La mamada de su vida.

Eran alrededor de las 12:00 de la madrugada. Estaba esperando
el último tren de la línea del metro. Considerando lo peligrosa que es la
ciudad, se que no debería andar sola a altas horas de la noche y menos en
metro. Pero no me importó.

Había pasado toda la tarde cogiendo con un amigo, que todo mi
calzoncito emanaba sudor y olor a sexo de una manera deliciosa. Aún venía húmeda
y mi tanga negra sumamente empapada.

Llevaba una falda azul, pegada; delineaba bastante bien mi
figura. Y mi blusa ligeramente escotada dejaba ver mis suculentas y grandes
tetas a quien pasara a un costado de mí. Sentía claramente como todos los
hombres que esperaban el metro me recorrían con la mirada fantaseando poder
meterme la mano y tocar mi chocho húmedo.

Como es de costumbre, ignoraba sus miradas haciéndome la
desentendida. Excepto de uno. Ese hombre alto de piel clara y ojos color miel,
quien lejos de verme el cuerpo no dejaba de verme a los ojos y sonriendo de esa
manera picara que hace a una sudar…

Fue listo y se subió al mismo vagón que yo, junto con otras 2
personas, quienes a la siguiente estación se bajaron de inmediato. Dejándonos a
él y a mi solos todo el trayecto.

Me excitaba que no dejara de verme y que me retara con su
mirada. Así que no lo dude y de inmediato me senté a su lado. Su respiración
era rápida al igual que la mía y ambos lo notamos. Ligeramente coloco su mano
izquierda sobre mi muslo y empezó a rosarla de manera lenta subiendo muy
despacio hasta colocar su mano en mi entrepierna. No dije nada, al contrario
abrí un poco mis muslos para que pudiera  sentir que estaba mojada y como palpitaba mi
chocho en su mano al mismo tiempo que mis pechos subían y bajaban al compas de
mi respiración totalmente excitada.

Me acaricio suavemente y con sus dedos movió mi tanga a
un lado para meterme su dedo índice hasta lo más profundo de mi ser. Gemí
delicioso. No podía creer lo excitada que estaba con un desconocido. Tomo ritmo
y comenzó a meterme dos dedos cada vez más y mas rápido. Sin besos, así crudo y
caliente me estaba masturbando en el último vagón del metro de la noche. Yo no
pensaba en nada, solo en lo rico que estaba sintiendo por culpa de ese extraño.
Quien continuó y continuo hasta hacerme explotar haciéndome venir en sus dedos…
cual depravado no dudo en llevarse a la boca para saborearme y decirme:

-Sabes delicioso. Muero por comerte el chocho.

No respondí. Solo lo vi fijamente insinuándole lo que estaba
por suceder.  Me pare frente a él, me
puse de rodillas y le saque su verga bien parada a punto de estallar. Estaba
tan suculenta. Rosita, gruesa y de buen largo. En lo personal, disfruto más de
las vergas gruesas que largas.

La tome con toda confianza y la metí a mi boca; la cual
estaba  llena de saliva y lista para ser
violada por su miembro.  Sabía que no
podía tomarme el tiempo requerido para chupársela pero me valió madres y comencé
despacio lamiendo cada centímetro de su verga erecta. Arriba, abajo… lento…
toda en mi boca hasta desaparecerla. Empecé a darle ritmo cada vez más rápido metiéndola
y lamiéndola toda hasta lo más profundo de mi garganta.

Su respiración se aceleró, pues el metro seguía y seguía y
solo lo ponía más nervioso el hecho de estar recibiendo una deliciosa mamada de
una extraña en un lugar público  con cámaras.

No le importo. Me tomo de la cabeza y del cabello y con más fuerza empezó a metérmela
cada vez más profundo hasta ahogarme.

-Chúpame los huevos. – Exclamó.

Llevó mi cara hasta sus huevos para que los lamiera y los metió
a mi boca.

-Saborea putita. Se ve que te encanta.- Exclamó.

El tuvo el control por un momento. Hasta que me solté y volví
a mi ritmo rápido pero con movimientos de lengua redondos en la punta de su
verga. No sé cuánto tiempo había pasado. Ambos estábamos muy excitados. Hasta
que me volteo la cara para verlo y me dijo:

-Me voy a correr en tu boca y quiero que te lo tragues.

No dije nada y continué hasta que sentí como explotó y se
dejo llevar por una corriente que salía de su gran verga hasta llenar mi boca con
su  semen, el cual cabe mencionar sabía
muy rico. Se vino mucho. Me pase todo de un sorbo.

Me limpie la boca, me levante, acomode mi falta. Y exclamé:

-Bajo en la siguiente parada.

Camine a la puerta el metro, pero de reojo pude ver cómo me recorría
el cuerpo con ganas de cogerme ahí mismo, en el metro.

Se abrieron las puertas del vagón y salí sin mirar hacia atrás.
Esa definitivamente, fue la mamada de su vida.

