El secreto de Nerea

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Esta historia comienza con mi amigo Alejandro y yo caminando hacía la discoteca Boss, cuando se paró a nuestro lado una coche. Se bajó la ventanilla y apareció una chica con una polla en la cabeza y de piloto iba otra chica con la misma corona en la cabeza, iban de despedida de solteras.
- Oye sabeis donde hay un sitio para desfasar a tope.- le preguntaron a Alejandro.
- ¿ Nerea?
- ¿Simón?
Resulta que la chica que estaba de copiloto era Nerea la novia de mi primo Jose Carlos.
- ¿Cómo tu por aqui? -
- Pues ya ves de despedida con mis amigas y compañeras de escuela..
Me agaché y dentro había 3 chicas con coronas de pollas,
- Montaos, que os llevamos.
Salieron de la parte de atrás las chicas y se metió dentro Alejandro, de poca vergüenza, y desde dentro me llamó “ Venga cariño, ponte encima mía”, yo estaba un poco dudando cuando Nerea dijo
- Marisa ponte delante, Julia ponte encima de él – señalando a Alejandro – Elisa tu te pones enmedio y yo me pongo encima de Simon.
así lo hicimos, una vez dentro y con Nera encima mía con su falda mirando hacía Elisa y mi rostro a la altura de sus pechos, sentada de lado yo rodé con el brazo su cintura.
- ¿Donde vamos? – preguntó la conductora.
- Pues vamos a Boss que está aquí cerca – dijo Alejandro.
- Dile a Nuria donde está Boss – Dijo Nerea.
Mientras que Nuria, la conductora nos llevaba a Boss estuve mirando a las amigas todas estaban muy buenas requisito indispensable para ser azafata de exposiciones.
Pasamos por delante de Boss y vimos que había mucha gente en la cola, por lo que sería muy difícil entrar así que sin bajarnos decidimos irnos al “ Mao Room ”. El “ Mao Room ” es un local que hay en la alameda estilo moro donde te puedes tomar un té mientras que si quieres puedes fumar de la pipa.
Llegamos al local y nos presentamos formalmente. Rápidamente estábamos sentados en el suelo junto a una mesita en una esquina del local, el cual estaba lleno y pidiendo cada uno un té. Marisa era la que se casaba, así que a ella le pidieron un té con mucha canela ya que era muy afrodisíaco, de hecho se pidió 7 tés de canela. estuvimos hablando de todo un poco resulta que excepto Nerea y Marisa ninguna de las otras tenía novio, Alejandro y yo nos miramos y mientras Marisa contaba no sé qué cosa hicimos una visión al grupo de chica, al cual mejor, todas morenas o castañas excepto Nerea que era rubia, y con lo cachondo que me ponen las rubias.
Cayeron cerca de dos jarras de té antes que se nos ocurriera pedir una pipa con una pastilla de fresa con canela. El camarero que nos encendió la pipa tenía aire musulmanes con ojos claros Marisa la futura novia y Nuria empezaron a bordear lo, el se reía mientras Alejandro estaba teniendo una conversación muy íntima con Julia a mi izquierda, una chica morena con un par de pechos descomunales pero sin duda su trasero bien puesto era lo que más llamaba la atención de esa mujer. Nerea y Elisa, ambas en ese orden sentadas a mi derecha conversaban, yo me estaba fijando en el cuerpo de Nerea, me lo conocía de memoria y de las veces que la había visto en la piscina y en la playa luciendo palmito con sus bikinis, Elisa quizás fuera la menos atractiva de las 5 aunque la chica era muy guapa, pero entre tanto pivon no resaltaba tanto.
Cuando quedó la pipa encendida se marchó el muchacho pese a que Marisa y Nuria le habían dicho que se quedara pero estaba trabajando. Estuvimos fumando y echando el humo hasta que a Nuria, la más picante de ese ramo de mujeres, se le ocurrió pasarnos el humo de boca en boca, todas no pusieron objeción, así que Nuria cogió una bocanada y se la pasó a Elisa, ella a Nerea, esta a mí, yo se lo pasé a Julia, ella a Alejandro, él a Marisa y ella a Nuria. Pocas veces conseguimos hacer el círculo completo pero pasamos un buen rato los 7, cada vez que me tocaba recoger el humo de la boca de Nerea no dudaba en cogerla por los brazos, Alejandro y Julia tampoco se cortaban ni un pelo y parecía que se enrollaban .
Marisa y Nuria se fueron a la barra a seguir dando caña al camarero, Nerea y Elisa se fueron al aseo, yo viendo como Alejandro y Julia estaba hablando en su conversación privada y sus risas cómplices decidí irme al baño. A cruzar la esquina dirección al aseo me encontré con Nerea y Elisa y con una imagen que no se me olvidará en la vida, la imagen de la espalda y el culo de Nerea con su melena rubia recogida en una cola sobre su espalda descubierta.
Sonó el pestillo del baño del aseo de la chicas, entraron ambas al baño de chicas y yo en el de chicos, salí yo antes y las esperé, al momento salieron ellas y nos fuimos a la mesa. Marisa y Nuria seguían dale que te pego al camarero. Antes de llegar a la mesa vimos como Alejandro y Julia seguían hablando, llegamos a la mesa. Nerea y Elisa miraron a Julia y luego entre ellas y dijeron que se iban a casa que estaban algo cansadas, Julia se levantó y también dijo que se iba eran más de las 5 de la mañana, Julia se fue a decírselo a Marisa y Nuria que seguían en la barra mientras Nerea me tomó del brazo y me dijo “ Nos acompañais a coger un taxi, ¿no?” Miré a Alejandro que estaba de pie, el cual asintió con la cabeza miré a Nerea y acepté. Marisa y Nuria se quedaron en el Mao Room, el resto salimos del local dirección de coger un taxi. Caminábamos Nerea, Elisa y Yo delante y detrás cogidos por los brazos Julia y Alejandro, en una de las callejuelas perdí de vista a Alejandro, dije de esperarlo y Nerea y Elisa dijeron de seguir que ya nos alcanzarían. Llegamos a la parada de Taxi, había varios, se metieron Nerea y Elisa en uno, yo les dije que esperaba a Alejandro, ellas se rieron y dijeron que me metiera en el taxi que Alejandro estaba muy “liado” , entonces caí había aumentado el ritmo para dejar a Julia y Alejandro solos. Entré en el taxi fuimos primero a casa de Elisa, la norma era que el último pagaba el taxi los demás iban dando el dinero para pagar el taxi, Se bajó Elisa y nos despedimos de ella con dos besos, la siguiente parada fue la casa de Nerea, nada más llegar Nerea se bajó y me dijo si quería tomar la última que estaba sola ya que sus compañeras de piso se habían ido al pueblo y que mi primo estaba en un encuentro de Paintball, yo acepté, era muy temprano para mí y aún no tenía sueño. Pague el taxi con el dinero de Elisa y el mio.
Nos montamos en el ascensor y Nerea se quitó los zapatos, se había quedado a 10 centímetros más cerca del suelo, la diferencia de altura entre ella y yo no era mucha en ese momento. Llegamos a la puerta de su casa. La llave no estaba echada, ella suspiró, la puerta se abrió y nos encontramos frente por frente a Elena una de las compañeras de piso que se suponía que estaba en el pueblo. Ella no estaba sola estaba con más gente en el salón. Saludé a Elena dándole dos besos y a la gente del salón la saludé con la mano, Nerea se puso detrás mía y me dijo al oído “ Ven que te voy a enseñar algo” me despedí de la gente y seguí a Nerea hacía fuera del piso. Subimos dos tramos de escaleras y nos encontramos en la azotea de su bloque. En la azotea no había tendederos solo maquinas de aire acondicionado una jungla de máquinas de aire acondicionado cada una con su piso marcado a rotulador negro, Nos pusimos cerca de la cornisa teniendo una vista espectacular de la ciudad, Nerea sacó dos vasos y una botella de capitan caribe, mi favorita, de su bolso. Llenó los vasos y bebimos. Yo admiraba las vistas cuando sentí que Nerea se había puesto detrás mío apoyando su cuerpo en el mio, alegando que tenía frío yo le dije que mejor bajábamos pero ella se negó, estuve un rato disfrutando de mi vaso de capitan caribe y las vistas de la ciudad, cuando sentí que Nerea había rodeado mi cuerpo con sus brazos, luego una de sus manos acariciaba mi barriga mientras que la otra se posaba el la hebilla de mi cinturón, pocoa a poco esa manos fue bajando y mi polla que estaba creciendo sintiendo sus pechos en mi espalda. Dejé el vaso en la cornisa y le tomé de las manos parandola y me dí la vuelta mirándole a la cara le pregunté
- ¿ Qué haces Nerea?
- LLevo toda la noche excitada desde que me cogiste de la cintura en el coche, luego al pasarlos el humo y luego en el pasillo del aseo.
- Pero si eres la novia de mi primo.
- No puedo evitarlo, pero tienes razón – se separó de mí pero yo la cogí de la mano luego coloqué mi mano en su cintura, yo sentía lo mismo que ella, y la besé. Al principio ella no hizo ningún gesto pero rápidamente reaccionó y nuestras lenguas empezaron a bailar humedeciendo la una a la otra. Mi manos bajaron por su cintura hasta su trasero, mi manos subieron la falda negra dejando al aire su tanga rojo sus manos no perdieron el tiempo y abrieron mi pantalón y sacaron de mis calzoncillos mi polla dejando caer el pantalón a la espinilla mientras que masajeaban mi falo. Mi mano no aguantó más y con mi dedo índice apartó su tanga mi dedo corazón entraba dentro de su húmedo coño. Estuvimos un largo rato así yo rascandome dentro de su coño y ella masajeando mi polla de arriba a abajo, hasta que ya no pude aguantar más y la cogí de las nalgas ella dio un pequeño salto y estando suspendida en el aire ella rodeo con sus manos mi cara y nos comimos la boca otra vez de forma más salvaje que antes, la coloqué encima de la cornisa a más de 100 metros del suelo, le aparté el tanga y le metí mi polla dentro de su coño, su excitación fue increíble al sentir todo ese trozo de carne dentro de ella, no solo eso que mientras que se la metía y se la sacaba le abrí la blusa y subiendole el sujetador con la mano libre empecé a comerle los pechos de forma salvaje. A las 4 de la mañana en la azotea de un edificio de 5 plantas donde abajo se podía ver el tráfico y a los peatones le estaba metiendo la polla y le estaba lamiendo los pechos a la novia de mi primo y en vez sentir remordimiento me estaba gustando y a ella también solo por los sonidos que producía su boca, yo la cogía de la piernas empujándola más hacía mí mientras que ella colocaba las manos en el borde de la cornisa para no caerse. Ella se corrió y luego yo llenándole todo el coño de semen blanquecino, la bajé de la cornisa y nos sentamos en el suelo de la azotea a abrazarnos y a besarno, ese fue nuestro secreto que Nerea nunca le contó a su novio mi primo no hubo más veces pero siempre que recuerda esa me pongo super cachondo. tu no?

DESEO CUMPLIDO ERRONEAMENTE

Kevin, un adolescente de 17 años con la mente más creativa sexualmente hablando que cualquiera pueda imaginar, sigue buscando a la chica perfecta para satisfacer sus necesidades, amaba los objetos afilados, látigos, mordazas, y cualquier cosa que le causaron dolor a él o su pareja sexual, sobre todo amaba gritar y derramar sangre. Su obsesión con chicas orinándole encima pero todo aquello tendría un precio inesperado......

DESEO CUMPLIDO ERRONEAMENTE
Kevin, un adolescente de 17 años con la mente más creativa sexualmente hablando que cualquiera pueda imaginar, sigue buscando a la chica perfecta para satisfacer sus necesidades, amaba los objetos afilados, látigos, mordazas, y cualquier cosa que le causaron dolor a él o su pareja sexual, sobre todo amaba gritar y derramar sangre. Su obsesión con chicas orinándole encima pero todo aquello tendría un precio inesperado. El terminaría esa noche de fiesta sin sus genitales para siempre.


[ADOLESCENTE] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [DOMINACIÓN] [CANIBALISMO] [INCESTO]



Categoria: Adolescente      Autor: William





Kevin, un adolescente de 17 años con la mente más creativa sexualmente hablando que cualquiera pueda imaginar, sigue buscando a la chica perfecta para satisfacer sus necesidades. Su mente estaba sexualmente fuera de control, siempre le llegaban nuevas ideas de algún tipo. Varios fetiches invadieron su mente instándole a probar nuevas actividades cada vez que estaba con alguien. Muchas de las chica con las que había estado admiraban su cuerpo bien construido, musculosos brazos, abdominales apretados, y su altura de 1.85 metros. A pesar de no poderse resistirse a la tentación de rechazar el sexo cada vez que asistía a una fiesta, una cosa que alejaba un poco de él eran sus fetiches extraños y fantasías. Aunque cada fin de semana en una fiesta, que rara vez desaprovechaba la oportunidad de algo de sexo “normal”, sólo que no era suficiente para él.

Amaba los objetos afilados, látigos, mordazas, y cualquier cosa que le causaron dolor a él o su pareja sexual, sobre todo amaba gritar y derramar sangre. Su obsesión con chicas orinándole encima y sí sólo no fuera algo demasiado fuera de este mundo para la mayoría de la gente, pero una chica que conoció no parecía pensar que aquello lo fuera. Justo cuando sus esperanzas en la búsqueda de los más salvajes, chica más escandalosas se desvanecían, una noche en una fiesta sus esperanzas se vieron recompensadas y le cambió la vida,  pero no para bien.

Esta vez se celebraba la fiesta en su casa por lo que su hermana Michelle trajo a su amiga Sarah más sabiendo que ella es la perra más loco de su alrededor y que su hermano simplemente adoraría todo sobre ella. Tenía un cuerpo que las niñas sólo podían soñar con tener y que los hombres sólo podían soñar en poseer. El cabello largo dorado, piel blanca lechosa, labios carnosos, hermosos ojos color avellana, y perfectos pechos copa C. 

Ella se movió lentamente al lado de su hermana con una falda corta de cuero, revelando la tanga negra que pudo ver que llevaba puesto y cada vez que ella se acercaba movió su pierna hacia adelante, su falda subía dejando que su hinchada protuberancia de sus labios vaginales quedaran hacia afuera para que todos la admiraran. Como alguien no podría decir, que esa chica era una puta perversa que parecía peligrosa y créanme, lo era.

Su imagen salvaje y sexy llamo rápidamente los ojos de Kevin cuando su pene comenzó a hincharse en sus pantalones a la vista de ella. Pensamientos de actividad sexual agresivos llenaron su mente mientras permanecía de pie en la puerta de la cocina, mirando acercándose más cerca de él con su hermana a su lado.

"Oye Kevin, esta es mi amiga Sarah" Michelle le dijo. Perdió la voz. "Hey Vuelvo más tarde," Michelle exclamó. "¿Por qué no llegan a conocerse el uno al otro un poco? Adiós".

El pene de Kevin se hinchó a su máximo y comenzó a palpitar, le estaba doliendo en sus pantalones de tal forma que sudor resbalaba por su frente. Sarah puso las manos en la camisa de Kevin y suavemente remonto las puntas de sus dedos por su estómago, acariciándolo en un movimiento circular, muy sexy.

"Así que Kevin, encantado de conocerte. No vamos a apresurar las cosas, no quiero ir demasiado rápido, además me voy a quedar aquí la noche".

"¡Sí!" Kevin pensó: "Esto va a ser una noche larga de hecho". Pero este pobre tipo tenía otra cosa en mente muy diferente a lo que ella pensaba.

No tardo mucho en irse a una habitación vacía, en donde permanecieron besándose y hablando de fantasías y fetiches de los demás. La noche había terminado y Michelle limpiaba todo antes de ir a la habitación donde su hermano y Sarah estaban. Ella no se molestó en llamar a la puerta, ella acabo por entrar, no le sorprendió descubrir la mano de su hermano alzando y masajeando el muslo de su amiga mientras estaban acostados en la cama. Kevin tomó rápidamente la mano al oír a su hermana ofenderse quien rápidamente ordenó "¡Michelle, ya basta! ¿Ya hora de irte?"

"Eso no va a ser necesario". Sarah seductoramente dijo mientras ella se agachó para desabrochar su pantalón con una mano. "Creo que tu hermana podría querer unirse a nosotros, sé que piensas que es demasiado caliente Kev. Basta con mirar a esa cara de niña linda en ella y esas tetas turgentes. Apuesto a que la deseas tanto o más que yo".

Kevin se sorprendió. "¿Qué? ¡Que cosas dicen! ¡Ella es mi hermana pequeña!, ¿Cuál es tu maldito problema?"

Sarah negó con la cabeza. "Ella está sólo es tres años más joven, no seas tan puto", ¡basta con ver como la ves a ella!"

Cuando Kevin volvió rápidamente a verla, se encontró con el fino cuerpo desnudo de su hermana y con el brillante sexo  mojado mientras caminaba hacia la cama donde estaban ellos dos. "¡Michelle !P... p... Ponte la ropa ahora! ¡Esto es jodidamente enfermo!"

"¡No lo podemos hacer!" Michelle gritó mientras amarraban los puños de su mano en la cómoda y rápidamente sujeto la mano de su hermano la otra parte de la cama.

Sarah tomó el otro brazo y después de esposarlo le susurró al oído: "Ahora es el momento de hacer que tus fantasías se hagan realidad".

Michelle se fue a sus pies y los ató sin mayor problema, dejándolo indefenso. Sarah desabrochó lentamente la camisa de Kevin mientras se lamía los labios y lo miró fijamente a los ojos, "Tú sabes que lo quieres malo, no trates de luchar cariño. Me dijiste que te gustaba la lluvia dorada, por lo que la obtendrás esta noche. "El corazón de Kevin empezó a latir de emoción mientras que su pene una vez más comenzó a ponerse de pie llenándose de sangre caliente, el sudor corría por su pecho. No podía creer lo que estaba en realidad por suceder. Sarah deslizó sus pantalones hasta las rodillas mientras y su pene quedo libre, ya rezumaba líquido pre-seminal de la punta. 

Sarah lo tomó en su cálida palma, y él empezó a temblar de deseo, tocando suavemente y acariciando arriba y abajo mientras el corazón de Kevin latía más rápido. Michelle subió a la derecha de la cama donde estaba Sara y observo cada pasada de la mano que dio a la carne hinchada de hombre de su hermano. Michelle llegó lentamente hasta el pene de su hermano y lo tomo con sobre las manos de su amiga, envolviendo sus dos manos alrededor de ella cuando ella comenzó a bombear hacia arriba y hacia abajo, apretando con fuerza dejando que se filtrara mas liquido pre-seminal fuera de su agujero.

"Wow hermano, yo no pensaba que sería tan grande, necesito una probada de eso", dijo cuando ella se inclinó para tomarlo en su boca, Kevin fue superado tanto por el placer y la vergüenza severa de tener a su propia hermana haciéndoselo a él. Miró a Sarah mientras ella se estaba desnudando completamente por ella misma. Su vagina estaba muy hinchada y sus jugos ya estaban goteando por sus muslos mientras se sentaba en la cama y abrió las piernas de par en par dejando que sus suaves y rosados labios hinchados resplandecieran abiertos delante de él. Sintió los labios de la boca de su propia hermana abrirse para apretarse alrededor de su pene hinchado cuando su lengua se deslizó hacia arriba y abajo de su eje palpitante que le obligó a gemir de placer, pese a sentirse culpable.

Sarah se inclinó y le susurró: "¡Ella no muerde..., ese mi trabajo!" Kevin mueve sus dientes más duro mientras su hermana le bombea duro deslizando su apretada boca arriba y abajo de su palpitante pene, rociando una gran cantidad de líquido pre-seminal en su boca. Estaba respirando intensamente y el sentimiento lo abrumó por tanto placer y el éxtasis que sentía hizo que olvidara que se tratara de propia hermana haciendo eso. 

