LLEGO EL DÍA

Si el temido día que durante tanto tiempo había temido llego por fin aquel fin de semana estaba justo a siete días de mi cumpleaños número 18, siete días y me podría haber salvado de lo que me paso pero no fue así, mi madre quiso una hija pero en lugar de eso me tuvo a mí un hijo, mi padre murió cuando tenía 9 años lo que de alguna forma afecto sicológicamente a mi madre quien comenzó a vestirme de mujer......


LLEGO EL DÍA
Si el temido día que durante tanto tiempo había temido llego por fin aquel fin de semana estaba justo a siete días de mi cumpleaños número 18, siete días y me podría haber salvado de lo que me paso pero no fue así, mi madre quiso una hija pero en lugar de eso me tuvo a mí un hijo, mi padre murió cuando tenía 9 años lo que de alguna forma afecto sicológicamente a mi madre quien comenzó a vestirme de mujer.Aquel fin de semana tendría mi primera y única mamada de mi vida como hombre a manos de mi castradora.


[ADOLESCENTE] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [TESTÍCULOS] [FEMINIZACIÓN] [PADRES]


Categoria: Adolescente      Autor: DarkSoul





Si el temido día que durante tanto tiempo había temido llego por fin aquel fin de semana estaba justo a siete días de mi cumpleaños número 18, siete días y me podría haber salvado de lo que me paso pero no fue así, mi madre quiso una hija pero en lugar de eso me tuvo a mí un hijo, mi padre murió cuando tenía 9 años lo que de alguna forma afecto sicológicamente a mi madre quien comenzó a vestirme de mujer, me retiro de la escuela y comencé a ser educado en casa por maestros particulares, a los que presentaba como Sofía en vez de Darko que era mi nombre real.

Realmente pretender ser una niña no fue problema hasta que entre a la pubertad, los verdaderos problemas comenzaron a los 13 años cuando además un día mi madre tiro a la basura toda mi ropa interior de chico, la cual sustituyo por ropa interior de chica, lo que comenzó a hacerme sentir incomodo pues mi pene y huevos en desarrollo hacían que las prendas para chica no se amoldaran correctamente en mi entrepierna lo que me hacía sentir incomodo, incluso hubo días en que no usaba para nada ropa interior, por aquellas razones.

Por  supuestos mis días de libertad de no usar pantaletas (bragas) llegaron a su fin cuando un día mi madre descubrió que no estaba usando nada debajo de mi vestido, por supuesto que seguí creciendo a los 14 años luego de ver una película en la televisión comencé a masturbarme, el placer que me dio cuando esa sustancia espesa y caliente broto de mi pene endurecido me hizo querer más, por lo que comencé a masturbarme a guardadas de mi madre varias veces al día, llegue a hacerlo hasta 8 veces una vez.

Por supuesto mis días de gozo que mi mano y pene me proporcionaban culminaron a los 15 años cuando una noche mi madre entro en mi habitación por sorpresa y me encontró disfrutando de una buena sesión de masturbación, justo en el momento que un gran chorro de mi espeso semen adolescente brotaba de la punta de mi pene sin circuncidar, con todas las venas de mi falo hinchadas y remarcadas, no me detuve pese a sus gritos hasta que termine de venirme sabia que esa era mi última vez que podría hacerlo, no me equivoque para nada al respecto.

Al día siguiente mi madre cuando regreso de trabajar, traía una bolsa negra con ella, aquella mañana luego que se fue mi profesora de matemáticas me masturbe todo lo que pude lo que debo decir fue acertado pues en aquella bolsa venia un chastity (cinturón de castidad), el primero de los dos que usaría, era de plástico transparente pero muy resistente, por supuesto cuando me dijo para que servía me negué a usarlo mi madre trato de convencerme que era lo mejor para mi, pero me seguía negando, de aceptar usarlo mis días de placer masturbándome pasarían a la historia.

Sin embargo me negué rotundamente como mi madre noto que no me iba a poder convencer por las buenas opto por otra táctica se me acerco me tomo por los hombros y de pronto mis ojos se abrieron grandes, seguido mis manos se fueron a mis huevos y caí de rodillas con un fuerte dolor en mi vientre que provenía de mi entrepierna, mi madre sin piedad alguna me dio un brutal rodillazo en los huevos que me dejo casi sin sentido gimiendo y gruñido de dolor frente a ella, quien sin perder tiempo me tomo del cabello para llevar mi cabeza hacia atrás.

Antes de darme cuenta mi madre me bajo mi calzón para colocar primero un anillo por detrás de mis huevos, que pasaba sobre mi pene, luego coloco mi pene dentro de la jaula de plástico y la aseguro al anillo antes colocado, asegurando todo con un pequeño pero fuerte candado que hacía imposible de quitar el dispositivo a menos que se usara algún tipo de herramienta de corte, con el riesgo de provocar una dolorosa herida tanto en mi pene como en mi escroto, así fue como mis días de masturbarme llegaron a su final abruptamente a los 15 años.

Venirme luego de ese día era solo un sueño que ocurría en mis sueños húmedos y aun en esos momentos la experiencia no era nada agradable pues mi pene buscaba tener una erección presionándose contra los bordes de su jaula, lo que me causaba dolor pero al mismo tiempo era mi única fuente de placer por lo menos una vez al mes, para mi cumpleaños número 17 mi madre me regalo un chastity metálico que ella misma se encargo de poner sin resistencia alguna de mi parte no luego de cómo puso el primero.

Fue esa misma noche que ella me dijo de forma muy casual. “Sabes cariño creo que tu cuerpo ya se ha desarrollado lo suficiente para realizar un cambio definitivo de sexo ¿no lo crees así?”, sus palabras me hicieron estremecer no sabía a qué se refería con eso de “cambio de sexo”, pero sin lugar a dudar no se escuchaba nada bien para mi, que pese a tener mi pene encerrado adoraba venirme con la ayuda de mi mano, con mi pene endurecido hasta que brotaba mi espesa leche de la punta, aquellas insinuaciones continuaron por cerca de un año hasta hoy.

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Nada en el comportamiento de mama me hizo sospechar que aquel día, sería el ultimo que seguiría siendo un hombre debajo de mis vestidos de mujer, todo comenzó en la tarde era sábado, escuche tocar el timbre lo que me extraño, los fines de semana no recibíamos visitas de nadie, por lo que me asome por la ventana de mi habitación, para ver caminar al lado de mi madre a una alta mujer morena muy atractiva que hizo que mi pene comenzara a crecer tuve que dejar de ver para pensar en otra cosa para evitar sentir una dolorosa erección.

Al cabo de unos minutos escuche a mamá llamarme pidiéndome que bajase, con mi rostro rojo de vergüenza me presente en la sala en donde la bella morena al verme entrar portando un vestido negro con blanco algo juvenil sonrió maliciosamente, mi madre me presento y una vez que todos nos conocíamos, ella para mi sorpresa me alzo la falda para rápidamente bajarme mi calzón (braga), hasta quitármela por completo con una mano luego mantenía alzaba la falta y con la otra levanto mi pene encerrado en su jaula de metal.

Vez, Karen, que era como se llamaba la bella morena, estos dos huevos son a los que me refería, Karen alargo una de sus manos y me toco mis huevos lampiños por completo, esa fue la primera vez que la mano de una mujer que no era la de mamá me tocaba esa parte de mi cuerpo lo que hizo que mi pene despertara por más que trate de evitarlo, lo que por supuesto me provoco dolor, haciendo que tanto mama como Karen rieran alegremente mientras me retorcía de dolor tratando de evitar que mi pene siguiera creciendo dentro de la jaula de metal.

Karen le dijo algo a mama que no alcance a escuchar, pero luego de eso mamá abandono la sala dejándonos solos, lo que me hizo ponerme muy nervioso, Karen se puso de pie para colocarse detrás de mí, bajo el cierre de mi vestido y este cayó al suelo dejándome completamente desnudo, luego Karen tomo mis brazos para llevarlos a mi espalda en donde los aseguro un pedazo de algún tipo de suave cinta que no sé donde saco, aquella cinta era suave pero al mismo tiempo muy resistente lo que aseguro mis manos a la espalda.

Luego Karen me dejo ahí solo, por algunos minutos cuando regreso, apenas su bello cuerpo estaba cubierto con una tanga tan pequeña de color blanco que sus labios vaginales apenas eran cubiertos, portaba una pequeña maleta metálica en sus manos con sus grandes tetas como redondas tetas sostenidas en la parte alta de la caja lo que de nuevo hizo que mi pene despertara dolorosamente, ella dejo la caja sobre el sofá de la sala y se puso de cuclillas frente a mí, comenzó a acariciar mis huevos lo que me hizo excitar aun más de pronto ella saco una pequeña llave de su tanguita.

-¿Quieres que te quite está molesta aula Sofía? Me pregunto Karen.

Apenas pude asentir con la cabeza en forma afirmativa de lo excitado y nervioso que estaba en ese momento, ella lentamente retiro el pequeño candado para luego ir retirando una a una las partes del chastity hasta dejar mi entrepierna completamente desnuda, mi pene al sentirse libre luego de varios años no tardo en quedar tan duro como una barra de acero, con mi prepucio completamente corrido hacia atrás dejando al descubierto mi glande moradito, de cuyo ojo ya brotaba liquido pre seminal.

Mi pene en ese momento debía medir unos 18 o 19 cm bastante grueso, aquello gracias a la visión de sus tetas desnudas las primeras que vi en mi vida, sus aureolas tenían el tamaño perfecto y el pezón en si pedía a gritos que se los mordiera y pellizcase, pero por alguna razón no me abalance sobre Karen, sus nalgas eran paraditas y del tamaño perfecto, las mejores que había visto en mi vida claro eran las primeras que veía de todas formas.
           
Apenas me percaté cuando empezó a quitarse su pequeña tanga, poco a poco, quedo al descubierto una vagina preciosa hasta que tuve un primer plano de ella ¿Nervioso?, me pregunto Karen, no respondí no supe que decir a su pregunta, - Vamos Sofía, ¿crees que es el primer pene erecto que veo en mi vida?, para ese momento estaba ya con el pene a punto de reventar de lo excitado que estaba, Karen se le quedo viendo, con la mirada fija en mi pene, para luego sonreírme para ese momento de arrodillas frente a mí.
           
De pronto Karen dejo de jugar con mis huevos y me agarró el pene con su mano, antes de poder decir algo ella empezó a chuparme mi glande,         su aliento cálido era de lo más placentero que había sentido en mi vida, superior a cualquier sesión con mi mano, Karen Lamia y sorbía cada milímetro de la cabeza de mi pene;  lo rodeaba con su lengua mientras su babas descendían lentamente por el tronco que sostenía con su mano, al cabo de unos segundos comenzó a descender por el tronco metiéndose mi pene casi entero en su boca.
           
Ella lo chupaba sin parar, no cesaba el movimiento, sorbía, lamia, y con otra mano me acariciaba y apretaba los huevos, podía sentir mi glande muy profundo en su garganta, iba a reventar en cualquier momento, mi erección comenzó a contraerse con espasmos placenteros, ella no paraba, cada vez más rápido, no cesaba sus movimientos, se ayudaba con una mano masturbándome, mientras su boca bajaba, su mano subía, hasta que de pronto sin poder contenerme apenas unos 7 o 8 minutos de comenzar aquella sabrosa mamada, exploté como nunca lo había hecho en toda mi vida.     

Karen bajo el ritmo a su mamada, absorbiendo cada gota de mi hirviente como cremosa leche viril como si fuera la última en la tierra en parte si fue mi última pero de mi vida aunque en ese momento no lo sabía aun, cuando termine de venirme Karen se puso de pie y me beso en la boca, esa fue mi primer beso con una mujer su lengua me pasó toda mi leche a mi boca y me encantó todo aquello nuestras lenguas se entrelazaron y escurría semen de nuestras bocas, que cuando se separaron un agota resbaló por mi barbilla.


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Karen fue hasta la caja de metal rápidamente, la cual abrió, para sacar algo que no vi, luego regreso a donde estaba de pie aun, para besarme de nuevo para luego ir bajando hasta tragarse mi aun dura erección en su boca, ella de nuevo comenzó a darme una sabrosa mamada, sentía como sus manos jugaban con mis huevos de pronto de improviso mientras la miraba a los ojos con mi pene entrando y saliendo de su boca sentí un fuerte pellizco en el lado izquierdo de mi escroto que pronto se transformo en un horripilante dolor como nunca antes imagine que se pudiera sentir, di un alarido de dolor, tal vez el grito más fuerte que he dado en mi vida.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!

Caí al suelo revolcándome de dolor, incapaz de cubrir mis huevos con mis manos, me vi forzado a cerrar las piernas tratando de proteger mis genitales, pero Karen me las abrió haciendo gala de una fuerza que no parecía tener, fue entonces que vi un herramienta que parecía un alicate pero pequeño con dos mandíbulas horizontales afiladas, hoy se que aquello es un Burdizzo aunque nunca he vuelto a ver uno tan pequeño como ese, Karen lo coloco en mi lado derecho palpando mi escroto como si buscase algo dentro cuando lo hizo apretó la herramienta lo más duro que pudo de nuevo.

-“AAAAAAAAAAGGGGGHHHH”.

De nuevo grite de dolor, Karen me dejo revolcarme uno segundos antes de abrirme las piernas de nuevo con sus brazos, pero esta vez estaba de pie, ella mirándome a los ojos de los que ya salían lagrimas sin parar, me dio tres fuertes patadas directamente en los huevos, la ultima hizo que mi pene en completa erección lanzara un fuerte como abundante chorro de mi espeso semen que llego hasta mi rostro por la fuerza con que salió, antes de darme una cuarta como brutal patada en los huevos dijo.

-“Sofía, bienvenida al mundo de las mujeres, ¡ya no eres más un hombre felicidades!”


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Luego de esas palabras otra brutal patada la ultima pues con ella todo se me puso negro, me desmaye seguramente, me desperté tarde a la mañana siguiente con un gran dolor proveniente de mis huevos, que mama trato de disminuir con analgésicos y mucho pero mucho hielo sobre mi entrepierna, durante la semana siguiente pese a ya no tener mi chastity en mi pene no me pude masturbar por el dolor que la hinchazón en mis huevos me provocaba solo al rozar con mis piernas.

Para cuando mis huevos se desinflaron ya contaba con 18 años pero aunque sentía deseos de marcharme de casa algo me retenía, también mis deseos por masturbarme menguaron, aunque aun tenia erecciones esporádicas, conforme mis huevos fueron absorbidos hasta prácticamente desparecer mis erecciones desaparecieron a la par, a los 20 años viaje con mi mamá al extranjero donde me retiraron la ultima parte de mi virilidad mi pene y me formaron una vagina entre las piernas.

También me inyectaron hormonas que hicieron crecer mis senos rápidamente hasta una talla copa C, para cuando regrese a casa era completamente Sofía, nada de Darko quedaba, también ya usaba sostén (corpiño), ahora tengo 24 años y salgo con un chico de mi misma edad con un pene en erección de 22 cm que me hace tocar el cielo cada que me penetra por el culo, sin embargo no de dejo de pensar en el place que Karen me dio cuando me vine en su boca, durante mi primera y única mamada de mi vida aquel día que me castro.

No sé si algún día llegara en que me pueda casar con mi actual novia que no sabe que nací como varón y no como mujer, no que pasara cuando le cuenta la verdad, eso me mortifica pero por ahora solo disfruto, pero que tarde o temprano tendrá que “Llegar ese Día”.  



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Autor: Darksoul       Mail: darksoulpgm@gmail.com

LISTO O NO ERA LA HORA

Siempre me gusto todo aquello de la dominación y en especial sobre ser dominado, por eso cuando termine la universidad y me independice de mis padres, no dude en conseguirme una Ama que me humillase, torturase y por supuesto me dominara al 100%, tarde mucho en conseguir una Ama que no solo hablara por hablar que en verdad quisiera dominarme no solo sexo duro que la complaciera, sino alguien que en verdad me hiciera sentir como un verdadero esclavo......


LISTO O NO ERA LA HORA
Siempre me gusto todo aquello de la dominación y en especial sobre ser dominado, por eso cuando termine la universidad y me independice de mis padres, no dude en conseguirme una Ama que me humillase, torturase y por supuesto me dominara al 100%, tarde mucho en conseguir una Ama que no solo hablara por hablar que en verdad quisiera dominarme no solo sexo duro que la complaciera, sino alguien que en verdad me hiciera sentir como un verdadero esclavo. Pero no medí que aquello significaría algo que nunca pensé hasta que paso.

[HETERO] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [TESTÍCULOS] [FEMDOM] [DOMINACIÓN] [ESCLAVITUD]


Categoria: Hetero      Autor: DarkSoul





Siempre me gusto todo aquello de la dominación y en especial sobre ser dominado, por eso cuando termine la universidad y me independice de mis padres, no dude en conseguirme una Ama que me humillase, torturase y por supuesto me dominara al 100%, tarde mucho en conseguir una Ama que no solo hablara por hablar que en verdad quisiera dominarme no solo sexo duro que la complaciera, sino alguien que en verdad me hiciera sentir como un verdadero esclavo, alguien cruel que se deleitara y me deleitara haciéndome sufrir de formas que incluso yo mismo nunca hubiese imaginado.

A los 26 años encontré a Sonia, una mujer madura a principios de sus Años 40’s ella era lo que estaba buscando pero me puso como única condición para que me aceptara como su esclavo que no podía negarme a nada de lo que ella mandara o quisiera por más doloroso, humillante o bizarro que pudiese ser, el simple hecho de negarme a una de sus exigencias por minúscula o insignificante que esta fuese daría lugar a mi expulsión irremediable de su lado, por supuesto eso significaba dejar la casa a donde debía mudarme a vivir desde ese momento.

Sin pensar en las consecuencias que eso me podría traer acepte sin vacilar por lo que me convertí en ese momento en uno más de los esclavos de Ama Sonia, por dos años viví en un verdadero paraíso en esclavitud perfecta, siendo torturado, humillado y usado a placer de mi Ama, sin oponerme a ninguno de sus más pequeños deseos por más desagradables o humillantes que estos fueran, los realizaba con gusto, con verdadero placer incluso lamer su culo luego de defecar para retirar con mi lengua los resto de mierda que aun pudieran quedar entre sus lindas y redondas nalgas.

Lo primero que mi Ama Sonia hizo fue despojarme de cualquier prenda de ropa que cubriera mi cuerpo, desde ese momento siempre que estuviera dentro de la casa estaría desnudo, también depilo todo mi alto cuerpo del cuello para abajo no quedo nada mi alguna vez vello viril en mi cuerpo, incluso mis bajos como colgantes grandes huevos fueron depilados por completo con electrolisis,, mi cabello fue rapado lo más al ras posible de mi cabeza, un grueso collar de cuero con pinchos de metal me fue colocado en el cuello y así fue como comencé a servir a mi Ama Sonia.


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Dos años más tarde mi Ama comenzó a hablar de castrarme que mis muy bajos huevos ya no le gustaban que se balancearan como un calcetín (media), con dos grandes canicas en el fondo entre mis piernas, una noche me llamo a la sala de juegos número dos, que era como llamaba a uno de los lugares en donde solía torturar a sus esclavos mi Ama Sonia, me quedé desnudo en cuatro patas, con una correa tensa en mi cuello amarrada a una aldaba empotrada en uno de los muros, mientras ella me observo por espacio de algunos minutos lo que hizo morir de ansiedad.          

Se alejó unos momentos y volvió apenas vestida con un minúscula tanga tipo hilo dental de cuero negro que dejaba sus nalgas como sus tetas complemente al aire, provocando que mi pene diera un respingo súbito hacia semanas que mi ama no me dejaba tener sexo con ella y menos verla de esa manera, mi pene no tardo en reaccionar lo que hizo que mi miembro quedase bien endurecido como si de un toro semental se tratase.

Mi Ama agarrando la soga dijo “espero disfrutes de la última ordeñada que te daré en tu vida”, Se acercó por detrás de mí, me agarró mis huevos diciendo.- “Que lindos huevos tienes, están muy llenas, las vamos a vaciar en breve”-. Comenzó a masajear mi muy endurecida erección lo que muy rápidamente me hizo dar un gemido de placer “UUUUUHHHH” al tiempo que introducía uno de sus dedos dentro de mi ano para comenzar a masajearme la próstata. Lo que me hizo estremecer y sorprender por completo, pues nunca antes me había hecho eso antes.  

El placer que estaba sintiendo hizo que me moviera mucho por lo que mi Ama de repente se alejó, pero solo para volver para llevarme tirando de la correa hasta unos cuatro postes que sobresaliendo del piso de la habitación en donde ató mis brazos y piernas con unas abrazaderas especiales que se ajustaron a mis piernas y brazos quedé en cuatro patas aun pero inmóvil, no había forma de zafarme, luego de nuevo volvió a irse para volver con una mordaza de bola de color roja que metió en mi boca y la ató en mi nuca. 
           
Una vez que dejo la mordaza bien asegurada de nuevo se coloco detrás de mí, mis ojos se abrieron grandes cuando dos de sus dedos bien lubricados entraron por mí ano, y varios gruñidos más fuertes salieron de mí cuando empezó a hurgar en el interior masajeando de nueva cuenta mi próstata, aquello se prolongo por espacio de 15 o 20 minutos, tiempo en que desde la punta de mi erección no dejo de brotar abundante liquido pre seminal que hizo un pequeño charquito directamente debajo de mi ombligo.

Transcurridos esos minutos de nuevo mi Ama Sonia me dejo para regresar con una caja rectangular con unas perillas de la que salían unos cables y un tubito como un consolador de unos 10 cm de largo y 2 cm de grosor que comenzó a lubricar, pude ver que tenía a lo largo 3 hilos metálicos y me imaginé para lo que servían lo que me hizo estremecer por adelantado, mi Ama vio como miraba a ese aparato y me dijo: “Si así es”, asintiendo con la cabeza, “te voy a hacer electro eyacular, Me quede con los ojos abiertos al máximo temblando pero sin poder negarme o no decir NNNNNOOOO.

Como si fuera un animal a ser ordeñado el tubo (Que llamó Electrodo) lo introdujo por mi ano mientras que por el miedo trataba de zafarme de las ataduras. Tomó la caja metálica con las perillas y la encendió. No se sentía nada. Todo cambió cuando giró la perilla un poco, mi ano se contrajo involuntariamente alrededor de tubo y volvió a relajarse. Lo hizo varias veces, se sentía molesto pero agradable.

“Eso fue solo para empezar ahora vamos a comenzar con la extracción”. Dijo mi Ama cuando empezó a girar con más recorrido la perilla, a intervalos regulares y cada vez más largos. Se me tensaron los músculos pélvicos al máximo como también los de todo mi cuerpo, sentía la corriente de ese electrodo querer salir por la punta de mi pene, arqueaba la espalda mientras gruñía como un animal en el matadero.           

Al cabo de unos minutos con mi cuerpo todo empapado de sudor, unas gotitas comenzaron a salir de mi pene. – “Muy bien ya estamos a punto”-. Dijo mi Ama con un tono de malicia en su voz, mientras las descargas eléctricas eran cada vez más fuertes y largas, para ese momento estaba gritando aun con mi boca tapada emitiendo solo los MMMMRRRRRFFFFFF MMMMRRRRRFFFFFF MMMMRRRRRFFFFFF, en una completa agonía de dolor y placer por igual.   

Estaba casi al borde del desmayo con dolorosas contracciones de mi ano y mi próstata que sentía iba a estallar en cualquier minuto, cuando mi enrojecido pene comenzó a llorar tener fuertes contracciones como convulsiones, con cada descarga eléctrica nueva lanzaba un gran chorro de espeso semen. Fueron como de unos interminables 18 o 19 segundos y la misma cantidad de disparos los que salieron de mi erección. Los impulsos eléctricos continuaron hasta que no quedo ni una sola gota de mi semen en mi interior.        

-“Creo que es hora de sacar el electrodo de tu culito”.

