pero tengo que hacerlo bien. Cada estímulo es un paso más hacia la meta deseada. Acaricio su pelo, castaño, liso. Se deja hacer. "Lo haces muy bien, Gabriel". Pero el tiempo se escapa hasta agotarse, y tengo que dejarlo.

Le toca a ella. "Beso en la mejilla, rápido". Me lo da, y aprecio el contacto. "Deberías disfrutar de cada gesto", comprendo; pero no lo hago. Deseo hasta la alienación verla manejando sus labios, estoy caliente, y soy incapaz de apreciar cualquier cosa que no incluya a Mónica sobre sus rodillas, chupando. Me siento conscientemente desgraciado. Sigo jugando.

Caigo en una casilla bonus. Genial. Tengo que hacer girar una ruleta para ver qué he ganado. El premio se llama "muñeca", y obliga a mi compañera a quedarse quieta mientras yo beso, tan húmedamente como quiera, cualquier parte de su cuerpo, a condición de que ya esté descubierta. Una pena que ella siga vestida, y además bien tapada, con camiseta y vaqueros. He de tirar al azar el tiempo que puedo hacerlo, va desde diez segundos hasta la media hora, poniendo mayor dificultad para conseguir un tiempo alto. Desgraciado de mí, me quedo en medio minuto. Ella, sonriendo, incapaz de estar quieta estando tan borracha, se hace la muñeca. Debería besar su cuello, pienso: tratar de excitarle, dar un pequeño pasito hacia su orgasmo... mas jamás he besado la boca de Mónica, sus labios, los labios de una amiga, los labios de Labios, y los deseo con todo mi ser; Demasiado. No dejo que el tiempo se pierda en vano. Dirijo mi boca hacia la suya, y beso, y lamo. Son unos labios tiernos, dulces, empapados en martini, suaves y carnosos. Dios, sí, son los labios de Mónica... Y los estoy besando. Le como la boca a conciencia, sin cortarme, ¿por qué habría de hacerlo, si el juego me deja y estoy borracho?, y beso a deleite hasta dejar sus labios empapados. El tiempo se agota. Ella se ríe y lleva su mano hasta su cara para limpiárselos.

-Jaja, joder, Gabri, ¡qué asco!

Una puta mierda, Mónica. Ha sido fantástico. Y te toca.


El juego le concede quitarme una prenda, mas un bonus por caer con un cuatro. Como bonus, se le permite embadurnarme en crema erótica la parte que me ha desnudado. Escoge mi camisa. Sin remedio, ni quererlo, obedezco. "Debería ir más al gimnasio", pienso al contemplar la desnudez de un torso mundano. A ella no parece importarle, le divierte la idea de untarme en la crema, que además es comestible. Las reglas nos conducen a un terreno inexplorado.

Se acerca a mí. Me estremezco al recordar que no hace nada se me permitía saborear a conciencia su tacto. Extiende algo de crema en sus dedos, y los lleva hasta mi piel, acariciándome. Me cubre, tranquila, despacio. Siento sus manos. Adoro sus manos. Adoro que Labios me toque con sus manos de mujer. La deja bien extendida por el tórax, los abdominales y la espalda, dejándome con un aspecto aceitoso, que rezo por que le parezca excitante. Es incómodo, pero me agrada. Me siento desinhibido, como una pieza más en ese juego sin cobardes. Me imagino con su suerte, desnudándola, y untándola en crema comestible, y me mareo de solo pensarlo. Socorro.

Por favor, azar, te ruego que utilices de mi parte esta mano.

Tiro el dado. Caigo en una casilla rosa, que indica infortunio, si bien no es tan castigadora como la negra, que te arriesga a comerte el bombón y caer derrotado. Me toca leer una de las entradas del principio del juego, durante el doble del tiempo indicado. "Masaje en el cuello". Mierda, otra vez un masaje no...
Para mi desgracia, soy un mero discípulo de la suerte, y lo acato. Sé que quedo un paso más lejos de un orgasmo anticipado en Labios. Un paso más lejos de su mamada. Me compadezco de mi fortuna, y me coloco en su espalda para masajearla.

Diez minutos. Está encantada, consciente de que me está ganando, competitiva, aunque se trate de un juego en el que se supone que todos terminan disfrutando. Su piel es suave, cariñosa. La adoro. Adoro tocarla. Me frustra no estar dando cualquier otro paso.


Le toca de nuevo a ella, y sigue avanzando. Termina en espectáculo. "Baila para un jugador al azar, distancia máxima de cincuenta centímetros. Si aún llevas más ropa que la interior, eso se tiene que terminar... Prohibido el tacto. 5 min." Mágico. Se levanta, sensual, inalterada. Domina el juego. Lo conoce. También lo acata sin reproches. Se acerca a mí. Enciende el equipo de música, con la ayuda de un mando, y... borracha como jamás la había visto, simula bailar, despacio.

Cinco minutos para mí, para disfrutar. El juego es sabio, utiliza tu tiempo, lo distorsiona, dándotelo a conocer, y cinco minutos se pueden llegar a hacer muy, muy largos. Ella se quita la camiseta sin dudarlo. Sus senos, en un excitante sujetador ajustado, se muestran increíbles a centímetros de mí, jugando en el baile de Labios. Maldigo de nuevo al diablo con forma de tablero que no me deja tocarlos.

El tiempo se le acaba, y aún lleva puestos los vaqueros. Se da cuenta, pero no se altera. "Si no se los quita a tiempo, habré ganado", pienso para mis adentros. No me hago ilusiones, lo dominas demasiado bien, Labios. Sus vaqueros se rinden a sus piernas antes de que la arena caiga, y Mónica comienza a bailar de espaldas. No lleva medias, tan sólo un pequeño y sexy tanga ajustado, que la muestra erótica y desnuda burlándose del espectador que aún no la ha desnudado. Se agacha frente a mí. Su culo, redondeado, queda en pompa frente a mi cara. No puedes ser más sensual, Mónica. Sé que no conseguiré ganarte, lo tienes demasiado controlado. Y el tiempo se agota. Me toca.

"Plic, cloc...". Un cinco. "Unta con tus manos cualquier parte descubierta del jugador que elijas en algo que puedas comer. Después, tan sólo con la boca, con las manos a la espalda, debes limpiarla. 5 min.". Dios...

-No distribuyas mucho. Te recuerdo que si no lo limpias todo, pierdes... -me insinúa mi oponente, desafiándome.
-¿Qué tengo para untártelo?
-Lo que quieras... Chocolate, miel, azúcar, cremas, mermeladas, nata... -me seduce con una sonrisa entre los labios.

Joder, Labios. Escogemos un dulce que untar en tu piel, para después lamerte... y lo hacemos sin mostrar reparos. No sé qué ángel me ha sonreído, pero no creo que pueda existir un mejor regalo.

Me decanto por un aceite de licor fuerte. Adoro sentir el sabor del alcohol cuando estoy borracho. "Mónica, túmbate de espaldas", le pido. Estoy a punto de volver a equivocarme, y soy consciente: Existirían muchos modos de emplear mi propia suerte en la de Labios, para excitarla en lugar de recrearme; La zona interior de los muslos, la espalda, el cuello... Sí, debería optar por lo erógeno si la quiero llevar al orgasmo. Sin embargo, hago lo que puedo, y ella acaba de poner en pompa frente a mi cara sus adorables nalgas de veinteañera, encandiladoras, dulces, sensuales. Entonces el tacto era prohibido. Ahora, obligado.

Giro el reloj. El transcurrir del tiempo no existe para agobiar, existe para disfrutarlo, nos repite una y otra vez su arena, fluyendo. Mis manos, cubiertas en aceite, alcanzan y se dedican a pintar el culito de Labios, tocándolo, deseándolo, acariciándolo. Conociéndolo. Cada vez tengo menos prisa por nada. Es una lástima que toda mi vocación sea que me la acabes chupando, impidiéndome terminar de saborear todo esto, porque el gozar alcanzaría su frontera y la dejaría hecha pedazos...

-Gabri... -me despierta ella de mi aletargo -el tiempo...

Mierda, pues al final me había descuidado. No quedaba tanta arena, el culo estaba recubierto de aceite, embadurnado en licor, y ahora había yo de limpiarlo. Las tersas nalgas de Labios me esperaban, increíbles. Mi boca se abalanzó sobre ellas sin demorarlo. No podía permitirme perder. Y menos tan rápido.

La ternura me envuelve cuando su culo queda atrapado entre mis labios. Lo beso con ansia, desaforado, lo saboreo, lo lamo. Apenas tengo tiempo para disfrutarlo. No sé de limpieza, pero si tiene algo que ver con mi saliva, consigo limpiarlo. Por los pelos, evito caer derrotado. Y llega el turno de mi adversario.

Un seis. Es afortunada con los dados, su bombón-ficha se mueve a toda bala, adentrándose en la zona más caliente del tablero, con retos que de verdad merezcan ser desafiados.

"Escoge a un jugador al azar. Besa y experimenta el sabor de sus pezones. Si están aún cubiertos, te puedes conceder desnudarlos. Si el jugador tiene más de dos capas, debe ser humillado... Tiempo aleatorio"

¡Aquello era injusto! ¿Cómo tenía ella que lamer MIS pezones? Sus pechos, calientes, seguían cubiertos por la prenda interior de encaje, y yo me moría por conocerlos, cubrirlos, besarlos. ¿Pero los míos? Caprichoso es el azar. Ella se rió, notando mi pensamiento. Tiró la ruleta de tiempo. "Dos minutos". Se me iban a hacer muy largos.

Mi torso, como es evidente, está completamente desnudo, aún cubierto por aquella crema comestible que me extendiera casi al comenzar a jugar.

Labios, y el calor que conlleva, se acercan a mi pecho. Me mira, juguetona. La siento aún más cerca cuando no llega al tacto. Pero llega, y me besa. Me humedece. Me come, tersando mis pezones. Aquello no estaba nada mal. Aquella escultura, semidesnuda, desprendía su fragancia con su cabeza bajo la mía, besando mi pecho, saboreando la crema. Noto el poder del juego. Está convirtiendo el sexo en algo diferente. En algo extraño. Pero siempre explotando el deseo, cuanto menos el del hombre. Dios mío, era ella quien besaba mi tórax, en lugar de hacerlo yo con el suyo, y me estaba dejando drogado.

Aquel movimiento tenía que haber sido inventado por algo muy parecido al origen del propio sexo... al cual yo en mi vida me había acercado.

Cuando termina, me siento extrañamente satisfecho, relajado. En calma. Mas mi meta no varía, y es mi vez con los dados. Casilla azul: Eso es suerte.

"Escoge a un jugador. Deberá practicarte lo mismo que tú en tu anterior turno hayas practicado. Pierdes una prenda a cambio"

Mmm... susurra Labios, cogiendo un tarro con crema pastelera sin siquiera pensárselo. Debían ser cinco minutos... Como siempre, se dispuso despreocupada. "Túmbate..." me pidió. Me encantaba ver la forma en que se desenvolvía, y lo bien que se lo estaba pasando.

Se subió encima mío, rodeándome con sus piernas, y disponiendo la crema en sus manos.

-Está saliendo una partida realmente guarra... -le vacilo, rompiendo un silencio del que ni siquiera me había percatado.
-Uy, espera... -me responde, terminando de incendiarme...

Y comienza a extender esa crema azucarada en mi piel.

Un poco por el torso, escalando por mi cuello. El cuello entero, untado. Y una pizca en mis labios. Me estás matando, Labios. Ella lleva sus manos a su espalda, acerca hasta mi cuerpo su cara, y lame. Comienza por el pecho. Paciente, pero ágil, experimentando el tacto. Se acerca a mi cuello. Está a punto de besarlo entero, y yo no puedo hacer nada por evitarlo. Va a ser difícil dejar quietas las manos...

Tranquila, se acerca hasta besarlo. Mis piernas tiemblan. El resto de mi cuerpo se queda inmovilizado. Vuelve a besarme, mojando sin vacilar sus labios en la crema que me recubre. Un escalofrío me exalta cuando es su lengua la que empieza a saborear. Joder, Labios... Ella sigue, tranquila, paciente, deleitándose en el manjar, consciente de mi placer. Admiro la presencia de su cuerpo semidesnudo, tan cerca del mío. Casi me cuesta recordar que juego sólo por la mamada, pero lo hago, y me siento morir imaginando el momento de mi dulce y caliente final...

El tiempo se está agotando. Ella termina, y coloca su cara frente a la mía para terminar con el poco resto que ha utilizado para bautizar mis labios. Atrapa mi boca en la suya. La padezco. Se recrea y me besa. Estás haciendo trampas, Mónica, y no tengo formas de demostrarlo. El beso se hace sensual, como ella, como sus andares, sus palabras, sus miradas y gestos. Sensual como lo es su cuerpo entero.

Se despega al tiempo que el reloj agota sus últimos segundos. Me mira a los ojos. Me recuerda lo que estamos haciendo. Me recuerda que es Labios. Mi amiga, mi compañera, que seguro sabe mejor que yo mismo cuánto la he deseado. Se despega poco a poco de mí, dejándome maravillado. Noto su saliva en mis labios. Me siento morir...

Es su turno. En esta ocasión, gracias al cielo, se conforma con un uno. Cae en una casilla de "Cambio". "Esposa a un jugador a elegir, de pies o de manos. A cambio, puedes quitarle una prenda, y besar la zona de su cuerpo que hayas desnudado". Me intranquilizo ante la idea de pasar el resto del tiempo esposado. Tampoco me agrada que tan sólo pueda quitarme los pantalones, dejando para besar posteriormente mis piernas...

