El Juego – Labios




"Ploc, plic, pluc". El sonido de un dado al rodar. Toda mi expectación concentrada en sus rebotes. Cruza los dedos. Un dos. "Fantasía, Gabri", me dice ella, leyendo lo que marca la casilla en la que a mi ficha le toca colocarse. "Has de contar una fantasía que hayas tenido con alguno de los otros jugadores". En esta ocasión, la elección es imposible: Tan sólo jugamos yo y ella; Labios. Tampoco puedo optar por la artimaña o discreción: El alcohol embauca mis venas, y me muero de ganas por escuchar en voz las morbosas imágenes que a su libre albedrío se pasean por mi mente.


-Cualquiera que te incluya chupándomela, Labios -le confieso, agradecido por la ocasión al juego -No me importa si estamos solos o entre gente, en la ducha, la cama, el sofá, o el trabajo. Ni siquiera te necesito desnuda. Tan solo deseo verte arrodillada, adherida a mi falo, dios, ya sabes, mamando desesperada, bebiendo saliva, y haciéndolo muy despacito, largo...
-Toma ya, vaya -responde ella, en un tono desenfadado, aún más tocada por la bebida que yo -No nos curramos demasiado las fantasías ¿eh?
-Mónica, quizás sea el momento de confesarte por qué te llamamos Labios...
-Ah... -remolonea -¿no es porque siempre los lleve pintados en colores extraños?
-Uff, no, Mónica, me temo que no...

Ella sonríe. Yo hablo. "Es por tus amantes, Labios" sentencio. "Tan sólo hablan de tus mamadas. De tu lengua. De esos labios, como si no existiese otra cosa que gozar cuando se meten en tu cama. No hablan de tus pechos, ni de tu culo, ni siquiera de tu gemir o tus caras ocultas, como es habitual al hablar de las mujeres y sus orgasmos. Sólo del momento en que por fin te arrodillas entre sus piernas para ofrecerles tu besar. Con lo terriblemente buena que estás, Mónica, y ellos siempre exaltan lo mismo, las jodidas mamadas de Labios; ni te imaginas el morbo que adquiere a cada historia la idea, ya de por sí asesina, de imaginarte chupándonosla. Sumado a lo simpática y cariñosa que eres... joder, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que Mónica y su boca es lo único en lo que piensan los amigos que se van a casa solos cada sábado."

No deja de sonreírme.

-Ya lo imaginaba -confiesa con travesura -Es genial para las citas, no me lo arruines, yo seguiré haciéndome la tonta, y tú simularás que no me lo has contado.

Me enamora. Me perturba. Y le toca tirar los dados...



Aquella noche, en principio, no iba a quedar con ella. Tenía una cita con una compañera de trabajo, y nuestros planes iban por caminos desgraciadamente separados. Como me suele pasar, para cuando dieron las dos de la mañana la cita había hecho aguas: Andábamos de bar en bar, de calle en calle, desentendidos y sin esperanzas; era difícil, no congeniábamos. La monotonía se rompió cuando una voz histérica de hombre estalló en la calle en la que nos encontrábamos para dejarnos a todos callados.

-¡¡¡Puta!!! ¡¡¡Te mato!!! ¡¡¡Yo te mato!!! -exclamaba con fervor, gritando.

El tío corría poseído, calle arriba, terriblemente cabreado. Me giré para buscar de forma instintiva lo que quiera que esperara en el otro lado.

Increíble, no podía ser. Era ella. Era Labios.

No lo dudé, y me interpuse en el camino entre ambos.

-¡¡Guarra!! ¡¡¡Voy a matarte, puta!!! -vociferaba el capullo, descontrolado.

No podía creer que yo fuese el único con intención de pararlo. Trató de esquivarme. Lo paré. Era mucho más fuerte que yo; pero también estaba muchísimo más borracho. Me miró poseído en rabia, frustrado. Quizás me hubiese acojonado de no haber sabido que también Labios me estaba mirando desde el otro lado. Su puño se disparó, con intención de golpearme; Bruto y torpe, fue muy fácil esquivarlo. Mi contragolpe, parece ser que no tanto. Conseguí impactar en su cara. Su nariz crujió, y mi adversario se tambaleó no sé si por la ostia o por borracho. No importaba. Repetí. No es que sea un hombre de gimnasio, pero algunas clases prácticas de lucha me han enseñado a dar como se deben dar los puñetazos. Conseguí llevarlo hasta la pared, a ostias. Repetí el golpeo, esta vez no en la cara, sería pasarme: Él estaba derrotado, y yo tan solo debía terminar de intimidarlo.

-Como vuelvas a acercarte a mi amiga, será lo último que hagas, ¡¿me oyes?!

Trató de lanzarme una vista desafiante, pero ya nada lo salvaría de haber sido humillado. Su nariz sangraba; sus ojos se perdían; apenas podía pantenerse en pie.

-¡¡¿Me oyes he dicho?!!

El tío cayó sobre sus rodillas, la policía debía estar al llegar, era el momento de alejarme.

-Tu amiga es una putita... -vaciló mientras me marchaba -¿A ti también te ha comido la polla, no? Admito que eso lo hace de puta madre... es una pena que se lo haga a todo el mundo... la muy zorra... -rió el imbécil.

Yo me volví. Le odié. Era mi amiga a quien insultaba. Le odié demasiado. Era Labios. Aún arrodillado, le metí la patada más fuerte que supe entre la nariz y los labios, dejándolo tumbado. A su alrededor, nadie dijo nada. Y me fui. Mónica estaba paralizada, contemplándolo.

-Ey, Labios, un subnormal más, ya está, ha pasado, vámonos de aquí
-E.. joder, ..es el tío con el que me acosté el sábado pasado... -susurró ella, incrédula.
-Déjalo ya, no seas boba, no creo que vuelva a molestarte; seguro que no lo hubiera hecho de no haber estado tan borracho. Oye, ¿y la pandilla?
-La noche ha salido un poco rara -me dijo aún seria, mirándome -nos marchábamos a nuestra casa, ya sabes, cansados.
-Ya... pues no creo que ahora debas irte a casa. Anda, vamos a tomar algo.

Me despedí de mi cita para salir de fiesta con Mónica. Jamás habíamos salido solos, ella y yo, y nos divertimos. Nos emborrachamos. Bailamos, dejando el incidente olvidado. De una forma que no hubiéramos podido esperar, conectamos. Cerramos todos los bares, y acabamos en su portal.

-¿Subes a por la última? -propuso ella al sacar sus llaves
-Desde luego, ¡me parece fatal que los bares ya hayan cerrado! -me hice yo el tonto, sintiéndome demasiado afortunado.

Aquello era inesperado y perfecto, un sueño. Una fantasía. Éramos amigos, pero no tanto como para subir a su casa sin intención de acostarnos. Quizás, sin esperarlo, podría volver esa noche a mi piso acompañado por el recuerdo de una felación de la morbosa Labios. Tal vez incluso algo más, pero qué más daba: Yo, por favor, sólo quería una de esas tórridas mamadas con que se decía que fundía la sensibilidad de sus enamorados.

-¿Oye, igual te apetece jugar a un juego? -insinuó ella, demasiado cerca para conversar, tras servirme una copa de martini blanco.
-Uf, Moni, no sé yo si estoy para juegos ahora... -estoy para desnudarte, para follarte, para admirarte comiéndome la polla...

Sus ojos, atrevidos, buscaron los míos con la intención de atraparlos.

-Sí, ya lo creo que te apetece... -me vaciló resuelta, excitante.

En su salón, me mostró en su caja el juego del que hablaba. "Übersinnlicher", titulaba su portada, discreta, en tapa roja y con el dibujo de la silueta de una pareja besándose.

-¿De qué va? -pregunté yo, resignado, demasiado borracho para aprender a jugar a nada.
-De pasárselo bien -respondió ella, guiñándome un ojo -te gustará, ya verás, no seas tonto...

Desplegó su tablero. La discreción terminaba en el envoltorio. El juego estaba repleto de imágenes eróticas, colores espectaculares, describiendo un camino circular en forma de espiral hacia un centro donde se podía encontrar la sensual imagen de una pareja acostándose. Era increíblemente bello para ser un juego tan poco conocido. En su caja había relojes de arena de distintos tamaños, aceites, estimulantes, lubricantes, de todo. Increíble...

-Las reglas son muy fáciles -pude escuchar entre el ensoñamiento decir a la voz de Labios -el juego nos irá dando órdenes... ya imaginarás, órdenes sexys... calentándonos, con retos cada vez más excitantes a medida que vayamos avanzando. Si uno de los dos alcanza el orgasmo antes de llegar al final, pierde. Y si pierde, el otro jugador dispone de él durante una hora como su esclavo -rió, consciente de su ventaja -si los dos llegan al final, la ruleta decidirá el tipo de sexo que se practican, un sesentaynueve, un coito o, sólo si los concursantes quieren, sexo anal, hasta que ambos dos lleguen al orgasmo... Con postura aleatoria si no hay acuerdo entre ambos.

Es decir, que el juego te garantizaba el orgasmo. "Pero no te garantiza que Labios termine succionando", reparé, terriblemente ingrato.

-Las fichas son bombones -siguió ella -a veces te puede tocar tener que comértelas, y si eso pasa, ¡pierdes!


Era increíble, estaba excitado, muy excitado. -Entonces... -susurró, cerca de mí, consciente de que estaba embriagado -...¿jugamos?

La miré, alienado. ¿Te das cuenta que estamos hablando de sexo, Labios? ¿De que estamos a punto de practicarlo? Un sexo sin fronteras, desinhibido, desenfadado... Socorro, no puede estar pasando...

-Desde luego que jugamos.


Ahora es su turno. Vuelve a rodar el dado. Otro dos, como el mío, esta vez le toca a ella fantasear, conmigo como infiltrado.

"Mmm... confieso que no lo había pensado..." dice, sólo tal vez sincera, mientras mira al cielo, pensando. "Supongo que tendrías que ser mi caballero azul, como antes... Sí... Un poco violento, quizás... Sí, eso está bien..."

Distraída, indaga entre sus pensamientos, buscando entre sus estímulos cuál podría dar en el clavo.

"Si me exigieses algo... yo qué sé, un poco de necesidad, de deseo, así, seguro, como antes has estado... sí, podrías calentarme mucho, Gabri. Sí, ya lo creo que podrías" concluye sonriéndome. "Aunque me parece que me pone más el juego".


Nada evita que haga mis cavilaciones. Sólo puedo alcanzar la mamada anhelada de tres maneras: Llegando hasta el final y cayendo en el sesentaynueve, lo que significaría recibirla sin poder disfrutarlo del todo...; caer en una casilla que me de el derecho a su boca y forzar el orgasmo, aún perdiendo, opción que no me gusta no por convertirme en su esclavo durante una hora, sino por obligarme a terminar rápido...; o hacer que ella pierda. En ese caso, exclusivamente en ese caso, dios mío, podría disfrutar de una larga hora de Mónica chupándomela, sensual, despacio. No tiene pinta de ser muy fácil, o tal vez sí, se denota en sus maneras que su sangre era caliente, quizás no sea tan complicado conducirla a un orgasmo anticipado. En fin, ¿tengo elección acaso?