SG

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La primera vez de Ricky

Ricky estaba muy asustado cuando Maggie lo llamó aquella noche. No porque supiera que iban a pelear o porque hubiera hecho algo malo. No. Ricky estaba nervioso porque, esa noche, Maggie había decidido convertirlo en hombre. Esa iba a ser la primera vez de Ricky.

Recapituló antes de golpear la puerta:

Maggie le llevaba cinco años, era la hermana mayor de su mejor amigo y, ¡Dios! Él lo sabía muy bien: ¡La muchacha era una bomba!

De piel canela y piernas largas, llevaba el cabello castaño y largo y los ojos marrones cargados de placer. Sus pechos se dejaban imaginar grandes y turgentes, su vientre liso y bien marcado, y sus nalgas redondas y firmes. Completando lo que para él era una imagen divina.

Sí. Maggie era el sueño de todo chico y él estaba a punto de volverlo realidad la primera vez que iba a tener sexo. Tragó saliva.

Ya no recordaba cuántas veces se había masturbado viéndola. Pero si tenía grabado a fuego en su mente aquella vez que ella lo descubrió mientras tomaba sol tumbada de espaldas en el patio y, en lugar de escandalizarse y regañarle, se puso en cuatro patas levantando su culito y contoneándolo, como si se lo estuviera ofreciendo. Pero Rycky no pudo dejar de masturbarse y apuró el roce de su mano en su pene para largar su contenido. A partir de ese día, supo que solo era cuestión de tiempo. Por eso no se sintió para nada sorprendido cuando Maggie le escribió informándole de que sus padres y su hermano habían salido, que volverían tarde y que quería verlo cuanto antes. Al principio se sintió intrigado, pero su curiosidad se volvió una mezcla de miedo y excitación cuando le oyó decir:

-No te olvides de traer unos cuantos forros.

Así que ahí estaba él, el joven y virgen Ricky, a un golpe en la puerta de cambiar su vida y volverse hombre. Tocó tres veces.

Maggie lo recibió envuelta en una bata rosa clara y con una sonrisa por demás juguetona. Ricky entró tímidamente y fue conducido hasta la cocina.

-No tengas miedo, relájate. –le dijo Maggie al tiempo que le servía una copa de vino. –Créeme, nos vamos a divertir mucho.

La primera vez de Ricky, un sueño hecho realidad

Sin mayores preámbulos, Maggie tomó a Ricky de la mano y lo condujo hasta la habitación de sus padres. Rápidamente tiró al muchacho sobre la confortable y enorme cama. Se acostó a su lado y, sonriéndole abiertamente, comenzó a besarlo.

Sus labios y sus lenguas danzaban apasionadamente al tiempo que la muchacha lo tomaba por la espalda, acercándolo hacia su cuerpo. En su inexperiencia y desesperación, Ricky buscaba bruscamente acariciar cada centímetro de la muchacha, desde sus nalgas hasta su espalda y cabellos.

-Mmmmm, veo que alguien ya está preparado. –comentó grácilmente Maggie al tiempo que frotaba la pelvis de Rick por sobre su pantalón y notaba cómo su bulto iba creciendo y creciendo. –Abrí bien los ojos pendejo, que esto te va a encantar.- Añadió guiñándole un ojo.

Y ante la sorprendida y fogosa mirada de Ricky, Maggie se quitó la bata quedando completamente desnudo.

-¿Te gusta lo que ves? –le preguntó entre jadeos al tiempo que le acercaba los pechos a la cara y le tomaba las manos para que se los apretase. –Apriétalos y chúpalos, dale… Mmmm sí, así. –Comenzó a gemir cuando Ricky comenzó a apretar y masajear sus pechos mientras le daba largas lamidas y chupadas.

El éxtasis del joven comenzó a crecer cuando Maggie lo liberó de sus pantalones y dejó a la vista su pene totalmente duro y erguido.

-Mmmm qué grande es –comentó la joven tocándole la cabecita con la lengua y haciendo que se doblara de placer sobre la cama. Sonrió. –Despacito, que quiero saborearlo entero, entero.-Añadió dándole suaves lamidas y frotándolo con la mano lentamente.

Una fina capa de sudor comenzó a recorrer el cuerpo de Ricky mientras acariciaba a Maggie en las mejillas y esta se tragaba dispuesta y hambrienta todo su pene. No podía creer que se lo estaban chupando. Sentía el paladar de la muchacha en la punta de su miembro y una suave lengua recorriéndole por los costados. Sus huevitos duros y redondos, masajeados por finos y suaves dedos, amenazaban con descargarse.

-Llegó la hora de hacerte hombre. –Dijo Maggie a su oído, incorporándose y sentándose sobre él.

La muchacha comenzó a frotarle el pene mientras le ponía un preservativo y lentamente se sentó sobre él haciendo que su conchita se lo tragara por completo. Dejó escapar un gemido seco y comenzó a moverse lentamente.