Como pude, asentí. – Bueno pero antes otro gruñido.- dijo y volvió a girar la perilla. Otro MMMMMRRFFFFF salió de mí mientras arqueaba nuevamente la espalda y sentía mi ano y próstata adoloridos a más no poder contraerse. Ya no salió nada de mí, estaba completamente deslechado seco a más no poder. Mi Ama Sonia con una mueca de satisfacción en su rostro, extrajo   el largo electrodo de mi culo y me desató, de los postes, cuando lo hizo caí al piso sin fuerzas para sostenerme luego de mi maratónica eyaculación, estaba jadeante luego de mi más grande orgasmo en mi vida, mi Ama solo me dejo ahí, acostado sobre el gran charco aun cálido de mi espeso semen.


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Al día siguiente por la tarde,  mi Ama Sonia, me hizo dar un baño, uno de sus esclavos me tallo todo mi cuerpo con fuerza pero ni así pudo quitarme las marcas de latigazos que cubrían todo mi alto cuerpo pues esa mañana mi Ama me sometió a una sesión de BDSM extremo en la que me hizo llegar al delirio del dolor como solo ella sabía hacer, cuando termine de bañarme me coloco una mordaza tipo bozal de cuero negro en la boca.

Este bozal era especial un pequeño dildo se inserto en mi boca con un aro color plata sobresaliendo del bozal justo a la altura de mi boca que servía para retirar el dildo de mi boca si se deseaba pero dejando mi boca abierta para que cualquier cosa pudiera ser introducida en ella, con marcas enrojecidas por todo mi cuerpo mi Ama me llevo hasta un salón en donde me ordeno que me pusiera de rodillas, ahí aseguro mis mano a la espalda para luego asegurar mis muñecas a mis tobillos.

Aquello era para que no pudiera ponerme de pie aunque quisiera, luego mi Ama se puso de cuclillas ante mí, tomo mi pene y comenzó a jugar con mi pene hasta que esté de nuevo alcanzo una total erección, el body que mi Ama Sonia estaba usando de encaje transparente negro que dejaba a la vista sus grandes tetas y pezones no ayudaron a que pudiera contenerme de venirme por mucho tiempo, apenas unos 10 minutos con su mano bajando y subiendo por mi erección fueron suficientes para comenzar a sentir que estaba por venirme.

Mi Ama con anterioridad a comenzar a masturbarme había colocado unas pezoneras en mis tetillas por lo que cuando mi orgasmo se acercaba hizo que mis tetillas se apretaran provocándome mucho dolor,  trate de evitar venirme pues sabía lo que eso significaba dado el burdizzo que mi Ama sostenía en su mano izquierda, pero por más que trate de contener mi semen este comenzó a salir, sin que hubiese algo que pudiera hacer para evitarlo, mi cuerpo se estremeció de placer mientras mi Ama sonreía con malicia mientras mi cremosa leche de derraba sobre la alfombra del salón

Aun con mi pene goteando algo de semen mi Ama coloco las mandíbulas del Burdizzo en la parte alta de mi escroto, cuando el metal todo la sensible piel del bolso que contenía a mis testículos, me estremecí, intente suplicar que no lo hiciera, pero de mi solo salían mugidos sin sentido de pronto sin advertencia alguna, las mandíbulas se cerraron imprimiendo sobre la parte alta de mi escroto toda la fuerza que eran capaces de generar los gráciles brazos de mi Ama Sonia, que incluso apretó los dientes y su bello rostro de desdibujo de la fuerza que imprimió en los mangos del Burdizzo.

En ese momento sentí el mayor dolor que he sentido en mi vida, mis ojos parecía que se me iban a salir de mis orbitas, mi cuerpo se sacudió como si estuviera teniendo un ataque epiléptico, aquel brutal abrazo de la herramienta de acero duro apenas 6 o 8 segundos quizás, pero me parecieron una eternidad, pero cuando por fin se abrieron el alivio duro poco antes de volver a sentir un nuevo brutal mordisco de las mandíbulas que me hicieron ver las barbas de San Pedro, creí que moriría de dolor, luego todo se me puso negro.


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Cuando desperté había pasado todo un día, mis huevos estaban aun en mi escroto pero terriblemente hinchados, conforme pasaron los días y con la ayuda de mucho hielo se fueron desinflamando, hasta que lo hicieron lo suficiente para que pudiera volver a caminar pero no pararon ahí se encogieron y encogieron hasta casi sentirse como dos pepitas de ciruelas dentro de mi escroto que también se encogió de tamaño.

Tres meses después mi pene dejo de tener erecciones y comenzó a encogerse también ahora apenas es del tamaño de mi dedo pequeño incluso creo más pequeño apenas me sirve para orinar, aun sigo bajo el yugo de mi Ama Sonia quien no se cansa de mostrarme ante sus amigas como su eunuco personal, no me puedo imaginar una vida diferente a la que ella me da bajo su control.

Si alguna vez, mi Ama decide deshacerse de mi, creo que me suicidare sea o no mi hora, de morir, no creo poder soportar estar lejos de ella y su control, además ya ni siquiera soy un hombre como para poder regresar a mi vida antes de estar bajo a su servicio prefiero la muerte que una vida patética como un eunuco libre fuera de la mansión de Ama Sonia.  


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Imagen que Inspiro esta Historia.



Autor: Darksoul       Mail: darksoulpgm@gmail.com

ENGANCHADO EN LA CARRETERA

El Ford rojo Supercab redujo la velocidad y finalmente se estaciono a la orilla de la carretera y se echo reversa hacia mí. Tomé mi mochila y fui corriendo para encontrarme con la camioneta. "¿A dónde vas, jovencito?" El hombre me preguntó a través de la ventana abierta. Llaman a la carretera 50 que pasa por Nevada “el camino más solo” por una buena razón......


ENGANCHADO EN LA CARRETERA
El Ford rojo Supercab redujo la velocidad y finalmente se estaciono a la orilla de la carretera y se echo reversa hacia mí. Tomé mi mochila y fui corriendo para encontrarme con la camioneta. "¿A dónde vas, jovencito?" El hombre me preguntó a través de la ventana abierta. Llaman a la carretera 50 que pasa por Nevada “el camino más solo” por una buena razón. Sin imaginarlo el protagonista de la historia, esta por empezar un viaje que cambiar tu vida como su cuerpo para siempre.

[GAY] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [TESTÍCULOS] [ADVERTENCIA]


Categoria: Gay      Autor: Zipper





El Ford rojo Supercab redujo la velocidad y finalmente se estaciono a la orilla de la carretera y se echo reversa hacia mí. Tomé mi mochila y fui corriendo para encontrarme con la camioneta. "¿A dónde vas, jovencito?" El hombre me preguntó a través de la ventana abierta. Llaman a la carretera 50 que pasa por Nevada “el camino más solo” por una buena razón: no hay mucho entre Fallon y Ely, e incluso cuando se llega a Ely todavía estás en el medio de la nada. Me alegré como el infierno que se hubiese detenido, y que su camioneta tuviera aire acondicionado, tenía placas de Utah, lo que significaba que probablemente se dirigiera a casa y me llevaría al menos trescientas millas hacia el Este.

"Middle", me respondió. "Ohio”. “¡Hombre, entra que hace calor ahí fuera!", Dijo, tire mi mochila en la cama de la camioneta y subí a la camioneta. Yo quería decir que era más caliente que la mierda, pero el tipo podría ser religioso o algo y no quería arriesgarme a molestarlo. La camioneta era casi nueva y él parecía tener unos cincuenta o sesenta años de edad.

"Más caliente que un hijo de puta ahí", dijo, disipado mis temores, y luego agregó: "¿Qué está haciendo un chico pidiendo aventón en medio de la nada?"

No tengo mucho de aquel entonces. Acababa de cumplir los veintiún años, pero podría haber pasado por alguien de diecisiete o dieciocho años y prácticamente había llevado mi licencia de conducir a todos lados los últimos dos meses para que la gente pudiera verificar mi edad. "Voy hacia Ohio", respondí. Tomé la mitad de la botella de agua a mi lado y luego le dije el resto de la historia.

Me había graduado de la escuela Tecnológica en Oakland hace una semana y acepte una oferta de trabajo en Cincinnati. Volar o tomar el tren no estaba en mi presupuesto, por lo que o bien estaba mi pulgar o caminar, así que decidí ahorrar unos cuantos dólares y hacer dedo. Le perdoné el drama: la forma en que mi padre se había separado cuando era un bebé y cómo mamá se había matado literalmente a sí misma trabajando en dos empleos para mantenerme en la escuela Tecnológica y cómo mi coche, su coche viejo en realidad, se había volcado hace un mes y cómo toda mi fortuna ahora consistía en el contenido de mi mochila, un reloj Rolex de acero inoxidable de mi abuelo, y trescientos catorce dólares en efectivo.

"Sí, he estado así un par de veces, supongo. Debiste haber ido por la carretera interestatal. Hay más tráfico por ahí que aquí. Podría morir aquí antes que llegara a pasar alguien".

"Lo sé ahora" concedí, "pero mi primer viaje me llevaron todo el camino hasta Carson City, y luego un ranchero me dejo cerca de donde estaba".

"Maldito Idiota mira que tirarte, aquí, en el medio de la nada", Murmuró. Pasamos otra media hora solo teniendo una pequeña charla mientras él pasaba mucho tiempo mirándome en lugar de la carretera, girando la cabeza para que pudiera verme y finalmente ajusto el espejo a control remoto para poderme ver. Finalmente, fue al grano. "Está bien", dijo, "voy todo el camino a Provo y eres bienvenido a venir, incluso voy darte cien dólares. Pero, a cambio: Quiero volar contigo. No tiene que corresponder; De hecho, voy a mantener mi pantalón todo el tiempo. 

Esto se trata de hacer que saque mis huevos, no sacando los tuyos propios. ¿Cómo es que?"

Estaba en una pérdida total de palabras. Desde luego, no me oponía a una mamada, después de todo. Yo era un hombre joven y sano. Sin embargo, ¿con otro tipo? Eso no había sucedido desde que tenía trece años, cuando otro joven adolescente se ofreció a hacer algo similar a "realmente putearme a mí”. Ni siquiera me atrevía a responder, y finalmente rompió el silencio. "Austin esta solo más adelante. No hay mucho, pero hay agua y un poco de sombra, y finalmente vas a ser capaz de conseguir que alguien te lleve. Puedo dejarte allí o vamos a seguir por la carretera. ¿Qué será?"

Aminoro la marcha través de Austin unos minutos más tarde. Estábamos parados en una gasolinera con una tienda y un pequeño motel. "Sigue adelante, supongo", dije. La carretera ascendía a través de una cadena de montañas, y en la parte superior el hombre doblo para entrar en un camino de tierra que conducía a una cabaña abandonada. Se detuvo el camión y rebuscó en la consola central y extrajo unas esposas. "Aquí. Engancho mi muñecas en la barra de agarre ", dijo señalando la manija auxiliar en el dintel de la puerta.

"Yo no lo creo", dije abriendo la puerta. No era peor de lo que había sido hace una hora, y lo que él tenía en mente seguro de que no valía la pena por cien dólares. "Mira", dijo. Estamos en el medio de la nada. ¿Cómo sé que no me golpearas en la cabeza o me patearas en los huevos y robaras mi camioneta o el dinero? Esto sólo nos mantiene honestos tanto a ti como a mí, ¿verdad? "Fue entonces cuando me fijé en el mango de la pistola que sobresalía del bolsillo lateral de la puerta del conductor. Él podría haber simplemente tirado de ella y obligarme a hacer lo que quisiera si tenía algo más en mente. 

Me enrollé los puños a través del mango y me puso alrededor de mis muñecas. "¡Excelente!" Sonrió, dejando la llave de las esposas en el asiento bien fuera de mi alcance. Se desabrochó la camisa y cuidadosamente atado las mangas detrás de mí, dejando al descubierto el pecho y el vientre, luego cayó de rodillas y aflojó el pantalón, tirando de ellos hasta los tobillos, luego hizo lo mismo con mis calzoncillos."Agradable", dijo cara a cara con mis cosas. A pesar del calor y el hecho de que yo estaba a punto de ser usado, mi pene era tan suave y arrugado como si estuviera congelando. Con otro chico había conseguido siguió una erección en cada sesión y que siempre había estado a punto de venirme. Ahora el señor Johnson no era tan entusiasta.

El tipo lo era, sin embargo comenzó a lamer mis tetillas, rodeando cada uno con su lengua, antes de comenzar con mi pene y huevos. No tocó mi pene con sus manos; jugando con mis huevos mientras lamía mi pene, rodeando mi escroto con un pulgar y el índice, apretando suavemente mis huevos con la otra mano mientras poco a poco lo hacía más fuerte. Había oído que no había tal cosa como una mala mamada, solo era buena y mejor, y de la docena o así que había recibido su era de lejos la mejor. Las pollitas siempre se alejaban con el primer chorro, permitiendo que el resto de mi esperma golpeara su rostro, su vientre, la tierra o sus vestidos, pero este tipo mantuvo la succión incluso cuando llegué, y me vino por completo.

"Aquí tienes", dijo, avivando cinco billetes de veinte en la parte superior de la consola y poniendo en marcha la camioneta. "Cien dólares, según lo acordado". Nunca me habían pagado o había pagado por sexo, así que no tenía idea del protocolo. ¿Se supone que debía darle las gracias o se suponía que iba a darme las gracias? De todos modos, me embolse el dinero y nos dirigimos hacia el este de Utah. Me pasé. No solo en lo sexual; No había dormido más que tres horas en los últimos dos días, además de toda la situación de la mudanza a Ohio me tenía estresado y como resultado rápidamente me quede profundamente dormido.

Me desperté un poco desorientado y me di cuenta que era tarde. "¿Hambriento?", Preguntó el hombre. Oh sí. Yo no había ingerido nada más que agua y una manzana en el último día y medio. Entró en descanso y comimos en la camioneta. "Vamos a estar en Provo en unas dos horas. Te puedo dejar en una parada de camiones en la autopista y podrás abordar un autobús en poco tiempo. "Él hizo una pausa para colocar dos billetes de cien dólares el panel de la camioneta. "O puedes tomar el dinero y pasar la noche conmigo. En mi cama. Mismas reglas que antes, voy a seguir con mis pantalones, y no habrá esposas esta vez. Voy a colocarte con un camionero que se dirige hacia el este mañana por la mañana, y él llega a Denver, o incluso si tienes suerte. "¡Omaha! ¡Eso está a sólo un día de distancia de Cincinnati! Y con otros doscientos dólares podrías tomar un autobús y no tener que hacer dedo.

"Yo no lo creo", dije, tomare el camino largo. Tan desesperada como estaba, algunas cosas simplemente no salen bien. "Pero gracias por el viaje y la comida sin embargo". A propósito omití la mamada. "Bueno, todavía tiene un par de horas para pensarlo", dijo, dejando el dinero a la vista. Pasamos la siguiente hora y media charlando. Aprendí que Ron Nelson era un agente de bienes raíces retirado que todavía incursionaba un poco, y que estaba divorciado y tenía una hija en la costa este a la que no le importaba mucho. Supo que yo acababa de recibir un título en Tecnología y que estaba tomando una posición en Cincinnati, y que yo iba a pasar el primer mes en un campus universitario de formación de la empresa y estaría viviendo en uno de los dormitorios, y para entonces yo esperaba ser capaz de obtener un apartamento común, o bien arrendar o comprar un coche barato. "Ahí está la parada de camiones", dijo finalmente. "¿Te bajas aquí o seguimos adelante?"

"Vamos", dije, embolsándome el dinero del tablero de instrumentos y deseando tener la fuerza moral para rechazar su oferta.

"Ve por delante y dúchate", dijo Ron después de que habíamos cada comido un sándwich. "Voy a tirar la ropa en la lavadora." El mercado de bienes raíces debe haberle tratado bien. La casa era de más de tres mil pies cuadrados y el dormitorio solo era más grande que en cualquier lugar que había vivido. Me desnudé, poniendo mi Rolex y la billetera en un bolsillo de la mochila y me fui sin ropa de la cama a la ducha. Fue un asunto enorme, lo suficientemente grande para una fiesta, y que utilizaba una gran cantidad de agua caliente que elimino el sudor y la suciedad de mi cuerpo de los últimos dos días. Todavía me sentía nervioso sobre lo que iba a suceder, pero el señor Johnson no compartía mis reservas; salto derecho a la acción y allí se quedó sin hacer nada más que un toque rápido de la mano con jabón.

"¿Hey Alex, te dirigirás hacia el este mañana? ¿Denver, Omaha, esa es la manera? "Ron estaba hablando por teléfono cuando salí del baño con la toalla envuelta alrededor de mi cintura. Se había desvestido y se puso un apretado traje de baño estilo de los años 50’s, que al parecer había decidido llevar a la cama. Estaba en buena forma para un hombre de su edad. Firme, musculoso, "¿Omaha? ¡Estupendo! ¿Tienes espacio para un pasajero? No yo no, un chico que me encontré con necesidades llegar a Cincinnati de forma barata. No, no es problema, por lo que yo puedo ver, solo un poco de suerte a su favor. ¡Estupendo! ¿A qué hora sales? ¿Seis? Ok. Lo voy a tener allí, y gracias. "Ron me hizo sentar en el borde de la cama y se tumbo antes de que desenvolviera la toalla de mi cintura”.

A todos los chicos les encanta recibir una mamada; es solo uno de los hechos de la vida. Los adolescentes calientes pueden venirse en los pantalones con solo mirar a una chica atractiva provocativa comiéndose un plátano, un colegio de chicos derrochan sus presupuestos de la escuela en  hacer que los chicos no sean consumidos por sus hormonas, y los hombres felizmente casados ​​dedicados a sus esposas echan sus votos matrimoniales al suelo por un poco de roce con los labios de una extraña. Sino pregunten a Bill Clinton. Yo no era mucho mejor. Era una flor tardía que se mantenía firmemente bajo el pulgar de mi madre, y como resultado probablemente yo era el único chico de dieciocho años que logró graduarse de la escuela secundaria siendo virgen. 

Mi primera acción fue, irónicamente, con una amiga de mi madre, que incluso me cambió los pañales cuando era pequeño y que tenía deseos por ella desde que tenía quince años. Empezó dándome una mamada antes de me cabalgara, y pronto preferí mirar la parte superior de su cabeza durante el acto sexual en lugar de su flacidez, su rostro era hogareño, y el Sr. Johnson no se sentaría por ella y pedir por ella hasta que reciba un tratamiento especial. 

En escuela técnica fue dominada por los hombres y mi pobreza con la carga de clase me hicieron no poder salir mucho, pero logre conectar de vez en cuando, las  mamadas eran siempre una ventaja especial que no podía imaginar conseguir llenarme por completo, pero a las once de la noche ya no me importaba si alguien alguna vez me chupaba mi pene de nuevo. Ninguna cantidad de lamidas podría despertar al Sr. Johnson, y mis huevos estaban hinchados y sensibles de las constante  sesiones de masturbación antes de Ron."Es hora de dormir un poco", dijo Ron, y luego se escabulló hacia el otro lado de la cama matrimonial y se volvió hacia la pared. Hice lo mismo en mi lado de la cama y rápidamente me quedé dormido.

Me desperté y somnoliento me agaché para rascarme, como siempre, y descubrí que mis muñecas estaban esposadas, una vez más, esta vez unidas a una cadena enrollada alrededor de la barandilla de la cabecera. El lado de Ron de la cama estaba vacío, y la luz estaba encendida en el baño. "¡Hey!" Dije en voz alta. "¡Dijo que no habría esposas!" "Mentí", dijo asomando la cabeza por la esquina, con la boca llena de pasta de dientes. Fue entonces cuando miré el reloj de la mesita de noche. ¡Cuarto para las seis!

"¿No vamos a llegar tarde?", Pregunté.
"Mentí sobre eso, también. El camión no se va hasta esta noche".
"¿Qué tal si me sueltas para que pueda orinar?", Le preguntó.
"En un momento", dijo Ron, y luego volvió a entrar en la habitación. Se había quitado el traje de baño y ahora estaba desnudo. Y con una gran erección. "De hecho, me he mentido acerca casi todo el tiempo". Se detuvo por la cómoda y unto algo de un tubo en su pene, y luego se tapó con las sábanas de la cama.

Peleé con él, pero con las manos inmovilizados no sirvió de nada. Él simplemente me agarró los huevos, con malicia en esta ocasión, y me puso al borde de la cama, con los brazos estirados sobre la cabeza, y luego me monto. A pesar de la lubricación, nunca había conocido tal dolor. Y no fue solo una vez, tampoco. Parecía la intención de transferir todo el semen de su pene a mi cuerpo por medio de mi culo. Me lleno tres veces; de espaldas con mis piernas dobladas sobre mi cabeza, en mi vientre con las rodillas en el suelo, y una vez de lado. La única cosa que podía hacer en represalia fue orinar en su agradable cama.

Por fin se había acabado, o al menos yo pensaba que fue eso. El viagra debe haber desaparecido de su sistema porque su pene finalmente perdió su dureza. Él abrió la cadena de la cabecera de la cama como para soltarme, pero en su lugar, la acortó hasta que  mis manos estaban en el lugar correcto contra la cabecera. Luego ató una cuerda alrededor de cada uno mis tobillos y los aseguro a los pies de la cama, dejándome con las piernas y brazos separados boca arriba sobre el colchón empapado de orina. "No vas a ninguna parte", dijo, dejando la habitación.

Regresó en unos pocos minutos y asentó una cacerola grande de la que salía vapor de agua entre mis piernas, y luego fue a buscar una navaja de afeitar al cuarto de baño. Me afeitó con mucho cuidado toda la ingle, mi escroto y todo, antes de desenrollar un paquete para revelar un kit quirúrgico. "Sólo quédate quieto, ahora", dijo Ron, y sentí el toque ahora familiar de su mano en mis huevos.

Cuando llegamos a la parada de camiones todavía estaba mareado por el sedante que Ron me había dado. No sentía ningún dolor; El hizo una mierda con mi escroto en el cual hizo una gran herida para abrirlo por donde extrajo mis huevos. "Sólo entra en la cama, Chico, y descansa un poco" dijo Ron, El camionero era grotescamente obeso y al parecer no se había molestado en afeitarse en los últimos días. "Gracias, amigo, te voy a caer en Omaha en dos o tres días", dijo Ron, y luego volvió su atención hacia mí. "Vamos tener un tiempo muy divertido, muchacho pronto".




Historia Original Aquí.





Autor: Zipper       Traductor: DarkSoul

CRUZADA

Alrededor de 90 chico fuimos capturados. De todas las Naciones. Entre las edades entre seis y diecisiete años. Hace una semana, que estamos en camino. Mañana y tarde, obtenemos agua y unas pocas frutas. Antes de mí, el hijo menor de un barón alemán va. Su hermano mayor va hacia adelante. Ambos son blancos rubios y muy bonitos. Cuanto más joven son de unos nueve años más cerca están de los de dieciséis años de edad......


CRUZADA
Alrededor de 90 chicos fuimos capturados. De todas las Naciones. Entre las edades entre seis y diecisiete años. Hace una semana, que estamos en camino. Mañana y tarde, obtenemos agua y unas pocas frutas. Antes de mí, el hijo menor de un barón alemán va. Su hermano mayor va hacia adelante. Ambos son blancos rubios y muy bonitos. Cuanto más joven son de unos nueve años más cerca están de los de dieciséis años de edad. Pronto todos ellos serán convertido en eunucos menos yo.

[ADOLESCENTE] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [NULIFICIACIÓN] [ESCLAVITUD]


Categoria: Adolescente      Autor: Asket





Marcha por el desierto.

Mi nombre es Jean. Soy Francés. Mi edad es de unos once o doce años no lo sé bien. Los sarracenos me han capturado. Mis manos están atadas a la espalda. Alrededor del cuello, tengo un lazo de cuerda. Este lazo alrededor de mi cuello se une al cuello del niño que va delante de mí, y al que va detrás de mí. Estamos caminando a través del desierto. Frente a nosotros, monta un sarraceno con una armadura magnífica.

Alrededor de 90 chicos fuimos capturados. De todas las Naciones. Entre las edades entre seis y diecisiete años. Hace una semana, que estamos en camino. Mañana y tarde, obtenemos agua y unas pocas frutas. Antes de mí, el hijo menor de un barón alemán va. Su hermano mayor   va hacia adelante. Ambos son blancos rubios y muy bonitos. Cuanto más joven son de unos nueve años más cerca están de los de dieciséis años de edad.