...Pobre incauto.

Me mira, picante, consciente de que está a punto de dejar volar una sorpresa. Coge las esposas. Se anticipa a cualquier reacción mía haciéndome un sensual gesto de silencio, que me hace sentir mareado.

Y se esposa sus propios pies.

Una diosa. Es una diosa, y no una amiga, la chica con la que estoy jugando. Ahora sí que me siento perdido.

Una prenda del esposado... dirige sus manos, sueltas, hasta su espalda. Se inclina al hacerlo, provocando que la gravedad potencie la sensualidad de sus pechos. Joder, Mónica... Su sujetador se ahueca, notando que acaba de desabrochar su cierre. Sexy, deja que el que los tirantes del brasier se deslicen por sus brazos, hasta caer la prenda al suelo. Sus pechos, desnudos, quedan expuestos. Son enormes. Adoro que lo sean. Son preciosos. Admiro su volumen, su figura, la sensualidad de sus lineas envolviendo sus pezones. Son tiernos, son jóvenes, son embriagadores. Los quiero. Los deseo. Todo cuanto conforma el hombre que me he ido haciendo me exige dejarme de gilipolleces y abalanzarme sobre ella, sujetarla, inmovilizarla; Lamérselos. Pero no puedo hacerlo, porque sería perder el juego, y así toda esperanza de ver a Mónica mamando.

-Labios, pensar que en mi fantasía no le daba importancia a que, cuando me la chuparas, tuvieras ocultas esas tetas tan calientes... -le insinúo sin poder evitar callarme y acercándome los dados.
-Ey... -me corta -que aún no he terminado...-

"...y besar la zona del cuerpo que hayas desnudado." rezaba su tarjeta. No puede ser cierto. Ella simula una cara inocente mientras sus afortunadas manos envuelven sus senos, apretándolos, y los elevan hacia su cuello. Se desenvuelve bien con el deseo que provoca, haciendo gala de su condición de diosa. Baja la cabeza. Y las alcanza. Consigue congeniar sus pechos con su dulce boca. Labios, acaba ya conmigo. Lo daría TODO por una mamada. Su lengua escapa hacia sus tetas, catándolas, mientras dos profundos ojos estudian atentos mi forma de mirarlas. El juego sería excitante, Mónica, aunque tuvieras que jugar sola. Eres la musa. Eres la estrella. En verdad te deseo con toda mi alma. No podría estar más excitado.

-Ahora sí -me susurra desligándose de sus pechos la preciosa diablesa -te toca...


Sujeto un segundo el dado, percatándome del respeto que le guardo. Miro al cielo mientras lo lanzo. Un seis. Bravo.

"Un jugador al azar queda inmovilizado. Sujetándolo con tu boca, puedes pasear un cubito de hielo por su piel hasta derretirlo. No puede durarte menos de veinte segundos, no existe un máximo, siempre que seas capaz de sujetarlo (¡cuidado! ¡puede quemar en tus labios!). Después, con un máximo de medio minuto, deberéis besaros"

Noto un pequeño escalofrío en el caliente cuerpo desnudo de Mónica. Luego eres humana, al fin y al cabo. Procedo a hacerlo, notando que incluso una pequeña cubitera está dispuesta junto a la mesa de juego. Ella se tumba, quieta, obediente, preciosa. No sé cuánto tarda en derretirse un hielo, y escojo uno de los pequeños. Sé que será suficiente.

Me mira, juguetona, llevando un dedo a su boca para morderlo en un gesto nervioso. "Quieta..." le ordeno mientras dispongo el hielo en mi boca. Está helado, más sé que no nos molestará a ninguno de ambos.

Me dirijo hacia sus labios. Su boca se entreabre en un gesto de espera. Muero de ganas por tirar el hielo a la mierda, bajarme los pantalones y violar esa lengua al tiempo que dejo que mis manos disfruten de sus desmelenadas tetas, pero me controlo, llegando con el cubito hasta su boca.

Nota el roce con sus labios. Hazlo tranquilo, Gabri. Rózala. Oblígale a sentirlo...

No dejo de admirar su desnudez mientras lo hago. Deseo tocarla. Saborearla. Y el juego me dice que no puedo hacerlo...

¿O tal vez sí?

Sin soltar el hielo, me dirijo hasta sus muslos, y dejo que el frío la recorra hasta los pies, esposados. Se los levanto. Separo sus rodillas. La puerta del cielo, desprovista de vigilancia, me permite el paso, y me sumerjo entre sus piernas, adhiriendo mi cuerpo al suyo, rozándola, sintiéndola, disfrutándola, sin olvidar mi prueba y escalando su piel hasta devolver el hielo hasta sus labios. Tarda en derretirse, pero sé que en algún momento lo hará muy rápido. La abrazo. La abrazo con fuerza, sintiendo sus pechos juntarse con mi torso. Siento el calor que desprende su preciosa piel. El cubito alcanza su lengua, con cuidado, obligándole a sentirlo, y se separa. Lo deslizo por su cuello, recorriendo con sensualidad el camino hacia sus tetas. Las alcanzo.

Las tetas de Labios.

Noto su calor sin tocarlas, noto su sabor sin saborearlas, noto el placer de follar con ellas al alcance de mi mano... sin estar follando. También la sensibilidad con que responden al frío, y el suspiro que se le escapa a Mónica cuando alcanzo uno de sus pezones, descuidados. Tiene los ojos cerrados. Y me pones mucho, preciosa, cuando tienes los ojos cerrados.

Busco su otro pezón, escalando por su suave pecho, que noto firme, duro, un jodido manjar resignado a algún dado afortunado. El pezón se excita en el estímulo y, sin poder disimularlo, introduzco el hielo entero en mi boca para permitir a mis labios alcanzar la piel de Labios. Y es dulce. Es cremosa. Es el deleite convertido en sabor. Me está vedado.

-Chssst, no me hagas trampas... -me ruega su voz desde las alturas, devolviéndome a mi mundo.

El hielo regresa al camino trazado por la naturaleza en su cuerpo. Recorro su vientre, su ombligo... y sigo bajando...

-Dios, Gabri... -murmura Mónica al comprender mi destino. Su tanga cubre aún su pubis, y sé que no puedo quitárselo. Pero es un tanga demasiado fino, Labios. Quizás ya lo tuvieras pensado...

El hielo sigue y sigue en aquella cariñosa hasta abajo... Mi cabeza queda entre sus muslos... Ella me mira, con mirada de deseo...

-Hazlo... -susurra, bajito, despacio -por favor... hazlo...

Y el frío alcanza el placer, mientras Mónica expira juntando las piernas. Preciosa... Sumerjo el hielo en su clítoris, descuidado. "Oh!" grita su voz, agradecida. Me creía más previsible, princesa. Tal vez lo fuera. Tal vez no deba interpretar tus gestos, porque sólo estás jugando. -Mmm! -repite, cachonda. El hielo, quizás por su hora, quizás por el calor en la entrepierna de Labios, empieza a desaparecer. Lo llevo hasta sus pechos, con intención de vérselos mojados. "Joder..." exclama ella, excitada por su quemar. No eres tan difícil, Mónica. Quizás con uno más grande hubiera podido llevarte hasta el orgasmo...

Dejo que el hielo se derrita sobre uno de sus pechos, cubriéndolo de agua, empapándolo, y fundo el agua que queda en mi boca en el otro. Ahora me puedo permitir mirarla. Mirar la humedad en sus labios. El camino mojado, que baja hasta su cuerpo, hasta la vagina con que había jugado. Sus tetas, cubiertas tan solo por una fría capa de agua semihelada. Y medio minuto de besarla que no se me había olvidado. Vuelvo hasta su boca, pegándome a su cuerpo frío, notando sus pezones duros, sus piernas abrazándome, y beso sus labios, que noto calientes, aunque estén helados. Esta vez el beso es sincero, perverso, su lengua me inunda con necesidad mientras agarra mi cabeza con sus manos. Es el calor que es capaz de dar un hielo... y es que todo es paradoja en los sueños. No hemos puesto el reloj de arena, pero cuando deja de besarme, soy consciente de que mi tiempo ha acabado.

Una pequeña gota cae desde uno de sus pezones cuando se inclina para tirar el dado. Ella se ha puesto cachonda, yo sólo lo sigo. El juego no nos va a poner las cosas fáciles, voy comprendiendo. El juego es cruel. El juego no quiere que terminemos practicando sexo anal, o follando. No, el juego quiere que uno de los dos termine sintiéndose derrotado..

...y como la temperatura se siga elevando, no dudo que seré el primero en desfallecer.

La fuente del vivo deseo me mira ansiosa mientras tira el dado. La suprasensibilidad baila del uno al seis hasta caer en un tres, y estoy a punto de conocer lo que se siente cuando un ángel cae derrotado.

"Practica sexo oral sobre un oponente al azar..." Sí, sí, dios, no me lo creo, ¡sí! "...y después ponle una prenda. Si tiene más de dos piezas de ropa puestas, cambia una de tus prendas a cambio de dejarlo humillado"

Espera, ¿qué?

Ella me sonríe. Algo anda mal. Sé que me toca ser humillado, porque aún tengo puestos los calzoncillos y los vaqueros. "Humillado", lo había leído antes, pero no había tenido que preocuparme. Ahora iba a vivirlo de primera mano.

-¿Qué.. qué es eso de ser humillado? -pregunto con ansiedad, consciente de que no es Mónica jugando a practicarme sexo oral.
-Ahora lo veremos... -me dice, loca de contenta, excitada, complacida, mientras coje otra de las pequeñas ruletas y comienza a darle vueltas -tu ve desnudándote. Siempre hay que desnudarse cuando te toca ser humillado...

Obedezco, qué remedio, mientras observo una serie de figuras que no termino de comprender en la ruleta, negra, que decide mi futuro, azul oscuro cuanto menos.

-Perrito -me dice cuando al fin el puntero se decide por parar, y me viene una sola cosa a la cabeza. Una sola cosa que consiste en Labios a cuatro patas con el culo empompado y a un servidor follándosela, cabalgándola, sumergiéndome y probando. Pero no creo que se trate de eso...

-Uy, que mono -me dice al ver mi pene, erecto, una vez me he desnudado, golpeándolo con un dedo -lo que me recuerda que tengo que pagar esto con una prenda...

Pícara, accede a un pequeño cierre en su tanga, que le permite desabrocharlo sin necesidad de sacárselo por los pies, atados. Su vagina queda liberada. Yo, aún más enamorado.

-Entonces, ¿qué he de hacer ahora? -le pregunto impaciente, consternado.
-De momento, ve a mi cuarto, el que pilla a la derecha, y en el segundo cajón de mi mesilla encontrarás una correa de cuero y un pequeño juguete. Tráeselos a la dueña, anda.

"Tráeselos a la dueña..." repito mientras voy a por una correa y un juguete. Voy captándolo.

-Chst -me frena en cuanto doy dos pasos -gateando, cariño -murmura con sarna -gateando...

Y Gabriel gatea, desnudo y observado, por la casa de Labios. Llego hasta su habitación. Encuentro el juguete muy rápido; Junto a la correa de cuero se ve un consolador que, sin ser experto en la materia, me parece exagerado. Mucho más grande que mi pene, ni el de ninguno de mis amigos, eso estaba bien claro.

-Recuerda traerlo con la boca -se divierte Mónica ordenándome desde la sala. Jamás en el mundo me hubiera imaginado aceptando humillarme tanto... Pero vuelvo a pensar en sus labios, y lo hago.

Cuando llego, ella pone un enorme reloj de arena, el más grande, boca abajo. Para colmo, la arena cae muy, muy despacio...

-Ven a que mamá te ponga la correa -me llama, como a un perro real, dando un par de palmadas en el sofá. Yo voy, con la correíta y el masturbador fálico, y me dejo atar, humillado -Buen chico...

Llena un pequeño bol de licor y lo coloca en el suelo. Me dirige hacia él con un pequeño tirón en la correa, y me exige...

-Bebe

Y yo, obediente, agacho la cabeza para beberlo... a lametazos

-Veo que lo coges... -murmura al tiempo que su voz deja la burla a un lado y tira de mi correa para alejarme del bebedero. Sus ojos están abiertos. Creo que he despertado algo.

Llena su boca de saliva, y se inclina. Agachando la cabeza, deja que la saliva fluya, expulsándola entre sus labios hasta escupirla sobre el suelo, creando un pequeño charco. Me mira. Y, sin amagar, me ordena:

-Bebe

La miro, y no sé por qué, pero me atrae, aun sin desearlo. Tampoco tengo elección. Labios tira de mi correa obligándome a agacharme. Busco con mi boca la saliva, y la lamo, despacio. Es dulce. Y está caliente. Es húmeda, y de Labios.

Mónica ha dejado de ser Mónica, ha sacado por completo una parte de sí que aun puede guardar el nombre de Labios, y me mira, concentrada, mientras una de sus manos se escabulle entre sus piernas para masturbarla. Tira de nuevo de mi correa. Se escupe en una mano, dirigiéndose a su vagina, empapándola en su saliva, y me busca con la mirada Deseo que lo diga. También estoy asustado.

-Bebe...

Y bebo. Y lamo.

Me cuelo entre sus muslos, envolviéndome en sus piernas y alcanzando con mi lengua su coño, embriagador, su clítoris, sus labios. "Dios..." dice ella al notarlo. Aún está frío por el hielo, pero lo arreglo rápido. Es caliente la humedad que fluye por su vagina, aunque no tanto como cbeber de ella, y mis labios confunden sin preocuparse los restos de su saliva, los flujos de su sexo y mi propia saliva para dejarla empapada. "Joder, sí..." murmura al tiempo que acelera su respiración. Noto que mi boca se desliza con facilidad, suave, y siento que lo que hacemos es sucio, que a Labios le gusta sucio, que quiere ver mi boca deshinibida entre sus piernas, como yo quiero ver la suya, y que lo está experimentado.