Mi turno. "Masaje en el pelo, 1 min." De acuerdo, poco a poco. Uno de los relojes de arena marca el minuto necesario. Ella me da la espalda, yo coloco el reloj boca abajo, y procedo a masajearla. No es que me apasione, pero tengo que hacerlo bien. Cada estímulo es un paso más hacia la meta deseada. Acaricio su pelo, castaño, liso. Se deja hacer. "Lo haces muy bien, Gabriel". Pero el tiempo se escapa hasta agotarse, y tengo que dejarlo.

Le toca a ella. "Beso en la mejilla, rápido". Me lo da, y aprecio el contacto. "Deberías disfrutar de cada gesto", comprendo; pero no lo hago. Deseo hasta la alienación verla manejando sus labios, estoy caliente, y soy incapaz de apreciar cualquier cosa que no incluya a Mónica sobre sus rodillas, chupando. Me siento conscientemente desgraciado. Sigo jugando.

Caigo en una casilla bonus. Genial. Tengo que hacer girar una ruleta para ver qué he ganado. El premio se llama "muñeca", y obliga a mi compañera a quedarse quieta mientras yo beso, tan húmedamente como quiera, cualquier parte de su cuerpo, a condición de que ya esté descubierta. Una pena que ella siga vestida, y además bien tapada, con camiseta y vaqueros. He de tirar al azar el tiempo que puedo hacerlo, va desde diez segundos hasta la media hora, poniendo mayor dificultad para conseguir un tiempo alto. Desgraciado de mí, me quedo en medio minuto. Ella, sonriendo, incapaz de estar quieta estando tan borracha, se hace la muñeca. Debería besar su cuello, pienso: tratar de excitarle, dar un pequeño pasito hacia su orgasmo... mas jamás he besado la boca de Mónica, sus labios, los labios de una amiga, los labios de Labios, y los deseo con todo mi ser; Demasiado. No dejo que el tiempo se pierda en vano. Dirijo mi boca hacia la suya, y beso, y lamo. Son unos labios tiernos, dulces, empapados en martini, suaves y carnosos. Dios, sí, son los labios de Mónica... Y los estoy besando. Le como la boca a conciencia, sin cortarme, ¿por qué habría de hacerlo, si el juego me deja y estoy borracho?, y beso a deleite hasta dejar sus labios empapados. El tiempo se agota. Ella se ríe y lleva su mano hasta su cara para limpiárselos.

-Jaja, joder, Gabri, ¡qué asco!

Una puta mierda, Mónica. Ha sido fantástico. Y te toca.


El juego le concede quitarme una prenda, mas un bonus por caer con un cuatro. Como bonus, se le permite embadurnarme en crema erótica la parte que me ha desnudado. Escoge mi camisa. Sin remedio, ni quererlo, obedezco. "Debería ir más al gimnasio", pienso al contemplar la desnudez de un torso mundano. A ella no parece importarle, le divierte la idea de untarme en la crema, que además es comestible. Las reglas nos conducen a un terreno inexplorado.

Se acerca a mí. Me estremezco al recordar que no hace nada se me permitía saborear a conciencia su tacto. Extiende algo de crema en sus dedos, y los lleva hasta mi piel, acariciándome. Me cubre, tranquila, despacio. Siento sus manos. Adoro sus manos. Adoro que Labios me toque con sus manos de mujer. La deja bien extendida por el tórax, los abdominales y la espalda, dejándome con un aspecto aceitoso, que rezo por que le parezca excitante. Es incómodo, pero me agrada. Me siento desinhibido, como una pieza más en ese juego sin cobardes. Me imagino con su suerte, desnudándola, y untándola en crema comestible, y me mareo de solo pensarlo. Socorro.

Por favor, azar, te ruego que utilices de mi parte esta mano.

Tiro el dado. Caigo en una casilla rosa, que indica infortunio, si bien no es tan castigadora como la negra, que te arriesga a comerte el bombón y caer derrotado. Me toca leer una de las entradas del principio del juego, durante el doble del tiempo indicado. "Masaje en el cuello". Mierda, otra vez un masaje no...
Para mi desgracia, soy un mero discípulo de la suerte, y lo acato. Sé que quedo un paso más lejos de un orgasmo anticipado en Labios. Un paso más lejos de su mamada. Me compadezco de mi fortuna, y me coloco en su espalda para masajearla.

Diez minutos. Está encantada, consciente de que me está ganando, competitiva, aunque se trate de un juego en el que se supone que todos terminan disfrutando. Su piel es suave, cariñosa. La adoro. Adoro tocarla. Me frustra no estar dando cualquier otro paso.


Le toca de nuevo a ella, y sigue avanzando. Termina en espectáculo. "Baila para un jugador al azar, distancia máxima de cincuenta centímetros. Si aún llevas más ropa que la interior, eso se tiene que terminar... Prohibido el tacto. 5 min." Mágico. Se levanta, sensual, inalterada. Domina el juego. Lo conoce. También lo acata sin reproches. Se acerca a mí. Enciende el equipo de música, con la ayuda de un mando, y... borracha como jamás la había visto, simula bailar, despacio.

Cinco minutos para mí, para disfrutar. El juego es sabio, utiliza tu tiempo, lo distorsiona, dándotelo a conocer, y cinco minutos se pueden llegar a hacer muy, muy largos. Ella se quita la camiseta sin dudarlo. Sus senos, en un excitante sujetador ajustado, se muestran increíbles a centímetros de mí, jugando en el baile de Labios. Maldigo de nuevo al diablo con forma de tablero que no me deja tocarlos.

El tiempo se le acaba, y aún lleva puestos los vaqueros. Se da cuenta, pero no se altera. "Si no se los quita a tiempo, habré ganado", pienso para mis adentros. No me hago ilusiones, lo dominas demasiado bien, Labios. Sus vaqueros se rinden a sus piernas antes de que la arena caiga, y Mónica comienza a bailar de espaldas. No lleva medias, tan sólo un pequeño y sexy tanga ajustado, que la muestra erótica y desnuda burlándose del espectador que aún no la ha desnudado. Se agacha frente a mí. Su culo, redondeado, queda en pompa frente a mi cara. No puedes ser más sensual, Mónica. Sé que no conseguiré ganarte, lo tienes demasiado controlado. Y el tiempo se agota. Me toca.

"Plic, cloc...". Un cinco. "Unta con tus manos cualquier parte descubierta del jugador que elijas en algo que puedas comer. Después, tan sólo con la boca, con las manos a la espalda, debes limpiarla. 5 min.". Dios...

-No distribuyas mucho. Te recuerdo que si no lo limpias todo, pierdes... -me insinúa mi oponente, desafiándome.
-¿Qué tengo para untártelo?
-Lo que quieras... Chocolate, miel, azúcar, cremas, mermeladas, nata... -me seduce con una sonrisa entre los labios.

Joder, Labios. Escogemos un dulce que untar en tu piel, para después lamerte... y lo hacemos sin mostrar reparos. No sé qué ángel me ha sonreído, pero no creo que pueda existir un mejor regalo.

Me decanto por un aceite de licor fuerte. Adoro sentir el sabor del alcohol cuando estoy borracho. "Mónica, túmbate de espaldas", le pido. Estoy a punto de volver a equivocarme, y soy consciente: Existirían muchos modos de emplear mi propia suerte en la de Labios, para excitarla en lugar de recrearme; La zona interior de los muslos, la espalda, el cuello... Sí, debería optar por lo erógeno si la quiero llevar al orgasmo. Sin embargo, hago lo que puedo, y ella acaba de poner en pompa frente a mi cara sus adorables nalgas de veinteañera, encandiladoras, dulces, sensuales. Entonces el tacto era prohibido. Ahora, obligado.

Giro el reloj. El transcurrir del tiempo no existe para agobiar, existe para disfrutarlo, nos repite una y otra vez su arena, fluyendo. Mis manos, cubiertas en aceite, alcanzan y se dedican a pintar el culito de Labios, tocándolo, deseándolo, acariciándolo. Conociéndolo. Cada vez tengo menos prisa por nada. Es una lástima que toda mi vocación sea que me la acabes chupando, impidiéndome terminar de saborear todo esto, porque el gozar alcanzaría su frontera y la dejaría hecha pedazos...

-Gabri... -me despierta ella de mi aletargo -el tiempo...

Mierda, pues al final me había descuidado. No quedaba tanta arena, el culo estaba recubierto de aceite, embadurnado en licor, y ahora había yo de limpiarlo. Las tersas nalgas de Labios me esperaban, increíbles. Mi boca se abalanzó sobre ellas sin demorarlo. No podía permitirme perder. Y menos tan rápido.

La ternura me envuelve cuando su culo queda atrapado entre mis labios. Lo beso con ansia, desaforado, lo saboreo, lo lamo. Apenas tengo tiempo para disfrutarlo. No sé de limpieza, pero si tiene algo que ver con mi saliva, consigo limpiarlo. Por los pelos, evito caer derrotado. Y llega el turno de mi adversario.

Un seis. Es afortunada con los dados, su bombón-ficha se mueve a toda bala, adentrándose en la zona más caliente del tablero, con retos que de verdad merezcan ser desafiados.

"Escoge a un jugador al azar. Besa y experimenta el sabor de sus pezones. Si están aún cubiertos, te puedes conceder desnudarlos. Si el jugador tiene más de dos capas, debe ser humillado... Tiempo aleatorio"

¡Aquello era injusto! ¿Cómo tenía ella que lamer MIS pezones? Sus pechos, calientes, seguían cubiertos por la prenda interior de encaje, y yo me moría por conocerlos, cubrirlos, besarlos. ¿Pero los míos? Caprichoso es el azar. Ella se rió, notando mi pensamiento. Tiró la ruleta de tiempo. "Dos minutos". Se me iban a hacer muy largos.

Mi torso, como es evidente, está completamente desnudo, aún cubierto por aquella crema comestible que me extendiera casi al comenzar a jugar.

Labios, y el calor que conlleva, se acercan a mi pecho. Me mira, juguetona. La siento aún más cerca cuando no llega al tacto. Pero llega, y me besa. Me humedece. Me come, tersando mis pezones. Aquello no estaba nada mal. Aquella escultura, semidesnuda, desprendía su fragancia con su cabeza bajo la mía, besando mi pecho, saboreando la crema. Noto el poder del juego. Está convirtiendo el sexo en algo diferente. En algo extraño. Pero siempre explotando el deseo, cuanto menos el del hombre. Dios mío, era ella quien besaba mi tórax, en lugar de hacerlo yo con el suyo, y me estaba dejando drogado.

Aquel movimiento tenía que haber sido inventado por algo muy parecido al origen del propio sexo... al cual yo en mi vida me había acercado.

Cuando termina, me siento extrañamente satisfecho, relajado. En calma. Mas mi meta no varía, y es mi vez con los dados. Casilla azul: Eso es suerte.

"Escoge a un jugador. Deberá practicarte lo mismo que tú en tu anterior turno hayas practicado. Pierdes una prenda a cambio"

Mmm... susurra Labios, cogiendo un tarro con crema pastelera sin siquiera pensárselo. Debían ser cinco minutos... Como siempre, se dispuso despreocupada. "Túmbate..." me pidió. Me encantaba ver la forma en que se desenvolvía, y lo bien que se lo estaba pasando.

Se subió encima mío, rodeándome con sus piernas, y disponiendo la crema en sus manos.