En el décimo día, llegamos a una granja. Se nos lleva a un patio y se permitió sentarnos. El patio es bastante grande. En su centro una isla de olivo. Entre los olivos, hay dos niños de ocho años. Nos miran, abriendo las piernas, y hacer movimientos extraños con su mano en el medio. El sarraceno desmonta, y entra en una cabaña. Después de un breve periodo de tiempo regresa con un muy feo beduino de nuevo. El anciano camina por la línea, y toma uno o a otro. El hijo mayor del Barón es agarrado y cuando quiere tocarlo este se niega.

El viejo lo agarro continuación, entre las piernas y el chico cayó sobre sus rodillas gimiendo. Luego acariciar el viejo mi cabello pelirrojo de fuego, tocado mi piel pecosa plateada, y me acaricio entre las piernas. Me muerdo la lengua para que mi pene no se ponga rígido. Entonces el anciano se da vuelta a los sarracenos y aplaude con sus manos. Después de un tiempo el anciano llega bajo su caftán, saca un bolso de cuero y les da a los sarracenos algunas monedas en la mano. El sarraceno se sube a su caballo, saluda al viejo y se aleja.

El anciano dice algo a los niños y desaparece en la cabaña.

Los dos vienen como los gatos hacia nosotros. Llevan un cuchillo de sus ropas. Entonces empiezan a cortar nuestras ropas de nuestros cuerpos. Algunos de nosotros ya tenemos vello púbico que encantados y emocionados obviamente miran. El más joven de nosotros, apenas se notaba algo de vello. Después, cuando estamos todos desnudos, nuestras ropas se tiran y se quema en una pila. A continuación, llevaron de a uno de los chicos más grandes a un soporte de madera, lo ataron con firmeza, tiraron de sus piernas para separarlas y las ataron también con firmeza.

El chico ya tiene un gran manchón de vello negro grueso sobre su pene.

Los dos comienzan a masturbar al chico. Cuando se corre este lanza un arco alto, los dos hacia adelante como un loco. Ellos lo masturban dos veces. Luego le cortaron el vello púbico totalmente, luego cuando terminan el trabajo lo regresan y traen a otro para hacer lo mismo. Esto es lo que sucede una y otra vez. Cuando es el turno hijo mayor del Barón, él de nuevo opone resistencia pero una bofetada en los huevos hace que se tranquilice. Puedo ver que su vello púbico es tan dorado como su cabello rubio. También él es masturbado hasta que se corre un par de veces para luego ser afeitado. Al igual que todos queda lampiño, sin nada de vello entre sus piernas. 

Para aquellos que ya están rígidos, tanto que parece que tienen una manguera en su entrepierna. Con señal de que todos son jóvenes viriles. Todos los que consiguen una erección, son marcados con un punto negro en el abdomen. Cuando llegan a mí, me muerdo la lengua hasta sangrar, y mi pene no se pone rígido. Después de finalizar la inspección por los dos se escucho que ellos dieron un gritó y el anciano salió de la cabaña. Nos examinó y llegó hasta mí. Acarició mi pene y dijo algo a uno de los chico y desapareció. Me apartaron de la línea  y me llevaron a la casa de campo. Ahí fui atado junto a dos perros grandes. En la cabaña, había una mesa con cuerdas en cada esquina.

Los dos chicos que lo afeitaron al principio, tomaron a un chico y lo pusieron sobre la mesa donde lo ataron de brazos y piernas. El anciano salió de detrás de una cortina, cargando algunos instrumentos, además de una navaja de afeitado. Luego empujó algo en su boca. Los dos niños estaban junto a la mesa y le sonrieron al chico. El anciano tomó una correa de cuero, atado un lazo y se lo puso alrededor del pene y el escroto del chico. Él tiró de la cuerda con mucha firmeza. A continuación, tomó un cuchillo y le cortó su pene y escroto. El chico lloró durante el corte como un animal en el matadero y cuando sus partes estaban separadas él solamente gemía. 

El viejo le echó las piezas a uno de los perros que los devoraron ávidamente. Luego presiono una plancha caliente sobre la herida, quitó el cinturón y empujó una estaca de madera por la uretra. Los dos chicos desataron al chico y se lo llevaron por otra puerta. Allen perdió todo el vello debajo del punto negro en su vientre le cortaron tanto su escroto como su pene. A continuación, otro fue puesto. Aquí el anciano puso la  soga sólo en el escroto  y cuando sus huevos fueron cortados lo arrojo al piso. Los perros tenían un buen día.  

Luego vino el pequeño Barón. El anciano tomó un trozo de cuero de un vaso de agua, y con el que ato su escroto. Y fue todo lo que hizo. El cuero se seco por lo que se apretó mucho. Después de un día el escroto del chico que era blanco, paso a un color marrón hasta ponerse negro más adelante. Al cabo de unos días se cayó por sí misma. Y así fueron castrados todos los más jóvenes.

Por la noche, yo era el único de nosotros todavía con un pene y huevos. También no sé por qué. Los dos chicos árabes me desataron y me llevan al patio. Me Lavaron de pies a cabeza. Luego me llevaron a una cabaña, a una magnífica sala de Vollen. Me ataron los pies juntos y me acostaron sobre almohadillas suaves. Luego desaparecieron .Después de un tiempo vino el viejo y se acosto a mi lado. Comenzó acariciarme entre las piernas a lo que me hizo excitar. No puedo evitar que mi pene se pusiera duro. Él sonrío feliz y se quito su caftán. El era un hombre feo. Con la piel arrugada, con un pene circunciso, arrugado, de color marrón oscuro.

Me quita los grilletes, apretando mis piernas y comienza a penetrarme. Me beso y acaricio mis tetillas. Esto se repitió dos veces más, entonces me ato de nuevo y se durmió. En los próximos días tuve que cuidar de mis compañeros. Tuve que frotar sus heridas con un ungüento y limpiar las estacas de madera para reintroducirlas en su uretra. También tuve que cuidar del pequeño Barón cargarlo en brazos, acariciar y escroto negro secó. Después de una semana, la bolsa se cayó, y después de dos semanas todas las heridas han sanado. Yo todavía era penetrado todas las noches, y ahora tengo chuparle su pene al viejo también.

Un día vinieron dos beduinos. El anciano los hizo pasar a su casa de campo. Los dos niños árabes llevaron a los eunucos al patio. Allí, cada individuo es examinado por los beduinos. A continuación, el familiar palmoteo y el anciano recibieron tres bolsas de cuero abultadas llenas de monedas. Los eunucos tienen que terminar casi en los harenes. Me visto por un par de días .A continuación, me llevaron esposado por una marcha de nuevo.

Después de seis meses, hablo árabe. Me entero de que el anciano Ali es un hacedor  de eunuco y Los niños son sus hijos Ali y Mohamed. Ali tiene nueve y Mohamed ocho años de edad. Yo también quiero ser cortado. Pera que no me sigan penetrando. Ni darles manada a los chicos, tengo que afeitarme mi vello corporal. Siempre debo vestir un solo taparrabos negro. Masturbarme siempre frente a Ali y Mohamed. Y cuando salen mis chorros, gritan: Esa fue tu última vez. Esa fue la última vez, y se ríen. Siempre tengo que ver cuando el viejo Ali esteriliza a los chicos.

Los perros están gordos por todo lo que comen. También tengo siempre que atender las heridas. Cuatro años más tarde. Estoy acostumbrado a mi vida ahí y algo así como un seguro. Con mis testículos aun colgando en mi entrepierna. Y todavía soy penetrado. A veces puedo se enviado por el viejo a la ciudad, a conseguir algo o a hace un eunuco. Me advirtió, "atar tu pene y escroto por la parte posterior. De lo contrario, todo el mundo sabrá  que eres aun un hombre, y todos seremos castigados. "Mi rojo arbusto de fuego de vello púbico, se afeita antes de cada viaje.

Un día me envió a la ciudad para ofrecer un eunuco. En un local con un nuevo propietario. El Anfitrión. "Quédate quieto, como si se va a experimentar algo: Cuando quiero decir adiós, que me dice   que nunca olvidará. Y, en efecto. Un eunuco entró en el pequeño escenario y comenzó el baile erótico. Quede con la boca abierta. El eunuco no era otro que el hermano mayor del pequeño Barón. Estaba desnudo y tenía cabello rubio largo. Entre las piernas brillaba un gran arbusto de vello del mismo color. Era delgado, pero creo que tenía pequeños pechos. "¿Quieres pasar una noche con él?", dijo el propietario.

Yo no lo podía creer. Este muchacho arrogante, orgulloso montando al lado de su padre en el campo de con los cruzados. El siguiente Barón. Las personas lo elogiaban mientras lo miraba, lo tenía aquí desnuda y bailando esterilizado como un puto de un burdel.

Sin embargo, tres años más tarde. Mis huevos siempre seguían ahí. De diecinueve años de edad. Mientras tanto, he aprendido a castrar a los varones. Los ojos del anciano no eran tan buenos como antes. Pero su pene seguía siendo como antes. Las diligencias seguían siendo cosa mía. Un día me encuentre como en un cuento de hadas. Una criatura mítica vino a mi encuentro. Era el pequeño Barón, blanco, rubio, hermoso y con un pene pequeño visible a través del pantalón de harén transparentes. Hable con él. Me recuerdas. Hablamos un gran rato, juntos. Él es tratado brutalmente por su Amo.

"Pero ahora soy un eunuco", dice. "Desde hace mucho que eres Eunuco" Le digo, y pone su mano entre mis piernas.   Él está sorprendido de que todavía tuviera mis huevos. Organizamos para satisfacernos y resolver a tener otro encuentro. Cuando llegue a casa, me dijo el anciano que "Mañana voy castrarte. Ha llegado el momento para ello".

Cuando cenaba pensé. Debo huir, pero no sin venganza. Agarre  a Ali y Mohamed, sus únicos descendientes, y castre a ambos por completo. El anciano debe haberse sorprendido. Entonces tome todo el dinero, la ropa y hui.

Pero yo quiero quitarle al Barón. Yo sé dónde vive. Silbo y viene. De doy ropa de mujer no vamos profundamente abrazos aquella noche. Caminamos hasta el puerto y tomamos un barco para fugarnos. Después de un año nos encontramos en la casa de Manfred, Su madre está todavía viva, y Él es Manfred,  el novena Barón de Falkenberg. Y los dos somos amantes. Se casa con la hija de un conde. Pero el matrimonio es político, y no solo en el papel. En la noche de bodas, debo representar a Manfred. Su esposa se dio cuenta de que no era la oscuridad. Pero no se opuso a tener un hijo mío. Gracias a Dios que tiene el cabello marrón, al igual que su madre.

Que el noveno Barón es un eunuco, nunca se sabrá. Que su hermano tiene que bailar desnudo en un burdel, nunca se lo dije a Manfred. Los dos hemos llevado una buena y larga vida.

Epílogo:
El Barón Falkenberg, rubio blanco como ha sido durante generaciones, nunca ha habido a Manfred de nuevo. ¡Sin embargo, muchos descendientes de la familia Falkenberg han tenido el cabello rojo fuego, y todo el cuerpo lleno de pecas!




Historia Original Aquí.






Autor: Asket       Traductor: DarkSoul

Una Compañera de Lujo

Una mujer de belleza exquisita le da una explosiva compañía a un afortunado

En el pasillo del bloque de apartamentos solo se escuchaban unas pisadas. Una mujer que llevaba puesto un lindo vestido sexy vestido corto, que dejaba al descubierto las piernas, y unos zapatos de tacón, que sonaban con cada pisada. Caminaba en solitario y solo el ruido de sus tacones, al tocar el sueno, era lo que se oía en todo el pasillo.

Tras caminar unos metros se detuvo ante la puerta de entrada de un apartamento y tocó el timbre. Mientras esperaba, se alisaba el cabello con las manos y quitó cualquier pequeña suciedad que viera. Una actitud algo obsesiva para estar lo más presentable posible.

Cuando se abrió la puerta, la recibió un hombre de unos 30 años; remera blanca, vaquero, lentes sin marco y unas comunes zapatillas deportivas; educado, buena persona, algo intelectual, un poco sociable y un viejo conocido de ella.

La recibió con un beso en la mejilla, ella le respondió con un cálido abrazo. Mientras La Compañera (uno de sus seudónimos) se acomodaba, el buen señor la contemplaba. Era rubia, de rostro sensual y pechos de unos 110 cms de busto (39HH según un sistema de talles de corpiños/sostenes). La sexualidad que emitía y sus enormes pechos redondos más el escote de su vestido, la volvían algo explosivo, imposible de no desear.

El ya quería tomarla, recostarla boca abajo sobre una mesa, subirle el vestido y penetrarla sin más. Pero ella era de un poco un preámbulo, aunque sea mínimo, antes del sexo.

-¿Tienes algo para beber?-Preguntó la rubia.

-Sí.-Fue a buscar algo y volvió, un momento después, con una botella de sidra frutada y dos vasos.-Aquí tienes. Llenó ambos vasos, el de la dama un poco más.

-Por ti.-Brindó él.

-Y por ti.-Brindó ella.

Ambos vaciaron su vaso casi de un sorbo. La mujer se estremeció un poco por la sensación del alcohol en su garganta y el burbujeo. Suspiro y sonrió. Miro a su alrededor donde noto un piano. Tras dejar el vaso sobre una mesa se acerco al instrumento. El hombre bebía, lo que le quedaba de sidra, mientas la observaba caminar hacia el piano. Sin lugar a duda era hermosa aun vista de espalda. Con su vestido sexy, su cabello rubio y su andar.

Cuando comenzó a interpretar una piez,a el caballero se sentó en un sofá y cerró los ojos. Dedico el siguiente rato a escuchar. Con los ojos cerrados su mente se centraba únicamente en oír la música. Una pieza suave y obnubilante, como solo tocando un piano se lograría, capaz de hacerle soñar. Solo movía las manos al compás de las notas del piano. Cada vez se hundía más en una ensoñación.

Mientas más cerca estaba el final de la partitura más suave se volvía la música. Así hasta que, casi sin darse cuenta, la pieza llegó a su fin.

Lentamente abrió los ojos. Miraba al frente extremadamente embobado por lo que La Compañera acaba de interpretar. Giro la cabeza y la vio, sentada ante el instrumento, pero con la cabeza volteada mirándolo.

Se puso de pie y dirigió hasta donde estaba la botella de sidra, vaso en mano, escuchándose solamente las pisadas de sus zapatos de tacón. Para ese momento de reciente silencio ese ruido, solamente, parecía aun más fuerte. Ella se dio cuenta ya que, tras llenar su vaso y antes de volver sobre sus pasos, se descalzo. Mientras volvía en dirección al piano las pisadas de sus pies descalzos eran casi imperceptibles.

Durante uno o dos minutos el educado señor se limitó a ver a la rubia beber. Entre sorbo y sorbo le sonreía. Tras terminar su bebida, y dejar el vaso a un costado, se quedaron mirando por un rato. El caballero en el sillón y ella sentada con el piano a su espalda.

Lentamente, la mujer desató las ataduras de su vestido, aumentando el escote, para dejar más piel entre sus pechos al descubierto. Paso su mano derecha, de arriba hacia abajo, y con los dedos apuntando hacia abajo, entre sus senos acariciando su piel. El hombre se agarró con fuerza de los apoyabrazos ante esa erótica visión.

La mano de ella siguió bajando, hasta meterse bajo su vestido, y llegar hasta su vientre. Él se mordió el labio inferior ante la lujuria.La mano bajó aún más hasta su pubis. Él comenzó a excitarse al notar que se estaba masturbando. Echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y abrió un poco la boca mientras aumentaba el ritmo. El se agarro con más fuerza a los apoyabrazos y su pene empezaba a ponerse erecto.

La Compañera se detuvo y abrió los ojos para mirar fijamente a su anfitrión. Con la mirada aun clavada en el caballero saco la mano, de debajo del vestido, y la llevo detrás de la nuca mientras la otra se metía por el escote y encima del pecho derecho. Acto seguido desato el vestido para dejar descubierto el pecho derecho, aunque estaba cubierto por su mano izquierda. Después descubrió el lado izquierdo estando el pecho izquierdo cubierto por el antebrazo izquierdo. Semejante erotismo hizo que el expectante señor se inclinara un poco hacia adelante en el sillón.

La dama se puso de pie y, tras pasar frente al hombre, se dirigió hasta donde estaba la botella de sidra. Para dirigirse al sofá ocupado bebiendo sorbos. Se ubicó delante de él, puso la botella en una mesita al costado del sillón y con los pechos tapados. El izquierdo por la mano derecha y el derecho por la izquierda.

Ella sonriendo y el cada vez más excitado.

-Haz lo tuyo, querido.-Pidió ella.

Obedeció y la acercó a él. Comenzó besando su vientre en torno al ombligo, lo cual hizo que ella riera. Fue subiendo por su cuerpo de a poco y poniéndose en pie.

Al llegar a la altura del pecho la miro a los ojos. La rubia entendió y aparto sus manos, poniéndola detrás de su cintura. La erección fue total cuando pudo contemplar sus grandes, redondas y firmes tetas. Acto seguido hundió su rostro entre sus pechos.

El anfitrión besuqueaba entre sus senos mientras la agarraba con fuerza del trasero. La invitada cerró los ojos para centrarse en sus besos y las manos en sus nalgas. Después se dedico a chupar, lamer, morder y empapar en saliva el pecho izquierdo. Después lo hizo con el derecho.

Finalmente acerco su rostro al de ella para besarle los labios. Saboreo su boca con aroma a fruta y alcohol, mientras tanto la mujer le desabrochaba y bajaba el pantalón.

Se separaron un instante lo suficiente para desvestirse. Él se quitó el pantalón, calzado y ropa interior y ella el vestido y la bombacha/bragas. Se miraron el uno al otro y excitaron aún más. Con el fuerte cuerpo y el pene erecto de uno y los pechos y pubis húmedo de la otra.

El amante alzo a su amiga-amante el brazo derecho bajo sus nalgas y el izquierdo alrededor de los hombros, mientras ella le rodeaba la cintura con las piernas y los hombros con los brazos. Se besaron con pasión mientras se movían hacia la pared.

Una vez que La Compañera se vio “aprisionada” con la espalda contra la pared y su amante en frente comenzaron. Por fin pudo penetrarla, sentir su vagina húmeda y cálida con la cabeza hundida entre sus tetas gigantes. La rubia gemía con las estocadas, al mover la cadera de adelante hacia atrás, y la forma casi desesperada que jugueteaba entre sus pechos.

Era un placer infinito para los dos. Los grandes pechos y la boca besuqueando y chupando, la vagina húmeda y el pene firme, la tersa piel femenina y el masculino cuerpo, el trasero de ella y las manos de él, teniéndola a su merced y ella aprisionada entre un caballero y una pared. El calor, el sudor, el sexo y la lujuria.

Cuando por fin llegaron al clímax ambos gimieron y rieron. Mientras el semen se derramaba por la vagina húmeda.

Se quedaron así por un rato hasta que se sentaron en el suelo Se dieron un largo beso y acariciaron por un rato.

-¿Con sed?-Preguntó el hombre cuando la vio ir a buscar la botella de sidra.

-No. Es para ayudarme a pasar todo.

-¿?

Se dio cuenta de que se refería cuando introdujo su pene, semierecto, en su boca. Lo lamió en su totalidad e hizo que volviera a ponerse erecto. Echó la cabeza hacia atrás y gimió por el inesperado sexo oral. Su lengua era muy traviesa y su boca cálida.

Una vez que acabo, y que el miembro quedo limpio, trago todo y después le dio un sorbo a la bebida.

La mujer se arrodillo delante de su anfitrión y le sonrió, botella en mano. Y de repente él habló.

-Acabas de hacerme darme cuenta de algo.

-¿Qué cosa cariño?-

-Que aun me queda un poco mas.-

-¿Un poco más de qué?-

No necesito responder con palabras. Ya que el hizo que se diera vuelta, al punto que la botella se cayó y derramo casi todo su contenido, y apoyara sobre manos y pies, posición de “perrito”. Para acto seguido ubicarse detrás, tomarla de la cintura, y penetrarla como una animal desesperado. Y por segunda vez derramo su semen en su interior, esta vez hasta la última gota.

Tras acabar, por segunda vez, limpio su pene con la boca. Sintiendo el miembro firme con su lengua y el sabor del semen y la humedad del sexo femenino. Y volver a tragar y dar un sorbo de la poca sidra que quedaba en la botella.

Quedaron arrodillados, frente a frente, completamente desnudos, y con algo de sudor sobre el cuerpo.

-No esperaba que aun tuvieras para darme.-Comento jocosa La Compañera.

-Lo que pasa es que eres muy excitante. -Respondió su amante-Además de que uno debe, sí o sí, estar a tu nivel.

 

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Una Compañera de Lujo

Una mujer de belleza exquisita le da una explosiva compañía a un afortunado

En el pasillo del bloque de apartamentos solo se escuchaban unas pisadas. Una mujer que llevaba puesto un lindo vestido sexy vestido corto, que dejaba al descubierto las piernas, y unos zapatos de tacón, que sonaban con cada pisada. Caminaba en solitario y solo el ruido de sus tacones, al tocar el sueno, era lo que se oía en todo el pasillo.

Tras caminar unos metros se detuvo ante la puerta de entrada de un apartamento y tocó el timbre. Mientras esperaba, se alisaba el cabello con las manos y quitó cualquier pequeña suciedad que viera. Una actitud algo obsesiva para estar lo más presentable posible.

Cuando se abrió la puerta, la recibió un hombre de unos 30 años; remera blanca, vaquero, lentes sin marco y unas comunes zapatillas deportivas; educado, buena persona, algo intelectual, un poco sociable y un viejo conocido de ella.

La recibió con un beso en la mejilla, ella le respondió con un cálido abrazo. Mientras La Compañera (uno de sus seudónimos) se acomodaba, el buen señor la contemplaba. Era rubia, de rostro sensual y pechos de unos 110 cms de busto (39HH según un sistema de talles de corpiños/sostenes). La sexualidad que emitía y sus enormes pechos redondos más el escote de su vestido, la volvían algo explosivo, imposible de no desear.

El ya quería tomarla, recostarla boca abajo sobre una mesa, subirle el vestido y penetrarla sin más. Pero ella era de un poco un preámbulo, aunque sea mínimo, antes del sexo.

-¿Tienes algo para beber?-Preguntó la rubia.

-Sí.-Fue a buscar algo y volvió, un momento después, con una botella de sidra frutada y dos vasos.-Aquí tienes. Llenó ambos vasos, el de la dama un poco más.

-Por ti.-Brindó él.

-Y por ti.-Brindó ella.

Ambos vaciaron su vaso casi de un sorbo. La mujer se estremeció un poco por la sensación del alcohol en su garganta y el burbujeo. Suspiro y sonrió. Miro a su alrededor donde noto un piano. Tras dejar el vaso sobre una mesa se acerco al instrumento. El hombre bebía, lo que le quedaba de sidra, mientas la observaba caminar hacia el piano. Sin lugar a duda era hermosa aun vista de espalda. Con su vestido sexy, su cabello rubio y su andar.

Cuando comenzó a interpretar una piez,a el caballero se sentó en un sofá y cerró los ojos. Dedico el siguiente rato a escuchar. Con los ojos cerrados su mente se centraba únicamente en oír la música. Una pieza suave y obnubilante, como solo tocando un piano se lograría, capaz de hacerle soñar. Solo movía las manos al compás de las notas del piano. Cada vez se hundía más en una ensoñación.

Mientas más cerca estaba el final de la partitura más suave se volvía la música. Así hasta que, casi sin darse cuenta, la pieza llegó a su fin.

Lentamente abrió los ojos. Miraba al frente extremadamente embobado por lo que La Compañera acaba de interpretar. Giro la cabeza y la vio, sentada ante el instrumento, pero con la cabeza volteada mirándolo.

Se puso de pie y dirigió hasta donde estaba la botella de sidra, vaso en mano, escuchándose solamente las pisadas de sus zapatos de tacón. Para ese momento de reciente silencio ese ruido, solamente, parecía aun más fuerte. Ella se dio cuenta ya que, tras llenar su vaso y antes de volver sobre sus pasos, se descalzo. Mientras volvía en dirección al piano las pisadas de sus pies descalzos eran casi imperceptibles.