-¡Dios, sí! -comienza a gritar descontrolada, envolviendo mi cabeza con sus muslos y con sus manos, y apretando -¡Sí Gabri! ¡Sigue! ¡¡Sigue!! ¡¡Síiiii!!

Sí, por dios, se está corriendo, Gabriel, la tienes, lo estás consiguiendo! Mi lengua empapada bebe con ansia, besándola, recorriéndola, domándola. Una de sus manos se dirige hasta su clítoris para acariciarlo mientras yo introduzco mi lengua entre los labios de su vagina, hundiéndola en ella.

-¡¡¡Sí!!! ¡¡¡¡Síii!!!! ¡¡¡¡Síiiiii!!!! -termina de gritar mientras muere, envolviéndome entre sus muslos, sus manos y su placer. Me separo, notando mi boca empapada de Mónica. Perdón. De Labios.

-¿Has llegado al orgasmo? ¿Te he ganado? -pregunto complacido aunque poco esperanzado, sabiendo que no va a ser tan fácil. Ella me mira con desidia. Como si de verdad fuese un perro. Como si no recordara que era yo quién entre sus piernas la estaba besando. Su gesto es seguro. Su respiración entrecortada. Y su cuerpo está sudando. Parece inventada por la esencia del deseo, y diseñada por el diablo.

-¿Cómo vas a ganar nada... -me echa en cara sin piedad -...si estás siendo humillado?

Me hace sentir que la he desconodido por completo hasta ahora. Me estás llevando a un nivel muy superior al de la amistad. Mónica...

Vuelve a escupir, esta vez en un pequeño vaso, sin pudor hasta colmarlo, y se recuesta en el sofá, apoyándose en su espalda y elevando el culo, hasta dejarlo apuntado hacia mí.

¿Labios, qué pretendes?

Vuelca el vaso en su entrepierna, entre su vagina y su ano. La saliva, despacio, se dirige sin dudarlo entre sus nalgas, alcanzando hasta humedecer el pequeño agujero que se encuentra frente a mi cara.

-Bebe -ordena su voz, impenitente.
-Pero... ¿Mónica?...
-¡Que bebas! -repite tirando con violencia de la correa.

Y yo lo hago. Prefiero no pensar si lo deseo. Acerco mi boca hasta su culo, hasta envolver la cavidad anal entre mis labios y besarla con la humedad de la saliva de Labios, que lo empapa. "Dios, sí, buen chico" exclama ella, excitada, delirando "¡buen chico...!!".

Un zumbido se suma a la forma en que suena mi boca al besar entre sus nalgas. Es el consolador. Maldita zorra, qué bien que te lo estás pasando...

-Diooos... -murmura muerta de placer al tiempo que el enorme instrumento se la folla sin piedad, mereciendo mejor trato que yo por alguna razón que desconozco, mientras mi lengua sigue en su pequeño agujero, empapándolo. Una de sus manos se aferra de nuevo mi cabeza, empujándola aún más entre sus nalgas.

-Joder, síii, ¡¡síiiii!! -gime loca, descontrolada. No sabes cómo me excitas, Mónica. Me gusta tu trasero. Me gusta que me envuelvan tus nalgas, tan calientes y suaves. Me encanta verte disfrutar. Y me has descubierto lo sexy que puede ser beber de un ano de mujer.

Ella juega a masturbarse, se acaricia, se humede sus dedos en su boca para que desciendan a ayudar al consolador, mientras empuja su culo contra mi cabeza, atrapada por la mano con que no se masturbaba, y lo restregaba, lo mueve, exigiéndole a mi lengua que no cesara su besar.

-Vamooos.... Síii... Vaaamos! -no sé a dónde vamos, Labios, pero sí sé a dónde vas. Me temo que tendrás que ir sola, aunque no dudo que sabrás llegar.

Sus piernas no tardan en volver a su convulsionarse, y yo respondo besándola con pasión, lamiéndola, obligándola a sentir mi lengua recorriendo su ano sin compasión, para su deleite. El consolador desaparece en su vagina y se mueve, busca, recorre, la folla, conociéndola y volviéndola loca mientras el morbo la invade al sentir mi lengua desatada en su ano.

Una diosa.

Continuará...

Las Puertas del Cielo


Arrodillado, el joven monje se guardaba para consigo la peor de sus confesiones, y sor Ada podía leerlo en las expresiones de su compañero, mas no comprender por qué había de guardarse secreto alguno, cuando ambos dos eran humanos, hijos de Dios, imperfectos, como él los creo, sucios, mas por ello perdonados en su arrepentimiento.




Bien era verdad que una confesión para con una monja era algo no sacramental; y mucho menos a una novicia; Pero este tipo de actos eran habituales entre compañeros, en especial entre los más jóvenes. Si bien confesarse con una mujer de Dios  no constituía su perdón, sí que te otorgaba en muchas ocasiones consuelo, paz interior, y, desde luego, una amiga. Sor Ada tenía, además, un especial encanto: Sabía escuchar, empatizar, comprender, y nada le sorprendía, pues los caminos de Dios... solo Dios debe entenderlos. El hombre ha de vivirlos acorde a las lecciones sagradas, la vida de Jesucristo, y consciente de su impulcritud mas obligado al arrepentimiento. ¿Qué puede ser, hermano Dorian, lo que tanto te aflige?


-Dorian, sé que has venido a contarme algo, algo que te duele, que te quema, y de lo que te encuentras arrepentido. Pero de tu boca no surgen palabras que den forma al demonio que ahora mismo empapa tu alma. ¿Qué sucede? ¿Ya no puedes contar conmigo?
-Ada... es algo complicado.
-Lo sé. Mas no te duele lo complicado de su naturaleza. Es saber que el demonio lo carga lo que está acabando con tu siempre férrea resistencia, ¿no es así?
-Hermana... tú y la sabiduría de tu mente preclara... En efecto, es algo maligno lo que entorpece mi rectitud a ojos del Señor. Me siento sucio, marcado; tal vez castigado. ·Estoy atravesando por el momento más difícil de mi vida y... me temo que nuestro dios no se posicionaría, si yo hoy muriera, de mi lado.
-¡...Dorian!! Estás blasfemiando y desvariando por igual, en la confusión más completa que nunca te ha asediado. ¡Deja que salga! Bien sabes que es Dios quien te ha llevado hasta mis brazos, y si ahora murieras, lo harías cumpliendo su voluntad, así que no dejes de hacerlo y confiésate conmigo, monje iniciado. De sobra sabes que soy yo, Ada...

Dorian sonrió. Era cierto. Era Ada.

-Júrame que no me odiarás por esto.
-Es el acto el que castiga al ser humano, pero jamás su palabra ni pensamiento, sólo por haber errado. Así lo dicen las escrituras... Y yo, que no soy sino una humilde ignorante, con honor y servidumbre las acato. Además, la amistad que nos une bastaría por sí sola para que nada excepto nuestra fe pudiera separarnos... Puedes contar conmigo, Dorian.
-Muchas gracias, hermana.

Lo que habría de escuchar la sierva de Dios habría, en verdad, de dejarla impresionada. Dorian, como muchos monjes jóvenes, se enfrentaba a la sexualidad y el poder que la misma ejerce sobre el hombre. Hasta aquí nada era extraño, formaba parte de la rutina de una catedral, por desgracia. Era parte del camino. Lo que hirió los oídos de monja de la pobre Ada fue conocer las cotas de desesperación que el pobre confesado alcanzaba...

-Se dice que entre las monjas este problema no es tan grave... pero nosotros, los monjes más jóvenes, lo pasamos realmente mal y... bueno... algunos...
-... algunos...?
-...algunos experimentan su sexualidad entre ellos, hermana.
-¡No!!
-Adita... tú no sabes lo que se sufre. No conoces nuestras noches de angustia, nuestra obsesión continua, nuestra distancia hacia lo correcto. Muchos opinan que pecar así les compensa a la hora de, en su rutina, ser mejores cristianos. Y si el Señor lo ha dispuesto así, ¿quienes somos nosotros para contrariarlo?
-No, Dorian, no hablas en serio...
-No lo he probado nunca, hermana. Pero no creo que pueda aguantar mucho más.

Así, el joven monje habló a la novicia de sus noches sin sueño, del escaso control de su mente sobre su cuerpo, y también de un tremendo dolor de testículos que era ya casi continuo. En verdad estás siendo castigado por algo maligno, pensó la monja. Y no creo que merezcas tal tormento.
Sor Ada preguntó por cómo podía ser que dos monjes practicasen el sexo, estando ambos dotados de pene, e imaginando las cosas más estrafalarias. Dorian tuvo que hablarle de las felaciones, de las que algo había escuchado ya Adita, sin imaginar que tal cosa pudiese darse dentro de su propia catedral. Acostumbraba a aguantar inquebrantable las confesiones más sinceras, pero, en aquel momento, quedó trastocada.

-Pero Dorian... te conozco ya bien. Jamás me has ocultado nada en tus confesiones, y sé que eres un hombre de fe. Si conoces el camino, ¿cómo dudas del trayecto? Bien sabes que sólo Dios puede salvarte del tormento que acoges, y no tus actos. No trates de engañarle. Acógele con fuerza. Si tan grande es la prueba, quizás estés siendo probado. Quizás tengas un destino importante que cumplir, y vayas a necesitar de esta fuerza para afrontarlo.
-Pero esto no es vida, Adita... Si Dios nos ama, por qué nos fustiga así? ¿Por qué nos condena a precipitarnos sobre pensamientos tan... antinatura?
-Recuerda que su propio hijo fue sacrificado, hermano. Nada hay más duro que eso.
-No dirías lo mismo si conocieses mis lunas...
-Deja... deja que recapacite, Dorian. Tu problema en verdad me ha sobresaltado. ¿Podrás aguantar hasta mañana?
-Es más de un día lo que a mí me queda hasta lo que tú llamas mañana, pero lo intentaré. Gracias por escucharme, dulce Ada...
-Que Dios te bendiga por tu arrojo de valor para contármelo, hermano.


Y así se despidieron, sin poder cambiar de tema. Llegaría la noche, y sor Ada, intrépida, se aventuraría en la oscuridad de la catedral para conocer mejor la situación que atravesaban sus hermanos. No le costó. Pasando puerta por puerta, alcanzó a escuchar unos gemidos, y se atrevió a mirar por el ojo de la cerradura que los albergaba. Lo que encontró, sin ser sorpresa, consiguió sorprenderle. Tal y como Dorian le había contado, un monje se encontraba de pie. Junto a él, otro hermano, arrodillado. Ada quedó impactada por los cuerpos de aquellos chicos, que ella ya conocía de la vida en la catedral, pero que no se había imaginado tan moldeados. Se preguntaba si se debería a los trabajos de agricultura que realizaban... o si se cuidaban para complacerse más en sus momentos de agravio. El monje que se encontraba erguido gemía de más que comprensible placer, pero Adita quedó sorprendida por la actitud del arrodillado: Aferrado a la polla de su compañero, chupaba como si la salvación le esperara al otro lado y... lo disfrutaba. Desde luego que lo disfrutaba, se recreaba en su mamada. ¿Qué clase de voluntad del demonio podía ser responsable de corrupción semejante? Condenar tu alma... ¿por chupar un pene? Hermano Néstor... ¿qué te aliena? ¿cuanto tiempo llevarás haciendo esto sin que nadie en la comunidad haya sospechado nada?

La situación empeoró aún más. Desde el otro lado de la puerta, Ada, la pulcra e inocente Ada, sintió como nunca había sentido una subida de temperatura, mientras un calambre repentino la obligaba a aferrarse en la puerta: Se estaba excitando. Le excitaba ver aquellos cuerpos de hombre, el placer del sujeto pasivo, y aún más el del que estaba mamando. Y sentía que no era la curiosidad o el ansia de conocer lo que le mantenía mirando. ¿Estaría haciendo algo incorrecto con aquella escapada nocturna? ¿Serían aquellos sentimientos de castigo?


Algo estaba claro. Aquellos monjes se avocaban a una eternidad de torturas en el infierno por, según Dorian, ser buenos cristianos. No era justo. Quizás fuese Dios quien la había conducido después de todo. Quizás fuese Ada quien estaba destinada a salvarlos...

Fue después hasta la habitación de Dorian; la luz estaba encendida, sobresaliendo por debajo de su puerta. ¿Cómo no preguntarse qué habría al otro lado? Ada no podía evitar temerse lo peor: Encontrar a Dorian aferrado a algún otro monje, en aquel pecaminoso acto antinatura. Pero por fortuna, no fue lo que vio. Lo que se encontró fue a un amigo, a un buen cristiano, sufriendo por cumplir la voluntad de Dios. Al Dorian de siempre.

Estaba desnudo. Nervioso y agitado, paseaba por su celda. Entre sus piernas, su miembro en erección reclamaba una mujer, que no un hombre, y quién sabe qué pensamientos recorrían su mente. Con expresión de dolor en su cara, se masajeaba los testículos. Estaba sufriendo. Lo pasaba realmente mal. Fue más que suficiente para que Ada dejase atrás su sobreimpresión para volver a ser la Ada de siempre: La monja que escuchaba, comprendía, asentía y normalizaba. La chica con el don de saber mirar con los ojos de Dios. O eso se decía...