-Está saliendo una partida realmente guarra... -le vacilo, rompiendo un silencio del que ni siquiera me había percatado.
-Uy, espera... -me responde, terminando de incendiarme...

Y comienza a extender esa crema azucarada en mi piel.

Un poco por el torso, escalando por mi cuello. El cuello entero, untado. Y una pizca en mis labios. Me estás matando, Labios. Ella lleva sus manos a su espalda, acerca hasta mi cuerpo su cara, y lame. Comienza por el pecho. Paciente, pero ágil, experimentando el tacto. Se acerca a mi cuello. Está a punto de besarlo entero, y yo no puedo hacer nada por evitarlo. Va a ser difícil dejar quietas las manos...

Tranquila, se acerca hasta besarlo. Mis piernas tiemblan. El resto de mi cuerpo se queda inmovilizado. Vuelve a besarme, mojando sin vacilar sus labios en la crema que me recubre. Un escalofrío me exalta cuando es su lengua la que empieza a saborear. Joder, Labios... Ella sigue, tranquila, paciente, deleitándose en el manjar, consciente de mi placer. Admiro la presencia de su cuerpo semidesnudo, tan cerca del mío. Casi me cuesta recordar que juego sólo por la mamada, pero lo hago, y me siento morir imaginando el momento de mi dulce y caliente final...

El tiempo se está agotando. Ella termina, y coloca su cara frente a la mía para terminar con el poco resto que ha utilizado para bautizar mis labios. Atrapa mi boca en la suya. La padezco. Se recrea y me besa. Estás haciendo trampas, Mónica, y no tengo formas de demostrarlo. El beso se hace sensual, como ella, como sus andares, sus palabras, sus miradas y gestos. Sensual como lo es su cuerpo entero.

Se despega al tiempo que el reloj agota sus últimos segundos. Me mira a los ojos. Me recuerda lo que estamos haciendo. Me recuerda que es Labios. Mi amiga, mi compañera, que seguro sabe mejor que yo mismo cuánto la he deseado. Se despega poco a poco de mí, dejándome maravillado. Noto su saliva en mis labios. Me siento morir...

Es su turno. En esta ocasión, gracias al cielo, se conforma con un uno. Cae en una casilla de "Cambio". "Esposa a un jugador a elegir, de pies o de manos. A cambio, puedes quitarle una prenda, y besar la zona de su cuerpo que hayas desnudado". Me intranquilizo ante la idea de pasar el resto del tiempo esposado. Tampoco me agrada que tan sólo pueda quitarme los pantalones, dejando para besar posteriormente mis piernas...

...Pobre incauto.

Me mira, picante, consciente de que está a punto de dejar volar una sorpresa. Coge las esposas. Se anticipa a cualquier reacción mía haciéndome un sensual gesto de silencio, que me hace sentir mareado.

Y se esposa sus propios pies.

Una diosa. Es una diosa, y no una amiga, la chica con la que estoy jugando. Ahora sí que me siento perdido.

Una prenda del esposado... dirige sus manos, sueltas, hasta su espalda. Se inclina al hacerlo, provocando que la gravedad potencie la sensualidad de sus pechos. Joder, Mónica... Su sujetador se ahueca, notando que acaba de desabrochar su cierre. Sexy, deja que el que los tirantes del brasier se deslicen por sus brazos, hasta caer la prenda al suelo. Sus pechos, desnudos, quedan expuestos. Son enormes. Adoro que lo sean. Son preciosos. Admiro su volumen, su figura, la sensualidad de sus lineas envolviendo sus pezones. Son tiernos, son jóvenes, son embriagadores. Los quiero. Los deseo. Todo cuanto conforma el hombre que me he ido haciendo me exige dejarme de gilipolleces y abalanzarme sobre ella, sujetarla, inmovilizarla; Lamérselos. Pero no puedo hacerlo, porque sería perder el juego, y así toda esperanza de ver a Mónica mamando.

-Labios, pensar que en mi fantasía no le daba importancia a que, cuando me la chuparas, tuvieras ocultas esas tetas tan calientes... -le insinúo sin poder evitar callarme y acercándome los dados.
-Ey... -me corta -que aún no he terminado...-

"...y besar la zona del cuerpo que hayas desnudado." rezaba su tarjeta. No puede ser cierto. Ella simula una cara inocente mientras sus afortunadas manos envuelven sus senos, apretándolos, y los elevan hacia su cuello. Se desenvuelve bien con el deseo que provoca, haciendo gala de su condición de diosa. Baja la cabeza. Y las alcanza. Consigue congeniar sus pechos con su dulce boca. Labios, acaba ya conmigo. Lo daría TODO por una mamada. Su lengua escapa hacia sus tetas, catándolas, mientras dos profundos ojos estudian atentos mi forma de mirarlas. El juego sería excitante, Mónica, aunque tuvieras que jugar sola. Eres la musa. Eres la estrella. En verdad te deseo con toda mi alma. No podría estar más excitado.

-Ahora sí -me susurra desligándose de sus pechos la preciosa diablesa -te toca...


Sujeto un segundo el dado, percatándome del respeto que le guardo. Miro al cielo mientras lo lanzo. Un seis. Bravo.

"Un jugador al azar queda inmovilizado. Sujetándolo con tu boca, puedes pasear un cubito de hielo por su piel hasta derretirlo. No puede durarte menos de veinte segundos, no existe un máximo, siempre que seas capaz de sujetarlo (¡cuidado! ¡puede quemar en tus labios!). Después, con un máximo de medio minuto, deberéis besaros"

Noto un pequeño escalofrío en el caliente cuerpo desnudo de Mónica. Luego eres humana, al fin y al cabo. Procedo a hacerlo, notando que incluso una pequeña cubitera está dispuesta junto a la mesa de juego. Ella se tumba, quieta, obediente, preciosa. No sé cuánto tarda en derretirse un hielo, y escojo uno de los pequeños. Sé que será suficiente.

Me mira, juguetona, llevando un dedo a su boca para morderlo en un gesto nervioso. "Quieta..." le ordeno mientras dispongo el hielo en mi boca. Está helado, más sé que no nos molestará a ninguno de ambos.

Me dirijo hacia sus labios. Su boca se entreabre en un gesto de espera. Muero de ganas por tirar el hielo a la mierda, bajarme los pantalones y violar esa lengua al tiempo que dejo que mis manos disfruten de sus desmelenadas tetas, pero me controlo, llegando con el cubito hasta su boca.

Nota el roce con sus labios. Hazlo tranquilo, Gabri. Rózala. Oblígale a sentirlo...

No dejo de admirar su desnudez mientras lo hago. Deseo tocarla. Saborearla. Y el juego me dice que no puedo hacerlo...

¿O tal vez sí?

Sin soltar el hielo, me dirijo hasta sus muslos, y dejo que el frío la recorra hasta los pies, esposados. Se los levanto. Separo sus rodillas. La puerta del cielo, desprovista de vigilancia, me permite el paso, y me sumerjo entre sus piernas, adhiriendo mi cuerpo al suyo, rozándola, sintiéndola, disfrutándola, sin olvidar mi prueba y escalando su piel hasta devolver el hielo hasta sus labios. Tarda en derretirse, pero sé que en algún momento lo hará muy rápido. La abrazo. La abrazo con fuerza, sintiendo sus pechos juntarse con mi torso. Siento el calor que desprende su preciosa piel. El cubito alcanza su lengua, con cuidado, obligándole a sentirlo, y se separa. Lo deslizo por su cuello, recorriendo con sensualidad el camino hacia sus tetas. Las alcanzo.

Las tetas de Labios.

Noto su calor sin tocarlas, noto su sabor sin saborearlas, noto el placer de follar con ellas al alcance de mi mano... sin estar follando. También la sensibilidad con que responden al frío, y el suspiro que se le escapa a Mónica cuando alcanzo uno de sus pezones, descuidados. Tiene los ojos cerrados. Y me pones mucho, preciosa, cuando tienes los ojos cerrados.

Busco su otro pezón, escalando por su suave pecho, que noto firme, duro, un jodido manjar resignado a algún dado afortunado. El pezón se excita en el estímulo y, sin poder disimularlo, introduzco el hielo entero en mi boca para permitir a mis labios alcanzar la piel de Labios. Y es dulce. Es cremosa. Es el deleite convertido en sabor. Me está vedado.

-Chssst, no me hagas trampas... -me ruega su voz desde las alturas, devolviéndome a mi mundo.

El hielo regresa al camino trazado por la naturaleza en su cuerpo. Recorro su vientre, su ombligo... y sigo bajando...

-Dios, Gabri... -murmura Mónica al comprender mi destino. Su tanga cubre aún su pubis, y sé que no puedo quitárselo. Pero es un tanga demasiado fino, Labios. Quizás ya lo tuvieras pensado...

El hielo sigue y sigue en aquella cariñosa hasta abajo... Mi cabeza queda entre sus muslos... Ella me mira, con mirada de deseo...

-Hazlo... -susurra, bajito, despacio -por favor... hazlo...

Y el frío alcanza el placer, mientras Mónica expira juntando las piernas. Preciosa... Sumerjo el hielo en su clítoris, descuidado. "Oh!" grita su voz, agradecida. Me creía más previsible, princesa. Tal vez lo fuera. Tal vez no deba interpretar tus gestos, porque sólo estás jugando. -Mmm! -repite, cachonda. El hielo, quizás por su hora, quizás por el calor en la entrepierna de Labios, empieza a desaparecer. Lo llevo hasta sus pechos, con intención de vérselos mojados. "Joder..." exclama ella, excitada por su quemar. No eres tan difícil, Mónica. Quizás con uno más grande hubiera podido llevarte hasta el orgasmo...

Dejo que el hielo se derrita sobre uno de sus pechos, cubriéndolo de agua, empapándolo, y fundo el agua que queda en mi boca en el otro. Ahora me puedo permitir mirarla. Mirar la humedad en sus labios. El camino mojado, que baja hasta su cuerpo, hasta la vagina con que había jugado. Sus tetas, cubiertas tan solo por una fría capa de agua semihelada. Y medio minuto de besarla que no se me había olvidado. Vuelvo hasta su boca, pegándome a su cuerpo frío, notando sus pezones duros, sus piernas abrazándome, y beso sus labios, que noto calientes, aunque estén helados. Esta vez el beso es sincero, perverso, su lengua me inunda con necesidad mientras agarra mi cabeza con sus manos. Es el calor que es capaz de dar un hielo... y es que todo es paradoja en los sueños. No hemos puesto el reloj de arena, pero cuando deja de besarme, soy consciente de que mi tiempo ha acabado.

Una pequeña gota cae desde uno de sus pezones cuando se inclina para tirar el dado. Ella se ha puesto cachonda, yo sólo lo sigo. El juego no nos va a poner las cosas fáciles, voy comprendiendo. El juego es cruel. El juego no quiere que terminemos practicando sexo anal, o follando. No, el juego quiere que uno de los dos termine sintiéndose derrotado..

...y como la temperatura se siga elevando, no dudo que seré el primero en desfallecer.

La fuente del vivo deseo me mira ansiosa mientras tira el dado. La suprasensibilidad baila del uno al seis hasta caer en un tres, y estoy a punto de conocer lo que se siente cuando un ángel cae derrotado.

"Practica sexo oral sobre un oponente al azar..." Sí, sí, dios, no me lo creo, ¡sí! "...y después ponle una prenda. Si tiene más de dos piezas de ropa puestas, cambia una de tus prendas a cambio de dejarlo humillado"

Espera, ¿qué?

