Relato Erótico: El sexo del futuro


amor-robotEn un futuro no muy lejano y en una ciudad cualquiera.

Aluna es un a mujer, guapa e independiente que vive sola desde que se independizó a los 20 años. Trabaja como asistente en un centro médico especializado en operaciones de cirugía estética. No tiene pareja, ni novio. Es heterosexual, pero ya hace tiempo que dejó de salir con hombres.

Tiene ahora 30 años y lleva 3 sin sexo con otro ser humano! De alguna manera, debido a su trabajo en la sala de operaciones, el contacto con la piel, las grasas, incluso otros residuos orgánicos, le producen repulsión. No le gusta tocar a la gente, incluso los olores personales son difíciles de soportar sin el olor a productos químicos y desinfectantes que se concentra en el hospital.


Es una mujer joven con un apetito sexual que necesita satisfacer todos los días.

Hace 6 meses no pudo más y busco una solución. Ha comprado un robot sexual. Una inversión cara, pero con unos resultados excelentes.

Cada día después del trabajo lo programa para que cuando ella está distraída haciendo cosas en la casa, se acerque a ella para mantener sexo. Hoy le ha programado para que la busque a las 20 h, justo entonces se estará vistiendo para recibir la visita de una amiga a las 21 h.
El robot es genial, es limpio, discreto, no molesta, no ensucia, no huele, y le da tanto, tanto placer!!!!! Tiene todas las habilidades del mejor de los amantes, es una máquina de precisión, y tiene la fuerza de una grúa para levantar en sus brazos a Aluna en un brazo y a otra mujer en el otro simultáneamente, a parte de muchas otras opciones.

Cuando Aluna está vestida encuentra a su querido robot caminando hacia ella cruzando el pasillo hasta el baño. El robot no habla, pero es muy claro en su gesto cuando eleva el brazo hacia Aluna.

Ella le coge la mano y le sigue hasta dónde quiera que él la lleve. Le encanta intentar adivinar cual será el siguiente movimiento, pero casi siempre la sorprende.

Cruza el pasillo hacia el salón y la abraza. Aluna se excita al sentir su pecho contra el cuerpo frío y duro del robot. Sus pezones se ponen duros y corriente eléctrica hace que sienta el palpitar de su corazón ahí abajo. Le huele, le encanta porque no huele a nada. Le chupa el cuello, besa sus labios de plástico ….
El robot la aprieta fuerte contra él, y le sube el vestido hasta justo debajo de las nalgas; le quita las bragas, delicadamente, agachándose para acompañarlas hasta sus tobillos, dónde Aluna las sacude y las envía quién sabe dónde. Entonces robot mete la mano entre sus pernas buscando el clítoris de Aluna.
Aluna está muy caliente y muy mojada, se deja caer en el brazo del robot cuál bailarina de tango, y el robot empieza a masturbarla.

Dios mío, como le gusta, sabe hacerlo tan bien!!!La mejor inversión de su vida, le gusta tanto su robot que hasta le quiere, es su amor, ya no podría vivir sin él.

Aluna tiene un orgasmo, ahí, medio flotando en el aire. Un orgasmo intenso que la hace gritar de placer mientras nota como gran cantidad de flujo resbala desde su vagina con cada espasmo. El brazo fuerte de su robot la sujeta fuerte y estoicamente para que no caiga.

Aluna quiere tener una sesión de sexo completa con él, pero en ese momento llaman a la puerta – había olvidado a su amiga, ha llegado demasiado pronto – pone al Robot en Pause, e intentando retomar su aliento se dirige a la puerta para abrir.

Al abrir la puerta, su falda está aun medio subida, el robot en medio del salón de pie, inmóvil, y Aluna está sonrojada. Su amiga que es muy observadora se da cuenta al instante de lo que está ocurriendo…

- Si es mal momento me voy! – dice la amiga.

- La verdad es que … ya sabes …. – dice Aluna.

- Aunque pensándolo mejor a mi también me gustaría probar el robot, tantas veces me has contado lo fantástico que es, que ya no puedo más!

- Anda que!!! … estoy muy cachonda, ahora lo necesito yo – dice Aluna que no tiene ningún pudor cuando habla con su amiga.

- Me gustaría mirar cómo lo haces así cuando me toque a mí ya se cómo va.

- Jo tía … vale, siéntate ahí y puedes mirar – señalando a una silla que está justo al lado del sofá.

Aluna se acera al Robot y lo reenciende. El robot la coge por la cintura y la levanta en sus brazos. Aluna rodea la cintura del Robot con sus piernas mientras oye como un motorcito hace que surja un pene en la parte central baja de su cuerpo, justo entre las piernas del robot. Es el maravilloso pene robótico que Aluna disfruta cada día.

Aluna está tan mojada!! No puede bajar, está colgada como un mono al cuerpo del robot. Ahora le da un poco de vergüenza que su amiga la mire, pero el robot la sujeta fuerte en el aire y no la va a soltar si no es que ella le da al Stop y Reboot.

El pene robótico ha salido completamente de su cubículo y el Robot se introduce lentamente en la vagina de Aluna, que se siente derretir. Su vagina late por dentro al notar ese elemento duro y frío metiéndose en ella y moviéndose lentamente, siente muchísima excitación por la incógnita de lo que va a suceder con ella ahora.

Es increíble, con los hombres nunca había sentido tanto placer ni tan rápido, disfrutaba del sexo ahora, más que nunca, le encantaba, se volvía loca y además: no tenía que tener vergüenza si gritaba o estaba tan mojada que parecía que se hubiera meado, era libre de todo, de valoraciones o juicios, y encima, era impoluto, cada día lo desinfectaba y siempre estaba listo para ella.

El robot la penetra, entra y sale a un ritmo medio, su tamaño es perfecto, nunca le hace daño, está siempre dura, es lo genial!!!

Está haciendo sexo con ella aun de pie en medio del salón, y de repente empieza a dar vueltas sobre sí mismo, como bailando …. Mmmm…. Aluna se sujeta a su cuello y deja caer su cabeza hacia atrás dejando su pelo largo volar con cada giro.

Cierra los ojos para concentrarse en la sensación.

- Dios, ahhhhhh, ahhhhh, mmmmmmmmmmmm, – gruñidos de placer escapan sin cesar de la boca de Aluna.

Está teniendo otro orgasmo, fuerte, pero esta vez en el interior de su vagina. Este orgasmo lo puede alargar más, quiere más …

El robot sigue follándola, lento, para que se prolongue aún más la sensación…. Sus sensores detectan los espasmos y adaptan la velocidad del movimiento del pene y las caderas.

Lentamente el robot deja de girar, y su pene paulatinamente deja de moverse.

Aluna levanta su tronco hacia delante y besa al robot en los labios y en la cara.

- Gracias, mi amor – dice.

Aprieta el botón de stop y el robot baja los brazos lentamente y libera amablemente a Aluna de su prisión.

Ahora la amiga de Aluna está alucinada, y … muy cachonda.

Ver a su amiga gozando en frente de ella la ha puesto muy, muy, caliente.

- Aluna, creo que necesito probar tu robot ahora mismo. ¿Puedo? – dice la amiga.

- Si, un segundo que lo limpio y te dejo con él. – dice Aluna recolocándose las bragas y el vestido en su sitio.

- Pero si te gusta, te compras uno, que este es mío y lo necesito todos los días.

- Claro xurri, si me gusta me compro uno y le meto una batería de larga duración!!!!

Por supuesto a la amiga le gustó mucho, pero esto es otro historia.

Eva Edén.


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Diario de la Doctora Miss Love: Metida en talleres de un local de ambiente liberal

club-ambienteA veces no sé cómo hacen para liarme mis amigas, en serio… Si no tengo ya suficiente trabajo, ahora una amiga mía me ha buscado otro más, y encima sin cobrar, bueno, tengo barra libre y algún que otro privilegio más, pero… ¡pero no vale!

A ver, querid@s, os explico. Tengo una amiga que acaba de abrir un local de ambiente liberal, es decir, un lugar donde puedes ir tengas la condición sexual que tengas, no te van a mirar raro ni nada por el estilo. De hecho está decorado como una pequeña discoteca con una zona para venta de juguetes eróticos y otras zonas de sofás, y una vip, para los socios que quieran más intimidad.