Durante uno o dos minutos el educado señor se limitó a ver a la rubia beber. Entre sorbo y sorbo le sonreía. Tras terminar su bebida, y dejar el vaso a un costado, se quedaron mirando por un rato. El caballero en el sillón y ella sentada con el piano a su espalda.

Lentamente, la mujer desató las ataduras de su vestido, aumentando el escote, para dejar más piel entre sus pechos al descubierto. Paso su mano derecha, de arriba hacia abajo, y con los dedos apuntando hacia abajo, entre sus senos acariciando su piel. El hombre se agarró con fuerza de los apoyabrazos ante esa erótica visión.

La mano de ella siguió bajando, hasta meterse bajo su vestido, y llegar hasta su vientre. Él se mordió el labio inferior ante la lujuria.La mano bajó aún más hasta su pubis. Él comenzó a excitarse al notar que se estaba masturbando. Echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y abrió un poco la boca mientras aumentaba el ritmo. El se agarro con más fuerza a los apoyabrazos y su pene empezaba a ponerse erecto.

La Compañera se detuvo y abrió los ojos para mirar fijamente a su anfitrión. Con la mirada aun clavada en el caballero saco la mano, de debajo del vestido, y la llevo detrás de la nuca mientras la otra se metía por el escote y encima del pecho derecho. Acto seguido desato el vestido para dejar descubierto el pecho derecho, aunque estaba cubierto por su mano izquierda. Después descubrió el lado izquierdo estando el pecho izquierdo cubierto por el antebrazo izquierdo. Semejante erotismo hizo que el expectante señor se inclinara un poco hacia adelante en el sillón.

La dama se puso de pie y, tras pasar frente al hombre, se dirigió hasta donde estaba la botella de sidra. Para dirigirse al sofá ocupado bebiendo sorbos. Se ubicó delante de él, puso la botella en una mesita al costado del sillón y con los pechos tapados. El izquierdo por la mano derecha y el derecho por la izquierda.

Ella sonriendo y el cada vez más excitado.

-Haz lo tuyo, querido.-Pidió ella.

Obedeció y la acercó a él. Comenzó besando su vientre en torno al ombligo, lo cual hizo que ella riera. Fue subiendo por su cuerpo de a poco y poniéndose en pie.

Al llegar a la altura del pecho la miro a los ojos. La rubia entendió y aparto sus manos, poniéndola detrás de su cintura. La erección fue total cuando pudo contemplar sus grandes, redondas y firmes tetas. Acto seguido hundió su rostro entre sus pechos.

El anfitrión besuqueaba entre sus senos mientras la agarraba con fuerza del trasero. La invitada cerró los ojos para centrarse en sus besos y las manos en sus nalgas. Después se dedico a chupar, lamer, morder y empapar en saliva el pecho izquierdo. Después lo hizo con el derecho.

Finalmente acerco su rostro al de ella para besarle los labios. Saboreo su boca con aroma a fruta y alcohol, mientras tanto la mujer le desabrochaba y bajaba el pantalón.

Se separaron un instante lo suficiente para desvestirse. Él se quitó el pantalón, calzado y ropa interior y ella el vestido y la bombacha/bragas. Se miraron el uno al otro y excitaron aún más. Con el fuerte cuerpo y el pene erecto de uno y los pechos y pubis húmedo de la otra.

El amante alzo a su amiga-amante el brazo derecho bajo sus nalgas y el izquierdo alrededor de los hombros, mientras ella le rodeaba la cintura con las piernas y los hombros con los brazos. Se besaron con pasión mientras se movían hacia la pared.

Una vez que La Compañera se vio “aprisionada” con la espalda contra la pared y su amante en frente comenzaron. Por fin pudo penetrarla, sentir su vagina húmeda y cálida con la cabeza hundida entre sus tetas gigantes. La rubia gemía con las estocadas, al mover la cadera de adelante hacia atrás, y la forma casi desesperada que jugueteaba entre sus pechos.

Era un placer infinito para los dos. Los grandes pechos y la boca besuqueando y chupando, la vagina húmeda y el pene firme, la tersa piel femenina y el masculino cuerpo, el trasero de ella y las manos de él, teniéndola a su merced y ella aprisionada entre un caballero y una pared. El calor, el sudor, el sexo y la lujuria.

Cuando por fin llegaron al clímax ambos gimieron y rieron. Mientras el semen se derramaba por la vagina húmeda.

Se quedaron así por un rato hasta que se sentaron en el suelo Se dieron un largo beso y acariciaron por un rato.

-¿Con sed?-Preguntó el hombre cuando la vio ir a buscar la botella de sidra.

-No. Es para ayudarme a pasar todo.

-¿?

Se dio cuenta de que se refería cuando introdujo su pene, semierecto, en su boca. Lo lamió en su totalidad e hizo que volviera a ponerse erecto. Echó la cabeza hacia atrás y gimió por el inesperado sexo oral. Su lengua era muy traviesa y su boca cálida.

Una vez que acabo, y que el miembro quedo limpio, trago todo y después le dio un sorbo a la bebida.

La mujer se arrodillo delante de su anfitrión y le sonrió, botella en mano. Y de repente él habló.

-Acabas de hacerme darme cuenta de algo.

-¿Qué cosa cariño?-

-Que aun me queda un poco mas.-

-¿Un poco más de qué?-

No necesito responder con palabras. Ya que el hizo que se diera vuelta, al punto que la botella se cayó y derramo casi todo su contenido, y apoyara sobre manos y pies, posición de “perrito”. Para acto seguido ubicarse detrás, tomarla de la cintura, y penetrarla como una animal desesperado. Y por segunda vez derramo su semen en su interior, esta vez hasta la última gota.

Tras acabar, por segunda vez, limpio su pene con la boca. Sintiendo el miembro firme con su lengua y el sabor del semen y la humedad del sexo femenino. Y volver a tragar y dar un sorbo de la poca sidra que quedaba en la botella.

Quedaron arrodillados, frente a frente, completamente desnudos, y con algo de sudor sobre el cuerpo.

-No esperaba que aun tuvieras para darme.-Comento jocosa La Compañera.

-Lo que pasa es que eres muy excitante. -Respondió su amante-Además de que uno debe, sí o sí, estar a tu nivel.

 

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KAREL Y SU DECISIÓN

Karel hizo un balance de su situación. La habitación en la que estaba confinado era más grande y mejor amueblada que una mazmorra ordinaria. Había una cama cómoda, una silla y una mesa donde estaba tendido un objeto incongruente, sin duda, no por accidente, un bien afilado cuchillo. Él era un prisionero eso quedaba demostrado por la existencia de otro objeto, una cadena con la que podía llegar fácilmente a la cama, a una silla y a una mesa, pero no a la puerta......


KAREL Y SU DECISIÓN
Karel hizo un balance de su situación. La habitación en la que estaba confinado era más grande y mejor amueblada que una mazmorra ordinaria. Había una cama cómoda, una silla y una mesa donde estaba tendido un objeto incongruente, sin duda, no por accidente, un bien afilado cuchillo. Él era un prisionero eso quedaba demostrado por la existencia de otro objeto, una cadena con la que podía llegar fácilmente a la cama, a una silla y a una mesa, pero no a la puerta. Sin embargo pronto deberá tomar una decisión muy importante en su vida.

[HETERO] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [TESTÍCULOS] [ADVERTENCIA]


Categoria: Hetero      Autor: Pathic





Todas las personas, lugares y eventos en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas reales lugares o eventos es pura coincidencia.

Karel había caído en manos de su enemigo, el príncipe Jaros, que le ha ofrecido una elección entre la madurez y la libertad. ¿Cuál será la que elegirá?

Karel hizo un balance de su situación. La habitación en la que estaba confinado era más grande y mejor amueblada que una mazmorra ordinaria. Había una cama cómoda, una silla y una mesa donde estaba tendido un objeto incongruente, sin duda, no por accidente, un bien afilado cuchillo.

Él era un prisionero eso quedaba demostrado por la existencia de otro objeto, una cadena con la que podía llegar fácilmente a la cama, a una silla y a una mesa, pero no a la puerta. Un extremo de esta cadena estaba fijado a un perno de aro en la pared de piedra de la habitación. A través del último eslabón del otro extremo pasado en un anillo de hierro, rodeando su escroto por encima de los testículos. Los extremos del anillo estaban acompañados por un remache de hierro.

El anillo era demasiado pequeño para pasar cualquiera de sus testículos. Por lo tanto, su escape de la sala se previno con mayor eficacia. La única manera de escapar de la cadena sería emplear el cuchillo para separar el anillo junto con dos de sus posesiones más preciadas de su cuerpo.

Karel era el líder de una facción opuesta a las leyes duras y arbitrarias del príncipe Jaros. Aunque no era un plebeyo, Karel bien podría haber sido uno. Como el segundo hijo de un barón era pobre, se le privó de la primogenitura de un título y una herencia. No era solo gente común, sin embargo, sino también de la nobleza menor que gemía bajo el gobierno del Príncipe Jaros'.

Los Impuestos del príncipe eran lo suficientemente gravosos, pero, peor era su intromisión en sus asuntos personales. El determinaba quien podía y quien no podía casarse o con quien se estaba permitido casarse. Se impuso un impuesto sustancial de dotes, por lo que si no se pagaba, el permiso para casarse sería retenido. Debido a que no había ninguna dote de impuesto, la bastardía era castigada más severamente, tanto el padre como el hijo de la puta, si era hombre, eran castrados. La madre, por supuesto, era enviada a un convento.

Karel descubrió que se había equivocado en dos supuestos: en primer lugar, que su papel en la oposición no era conocida por el Príncipe, y en segundo lugar, que, como un noble, no sería acusado de traición simplemente por protestar algunas de las políticas del príncipe. Ahora, solo podía esperar cualquier acción del Prince Jaros decidiera tomar. Él no tuvo que esperar mucho. La puerta de la habitación se abrió y el príncipe Jaros entró para hablar con él. "Karel, era joven, impulsivo, impetuoso, y  decían que también muy altruista. Tengo la intención de probar esta última. A menudo se ha dicho que la libertad es más que deseada que la vida misma. Esto es absurdo. La libertad es inútil para un cadáver.

Tienes la oportunidad de decidir por sí mismo si la libertad es más deseable que la virilidad. Si sigues siendo mi prisionero, Serás bien tratado, mejor, de hecho, de lo que mereces. No tendrás para nada comodidad. Tendrá buena comida, buen vino, incluso, si lo solicitas, los servicios de una mujer. Si usted desea entretenimiento, voy a enviar a uno de mis músicos para tocar para ti. Sin embargo, permanecerá en esta habitación, encadenado como estas a esa pared.

Esa libertad que usted estima tan alta es la única cosa que le puedo negar. Si la libertad es todo lo que deseas, es fácil que la obtengas. Solo es necesario liberarse de tu servidumbre a costa de sacrificar tu virilidad. Es por ello que el cuchillo se te ha proporcionado. Su hoja está muy afilada, muy adecuada para sacarte de tu servidumbre y virilidad.

La puerta de esta habitación está desbloqueada y sin vigilancia. Si la dejas, nadie se opondrá a tu salida del castillo a través de la puerta trasera, en la cual tus compañeros esperan su aparición. Han sido informados de lo que habrías que tener que hacer con el fin de dejar el castillo y estarán preparados para ofrecerte los servicios de un cirujano. Si están dispuestos a aceptar el liderazgo de un eunuco es incierto. Sin embargo, no se tomará ninguna acción contra ellos por ayudarte después de dejar el castillo, si lo haces".

Karel respondió con valentía. "El sacrificio es grande, Alteza, y las apuestas son pequeñas. Nada habría cambiado. Yo y mis compañeros solo seríamos tan libre como estábamos antes de que sus hombres me capturaran. A menos que se haga algo para mejorar mi suerte, mi sacrificio habría sido en vano".

"¿Una vez altruista se es para siempre?" El príncipe Jaros respondido con una risa.

"Muy bien, voy a hacer el sacrificio de tu virilidad más valiosa para ti. Si dejas este castillo como un eunuco, tus seguidores tienen mi permiso para irse de esta tierra donde quiera que vayan a buscar la libertad y una vida mejor para sí mismos. Nada será hecho que se lo impida.

Cualquier otra cosa que puedas pensar de mí, espero que me conceda esto, que soy un hombre de palabra. Ahora, presta atención, por una vez, al consejo de un hombre de buen juicio y una mayor experiencia que la suya. Esta es una decisión de la mayor importancia. No debe hacerse con el estómago vacío. Hare que comida y bebida le sean enviados inmediatamente".

Con estas palabras, el príncipe Jaros salió de la habitación. Karel fue dejado a reflexionar sobre la decisión que tenía por delante. No mucho tiempo después, la puerta se abrió de nuevo y dos criados entraron en la habitación. Uno de ellos llevaba una bandeja de plata en la que estaban las chuletas de carne de venado bañadas en salsa y pasas, cebada, el perfumado con hierbas finas, y los puerros. El otro sirviente llevaba una copa de oro y una jarra de vino, que Karel no dudo por un momento que sería de la mejor calidad. Algunas de las viandas fueron trasferidos a un plato de porcelana y la copa se llenó de vino. Tan pronto como los lacayos se fueron, Karel se puso a comer con gusto.

Idealista y altruista como era, Karel era lo suficientemente pragmático para no dejar pasar una buena comida. La carne estaba exquisitamente preparada y condimentada, el vino superó sus expectativas. No quedo nada, de hecho, nada fue dejado en la bandeja cuando Karel se echó hacia atrás con un suspiro para reponerse. Cuando la puerta se abrió de nuevo, pensó que eran los criados para recuperar los platos, sino, más bien, era una joven ataviada muy apuesta. Claramente, esa no era una cortesana, pero si tal vez una de las mujeres de la corte. (Aunque la distinción era probablemente sobre todo era por su precios).

Los vestidos de las damas de la corte del Príncipe Jaros eran muy reveladores en la parte de los senos, el corpiño llegaba justo antes de exponer los pezones, pero sin duda que mostraba parte de las areolas .Ella soltó una risa tintineante y dijo: "Amo, Karel, Su Alteza me dijo que eras muy apuesto, pero ni siquiera eso me dejó bastante preparada. Seguramente, debe haber algún ser divino en su ascendencia". Para no ser menos, Karel respondió: "Señora hermosa, sin duda, la diosa del amor a sí misma no tiene encantos, que puedan eclipsar a los suyos. ¿Puede su nombre posiblemente justificar su aplicación a tales increíble dotes?"

"Es muy galante hablado, Amo Karel. Me llaman Alisoun. Me atrevo a esperar que mi nombre es lo que deseaba saber". "Por lo que cualquier simple palabra puede pretender designar a un ser tan sublime, que hace todo lo posible". Karel contesto, con la esperanza de que este intercambio de cortesías no duraría mucho más tiempo para disfrutar de aquel sin lugar a dudas regalo.

"¿Aparte de sus delicados pies, que la trae por aquí, bella dama?"

"Tuve la oportunidad de escuchar que la Madre Naturaleza había sido mucho más que generosa para usted que para otros hombres, y esto despertó mi curiosidad". Ella respondió en arbitrariamente.

"Ah, me temo que esa afirmación es, eh, bueno, algo exagerada, pero es bienvenida a juzgar el asunto por sí misma". Karel dijo con una mueca de perversidad.  Un poco para su sorpresa, Alisoun aceptó la invitación y levantó la parte delantera de su túnica. Ella jadeó. "¿Exagerada? No,  es subestimado", insistió. Karel ya estaba sudando y respirando muy fuerte cuando Alisoun dijo "Debo probar la fuerza de este miembro heroico". Y comenzó a acariciarlo. Para ese momento, Karel no había tenido ningún alivio durante más de un mes y estaba desesperadamente lujurioso. Empezó a temblar y se las arregló para jadear "Señora Alisoun...... que no es.... un juguete. Ya está cerca..."

Por lo general, Karel tenía un buen control sobre sus carnes, pero las caricias hábiles de Alisoun eran más de lo que podía soportar. De repente, su semilla broto sucesivamente copiosamente, estropeando el vestido de seda hermosa de Alisoun. Quien Furiosamente, lo golpeó en la cara y gruñó "¡bestia!" y se fue volando, maldiciendo de la habitación.

Karel rió de buena gana.... Y... luego suspiró vio el cuchillo, lo tomo, lo coloco debajo de sus huevos jalo de sus recién deslechados huevos y luego solo se escucho un gran alarido de dolor por todo el palacio real cuando Karel se corto a si mismo sus amados huevo que le daban vida a su gran virilidad.

¡AAAAAAAHHHHHHHGGGGGG!





Historia Original Aquí.





Autor: Pathic       Traductor: DarkSoul

El caballero plateado (relato gay – vampiros)

Este relato ya lo había subido en el blog pero haciendo limpia lo borré por error y aquí está otra vez. A pesar del tiempo transcurrido, me sigue gustando, y no es algo que pueda decir de muchos de mis trabajos xD Espero les guste.
Título: El caballero plateado.
Sinopsis: Lucile se ve en una encrucijada al percatarse de que su mejor amigo, Johann, está siendo perseguido por una  pálida  criatura que se disfraza con  rayos de luna para apoderarse de la vida de sus presas.
Advertencias: ninguna.
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0
Código de registro: 1602286708565




El caballero plateado
Seiren Nemuri

«Vivo en tu cálida vida, y tú morirás…
morirás, dulcemente morirás… en la mía».
Carmilla.
Joseph Sheridan le Fanu.