Se decía que los monjes no podían realizar prácticas antinaturales; lo natural es obra del Señor, y es hermoso. Mas habían de pasar por el celibato... Porque eran monjes, y habían de entregarse a Dios. El resultado, aquella monstruosidad que la misma Ada estaba observando mientras Dorian, su amigo y hermano, la padecía. ¿Qué había de natural en aquello? ¿Por qué no era natural responder a tu cuerpo y sí que lo era dejar que el mismo te llevase al borde de la locura? ¿Había diseñado realmente el Creador una tortura así para los más fieles de sus súbditos? ¿No era más lógico imaginar que las escrituras...? Se acercaba a la herejía, pero ¿no podían haber sido las escrituras mal interpretadas?

"Toc, toc" sonó la puerta.

¿Sí? -respondió el monje, sobresaltado
"Soy yo" -sonó la cálida voz de Ada
¿Ada? Dame un segundo...
Sé que estás desnudo, Dorian, te acabo de observar por la cerradura. No importa. De verdad, puedes abrir la puerta.
Pero...
Ábreme, por favor. Te lo ruego.

Le abrí, inseguro. Temí que pudiera estar acompañada, pero no lo estaba. Me miró con inquietud, cerrando la puerta tras de sí, y buscando mis ojos en una actitud tan segura como indecisa. "Siéntate", me pidió. Encantado, mi preciosa Ada.

Era una belleza. Rubia, esbelta, caliente. A veces me costaba pasar los ratos que compartíamos. Es muy duro ver una escultura semejante y recordar que te condenaría el mero hecho de recordarla con lascivia. Pero la deseaba, desde luego que la deseaba. La deseaba como deseaba el cielo. Y quizás sentirme así me alejase de esta meta tanto como ya lo estaba de compartir lecho con ella. Pero... era mi vida, y tendría que intentarlo.

Ada miró hacia la puerta cerrada a sus espaldas, y se volvió hacia mí.

-Has de prometerme que jamás le contarás a nadie lo que esta noche va a pasarte, a pasarnos, ¿de acuerdo?
-Pero Ada, sabes que no puedo prometerte eso. El sacramento de la confesión...
-No vas a cometer ningún pecado, ¿vale? Será la voluntad de Dios lo que estás por experimentar. Lo que experimentaremos ambos -dijo pensando en los monjes que acababa de ver practicando sexo oral.
-Pero... Eres tú, Ada... ¿Qué te traes entre manos?

Y entonces, Ada... se quitó su ropa! Su ropa de convento! Dios, no, Ada, pretendes matarme? Había determinación en su cara. Quedó desnuda ante mí. Creía que jamás vería a una mujer desnuda...
Su cuerpo era el de la perfección, la musa que los artistas buscaban, la prueba de que, si Dios es la criatura más bella que existe, no podía ser el hombre quien fue creado a su imagen y semejanza.

-No pretenderás que... que compartamos cama, no? -le interrumpí sin muchas razones para hacerlo.
-No, Dorian. Quiero respetar el celibato de ambos. Al menos esta noche. Tengo mucho que pensar. Pero no pienso marcharme de aquí abandonándote a tu suerte con tus demonios.

-...y qué harás, entonces?

La novicia me sorprendió entonces poniendo cara de picantona...



Me sonrió. Me sentó en mi cama.

...y se arrodilló ante mi polla. Yo me derretí. Si aquella era la prueba definitiva que mis creencias me imponían, hacía tiempo que la había fallado. Si por contra fuera una recompensa por los malos ratos sufridos... si aquella era la forma en que el señor recomensaba... entonces me moría por conocer su recompensa eterna. Sufrir una eternidad entera bien se merecía aquella experiencia.

La agarró, mirándola, insegura. Era una monja, tenía prohibido dar aquel paso. Y sí, allí estaba, desnuda, ante mí. Ada la responsable, la buena cristiana, mirando hacia el falo que se planteaba saborear. Se santiguó, y verla haciendo eso desnuda me calentó muchísimo. Pequeña novicia...

-Ada, si tú decides dar este paso, será cristiano el hacerlo. Eres tú. Eres Ada. Por favor, chúpamela...

Diría que se planteó el echarse atrás. Pero no lo hizo. La engulló. Se metió el pene entre sus labios en un gesto de determinación, y comenzó a mamarlo. Y, no sé por qué, sabía cómo hacerlo.

-Ada!!! -grité. Dios! Aquello era increíble! Era mágico! Bajé mis manos hasta sus tetas, de cuyo hechizo no podía escapar.

-Por favor... deja en paz mis senos. Quier hacer esto lo más sencillo posible. -me dijo contrariada, como si le molestase que lo disfrutara. Pero no importaba.

La sensación era maravillosa. Su lengua se paseaba por mi pene, volviéndome loco. Adita, entre mis piernas, me la chupaba con dedicación. Me miró, cómplice. Como diciendo "lo que hacemos está bien". Desde luego que lo estaba.

Un picor recorrió toda mi polla diciéndome que necesitaba más velocidad en el vaivén de Ada. "Por favor, hazlo un poco más rápido" le rogué. Obediente, su ritmo aceleró. Aquello me disparó: "Ada, trata de hacer que sienta más tu lengua" "Dame más saliva, Adita..." "Trata de dejar que tus labios resbalen sin despegarlos"
Sumisa, Ada obedecía mis peticiones con precisión, volviéndome majareta. Jamás hubiera esperado sentir sensación alguna en mi pene. Jamás lo hubiese imaginado tan dulce. Jamás me hubiese planteado el celibato de haberlo experimentado primero. Y aquí estás, Ada, corrigiendo mis errores. Mi polla estaba tan húmeda por su saliva que sus labios se desenvolvían con total libertad, patinando, provocando en mí sensaciones increíbles. Le ponía empeño, dedicación.

Sentí como el primer orgasmo de mi vida me inundaba. Mis manos se arrojaron a por sus tetas, sin que en esta ocasión me lo impidiera. Sigue chupándomela, Adita... Ella estaba tan guapa... tan sexy... tan entregada... chúpamela joder, no sé por qué una monja sabe hacer mamadas, pero es colosal, increíble, pensaba y reproducía en voz alta. Me volvía tan loco ver cómo se aferraba como su lengua la lamía, cómo sus labios la besaban...

El calor estalló y yo, sin saber que iba a hacerlo, me corrí. Ninguno de los dos lo esperábamos. La primera corrida inundó su boca, tras lo que intentó apartarse; en vano, quedó cubierta de esperma. Se rió un poco. Daba la sensación... sí... lo has disfrutado, Ada?

El sexo con Karen

Karen... Cómo sabes hacerlo. Cómo sabes hacerme disfrutar...

Karen era la típica chica con la que desearías pero no esperarías acostarte. Guapa, pero no en exceso, sexy, pero no en exceso, y morbosa, esta vez sí en exceso, hasta límites insospechados. Una amiga, de esas que te alegran la noche con su compañía. No sé bien como explicarlo, es como si derrochase calor, comodidad, como si acostarse con ella fuese, simplemente, un cómodo placer del que no tienes por qué ocultarte. Sin embargo, también parecía una meta imposible. A sus 26 años, estaba prometida. Prometida con un buen amigo.



Fue el día de su cumpleaños. Fiesta privada y abarrotada en su casa. Borracha perdida como iba, se mostraba especialmente cariñosa. Abrazos, besos. Miradas. Muchas miradas. Al menos hacia mí. No sé si eran cosas mías, pero diría que siempre había existido una tensión sexual entre los dos, una complicidad por fraguar. Sólo en mi mente había conseguido poseerla, pero la había disfrutado a fondo, la había experimentado a placer. Era tan fácil imaginarse a Karen actuando para ti, para tú cuerpo, para tu sexo...

Imaginarla dedicándote una mamada resultaba tan... real... natural... caliente...

Pero lo peor de tomarte algo con tanta cercanía viene en los momentos en los que toca evidenciar que es exactamente lo contrario.

Yo había llegado tarde a la fiesta, y todavía no me había encontrado con ella, lo cual era un mal gesto por mi parte, ya que llevaba largo rato por allá. El alcohol también estaba haciendo efecto en mi cuerpo, yo empezaba a decir mis tonterías de borracho, cuando vi que marchaba hacia la cocina. Sin maliciosa intención, por supuesto, la seguí para encontrarme con ella.

-¡Hombre, Darien! ¡Cóooomo estáas! -tono de borrachera, cómo no, Karen
-¡Felicidades cumpleañera! -por supuesto, mi voz no era precisamente la de alguien sereno tampoco -¿Qué tal sienta eso de celebrar tu último cumpleaños de soltera?
-Pues como cada cumpleaños, llevo peor lo de ser más vieja! -me dijo riendo -Ven aquí hombre! Dame un par de besos!

Amistad. Me acerco a ella. Calor. El primer beso en la mejilla. Comodidad. Un beso de verdad, uno de los que se hacen con los labios, y no uno de esos «cara contra cara» tan difíciles de entender. El segundo beso; sin intención, se dirige demasiado cerca de la comisura de mis labios. Los míos, también sin yo pretenderlo, de verdad, se desvían lo justo para encontrarse con los suyos. Y, extraño, entonces, tacto. Tacto cálido, labio con labio. Humedad maravillosa. Una sacudida eléctrica recorre mi cuerpo entero. Aunque beso involuntario, un beso. Karen me mira a los ojos.

-¿Te ayudo a llevar algo? -interrumpo pretendiendo hacer que no ha pasado nada
-No, no, tranquilo hombre! -responde su boca en agradable posición forzada -puedo sola, pásatelo bien en mi fiesta eh?

Podéis imaginaros el resto de la noche. Conversaciones banales, situaciones cómicas que no te interesan nada, hombres ridiculizándose para tener compañía esa noche, y las ganas de acostarme con Karen brillando y renunciando a quedar relegadas. Guau!

No nos cruzamos en toda la noche. Nos vimos. Nos miramos. Ella de forma más descarada, supongo que más consciente de mis intenciones que yo de las suyas. La música bien alta, los bailes absurdos, y toda la incongruencia de una fiesta cuando no intentas disfrutarla.

El final de la velada me pilló por sorpresa en el baño. Consciente de que era hora de ir despejándose, aunque sin imaginar que la fiesta terminase tan rápido, había ido a lavarme un poco la cara con agua fría, componer mi imagen en el espejo y esas cosas. La comodidad de estar solo había alargado mi estancia en el cuarto. Pero era hora de salir, antes de dejar que tu ausencia quedase explicada mediante la imaginación de los borrachos invitados.

Cuando salí, la gente se estaba marchando. Karen los despedía.

-Darien, no te encontraba. Javi -su prometido -trabaja mañana, y siendo tan tarde, pues cuando se ha ido hemos decidido terminarlo. Nos vemos en la boda, ¿vale?
-¿Cómo, ya tan rápido? Ostras...
-Jaja, Darien, ni que tuvieras alergia a tu casa
-Jaja, no Karen no, es que aún voy algo bebido, y he traído el coche. Pero bueno, ya me meteré algún CD hasta que se me pase.
-Ya, vaya... Joe, tú también, con la de autobuses de noche que pasan por mi casa, tenías que venir en coche eh?
-Ya sabes Karen, me va fardar, ser independiente y esas cosas
-Sí, bueno, tranquilo

El último invitado terminó de salir (-felicidades Karen!-). Ella se fue a cerrar la puerta, y me miró otra vez con esos ojos de gata que tan mal se le daba contener.
El beso regresó a mi mente. A cada segundo lo imaginaba más increíble. En aquel momento, sentía que su lengua había explorado a la mía. Como si fuese poco haber besado sus labios...

-Anda Darien, no vayas al coche, ni que fuera a echarte de mi casa, descansa un rato en el sofá vale?

Me cogió de la mano y me llevó hasta su sofá. Karen, fantástica. No vaciló. No hubo excusas, ni tensión, ni miedo a nada. Quizás demasiado alcohol. Me sentó, me envolvió con sus rodillas, subiéndose encima mío, deslizó sus manos por mi cuello hasta enredarse en mi cabello, y dejó que nuestras bocas se acercasen hasta fundirse de nuevo. Sin errores. Sin disculpas. Karen, sobre mí, me comía la boca provocándome la sensación de haberla besado desde siempre mientras me llevaba a un placer que hacía tiempo no me daba un beso. Su calor me inundó, su boca me humedecía mientras acrecentaba mi sed, mi sed de sus labios, de su piel, de Karen...

Mis manos la envolvieron. Ella no se incomodó. Exploré la ropa que la envolvía. Su lengua entró entonces entre mis labios permitiéndome saborearla, sentirla, y jugar con ella. No había palabras. Las palabras sólo atienden a lógicas y razones. Aquello era un beso, sin más sentido que el de ser un beso, y las palabras nos hubieran impedido seguir sintiéndonos. Mis manos seguían haciendo su trabajo. Una camiseta, un sujetador, una minifalda, unas mallas y presumiblemente un tanga me separaban de su piel. La idea me calentó. No me hubiera atrevido a pedirle a aquella noche más de lo que me estaba dando, pero sólo imaginar a mi amiga dejándose follar por mí elevó mi temperatura, aceleró mi corazón, y le dio esperanzas a un pene que ya estaba en erección.
Karen envolvió mi cabeza con fuerza, y su boca se despegó de mi para empezar a jugar con mi cuello.

-Pero... Oh, Karen...
-Hmm... -gimió mientras me comía la oreja y me hacía temblar -dios, Darien, tenía muchas ganas de probarte...

Su lengua actuaba como si mi mente la manejase. Sin pudor, sin complejos, sólo recorriéndome.

Sin despegarse de mí, comenzó a levantarme mi camiseta. Parecía querer deshacerla, olvidarla, encontrarse a mi piel, y yo no dudé en quitármela. Se detuvo a mirar mi torso, y se lanzó de nuevo hacia mi cuello, esta vez cerca del hombro, dispuesta a dejarme un recuerdo, mientras sus manos parecían necesitar exprimir mi tórax. Mi mente, pese a seguir drogada en la saliva de mi amiga, consiguió hacer un par de cavilaciones. Pensé en Javi. Él tenía 38 años, que es una edad. Nunca había sido un chico de gimnasio. Tenía que ser un cuerpo bastante ordinario el que le servía a Karen en sus noches de calor. Yo tenía tan sólo 23, y adoraba el deporte. Me alegré de poder servirle a esa chica un plato que no acostumbraba a comer.

Pensar en aquello me llevó un paso más allá. Mi amiga había comenzado a desnudarme sin pudor, y me estaba besando de forma desesperada. El paso estaba dado. Estaba hecho. Iba a follármela. Mi pene luchó entonces por romper mi cremallera, asegurándose de que el cuerpo de mujer de Karen lo notara. Su lengua volvió a producirme un calambre y a separarme de mi cerebro. Dios, nena...

Su boca bajó hacia mi tórax comenzando a darle pequeños besos que contrataban con la brutalidad con que sus suaves manos me recorrían. Yo me cansé de su camiseta, y empecé a levantársela. Se rió un poco y se la quitó ella misma, sin sensualidad, sin pudores, como si no estuviese dándome paso a una de las pocas sensaciones que hacen que la vida merezca la pena. Y así, mis manos, aunque aún impelidas por su sujetador, conocieron sus voluminosas tetas.

Sus ojos buscaron los míos en una mirada burlona que parecía decir «tan sólo son dos tetas». Los míos le respondieron con admiración y deleite, sin poder esconder lo que esos pechos provocaban en mí. Subió su boca de nuevo hasta la mía. Cuando nuestros labios volvieron a juntarse, tuve la sensación de que llevaba mil años separado de ellos, y mi boca no hubiese tenido sentido hasta entonces. Beber de Karen era tan, tan caliente...

Sus manos envolvieron mi pelo, y su cuerpo se alzó mientras conducía mi cabeza hacia su escote, hundiéndome entre aquellos senos tan sensuales. El sujetador alzaba esas tremendas tetas otorgando a la vista la sensación de un manjar que mi boca no quiso quedar sin probar, lanzándose contra ellas mientras mi amiga, provocativa, alzaba la cabeza cerrando los ojos con la boca entreabierta en pose de concentración. Cuando llevó sus manos hacia su espalda y desabrochó su sujetador, terminó de derretirme. Sentí mi cuerpo arder. Era sencillamente increíble. Así, el sujetador se deslizó cayendo entre nuestros cuerpos y sus maravillosas, preciosas, esculturales tetas quedaron completamente a mi placer. Me lancé hacia ellas, casi con desesperación. Las tetas de Karen, estaba besando las tetas de Karen, y apenas me lo podía creer. Si hubiera podido, hubiera pensado en Javi. Pero las manos de mi amiga apretaban mi cabeza contra su cuerpo, casi obligándome a dejar invadir mi lengua por sus pezones que se alteraban y sabían a ángel. No, a ángel no. Sabían a sexo. A mujer, a persona. A un sabor que el placer debería llevar por costumbre. No sé por qué no todos los pechos saben como este, pero sé que deberían hacerlo. Me encantaba pasar la lengua por su carne, adoraba lamerla, besarla, mientras mis brazos le impedían despegarse.

Agarró mi cabeza para volver a besarme. Maldije no poder besar todo su cuerpo a un mismo tiempo. Maldije cada centímetro de ella que pasaba un segundo sin recorrer. Me abrazó fuerte, juntando nuestros cuerpos. Y comenzó a quitarse la ropa que aún le quedaba, como si no importara. La minifalda. Las mallas... Ver cómo se deslizaban aquellas mallas entre sus muslos desnudos parecía la expresión misma de la seducción, hasta el punto que quise quitárselas yo con mis propias manos. Por nada del mundo me iba a perder ese momento de exploración de sus suaves piernas. Volvió a untar sus pechos en mi boca.

-Darien, dios mío, no sabes las ganas que tenía de ti -soltó sin rubor
-Ni tú tampoco Karen. Joder, me he imaginado tantas veces tu cuerpo... Tu cuerpo caliente...
-Sí? Me imagino que me imaginabas con unas tetas más turgentes
-No podía imaginar su tacto, ni su sabor, ni tampoco el de tu lengua lengua, y maldigo la desgracia que así me condenaba -respondí caliente

Nuestros cuerpos se acariciaron, rozándose, sintiéndose. La sentía tan suave, tan cómoda, tan... tan cercana a mis divagaciones...

-Ya, así que tu cabezita me ha obligado a hacerte cosas guarras, eh nene? -dijo lasciva. Karen, borracha...
-No -me defendí -En mi mente tan sólo hacías lo que deseabas, Karen.

Me volvió a besar

-Joder, Darien -dijo -joder... te deseo... dios, te deseo mucho...

Tanta saliva iba a acabar conmigo. Y tanto calor, también. Allí, en el sofá de la casa de Karen, ella, desnuda, me estaba metiendo la lengua tanto como podía mientras su cuerpo, morboso, insistía en no despegarse de mí mientras se movía, tocándome, acariciándome y rozándose.

Volvió a dejar que su boca bajara, para volver a sus pequeños besitos en el torso... Dejó que sus piernas bajaran del sofá, quedando arrodillada en el suelo, y se puso entre las mías mientras con sus manos atacó la cremallera que mantenía a mis vaqueros en su sitio... Por supuesto, la imagen de aquella amiga comiéndome la polla inundó enseguida mi cabeza, y omnubilado dejé de poder pensar en otra cosa...

Hábiles manos, enseguida bajaron mis pantalones hasta mis muslos y se lanzaron hasta el calzoncillo. Despegó sus labios de mi cuerpo. Bajó la goma de mi ropa interior y allí apareció, luchando por conocerla, el pene que sólo la conocía por mi cabeza. Sus manos lo agarraron. Joder, Karen. Lo haces tan placentero... y a la vez tan natural...

Su cara se acercó hasta él. Lo miraba. Lo masturbaba. Me miraba a mí con cara de lascivia. También de chica haciéndose la tonta. Algo de actuación en tu simplicidad, Karen. Algo de actuación que te convierte, si cabe, en una experiencia aún más caliente.

-Así que en tu mente... -dijo muy sexy con la boca pequeña, haciéndose la despistada -en mi mente deseaba comértela... no Darien? Porque no te veo capaz de impedir que tu imaginación me haya conducido, quien sabe cuantas veces -sonrió soltando una pequeña risa -hasta tu bonita amiga...
-Kaaaren... -conseguí susurrar, abandonándome.

Se acercó. Le dio un besito en el glande. Juraría que sentí un leve contacto su lengua. Me estaba volviendo loco.

-Así que mi amiguito, que tantas veces se ha hecho el tonto, ha practicado en su mente el juego de agarrar mi cabecita y conducirla entre sus piernas... -en cuanto lo dijo ardí en deseos de reproducir sus palabras, pero algo me lo impidió. Aquél era su juego -y yo, por supuesto, me moría por hacerte una mamada...
-Kaaaren... -repetí en lo que sonaba a ruego
-Si, Darien? -respondió con sus ojos de tonta
-Dios, Karen...

Me liberó por completo de pantalones y calzoncillos, y volvió a quedar arrodillada, desnuda, entre mis piernas, mientras sus manos me acariciaban masturbándome, con su boca a centímetros de saciarme, y sus ojos clavados en la expresión de mi cara. Continuamente me parecía que se decidía. Que me hacía esa mamada con la que desde luego que tantas veces me había ensoñado. Pero no lo hacía. Seguía desafiando a mi polla, y mirándome...

-Karen... -volví a susurrar
-Si Darien? -reprodujo ella de nuevo, esta vez con ojos atrevidos...

Una de mis manos envolvió su cara alcanzó su pelo. La otra la imitó.

-Darien... -dijo en tono de rendida -me muero comértela...

Apliqué un poco de fuerza para llevar su cabeza hasta mi polla...

-Chúpamela, Karen...

Su mano aún seguía masturbándome. Hizo un gesto de satisfacción, mientras yo guiaba su boca hasta mi glande, y ella empezó a darle pequeños, calientes besitos...

-Joder, Karen...

Seguí empujando su cabeza, despacio. Mi pene atravesó la comisura de sus labios, que seguían haciendo un movimiento similar a besarme... y conseguí encontrar su lenga, que se empezó a mover para mí... Oh, sí...

Mi amiga estaba consiguiendo hacerme consciente del momento. De cada segundo de ese momento. Del momento en el que su boca lamía mi pene...

Seguí empujando, dejando que su lengua fuese deslizándose... Oh, dios, joder...

-Oh, Karen!! -grité

Entonces separó un poco la cabeza y me dijo:
-Acaso en tu mente no te daba algo así?

Y comenzó a chupármela. A metérsela en la boca y bombear, con su mano masturbando la base de mi pene.

-Dios! Karen!! Dios!!!

Glup, sonaba su saliva. Me concentré en sentir su boca. Quiero sentir como se mueve tu lengua. Quiero sentir el roce de tus labios. Quiero conocer hasta el último milímetro. Y disfrutarlo, Karen.

Bombeaba, allí, arrodillada ante mí y besando, lamiendo y comiéndose mi pene, con todo su cuerpo desnudo y mis manos acariciando su cabeza. Sus brazos me envolvieron, para empezar a acariciarme, a acariciar mis abdominales, a sobarme el culo...

-Cariño -me dijo, caliente y autoritaria -vas a follarme
-Desde luego que voy a hacerlo, Karen

No dejaba de llamarla por su nombre, como si necesitase hacerlo para adquirir la consciencia de que aquel momento era real, y de que todo estaba sucediendo. Karen.

Me levanté del sofá. Ella se aferró a mi culo y volvió a chupármela.
-Oh dios! -grité al tiempo que la agarraba. La tiré sobre el sofá. Abrí sus piernas. Quité su tanga mientras la excitación me envolvía y metí mi cabeza entre mis muslos para proceder a compensar su mamada.

-Oh dios mío -dijo ella en tono de diversión

Le lamí su vagina, y aproveché para dejar que mis manos terminasen de conocer su cuerpo. Sus piernas, su culo, sus caderas, sus tetas, Karen gemía.

-Oh dios, síiii!!!

La agarré por las nalgas, y me alcé. La besé en el beso más paciente que podía otorgarle, y me separé para admirarla por última vez. Estaba allí, medio sentada y recostada sobre su sofá, con sus preciosos pechos desnudos ante mis ojos y a disposición de mis manos, con sus cálidas piernas abiertas y envolviéndome, con su vagina pidiéndome ser violada y con sus ojos rogando que me la follase.

-Oh, nena...

No pude esperar más. Era el momento. La empujé cuanto pude contra el sofá. Pegué mi cuerpo contra el suyo mientras sus manos se aferraban a mi espalda y las mías sujetaban sus piernas.

-Rooober... -gimió siendo esta vez ella la que no aguantaba

Puse mi pene a la entrada de su vagina, sentí su calor, el calor de su cuerpo, su calor de mujer, su tacto, su sabor su todo.

-Dios, Karen...

Y la penetré hasta el límite.

-Oh sí Darien! Oh dios Darien! Ohhhh!

«Eres tan caliente, amiga mía. Tan excitante. Te estoy disfrutando tanto...» pensaba mientras el sexo comenzaba y me rendía a aquel placer. Su lengua atacó mi boca.

-Karen... -le susurré --no sabes como me pone estar follándote...
-Oh -dijo ella elevando la cara, cerrando los ojos y dejando mi boca en su cuello -pues sigue follándome joder, sigue follándome...

Las embestidas cobraron fuerza, y la tumbé sobre el sofá para seguir follándola. Sus manos empezaron a acariciar mis brazos, como si le excitaran... El calor nos envolvía, nos subyugaba, aquella casa ardía, y comenzábamos a sudar.

-Dios, preciosa, sentirte aprisionada bajo mis brazos y desnuda...

Sus ojos estaban cerrados, también su boca, y estaba muy, muy sexy.

-Jamás te había visto tan guapa...

Sus manos agarraron mi trasero, como tratando de meter más mi pene.

-Oh dios... -gimió -fóllame, Darien!!
-Te estoy follando, Karen...
-Sí, sí, me estás follando, me estás follando!!! --gritó

Me miró, me dio un pequeño beso y me empujó, invitándome a levantarme. Así, ella hizo lo mismo y me empujó sobre el sofá, colocándose encima mío..

-Ooohhh... -dije derritiéndome -Kaaaren...

Con sus piernas abrazandome, ahora era ella la que me follaba a mí, sin permitir que nuestros cuerpos se despegaran, cerrando los ojos, y mirando hacia el tejado. Noté que cada vez le gustaba más, le excitaba más, mientras su rostro adquiría unas expresiones tan morbosas que me daban ganas de follármela, como si no estuviese haciéndolo, de llevarme al límite

-Ooohhh Darien, Ohhh...-
-Dios, eres tan sexy...-
-Sí, soy sexy... fóllame Darien... sigue metiéndomela...

Todo era tan cálido, tan increible... Sus tetas, redondas, suaves, bailaban frente a mi cara, y me lancé a por ellas. Una de las manos de Karen se aferró a mi pelo de inmediato..

-Sí Darien... Oh sí... Sí Darien... Sigue... Sigue... Sigue por dios, sigue...-

La sensación de no estar follándola del todo regresó a mi cabeza. Era la posición, que lo impedía. Y yo, calentándome por sus gemidos, derritiéndome con sus caras de placer y sus tetas envolviéndome, necesité darle más duro, necesitaba follarla más, necesitaba llegar hasta el límite...

Sin pensarlo, sin pretenderlo, mis brazos se posicionaron bajo sus piernas y la levantaron junto a mí haciendo todo lo posible por seguir metiéndosela. Mi polla se introdujo hasta el fondo mientras la satisfacción me invadía. Ahora sí que te estoy follando, nena.

-Oh dios!!!!!!- empezó a gritar descontrolada -Oh dios, sigue!!! Sigue!!!-

La pared estaba cerca, y la apoyé contra ella. Sus manos me envolvieron, sus uñas se clavaron, su cara seguía en aquella sexy mirada al cielo, y mi pene entraba por completo, calentándome.

-Dios!!!!!- gritó -Dios, dios, dioooos!!! Rooober...-

Su cuerpo ardía, sus pechos sudaban, ella estaba calentísima, y mi orgasmo comenzó a acercarse, descontrolándome del todo y follándome a aquella chica como si el fin del mundo nos atacara.

-Karen!- grité -me voy a correr, me voy a correr!!-
-Oh dios sí!!!- gimió -dios, córrete Darien, córrete!!-
-Dios Karen...- jadeé -no llevo puesto el condón...!!-
-Tomo la pastilla, nene- respondió decidida -vas a follarme ahora mismo y te vas a correr- lamió mi oreja -te vas a correr!!-

Jamás lo había hecho. Jamás había eyaculado dentro de nadie. Y hacerlo dentro de Karen hizo que el morbo me invadiera.

Siéntela, Darien... Siéntela por última vez... Siente su piel, resbalando en la tuya, siente sus tetas contra tí, siente a Karen desnuda y practicando contigo el sexo más increíble que jamás hayas sentido...

Sentí pequeñas convulsiones en la entrepierna de mi amante. Estaba llegando al orgasmo. Pequeñas lagrimas salieron de su rostro, y una sonrisa inundaba su cara...

-Si Darien sí...- dijo en un tono que sonaba a un mismo tiempo a triunfo y a rendición, a risa y a llanto, a placer y condena...

Mi orgasmo también estaba descontrolado. La pegué del todo contra la pared. Sus manos se aferraron a mí. Se la metí de una forma salvaje, levantándola a cada embestida. Y las embestidas cobraron fuerza mientras el semen era eyaculado en el cuerpo de la chica más caliente que haya existido nunca...

-Oh, dios...- dijo ella en tono calmado, satisfecho. Las mujeres así me hacían sentir genial. Caímos sentados sobre el suelo, de espaldas a la pared

-Ha sido increíble, Karen...- le dije mientras la calma invadía mi cuerpo
-Ya lo creo...- dijo ella cerrando de nuevo los ojos y volviéndose aún más sexy que en el mejor de mis sueños.

Entonces me miró. Agarró mi cabeza. Me besó. Me levantó. Me llevó hasta el sofá, empujándome contra él de nuevo. Caí sentado, perplejo, y miré su cara. Sus ojos ardían de nuevo. Se arrodillo entre mis piernas, otra vez.

-Karen, qué... qué estas haciendo?-
-Darte más sensaciones con que deleitarte cuando me recuerdes cielo...-

Directa, sin contemplaciones, se metió mi pene, aún flacido, en la boca, y su lengua comenzó a lamerlo.

-Ya me la has chupado antes, Karen...- le rebatí. No quería explotarla más de lo que ya lo había hecho... y estaba más que saciado...

-Una mamada es una mamada, lo siento- me dijo ella, bastante seria. -Tienes que correrte. Tienes que conocer la sensación de correrte en mi boca, cielo... estoy seguro de que le darás buen uso...-

Dios. Mi pene dio muestras de respuesta, recuperando la erección perdida en la boca de Karen, que me la estaba lamiendo. Cómo me pones, zorra...

Y así empezó a chupármela. A chupármela como sólo ella sabía hacerlo. A tragarla, besarla, devorarla, masturbarla entre sus labios, tan calientes y húmedos. Se alzó un poco, y aprisionó mi pene entre sus tetas para masturbarme con ellas...

-Joder Karen. Joder!-
-Te gusta, cariño?- me dijo sonriendo
-Tú me gustas, Karen, tú me gustas!-

Volvió a lamérmela. Javi, eres un capullo afortunado. Aunque las ganas de polla que tenía esta chica... quizás contigo no sea tan placentera. El sexo con Karen es el sexo de verdad. Es sexo auténtico. Y su calor, su calor es el cielo.

-Cariño...- me susurró -quieres correrte en mi boca, o orefieres hacerlo entre mis tetas?-

Cómo puedes ser así, Karen. Como puedes poner tanto a un hombre? Cómo has hecho para meterte en mi cabeza...?

-Oh...- gemí -me gustaría... me gustaría comenzar a correrme entre tus tetas... y terminar en tu boca, Karen...-

Exigir era excesivo por mi parte, pero no sé, era Karen, no era mi novia, y quién sabe si volvería a tener la ocasión de hacerlo...

-Me parece una gran elección, caballero... -dijo sonriendo

Así, sus tetas envolvieron su polla de nuevo dejándome sentirlas, suaves, aterciopeladas, calientes, excitantes, morbosas. Pero aún más que su masturbación lo que me estaba poniendo era verla. Verla a ella, allí, ante mí, dedicándose a mí, a mi polla, a mi placer, agarrando sus tetas y actuando con su cara para poner poses sexys...

-Cierra los ojos Karen... -hazlo, por favor... -entrecierra la boca, mira hacia arriba, y pon esas caras tan morbosas que ponías cuando te acercabas al orgasmo...-

Ellá me sonrió, el juego tle divertía, y reprodujo mi descripción con total fidelidad. Sus tetas seguían masturbando mi polla, arriba y abajo, increíbles. La expresión de su cara, ahora que estaba puesta a voluntad y con la intención de excitarme, era condenadamente caliente, mejor incluso que las no fingidas. Y para colmo, pequeños gemidos salieron de su boca.

-Oh... mmm...-

Mi cadera se agitó. No pude evitar mover violentamente mi polla entre sus senos.

-Sí Karen, sí!!!!!-

Sacó su lengua humedeciendo sus labios...

-Sí joder, síiiii!!!! Me corro, Karen, me corro!!!-

Y llegó. Una embestida de esperma salió sobre mi amiga cubriéndola, y ella se lanzó corriendo a comérmela para que yo terminase de eyacular en una deliciosa mamada...

-Joder Karen... Eres tan... perfecta...-
-Un gran regalo, eh Darien?-
-Jaja, sí, una pena que fuese tu cumpleaños y no el mío, verdad?-
-Bueno... -respondió vacilante -si yo lo estaba deseando...- rio

Cuando me despidió, yo me había puesto mi ropa, y ella se había vestido con un pijama holgado. «Natural», pensé.

-Nos vemos en la boda, Darien-
-Pues hasta la boda, entonces- respondí resignado

Abrí la puerta. Ella vino corriendo hacia mí, y me dio un último caliente beso de despedida... Respondí con ansia. Otra vez igual, parecía que llevase siglos sin besarla...

-Hasta luego, Darien- me dijo ya decidida
-Hasta pronto en mis sueños -fue mi respuesta...

Y marché a casa. Apenas había conocido la sensación de vida hasta ese momento. Apenas la he vuelto a sentir desde entonces.

Cómo nunca llegué a ser un ángel (I y II)

-I-



Tener amigas que estén como un tren tiene más inconvenientes que ventajas. Sobretodo si tú eres también una chica que, noche tras noche, ha de acostarse con cualquier hombre de cuantos conozcan que no sea “el que está bueno”, el que ella disfrutará. La muy zorra...

Da igual que tengas unas tetas jóvenes y suaves, y que casi las regales con tu escote. No importa que tus palabras insinúen abiertamente que tu boca se vende fácil a las pollas, como si fueses una ninfómana desesperada. Porque los tíos, mil veces odiosos, ya han decidido que “el premio” es mi amiga mucho antes de entrarnos. Y yo, que a mi parecer estoy de muy buen ver, no tengo mayor alternativa que convertir en afortunado a algún segundo plato que, encima, hubiera preferido acostarse con ella. Es tan odioso!!!!


Tan sólo en una ocasión nos cruzamos con un grupo de tíos en el que fueran dos, y no sólo uno, los pivones que estaban para comérselos. Y se los llevó, cómo no, ella. Sí, a los dos. Aquella noche le romperían el culo en una de tantas fantasías que yo sólo experimentaré cuando ella me las cuente. No he conocido hombre con el que valga la pena el sexo anal, pero es que aquellos dos tíos... Uf!! En fin, socorro.


Su nombre es Lucía, el mío Ana Mar, y sería esta “rivalidad” de la que ni siquiera sé si ella era consciente la que nos adentraría en la mayor aventura de sexo a la desesperada de nuestras vidas.

Todo comenzó un muy caluroso Martes del mes de Julio, en la playa. Habíamos decidido marcharnos juntas de vacaciones, las dos, solas. La mayoría de nuestras amigas tenían ya pareja estable, y estaba un poco de moda criticar nuestra costumbre de no dormir solas. Allá ellas. Rodeadas de sus “chicos encantadores”, me figuro que la condena de un sexo con dos miembros pasivos había caído sobre todas, y se les notaba en el humor.

Tumbadas en una hamaca, pronto nos sentimos devoradas a miradas (lo que, Dios lo sabe, nos encantaba). Las dos morenas, Lucía escultural, ojos verdes, labios finos, cuerpo en forma, y aquellas piernas maravillosas, y yo, de desgraciados ojos marrones, menos delgada, aunque mis piernas tampoco estaban mal; sabíamos que todos estos detalles pasaban desapercibidos. Miré con envidia los pechos del ángel que estaba tomando el sol a mi lado. Eran enormes. Parecían duros, como si la gravedad no los derrotase, redondos, ardientes, alucinantes. Recordé la ocasión en la que, borrachas como nunca las dos, comenzamos a besarnos en mi casa, calientes perdidas. Continuamos desnudándonos, y, loca de morbo, empecé a lamérselos. Dios, me sentí MUY lesbiana. Ella acabaría tirándose al capullo de mi hermano pequeño en mis jodidas narices, sin que casi me importara. Recordé cómo, sentados ambos en el sofá, Lucía lo cabalgaba de aquella forma salvaje. Cómo le bailaban esas tetas. Arriba, abajo, hipnotizantes, mágicas, embelesando a mi afortunado hermanito, que cumplía los 18 años y apenas le duró unos minutos. Jaja, fue incluso gracioso cómo, después de haberse corrido, le pidió completamente arrepentido de haber dejado pasar la ocasión que intentase chupársela, que sólo un poquito, mientras ella pasaba completamente del tema. Creedme que os gustaría saber cómo terminó todo, como le gustó a él también... pero no he venido a contar esa historia.

Detrás de nosotras, un grupo de chicos un poco más mayores, de unos veintitrés o veinticuatro años, jugaban a una especie de “mini-fútbol” playero y nos miraban de una forma descarada. Me volví un poquito, por curiosidad. No estaban mal, bastante atléticos. Dos de ellos se encontraban apartados, uno estaba escribiendo algo. La incertidumbre me invadió, quería atenderles mejor. Me puse, disimuladamente, a hacer que tomaba el sol boca abajo, con las gafas de sol puestas, para poder así mirarles de una forma discreta.

El chico que escribía, sentado en una especie de banco de piedra que marcaba los lindes de la playa, estaba tremendísimo, tenía un “algo” que me atraía, y el chico que le acompañaba, de pie, tampoco se quedaba atrás. Vi que nos miraban, en especial el segundo. Me entró un pelín de excitación, no sexual, eran nervios, ya sabéis, y me desabroché el bikini para corresponderles, sin dejar de quedarme boca abajo. Tenía que combatir de alguna manera contra la delantera con que Lucía les deleitaba. Puta.

Pronto pude comprender más o menos la escena. El escritor parecía animar a su amigo, que se veía cortado, a algo, y me figuré que mi amiga, yo y nuestros cuerpos tenían algo que ver. Ya lo creo, pronto pasarían a nuestro lado, y el cortado se agacharía un poco para dejar a mi lado la nota que yo sabía que había salido de manos del escritor. Discretos, se metieron al agua sin mirar atrás, dejando que cogiese el papelito sin tener que cohibirme, un detalle. La nota decía:

“Sería capaz de recorrer un mundo entero si supiese que, al llegar, me estuviera esperando tu precioso cuerpo de mujer, así, desnudo, cubierto por, afortunadas las manos, la crema que ahora te nutre, bajo este sol que te deslumbra, y en esta playa que te acoge. Pero tú estás aquí, y, por hoy, no necesito de hazañas para convertirme en el hombre más afortunado del planeta.”

-Jaja, tía- no pude evitar contárselo a Lu (Lucía) -mira lo que acaba de dejarme ese pavo-

Lo leyó, y no tardó en poner cara de rechazo -Mira que algunos están salidos, ¿eh? ¿cuál de los dos ha sido?-

Dios, increíble. Creo que ella se había fijado ya en ellos. Probablemente en el escritor, el chico con ese “algo” que no sabría cómo describir pero que parecía capaz de convertir en realidad todos tus sueños, o al menos los húmedos. Y que esa cara de rechazo se debía a, no sé cómo no me había percatado, ¡que me hubiesen dejado la nota a mí! ¡a mí, a Ana Mar, a la chica-que-no-estaba-al-nivel, mientras Lu se tumbaba al sol con todos sus encantos destacando! Estaba decidido: El chico me había encandilado. El escritor, claro. Y por nada del mundo iba a dejar que Lu se lo anotase esta vez.

-El más rubio, el alto- respondí señalando al cortado y omitiendo el resto de la historia
-¿El rubio? ¿Sí? Oye, pues no está nada mal eh?-
-No, la verdad es que no, ¿no crees?- Le seguí el rollo, aunque su tono ahora me desconcertaba. Por favor, estaba claro que el Escritor era carne de polvazo, pero ella parecía, de verdad, no fijarse.
-¿No vas a devolverle una nota tú, o algo?- me lanzó -tía, esas palabras tienen morbazo.-
-No lo sé, tía, no lo sé! Me lo pensaré. La verdad es que parece divertido!- hablábamos como locas, formaba parte del rollo.
-Deberías volver a ponerte boca arriba- me dijo -las tetas siempre atraen más que las espalda, Anita, que pareces nueva!-
-Jaja, tú y tu mente calenturienta, guarrona! Quizás tengas razón!-

Comencé a abrocharme de nuevo el bikini...

-No! Tía, no seas tonta!- me interrumpió -desmelénate, Anita, que estás en una playa joer!-
-Jaja, pero tía, me pides que deje todas las tetas fuera ahí? Cómo te pasas no?- (sí, la idea me encantaba)
-Oye, pero dijimos que veníamos a disfrutar o qué? Caliéntales con esas tetazas tuyas, que tienes ya una edad, y esa belleza hay que aprovecharla!-

Recordé por qué éramos amigas, sonreí y pensé que, acabara como acabara la cosa, la idea de que no sólo el escritor y el cortado, sino tantos otros desconocidos que nos rodeaban, se pasasen la mañana muertos de ganas por sentir mi senos y soñando con follarme hasta extasiarme sudada, se me antojaba divertida. Claro que sí. Me volví con mis pechos desnudos. No serían los de Lucía, pero no estaban nada mal. Ahora me moría de ganas porque el escritor regresase a la playa para encontrarse con su carnoso regalo.

Los minutos pasaron con los chicos en el agua, el sol me relajaba demasiado, y no pude evitar caer dormida. ¡Maldita tonta!

-Tía!- me despertaría Lu -tía, tía, despierta! No te lo vas a creer! Los chicos nos han traído bebida!-

Desperté. Apenas pude creerme lo que me esperaba. Inclinada sobre mí, despertándome, estaba Lucía. Su pelo negro, que caía sobre su espalda. Sus ojazos verdes. Aquella nariz moldeada, aquella boca tan sexy y... sus increíbles tetas, bailando desnudas, sin bikini como las mías. Arpía, ¿cómo no iban a traernos nada con aquellos melones seduciéndolos? Así como estaba, inclinada sobre mí, sus pechos, morenos, colgaban arrejuntados, y sus pezones, mágicos, quedaban a unos centímetros de mi cara. ¿Lo peor? Que me encantaban. Que me parecían una forma genial de despertarme. Que me moría por besárselos. Por lamérselos. Por dejar mi boca a su servicio y dar a mi lengua su contacto. La envidia me corroía, me sentía traicionada por saber que Lu había seducido a mi aventura, pero también, y esta vez sin estar borracha, me sentía un tanto lesbiana.

-Bua, Anita, estabas tan espectacular ahí con las tetas al aire que me has dao envidia y me he quitao yo también el bikini- me dijo haciéndose la tonta. En su mano, la bebida. Martini. Así, en botella. ¿Cómo podía haberlo aceptado? No era propio de Lucía.
-Mira, es martini. Iba a rechazárselo, ha venido el rubio a traértelo con bastante desparpajo, supongo que ellos también se han metido alguna, pero me he acordado de que te estaba molando, de que éste es nuestro verano y, jiji, le he dicho que sí!- dijo como leyéndome la mente

Joder, Lucía. Si se estaba haciendo la tonta, lo hacía muy bien. ¿Cómo podía no haberse fijado ella en el guapo escritor? Y, sobretodo, ¿cómo montármelas para tirármelo sin que ella se fijase por el camino? No podía permitirlo. El hecho de que centrase su atención en el cortado me daba cierta ventaja: tendría que explotarlo.

-Trae aquí!- le dije cogiendo la botella -puta locura!-

Comenzamos a beber. En la botella no nos esperaba martini. No sé qué habrían metido, pero estaba casi tan bueno como el escritor. Después comprobamos lo rápido que se subía, mientras los chicos nos miraban ya descaradamente y descojonándose. Lu y yo comenzamos a decir cosas tontas y a morirnos de la risa. Aún sonrío al pensar en lo que pasaría por las cabezas de la gente que nos rodeaba, allí, un martes por la mañana, con aquellas dos chicas borrachas y desnudas diciendo tonterías y riéndose. El espectáculo estaba por comenzar.

-Oye Anita! Que me doy cuenta de que llevo más de una hora aquí con las tetas de paseo y se me ha olvidado darme crema!- dijo con especial tono de tonta
-Joder! Y a mí! Dónde tienes la crema?- no era momento de que se me quemasen, no era el puto momento!
-Aquí, en la bolsa!-

Cogió la crema, y se echó un chorrito sobre una de ellas.

-Tía...- me dijo entonces, con un tono muy, muy sexy -¿no quieres calentar un poco a tu ligue?-
-jaja, tía, qué dices...-
-bueno... digo que...- su voz era sensual -podíamos darnos la crema la una a la otra...-
-jajaja, tía!!!!!- dije escandalizada. Teníamos que estar muy, muy borrachas. Para colmo, hablábamos muy alto, y la gente nos miraba.
-Vamos... Como si no tuvieras confianza ya con ellas... eh, Anita?-

Joder, qué picante. Aquellos senos, con un poco de crema en uno de ellos, pidiéndome que los sintiera. Me llamaban, me atraían, me gustaban.
-Está bien, pero si lo hacemos sexy... lo hacemos sexy- le dije sonriendo. En ese momento no estaba pensando en calentar a los chicos. Estaba pensando en las tetas de Lu. En tocarlas. En masajearlas. Y quería hacerlo, quería hacerlo a conciencia, quería disfrutarlo. Cualquier excusa que me ayudase me iría de lujo.

Me arrodillé sobre ella. Sobre su cuerpo tostándose al sol. Ella cerró los ojos y echó la cabeza atrás. Estaba metida en su papel... Y la confianza con la que se abandonaba a mis manos me encantaba. Comencé a tocárselas en un tórrido masaje. Suaves y firmes, cómo las envidiaba, su sólo tacto ya me estaba volviendo loca. Pero quería más. Quería volvérselas a besar. Como aquella noche en que mi boca había conocido por vez primera los pechos de una mujer y la polla de mi hermanito. Sabía que era imposible, rodeados de gente, y cubiertas ya de crema, pero quería lamérselas otra vez. Lucía, además, ponía cara de concentración, como si lo disfrutara. “Finge por el jueguecito del rollo sexy” pensé, pero no. No, había caras muchísimo más sexys, y Lu las dominaba todas. Estaba sintiéndome. Estaba disfrutanto, como yo también hacía.

Me acerqué a su boca. Sentí sus labios cercanos a los míos. Quería besarla. Quería besar a Lucía. A la mujer de ensueño que hipnotizaba. Sentí incluso celos por cuantos hombres habían pasado por esos labios. Quería sentirlos. Pero no estaba tan borracha.

-Lu, no sabes cómo me encanta tocarte las tetas...- parece que sí que estaba suficientemente borracha como para soltar eso. Me arrepentí enseguida... Me miró raro.
-Pero qué dices tía?-
-Joe, no sé, tan blanditas, tan...-
-Jaja, tía, estamos hechas unas lesbianas que lo flipas...- me respondió

Un momento: ¿Cómo? ¿Estaba declarándome abiertamente que no le molestaba? ¿Incluso que, a su manera, a ella también le excitaba? Joder, tenía sentido, era ella la que me había propuesto todo este lío de sobarnos, pero... uf, sería demasiado caliente.

-Es tu turno, Anita-

Me levantó y me hizo tumbarme en mi hamaca. Sus ojos brillaban. Humedeció un poco los labios con su lengua. Lu, me estás poniendo a cien. A mil. A cienmil. Joder, Lucía, si fueras un hombre, comenzaría a chupártela ahora mismo. Lo disfrutaría. Fingiría que lo disfrutaría aún más. Te destrozaría con mis ojos, te follaría con mi lengua, y después... por dios, desearía que tuvieses ganas de mí. De metérmela, de hacérmelo, de cabalgarme, de torturarme a placer. De escucharme gemir como una puta, sobar mis tetas, sujetarme contra la pared y terminar con tu boca en mi vagina. Y ambos seríamos felices. Pero eres una mujer, y no sé qué hacer contigo. No sé jugar como lo hago con los tíos. Ni como tú lo haces conmigo.

En lugar de arrodillarse a mi lado, se subió también en mi hamaca, colocando sus piernas a ambos lados de mi cadera. Su cara expresaba deseo. No pretendía “darme crema”. Tampoco fingía ante los chicos. Quería meterme mano. Quería conocer mis tetas como yo lo había hecho con las suyas. Estaba deseando mi cuerpo. Lu, la chica increíble, me consideraba a su nivel... y yo me sentía feliz. El atrevimiento con el que me trataba indicaba que se le había subido más aquel “martini” que a mí, pero no me importaba. Quería disfrutar con aquello.

Imagináosla. Se echó crema en una mano. Comenzó a masajearme con las dos. Sus brazos, en esa postura, aprisionaban sus tetas que salían, turgentes, deslumbrantes. Sus manos me estaban acariciando a placer. Cerró los ojos, mirando hacia el cielo en una expresión de placer.

-Anita... no sabes cómo me estás poniendo...-

Como me pones tú a mí, jodida.

-Anita... me estás matando...- decía aquella especie de sueño que se sentaba sobre mis caderas.

Comencé a humedecer la parte inferior del bikini. Lucía...

Se inclinó sobre mí. Apoyó sus codos sobre la hamaca. No hace falta mucha imaginación para saber que sus senos se encontraron con los míos. Wow. Nuestras tetas, húmedas por la crema que acabábamos de ponernos, se conocían ahora por vez primera. Lucía seguía con sus ojos cerrados, y comenzó a mover esas tetas maravillosas. Hacia arriba, hacia abajo, en círculos...

Cerré los ojos. Nuestros espectadores estaban ya atónitos. La sentí. La sentí con todo el placer del mundo. Nuestras tetas se estaban besando. Se estaban deleitando. Joder, Lucía y sus tetas. No me cansaba de pensar en esa palabra. Las tetas de Lu. Las enormes e increíbles tetas de Lu.

Sentí su aliento cerca de mi boca. Abrí los ojos, y allí estaban los suyos, encendidos. Mi vagina se humedeció más si cabe. Y así, con su cuerpo desnudo recostado sobre el mío, comenzó a besarme. Esa boca, Lu... no puedes imaginarte cómo me gustó. Primero juntaba sus labios con los míos, en cálidos besos. Luego comenzaba a jugar con cada uno de mis labios. Cuando fue su lengua la que entró al juego, quedé desarmada. Quería que aquel beso nunca terminara. Mi lengua estaba disfrutando la suya, mis labios también, y no podía dejar de pensar en el roce entre nuestros pechos. Nos besábamos, nos saboreábamos. El beso era cálido, era suave, dulce cómodo, excitante. Un beso de mujer.

Entonces Lu comenzó a lamer la comisura de los labios. Sentí cómo me derretía. Mi amiga era una profesional. Y su juego no había terminado.

Se apartó un poco, se recostó a mi lado, sin dejar de pasar su lengua por mis labios. Una de sus manos quedó libre, y comenzó a acariciarme el ombligo. Lu, dime que no estás pensando en eso...

Su mano siguió acariciándome. Tranquila, paciente, como nunca lo había hecho la de ningún hombre. Lu...

Alcanzó la braguita del bikini. Lucía, acabarás conmigo...

Y así, metió su mano y comenzó, suavemente, a masturbarme

-Joder Anita, guardas un trozo de mar aquí abajo?- dijo al sentir la humedad en mi vagina
-No me separes de tu lengua, Lucía- dije lanzándome de nuevo a reclamársela, loca

-Eh! Vosotras!!! Joder, dónde coño os creéis que estáis???-

La voz de un tío, alta, poderosa, nos devolvió a la realidad. No era otro de nuestros espectadores, ya idiotizados. Parecía una especie de guarda o algo. Se acercó hasta nosotras.

-Dios mío, sois lo que me faltaba por ver. Si supierais la multa que os puede caer por esto... Mirad, escuchadme, a vuestro alrededor no hay más que tíos jóvenes, y os voy a perdonar porque no creo que les hayáis molestado precisamente, pero quiero que os larguéis ahora mismo de mi playa, vale chicas?-
-S..Sí, sí señor agente (no creo que fuese ningún agente, pero es lo que me salió), ahora mismo... por supuesto...- me moría de envidia. No así la borracha de mi amiga.
-Pero señor agente... si está empalmadísimo!-

En un rápido movimiento, Lu bajó los pantalones del agente. Desde luego que estaba empalmado, estaba empalmadísimo, cómo no iba a estarlo. Lucía soltó una risita y se metió su pene en la boca. De inmediato, comenzó a mamársela. Maldita profesional. La aparté enseguida como pude.