Ella me sonríe. Algo anda mal. Sé que me toca ser humillado, porque aún tengo puestos los calzoncillos y los vaqueros. "Humillado", lo había leído antes, pero no había tenido que preocuparme. Ahora iba a vivirlo de primera mano.

-¿Qué.. qué es eso de ser humillado? -pregunto con ansiedad, consciente de que no es Mónica jugando a practicarme sexo oral.
-Ahora lo veremos... -me dice, loca de contenta, excitada, complacida, mientras coje otra de las pequeñas ruletas y comienza a darle vueltas -tu ve desnudándote. Siempre hay que desnudarse cuando te toca ser humillado...

Obedezco, qué remedio, mientras observo una serie de figuras que no termino de comprender en la ruleta, negra, que decide mi futuro, azul oscuro cuanto menos.

-Perrito -me dice cuando al fin el puntero se decide por parar, y me viene una sola cosa a la cabeza. Una sola cosa que consiste en Labios a cuatro patas con el culo empompado y a un servidor follándosela, cabalgándola, sumergiéndome y probando. Pero no creo que se trate de eso...

-Uy, que mono -me dice al ver mi pene, erecto, una vez me he desnudado, golpeándolo con un dedo -lo que me recuerda que tengo que pagar esto con una prenda...

Pícara, accede a un pequeño cierre en su tanga, que le permite desabrocharlo sin necesidad de sacárselo por los pies, atados. Su vagina queda liberada. Yo, aún más enamorado.

-Entonces, ¿qué he de hacer ahora? -le pregunto impaciente, consternado.
-De momento, ve a mi cuarto, el que pilla a la derecha, y en el segundo cajón de mi mesilla encontrarás una correa de cuero y un pequeño juguete. Tráeselos a la dueña, anda.

"Tráeselos a la dueña..." repito mientras voy a por una correa y un juguete. Voy captándolo.

-Chst -me frena en cuanto doy dos pasos -gateando, cariño -murmura con sarna -gateando...

Y Gabriel gatea, desnudo y observado, por la casa de Labios. Llego hasta su habitación. Encuentro el juguete muy rápido; Junto a la correa de cuero se ve un consolador que, sin ser experto en la materia, me parece exagerado. Mucho más grande que mi pene, ni el de ninguno de mis amigos, eso estaba bien claro.

-Recuerda traerlo con la boca -se divierte Mónica ordenándome desde la sala. Jamás en el mundo me hubiera imaginado aceptando humillarme tanto... Pero vuelvo a pensar en sus labios, y lo hago.

Cuando llego, ella pone un enorme reloj de arena, el más grande, boca abajo. Para colmo, la arena cae muy, muy despacio...

-Ven a que mamá te ponga la correa -me llama, como a un perro real, dando un par de palmadas en el sofá. Yo voy, con la correíta y el masturbador fálico, y me dejo atar, humillado -Buen chico...

Llena un pequeño bol de licor y lo coloca en el suelo. Me dirige hacia él con un pequeño tirón en la correa, y me exige...

-Bebe

Y yo, obediente, agacho la cabeza para beberlo... a lametazos

-Veo que lo coges... -murmura al tiempo que su voz deja la burla a un lado y tira de mi correa para alejarme del bebedero. Sus ojos están abiertos. Creo que he despertado algo.

Llena su boca de saliva, y se inclina. Agachando la cabeza, deja que la saliva fluya, expulsándola entre sus labios hasta escupirla sobre el suelo, creando un pequeño charco. Me mira. Y, sin amagar, me ordena:

-Bebe

La miro, y no sé por qué, pero me atrae, aun sin desearlo. Tampoco tengo elección. Labios tira de mi correa obligándome a agacharme. Busco con mi boca la saliva, y la lamo, despacio. Es dulce. Y está caliente. Es húmeda, y de Labios.

Mónica ha dejado de ser Mónica, ha sacado por completo una parte de sí que aun puede guardar el nombre de Labios, y me mira, concentrada, mientras una de sus manos se escabulle entre sus piernas para masturbarla. Tira de nuevo de mi correa. Se escupe en una mano, dirigiéndose a su vagina, empapándola en su saliva, y me busca con la mirada Deseo que lo diga. También estoy asustado.

-Bebe...

Y bebo. Y lamo.

Me cuelo entre sus muslos, envolviéndome en sus piernas y alcanzando con mi lengua su coño, embriagador, su clítoris, sus labios. "Dios..." dice ella al notarlo. Aún está frío por el hielo, pero lo arreglo rápido. Es caliente la humedad que fluye por su vagina, aunque no tanto como cbeber de ella, y mis labios confunden sin preocuparse los restos de su saliva, los flujos de su sexo y mi propia saliva para dejarla empapada. "Joder, sí..." murmura al tiempo que acelera su respiración. Noto que mi boca se desliza con facilidad, suave, y siento que lo que hacemos es sucio, que a Labios le gusta sucio, que quiere ver mi boca deshinibida entre sus piernas, como yo quiero ver la suya, y que lo está experimentado.

-¡Dios, sí! -comienza a gritar descontrolada, envolviendo mi cabeza con sus muslos y con sus manos, y apretando -¡Sí Gabri! ¡Sigue! ¡¡Sigue!! ¡¡Síiiii!!

Sí, por dios, se está corriendo, Gabriel, la tienes, lo estás consiguiendo! Mi lengua empapada bebe con ansia, besándola, recorriéndola, domándola. Una de sus manos se dirige hasta su clítoris para acariciarlo mientras yo introduzco mi lengua entre los labios de su vagina, hundiéndola en ella.

-¡¡¡Sí!!! ¡¡¡¡Síii!!!! ¡¡¡¡Síiiiii!!!! -termina de gritar mientras muere, envolviéndome entre sus muslos, sus manos y su placer. Me separo, notando mi boca empapada de Mónica. Perdón. De Labios.

-¿Has llegado al orgasmo? ¿Te he ganado? -pregunto complacido aunque poco esperanzado, sabiendo que no va a ser tan fácil. Ella me mira con desidia. Como si de verdad fuese un perro. Como si no recordara que era yo quién entre sus piernas la estaba besando. Su gesto es seguro. Su respiración entrecortada. Y su cuerpo está sudando. Parece inventada por la esencia del deseo, y diseñada por el diablo.

-¿Cómo vas a ganar nada... -me echa en cara sin piedad -...si estás siendo humillado?

Me hace sentir que la he desconodido por completo hasta ahora. Me estás llevando a un nivel muy superior al de la amistad. Mónica...

Vuelve a escupir, esta vez en un pequeño vaso, sin pudor hasta colmarlo, y se recuesta en el sofá, apoyándose en su espalda y elevando el culo, hasta dejarlo apuntado hacia mí.

¿Labios, qué pretendes?

Vuelca el vaso en su entrepierna, entre su vagina y su ano. La saliva, despacio, se dirige sin dudarlo entre sus nalgas, alcanzando hasta humedecer el pequeño agujero que se encuentra frente a mi cara.

-Bebe -ordena su voz, impenitente.
-Pero... ¿Mónica?...
-¡Que bebas! -repite tirando con violencia de la correa.

Y yo lo hago. Prefiero no pensar si lo deseo. Acerco mi boca hasta su culo, hasta envolver la cavidad anal entre mis labios y besarla con la humedad de la saliva de Labios, que lo empapa. "Dios, sí, buen chico" exclama ella, excitada, delirando "¡buen chico...!!".

Un zumbido se suma a la forma en que suena mi boca al besar entre sus nalgas. Es el consolador. Maldita zorra, qué bien que te lo estás pasando...

-Diooos... -murmura muerta de placer al tiempo que el enorme instrumento se la folla sin piedad, mereciendo mejor trato que yo por alguna razón que desconozco, mientras mi lengua sigue en su pequeño agujero, empapándolo. Una de sus manos se aferra de nuevo mi cabeza, empujándola aún más entre sus nalgas.

-Joder, síii, ¡¡síiiii!! -gime loca, descontrolada. No sabes cómo me excitas, Mónica. Me gusta tu trasero. Me gusta que me envuelvan tus nalgas, tan calientes y suaves. Me encanta verte disfrutar. Y me has descubierto lo sexy que puede ser beber de un ano de mujer.

Ella juega a masturbarse, se acaricia, se humede sus dedos en su boca para que desciendan a ayudar al consolador, mientras empuja su culo contra mi cabeza, atrapada por la mano con que no se masturbaba, y lo restregaba, lo mueve, exigiéndole a mi lengua que no cesara su besar.

-Vamooos.... Síii... Vaaamos! -no sé a dónde vamos, Labios, pero sí sé a dónde vas. Me temo que tendrás que ir sola, aunque no dudo que sabrás llegar.

Sus piernas no tardan en volver a su convulsionarse, y yo respondo besándola con pasión, lamiéndola, obligándola a sentir mi lengua recorriendo su ano sin compasión, para su deleite. El consolador desaparece en su vagina y se mueve, busca, recorre, la folla, conociéndola y volviéndola loca mientras el morbo la invade al sentir mi lengua desatada en su ano.

Una diosa.

Continuará...

Cómo nunca llegué a ser un ángel -IV-

Textos anteriores: I y II, III

-IV-


Tras un rato enjuagando mi boca y limpiando mi cara, me sentí extraña. ¿Qué había hecho? Un sabor agrio había quedado atrapado en mi garganta. Y la noche aún no había comenzado...



Por fin, Raúl apareció, y aquello consiguió, inesperadamente y por difícil que fuera, terminar de amargarme la jodida velada. Su ropa era ajustada, algo que le quedaba muy bien (su cuerpo era auténtica carne) pero entre su polo de color rosita (jamás lo entenderé), su pelo mal engominado y, atención, ¡gafas de sol en mitad de la noche!, la líbido cayó por los suelos.
Me pregunté si lo estaba haciendo bien. Si aquello sería un buen paso. Yo sólo quería dar placer a este tío para impresionar al escritor... ¿Estaría llevándome al catre al mayor pringao de la pandilla y perdiendo imagen ante el resto? Sinceramente, no me convenía nada hacer eso... ni me apetecía tampoco, qué coño.

Sin embargo, recordé por qué mi cita era con el cortado. Era el escritor quien lo había elaborado todo. Quien había animado la maniobra, escrito las calientes palabras, acompañado a su amigo en el ataque. Sí, aquello le importaba... No sé. Qué coño, el plan era el plan. Y el cortado tenía un cuerpazo; si el maromo de la noche pasada me lo había hecho pasar tan bien, pues esta noche la diversión estaba asegurada, no? Además, sin un poco de buen sexo tras el desafortunado affair con el camarero, igual hasta se me quitaban las ganas y pasaba a formar parte del club de secas que mis amigas tenían montado... Raúl, Raulito, ya puedes ser un amante de los que merecen la pena, porque esta ardiente súcubo está llegando al límite de su paciencia.

-Hola- me dijo en un tono algo apagado -qué... ¿qué tal y eso?-

¿Qué tal y eso? Jaja. Pobre. Eres realmente cortado ah?

-Aquí- le respondí un poco de forma desenfadada -admirando el romanticismo del lugar al que me traes a cenar y tal-

No pilló el tono. Tendré que resignarme a borrar la ironía del vocabulario de esta noche...

-Oye- le dije, cogiendo el timón, antes de que se hundiera un barco que acababa de zarpar y comenzaba a hacer aguas -¿qué te parece si dejamos lo de la cena y nos vamos a dar un paseo por la playa? Tan vacía y tal... está una noche romántica. No sé... ¡Realmente me apetece! Eso sí sería una cita romántica!

(Y me alejaría del camarero que acaba de correrse en mi lengua, y de la chica que ha presenciado el espectáculo...)

-Pero... bueno...- farfulló él, poco convencido -me parece bien eh? Pero... tenía una mesa reservada, no sé...

Puaf... Seguro que para estas alturas de la noche Lucía ya se encontraba en algún baño público follándose a lo loco a algún desconocido con un cuerpo de impresión. Debo de ser idiota... Así que me puse dura.

-Mira, cariño, hacemos esto... te olvidas de que habías reservado una mesa en este antro, me acompañas en un paseo por la playa, y quizás folles esta noche, de acuerdo? -sonreí. ¿Pillaría la ironía esta vez?

Paralizado, no me llegó a responder. Le cogí la mano, dejé de sonreir, y lo arrastré fuera de aquel asqueroso lugar.



Una vez en la playa, por fin cambió el tono de la cita. El tío era tranquilo, agradable, su voz era bastante bonita. Seguía haciendo honores a su mote, “el cortado”, pero casi mejor. Necesitaba un poco de comodidad. Hablamos de mil cosas tontas, lo maleducados que son muchos turistas por lo asquerosa que habían dejado la playa, el buen tiempo, lo mucho que nos importaba el cambio climático, etc. Luego empezó a contarme que él y sus amigos practicaban surf, parecen majos tus amigos, argumenté buscando algo de información, sí bueno, un poco macarras y eso, dijo él, ¿macarras? No seréis muy macarras si me escribiste un mensaje tan bonito... ¿Te gustó? Pues claro que me gustó, tonto, ¿no ves que a unas horas de ese mensaje estoy a solas contigo en esta romántica playa? Sí bueno, supongo que sí, respondió ruborizado.

-La verdad...- dijo entonces -tenía miedo de que no te gustase, más que nada por el de tu amiga, que seguro que era mejor...
-¿El de mi amiga?- respondí perpleja.
-Sí... vaya... no sé, Ángel siempre ha escrito muy bien...

¿?

No. No puede ser. Socorro.

-¿Qu... quién es Ángel?- pregunté, evidentemente asustada
-Joe, pos mi amigo, el que le dejó el papelito a Lucía...

¡Puta zorra desgraciada!

-Pero... ¿te refieres al chico con novia?
-Sí, sí, claro, joe, Ángel. ¿Es que tu amiga no te ha contado nada?
-Bueno... sí... algo me ha contado, pero no te creas que mucho... sabes, como íbamos borrachas y apenas nos hemos visto desde entonces... -(mentí)
-Ah, ya... Bueno, Ángel le escribió aquello a tu amiga por mí, que soy un poco tímido, y me daba cosa entraros... ya sabes... si era capaz de hacerlo él, que tiene novia y tal, pues me demostraba un poco que no importaba...
-Ajá, qué mono... oye, ¿y cómo es que me dejaste el papelito a mí? ¿No te gustaba también Lucía?
-Bueno...- dijo mirando hacia otro lado -me gustabas más tú...

Sentí algo de calor en mi interior. Un calor inesperado. La sonrisa que surgió esta vez fue agradablemente sincera.

Allí, a la orilla del mar, la brisa nos refrescaba y la marea, calmada, azotaba vez tras vez a la orilla. Era romántico.

-¿Oye... te atreverías a meterte al agua?- le desafié -me... bueno, me resultaste muy atractivo en el mar.- mi voz sonaba cómplice. No sé, aquel chico me estaba gustando un poco, y todo.
-Pero... si estoy vestido...
-Vamos hombre, la vida está para vivirla, chico cortado. Date un baño para mí...

Le cogí la cabeza. Un pequeño beso juntó nuestras bocas. Pequeño, pero húmedo. Agradecí que no se percatase de lo último que habían tocado mis labios y le guié un ojo.

-Me gusta recompensar a los hombres que hacen cosas que me gustan...- susurré con mirada tierna.
-Claro...- respondió, no muy convencido.

Le besé en la mejilla. Comenzó a quitarse la ropa. Una vez en calzoncillos le dije, casi más como amiga que como amante, que tenía un cuerpo tremendo. Me lo agradeció, y se echó al agua. Pobre infeliz...


Acto seguido, cogí su ropa. Su móvil. Había varios Ángel en su agenda, pero uno en concreto aparecía con el mote de “el escritor”. Cómo no. Anoté su número. Sus pantalones también guardaban una pequeña petaca rellena del líquido que me había emborrachado en la playa. La llevé hasta mis labios, y alcé la cabeza para beber. Lucía, eres una puta. Una puta que de nuevo me lleva ventaja. ¿Cómo pudiste no decirme nada? Pero esta vez no dejaré que te salgas con la tuya. Ese escritor es el hombre de mis sueños. Lo siento, pero voy a llegar hasta el final, y si tiene que haber guerra...

...la habrá.

Raúl estaba saliendo del agua. Despeinado, sin ropa, sin gafas de sol, mojado y en calzoncillos, se convertía en un chico bastante caliente. Un Clark Kent transformado en Superman, ¡qué bien! Le miré. Eché otro trago de su petaca...

Le miré, desafiante. El quedó quieto, contemplándome. Pasé un dedo por mis labios, y lo mordí ligeramente, calentándole. Siguió admirándome...

Me quité calmadamente mi vestido y me lancé a por él, a besarle sin mediar palabra. Allí, a la orilla del mar. El cortado, que parecía no explicarse nada, se limitó a devolverme el beso. Una chica desnuda te abraza y te besa en una noche de playa a la orilla del mar, ¿y ni siquiera te dignas a, yo qué sé, meterle mano, sobarla, acariciarla? ¿qué clase de hombre eres tú? ¿te suena la palabra pasión? Me sentí un poco desgraciada... “Sigue con el plan, Anita” pensé para mis adentros.

Lo tumbé sobre la arena y me recosté encima suyo. Con mi boca cerca de sus ojos, le susurré:

-Cariño... no sé por qué, pero me vuelves loca... me gustas mucho... y no sé si tendré otra ocasión tan romántica para.. no sé... me gustaría hacerte feliz esta noche...

Su respiración se aceleró.

-Me gustaría... me gustaría que me recordases como fantasía... como a un ángel... como a un sueño... quiero que me desees, quiero que me toques, que me beses... quiero acariciarte y entregarme a ti... no es que suela hacer esto pero, ver tu cuerpo saliendo del mar en una noche ta romántica... eres caliente, nene... quiero follarte, cariño. Follarte como nunca...

El chico estaba nervioso, me miraba, miraba hacia todas partes, pero apenas se movía. Lo tenía todo, estábamos solos, en una playa vacía, se estaba tirando a una desconocida, a una desconocida que además era un auténtico bombón, joder, y nada, debía de ser de sangre fría, porque no reaccionaba... Metí la mano en sus calzoncillos. Premio, allí estaba... su pene, ardiendo, concentrando toda la capacidad sexual de mi amante en su erección. Él cerró los ojos.

Me estaba poniendo nerviosa. No sé, no terminaba de encontrar el punto. El feeling. Y aquello me importaba mucho. Jodido cortado, ¿ahora vas a estropearme la noche? Por un chico que se fija en mí en vez de en Lucía, ¿tiene que ser un chico que no sabe follar? Empecé a impacientarme... ¿Puede que lo hayas hecho demasiado rápido, Anita? Coño, ¿pero es que este tío no es un hombre? ¿No les gusta así?

Le bajé los calzoncillos. Estuve a punto de entregarme a otra felación, pero no me apetecía mucho y, visto lo visto, el chico no daría muestra de expresión hasta correrse. Ni de coña. Completamente incapaz, coloqué su pene en la entrada de mi vagina para probar a ver si follando el calor de mi cuerpo conseguía activarle... y me miraba... y no reaccionaba...

Utilicé aquel falo para acariciarme, para masturbarme... Me pegué a él... Me froté con él... Dejé que su pene se introdujese en mi cuerpo... Ya me estás follando, chaval, te estás follando a tu cita...

...Pero nada. Él cerraba los ojos, miraba hacia atrás, ponía cara de concentración, pero no hacía nada. Ahí me tenía, encima suyo, sintiendo cómo entraba y salía de mí mientras mi cuerpo montaba el suyo, sin gran efecto. Comencé a sentir ganas de llorar.

Se corrió. Se corrió antes de lo imaginable. Se corrió dentro mío como si no pudiera importarme. Me estaba arruinando el plan. Bajé hasta su pene y comencé a mamársela. No quería que la noche acabara tan pronto, y sabía que era la única forma de despertar aquello una vez se considera satisfecho. Recuerda la técnica, Anita... la envolví con mis labios, la unté con mi lengua... chup, chup, chup... Era un pene grande... Algo es algo. El chico (hombre, si hay alguien ahí...!) gimió un poco. Bueno, al menos eres capaz de aguantar más de un orgasmo... Así que allí estaba, de nuevo chupando una polla que no era la deseada para no recibir más reacción que la que me ofrecería un puto cadáver. Hacía que me sintiera fuera. Como quien friega su casa, como un copiloto de coche, mi mente quería pensar en otras cosas, sin tener en qué concentrarse. No me sentía en el sexo.

-A.. Ana...- dijo su voz desde las alturas -¿de verdad quieres hacerme feliz?-

¿Qué? Uf... aquello me sonaba demasiado mal. Pero el plan era el plan, pensé... ¿Desde cuando las cosas tienes que ser fáciles?

-Desde luego...- respondí con la voz más sexy que me podía permitir. Volví a meter su polla en mi boca mientras me hablaba.

-Te... te importaría que te diera por... bueno... por...

Joder, algo me lo había dicho, pero no me lo creía. Sospechaba como terminaba esa frase...

-...culo?- dije completándole mientras mis temores se fraguaban en dura realidad. ¿Será el karma respondiendo duramente por mi desliz como prostituta? ¿Serían los trescientos euros que llevaba en el bolso?
-S..Sí... dios, por favor, sí...

Nunca lo había hecho nadie. Nadie me lo había llegado a pedir, y a mí no me había llegado a apetecer. Sólo una de las condiciones cambiaban ahora. Manda narices que seas tú, el cortado, el muerto al que mis mejores cartas no han conseguido despertar, el que me lo pida. Y mi mil veces desgraciado plan me obliga a ponerme a cuatro patas delante tuyo, a sonreirte ocultando un poco de miedo, y a responderte con voz picantona:

-Sírvete, vaquero...- mientras contoneo mis caderas para convertir ese ano en algo aún más apetecible de lo que ya debe resultarte.

Inmediatamente, Raúl se arrodilló detrás de mí y comenzó a sobarme. A sobarme por doquier. El culo, las caderas, las tetas... ¿Tanto te pone, cortadito? ¿Es esto lo único que activa tu sangre? Mientras tanto, yo preparaba mis mejores dotes interpretativas mientras rezaba porque aquello no doliese demasiado.