Las manos de Ricky iban de las piernas de la muchacha a sus dulces nalgas. Su respiración se agitaba y se entrecortada al tiempo que una electricidad recorría su espalda y un leve hormigueo invadía sus caderas al sentir cómo Maggie lo rozaba con cada pequeño saltito que daba sobre su pene. Sus ojos estaban hipnotizados por el bailecito que hacían esos rebosantes pechos con cada sacudida y solo quería tenerlos en su boca. Pensamiento que Maggie debió adivinar, pues se agachó y le colocó los pechos en el rostro, moviéndolos de lado, al tiempo que aumentaba la velocidad de su cabalgada.

Ricky comenzó a mover su pelvis también, automáticamente, al tiempo que comenzaba a ser consciente de la sensación tan plácida de calor y humedad que invadía a su pene y de cómo este se iba pelando en el interior de la muchacha.

-¡Sí, sí, así! –gimió Maggie, al tiempo que Ricky se llevaba uno de sus pezones a la boca y apretaba el otro con dedos un poco más expertos.

La joven se incorporó un poco y lo besó apasionadamente, introduciéndole la lengua hasta la garganta, al tiempo que aumentaba la velocidad de sus movimientos y roce. Los gemidos de ambos comenzaron a entremezclarse. La muchacha dejó escapar un agudo grito en el mismo momento en el que Ricky sentía cómo su semen abandonaba su pene y se desparramaba, caliente y espeso, en el interior del condón. Era la primera vez que Ricky experimentaba aquella inolvidable sensación.

La muchacha le dio un cálido beso y se recostó a su lado.

 -¿Te gustó volverte hombre? –le preguntó besándole una oreja.

 Ricky no pudo responderle con palabras, solo atinó a volver a besarla.

 

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Con la amiga de sexo de mi hermano

Nos íbamos de paseo por un día en autobús y teníamos que madrugar porque se gastaban 4 horas en ida y vuelta. En un bar nos tomamos unas cervezas. Éramos mi hermano de 30 años, su amiga de sexo de 25 años, un vecino de 18 años con una de 27 años y yo de 20 años, cinco personas en total.

Como a las 11 de la noche decidimos quedarnos en un hotel para salir de ahí, pensando en quedarnos los 5 en una sola habitación, pero en el hotel decían que solo 2 por habitación. Rogando, al fin me permitieron quedarnos 3 y 2. Aparte, yo no sabía con cuál pareja quedarme porque ya pensaba que podía haber algo de sexo y ambos hombres me podrían permitir estar con su chica.

Decidimos que nos quedábamos con mi hermano y su amiga de sexo. Entramos a dormir y yo me imaginaba a la otra pareja que ya estarían dándole al sexo, sudaba y temblaba de las ganas y de la erección. Como a los 10 minutos mi hermano empezó a penetrar a su amiga de sexo. Trataban de no hacer ruido para que yo no me diera cuenta yo, que estaba acostado en los pies, pero se oía el chas del mete y saque mete y saca, chas, chas; ella gemía ahahaaahh, mas yo no me movía, aunque tenía ese pantaloncillo que se me rompía porque estaba como carpa de circo. Duraron unos 20 minutos dándole.

Todo estaba a luz de baja intensidad. Terminaron y mi hermano se durmió. La chica se levantó y se duchó en 3 minutos. Volvió y se acostó a mi lado en bata y calzones. Yo le dije que tenía ganas de coger, aunque ella se rió en voz baja, empecé a acariciarle las piernas… rápidamente llegué a sus calzones y le metí la mano. Estaba caliente esa vaginita, le cogía los pelitos y le metía los 2 dedos. Ella acariciaba mi verga de 18 centímetros erecta por 16 de gruesa y la fue acomodando en la entrada de su vagina y de medio lado se la fui metiendo centímetro a centímetro hasta que los huevos no dejaron entrar más. Todita adentro ella me apretaba las nalgas para que no quedara nada por fuera, nos besábamos intensamente en la boca y me decía papito que rico, como a los 10 minutos de metérsela y sacarla y sentir ese calor le dejé adentro unas 3 ráfagas de semen y juntos… aahh ahhh que riiicooo.

Nos quedamos así unos 4 minutos, yo con mi verga dentro de su vagina, y se la saqué para llevársela a su boca para que me la limpiase. Me la chupó como 3 minutos y nos pusimos a dormir, siendo eso de la 1 de la mañana. A las 4 nos levantamos, nos duchamos y, en el paseo,  mi amigo me comentó que había echado 3 polvos con su amiga de sexo y que él también me hubiera dejado su palomita. Yo le conté a mi hermano y dijo que él no se había dado cuenta, riéndose,  y que él tenía su propia novia. La chica me dijo que teníamos que hacerlo otra vez, pero yo no insistí.

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