-Dis... ¡Disculpe señor agente! Es que mi amiga está... está muy borracha... y...-

El guarda no reaccionó, se había quedado paralizado. Así, me apuré en levantar a mi amiga, coger la bolsa y, con las tetas al aire aún las dos, salir de la playa. Una vez fuera, me dijo picantona:

-Espera! Espera!- Se puso a hurgar en la bolsa. Cogió la nota del chico y un boli, y corriendo, anotó mi número de teléfono y se fue corriendo hacia el cortado
-Lucía no!!-

Tarde. El cortado me miró como diciendo “no pasa nada”. La verdad es que, sin ser el escritor, no estaba nada mal. Entonces recordé a mi amor del día. El masculino, al menos. El que tenía “algo”. Ya lo creo que lo tenía. Tenía novia. A su lado, una chica que parecía acabar de llegar lo abrazaba mientas nos miraba con cara de asco. Una maldita novia. Sonará mal, pero este es un relato de confesiones: aquello me enamoró del todo de aquel desconocido. Del escritor. De mi escritor.



-II-


El cortado me llamó al día siguiente. Su nombre era Raúl. Quería saber si me gustaría tomar algo con él. Valiente gesto, llamarme después de un día de borrachera en el que era consciente de que me había visto montándomelo con mi amiga. Tuve que hacerme la tonta, no estaba sola en el hotel. No es que durmiera con Lucía...

Cuando salimos de la playa, estábamos mojadísimas. Y aún en tetas. No sabía si Lucía querría seguir con el juego en la habitación, pero ahora me daba algo de corte y ni siquiera sabía si lo deseaba. Dos tíos pasaron, mirándonos, como toda la calle. Uno de ellos estaba bastante bien, el otro era más bien feote.

-Tía, necesito polla- me dijo Lu, pedo perdida -y este señor tiene pinta de tener una bien deliciosa- dijo agarrándose (sí, desnuda) al guapo. Me resigné. Yo también la necesitaba. No había dónde elegir, así que me quedé con el feo. Una vez en la habitación, desinhibida por el alcohol, le dejé las cosas claras.

-Si estás aquí, es porque mi amiga me ha puesto a cien y necesito desfogarme. Eres un cabrón afortunado, y tu papel esta noche es el de darme placer. Me parece bien que lo disfrutes, por qué no, pero esto es para mí, no trates de cumplir todos tus sueños ahora. Apagaré la luz. Me comerás el coño. Lo harás a conciencia, además, más te vale hacerlo bien, porque pienso correrme mientras lo haces. Si después me apetece, follaremos. Tú te pondrás encima, y me trabajarás. No me beses en la boca, no me gustas. Bésame lo que quieras, excepto la boca-

Puede sonar duro aquí escrito, no lo sé. Sé que estaba pedo, y que a él le sonó a cielo. Un gemido de mujer llegó desde la habitación de Lucía.

Apagué la luz. Me desnudé, cerca suyo. Sin tocarle, haciéndole sentir que me desnudaba. Desabroché su camisa, botón a botón. Seguía sin tocarle en exceso. Sus pantalones... Hacía mucho que no desabrochaba unos pantalones sin proceder a una mamada. Cuando follaba por impulso, por calentón, que eran las ocasiones en los que no cabía el sexo oral, solían desabrochárselos los tíos solitos. Creo que mi invitado lo notó, y supongo que cruzó los dedos. No, no estaba para comerle la polla ahora, estaba decidido. Le cogí la cabeza.

-Ven aquí- le dije, tumbándome en la cama y hundiendo su cabeza entre mis piernas. Intuitivo el chico, se puso a lamer. No lo hacía muy bien. Le cogí la cabeza. No pensaba quedarme sin disfrutar de aquello, y comencé a movérsela según me apetecía. Una vez comencé a disfrutar, el calentón olvidado en la playa regresó instantáneamente. Pensé en Lucía. Pensé en Lucía y en su lengua. La imaginé entre mis piernas. Sí, no era el desconocido el que me estaba dando aquel momento. Era Lucía. Vamos, Ana, concéntrate. Ví sus ojos de mujer mirándome, lujuriosos. Sus labios. Su lengua recorriendo el interior de mis muslos. Comencé a calentarme. Arriba, abajo, Lu besaba mi vagina con deseo, con placer, y su lengua jugaba conmigo. Sus tetas bailaban mientras lo hacía, sus ojos contemplaban bailar a las mías.

-Sí, Lucía, sí, por Dios, sigue...-

Aquello calentó al tipo, que aceleró el ritmo. Lucía había cerrado los ojos, comía con ansia mi coño, con placer. Me miró. Sonrió. Siguió lamiendo. Su lengua, arriba, abajo, húmeda, suave, como el beso, pero en un lugar muchísimo más increible, lamía, me miraba, sonreía, sus tetas seguían bailando, Lucía se excitaba, se entregaba a esa vagina.

-Sigue!! Sigue!!!! Sigue!!!!!-

Su cara lujuriosa se hundió por completo entre mis muslos lamiendo con ansia. Me moría. Bajé mis dedos para ayudar. Pero no eran mis dedos. Eran los de Lucía. Loca, me besaba, me enloquecía, me disfrutaba. “Joder Anita..” dijo antes de volver a lanzar su boca para comerme el clítoris, los labios, para meterme sus dedos, para masturbarme, qué manos, qué boca, dios mío, Lucía, sigue.. sigue...

-Ah!! Ahhh!!! Sí!! Síiiiiiii!!!!!-

Me corrí. Me corrí con ansia, con fuerza. No había sido la mejor comida que me habían hecho, pero mi imaginación había puesto el resto. No sabía si ahora me apetecía que aquel tipo me follara. Me pareció mal cortarle. Supongo que sintió mi invitación, porque subió y comenzó a besarme las tetas. Definitivamente, su boca no tenía ningún don.

-Cariño, si no quieres que se me vaya la líbido por los suelos, creo que es el momento de que me la...-

“Metas”. No me dio tiempo ni a terminar la frase. Su polla me penetró casi sin permiso, vulnerando toda intimidad. ¿Polla? Pollón. Joder. Joder! Me la sacaba y me la metía, vaya miembro! Dios! Quedaba alucinada a cada viaje. Aquel tío había conseguido sorprenderme, y fue una sorpresa más que maravillosa. Sí, sí... Miré hacia mi amante. A oscuras, no se le veía la cara. Pero yo sabía quién era. Era el escritor. Era aquel pedazo de hombre que había dejado en la playa, sobre mí, rozándome, deseándome, metiéndomela, acostándose conmigo. Echaba en falta más violencia, quería que me destrozara, pero el cielo sabe que aquella polla me lo estaba haciendo gozar.

-Dios, sí...- dijo el hombre.
-Cállate- su voz no le quedaba bien al escritor -y sigue follándome, cabronazo, sigue follándome!-

Eso le animó, y sus embestidas cobraron más fuerza.
-Sí joder, sí. Métemela! Métemela! Métemela!!!!- gritaba como una desgraciada. El escritor, con ojos profundos, disfrutaba de mi cuerpo, pero lo hacía a un nivel diferente. Tranquilo, reposado, y violento de igual manera, dejaba que mis piernas le abrazaran, que mi voz le sedujera, que mis pechos le traspasaran, mientras me miraba con complicidad. Era increíble. Era un hombre. Un hombre, como no había conocido a ninguno.

Comenzó a besarme las tetas. Sí, por favor, sí. A chuparlas, a lamerlas. No lo hacía de la forma en que lo hacía el escritor en mi mente, pero no me importaba. Subió por mi cuello. Su pene seguía entrando y saliendo de mi cuerpo, calentándome, disfrutándome, follándome. Follándome, siempre me encantaba esa palabra. Follándome como solo el escritor sabía hacerlo. La temperatura subió. Comenzó a besarme el cuello, la oreja. Era guapísimo, diferente, masculino. Su polla, enorme. Y me estaba follando!!

Me besó en la boca. Se saltó las normas. Pero era el escritor, y me volvió loca que lo hiciera. Loca.
Solté un gemido de placer mientras le devolvía el beso. Le abracé. Le sentí. Sentí su musculado cuerpo, sentí su deseo, sentí sus brazos, sus piernas, su culo. Y esa polla, por favor, esa polla que me estaba matando, que no paraba de entrar y salir de mí.

-Sí!! Por favor, sí!!! por favor!!!-

El orgasmo llegaba, deslumbrando sobre cualquier otra parte de mi ser. Mi lengua estaba en su boca. Mis tetas se frotaban con su cuerpo. Mis piernas envolvían su cadera. Y así, en una increíble explosión de placer. Llegó. Me corrí. Me corrí con toda mi alma, entre gemidos. Sí, escritor. Desde luego que es amor lo que me estás dando. Y lo que te daré yo a ti.

Insatisfecho, el pene de mi amante seguía reclamando mi cuerpo. Encendí la luz. Se lo había ganado. Sin embargo, para mí no dejaría de ser el escritor. Lo senté en la cama. Me arrodillé ante él. Obediente, seguía sin decir una palabra. Pude ver su pene. No era tan grande, después de todo, quizás la imaginación hubiese puesto lo demás. Comencé a chupársela. Capullo afortunado, mi amante se deleitaba en mi entrega al escritor., y si algo sabía hacer, era mamar una polla. Demasiada práctica. Demasiados hombres, demasiados penes, demasiada confianza con mi hermano como para no repetir, y siempre las mismas reacciones. Mi lengua se entregó. Acariciaba su capullo, lo chupaba, lo lamía, lo mamaba. Me entregaba a mi Shakespeare con la intención de inspirarle más que sus letras. Chupaba, humedecía, seguía chupando. Volví a calentarme. Tumbé aquel cuerpo.

Empeñada en no ver otra cara que la de mi escritor, me senté sobre el, de espaldas, y me estiré hasta que mis tetas quedaron a la altura de su polla y mi culo frente a su cara. Así, mis senos envolvieron aquel pene, haciendo que mi acompañante se derritiera en el acto. Ver mi culo bailando mientras lo hacía no solía desagradar tampoco a nadie...

Me recosté más. Ahora, su pene quedaba bajo mis labios, y mi vagina sobre los suyos. Lo que son los escritores, no tardó en acudir a él la inspiración. Comenzamos el sesentaynueve. Yo chupaba y chupaba, como si algo me atrajese en aquel miembro erecto. Lamía, lo recorría, lo conocía. Lo saboreaba. Mi boca subía y bajaba, enloqueciéndole. Sentí que su eyaculación se acercaba. Jodido tío feo, apuesto a que no olvidarás esta noche. Comenzó a correrse, y dejé que su semen se lanzase sobre mis tetas. Les encantaba. Pero había algo que les gustaba aún más. Hice que necesitaba quedarme algo de aquel semen, lamerlo, y lancé de nuevo mi boca sobre la polla de mi Oscar Wilde, terminando mi mamada mientras él terminaba de correrse. Aquello me calentó muchísimo, y sentí acercarse a mi tercer orgasmo de la noche. Comencé a mover mi entrepierna, restregándola contra su lengua con mayor habilidad de la que él tenía para lamérmela. Sí, así sí, así sí!!. Se acercaba. Venía. Tras los dos anteriores, casi parecía algo natural. Alcé la cabeza. Gemí. Grité. Y me corrí.



El tío amaneció en mi cama. De repente, me parecía aún más feo. Y entonces llamó Raúl, el cortado. No sabía muy bien cómo encarar aquello.

-Sí, claro que quedaremos, por qué no?- le respondí -pero tú y yo solos, vale?-

Accedió. Yo ya tenía un plan. No iba a cejar en mi empeño por que mi aventura con el escritor trascendiese la imaginación. Pero iba a ser complicado. Tenía novia. Sin embargo, eso lo convertía en un hombre heterosexual. Sabía cómo lidiar con esa especie. No tan bien como Lu, pero sabía hacerlo. Y, con el cortado de trampolín, Shakespeare acabaría deseando mis tetas antes de que terminasen las vacaciones. Encantada.

El ligue de la noche anterior se había metido ahora en la ducha. Seguía sin decirle palabra. Me metí en el baño. Apagué la luz. Me metí en la ducha. Me arrodillé. Comencé otra mamada. Pero esta no era de premio. Ni el resultado de un calentón. Sería una mamada lenta. Una mamada profesional. Mi lengua se quedaría sin un centímetro que besar, y su pene sin una sensación que conocer. Lo haría delicioso. También me gustaba esa palabra: Delicioso. Sí, simularía que el pene lo era, y le correspondería. Llamadme puta, pero saber hacer aquello formaba parte del plan. Con la luz apagada, no tenía que preocuparme por la expresión facial. Era un error. Encendí la luz. El pobre chico estaba perplejo. Retomé mi mamada. Esta vez no dejé de mirarle. De sonreirle. Sería una mamada larga. Sería una mamada increíble. Al mirarle, no dejé de ver al escritor. Sí, se la estaba chupando a mi amante, y se la chupaba de vicio. La envolví entre mis tetas. El chico gimió. El agua caía sobre nuestros cuerpos, haciéndolo todo mucho más placentero. Me la metía, me la sacaba, jugaba con ella, sin darle tregua. Gemí. Chupé. Sentí cómo se acercaba su orgasmo. No quería que la ducha de ese tío se extendiera, y opté por, esta vez, devorarlo todo. Lo tragué. Él se dejó caer sobre el suelo. Me sentí satisfecha. Tenía la habilidad con un pene entre mis labios. La necesitaría si quería alcanzar mi meta.