Cuando abrió los ojos, vio a Sarah en cuclillas sobre su cara y extendió su húmeda así como jugosa vagina frente a su rostro con 2 dedos. "Es hora de un poco de placer de oro", dijo mientras una corriente amarilla salía de su agujero de color rosa y salpicaba en su rostro rodando por la barbilla y  la boca mientras saboreaba algo de su líquido salado. "¡Tragarlo, trágalo todo!", Gritó mientras ella acerco su sexo a su boca y lo asfixió con ella mientras el líquido dorado continuaba fluyendo dentro de su boca, empapando con ella las sabanas. 

Retorció su lengua profundamente entre sus labios vaginales, apretado y chupando con fuerza sintiendo su clítoris hincharse hacia el exterior sobre su boca mientras ella gemía de placer. Del mismo modo que lo hizo con su orina, Kevin logró tomar su palpitante clítoris entre sus dientes y morderlo un poco antes de que ella se apartara de él. "¡No, yo no lo creo Hum! Michelle, creo que Kevin quiere otra oportunidad de orina. ¡Dáselo a él!"

Michelle deslizó el pene de su hermano de su boca dejándolo  empapado de su saliva y se puso en cuclillas sobre él, a punto de dejar que el flujo de sus fluidos cayeran sobre el rostro de su hermano. ¡Kevin amaba la lluvia dorada, pero la de su hermana era algo que no quería, nunca! Pero él iba a conseguirla. Cuando su hermana dejó escapar el flujo dorado sobre su pene, que fluía por sus huevos y el culo para mojar las sabanas, resbalando por ambos lados de su estómago y bajando hasta su culo. 

Cerró los ojos y disfrutó de cada gota de ella, sonriendo con amor hacia su hermana ahora agradecido por lo que había hecho. Dejó que las últimas gotas de orina cayeran de su  mojado sexo lampiño antes de bajarse de él y dejar que Sarah tomara su lugar a chupara su virilidad empapada de orina para ese momento.

"¿Así que te gusta morder Kevie? ¿Eh? "Sarah le dio una sonrisa malévola cuando ella tomó de nuevo en sus manos y sopeso sus huevos con la otra mano. "¡Oh, sí bebé!" Él suplicó, "Morder, morder más duro que cualquier chica nunca me haya mordido". Sarah sintió un cosquilleo en su sexo y sintió como fluido se fugaba de él mientras sus labios se hincharon ahora más allá de la norma de toda emoción y la adrenalina que corría por su cuerpo caliente en ese momento.

Ahora estaba más que caliente, pese a que nunca había hecho lo que estaba a punto de hacer, pero era algo que siempre había fantaseado. Su corazón empezó a latir con fuerza mientras se deslizaba su  salado pene en su boca, saboreando la orina de su hermana cuando su lengua se envolvió alrededor de su carne, acariciando cada pedacito de su hinchado glande. Michelle estaba sentada en la cama al lado de Kevin con las piernas abiertas, muy abiertas, pellizcando su clítoris mientras ella miraba el pene de su hermano dejarse atrapar por aquella boca. Sarah aspiraba y escuchaba apasionadamente los gemidos de Kevin cuando se trago a fondo su pene con su lengua, dando vueltas alrededor de su glande.

Ella se detuvo y se lo saco por última, solo para mostrarle una sonrisa maligna cuando ella volvió tomar el glande con sus labios para  deslizar su carne entre sus dientes posteriores, para moler su enea entre ellos mordiéndolo suavemente mientras se retorcía duramente por la inigualable sensación. "¡¡Oh, sí hum!! ¡Mmmm, más fuerte! "El corazón de Sarah estaba a punto de estallar fuera de su pecho mientras ella apretó la mandíbula con más fuerza, la audición tanto de Kevin y su hermana gemido, con Kevin teniendo también un sonido leve de agonía en su voz. 

Lo mantenía en la parte posterior de su boca, ella aprieto  su mandíbula sobre su pene con más fuerza, sintiendo la suave piel del bulboso glande entre sus mandíbulas. La presión de su mandíbula se incrementó hasta que Kevin estaba gritando de dolor, "¡Ok, detente ahora! Por favor... "Ella no se detuvo...

¡Su pene era suyo ahora! Lo mordía agresivamente en ese momento sintiendo y saboreando la sangre que brotaba fuera de la herida punzante del hinchado y bulboso glande. Sus gritos eran ahora más de agonía que de placer "¡Oh Dios, PARA! "Él empujó una y otra vez, moviendo la cama, pero solo consiguió que su vagina se humedeciera al oír sus gritos de miseria. Ella bajó por su pene y comenzó a masticar la carne rasgando la piel abierta con la sangre goteando por su barbilla hasta abajo de sus muslos, Kevin suplicaba con toda la fuerza de sus pulmones para que se detuviera mientras su hermana miraba con asombro mientras ella misma se masturbaba con sus dedos por lo que le estaba haciendo a su hermano. 

Las lágrimas corrían por su rostro mientras Sarah sólo mordía más carne con los dientes, la boca se lleno de sangre mientras su pene se suavizó de nuevo por completo. Kevin ahora temblaba incapaz de soportar el dolor. Eso era demasiado, sabía que su virilidad estaba siendo destruida. Ahora era casi igual que la carne desmenuzada mientras Sarah lo mordió y lo arrancaba lejos en las venas y los tejidos que le quedaban. "¡PARA POR FAVOR, DIOS NOOOO! “Se las arregló para conseguir un último grito antes de Sarah se quedara con su pene mutilado en su boca.

Kevin miró hacia abajo, con los ojos llenos de lágrimas y su cuerpo convulsionado por el extremo dolor en el que estaba. Él miraba en estado de shock el caos sangriento que quedaba de su herramienta preciosa sexual. Sólo alrededor de una pulgada de pene entera se mantenía aun ahí, y que estaba a punto de irse. Sarah, con la barbilla y la boca manchada de sangre, tomó los jirones sangrientos de nuevo en su boca y se apoderó de la base de su pene con sus dientes delanteros, mordiéndolo más duro de lo que nunca lo hizo antes y dando un último tirón duro, rasgando lo que quedaba de ese pene la sangre ahora brotó como un manantial hacia todo el cuerpo, Kevin seguía gritando en agonía severa. 

Su hermana debió venirse unas cinco veces durante ese tiempo. Cuando Kevin yacía sangrando, sintió como Sarah tomo los testículos en su boca. Los mordió a ellos también lo más fuerte que pudo, mientras un dolor de lo más inimaginable surgió a través de todo el cuerpo de Kevin. Ni siquiera pudo gritar esta vez. Ella mordió más y más hasta que los huevos estaban por completo en su boca, lo que le hizo pasar por más dolor.

Cuando Kevin se despertó más tarde, su entrepierna se sentía adolorida. Ya no estaba esposado a la cama, él sólo yacía ahí sentía mucho dolor cuando Sarah vino a sentarse a su lado. "Escuchar perro, ahora eres mío, nadie va a quererte ni ahora, ni nunca, por lo que va a hacer lo que yo digo y tal vez, sólo tal vez yo podría darle un poco de placer por el culo". 

Kevin se sorprendió. Él aún no sabía lo que había pasado hasta que se sentó y miró a su entrepierna sólo para encontrar una línea de puntadas a lo largo de donde debían estar su pene y el escroto que faltaban. Él comenzó a temblar mientras las lágrimas llenaban sus ojos.

"Bueno querido Kevin," Sarah dijo: "No te sientas mal, tu hermana está a tu lado. Debe bastarte con eso".




Historia Original Aquí





Autor: William       Traductor: DarkSoul

RECHAZO

Normalmente, él respondería con mucho más interés con la esperanza de eventualmente poderla llevar a su habitación, pero estaba cansado, y realmente no deseaba tal empresa o las molestias de una de una de esas noches esa noche. Por último, se bebió lo último de su bebida y se excusó para retirarse, ese rechazo le costaría muy caro......

RECHAZO
Normalmente, él respondería con mucho más interés con la esperanza de eventualmente poderla llevar a su habitación, pero estaba cansado, y realmente no deseaba tal empresa o las molestias de una de una de esas noches esa noche. Por último, se bebió lo último de su bebida y se excusó para retirarse, ese rechazo le costaría muy caro. Ella no tomaba un no muy bien y el terminaría sin su amado pene a manos de ella.


[HETERO] [PENECTOMIA] [FANTASÍA] [PENE] [TORTURA] [CBT]



Categoria: Hetero      Autor: Dave





Había sido un vuelo turbulento y largo de Los Ángeles a Nueva York. Después de interminables horas de equipaje, taxis, check-ins, y la lluvia, Vince estaba listo para terminar su día. La reunión de emergencia del consejo de administración dejó muchas especulaciones, sobre todo cuando se exigió a los ingresos de los últimos trimestres de la reunión a la mañana siguiente. Un reciente aumento en el salvajismo en los rangos superiores dejó a muchos de los miembros de alto rango de la mesa luchando por activos y apoyo mientras se nutria la paranoia hacia debajo de la cadena de mando a través de la fuerza de trabajo. 

Vince no era inmune, pero había decidido hace mucho tiempo buscar empleo en una institución más segura, y simplemente estaba esperando la oportunidad adecuada para separarse con gracia. Se dirigió hacia el bar para relajarse y dejar que el alcohol lo pusiera al borde de sus anticipaciones a la mañana siguiente.

No paso mucho tiempo hasta que sus mejillas quedaron rojas por el alcohol. Por lo que paso bastante tiempo antes de que él se fijara en ella, y ella estaba un poco agitada por su falta de conciencia. Finalmente, ella intencionalmente golpeó el brazo de soporte de su copa con la suya, y murmuró una disculpa rápida.

"Lo siento mucho", ronroneó, "déjame de compro otra".

"No hay que preocuparse", Vince respondió soñoliento, "ya la había terminado". Se volvió hacia la salida y luego alcanzó a ver sus piernas. Ellas eran muy largas y con la mirada recorrió todo el camino hacia arriba. Dejó que sus ojos se perdieran hasta su torso delgado, sobre sus pechos llenos, y hasta su delgado cuello a las piscinas infinitas negras de sus ojos. Su piel radiante refleja las luces tenues en el bar con una inocencia infantil, y los largos riachuelos de cabello fino de color marrón oscuro fluían suavemente sobre los hombros y la espalda. Ella era una diosa.

"Oh, por favor", rogó mientras sostenía firmemente su mirada a él, "Me vendría bien un poco de compañía en este momento; acabo de llegar en un vuelo de Newark y yo no conozco a nadie en la ciudad. "Sus labios recién pintados eran tan acogedores que no podía rechazarla a pesar de que sentía el peligro en su sonrisa. Con un rápido guiño al camarero, tomó las bebidas frescas y la acompañó a una cabina aislada. La conversación fue la luz tenue y sin sentido, y no pasó mucho tiempo antes de Vince perdiera interés en su superficialidad. 

Su nombre era Elena, y ella era una enfermera o algo similar, estaba en la ciudad para un seminario médico de alguna forma abstracta de cirugía de la que nunca habían oído hablar y de la que sonaba bastante ingenuo. Sus preguntas fueron recibidas con generalidades u otras preguntas, y pronto se encontró bostezando. Normalmente, él respondería con mucho más interés con la esperanza de eventualmente poderla llevar a su habitación, pero estaba cansado, y realmente no deseaba tal empresa o las molestias de una de una de esas noches esa noche. Por último, se bebió lo último de su bebida y se excusó para retirarse.

"Oh, por favor", Ellen rogó, "Yo no quiero estar sola esta noche".

Vince se detuvo, momentáneamente para considerar su oferta una última vez, luego sacudió la cabeza y señaló a varios otros caballeros solteros con un gesto evasivo.

"¿Estás seguro?", Preguntó, "Podría hacerte un hombre muy feliz".

"Estoy seguro", se quejó, cuando se volvió y caminó rápidamente hacia el ascensor que lo esperaba. Una vez en su habitación, tomó una ducha caliente relajante y cayó en cama. El sueño lo alcanzó casi de inmediato y su último pensamiento fue para agradecer a su secretaria por su prudencia en la selección del hotel.

Él acababa de entregar algunos aperitivos a las parejas de la habitación 217 y estaba en su camino de regreso al restaurante cuando fue abordado por una hermosa morena con un gran manto blanco que fluía con su andar. Sus oscuros y protuberantes pezones eran claramente visibles, y la definición de sus pubis afeitado, le hicieron de inmediato perder su tren de pensamiento. Cuando ella tímidamente pidió acceso la habitación donde Vince ahora profundamente dormía, el botones no pudo rechazarla y le entregó la tarjeta de acceso con manos temblorosas. Se inclino para darle un beso y le devolvió la tarjeta después de que ella entró en la habitación oscura de él todo lo que necesita para su próximo sueño húmedo estaba dado. Pensó que una fuerza extraña estaba en la habitación que estaba a oscuras, pero estaba tan emocionada con su semblante que desestimó su potencial invasión sin pensarlo dos veces.

Ellen sonrió mientras ella cerró la puerta detrás de ella. Podía distinguir su forma rizada de su cuerpo bajo el edredón, y mentalmente reviso sus procedimientos cuando ella sacó de un pequeño bolso de mano blanco debajo del vestido que llevaba. Suavemente se sentó a un lado de la cama suavemente saco algunas líneas de pesca de acero, un pequeño frasco de ácido clorhídrico, una caja de alfileres, un tubo de vidrio largo, un pequeño rollo de cinta adhesiva, y un pequeño cuchillo de cocina con un borde dentado. 

Una vez que los elementos estaban dispuestos ordenadamente en la mesita de noche se volvió hacia su víctima dormida, y lo movió  suavemente sobre su espalda, donde comenzó a roncar ruidosamente. Ella se rió mientras levantaba la colcha para encontrarlo durmiendo solo con un bóxer cubierto con imágenes de los personajes populares de dibujos animados. 

Luego, con la eficiencia tranquila que la caracterizaba, ella firmemente atado un tobillo con la línea de pesca y trajo el extremo libre bajo el pie de la cama para atar con seguridad al otro tobillo con cuidado de no despertarlo. Repitiendo el proceso a sus muñecas extendidas, comenzó a agitarse al encontrarse con sus extremidades extendidas atadas a la cama. Cuando abrió la boca para hablar, ella le metió sus calcetines y las aseguró con la cinta adhesiva. Impotente, luchó violentamente mientras observaba su difícil situación desde un lado de la cama.

Mientas aun luchaba Vince, se comenzó a cortar una línea a través de la delgada piel alrededor de sus tobillos y muñecas, y se sentía un ardiente dolor a través de cada uno de sus miembros. Él gimió y se resignó dolorosamente a su confinamiento. Ellen luego re-aseguro cada línea, asegurándose que se enseñara contra la piel cortada de sus miembros extendidos. Luego extendió la mano hasta tomar el elástico de su bóxer, y ella lo bajó por sus musculosos muslos lentamente, revelando su virilidad encogida y una gruesa mata de vello púbico. 

El aire frío comienza a estimular la carne sensible y su escroto comienzo a apretarse contra su abdomen cuando su virilidad comenzó a palpitar. Tomando el cuchillo, lo sostuvo delante de él, enviándolo al pánico instante antes de que ella lo llevara al elástico en su cintura y cortó toco el camino a través de sus últimos vestigios de privacidad. Al tirar de la tela hecha jirones lejos de su cuerpo tembloroso, ella le sonrió como una conquistadora. Podría haber estado dotada de lo que ella pensó, pero será suficiente; y ella alcanzó los alfileres.

"Podríamos haber tenido una noche maravillosa", dijo con remordimiento, "Pero no, había que rechazarme delante de toda esa gente. Yo no manejo bien el rechazo", continuó mientras ella se acercó y tomó su miembro semi-rígido con su suave mano. Y no me gusta ser humillada en frente de otras personas. “Mírame”, ella ordenó mientras deslizó el vestido por sus hombros que cayó en cascada sobre hasta sus muslos", ¿Soy lo suficientemente bueno para usted? "Vince asintió con violencia, pero ella fingió no ver cuando se puso de pie junto a él y agarro con firmeza sus senos haciendo que sus pezones se destacan firmemente. 

Deslizando una mano por delante de su firme torso, ella separó sus labios vaginales apartándolos lentamente para revelar la profunda humedad roja dentro de ella. Empezó con movimientos circulares alrededor de su capullo de amor con dos dedos, mientras su otra mano alternativamente pellizca sus pezones. Sus ojos se cerraron y ella movió la cabeza hacia atrás cuando se hizo inminente su orgasmo. Vince No pudo contener su emoción en medio del espectáculo flagrante de aquel erotismo, su virilidad comenzó a hincharse con entusiasmo.

Ellen se sentó en la cama y se la acarició suavemente Vince como sus ondas orgásmicas comenzaron a disminuir. Cautelosamente recogiendo uno de los alfileres, lo incrusto  suavemente en la base de su glande y comenzó a aplicar una presión firme en la cabeza en medio de sus protestas sin sentido. El tono de sus gemidos aumentó a medida que el largo alfiler surgió a través del cartílago y luego salió del lado opuesto del eje con una gota de sangre en la punta. Vince arqueó la espalda, y las lágrimas se formaron en sus ojos, cuando el dolor punzante que la penetración del alfiler comenzó a disminuir. Podía sentir un rubor caliente hasta el cuello y en el pecho mientras coloco una segunda aguja cerca de la primera y repitió lentamente el procedimiento, viendo como sus ojos se abrían de terror cuando el invasor de metal se movía través de la virilidad palpitante sólo para emerger cerca del primero. 

Empezó a mover la cabeza de lado a lado mientras le colocaba el tercer largo alfiler en el mismo lugar alrededor de la base y lo hundía a través de él rápidamente, mirando como arqueaba la espalda cuando otra ola de dolor agudo le atravesaba el cráneo. Por ahora su glande estaba en llamas, y era tan sensible que el suave toque de la yema del dedo lo enviaría a una nueva ronda de agonía.

Ellen continuó empujando alfileres en su glande, cambiando los ángulos de vez en cuando para asegurar que cada nueva inserción podría ser totalmente experimentada por sus terminaciones nerviosas inflamadas. Él comenzó a gemir y sus ojos vidriosos de dolor cuando el choque comenzó a extenderse a través de sus extremidades y su cerebro comenzó a apagar su entrada sensorial. Sus inserciones fueron implacables; ya que una vez el glande se lleno completamente, ella comenzó a concentrarse sobre el eje tratando de ablandarse, la ruptura de los vasos sanguíneos para observar la acumulación de sangre en las piscinas de color púrpura debajo de la piel ahora abultada. 

Pronto, toda la caja de alfileres sobresalía desde varios ángulos alrededor de su virilidad, ya que estaba en una masa marchita en su abdomen. Vince estaba más allá de las sensaciones ahora, y se quedó con apatía crispando de lado a lado. Se levantó de la cama, lentamente pasando sus manos sobre su desnudez mientras admiraba los estragos que causó en su masculinidad.

"No mereces conservarlo", comentó, "no lo utilizas y no es lo suficientemente grande de todos modos".

Con eso, se inclinó y hundió la cabeza entre las piernas, metió lentamente su escroto en su boca y estimulo expertamente sus gónadas con la lengua con un zumbido suave. A pesar de la agonía, su virilidad comenzó una lenta resurrección de vuelta a su antigua gloria. Ahora estaba descolorido, deforme, y llena de sangre con lanzas de metal pequeñas, sin embargo, todavía tenía suficiente integridad para estar orgulloso en contra de su agresor despiadada. 

Ellen agarró suavemente el eje con una mano mientras la sangre empezó a gotear de las muchas heridas y fluir hacia abajo hacia su vello púbico. Con la mano libre gradualmente inserta un tubo de vidrio en la uretra para aplica una presión suave para que el plástico transparente desapareciera lentamente a lo largo de su eje. Podía sentir la carne desgarrarse en su interior cuando la sangre comenzó a fluir libremente desde la punta de su pene. Vince nunca pronunció un sonido o ofreció resistencia como ya no podía sentir nada en el abdomen; él simplemente se quedó mirando el techo en total abandono. Una vez que el extremo del tubo se inserta completamente, alcanzó el cuchillo y lo coloco firmemente contra la base del erguido pene.

"Dile adiós", sugirió, cuando ella comenzó a cortar  la carne lentamente, el residuo de la masa sangrienta enmarañado de vello púbico, cuando un goteo de semen con sangre surgió de la punta de la sonda en la uretra. El cuchillo cortaba una línea  profundamente en el cartílago con cada corte, y Ellen esperaba que él sintiera tanto horror como ella placer mientras le quitaba  el símbolo de su masculinidad. 

Vince lo estaba. Mientras cortaba su virilidad con el cuchillo continuó viendo la carne, sintió que se desgarraba y quedo libre en su mano. Las fuentes de sangre brotaron de la herida con cada latido de su corazón eran bastante impresionantes, y ella hizo una pausa para disfrutar de la exposición. A medida que el flujo comenzó a retroceder, ella sabía que pronto moriría por la pérdida de sangre a menos que ella actuara con rapidez. Agarró el ácido y lo derramó sobre el muñón sangrante en su entrepierna que era lo que quedaba de su virilidad una masa humeante de carne irreconocible. A medida que el mal olor de la carne quemada alcanzó su nariz, Vince perdió su comprensión de la realidad y se deslizó misericordiosamente en la inconsciencia.

Ellen ató cuidadosamente el extremo cortado de su virilidad con una línea de pesca y la puso en un bolsillo forrado en su bolso de mano. Desató cuidadosamente sus extremidades torturadas y lo sacó de la cama para llevarlo a la bañera. Enrollo las sabanas cuidadosamente, arrojó el elemento que quedaba en la mesita de noche en su bolso, y lanzó un beso hacia el baño mientras ella tranquilamente abrió la puerta y se dirigió por el pasillo vestida con su vestido imponente. Le entrego su tarjeta de acceso al maletero mientras caminaba bajo la lluvia, se metió en un taxi que esperaba, que salió a toda velocidad en la noche hacia un almacén abandonado a lo largo del río.

Ella se encontró con uno de sus compañeros de trabajo cuando entró en la estructura se derrumbó parcialmente.

"Bueno, vamos a ver", el compañero de trabajo, exclamó con entusiasmo; entonces, al ver la masa arrugada, púrpura de la hombría, "¡no es el mejor ejemplar que he visto recientemente!"

"Lo sé, me ha decepcionado también" Ellen dijo con amargura; "Me gustaría que no tuviéramos que hacer esto - parece tan injusto saquear a un grupo tan ingenuo de seres humanos".

"Muy cierto", murmuró ella a su entristecido compañero de trabajo; "¿Por qué tenemos que ofrecer a la reina con tal delicadeza - ella come el ganado, como lo hacemos?"

"Estoy de acuerdo", confirmó Ellen, "Pero desde que comenzamos a ofrecer a ella con esta carne de  hombres, ha dejado a nuestros criadores solos. Escuché el rumor de que una vez ella fue rechazada por un criador hace algún tiempo, y desde entonces ha renunciado a comer cualquier tipo de carne. “Es sólo un rumor, que importa".

"Escuché el mismo rumor", coincidió el compañero de trabajo con un suspiro: "Supongo que nunca lo sabremos".

Vince apenas fue capaz de ponerse de pie, y mucho menos llegar a la reunión de negocios a tiempo a la mañana siguiente. Una doble dosis de aspirina había aliviado su palpitante región genital, pero la presión de su ropa interior en contra de sus gónadas inflamadas era bastante incómoda y él no tenía la fuerza para permanecer de pie durante toda la presentación. Como se temía, era una amplia reorganización de la empresa, y su posición fue eliminada. 

Sin embargo, el presidente de la compañía había decidido abrir una nueva línea de productos de uso final, y debido al historial impecable de Vince, colocaría todos los aspectos de la producción, control de calidad, distribución y publicidad bajo su gestión. Al día siguiente, después de un miserable vuelo de regreso a Los Ángeles,

Vince presentó su carta de renuncia. De alguna manera, no podía apoyar una nueva línea de condones texturizados, pues el ya no podía simplemente comprobar su utilidad y calidad pues ya no se sentía capacitado para tal tarea.





Historia Original Aquí



Autor: Dave       Traductor: DarkSoul

SALVÁNDOLO CON LO TENÍA

José miró a su amigo que estaba sentando al lado de él tosiendo sangre. Esa era una señal peligrosa, la última etapa de la gripe Tiziano. Tenía que tener acceso a la medicina, pero sólo los ricos podían permitirse el lujo el tendría que conseguir la medicina aunque eso significase perder sus genitales......

SALVÁNDOLO CON LO TENÍA
José miró a su amigo que estaba sentando al lado de él tosiendo sangre. Esa era una señal peligrosa, la última etapa de la gripe Tiziano. Tenía que tener acceso a la medicina, pero sólo los ricos podían permitirse el lujo el tendría que conseguir la medicina aunque eso significase perder sus genitales.En la clínica luego de una ultima masturbación el dejo de ser hombre para ser un eunuco pero consiguió la tan deseada medicina para su amado.

[GAY] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [NULIFICACIÓN] [MEDICO]


Categoria: Gay      Autor: DarkSoul





José miró a su amigo que estaba sentando al lado de él tosiendo  sangre. Esa era una señal peligrosa, la última etapa de la gripe Tiziano. Tenía que tener acceso a la medicina, pero sólo los ricos podían permitirse el lujo de pagar por la atención médica, y ellos no eran apenas ni eso pobres. Al mirar alrededor de su pequeña habitación que alquilaron en un edificio abandonado como la mayoría en la

Nueva Ciudad de México, se preguntaba cómo iba a vivir alguna vez sin Raúl. 

Se conocieron hace cinco años, cuando ambos estaban en la escuela. Ninguno de ellos tenía padres vivos, pero el estado todavía estaba pagando por la educación hasta cierto punto. José pensó que tenía un hermano mucho mayor que vivía fuera en el sistema estelar de Hydra, pero no estaba seguro. Se había mudado tantas veces en los últimos cinco años que si quería buscar a su hermano sería casi imposible de encontrarlo, y él apenas tenía dinero suficiente para sobrevivir, mucho menos hacer una búsqueda muy cara por la galaxia exterior, además no tenía mucho tiempo ya.

Raúl estaba despertando, con el rostro pálido por las líneas rojas que mostraba su piel la enfermedad que tenía era más que evidente a la luz que se filtraba de la mañana, el lugar estaba frío, en el mundo en que vivían, de nuevo sólo los ricos podían permitirse el lujo de la electricidad para las luces de la noche y para darse calor. Este edificio fue dotado de paneles estrella para generar energía solar, pero que había sido destruidos o robado muchos años atrás.

"¡Dios, lo siento tanto!"

"Silencio, no utilice tu energía para disculparte, ¿cómo te sientes? No, no contestes eso. Si salgo vas a estar bien por un par de horas".

"No".
"¡No, salgas!"
"¡No lo hagas!"
"Es la única manera en que puedo conseguir la medicina, yo no voy a dejarte morir ahora que te tengo".
"No te van a pagar lo suficiente".
"Voy a negociar con ellos, si mis huevos no son suficientes, voy a encontrar algo más que pueda vender. Te lo dije anoche estoy dispuesto a todo".

"José, por favor no lo hagas".
"¿Por qué no te va a encantar cuando me convierta en un eunuco?, bueno, entonces voy a tener que hacer algo al respecto lo hará yo como Ted que es un eunuco, y es muy sexy".

"Eso no es lo que quiero decir". Raúl entró en un ataque de tos.
José respiró hondo de puso de pie y se fue sin mirar atrás dejando a su amado en cama escupiendo sangre mientras trataba de decir algo para detenerlo. Sin embargo José Estaba decidido a comprar la preciosa medicina para salvar la vida de su amado. Incluso cuesta dinero para entrar por la puerta de una farmacia, y las clínicas médicas impedían a las ratas de la calle, como él, a menos que fuera como un donante. 

Los órganos sexuales siempre se necesitaban, y eran comprados con precios más altos. Sabía que tenía que conseguir mil créditos para comprar el frasco de pastillas que curaría a su amigo. No quedaba mucho tiempo para conseguir esa medicina.

La calle se ha asociado con la vida, miles de millones de jóvenes sin empleo consumiéndose lentamente. Era peligroso viajar por barrios extraños así que trató de imaginar un escudo protector alrededor de sí mismo. Apenas había caminado unas cuando Oyó una voz gritar.

"¡Eh, tú, que lindo eres, deje de te lo meta!"
"Vete a la mierda hombre".
"Vamos he dicho que eres un hermoso chico, te pagaré".

Sin pensarlo comencé a correr más rápido, no tenía tiempo para el sexo callejero, si tenías suerte te pueden pagar un crédito o dos, si tienes mala suerte puede que termines muerto. Normalmente José iría con él a los muelles donde podrían ayudar a cargar los cargueros dirigidos a Marte donde los puertos de cohetes estaban. Por lo general, terminaba haciendo suficiente dinero para comer bien ese día y le sobraba un poco más para el otro día. José no había ido por eso lugares desde hace más de una semana, y se estaba sintiendo desesperado, necesitaba algo de sexo sobre todo si iba hacer lo que pensaba pero no quería arriesgarse no con la vida de su amado en juego.

El viento comenzó a soplar y un pedazo de papel voló hacia él. Él lo atrapó. El papel era un anuncio de viaje que mostraba un paisaje verde junto a un lago tranquilo. Nunca había visto cualquier lugar que no estuviera muy lleno y sucio rodeado de viejos edificios casi a punto de caerse. Bajo la holografía había las palabras 'Ven a Pearth, uno de los planetas más hermosos del sistema Hydra Star'. 

Él no tenía el dinero para conseguir la medicina, pero ir al espacio y encontrar a su hermano era un sueño, sólo podía ser un sueño. 

Mientras continuaba su viaje recordó la primera vez que tuvo sexo con Raúl, lo había conocido en el colegio a los 17 años el era y sigue siendo muy atractivo, lo conocí en las practicas de natación por lo que sus cuerpos estaban bien esculpidos, dado que tenemos que usar trajes de baño muy ajustados su paquete al frente de su entrepierna se marcaba mucho y fue una de las cosas que lo atrajo primeramente de él.

Las cosas entre ambos poco a poco se fueron dando hasta que un día estaban solos en casa, Raúl fue el que dio el primer paso, no es que José fuera tímido pero no se atrevía a dar ese paso con ese atractivo chico por alguna razón. 

José después de un par de minutos, sintiendo su lengua, luchando con la suya, empezó a sentir su erección creciendo en su pierna. De un momento a otro, Raúl empezó a desabotonar el botón de su pantalón, José intuyo lo que seguía, así que lo dejé. Después de eso, Raúl se arrodillo frente a él, le bajo el pantalón hasta los talones, y le empezó a besar su ya dura erección por encima del ajustado bóxer de color negro que traía puesto ese día.

Raúl Con 1.80 metros era de piel blanca, cabello negro con ondas y muy guapo. Desde pequeño José se dio cuenta que era diferente a los otros chicos. No entendía el echo de que fueran tan agresivos y le parecían muy inmaduros. 

José ya estaba con una erección considerable, además, le excitaba el que en cualquier momento Raúl tendría su dura erección fuera de su ajustado bóxer. Siguieron así por unos minutos, hasta que José sin poder resistirse bajo la mano y también empezó a manosear el también duro pero de Raúl, aunque de manera más suave. Raúl por su parte seguía tocando su pene por encima de su bóxer pero ya lo estaba masturbando.          

José estaba a punto de explotar, José luego de un rato no quería venirse ahí así que decidió que era hora de dar el siguiente por lo que se fueron hasta la cama de aquella pequeña habitación que él llamaba casa, se echamos sobre su cama, uno al lado del otro, mirando al techo. Un momento después, Raúl se le echa encima mientras José aun miraba al derruido techo, poniendo su firme culito encima de su duro pene, lo que le hizo excitarle muchísimo, luego Raúl, empezó a mover su culo en forma circular, y la erección de José empezó a ponerse cada vez más dura. Luego de unos minutos, se bajo de encima de José, quedando ambos muy excitado.         

De pronto Raúl lo beso de una forma tan apasionada, que lo único que pude hacer, fue seguirle el beso. Por unos minutos, se olvidaron por completo de todo ese mundo tan decadente, José bajó sus manos a sus nalgas, lo que hizo que sintiera aun más su erección pegada a su pierna y ocasionó que lo besara con aun más pasión. Al terminar de besarse, solo se quedaron mirando, tan solo para volverse a besar con la misma pasión de antes, aunque durante menos tiempo.         

Por alguna razón en ese momento José tenía muchas ganas de besarlo, Inmediatamente se miraron, y empezamos a besarse como nunca lo habían hecho. Después de un par de minutos, sintiendo sus lenguas, luchando con la otra, empezó a sentir su erección creciendo en su pierna. De un momento a otro, Con Raúl dándole besos sobre su bóxer, José me limitó a acariciar su cabeza y acariciarle las mejillas. Después de eso, Raúl le bajó el bóxer hasta quitarlo por completo y empezó a darle la mejor mamada de su vida chupando y lamiendo su erección de de 19 cm.

José estaba muy excitado, tanto que agarro su pene y empezó a golpear el rostro de Raúl con él, cosa que al parecer le fascino. Después de eso, José ya se contuvo más le bajo el pantalón y el bóxer de un tirón, lo que hizo que el pene de Raúl saliera como impulsado por un resorte, su pene de 21 cm, rebotando contra su estomago. José de inmediato comenzó a mamársela, mientras tanto Raúl con sus manos empezó a buscar su agujerito, y comenzó a meterle un dedo mientras escuchaba como gemía, luego dos, y se retorcía de placer, hasta que se dio cuenta de que José estaba listo.           

De pronto Raúl se levantó y empezó a besar a José de nuevo, después lo voltee rápidamente y le hizo inclinarse, para que su culito quedase alzado. Puso su dura erección en la entrada de su culito, mientras que José le suplicaba que lo hiciera con cuidado porque era su primera vez.

Raúl estaba tan excitado en ese momento que no le hizo caso, y se la metió de un solo vez. El grito que dio José, fue demasiado fuerte y trato de zafarse, pero Raúl lo tomo de la cintura con fuerza y le dijo que se estuviera quieto por unos minutos, hasta el momento en el que el mismo empezó a moverse.

Le gusto ver que su cara; así que le agarro el rostro y lo giró. Estuvieron así por unos 20 minutos, hasta que Raúl se la saco pero solo para sentarse sobre una silla, José sabía lo que significaba eso, así que se acercó a él y se sentó sobre su duro pene, mientras lo besaba. Mientras subía y bajaba, sentado encima de él, el tomo su rostro apretando sus mejillas para que abriese la boca, y le empezó a escupir, cosa que lo excitaba demasiado, y al parecer, a él le fascinaba.

Después de unos 15 minutos Raúl empezó a sentir como se retuerce del placer, y sin ni siquiera tocarlo, ve salir chorros y chorros de semen, de la punta de su erección que se bambolea, que salpico con su espesa leche su pecho y él de José.
           
Sin embargo no José no dejo cabalgar a Raúl que siguió penetrándolo con mucha vitalidad hasta cuando sintió que ya no podía aguantar más que solo unos minutos después,  Raúl hizo que José se le quitara de encima, lo hizo arrodillar, y le ordené que sacase su lengua. Puso su dura erección encima de su lengua, dentro de su boca, y empezó a correrse, como pocas veces lo había hecho, antes de acabar saco pene de su boca y también cayo semen en el resto del rostro; los que recogió con sus dedos, e hizo que José se lo chupara hasta dejarlo completamente limpio.  

Luego de eso, ambos se fundieron en un apasionado beso, saboriando sus fluidos corporales, el uno del otro, y simplemente se dejaron caer sobre la cama estaban bañados en sudor y jadeantes por el esfuerzo realizado pero muy contentos y satisfechos.

*******************

Los pensamientos de José se vieron interrumpidos al Llegar a la puerta custodiada de la Clínica Neper. Un guardia lo detuvo en seco en la puerta.

"¿Qué estás haciendo aquí vago?", Dijo el guardia rudamente.
"Estoy aquí para hacer una donación".
"Está bien, sígueme".

El guardia negó con la cabeza él era un hombre sano de aspecto joven, así que no era su negocio. Lástima que no podía reclamar una comisión de intermediario en este caso.

Unos minutos más tarde el guardia dejo a José dentro de un elegante consultorio y le pedio que tomara asiento que en unos momentos alguien vendría para atenderlo.  Unos minutos más tarde un hombre de unos 50 años portando una blanquísima bata medica se presento ante José dijo ser el Dr. Oniz, y que le habían informado que él quería hacer una donación.

José estiro su mano para saludarlo, luego de hablar varios minutos el Dr. Oniz por fin dijo, “¡José necesito que te desnudes para poder evaluar las donaciones y cuantificar el precio!”, José se puso de pie dio un largo suspiro para luego comenzar a despojarse de sus prendas de vestir dejando de ultimo su ajustado bóxer para revelar su pene en erección sin circuncidar ante la mirada del médico.

El Dr. Oniz le ordeno que se pusiera en donde había dos marcas de pies en el suelo, José lo hizo quedando con las piernas ligeramente abiertas, el Dr Oniz se coloco sentado en un pequeño taburete de metal frente al joven y le dijo que pusiera sus manos en su nuca, eso hizo que los marcados abdominales de José se remarcaran más ante la mirada del galeno.

El maduro hombre, sopeso los regordetes testículos que colgaban bajos en la entrepierna de José, por unos segundos antes de tomar su pene duro como roca para correr su prepucio hacia atrás y liberar su glande color purpura del que ya salía algo de liquido pre-seminal, luego de un incomodo silencio dijo, “¡Bien José por tus testículos puedo ofrecerte 250 créditos por cada uno, ahora por tu pene puedo ofrecerte 400 créditos!”

 José hizo las cuentas en su mente $ 900.00 créditos ¡rayos se dijo a si mismo!, luego él contestó, ¿no me puede dar un poco mas por mi pene? ¡Por favor necesito un poco más!, el médico reviso algunos papeles y dijo por fin. “Te puedo ofrecer $ 1,070.00 créditos por todo siempre que se haga ahora mismo”.

José sonrió al escuchar la suma y por fin dijo, “acepto”, el médico sonrió para luego decir “¡perfecto!, voy a tardar algunos minutos para tener todo listo si quieres puedes masturbarte una última vez ahí atrás de ese biombo”.

José camino a donde señalo el médico con su pene en erección oscilando hacia todos lados a cada paso que daba pues seguía desnudo, en el lugar había una caja de pañuelos desechables y algunos holoimagenes porno para poder excitar a los pacientes.

José apenas llego detrás de la cortina, tomo su duro pene con su mano derecha y comenzó a moverla furiosamente por todo el duro cilindro de su erección, su mano cuando llegaba a la zona de su glande lo apretaba con fuerza haciendo que todo su cuerpo vibrara de placer, sus testículos se sacudían de un lado a otro, mientras su mano bajaba y subía.

José quería prolongar el placer que estaba sintiendo todo lo posible sabia que esa sería la última vez que podría sentir un orgasmo de esa forma, en un momento dado, luego de algunos momento del otro lado del biombo se escucho la voz del médico, ¿Listo?, José apresuro su masturbación hasta en medio de un sonoro gemido varios chorros de su espesa leche brotaron de su pene provocándole un gran ultimo placer como hombre de su vida.

José se limpio lo mejor que pudo con los pañuelos desechables antes de salir en donde el médico ya lo esperaba. El médico con una sonrisa de complicidad le pregunto ¿Lo disfrutaste?, José con pena solo asintió con la cabeza en forma afirmativa, casi enseguida el médico le indico que se pusiera de nuevo en donde las dos marcas de huellas de pies estaban en el suelo, José hizo lo indicado por el médico que acciono un interruptor apenas el joven coloco sus manos en su nuca.

De pronto José se encontró paralizado por completo apenas podía mover sus ojos, mi parpadear podía, tampoco gritar o hablar estaba completamente a merced del médico pero además no sentía nada de su ombligo para abajo el galeno entonces se acerco de nuevo a él para colocarse sentado con su taburete de metal frente a José de nuevo, el médico portaba un escalpelo laser, con una mano levanto el pene de José aun en erección, para hacer un corte circular alrededor de la base de su pene.

Apenas termino de hacerlo el pene de José que apuntaba al techo se desplomo para apuntar al suelo, el médico solo lo tomo y jalo de él, José no sintió nada solo observo como los tejidos asociados a su pene salían del interior de su cuerpo entre ellos su próstata, el médico apenas corto el largo tubo que era su uretra, para separar el pene totalmente del cuerpo de José, para luego ponerlo en una pequeña cámara de estasis para conservar los tejidos.

Su escroto y testículos fueron los siguientes que no fueron rivales para el instrumental de última generación del médico, que extrajo cada uno del saco de piel de forma individual antes de cortar por fin el saco vacio de piel, cuando termino de colocar los testículos y escroto en la capsula de estasis, tomo un biogenerador celular y comenzó a irradiar la entrepierna de José, ahora vacía apenas unas pasadas de ese aparato bastaron para dejar su entrepierna como si nunca hubiese habido algo ahí incluso la salida para su orina fue movido varios centímetros más abajo.

Cuando el médico termino, lleno unos papeles y transfirió la suma acordada a la cuenta de José, cuando todo estaba completado, el médico libero a José que se llevo sus manos a su entrepierna para sentir como ya no tenía nada, dos lagrimas brotaron para recorrer sus mejillas, pero pese a todo estaba contento.

Al salir del consultorio ya como un eunuco, lo primero que hizo fue ir a la farmacia y comprar el medicamento, sobra decir que Raúl se salvo y aun siguen viviendo juntos Raúl no se cansa de penetrar con su gran erección el culito de José que ahora sin próstata y testículos casi puede metérsela por completo a su manera José también disfruta de la virilidad y hasta se puede decir que ha aprendido a tener orgasmos anales.       

José no se arrepiente de haber perdido sus genitales para salvar a su amado después de todo lo salvo con lo unido que tenia para ofrecer a cambio de la medicina.





Autor: DarkSoul       Mail: darksoulpgm@gmail.com

CANIBALISMO EXTREMO ENTRE HERMANOS I

Como la convivencia mía, como hijo adoptivo con un hermano blanco puede llevar a consecuencias fatales. Es una historia larga, y por eso no tengo prisa en contarla. De las historias lo más importante son los detalles y la ambientación que estimulan la imaginación, que es la gran viciosa......

CANIBALISMO EXTREMO ENTRE HERMANOS I
Como la convivencia mía, como hijo adoptivo con un hermano blanco puede llevar a consecuencias fatales. Es una historia larga, y por eso no tengo prisa en contarla. De las historias lo más importante son los detalles y la ambientación que estimulan la imaginación, que es la gran viciosa. Esta historia tiene mucho de verdad aunque el final no, por ahora, claro.

[GAY] [CANIBALISMO] [FANTASÍA] [INCESTO] [GORE]


Categoria: Gay      Autor: Comepies





Me llamo David y soy negro. Este hecho es fundamental para entender mi historia. Lo explicaré.

Siempre me ha parecido la raza blanca atractiva: más ligera, más tierna que nosotros, con menos densidad ósea, menos rápidos, con el pene más chiquito, el culo más blandito, menos tono muscular (es decir, que los músculos en reposo están más flácidos). Por otra parte, tienen más vellos que nosotros. Son una raza menos perfecta, no tan bien hecha pero por eso, más atractiva para el sexo. Por último tienen menos facilidad para hacer músculo y más facilidad para perderlo. ¡Un Desastre de raza!

También hay algo que me gusta de los blancos (se entiende que hablo jóvenes hombre) y son sus pies. Llevo mucho tiempo observando esta parte de su tierno cuerpo y la veo más flexible en general, más suave de piel, el tobillo con capacidad para torcerse más (eso dicen los expertos en natación) y dentro de esta pasión, el ¡lo que me excita más! son los pies planos grandes (45 cm mínimo de largo) con tobillos delgados y planos como tablas. Pues todo esto, lo reúne mi hermanastro Raúl.

Llevo durmiendo en su habitación toda la vida y veo su vida como va totalmente hacia la autodestrucción: se droga, bebe y no estudia. Un desastre. Mide 1.90 metros (más que yo, que mido 1.80 metros aproximadamente) calza un 46 de pie - plano por supuesto- Delgado, no sé cuanto pesará pero creo que poco para su estatura. Con vello sobre el pecho cerca del ombligo, piernas hasta los pies. Un vello negro, así es como es él. De voz grave y lindo de aspecto y carácter.

Mi relación con él es fría. No podría ser de otra forma, lleva toda la vida insultándome y despreciándome desde siempre. No hay querencia entre los dos. Porque creo envidia mi físico inalcanzable para él. Yo porque veo en Él un trozo de carne que me gustaría comerme poco a poco. Bueno, no sólo, tengo una panda de hermanos negros tan locos como yo que estarían dispuestos a comerse a un blanquito.

Todas los fines de semana sale por la noche, ocasión que aprovecho para quedarme en su cuarto, que es el mío, y oler la ropa que deja. ¡UMMMMM que placer! los calzoncillos con el olor a huevos que es indescriptible y que es fácilmente identificable al resto de mierda de posibles eses fecales o pedos.

Los calcetines con un olor a queso Camembert intensísimo. Lo tomo y lo lamo, los metía en la boca. Es gracioso, un día me vio con un calcetín suyo ya que se le olvidó el llavero (se me olvidó decirlo, tiene 23 años) y al verme con el calcetín me dijo: "negro, cuando venga me comes los pies que están mejores" y se echo a reír con un "hasta luego maricón". Sin que él lo supiera me corrí pensando que un día me podría comer esas plantas enteras. Otro día salió de baño y acto seguido entre yo. Este día fue el que me propuse hablar con mis colegas y cargarme a este tipo blanquito de una manera discreta. En ese día, repito, cuando salió del baño se le olvidó tirar de la cadena del escusado dos veces y quedó restos de mierda. ¡Qué éxtasis! me iba a volver loco. Oler la mierda de este tío. Cogí un papel de baño limpie el wáter y me acerqué el papel a la nariz. ¡Oooohhhh! Que corrida más buena. No había parte de su cuerpo que no me apeteciera, ni olor que me molestara. Era un ejemplar que había que comérselo. 

Resulta que mi hermano le gusta el jiu-jitsuy va a competir de vez en cuando con un grupo de colegas, entre los que se encuentran los colegas míos, que son mis hermanos. Todos más pesados y bajos que él. Pues estos tipos organizan pequeños eventos sin importancia donde hacen entrenamiento medio en serio medio en broma con chicos que desean aprender. En este caso, mi hermano siempre le ha gustado ya que aprende y eso es bueno.

Para sorpresa mía, antes de cometer este acto colectivo de canibalismo (solo era imaginario, tendría que hablarlo con mis colegas - somos 5 conmigo) por la madrugada de ese día lo trae la policía a casa drogado perdido e inconsciente. Debo de apuntar que era verano y estábamos solos. Sus padres estaban en Marbella de vacaciones. Nosotros nos quedemos en Córdoba castigados estudiando. Lo traen, digo, y lo suben a la habitación. Yo les muestro el camino y les ayudo a los policías cogiéndolo por las piernas. Lo dejan en su cama medio muerto.

Yo despido a los policías y nervioso perdido sé que esta madrugada sería la primera de una serie de violaciones a mi hermano inconsciente. Llamo nervioso a Domingo, que es parte de mis amigos. Este chico está tan loco como yo por comerse a un blanco. Lo único que hace es regentar un gym y hacer pesas. Mientras viene yo examino a Raúl todo su cuerpo. Qué cuerpo. Empiezo a escuchar su respiración pausada y profunda y me aseguro. Paso la mano por su barba de varias semanas y veo que no reacciona. Noto que mi pene se pone duro y que como negro que soy, es difícil de disimular por cuestiones de todos conocidos. El caso es que le pego pellizcos en su brazo y le tiro de los vellos del sobaco y nada. "¡ESTE ES MI MOMENTO!" Antes de la llegada de Domingo jugaré un poco con este esplendido hombre me dijo a mí mismo. ¡Jejeje!

Empecé por quitarle la camiseta, poco a poco, lentamente. Le tome el brazo para sacársela y note su carne blanda, tierna, suave y fresca;  note igualmente como fruto de ese menor tono muscular (esto es un dato científico comprobado) su brazo se deformaba en mi mano. Noté lo poco que pesaba en comparación con un brazo mío por ejemplo y una vez desnudo de torso pasé con mis manos toscas sobre su antebrazo y finalmente llegué a sus manos. Grandes, largas y peludas, pero suaves por su palma. Estaban húmedas, pienso que de sudor, y las olí las apreté con las mías y las chupé.

Finalmente las acerqué a mi gran erección. Qué contraste más bueno: blanco y negro. Luego bajé a para quitarle su zapatos de deporte. Al acercar la nariz me vino un tufo súper intenso que hizo que me volviera loco por un momento, pero acto seguido llamaron a la puerta, era Domingo con otro chico que no conocía. El topo era el hermano más grande que haya visto en mi vida, con una voz grave de contrabajo y unas manazas de elefante. Los llevé arriba y logré saber que se llamaba el gorila era Domingo que era el tío de Domingo por lo que era sobrino. De ahora en adelante el grande será DOMINGO y el chico será Domingo.     

Una vez dentro pude ver las caras de los Domingos. Pude ver sexo, hambre, violencia, deseo, canibalismo. Son de estos tipos que ya lo han probado todo y quieren sensaciones nuevas, es lo que tiene el deseo, que nunca sacia. Habrán penetrado a blancos más de diez en lo que ha pasado del 2014. 

Pasó un momento en que nadie hablaba. Yo incluso oía el corazón de este búfalo parecido a Bop Sapp - podéis ver en google y poner Bob Sapp para haceros una idea del tipo-. Nadie hablaba, sólo entraba de la calle gritos de jóvenes blancos enfiestados, ya borrachos y ruido de los cristales de las botellas o vasos que lanzaban al aire. Toda la habitación estaba invadida de sensualidad. Era una invitación más a hacer cosas malas. Recuerdo que tuvimos una conversación interesante. Fue primero sobre qué hacíamos con él. Por cierto, él mientras tanto como si nada pasara con él, dormido y roncando. De pronto se oyó un pedo o aire e inmediatamente DOMINGO fue a donde él y aspiró todo el olor.

Un gemido animal salió de su garganta. La conversación fue como sigue, más o menos:

DOMINGO: qué hacemos con este algodoncito (siempre se refería a los chicos blancos así).  
Domingo: algo tenemos que hacer Joé. Propongo quitarle la ropa y violarlo los dos.     
YO: ¿Y yo qué, es mi hermano?  
DOMINGO: Y
Domingo: tu lo puedes penetrar todos los días.           
Yo: sí pero hoy es la oportunidad.          
DOMINGO: Te gustan sus piernas delgadas y peludas. El pantalón de Mezclilla que tiene es una suerte que lleve ahora tan corto. jejeje. 
Domingo: y tito, ¿te gustan sus pies? mira qué plantas.         

De repente oímos un erupto de mi hermano y tragar saliva. Movió la pierna un poco y percibimos que hizo un intento de tirarse una flatulencia aún estando dormido. EL pedo sonó en toda la habitación y creo que el pasillo. Otra vez DOMINGO fue a su trasero, pero su sobrino se adelantó y hubo un forcejeo, ya que se quejaba que él no lo había olido antes. Finalmente Domingo (el sobrino) lo olio pero al soltarlo su tío de pronto, cayó con las narices entre los dos glúteos de mi hermano. Él ni se inmutó.

Continuara…





Autor: Comepies       Mail: manueldavidgeq@yahoo.es

El sexo online, una forma de sexo gratis y sin compromiso

Hola chicos y chicas, de nuevo me animo a escribir un breve relato o historia que me pasó hace ya unos meses, cuando empecé a tener sexo con desconocidos mediante la webcam y una máscara para guardar mi anonimato en la gran Internet.

No me considero una persona tímida, pero por respeto a mi familia y amigos prefiero protegerme de estúpidos comentarios que puedan dar algunos conocidos, y es por eso que empecé a utilizar, y a día de hoy sigo utilizando, una máscara cuando practico sexo online con mi webcam.

No voy a hacer publicidad de ningún tipo para que me publiquen aquí en sexoescrito.com este relato, así que llamaré plataforma de sexcams  a la página dónde comencé a retransmitir con mi webcam.

Todo comenzó cuando una tarde estábamos hablando en un parque mi amigo Fran y yo. Empezamos a hablar de sexo como acostumbrábamos a hacer cuando estábamos a solas. Es extraño porque para mí Fran siempre ha sido un buen amigo y aunque es bastante atractivo nunca hemos tenido sexo juntos, ni siquiera nos hemos enrollado.

De repente Fran empezó a hablarme de una plataforma de sexcams que había descubierto la noche anterior, buscando material para pajearse, como él dice que acostumbra a hacer siempre antes de acostarse. Me comentó la cantidad de chicas y chicos que retransmitían en esa plataforma de sexcams, desde sus casas por webcam practicando sexo con desconocidos de forma gratuita, donde los usuarios que conectaban con su perfil podían hablar con ellos y fantasear juntos. Rápidamente sentí curiosidad, ya que nunca había practicado sexo online por web cam. Para mí era algo nuevo eso de practicar sexo por Internet y lo tenía probar.

Esa misma tarde al llegar a casa después de pasar toda la tarde con Fran hablando de sexo y otras cosas de la vida, decidí coger la webcam de mi hermano e instalarla en el ordenador de mi habitación. Tras buscar esa plataforma de sexcams en Google y registrarme, empecé a investigar sobre cómo funcionaba aquello. La verdad es que era bastante fácil, apenas había que conectar la webcam y empezar a retransmitir y a hablar con desconocidos.

La idea de practicar algo que para mi sería nuevo me excitaba bastante. Rápidamente empecé a ver las webcams de otras personas. Sexcams de chicos, Sexcams de chicas y Sexcams de parejas teniendo sexo en público de forma online. Miles de personas hablando y compartiendo esto del sexo que tanto nos gusta a muchos.

Cuando me aseguré de que la puerta de mi habitación estuviese bien cerrada, decidí probar suerte y empezar a conocer gente en esa plataforma web. Me puse un nick distinto a mi nombre para que ningún conocido me reconociese y decidí utilizar una máscara o antifaz que tenía en mi habitación y que era de una antigua fiesta de amigas. Así, si me encontraba en aquella plataforma a Fran conectado o a cualquier conocido o familia, ellos no me reconocerían. Esa misma noche estuve chateando sobre sexo con varios desconocidos, mientras iba soltándome y poniéndome bastante cachonda.

Una pareja con las que estuve hablando como 15 minutos mientras practicaban sexo oral entre ellos y se turnaban en el ordenador me pusieron muy cachonda, yo iba tocándome, masturbándome suavemente mientras notaba todo cada vez más lubricado.

Empezaba a necesitar una buena polla que me penetrara, pero en el sexo online no hay nada físico, sino que hay que jugar con la imaginación bastante. Pensando en tener una buena polla a mano decidí entrar a las salas de chicos con webcam y grande fue mi sorpresa al ver de las primeras webcams a Fran, semitumbado con un buen primer plano de su gran polla, cogida con una mano mientras con la otra mano escribía respondiendo a las personas de la sala de chat. Me puse nerviosa al principio sin saber cómo reaccionar, pero enseguida recordé que estaba usando un nick o pseudónimo que nadie conocería, además de mi máscara que hacía irreconocible mi rostro.

Estaba muy cachonda después de estar hablando con aquella pareja un buen rato, pero más cachonda y excitada me puse al verle el rabo a Fran. Siempre había pensado en cómo sería de tamaño y grosor. He de reconocer que soy una chica con bastante imaginación y más de una vez había imaginado su polla mientras me masturbaba en mi habitación. Empecé a hablar con él, haciéndome pasar por una desconocida anónima. A petición suya le compartí mi webcam por lo que los dos nos veíamos mientras hablábamos escribiendo por chat.

Empezamos a hablar de fantasías sexuales, parecido como hacíamos otras veces en persona como amigos íntimos que siempre hemos sido, pero esta vez de forma anónima ya que él no sabía que yo era Laura, empezamos a hablar con más detalles. Me empezó a contar que le gustaba, cuales eran sus fantasías sexuales más secretas.

Yo aprovechándome de mi anonimato también el conté todo tipo de fantasías que tenía. Mientras él se masturbaba, yo hacía lo mismo frotándome el clítoris suavemente con la mano que tenía libre. Estaba completamente desnuda, sin sujetador y solo con las braguitas algo húmedas que las tenía apartadas a un lado para poder masturbarme directamente. Muy cachonda mientras veía esa gran polla, decidí sacar mi juguete erótico favorito del armario. Un vibrador de 20 centímetros que tenía de hacía un tiempo. Sí, hacía tiempo que había cambiado el osito de peluche por una buena polla de plástico, es algo que recomiendo a cualquiera para desahogarse.

Ajusté la webcam enfocándola a mi coñito mientras empezaba a jugar con el vibrador sobre mis labios menores. Algo que debió de gustarle a Fran ya que solo hablaba conmigo, ignorando al resto en la otra sala. Él, muy excitado al ver cómo yo jugaba con el vibrador introduciéndolo y sacándolo de mi chochito húmedo, empezó a masturbarse con más intensidad, a la vez que escribía con su otra mano lo mucho que le gustaba mi chochito.

Tras unos minutos masturbándonos los dos, escribiéndonos lo mucho que nos gustaba el sexo del otro y el deseo que teníamos en ese momento, él eyaculó fuertemente. Incluso salpicó la webcam ya que se podía ver una pequeña gotita en la pantalla de su webcam.

Yo en ese momento estaba a punto de tener un orgasmo, pero rápidamente se me cortó ya que tras eyacular y limpiarse rápidamente acercó su cara a su webcam y guiñó un ojo a la vez que escribía “ha sido mejor de lo que esperaba, Laura”.

Aquello me dejó sin saber cómo reaccionar. Me dio una vergüenza grandísima ya que pensaba que él no sabía que era yo. ¿Cómo pudo saberlo? Le había dicho todas mis fantasías secretas más secretas. De los mismos nervios apagué el Pc.

Al rato, me llegó un Whatsapp al móvil de Fran, donde me decía que no pasaba nada. Que había reconocido mi habitación y fue entonces cuando pensó que sería yo. Hablando con él por whatsapp me calmé, y al poco tiempo estábamos los dos riéndonos de la experiencia. Los dos seguimos tan amigos como siempre, aunque nunca hemos vuelto a hablar de aquel momento de sexo online por webcam. A día de hoy seguimos sin tener sexo entre nosotros o de enrollarnos. aunque he de admitir que me gustaría probar esa gran polla que tiene Fran.

Al tiempo decidí tomarme una pequeña venganza sobre Fran, por haber seguido fingiendo no conocerme hasta que terminó eyaculando sobre su webcam. Pero esa venganza la dejaré para otro relato.

 

 

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KOTEKAS

Me retiré joven y me convertí en un hedonista total. Fui a Nevada a disfrutar de los burdeles legales, pagar a las mujeres para hacer todas las cosas repugnantes que ningún hombre nunca debe esperar de una esposa o amante. Fue genial, pero yo quería más......

KOTEKAS
Me retiré joven y me convertí en un hedonista total. Fui a Nevada a disfrutar de los burdeles legales, pagar a las mujeres para hacer todas las cosas repugnantes que ningún hombre nunca debe esperar de una esposa o amante. Fue genial, pero yo quería más. Quería escuchar rogar, suplicar, gritar y maldecir en el idioma que hablara a un adolescente, quería verlo sacudirse y retorcerse, ver la tensión mientras trataba de liberarse de sus ataduras y negar a sus verdugos el acceso a sus huevos.

[ADOLESCENTE] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [TESTÍCULOS] [ADVERTENCIA]


Categoria: Adolescente      Autor: Zipper






Me retiré joven y me convertí en un hedonista total. Fui a Nevada a disfrutar de los burdeles legales, pagar a las mujeres para hacer todas las cosas repugnantes que ningún hombre nunca debe esperar de una esposa o amante. Fue genial, pero yo quería más, así que me fui a Tailandia y tener sexo con jóvenes vírgenes que estaban primero aterrorizadas, luego encantadas con mis dimensiones. Eso todavía no era suficiente, así que también tome a chicos, saboreando su dulce esperma no contaminada por vicios de adultos, culos adolescentes apretados, con penes que no eran más grandes que un dedo enguantado de un médico. 

¡Fantástico! 

Pero mi interés real estaba en otra parte. Yo quería ser testigo de una verdadera castración en vivo. No me importaba si era el resultado de un padre agraviado buscando venganza por un hijo molestado o una hija embarazada, o un acto punitivo de guerra o incluso el comercio de algún comercio de esclavos localmente legal, yo quería estar allí. Quería ver su confusión, la negación y finalmente, la realización de lo que iba a suceder, para finalmente ver el dolor, la angustia y la desesperación de tener su virilidad cortada para siempre de su cuerpo. 

Quería escuchar rogar,  suplicar,  gritar y maldecir en el idioma que hablaba, quería verlo sacudirse y retorcerse, ver  la tensión mientras trataba de liberarse de sus ataduras y negar a sus verdugos el acceso a sus huevos. Quería oler la mierda salir de sus entrañas mientras era cortado. Quería ver sus testículos cortados de su cuerpo y arrojados a la tierra, quería ver su sangre corre por sus piernas, y en el caso improbable de que él consiguiera una erección verlo disparar su semen por última vez, yo quería ver eso también.

No sólo quiero verlo todo, quería filmar en video su castración. No grabarlo con la inestable cámara de un teléfono celular fuera de foco y cosas así, ni los efectos especiales de mierda falsos de las películas, quería que la cosa fuera real. Para facilitar mi búsqueda, he pagado una gran suma de dinero a un hombre conocido sólo por mí como Derek. 

Derek tenía mi edad, más o menos, y afirmó haber estado en Nam mucho después de la caída de Saigón, y aludió haber sido empleado en Centroamérica, Kuwait, Bosnia, Somalia, Afganistán, y en casi todos los puntos calientes políticamente hablando. Le he oído hablar de unos cuantos que ni siquiera sabía que existía. Derek me aconsejó adquirir las credenciales que certificaran que yo era un periodista de buena fe, que obtuviera todas las vacunas para casi todos los países del mundo y estar listo para viajar en cualquier momento.

"Moldavia", explicó Derek un mes más tarde, ellos tienen una riña con Ucrania. Ambos países ocasionalmente castran prisioneros para desmoralizar al otro lado. Viaja allí lo antes posible. Me pondré en contacto con usted una vez que estés ahí".

**************

La víctima se veía como un niño, pero para entonces todo el mundo de menos de treinta años parecían niños para mí. Probablemente estaba entre una edad entre diecisiete o diecinueve años, todavía juvenil delgado y con el rostro lampiño, todavía con el uniforme en el que había sido capturado. Era evidente que estaba ansioso por haber sido llevado al patio, pero su voluntad de cooperar indicaba que no tenía ni idea de lo que iba a suceder.

Yo estaba esperado que hubiese una mesa o caballete a la que se fijaría el prisionero para su castración, pero a un movimiento de cabeza del capitán los cinco escoltas simplemente hicieron que su prisionero quedara en el suelo y luego lo doblaron hacia adelante, con su rostro tocando el suelo entre su piernas extendidas. Sus pies fueron atados detrás de sus hombros y sus manos aseguradas a sus espaldas. Fue entonces que el capitán saco un cuchillo y poco a poco cortó el uniforme y la ropa interior del prisionero.


El prisionero, quedo atado como un pavo, desnudo, y regordetes testículos inmóviles, abultados hacia fuera y sin protección, para ese momento ya tenía alguna idea de lo que iba a suceder, su rostro estaba ensombrecido por el miedo. Yo no entendía sus balbuceos pero era obvio que él estaba suplicando y pidiendo clemencia. El capitán, haciendo caso omiso de las protestas de su cautivo, simplemente extrajo un pequeño trozo de cable de uno de sus bolsillos y lo anudó fuertemente alrededor del escroto que sobresalía del prisionero.

Fue en ese momento que el prisionero soltó una sonora flatulencia seguida de una plasta mierda que cayó al suelo, apenas es el inicio dijo el capitán. El capitán tomó con calma el escroto de su cautivo y casi lo arrastró unos metros hacia un lado para evitar el desastre. Sin soltar a su presa, el capitán luego desenvainó el cuchillo de su cinturón, lo retorció lentamente para que el sol se reflejara en el acero pulido, y se agachó para cortar el escroto del prisionero.

Mi cámara de vídeo vaciló desenfocada durante unos segundos cuando cheque entre mi pantalón, y luego regrese con el prisionero, que ya tenía sus nada comunes testículos situadas en la tierra, y luego su llanto, con su rostro triste, para fijar la toma finalmente en su entrepierna totalmente expuesta con su pene flácido circuncidado que reposa sobre su vientre. Hubo muy poco sangrado; el  apretado alambre era evidentemente un torniquete eficaz.

El prisionero fue arrastrado desde el patio, presumiblemente para ser repatriado a su unidad, mientras que otro soldado llego con una pala para recoger tanto el excremento como el escroto para ser depósito en la letrina.

Vi decenas de veces el video de cinco minutos. A veces me gustaría concentrarme en la castración real, otras veces mi enfoque era en las diversas expresiones faciales del adolescente, aún otras veces me gustaba simplemente escuchar la banda sonora, tratando de traducir la mendicidad del chico que suplicaba en un lenguaje que pudiera entender. A veces los vacilantes en el enfoque de la cámara que coincidió con mi orgasmo causado otro orgasmo sin ayuda, otras veces tenía que facilitar las cosas con mi mano.

Me sentí un poco de mala gana después de cada orgasmo, al igual que cuando penetraba a los chicos en Tailandia, pero no tenía ningún sentido de culpabilidad. Su castración había sido el resultado de la política más allá de mi control, y yo sólo había documentado su castigo, y si mi única transgresión había sido en la violación de la privacidad del cautivo por la grabación de su castración a la fuerzas.

Yo estaba feliz con el resultado de la empresa y estaba satisfecho de que mi dinero había sido bien gastado, pero un año más tarde estaba de vuelta en el teléfono con Derek. "Quiero ir a hacer otro viaje en el extranjero", le dije, "pero esta vez quiero participar".

"Puede obtener buenas castraciones no tan lejos y ahorrarse la tarifa aérea", respondió secamente.
"De veras". Le respondí. "Quiero hacer un corte real esta vez".
"Eso va a costar mucho", advirtió.

Le aseguré que yo estaba dispuesto a pagar un precio más atractivo por un joven blanco, menos por un hombre mayor o de color.

Yo no puedo explicar ni justificar querer castrar a un hombre que nunca me había hecho mal de alguna manera. No era porque me sentía inadecuado; Yo no soy estrella del porno, pero todavía puedo conseguirlo y satisfacer a cualquier pareja que he encontrado, y yo nunca me he sentido intimidado o asustado por otros hombres.

"Papúa Nueva Guinea", dijo Derek un mes más tarde, "tiene una serie de tribus primitivas y aisladas, la mayoría evita el contacto con personas ajenas a menos que sea absolutamente necesario. Una tribu parece tener un problema: Un chico adolescente que pasa a ser un albino. A falta de pigmentación de la piel, no puede salir en el sol, por lo que no puede trabajar y cazas como los demás, pero es un elefante blanco que no pueden deshacerse de él. 

Es un amuleto de buena suerte y quieren mantenerlo alrededor pero no pueden permitirse el lujo de dejar que se reproduzca, y está a punto de cumplir catorce años y sentir el impulso. Tienen miedo de que Dave o quien quiera que sea que ellos que lo adoran sufra una maldición si es castrado por alguien de la tribu; tiene que ser un hombre blanco que lo haga y el único que saben que lo puede hacer es un médico misionero que ni siquiera lo consideraría. Viaje ahí y vaya por el río hasta el Valle Baliem y ya está todo listo. 

"La idea misma de un tener los cojones de un chico virgen de catorce años en una mano y un cuchillo en la otra me estaba dando una erección. "Oh, sí", Derek añadió, "Tenga cuidado una vez ahí, es un lugar bastante peligroso".

Colgué la llamada, empaqué mis cosas, y compré un billete de ida y vuelta a Port Moresby. Tomó una gran parte de mis ahorros para la jubilación y hasta casi me quedo sin mi Seguridad Social, pero también sabía que iba a ser una experiencia de una vez en la vida.

El vuelo a Kuala Lumpur fue largo y aburrido, pero el vuelo de conexión a Port Moresby en un viejo 707 me hizo muy consciente de que estaba en el Tercer Mundo, y el viaje de regreso por la costa hasta la desembocadura del río hasta  puente charco reforzó ese sentimiento.

La miseria de la ciudad portuaria gradualmente dio lugar a la selva en el barco para hacer mi camino hasta el río, y para el tercer día las camisetas tee y pantalones cortos deportivos harapientos que son ubicuas en todo los países pobres fue dando paso al atuendo nativo: culos desnudos para los niños, taparrabos para la mayoría de los niños mayores y adultos. Algunos los hombres tenían una especie de vaina apegados a sus penes. Mi intérprete me informó de que las vainas eran llamadas Kotekas, eran la moda, hechas de calabazas alargadas, y dentro de esa tribu generalmente se usa sólo en ocasiones especiales.

El intérprete se reunió con un grupo de los habitantes del pueblo durante casi una hora antes de volver a donde yo estaba en el barco. "El chico está en la cabaña", me informó. "Vamos a ir hasta allí ahora, pero tenemos que esperar hasta mañana para el uh, procedimiento. Algo sobre la luna llena. También me informó de que habían enviado una canoa río arriba para buscar al médico, y que tomaría al menos un día para que él se presentara, por lo que había que hacerlo mañana por la tarde antes que el médico se presentara y comenzó a armar un escándalo.

Dejamos el barco y nos dirigimos a través del circo de niños, los perros,  los pollos y los miembros de la tribu a la choza. El chico, según lo anunciado, era un albino con la piel y el cabello tan blanco como el de un escandinavo, excepto por el cabello rizado y rasgos faciales nativos fácilmente podría haber sido confundido con un caucásico. Él no tenía ningún rastro de vello corporal con excepción de alguno de vello púbico tenues, a su piel clara le faltaba todas las cicatrices rituales que anunciaba al mundo que él se había iniciado como un hombre. El pene no estaba circuncidado era esbelto y sus huevos adolescentes regordetas proporcionado amplia evidencia de que estaba en la pubertad. Él me miró con curiosidad, aparentemente sin darse cuenta de lo que iba a pasar con él, y sentí mi pene como empezó a endurecerse a pesar de que aún no había tocado al muchacho.

"Por favor, pide que se ponga de pie", le dije al intérprete. "El muchacho se puso de pie, y en mi dirección se apartó de mí, separó las piernas y se inclinó un poco hacia adelante para permitir una vista posterior sin restricciones de sus caídos huevos entre sus piernas. Extendí la mano y los envolví en mi mano, y mi pene quedo duro como roca cuando me deleite con su peso y soltura. 

Él se estremeció un poco ante mi tacto, pero no trató de impedirme nada, hasta que finalmente lo libere para evitar hacer un lío en mis pantalones cortos.

No pude dormir bien esa noche; mi erección insistente me mantuvo despierto y yo no podía hacer nada al respecto en el dormitorio comunal lleno de gente, y yo era demasiado cobarde para salir a la calle en la selva para estar solo. Simplemente tocando el escroto del chico había conseguido que se me pusiera duro, y cuanto más pensé acerca cortar esa bolsa adolescente regordeta de su cuerpo, más dura se me puso y yo no podía sacar las actividades de mañana fuera de mi mente.

"Tendrá que usar esto", dijo el intérprete a la mañana siguiente, y me entregó una de las dos Kotekas que llevaba. Luego se desnudó y metió su pene en la calabaza ahuecada y ató la cuerda unida a esa cosa alrededor de su escroto, el anclaje de la vaina larga estaba de pie en su lugar. Una amarra un poco después, unido a la punta de la calabaza, se coloco alrededor de su cintura para apoyar la punta de la koteka en posición vertical, como si tuviera una erección. Yo hice lo mismo, señalando que la circunferencia de mi pene me daba un ajuste más apretado, y que la cadena alrededor de mi escroto hacía que mis huevos sobresalieran y parecieran más grandes de lo normal.

La castración se llevaría a cabo en la sala de la comunidad o lo que ellos llamaban la gran cabaña común cuando se celebraban reuniones, servicios religiosos y ceremonias. Se excluyeron a las mujeres y a los niños, todos los hombres y los adolescentes llevaban sólo Kotekas, algunos de los cuales tenían más de dos metros de largo. El chico albino ya estaba allí tendido desnudo en una estera en el suelo. Entre sus piernas había un cuchillo y un trozo de hilo robusto que iba a servir como un torniquete. El chico no estaba obligado o restringido de alguna manera, y le mencioné al intérprete que algunos de los hombres debían sujetarlo.

"No es necesario", respondió, explicando que soportar el dolor es parte de la iniciación a la edad adulta. La mayoría de los adolescentes tienen la espalda y el pecho cortados para producir cicatrices rituales, pero la iniciación del albino será su castración, y si él se estremece o llore será considerado un cobarde.

Me arrodillé entre las piernas extendidas del chico y tomé su escroto adolescente en mi mano y al instante sentí que mi pene se ponía rígido y me pregunte cuántos otras erecciones en la habitación estaban ocultos por los Kotekas. El muchacho se quedó inmóvil cuando enrollé el torniquete alrededor de su escroto, pero su pene respondió a la estimulación, y para el momento en que se completo su erección adolescente sobresalía hasta su ombligo. Tome el cuchillo e hice una pausa, mirando hacia el cacique, quien asintió con la cabeza para continuar.

El chico eyaculo en el instante en que el cuchillo tocó su piel, enviando cuatro cuerdas gruesas de semen a través de su vientre y el pecho, cuando su escroto se separó de su cuerpo mi propio pene duro como el acero estalló. Me puse de pie, según lo indicado por el intérprete, presenté el cuchillo y el escroto cortado al cacique.

La sala quedó en silencio y todos los ojos estaban repentinamente en mí, o más precisamente, en mi entrepierna. La carga que acababa de arrojar en el koteka ahora estaba goteando y corriendo por mis muslos y escroto. "¡Acabas de profanado un koteka ceremonial en un lugar de culto!", Dijo el intérprete. "¡Esto es muy malo! 

¡Debería haber hecho como yo y todos los demás aquí y aliviase a ti mismo esta mañana!"

El jefe y los ancianos, todos con Kotekas extralargos, farfullaron con entusiasmo por algunos minutos, y yo fui abruptamente tomando, para ser puerto en el suelo, y me retiraron mi koteka. "El castigo por profanar la casa de culto y un koteka es asegurar que nunca usará una koteka de nuevo", dijo el intérprete. 

"Lo siento, pero su palabra es la ley aquí". Entonces, con mucho menos cuidado que yo se lo había hecho al joven, me quitaron el cuchillo que acababa de usar y me castraron, eliminando el único punto de anclaje para la fijación de la cadena del koteka.

* * * * *

"Entonces, ¿cómo fue el viaje?" Derek me telefoneó dos meses después. "Usted debe estar satisfecho, porque no me ha llamado para quejarse. ¿Quieres hacerlo de nuevo?"

"No", le contesté, sin saber cuánto sabía, "Fue estrictamente una experiencia de una vez en la vida".



Historia Original Aquí.





Autor: Zipper       Traductor: DarkSoul

Fue bueno mientras duró …

Soy una chica de 23 años . Mido 1.60 metros. Peso 52 kilogramos. Soy delgada, piel clara, cabello largo, liso y castaño, ojos cafés. Por lo general visto vestidos negros, rojos, y faldas de piel con botas. Esa es mi vestimenta típica.

Tuve una novia que jamás olvidaré, aun extraño su cuerpo. Algo la hace especial de todas las mujeres con las que he estado. Fue bueno mientras duró. Lo disfruté. Duré solo 4 meses con ella, y casi a diario teníamos sexo. De las muchas veces en la que me sentí suya, muy dominada. Casi siempre me gusta llevar el control en el sexo. Pero en esta ocasión la que era antes mi novia era muy dominante conmigo. Ella es de complexión esbelta, alta para mí (1.78 metros) cabello negro, liso, piel morena, ojos cafés, dedos largos, manos grandes, pechos grandes (con las dos manos podía abarcar un seno XD).
Antes tenía un trabajo temporal en un Internet público. Cuando era la hora de cerrar el negocio, ella iba a visitarme a esa hora de cierre. Cuando cerraba la puerta del negocio y apagaba una de las luces…ella se ponía detrás de mí y me abrazaba, mientras yo recargaba mis glúteos a su pelvis, me movía y así la excitaba mas. Me encantaba jugar así con ella..excitarla. También jugaba con ella a que me atrapara y me sometiera…lo cual lo hacía con facilidad, me encantaba su fuerza, esa forma de someterme, me ponía mucho. Hubo una noche especifica en la que jugando asi, empezamos a besarnos apasionadamente, le quité la ropa, y ella a mi. Le tocaba su clítoris en círculos hasta poder sentir como cambiaba un poco su tamaño. Cuando lo veía estaba mas grande, como si quisiera estallar. Es el clítoris mas grande que haya visto. Luego la penetraba con mis dedos, duro y rápido a buen ritmo. pero después provocaba que se excitara mas. En una ocasión me cargó, con mis piernas abiertas, recargándome en la pared mientras me besaba desenfrenadamente. Cuando me estaba cargando y contra la pared con la otra mano rodeaba mi pierna que sostenía al apretar su cuerpo contra el mio y me penetraba con esa gran mano, primero con un dedo y al ultimo con 4 dedos. Lo hacía rápido y duro. Metía y sacaba los dedos, así es como me hacía llegar a un orgasmo. Mientras me decía: “Te gusta que te coja Claudia, tú solo eres mía”.Podía sentir ella cuando estaba teniendo un orgasmo cada vez que se contraían las paredes de mi vagina internamente, disfrutando esos dedos, dejándolos completamente empapados. Una vez que terminaba sacaba sus dedos de mi vagina. y me bajaba al suelo. En el suelo y en el escritorio lo hacíamos. Ella fue la chica que pudo someterme muchas veces. Hubo ocasiones, en las que sentía que desfallecía de tantas veces que teníamos relaciones y las veces que siempre me penetraba, se hacía ya doloroso, pero me gustaba sentir como se esforzaba, sentir su sudor, su esencia de mujer. Un par de veces me negué a tener relaciones sexuales, y ella me decía: “aa no quieres, entonces me iré con otra a que me dé lo que me niegas”. Eso me hacía enojar, mientras la empujaba, ella me jalaba, me besaba, y empezaba a meterme mano, quitarme la ropa, y penetrarme con esas manos…Tuve los mejores orgasmos de mi vida con ella. Por eso no la olvidaré …

El extraño que me penetro

Acudí con mi marido a uno de los locales de intercambio que conocíamos. Para la ocasión, me puse un vestido que me había comprado él, de lo más sexy y provocador. Un vestidito ajustadísimo de lycra que deja al descubierto parte del pecho y llega justo por debajo de las nalgas, de tal forma que con él puesto se puede ver todo lo que hay debajo. Y debajo del vestido sólo llevaba una tanga, con lo cual mis nalgas quedaban a la vista de cualquiera.

Salimos a bailar y, mientras disfrutábamos de la música como locos, mi marido me iba subiendo el vestido hasta la cintura, así que, salvo por la tanga, al final quedé completamente desnuda, ante los ojos atónitos de todas las personas que estaban en la pista. Los chicos, al verme desnuda, empezaron a acercarse y se pusieron a bailar a mi alrededor. El espectáculo que dimos mi marido y yo, no solamente consistió en que me pudieran ver toda desnuda, pues mi marido terminó también por quitarme la tanga que llevaba, sino que además pudieron observar directamente cómo follábamos en la pista de baile.
Una vez desnuda, caliente por los besos y caricias que me había dado mi marido, así como por el toqueteo que realizaba en mi coño con su mano y el morbo que me daba el hecho de estar desnuda a la vista de todos, le abrí la cremallera del pantalón, le saqué la polla practicándole una masturbación hasta conseguir que su polla adquiriera una dureza increíble. La verdad es que no tardó casi nada en ponerse cachondo a tope pues a él la situación también le había excitado muchísimo. Está claro que nos encanta follar delante de gente.
Cuando su polla estaba en pleno apogeo, se agachó un poco y me la introdujo todo lo que pudo en mi coño. Sentía su polla dentro de mí y su boca en uno de mis pezones. Lo chupaba haciendo que el pezón se endureciera cada vez más. Todo ello me provocó el deseo de tener su polla más adentro, porque en la postura que estábamos, los dos de pié, no podía penetrar bien adentro. Así que, después de unos cuantos meneos, y para estar más cómodos, me incliné por la cintura y apoyándome en la pared de la pista de baile, mi marido me metió la polla desde detrás hasta el fondo. Luego continuó moviéndose y acariciándome los pechos. Yo agitaba mi trasero todo lo que podía y ayudaba a que su polla penetrara toda entera empujando contra mi coño húmedo y mis nalgas, calentándome cada vez más, tanto por los empujones de la polla como al ver las caras con gesto libidinoso que nos observaban. Hasta que al final nos corrimos.
Después de la corrida en la pista de baile, me subí el vestido y, sin tanga, atrayendo las miradas de todos los que se encontraban en el camino hacia mis pechos y nalgas, nos dirigimos a nuestros asientos, donde terminamos nuestras copas.
Más tarde nos dirigimos al cuarto de camas. Una vez allí nos desnudamos ambos y nos tumbamos en una cama. Yo me puse de rodillas, entre sus piernas y me agaché para chuparle su enorme polla. En aquella postura, mi culo y mi coño apuntaban hacia el pasillo que hay entre las camas y la pared. Cuando estaba en plena masturbación oral, sentí algo que se apoyaba en la entrada de mi coño e intenté darme la vuelta para ver que era, pero mi marido me lo impidió cogiéndome la cabeza al tiempo que me decía: “No mires y déjate hacer lo que sea”.
Mientras me decía aquello, sentí que una polla me penetraba de un sólo empujón sin que mi coño ofreciera la más mínima resistencia, porque estaba suficientemente húmedo y abierto de la corrida en la pista de baile. Luego, empezó a entrar y salir de mí con potentes empellones. Empellones que yo transmitía a la polla de mi marido con mi boca. La situación me produjo una tremenda excitación: follada por alguien a quien ni siquiera veía. Sentí una polla desconocida follarme salvajemente, darme palmadas en las nalgas unas manos que no sabía a quien pertenecían. Mientras sentía esa polla entrar y salir de mi coño cada vez con más fuerza y más hondo, la polla de mi marido entraba y salía de mi boca. La excitación que me produjo esa situación aceleró mi orgasmo que se desató con gran intensidad, haciéndome recular hacia atrás para que la polla se introdujera más en mi interior.
Cuando mi orgasmo todavía no había terminado, volví a correrme de nuevo por la tremenda excitación de sentir el semen de esa polla desconocida derramarse en mi interior en calientes y espesos borbotones, junto al semen de mi marido derramándose en mi boca. Me lo tragué todo, sin dejar que se escapara ninguna gota. Cuando sentí que la polla desconocida salía de mi interior, intenté darme la vuelta de nuevo para ver a quien pertenecía, pero nuevamente mi marido me lo impidió. Cuando dejó que me incorporara ya no había nadie en el cuarto, así que le pregunté a mi marido:
-¿Porqué no me has dejado mirar quién era?
-Ese era el juego: que te follara alguien a quien ni siquiera vieras antes, durante, ni después de follarte. ¿Te ha excitado ser follada sin saber quien te follaba?
-Si, cariño, sentir esa polla penetrarme, esas manos acariciándome el culo y no saber a quien pertenecían me ha dado muchísimo morbo. ¿Lo habías preparado?
-Sí, cuando estábamos tomando las copas y me he ido un momento al baño, me he encontrado a ese tío y le he propuesto que cuando nos viera entrar en el cuarto de las camas, esperara dos minutos y luego entrara. Que te vería a ti de rodillas chupándome y que sin decir nada, se desnudara y te la metiera hasta el fondo, y que una vez que se hubiera corrido, se vistiera y saliera sin decir nada. Suponía que la situación te iba a producir morbo y que disfrutarías de que alguien te follara sin poder verle.
-Pues has acertado, me ha excitado muchísimo, ¿y tú, que opinas de lo sucedido?
-Me he puesto muy cachondo, sobre todo al verte a ti tan excitada.
-¿Cuándo me dirás de quien se trata? ¿Quién es ese chico misterioso que me ha follado?
-Tendrás que adivinarlo…
La conversación con mi marido me dejó pensativa. ¿A qué venía tanto misterio? ¿Por qué no podía saber quién me había penetrado de aquella manera, haciéndome perder la cabeza? En aquel momento, me sobresaltó la idea de que, detrás de todo aquello, pudiese haber algún plan retorcido. Conocía bien a mi marido, y tanto misterio me resultaba, sin duda, sospechoso.
Al salir de la habitación, encontré una pulsera de plata tirada en el suelo que me resultó muy familiar. Al darle la vuelta, vi unas iniciales grabadas en ella. Las mismas iniciales del nombre de mi hermano mayor.

QUEBRANDO AL NUEVO ESCLAVO

Soy una mujer a la que le gustan los resto, también soy una dominatrix que compra sólo a hombres esclavos que son difíciles de entrenar pues son muy rebeldes y se resisten a aceptar que soy esclavos y ya no hombres......

QUEBRANDO AL NUEVO ESCLAVO
Soy una mujer a la que le gustan los resto, también soy una dominatrix que compra sólo a hombres esclavos que son difíciles de entrenar pues son muy rebeldes y se resisten a aceptar que soy esclavos y ya no hombres. En gran medida los compro porque son baratos, Este esclavo en particular fue condenado a cadena perpetua 170 años de prisión por tráfico de drogas, secuestro y finalmente violación, el debe de pagar por esos horribles crímenes.


[HETERO] [PENECTOMIA] [FANTASÍA] [PENE] [TORTURA] [ESCLAVITUD]



Categoria: Hetero      Autor: DarkSoul





Soy una mujer a la que le gustan los resto, también soy una dominatrix que compra sólo a hombres esclavos que son difíciles de entrenar pues son muy rebeldes y se resisten a aceptar que soy esclavos y ya no hombres. En gran medida los compro porque son baratos, en este tiempo las prisiones son cosa del pasado, luego que se determino que los contribuyentes no deberían estar sosteniendo a los delincuentes condenados a muchos años en prisión por lo que aquellos que son condenados  a prisión son condenados a esclavitud por el total de su condena, por más pequeña que esta sea, por supuesto los condenados a cadena perpetua o a muchos años de prisión son los más caros, pero en dentro de este selecto grupo hay los rebeldes como el que acabo de comprar que nadie quiere y es rematado casi al costo.  

No me malentiendan no es que esté tratando de ahorrar dinero. Lo que sucede es que me gusta tomar el ego de un hombre, romperlo en pedazos y reconstruir su mente y su corazón a mi gusto como el más fiel y sumiso de los esclavos.

Le di instrucciones al traficante de esclavos,  que sin previo aviso, pusiera al esclavo a dormir antes de la entrega. Mi nuevo juguete humano despierta en un lugar extraño a merced de una mujer desconocida ante él.

Cuando abre los ojos, él ve las paredes grises desnudos de una sala casi vacía. Sus brazos están maniatados a la espalda. Un chastity bloquea sus genitales y se extiende por la cintura. Solo es incapaz de soportar, el miedo que se eleva dentro de él.

Estoy observando desde otra habitación para ese momento. Un minuto después de que sus ojos se han abierto, me paseaba como su nueva propietaria. De pie sobre él, su rostro expresa el desprecio de sentirse un ser superior. He visto esa expresión antes. Pero no me asusta, hombres más rudos he logrado domar. Tal vez él pueda sentir su voluntad implacable. O su altivez visiblemente invencible. Y Se estremece al sentirse ante una mujer diferente a todas las que ha conocido hasta ahora.

Escupe sobre él, mi saliva aterriza en la mordaza de tela, un poco de la saliva se filtra hasta sus labios, mientras lo observo con una mirada de odio total. Me agache y lo levante de los hombros. Casi susurrando a su oído le digo la criatura despreciable y miserable que es. Todos los hombres son inferiores. Él es uno de los más bajos. Le hablo con desapasionamiento clínica. Es como si fuera un médico al que le digo que tiene una mala noticia pues es un paciente que tiene una enfermedad terminal. Mi tono de voz sin emociones es peor que la voz venenosa que los entrenadores utilizan.

De pronto cambie de tema. Le digo que está en uno de mis calabozos. Le digo que pronto lo hare mío para siempre muy pronto en ese lugar. Ahora sueno feliz, incluso alegre. Le hablo acerca de mis bastones y látigos. Un bastidor puede estirar cada articulación de tu cuerpo. Le comento compartiendo con él, la diversión que a menudo tengo al usar alambres de púas. También le muestro los afilados cuchillos de mi colección, tengo muchos dispositivos con bordes afilados o puntas. Realmente, suspiro felizmente al terminar de mostrarlos, ella tiene tantos juguetes en la mazmorra que no tiene el tiempo para hablarle de ellos ahora, pero él los conocerá muy pronto a todos.

Este esclavo en particular fue condenado a cadena perpetua 170 años de prisión por tráfico de drogas, secuestro y finalmente violación su último delito en libertad, el cual desgracio para siempre a una pequeña niña de apenas 11 años, el se merecía por ese horrible crimen algo más que solo alambre de púas o cuchillos, en teoría puedo hace lo que quiera con el excepto matarlo, por lo que pretendo en verdad hacerlo sufrir al máximo. 

Dado el espantoso crimen no tengo ninguna razón para restringir mi sadismo. Las marcas de quemaduras, cortaduras, verdugones, no importan, todo es válido para que ese perro pague por su horrible crimen.

Sin embargo los latigazos todavía tienen que tocar la piel del esclavo, tomo la llave que abre el candado que asegura su cinturón de seguridad para quitárselo dejándolo desnudo por completo. Cuando termine de quitarlo me aparto de su lado sin decir nada, voy hasta una de las paredes de la mazmorra, ante la mirada inquieta de ese puerco. 

Tomo uno de los látigos más especiales de mi colección el cual es un látigo largo de casi 2.5 metros de lago con pequeños clavos de metal apenas perceptibles a la vista pero que su piel seguro sentiría, regrese a donde estaba, Él me entre la penumbra, sin decir nada lance el primer golpe del látigo que impacto sobre su desnudo cuerpo.

La sangre no tardo en aparecer en donde el látigo hizo contacto con su piel. Lanza un grito desgarrador uno de los muchos que aún tiene que pronunciar. Por ahora solo utilicen su imaginación. ¿Puedes oírlo pidiendo clemencia? Que por supuesto nunca llegara, ya no para él.

Termino de azotarlo unos largos y agónicos minutos para él esta bañado en sudor y sangre, con largas cortadas por todo su cuerpo, en ese momento dejo el látigo luego de limpiarlo donde lo tome, tan solo para tomar un arnés con una gran díldo sobresaliendo de la parte de delante me lo coloco y regreso al lado de mi esclavo ya con el arnés bien puesto en mi pelvis.

Me incline hasta donde para recorrer completamente las musculosas nalgas de mi esclavo mientras el gran dildo que pendía de mi pelvis se acerco al objetivo, el culo, ese culo que se negaba a aflojarse, permaneciendo cerrado virgen y puro, manteniendo su hermeticidad como un buen culo virgen aun. Le abro bien las piernas ante su resistencia el glande del falso pene hace el primer intento por entrar, un intento leve, sabiendo que no será suficiente para abrir ese fruncido orificio anal no acostumbrados aun a recibir "visitas" de intrusos y menos del tamaño del dildo con que pretendo desvirgarlo.

La presión inicial que ejercí sobre el dildo, solo presiono el culo de esclavo pero este no permitió el ingreso ni del glande de plástico, así que me retire unos centímetros y vuelvo a intentar entrar, ejerciendo más presión en esta ocasión, él esclavo sabe que cada intento me acerco más a mi objetivo pero además es más humillante la tortura al saber que será violado de un momento a otro, luego de tres intentos por fin me decido metérsela de golpe y empezar a penetrarlo, descargo toda mi ira al hacerlo al pensar que el está sintiendo lo mismo que esa pobre niña cundo la violo, el esclavo  hace una mueca de dolor sin que lo pueda evita.

En este nuevo intento su ano queda desflorado de una vez por todas, lo penetro abriendo esas fibras musculares fuertes, atravesando la puerta de su ano, el esclavo gime de dolor al sentir como el esfínter anal que siempre había servido de salido ahora servía de entrada, jamás en su vida pensó que sería penetrado por algo así en su cavidad tan estrecha como la que el tenia.

Siento como las paredes de su recto son apartadas por el grueso dildo, y eso que únicamente el grueso glande de plástico ha ingresado aun, empiezo a mover mi cadera de forma circular para que ese gran dildo entre mejor dentro de ese apretado culito, a medida que el cuerpo del dildo va entrando en el culo voy haciendo movimientos circulares que dilatan más las paredes de ese perfecto culo.

Comencé un mete saca brutal, moviendo mis caderas al máximo, haciendo que el dildo por fin desgarrara las paredes del esfínter anal del esclavo haciéndolo dar verdaderos alaridos de dolor con cada nueva embestida que le dada, aquella masacre anal se prolongo por varios extenuantes minutos para ambos hasta que mis fuerzas me abandonaron y para el mete, saca completamente exhausta.

Cuando retire el gran dildo del desgarrado ano del esclavo, un gran chorro de sangre salió del completamente dilatado ano, que se contraía tratando de cerrarse sin poder lograrlo causándole mucho más dolor al  desdichado esclavo que ya daba verdaderos alaridos de dolor.
     
Aquel desafiante hombre que era totalmente varonil a su llegada ahora era una piltrafa humana comencé a pasar el ensangrentado dildo por ese culo sin dejar de hacer movimientos circulares de vez en cuando me limitaba a entrar y salir, tan solo para volver a ver como ese gran dildo se enfundaba en esa cavidad, por completo, fuera, adentro, fuera, una y otra vez. Torturando el adolorido culo, del alguna vez varonil esclavo quien ya no sabía si podrá soportar más físicamente, pues estaba agotado tanto por el abuso sexual, como por los desgarradores latigazos.

Su cuerpo necesitaba un descanso al igual que su culo y cuerpo. Deje de penetrarlo con el dildo y me aparte de él por uno minutos, me quite el arnés, para tomar un afilado cuchillo, cuando regrese a su lado aun estaba jadeante buscando recuperar la calma y el aliento, su abdomen se hundía y expandía cuando su cuerpo buscaba con desesperación oxigeno, apenas noto de nuevo mi presencia a su lado, tan solo se percato de mi, cuando agarre su muy dura erección, sus ojos se abrieron grandes cuando sintió el frio filo del cuchillo justo en la base de su fuerte erección.

Por un segundo nuestras miradas se encontraron, la mía denotaba odio y asco, la de el clemencia y suplica, pero ese mágico momento para se rompió abruptamente cuando el cuchillo comenzó a cortar el pene en erección del esclavo que comenzó a lanzar alarido desgarradores que retumbaban en las paredes de mi mazmorra mientras el cuchillo seguía cortando por los tejidos de su pene apenas me tomo unos segundos despojarlo de su amado pene para dejarlo convertido en un eunuco.    

Los gritos siguieron por unos segundos hasta que se desmayo por el dolor, le voy a dejar sus huevos por ahora, el pronto sabrá que eso no es una bendición sino una maldición, con su pene en mi mano y su entrepierna sangrando aun, salgo de la mazmorra y una vez fuera, voy hasta la cocina de mi casa en la parte superior, corto el pene aun caliente y vibrante en varios cachitos, dejándolo casi como carne molina, tomo un poco de croquetas para pero, lleno un tazón con ellas, arrojo los despojos del pene y salgo al patio para alimentar a los perros.

Mientras observo a mis perros comer disfruto de la agradable sensación que tres fuertes orgasmos le provocan a  mi cuerpo al recordar cómo fue que ese alimento fue conseguido y como mis perros disfrutan en total felicidad de esa carne alguna vez viril que colgó de la entrepierna de un macho en total felicidad.   

Cuando terminan de comer subo a mi habitación para tomar un largo baño lo necesito estoy toda sudada y ensangrentada a ese pobre infeliz aun le queda mucho por sufrir deberá pagar muy caro todo lo que hizo, pero eso será después por ahora lo que me interesa es mi baño, un lindo chico al que ya he terminado de entrenar me espera en el baño, completamente desnudo sin nada en su entrepierna sus huevos y pene hace mucho que se fueron de su cuerpo.

Su tarea es solo la de darme placer y asearme en verdad lo hace muy bien luego de que termine de bañarme creo que le hacer darme lengua hasta quedar dormida de tanto venirme sobre el rostro de mi completamente eunuco esclavo, quien sabe talvez mi nuevo esclavo algún día también pueda realizar esta tarea pero para eso aún faltan varios meses de arduo trabajo de entrenamiento, mientras la fuertes y grandes manos de mi esclavo recorrer mi cuerpo en la bañera con el agua quitando todas las impurezas de mi piel, no puedo dejar de ver la entrepierna de ese lindo esclavo nulo y recordar cómo fue que él, perdió sus genitales a mis manos hace ya varios años cuando recién fue comprado por mí.

Con solo recordar esos pensamientos tuve un intenso orgasmos que no dude en experimentar a plenitud sin contener el sonoro gemido de placer que me provoco ante la expresión inexpresiva de mi eunuco que me bañaba en ese momento, en verdad hice un gran trabajo con él, al quebrar su espíritu y mente de este esclavo que alguna vez fue un hombre tan viril y rebelde como el hombre que acababa de castrar en mi mazmorra y que pronto el será como él para siempre.    



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Imagen Que Inspiro esta Historia.



Autor: DarkSoul       Mail:darksoulpgm@gmail.com

MI AMO IAN Y SU PUTITO II

Como bien saben todos los que hayan leído la primera parte Kevin (yo) acabe cumpliendo mi mayor fantasía y acabo siendo el esclavo se mi novio Ian aquí viene la segunda parte de mi historia, siendo verídica en algunos aspectos al igual que la primera......

MI AMO IAN Y SU PUTITO II
Como bien saben todos los que hayan leído la primera parte Kevin (yo) acabe cumpliendo mi mayor fantasía y acabo siendo el esclavo se mi novio Ian aquí viene la segunda parte de mi historia, siendo verídica en algunos aspectos al igual que la primera.

[GAY] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [TESTÍCULOS] [TORTURA] [ESCLAVITUD]


Categoria: Hetero      Autor: C.O.





Parte II final

Como bien saben todos los que hayan leído la primera parte Kevin (yo) acabe cumpliendo mi mayor fantasía y acabo siendo el esclavo se mi novio Ian aquí viene la segunda parte de mi historia, siendo verídica en algunos aspectos al igual que la primera.

Un buen día mi amo me pregunto:
¿Que si quería ser su esclavo continuamente y a tiempo completo 24 horas al día, dependiendo siempre de él?

Yo naturalmente tardé en responder, puesto que era su esclavo en la intimidad, pero fuera de ahí llevaba una vida completamente normal y me asustaba la idea de concederle plenos poderes y que pudiera hacer lo que quisiera conmigo, aunque no había cosa que me pusiera más excitado que entregarme a mi amo, el cual a la vez era el amor de mi vida, como tardaba en responder mi amo se enfadó y me dio una buena bofetada en la mejilla, añadiendo:

Responde, putita.
Me apresuré a pensarlo y darle una respuesta a mi amo.
¡Si, amo!

El sonrió de alegría, puesto que ansiaba tener una putita para él, me dio sus primeras órdenes, entre las cuales estaban:

Tienes una semana para cerrar todos tus asuntos pendientes, presentar la dimisión en el trabajo...

Si, amo.

Después de que transcurriera esa semana, yo ya estaba completamente siendo su esclavo/perro las 24 horas del día, me había retirado el permiso para hablar, y solo podía responder o hablar cuando me preguntara, para añadir si, amo o cuando me lo ordenaba, me hacía ir en la mayoría de las ocasiones a cuatro patas, puesto que era su perro y por último dependiendo del día, iba con mi traje de látex o completamente desnudo con un “dog tail” puesto en mi culito. Cuando salía a la calle era siempre con su permiso y con él, pero con el aparato de castidad “chastity” puesto, por si se me pasaba por la cabeza huir, pero no lo haría, aunque él no estaba tan seguro. Con el paso del tiempo y las sesiones, cada vez veía que mi amo llevaba a cabo sesiones más fuertes y más sádicas por cada sesión que transcurría.

La historia en sí, empieza en la sesión que voy a retratar ahora.

Un día mi amo, como acostumbraba a hacer cuando nos levantábamos, puesto que tenía el honor de dormir en muchas ocasiones con él, excepto cuando me quedaba castigado y encerrado en mi jaula, me vistió, pero no me puso el traje de látex como acostumbraba, sino que me coloco unos arneses de cuero por mi pecho, un suspensorio color negro de un látex brillante, mi preciado collar con mi nombre (era y es lo que más me excita), el “dog tail”, una máscara nueva que había comprado, la cual simulaba el hocico de un perro y por último se aseguró de que el “chastity” estuviese bien cerrado.

Ese día supe que algo especial me tocaba, algo muy especial, puesto que mi amo, lo hacía con mucha delicadeza y deleite para sí mismo. Cuando ya hubo terminado de adecuarme para la sesión, me ordeno:

¡Vamos puta sígueme!
Si, amo.

Como habitualmente acostumbraba mi amo, me llevo directo a la mazmorra, y me colocó en la X de frente a ella, pude ver que había comprado objetos nuevos, pero no era capaz de averiguar que eran esos objetos de acero.

De repente mi amo, empezó a azotarme una y otra vez, diciéndome que no hacía falta que le diera las gracias, llegó a propinar unos cincuenta fustazos en cada nalga de mi culito, cuando ya era un sufrimiento claro, muy doloroso, mi amo decidió parar. Me dijo:

Con esto ha empezado tu adiestramiento de perro de verdad, no como lo que hacíamos hasta ahora que era más de rol, esto es lo que he soñado tantas veces y sé que tú también cariño.

Me quedé alucinado, puesto que hacía tiempo que no me llamaba cariño, excepto cuando estábamos en público.

Acto seguido, mi amo, me desató de la cruz y me ordeno que me subiera a la silla que colgaba del techo, una vez subido con solo un leve escupitajo empezó a penetrarme duramente el culo, a la vez que con una vela vertía cera sobre mi abdomen lampiño, el dolor placentero provocado por la cera me provocaba un gran escalofrío que recorría todo mi cuerpo, haciéndome gemir y dar alaridos de placer un placer que a mi amo no le sentó nada bien, me dijo:

Te voy a dar una pista putita, esos instrumentos son los que marcaran el final de esta sesión.

Me quedé completamente igual que antes, puesto que no sabía para que servían, es que ni lo intuía.

Mi amo me puso en la camilla, ató mis piernas y me dijo:

Bien puta, ahora te haré el mejor fisting de tu vida, para que te corras, por última vez en tu vida.

Si, amo.

Respondí claramente asustado, puesto que no sabía a qué se refería mi amo, me dolían mis huevos, puesto que mi amo me había tenido casi un mes sin poder correrme, pensé que nunca más me dejaría correrme lo cual me provocaría un gran dolor en mis huevos.

Mi amo se puso un guante de látex, lubrico su mano y mi culito, me dio poppers y empezó suavemente metiendo poco a poco su gruesa mano por mi hoyito lampiño, una vez estuvo su mano completamente dentro de mí, empezó poco a poco a meterla y sacarla, hasta que cogió velocidad, una velocidad la cual hacia que cuando su puño chocaba con las entrada de mi culo sonase como una palmada, me estaba excitando demasiado, y mi amo comenzó a masajearme la próstata, diciéndome:

Venga, córrete puta, córrete por última vez.

Como si mi subconsciente le hubiese hecho caso a mi amo, automáticamente aun con el “chastity” puesto eche una gran corrida ensuciando la camilla, mi amo me ordeno:

Lámelo, puta.
Si, amo. Conteste.

Comencé a lamerlo y automáticamente note un gran fustazo en mis nalgas, la punta de la fusta casi se introduce en mi aun dilatado culito, estuvo azotándome aun habiendo terminado de lamer mi corrida, de repente paró y dijo:

Ahora viene lo bueno, mi putito.

¿Qué es amo?

En poco rato sabrás lo que es, no seas tan ansioso como cuando ves el pene de tu amo.
Si, amo, esperaré.
Bien, súbete a la camilla.
Si, amo.

Una vez subido a la camilla mi amo procedió a atarme nuevamente, pero con mucha firmeza, todo mi cuerpo, mi abdomen, muñecas, tobillos y por encima de mis rodillas. Una vez estaba ya atado, tomo un “masturbador” automático, el cual colocó sobre mi pene y lo puso en funcionamiento, lo dejo una hora y media funcionando, haciéndome tener cinco orgasmos húmedos y dos secos. Acto seguido retiro ese aparato, y tomo uno de los primeros aparatos que había en la mesa, era como una pequeña liga, me la enseñó y pregunte:

¿Para qué sirve amo?

No respondió, solo se limitó a tomar un aparato que hacía que esa liga se estirase quedando como un rectángulo, rectángulo por cual introdujo mis huevos, soltando suavemente esa liga se cerró rodeando mis huevos.

Aquello me provocaba un dolor, un dolor que aun no había mostrado su verdadera cara, y que llegaría horas más tardes, una vez teniendo ya ese dolor insufrible, mi amo que no podía ver mi cara desencajada por el dolor, puesto que portaba la máscara nueva de perro, pero notaba mi cuerpo tenso, me aplicó un poco de anestesia, haciendo que me quedara mucho más relajado. Finalmente vi, como tomo el último aparato y lo colocaba en mis huevos, mi amo rio y de pronto aun con anestesia local empecé a notar un calor en la zona de mis huevos, no noté mucho más, mi amo dijo:

Por fin, putita, por fin.

De pronto me enseño un pote con liquido lo que habían sido mis huevos, en ese momento yo creí morirme y me desmayé, cuando desperté seguía aun atado excepto las muñecas que las tenía libres, al igual que mi pene que ya no portaba ningún “chastity”, pensé que habría sido un mal sueño, lleve mi mano a la zona de mis huevos y no había nada solo mi pene en reposo y unos puntos de sutura. Llame a mi amo, el cual vino apresurado, diciendo:

Me alegro de mi putita este sano y salvo, como puedes ver te he convertido en un eunuco, pero te he dado el honor te conservar tu pene, que poco a poco irá dejando de tener erecciones, pero eso es indiferente, tu estas aquí para mi disfrute y servirme o ¿no es así putita?

Sí, mi amo.

Solo alcancé a decir eso, cuando otras muchas veces le había recriminado que había llevado la sesión muy lejos, aunque sabía que luego me esperaba un buen castigo.

FIN.

-Kevin: Esta historia formada por dos partes, es una historia verídica con partes de ficción, las partes de ficción tanto de la primera como de la segunda parte son: La jaula en la cual me encierra mi amo, la castración, y los azotes desorbitados, mi amo me azota pero mucho menos, puesto que es una relación amo/esclavo consensuada. Las partes verídicas son: me hace llevar continuamente la castidad, el traje de látex excepto cuando hay visita o salimos...

Mi amo no se llama Ian realmente y tiene 21 años, yo no me llamo Kevin realmente y tengo 19 años, tenemos una relación normal, con la particularidad de que en la intimidad es el mi amo y yo su putito.




Autor: C.O.       Mail:  c.o.rtes@hotmail.com

LA REUNIÓN (Relato)

¡HOLA! ¿Qué tal? Aquí ando con un nuevo relato que no tiene nada de romance ni de relaciones y que... no, no sé de qué va. Son de esos que escribo y escribo hasta terminar, sin detenerme ni nada (aunque hice una pausa esta vez).
Espero les guste.
Y espero que les guste lo suficiente como para comentar.
Muchas gracias de antemano, porque no hay nada que yo valore más que el tiempo que se toman para leer.
Saludos a todas y todos.
Se les quiere.

Título: LA REUNIÓN
Advertencias: ninguna.
Sinopsis: El salón está vacío, sólo está ella, un grupo de hormigas y una silla rota. Está vacío y la reunión está por comenzar. Aunque para ella es como si el salón estuviera lleno, con esas hormigas molestas, y siente que tiene que salir a tomar aire. Es que el salón está vacío, y aunque saliera, no perdería su lugar, ¿no? L a reunión es importante y tiene que estar ahí, no puede quedarse sin silla. Pero necesita salir, aunque sea un momento, uno pequeño. Seguro el salón sigue igual de vacío cuando regrese. Sí, seguro que sí.

“Un perro se acercó a la silla rota, comenzó a olfatearla. Podía ver su aliento húmedo adherirse a la madera para luego desaparecer. El perro era de un color aceitoso, entre verde y café, tenía las orejas largas, casi rozaban el suelo, y en la punta de su naricita descansaba una mancha blanca. Tenía los ojos fijos en sí mismo, eran amarillos y grandes y brillaban. Gruñó. Me miró. Hizo una mueca y me sacó la lengua. Me volteé, irritada, crucé las piernas y decidí no prestarle más atención.”
En WATTPAD: AQUÍ. 
***




LA REUNIÓN



—La silla está rota —comenté—. ¡He dicho que la silla está rota!
La silla se movió, se dibujó algo en la superficie, los nudos en la madera me miraron, recriminándome. Estás rota, pensé, sólo digo la verdad, de nada sirve que te enojes conmigo.
Es que estaba rota, torcida y astilladla. Una pata era más grande que todas las demás, y la pata rota estaba doblada hacía atrás, como si se hubiera quebrado una rodilla.
Viéndola estaba cuando una señora ingresó al salón, era gorda y olía a perfume barato. La atmósfera se oscureció de repente, y el piso comenzó a agrietarse después de cada tac tac de sus zapatos. Me ignoró por completo. Sí vio en mi dirección pero pronto se volteó para revisar el resto del espacio. La mujer era gorda y fea, me disgustó de inmediato, pero no le dije nada.
—La silla está rota —murmuré, cruzándome de brazos. En verdad no quería advertirle, e incluso, con enferma anticipación, esperaba que al sentarse se viniera abajo. Quería que su rechoncho cuerpo enfermo fuera perforado por las estillas de la madera. Se iba a romper, lo sabía. La silla sedería y ella caería, yo reiría y luego escondería el rostro. Oh, qué desastre. Deje que la ayude, por favor. ¿Quién habrá dejado una silla en mal estado en ese lugar? No. No sé. La silla ya estaba ahí incluso antes de que yo apareciera. ¿Por qué no me habré fijado antes?
Reí por lo bajo. Escondí los ojos. Comencé a mover una pierna, impaciente. La mujer parecía no poder decidirse. Sólo había una silla ocupada en todo el salón, y era la mía. Por lo demás, todas las sillas estaban desocupadas y limpias, pulidas, desprendían el delicioso olor de la madera y el tiempo. Salvo esa, la rota, parecían soldaditos bien uniformados listos para marchar.
Carraspeé. La señora gorda ni siquiera levantó el rostro. Se acomodó el sombrero con prisa, una pluma cayó flotando y flotando, pareció elevarse un momento pero después de uno segundos inevitablemente tocó el suelo. La mujer se asustó, su piel se encogió y sus oídos se irritaron, como si el sonido producido por la pluma al tocar el suelo hubiera sido en verdad estruendoso e insoportable. Yo no había escuchado nada, sólo vi cómo la pluma se deslizaba en el espacio hasta que ya no se deslizó más y se hizo una con el duro piso de mármol.
La mujer me miró ahora, alarmada. Hizo una pequeña reverencia en mi dirección y sin esperar más nada, se marchó. Conté las sillas que quedaban: faltaba una. Pero la rota seguía ahí.
—La silla está rota —repetí.
Un perro se acercó a la silla rota, comenzó a olfatearla. Podía ver su aliento húmedo adherirse a la madera para luego desaparecer. El perro era de un color aceitoso, entre verde y café, tenía las orejas largas, casi rozaban el suelo, y en la punta de su naricita descansaba una mancha blanca. Tenía los ojos fijos en sí mismo, eran amarillos y grandes y brillaban. Gruñó. Me miró. Hizo una mueca y me sacó la lengua. Me volteé, irritada, crucé las piernas y decidí no prestarle más atención.
El perro ladró, quedo, implorando atención. Por el rabillo del ojo noté que se había alejado de la silla rota y que ahora roía una que estaba exactamente en el extremo contrario de la que me encontraba yo. Roía y roía pero la madera no se hería. Sangraba, eso sí. El líquido manaba de la nada y formaba canales que se encontraban en una pequeña charca debajo de la pata posterior derecha. El perro dejó de morder, acercó la lengua a la charca, y bebió. Su cola se agitó intensamente, su cuerpo pareció erigirse más sano y robusto ahora, como si hubiera perdido años. Los ojos se le oscurecieron, eso sí, y de pronto su lengua se quedó seca. Me miró nuevamente, pero esta vez lo noté aturdido.
—La silla está rota —señalé. El perro agitó la cola una vez más, lentamente. Giró tres veces y se echó —. Está rota, digo. Ha estado así siempre. Creo. No sé.
El can me ignoró. Una vez se hubo echado, no se volvió a levantar.
Me estiré en mi silla y bostecé. Estaba sentada sobre una silla forrada, rellena de motas de algodón. Como estaba cómoda, no pensé en más nada que en la silla rota. ¿Me reiría si alguien se sentaba y se caía? Lo más probable era que lo haría. Pero luego disimularía mi sonrisa maliciosa detrás de una de mis manos y una tosecita falsa y rencorosa: Me has pillado riéndome de ti, animal.
Aunque lo más probable era que nadie llegara.
Es que nadie había llegado. Tenía hambre y sed, me pesaban las piernas y los brazos los tenía cansados. Todo, sólo por esperar. La señora gorda seguramente se había equivocado de salón. El perro entró porque buscaba un lugar agradable en donde descansar. Los verdaderos ocupantes del salón debieron haberse olvidado de sus responsabilidades y andaban vagando por algún lado. Yo seguiría ahí, sola, hasta que el sol se ocultara y no me quedara de otra que abandonar el lugar. Con suerte el perro me seguiría, y si no, tendría que regresar sola a casa, en la vacilante oscuridad de las calles abandonadas.
Volví a bostezar.
Si no estaban ahí es que estaban en otro lado, ese otro lado en el que yo no estaba por estar sentada en ese salón, esperando. Me rasqué la cabeza y me acomodé. ¿Qué tal que ese otro lugar fuera más agradable? El silencio es insoportable. Las sillas vacías son insoportables. Me volteé para no ver el salón, fijé mi vista en la pared a escasos centímetros de donde yo me encontraba. Estaba blanca pero agrietada.
Fijándome bien, parecía vieja. La pared estaba vieja y rasgada, pero limpia. Podía ver huellas digitales adheridas a la pintura vieja, como rasgándola a la vez a medida que naturalmente se descascaraba. Había un olor en el aire, uno gastado que se elevaba presuroso sin ritmo alguno. Me apreté la nariz con los dedos. Me volteé, el perro seguía allí. El olor siguió aumentando, y con el tiempo, ecos, pasos, pasos, pequeños pero pesados. Quise levantarme de la silla para investigar mejor, pero no quería perder mi lugar.
— ¡Hey! ¿Alguien? La silla está rota —exclamé —. Sí, esa, esa —señalé con el dedo índice —. Pasen la voz. Está rota. No sirve. Vamos, que no sirve. Sería malo que alguien se cayera.
Los pasos siguieron retumbando sobre el mármol. Yo no veía nada. Olía y escuchaba nada más, pero no bastaba. Me revolví inquieta, impaciente. Me acomodé el cabello, saqué los lentes del bolso y los acomodé pacientemente en mi rostro.
Eran hormigas, noté de inmediato. Pequeñas hormigas negras que se movían como las letras en el papel. Pude leerlas con claridad: “Sí, sabemos que la silla está rota. La silla está rota. Está rota. Rota”. Suspiré aliviada, me habían quitado una gran carga de encima. Pensé que las hormigas habían llevado para cargar la silla sobre sus pequeños y fuertes lomos. Se la llevarían y la silla rota dejaría de desentonar con el resto del espacio. Qué alivio. Con sólo pensarlo me sentí mejor.
—Gracias, gracias.
Pero las hormigas ni siquiera lo intentaron, rompieron el orden y se echaron a correr con desesperación. Rodearon el perro, tan ajeno a todo lo que estaba ocurriendo, e intentaron cargarlo. El perro debió parecerles demasiado pesado. Rompieron la formación varias veces e intentaron desde distintos ángulos y posturas, pero todo fue inútil. Se formaron nuevamente y al fin pude volver a leerlas: “Aquí como allá, da lo mismo. Es lo mismo. Lo mismo. Mismo”.
No entendí. Me acomodé los lentes sobre el puente de mi nariz, pasé un rebelde mechón de cabello detrás de la oreja, fijé la vista hasta que los ojos se me secaron, y observé.
El perro comenzó a empequeñecerse. No comprendía cómo era posible tal cosa. Su pelaje se fue tornando blanco y seco, y a su alrededor las hormigas parecían celebrar. Era todo negro primero, cuando lo rodeaban, y luego blanco y negro y rojo y luego nada, luego transparente, y el mármol se veía limpio y brillante debajo de ese algo que ya no existía. Lo primero que desapareció fue una de sus patas, luego una oreja, el hocico, la cola. Quedó palpitando su corazón, seco. Las hormigas se detuvieron y lo rodearon.
—Esto es —dijo una de las hormigas —: la prueba definitiva.
Cuchichearon y cuchichearon. Eran molestas y groseras, su lenguaje era pobre, algunas se limitaban a repetir lo que otras decían. El salón se inundó de ecos, de puntos negros y olores extraños.
El corazón del perro, lo único que quedaba de él, se esfumó de repente, como en un acto de magia. Las hormigas no se tomaron ni un momento para descansar, volvieron a formarse, aunque el cuchicheo persistía.
—Hasta los perros son malos —dijo una —. Éste era malísimo.
—Son malos, malos —repitió otra.
—Pero hay perros buenos —recordó una pequeña —, como aquel. No debimos hacerle eso a aquel.
—¿El negro?
—Sí. Ese. Era bonito y tenía los ojos negros.
—Todo negro, negro.
—Negro, negro.
—Negro, negro, negro, negro...
—¡Shhhh!
Estaba quieta y asustada. Las hormigas, todavía ordenadas, me quedaron viendo fijamente. No sabía qué tan bien me veían desde su lugar, pero yo a ellas las veía claritas. Vamos, pasen, váyanse, aquí ya no queda nada. ¡Chuu, chuu!
Una torció un gesto desagradable, se acercó a otra para susurrarle algo al oído. Esa otra hormiga sonrió, me miró y me sacó la lengua.
—No nos iremos —escuché.
Y no se fueron. Se acomodaron todas sobre una silla. Y así, las únicas sillas ocupadas eran la de las hormigas y la mía. El salón se sentía más lleno que nunca. Yo sentía que me estaba sofocando. Quería dejar el lugar, salir a tomar algo de aire, ¿qué podría pasar? El salón estaba vacío, y había muchas sillas desocupadas. Cierto que la silla rota todavía seguía ahí, pero era cuestión de tiempo antes de que alguien la remplazara. No serían las hormigas, por supuesto, pero si yo salía, y mientras me encontrara fuera alguien llegaba, este alguien notaría la silla rota y lo peligrosa que podría resultar y llamaría a alguien, otro alguien, y este otro alguien la cambiaría y el salón sería seguro otra vez y yo volvería y me sentaría en cualquier lugar, sin riesgo alguno.
Sí, estaba segura de que eso sucedería.
—¡Se va! —sisearon las hormigas. Yo todavía no me había levantado y al escucharlas perdí algo de ánimo.
—Oh, no —susurré —. Sólo será un momento, no me siento bien. Se está raro aquí, ¿no?
—¡Se va, se va, se va!
—No, no, no... sólo. Sólo será un momento. Es urgente. Vuelvo pronto. ¿Creen que podrían echarle un ojo a mi silla? Se está bien cómodo aquí y no quiero perderla, ¿lo harían por mí?
Las hormigas se formaron, leí lo que decían: “no es nuestro asunto”.
Me alejé sin despedirme. Su silla estaba lejos de la mía, de todas formas. Y quedaban tantas vacías. Sólo necesitaba un poco de aire. Si llegaba gente cuando yo no me encontrara, sin duda no sería mucha, no habría problema.
El pasillo era largo, serpenteaba cada dos metros. Era angosto y bajo, y a veces se me enredaban hilos en el cabello. Era molesto transitarlo, pero estaba vacío. Llegué al jardín después de mucho caminar, ¿cuánto tiempo había transcurrido? El reloj en mi muñeca se había detenido. Hacía calor. No soplaba el viento. Tenía el cabello adherido a la piel. ¡Y qué dolor de cabeza! El perfume de la señora, el roer del perro, el cuchicheo de las hormigas. Estaba todo tan fuera de lugar.
Me senté bajo un manzano. No quería sentarme, llevaba demasiado tiempo sentada ya, pero no había más qué hacer. A unos metros de donde me encontraba, una fuente seca chorreaba agua en desorden, salpicándolo todo. El agua salía de la punta y se desbordaba en todas direcciones, pero el fondo estaba seco, con ranas muertas —igual de secas— en el interior. Apestaba, pero no tanto como el cuchicheo de las hormigas.
Me levanté y me acerqué. Me provocó una sensación extraña ver la fuente así, chorreando agua de manera errática, sin parecer rota al mismo tiempo. La fuente no estaba rota como la silla, sólo era diferente. Se podría decir que tenía sus propias reglas. Al lado de la fuente descansaba una cubeta llena de agua, y dentro de la cubeta un pez viejo y verde, con escamas grisáceas que se erguían violentas como navajas. El pez descansaba en silencio. Sus agallas se movían de tanto en tanto, al igual que su cola larga. Algo descansaba debajo de su cuerpo inerte.
—Los peces detestan el agua, ¿sabías? —dijo lo que estaba debajo del pez —. Quieren correr y volar y estar secos todo el tiempo. De ser por ellos ni se bañarían. Pero son peces. Qué les queda.
—¿Y tú te pasas la vida escondiéndote debajo de ellos?
—¡Qué va! Simplemente amo el agua y odio el sol. Y si tienes un pez cerca, siempre habrá agua, ¿no?
—A menos que esté muerto.
—Pero es que los peces nunca mueren en realidad —burbujeó.
Y los perros no desaparecen ni las señoras se espantan con el ruido de las plumas, ¡bah!
—¿Estás aquí por la reunión? —continuó—. Este Sr. Pez también, por eso la cubeta. Su lugar es en el río, uno de esos enormes que nunca se secan. Aunque una vez casi se secó, entonces el Sr. Pez se enterró en el lodo. Por poco me asfixia, pero ambos logramos sobrevivir.
—Oye, ¿y tú cómo luces? ¿Qué eres?
—“¿Qué eres?” ¡Más respeto por favor! —volvió a burbujear. El agua en la cubeta se agitó pero el pez no se despertó —. Yo soy una sirena.
—¿Una sirena con voz de hombre?
—Una sirena con voz, con eso basta y sobra, gracias.
—¿Un tritón?
—¡Y tú qué sabes! Nunca has visto uno. Deja de darle nombre a las cosas sólo porque se parecen a otras cosas. No conoces nada, niña. Compórtate. Si alguien te dice que es una sirena, vienes tú y le crees, sin cuestionar. Si yo digo que soy una sirena es que lo soy, nadie me conoce mejor que yo misma. Simplemente no puedes ir por el mundo diciéndoles a las personas, los animales, las plantas y las cosas, qué son o qué no son. Es irrespetuoso e invasivo. Una falta total de consideración.
Me volteé, enojada. No había salido para que me regañaran, y menos una sirena que no se atrevía a mostrar la cara. Al rato escuché el crujir del agua en el  cubo y volví a centrar mi atención en él. El pez viejo, grande y verde, había abierto los ojos. Sus escamas descansaban serenas ahora.
—Lo has despertado —le dije a la sirena. Su voz masculina no llegó a salir a la superficie, no burbujeó hasta reventar. Quise acercarme más al cubo para buscar debajo del agua, pero el pez viejo me miraba amenazadoramente.
Era en verdad viejo y grande. Sus ojos se veían cansados y secos, y las agallas se le movían erráticamente, como si hubiera nadado mares enteros. Mirarlo me cansó, así que dejé de hacerlo. Una ráfaga de viento sacudió el jardín. El agua de la fuente me mojó las mejillas, el manzano dejó caer una manzana podrida; el pez viejo volvió a cerrar los ojos.
Me limpié las mejillas y esperé un rato, pensando que la sirena con voz masculina volvería a hablarme, pero no fue así, y comencé a caminar de regreso al salón. En el cielo se veía que era tarde. El pasillo ahora no serpenteaba, era liso, liso y largo, con esquinas afiladas que se perfilaban en el techo. Ronroneaban voces extrañas a lo lejos y el suelo estaba lleno de hojas verdes y pétalos coloridos. Mis pasos eran suaves y moderados, no quería parecer que llevaba prisa. Cuando al fine llegué, el salón ya no estaba vacío. Me asusté.
Sólo habían como cuatro personas y dos perros, pero sobre todas las demás sillas descansaba un pedazo de cartón doblado: “reservado”. Caminé y caminé y en todos encontré lo mismo. Reservado, reservado, reservado...
No podían estar todas las sillas reservadas. Qué ridiculez. No había dejado el salón ni por veinte minutos y sucedían tales disparates. Qué incomodidad.
Las hormigas comenzaron a reírse, estaban todas en la silla que yo había ocupado antes de salir. La silla que el perro había roído había sido cambiada y la primera que habían ocupado las hormigas estaba ahora reservada.
—La rota está vacía —murmuraron todas a la vez. Los dos perros jadearon y las personas agacharon la cabeza.
A mí no me importaba la silla rota, ¡qué no lo entendían! Las personas, las únicas cuatro, estaban posicionadas según los puntos cardinales. Desde la entrada, donde me encontraba, vi la del sur: era un niño con un traje de labrador. Cuando me acerqué a él, noté que llevaba barba, una barba larga, poblada y canosa.
—Disculpe, ¿saben quién ha reservado las demás sillas?
—Jo, jo, jo —rió el niño. Esperé a que dijera algo más, pero no lo hizo.
—Tus padres... ¿tal vez?
—Jo, jo, jo —repitió. Se metió el pulgar en la boca y comenzó a chuparlo con avidez.
Me alejé de él. Me dirigí a la persona en el extremo Oeste. Era una mujer joven con piernas largas y un vestido cuyas caderas asemejaban una sombrilla extendida. Tenía las uñas largas y llevaba el cabello corto, corto, casi al ras, pero de un tono dorado atrayente y brillante. Sus labios también eran dorados y de sus orejas colgaban dos hormigas muertas.
—Pensaron que era miel —me dijo antes de que yo me dirigiera a ella —. Pensaron que yo estaba hecha de miel e intentaron morderme. Pues, ¡zaz! A mí nadie me muerde, y menos porque parezca miel. Entonces las pisé con los tacos de mis zapatos, ¿te gustan? —preguntó levantando las piernas. Los zapatos eran verde olivo y el tacón tan fino como una aguja —. No me gusta el color negro, pero penden bien de mis orejas, ¿no? ¡Já! En grupo, ¡quién las aguanta! ¿Solas? Solas apenas te levantan la voz. Y mira, que parecen tan buenas, tan trabajadoras. ¡Sólo hacen bulto y no sirven para nada! —Se giró hacia las hormigas —: Sólo piensan en ustedes. Y creen que porque están bien organizadas todo estará bien, como si eso demostrara que se preocupan por el bienestar de todos, ¡pues no! Se organizan para hacer daño. Se tragan todo lo que se encuentran en el camino, pero igual el mundo las considera buenas. ¡Já! Ese cuento yo no me lo trago, no me lo trago, no que no.
—No que no, no que no, no que no. Que no. No. —la remedaron las hormigas.
—¡Já! Y el perro, el perro era mío y se lo han comido. Tan obediente, tan manso y sereno. Hacía todo lo que yo le decía y nada más. Qué daño podría haber cometido. Ninguno. ¡Animales!
No había caso. La chica dorada siguió cuchicheando, peleando con las hormigas.  Éstas no hacían más que reírse de ella, la remedaban e insultaban. Pero esto no parecía afectar a la chica dorada, más parecía una manera para matar el tiempo. Sus tacones eran armas letales, terminaría aplastándolas a todas. Se veía tan fácil. Las hormigas tenían la batalla perdida desde el inicio.
En el punto Este había un anciano dormido. De su cráneo pendía una trenza blanca blanca que serpenteaba bajo sus pies. Estaba enredada alrededor de una de las patas de la silla. El viejo bostezó y se acomodó, escondió ambas manos bajo sus axilas y dejó escapar un cuchicheo sordo. Me acerqué para poder escucharlo mejor.
—Trabajo, trabajo, trabajo...
Me alejé, asustada. ¿Trabajo? No, de eso, nada. Estaba dormido y haraganeando, el trabajo seguramente lo hacían otros.
—Trabajo, trabajo, trabajo... —continuó—. Dios, dios, dios... sangre negra, negra, negra...
Me dio miedo y me alejé, el pobre anciano, tan viejo ya, deliraba. Me hubiese gustado que soñara con tiempos mejores, pero sólo pesadillas parecían rondarle en la cabeza.  Supe que en tal estado no sacaría nada de él, y decidí acercarme a la persona en el lado Norte.
—Oiga, disculpe, ¿sabe usted quién ha reservado todas las sillas?
Era un joven guapo, con sonrisa encantadora, cabello negro y lustroso, y una piel tan clara como el cielo. Me dio la impresión que podía verlo todo a través de él. Justo a su lado, estaba la silla que yo había ocupado. Un cartel de “reservado” me impidió sentarme.
—Estaban así cuando llegué —me informó.
—¿Ha sido el último en llegar?
—Cuando yo vine ya estaban las hormigas, y un perro. Yo no tengo perros, yo soy una persona de gatos y de serpientes. Los gatos hacen más daño, ¿sabe?
—Pues no lo sé, yo no soy de animales —le respondí.
—Se le nota.
El joven sacó un espejo del bolsillo de su pantalón y se acomodó el cabello. En segundos, el cabello negro se tornó azulado, como el mar, luego pajizo, como el trigo.
—Tal vez no debió haberse ido —me dijo —. Yo la vi salir, y me dio la impresión de que no volvería, por eso no me molesté en guardarle un asiento. Aunque claro, como ya le dije, cuando yo vine ya estaban todos reservados. Yo la vi a usted en el pasillo.
—¿Y entonces cómo logró sentarse?
—Es que mi nombre estaba escrito aquí —contestó—. Y, oiga, ¿logró hablar con la sirena? ¡No es la cosa más hermosa que ha visto en su vida!
—Es algo malcriada —dije, luego continué —: Pero entonces quiere decir que si encuentro la silla con mi nombre, podré sentarme, ¿no?
—Bueno, pero es que yo las revisé todas, y sólo cuatro tenían nombres. Tendría que hacer lo que hicieron las hormigas, matar a alguien y adueñarse de su puesto.
—No podría —titubeé algo perturbada.
—Seguro lo ha hecho sin darse cuenta —agregó.
—¡Por supuesto que no! —exclamé, alarmada.
—Pero, por ejemplo —continuó él, parlanchín y molesto—: alguien vino aquí primero. Alguien vino cuando no había nadie y notó esa silla rota de allá —señaló—. Mire por dónde la mire, esa silla rota es un peligro. Es terrible. Una verdadera amenaza. Pero yo vine de último y la silla rota está ahí. Lo está, yo la vi, la estoy viendo. Eso quiere decir que nadie se preocupó por la persona que se sentaría ahí, al fin y al cabo, no serían ellos. Y me atrevo a creer que incluso pensaron que sería gracioso que alguien se sentara y se cayera. ¿Lo ve? Eso ya cuenta como matar a alguien.
—Es una exageración —murmuré, nerviosa —. Además, la primera persona que vino seguramente no se fijó. Y, en todo caso, ¿qué hay de la segunda y la tercera? Ellos podrían haber hecho lo mismo.
—En efecto —agregó—, es por eso que me atrevo a decir que este salón está lleno de asesinos.
—Entonces, ¿usted también lo es?
—¡Para nada!
—¿Y por qué no?
—Porque ya hice el aviso. Dentro de poco alguien vendrá y retirará la silla rota —se cruzó de brazos, complacido consigo mismo —. Todos aquí deberían agradecerme, gracias a mi acción, nadie será acusado de asesinato. Excepto las hormigas allá, por supuesto —las señaló—, pero de ellas ya se espera sea que hagan algo o no. Imagino que ya están acostumbradas.
Las hormigas sisearon a lo lejos. Se formaron, y leí: “es de los que tira la piedra y esconde la mano”.
—Pero no es justo —me volví hacia el joven, preocupada —. Apenas me he ido veinte minutos, ¡qué digo veinte! Tal vez menos. Apenas descansé bajo el manzano de las manzanas podridas, y sí, la sirena me entretuvo un momento con su palabrería, pero eso no es nada. Digo, diez, quince minutos. Sí, eso y nada más.
—Pero se ha ido —comentó el joven—, le dio la espalda a las sillas y ahora ha perdido su lugar. Si quiere uno nuevo, tendrá que pelear por él.
—Pero yo no sé pelear —murmuré cohibida.
—Entonces tendrá que marcharse, o tomar la silla rota. Tal parece que demoraran en venir a sacarla, así que, por mientras, y si no se mata en ella, puede usarla. Es la única que no está reservada.
—Pero si usted mismo ha dicho que es un peligro.
—Pero es eso o perder su lugar —Se levantó un poco la manga de su traje para leer el reloj en su muñeca —. Y ya casi va siendo hora. ¿Qué hará?
Miré en todas direcciones, me sentía acorralada y fuera de lugar. En la entrada, la señora gorda de antes veía hacía adentro, como si buscara algo. Las hormigas le gritaron improperios, ella las ignoró. Luego, pareció como si hubiera encontrado lo que buscaba, pues entró de lleno al salón. Detrás de ella venían toda clase de aves con plumajes salvajes y coloridos. El salón casi se llenó por completo. El olor de la señora gorda nos incomodó a todos.
Luego ingresó una persona, un joven apuesto de cuerpo fino y cabello largo y reluciente del color de las manzanas. Estaba desnudo, y en una mano cargaba una gran cubeta llena de agua que salpicaba de tanto en tanto.
—¡Lo mismo de siempre! —bufó—. Siempre nos dejan hasta atrás. Allá no nos ve nadie, no nos escuchan, da igual si existimos o no. Esto no puede seguir así.
—¿Qué te dije? —comentó el joven cerca de mí —. Es una sirena hermosa, ¿verdad?
—Es un tritón —murmuré.
—Hay sirenas y tritones, y sitritones y tritorenas, etc.. En estos casos es mejor preguntarles a ellos antes de etiquetarlos. No puedes ir por ahí etiquetando a las personas. Es lo que siempre digo. Hazme caso y serás querida, como yo.
—¿De casualidad eres pariente de la chica dorada del Oeste?
—¿Cómo lo has sabido? —sonrió —. Es mi protegida.
Bufé.
—Y entonces... —continuó—, ¿qué harás?
El salón ya estaba completamente lleno de mujeres, hombres, niños, de perros, de hormigas, de aves, de sirenas, tritones, sitritones y tritorenas, y otro sin fin de criaturas que en mi vida jamás había conocido. Me sentía incómoda y fuera de lugar. Sin duda alguna no quería ni debía sentarme en la silla rota, pero la reunión estaba por comenzar y si no me sentaba, me notarían y probablemente se reirían de mí y me sacarían. Y era de esperar, porque no tenía lugar, lo había perdido. Estaba perdida.
Miré la silla rota, ¿qué podría pasar? Si balanceaba bien mi peso seguro podría mantenerla de pie, no se quebraría ni se movería. Me costaría mantenerla así toda la reunión, pero tenía que hacerlo.
Miré al joven del Norte, éste me sonrió. De pronto, se levantó de su silla, tomó mi mano y con desbordante caballerosidad me llevó hasta la silla rota.
—Por favor, recuerde todo lo que he hecho por usted.
—Pero si usted no...
Ya se había ido. Cuando lo busqué, ya estaba sentado. Las sillas a su alrededor seguían vacías, con el cartel de “reservado”, desocupadas y limpias y blancas. El joven se acomodó, subió el pie a la silla que tenía en frente. Yo me enfurecí, la ensuciaría. Además, estaba ocupando un espacio que perfectamente cualquier otra persona podría ocupar. Era increíble, bufé.
De repente yo, enfrente de la silla rota, podía sentir como todo el salón me miraba. Alguien conectó un micrófono y la estática inundó el espacio. Estaba a punto de comenzar. Me agité incómoda sin moverme. Las hormigas reían, la señora gorda apestaba, estaba segura de que el niño y el anciano estaban dormidos y que la chica dorada comenzaba a bostezar.
Durante un gran tiempo, sólo fuimos la silla rota y yo. La miré fijamente, y ella a mí. Recordé nuestro primer encuentro y mis burlas y malos deseos. Yo también había avisado sobre la silla rota. Lo dije muchas veces, pero nadie me escuchó. No había hecho nada malo. Esa silla rota no debía ser para mí, alguien tendría que haberla cambiado. Yo di el aviso primero. Yo avisé.
Suspiré, cansada. Me volteé, dudosa y temerosa. El tac tac de los zapatos de la mujer gorda resonaba en todo el salón junto a la estática del sistema de sonido en preparación. Todos estaban impacientes. Todos me estaban esperando a mí. Volví a suspirar. El sudor corría por todo mi cuerpo. Si iba a sentarme, tenía que hacerlo ahora. No había más tiempo.  La reunión estaba a punto de comenzar.
Escuché un chapoteo a lo lejos, en la esquina oscura de la habitación, donde la sirena cuidada con esmero su cubo de agua. El Sr. Pez sacó su cabeza húmeda a la superficie, me miró, movió la boca y dijo algo que no entendí debido al sonido intermitente y molesto de la estática. De repente la luz desapareció. Alguien dio las buenas noches. Y yo, yo seguía de pie, en frente de la silla rota, viéndola fijamente en la oscuridad, y sin saber qué hacer.

Fin. 

Mi prima Josefa y yo follamos en una boda

Mi prima es unos años mayor que yo, bueno solo dos, nos llevamos muy bien y siempre nos hemos querido mucho. Esto pasó cuando coincidimos en una boda familiar, yo tenía 18 y ella 20. Estuvimos juntos toda la boda, y cuando llegó la hora de la discoteca nos pusimos a bailar. Al llegar las lentas, noté que se arrimaba más de lo que yo esperaba.

Sexo con mi prima en el baño

Por aquel entonces se llevaban los pantalones muy ajustados y yo estaba que explotaba, pero me arrimaba y restregaba contra ella…estaba en la gloria. En un momento que ni siquiera recuerdo le chupé el lóbulo de la oreja…madre mía, debí tocarle el resorte erótico, pues sin previo aviso me besó en los labios. Yo estaba que me derretía y mi pene estaba a reventar. Ya no aguanté más, y cogiéndola de la mano la llevé al baño. Me daba igual que nos vieran, y en el baño me hizo un hombre. Era la primera vez que hacía el amor consciente de lo que pasaba, y fue sublime…lo recuerdo con gusto. Lástima que no tuviera la experiencia de hoy, pero fue estupendo.

Por cierto, aunque ella me decía que me corriese fuera, a mí no me dio tiempo y eyaculé dentro. Estuvimos más de un mes asustados, pero por suerte no paso nada. Esa fue mi historia con una de mis primas, en otra ocasión les contaré lo vivido con mi prima Mar.

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