Mis momentos con Saul 1ra parte

Desde hace algunas meses mi Novio no me toca, quizás la costumbre y la rutina han hecho mella en nuestra relación. Vivimos juntos desde hace algunos años y al parecer el fuego y la pasión se extinguieron, pero una mujer tan caliente y fogosa como yo…necesitaba de algunas atenciones, porque si, me encanta el sexo, es la mejor forma de sentirse hermosa.

Así que desde que conocí al atractivo Saúl, mis noches húmedas le pertenecían por completo a él.

Saúl era un hombre enigmático, brutalmente inteligente y sarcástico en algunas ocasiones, pero conmigo siempre se había comportado como todo un caballero, decente y educado, hasta podía sentirlo un poco distante cuando me mandaba textos y algun que otro correo, pero todo se extinguía cuando leía aquel apodo con el que me llamaba a diario.

Porque nació de la nada y era algo que solo me decía cuando estábamos a solas o cuando me escribía, me sentí atraída a él desde que comencé a trabajar a su lado, me di cuenta de que era un hombre realmente apasionado y sin querer comencé a tener fantasías con él.

Aquel hombre de 1.90 que siempre estaba de punta en blanco, de pies a cabeza, aun cuando su cuerpo robusto podía confundirse con el de un leñador, el olía a hombre de poder y eso me hacía temblar, su mirada ambarina que jugueteaba conmigo cuando comíamos juntos y me decía cosas de doble sentido…él también quería jugar con fuego.

Y la oportunidad se nos sirvió en bandeja de plata , Saúl celebraría sus 29 años en una preciosa reunión al aire libre, todos los de la oficina estábamos invitados y yo no pude resistirme a vestirme para matar. No podía llegar con nada vulgar, pues él era un hombre elegante y en la reunión estarían muchos de sus familiares y compañeros, por lo que opté por un vestido vaporoso azul claro largo, se pegaba perfectamente a mis senos sin brasier y realzaba mi fabuloso trasero, que muchas veces pille como Saúl veía.

Entre la música y el poco alcohol lo vi caminar hacia mí, con una enorme sonrisa en su rostro y aquellos fuertes brazos que me atraparon junto a un húmedo beso muy cerca de mis labios me dijo:

-Estas preciosa Kahila, como siempre – me susurró y de inmediato mi piel se erizó, yo le sonreí y comencé a parloteare sobre cosas sin importancia, el simplemente sonreía y me rozaba de vez en cuando, pero pronto nos vimos ansiosos por salir de la vista de todos, me llevó dentro de la casa con la excusa de buscar otra botella de vino, pero cuando llegamos a la bodega sentí sus manos ceñirse a mi cintura y su aliento tras mi oreja.

-hueles delicioso – susurró para luego comenzar a depositar besos en mi cuello, yo retrocedí un paso para sentirlo más cerca de mí y me encantó sentir aquel bulto justo en mi trasero, comencé a moverme un poco para estimularlo a lo que el mordió mi cuello y llevó sus manos a mis senos, escuche su gruñir al darse cuenta de mi falta de brasier, con delicadeza pellizcó aquellos pezones que rugían por algo de atención.

Me giró para mirarme a los ojos, aquellos magníficos ámbar estaban empañados en deseo y supe que, como el caballero que era, estaba esperando mi permiso. Yo lo tomé del cuello y me acerqué a su boca para besarlo con ansia, porque lo había deseado tantas noches que ya no podía resistir más, él se dejó llevar y comenzó a jugar con mi lengua, llevando sus manos a mi trasero, apretándolo y masajeándolo como si se le fuera la vida en ello.

Poco a poco bajó sus labios por mi cuello y los llevó a mi clavícula hundiendo sus dientes como un animal. Dios cuanto deseaba que ese hombre me empotrara de una vez, pero no descansó mucho en ese lugar, quitó las tiras de mi vestido dejándolo caer al suelo, mientras mi piel se volvía a erizar al sentir sus manos masajear mis senos y pellizcar mis pezones, se sentía tan bien que tuve que morderme el labio, verlo ahí totalmente encantado conmigo …pero a su
merced.

Pronto me obligó a recostarme en aquella mesa llena de vinos, dándole la espalda, dejándole una hermosa vista de mi maravilloso trasero, me sentía tan húmeda que estuve tentada a tocarme, pero no…deseaba que ese hombre me hiciera lo que quisiera.

