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Marina (2ª parte)



A partir de aquel día como les detallé en la historia de Marina I, mi suegro fue lo único que circuló por mi cabeza

Era realmente insuperable, él me saciaba en la cama ya que con mi marido las relaciones por poco se fueron distanciando.

Si bien mi marido, me buscaba y yo habría las piernas me mordía por no decir el nombre de mi hombre, Marcelo al orgazmar.

Tampoco le dejaba a mi esposo penetrarme por mi cola a mi marido, a diferencia de Marcelo que cada día me saciaba mas por ella y hasta con aparatos.

Un día mi marido me insinuó de usarla con él, explicando que su amigo se lo hacia a su esposa.

Bueno, le dije anda a hacérselo a la mujer de tu amigo, porque a mi no me lo harás.

Si bien Marcelo cada día era más ocurrente e inventamos mil maneras de hacer el amor, nunca en verdad me satisfacía. Me calentaba de manera alocada y yo enardecía por tener su miembro dentro de mi vagina lo más urgente

Una vez mientras terminábamos de coger me confesó otros deseos ocultos que quería llegar a hacer con mi cuerpo.

Le gustaba que los hombres me manosearan en la calle, uno, dos o muchos hombres, pero no cogida por esos mismos hombres.

¡ Marcelo!, Le dije pero que me decís si; Eso no es normal que le hagan a tu mujercita.

Por un tiempo Marcelo se calló.

Pero ese deseo en mi siguió, de alguna manera dándome vueltas y la manera de complacer a Marcelo.

Un día surgió el tema casi naturalmente hablando con mi vecina. Y la confidencia de ella me sorprendió aún mas:

Emepezó diciéndole:

Mi marido casi siempre por mas que yo me pusiese lo más llamativo ni me prestaba atención y hasta muchas veces ni se daba cuenta cuando llevaba o no, corpiño o menos, calzón.

Una tarde de agosto salí a caminar, estaba terriblemente disgustada con mi marido, porque era una atardecer muy lindo y él quería irse a ver un partido de fútbol que jugaba San Lorenzo de Almagro. Mi suegra que vivía entonces en casa se había ido a lo de su hija y yo me quedé sola. Al rato de pensarlo salí a caminar pero me vestí en forma llamativa para esto serian las cinco de la tarde.

Al poco de caminar dos hombres me empezaron a decir cosa, que de alguna manera me encendieron a tal punto que empecé a coquetear y responderles, sin medir las consecuencias.

Si lo hacía era por darle el merecido castigo a mi marido inconscientemente por tener sexo, y de paso demostrarme a mi misma que aun podía levantar las miradas y los deseos de extraños.

Los dos hombres que por ser domingo se notaban que tenia unas ligeras copas de más se alentaban cada vez mas a sí mismos, por creer que llegarían a cojerme.

De decirme cosas, se le acercaron cada vez mas intentando tocarme. Pero en un descuido y al pasar por una puerta abierta que justamente era de ellos, de un empujón los dos hombres la metieron en su casa.

Mientras uno de ello la tenia apretada del cuerpo y de la boca, el otro se dedicó a desprenderme la blusa.

Una túnica abrochada atrás sin corpiño era todo y al momento mis senos aparecieron libres de ataduras ante la mirada de ellos.

Cuando me pude recomponer algo notó que era tarde ya me habían quitado la pollera tirando y desgarrando mi calzón.

Él más joven a un tiempo, saca su sexo y sin decirle nada, la penetro casi brutalmente.

Operó, en ese momento en mi algo increíble que ella nunca hubiese imaginado; Dejé de resistirme, y acomodándose mejor para que no le dañara su vagina la sentí completamente.

Esa pija llenaba toda su vagina un joven y cavernoso cuerpo caliente respetable la empalmó casi en el aire

Ahora era ella la que se empezaba a mover al compás de las caderas del joven.

Gozaba como nunca lo había hecho, es que esa sensación de lujuria por ser violada casi brutalmente, sé confundía con la necesidad de sexo, además, sin duda esa cosa que la penetraba era mayor y más dura que la de su marido.

El otro le empezó a tocar sus senos que después, besó apasionadamente

Ahora estaba como en un sueño del que se despertó cuando algo tan conocido por ella le empezaba a recorrer por su vagina.

Se tranquilizó, lo peor había pasado y ella estaba bien realmente bien.

Se dejó llevar hasta la pieza no oponiendo ninguna resistencia. Los hombres, ahora sorprendidos por el cambio de actitud en ella se empezaron a desnudar totalmente en silencio como para que ello no despertara de esa expansión de sentimiento en que se encontraba.

Reaccionando, le seguía contando a Mariana, al acostarme y totalmente desnuda en la cama para cuando esperaba que el otro hombre se acomodase enfrente de ella les dijo:

De uno en uno pero que por favor, que no la marcasen. Temía que su marido lo descubriese después. Y así lo hicieron y al cabo de un tiempo compartían la misma cama por turnos. Los recibió unas cuantas veces en esa tarde y ella fue una catarata de orgasmos hasta que perdió la cuenta en su sexto orgasmo. Los hombres que eran albañiles acostumbrados al trabajo duro no obstante yo les dejé exhaustos.

Y hasta casi le permití al más joven hacerme la cola pero me asusté, Marina. Porque ya era tarde debía regresar a casa, y, además, no estaba segura si por causas del alcohol me lo hiciese suave.

Me bañé y se arreglé el pelo, también miré bien para ver que no hubiesen quedado huellas del amor mientras los dos hombres seguían dormidos.

Me fui cerrando la puerta de la casa casi como si fuera la dueña.

Esta historia a Marina la motivó tanto que al contárselo a Marcelo le pidió sexo urgente.

Mientras cogía por la cola le exigió a Marcelo que le metiera un consolador por su vagina.

Ese día estaba mas excitada que nunca y hasta se pajeó al ver que no se podía contenerse después de retirarse Marcelo de la casa bien tarde.

La historia y la imagen de su amiga cojiendo con esos hombres desconocidos le había transformado.

Una tarde le dijo a Marcelo muy sumisa:

¿Marcelo quieres que coja con otro?.

Me gustaría, Marina de verdad, pero cuando estés segura de ello.

Al día siguiente Marina llamó a Marcelo y le dijo que la fuese a buscarla a Constitución.

Marcelo, solo quiero calentar, a unos cuantos hombres y después que vos me cojas en un hotel.

Le mostró que para ello se había comprado, en la zona, una diminuta minifalda, tan corta que casi se le veía si se agachaba la cola.

En un bar me cambio y salimos a jugar, dijo...

Así se paseó por la calle, escuchando las más horrendas porquerías y cuando alguien la quería tocar, salía Marcelo de entre los autos, para calmar al atontado tipo. Así y después de haber calentado a mas de uno llegaron a un hotel.

Antes que se la secara le mostró a su hombre su bombacha.

Estaba humedecida.

Y su vagina era un torrente de pasión.

Acabé dos veces en la calle con lo que me decían esos hombres, le dijo a Marcelo.

Actué solo par ti, como una verdadera putita de la calle.

Con el tiempo empezaron a subir a los colectivos repletos de obreros. Marcelo veía como la tocaban esos hombres al poco rato en que ella se les insinuara apoyando su cala al alcance de las manos.

Ella hacia como sí nada, pero sabía que Marcelo veía todo. Un día uno fue mas lejos:

Le acabó en su cola.

Ella le hizo una seña y se bajaron rápido.

Extasiada le mostraba a Marcelo como la habían mojado.

Subieron a un taxi y fueron al hotel.

Una vez y con toda la mala intención Marina se compró una malla chiquita en una tienda de Caballito porque esa tarde iría con Marcelo a una quinta de un amigo de él. Su esposo estaba en el interior y no llegaria hasta cuatro días después. Cada vez salía por mas tiempo con Marcelo. Marina llamó a su madre para decirle que ese fin de semana se iba a lo de una amiga a Castelar, y que por las dudas no le dijese nada al esposo si este llamara.

Llegaron a la quinta que estaba algo alejada de la estación de Castelar, en el oeste de la provincia de Buenos Aires, en un hermoso día de verano. E inmediatamete se fue a cambiar a la pieza

Era chica su malla ahora viéndola mejor pensaba Mariana, además

Estaba el amigo de Marcelo que no le tenia confianza y ya no estaba tan segura de estar comoda en su presencia, pero la amistad de Marcelo con el dueño de casa impedia cualquier mal entendido.

Marcelo le dijo que la amiga de su amigo, llegaría un poco mas tarde, y así se animó a salir.

El amigo se sobresaltó al verla y Marcelo le sonrió cómplicemente.

Era una malla que apenas le cubría dos triángulo escasos sus senos que a causa de un viento se le marcaban terriblemente, y una línea de tela minúscula y un pequeño triángulo cubría su sexo y cola.

Por suerte se había depilado un poco mas de lo necesario, porque si no podía usarla.

El amigo de Marcelo se relamía, era un flaco divino dueño de la más, grande inmobiliaria de la zona.

Tomando sol Marcelo, le sugería a Marina que hiciera toples, al principio se resistió pero lo hizo mirando al suelo, lo que aprovecho Marcelo para pasarle por todo su cuerpo bronceador.

Marina se fue calentado y un rato después al comprobar que el amigo de Marcelo había desaparecido, sé dió vuelta.

Sus senos al aire invitaron a Marcelo a besárselos.

Marcelo, tu amigo dijo.

Quédate tranquila lo vi irse a comprar el asado y el pan.

Se quedó tranquila y al rato se estaban manoseando y besando.

Las caricias fueron aumentando y después de un rato Marcelo le sugirió ir a la pieza

¿Cómo vamos a dejar solo a Andrés?.

Si acaso el no sabe que somos novios.

Si pero Marcelo, tengo miedo que él nos vea.

No seas tonta, dale.

Entraron al dormitorio.

Marina se fue acomodando en la cama boca abajo mientras Marcelo le besaba su nuca.

Esto a ella le excitaba al máximo y por debajo le metía la mano en su sexo, magreandola.

Como te gusta papi mi cola, le dijo Marina.

Así estuvieron un rato hasta, que Marcelo le quitó la parte de abajo de la malla.

Levante la cola le dijo Marcelo, ardo por hacerte el culo.

Mientras la preparaba, meciéndole un dedo en su ano y diciéndole porquerías al oído, esa era la formula en que Marina no se resistiría jamás Marcelo le toma la mano a su amigo, que sin respirar había presenciado el preludio amoroso.

Al entrar a esa pieza tan oscura y por el sol Marina no lo divisó nada. Él estaba atrás de una cortina gruesa.

Andrés se había desnudado y así sin hablar se aguantó su propia calentura al escuchar las caricias.

Es por ello que Marcelo se lo decía al oído a Marina, para que no escuchase al acercase a ella por atrás a Andrés.

Se detuvo Andrés junto a Marina que permanecía con la cola levantada esperando a que su hombre la penetrara.

Despacio Marcelo, dijo ella.

Marina vio que lentamente su ano se dilataba al ser penetrada y apoyando la cabeza en la almohada le dijo

Mas papito ahora del todo

Así fue que creyendo tener entre su esfínter el sexo de Marcelo, en realidad era el de Andrés.

Marcelo veía por primera vez a Marina cogida por un extraño.

Se movía como una diosa y enloquecida de placer Marcelo que al rato y un momento antes que ella estalla en su orgasmo, se acercó hasta levantado su cara de la almohada.

Ella abrió los ojos desmesuradamente.

No lo podía creer, y le dijo muy asustada

¿De quién es esa pija dentro de mi culo?. Hijo de puta gritó.

¿Quién me coje?

Y dándose vuelta vio a Andrés a punto de acabar con la cara rojísima.

Ya todo estaba consumado Andrés se descargaba en su interior

Eso le excitó y unos segundos después ella tuvo su orgasmo

El más importante de los últimos tiempos.

Luego de pasada la confusión y una vez repuesta, Marina atendió a los dos hombres elaborando sus mejores polvos y así pasaron los tres la tarde del sábado cojiendo.


Escrito por Gustavo Gabriel

Marina (1ª parte)



Mi nuera Marina amigos es una bella joven que anda ya por los veintiochos años.

Se casó con mi hijo Alfredo

De ello hace aproximadamente unos tres años

Y se ven que miran mucha televisión ya que no pasaba nada en cuanto a traerme al mundo un nieto.

Yo me llamo Marcelo

Casado en un mal matrimonio conformista de unos veintidós años

Y así hubiera seguido de no haberme encontrado en la sombra de mi vida, con semejante oportunidad

La vida por momentos quita y en otro premia, a mí me tocó lo segundo felizmente.

Esa tarde de sábado de verano los fui a la casa de mi hijo y de Marina.

Por mas que hacia poco que los habían visitado.

Ellos me pidieron una reparación en su casa de Francisco Álvarez.

Un arreglo en su mampostería. Además de unas cuantas cosas más.

Soy maestro mayor de obra y esa tarde iba con la intención de calcular los costos y las personas que necesitaban, para las reparaciones.

Ya sabia de antemano que Alfredo mi hijo estaría en su casa.

No quería molestar, a la mujer con cosas que ella entendía poco o nada.

Trabajaba, mi hijo para una empresa de transporte de carga de la zona de Constitución, como chofer después de que lo despidieron del otro trabajo.

Me imaginaria además, que por ser sábado en la tarde en Argentina pocos trabajan, él estaría como lo hacia siempre cortando el ligustro de su casa, mas ahora que en verano crecía con mas fuerza.

Pero no fue así.

Solo estaba ella, que me contestó de un modo muy revelador y hasta alegre que mi hijo estaba en viaje a Mendoza y regresaría el miércoles por la tarde.

Mi cara se iluminó por un momento, bien valía el viaje de mas de una hora y me daba el campo justo

A Marina, la venia " persiguiendo ".

Sabia de sobra, que en mas de una oportunidad nuestras miradas se cruzaron

Y siempre la noté a ella ser muy ardiente y hasta algo deseosa de sexo, extramatrimonial.

Pero como descendía de un hogar a prueba de cuernos,

Comprender era fácil que esto para ella era prohibido, y se limitaba

Solo faltaba hacerle ver a ella, que ello ya no es un impedimento

Cuando uno lo desea, y solo es cuestión de encontrar la manera y la forma de cumplir ese deseo.

¡Todo un fin de semana sola! , Me dije eso si que es un regalo inesperado.

Ahora solo tenía que mentir en mi casa.

Mentira a medias ya que mi esposa sabía a donde estaba

Le dije a mi mujer que me quedaría hasta la tarde el domingo buscando materiales y precios en ese lugar.

A Marina le sugerí que me si no le molestaba me quedaría a cenar para calcular los costos y me iría en la mañana.

Ella aceptó de muy buen modo y hasta creo que se encontró muy contenta con la idea de pasar el sábado junto con su suegro.

¿Quién pensaría algo mal de nosotros?, Me dijo sonrojándose.

Pero me sugirió que saliera a comprar la cena al entrar lo hiciese, con algo de discreción.

Por el barrio, sabes me dijo

Ya que muchos saben que mi esposo esta afuera.

Le sugerí, además, que de paso compraría la cena fría y un buen vino

Alquilaría si ella quería una película para la noche como postre, ellos no tenían cable y la programación desde el aire en sábado, es malísima.

Ella aceptó.

En tanto me dijo Marina llamaría a su madrina para decirle que esa noche no saldría de la casa porque se encontraba desganada y que no la esperase a cenar ni dormir como habían combinado en la semana.

Por las dudas le aclaró que no se le contara de modo alguno a su esposo que se quedaba sola si algun día se encontraban los tres.

La clave para mi éxito creo, se vislumbraban.

Compre una comida simple fría.

Busqué el vídeo club la película, más erótica.

Yo ya la había visto y de verdad levantaba, fuego.

Cenamos y durante el mismo surgió el tema del algo buscado por mí.

El sexo de ambos.

Al principio me confió discretamente pero terminó diciendo que no lo hacían muy seguido

Mas por la depresión de mi hijo que por la parte física.

Durante la cena me dí cuenta que era muy apasionada por la forma que gesticulaba, se movía, cosas que cuando estaba el marido o en mi casa, directamente no le hacia.

Hacia rato que me había dado cuenta que ella no usaba corpiño, y creo que en mas de una oportunidad sé dio cuenta que la miraba.

Pero lo dejó pasar.

Nos sentamos para ver la película en el living, una hora mas tarde de la medianoche.

Ella lo hizo en el sillón largo enfrentando directamente la televisión

Y yo en uno corto muy cerca de Marina, pero a un costado.

Hacia algo de calor, ella prendió él turbo.

Pasado un tiempo y varias escenas fuertes, empecé a notar en ella los inconfundibles síntomas de estar calentándose poco a poco.

Cruzaba y descruzaba sus piernas se las iba acomodando de una y otra forma rozándose en ese momento con la mano allí, justo allí.

También mi bulto se fue agrandando, en dos oportunidades ella se percató

Y noté como sus mejillas se ponía algo rozadas.

Sabia que se estaba excitando, porque era igual a mi mujer, con las películas eróticas se calentaba mas que con las condicionadas

Y al finalizar la película, se produjo un silencio importante

Yo sabia de ante mano que estaba en el punto máximo porque ninguno de los dos atinaba a apagar la cinta que se rebobino sola

Solo el silencio era el que reinaba.

Me levanté había que hacer algo lógico, ahora o nunca.

Empezaría el juego erótico.

Ella permanecía inmóvil en el sillón pero había cruzado las dos piernas y su vestido se corrió mas de lo necesario encontrándose éste a medio camino entre el muslo y sus rodillas.

Solo su bombacha se traslucía perfectamente y adivinaba un perfecto triangulo color negro y nada más.

Pude notar sus dos senos bien marcados sobre su vestido.

Me acerqué por detrás y con la excusa de hacerles unos masajes en su cuello le empecé a trabajar con mis dos manos.

Al principio a Marina la noté algo dura en sus músculos, tensa.

Pero luego cuando mis manos permanecían mas tiempo por su cuello y llegando hasta sus hombros se empezó a refregar sus piernas.

No me pasó por alto esa alarma femenina.

Dos veces mas se tocó ya de caliente nomás

Y en la ultima ya dejó su mano por un tiempo.

Me emocioné y me decidí.

Casi al descuido retiré de un hombro una tira que hacía de sostén del vestido.

Ella estaba absorta en mis masajes no se dio cuenta y si lo hizo ya no le importaba.

Al notar poco resistencia hice lo mismo con el otro y solo ahora la curvatura de sus dos senos bien parado, detuvo el vestido por un segundo hacia su cintura

Luego allí se detuvo.

Al notarse desnuda se llevó sus dos manos para cubrirse

Fue un acto solo instintivo,

Pero yo fui más rápido.

Le tomé con las mías esos dos hermosos senos.

Ella se resistió muy leve al principio pero luego de unos segundos aceptó ya mis manos con una naturaleza seguro producto de su excitación.

Así empecé a jugar con sus dos senos, moviendo entre mis manos en pequeños círculos

Apretándolos, pero suavemente.

¡Marcelo que haces!,

Sacá tus manos; Me dijo casi ahogada por el deseo.

Marina son hermosos tus senos, le dije.

Caminé ya seguro de lo que iba a hacer y enfrentándola sin decirle nada:

La besé.

Al principio su boca estaba algo cerrada pero no tardo en abrirla y conocí por primera vez su dejo interno.

Con mi lengua la invadí totalmente toda su cavidad.

Hurgándoles entre sus dientes y saboreando su sabor

Notando y sintiendo como su respiración se enriquecía a medida que pasaban los segundos

Y su excitación le exigía aire.

Ahora ya sabía que el vestido era sostenido solo por su cintura y me empezaba a molestar.

Me senté en el sillón

Se lo saqué.

Ella me miró infantilmente

Tal como desviste a una hija su madre, sin decirme nada.

Al reaccionar ella segura sabia lo que iba a pasar al notarse desnuda me advirtió pero no sin mucha convicción de parte de ella.

¡ Es una locura, Marcelo!

Me harás tuya pero soy tu nuera.

La volví a besar y ahora le sostuve por largo tiempo sus senos.

Le acariciaba los pezones que para esta altura estaban muy duros, solo ella respondía con susurros que aumentaban a medida que con la otra mano pasaba muy despacio acariciando su cola.

Era perfecta

Su cuerpo cubría asimétricamente y armoniosamente la soberbia de un cuerpo joven.

Sus piernas entreabiertas dejaban ver a los costados de su tanga unos rizos negros, sus senos eran medianos y parados y en su cara se reflejaba: el deseo.

Solo su bombacha le cubría el cuerpo y ella se impactó.

Estaba vencida

Buscaba mi lengua en sus besos.

Entre sus pezones se le había formado una aureola roja, rojísima

Que con el tiempo supe que era cuando iba alcanzar su orgasmo.

En un arranque de calentura lleve mis manos por dentro de su tanga, notando que estaba húmeda.

Le tomé el clítoris con mis dos dedos, y se lo apreté.

Ella en un impulso involuntario arqueó su cola hacia atrás pero solo unos segundos, luego se apretó contra mi pierna y el dedo en su clítoris sin resistirse, empecé a jugar con mis dos dedos.

Además, le penetré en su vagina, mis dedos libres

Ahí creo que vencí definitivamente la poca resistencia que había hasta ese momento ofrecido

Y se produjo su primer orgasmo.

Luego de unos segundos, se recuperó y me dijo:

Marcelo, esto es una verdadera locura, mira lo que ya hicimos, es una verdadera locura

Pero te deseo

Me has calentado como ninguno, ahora te deseo me dijo y hace mucho que no estaba así de mojada.

Cojéeme aséelo ya,

Y que después nos juzgue en el infierno, si lo hay para esto

Pero hoy quiero ser solamente tuya.

Al terminar de decir esto, llevó su mano a mi sexo

Yo siempre he tenido un sexo algo proporcionado, pero largo y mediano a gordo

Pero ese día se los juro mi miembro reventaba.

Hasta a mí me asombro su estado, igual a mi mejor época.

Lo sacó empezándolo a mover lentamente, balanceándolo con su mano.

Al principio con algo de turbación pero a cada movimiento lo apretaba más.

Yo también hice lo mismo con su tanga negra y allí descubrí su monte que era una belleza.

Muy cubierto por una maraña de pelo negro que contrastaban con su suave piel blanca y sus jugos que se le marcaban como perlítas sobre sus dos labios

Me invitaban a saborearlo.

Le tomé una pierna levantándosela

Y apoyándola sobre el respaldo del sillón de esa forma le empecé a besar su sexo.

Al principio con mi lengua le fui hurgueteando en círculos por sus labios entreteniéndome en su clítoris

Algo mas tarde entrando en ella.

Marina gritaba se quejaba y lloraba de placer todo al mismo tiempo, cerrando sus piernas y apretando mi cabeza con una furia desconocida hasta ese momento

Así llegó a su orgasmo.

La sentí acabar con un grito tremendo

Luego tomé en mis labios sus jugos.

Me apoyé sobre el sillón y ella bajó su pierna

Me sacó el pantalón

Y mis calzoncillos

Ello me excitaba.

Era como una esclava, sumisa

A cada prenda que me retira besaba mis tetillas y después cubriéndolos de besos.

Así llegó hasta mi sexo,

Lo miró y se acerco a mi glande, casi saboreando

Mi excitación era enorme y despacio fue recorriendo con breves pero sentidos besos, mi verga que a la circunstancia explotaba de deseo

Es que aun no sabia si se animase ella a meterselo en su boca.

Se paró, pero solo un segundo

Mirándolo, nuevamente fue metiendo en su boca mi sexo, saboreando las oportunas gotas de una ante-eyaculacion.

Así despacio lo fue absorbiendo poco a poco.

Le avisé que me venía

Ella lejos lo recibió todo

Percibí como mi semen le inundaba su boca

Ella le saboreó arrodillada.

Luego de unos segundos para mi un siglo, me besó.

Fue a modo de aprobación, pero creo que ello lo hacia para sí.

Se sentó junto a mí en un profundo silencio de ambos.

Me confesó al rato, que me había hecho a mí, lo que a su marido se lo había negado sistemáticamente.

Beberse, todo mi sabor.

Ahí entendí ese beso.

Me quería complacer en todo y eso le llamaba su atención...

Solo estaba muy preocupada por lo que de ahora en más, nos ocurriría

Seguro a mi no me vería mas como a su suegro

Ahora sería su amante

El primero

Y quizá él único.

Nos quedamos abrazado un rato sobre el sillón

Ella jugaba con su boca sobre mis tetillas y al rato mi sexo me pidió mas

Desnuda la llevé a su dormitorio.

La apoyé en su cama,

Ella se dejaba hacer todo como extasiada.

Es, mas estaba tan excitada que no me dejaba tiempo en pensar, ella misma me impulsaba a seguir permitiendolo con su pasividad...

Le empecé a besar pero me arrodillé poniendo debajo de su cola, unas almohadas.

Logré así levantar mas la entrada a su "cuevita"

Ella cerraba los ojos, estirando las manos hacia el costado, después se tomó de los pequeños barrotes de la cama, como esperando el acto máximo de esa noche.

Le introduje lentamente mi pija.

Al principio ella se estiraba para atrás, pero al sentir que solo se estaba acomodando para recibirla me tranquilicé

Entre quejidos y balbuceos de gozo le escuché decir con una voz ya algo quebrada:

Despacio Marcelo despacio, que soy algo estrecha, no es que me queje, no soy virgen pero me gusta que me lo hagas despacio, como deseándome.

Esto me excitó aun más,

Y así me dejé caer introduciéndosela a medida que mi cuerpo y la resistencia de su vagina me lo permitía.

Cuando esto llegó al final ella exhaló.

Un pequeño grito le salió algo entrecortado y muy cerca de mi oído cuando se vino

Al ratito aun teniéndolo yo dura dentro de ella, me dijo.

La tienes algo mayor que la de mi esposo y me gusta así.

Me excita tenerte, me calienta aséelo ahora, descárgate pero gózame, gózame entera como yo me entregué a ti.

Pero sé suave y seguro, me gusta que me trates así

Me caliento aun más.

Aséelo despacio que nos sobra el tiempo, mi amor.

Al tiempo me descargué, nunca lo había hecho

De ese modo y la cantidad

Soy mucho mayor y con grandes corridas en mi

Pero ella me podía, me podía

Al tiempo no mucho de ello, me dijo:

Un día de eso hace poco, estuve toda la mañana pajeandome con voz, Marcelo.

Sabes me calentaste.

Cuando estuvimos en tu casa y vos estabas con la malla,

Se te notaba toda no se sui lo hacia adrede o no te diste cuenta

Pero yo me dí cuenta.

Pero jamás pensé que era así, me la imagine de otra manera.

Algo mas gorda pero no tan larga.

y

Sabes Marcelo.

¿Te la miré ese día toda la tarde y al salir a la calle, te la roce con mi pierna,

¿Sabias que lo hice a propósito?.

No, No lo sabia Marina

Lo cual era en parte cierto lo del roce.

Además, mi marido esa noche se quedó dormido

Y no pude hacer el amor

Así cuando a la mañana él se fue, me hice cuatro pajas terribles

Ya en la ultima no podía mas de lo irritada y solo me salía agüita.

Todo por vos Marcelo.

Y en las fiestas de fin de año

Cuando fuimos me miraste todo el tiempo las tetas,

Y me hiciste poner colorada.

Sabes fui sin corpiño solo para ti,

Y tú lo notaste, fue por lo de la mano, de la vez anterior.

¿Si me di, Marina cuenta y me pescaste mirándolas?

Pero no sabia que era en mi honor.

Además, discutí con él porque no quería que fuese en el colectivo con la blusita sin nada debajo.

Valía la pena esperar, le dije

Hacia un tiempo que ella misma se había colocado mi sexo, en verdad era ella lo que lo hacia

Yo aun no salía de mí asombro

Era una reina en la cama y ahora estaba totalmente desinhibida.

Como ahora Marcelo como ahora que la tengo adentro, es maravilloso sentirte.

Marcelo te he recibido y quiero sentirte de nuevo.

Sabias que íbamos a coger ni bien te vi esta tarde, me dijo.

Pero

¿Porque tardaste tanto, bobo? ,

yo desesperada...

Vos cogiendote a otras

Cuando, me tenias aquí tan dispuesta.

Le miré sus senos

Estaban inundados de sangre y sabia que en cualquier momento sé venia

Le seguí diciendo cosas para que ello ocurriese.

Mi sexo se fue metiendo en ella y no tenía limite en mi forma de actuar.

Parecía un adolescente. Un chico con un juguete nuevo.

No lo podía creer lo que me estaba pasado

Ella movía hacia los costados su cabeza sistemáticamente a mediada que la presión de su sangre en sus labios vaginales aumentaba.

Me besaba, en la cara en mis labios, en los brazos

Pero cuando nuestras bocas se encontraban me inundaba con su saliva

Luego me chupaba literalmente la lengua

Y muy próximo a su paraíso empezaba lentamente con sus quejidos.

En un momento le vi su cara roja, su respiración se entrecortó y su voz se hizo gruesa, confusa pero le entendí:

¡Ahora va la mi leche papito, recibidla!.

Sentí como y por primera vez, el impulso de su orgasmo salido de sus entrañas aprisionaba mi glande en todo su recorrido muy dentro de ella.

Pequeños impulsos sucesivos y luego uno mas fuerte y definitivo fue lo que sentí

Después su aliento en mi cara emanado por su boca bien abierta solo para respirar por lo cansada en que se encontraba y verla caer suavemente en la almohada fue un precioso espectáculo.

Ni con mi esposa u otra mujer en tantos años había sentido algo parecido.

Marina sabia a la perfección interpretar un orgasmo y mostrárselo a su amante.

Es el primero que tengo tan largo, agregó al recuperarse

Ni siquiera cuando me desvirgaron fue así,

Ni en ese día que estaba tan dispuesta.

Lo sentí salir desde mis entrañas, de adentro me dijo,

Y aun siento tu leche, Marcelo dentro de mí...

Me llenaste toda,

De no ser por él aparto que tengo puesto...

Dudo si hoy no me quedase embarazada.

Marcelo no te muevas, quedémonos así un largo rato.

Bésame, si bésame lo necesito

Estoy casi desmayada de placer, te di lo mejor de mí

Y ahora dentro de mí, tengo tu leche, la tuya.

Estoy muy feliz.

El domingo amanecimos juntos, al despertarnos ella me dijo que me quedara en la cama que me traería el desayuno.

En tanto mientras se calentaba el café, llamó a su madrina.

Nuevamente, lo que después se convirtió en una costumbre, disfrazó su día

Hola, Rosa le dijo

La llamo para aclararte que estoy muy bien, además, mintió diciéndole que se iba a almorzar a lo de una amiga,

A la casa de Juanita terminó diciéndole.

Desayunamos y nos besamos, era insaciable.

Puso el contestador telefónico y me dijo:

Tenemos parte de la mañana y la tarde para seguir siendo felices.

Se fue al baño y al rato estaba mas que bella

Deliciosa.

Joven ardiente y complacida, se movía con su pelo recogido solo con una diminuta toalla en derredor de su cuerpo

sus senos eran, hermosísimas piernas largas y perfectas su sexo rodeado de una abundante matilla negra

Enloquecí como un pendejo al verla.

Le dije que de seguir así me sería un problema dejarla

Ella me respondió.

Mas te vale que me dejes, y por lo que veo

" Apenas creo te atiende tu mujer". Lo noté anoche.

En verdad era ello parcialmente cierto, mi mujer me mantenía alejado de ella desde que le había venido su menopausia y solo me saciaba en un sexo oral de parte de ella.

Y donde encontrarás a una hembra hambrienta tal como soy para vos.

A Alicia mi suegrita, Marcelo mejor por ahora déjala tranquila

Que lo que aun tienes de potencia y calidad por dar lo quiero solo yo.

Volvimos a hacer el amor.

Hacia tiempo que la contemplaba dormir ya eran como las cuatro de la tarde

Se escuchaba los sonidos de una radio y pocos ruidos del escaso movimiento en la calle.

Yo estaba literalmente roto, era mucho todo para mí

Ella en tanto estaba quieta, muy dormida.

Totalmente desnuda se alejó algo de mi producto del intenso calor en esa pieza.

Sus piernas alargadas y cruzadas combinaba perfectamente con sus senos aplanados sobre su cuerpo.

Se notaba algo irritada entre sus piernas

Su piel ahí estaba roja a diferencia del resto del cuerpo,

Pero su esposo apenas le notaria que allí el domingo, estuvo otro cuerpo.

Se despertó,

Y yo me apoyé sobre ella.

Mi sexo justo se encajó entre sus nalgas.

Se me movió, como asustada adivinó de alguna forma mi intención casi enseguida.

Notó mi sexo duro.

Yo me acerqué rodeando su cuello con mis brazos y apretando sus dos senos.

Ella entendió el mensaje.

No, papi allí no, me va a doler aun nadie lo usó.

Además, cuando voy de cuerpo siempre me duele.

Le besé su nuca y bajé una mano a su sexo

Ella se empezó a mojarse.

La puse de espaldas en la cama, ella me dijo que no por ahí no nuevamente, pero algo menos resistente.

Le dije al oído.

Tienes crema de mano.

Si, fue la respuesta.

Alcánzamela.

Me va a doler, nunca me lo han hecho

Marcelo soy virgen de ahí.

Ya no lo serás, fue mi respuesta

Déjame lo dilataremos con los dedos

Y solo tu me dirás, cuando.

Al volver ella, la acomode debajo de las almohadas su cola.

Me puse de pie junto a la cama y le empecé a en cremar su ano.

Le fui dilatando e introduciéndole solo un dedo, al tiempo y cuando ella se acostumbró

Dos esperando así llegue hasta el tercero

Lo dejé quieto un tiempo prudencial, dando a su esfínter la suficiente dilatación como para recibirme.

Ella involuntariamente cerraba y abría su ano.

Marcelo júrame que no me lo harás como un animal, trátame bien que te estoy dando mi virginidad

Si le dije

Así lo haré Marina.

Empecé la penetración.

Ella de inmediato se quejó

Paré y luego de unos segundos cuando se hubo acostumbrado a inicio de la cabeza, despacio le introduje un poco más de mi sexo.

Ella a cada paso se tocaba diciendo

Todavía falta eso, Marcelo

Me vas a romper toda.

Mintiéndole le dije:

Ya esta casi adentro.

Ella se lo toca.

Hay, dijo Marcelo me la metiste toda, casi te toco las bolas.

Despacio querido, recorda que soy inexperta en esto.

Había llegado a la totalidad de mi pija, y quería tener mas se los juro para poder seguir

Pero todo se acaba y mi pija se acabó en su culo de un envión.

Ella fue allí que se quejó.

Creo que de haber prestado atención los vecinos lo hubiesen escuchado el grito final de la penetración

Luego se calló y apoyó la boca en el colchón arqueando así mas su cola.

La veía transpirar

Se notaba ello en los pelos diminutos de sus piernas

Su sexo estaba rojo y mojado, ella se tocaba al mismo tiempo...

Y yo la tenia quieta en su cola.

Marcelo me has desvirgado te he dado todo, te quiero me dijo.

No me dejes nunca.

Me haces falta y te daré todo lo que quieras

Pero no me abandones, ahora que los has conseguido en un día todo lo mío.

Terminé unos minutos después dentro de ella.

Ella acabó profundamente con dos de sus dedos dentro de su vagina.

Se echó en la cama con la cola hacia arriba

Al rato no mucho de ello vi como de su ano y junto con algunas gotitas de sangre, mi semen se discurría lentamente.

Esa vista me marcó para siempre.

Aun después de mucho tiempo la veo a ella tocarse su ano casi sin hacerlo por temor al dolor, luego limpiarse con una pequeña toalla mis líquidos que para ese entonces se le resbalaban por su entre piernas

Mirar asombrada esa toalla y decirme:

Marcelo esconderé esta toalla

Será nuestro secreto de por vida por haberte entregado mi virginidad.

Ahí comprendí que ella estaba enamorada de mí desde hacía mucho tiempo atrás.

No bañamos junto

Me dijo que la había dejado muy dolorida

Se le veía en verdad algo roja la entrada de su ano.

Se sentó de costado y me empezó a decir.

Ándate Marcelo se te hace tarde y estoy algo cansada.

No me reprochaba lo de su ano, pero me mostró que estaba toda irritada y que en su espalda le había marcado

No te preocupes, algo se me ocurrirá decirle.

Pero Marcelo no me mientas y no me dejes, ahora sé que te amo.

Pero a mí, solo me sostenía el aliento.

Nos despedimos como novios

En verdad allí nació nuestro amor, que aun perdura.

Muy diferente a cualquiera otro.

Y llegué con ella a realizar cosas que nunca ante me hubiese atrevido a hacer con otra mujer.

Creo que ella había nacido para ser una reina de la cama.

Continuará...


Escrito por Gustavo Gabriel

Vacaciones de verano en Barcelona, Día 1



Mi nombre es Marco, tengo 21 años,  vivo en el sur, estudio mecánica en mi ciudad, o pueblo como lo llaman los de las grandes capitales. Soy deportista, me gusta nadar, la bicicleta, bucear… y por supuesto salir de fiesta con los amigos. Hace ya más de 8 meses que rompí con mi novia, pero el hecho de vivir en una ciudad-pueblo donde todos somos amigos hace muy difícil superarlo. Mis padres se daban cuenta de que no conseguía encontrar mi rumbo, así que decidieron mandarme el verano a casa de mis tíos, a Barcelona, la gran ciudad, para que desconectara de este lugar que me estaba consumiendo.

-Pero que voy a hacer yo en Barcelona? No conozco a nadie…- reproché a mis padres

-Cariño, es la oportunidad de que desconectes, de que conozcas gente nueva, tus tíos y tu prima tienen muchas ganas de verte…-mi madre estaba convencida de que era lo mejor para mí, lo decían sus ojos.

-Me estáis condenando al verano más aburrido de mi vida…

Así que mi verano empezaba en aquella habitación, preparando la maleta, empaquetando mi portátil y sin dejar de pensar que mi ex novia estaría todo el verano sin que la pudiera controlar. Nos dirigimos a la estación del tren y emprendí mi camino. Prefiero no recordar las horas que duró el viaje. En la estación estaba mi tío Alberto esperándome.

-Marco!-grito para llamar mi atención- estas enorme! Ven a mis brazos chaval!

-Tío Alberto!- después de tantas horas en el tren era una gozada ver a alguien conocido.

-Que tal el viaje? Abra sido larguísimo! Mira que le tengo dicho a mi hermana que te compre un coche… Has comido?

-Eso les digo yo, pero dicen que me apañe con el coche de casa! He picado algo.

Lo cierto es que con mi tío Alberto me he llevado bien siempre, paramos en una cafetería y estuvimos hablando un buen rato sobre el pueblo, la gente, los amigos, las fiestas, en fin, sobre todo sin profundizar en nada. Y nos fuimos para casa, me dejó en el portal y me dijo:

-Marco, toma la llave, yo voy ahora a trabajar-mis tíos regentaban una cafetería en la ciudad-, porque tu tía me va a matar, y Marta se había ido de compras con sus amigas, deja tus cosas y, si quieres, acomódate o date una vuelta, y luego te pasas por la cafetería… te acordaras como se llega?

-No te preocupes tío, tengo GPS… jajajaja-

Mi tío se fue y yo subí al piso, acomodé como mi equipaje en la habitación que tienen para invitados, necesitaba lavarme, así que fui al cuarto de baño y me di una ducha. Por lo que pudiera pasar me apunté la dirección de la cafetería en el GPS y decidí salir por mi cuenta a dar una vuelta.

Empecé a pasear y llegué hasta la Rambla, vi las tiendas, los puestos, la estatua de Colón, y cuando empezaba a caer ya la tarde, decidí buscar el camino más corto para llegar a la cafetería, saque mi GPS y puse la ruta más corta para llegar. La memoricé, para no ser presa de fácil de los chorizos, y comencé a andar, entre por una calle cercana a la Rambla y a media calle se acerco a mí una chica, de no más de 18 años, con medias de rejilla, con un tanga negro que me dejaba ver que estaba totalmente depilada y una chaquetita tipo universitaria que abría para que pudiera verle las tetas, era guapísima y no nos engañemos, estaba buenísima.

-Quieres pasar un buen rato? – puso carita de niña buena y me agarró de la polla- mmm que rico lo que tienes aquí guardado, mmm que bien tiene que entrar en mi coñito- y  casi como si fuera un pele cogió mi mano y la metió por debajo de su tanga- venga, te dejo que me la metas por treinta euros…

-Es que… yo…-me había bloqueado, nunca me había pasado esto, en efecto, en mi pueblo no había putas así- es que no vengo preparado… no tengo treinta euros… -intenté escaparme como pude

-mmm eres muy guapo, lo hacemos por veinticinco? O te la chupo sin, hasta el final por quince?... ooooh con lo guapo que eres… pero ven otro día!

Volví dirección a la rambla, cachondísimo, me senté en un banco cerca de aquella calle, nunca había pagado por follar, pero estaba muy buena, yo llevaba mucho tiempo a pajas y aquello de descargarme en su boca… por quince euros, joder que no me conocía nadie, estaba en una ciudad donde era un desconocido. Respiré hondo, solté el aire y me levanté, me puse en camino hacia aquella calle y cuando me iba a meter…

-Marcos!!! Marcos!!!

Me asusté, quien me llamaba a voces? Giré la cabeza y vi a mi prima Marta con unas bolsas de unos grandes almacenes corriendo en mi dirección, con los brazos abiertos, hasta que llegó y me abrazo con el impulso que traía, yo como pude intenté que no notara que estaba empalmado, echando el culo hacia atrás. Me había jodido la mamada, pero con el calentón me di cuenta de cosas en las que no me había fijado, mi prima además de estar buena, que eso ya lo sabía, tenía las tetas durísimas...

-Marta! Como me has encontrado?

-Pues he estado comprando y he dejado a unas amigas en su casa e iba para casa a verte, y pensaba que a lo mejor podía verte por el camino antes de llegar a casa y te he visto! No me lo puedo creer! Primo, estas guapísimo!-y volvió a abrazarme y a darme besos en la cara- voy a ser la envidia de mis amigas! Ya verás ya…

Marta acababa de cumplir los 18, siempre había sido más bien feúcha, rubia, y muy delgadita, planita, pero ya hacía un par de años que su cuerpo había cambiado, con unas caderas muy sugerentes y unas tetas bastante grandes. Su Primer beso se lo había dado yo, cuando ella tenía 12 años, por una apuesta que hicimos que me tocó pagar.

-Tomamos algo antes de ir a la cafetería? –le dije

-Vale, y así hacemos tiempo, madre mía, Marcos, cuando me dijeron mis padres que venías… que felicidad! Va a ser el mejor verano!

Vimos un bar que conocía ella y nos sentamos en su terraza, nos pedimos unas cervezas fresquitas para sofocar el calor que hacía y me llego un Whatsapp, era de mi ex, de Lourdes,  que como me había ido el viaje, que iban a salir todo el grupo y que faltaba yo… me cambió la cara, y mi prima se dio cuenta.

-Todo va bien? Te ha cambiado la cara…

-Si… es mi ex… buff, pero no pasa nada…

-Es que mira que estabas colado por esa bruja! No sé que le veías, debía chuparla muy bien… porque de verdad que no lo entiendo…

Y empezamos a hablar de mi ex, de que incluso había amenazado a mi prima para que no se acercara a nosotros tanto, y yo a entender porque las últimas veces casi no venía a mi casa mi prima y se quedaba en casa de mis abuelos… las cervezas fueron multiplicándose y en un descuido me cogió el móvil, mirándome a los ojos,  viendo que yo no hacía por quitárselo, leyó aquellos mensajes.

-Primo, hazme caso, estoy un poco borracha, pero haz caso a una mujer, esa mujer no ha sido ni será para ti, tienes que desprenderte de ella- mientras decía eso entró otro whatsapp y me lo leyó-“estas? Me apetece hablar?” primo, esta es la oportunidad de que te deje en paz, confía en mí…

Pagamos y me llevo a un parque, como ya había anochecido había poca gente, nos fuimos a una parte un poco más intima y nos sentamos en la hierba.

-Vamos a hacer lo siguiente, te vas a quitar la camiseta, y yo me voy a poner como si te la estuviera chupando, para que no sepa que soy yo, no se me vera la cara, solo el pelo, entonces vas a hacer la foto que se vea tu torso…

Yo había bebido, a mí a estas alturas todo me parecía bien, a mis tíos los había avisado Marta de que estábamos juntos y que llegaríamos tarde. Pues le mandaba la foto y a la mierda. Así que me quite la camiseta y me tumbe en el césped, ella se puso sobre mi pantalón e hicimos la foto…

-Está bien, pero se nota que el pantalón esta abrochado, vamos a desabrocharlo…

Hizo otra foto, la miró y me la enseñó,  se notaban los calzoncillos.

-Esto parecía más fácil, bueno, te bajaré un poco la parte de arriba del calzoncillo.

Hacía tanto tiempo que no tenía la cabeza de una mujer en esa zona que mi polla empezó a coger tamaño así que al bajar el calzoncillo, volvimos a hacer la foto, pero puso cara como de que no acababa de gustarle.

-Esto es por tu bien, así que lo vamos a hacer bien- dicho esto me bajo del todo los calzoncillos y contemplo como mi polla estaba ya a más de media asta- así va a ser mejor, lo hago por ti

Y se la metió en la boca, comenzó a chupármela mientras hacía fotos, de diferentes ángulos, miraba las fotos y continuaba chupándomela.

-Pero Marta… buff… esto no está bien… buff… Marta que vas a hacer que me corra…

Y entonces Marta me miro como si hubiera tenido una idea y empezó a chupármela más rápido, más profundo, más fuerte… sabía lo que hacía, y me observaba suponía que quería que me corriera en su boca, así que cuando noté que estaba a punto se lo dije.

-Marta, me voy a correr… me voy a … correr… mmmm… me corro!

Y entonces Marta puso su lengua para recibir mi leche y empezó a hacer fotos mientras los chorros de semen brotaban por mi polla, cayendo todos dentro de su boca. Dejo el teléfono en el césped y acabo de chupármela, de limpiar todos los restos de semen. Yo estaba en estado de shock, mi primita me había chupado la polla, no contenta con eso, se había tragado mi leche…

-Bueno, ahora a elegir foto- como si no hubiera pasado nada, se tumbo a mi lado apoyando su cabeza en mi brazo y comenzó a ver las fotos- que mal se ve… esta se me ve a mi… esta no… esta! Mira…

En la foto se veía la punta de mi polla lanzando un chorro de semen, de ella solo se veía su lengua mojada con mi leche apoyada sobre mi polla y de fondo mi torso desnudo y mi cara de placer. Así que sin que me diera tiempo a nada, envió la foto por whatsapp con una única palabra “olvidándote”.

-Bueno primito, ahora tendremos que ir a casa, por cierto, bienvenido a Barcelona…

No sabía que decir, paramos de camino a casa y nos tomamos unos refrescos, para eliminar un poco de alcohol yo seguía sin hablar.

-Marcos, no me hagas esto, no puedes estar todo el tiempo sin hablarme

-Tienes razón, pero es que no sé qué decir…

-Marcos, siempre he estado enamorada de ti, pero tú no lo has sabido ver, no me has entendido, siempre te he querido, Lourdes se dio cuenta, y por eso intento que no nos viéramos. Nadie me ha besado nunca como me besaste tú aquella vez. Eres muy tonto primo, si quisieras me tendrías comiendo en la palma de la mano- sin dejarla que acabara de hablar, en un arrebato, le plante mis labios sobre los suyos y comencé a besarla, un beso húmedo, lascivo, mi lengua no paraba de buscar la suya, mis manos acariciaban su cuello, sus lóbulos, aparté mis labios y sin abrir los ojos dijo con voz entrecortada- ves primo, soy tuya, para lo que quieras, cuando quieras y como quieras…

Llegamos a casa y estaban mis tíos esperándonos, saludé a mi tía y hablamos durante varias horas, hasta que poco a poco el sueño fue apoderándose de nosotros.

-Bueno chicos, nosotros vamos a dormir que mañana a las 5 tenemos que preparar los desayunos en el trabajo, intentaremos no hacer ruido para que puedas descansar Marcos- me dieron un beso y nos fuimos a dormir…

El día había resultado genial, Marta me había dado una bienvenida inesperada, me había liberado de mi ex, me había demostrado que podía contar con ella para lo que quisiera… tal vez había menospreciado las posibilidades de estar de vacaciones en Barcelona con una prima como la mía… Mañana disfrutaría desde prontito de aquella maravillosa ciudad…

Como digo siempre, esta serie se alargara en el tiempo en función a vuestros comentarios y valoraciones, cuantos más comentarios, correos electrónicos o más me agreguéis a MSN (motard_79_1@hotmail.com), más durará. Disfrutadlo.


Escrito por motard79

Accidente Incestuoso IV. Capítulo Final.



Tras la pillada a mi madre masturbando a mi hermano, llame a la puerta del baño, -mamá , abre la puerta-, el chasquido del pestillo sonó y abrí la puerta, mi madre estaba sentada sobre el wáter, su cara todavía estaba llena de semen, tenía las piernas abiertas y una mano acariciándose entre ellas, no me miró, siguió a lo suyo, masturbándose y gimiendo, yo acerqué mi boca a la suya y la besé, busqué su lengua y la encontré y y mientras la sentía dentro de mi boca, empezó a correrse.

A partir de ese momento todo cambió, mi padre empezó a bañar a mi hermano, mi madre no nos miraba a la cara, y mi hermano solo quería meterme esa brutalidad entre las piernas, algo que no iba a conseguir jamás porque me destrozaría.

Pasaron varias semanas y a mi hermano le quitaron las escayolas de las manos, el seguía a lo suyo, me buscaba y me manoseaba, yo le dejaba hacer, me gustaba rozarme con él y con ese enorme falo, el siempre intentaba meterla pero yo me cabreaba y me iba, así es que desistió y se conformaba con las pajas que nos dábamos, mi madre volvió poco a poco a la normalidad, ya nos miraba, incluso se percataba de nuestros escarceos pero no decía nada.

Con el tiempo, mi hermano dejó de buscarme, lo buscaba yo más, y a veces me rechazaba, supongo que se habría cansado o que habría encontrado a alguien a quién follarse, así es que poco a poco se fue acabando, hasta que un día descubrí  por qué.

Llegué temprano de la universidad, abrí  la puerta y oí gemidos, asi es que cerré con cuidado y busqué el origen de los mismos, ¡que tonta!, ¿cómo no me lo imaginé?, mi madre era la que se follaba ese miembro monstruoso, los dos en la cama, mi madre montada sobre mi hermano, clavada, moviéndose sobre él, dejando sus grandes y flácidos pechos al alcance de las manos de mi hermano, que los manoseaba acercándolos a su boca para succionar esos enormes y oscuros pezones.

Siguieron así un buen rato, hasta que la zorra de mi madre, porque era eso, una zorra, se sacó ese mástil de entre las piernas y se puso a cuatro patas, ofreciéndole su gran culo, no podía creerlo, yo nunca había experimentado el sexo anal, y mi madre se iba a meter una polla de 25 cm por el culo casi sin rechistar, aunque me equivoqué en lo de casi sin rechistar, porque cuando mi hermano empezó a taladrarla, aquello no entraba con tanta facilidad y mi madre lloraba y mordía la almohada para no gritar, supongo del dolor de meterse algo tan gordo por detrás. Observé absorta, como la polla de Álvaro iba desapareciendo poco a poco entre las enormes nalgas de mi madre hasta que se quedó inmóvil, esperando que el ano se dilatase y así poder moverse sin destrozar a mi madre, que ya había soltado la almohada y resoplaba, asimilando aquella carne que la tenía empalada hasta el estómago.

Yo hacía un buen rato que me masturbaba viendo aquello, así es que entré en la habitación, me quité la ropa y me acerqué a la pareja de amantes incestuosos, bese a mi hermano, besé a mi madre, y coloqué mi mojado sexo sobre su boca, para que también me follase ella a mí, puse mis manos sobre su cabeza y la apreté fuerte para que casi no pudiese respirar, mi hermano empezó a moverse muy despacio, se ve que no era la primera vez que analizaba a mi madre y sabía como tenía que hacerlo, la lengua de mi madre repasaba todo mi sexo, estaba en la gloría hasta que no se como dije, -la quiero dentro, Álvaro, métemela-.

Noté como mi madre se contorsionó del todo, al escuchar eso, mi hermano empezó a acelerar el ritmo sobre su culo, destrozándoselo, hasta que lo sacó, rojo, hinchado, mi madre se volteó hacia un lado, con el ano dolorido, y empezó a masturbarse a mi lado, mientras mi hermano, se acercó a mí, y levantándome un poco las piernas puso su polla sobre mi anhelado sexo y comenzó a perforarlo, no tuvo compasión de mí, no tuvo delicadeza, solo un ansía desmedida por follarme, yo a duras penas pude contener un grito de dolor al ver como aquella cosa tan grande entraba y desgarraba todo mi sexo, mi madre buscó mi boca para ahogar los gritos, hasta que el dolor remitió, mi hermano inmóvil me miró a los ojos y me dijo,- ¿empiezo?.

Yo asentí, mi madre empezó a besarme los pezones a succionarlos, y mi hermano empezó a follarme, y a mi empezó a gustarme, mis piernas lo abrazaron y me abandoné a aquel placer sin límites, ahora entendía porque mi madre se dejaba hacer de todo con su propio hijo, yo haría lo mismo, sería la perra de mi hermano, la puta de madre, sería todo lo que me pidiesen porque me daban todo lo que necesitaba. Ahhhhhhhhg, , gritaba cada vez que esa polla martilleba mi sexo, ahhhhg, otro vez, ahhhhhhhhhgg,  No tardé tiempo en correrme, y mi hermano tampoco, sacó su miembro y nos baño con su leche, -tomad, es vuestra, saciaros-, decía mientras los chorros de semen caían sobre nosotras, que lo recibíamos con agrado, pero de repente escuche un fuerte golpe, y ví como otro fuerte golpe llegaba a la cara de mi hermano, era mi padre, nos había pillado a todos, a su familia degenerada, otro golpe más en la cara hasta que le reventó la nariz y la sangré empezó a salir a borbotones, ¿puta, esto es lo que haces cuando estoy fuera?, dirigiéndose con los ojos enrojecidos hacía mi madre, -¿y tu, mi princesa, tu también?, mientras sus lágrimas se paseaban tristes por sus mejillas.

Ahí acabó todo, esa es la historia de mi familia incestuosa originado por un accidente de tráfico,  mi padre nos abandonó, tardé tres años en verlo, me perdonó pero nunca pude mirarlo igual a la cara, mi hermano se marchó de casa, nos veíamos de vez en cuando, nos presentó a su novia, y jamás volvimos a hablar de aquello, y mi madre y yo nos quedamos solas en casa pero no desconsoladas, yo me traía a chicos de la universidad y entre las dos nos los follábamos, uno, dos, incluso cuatro, haciendo de todo con ellos, ninguno tenía la polla como mi hermano, no volví a ver una igual jamás, pero daba igual, no lo echaba de menos, tenía todo lo que necesitaba.


Escrito por pocolillo

Accidente Incestuoso III. Nuevo invitado.



Me tumbé sobre mi cama, hacía un buen rato que mi hermano dormía, la casa estaba en silencio, estaba exhausta, reventada, cuidar de mi hermano era agotador, pero lo que realmente me había cansado era la paja que me acababa de hacer con ese enorme monstruo que tenía el muy condenado, en mi rostro se dibujaba una sonrisa pícara al recordarla, estoy como una chota pensé, ¿cómo se me ha  podido ir tanto la cabeza?, ¡vaya polla que tiene, que exageración!, y que cantidad de semen, ¡madre mía, que disparate! , y con todos esos pensamientos me quedé dormida.

A la mañana siguiente seguí con la rutina de cuidadora de mi hermano, mis padres llegaban por la tarde y la situación se normalizó, estábamos cómodos, había cierta complicidad pero dejamos aparcado lo que había pasado, cuando pasaba cerca de el le hacía alguna caricia, incluso le sobaba un poco, pero más inocente que otra cosa, como jugando, yo todavía me excitaba al hacerlo, pero había que ser prudente y tendríamos muchas más oportunidades, además, había comprobado que mi hermano me miraba de una manera más dulce, y eso me gustaba, me sentía relajada, y no quería fastidiarlo por el simple hecho de que me apeteciese tener esa enorme polla dentro de mí.

Cuando mis padres llegaron, lo vieron todo con normalidad, nos vieron contentos y ellos también lo estaban, con lo cual parecía que nuestro escarceo estaba a salvo, la normalidad volvió a casa, mis padres volvieron a ocuparse de mi hermano y yo volví a ser la hermana pasota e idiota que lo martirizaba en cuanto podía, pero esa normalidad cambió a la tarde siguiente. Ya tenía hablado con él, que todo tenía que ser como antes, mis padres seguirían cuidándole y si alguna vez teníamos un hueco, pues ya repetiríamos, pero cuando ví a mi madre que salía de nuevo de asearlo y volvía a meterse en el baño y volvía a escuchar como se masturbaba, esta vez mas fuerte, casi chillando, me dejó muy intrigada, algo había pasado en el aseo y fui rápidamente a preguntarle a mi hermano, -oye, ¿Qué ha ocurrido?, mamá esta en el baño haciendo lo que te dije-, el me miró con cara de haberla cagado, -quita, que se me ha puesto dura, muy dura, he empezado a acordarme de ti, de lo que hicimos, de lo que me dijiste y zas, se ha puesto a crecer una barbaridad-., resoplo y continuó, -entonces, mamá se ha puesto colorada y se ha dado la vuelta, como asustada, ha empezado a decirme que tengo que tener cuidado, que eso no puede pasar, que es muy violento para ella y si sigo así lo tendrá que hacer todo papá, joder, y no veas el bajón y lo mal que me he sentido-.

Yo empezó a reirme, -pues lo hará papá, porque menuda paja que se está haciendo ahora, la has dejado echa polvo, jajaja-, mi hermano también rió y ahí acabo esa conversación, aunque en mi cabeza no, en el fondo me jodía ver que mi madre iba de conservadora y luego se desquitaba en privado masturbándose pensando en la polla de su hijo, además, me excitaba saber que ella sentía lo mismo por ese enorme falo, así es que decidí actuar.

Al rato me acerqué a ella, estaba sentada viendo la tele y empezamos a hablar, temas banales, ella me contó su viaje y empezó a preguntarme que cómo había ido el fin de semana al cuidado de mi hermano, yo le dije que bien, y ahí empezó mi actuación, le comenté que la hora de las comidas iban bien, que no daba el follón y que se lo comía todo, pero que en la ducha me ocurrió algo que me preocupó un poco, le dije que le pregunté si quería ducharlo con o sin bóxer, el me dijo que con bóxer, pero que había notado como se había excitado y que le pregunté, y me dijo que llevaba tiempo sin hacer nada y que ya le dolía, que no dijese nada, que ya se le pasaría. Mi madre mi miraba superatenta, - ¿le hiciste algo?- me preguntó muy seria, -pues no, mama, no, que le voy a hacer, ¿una paja?, joder, ¿no tiene ninguna amiga de esas especiales?, pues que se la haga ella, pero yo paso-, y sin decir nada más, me levante y me fui como ofendida, aunque lo que estaba era superexcitada de imaginarme a mi madre como se habría quedado y si al día siguiente la ducha se la daría mi padre o ella, evidentemente se lo conté a mi hermano, sabía que eso haría que se la pusiera muy gorda, como así fue, aunque no le hice nada, mejor ver si mi madre por fin actuaba.

A la tarde siguiente, yo hice como que me iba para dejarlos solos, y ver si mi madre perdía la cabeza como yo, así es que me escondí en mi habitación y esperé a ver si pasaba algo. Al poco escuché como mi madre se acercaba a la puerta de la casa y echaba la cadena, luego entraba en la habitación de Álvaro y como se lo llevaba al baño, dejando la puerta abierta, estaba claro que algo iba a hacer, al echar la cadena se aseguraba de que nadie la pillaba de improviso, y con la puerta del baño abierta, se aseguraba de que escuchaba el timbre, así es que me coloqué en el lateral de la misma, donde podía escucharlo todo y verlo desde el reflejo del espejo del lavabo sin ser descubierta.

Mi madre empezó a duchar a Álvaro, le hablaba de cosas sin importancia, de cómo se encontraba, de que pronto se recuperaría hasta que se calló, y pude comprobar que mi hermano se había excitado, supongo que al pensar lo que yo le había dicho había tardado poco en ponerse cachondo. –lo siento, mamá-, escuché como hablaba mi hermano, -no te preocupes, Álvaro, si se que pueden pasar estas cosas, ayer a lo mejor fui un poco dura-. Contestó ella. –no, es que hace tiempo que no me hago nada y entre el agua caliente y el jabón, pues me pongo, intento no pensarlo pero no puedo evitarlo, perdóname-, decía, que hijo de puta, pensé yo, este va a conseguir que se la haga. Mi madre se quedé callada y agarró ese mástil con fuerza mientras miraba a Álvaro a los ojos, y le decía, -no se lo cuentes a nadie, y no lo voy a hacer más, solo esta vez para que te relajes, pero dime que no se lo vas a contar a nadie, soy tu madre, y esto está mal-. –tranquila mamá, de aquí no sale-, ¿Qué no salía?, pensé yo, va a salir pero mucha leche, mientras mi mano se había metido por el pantalón y buscaba mi sexo, que estaba mojado por todo aquello.

Mi madre comenzó a pajear a mi hermano, el tenía cerrado los ojos, su polla estaba gordísima, mi madre jadeaba al ritmo de su mano, mi hermano también, -la verdad es que es enorme-, comenzó a decir, -se te pone increíblemente grande-, los movimientos iban acelerándose, los míos también, me frotaba con fuerza el clítoris al mismo ritmo que mi madre pajeaba a mi hermano, mis pezones estabas muy duras, el espectáculo era dantesco. Ella seguía pajeándolo, -córrete cuando quieras-, le decía, no te preocupes y córrete-., y de repente hizo algo que me dejó petrificada, se acercó el miembro a la boca y comenzó a chupárselo, a ella si le cabía entera, mi hermano abrió los ojos, creo que se quedó igual que yo, y empezó a follarle la boca, casi no le cabía entera, mi madre hacía esfuerzos pero a duras penas le entraba el glande, aunque no paraba de chupar ese polla tan grande,  sus manos se apoyaron en el culo y con la cabeza iba acompasando los movimientos de la follada, Álvaro  empezó a gritar, -mamá, me voy a correr, te voy a llenar de leche, mamá, joder, que gusto, estoy a punto de correrme-, y empezó a gritar, sus ahhhhh eran cortos pero intensos, como queriendo aguantar la corrida, mi madre se había apartado y el primer chorro le dio de lleno en la cara, ella seguía con la mano, -eso, córrete, dámela toda, venga, toda, toda, toda-. Mi hermano se contorsionaba, mi madre no paraba de pajearlo, exprimiéndole hasta la última gota, y yo, yo me mordía el labio de abajo para no hacer ruido, aguantando los gemidos, mi mano aceleró el ritmo, mis caderas se movían circularmente porque me estaba corriendo al mismo tiempo que él, era maravilloso, que placer mas intenso.

Cuando todo terminó, entre en el baño de sopetón, -mamá, Álvaro, ¿Qué hacéis?-, mi madre se puso blanca, no ya de todo el semen que tenía sobre su cara, sobre su pelo, sobre su ropa, sino del susto que tenía en el cuerpo, se incorporó -¿Sandra, qué haces aquí?, yo, yo, no se cómo explicarlo, esto es, no se, no se-, estaba muy nerviosa, tartamudeaba, sus manos temblaban. Yo me acerqué a ella, y le dije –tranquila, no pasa nada, tranquilízate, yo también lo he hecho-, y mirándola a los ojos le paso la lengua por su mejilla para llevarme algo de semen a mi boca, -límpiate y ahora hablamos, ya termino yo-,le dije, y mientras salía, continué, -puedes quedarte un rato en el baño como siempre, que ya sabemos lo que haces, no te preocupes-, cuqué el ojo a mi hermano y mi madre desapareció.

Continuara…


Escrito por pocolillo

Accidente Incestuoso II. La confirmación.



Habían pasado unas horas desde que mi hermana había perdido el norte en el baño, mi cabeza pasaba de al excitación a la culpa con facilidad y a duras penas podía concentrarme, asumía que todo eso era una locura, que estaba mal, pero por el contrario, la imagen de Sandra masturbándome y como ella misma se había dado placer delante mía, sin importarle nada, solo el desahogo de una excitación que la quemaba por dentro, me tenía muy encendido.

Tras muchas idas y venidas mi cabeza fue tomando consciencia de lo acontecido, el sentimiento de culpabilidad se fue adueñando de mí, y la excitación fue remitiendo, solo quedaba enfrentarme a mi hermana y cerrar ese capitulo para siempre, como si nada hubiese pasado, solo me quedaba mirarla a los ojos y escuchar un lo siento y un de aquí esto no sale y no se vuelve a repetir, solo quedaba eso y la ansiedad que me tenía casi sin respiración centrada en la boca del estómago desaparecería, ¡que engañado estaba!.

A las ocho de la tarde mi hermana vino con la bandeja de la cena, traía la mirada clavada en la sopa caliente que desprendía un halo de vapor al caminar y una tortilla cuajada que me solían preparar casi todas las noches, abrió las patas de la bandeja y la coloco sobre la cama y cubriéndome parte del estómago y las piernas. .-Sandra.-, le dije, sin mirarla a la cara y con mis ojos también clavados en la bandeja, - tenemos que hablar.-, ella seguía cabizbaja y con un “después de cenar”, se sentó a un lado de la cama y comenzó a darme de comer, me comí la sopa casi ardiendo, y la tortilla casi atragantándome, solo quería ingerir rápido la cena y poder solucionar ese tema, casi no me entraba la comida pero me daba igual, tenía que terminar cuanto antes.

Cuando acabé, Sandra retiro la bandeja y la coloco en la mesa de despacho que estaba a los pies de mi cama, se volvió a sentar a mi lado y esta vez mirándome a la cara me dijo –lo siento, Álvaro, lo siento de veras, no se que me ha pasado, estoy avergonzada, me encuentro fatal, agobiada, asustada, por favor no se lo cuentes a nadie, esto tiene que quedar entre nosotros, por favor.-, las lágrimas en los ojos empezaron a florecer, su voz trémula y entrecortada denotaban un claro arrepentimiento, pero ella continuó hablando, .- es que no se que me ha pasado, la he visto así, y no he podido resistirlo, no podía creerme que fuese cierto, que disparate en esta casa estamos todos fatal-. Esa frase me hizo reaccionar, - ¿todos fatal?, ¿en esta casa? , ¿Qué no podías creerte?, Sandra, cuéntamelo todo.

Ella mi miró y comenzó a contarme algo que me dejó sorprendido, me dijo que una de las primeras veces que mi madre me bañó, escuchó tras la puerta del aseo de mis padres que mi madre decía que exageración, que locura, y luego como unos gemidos,  ella al principio no sabía a que se refería, suponía que era al accidente y que los gemidos eran llantos por la situación en la que yo me encontraba, pero que siempre era igual, que cada vez que me bañaba, mi madre se encerraba en el cuarto y que cada vez ella tenía mas claro que era para masturbarse, y que para salir de dudas, comprobó que mi madre se cambiaba de bragas y que las sucias estaban totalmente mojadas por sus jugos.

Aquella historia me dejó petrificado, no podía creer que mi madre se masturbase pensando en mi miembro, no había notado nada, no me lo podía creer, miré a mi hermana pero ella había desviado la vista hacía mi entrepierna, mi cabeza no lo creía, pero mi miembro sí, se había levantado vigoroso y se notaba fuertemente mi erección bajo el pantalón del pijama, Sandra me miró, - te has puesto, ehh.- una sonrisa pícara le apareció en el rostro, - ¿te has puesto cachondo con esto?.-, yo no sabía que decir, mi miembro me delataba, resople,  - no puede ser, le dije.-, estás fatal y muy salida.-. Ella volvió a sonreír y dirigir la mirada a mi polla, que luchaba por salir pero que estaba encerrada y casi comenzaba a dolerme, Sandra notó que intentaba acomodarmela y sin mediar palabra, se colocó sobre mis piernas y comenzó a bajarme el pantalón, -déjalo Sandra, no es buena idea, ya se me pasará-, ella ya me la había cogido y movía su mano lentamente, apretándomela con fuerza paró, me miró y dijo, - si quieres que pare, paro, tu decides.- tras unos segundos de silencio, segundos que parecieron eternos, su mano volvió a moverse, vi como una de sus manos se metía en su pantalón mientras la otra seguía masturbándome y cerré los ojos.

Los jadeos de Sandra empezaron a aumentar, la velocidad empezó a aumentar, yo seguía pensando en que todo estaba mal, mi hermana pajeándome, mi madre se masturbaba pensando en mi polla,  era todo un sin sentido, una vida extraña, yo me sentía extraño, abrí los ojos y ví como mi hermana acercaba su boca a mi glande y sacando la lengua empezó a lamerla, saboreando cada lengüetazo, intentó meterla en la boca pero casi no le podía entrar, notaba como se asfixiaba y como los ojos se le ponía vidriosos, pero seguía intentándolo, su boca, su lengua, sus dos manos, toda ella me masturbaba, - quiero rozarme..-, me dijo y dándose la vuelta, se quitó el pantalón y las bragas y acercó mi falo a su coño que estaba totalmente encharcado, yo seguía sin decir nada, no asimilaba aquello, era como si me estuvieran violando, una violación consentida, pero no disfrutada, sentí su sexo caliente y como empezó a frotarlo contra su coño suave,  depilado y encharcado, sus movimientos se hicieron más bruscos,  sentía mi polla casi en la entrada de su sexo, sus gemidos acrecentaban el tono, sus joder, sus que grande, sus ahhhh, sus que gusto no paraban de resonar en la habitación, hasta que comenzó a correrse, su cuerpo se contorsionaba mientras seguía apretando mi miembro contra el suyo.

Tras varios espasmos interminables, mi miembro seguía erguido, grande, gordo, a punto de estallar, la mano de Sandra no lo había soltado y girando su cabeza me dijo, .-ahora te toca a ti- y comenzó con movimientos más fuertes a pajearme, mi polla estaba a punto de reventar, -córrete.- me decía, -lléname de leche, dámela toda, cabrón, joder, va a reventar, córrete, córrete como lo hace mama cuando se imagina tu polla dentro de ella, córrete en su cara, córrete en la mía.-  yo ya no podía mas, empecé a gritar y empecé a correrme, mi hermana no paraba de pajearme, de exprimirme, mi polla era un hervidero de semen, los chorros salían por doquier, mi espalda se arqueaba todo lo que podía para que esos chorros explotasen sobre la cara de mi hermana, no se los que le dieron, mis ojos estaban cerrados, apretados, disfrutando de la nueva paja que me acababa de dar mi querida Sandra.

Pasado un rato, Sandra limpió todo, cambió las sábanas, me cambió a mi, y ya mas relajados, me miró y me besó en la boca, beso que fue correspondido, sentí su lengua como jugaba con la mía, sentí que todo había cambiado, ya no había sentimiento de culpa, ya no había ansiedas, solo un nuevo sentimiento, quería follármela, quería ver su cara cuando mi enorme miembro la clavase, quería correrme dentro de ella e inconscientemente sabia que también quería ver esa misma cara en mi madre.


Escrito por pocolillo

Accidente Incestuoso. I



Había pasado un mes desde aquel siniestro accidente, el camión, la moto, el peatón despistado, el semáforo intermitente, un suelo mojado y toda una vida que pasa delante de ti en tres fatídicos segundos, era el resumen de aquella oscura tarde de verano, ¿secuelas?, yo era el de la moto, que mas puedo contar, el jodido transeúnte, causante de todo aquello desapareció sin dejar rastro, y al camionero le salvo el seguro, una clavícula, varias costillas y un brazo entero partido por varios sitios, a parte de mi defenestrada moto resumían mi historial.

Había abandonado el hospital hacía una semana, 

no podía hacer nada, metido en mi lúgubre habitación estudiantil con una ventana al patio de luces, lo hacía todo mas tedioso, el recuerdo del accidente y de mi moto reventada me martirizaba a todas horas, y salvo los ratos en que algún amigo me visitaba, el resto del día se me hacía eternamente insufrible, aunque lo peor eran las idas y venidas al baño y el aseo diario, toda una experiencia vejadora, que hacía mucho mas frustrante mi vida.

Con mis brazos en forma de cuchara, la hora de evacuar líquidos era horrible, mi padre, mi madre incluso en alguna ocasión mi hermana me ayudaban a esa tarea, yo cerraba los ojos, lamentándome de aquella situación, en cuanto al baño, la situación era peor, verme desnudo delante de mi padre o mi madre no me hacía mucha gracia, aunque mi estado de ánimo tampoco me hacía pensar mucho en eso.

Ese fin de semana mis padres tuvieron que partir por motivos familiares dejándome al cuidado de mi hermana pequeña, por aquel entonces yo tenía 25 años y ella 21, no le hacía ninguna gracia quedarse a cargo de un invalido con mal humor, pero no le quedaba otra y así fue como empezó todo.

Eran las once de la mañana y tal como le había indicado mi madre, me tenía que asear, Sandra me llevó con sumo cuidado al baño, seguía riéndose de mí por lo de la moto recién estrenada, aunque era una burla condescendiente y comprensiva que realmente me importaba poco. Una vez dentro del cuarto de aseo, me desvistió y me metió en la bañera, solo me había dejado el boxer, supongo que por pudor, hasta que me miró y me preguntó si mama me lo dejaba o me lo quitaba, .-mama me lo quita, pero déjalo si quieres, me da igual-. , bueno, te lo quito, respondió ella, y así lo hizo, sin apenas fijarse en mi miembro flácido y tornándose su rostro colorado por aquella situación.

Encendió la ducha y una vez comprobada que el agua estaba templada, comenzó a rociarme, con delicadeza para no mojarme las escayolas, a partir del abdomen hasta abajo, pasando su mano sobre mi piel, piel que no sentía nada ya que mi cabeza seguía pensando en la moto y en el jodido peatón que se me cruzó sin mirar, hasta que mi piel empezó a sentir, miré hacía abajo y allí observé a mi hermana, absorta, mirando mi inerte miembro, bufff, dijo, ¡es muy grande!, y ciertamente lo era, en estado flácido me alcanzaba los 16cm, ella la agarro con la mano, con su mirada fija en el, empezó a manosearlo, mientras seguía diciendo, ¡es enorme, que grande!. Esos comentarios despertaron a mi miembro, que poco a poco empezó a tomar vigor, Sandra seguía medio hipnotizada y sus primeros manoseos palpando aquel músculo, se convirtieron en un candente movimiento de idas y venidas que hacía que mi polla fuese creciendo tanto a lo largo como a lo ancho. ¡Madre mía, no para de crecer, es enorme, joder, que grande!, mientras sus movimientos se iban acelerando al mismo ritmo que su mano me iba masturbando, ¡joder, que grande, que grande!, seguía diciendo, ¡madre mía, que bestia!, casi sin darse cuenta e hipnotizada por el tamaño de mi verga, que ya había alcanzado los 24 cm de largo por 5 cm de ancho. Ella 

seguía pajeándome, sin percatarse de lo que estaba haciendo, solo veía aquel enorme falo que hinchado ante ella la tenía absorta en una sensación indescriptible de sorpresa y placer, su mano había acelerado el ritmo, noté como sus pezones marcaban la ajustada camiseta que llevaba, y como mi miembro hinchado, morado, se erguía altivo ante ella, yo tampoco pensaba en la situación, solo veía a una mirada perdida ante mi enorme polla y una mano que apenas podía abarcarla masturbándome, mientras en el baño solo se oía, un incesante, ¡que grande, no para de crecer, es enorme, dios mío, que grande!, 

su mano subía y bajaba por aquel trozo de carne, en ese momento solo existía para ella eso en el mundo, concentrada seguía sin parar, yo estaba a punto de correrme, deseaba hacerlo, me dolía del placer que me estaba proporcionando y ni siquiera la avisé, el primer chorro de semen alcanzo su cara, ella seguía concentrada en la paja y ni siquiera el segundo chorro que alcanzó su pelo la sacó de aquel trance, continuó con sus movimientos, mi miembro seguía rociándola, ella cambió el que grande por el ¡cuanta leche, madre mía, que exageración!, yo tenía las piernas temblando de tantas sensaciones, ella seguía exprimiéndome, vaciándome por completo, y así, toda bañada por mi esperma, se acostó sobre el suelo, y metió su mano bajo el pantalón corto que llevaba y empezó a masturbarse.

Yo seguía de pie dentro de la bañera, mirando como mi hermana, bañada con mi semen se masturbaba frenéticamente, su mano se movía rápidamente bajo aquella tela que la cubría, mientras con la otra mano rebañaba el semen que había en su cara y lo introducía con sus dedos dentro de su boca, saboreando la leche que poco antes me había sacado, la otra mano acariciaba su hinchado clítoris, para luego introducir sus dedos s en su mas que mojado sexo, intentando apagar el fuego que la quemaba, que la tenía hirviendo, 

que la había vuelto totalmente loca, la sensación de excitación y de placer se juntaban y ella quería acabar con esa excitación lo antes posible, para alcanzar su placer inmediatamente, sus aggghhhh , sus diosssss, acabados con un me cooorroooo que se me hizo eterno me tenían totalmente desconcertado, en ese momento, unos violentos espasmos me confirmaban que estaba alcanzando un orgasmo como nunca antes ella había experimentado, su mano dejó de moverse, resoplo varias veces, y supongo que con cada soplo de aire  

se iba percatando de todo lo que había ocurrido, entonces me miró, desnudo en la bañera, bajo su mirada, clavándola en mi miembro semiflácido del que aún caía alguna gota de semen, se miro las manos, la camiseta manchada, se tocó la cara bañada, ¡que he hecho!, ¡perdóname, dios mío!, ¡que he hecho!, ¡estoy loca! y con lagrimas en los ojos salió corriendo del baño, dejándome en un estado casi de catarsis, sin comprender aún todo lo que en ese momento había acontecido.

A los minutos de todo aquello, empecé a llamarla, ¡Sandra, Sandra, ayúdame, no puedo salir!, ella volvió, avergonzada, sin mirarme a la cara, sin decir nada, todavía desconcertada, me colocó rápidamente el boxer y me llevó de nuevo a la cama, -tenemos que hablar-, le dije .- si, pero no ahora-, me contestó, mientras se alejó de mi habitación, sin mirarme y con la cabeza baja, mientras yo, ya acostado en la cama, pensaba en todo aquello, arrepentido por no haberlo parado pero al mismo tiempo, con una extraña sensación de excitación producida por la imagen de ver a mi hermana como me había masturbado y como se lo había hecho ella, allí mismo, poseída por una lujuria que jamás me podría haber imaginado, pensamientos que me llevaban a desear a mi hermana como nunca antes había deseado a nadie.


Escrito por pocolillo

Rocio y yo (2ª parte)



Aunque no ha pasado tanto tiempo, me parece que fue hace una eternidad el día famoso en que empecé relaciones con Rocío, en casa de su amiga Ana.

Mi carácter no ha cambiado, sigo siendo tímido, deportista, ya no tan puritano (qué remedio) y bastante casero.

La que si ha cambiado es mi hermana. Es alegre, como siempre, guapísima, por supuesto, pero ahora, es super responsable y, además, muy celosa. ¡Quién lo iba a decir! Se ha convertido en una verdadera "amita de su casa", trabaja, me tiene siempre todo preparado, me cuida y es una auténtica fiera en la cama. Me dice que si tengo en casa "todo lo necesario", no tendré que buscarlo fuera, y que si se me ocurre ponerle los cuernos, me corta todo lo que me cuelga.

Ante tales argumentos, ni se me ocurre sele infiel. De todas formas, tampoco podría, la quiero tanto que casi duele.

Creo haber comentado los problemas que supuso nuestra decisión y el cuidado que tuvimos que tener ante todo el mundo, sobre todo con Bea, nuestra hermana mayor y con nuestros padres. Afortunadamente, fuimos lo suficientemente discretos y nadie se dio cuenta de nada.

Fueron pasando los años de universidad y sólo follábamos cuando estábamos solos en casa y sabíamos que nadie iba a venir, o en el coche de mi hermana cuando me lo dejaba algún que otro día.

Se nos hizo difícil de soportar, parecíamos frailes con esto del celibato, pero más difícil fue cuando me fui a vivir fuera por cuestiones de trabajo (ya dije que planificado por ella) y sólo la veía cuando volvía a casa de visita.

En estas ocasiones mi madre no me dejaba ni a sol ni a sombra, soy su "niñín", y quería estar siempre conmigo, al igual que mi padre. Que qué tal me iba en el trabajo, que si comía bien, que quién me lavaba la ropa, que si salía con chicas (ten cuidado hijo, que son todas unas lagartas), etc, etc...

Así que, cuando Rocío aprobó las oposiciones y la destinaron a mi ciudad (todo calculado), mis padres fueron los primeros en insistir en que viniera a vivir conmigo, ya que así, habría en casa una mujer que me cuidara. Ellos mismos la acompañaron aquí para comprobar todo y ayudar a mi hermana a instalarse. ¡Ay, si supieran...! Así las cosas,  al principio nos dedicamos a recuperar el tiempo perdido, de tres o cuatro polvos diarios no bajaba, nos habíamos convertido en verdaderos expertos del sexo oral, conocíamos nuestros cuerpos de memoria, palmo a palmo, pero siempre era nuevo y sorprendente para nosotros. Si a los 15 años Rocío hacía unas mamadas de campeonato, ahora era ya el summun...

Me cogía la polla con una o dos manos, me pajeaba la piel del prepucio y daba pequeños lengüetazos en la punta. Luego me hacía cosquillas en la parte inferior del capullo, la más sensible, y se la metía de golpe hasta la garganta. Un suave mete saca, pajeo rápido con la mano y se la sacaba de la boca. En este momento siempre me miraba con cara de vicio y sonreía, satisfecha, al ver el efecto que me producía. Unos golpes con el glande en la lengua, con la boca abierta, y vuelta a empezar.

Casi siempre conseguía que me corriera y, siempre, se lo tragaba todo, limpiándome posteriormente, dejándome el instrumento como una patena.

Aquí empezaba mi dulce venganza... Me lanzaba sobre sus tetas como un poseso. Las tetas de mi hermana son alucinantes. Para la estatura que tiene, un poco menos de 1,70,eran perfectas, firmes, suaves, nada caídas, en fin, me volvían loco. Yo siempre he sido de la teoría de "la buena teta que en la mano quepa, pero ante la duda, la más tetuda" Rocío cumple esta máxima a la perfección. Tenía además unos pezones preciosos, de color rosado y muy sensibles. Ha llegado a correrse con sólo sobarle el pecho.

Mordía esos pezones con suavidad, los cogía, los dos a la vez, con los índices y pulgares y los frotaba entre los dedos, se endurecieran inmediatamente y luego ampliaba el giro de mis dedos para abarcar toda la areola. Vuelta a chupar y morder. A estas alturas, Rocío, jadeaba y gemía, segregando jugos y desando tenerme dentro. Siempre intentaba pasar una pierna entre las mías para frotarse el clítoris con mi muslo, me besaba la oreja, metiéndome la lengua en el oído. Me producía un escalofrío de placer que iba de la nuca hasta la rabadilla y conseguía que mi campeón reaccionara de inmediato. Me lo cogía y empezaba a menearlo con mano experta.

¡Ah no, no iba a consentir que me hiciera una paja sin haber disfrutado ella! Viajecito desde las tetas hasta el coño con parada obligada en el ombligo.

¡Hostias, se había puesto un "piercing"! Jugueteaba con la bolita del pendiente mientras la iba preparando, con suaves caricias por las ingles, el vello púbico, el perineo pero sin llegar a tocar su deseada rajita.

Cómo se iba poniendo... ¡Cómo una moto! Bajaba, dejando un rastro de saliva, hasta el coño. ¡Con qué ansia me esperaba! Recorría con mi lengua toda la zona, de abajo a arriba y se la metía en la vagina lo más hondo que podía.

Tenía un sabor suave, algo agridulce, que me encantaba. Recogía todo el líquido que podía para saborearlo e intentaba evitar, a toda costa, tocarle el clítoris.

Cuando estaba al borde del orgasmo es cuando lo cogía con los labios y lo succionaba y frotaba entre la lengua y los dientes. Siempre lo conseguía...

-AAAAAAAA AAAAAAAAHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH- ¡Que corridas! ¡Eran apoteósicas!  Seguía chupando y chupando para prolongar el éxtasis y ella, siempre, encadenaba un orgasmo tras otro -AAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHHHHHH -AHH AAHH AAHH AAHH -AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHHHHHHHH -AAHH AAHH AHH AAAHHH AAHH AAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHHHHHH Me encantaba... Era el momento aprovechado para subirme encima y clavársela hasta los cojones, sin haberle dado tiempo a recuperarse.

Le hacía un poco de daño al llegar al fondo y seguir empujando para meterla completamente, me decía que le iba a sacar el útero por la boca y yo me disculpaba (de cachondeo) por tenerla un poco grande. La besaba para que se saboreara a sí misma, y empezaba un rápido mete saca para no perder el tono.

La ponía a cuatro patas y se la metía por detrás. Entraba hasta que las pelotas golpeaban contra ella y alargando la mano le frotaba el clítoris...

-AAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHHHHHHH -AAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHH AH AH AH AH Sus orgasmos se iban sucediendo y empezaba a soltar tantos jugos como si se hiciera pis. Lo ponía todo perdido. Aprovechaba para dilatarle un poco el ojete y se la metía en el culo. Con tanto líquido entraba de maravilla, aparte de que ya estaba acostumbrada (la primera vez que lo hicimos por ahí, casi me rompo la polla y ella estuvo escocida una semana. No podía ni andar) El mete saca se hacía más  y más rápido y eyaculaba dentro, echando todo lo que me quedaba - NNNNNNNNN NNNNNNNN NNNNGGGGG GGGGGGGGGGGGGGGG - AAAAAAAAAA AAAAAAAAAHHHHHH HHHHHHHHHH HHHHHHHHHHH Caíamos derrotados en la cama (o donde estuviéramos en ese momento) y procuraba seguir acariciándola, besándola, haciéndola ver que me importaba y no era sólo un objeto sexual. A las mujeres le suele gustar mucho eso y les molesta que, tras terminar un polvo, nos demos media vuelta.

Se iban sucediendo los meses, de vez en cuando, íbamos a Madrid a ver a nuestros padres y hermana, durante algún fin de semana. Allí, como es natural, nos comportábamos normalmente, contábamos nuestras andanzas, cómo nos iba, etc..., y al volver, el domingo por la tarde, nos recuperábamos de la abstinencia obligada.

Así hasta que...

- Luis, tengo que darte una pequeña sorpresa. Aunque no sé si te va a gustar. - No soy muy amigo de sorpresitas, pero viniendo de Rocío, seguro que era algo bueno.

- ¿Ah sí? ¿Y que es? Porque no será nada malo ¿Verdad? - - Hombre, tanto como malo... Depende de cómo se mire. - Glups, aquello pintaba raro...

- ¿No te habrán trasladado y te tienes que ir, eh? - No, no, que va... Si me pasa eso, me pego un tiro. ¡A ti te iba a dejar sólo! Es otra cosa... - - ¡Joder, tía, venga. ¿Qué ha pasado? - Me estaba empezando a mosquear.

- Bueno... Nada que no sea normal... Sólo que... - - Coño, Rocío, arranca de una vez ¡Ni que te hubieras quedado preñada! - - Pues mira, pues ya que lo dices, sí, me he quedado embarazada. - - ¿Como? ¿Que? ¿Embarazada? ¡Coño! ¡Joder, joder, joder! ¿Embarazada? ¡Imposible! ¿Estás segura? - - ¿Segura? ¡No, que va! ¡Como soy gilipollas! - - ¡Pero... No puedes estar embarazada! - Hostias, hostias. La que se nos venía encima. No podía ni hacerme a la idea.

¡Nosotros no podíamos embarazarnos! ¡Los hermanos no se embarazan! (Claro que, pensándolo, tampoco suelen follar) - ¡Joder, tía! ¿Seguro? ¡Joder! ¿Y es mío? - PLAF. La leche que me dio me volvió la cara del revés.

- ¡Gilipollas! ¡Hijo de puta! ¡Todos sois iguales! ¡Cabrón de mierda! ¡Te van a dar por el culo! ¡Maricón! - ¡Coño, como se puso! Empezó a llorar desconsoladamente y salió corriendo del cuarto de estar. Se metió en nuestro dormitorio y cerró de un portazo que casi tira la casa abajo. ¿Y ahora, que hacía yo? ¡Me cago en mi puta vida y en mi puta calavera! ¡Un crío! ¿Que coño hacemos con un crío? Me hubiera querido cortar la polla a rebanadas. Ya le notaba yo algo rara últimamente...

Sin embargo, lo que hice fue ir a la puerta de la habitación y llamar suavemente.

- ¿Rocío? ¿Rocío? - No me contestó y solo oía sus hipos y sollozos. Giré el pomo de la puerta y se abrió, no había echado el pestillo. Entré despacio, mi hermana estaba tumbada boca abajo en la cama y con la cara entre las manos, lloraba quedamente. Me acerqué a ella y me senté a un lado, le acaricié el pelo y la espalda - Rocío, anda, perdona. Lo que he dicho ha sido una gilipollez, lo sé, pero ha sido por la sorpresa. ¿Cómo iba a imaginar que estabas embarazada? - - ¡Déjame en paz! Eres un cabrón. No sé ni cómo has podido soltarme eso. - La seguía acariciando el pelo, metiendo los dedos entre su mata rubia, rascando suavemente la nuca...

- Venga Rocío. Si sabes que no ha sido en serio. Sabes que no hay nadie más que tú. Te quiero con toda mi alma, lo sabes y siempre estaré a tu lado - Se dejaba acariciar, mis palabras la iban tranquilizando. Me estiré a su lado, la seguía pidiendo perdón por mi conducta, empecé a besarle la nuca, el cuello y las orejas.

Al principio, ella intentaba apartarme pero, poco a poco, iba cediendo y dejando de llorar. Fui un poco más lejos, introduje la lengua en el oído y le sobé un poco el culo por encima de la falda.

Volvió la cara hacia mí, aproveché para besarle los labios, primero con suavidad para más tarde intentar meterle la lengua en la boca. Buscaba su lengua, mordía sus labios e intentaba recoger las lágrimas que le surcaban el rostro. Ella suspiraba, hipaba e iba girando el cuerpo, dándome el frente. Empecé a desabrocharle los botones de la blusa, introduciendo la mano para sobarle el pecho por encima del sujetador.

A través de la tela pude comprobar cómo se estimulaban y erguían sus pezones, aproveché para soltarle el sostén y tocar directamente su piel de seda. Ya lo he dicho, pero... ¡qué tetas tiene mi hermana! Le bajé la cremallera de la falda y se la fui quitando mientras la tocaba, arrastrando con ella su ropa interior.

Sin más preámbulos la puse boca arriba y metí la cabeza entre sus piernas, empezando a comer ese conejito que tanto placer me había dado. Estaba un poco seco pero, ante mi estímulo bucal, se lubricó rápidamente, sus sollozos se transformaron en gemidos de placer, estaba totalmente rendida a mí, le metí un dedo en el culo mientras le chupaba el clítoris y sucedió lo inevitable - AAAAAAAAAAAHHH HHHHHHHH AH AH AH AH AAAAAAAAA AAAAHHHHHHHHH - - Coño, que cabrón soy - Pensé en ese momento. Como había salvado la situación. Pasé de ser villano a héroe en un pis pas.

Tenía que rematar la faena. Me quité el pantalón a todo meter y situándome encima de ella con mucho cuidado se la metí de un sólo viaje.

- ¡AAAAHHHHHH! Té quiero - Beso - Te quiero - Beso - Dímelo, dime que me quieres - Beso. Evidentemente estaba enamorada de mí.

- Shhh, no hables, ya sabes que te quiero. Te quiero más que a nada - La besé cariñosamente, sabía que se iba a correr otra vez, lo notaba en cómo levantaba los pies de la cama, flexionando y subiendo más las piernas.

Aceleré para llegar al mismo tiempo, cogí con ambas manos sus tetas pellizcando fuerte los pezones y cuando sentí su orgasmo, di las últimas embestidas para lograr el mío...

- AH AH AH AH AHHH AAAAAHHHH AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAHHHHHHH HHHHHHHHHH AH AH AH - No sé ni cómo recordé su embarazo en ese momento, se me había ido el santo al cielo, me quité de encima rápidamente, dándole besitos en los labios y suaves caricias en el pecho.

- Bueno, preciosa. Si estás embarazada, no pasa nada. Yo voy a estar a tu lado siempre y respetaré cualquier decisión que tomes. - - Eso es lo que necesitaba oír y no las chorradas de antes. Ahora estoy muy sensible ¿sabes? ... - Buf, había pasado la tormenta; bueno, la tormenta de la bronca (Rocío tiene un genio...), pero ahora venía lo peor. ¡Cómo nos íbamos a enfrentar a esto! Me dio la sensación de que yo iba a pintar muy poco en las decisiones sobre el asunto, al menos de momento, por lo que lo mejor era estar calladito y no mencionar el tema. A no ser que me preguntara.

Estuvimos un rato en silencio, dándonos pequeños besos y caricias pero cada uno en sus pensamientos.

- ¿Y si abortara? - me dijo de repente. Me pilló un poco de improviso, aunque era el pensamiento que yo tenía in mente.

- ¿Abortar? - Tenía que ser muy prudente en mi contestación, las mujeres son imprevisibles en esos momentos...

- No sé... No me parece una buena idea... Siempre te lo reprocharías... No sé... - Pensé que había que adoptar la postura de abogado del diablo, no fuera a creer que estaba deseando que lo hiciera.

Sin embargo, también sentía un cosquilleo de satisfacción, había demostrado mi virilidad. Cuando a uno le dicen que va a tener un hijo, se siente más hombre. Ya empezaba a dudar yo también de qué era lo mejor.

Ambos éramos contrarios, por principios y educación, a la idea del aborto, pero claro, no nos habíamos encontrado nunca en semejante situación y se nos hacía difícil tomar la decisión que, por otra parte, era la más lógica.

Pensándolo bien, lo que no entendía es cómo no había pasado antes, tomábamos bastante pocas precauciones... Pero, entre que si lo dejamos para mañana, o mejor, para pasado, lo que se pasó fue el tiempo...

Las 16 semanas de plazo se fueron en un suspiro y ahí, sí que se nos acabó el chollo. ¡Y ahora qué hacíamos! ¡Joder, joder! Y, naturalmente, lo que tenía que pasar, pasó...

Un día de invierno, a media semana, apareció Bea. Fue una visita no planificada, venía a pasar un par de días a nuestra ciudad , por trabajo, y no le dio tiempo a avisar con antelación así que, nosotros, tampoco pudimos poner la casa en orden (dormíamos juntos y eso se nota) Al abrir la puerta y encontrarme a mi hermana, casi me da un infarto, peor que cuando Rocío me dijo lo del embarazo. Me puse pálido como un cadáver e intenté componer una sonrisa de alegría. Me debió de salir fatal.

- ¡Bea! ¡Que sorpresa! ¿Que haces aquí? ¿También han venido los papás? - Lo que faltaba... ¡Eramos pocos y parió la abuela! - ¡Uy chico, ni que hubieras visto un fantasma! ¡Estás pálido! No, los papás no han venido, solo yo, a pasar dos días. Por el curro, ya sabes. ¿No os importa, verdad?. Si andáis apurados de sitio, yo duermo en el sofá, no me molesta. ¿Seguro que estás bien? ¡Tienes una cara horrible! - No me dio tiempo de avisar a Rocío que estaba en el cuarto de estar viendo la tele. Desde allí gritó...

- Luis ¿Quien es? - Bea salió disparada a ver a su hermana, dejándome la maleta en la puerta.

Intenté responder - ES BEA - pero se me adelantaron.

- Rocío, qué alegría... ¡Pero Rocío! ¡Coño! ¿Esto que es? ¡Estás embarazada! ¡UUyyy, cuando se enteren tus padres...! - Aparecí por allí con cara de... ¡No sé ni que cara llevaba!  Lo que sí llevaba eran las pelotas de corbata. - ¡La hemos jodido! - No cesaba de repetirme. - Con lo bocazas que es Bea - Mi hermana mayor era un encanto, pero tenía ese defecto. A sus 30 años no había aprendido a tener la boca cerrada... Así le lucía el pelo. Era un portento en estudios y trabajo, ejecutiva de una multinacional americana, estaba como un queso de buena, pero con los hombres lo llevaba de pena. Ya estaba divorciada y se había enrollado con un buen montón de tíos, sin decidirse por ninguno, o ninguno se decidía por ella debido a su piquito de oro. ¡Era la chismosa número uno! Tenía una facilidad pasmosa para cagarla en los peores momentos.

¡Y ahora, había visto a Rocío embarazada! Lo dicho ¡La cagamos! De repente, caí en la cuenta de que no tenía porqué imaginarse que el niño era mío. A lo mejor, dentro de lo malo, no salíamos tan mal parados...

Rocío se había quedado muda de espanto. Lo último que podía imaginar es ver a Bea en casa y que la encontrara así, con esa barriga. Como estábamos solos en ese momento, estaba vestida con una camiseta y bragas, notándosele perfectamente la tripa, que ya iba para 5 meses...

- Claro, ya decía yo que no veníais a Madrid hacía mucho. ¡Qué coño ibais a venir! ¡Con ese regalito! ¿Y no decías que no tenías novio, mona? Porque esto seguro que no ha sido el Espíritu Santo... - Dios mío, Dios mío, Dios mío, que no se dé cuenta. Prometo ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar. Prometo dejar de fumar. Prometo no beber... Pero que no se dé cuenta de nada...

Vana ilusión.

Rocío, mi queridísima Rocío, con todo lo lista que era,  metió la pata hasta el fondo. No se le ocurrió otra cosa que hablar en plural mirándome a mí...

- No, no, si nosotros no pensábamos que nos pudiera pasar... - No le dio tiempo a terminar la frase, Bea salió zumbando hacia nuestra habitación, fue al cuarto de baño, volvió a la habitación, fue al otro baño, a la "supuesta" habitación de Rocío (convertida en despachito), a la tercera habitación (con una cunita ya instalada) y vino como un meteoro al salón.

Tenía la cara demudada - ¿¿¿PERO ESTO QUE ES??? ¿¿¿ESTAIS LOCOS O QUE??? ¿¿¿Y ESTO DESDE CUANDO??? - Yo, yo, yo... - Rocío era incapaz de articular palabra...

- ¿¿¿TU QUE??? - Como siguiera gritando de esa manera se iban a enterar hasta en Tegucigalpa.

Aquí tuve que intervenir, intentando salvar la situación - Bueno Bea, tampoco es tan grave que esté embarazada. Ya es mayor de edad... - - ¡¡NO ESTOY DICIENDO QUE ESTÉ EMBARAZADA, SINO DE QUIEN, IMBÉCIL!! ¡Joder, coño, joder! No había colado. Pero tenía que hacerle ver lo absurdo de su pensamiento...

- ¡Y yo que sé! Ya se lo pregunté una vez y me mandó a tomar por culo. - No había mentido mucho, sólo había omitido una parte de aquella conversación...

- ¡Oye Luis! ¿ Te crees que soy gilipollas?. Aquí vive una pareja ¡Pareja de las que follan, no pareja de hermanos! Y tú, niña ¿Estás bien de la cabeza? Puedo entender que este cretino se quiera ir a la cama contigo, ¿Pero tú? ¡No me lo puedo creer! - Opté por callarme, no fuera a joderla más.

Rocío, ante lo inevitable, se puso a llorar (qué facilidad de lágrima tenía últimamente...) Acabó confesando todo. Cómo se había enamorado, cómo me sedujo, cómo habíamos venido a parar a esta ciudad... En fin, todo.

Bea alucinaba, no podía dar crédito a las palabras de su hermana. La echó un sermón impresionante sobre moralidad, incesto y no sé cuantas cosas más...

Acabó poniéndonos "a parir", nos amenazó con contarlo a nuestros padres, con los fuegos del Averno, con todas las desgracias del mundo y, cogiendo su maleta, se fue.

Imaginaros cómo nos quedamos los dos, allí solos, como pasmarotes.

Abracé a mi hermana, no paraba de llorar, no sabía qué decir para consolarla, se nos había venido el mundo encima. Ella no paraba de repetir...

- Los papás. Bea se lo va a decir a los papás... Luis... ¿Qué vamos a hacer? - ¡Y yo qué sabía! Estaba anonadado, no se me ocurría nada. Cuando mis padres se enteraran, se morían. ¡Mi madre! ¡Con lo beata que es! ¿Y mi padre? ¡Seguro que nos mataba! ¡Seguro! Ya me imaginaba los ataúdes, cirios, velatorio...

- ¡Ya sé! Voy a buscar a Bea y la convenzo de que no diga nada. - Le dije a Rocío para calmarla...

- ¿Y cómo la vas a buscar? No sabes dónde ha ido... Además, ya has visto cómo se ha puesto... ¿Qué le vas a decir?... - Era verdad, ni idea de donde estaba ahora, pero se me ocurrió decirle...

- Llamo a su empresa y, a lo mejor, me dicen donde podemos encontrarla - Dicho y hecho, llamé por teléfono y me comentaron que estaba de viaje.

Pregunté cómo localizarla, que era su hermano y era un asunto familiar urgente. Al cabo de un momento me dieron la dirección de un hotel.

Dejé a mi hermana sola, en casa, y me fui a buscar a Beatriz. No sabía qué iba a decirle, pero tenía que intentar salvar la situación como fuese, si no... Las repercusiones podían ser terribles.

Llegué al sitio indicado, fui a la recepción y pregunté al conserje. ¡Bien! Hacía cinco minutos que se había registrado. Me dieron el número de habitación, con algún reparo y subí inmediatamente.

Bea no me recibió de muy buena gana, seguía teniendo un cabreo tremendo...

- ¿Qué quieres? ¿A qué has venido? ¡Creo que está todo hablado! - No era, desde luego, la mejor manera de iniciar una conversación... Aparte, tampoco tenía nada preparado. Empecé a soltar lo primero que me iba viniendo a la cabeza...

- Mira, Bea, siento que te hayas enterado así, pero compréndelo, no es algo que se pueda ir contando por ahí. Nos pasó, no lo buscamos, al menos, yo no lo busqué. Tampoco Rocío quería, ya te lo ha dicho, intentó evitarlo, pero no pudo. Muchas veces, los sentimientos mandan y, cuando eres jovencito, todo te parece un mundo y te dejas arrastrar. Imagínate que me hubiera pasado contigo... ¿Qué hubieras hecho? - - ¿Que qué hubiera hecho? ¡Te hubiera partido la cara, por salido! Pero...

¿Cómo se te ocurre? ¡Yo jamás me hubiera liado contigo! ¡Faltaba más! - - Pues yo tampoco imaginaba liarme con Rocío. Pero pasó. No sé explicarte, son cosas que ocurren de vez en cuando, cuando menos lo esperas... Tú lo sabes, yo, prácticamente, no salía con tías,  me pasaba el día metido en casa... Acuérdate de cuando íbamos a esquiar o a nadar, iba siempre contigo, hasta que tú tuviste novio... Y, de repente, se te declaran, se te declara tu hermana... Y no sabes como reaccionar. Pues eso es lo que me pasó. - - No, hijo, no. Te pasó que te la follaste ¡A tu propia hermana! Y encima vas y la dejas embarazada. ¡Si es que sois gilipollas! Ya me dirás qué vais a hacer ahora, porque algo tendréis que hacer ¿No? ¿No se os ha ocurrido abortar? - - Ocurrírsenos, sí, claro que lo pensamos. Pero ya no se puede, está de más de 16 semanas - - ¡Lo dicho, sois gilipollas! Tu madre se muere ¡Ya verás cuando se lo diga! ¡Y tu padre... Tu padre te mata! ¡Haber dejado embarazada a su hijita del alma! - - ¿Y por qué se lo tienes que decir? - - Porque se van a enterar tarde o temprano, imbécil. Ya me dirás como piensas ocultar una cosa así. - Seguíamos de pie en la habitación del hotel; Bea ya no estaba tan mosqueada, parecía que se iba rindiendo a la evidencia. No debía de hacerle ninguna gracia ir con el cuento a nuestros padres, muchas veces se cargan al mensajero... Supongo que estaba esperando alguna idea por mi parte para salvar la situación.

- Bueno... De que van a ser abuelos, sí se van a enterar, claro. Pero de que somos los padres de la criatura, sólo si tú se lo dices. Podemos decir que el padre es cualquier otro... O que Rocío no quiere decir quien es el padre... O que la han violado... - -¡No seas bestia! ¡Cómo vas a decir que la han violado! Irían a la policía, o preguntarían por qué no lo ha contado antes... ¡Yo que sé...! Lo de que ella no quiere decir quien es el padre... A lo mejor cuela, porque si decís que es otro tío, papá no va a parar hasta saber quien es el interfecto... Y después de caparlo con alicates, le obliga a casarse con ella. ¡Ya sabes cómo es! - Parecía que la cosa se calmaba, se iban encontrando soluciones. Malas, pero soluciones al fin y al cabo.

Rocío estaba sola y yo estaba preocupado, no fuera a hacer alguna locura. Se lo dije a Bea, que accedió a volver conmigo a casa.

Durante el corto trayecto de vuelta fuimos puliendo la historia que debíamos contar, esperábamos que nuestra hermana pequeña estuviera de acuerdo.

Abrí la puerta de casa, encontramos a Rocío en el salón, con la cara de haber llorado mucho. Aún soltaba algún hipo que otro...

Bea se acercó a ella y la abrazó, con un pañuelo de papel que sacó del bolso, la fue secando los ojos y limpiando la cara.

- Venga, venga... Ya verás como se arregla todo. Les contamos una historia a los papás, una que se traguen, y ya está. Al principio lo vas a pasar mal, no te dirigirán la palabra, porque lo del niño lo tienen que saber, pero no les diremos que es de Luis, decimos que tú no quieres soltar quien es el padre. - - Ya, pero papá va a insistir... Me va a estar todo el día llamando para que se lo diga... A lo mejor me infla a hostias...- - Bueno - Dije yo - Podemos decir que solo fue un día, que estabas borracha y que te enrollaste con alguien en una discoqueta, que no te acuerdas de quien era... - - ¡Igual traga! - Dijo Bea - Si te mantienes siempre en esa versión, no tendrá más remedio que creerte. Eso sí, a Luis le parte la cara por no haberte cuidado como debía.

- ¡Me la pela! - solté - Si todo se queda en un par de hostias, las recibo encantado - Volvíamos a ver la luz al final del túnel. Me acerqué a las dos, seguían de pie, en mitad de la sala, abrazadas, y las rodeé con mis brazos. Les di un beso en la boca a ambas, estaba tan contento que no me di cuenta de que también besaba a Bea.

Me miró extrañada, pero repitió el beso. Lo hizo más prolongado, abrió los labios y jugó con la lengua en mis dientes. Separó la cara y sonrió. Rocío aprovechó el momento y ahora fue ella la que besó a su hermana. No con un beso casto, no... Un beso con lengua, buscando, con pasión, correspondencia al gesto. La cogió el pelo por la nuca e hizo presión hacia sí. Bajó la mano a lo largo de la espalda mientras se morreaban, hasta llegar al prieto culo de Bea, lo amasaba y apretaba y volvía a subir la mano hasta acariciar la nuca.

Se iban calentando, yo también, me puse tras Rocío agarrándole las tetas, pellizcando los pezones por encima de la camiseta, haciendo que éstos se endurecieran al máximo. Ahora, con el embarazo, eran más grandes, se notaba.

Y también más sensibles.

Mi hermana pequeña abandonó el beso para gemir ante mi caricia. Le mordí el cuello por detrás, notaba las descargas eléctricas que le producían a lo largo de la columna, noté su ansia, noté su sensibilidad y noté cómo se me puso la polla.

Se la restregué por la raja del culo, con el pantalón puesto. Ella solo llevaba sus bragas, normales, blancas, de algodón. Como si hubiera llevado un tanga... Me daba igual...

Noté unas manos que me desabrochaban el cinturón y el botón de los pantalones, me bajaban la cremallera, se metían por la bragueta de mis calzoncillos y me sacaban el nabo. Pensé en Rocío... ¡Qué habilidad! ¡Hasta estando de espaldas! ¿Y esa mano en la nuca de Bea? ¿Y esa otra en su culo? ¡Joder! Si es la mayor la que me está tocando la polla. Para que luego diga... Vaya postura más incómoda, tiene que estar aplastando la tripa de Rocío... Pero yo, no voy a ser menos...

Desabroché el pantalón de Bea y lo bajé, aproveché para morder el culo de Rocío y bajar sus bragas también. ¡Que tanguita más sexy llevaba mi hermana mayor! ¡Abajo con ellas! Abrí las piernas de Rocío y, con delicadeza, le fui metiendo la polla por el ojete porque era más fácil ¡Qué gusto! Mientras, Bea, habiendo soltado mi herramienta, le metía un par de dedos en la vagina, con cuidado, que estaba en cinta.

¡Demasiado! ¡Aquello era demasiado! Con la sensibilidad por las nubes y el trabajo de sus hermanos, Rocío estaba al borde de una de las mayores corrida de su vida...

AAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAHHHHH HHHHHHHHHHHH HHHHHHHHHH HHH HHHHHHHHH HHHHHHHHHH HHHHHHH - ¡Si no la habíamos apenas tocado...! Liberé su culo, no fuera a repercutir al crío que llevaba en sus entrañas.

Las separé, cogí (del verbo asir, no follar) a mi hermana mayor, la puse de rodillas y le  metí la polla en la boca.

¡Que sensación! Seguro que Rocío había aprendido de ella ¡Qué forma de mamar! Era una auténtica maestra, haciéndome un trabajo de campeonato.

Lamía, succionaba, me recorría a todo lo largo, se metía las pelotas en la boca... Y no dejaba de darle dos dedos a su hermana que seguía corriéndose patas abajo.

Tumbé a Bea en el sofá, seguía follándome su boca y Rocío aprovechó para trabajarle el coño como sabía. El efecto fue inmediato. Un orgasmo tremendo la hizo arquearse y gemir, soltando mi polla, apretando la cabeza de su hermana con las piernas. Aproveché para soltar toda la tensión acumulada...

- AAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAHHH HHHHHHHHHHHH, AAAAAAGGGGGG, COF, COF, COF, AAAAAA AAAAAAAAAAA AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH, CABRONES, SI, SI, SI, AAAAAHHH HHHHHHHHHHHHHHHH - ¡Que a gusto me había quedado! ¡Y, por lo visto, mis hermanas también! Rocío se acercó a besar a Bea para saborear mi leche y pasarle parte de sus jugos.

Fue el beso más erótico que he visto en mi vida, con la consiguiente reacción de mi anatomía. Suelo tardar un poco en volver a estar en condiciones, pero aquella imagen obró milagros en mí.

Aparté a mi hermana pequeña hacia un lado, sin soltar la boca de su hermana mayor, me situé entre las piernas de Bea y, con cuidado, se la fui metiendo hasta el corvejón. Soltó un gemido, apagado por los labios de Rocío. Alzaba sus caderas para sentirme más dentro y suspiraba, - Ahora sé porqué ésta está enamorada de ti, ah, ah, ah... ¡Qué cabrón, ah, ah, ah! ¡Que pedazo de polla! ¡Ah, ah, ah... Sigue, Luis, sigue... Sigue que me voy a correr... - Rocío se montó a horcajadas sobre la cara de Bea, dándome la espalda, metiéndole prácticamente el coño en la boca. Yo aceleraba mis embestidas que hacían que la mayor se moviera de delante a atrás sobre la vagina y clítoris de la pequeña. A ésta, le cogía y amasaba las enormes tetas de embarazada haciendo que suspirara de placer.

La escena era dantesca, un tío follándose a sus dos hermanas a la vez.  Mi imaginación no podía asimilar tanto... ¿Todas las broncas tenían que acabar en un polvo? Mejor...

Sin poder soportarlo más, después de unos cuantos orgasmos por parte de ellas, me vacié dentro de Bea con todas mis ganas...

Así estuvimos el resto del día y de la noche, hasta que caímos derrengados.

El asunto había tenido una forma muy curiosa de solucionarse. Beatriz aprovechó para quedarse todo el fin de semana, que siguió de igual forma. Le había cogido gustillo a esto del incesto.

Como era de suponer, mis padres se enteraron del embarazo de Rocío y pusieron el grito en el cielo. Pero coló, la historia urdida entre los tres de que había sido un día de borrachera y que Rocío no recordaba ni quién había sido el que se la había cepillado, funcionó. Creo que mis padres preferían creer este cuento mejor que cualquier otro. Al estar fuera de Madrid, tampoco tendrían que dar muchas explicaciones a sus amistades lo que, para ellos, era un beneficio añadido. