¡Feliz año nuevo!

Quiero aprovechar este espacio no para hablar de mis resoluciones, que vienen siendo prácticamente las mismas de hace dos años. De hecho pensé que tendría terminado «Como hojas secas» para este tiempo, pero no, sigo atrapada en el último capítulo y en muchas correcciones, y porque mi fuerza es grande no he terminado eliminando capítulos enteros y eso. Es que así soy yo (XD) Pero como decía, quiero aprovecharlo para darle las gracias a todas y todos ustedes, por seguir conmigo, y por haber estado conmigo todo este año y los años anteriores, y en resumen, todo este tiempo, desde que comencé, en medio, más recientemente... ok. Divago.
¡En fin! Espero que la pasen bien, y la sigan pasando bien, y que piensen en ustedes, y en las cosas que quieren hacer, las relaciones que van a iniciar, etc. Todo con responsabilidad.
Cuidense mucho.

Saludos.

5 añitos!!!

Parece que fue ayer cuando dije ¿por qué no empezar un blog? con las dudas y los miedos, ¿escribo bien? ¿a alguien le interesará lo que tengo que decir? y 5 años después no puedo estar más contenta de haberlo hecho. No sólo por comentar y expresar lo que yo pienso sobre muchas cosas sino por la cantidad de gente que he conocido a través de esto, tanto las muchísimas personas que se han

El segundo también tiene premio

El concurso estuvo muy reñido y nuestro querido patrocinador Salud Butragueño ha pensado ¿por qué no dar un premio al segundo finalista? una suerte! ¿qué regalo? ¿quién ha sido? podéis descubrirlo pinchando aquí :)

Ruptura (Relato)

Va sobre un engaño.
Advertencias: leve contenido sexual. Engaño.
PD: No encontré una imagen apropiada xD
PD2: Gracias por leer.
EN WATTPAD


Ruptura



La lata de cerveza cayó estrepitosamente y comenzó a rodar calle abajo. Las farolas del alumbrado público alcanzaban a bañar el pavimento con su tenue luz. La noche estaba cálida. Los tres habíamos bebido de más.
En el edificio de al lado, dos pisos arriba, la fiesta seguía desarrollándose con naturalidad. A través de la ventana podía verse el errático ir y venir de las luces. La cortina ondeaba a pesar de que no hacía viento. Apenas alcanzábamos a escuchar el ruido de la música. Una chica descansaba cerca del barandal, sólo era apreciable su silueta y la del vaso que sostenía en la mano y que no se había empinado ni una tan sola vez en los últimos diez minutos.
Sólo pasó —murmuré.
Simon se sobaba la quijada. Johan, en cambio, se movía de un lado a otro, de extremo a extremo del auto. Balbuceaba como loco.
Joder, Carol, estas cosas no «sólo pasan» ¡Qué demonios tienes en la cabeza! —golpeó el auto con el puño y se alejó, medio arrepentido. Se detuvo un par de metros después.
Oye, hombre...
¡Tú ni me hables! ¡Demonios!
Estamos algo colocados —intervine—, lo mejor es seguir con esto mañana.
Johan metió las manos en uno de sus bolsillos y agitó las llaves que guardaba dentro, haciéndolas titilar. Las extrajo y las quedó viendo, confundido. Luego nos miró a Simon y a mí. El odio seguía ahí, brillando en sus ojos. No dijimos nada.
Y tampoco dijimos nada cuando Johan se subió a su automóvil y lo puso a andar de repente. El sonido de las llantas sobre el asfalto consiguió asustarme, se me erizó la piel. Me abracé a mí misma y suspiré. Simon seguía sobándose.
Volví a suspirar. Tenía calor y sudaba en exceso, pero creo que fue más por el nerviosismo. Jamás me había peleado con Johan, las cosas no tenían por qué suceder así, sin embargo...
Ha sido todo culpa mía —dijo Simon. Se acomodó la ropa y se acercó a la acera. Se sentó. Escondió, un momento nada más, su rostro entre sus manos. Maldijo casi en silencio.
Si ha pasado es por algo —dije yo, acercándome a él —. ¿Te arrepientes?
Joder, no, Cary. Es sólo que... no sé, no debió enterarse así.
Habría reaccionado igual —comenté ausente —. O no sé, al menos eso creo.
Y tú... ¿te arrepientes?
Simon tenía un tatuaje en el hombro. Lo vi la noche que tuvimos sexo por primera vez. Antes de eso jamás lo había visto sin camisa. Ese día no había pasado nada en particular. Nos encontramos por pura casualidad en el centro comercial, el saludo obligatorio, había una persona que nos conectaba después de todo. Y sí, nos llevábamos bien cuando estaba Johan presente, porque nos agradábamos, pero sin él con nosotros, establecimos una distancia, como si inconscientemente supiéramos que algo podría pasar. Y entonces pasó. Comimos. Caminamos. Platicamos tanto y nos sentimos tan a gusto que decidimos seguir la fiesta a solas. No habíamos probado ni una tan sola gota de alcohol cuando comenzamos a besarnos. Cuando menos lo supe ya estaba sin ropa, ida en el tatuaje extraño que Simon tiene en el hombro. No pensé en Johan ni una tan sola vez.
Era estúpido preguntarnos el uno al otro si nos arrepentíamos, lo habíamos hecho más de veinte veces desde entonces, todo en tan solo tres meses. Pero no, si había que decirlo, ni siquiera sentí culpa la primera vez.
Claro que no, Simon.
Simon se puso de pie. Comenzó a andar erráticamente en la dirección que Johan se había ido. Vamos, que debía sentirse una mierda, eran amigos de verdad, no sólo de juerga. Los dos chicos decentes, chicos normales que jamás habían experimentado este tipo de drama.
Esta no me la va a perdonar. —Apenas alcancé a escuchar sus palabras. Simon tenía las manos hundidas en su cabello. Ya venía de regreso. Me senté y lo esperé. Hizo el amago de irse en más de una ocasión, pero al final, se sentó a mi lado —. Pero no quiero dejarte —agregó.
Le tomé las manos y le busqué los labios. Lo besé con fuerza. Al sentir su lengua la tomé entre mis dientes, pero pronto la liberé para morder su boca.
No supe cuándo dejó de gustarme Johan y comencé a interesarme en Simon, pero ahí estábamos ahora y esa era la situación. No había manera de volver al pasado para regañarnos a nosotros mismos y decirnos que no merecía la pena poner en riesgo una amistad así. Sobre todo porque yo no estaba muy segura de esto. Cuando estaba en la cama con Simon, cuando nos besábamos o cuando simplemente nos encontrábamos para comer juntos, sentía que lo valía. Por supuesto no sabía qué pensaba él.
Simon se levantó, dudó un instante, no sabía qué hacer, pero me miraba, y esto pareció bastarle. Me llevó hasta su auto, al asiento trasero. Adentro estaba todavía más caliente, pero no encendió el aire acondicionado. Olía a desodorante ambiental.
Enseguida me quité la blusa, no llevaba sostén. Mis senos brillaban humedecidos por el sudor. La primera reacción de Simon fue morderlos. Gemí y le halé el cabello, me había hecho daño.
Disculpa.
Está bien, sólo ando pre, el cuerpo se me pone como loco, todo sensible.
Él lo sabía, no tenía por qué darle explicaciones, sólo decirle: «oye, ya sabes».
Lamió un pezón y besó el otro.
Hasta toda sudorosa hueles delicioso, Cary —dijo —. Pero lo salado no te lo quita nada.
Reí.
Pronto comencé a llorar.
Simon me atrajo hacia él y me abrazó con fuerza. Sentí la erección contra mi cuerpo, quise alejarme, desnudarme por completo y decirle: oye, nada de abrazos, tengamos sexo y nada más, me llevas a casa y ya veremos mañana cómo arreglamos las cosas con Johan. Vamos, sexo, sólo sexo. Pero Simon también lloraba, lo escuché en su pecho.
Terminaré con él —sollocé—, y contigo, así seguro en un par de días vuelven a ser amigos.
Simon negó con tanta fuerza que me golpeó la cabeza. Me apretó incluso más. Me hacía daño, pero me dejé.
Yo te besé primero —dijo, tratando de tomar toda la culpa consigo.
Ya. Pero yo te devolví el beso. Además, siempre soy la primera que se desviste, si vamos a eso... un beso es inofensivo, ya, pasa a veces, ya sabes...
Esa vez, yo me desvestí primero y él comenzó a acariciarme entre las piernas. Estaba tan mojada, tan inexplicablemente excitada. De haber bebido, fácilmente hubiéramos culpado al alcohol. ¿Acaso estas cosas no suceden más cuando la gente está borracha? Pero no, nosotros estábamos mejor que sobrios, completamente hechizados con la realidad que nos envolvía. Una realidad falsa en la que no existía Johan. Por eso pudimos hacer lo que hicimos a continuación. Simon me acarició con la lengua, yo con la mano, y entonces lo sentí dentro, y abrí los ojos como nunca antes porque por un momento pensé que si al fin reconocía en verdad a la persona con la que estaba teniendo sexo, todo terminaría y no se repetiría. No fue así.
Simon ahora me acariciaba. Dentro del auto el calor era insoportable y yo estaba sudadísima, ya completamente desnuda. Otra vez habíamos dejado de pensar en Johan.
Me gusta Simon, me gusten verdad.
Yo tenía sus dedos dentro y sólo podía pensar en lo bonito que se veía su rostro acalorado. Entonces un movimiento, gemí, lo abracé, comenzó el ir y venir de mis caderas. Tomé su rostro entre mis manos, junté su frente con la mía. Escuché cómo desabrochaba el cinturón y se bajaba la cremallera, y entonces me dejé ir, apretándolo con más fuerza, arrancándoles los labios de tajo entre gemido y gemido.
Pensé que Johan habría notado algo. Llevábamos casi un mes sin sexo. Yo ya no lo buscaba en su cama, ni el placer de sus labios. ¿Me pasaría igual con Simon? ¿Pasaría de él como había pasado de Johan?
Estás pensando —masculló Simon, agitado.
Reí. Agité la cabeza. Él enterró sus dedos en mi cabello, su otra mano descansaba en mi espalda. Mis senos rosaban su pecho desnudo. Sudábamos excesivamente. Era ridículo.
Abre una ventana —reí.
Se negó. Le mordí una oreja.
Eres una escandalosa.
Y qué más da. Imagina cómo se ve el auto desde afuera, con tanto movimiento —reí otra vez. Reía mucho cuando estaba nerviosa.
Precisamente. Ya es suficiente espectáculo.
Me mordió el hombro izquierdo, luego la boca.
Ya. Pero si no hay nadie afuera.
Me apretó más, me hizo daño, pero me gustaba que me abrazara con tanta fuerza. Entonces colocó ambas manos en mis caderas, yo estaba hecha una loca sobre él, sintiéndolo con cada fibra nerviosa. Me gustaba así, concentrarme tanto, tratando de encontrar sensaciones nuevas. A veces me dolía. Se me tensaba todo el vientre, las piernas. Se me acalambraba el cuerpo, completito, quedaba hecha una masa deforme y me terminaba fundiendo en él.
Más, Sim... más... —gemí.
Me arañó la espalda.
Simon —volví a gemir —. Duele...
Le arañé los hombros. Mordí su cuello. El dolor cesó relajándome por completo. Segundos después, el terminó también.
Me quedé echa un ovillo en el asiento trasero. Simon todavía no había puesto el auto a andar.
¿Segura quieres irte ahí?
Despiértamente cuando lleguemos a tu casa.
De acuerdo.
El ronroneo del motor y el ligera vibración del auto en movimiento me relajaron bastante. Me quedé dormida un segundo, pero fue suficiente para soñar con Johan. Lo conocí en la universidad, ambos de primer ingreso, en carreras diferentes, al pasar las clases generales no nos volveríamos a ver. Me gustaba tanto Johan en ese momento, tanto como me gustaba Simon ahora. ¿Me pasaría otra vez? ¿Dejaría de gustarme Simon y me interesaría en alguien más?
Sentía las piernas pesadas y me ardía un hombro. Todavía estaba mojada. El aire entraba violentamente. Simon corría. El viento se colaba por su ventana.
A Simon lo conocí después. No iba a la misma universidad, aunque estudiaban lo mismo que Johan. Su familia no tenía para tanto, era una universidad menos prestigiosa, pero él parecía inteligente, educado, hacía comentarios certeros, me ofrecía su silla cuando no había más espacio. Los chicos no solían llevar a sus chicas a las reuniones. Yo siempre iba y él no hacía que me sintiera ignorada. Odiaba eso, odiaba quedar relegada a «una de las novias». Él nunca me miró así.
Sentía los labios inflamados, tenía el cabello revuelto, los pezones sensibles me dolían al rozarse contra la tela de la camisa de Simon.
El auto se detuvo. Esperé un momento, quería que Simon me despertara, pero se quedó quieto y no dijo nada. Podía escuchar su agitación junto con el ronroneo del motor del auto. Pero sólo eso. Sus pensamientos jamás los escucharía.
¿Me quieres, Simon? —pregunté, jugando a la dormida.
Sí —respondió, sin dudar. Se me encogió el pecho por completo. Apenas podía respirar.
Entonces pidamos perdón, pidamos perdón hasta perder la voz.
Mañana —murmuró.
Puso el auto a andar nuevamente. Ahora iba más lento, el aire no se colaba dentro con tanta violencia. Pensé en lo mucho que quería a Simon, y que no valía la pena seguir preguntándome si algún día le haría algo similar a él. Pero lo haré bien, terminaré primero, y luego, lo que sea. Da miedo querer, pero también dejar de querer, como si lo primero fuera lo natural y lo segundo el desastre.
La vida, la vida...
Cuando el auto se detuvo por segunda ocasión, por fin me quedé dormida.



¡Se cierran las votaciones!

Se acaban de cerrar las votaciones y ya tenemos los 5 finalistas que pasan a manos del jurado, no te lo pierdas pinchando aquí. Muchísima suerte a todos y gracias por participar :)

"Sólo un sueño" El Hobbit Fanfic Kili y Tauriel (Kiliel)

Fui a ver El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (estoy fue ayer). Qué bonito el fanfic de Peter Jackson, ¿verdad? Y entonces me dije: yo también puedo escribir fanfics (?). Y como amo a Tauriel y a Kili, aunque eso entre ambos es un invento, a mí me gustó. Y la verdad no me gustó cómo murió Kili en la película (ya sabía que moría, leí El Hobbit, pero no quería que muriera defendiéndola, ella es demasiado badass para permitir eso), así que yo lo maté de manera diferente (?). Muchos kiliel feels (espero).
Por cierto, es obvio que no sé sindarín, ni la lengua de los enanos, así que, con respecto a lo que dice Kili (me gusta mucho el universo de Tolkien, pero no soy una diehard fan), tomé la traducción que anda circulando por Tumblr. Y con respecto a lo que dice Tauriel en Sindarín, pues la gogleé y puede que haya tomado una traducción errada. Si saben algo, agradecería muchísimo que me lo hicieran saber.
Gracias de antemano.
Espero les guste. No olviden comentar. (Advertencia: soy malísima narrando enfrentamientos armados XD)



Sólo un sueño.



Escuchó una voz que transportaba su nombre y pensó que la batalla había terminado. No era así, por supuesto, pero Kili apenas tuvo tiempo de nada. Las arremetidas de los orcos ni siquiera le dejaban tiempo para respirar, siendo una más violenta que la anterior, apenas le quedaban energías para defenderse. Pero al escuchar su voz... Por un breve instante se olvidó de Thorin, incluso de la muerte de su propio hermano. Kili se sintió en un sueño, uno creado por la voz de Tauriel que sonaba desesperada a lo lejos.
«Fue sólo un sueño» le dijo él a ella mientras yacía envenenado, pero cuando extendió los dedos, buscando su mano, todo se hizo real. Y si quería quería que en verdad fuera real, tenía que derrotarlos a todos, o al menos salir con vida del enfrentamiento.
Tauriel lo vio desde lejos y su primera reacción fue ir a buscarlo, acercarse para cerciorarse de que estuviera bien. Lo vio rodeado de orcos, y temió, pero no había razón para alamarse más allá de eso. Kili era un guerrero, como ella, y tenía que confiar en sus habilidades, y sin embargo, por más que trataba de convencerse, había algo dentro de ella que se lo impedía.
«No es real»
Las palabras de Thranduil resonaron de pronto, como el eco entre espadas y escudos. Si no era real, ¿entonces qué era eso que ella sentía?
Fue esa primera conversación verdadera entre ambos, y Kili, tratando de sonar intimidante mientras jugaba con la runa entre sus manos. Una maldición al inicio, una promesa después.
«Es una promesa», le había dicho. «Mamá piensa que soy insensato».
«¿Lo eres?»
«¡Nah!»
Hablaron de mundos distintos, mundos lejanos, de aventuras, unas más grandes y extensas que otras, de gustos, de rituales, de luz. Tauriel no sintió la breve presencia de Legolas. Kili ya no se sentía atrapado en una celda oscura y pequeña. Tauriel era como la luz de la luna que nunca se había tomado el tiempo de apreciar. No pudo haber sido más tonto, se dijo, la luz de la luna era más cálida de lo que jamás se había atrevido a considerar; pero distante, sin duda seguía siendo distante.
«¿Crees que pudo haberme amado?».
La runa descansaba ahora bien protegida por la túnica de Tauriel. No pesaba, pero su presencia era constante. «Una promesa». Los orcos comenzaron a interrumpir su camino, sintió una desesperación enorme apoderarse de su juicio pero tenía que obligarse a mantener la calma. Esas criaturas no representaban nada. Sentía como cada vez se acercaba más a Kili y cómo, en el proceso, una verdad iba siendo revelada.
«Ella está lejos. Está muy lejos de mí. Ella camina en la luz de estrellas en otro mundo».
Pero Tauriel se sentía cerca.
«No sé lo que significa».
Sí lo sabía.
Se deshizo del último orco y pensó que por fin tenía el camino despejado. Tauriel bajó un poco la guardia, y entonces, casi salido de la nada, Bolgo le plantó cara. El tamaño de la criatura no consiguió intimidarla, su propósito era más grande que lo que Bolgo podía aparentar, y todavía más grande era su determinación. Bolgó la atacó primero balanceando su enorme maza. Tauriel hizo un movimiento rápido y se libró de ese primer ataque, pero no del que vino después. Se reincorporó rápidamente y consiguió esquivar el tercero pero no el cuarto. Tenía que ganar un poco de distancia si quería usar su arco. Supo que no lo conseguiría y desenvainó sus dos dagas rápidamente. Se libró de un nuevo golpe y le propinó un corte a Bolgo, aunque no suficientemente profundo como para hacerle daño en verdad. Con un movimiento ágil logró librarse del avance de la enorme criatura pero ésta cada vez le ganaba más terreno. Bolgó la tomó del cuello y la tiró contra esa inmensa pared de roca que los rodeaba. El aire escapó de los pulmones Tauriel, pero tenía que levantarse.
Kili vio como Tauriel era arrojada con violencia contra las rocas. Se deshizo del último de los orcos que tenía encima y planeando un ataque sorpresa, utilizó la altura de la posición en que se encontraba para lanzarse sobre Bolgo y así impedir el zarpazo que estuvo a punto de propinarle a Tauriel.
«Amrâlimê».
«No sé lo que significa».
El enano seguía batallando, pero Bolgo era demasiado fuerte, enorme y pesado como para que pudiera controlarlo. Tauriel se percató de esto y puso todas sus fuerzas en una simple acción: levantarse. Entonces Bolgo capturó a Kili y lo inmovilizó, levantó su arma lo suficiente como para que Tauriel adivinara el ataque que estaba por venir. Ella, apresurándose, y con la agilidad y la puntería propia de la experiencia, extrajo una flecha de su carcaj y tensándola rápidamente contra la cuerda de su arco, la disparó. La flecha cumplió su cometido al enterrarse en el brazo de Bolgo, a quien el dolor lo obligó a soltar su arma. Kili cayó pero se levantó de pronto. Se acercó a Tauriel y nuevamente retomó su posición de batalla. El enfrentamiento no sería fácil. Antes de que pudiera decir algo una flecha zumbó cerca de de él. Esta vez la flecha disparada acertó en el pecho de Bolgo. Luego vino otra y otra, hasta que estas se agotaron. Kili sabía que tenía el último golpe, y aunque mal herido, Bolgo seguía representando un gran peligro. Comenzaron ambos a atacarlo, intercalando ataques y movimientos de distracción.
«El joven... el arquero de cabello negro, a él le clavamos una lanza de mordor. El veneno está en su sangre, pronto sucumbirá».
Fue un destello demasiado claro para soportar, y lo revivió cuando vio cómo Bolgo hería a Kili.
No.
Pero Kili no se dejó vencer, clavó su espada en el costado de Bolgo, y ese primer doloroso lamento sirvió para que Tauriel despertara. Se acercó a Bolgo con las dagas en alto, para juntarlas en cruz contra el cuello de la inmunda criatura, hasta que su cabeza ya no se encontró más sobre sus hombros. El cuerpo inerte de Bolgo cayó sobre Tauriel. Kili yacía a escasos centímetros de ambos, con un brazo roto.
Tu promesa... —dijo Tauriel después de ponerse de pie. Extrajo la runa del lugar seguro donde la había mantenido hasta entonces y se la tendió a Kili.
Todavía no ha terminado —dijo Kili a su vez. Sin embargo, aprovechó la oportunidad para acercar su mano a la de Tauriel y envolverla suavemente.
Kili.
«No es real»
¿Y entonces qué era?
«Ella está muy muy lejos de mí»
No. Estaba ahí, en frente de él. ¿La veía en realidad?
Amrâlimê —repitió Tauriel, de memoria. A Kili le resultó hermosa la manera en que el acento élfico de Tauriel se fundió con su lengua natal.
Mi amor...
Taurel redujo la distancia y se agachó un poco para juntar su frente con la de Kili. Thranduil era su rey, pero esto no le daba el derecho suficiente como para decirle qué era real y qué no.
No eres un sueño, ni estás lejos de mí —susurró Kili.
Estoy aquí.
Kili sonrió antes de que sus labios y los de Tauriel se convirtiera en un beso, y se sintió lleno de luz en medio de toda esa oscuridad.
«¿Crees que pudo haberme amado?».
Ahí estaba su respuesta. Los labios de Tauriel eran como la plata que relucía robándole destellos a la luna. Y ese beso era sólo suyo desde ahora y para siempre.
Lo que vino después no fue nada frágil, pero se vio interrumpido por el grito de Thorin. Kili recordó de pronto a su hermano, a su rey, y su deber con su gente. Vivió un sueño y ahora la realidad lo reclamaba.
Tengo que ir —murmuró contra los labios de Tauriel.
Tauriel se negó al inicio, pero ella más que nadie conocía el deber.
Asintió.
Estaré contigo.
Azog había acorralado a Thorin en medio del hielo. El suelo estaba casi destrozado, y pequeños islotes flotaban por aquí y por allá, inestables, poniendo en peligro al legendario Escudo de Roble.
¡Kili! —gritó cuando divisó a su sobrino, lo que advirtió a Azog de cualquier posible ataque sorpresa. De todas formas, Tauriel había agotado todas sus flechas, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo era inevitable.
¡Otro hijo de Durin! —exclamó Azog, levantando su arma y balanceándola para derribar a Kili antes de que éste se acercara demasiado. Kili logró esquivar ese primer ataque, pero el hielo a su alrededor comenzó a resquebrajarse, haciendo que perdiera el equilibrio.
¡Kili! —gritó Tauriel. Se lanzó contra Azog, pero fue recibida con un golpe. Sin embargo, no era tan fácil hacer que un elfo perdiera el equilibrio, Tauriel se reincorporó inmediatamente y con ambas dagas hirió a Azog. No obstante, la furia de Azog era más fuerte que cualquier ataque y apenas sintió el golpe. En su lugar, contraatacó con furia, golpeando a Tauriel tan fuerte que ésta salió disparada, impacientándose contra el duro hielo con demasiada brusquedad como para conservar la conciencia.
Azog entonces se olvidó de ambos y volvió a centrar su atención en Thorin. Kili no podía permitir que hirieran a su rey. Como pudo, logró avanzar. El hielo se separaba cada vez más y más. Thorin se defendía como podía, pero nuevamente estaba siendo subyugado, los ataques de Azog eran demasiado fuertes y Thorin no llevaba ni espada ni escudo. Cuando se acercó lo suficiente, Kili pensó que Azog no le estaba prestando atención y que un ataque sorpresa resultaría efectivo.
Se equivocó.
Cuando estuvo a punto de propinar su estocada, Azog lo recibió con una propia, que le atravesó el cuerpo, casi partiéndolo.
¡Kili! —Gritó Thorin. Pero no le quedó tiempo para sentir la pérdida, pues Azog siguió atacándolo sin reserva. Thorin, sin embargo, pudo hacerse con el arma que portaba Kili, pero antes de proferir cualquier lamento siguió enfrascado en la cruenta batalla.
Kili quedó tendido sobre el hielo, agonizante.
«Fue sólo un sueño».
En la oscuridad a la que iba ya no podría soñar con la luz de la luna.
Tauriel...
Tauriel lo vio todo, pero no pudo ponerse de pie. Lo vio todo y ni siquiera pudo gritar. Demasiado tarde. Sólo podía sentir el ardor en sus ojos, y las palabras atrapadas en su garganta.
Nîn Meleth...
Ya no había luz ni calor. Se dejó caer abatida por un dolor que superaba a todo dolor físico experimentado hasta entonces.
«No es real».
Su dolor era real. Las lágrimas en sus mejillas también lo eran. Quería gritar, pero no podía. No sabía cómo seguía cociente, pero luego ya no supo nada más. Sus ojos se cerraron. El mundo perdió forma.
Cuando volvió a estar cociente se percató de que el cuerpo de Kili seguía en el mismo lugar. Azog no estaba por ninguna parte, y Thorin tampoco. Debieron haber terminado la pelea en otro lado, no sabía nada. No reconocía nada más allá de lo que sus ojos miraban. Era un lugar demasiado frío para alguien que había hablado de lunas de fuego.
Dolía tanto.
¡Llévatelo! —le gritó a la nada—. Si esto es amor, no lo quiero. ¡Llévatelo!
Pero era en realidad demasiado tarde, y ella lo sabía. Se acercó al cuerpo de Kili para devolverle la runa, símbolo ahora de una promesa no cumplida. La depositó en sus manos, para después juntar sus frentes nuevamente. Kili ya no le respondería, pero ella quería engañarse con un calor que ya no existía.
Iba a enterrarlo, lo supo, a honrarlo. Honraría su memoria y atesoraría su recuerdo. Aprendería a vivir con el dolor, sin importar cuantos años le tomara. Cien años eran apenas un parpadeo en la vida de un elfo, pero jamás como en ese momento lo sintió tan cierto.
Nîn Meleth —repitió, antes de besar los labios de Kili por última vez —. Sé que sabes lo que significa.
Todo había sido sólo un sueño.

¡Empiezan las votaciones!

Ya están publicados todos los relatos que participan en el Primer Concurso de Relatos Eróticos MIpsico/ Destino: Placer patrocinado por Salud Butragueño.  Podéis leerlos en El Blog de MIpsico donde encontraréis en la barra lateral izquierda las votaciones. Las votaciones estarán abiertas hasta el próximo viernes 19 de Diciembre a las 14 hrs. Ese día, los 5 más votados pasarán a las manos

1+1 = 2

by Marta D. para PK "Las matemáticas no engañan, uno más uno son dos. Sin embargo hay mucha gente convencida de que, en el ámbito de las relaciones, lo ideal es que uno más uno sea uno… ¿Qué invento es éste?" No os perdáis mi nuevo artículo en Proyecto Kahlo pinchando aquí, en el que hablo de la identidad dentro de la pareja.

Lecturas recientes (todo bien random)

He estado leyendo. Bueno, yo siempre he estado leyendo porque es como una obligación espiritual... ok. No. Pero sí he estado leyendo y vengo a hablar, así bien superficialmente, sobre mis más recientes lecturas (siempre digo que voy a llevar constancia de todo lo que leo pero nunca lo hago, porque soy así de especial, ajá).
Una de las razones por las que he leído un poco más de lo normal es que estuve una semana y dos días sin Internet, y esto y el hábito de siempre, y que era jugar Lord of Shadow o leer, y Gabriel Belmont me ha decepcionado. En fin, comienzo la lista ahora.

Sueño profundo de Banana Yoshimoto.
Siempre quise leer a este escritora porque me enteré que goza de cierta popularidad en Japón. Me gustó esta colección de relatos, más el primero, del que la recopilación toma el nombre, pero los otros dos resultan igual de agradables. Trata con situaciones como la inseguridad de tener un amante casado, la pérdida de un familiar cercano, y toda la melancolía de la vida en general. Me gusta cuando los japoneses abordan estos temas porque lo hacen con una sutileza bien cotidiana.

El parásito (Relato) de Arthur Conan Doyle
Aquí el protagonista encaprichado defensor de la ciencia y sus métodos, escépticamente llega hasta una mujer que, según le dijeron, posee el don de encantar a las personas. Se inicia una relación científica para comprobar este fenómeno parapsicológico en el que el prota (cuyo nombre no recuerdo) poco a poco va descubriendo que se ha dejado demasiado vulnerable, quedando sus acciones completamente a disposición de la extraña mujer con su más extraño amor.
Me gustó mucho el relato, está narrado en forma de Diario, lo que lo hace más íntimo y nos acerca al delirio que sufre el protagonista en su afán de librarse del poder de la mujer.

El señor Nakano y las mujeres de Hiromi Kawakami.
Hiromi Kawakami se está convirtiendo en uno de mis escritoras favoritas con vida, pero he de decir que esta novela no me llegó así como lo hizo El cielo es azul, la tierra blanca y Algo que brilla como el mar. Sin embargo, con esto no quiero decir que sea mala, más me parece que no interioriza tanto en los personajes como en esos otros trabajos, aunque aun así los personajes resultan bastante peculiares. Trata sobre la relación de varios personajes en un día a día que se desarrolla dentro de una tienda de segunda mano (no de antigüedades, de cosas usadas, ojo).

Kitchen de Banana Yoshimoto.
Novela que también habla sobre la perdida de seres queridos. Se desarrolla con ligereza y mucha sutileza y es una lectura bastante agradable, pero de eso no pasa (al menos a mí de eso no me pasó). Mi única queja es que, según la sinopsis y la misma protagonista, ella puede saber mucho de una persona por la cocina que tiene, pero en realidad no se profundiza en esta característica, sí se describe dos que tres cocinas, pero nunca a un nivel mayor, no vi una relación de analogía entre la cocina y la psique de las personas y la de la protagonista.

Siddharta de Hermann Hesse.
He decidido que leeré más a Hesse, pero el porqué elegí este título como el primero, no lo sé. No me arrepiento, eso sí. Es un libro bastante ameno a la vez que profundo que nos pone al alcance de la mano las enseñanzas budistas, si bien no nos hará expertos en el tema, si resulta una vía bastante accesible, como «Budismo 101» Así me lo pareció a mí al menos (XD).


La montaña es algo más que una inmensa estepa verde de Omar Cabezas.
Y lo admitiré antes de comenzar, esta fue una lectura obligatoria de la clase de Seminario de Lit. Centroamericana, pero fue una sorpresa agradable. A parte del sentido de oralidad, de ese sentido de «contar» «narrar» que resulta tan ameno y le da tanta fuerza a la obra, el que el autor narrara más sucesos personales (es un relato testimonial) que guerrilleros, al tiempo que no dejó de lado ninguno de los hechos que marcaron ese periodo y la colectividad que representaron, resulta bastante destacable. A parte de esto, el humor que le imprime a la narración, aunque reduce el trauma y el impacto emocional, moral, no resulta negativo, todo lo contrario. Deberían leerlo si nunca han leído nada de narrativa Centroamericana.

La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo.
También lectura de la universidad, de la clase de Narrativa Latinoamericana del S. XX. El narrador es Fernando, el autor, y cuenta sus relaciones (amorios) con jóvenes sicarios en una Colombia desmoralizada, en donde la muerte es tan cotidiana que ya ni se parpadea ante estos hechos. Lectura ligera, con mucha crítica, aunque no es una crítica profunda a mí parecer, que trata de explicar algunas cosas de este mundillo del sicariato sin interiorizar mucho en nada.

Hija de humo y hueso de Taylor Laini.
De narración lenta al inicio, se apresura demasiado al final. Pero a pesar de ser lenta al inicio fue la parte de esta primera novela de la saga la que me gustó, pero casi a la mitad todo se derrumbó. Después de tener a una protagonista comedida, prudente dentro de lo que cabe y con un sentimentalismo normal, ni melodramatizado ni exagerado, en la segunda mitad se convierte en un manojo de inseguridades después de conocer a cierto serafín buenote con el que «sorpresa» (esto es sarcasmo) tiene un pasado en común (y de ahí la atración, el amor, etc. Están, después de todo, «destinados»). Y fue esto lo que en realidad me mató todo, porque resultaba tan obvio que estaba esperando que la autora no se fuera por ahí, pero por ahí se fue. Sobra decir que no pienso leer la continuación. Creo que a esta novela le sobra, y por mucho, lo romántico. Completamente innecesario.

Y esto es todo. Actualmente estoy leyendo Cuentos de amor de Herman Hesse y estoy en sí leo o no Fangirl de Rainbow Rowell con eso de que sólo está en inglés no me decido, me da pereza el inglés (XD). También quiero leer más de Literatura Juvenil, pero hasta el momento no he encontrado saga que desbanque la trilogía Leviathan que tanto me gustó (no sé si así se llama, yo así le digo XD).

Se aceptan comentarios, opiniones y sugerencias. No sientan pena.

El ladrón (Relato)

Relato corto. No es romance. Es... no sé. Ahí quedan las advertencias XD
Espero tengan una buena semana. Saludos. (No olviden comentar)




El Ladrón.



Había algo en el otro de la cama. Por más que quise voltearme, no pude. Mi piel era un gran escalofrío. Bajo las sábanas podía escuchar mi pulso acelerarse. La cabeza comenzó a dolerme. Tenía los pies helados. A mí lado, una respiración débil y serena casi me rosaba la nunca. Llevaba el cabello amarrado y quería soltarlo, pero ni los brazos podía mover.
Hace frío, ¿no crees? —preguntó la persona a mi lado. Por más que quise, no pude distinguir si la suya era una voz de niño, de adolescente o de un adulto, y peor aún, si era de hombre o de mujer.
Asentí, aunque no alcancé a mover la cabeza ni un milímetro.
Oye, y no me malinterpretes, es que tu cama se veía tan calentita. Qué manera de dormir, eh, contagias.
Mi exnovio me lo había dicho, por eso, para cosas ajenas del sexo, me mantenía alejada de la cama. «No me puedo pasar el día haraganeando», decía, aunque igual se quedaba dormido estuviera yo en la cama o no. Había que ver. Un completo idiota.
Afuera está insoportable, ni te lo imaginas —continuó la persona —. Y de repente me ha entrado hambre. Has dejado una ventana abierta, ¿lo sabías? Y me dije: hay que aprovechar. Pero la situación económica está perra, ¿verdad? Apenas he encontrado cosas de mi agrado en el refrigerador. Pero había sobras de comida en el microondas, espero no te moleste que las hayas tomado. No te dará mucha hambre al despertar, ¿o sí?
Negué en silencio.
Y entonces, me dije: si tomo un par de cositas para venderlas y comprar café, no estaría mal, ¿verdad? Por el frío que hace afuera, digo. Pero la verdad es que tu vida no es muy acomodada, ¿cierto? Sólo encontré baratijas por las que no me darían ni diez centavos. Y claro, de diez en diez centavos se puede juntar dinero para comprar un café, pero sería demasiado sospechoso andar por la calle con tantos trastos sueltos, ¿no te parece? Y entonces vi la puerta de esta habitación. No sé, pero algo en esta puerta me atrajo. Pensé algo así como: en esa parte de la casa ha de vivir una persona realmente excepcional. Oye, y no te conozco, pero estás tan quieta que me lo pareces.
Quería gritar. El calor del extraño a mi lado ya se me estaba adhiriendo al cuerpo, aunque era un calor vago, casi imperceptible. Los párpados me pesaban pero, por lo demás, estaba más ligera que una nube. Moví los dedos de los pies, que se rozaron con la mullida colcha que me cubría de cuerpo entero. Seguía con los pies helados. Todo parecía sacado de otro mundo, así que no me quedó más remedio que pensar que todo era un sueño, y cerré los ojos.
¿Estás desempleada? —preguntó. Abrí los ojos bruscamente, tanto que me dolieron y ni sé si esto siquiera es posible —. Vamos, no estés tan callada, de todas formas, falta poco para que amanezca, y si estás desempleada, te la puedes pasar haraganeando todo el día, ¿no? Hazlo por mí.
Algo en mi pecho se destensó. Dejé escapar un suspiro enorme y prolongado que resonó por toda la habitación.
Desde hace tres semanas —respondí. Ahora tenía el cuerpo medio acalambrado, como cuando muerdes hojas de limonaria y se te duerme la lengua.
Apesta, ¿no? —dijo la persona a su vez —. ¿Me creerías que antes de robar casas era un exitosísimo empresario? Qué curiosa es la vida, ¿no?
Pues yo era una dependiente en una tienda de ropa. Ya sabes, esas del centro. Venden ropa barata de malísima calidad, pero ya ves, la situación.
Fue un recorte de personal, imagino.
Nada que ver —suspiré apesarada —. Fue un triángulo amoroso de lo más soso. Mira, qué típico, mi vida perdió su rumbo por el amor, como si ya no bastara con ser mujer; y eso que yo ni siquiera sentía amor.
Suenas como una auténtica rompecorazones.
Para nada —sonreí.
Mi cuerpo fue recobrando su estado habitual. Ya no lo sentía ni pesado, ni dormido o acalambrado. Respiraba con más naturalidad y estaba segura de poder mover todas mis extremidades como de costumbre. A decir verdad, la curiosidad me estaba matando. Cierto era que estaba oscuro, pero por la ventana entraba algo de claridad y con algo de suerte, podría apreciar el rostro de la persona que descansaba a mi lado. Había perdido por completo el sentido del peligro.
No te molesta si me volteo, ¿verdad? —pregunté educadamente —. Se me está entumeciendo este costado del cuerpo.
En absoluto —respondió —, y de todas formas, es tu cama. De ser tú, yo a estas alturas ya te estaría corriendo —rió.
Tomé una gran bocanada de aire. Apreté la sábana con fuerza y luego la liberé. Cierto, el cuerpo ya no me pesaba, estaba ligero como una pluma, pero no quería realizar ningún movimiento brusco. Primero vi por encima de mi hombro, estaba todo oscuro del otro lado pero la luz que se colaba me ayudó adivinar un perfil, uno masculino. Al recordar sus palabras me di cuenta de que sí, efectivamente, la voz que me había estado hablando era una voz de hombre. No sé por qué no lo había descubierto antes.
Es duro dejar el lado calentito de la cama, ¿verdad? Tengo la impresión de que tu cuerpo es verdaderamente caliente y que en ese lado de la cama en el que hasta hace poco has estado descansando se ha de estar muy a gusto.
¿Te quieres pasar para acá? —pregunté.
Excepcional en serio —rió el hombre —, mira que ya lo sabía. ¿No será una molestia?
Para nada.
Me fui acercando a él para darle espacio y se pasara al lado de la cama que yo había estado ocupando. Pensé que durante el proceso nos tocaríamos, pero no ocurrió así. Sí sentí la cama hundirse cuando él se ayudó con sus manos y piernas, aunque apenas pude sentir su calor. Su cuerpo estaba presente y muy cerca del mío, pero aparte de su aliento antes, todo en él resultaba muy vago, casi inexistente.
El lado de la cama que ahora ocupaba no estaba del todo frío, pero tampoco cálido. Sentí nuevamente que me encontraba en un sueño. La presencia del hombre seguía siendo como un espejismo, o más bien, como un fantasma.
¿Te quieres arropar? —pregunté.
¿No será una molestia?
Para ser un ladrón eres bastante educado —sonreí.
Seguro estás pensando que, de ser otro, en este momento estaría abusando sexualmente de ti, ¿no? Porque no debes tenerme miedo, lo prometo.
La verdad es que no —le dije.
Pero se ve mucho en las noticias, ¿verdad? Qué bueno que no tengo un televisor, ver las noticias es en verdad deprimente.
Me han cortado el cable y el Internet, así que no sabría decirte que cuentas las noticias últimamente.
¿Y no has sentido que así vives más en paz?
La verdad era que no. No es necesario ver noticias para saber cómo está el mundo de afuera. Si él en verdad fue un empresario exitosísimo, tenía que estar más familiarizado con las cosas del mundo, eso pensé.
Aunque ya has de vivir en paz, puesto que vives sola.
Es bueno no rendirle cuentas a nadie —contesté —. Claro está que, cuando te metes en apuros, apenas tienes personas de confianza a las que recurrir. Es como si, con el hecho de vivir solo, piensas que, a partir de ahí, lo natural es seguir aislándote.
Ya veo.
Algo impactó el cristal de la ventana y me sacó un sobresalto. Parecía que afuera estaba haciendo en verdad mucho viento. Y si adentro estaba frío, no me podía imaginar cómo estaría allí. Por un momento pensé en los vagabundos que siempre me encontraba de camino al centro, cuando trabajaba, y me sumí en un pesar enorme. Pero un pesar vacío, al fin y al cabo; al despertar, incluso viendo en las noticias que uno o dos murieron por el frío, de un «¡qué terrible!» no pasaría, luego seguiría, como si en el mundo no existiera más.
Oye, y siento que tengo que aclararlo, porque has sido tan amable conmigo, pero en verdad no pensaba robar más de lo necesario.
Tengo una cadena de oro en el joyero sobre la cómoda, por si te interesa.
Eres en verdad excepcional —repitió—. Tengo que agradecértelo, si me los das por cuenta propia entonces me ayudas a no sentirme tan mal conmigo mismo. Esto de robar, ¿sabes? No se lo recomiendo a nadie. Es terrible.
Nunca he robado —comenté—, aunque una vez sí se me pasó la idea por la cabeza. Al fin y al cabo me van a despedir, ¡qué más da! Luego vi a las dos personas por las que me iban a despedir y ¡bah!, por ellos sí que no vale la pena. Dices que soy una persona excepcional, pero en verdad soy una persona irremediablemente orgullosa.
Rió. O fue como si su risa se quedara atorada en su pecho, haciéndolo ronronear. Esto, por alguna razón, me dio mucha confianza. Bajo las sábanas acerqué mis pies a los suyos. Iba descalzo.
¡Uff, qué friito! —masculló —. En realidad eres una persona de sangre fría, quién lo diría —bromeó.
He olvidado ponerme calcetas.
¿Y las manos las tienes igual de heladas?
Ahora reí yo. Froté mis manos la una con la otra y lentamente acerqué una a la mejilla del hombre. Él inmediatamente colocó su mano sobre la mía. Descubrí que en él apenas se podía sentir calidez. Era igual que antes. No lo tenía del todo cerca y apenas podía sentir algo tibio, ahora lo había tocado dos veces, y se sentía igual de tibio, como si no hubiera diferencia entre su cuerpo y lo que fuese que lo rodeaba.
¿De casualidad no serás un fantasma?
Ya. Pero es que los fantasmas no tienen pies.
¿Cómo sabes?
Una vez vi uno.
¿Y no tenía pies?
Flotaba en el aire, como una bolsa plástica al viento. No parecen tener mucho control sobre ellos mismos, supongo que a eso se refieren cuando dicen que penan.
¿Y lo conocías?
Muy perspicaz. Pues sí, era un compañero de trabajo. Entonces lo vi y me dije: ya no haré nada por esta empresa de mierda. Disculpa la palabrota —se disculpó—. Te sonará muy típico, pero es que para el tiempo que mi compañero se me apareció como un alma en pena, mi esposa me había dejado, llevándose con ella a mí único hijo varón. Hasta ese momento me di cuenta que había estado perdiendo el tiempo como si fuera un deporte olímpico. Llevaba una doble vida. Me esforzaba tanto y para nada.
Pero seguro llevabas una vida muy cómoda.
Ya. Sí. Pero cuando pienso que ella, al voltearse en la cama, se encontraba con un lado frío, me da algo, como un remordimiento.
Tal vez simplemente nunca has sido bueno calentando los otros lados de las camas.
Puede ser.
Se quedó en silencio, como si mis palabras hubieran sido tan profundas que requerían un poco más de meditación. Mientras tanto yo me acomodé boca arriba. El techo estaba sin encielar. Se veían los cables que alimentaban el foco que iluminaba la habitación, foco que no cambiaba desde hacía mucho tiempo. No recordaba si seguía funcionando o no, y aunque la curiosidad fue grande, no quise levantarme a encender el interruptor para verificarlo. Bostecé. Me rasqué la cabeza y de una vez me solté el cabello. El hombre a mí lado seguía silencioso, parecía que se había dormido, y cerré los ojos.
Pensé que al dormir soñaría con algo cotidiano dado que, durante un suceso tan cotidiano como lo es el dormir, me había sucedido algo en verdad extraño. No fue así. Soñé con girasoles parlanchines, caminos flotantes y bolsas plásticas a la deriva. Y así se veían los fantasmas, recordé. Seguí las bolsas pero éstas ascendían cada vez más y más, al punto que se confundieron con las nubes en el cielo. Pensé que me gustaría que las bolsas plásticas tuvieran rostros, al menos así decidiría con más facilidad cuáles tratar de alcanzar con toda mi fuerza. Tal vez era eso lo que me faltaba, una nueva meta, pero por lo pronto sólo quería seguir durmiendo y soñando, y eso que, hasta donde sabía, la persona que tenía al lado podría terminar estrangulándome sin que yo me percatara. Pero el sueño me pesaba de veras y mi posible muerte apenas zumbó dentro de mí como una nimiedad irreconocible.
Alguien me agitó del hombro.
Te has quedado dormida.
Ah —bostecé.
Está por amanecer.
Todo sigue oscuro.
Antes de amanecer parece que todo está más oscuro de lo normal, ¿no te parece?
Me parece que ese sólo es un cliché bastante romántico —sonreí.
Y tú no pareces ser una persona romántica, ¿o me equivoco?
Hay cosas que no se nos dan bien a todos.
Ya, pero tienes una cama doble. Es curioso.
Soy una loca para dormir. Muchas veces he terminado en el suelo.
No te creo.
Bah, tú qué sabes.
Que te he visto dormir y apenas se te han movido los párpados. Eres de lo más serena. Sonará tétrico, pero por un momento creí que te habías muerto.
Bueno, morir mientras se duerme no suena para nada mal —dije, convencida.
Pero si yo he de morir, me gustaría que fuera viendo la realidad en toda su extensión. ¿Sabes? A veces pienso que seré capaz de reconocer mi hora y, en ese instante, dejaré todo y me iré a dar una vuelta por ahí, por los lugares que más me gustan, con las personas con quienes más quiero estar.
Y si terminas con una enfermedad grave, ¿cómo te moverías?
Me la pones difícil —rió—, pero estoy seguro que me las apañaría. No sé cómo, pero igual iría al lugar en el que más quiero estar. Cuando se tiene fuerza de voluntad...
Bueno, entonces te das una vuelta por aquí —bromeé—. Recuerda con cariño a la hermosa chica que dejó que le robaras.
¿Eres hermosa?
Por supuesto que sí—reí.
La cama se agitó, sentí su codo hundirse en un costado, cerca de mi propio cuerpo.
Eres verdaderamente hermosa —comentó, casi ido en otras cosas que estaban más allá de a saber dónde —. ¿Me puedo acercar? —inquirió, temeroso —, hace mucho no duermo tan cerca de nadie.
Extendí mi brazo y a los pocos segundos él ya estaba usándolo como almohada. No sabía qué edad tenía, su voz era áspera y rugosa, bastante grave, y cierto que no parecía la de un adolescente pero tampoco pude atribuírsela a alguien muy, muy mayor. Al tenerlo tan cerca, sintiendo su respiración en mi brazo, me percaté que de él no emanaba mal olor alguno. Ni fuerte ni débil, olía más a jabón de aloe, y el cabello a champú de manzanilla. Son los olores más comunes en la gente pobre, porque se producen en masa jabones y champú con esas fragancias. Yo prefería la lavanda, aunque también me hacía oler de lo más común.
Después de un rato sentí su mano deslizándose en mi cintura. Por alguna razón, el cuerpo del extraño fue encogiéndose, o al menos así lo sentí. Luego de posar su mano en mi cintura acercó su rostro a mi pecho, casi lo restregó allí, para luego comenzar a sollozar hecho un ovillo a mi costado. Mi primera reacción fue enterrar los dedos en su cabello. Lo tenía limpio y sedoso. El olor a manzanilla se desprendió entre cada caricia.
¿En verdad vives sola? —preguntó.
Sí —respondí.
¿No te parece triste?
Sólo a veces.
¿Y tus padres?
Mamá está bien. Se ha vuelto a casar. ¿Puedes creer que tengo una hermana de siete años?
¿Y tú padre?
Ah —bostecé —. No sé. No lo sé. Nos dejó cuando yo apenas era un bebé. Mamá siempre dice que fue para bien, que él ya tenía una familia y no había sido tan idiota como para pensar que lo dejaría todo por ella, además, se dedicaba a algo, no sé a qué, pero no era nada bueno. Nunca hemos tenido dinero, bueno, ahora mamá lo tiene, con su nueva familia, pero antes, a pesar de no tenerlo, vivíamos en paz. Y aunque la mayoría de las veces el otro lado de mi cama está helada, también estoy en paz. Así que siéntete en la libertad de venir cada vez que no tengas dónde dormir.
Lo haré —susurró —. Eres una buena chica, en verdad excepcional.
Gracias —reí. Mis dedos seguían enredados en su cabello.
Oye, una última cosa, ¿está bien?
Dime.
Posiblemente, cuando despiertes, yo ya no esté en la cama, no creas que soy un maleducado, es sólo que en verdad necesito ir a un lugar, no puedo llegar tarde, así que no hay manera de que me quede más tiempo a tu lado por más que quiera. Espero sepas perdonármelo.
Descuida, comprendo a la perfección. Cuando tenía empleo, solía ir de un lado a otro con una prisa que hasta absurda me resulta ahora. Así que entiendo, no te preocupes.
Eres una buena chica, en verdad excepcional.
Si no dejas de repetirlo me lo terminaré creyendo.
Pues deberías —rió. Luego continuó —: Oye, ahora sí, una última cosa.
A ver. Dime.
¿Puedo besarte?
Me quedé de piedra un segundo, pero y ya qué. Asentí bien quedito. Temí que no lo hubiera notado así que contesté:
Sí, está bien. Adelante.
El hombre se levantó, sentí mi pecho de lo más solitario cuando apartó su rostro. Entonces, casi inesperadamente, sentí una ligera caricia en mi mejilla, una caricia casi paternal. Mis labios se curvaron. No había nada sexual en la situación, no sé por qué tengo que aclararlo, se sentía más bien como el sol de verano, cálido y reconfortante, pero que al mismo tiempo cala con muchísima fuerza. De pronto sentí el aliento del hombre cerca de mis labios «en verdad me besará», pensé, pero no lo hizo en ese momento, siguió acariciando mis mejillas. Era como si, a través del sentido del tacto, quisiera memorizar los rasgos de mi rostro. Yo sentía cosquillas y mucha tranquilidad, tenía mariposas revoloteando en el estómago, y unas ganas enormes de ser estrechada entre sus brazos. Tomé una de sus manos, la llevé hasta mis labios y la besé.
Eres en verdad excepcional —repitió.
Cerré los ojos. Hasta ese momento me había sentido bien despierta pero, de repente, todo el sueño acumulado me devoró. Él ya no estaría cuando yo despertara y esto me entristeció, pero no había más que hacer. Con suerte, se aparecería otro día, así que tenía que recordar comprar cosas de valor que él pudiera robar sin problemas.
Cuídate mucho, hermosa. Has crecido bastante bien.
Sentí sus labios varias veces en mi frente y mis mejillas hasta que por fin me dormí.
Desperté como en un sueño, pero era tan solo la realidad. El sol entraba con bastante fuerza desde la ventana abierta. El cuerpo me pesaba mares. Mi cabeza parecía de algodón.
Salí de la habitación y me sorprendió encontrar todo en orden. Todo dentro del refrigerador estaba en orden también, no faltaba ni siquiera un tomate, y todavía quedaban sobras de comida en el microondas o, más bien, parecía que nadie las había tocado. Sonreí. Regresé a la habitación y revisé la cómoda: mi cadena de oro seguía tal y cómo siempre la mantenía. Sentí ganas de echarme a reír con muchísima fuerza. Afuera ya no hacía nada de frío.
De pronto pensé en mamá. Alcancé el celular y la llamé. Del otro lado, la voz de mi madre sonaba lejana pero bastante cálida. No sé por qué sentía tanta nostalgia.
Tendré unos días libres —le dije—, me preguntaba si podía pasar el fin de semana...
Me encantaría —respondió. La sentí extraña.
Oye, si no puedes, puede ser otro día.
Oh no, no es eso, es que, me acaban de dar una noticia y...
¿Algo grave?
Bueno, no, no sé, sólo me ha dejado confundida —suspiró.
¿Ha muerto alguien?
¿Cómo lo sabes?
No sé, esa impresión me ha quedado —contesté—. ¿Era alguien importante?
A su manera... —titubeó—. Pero no importa ahora. Te espero el finde...
Eres en verdad excepcional, mamá.
Mi madre se quedó muda un buen rato.
¿Dije algo malo? —pregunté después de un tiempo en silencio en el que sólo alcancé a escuchar la respiración serena de mi madre. Por un momento me pareció que comenzaría a llorar.
No lo hizo.
Te veo pronto —se despidió. El pecho comenzó a latirme con fuerza, pero después de varias bocanadas de aire logré tranquilizarme. Hacía un buen día.


Dejé el celular a un lado y, como cuando estaba pequeña, me tiré de un solo a la cama, sintiéndome de veras muy nostálgica. La cama estaba helada, como si nadie hubiera dormido sobre ella, mucho menos dos personas. Sonreí. Me sentía tan extraña, tan ligerita, como si habitara en un sueño o me estuviera adentrando en uno todavía más profundo que el de la noche pasada; pero, sobre todo, como si una puerta se hubiera abierto mostrándome lo que yo había ignorado durante toda mi vida. 

El doble check

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Transformer de Picobong

¿Es una comba? ¿es un vibrador? es el Transformer en acción!!! No os perdáis mi reseña sobre este nuevo juguete en Malicieux MAG pinchando aquí que os va a gustar! para él, para ella, para ella y él, para él y él, para ella y ella... ;)