Su lividez era obvia al igual que el ligero temblor que sacudía su cuerpo. También estaba un poco pálido, pero por lo demás, tan completo como cuando nos dejó y se internó en el bosque. No pasaba de ser una broma que se nos había salido de las manos, y aunque muy en el fondo intuí peores consecuencias que las que su cuerpo aparentaba, me obligué a simular templanza, serenidad. Quise encubrir mi inquietud apelando a la poca valentía de mi amigo, pero lo cierto era que Johann, como muy pocos, tenía una osadía nada comparable con la que cualquiera de nosotros ostentábamos tan superficialmente. 
Aparté a los demás para que recibiera algo de aire. Escuchaba el cuchicheo, los chistes e insultos, reía y era partícipe de ellos, nuevamente, en ese vano intento por calmar al joven que tenía en mis brazos, tan mudo como muerto, con los ojos abiertos, reflejando en su iris gris el resplandor mortecino y frío de la luna que ya coronaba la noche. Sus labios estaban morados, pero, gracias al cielo, la palidez de su rostro iba desapareciendo debido a la oportuna atención de mis brazos. Lo acerqué más a mi pecho, le susurré palabras tiernas al oído. Era del conocimiento de todos mi predilección por él, aunque nadie conocía la verdadera naturaleza de este favorecimiento.
—¡Shhh! Será que ya se callan —los amonesté cuando me pareció escuchar que de los labios de Johann un susurro intentaba escaparse. Lo acerqué todavía más, hasta que sus labios rozaron deliciosamente mi piel, tentándome a proferirle esa clase de atenciones que sólo pueden ofrecerse en privado.
Mi anhelo resultó en desilusión. Johann no dijo nada, y de su boca sólo escapó un ligero suspiro que me heló la piel al reconocer en él, sin razón alguna que sustentara tal creencia, el olor de la muerte. Ya no fui capaz de mantener la calma. En voz alta, quebrando la serenidad de esa noche despejada con sus hilos plateados iluminando el paisaje, comencé a dictar órdenes. Al ser el mayor, pocas veces mi mandato era puesto en tela de juicio, pero en ese momento atribuí la prontitud de sus acciones al hecho de que ellos también estaban asustados.
Joseph, Christian y yo nos encargamos de transportar a Johann hasta el molino abandonado. Improvisamos una suerte de lecho con paja vieja y retazos de tela que colgaban de las vigas. A los pocos minutos apareció William con un tarro de leche tibia y una manta. Acomodamos a Johann tan bien como nos resultó posible, y en una especie de vigilia mal elaborada, lo rodeamos, en espera de que recobrara plenamente los sentidos.
—Bien dije yo que no era mentira —intervino William, tembloroso, al tiempo que se santiguaba repetidamente.
—Debió haber caído de regreso —comentó Joseph, incrédulo—. Su tonto entusiasmo lo empujó fuera del bosque, y seguramente fue hasta ese momento que se dio cuenta de lo mal que estaba, y cayó.
—¿Y en dónde está el dichoso golpe, si me lo permites? —habló ahora Christian, confundido. Miraba a Will y a Joseph sin tener la menor idea de qué posición tomar—. ¿Y qué pasa con sus ojos? ¿Duerme o está despierto? No puedo verlo sin que se me erice la piel.
—El golpe ha de estar por ahí —continuó Joseph. Nos miró a todos, recriminándonos por nuestras tontas supersticiones. Johann no era el primero en internarse en el bosque para luego salir mal herido de él; pero ni las circunstancias eran las mismas que en el pasado ni el estado de nuestro amigo similar al de esos otros osados ingenuos que se internaban en la espesa oscuridad de esas secas noches de verano con tan sola una vaga idea de lo que podían encontrar, y peor aún, del camino que les esperaba transitar. Todo camino se reescribe a sí mismo en la oscuridad, había dicho alguien alguna vez… Joseph suspiró, malhumorado, y poniéndose de cuclillas al lado del cuerpo inerte de Johann, dijo—: Ya lo demostraré.
Algo en mí se retorció al ser testigo de la forma un tanto brusca con la que Joseph inspeccionaba ese cuerpo joven y atlético que yo mismo con tanto anhelo ya había acariciado apenas unos minutos antes. Tuve que disimular no sólo esos tontos celos que no tenían espacio aquí, sino también la preocupación que ya me tenía al borde de un ataque nervioso. Como la cosa siguiera así tendría que abandonar mi testarudo orgullo juvenil para correr al pueblo en busca de ayuda, ¡a mi padre, si era necesario! No sería la primera vez que me doblegaba ante una necesidad.
—No es un muñeco de trapo, ¡por dios santo! —intervino Will, para mi fortuna.
Joseph lo miró con recelo, se puso de pie y retrocedió unos pasos.
—Debió golpearse la cabeza —dijo—. La inflamación ya debe haber pasado.
—¿Y sólo eso? —preguntó Christian—. ¿Cuánto tiempo más estará así?
—¡Y para saber! —se encogió de hombros. Joseph me quedó viendo. Yo era el único que no había participado con ninguna conjetura. Honestamente, la preocupación me había privado de todo signo de sensatez, y en mi mente sólo podía calcular el tiempo que me tomaría correr hasta la casa del doctor Schooles—. ¡Lucile! —exclamó.
—Lo revisaré yo —dije al fin.
Insté a los chicos a que se apartaran. William, siempre tan atento, me acercó una vela antes de retirarse a una esquina, demasiado asustado con la extraña apariencia de Johann como para ser partícipe de algún nuevo descubrimiento incluso más desconcertante.
Joseph había tratado a Johann con total desconsideración, noté cuando me arrodillé a su lado, que de no sentirme tan preocupado me habría enojado aún más. Me preparaba a inspeccionar su rostro cuando una ligera brisa hizo que la luz de la vela se tambaleara trazando una fría sombra sobre las inexpresivas facciones de mi amigo. La piel se me erizó por completo y los latidos de mi corazón se aceleraron vaticinando un temor que no estaba dispuesto a aceptar. Agité la cabeza con premura, tomé una enorme bocanada de aire, y con toda la paciencia que pude reunir, levanté su cabeza con la intención de encontrar hasta la prueba más insignificante en una piel que me gustaría fuera tan familiar como la propia.
Con delicadeza tanteé con la yema de los dedos. Su cabello suave y liso no representó obstáculo alguno. Internamente rezaba para encontrar el más ligero trauma, una pequeña protuberancia que delatara la verdadera naturaleza de su estado. No encontré nada. Al regresarlo a su postura inicial me vi acosado por sus ojos grises y muertos, y me pregunté si en algún momento había parpadeado y simplemente había tenido la desgracia de ignorarlo.
—Nada —comuniqué. Los chicos no se movieron—. Que alguien vaya por el doctor.
—Nos meteremos en problemas —replicó Joseph—. Tú más que nadie, de hecho.
—No lo dejaremos morir.
—Si no es que está muerto ya —interrumpió Christian—. Su estado no es normal.
—Es mejor que nos mantengamos alejados de él hasta el amanecer. Podría despertar en cualquier momento —agregó William.
—¡Tonterías! —grité—. Johann no es ningún…
—El caballero plateado existe, su piel se torna carmesí con la sangre de sus víctimas. ¡Johann ya no tiene salvación! —gritó Will. La estúpida manía que tenía de santiguarse tan rápidamente me sacó de quicio, pero prevaleció la serenidad en mí al reconocer que era simplemente el miedo lo que lo obligaba a hacerlo.
—Seguiré buscando —dije, con calma—. Si ya no encuentro nada, iremos por el doctor.
—Muy educadito y todo, pero al final también eres un tonto supersticioso —escupió Joseph, divertido.
Lo ignoré y seguí con mi tarea.
Acuné el rostro de Johann entre mis manos. Seguía frío, pero menos pálido. Acerqué mi rostro a sus labios; su aliento seguía ahí, constante y cálido, vivo para todo lo que él significaba para mí. Lo seguí examinando con la misma meticulosidad. Revisé detrás de sus orejas, su cuello, debajo de la barbilla, por la clavícula… me tomé un segundo para aflojar su camisa. Tuve a disposición su pecho suave y blanco, y encontré consuelo en su ir y venir sereno. Suspiré. «Regresa a nosotros, Johann, por lo que más quieras…» Y entonces lo vi. Dos puntos apenas perceptibles, amoratados y fríos.
—Hay algo aquí —susurré—. ¡Creo que encontré algo! —repetí con más intensidad.
Jospeh fue el primero en acercarse, triunfante, pero al inclinarse para presenciar mi descubrimiento, arrugó la cara y achicó los ojos. Parecía no poder ver nada.
—Aquí —señalé—. Justo aquí.
No era mi imaginación. Dos puntos limpios, pequeños pero azules y levemente inflamados, se dibujaban sobre el pecho de Johan, ligeramente hacia su brazo izquierdo, unos diez centímetros debajo de la clavícula. Acerqué la vela para que pudieran apreciarlo mejor, y en un descuido hice que, sobre la piel mortecina de Johann, se derramaran unas cuentas gotas de caliente esperma blanca. Sentí el ardor como propio, y me apresuré a consolar la piel herida. Me descorazonó el hecho de que este accidente no le hubiera arrancado ni una tan sola mueca de dolor y ni el más leve estremecimiento.
—Lo veo —se espantó Will.
Christian casi adhirió su rostro al pecho de Johann para observar mejor, y cuando se alejó vi en éste la más insondable de las perplejidades.
—También lo veo —dijo.
—Para lo que sabemos, puede ser la picadura de algún insecto —nos contrarió Joseph.
—Es suficiente —los interrumpí a todos—. Que alguien vaya por el doctor. Johann no puede esperar más.
—Voy sólo si alguien me acompaña—se ofreció Will—. También hay que buscar al cura.
—Iré contigo —aceptó Christian.
—Pues yo me voy a casa. Ya estoy grandecito para estas estupideces.
—Hagan lo que quieran, pero hagan algo, ¡maldita sea! —grité. Los chicos me miraron entre asustados y confundidos, y con esta misma reserva nos abandonaron a Johann y a mí en la profundidad de una noche cuyo tiempo parecía estancado.
Reacomodé la camisa de Johann. No tenía explicación para esos dos pequeños puntos así que me pareció que sería más recomendable ignorarlos mientras Will y Christian iban por ayuda. Mantener la calma es de vital importancia en situaciones desconcertantes, y aunque no fueron pocos los malos pensamientos que amenazaron con apoderarse de mi mente, los ahuyentaba tan pronto aparecían, motivado por una sensación de fortaleza que no era más que miedo disfrazado. El miedo a la realidad.
En la falsa seguridad del viejo molino, la poca brisa de esa agonizante noche de verano apenas llegaba a rozarnos la piel. La frente de Johann comenzó a perlarse con gotitas pálidas, en un sudor frío que intensificó el inestable temblor de su cuerpo. Tomé su mano, primero la acerqué a mis labios, contra los cuales los sostuve en un beso prolongado con el que me jugaba el alma; ya luego la estreché contra mi pecho, contra mi corazón atemorizado que rezaba en silencio una plegaria que temía no sería escuchada a tiempo.
—No te atrevas a dejarnos, Johann —supliqué.
La luz de la vela volvió a agitarse. Tembló de manera extraña, alargándose y encogiéndose pero sin apagarse. Se mantuvo así buen rato. Alerta, miraba de un lado a otro, tratando de adelantarme a lo que fuera que estuviera por pasar. El vaivén de la vela se detuvo, y sin quererlo me dispuse a observarla: la mecha se quemaba normalmente, pero la cera se derretía a una velocidad poco común. Una sombra pareció atravesar la estancia. La vela por fin se apagó.
—¿Lucile?
Abrí los ojos sintiéndome condenado. La vela volvía a brillar no tan consumida como había imaginado, y la pesadez repentina que me había paralizado parecía haber desaparecido ahora junto con la sombra que ya no se encontraba en el lugar. Me incliné hacia Johann, aliviado, y lo envolví con mis brazos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó.
—Oh Johann, me tenías tan asustado. ¿Acaso no recuerdas nada?
—La apuesta y el bosque, por supuesto; un claro entre grandes árboles, extraño pero sereno. Recuerdo que me atrajo, no podía hacer nada para evitarlo, y… nada más.
—Tiene que haber algo más, Johann. Todavía temo por tu bienestar. Tienes que decírmelo todo. Intenta recordar, por mí.
—¿Y qué no sería capaz de hacer por ti, Lucile, dime?
—Entonces demuéstramelo ahora, por favor.
—Primero algo de beber. Estoy sediento y muero de frío.
Le serví algo de leche en la que vertí unas pocas gotas de licor de la petaca que tan fielmente cargaba conmigo. Acerqué el recipiente a sus labios, no sin antes advertirle que el líquido ya estaba frío, y lo sostuve mientras bebía, pausado pero con sorbos profundos que muy dificultosamente atravesaron su garganta.
Todo el temor que era capaz de experimentar palideció a la par del alivio que me invadió al notarlo tan vivo, al sentirlo tan cálido y despierto, y al notar su atención recuperada. Quise abrazarlo, estrecharlo con fuerza contra mi pecho para consolarlo hasta el cansancio y hacerle olvidar esa mala experiencia que, pese a todo lo descrito, todavía parecía dueña de su semblante. Alejé el vaso de sus labios y con el pulgar limpié una perla blanca que amenazaba con resbalarse, y en un arrebato de la más insondable honestidad, me incliné sobre Johann, para hacerle saber con mis labios pero sin palabras, la importancia que su vida tenía sobre la mía.
—¿A qué ha venido eso? —preguntó, sorprendido.
—¿No te atreves a adivinar?
—Mi cabeza se siente pesada todavía.
—¿Y el frío?
—Ya casi como una segunda piel.
—Y no debería ser así —dije, acercándome. Lo rodeé con mis brazos para ver mi deseo realizado—. ¿Mejor?
—Los chicos se resentirán al notar cómo me favoreces.
—No niego que siempre intentan acaparar mi atención, pero puedo asegurarte de que es de la forma más inocente que puedas imaginar. No paso de ser una novedad para ellos. «El citadino en el campo». Por otro lado, no eres tú quien suele buscarme, Johann, todo lo contrario. Pero siempre juegas al desentendido.
—Y mis razones son válidas para hacerlo.
—Lo sé —respondí, depositando un beso en su cuello—, pero cuando estamos solos pierden toda validez. ¿No tomarías el riesgo por mí?
—¿Y no es eso lo que estoy haciendo en este momento?
—Y sólo porque todavía estás ausente. ¿Cómo va esa memoria?
—Dispersa. Parece una pesadilla. Tuvo que haber sido una pesadilla —agitó la cabeza, asustado—. Es de noche todavía, y en ese sueño… Vi dos puestas de sol y tres amaneceres, ¿cómo explicas tal cosa, Lucile?
—Ya lo has dicho tú: un sueño.
—Me resulta tan difícil convencerme.
—A mí sólo me basta el tenerte sano y salvo en mis brazos.
—Con tan poco te conformas.
—Sólo porque soy paciente —respondí, estrechándolo con más fuerza—. Aunque la verdad, deseo saber qué te sucedió, Johann. No podría dormir con la idea de que tu vida, por alguna u otra razón, todavía corre peligro.
—Ya te dije que es todo muy vago.
—Al menos deja que el doctor te examine. Mandé a los chicos por él. Han de estar en camino.
—¿Me dejarás dormir mientras tanto?
—Preferiría que no. No podría con el miedo.
—No me pasará nada, Lucile. Ya estoy a salvo —dijo, inclinándose hacia mí, favoreciendo de esta forma nuestra cercanía.
Para mi buena o mala suerte, soy un joven difícil de convencer. Por más que Johann insistiera en su bienestar y en su completa recuperación, el miedo que atenazaba mis sentidos no había desaparecido, ni siquiera buscaba disminuir. La luz de la vela a la que tanto le había temido estaba ahora quieta, y la cera casi por completo consumida. Me aferré al resplandor azulado que marcó su final mientras en silencio esperaba que los hilos plateados de la noche tejieran nuevas figuras en la oscuridad.
El viento dejó de ser una brisa. Las viejas tablas del molino comenzaron a agitarse, golpeándose entre ellas y enterrando el silencio sepulcral que hasta ahora nos había envuelto. Había algo macabro en ese rechinar presuroso y seco, algo que pronto me invadió en forma de una horrenda corazonada que se me adhirió al pecho hasta hacerlo arder. En el fondo, intensificado tal vez por la soledad, el constante relinchar de un caballo que, esperaba de todo corazón fuera el del Dr. Schooles, se apoderó de todos mis sentidos. Por un instante no fui capaz de distinguir si era Johann quien descansaba tan plácidamente en mis brazos. Como pude alcancé a acariciar sus mejillas, las cuales ya no encontré frías. Coloqué ambas manos sobre su pecho y me reconforté con el cálido golpeteo de su corazón. Todo dentro de Johann era tranquilidad y calma, todo fuera de mí era caos y miedo.
Suspiré. Acaricié mis labios contra su piel una última vez. Dejé su cuerpo dormido sobre el lecho, mientras con mi falsa valentía salía al encuentro del jinete que esperaba montara a ese torpe animal al que la noche había asustado. Escuchaba su relinchar y los cascos violentos y rápidos contra el suelo. Con la claridad proporcionada por la luna pude posicionarme en dirección al pueblo, pero para mí desgracia, el sonido no parecía provenir de ahí. En un intento de razonamiento apresurado me dije que era el bosque, el que se encontraba a varios metros de distancia, el que aprisionaba el sonido que luego liberaba con un eco un tanto distorsionado que se movía en varias direcciones a la vez. No conseguí convencerme con esto, pero no desistí en el intento. Me sentía completamente desamparado ahí, desnudo, incapaz de proteger a Johann del peligro que presentía se avecinaba.
Todo lo que ocurrió a partir de ahí fue demasiado apresurado, demasiado desconcertante, demasiado salvaje y extraño. Algo me tiró al suelo. Caí con un sonido seco que me hizo creer que algunos de mis huesos habían resultado dañados. En vano intenté levantarme, pero la fuerza de mi desconocido atacante me superaba, el solo peso de su cuerpo ya resultaba demasiado sorprendente por sí mismo. Forcejeaba inútilmente mientras unas manos frías y secas tanteaban mi piel con violencia, casi temía que lo hacía con la intención de arrancármela de tajo. Y entonces, en un arrebato que debió haber sido regalo de la fortuna, pude liberarme. Y así lo vi… Con un tono carmesí apenas a medias… El caballero plateado, tal como había dicho William.
—¿En dónde está? —siseó.
El miedo me petrificó, el aliento se me quedó congelado en la garganta haciendo imposible la articulación de cualquier sonido. No hubo violencia en sus palabras, y el ataque que recién había recibido no podía justificar su procedencia de un cuerpo tan delgado y delicado y menos de un rostro tan sereno y andrógino. Su porte aristocrático resultaba similar al de algunos de mis compañeros de la universidad que se jactaban de su sangre noble, sin embargo, su presencia sí conseguía resultar intimidante, incluso respetable, con un aire más de nobleza que de simple adinerado. Al igual que Johann, debía encontrarme en un sueño, me dije. Uno demasiado real, y de ahí el temor y mi inhabilidad para escapar de él.
—¿En dónde está? —repitió.
Agité la cabeza, confundido. Su voz ahora era menos tenebrosa, pero no del todo humana. Me pareció notar que las facciones de su rostro se habían torcido en un gesto doloroso, pero debió haber sido mi imaginación otra vez.
Resultaba natural mi poca capacidad para leer sus facciones, cualquier muestra de lucidez era rápidamente remplazada por el asombro, incluso más que el miedo y el desconcierto. Había una naturalidad sombría en la apariencia del caballero; y ahora, en su prudente distancia, me pareció distinguir un arrebato de reserva, como si, efectivamente, esperase mi respuesta tal como la cortesía lo demandaba.
Su apariencia no podía ser más extraña, era lo único que no me pasaba desapercibido. Todo en él se asemejaba al resplandor mortecino de la luna, salvo por su boca, tan roja como la sangre. Había cierto brillo en la mirada, una especie de brillo que tal vez tenía su origen en el anhelo por la vida que seguramente ya no poseía. En otro tiempo quizá podría habérsele arrancado la tristeza de los ojos, pero en ese momento era la mirada de la muerte misma. La muerte, supuse yo en un último instante, que desesperadamente buscaba a Johann.
La ferocidad del caballero tal vez tenía su origen en eso; en la pérdida de su presa por circunstancias que ni el tiempo me permitía conjeturar ni yo mismo me alentaba a adivinar. La preocupación volvió a invadirme y con ella la sensación de derrota, y la certeza de que, ante tal presencia sobrenatural, mi fortaleza no era más que un pequeño engaño.
No supe cómo proceder a partir de ahí, y en mi ineptitud, mi cuerpo se quedó paralizado. Imaginé, por un segundo, a Johann, todavía recostado recuperando las fuerzas. Debía estar lo suficientemente exhausto como para que mis gritos no lo despertaran, y aunque quisiera advertirle, no podría hacerlo sin revelar su posición, lo que de igual manera resultaría inútil porque dudaba mucho que tuviera los ánimos para levantarse y huir a expensas de mi propia seguridad.
No vislumbré más alternativa que echarme correr en dirección contraria, con la clara intención de desviar la atención del monstruo mientras Will y Christian llegaban con ayuda, lo que no debía demorar mucho. Para mi decepción, la reacción del caballero no fue la esperada, pues éste en lugar de perseguirme, se quedó quieto. Levantó la mirada y olfateó el aire, para luego sonreír.
—¡Qué esperas! —le grité.
En un segundo, o en menos tiempo, quizá; desapareció. Se desvaneció en el aire con una delicadeza poco acorde al salvajismo con el que había aparecido para derrumbarme, y en una reacción totalmente descontrolada, me eché a correr en dirección al molino.
Lo que vi estuvo a punto de detenerme el corazón, pero mi reacción resultó apremiante; al percatarse de mi presencia el monstruo se alejó de mi amigo dormido, y torciendo una mueca de descontento se mimetizó con la oscuridad, haciendo que el terror que ya le profesaba aumentara. No pensé en más que sacar a Johann de ahí, pese a las limitaciones de tal empresa, sin embargo, no veía más opciones que esa.
Me acerqué a Johann con cautela, tan atento al entorno como me fue posible. Intenté despertarlo con delicadeza, pero la prisa me obligó a propinarle una bofetada que pronto consiguió despertarlo de su sueño.
—Tenemos que irnos —dije con prisa—. Levántate, Johann. No hay tiempo.
—Cualquiera diría que has visto un fantasma, mi querido Lucile —bostezó, al tiempo que se sobaba la mejilla enrojecida.
—Y más que eso —respondí, apresurándolo.
Johann parecía empecinado en poner a prueba mi paciencia, sus ademanes torpes y sus constantes bostezos no hacían sino desmentir la razón por la cual yo me encontraba tan preocupado por su bienestar. Yo estaba tan dispuesto a sacrificar incluso mi vida, de presentarse el caso, con tal de verlo sano y salvo; y él no hacía sino observarme con infantil curiosidad.
—No hay tiempo para esto, Johann. Por lo que más quieras, hazme el favor de ponerte de pie. Si tienes energía para burlarte de mí haz de tener de sobra para levantarte y echarte a correr.
—Y lo dices con tanta seriedad —sonrió.
—¡Por lo que más quieras, Johann!
—Sólo porque me encanta complacerte —dijo, para segundos después ponerse de pie con una facilidad que ni se me había ocurrido estimar.
Verlo tan recuperado hizo que recobrara parte de mi ánimo, pero la verdad seguía siendo otra: un monstruo nos acosaba, y no podía yo suponer siquiera qué debía hacer para ponernos a salvo. Si bien ya no sentía su presencia, no podía subestimarlo puesto que desconocía la totalidad de sus habilidades, y ni siquiera me atrevía a imaginar la magnitud de éstas. No había razón para empeorar mi estado cuando lo creía recuperado, porque esto podía entorpecer mi forma de reaccionar ante futuros predicamentos.
Nuestra intención era abandonar el molino con prisa, pero nuestro paso ni siquiera llegaba a ser un trote. Seguía preocupado por su bienestar físico, pero lo cierta era que Johann parecía tan despreocupado como si se encontrara en un viaje de campo un agradable día de verano. No voy a negar que su comportamiento consiguió enfurecerme, pero esa no era mi prioridad. Seguimos avanzando en silencio hasta que me sentí lo suficientemente a salvo para hablar.
—Con un poco de suerte encontraremos a los demás de camino. El pueblo apenas está a veinte minutos, no pueden demorar más —dije más para mí que para Johann, que parecía seguir perdido en la luna.
—Eso si es que no están esperando al doctor —comentó Johann, divertido—. Se te ha olvidado, Lucile, que el Doctor Schooles no es ningún ocioso, y que disfruta tanto de su profesión como para descuidar su propio hogar durante días. Y si los chicos no lo hallaron, ¿no es mejor suponer que no los encontraremos de camino, dado que todavía deben estar esperándolo?
—Mal momento escogiste para hacerme partícipe de tus suposiciones, Johann, pero al menos me alegra notarte tan lúcido.
—Y yo insisto: pareces haber visto un fantasma.
A punto estuve de responderle cuando el caballero en cuestión, la fuente de todos mis temores, nos interceptó. Su figura resaltaba más clara ahora, sus ojos menos oscuros y sus manos y labios pálidos otra vez. Intuí que venía a reclamar la vida que había dejado en Johann, y sin pensarlo mucho me interpuse en su camino.
—¿Qué pasa? —preguntó Johann. Su voz dejó entrever un deje de desconcierto.
—Cuando te de la señal, échate a correr como si el mismísimo diablo te persiguiera.
—¿Y eso para qué? —rió—. Querido Lucile, ¿acaso has perdido la razón?
—¿Qué no lo ves? —inquirí, confundido.
—¿Ver qué?
—No es tiempo para una de tus bromas, por amor al cielo —gruñí, asustado. El monstruo seguía en su posición, sin moverse, pero con la sonrisa cada vez más ancha y tétrica.
—Ya basta, Lucile. Me estás asustando.
Y eso fue lo que noté en la voz, y lo que debió notar el caballero, puesto que cuando la última sílaba fue pronunciada por los labios de Johann, éste hizo el ademán de abalanzarse sobre nosotros. No supe cuándo reaccioné, sólo sentí la mano de Johann firmemente enlazada con la mía y la torpeza con la que nuestras piernas corrían, a ciegas, por un camino cada vez más oscuro, sin dirección aparente, y sin tener la certeza de que todavía éramos perseguidos.
Mis pulmones pronto comenzaron a reclamarme la falta de cortesía, sacando a la luz esas malas mañas citadinas antes las cuales ni la eminente amenaza a nuestras vidas podrían hacerle frente. Poco a poco la falta de aliento fue entorpeciendo mi trote, convirtiendo mis piernas en pesados plomos, hasta que el insoportable cansancio hizo que ambos nos detuviéramos.
El temor aumentó en mí, cosa que ya no creía posible, pero que se reflejaba en el sudor frío que empapaba mi piel y en los latidos de mi corazón que amenazaron con hacerme explotar el pecho en ese brevísimo instante en que fui consciente de nuestra posición: el bosque. Estábamos perdidos.
Miré a Johann, sentí un calor reconfortante al notar que, cuando se percató de mi mirada, una sonrisa se dibujó en sus labios. Con la poca energía que me quedaba corrí hacia él y lo estreché en mis brazos con toda la desesperación que sólo un hombre enamorado puede evocar ante la idea de la pérdida de la persona dueña de sus sentimientos. El sólo hecho de imaginarlo muerto me desconsolaba, pero en lugar de enfundarme el valor necesario para protegerlo me sofocaba, ahogando toda última señal de esperanza.