La verdad es que está muy bien y creo que tendrá mucho éxito ya que, además, lo ha puesto en una zona de la ciudad que es bastante transitada por todos los colectivos y ya venía haciendo falta algo así.
Y ahora os preguntaréis qué tengo yo que ver. Pues bien, como sabe que soy experta en sexualidad y además psicóloga ha montado algunos talleres y charlas una vez a la semana para impartirlas entre aquellos que quieran asistir (porque son gratuitas) para ayudar a todos a saber más cosas sobre esos temas (sexualidad, mejorar las relaciones de pareja, juguetes eróticos, etc.). ¿Y adivináis a quién le toca impartirlos? ¡A mí!

Reconozco que yo solita me lo busqué pero es que me hizo una encerrona y como sabe que yo cumplo lo que digo se aprovechó de ello. Veréis, estábamos hace un mes o así de copas y ambas bebimos un poco más de la cuenta. No es que nos emborracháramos pero sí estábamos “contentillas”. De camino a casa me dijo que tenía idea de poner un local donde todos tuvieran cabida sin que se mirara la condición sexual, sin que nadie se sintiera cohibido por ser como era y le dije que no estaba mal eso. Me comentó muchas ideas que poco a poco iba a poner en marcha y cada vez me gustó más.

Llegó un momento en que le dije que si necesitaba ayuda o asesoramiento me dijera y ahí fue cuando me dijo de los talleres y que le encantaría contar conmigo. Yo le dije que sí ¡pero no sabía que ella se refería a ser la tutora!

Así que ahora me tenéis tomándome un descanso de estar escribiendo una chuleta para saber qué decir o por lo menos cómo comenzar mi taller. En mi trabajo son los demás los que hablan, yo escucho e interpreto lo que dicen y lo que no, pero en este caso va a ser al revés y, aunque no me da miedo, no me gusta demasiado porque sé que todo se puede malinterpretar y no quiero dejar mal a mi amiga por algo que no se diga bien. No me gusta dejar las cosas a medias o que algo salga mal, por eso es que me tomo muy en serio lo que hago, ya sea trabajo u ocio.

Menos mal que al menos me ha puesto los talleres para que no me fastidien en el trabajo y tenga descanso pero no puedo hacerlos siempre. Al menos por ahora sí, pero si algo cambia en mi vida tendré que reorganizarme un poco.

Le he pedido a Mitsuki que venga conmigo para que me ayude pero miedo me da. Es que el primer taller que tenemos es de dominación (como está de moda…) y me da que va a venir con alguno de sus chicos para hacer una demostración práctica. Y como sea así seguro que el taller tiene un éxito tal que lo hace todos los días jajaja, si lo estoy viendo.

Mira que ella es buena pero su forma de pensar, tan liberal, a veces choca con la propia sociedad. Creo que es más como si se hubiera adelantado varias decenas de año donde las mujeres dominan el mundo (que digo yo que no estaría tan mal eso).

Pobre el chico que coja Mitsuki, aunque seguro que después lo recompensa con creces…

En fin, será mejor que siga para terminar cuanto antes que por la noche he quedado con alguien y no voy a poder hacer mucho más. Hoy toca plan de cine, palomitas y comida basura. Mañana régimen, eso fijo, que una debe dar una cal y otra de arena al cuerpo (exceptuando el sexo, por supuesto, Loves).


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Relato Erótico: El amanecer de los muertos

zombieEl cielo amaneció rojo. Era el preámbulo de la batalla, la señal de que aquellas hermosas tierras verdes pronto se teñirían con la sangre escarlata de amigos y enemigos por igual. Desde lo alto de la colina, de pie en primera lÍnea de batalla, Kasumi observó el horizonte teñirse poco a poco de luz carmesí sin emoción, ni arrepentimientos. Al grito de guerra despertaron los guerreros, uno a uno desenvainaron sus espadas y entre relinchos de caballo y jadeos humanos cargaron contra el enemigo. El sol incendió su katana. Sabía que había sido enviado allí a morir por lo que no cabía lugar para la esperanza, pero se llevaría con él tantos hombres como pudiera a la tumba. Su espada no conocería misericordia.

No hay guerrero más mortal ni peligroso que un hombre que ha dado su vida por perdida. El metal pronto se tiñó de rojo sangre. Cuerpo tras cuerpo se fueron apilando a sus pies caballeros sin nombre y con un rostro que jamás recordaría. En los años venideros sería conocido como El Demonio Rojo y su nombre sería temido y admirado por todos. No es que fuera a vivir para recordarlo. Muerto a muerto, herida a herida que besaba su piel y mordía su cuerpo… el dolor se disipaba en el ardor de la batalla y en el amargo sabor de la desesperanza. Cuando la noche fría y oscura cayó sobre él no quedaban más que cadáveres a sus pies. Amigos y enemigos por igual amortajados en el silencio. ¿Quién había vencido? No le importaba. Sus rodillas se doblaron rendidas bajo el peso del cansancio, las heridas y el sueño. Hincó la espada ensangrentada en la tierra roja y se dejó caer sin miramientos, jadeante. Tendido de espaldas sobre el frío suelo solo podía sentir la calidez de la sangre. ¿De quién? ¿Suya? ¿De sus muertos? No importaba. El cielo era hermoso aquella noche, la luna palidecía ante las millares de relucientes estrellas que con su luz titilante parecían llamarle.

“Al fin ha llegado mi hora”-pensó sin tristeza. Al fin y al cabo había sido enviado a morir, siempre lo había sabido.

Una sombra cubrió las estrellas. Kasumi parpadeó sorprendido para apartar el hilo de sangre de sus ojos y alzó la vista. El fantasma de un rostro lo miraba. Era un hombre joven, aunque mayor que él, de tez pálida y un atractivo y varonil rostro alargado enmarcado por una larga y sucia melena oscura. Estaba cubierto de sangre y se apoyaba agotado sobre su katana. El joven reconoció la armadura del enemigo. No tenía fuerzas para intentar ponerse en pie y menos aún para alcanzar su espada y presentar batalla; de modo que aguardó pacientemente a la muerte con cara de enemigo. El desconocido ladeó la cabeza para mirarlo.

-De modo que sigues vivo-comentó, había un extraño deje en su voz. Casi sonaba alegre.

Kasumi entrecerró los ojos como única respuesta. El hombre sonrió.

-Mi nombre es Takeshi. ¿Te importa si me siento contigo?

El muchacho negó suavemente con la cabeza y Takeshi se dejó caer pesadamente a su lado. Dejó escapar un largo suspiro.

-Es un hermoso cielo nocturno.-murmuró para sí.

-Es el pacífico cielo después de una cruenta batalla- replicó Kasumi con voz monocorde- De algún modo las estrellas se burlan de la estupidez humana, pero al menos la luna parece triste.

-Tienes razón-concedió el hombre.

Ambos observaron el firmamento en silencio por largos segundos.

-¿Y tú no estás triste?-inquirió Takeshi de nuevo sin volverse a mirarle.

-¿Por qué iba a estarlo?-las estrellas parecían hacerle guiños simpáticos- ¿Debería estar triste por afrontar mi destino? Al fin y al cabo fui criado para esto, para matar y puede que también para morir. Tal vez que ahora pueda al fin descansar en paz-cerró los ojos-o puede que tenga que pagar por las vidas que ha arrebatado mi espada y que los fantasmas de los muertos vengan a darme caza. Sea como sea no importa, porque ya terminó.

-Es una lástima enviar a un muchacho tan joven y apuesto a la guerra-dejó escapar el extraño en un largo suspiro.

Kasumi sintió tras sus párpados cerrados como se inclinaba a mirarlo. “Qué enemigo tan extraño”-pensó con una amarga sonrisa.

-Según parece mis hermanos no eran de la misma opinión.-rió con suavidad-Tengo la suerte de ser el hijo bastardo de mi noble y ahora difundo padre y mis hermanastros encontraban mi existencia molesta y peligrosa para su noble y lujoso futuro.

Abrió los ojos lentamente. Takeshi se había arrodillado sobre él, su rostro a apenas unos centímetros del suyo, pudo apreciar por primera vez sus hermosos y brillantes ojos oscuros, similares al cielo estrellado sobre sus cabezas. Durante un largo instante quedó irreversiblemente prendido en aquellos ojos y se preguntó si la muerte habría tomado forma de hombre para llevárselo.

-¿Y estás de acuerdo con eso?-inquirió el hombre con suavidad-¿Estás conforme con aceptar el destino que otros te han impuesto?

Kasumi lo miró directamente a los ojos.

-¿Y qué más puedo hacer? Pelear es todo lo que sé y aunque hubiera huido antes de la batalla me habrían encontrado y ajusticiado por desertor. Prefiero morir honorablemente en la guerra que darles el placer de asesinarme con deshonra como a un cobarde.

Takeshi lo miró pensativo con tristeza. Eran palabras tan tristes en boca de alguien tan joven…

-Como sea, yo creo que no estás dispuesto a aceptarlo tan fácilmente.-concluyó- Te he visto pelear y despachar enemigo tras enemigo con tu katana y teniendo en cuenta la cantidad de muertes que has infligido tus heridas son escasas, aunque suficientes para matarte si no son bien tratadas. Eso es sin duda debido a tu deseo de seguir viviendo aunque sea un poco más, hasta ver el cielo nocturno.

Kasumi observó con más atención los rasgos del hombre. Era alto, fuerte y en cierto modo atractivo, y a pesar de estar cansado y cubierto de sangre, poca parecía ser suya. Apenas había recibido herida alguna, debía de ser un guerrero excepcional.

-¿Quién eres?- le preguntó en apenas un susurro.

El hombre sonrió y su sonrisa era asombrosamente amable y se reflejaba con calidez en sus ojos negros.

-Al amanecer era tu enemigo y ahora soy tu amigo-contestó enigmáticamente- Pero si preguntas por mi nombre ya te lo he dicho, soy Takeshi. ¿Y tú? ¿Cuál es tu nombre?

-Kasumi- dijo el chico automáticamente.

-Kasumi…-repitió el fuerte guerrero saboreando cada sílaba- Significa niebla. Es un nombre hermoso y apropiado para ti, joven, liviano y rápido que desciende fugaz sobre los hombres y los ciega y después se esfuma en la noche como si nunca hubiera existido.

No encontró palabras para responder, nunca antes le habían hecho un cumplido, ni alabado su nombre; y cuando Takeshi se inclinó sobre él atravesándolo con su mirada de medianoche y posó sus labios sobre los suyos no supo reaccionar. Fue un beso largo y suave que lo cegó por completo, como la niebla de su nombre. La piel de las mejillas del hombre eran ásperas por el comienzo de barba y sus labios sabían a la sangre y el metal del campo de batalla. Y sin embargo, una desconocida sensación de calidad inundó su pecho y se deslizó en su corazón. No le desagradaba.

-¿Por qué?- jadeó entre dientes cuando sus labios se separaron.

-Porque me he enamorado de ti desde el momento en que te he visto bailar la danza de la muerte con tu espada, tanta desesperación y tanta belleza juntas en un cuerpo tan joven y hermoso- susurró Takeshi con voz enronquecida por la emoción.- Porque ahora que he hablado contigo no quiero dejarte marchar, no quiero dejarte morir y para ello debo darte una razón para vivir. Permíteme ser tu razón para vivir, Kasumi.

-P…pero somos hombres-el muchacho tartamudeó confuso.

-¿Qué importa eso? Somos hombres muertos, a nadie le importa el sexo de los espíritus.

Kasumi lo miró sin comprender.

-No estamos muertos. ¿No has dicho que serías mi razón para vivir? Y si vivo mis hermanos vendrán a buscarme y me ajusticiarán bajo cargo de traidor.

El guerrero revolvió cariñosamente el oscuro cabello del muchacho, un gesto íntimo y sorprendentemente lleno de amor. La calidez se desbordó dentro de su pecho ante un gesto tan simple por el que había estado esperando una vida. ¿Era aquello el amor? Nunca lo había sentido antes por lo que no podía saberlo a ciencia cierta, pero fuera lo que fuera era cálido, agradable y por alguna misteriosa razón algo nostálgico. Hacía que su corazón solitario suspirara por más. Kasumi pensó que no le importaría morir siendo amado.

-Estamos muertos para el resto del mundo-le susurró Takeshi al oído- Observa a tu alrededor, hay cientos de cuerpos en este campo de batalla. Sin duda alguno debe parecerse a nosotros, si le damos nuestras pertenencias y desfiguramos su rostro seremos dados por muertos sin duda y podremos volver a empezar en otro lugar, un lugar tranquilo lejos de la guerra. Renacer de nuestras cenizas los dos juntos ¿Qué te parece?

El joven cerró los ojos durante un momento y se imaginó un cuerpo con su ropa y su katana, una tumba con su nombre y una pequeña casa con jardín en una aldea sin nombre alejada del mundo donde dos hombres sin pasado podían vivir en paz.

-Suena agradable-murmuró sumergido en la fantasía.

-Bien, entonces…

Takeshi deslizó sus dedos suavemente bajo su armadura y sintió como desataba cada pieza con dedos expertos.

-¿Qué estás haciendo?- exclamó Kasumi alarmado abriendo los ojos de par en par.

El hombre le sonrió.

-Voy a echar un vistazo a tus heridas y a cuidar de ellas como mejor pueda para que podamos marcharnos de este maldito lugar- explicó con amabilidad aunque la sonrisa de sus labios era traviesa.- ¿Qué pensabas que iba a hacer?

El muchacho apartó la mirada sonrojado. Sí-se reprochó a si mismo- ¿Qué se había imaginado?

No tuvo tiempo para responder, el último pedazo de armadura cayó al suelo y bajó la incesante mirada de las estrellas Takeshi deslizó sus dedos sobre la piel desnuda de su torso y sus brazos con manos rápidas y diligentes, con cuidado de no causarle dolor. Con sorprendente habilidad y precisión comenzó a encargarse de sus heridas.

-¿Eres médico?-preguntó Kasumi cerrando los ojos con suavidad- Creía que eras guerrero.

-Quien sabe curar también sabe matar-contestó Takeshi con dulzura.

Kasumi se sorprendió por la delicadeza con que aquellas grandes y callosas manos podían acariciar su piel, la gentileza con la que traían alivio tanto a su cuerpo como a su corazón herido. Puede que siempre hubiera estado esperando por alguien que se preocupara por él, alguien que quisiera cuidarlo y protegerlo, alguien para llenar el vacío de su corazón solitario. Quién iba a decirle que habría de encontrarlo el día de su muerte y que habría de renacer de sus cenizas con renovada esperanza. Puede que existieran los milagros después de todo. Puede que hubiera un lugar para un hijo bastardo si había alguien dispuesto a aceptarlo, a amarlo y a perdonar los pecados que él nunca podría perdonarse. Sus manos estarían por siempre manchada con la sangre de las vidas que había arrebatado para seguir viviendo, pero era la primera vez que su corazón estaría lleno de amor.

Al día siguiente descubrirían dos cadáveres entre centenares con sus ropas y sus armas y sus rostros desfigurados, y sus cuerpos serían enterrados en tumbas con nombres falsos; uno con el honor de los héroes vencedores y el otro con la vergüenza de los perdedores y traidores. El nombre del Demonio Rojo habría de resonar durante largos años de boca en boca como el nombre de un héroe temible o de un villano sangriento, una pobre compensación por parte de los asesinos que habían entregado a su propio hermano a la muerte.

Mientras lejos de aquel campo maldito de batalla donde la tierra fue teñida con la sangre de los hombres, a las afueras de una pequeña aldea sin nombre, en una casita con jardín que siempre huele a hierbas medicinales, viven un médico fuerte y musculoso de manos gentiles y ojos de medianoche, acompañado por su silencioso pero amable ayudante, un joven atractivo que tiene locas a las muchachas del pueblo. Nadie sabe que en realidad ellos son amantes ya que a nadie le importa lo que los muertos hacen y menos estos espíritus pacíficos que ayudan a salvar vidas y curar enfermedades como mísera compensación por las vidas que arrebataron en una lejana guerra sin causa.