-Que rico culo tienes bella mía – sentí su mano rozar mi mojada braga, que de seguro estaba chorreando y lo escuché reír, ese hombre era poder y tentación.

Me despojó de aquel pedazo de tela y me abrió las piernas, yo preparada para su estocada mordía mi labio ante la espera, pero lo que sentí fue mucho mejor que eso, su lengua me recorrió desde el clítoris al ano en una sola lamida, gemí tan alto que tuve miedo de ser descubierta por lo que tape mi boca con mi mano.

-No, quiero escucharte – me dijo y me tomó ambas manos para asegurarse de que no volviera a silenciarme, volvió a su tarea de saborearme tan rico. Lamía y succionaba toda mi rosada vagina sin contemplación, arrancándome sonoros gemidos, que fueron acompañados por espasmos al sentir sus dedos entrar y salir de mí, aquellos dos dedos tan gruesos y perfectos que me hacían ansiar aún más su pene.

-¡Vamos Saúl métemela ya! – le rogué entre gemidos, el sonido de su cierre bajándose me hizo sonreír, vamos que los dos estábamos igual de cachondos

Sin mucha ceremonia sentí la punta de su pene abriéndose paso lentamente, era bastante grueso,justo como lo había esperado, estaba duro y se sentía tibio mientras entraba, pude escucharlo jadear al hundirse por completo dentro de mí.

-Quiero partirte en dos…que rica estas –ese hombre me encendía con cada palabra que salía de su boca, comenzó a darme estocadas fuertes lo sacaba y metía por completo, justo como me gustaba, como si tuviéramos toda una vida follando, se apoderó de mis senos nuevamente, pero me la metía hasta el fondo con ansias, las botellas vibraban al compás de nuestros movimientos, podía sentir sus testículos chocar contra mis nalgas con fuerza, casi la misma con la que yo gemía su nombre.

-Más, duro…más!  – le exigía mientras me tomaba por las caderas intensificando cada movimiento. Ya muchas botellas habían caído al suelo, pero eso no importaba, no cuando tenía esa deliciosa verga dentro de mí, palpitante y dura, la maldita verga de mis sueños.

Tomó una de mis piernas y la subió a la mesa, diablos ahora sí que la sentía toda adentro, sus gruñidos y palabras sucias me encantaban, tanto que llevé mi mano a mi clítoris para estimularme, él se dio cuenta y me dio una pequeña nalgada, si tan solo supiera que me encantaba el sexo rudo.

-Eres una viciosa mi niña – su niña, se la estaba metiendo hasta la garganta a su niña, por un momento me molesté al sentir como salía de mí, pero fue solo para tomarme y empotrarme en la pared más cercana, enredé mis piernas en sus caderas , estaba llena de vicio por ese hombre.

-Quiero verte a la cara cuando te corras –me la metió de nuevo hasta el fondo, comiéndome la boca al mismo tiempo, mientras sus manos me subían y bajaban como les daba la gana, sentía todo su poder y control sobre mí.

– ¿Te gusta? – pregunto buscando aumentar su ego al verse sudoroso y temblando gracias a mi apretada vagina.

-Me encanta – y lo vi sonreír, con aquella media sonrisa que desde hace algunos meses me hacía mojar las bragas, comenzó a morder mis pezones y lo supe, estaba a punto de correrse, por la forma en que me lamia y mordía, por como gemía mi nombre en voz alta y porque yo también estaba viendo las estrellas del climax.

-Hazlo dentro – le ordené y es que deseaba sentir todo su semen dentro de mí, al parecer eso le excitaba  aún más porque cada vez se movía más rápido, casi sentía aquella pared retumbar, más allá del temblor que se apoderó de mis piernas, la contracción completa de mi columna ante aquel exquisito orgasmo que estaba sintiendo, cuando ese hombre se hundía cada vez más hondo en mí, mientras mis espasmos me controlaban por completo y pude sentir su espeso semen llenarme por completo, dios era tanta cantidad que pude sentirla escurrirse por mis nalgas, el me veía fijamente con una sonrisa en sus labios, cuando tuve mis tacones de nuevo en el suelo él se apartó un poco de mi y tomó  mis prendas para entregármelas.