Sacó un pequeño botecito de sus pantalones. Era vaselina. El cabrón llevaba vaselina encima. Comenzó a untármela embaucado por mi pequeño agujero. Después, me lanzó su petaca.

-Te gustará más si te terminas eso- se atrevió a decir. Como prefieras, me lo metí de un trago. Serás capullo...

Comenzó a meter su pene entre mis deliciosas nalgas, poco a poco. Por lo menos tenía técnica en eso. Me pregunto, Raúl, qué clase de trauma te llevó a que te gustase tanto el sexo anal. Estoy convencida de que alguna novia o exnovia te ha ayudado a no hacer demasiado daño. O tal vez novio, visto lo visto...

-Oh... joder...- gimió su voz. Y es que lo peor de todo era lo caliente que se había vuelto para él la noche de repente. En mi interior, aburrida, no tardó en asediar mi cabeza la imagen de Lu tirándose al escritor. Quizás lo estuviera haciendo en ese mismo momento. Más ganas de llorar me atacaron. De nuevo, como respuesta, comencé a gemir y a dar pequeñas muestras de placer. Pese al alcohol y la vaselina, me estaba haciendo algo de daño. Mi vida es una mierda, pensé para mis adentros mientras, una bonita noche, a la luz de la luna y en la romanticidad de la playa, un virus se introducía en mí con, eso sí, buena técnica.

El cortado fue dilatándome el culo hasta metérmela entera. El tío estaba calientísimo. Dios mío, ¿tenías el ano virgen? Me preguntó sin cortarse. Lo estaba guardando para un hombre de verdad, respondí sin mentir. Comenzó a darle ritmo Y la verdad es que lo hacía bien. Quizás en otro contexto, yo lo estaría gozando. Pero no lo hacía. Sólo disponía la virginidad de mi ano a placer de aquel individuo mientras fingía que me gustaba. Ya puedes contarle esto al escritor, capullo. Estás haciéndote con una virginidad que quizás con él hubiera sido inolvidable.

-Joder, cómo te bailan las tetas! Oh, joder, joder!- dijo ante el bamboleo con que éstas respondían a sus embestidas... ¿Ahora me vienes con las tetas? Córrete ya, tío raro, por favor. Esto me escocerá mañana, sabes?

-Oh, mi culo... sí... -gemí

-Sí, sí, sí, deja que te de por culo, deja que te de por culo!! Joder, te la estoy metiendo por el puto culo, sí!!!-

Wow, enhorabuena, veo que tienes un gran dominio del lenguaje, Raulito... y yo te tengo que seguir el juego:

-Oh, sí, dame por culo cariño, dame por culo, socorro joder, me gusta, me encanta!!!- simulaba yo gritar desconsolada. Gemía como una loca. En algunas ocasiones, había empezado así y había terminado disfrutando de verdad. Pero no iba a ser el caso.
-Sí dame tu culo!!! Sí Lucía, sí, sigue, sigue!!!-

Sentí como el corazón se me hacía pedazos, y respondí.

-Oh sí, imagina que le estás dando por culo a Lucía, que le estás dando por culo a mi amiga, que le rompes el culo, y métemela, métemela, métemela!!!-

Una pareja de novios pasó por delante nuestro. Genial, testigos del momento más triste de mi vida desde que mi hermano me grabase en vídeo y lo colgara en internet. Les mostré mis dos preciosos dedos medios mientras se iban a paso apresurado.

Raúl se recostó sobre mí y comenzó a sobar mis pechos, sus embestidas aumentaban el ritmo, yo era Lucía, comenzábamos a sudar, y nada tenía sentido. Cómo estaba disfrutando el muy imbécil mientras me daba más y más por detrás.

Entonces la sacó, me subió para arrodillarme y me la metió violentamente en la boca mientras se corría. “Lucía...” murmuró... Yo me aferré a su pene, le miré de forma lasciva y le sonreí. Lamí hasta cerciorarme de que aquel glande no expulsaría más semen.

Extasiado, me miró. Me sonrió. Yo le sonreí. “Dios, eres un auténtico hombre”, le mentí.

Socorro. De vuelta al hotel, pasamos por el Mojito”s Pub. Mi íntimo camarero se había quedado limpiando las mesas.

-Déjame aquí, he quedado con una amiga. Espero que te lo hayas pasado bien... -le vacilé sin perder la compostura. El culo me dolía. Frustrante...

-S.. sí claro... ¿volveremos a vernos? -él, por su parte, volvía a ejercer de cortado.
-Desde luego... -le sonreí.

Cuando por fin se marchó, me metí en el bar, para sobresalto del camarero, que comprobé se encontraba solo. Saqué los trescientos euros de mi bolso, y se los devolví, esperando que a mi karma le llegara la señal. Por si no era suficiente, desabroché la cremallera de su pantalón y, de nuevo, se la comí. Le ofrecí sexo, pero me decepcionó pidiéndome que, por favor, no dejase de chupársela. Dicho y hecho, sobredosis de esperma que me estaba asqueando.


Al volver al hotel, me sentía deprimida, destrozada. ¿Qué estás haciendo, Ana? El sexo... empezaba a sentarme raro. Mi tripa estaba revuelta. Mi alma, rota.

Sin saber muy bien por qué, entré en la habitación de Lucía. Estaba vacía. Me deshice de mi vestido, que me hacía sentir como una guarra, pero no quería andar con mis pechos desnudos, y alcancé uno de los sujetadores de mi amiga. Cómo no, me quedaba grande.

Socorro. Me eché sobre su cama. Sobre la cama de mi amiga. Dejé que la frustración me invadiera...

Y lloré hasta quedar dormida y desconsolada. ¿Ángel, por qué me dejas así? ¿Por qué... por qué no vienes... y me rescatas?

El sexo con Karen

Karen... Cómo sabes hacerlo. Cómo sabes hacerme disfrutar...

Karen era la típica chica con la que desearías pero no esperarías acostarte. Guapa, pero no en exceso, sexy, pero no en exceso, y morbosa, esta vez sí en exceso, hasta límites insospechados. Una amiga, de esas que te alegran la noche con su compañía. No sé bien como explicarlo, es como si derrochase calor, comodidad, como si acostarse con ella fuese, simplemente, un cómodo placer del que no tienes por qué ocultarte. Sin embargo, también parecía una meta imposible. A sus 26 años, estaba prometida. Prometida con un buen amigo.



Fue el día de su cumpleaños. Fiesta privada y abarrotada en su casa. Borracha perdida como iba, se mostraba especialmente cariñosa. Abrazos, besos. Miradas. Muchas miradas. Al menos hacia mí. No sé si eran cosas mías, pero diría que siempre había existido una tensión sexual entre los dos, una complicidad por fraguar. Sólo en mi mente había conseguido poseerla, pero la había disfrutado a fondo, la había experimentado a placer. Era tan fácil imaginarse a Karen actuando para ti, para tú cuerpo, para tu sexo...

Imaginarla dedicándote una mamada resultaba tan... real... natural... caliente...

Pero lo peor de tomarte algo con tanta cercanía viene en los momentos en los que toca evidenciar que es exactamente lo contrario.

Yo había llegado tarde a la fiesta, y todavía no me había encontrado con ella, lo cual era un mal gesto por mi parte, ya que llevaba largo rato por allá. El alcohol también estaba haciendo efecto en mi cuerpo, yo empezaba a decir mis tonterías de borracho, cuando vi que marchaba hacia la cocina. Sin maliciosa intención, por supuesto, la seguí para encontrarme con ella.

-¡Hombre, Darien! ¡Cóooomo estáas! -tono de borrachera, cómo no, Karen
-¡Felicidades cumpleañera! -por supuesto, mi voz no era precisamente la de alguien sereno tampoco -¿Qué tal sienta eso de celebrar tu último cumpleaños de soltera?
-Pues como cada cumpleaños, llevo peor lo de ser más vieja! -me dijo riendo -Ven aquí hombre! Dame un par de besos!

Amistad. Me acerco a ella. Calor. El primer beso en la mejilla. Comodidad. Un beso de verdad, uno de los que se hacen con los labios, y no uno de esos «cara contra cara» tan difíciles de entender. El segundo beso; sin intención, se dirige demasiado cerca de la comisura de mis labios. Los míos, también sin yo pretenderlo, de verdad, se desvían lo justo para encontrarse con los suyos. Y, extraño, entonces, tacto. Tacto cálido, labio con labio. Humedad maravillosa. Una sacudida eléctrica recorre mi cuerpo entero. Aunque beso involuntario, un beso. Karen me mira a los ojos.

-¿Te ayudo a llevar algo? -interrumpo pretendiendo hacer que no ha pasado nada
-No, no, tranquilo hombre! -responde su boca en agradable posición forzada -puedo sola, pásatelo bien en mi fiesta eh?

Podéis imaginaros el resto de la noche. Conversaciones banales, situaciones cómicas que no te interesan nada, hombres ridiculizándose para tener compañía esa noche, y las ganas de acostarme con Karen brillando y renunciando a quedar relegadas. Guau!

No nos cruzamos en toda la noche. Nos vimos. Nos miramos. Ella de forma más descarada, supongo que más consciente de mis intenciones que yo de las suyas. La música bien alta, los bailes absurdos, y toda la incongruencia de una fiesta cuando no intentas disfrutarla.

El final de la velada me pilló por sorpresa en el baño. Consciente de que era hora de ir despejándose, aunque sin imaginar que la fiesta terminase tan rápido, había ido a lavarme un poco la cara con agua fría, componer mi imagen en el espejo y esas cosas. La comodidad de estar solo había alargado mi estancia en el cuarto. Pero era hora de salir, antes de dejar que tu ausencia quedase explicada mediante la imaginación de los borrachos invitados.

Cuando salí, la gente se estaba marchando. Karen los despedía.

-Darien, no te encontraba. Javi -su prometido -trabaja mañana, y siendo tan tarde, pues cuando se ha ido hemos decidido terminarlo. Nos vemos en la boda, ¿vale?
-¿Cómo, ya tan rápido? Ostras...
-Jaja, Darien, ni que tuvieras alergia a tu casa
-Jaja, no Karen no, es que aún voy algo bebido, y he traído el coche. Pero bueno, ya me meteré algún CD hasta que se me pase.
-Ya, vaya... Joe, tú también, con la de autobuses de noche que pasan por mi casa, tenías que venir en coche eh?
-Ya sabes Karen, me va fardar, ser independiente y esas cosas
-Sí, bueno, tranquilo

El último invitado terminó de salir (-felicidades Karen!-). Ella se fue a cerrar la puerta, y me miró otra vez con esos ojos de gata que tan mal se le daba contener.
El beso regresó a mi mente. A cada segundo lo imaginaba más increíble. En aquel momento, sentía que su lengua había explorado a la mía. Como si fuese poco haber besado sus labios...

-Anda Darien, no vayas al coche, ni que fuera a echarte de mi casa, descansa un rato en el sofá vale?

Me cogió de la mano y me llevó hasta su sofá. Karen, fantástica. No vaciló. No hubo excusas, ni tensión, ni miedo a nada. Quizás demasiado alcohol. Me sentó, me envolvió con sus rodillas, subiéndose encima mío, deslizó sus manos por mi cuello hasta enredarse en mi cabello, y dejó que nuestras bocas se acercasen hasta fundirse de nuevo. Sin errores. Sin disculpas. Karen, sobre mí, me comía la boca provocándome la sensación de haberla besado desde siempre mientras me llevaba a un placer que hacía tiempo no me daba un beso. Su calor me inundó, su boca me humedecía mientras acrecentaba mi sed, mi sed de sus labios, de su piel, de Karen...

Mis manos la envolvieron. Ella no se incomodó. Exploré la ropa que la envolvía. Su lengua entró entonces entre mis labios permitiéndome saborearla, sentirla, y jugar con ella. No había palabras. Las palabras sólo atienden a lógicas y razones. Aquello era un beso, sin más sentido que el de ser un beso, y las palabras nos hubieran impedido seguir sintiéndonos. Mis manos seguían haciendo su trabajo. Una camiseta, un sujetador, una minifalda, unas mallas y presumiblemente un tanga me separaban de su piel. La idea me calentó. No me hubiera atrevido a pedirle a aquella noche más de lo que me estaba dando, pero sólo imaginar a mi amiga dejándose follar por mí elevó mi temperatura, aceleró mi corazón, y le dio esperanzas a un pene que ya estaba en erección.
Karen envolvió mi cabeza con fuerza, y su boca se despegó de mi para empezar a jugar con mi cuello.

-Pero... Oh, Karen...
-Hmm... -gimió mientras me comía la oreja y me hacía temblar -dios, Darien, tenía muchas ganas de probarte...

Su lengua actuaba como si mi mente la manejase. Sin pudor, sin complejos, sólo recorriéndome.

Sin despegarse de mí, comenzó a levantarme mi camiseta. Parecía querer deshacerla, olvidarla, encontrarse a mi piel, y yo no dudé en quitármela. Se detuvo a mirar mi torso, y se lanzó de nuevo hacia mi cuello, esta vez cerca del hombro, dispuesta a dejarme un recuerdo, mientras sus manos parecían necesitar exprimir mi tórax. Mi mente, pese a seguir drogada en la saliva de mi amiga, consiguió hacer un par de cavilaciones. Pensé en Javi. Él tenía 38 años, que es una edad. Nunca había sido un chico de gimnasio. Tenía que ser un cuerpo bastante ordinario el que le servía a Karen en sus noches de calor. Yo tenía tan sólo 23, y adoraba el deporte. Me alegré de poder servirle a esa chica un plato que no acostumbraba a comer.

Pensar en aquello me llevó un paso más allá. Mi amiga había comenzado a desnudarme sin pudor, y me estaba besando de forma desesperada. El paso estaba dado. Estaba hecho. Iba a follármela. Mi pene luchó entonces por romper mi cremallera, asegurándose de que el cuerpo de mujer de Karen lo notara. Su lengua volvió a producirme un calambre y a separarme de mi cerebro. Dios, nena...

Su boca bajó hacia mi tórax comenzando a darle pequeños besos que contrataban con la brutalidad con que sus suaves manos me recorrían. Yo me cansé de su camiseta, y empecé a levantársela. Se rió un poco y se la quitó ella misma, sin sensualidad, sin pudores, como si no estuviese dándome paso a una de las pocas sensaciones que hacen que la vida merezca la pena. Y así, mis manos, aunque aún impelidas por su sujetador, conocieron sus voluminosas tetas.

Sus ojos buscaron los míos en una mirada burlona que parecía decir «tan sólo son dos tetas». Los míos le respondieron con admiración y deleite, sin poder esconder lo que esos pechos provocaban en mí. Subió su boca de nuevo hasta la mía. Cuando nuestros labios volvieron a juntarse, tuve la sensación de que llevaba mil años separado de ellos, y mi boca no hubiese tenido sentido hasta entonces. Beber de Karen era tan, tan caliente...

Sus manos envolvieron mi pelo, y su cuerpo se alzó mientras conducía mi cabeza hacia su escote, hundiéndome entre aquellos senos tan sensuales. El sujetador alzaba esas tremendas tetas otorgando a la vista la sensación de un manjar que mi boca no quiso quedar sin probar, lanzándose contra ellas mientras mi amiga, provocativa, alzaba la cabeza cerrando los ojos con la boca entreabierta en pose de concentración. Cuando llevó sus manos hacia su espalda y desabrochó su sujetador, terminó de derretirme. Sentí mi cuerpo arder. Era sencillamente increíble. Así, el sujetador se deslizó cayendo entre nuestros cuerpos y sus maravillosas, preciosas, esculturales tetas quedaron completamente a mi placer. Me lancé hacia ellas, casi con desesperación. Las tetas de Karen, estaba besando las tetas de Karen, y apenas me lo podía creer. Si hubiera podido, hubiera pensado en Javi. Pero las manos de mi amiga apretaban mi cabeza contra su cuerpo, casi obligándome a dejar invadir mi lengua por sus pezones que se alteraban y sabían a ángel. No, a ángel no. Sabían a sexo. A mujer, a persona. A un sabor que el placer debería llevar por costumbre. No sé por qué no todos los pechos saben como este, pero sé que deberían hacerlo. Me encantaba pasar la lengua por su carne, adoraba lamerla, besarla, mientras mis brazos le impedían despegarse.

Agarró mi cabeza para volver a besarme. Maldije no poder besar todo su cuerpo a un mismo tiempo. Maldije cada centímetro de ella que pasaba un segundo sin recorrer. Me abrazó fuerte, juntando nuestros cuerpos. Y comenzó a quitarse la ropa que aún le quedaba, como si no importara. La minifalda. Las mallas... Ver cómo se deslizaban aquellas mallas entre sus muslos desnudos parecía la expresión misma de la seducción, hasta el punto que quise quitárselas yo con mis propias manos. Por nada del mundo me iba a perder ese momento de exploración de sus suaves piernas. Volvió a untar sus pechos en mi boca.

-Darien, dios mío, no sabes las ganas que tenía de ti -soltó sin rubor
-Ni tú tampoco Karen. Joder, me he imaginado tantas veces tu cuerpo... Tu cuerpo caliente...
-Sí? Me imagino que me imaginabas con unas tetas más turgentes
-No podía imaginar su tacto, ni su sabor, ni tampoco el de tu lengua lengua, y maldigo la desgracia que así me condenaba -respondí caliente

Nuestros cuerpos se acariciaron, rozándose, sintiéndose. La sentía tan suave, tan cómoda, tan... tan cercana a mis divagaciones...

-Ya, así que tu cabezita me ha obligado a hacerte cosas guarras, eh nene? -dijo lasciva. Karen, borracha...
-No -me defendí -En mi mente tan sólo hacías lo que deseabas, Karen.

Me volvió a besar

-Joder, Darien -dijo -joder... te deseo... dios, te deseo mucho...

Tanta saliva iba a acabar conmigo. Y tanto calor, también. Allí, en el sofá de la casa de Karen, ella, desnuda, me estaba metiendo la lengua tanto como podía mientras su cuerpo, morboso, insistía en no despegarse de mí mientras se movía, tocándome, acariciándome y rozándose.

Volvió a dejar que su boca bajara, para volver a sus pequeños besitos en el torso... Dejó que sus piernas bajaran del sofá, quedando arrodillada en el suelo, y se puso entre las mías mientras con sus manos atacó la cremallera que mantenía a mis vaqueros en su sitio... Por supuesto, la imagen de aquella amiga comiéndome la polla inundó enseguida mi cabeza, y omnubilado dejé de poder pensar en otra cosa...

Hábiles manos, enseguida bajaron mis pantalones hasta mis muslos y se lanzaron hasta el calzoncillo. Despegó sus labios de mi cuerpo. Bajó la goma de mi ropa interior y allí apareció, luchando por conocerla, el pene que sólo la conocía por mi cabeza. Sus manos lo agarraron. Joder, Karen. Lo haces tan placentero... y a la vez tan natural...

Su cara se acercó hasta él. Lo miraba. Lo masturbaba. Me miraba a mí con cara de lascivia. También de chica haciéndose la tonta. Algo de actuación en tu simplicidad, Karen. Algo de actuación que te convierte, si cabe, en una experiencia aún más caliente.

-Así que en tu mente... -dijo muy sexy con la boca pequeña, haciéndose la despistada -en mi mente deseaba comértela... no Darien? Porque no te veo capaz de impedir que tu imaginación me haya conducido, quien sabe cuantas veces -sonrió soltando una pequeña risa -hasta tu bonita amiga...
-Kaaaren... -conseguí susurrar, abandonándome.

Se acercó. Le dio un besito en el glande. Juraría que sentí un leve contacto su lengua. Me estaba volviendo loco.

-Así que mi amiguito, que tantas veces se ha hecho el tonto, ha practicado en su mente el juego de agarrar mi cabecita y conducirla entre sus piernas... -en cuanto lo dijo ardí en deseos de reproducir sus palabras, pero algo me lo impidió. Aquél era su juego -y yo, por supuesto, me moría por hacerte una mamada...
-Kaaaren... -repetí en lo que sonaba a ruego
-Si, Darien? -respondió con sus ojos de tonta
-Dios, Karen...

Me liberó por completo de pantalones y calzoncillos, y volvió a quedar arrodillada, desnuda, entre mis piernas, mientras sus manos me acariciaban masturbándome, con su boca a centímetros de saciarme, y sus ojos clavados en la expresión de mi cara. Continuamente me parecía que se decidía. Que me hacía esa mamada con la que desde luego que tantas veces me había ensoñado. Pero no lo hacía. Seguía desafiando a mi polla, y mirándome...

-Karen... -volví a susurrar
-Si Darien? -reprodujo ella de nuevo, esta vez con ojos atrevidos...

Una de mis manos envolvió su cara alcanzó su pelo. La otra la imitó.

-Darien... -dijo en tono de rendida -me muero comértela...

Apliqué un poco de fuerza para llevar su cabeza hasta mi polla...

-Chúpamela, Karen...

Su mano aún seguía masturbándome. Hizo un gesto de satisfacción, mientras yo guiaba su boca hasta mi glande, y ella empezó a darle pequeños, calientes besitos...

-Joder, Karen...

Seguí empujando su cabeza, despacio. Mi pene atravesó la comisura de sus labios, que seguían haciendo un movimiento similar a besarme... y conseguí encontrar su lenga, que se empezó a mover para mí... Oh, sí...

Mi amiga estaba consiguiendo hacerme consciente del momento. De cada segundo de ese momento. Del momento en el que su boca lamía mi pene...

Seguí empujando, dejando que su lengua fuese deslizándose... Oh, dios, joder...

-Oh, Karen!! -grité

Entonces separó un poco la cabeza y me dijo:
-Acaso en tu mente no te daba algo así?

Y comenzó a chupármela. A metérsela en la boca y bombear, con su mano masturbando la base de mi pene.

-Dios! Karen!! Dios!!!

Glup, sonaba su saliva. Me concentré en sentir su boca. Quiero sentir como se mueve tu lengua. Quiero sentir el roce de tus labios. Quiero conocer hasta el último milímetro. Y disfrutarlo, Karen.

Bombeaba, allí, arrodillada ante mí y besando, lamiendo y comiéndose mi pene, con todo su cuerpo desnudo y mis manos acariciando su cabeza. Sus brazos me envolvieron, para empezar a acariciarme, a acariciar mis abdominales, a sobarme el culo...

-Cariño -me dijo, caliente y autoritaria -vas a follarme
-Desde luego que voy a hacerlo, Karen

No dejaba de llamarla por su nombre, como si necesitase hacerlo para adquirir la consciencia de que aquel momento era real, y de que todo estaba sucediendo. Karen.

Me levanté del sofá. Ella se aferró a mi culo y volvió a chupármela.
-Oh dios! -grité al tiempo que la agarraba. La tiré sobre el sofá. Abrí sus piernas. Quité su tanga mientras la excitación me envolvía y metí mi cabeza entre mis muslos para proceder a compensar su mamada.

-Oh dios mío -dijo ella en tono de diversión

Le lamí su vagina, y aproveché para dejar que mis manos terminasen de conocer su cuerpo. Sus piernas, su culo, sus caderas, sus tetas, Karen gemía.

-Oh dios, síiii!!!

La agarré por las nalgas, y me alcé. La besé en el beso más paciente que podía otorgarle, y me separé para admirarla por última vez. Estaba allí, medio sentada y recostada sobre su sofá, con sus preciosos pechos desnudos ante mis ojos y a disposición de mis manos, con sus cálidas piernas abiertas y envolviéndome, con su vagina pidiéndome ser violada y con sus ojos rogando que me la follase.

-Oh, nena...

No pude esperar más. Era el momento. La empujé cuanto pude contra el sofá. Pegué mi cuerpo contra el suyo mientras sus manos se aferraban a mi espalda y las mías sujetaban sus piernas.

-Rooober... -gimió siendo esta vez ella la que no aguantaba

Puse mi pene a la entrada de su vagina, sentí su calor, el calor de su cuerpo, su calor de mujer, su tacto, su sabor su todo.

-Dios, Karen...

Y la penetré hasta el límite.

-Oh sí Darien! Oh dios Darien! Ohhhh!

«Eres tan caliente, amiga mía. Tan excitante. Te estoy disfrutando tanto...» pensaba mientras el sexo comenzaba y me rendía a aquel placer. Su lengua atacó mi boca.

-Karen... -le susurré --no sabes como me pone estar follándote...
-Oh -dijo ella elevando la cara, cerrando los ojos y dejando mi boca en su cuello -pues sigue follándome joder, sigue follándome...

Las embestidas cobraron fuerza, y la tumbé sobre el sofá para seguir follándola. Sus manos empezaron a acariciar mis brazos, como si le excitaran... El calor nos envolvía, nos subyugaba, aquella casa ardía, y comenzábamos a sudar.

-Dios, preciosa, sentirte aprisionada bajo mis brazos y desnuda...

Sus ojos estaban cerrados, también su boca, y estaba muy, muy sexy.

-Jamás te había visto tan guapa...

Sus manos agarraron mi trasero, como tratando de meter más mi pene.

-Oh dios... -gimió -fóllame, Darien!!
-Te estoy follando, Karen...
-Sí, sí, me estás follando, me estás follando!!! --gritó

Me miró, me dio un pequeño beso y me empujó, invitándome a levantarme. Así, ella hizo lo mismo y me empujó sobre el sofá, colocándose encima mío..

-Ooohhh... -dije derritiéndome -Kaaaren...

Con sus piernas abrazandome, ahora era ella la que me follaba a mí, sin permitir que nuestros cuerpos se despegaran, cerrando los ojos, y mirando hacia el tejado. Noté que cada vez le gustaba más, le excitaba más, mientras su rostro adquiría unas expresiones tan morbosas que me daban ganas de follármela, como si no estuviese haciéndolo, de llevarme al límite

-Ooohhh Darien, Ohhh...-
-Dios, eres tan sexy...-
-Sí, soy sexy... fóllame Darien... sigue metiéndomela...

Todo era tan cálido, tan increible... Sus tetas, redondas, suaves, bailaban frente a mi cara, y me lancé a por ellas. Una de las manos de Karen se aferró a mi pelo de inmediato..

-Sí Darien... Oh sí... Sí Darien... Sigue... Sigue... Sigue por dios, sigue...-

La sensación de no estar follándola del todo regresó a mi cabeza. Era la posición, que lo impedía. Y yo, calentándome por sus gemidos, derritiéndome con sus caras de placer y sus tetas envolviéndome, necesité darle más duro, necesitaba follarla más, necesitaba llegar hasta el límite...

Sin pensarlo, sin pretenderlo, mis brazos se posicionaron bajo sus piernas y la levantaron junto a mí haciendo todo lo posible por seguir metiéndosela. Mi polla se introdujo hasta el fondo mientras la satisfacción me invadía. Ahora sí que te estoy follando, nena.

-Oh dios!!!!!!- empezó a gritar descontrolada -Oh dios, sigue!!! Sigue!!!-

La pared estaba cerca, y la apoyé contra ella. Sus manos me envolvieron, sus uñas se clavaron, su cara seguía en aquella sexy mirada al cielo, y mi pene entraba por completo, calentándome.

-Dios!!!!!- gritó -Dios, dios, dioooos!!! Rooober...-

Su cuerpo ardía, sus pechos sudaban, ella estaba calentísima, y mi orgasmo comenzó a acercarse, descontrolándome del todo y follándome a aquella chica como si el fin del mundo nos atacara.

-Karen!- grité -me voy a correr, me voy a correr!!-
-Oh dios sí!!!- gimió -dios, córrete Darien, córrete!!-
-Dios Karen...- jadeé -no llevo puesto el condón...!!-
-Tomo la pastilla, nene- respondió decidida -vas a follarme ahora mismo y te vas a correr- lamió mi oreja -te vas a correr!!-

Jamás lo había hecho. Jamás había eyaculado dentro de nadie. Y hacerlo dentro de Karen hizo que el morbo me invadiera.

Siéntela, Darien... Siéntela por última vez... Siente su piel, resbalando en la tuya, siente sus tetas contra tí, siente a Karen desnuda y practicando contigo el sexo más increíble que jamás hayas sentido...

Sentí pequeñas convulsiones en la entrepierna de mi amante. Estaba llegando al orgasmo. Pequeñas lagrimas salieron de su rostro, y una sonrisa inundaba su cara...

-Si Darien sí...- dijo en un tono que sonaba a un mismo tiempo a triunfo y a rendición, a risa y a llanto, a placer y condena...

Mi orgasmo también estaba descontrolado. La pegué del todo contra la pared. Sus manos se aferraron a mí. Se la metí de una forma salvaje, levantándola a cada embestida. Y las embestidas cobraron fuerza mientras el semen era eyaculado en el cuerpo de la chica más caliente que haya existido nunca...

-Oh, dios...- dijo ella en tono calmado, satisfecho. Las mujeres así me hacían sentir genial. Caímos sentados sobre el suelo, de espaldas a la pared

-Ha sido increíble, Karen...- le dije mientras la calma invadía mi cuerpo
-Ya lo creo...- dijo ella cerrando de nuevo los ojos y volviéndose aún más sexy que en el mejor de mis sueños.

Entonces me miró. Agarró mi cabeza. Me besó. Me levantó. Me llevó hasta el sofá, empujándome contra él de nuevo. Caí sentado, perplejo, y miré su cara. Sus ojos ardían de nuevo. Se arrodillo entre mis piernas, otra vez.

-Karen, qué... qué estas haciendo?-
-Darte más sensaciones con que deleitarte cuando me recuerdes cielo...-

Directa, sin contemplaciones, se metió mi pene, aún flacido, en la boca, y su lengua comenzó a lamerlo.

-Ya me la has chupado antes, Karen...- le rebatí. No quería explotarla más de lo que ya lo había hecho... y estaba más que saciado...

-Una mamada es una mamada, lo siento- me dijo ella, bastante seria. -Tienes que correrte. Tienes que conocer la sensación de correrte en mi boca, cielo... estoy seguro de que le darás buen uso...-

Dios. Mi pene dio muestras de respuesta, recuperando la erección perdida en la boca de Karen, que me la estaba lamiendo. Cómo me pones, zorra...

Y así empezó a chupármela. A chupármela como sólo ella sabía hacerlo. A tragarla, besarla, devorarla, masturbarla entre sus labios, tan calientes y húmedos. Se alzó un poco, y aprisionó mi pene entre sus tetas para masturbarme con ellas...

-Joder Karen. Joder!-
-Te gusta, cariño?- me dijo sonriendo
-Tú me gustas, Karen, tú me gustas!-

Volvió a lamérmela. Javi, eres un capullo afortunado. Aunque las ganas de polla que tenía esta chica... quizás contigo no sea tan placentera. El sexo con Karen es el sexo de verdad. Es sexo auténtico. Y su calor, su calor es el cielo.

-Cariño...- me susurró -quieres correrte en mi boca, o orefieres hacerlo entre mis tetas?-

Cómo puedes ser así, Karen. Como puedes poner tanto a un hombre? Cómo has hecho para meterte en mi cabeza...?

-Oh...- gemí -me gustaría... me gustaría comenzar a correrme entre tus tetas... y terminar en tu boca, Karen...-

Exigir era excesivo por mi parte, pero no sé, era Karen, no era mi novia, y quién sabe si volvería a tener la ocasión de hacerlo...

-Me parece una gran elección, caballero... -dijo sonriendo

Así, sus tetas envolvieron su polla de nuevo dejándome sentirlas, suaves, aterciopeladas, calientes, excitantes, morbosas. Pero aún más que su masturbación lo que me estaba poniendo era verla. Verla a ella, allí, ante mí, dedicándose a mí, a mi polla, a mi placer, agarrando sus tetas y actuando con su cara para poner poses sexys...

-Cierra los ojos Karen... -hazlo, por favor... -entrecierra la boca, mira hacia arriba, y pon esas caras tan morbosas que ponías cuando te acercabas al orgasmo...-

Ellá me sonrió, el juego tle divertía, y reprodujo mi descripción con total fidelidad. Sus tetas seguían masturbando mi polla, arriba y abajo, increíbles. La expresión de su cara, ahora que estaba puesta a voluntad y con la intención de excitarme, era condenadamente caliente, mejor incluso que las no fingidas. Y para colmo, pequeños gemidos salieron de su boca.

-Oh... mmm...-

Mi cadera se agitó. No pude evitar mover violentamente mi polla entre sus senos.

-Sí Karen, sí!!!!!-

Sacó su lengua humedeciendo sus labios...

-Sí joder, síiiii!!!! Me corro, Karen, me corro!!!-

Y llegó. Una embestida de esperma salió sobre mi amiga cubriéndola, y ella se lanzó corriendo a comérmela para que yo terminase de eyacular en una deliciosa mamada...

-Joder Karen... Eres tan... perfecta...-
-Un gran regalo, eh Darien?-
-Jaja, sí, una pena que fuese tu cumpleaños y no el mío, verdad?-
-Bueno... -respondió vacilante -si yo lo estaba deseando...- rio

Cuando me despidió, yo me había puesto mi ropa, y ella se había vestido con un pijama holgado. «Natural», pensé.

-Nos vemos en la boda, Darien-
-Pues hasta la boda, entonces- respondí resignado

Abrí la puerta. Ella vino corriendo hacia mí, y me dio un último caliente beso de despedida... Respondí con ansia. Otra vez igual, parecía que llevase siglos sin besarla...

-Hasta luego, Darien- me dijo ya decidida
-Hasta pronto en mis sueños -fue mi respuesta...

Y marché a casa. Apenas había conocido la sensación de vida hasta ese momento. Apenas la he vuelto a sentir desde entonces.