—Dime con total honestidad, Johann —le rogué, al tiempo que sostenía su rostro entre mis manos—, ¿no mientes cuando me dices que no lo ves?
—¿Ver qué, Lucile? Dímelo. No necesito verlo para creerte —asintió. Sus ojos ya eran como los míos y estaban llenos de terror. La luna había escapado de su prisión y ahora brillaba sobre nosotros con tal intensidad, como si en un acto de crueldad tratara que el desconcierto de Johann, el que gracias a ella apreciaba con claridad, me marcara irremediablemente.
—Es él… no sé lo que sea —balbuceé—. Tiene el cabello plateado, la tez blanca como la de un fantasma. Viste como un caballero, como un viejo noble, en un tono gris oscuro, pero anda descalzo y sus labios son rojos como la sangre. Sus ojos parecen hermanos de la muerte misma, y su sonrisa una hoz letal. ¿No has visto nada parecido en tu vida? ¿Ni siquiera en pesadillas?
—Si en pesadillas me acosara un ser como el que acabas de describir, hace mucho habría perdido la cordura. ¿Estás seguro de que no es todo el simple jugueteo de tu imaginación? ¿No es el miedo que adopta ante tus ojos esa forma al no reconocer su verdadera naturaleza?
—Quisiera tanto que fuera así, mi querido Johann, pero ya no puedo convencerme. Esa criatura te persigue a ti, amigo. Y no puedo soportarlo.
—¿A mí? —preguntó, sorprendido—. ¿Y por qué a mí? ¿Qué he hecho para ganarme esta maldición?
—¿No lo sientes en tu pecho? —pregunté, colocando la mano donde recordaba yacía la marca. Con delicadeza comencé a aflojar su camisa. La piel de Johann se erizó producto de mi súbita atención, pero cuando tanteé con la yema de los dedos sobre su piel hasta encontrar la herida, éste dejó escapar un quejido sordo. Entonces, casi en un hilo de voz, le dije—: Te ha marcado.
—No me asustes así, Lucile. Esto no es gracioso.
—Dime, ¿por qué habría de torturarte con una broma así de cruel? ¿Qué ganaría yo con eso? ¿Acaso crees que intento que busques mis brazos a fuerza de temor? ¿Tan desalmado me crees? ¿Tan superficial te resulta mi afecto sabiendo que no te he mostrado más que paciencia a pesar de tus constantes rechazos?
—Ni una cosa ni la otra, por supuesto —se apresuró en aclarar—. Pero no puedes negar que ni tu estado ni tus palabras cargan la seriedad suficiente para convencerme. Cualquiera te tomaría por loco, y si yo no lo hago es porque te estimo demasiado para ofenderte.
—Es porque me conoces —repliqué—, siempre te jactas de ello. Jamás te mentiría deliberadamente, y si alguna vez se me ocurriera hacerlo sería con el convencimiento de que tal mentira podría asegurar tu bienestar y felicidad. Todo esto lo sabes. Sólo tienes miedo de aceptar la verdad. Y la verdad es que has sido marcado por un monstruo, Johann, y que tu vida corre peligro —suspiré—. Y probablemente yo no sea capaz de hacer nada y la simple idea de perderte me tortura. Así que recupera el aliento y no reniegues ni me cuestiones cuando te pido que te eches a correr con todas tus fuerzas —culminé con un tono más serio. Un asentimiento de su parte dio la discusión por zanjada—. Ahora, vámonos; ya hemos perdido demasiado tiempo aquí.
No era mi intención matarlo de miedo pero si esto terminaba convirtiéndose en un efectivo aliciente no pensaba disculparme en caso de que saliéramos vivos de esa. Tomé la mano de Johann con seguridad. No dejé que el desconocer la posición exacta en la que nos encontrábamos resultara un impedimento. De todas formas, creía firmemente en que el supuesto caballero tenía la capacidad para localizar a Johann sin importar dónde se encontrara, así que daba igual la posición, sólo faltaba correr para mantener la distancia. Con suerte, la luz del sol lo ahuyentaría y ya con más tiempo y espacio, y sobre todo, con mucha más calma y lucidez, seríamos capaces de idear un mejor escape.
El bosque, naturalmente, era una inmensa maraña de sombras y susurros. Las copas de los árboles bailaban sobre nuestras cabezas agitando sus ramas y sofocándonos con los efectos que, junto a la luz de la luna, provocaban sobre el suelo. Mientras corríamos tomados de las manos, una extraña calma se fue apoderando de mí. Extraña, por supuesto, dadas las circunstancias, pues debía mantenerme alerta, atento a cualquier señal de peligro. Sin embargo, por más que me resistiera, algo había en ella que me arrastraba, casi incitaba a creer que la persecución por fin había concluido y ya nos encontrábamos fuera de todo peligro. Apelando a toda mi fuerza de voluntad no me detuve, pero no dejó de incomodarme el hecho de que una batalla de tal magnitud comenzara a abrirse paso en mi interior. Resultaba tan inoportuno que mis inseguridades y mis anhelos confluyeran en mi interior y casi al mismo ritmo, confundiéndome. Si me dejaba convencer la vida de Johann correría un peligro tremendo, y no podría vivir con la idea de haber sido el único culpable de ese desenlace.
Aparte de la sensación de apacibilidad había otra mucho más peligrosa: la sensación de que corríamos en círculos. No había nada en el camino que nos ayudara a medir la distancia recorrida, y con la prisa que nos movíamos mucho menos éramos capaces de intentar recordar la ruta tomada, los desvíos y atajos. Así que podría tratarse de una simple falta de percepción y no debía considerarlo un hecho real. Pero resultaba cada vez más difícil convencerme, y el que la luna aparentara total quietud sobre el cielo también me hacía creer que era muy poco el tiempo transcurrido, lo que tampoco ayudaba en absoluto. No alarmé a Johann con estas observaciones pero era cada vez más difícil no creer que todo lo hacíamos en vano.
Entonces, como si mis ruegos para encontrar una señal que desmintiera mis creencias hubieran sido escuchados, llegamos a un claro en el bosque, completamente bañado por la luz de la luna, y lo suficientemente amplio para sentirme expuesto. Claro que no pensaba descansar mucho tiempo ahí por las razones ya citadas, pero al menos servía de prueba para comprobar que nuestra carrera no había resultado en vano. Intenté normalizar mi respiración y recuperar un poco el aliento, y cuando estuve a punto de decirle a Johann que lo mejor era retomar el paso, él me soltó la mano.
—Es aquí —dijo con incredulidad—. Reconozco este lugar.
—Johann, hemos estado muchas veces en este bosque, es natural —dije, aunque yo no encontraba el lugar familiar en lo más mínimo—. Ahora, no perdamos el tiempo en esto…
—No entiendes —me interrumpió—. Lo recuerdo.
—Johann —lo apremié.
—El sueño, Lucile. Tres puestas de sol y dos amaneceres… La atracción.
—¿De qué demonios estás hablando?
—Es hermoso —sonrió—. Lo recuerdo ahora.
—¡Johann! —exclamé, confundido.
—Por eso siempre me encuentra.
—Por favor, dame la mano. Marchémonos ya.
—No lo recordaba, por eso no lo veía, y por eso me busca.
—Ya es suficiente. Basta, por favor —supliqué, temeroso. La piel me ardía en un copioso sudor frío que pronto me empapó sin remedio. Todo a mí alrededor parecía en calma y hasta el viento y el siseo de las ramas habían muerto. Corrí hacía él. ¡Estaba todo tan claro! Podía verlo, cada una de sus facciones, su sonrisa torcida, su piel nuevamente pálida y sus ojos abiertos de par en par como si… No pude aceptar la idea. Corrí a su dirección y lo estreché con fuerza—. ¡Johann! —grité. Tomé su rostro entre mis manos y presa de un pánico tan insoportable como esclarecedor, lo besé. Si habría de morir en sus manos, me llevaría algo de él conmigo, aunque tuviera que arrancárselo a la fuerza.
—Ya es tarde —sonrió.
—Todavía podemos huir.
—No. Ya está aquí.
—Los otros deben estar buscándonos. Sólo un poco más, querido Johann, por favor. No me hagas esto. Si tu afecto por mí es al menos la mitad de intenso que el que te profeso, no me hagas esto.
—Mi querido Lucile —dijo. Me miró con tanta complacencia que creí que había conseguido hacerlo mudar de parecer—. Está detrás de ti.
Mi respiración se detuvo ese instante en que su mirada y la mía se encontraron. Pude ver en él la profundidad de la muerte misma, el anhelo a un amor sombrío y la delicadeza de esa belleza que no puede explicarse con palabras. Me di por vencido. Mi cuerpo se dejó dominar por la apacible calidez de la muerte traída a este mundo por manos frías y secas. Ya no había nada que pudiera hacer más que cerrar los ojos y dejarme caer para que los brazos de ambas criaturas me retuvieran en ese rito de amor que se tiene que atravesar para llegar al otro mundo…
En mi resignación, sin embargo, olvidé que no era a mí a quien perseguía, y cuando abrí los ojos, el dolor, uno tan inmenso como inimaginable, terminó de quitarme la vida.
El caballero ahora parecía más humano. Su cabello ligeramente oscurecido en un tono casi rojizo, su piel menos pálida y sus facciones más hermosas. Verlo con tanta claridad no me pareció cosa de este mundo, como tampoco me lo pareció el hecho de que el cuerpo de Johann se encontrara a sus pies, completamente frío, desprovisto de cualquier señal de vida, pálido y seco. Sus ojos grises abiertos, como lagos gemelos que atrapan en sus aguas el resplandor de la luna. Su pecho cubierto por el rojo hilo de la vida…
El caballero no me había tocado, pero, negándome la existencia de Johann, ¿no me había matado por igual? Me levanté solo para avanzar un par de pasos y caer de rodillas. Podía sentir las lágrimas en mi rostro, pero no quería ni podía aceptarlas como reales. Entonces él se acercó, tomó mi rostro entre sus manos y me observó con un cariño que, de no ser por las circunstancias, habría calificado como honesto y verdadero. No rehuí de su mirada, ni dejé que sus manos frías congelaran mi determinación. Al igual que Johann, yo debía morir ahí, sólo así él se encontraría completo.
Asentí.
Sentí sus dientes en mi pecho, finos, y el calor de mi sangre, la vehemencia con la que sus labios la absorbían, y luego, casi en su última gota, esa lengua cálida que no atrevía a desperdiciar nada. Mi vida colgaba de un hilo, de un fino hilo plateado que debió desprenderse de su cabellera antes de que ésta se tornara por completo rojiza. Entonces una sonrisa y un beso, y por último, Johann muerto, a mí lado, y yo… yo muerto también. El resplandor de la luna al fin desapareció.
Cuál no sería mi sorpresa al abrir los ojos y sentir el ardor que produjo en estos la luz del sol, mostrándome de esta manera la vida que todavía parecía poseer. Totalmente desconcertado traté de reincorporarme, pero el cuerpo me pesaba y mi garganta estaba tan seca que ardía con la intensidad suficiente para que lágrimas afloraran de mis irritados ojos. ¿En dónde estaba? ¿Qué había pasado…?
—¡Jo…!
Fue en vano. La garganta no me dio para nombrarlo, y el recuerdo trajo consigo más lágrimas y más dolor.
—¡Lucile! —gritó alguien. Su voz me resultó tan ofensiva que a punto estuve de llamar su atención, y lo habría hecho si mi ánimo y mi voz lo hubieran permitido.
—¡Christian, Joseph! —volvió a gritar—. ¡Lucile has despertado!
William. Sin duda era William. Sólo su humildad era capaz de guardar el lecho de un moribundo con tanta delicadeza para luego destrozar este esfuerzo con su desentonada voz. Se acercó a mí con cautela, pero yo seguía tan poco lúcido que además de reconocer su presencia no pude hacer nada.
—Lucile —me llamó una nueva voz. ¿Christian?
—¿Qué demonios te pasó, amigo? —Otra voz. ¿Joseph?
Los miraba a todos con incredulidad… podía ser… ¿podía albergar la más mínima esperanza a pesar de haber presenciado el fatal destino de…?
William rápidamente me acercó un vaso del que apenas pude distinguir sabor y menos beber con facilidad. Con sorbos casi secos fui sintiendo la garganta recuperada, aunque por poco, pero al menos lo suficiente para que balbucir no me resultara tan doloroso.
—¿Johann? —carraspeé—. ¿Johann?
Todos sonrieron.
—No cambias —dijo William—. Johann duerme. No ha parado de buscarte. Fue el último en rendirse y, naturalmente, fue él quien te encontró. Ahora descansa en su hogar Está exhausto. Tres días de búsqueda dejan rendido a cualquiera. Hasta al más valiente de todos.
—¿Tres días? —inquirí. Comencé a negar. ¿Llevaba tres días dormido?
—No llevas ni un día dormido —se encargó de aclarar Joseph—; tres días duró tu búsqueda.
—No entiendo —balbuceé.
—¿Recuerdas el reto? —intervino Christian—. Le había tocado a Johann pero tú no lo permitiste. «Este chico es muy valiente, sólo será una broma para él», dijiste. Entonces lo decidimos otra vez y te tocó a ti. Curioso que no defiendas tu valentía como lo hiciste con la de tu querido amigo —bromeó.
—Aceptaste el reto y cerca de medianoche te internaste en el bosque —continuó William—. Tenías que permanecer ahí hasta el amanecer. ¿Cómo crees que nos sentimos cuando, en pleno mediodía, todavía no te habías dignado en aparecer?
Nada de lo que decían tenía sentido. Yo no había tomado el reto, ese había sido Johann, y fue a él a quien encontramos tendido en la entrada, completamente inconsciente… todo lo que había pasado a partir de ahí…
—La gente del pueblo se volvió loca —prosiguió Joseph con su típico tono bufón; despreciaba tanto la superstición como a la gente supersticiosa y no perdía oportunidad para burlarse de ellos—. Ni que se diga de buscarte. Nadie quiso. «La mansión en el bosque. El caballero. El caballero plateado se lo llevó, se lo llevó», decían, como borregos. «Se lo llevó y ahora está marcado de por vida. Su vida y la de él son una, inseparables, atadas en la muerte, en la vida en la oscuridad y en la sangre; uno de día, el otro de noche y blablablá» —rió—. Fue tan gracioso, que de no ser por la preocupación me habría reído durante meses.
—La búsqueda sólo la llevamos a cabo Will, Joseph, Johann y yo —relató Christian—. Pero imaginarás que era demasiado terreno el que debía cubrirse. El primer día la pasamos verdaderamente mal, y para el segundo se nos ocurrió enviar una carta a tu casa de campo exponiendo la situación con la esperanza de que tu padre, o quien la recibiera, no lo creyera una de tus tantas tonterías y se dignara en mandar ayuda, o al menos dinero, para convencer a alguna de estas personas a ayudar en la búsqueda.
—No hizo nada —sonreí yo. Conocía demasiado a mi padre y las ideas que tenía sobre mí.
—Pero nosotros igual no nos rendimos —intervino Will.
—Pero al menos nosotros tomábamos uno que otro descanso —agregó Joseph—. Johann no paró en absoluto, de ahí que ahora duerma. Bien caro pagó el que no nos concedieras la gracia de tu presencia a la hora estipulada —bromeó en medio de una falsa reverencia.
¿Cómo decirles que me jugaba la vida si no lo veía? Como mis amigos, no dudaba de sus palabras, pero había una necesidad diferente en mí, y el anhelo era tan fuerte como insoportable, y la sensación sólo sería aplacada cuando yo mismo comprobara con mis ojos y con mis manos que Johann se encontraba bien.
—Te encontró y te trajo a cuestas —dijo Will—. Estabas muy mal.
—¡Y sigues viéndote tan mal! —bromeó Joseph—. Por suerte el doctor Schooles dijo que no pasaba de una insolación y una leve deshidratación, y que con reposo y líquidos saldrías de esta como nuevo.
—Y no estamos ayudando mucho en la parte del reposo —intervino Will nuevamente—. Lo mejor es que sigas descansando, Lucile. Cuando Johann despierte lo pondremos al tanto de todo. Te aseguro que él está bien. No debes preocuparte.
—Gracias, muchachos —murmuré.
Estaba vivo, mis amigos lo aseguraban y no vi nada en ellos que me hiciera creer que no fuera verdad. Sin embargo, ¡qué difícil es convencerse cuando has experimentado todos tus miedos más profundos en una sola noche! ¿Acaso no podría ser que ahora mismo me encontrara en un sueño y la realidad seguía siendo esa noche de luna llena y de monstruos infernales? A raíz de esta idea me rehusé a cerrar los ojos. Si era así, me negaba a despertar. Si esa pesadilla era mi verdadera vida no quería retomarla, y mientras pudiera, no iba a retomarla. Johann estaba vivo aquí, y esa era la única vida que yo podía tener. Mi padre podría afanarse en enojos ante mi supuesto desenfreno, era mejor que me creyera un osado, un tonto derrochador, y hasta un muerto, que un enamorado; de todas formas, jamás comprendería ese anhelo de pasar las vacaciones en este remoto pueblo, entre amigos que no pertenecían al mismo estrato social.
Me reincorporé con dificultad y tomé el vaso que Will me había tendido con anterioridad. Debía tratarse de alguna infusión, mi paladar seguía inservible y sólo bebía por la necesidad que sentía de recuperarme a la brevedad posible. Entre más fuerza tuviera menos sueño sentiría y podría permanecer así hasta saciarme por completo de la presencia de Johann. No podía arriesgarme. Me desconsolaba la idea de volver a perderlo, tanto que si seguía pensando en ello corría el riesgo de perder la cabeza.
Lo cierta era, sin embargo, que la fortaleza de mi determinación y la de mi cuerpo no iban de la mano. Y por mucho que intentara no dormir, al final, no pude evitarlo. Con un tremendo dolor en el pecho vi los últimos rayos del sol antes que desaparecieran, al igual que la luna, esa noche…
Abrir los ojos se había convertido en una auténtica aventura por sí sola. No fue tanta la sorpresa el verme despierto en la misma habitación, sino tener a Johann —¡y con qué facilidad pude distinguirlo!—, a mi lado. Dormía, apretado contra mi costado, y sólo su calor me proporcionó el alivio necesario para mil vidas. Enterré los dedos en su cabello y con un poco de dificultad comencé a llamarlo.
—Gracias —le dije.
—¿Y eso por qué?
—Por estar vivo.
—¿Y no debería ser yo quien de esas gracias? —sonrió.
—¿Hay algo en mi existencia que te haga sentir agradecido?
—Y bien lo sabes —bostezó—, únicamente preguntas porque quieres que me deshaga en halagos hacia ti.
—Es que ya no quiero guardar silencio, Johann.
—Hay cosas que no pueden ser.
—Si supieras por todo lo que pasé ya no pensarías lo mismo.
—¿Y crees que yo no tuve mi dosis de sufrimiento? —inquirió, dolido—. ¿O es que crees que no corrí desesperado a través de todo ese estúpido bosque con el temor siempre acosándome con tu cuerpo sin vida?
—Pero me encontraste vivo, ¿qué más consuelo que ese? —repliqué—. Yo te vi morir. Vi como robaban cada gota de tu sangre, Johann. ¿Cómo puedo llegar a sobreponerme a eso?
—¿De qué hablas?
—Una pesadilla, espero.
—Y ahora tiemblas.
—Fue insoportable, no quiero recordarlo.
—¿Me lo contarás algún día?
—Por ahora prefiero olvidar —respondí, convencido.
Entonces Johann buscó mi mano, e hizo que, entrelazada con la suya, descansaran ambas sobre mi pecho. No podría haberme sentido más cerca de él que en ese momento, y tendría que haberme bastado. Sin embargo, no fue así.
—Johann, ¿me besas antes de despertar?
—El sol te ha hecho perder la razón. Deliras —bufó—. ¿Acaso no estás despierto ya? ¿Es esta otra de tus tontas bromas? Pues permíteme anunciarte que no caeré. Desde hoy tus artimañas no surtirán efecto en mí.
—Tengo miedo —susurré—. Tengo tanto miedo de que lo sea que no me atrevo a perder la oportunidad.
—¿De que sea qué? Me desconciertas.
—Que este sea el sueño y aquella la realidad.
—Basta, Lucile, ya no es gracioso.
Cerré los ojos. Había hablado demasiado ya y la garganta volvía a arderme por el esfuerzo. Pero no iba a rendirme, iba a insistir hasta conseguir algo porque la idea de perderme esa última oportunidad no me dejaría en paz hasta verla realizada. Pensaba en esto cuando la mano que sostenía la mía se liberó. A punto estuve de renegar y entonces, en una acción todavía más sorpresiva, sentí el peso del cuerpo de Johann sobre el mío. Se había sentado a horcajadas sobre mí, y ahora me veía con el dolor que anteriormente, intuí, se había esforzado en disimular.
Tomó mis manos y la estrechó contra su pecho, contra sus labios. Estaba fascinado con sus atenciones. ¿Quién era yo para cuestionar su experiencia? Me regañé internamente y luego, con cierto esfuerzo, salí en su encuentro, envolviéndolo débilmente con mis brazos, buscando sus labios, los que primero me negó pero que luego entregó con total consciencia. No podría haberme hecho más feliz, y esperaba despertar en él, sino una emoción más intensa, al menos una bastante similar. En cuestión de minutos nos despojamos de nuestra ropa, y en arrebato totalmente ajeno al intercambio que realizábamos, busqué en su pecho la herida que lo había marcado para la muerte.
Fue inmensa mi alegría al no encontrarla, y me entregué a él con el consuelo de saberme despierto al fin, y lejos de todo mal. Su cuerpo y sus atenciones fueron lo único que pudieron terminar de convencerme. Ni en mis sueños más locos habría esperado semejante intensidad, entonces, ¿cómo podría tratarse este de un sueño? ¿Cómo un sueño habría permitido que rozara su piel con mis manos, con mis labios…? ¿Cómo su voz habría resultado tan real de no serlo; y sus suspiros, tan míos como suyos? Y esa deliciosa extenuación que casi conduce al delirio, al desenfreno… Ver mi propia debilidad traducida en caricias cada vez más pobres, pero en atenciones más intensas. Sus atenciones, esas que siempre busqué y me fueron negadas; y sus sentimientos, apresados en su piel, que gracias a nuestro contacto ahora resultaban familiares en la mía. Si era mío no era un sueño, porque en sueños ya lo había tenido, pero nunca así.
—No tengo palabras —susurré, cansado.
—¿No es lo que esperabas? —preguntó Johann, acariciándome el pecho.
—Mucho más —respondí, tomando su mano.
—Gracias —volví a decirle.
—¿Otra vez? —sonrió—. ¿Y ahora por qué?
—Por estar vivo.
—Agradéceselo a mi madre —bromeó.
—No me faltan ganas, sólo espera que me recupere.
Rió y esto bastó para que renaciera en mí el deseo de abrazarlo y besarlo. Sin bien tenía la ligera sospecha que, al recuperarme, todas sus atenciones quedarían en el olvido al verme ya dispuesto a enfrentar la vida tal y como era en realidad, ahora albergaba la pequeña esperanza de recibir algo de él siempre y cuando fuera con total discreción. Esto haría de mis días en la ciudad un martirio, martirio que se vería recompensado de la mejor manera siempre y cuando todo viniera de él.
—¿Ahora si dormirás? —continuó—. Deberías seguir descansando.
—¿Para perderme esto?
—Debes descansar, Lucile. Falta tiempo para tu partida —susurró—. Así que descansa ahora antes de que sea demasiado tarde.
—Y sólo porque tú me lo pides.
—Los otros se enfadarán si se enteran de lo mucho que me favoreces.
—Ya lo saben —sonreí—. Y me parece que hace unos minutos no te importaba mucho.
El miedo ya me había abandonado por completo cuando esta vez me permití cerrar los ojos con la intención de no abrirlos en mucho, mucho tiempo. La calidez del cuerpo de Johann a mi lado contribuía a esta paz, y el deseo de descansar para volver a tenerlo hizo que todo fuera más fácil. ¿Pero acaso nuestros deseos no son engañosos? En ese poco lapso, en ese interminable ir y venir de minutos y días, de días y de noches, ¿cuántas veces me había engañado ya? ¿Estaba dormido en realidad? ¿Volvía a caer en la trampa de la vigilia y el sueño?
Me pareció despertar. Era de noche. La luz de la luna se colaba por la ventana y la única cosa que impidió que perdiera la cabeza fue la presencia de Johann a mí lado. Suspiré, aliviado. El viento había comenzado a susurrar cerca de la ventana. La estancia estaba tan iluminada que era como si la luna misma hubiera entrado en ella sin nuestro permiso. Fue extraña, esa luminosidad, esa claridad tan copiosa que le daba forma a todo lo que se encontraba en la habitación. Había algo frío en ella, y una pesadez que provocó de todo en mí, aunque mi cuerpo sólo alcanzó a demostrarlo con la forma descontrolada en que se me erizó la piel. La familiaridad que me embargó empeoró mi estado, al punto que me pareció ver realizado lo que tanto había temido al despertar. Difícil sería convencerme otra vez de que ese era un falso despertar, y que volvía a estar atrapado en una pesadilla.
Como si se tratara de una premonición, supe donde guiar la mirada para encontrarme eso a lo que tanto le temía. Nunca quise haber estado más equivocado en mi vida, pero ya no había nada que hacer. Él estaba ahí, y me miraba. Su cabello seguía rojizo y de no ser por su mirada y su sonrisa, lo habría creído un humano. Lo había visto tan de cerca ya que no había manera de que no lo reconociera. Me quedé quieto y apesarado. No podía marcharme sin dejar a Johann en sus garras, y aunque hubiera querido gritar para advertirle, de mi garganta apenas se escapó un silbido seco que me condenó como el más cobarde de todos los hombres. Agachando la cabeza me resigné, pero no permanecí mucho en este estado. Algo en él me obligaba a verlo, y así lo hice.
El caballero sonrió, llevó el dedo índice hasta sus labios indicando que hiciera silencio. ¡Cómo si hubiera podido decir algo! Por tonto que parezca, esto me indignó, mi cobardía era así de grande y esta era su manera de burlarse de mí. Yo me había dejado enteramente dispuesto no sólo para que me arrebatara la vida sino también para que me condenara con su desprecio, con sus aires de aristocrática superioridad, con la grandeza de aquel quien no obedece a nadie. Entonces volvió a sonreír, esta vez casi con complicidad, mientras con ese mismo dedo se dedicaba ahora a señalar a Johann. Me estremecí. Negué rápidamente. Le mostré mi pecho convencido de que podía escuchar mi corazón palpitante hacía unas pocas horas feliz y ahora aterrorizado por su presencia y lo que significaba. Tenía que bastarle. Johann ya no estaba marcado, yo mismo lo había comprobado.
Para mi sorpresa, durante largo rato la criatura no hizo nada. Se limitó a verme a Johann y a mí intercaladamente, hasta que por último, después de verlo a él, se tocó el pecho, señalando ese lugar que tan fácilmente habría aprendido a localizar. Fue su forma de decirme: te equivocas. No tienes control sobre nada.
Inmediatamente me incliné sobre Johann y temiendo despertarlo inspeccioné delicadamente pecho: no encontré marcas. ¿Es que la marca yacía ahora en otro lugar? Afligido, me volví hacía la criatura, a la que encontré negando; ahora me señaló a mí.
No me estremecí cuando, al palpar mi pecho, un ligero dolor se extendió por éste, concediéndome así la certeza de lo que en realidad estaba pasando. El caballero me vio, con su sonrisa plateada, y se acercó a mí para robarme un beso. Sentí la sangre arder, y mi vida desperdiciarse, pero en ese momento, al recordar lo que había pasado, lo que me habían dicho al despertar… Johann ya no descansaba a mi lado, sino frente a mí.
El caballero me había atado, convenciéndome a través de Johann, y yo lo había aceptado, bajo la luna llena cuando, habiendo perdido la que creía era mi vida, asentí para que me diera la suya.
Y como en él se reflejaba la existencia de aquel a quien amaba, me resigné, albergando en mi pecho la esperanza de que, habiéndose saciado de su capricho, me liberaría al fin, en una vida que esperaba yo, esta vez si se tratara de un sueño.