-Este ha sido el mejor de todos los cumpleaños…tiene que repetirse mi niña – cuando tuve mis cosas en las manos me beso nuevamente y con una sonrisa se despidió.

Algo drogada aun por la lujuria me vestí con lentitud, dándole algo de tiempo para luego salir de aquel lugar, así que tomé mi teléfono para entretenerme por algunos minutos, hasta que llegó un mensaje.

“¿Sabes algo?…no sé cuándo podré volver a tenerte entre mis brazos.
Así que no pienso esperar 5 meses más…te espero en mi coche
Saúl”

 

 

Si…no deben dejar mucho tiempo a sus novias desatendidas chicos…o llegará un hombre como Saúl, que estará más que dispuesto a darle todo y más.

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Espectáculo lésbico en intercambio de parejas

Tal y como os comentaba en este otro relato, mi mujer Lucía me había preparado por sorpresa un encuentro con una pareja swinger para tener nuestro primer intercambio de parejas. Después de haber tenido una sesión intensa de sexo, nos duchamos y comimos algo mientras bebíamos. Sin embargo, como no esperábamos que se quedasen a pasar la noche, pronto nos quedamos sin bebidas, así que Lucía me dijo que fuese a comprar whisky y vodka y refrescos al chino de la esquina que está siempre abierto. Yo, que ya había escarmentado y sabía que no podía dejarlas a solas con Alfredo, le dije a éste que me acompañase y así nos despejaríamos ambos.

Durante el corto trayecto estuvimos hablando y le comenté que había sido nuestra primera vez, a lo cual él me contestó que Lucía ya se lo había comentado antes de que llegase yo y que ellos tenían mucha experiencia, sobre todo yendo a locales swinger y demás locales liberales. Me dijo que yo tenía mucha suerte al tener por esposa a una mujer tan ardiente como Lucía, lo cual me halagó bastante. Nos fumamos unos cigarrillos en el portal antes de subir bien aprovisionados de bebidas y, llegando a la puerta de mi piso, empezamos a oír gemidos que, al estar todo el bloque en silencio por ser la hora que era, se hacían notar perfectamente.

Espectáculo lésbico de lujo

Abrí la puerta y entramos con normalidad. Allí estaba mi mujer follándose a Jenny con el consolador que se había comprado hacía ya algún tiempo. Jenny estaba recostada en el sofá mientras que mi mujer estaba encima de ella, comiéndole el cuello y las tetas mientras que con la mano derecha le metía y sacaba con ímpetu el consolador de grandes dimensiones.

Alfredo y yo nos miramos, pero decidimos no unirnos a la fiesta…de momento. Le serví una copa de whisky a él y otra a mí para poder disfrutar al máximo de aquel espectáculo lésbico que nuestras mujeres nos estaban ofreciendo. Jenny se retorcía de placer, pues el consolador y la maestría de mi mujer comiéndole el cuello al mismo tiempo, mientras le impedía zafarse de ella al tenerla sometida a su plena voluntad, hacían que nuestra invitada solo pudiera estremecerse y gemir como una auténtica puta hasta que, literalmente, empezó a botar en el sofá al experimentar unas fuertes sacudidas, consecuencia del brutal orgasmo que Lucía le acababa de provocar.

Mi mujer rió un poco, como quien consigue su trofeo. Por primera vez había logrado llevar al orgasmo a una mujer ella sola, y estaba feliz. Bajó hasta la intimidad de Jenny y empezó a comerle el enrojecido y delicado coño a su compañera, quien intentaba alejar la cabeza de Lucía por lo irritado que lo tenía, pero ésta no cejaba en su empeño de dejar aquella rajita completamente limpia para, a continuación, venir hacia mí y darme un beso de tornillo que cambió el gusto de mi boca de wishky a flujos vaginales.

A continuación, Jenny se levantó, invitó a Lucía a ponerse de rodillas sobre el sofá, a perrito, y empezó a comerle el coño desde atrás como una auténtica experta. Mi mujer abría la boca y se cogía las tetas con una mano, mientras que con la otra mantenía su apoyo. Pronto empezó a gemir, pues nuestra invitada empezó a meterle dos dedos y luego tres, cada vez más rápido y más adentro.

-¿Te gusta, eh, te gusta?
-Mmm, sí mucho, no pares. Uff, qué bien lo haces.
-Creo que te falta algo…voy a rellenarte bien.
-No pares, por favor, no…no pares. Fóllame así, sigue por favor, no pares.

Tanto Alfredo como yo teníamos ya las vergas bien duras, fuera de los pantalones, pajeándonos ante tal deleite. Mi mujer le estaba suplicando a una tía que no parase de follársela, delante de mí y de un completo desconocido. Era algo absolutamente increíble.

Ahora era Jenny la que tenía el consolador en su mano y, tras chuparlo, empezó a introducírselo a Lucía lentamente por la vagina. Describía sutiles movimientos para rozar todas las paredes de su ardiente cuevita, gesto que Lucía agradecía a modo de gemidos y súplicas.

-Sí, sigue así. Uff, por favor, sigue así, un poco más adentro.
-¿Más? ¿un poquito más? Te la voy a meter entera ¿Te gusta así?

Y diciéndole eso, le tiró del pelo hacia atrás mientras le metía de un solo golpe casi todo lo largo del consolador, lo cual provocó un tremendo alarido por parte de mi mujer. Eso me puso a mil, y mucho más cachondo me puse cuando Jenny siguió con su tarea, pero esta vez ofreciéndonos su tremendo culo y, al mismo tiempo, dejándonos ver la magnífica follada que le estaba dando a mi mujer, quien no aguantó mucho más hasta que le sobrevino el orgasmo. Esta vez era Jenny la que se afanaba en dejar reluciente aquella rajita caliente que tanto placer estaba brindando aquella noche.

Último intercambio de parejas de la noche

Como acto reflejo, me levanté y le eché por encima del coño un chorrito de wishky a Jenny, quien dio un respingo al notar el alcohol en su rajita. Me apresuré en limpiársela, casi con frenesí, mientras que mi mujer seguía a cuatro patas, como extasiada, sin darse cuenta de que Alfredo no había perdido el tiempo y se disponía a meterle toda su verga sin previo aviso. Al notar la plenitud de nuestro invitado, Lucía casi dio un salto, dando palmadas con fuerza en el sofá. Él, por su parte, tanto a consecuencia del alcohol como de la excitación del momento, solo se limitó a cogerla con fuerza por la cintura y a intentar meterle el cipote hasta los huevos con tanta violencia y rapidez como podía.

Yo le cogí la cabeza a Jenny y la invité a que le comiese la boca a Lucía, en parte para acallar los chillidos de mi mujer y también los que ella iba a soltar, porque yo también quería volver a follármela con dureza al igual que había hecho horas antes. Así que aprovechando la confusión del momento y el alcohol en sangre, le escupí en el culo y le metí un par de dedos mientras me la follaba por el coño. Una vez noté que mis dedos entraban y salían con poca resistencia, saqué mi verga de su raja y, sin pensarlo dos veces y con su culo bien abierto, le hinqué plenamente mi rabo. El glande entró sin problemas, así que me dejé caer hacia adelante para penetrarla todo lo posible.

Mi plan funcionó, pues su grito quedó ahogado en la boca de Lucía, quien ya tenía su coño tan dilatado que era ella la que empujaba contra Alfredo hasta sentir sus huevos golpear en su clítoris. Jenny intentaba ponerme las manos de tope, pero le cogí las dos manos con fuerza mientras que con mi otra mano libre la atraía hacia mí para meterle toda mi polla dentro de su apretado culo. Así seguimos unos minutos más hasta que no pude aguantar más y me corrí en el interior de Jenny, quien agradeció el cese de mis acometidas y el torrente de leche caliente en su destrozado recto. Alfredo, por su parte, sacó la polla del coño de mi mujer y le enchufó la verga en la boca a la suya, quien ahora veía inundada su boca por el semen de Alfredo, el cual no pudo aguantar más en pie, pues le temblaban las piernas.

Al terminar, nos reímos bastante de todo lo sucedido, mientras cada uno estaba abrazado a su pareja hasta quedarnos dormidos desnudos en el sofá hasta el día siguiente. Desde ese día, mi mujer y yo nos aficionamos a ir a locales swinger y a hacer reuniones con amigos como Alfredo y Jenny.

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Diario de la Doctora Miss Love: Un experimento disparatado

camara-sexoAy, querid@s, qué día es el que llevo hoy… Acabo de llegar a casa después de una sesión un tanto disparatada, o mejor dicho, increíble, porque a quien se la cuente no se lo van a creer. Pero oye, que una esperaba dar una solución y vamos si la dio… Os lo explico.

Hace un par de meses me llegó una pareja que tenía problemas para intimar porque nunca les apetecía cuando ellos solían ser muy activos sexualmente, es decir, que les gustaba el sexo. No tienen hijos ni tampoco los están buscando, les va bien en el trabajo y además tienen un buen colchón económico. Así que no había una razón que pudiera pensar que no quisieran tener sexo con la pareja (salvo el hecho de que pensaba que quizás ya no se sentían atraídos el uno por el otro).

De hecho, lo primero que pensé fue eso, que hubieran perdido las ganas por la otra persona. Así que les propuse que hicieran un viaje a algún sitio que no conocieran y solo ellos dos, sin compras, sin nada más que quedarse en el hotel. De esa manera podía comprobar si ellos realmente se sentían atraídos y sí, funcionó, pero no llegaron a culminarlo y claro, no valía para devolverles la pasión que estaban buscado. ¡Y es que se veían más como amigos que como pareja!

Recuerdo que él un día me dijo que parecía que, de tanto usarlo, el amor se le había acabado porque, si bien quería a su mujer, las ganas de sexo parecían más un segundo o tercer plano, ya no pensaba en eso sino en llegar a casa y estar tranquilo al lado de ella, hacer cosas juntos, disfrutar de ese rato después del trabajo. Y ella igual, decía que no le importaba tanto el sexo. Claro, yo no sabía qué decirles porque, si bien eran felices, siempre les faltaba algo y el sexo por obligación ya sabéis, Loves, que no compensa.

Así que ideé un experimento muy muy raro pero que… tuvo resultado. Les pedí algo extraño, lo reconozco, porque les dije que se grabaran en vídeo teniendo sexo y olvidándose de la cámara. Lo hicieron, y les pedí que trajeran la cinta a la sesión. Así que hoy los dejé un momento a solas viendo su propio vídeo en el que ellos hacían “cositas”. Quería que vieran la forma que tenían de hacer el amor e intentar saber si es que hacían algún gesto que pudiera hacerles pensar que no tenían ganas de estar con la pareja. Pero no, lo que vi (lo poquito), parecía que estaba bien. No quise ver mucho más y salí del despacho para dejarles pidiéndoles que me avisaran cuando lo hubieron visto.

Lo hicieron, al final entré un rato después y hablamos sobre ese tipo de sexo que habían presenciado y les pedí que lo calificaran. Como esperaba, dijeron que era frío y parecía más algo que haces por obligación que disfrutándolo.

Al menos ya había conseguido algo. Les pedí que se miraran a los ojos y cada uno dijera una palabra del otro, algo que los definiera. Lo hicieron (no diré lo que dijeron…) y luego fui subiendo el tono de la conversación. Mirándose, sin apartarse el uno del otro nunca, les iba preguntando una y otra vez sobre su color favorito de ropa interior, la zona que querían que fuera besada en ese momento, la ropa que quitarían primero… Era un juego tonto y estúpido pero parecía que les llamaba la atención.

De hecho, llegó un momento en que las preguntas eran ya algo más subidas y ellos estaba muy receptivos, tanto que tuve que salir a por un vaso de agua para ellos a fin de continuar la sesión… Pero cuando volví…

¿Os imagináis recuperar las ganas de sexo de golpe? Pues ahora imaginad lo que pasó cuando abrí la puerta del despacho, dos personas en el sofá, medio desnudos y sin darse cuenta siquiera de que estaba allí.

¿Qué hice? Pues cerré la puerta lo más despacio posible y me senté con otro paciente en la sala de espera mientras “esperábamos”. Menos mal que mi despacho está insonorizado que si no…

Al cabo del rato, un largo rato por cierto, salieron y me buscaron, arrepentidos, pero con una sonrisa de oreja a oreja que me hizo echarme a reír. Al menos he conseguido a otra pareja feliz pero no sabéis la calentura que me dejaron y ahora no voy a ver el sofá como lo veía antes… A ver qué le digo yo a mi jefe ahora para que me lo cambie… ¡¡Que ya van 3 en este año!!


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