Mara Aguinaga


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Diario de la Doctora Miss Love: La vuelta a la rutina

vacas¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis querid@s? Espero que muy bien y que no haya alguno por ahí que ande deprimido por haber vuelto de las vacaciones porque la verdad es que no me gustaría saberlo, que una quiere que todos sus seguidores estén contentos (y si no es así quiero saberlo para intentar animaros).
Hoy yo estoy muy contenta así que no me van a quitar la alegría por ningún lado. Seguro que te preguntas por qué estoy tan feliz si se supone que volvemos a la rutina y que hay que olvidarse de hacer lo que uno quiere para centrarse en el trabajo. Y sí, vale, hay que hacerlo pero, ¿quién no ha disfrutado del verano? Porque yo lo he hecho, a más no poder.


Como sabéis, me tomé unos días de descanso donde no sabía qué iba a hacer o dónde ir. ¿Quieres saberlo? Pues me lié la manta a la cabeza, cogí el coche, la tarjeta de crédito, algo de ropa y ale, a la aventura. No sabía dónde ir así que empecé a conducir sin mucho rumbo y así llegué a algunos de los lugares más bonitos que he visto y me lo pasé genial. He estado en la playa (vengo morenita así que ahora, entre mi pelo pelirrojo y lo morena que estoy soy todo un bombón jijiji), pero también tuve unos días en la montaña, en una casa rural… Vamos, que no paraba en un sitio más de dos o tres días porque quería ver de lo que era capaz, encontrar mi sitio.

Esto no es algo que pueda hacer siempre, más que nada porque la economía no está para eso. He visitado a amigos que hacía mucho tiempo que no veía y que me han abierto sus puertas, he conocido gente maravillosa, algunos más que otros, he de decirlo, pero en general me ha encantado hacer esto porque he descubierto mucho.

Y claro, ahora decís que, la vuelta a la rutina, es peor porque, de estar haciendo lo que quería, tiene que costarme tener que estar en un sitio fijo. Bueno, sí, y no. Volver a casa fue bonito porque la echaba de menos, quería estar con mis amigos de aquí, en mi casa, descansar, etc. De hecho volví hace unos días, antes de que empezara septiembre, para limpiar, descansar y esas cosas. Y ahora ya empecé el trabajo.
No me ha dado la depresión post-vacacional porque no he dado lugar a ello. Soy consciente que hay que volver al trabajo (aunque según las noticias vemos que uno está toda la vida trabajando para nada) pero he vuelto con las pilas cargadas y una mentalidad nueva, con nuevos proyectos, como el hecho de no tomarme tanto tiempo de trabajo, que también tengo que desconectar, aunque quiero seguir ayudando, y mucho, a todos los pacientes que quieren que los atienda (a veces hasta fuera de horas). He pensado en que yo también necesito tiempo para mí y… y… jijijiji, para mis ligues. Es que eso de ir de sitio en sitio… ¿Sabéis siquiera que cada 100 kilómetros te puedes encontrar a un tío que te haga tilín? ¡En serio! Creo que me aficioné a eso de ir de un lado a otro solo por ver si el siguiente hombre que conocía era mejor o peor que el anterior. Llegó un momento en que me dije que tenía que superar, encontrar al mejor de todos y echarle el lazo pero, cuando lo hacía, siempre había algo que no terminaba de cuajar y bueno, fue divertido, mucho más que eso, pero no me siento atada a nadie. Eso sí, tengo el móvil cargado de nuevos contactos (menos mal que suelo grabar los teléfonos con alguna característica que me haga saber quién cuernos es cada uno porque si no…).

A ver, anécdotas… Una que os pueda contar (las otras son para mayores de 99 años, ¿hay alguno?). En la playa. Estaba tomando el sol tranquilamente cuando escuché los cuchicheos de un grupo de chicos que estaba mirándome y riéndose por mi bañador (yo no tengo la culpa de que hagan bañadores mini que tapen solo lo que deben y que me queden como un guante). El caso es que pensaron que iba a taparme o algo pero no. Me levanté de la toalla, me puse delante de ellos, con las manos en jarras, me incliné para que apreciaran bien mi parte delantera, me di la vuelta para que vieran mi trasero y así me volví hacia ellos y les dije: ¿Os gusta lo que veis? Pues lo veréis pero no lo cataréis…

Si vierais las caras de bobos que se les quedaron…


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