 ___
Los comentarios siempre son bienvenidos.
¡GRACIAS POR LEER!

¡UN HOMBRE O NO!

Cuando me miras, ves a un hombre de 21 dejando atrás al niño bonito se ve parte de mi infancia. Todavía tengo el cabello rubio oscuro, ojos azules y piel lampiña, pero mi cuerpo se ha abultado gracias a tanto levantamiento de pesas y hormonas. En el gimnasio es posible que me admiren, vestidos con un ajustado pantalón y camiseta holgada sudorosa o short. Probablemente te he sorprendió una o dos veces viéndome......


¡UN HOMBRE O NO!
Cuando me miras, ves a un hombre de 21 dejando atrás al niño bonito se ve parte de mi infancia. Todavía tengo el cabello rubio oscuro, ojos azules y piel lampiña, pero mi cuerpo se ha abultado gracias a tanto levantamiento de pesas y hormonas. En el gimnasio es posible que me admiren, vestidos con un ajustado pantalón y camiseta holgada sudorosa o short. Probablemente te he sorprendió una o dos veces viéndome. Sin Embargo no soy lo que aparento, en realidad soy un eunuco.

[GAY] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [NULIFICACIÓN] [DOMINACIÓN]


Categoria: Gay      Autor: Anónimo





Cuando me miras, ves a un hombre de 21 dejando atrás al niño bonito se ve parte de mi infancia. Todavía tengo el cabello rubio oscuro, ojos azules y piel lampiña, pero mi cuerpo se ha abultado gracias a tanto levantamiento de pesas y hormonas. En el gimnasio es posible que me admiren, vestidos con un ajustado pantalón y camiseta holgada sudorosa o short. Probablemente te he sorprendió una o dos veces viéndome... tal vez te llame la atención, también. Tenías razón, si usted pensó que yo soy uno de esos "guardados" hombres como usted me vieron salir del gimnasio para volver con mi Amo a su mansión de Beverly Hills. Es posible que haya envidiado mi vida mientras conducía en mi Mercedes. Tal vez no sabía toda la historia.

Ahora sentado aquí en la casa de mí Amo. Estoy tomando el sol junto a la piscina mirando a mi cuerpo con su bronceado suave. Soy un hombre grande ahora, 1.80 de altura, con los músculos lisos y un cuerpo prácticamente sin vello. Mi Maestro había eliminado todo el vello de mi cuerpo cuando todavía estaba en mi adolescencia. Me quitó el vello de mi cuerpo, junto con mi virilidad. ¡Ustedes pueden ver que entre mis piernas no hay nada! Es un área lisa, sin vello totalmente desprovisto de un pene o testículos. Cuando abro mis piernas y miro, veo una pequeña cicatriz donde mi pene solía estar. Justo por encima de mi culo es mi pequeño orificio de orina, movido para que convenientemente pueda sentarme a orina. Al igual que una perra.

Cuando tenía 17 años, era un chico hermoso y yo lo sabía. Alto, rubio y ario, amaba llamar la atención donde quiera que fuese. Era nadador y corredor, con un hermoso pene de 28 cm y huevos que colgaban bajos. Con frecuencia se me acercaban hombres mayores con ofertas. Hice un montón de dinero extra disfrutando de su generosidad. Fue entonces cuando conocí a mi futuro Amo, un exitoso cirujano plástico de Hollywood, que me ofreció una vida de riqueza y comodidad. Mi Amo estaba orgulloso de mí y me mostraba a sus amigos como su "niño." Me alegré de alejarme de mi existencia mundana en el valle como el hijo de una madre soltera, alcohólica. ¡En Beverly Hills, era la envidia de todos mis amigos homosexuales! Pero no pasó mucho tiempo antes de estar aburrido con mi Amo y quería tener una aventura.

Mi Amo se volvió muy posesivo y celoso. ¡Discutíamos con frecuencia y le recordaba mis raíces blancas de la basura y amenazaba con enviarme de vuelta! Un fin de semana mientras él estaba ausente tuve una fiesta salvaje y tuve relaciones sexuales con uno de sus amigos. ¡Cuando regresó, se llenó de ira! Él me encerró en mi habitación. Esa noche entró en mi habitación con otros hombres y me agarró de mi cama. Los hombres me llevaron dando patadas y tratando de escapar. Dijo que iba a arreglarme para que pudiera comportarme y obedecer a su Amo como un buen esclavo debería hacerlo. Tomó mis huevos esa noche.

Al cabo de unos meses, mis impulsos sexuales habían disminuido. Era mucho más sumiso a él por lo que podía obedecerle. Atesoré mi vida rica y quería mantenerla. Mi Amo me convenció para que por medio de electrólisis, el cabello de cabeza fuese removido. No tenía mucho cabello para empezar, y la idea me ha gustado. Es un hombre muy dominante, que debe controlar. Le di un mayor control con cada día. Empezó a presentarme como su joven esclavo. Él se involucró más con la comunidad de cuero que el año pasado. Me acercaba a mis 18 años, pero ahora totalmente sin cabello, cuando el Amo me propuso la idea del regalo perfecto. ¡Él iba a llevarse mi pene!

Al principio me resistí, pero la idea le excitó tanto que quería complacerlo. Estuve de acuerdo, y la noche antes de mi cumpleaños 18 entre a cirugía. Tenía algunos de sus amigos ahí mientras me operaba. Me puso muy alta y me dio anestesia local, por lo que también podía ver. Era como si estuviera fuera de mi cuerpo, mirando desde arriba de la habitación. Vi como cortó mi entrepierna, un corte en forma de V profundo, cortando los músculos que anclaban mi pene a mi cuerpo. Me quitó el órgano, así como mi escroto vacío, y me cosió después me hizo un nuevo agujero para orinar. Algunos de los hombres se masturbaban mientras me observaban. Cuando terminó me desmayé.

Me desperté en mi cumpleaños 18 como un nuevo hombre.

Seis meses más tarde, me había convertido en su esclavo total. Comenzó a darme testosterona y mi interés en el sexo aumentó dramáticamente. Se la chupaba y dejaba que me penetrara muchas veces al día. Con un pene, me hice sexualmente satisfecho al renunciar que estaba bajo el control de mi Amo. Se convirtió en un Amo S & M, y disfrutaba de su control, abuso verbal y humillación.

Un día mi Amo me dijo que íbamos a la playa, y me compró un traje nuevo de baño. Era un bikini tanga, ¡que una mujer podría llevar! Estaba terriblemente avergonzado, pero me lo puse para complacerlo. Caminé por la playa pública ese día con ese bikini mostrando mi culo por encima de mi entrepierna, ¡sin mostrar un bulto en absoluto! Hombres y mujer me dieron cuenta y sonreían, luego miraban mi entrepierna castrado y ¡oh! Mi Amo sonreía con placer intenso, y me ordenó que le trajera bebidas y comida luego jugamos Frisbie con nuestros amigos. Yo estaba rojo de vergüenza, pero estaba increíblemente emocionante, también. Esa noche, mi Amo me penetro como nunca lo había hecho antes.

Poco después de eso, mi Amo escogió un día soleado de agosto como mi día especial. Me compró un traje de cuero completo. Casco, bandas para los brazos, arnés, collar de perro, botas y otras cosas. Sus amigos fueron invitados a una fiesta en la piscina en mi honor y tuve que esperar un gran rato antes que hiciera mi aparición. Mi corazón latía mientras estaba de pie frente a un espejo, mirando a un hombre joven y bonito completamente vestido de cuero... un agradable, culo depilado desnudo colgando por la parte de atrás, pero ¡NADA por delante!

Mi Amo entró y me puso una correa de perro en mi cuello y me acompañó a la fiesta hasta la piscina. Hubo un silencio respetuoso, seguido de un aplauso. Tal vez oí algunas risas, también, no estoy seguro. Mi Amo animó a los hombres a que me observan, permitiendo que algunas de ellos tocaran mi entrepierna vacía. Era irónico que en ese momento, que ya no tenía un pene, mi Amo estaba dispuesto a compartirme sexualmente. Mientras él estaba en control y decidió que así sería. Pronto me relajé cuando otros se dedicaban a sus negocios y aquellos que estaban interesados ​​me tocaban. Incluso me gustó los toques de los hombres, ¡y estaba empezando a sentirme realmente caliente!

Algunos preguntaron cómo era que orinaba, y mi Maestro me ordenó que les mostrara. Se refirió a la cama de flores y me dijo que pusiera en cuclillas allí... y me dijo que lo hiciera, ¡mi cara se puso roja de vergüenza! ¡Me hizo sentir muy caliente!

"Buen chico", dijo cuando estaba hecho. Por ser tan buen muchacho, mi Amo dijo que me iba a darme un regalo especial. Había un gran número de hombres jóvenes que estaban allí curiosos y podía escoger a uno para tener sexo, si quería. Había un hombre joven de cabello oscuro, con el vello del cuerpo exuberante que me llamó la atención antes, y con mucho gusto acepte. Fue la primera vez desde mi castración que había estado con otro hombre ¡y la emoción fue intensa! Fuimos adentro donde se desnudo. Éramos los opuestos, era masculino, guapo, peludo y viril, ¡con un enorme pene! Me hizo acostar de espaldas y extendió, abriendo mis piernas, pasando su lengua por mi entrepierna sin pene. Me lamió el culo, como el nuevo agujero de orina, y la cicatriz por lo que pareció una hora, luego me dijo que me pusieran en cuclillas sobre rostro y lo orinase. Con ganas de agradar, hice lo que me pidió, orinando en su boca mientras se masturbaba. Terminó luego penetrándome por mi culo.

Pasaron los años y yo vivía mi papel de niño esclavo de mi Amo. Mi única vida social era mientras trabajaba en el gimnasio, aunque nunca me duchaba ahí y rara vez hablaba con los demás. Nuestra vida privada se hizo más y más tortuosa, cuando mi Maestro se involucro más en la comunidad S & M. Era su secreto oscuro, separado de su vida pública y la práctica privada. Me obsesioné con eso, siendo un semental musculoso - tal vez para compensar lo que, obviamente, no tenía.

Tuve sexo en grupo, sexo con algunas mujeres, incluso, era un esclavo cuyo único trabajo era el de complacer. Me gustaba hacer lo que mi Amo mandara que hiciera. Él me ordenaría a caer de rodillas y chupar el pene de un extraño o comerle la raja a una mujer lo hacía sin lugar a dudas.

No tuve otra sesión privada uno a uno como la que tuve en mi fiesta de presentación. Pero yo deseaba al hombre joven y atractivo, recordando sus besos extrañándolo, el despertó nuevos sentimientos que tenía dormidos en mi.

Hace unos meses, mi Amo sufrió y murió de un ataque al corazón. Tenía solo 63. No sé lo que va a ocurrir a continuación, pero sé que pronto voy a tener que moverme. Me siento aquí desnudo en la piscina y me quedo mirando mi entrepierna vacía... Extraño el control. Echo de menos el toque de otro hombre. Y por primera vez en años, me he olvido de mi pene.




Historia Original Aquí..






Autor: Anónimo       Traductor: DarkSoul

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Cuando me miras, ves a un hombre de 21 dejando atrás al niño bonito se ve parte de mi infancia. Todavía tengo el cabello rubio oscuro, ojos azules y piel lampiña, pero mi cuerpo se ha abultado gracias a tanto levantamiento de pesas y hormonas. En el gimnasio es posible que me admiren, vestidos con un ajustado pantalón y camiseta holgada sudorosa o short. Probablemente te he sorprendió una o dos veces viéndome......


¡UN HOMBRE O NO!
Cuando me miras, ves a un hombre de 21 dejando atrás al niño bonito se ve parte de mi infancia. Todavía tengo el cabello rubio oscuro, ojos azules y piel lampiña, pero mi cuerpo se ha abultado gracias a tanto levantamiento de pesas y hormonas. En el gimnasio es posible que me admiren, vestidos con un ajustado pantalón y camiseta holgada sudorosa o short. Probablemente te he sorprendió una o dos veces viéndome. Sin Embargo no soy lo que aparento, en realidad soy un eunuco.

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Categoria: Gay      Autor: Anónimo





Cuando me miras, ves a un hombre de 21 dejando atrás al niño bonito se ve parte de mi infancia. Todavía tengo el cabello rubio oscuro, ojos azules y piel lampiña, pero mi cuerpo se ha abultado gracias a tanto levantamiento de pesas y hormonas. En el gimnasio es posible que me admiren, vestidos con un ajustado pantalón y camiseta holgada sudorosa o short. Probablemente te he sorprendió una o dos veces viéndome... tal vez te llame la atención, también. Tenías razón, si usted pensó que yo soy uno de esos "guardados" hombres como usted me vieron salir del gimnasio para volver con mi Amo a su mansión de Beverly Hills. Es posible que haya envidiado mi vida mientras conducía en mi Mercedes. Tal vez no sabía toda la historia.

Ahora sentado aquí en la casa de mí Amo. Estoy tomando el sol junto a la piscina mirando a mi cuerpo con su bronceado suave. Soy un hombre grande ahora, 1.80 de altura, con los músculos lisos y un cuerpo prácticamente sin vello. Mi Maestro había eliminado todo el vello de mi cuerpo cuando todavía estaba en mi adolescencia. Me quitó el vello de mi cuerpo, junto con mi virilidad. ¡Ustedes pueden ver que entre mis piernas no hay nada! Es un área lisa, sin vello totalmente desprovisto de un pene o testículos. Cuando abro mis piernas y miro, veo una pequeña cicatriz donde mi pene solía estar. Justo por encima de mi culo es mi pequeño orificio de orina, movido para que convenientemente pueda sentarme a orina. Al igual que una perra.

Cuando tenía 17 años, era un chico hermoso y yo lo sabía. Alto, rubio y ario, amaba llamar la atención donde quiera que fuese. Era nadador y corredor, con un hermoso pene de 28 cm y huevos que colgaban bajos. Con frecuencia se me acercaban hombres mayores con ofertas. Hice un montón de dinero extra disfrutando de su generosidad. Fue entonces cuando conocí a mi futuro Amo, un exitoso cirujano plástico de Hollywood, que me ofreció una vida de riqueza y comodidad. Mi Amo estaba orgulloso de mí y me mostraba a sus amigos como su "niño." Me alegré de alejarme de mi existencia mundana en el valle como el hijo de una madre soltera, alcohólica. ¡En Beverly Hills, era la envidia de todos mis amigos homosexuales! Pero no pasó mucho tiempo antes de estar aburrido con mi Amo y quería tener una aventura.

Mi Amo se volvió muy posesivo y celoso. ¡Discutíamos con frecuencia y le recordaba mis raíces blancas de la basura y amenazaba con enviarme de vuelta! Un fin de semana mientras él estaba ausente tuve una fiesta salvaje y tuve relaciones sexuales con uno de sus amigos. ¡Cuando regresó, se llenó de ira! Él me encerró en mi habitación. Esa noche entró en mi habitación con otros hombres y me agarró de mi cama. Los hombres me llevaron dando patadas y tratando de escapar. Dijo que iba a arreglarme para que pudiera comportarme y obedecer a su Amo como un buen esclavo debería hacerlo. Tomó mis huevos esa noche.

Al cabo de unos meses, mis impulsos sexuales habían disminuido. Era mucho más sumiso a él por lo que podía obedecerle. Atesoré mi vida rica y quería mantenerla. Mi Amo me convenció para que por medio de electrólisis, el cabello de cabeza fuese removido. No tenía mucho cabello para empezar, y la idea me ha gustado. Es un hombre muy dominante, que debe controlar. Le di un mayor control con cada día. Empezó a presentarme como su joven esclavo. Él se involucró más con la comunidad de cuero que el año pasado. Me acercaba a mis 18 años, pero ahora totalmente sin cabello, cuando el Amo me propuso la idea del regalo perfecto. ¡Él iba a llevarse mi pene!

Al principio me resistí, pero la idea le excitó tanto que quería complacerlo. Estuve de acuerdo, y la noche antes de mi cumpleaños 18 entre a cirugía. Tenía algunos de sus amigos ahí mientras me operaba. Me puso muy alta y me dio anestesia local, por lo que también podía ver. Era como si estuviera fuera de mi cuerpo, mirando desde arriba de la habitación. Vi como cortó mi entrepierna, un corte en forma de V profundo, cortando los músculos que anclaban mi pene a mi cuerpo. Me quitó el órgano, así como mi escroto vacío, y me cosió después me hizo un nuevo agujero para orinar. Algunos de los hombres se masturbaban mientras me observaban. Cuando terminó me desmayé.

Me desperté en mi cumpleaños 18 como un nuevo hombre.

Seis meses más tarde, me había convertido en su esclavo total. Comenzó a darme testosterona y mi interés en el sexo aumentó dramáticamente. Se la chupaba y dejaba que me penetrara muchas veces al día. Con un pene, me hice sexualmente satisfecho al renunciar que estaba bajo el control de mi Amo. Se convirtió en un Amo S & M, y disfrutaba de su control, abuso verbal y humillación.

Un día mi Amo me dijo que íbamos a la playa, y me compró un traje nuevo de baño. Era un bikini tanga, ¡que una mujer podría llevar! Estaba terriblemente avergonzado, pero me lo puse para complacerlo. Caminé por la playa pública ese día con ese bikini mostrando mi culo por encima de mi entrepierna, ¡sin mostrar un bulto en absoluto! Hombres y mujer me dieron cuenta y sonreían, luego miraban mi entrepierna castrado y ¡oh! Mi Amo sonreía con placer intenso, y me ordenó que le trajera bebidas y comida luego jugamos Frisbie con nuestros amigos. Yo estaba rojo de vergüenza, pero estaba increíblemente emocionante, también. Esa noche, mi Amo me penetro como nunca lo había hecho antes.

Poco después de eso, mi Amo escogió un día soleado de agosto como mi día especial. Me compró un traje de cuero completo. Casco, bandas para los brazos, arnés, collar de perro, botas y otras cosas. Sus amigos fueron invitados a una fiesta en la piscina en mi honor y tuve que esperar un gran rato antes que hiciera mi aparición. Mi corazón latía mientras estaba de pie frente a un espejo, mirando a un hombre joven y bonito completamente vestido de cuero... un agradable, culo depilado desnudo colgando por la parte de atrás, pero ¡NADA por delante!

Mi Amo entró y me puso una correa de perro en mi cuello y me acompañó a la fiesta hasta la piscina. Hubo un silencio respetuoso, seguido de un aplauso. Tal vez oí algunas risas, también, no estoy seguro. Mi Amo animó a los hombres a que me observan, permitiendo que algunas de ellos tocaran mi entrepierna vacía. Era irónico que en ese momento, que ya no tenía un pene, mi Amo estaba dispuesto a compartirme sexualmente. Mientras él estaba en control y decidió que así sería. Pronto me relajé cuando otros se dedicaban a sus negocios y aquellos que estaban interesados ​​me tocaban. Incluso me gustó los toques de los hombres, ¡y estaba empezando a sentirme realmente caliente!

Algunos preguntaron cómo era que orinaba, y mi Maestro me ordenó que les mostrara. Se refirió a la cama de flores y me dijo que pusiera en cuclillas allí... y me dijo que lo hiciera, ¡mi cara se puso roja de vergüenza! ¡Me hizo sentir muy caliente!

"Buen chico", dijo cuando estaba hecho. Por ser tan buen muchacho, mi Amo dijo que me iba a darme un regalo especial. Había un gran número de hombres jóvenes que estaban allí curiosos y podía escoger a uno para tener sexo, si quería. Había un hombre joven de cabello oscuro, con el vello del cuerpo exuberante que me llamó la atención antes, y con mucho gusto acepte. Fue la primera vez desde mi castración que había estado con otro hombre ¡y la emoción fue intensa! Fuimos adentro donde se desnudo. Éramos los opuestos, era masculino, guapo, peludo y viril, ¡con un enorme pene! Me hizo acostar de espaldas y extendió, abriendo mis piernas, pasando su lengua por mi entrepierna sin pene. Me lamió el culo, como el nuevo agujero de orina, y la cicatriz por lo que pareció una hora, luego me dijo que me pusieran en cuclillas sobre rostro y lo orinase. Con ganas de agradar, hice lo que me pidió, orinando en su boca mientras se masturbaba. Terminó luego penetrándome por mi culo.

Pasaron los años y yo vivía mi papel de niño esclavo de mi Amo. Mi única vida social era mientras trabajaba en el gimnasio, aunque nunca me duchaba ahí y rara vez hablaba con los demás. Nuestra vida privada se hizo más y más tortuosa, cuando mi Maestro se involucro más en la comunidad S & M. Era su secreto oscuro, separado de su vida pública y la práctica privada. Me obsesioné con eso, siendo un semental musculoso - tal vez para compensar lo que, obviamente, no tenía.

Tuve sexo en grupo, sexo con algunas mujeres, incluso, era un esclavo cuyo único trabajo era el de complacer. Me gustaba hacer lo que mi Amo mandara que hiciera. Él me ordenaría a caer de rodillas y chupar el pene de un extraño o comerle la raja a una mujer lo hacía sin lugar a dudas.

No tuve otra sesión privada uno a uno como la que tuve en mi fiesta de presentación. Pero yo deseaba al hombre joven y atractivo, recordando sus besos extrañándolo, el despertó nuevos sentimientos que tenía dormidos en mi.

Hace unos meses, mi Amo sufrió y murió de un ataque al corazón. Tenía solo 63. No sé lo que va a ocurrir a continuación, pero sé que pronto voy a tener que moverme. Me siento aquí desnudo en la piscina y me quedo mirando mi entrepierna vacía... Extraño el control. Echo de menos el toque de otro hombre. Y por primera vez en años, me he olvido de mi pene.




Historia Original Aquí..






Autor: Anónimo       Traductor: DarkSoul

Calientes en el Autobus

Microrelato

Era un día de verano y mi esposa y yo nos fuimos con un grupo de excursión. Sin ninguna intención decidimos sentarnos en los últimos asientos del autobús.

Ya después de un día de playa, a la vuelta empezamos hablar de nuestras experiencias sexuales tras lo cual y casi sin darnos cuenta empezamos a tocarnos. Yo le metí la mano entre sus piernas y empecé a masturbarla metiéndole dos dedos en su raja. Pude notar que estaba bien mojada por lo que me entraron muchas ganas de chuparle todo su coño . Disimulando, todo lo que podíamos, me agaché entre sus piernas y empecé a chupárselo, mordiendo con mis labios su clítoris y metiéndole la lengua. Saboreando sus jugos hasta que logré llegar al orgasmo.

Fue una experiencia muy excitante, no sabemos si alguien se dio cuenta pero nosotros lo pasamos bien sabroso

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Mi vecino voyeurista 2

Segunda parte

Después del episodio del baño, empecé a caer poco a poco en su juego de manera sistematizada. En las mañanas salía con lencería de encaje de lo más sensual al balcón de mi recámara. Conjuntos de dos piezas y de colores oscuros como negro, guindo, o azules oscuros que resaltaban en mi piel extremadamente blanca, y que coronaba con una cortita bata de seda semi transparente para no parecer muy exagerada.

No quería que él se diera cuenta de que yo estaba consciente de su acoso. Ese era en resumen la parte esencial del juego, de mi juego; él debía sentirse alerta todo el tiempo, sentir la adrenalina de no ser atrapado en sus perversiones. Debía permanecer como un espía entre las sombras y nunca saber que fue descubierto. Es por eso que me divertía siendo lo más sensual que podía sin dejar de parecer natural. Pocas veces volteaba en su dirección y trataba hacer movimientos casuales que en el fondo sabía que lo estarían volviendo loco. Es esas mañanas salía con cara soñolienta y después de tomar una gran bocanada de aire matinal, en donde mis pulmones se llenaban sacando así mis abundantes senos a flote entre el escote de mi bata, procedía a realizar una serie de estiramientos que a decir verdad ya los realizaba antes de esta locura pero que ciertamente no de una manera tan provocativa como entonces, y menos en el balcón. Estos movimientos consistían primero en girar mi cuello de manera lenta en círculos, después en entrelazar mis manos y levantándolas hasta arriba, proceder a arquear mi espalda lo más posible sacando mis redondos pechos y levantando mi trasero poniéndome de puntitas; todo esto estando o bien de perfil, o bien de espaldas a la casa vecina. Otros ejercicios que tenía en esa rutina era girar mis caderas lentamente, utilizar mi elasticidad para subir ahora un pie, después el otro en él barandal del balcón inclinándome hacia enfrente para tocar la punta de mi pie y dejar salir mis senos. Y hacer sentadillas lentas y sensuales o simplemente empinarme para tocarme la punta de mis pies. Toda esta rutina no duraba más de 15 minutos pero sé que eran 15 minutos de mi tiempo que hacían arder en deseo a un joven espía, y eso, cuanto más lo pensaba, hacía que un ligero cosquilleo empezará a nacer en mi entrepierna.

El segundo encuentro visual, como ya mencioné, sucedía en el cuarto de baño. Aún con el conjunto encima, aunque algunas veces, cuando me sentía algo más divertida, sin la bata de seda encima, llegaba hasta el balcón del baño y abría las cortinas para dejar entrar la luz del sol. Después emprendía el viaje de regreso hacia la regadera caminando lo más cadenciosamente posible y moviendo mi trastero, que según mi marido, lucía espectacular con esas bragas que se escondían entre mis glúteos. No me desnudaba si no hasta ya estar dentro de la regadera, que como ya lo dije antes, era un cubículo en el centro de la habitación de un cristal transparente pero de visibilidad opaca, distorsionada, y que podía verse perfectamente desde la casa de enfrente. No me desnudaba ante él por qué quería que deseara mi cuerpo más y más cada vez. Que imaginara día y noche cada parte de mi y que construyera con su mente cada rincón de mi cuerpo que él no había alcanzado a ver aún.

Mi cuerpo a través del cristal dibujaba solamente mi silueta, e imaginaba mientras me bañaba que su sexo adolescente iba poniéndose más y más duro mientras me contemplaba. Casi podía verlo gotear por mí, y antes de reprocharme esos pensamientos tan absurdos, de un chico al que le llevaba más de 10 años de edad y que además no era para nada guapo; ya estaba con un par de dedos rozándome abajo y con la otra mano acariciando mis senos mientras el agua ardiendo, acaso no tanto como toda yo por dentro, se deslizaba por mi espalda y entre mis nalgas.

Al terminar, el vapor terminaba por dejar sin visibilidad a través del cristal. Cogía una toalla y me secaba dentro de la regadera, después la enredaba en mi cuerpo y salía de nuevo. La toalla cubría solo lo esencial; mis pechos apenas se contenían, desbordándose en cada paso que daba. Y debajo, la Tela apenas cubría la naciente marca de mis nalgas que ahora se veía y después se ocultaba ante el vaivén de mis pasos y el viento que se colaba debajo.

El jardín:

No sé absolutamente nada de jardinería. Pero después de una semana y de pensar que era muy aburrido esperar dentro de la casa sin poder mostrarme a mi admirador sin parecer muy obvia, pensé que debía de encontrar una excusa para salir donde pudiera verme sin parecer que ya había descubierto que me espiaba y que además me gustaba. Y después de darle vueltas al asunto, tuve la idea de salir al patio a simular que trabajaba en el jardín. Mi admirador tenía poco viviendo alado y supuse que no sabía aún que jamás en mi vida me había ocupado de esos asuntos y que de hecho, contábamos con un jardinero que venía cada cierto tiempo a ocuparse de esa tarea. Así que no me fue difícil arreglar la cuestión. Tome el teléfono y marque a nuestro jardinero, un hombre mexicano ya rondando los 60 años y que siempre se había portado muy decente conmigo, más allá de las miraditas discretas cuando me volteaba y él creía seguro deleitarse con mi cuerpo sin que yo me enterará. Pero las miradas pesan, y más cuando están cargadas de deseo, y eso lo he aprendido muy bien en los últimos meses. En fin, aún así sus miradas siempre las sentí con deseo, si, pero siempre con un toque inocente por su edad y nunca me llegaron a molestar.

-Felipe, habla Nancy mcallister de Chester hill.

– Ooh, hola señorita, ¿cómo ha estado?- me dijo con gusto en la voz

– Muy bien, gracias por preguntar Felipe-

– No es nada señorita. Pero, creo que no me toca ir a su casa hasta el próximo miércoles. ¿Pasó algo con el jardín? A ya se, son los rosales ¿verdad? El perro de los Ramírez se metió de nuevo al jardín ¿no es así?

– No Felipe, no son los rosales. Es solo que quería pedirte un favor- le dije con un tono coqueto, ese tono que según mi marido volvía loco a cualquier hombre

– Por supuesto que sí señorita, usted sabe que estoy a sus ordenes- dijo con sincero entusiasmo

– Sucede que he estado viendo algunos manuales de jardinería y me ha entrado una curiosidad repentina por esta. Solo quería pedirle que si podía ausentarse las próximas semanas. No se preocupe por su salario, se le pagara exactamente igual como si estuviera aquí-

– Pero señorita…-

– Señora, Felipe, señora-

– Si, si, lo siento, es que es usted tan joven y tan bonita que lo olvido y…-

– … No te preocupes Felipe-

– Claro. Pero señora ¿cómo podría hacer eso? no dudo que usted pueda tener un gran talento con esto, inclusive ser mejor que yo, con esas manos tan dulces que tiene señorit… Señora, pero, si su marido se entera que estoy cobrando sin trabajar temo que me regañe incluso me despida.- dijo con tono asustado

– No Felipe, si se llegara a enterar yo te protegeré tenlo por seguro. Pero eso no va a pasar, por qué de hecho, el no se enterará. El está muy ocupado estas semanas y solo viene un par de días entre semana y solo a dormir. Y no se enterará porque él piensa que todas esas ideas que se me ocurren repentinamente son solo caprichitos míos, así que se lo ocultaré esta vez ¿me entiendes? Así que no te preocupes que él no se enterara. Y tomate el descanso sin preocupaciones que jamás seré buena en esto como tú y cuando este caprichito como dice mi marido y que seguramente tiene razón, se me pase, volverás a trabajar aquí igual que siempre-

– Está bien señorita, cualquier cosa o duda no dude en llamarme. Qué tenga buen día-

Colgué y pensé que lo que me estaba pasando estaba llegando cada vez más lejos. Ahora está afectando a terceras personas por este demencial juego de miradas y deseo que no sabía cómo se estaba volviendo cada vez tan grande como divertido.

Salir al jardín era de hecho el momento donde podía lucir mi guardarropa. Obvio no saldría al patio vestida como una puta, pues sabía que en gran medida el deseo que él sentía por mi estaba basado, además de mi cuerpo claro está, en lo tan inalcanzable que le resultaba al chico. Sabía que el ser una mujer casada con un hombre guapo y exitoso además de rico, ser una mujer que lo tenía todo, elegante y con una pinta de rica, hacían que le fuera más deseable todavía. Por lo tanto, mientras más elegante, decente y con clase me vistiera, más volvería loco los instintos de ese mocoso. Claro, el vestir elegante no quiere decir que no fuera sexy, de hecho estaba dispuesta en convertirme en la mujer con clase más provocativa que hubiera conocido en su mocosa vida.

Para el segundo encuentro pasaron dos semanas con la misma rutina. Las mañanas en lencería, el baño de la mañana, las tardes en que salía a tomar aire fresco, el baño de las tardes y finalmente desnudarme frente la ventana de mi cuarto para ponerme ropa de dormir con las luces encendidas y dibujando mi silueta en las cortinas blancas cerradas de la ventana del balcón. Además claro está de los martes y viernes de arreglar el Jardín.

Era esta última la actividad que me estaba fastidiando más. Porque aquí yo no estaba segura de si él me estaba espiando o no. Al principio no tenía duda de que si lo hacía, el tenia tanto empeño que seguramente lo hacía.  Pero conforme fueron pasando los días llegue a dudar que fuera así. ¿Y si él no me miraba ahí? ¿Si él no tenía cómo verme de una manera cómoda? ¿Y si todas las veces en que vestía con unos shorts de mezclilla cortísimos adheridos a mi respingón trasero que terminaban en la naciente de mis glúteos, y con una camisa a cuadros de botones que parecían reventar ante la presión de mis redondos pechos, y me ponía a gatas a trabajar en los Rosales, él no estuviera tras las sombras para deleitarse? Era un pensamiento cansado, pero estaba decidía a no rendirme.

Un viernes dio resultado. Estaba vestida tan sexy como ya he dicho y estaba de pie descansando un poco bajo un árbol cuando él mocoso se atrevió a volver a mostrarse ante mí. Llevaba unos shorts deportivo holgado, y un jersey blanco. Lucía algo nervioso pero parecía tratar de actuar de lo más normal. Salió botando un balón de Soccer y cuando se puso a mi altura en su lado del patio, miró hacia mí.

-Cielos, que hermosa tarde- dijo sonriéndome y enarcando una ceja.

Yo me limité a fruncir el ceño y a poner cara de molesta. No dije nada y me dirigí de nuevo hacia dónde había estado trabajando en los rosales. Al llegar ahí me puse de rodillas y pude sentir como mi shorts se escondía entre mis nalgas. Pude imaginarme su reacción así que sonreí donde no pudiera verme hacerlo.

Volví a oír botar el balón. Yo me puse a gatas y empecé escarbar en la tierra con una pequeña pala de mano. Sabía que había desabrochado los primeros 3 botones de mi camisa, por lo que mis pechos salieron de la camisa y rejuntados por un liso sostén color blanco, se bamboleaban cada vez que escarbaba con la pala. Como ya he dicho, llevo el cabello corto a medio cuello y lacio, pero lo tengo algo abundante así que las puntas de mi rubio cabello se metían en mi boca o me cubrían la vista por lo que tenía que levantar el dorso y acomodarlo tras mis orejas de vez en cuando.

Estaba pensando en que quien me tenia inmersa en esta locura estaba viéndome en ese instante sin ocultarse de mí. Había salido de entre las sombras quien me tenía pensando tanto en el deseo la última semana. No era mi marido irónicamente, era mi vecino, un mocoso de escasos 16 años que además de ser algo feo, era la segunda vez que lo veía tan claramente desde que llegó a la casa de al lado.

Pero las cosas eran como eran. Y no podía evitar excitarme tanto. Estando pensando en esto no me percaté de que el balón había dejado de escucharse, así que voltee para ver qué ocurría y entonces vi una imagen que aún tengo grabada en mi mente. Ahí estaba el chico con su celular en la mano, aparentemente grabándome o tomándome fotos, con los ojos perdidos, casi en blanco, y con la otra mano tocándose la entrepierna donde ya se marcaba un considerable bulto. En ese momento no sé cómo pasó, pero olvidé por completo el juego, me pare tan rápido como pude y avancé hacia él con cara de enfadada. No era actuación, lo juro, el chico en mi juego, el que me tenía vuelta loca de deseo, el que lograba hacer que me tocara ardiendo por dentro no era ese que estaba observándome. El que me tenía obsesionada era invisible. Era solo un par de ojos en las sombras, tras unos binoculares, era una imagen difusa, solo era un cúmulo de deseo hacia mí.

Lo que estaba en el patio de alado, era un pervertido mocoso de 16 años que era flaco, feo, y encima grosero y estaba violando mi privacidad sacando fotos de mi culo y mis tetas.

-Hey! Tú! ¿Qué crees que haces escuincle grosero? Dije mientras me acercaba a el que estaba como en shock y con la cara roja, había dejado tocarse.

– ¿Crees que puedes sacarme fotos empinada y tocarte como un enfermo mientras me ves a plena luz del día? Le dije mientras me pare frente al él. Yo no soy muy alta, pero el solo me llegaba hasta quizá la boca o nariz.

Seguía con la mirada perdida, aunque ahora miraba mis ojos fijamente, y el celular descansaba en su mano. Volteo a mirar su celular por unos segundos, y después lo puso en su bolsillo.

-¿Pero qué crees que haces? Dame ese celular ahora mismo mocoso, vas a borrar todas esas fotos y…-

-pe,pe,pe perdón- Se veía tan frágil, no podía creer que él, que ese niño aún, me tuviera tan, pero tan caliente las últimas semanas.

-¿Perdón? Estarás de broma, acabas de acosarme jovencito, y esto lo van a saber tus padres ¿Perdón? Y tienes suerte de que no se lo diré a mi marido, por qué no quiero hacer las cosas más grandes, pero él seguro que no se conformaría con un “perdón”. ¿Crees que lo que hiciste, estar sacando fotos del culo de tu vecina se arregla con un perdón?

-n, n, n, no, no,- Decía tartamudeando mientras bajaba su vista por mis senos que estaban en su sostén blanco con los botones de mi camisa dejándolos libres, y se seguía por el resto de mi cuerpo.

-Claro que no, ¿y cómo te atreves a seguir mirándome así? Eres un grosero.

-No, no le pido, le pido perdón por, por, por eso.-

-¿Ah no? ¿Entonces por qué?, ¿por existir? Le dije realmente molesta, atrás quedaban los días de deseo, ese mocoso no era mi admirador.

-le, le, pido, pi, le pido, perdón por, perdón por esto.- Puse cara de confundida y la verdad, de verdad que no lo vi venir, dio un par de pasos y acabó con la distancia entre nosotros, después muy rápido me abrazo y me besó como un loco apuntó de explotar en deseo. Bajo una de sus manos y la deslizó hasta mi trasero, tomó uno de mis glúteos y lo apretó con tanta fuerza que me hizo daño y me dejo una marca por días que me costó ocultársela a mi marido. Después mientras seguía besándome, puso su otra mano en mi seno izquierdo y con su mano sobre mi sostén, apretó mi pecho como si fuera cualquier cosa menos una parte sensible de una mujer. El dolor era fuerte pero me sentía tan apresada que no sé por qué en un segundo, en tan solo un segundo, mientras me tenía apretada por atrás y por delante, abrí más mis labios y roce un par de veces su lengua joven con la mía, pude sentir como nuestras salivas que estaban a punto de hervir, se mezclaban y se deslizaban en partes iguales dentro de nuestras gargantas.

Después abrí mis ojos como platos, cerré mi boca y gruñí como un animal mientras me retorcía para zafarme de sus brazos. Era más pequeño que yo pero la fuerza de su deseo lo hacía muy difícil de quitar. Al fin pude zafarme de sus brazos y lo golpeé con una cachetada que soñó casi en toda la calle, le dije que estaba loco y que se arrepentiría de eso. El se alejó de mí lentamente, y recobrando la mirada inocente y de niño que tenía antes de que lo poseyera la excitación, se alejó corriendo con cara de asustado y una gigantesca erección bajo el shorts donde ya se dibujaba una mancha húmeda.

Quedé en shock y me llevé la mano al seno y a la nalga que me había lastimado segundos atrás y me sobé por el dolor que empezaba a sentir. Tendré que hablar con sus padres de esto, pensé.

Deje las herramientas donde estaban y entre a la casa convencida de que esto se tenía que terminar. Ese escuincle se estaba saliendo de control, más adelante quién sabe de qué sería capaz. Estaba totalmente obsesionado y loco por mí. Si, definitivamente esto tenía que terminar. 

Entre a la casa con la firme intención de hablar a los vecinos y acabar con esto de una vez. Pero cuando estaba sentada ante el teléfono, ya no estaba tan Segura de querer que esto terminara. De hecho, estaba empezándome a tocar entre las piernas con el teléfono, y es que la forma en la que me había apresado me parecía ahora tan caliente que en pocos segundos termine por tener un orgasmo. ¿Qué fue lo que sucedió después? Se los contaré un poco más adelante, pero créanme, sucedieron muchas cosas, y cosas que jamás pensé que sucederían.

Si te perdiste la primera parte, puedes encontrarla aquí: http://sexoescrito.com/mi-voyeur-particular/

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PRISIÓN PARA CHICOS

Es el año 2020 y el mundo se ha convertido en algo aun peor de lo que ya era. La violencia es peor, así que gracias a las nuevas leyes casi todos los delitos son ahora delitos graves. El castigo por estos crímenes también son graves. Es por eso que estoy aquí. Trabajo en una prisión para adolescente. Tenemos chicos desde los 12 hasta los 17 años......


PRISIÓN PARA CHICOS
Es el año 2020 y el mundo se ha convertido en algo aun peor de lo que ya era. La violencia es peor, así que gracias a las nuevas leyes casi todos los delitos son ahora delitos graves. El castigo por estos crímenes también son graves. Es por eso que estoy aquí. Trabajo en una prisión para adolescente. Tenemos chicos desde los 12 hasta los 17 años. A los que debo castrar apenas llegan a la prisión.

[ADOLESCENTE] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [NULIFICACIÓN] [MEDICO]


Categoria: Adolescente      Autor: Holger





Es el año 2020 y el mundo se ha convertido en algo aun peor de lo que ya era. La violencia es peor, así que gracias a las nuevas leyes casi todos los delitos son ahora delitos graves. El castigo por estos crímenes también son graves. Es por eso que estoy aquí. Trabajo en una prisión para adolescente. Tenemos chicos desde los 12 hasta los 17 años. Todos los días, al menos hay dos nuevos. Cuando llega un nuevo muchacho, es mi trabajo, prepararlo para su nueva vida en la cárcel. En primer lugar, tiene que ser desnudado.

Una vez que está desnudo, lo examino en busca de contrabando. Entonces estaba lista para el corte de cabello reglamentario. Todos los chicos obtienen un corte de cabello militar corto, y luego de los dedos de los pies al cuello son afeitados usando una crema especial, con el ungimos el cuerpo, lo que  inhibirá el crecimiento del vello. Después de 10 minutos, los niños están tomando una ducha. Es muy caliente y tienen que fregarse con un jabón especial. Ahora que los chicos están limpios y depilados por completo, esa momento para la diversión real. 

Un chico a la vez. Un niño se pone en una celda de detención a la espera. El otro niño viene conmigo a otra habitación. Una vez en la sala, le digo al chico que tengo que hacerle un examen médico completo. Le pido al chico que se recueste sobre una camilla y ponga los pies en los estribos lo mismo que su cabeza. Una vez que el niño está en posición, aseguro al chico con correas con hebillas en sus muñecas, brazos, nalgas, tobillo y justo por encima de las rodillas. La única parte de su cuerpo, que puede mover ahora, es la cabeza.

Ahora que el chico esta unido a la mesa, aprieto un botón y la camilla se mueve hasta dejar al chico en una posición semi-sentado. Al pulsar este botón, las piernas del chico se extienden por completo sobre la mesa. A la mayoría de los chicos nunca se las han abierto tanto por lo que gimen de dolor. El área de la ingle del chico está completamente expuesta para mí ahora. Hasta este momento, el muchacho, no sospecha nada, sin embargo, hace un montón de preguntas o me grita. He aprendido que la mayoría de las veces es mejor ignorar al chico, Cuando estoy trabajando me pongo los auriculares y escucho algo de música. 

Ahora que el chico está en la posición operativa, tomo la máquina de ordeña. Pongo que un poco de lubricante y froto su pene hasta que esté completamente erecto. Tomo la pieza del ordeñador lo bloqueo en su sitio. Una vez hecho dejo que haga su trabajo la máquina. Se tarda unos pocos minutos y veo cómo el chico llega a través de una pequeña lucha apretando sus nalgas al soltar la primera carga. Su jugo blanco queda en la parte superior del tubo para pasar por un tubo más pequeño a un vaso pequeño de pie de la camilla. 

Dejo la máquina hasta que el chico ha tenido varios orgasmos, y veo que ha tenido tres orgasmos uno tras otro, con el último nada ha salido de su pene. En promedio, un chico tiene de 12 a 15 orgasmos en una hora. Cuando veo que el niño está completamente vacío, apago el ordeñador. Su pene está un poco de rojo. Los dos pasos siguientes son mis más queridos. Como parte de la pena, ellos con cortados y castrados, sin embargo, sin no debe usar ningún tipo de analgésicos. Y las herramientas que estamos utilizando son muy dolorosas. Tengo un buen corazón, es por eso que antes de empezar de llenar, le aplico un anestésico ligero es lo único que puedo hacer por el aunque no es 100 % efectivo. 

Luego comienzo aplicando un antiséptico por toda la zona genital. Luego utilizo mi mano izquierda para retraer completamente el prepucio sobre el glande hasta que no pueda ir más allá. Tomo las tijeras en la mano derecha y acciono el botón que calienta las hojas cortadoras. Las hojas de acero se calientan hasta 300 grados tan calientes que hasta brillan. De este modo, cortó a través del pene no solo la piel, al mismo tiempo también cauterizo la herida. Pongo las tijeras lo más cercano a la base de su pene justo por encima de la base. Presiono luego poco a poco. Solo tardo un par de segundos, pero por el grito de dolor en el chico y el olor de la carne quemada, estoy seguro de que lo sienten por mucho más tiempo. 

Las cuchillas se deslizan a través de la piel y luego el pene del chico queda en mi mano que es cuando el dolor golpea al chico. El muchacho aullando de dolor pese a la anestesia está despierto, pero él todavía no sabe el verdadero dolor de su castigo. Abro la y tiró su pene en el vaso con su semen. Ahora tomo el elastrador tomo sus bajos huevos. El espacio en el que nos encontramos, se mantiene a una temperatura constante de 38 grados, por lo que los huevos de los muchachos cuelgan bajos. Coloco el elastrador tan cerca de la parte inferior de su pene como puedo. Entonces acciono el botón y la liga se tensa. El chico da un grito superior al anterior. 

Por lo general le doy unos minutos para bloquear el flujo de sangre, pero no hay tiempo para eso hoy, sin embargo no tengo prisa. Tomo un bisturí y empiezo a cortar su escroto directamente por debajo de la liga naranja en su escroto. Una vez que cortó la bolsa de piel, los aparto y dejo que el chico ahora con sus testículos muy hinchados cuelguen libremente. Lanzo la bolsa de piel en el vaso con el prepucio, pene y semen. Ahora tomo el Burdizzo y la abrazadera se muerdo el cordón espermático derecho. Hago la presión junta tan duro como pueda y el niño da un nuevo grito. 

Cuento hasta 10 y luego paso al izquierdo. El niño está ahora cubierto de sudor y gritando como un cerdo empalado. Dejé que caer el Burdizzo caer sobre la mesa y toma mi bisturí de nuevo para cortar completamente sus huevos. Cortando los conductos deferentes cerca de la liga. Su testículo derecho entra en el vaso y luego el izquierdo.  El chico ahora está totalmente neutralizado y estará completamente listo para cumplir con los prisioneros. Doy una inyección al chico. Estoy seguro de que va a estar muy agradecidos. El guardia ahora se lo lleva de nuevo, y él y otro guardián se lleva, al chico a otra celda. 

Lo reviso a él todos los días hasta que la liga se cae, y digo que está listo para asumir su nuevo lugar con sus colegas. Dado que todavía tengo algo de tiempo hasta que el guardia vuelve con él otro chico nuevo, voy a mi cuarto de baño y masturbo mi dura erección, desde que empecé a ordeñar al primer chico. He tenido una fuerte erección. Voy a mi escritorio y tomo un cigarrillo para jalar humo con fruición. Mientras que el humo se eleva pego una etiqueta en el vaso con el nombre del chico, el prepucio, la bolsa y los testículos. El frasco se le dará al chico cuando sea liberado, para que recuerda porque fue sentenciado, o ira a una escuela de medicina para que un estudiante puede usar el contenido para estudiar. Cuando estoy a mitad del cigarrillo, el guardia vuelve con el segundo chico.




Historia Original Aquí.





Autor: Holger       Traductor: DarkSoul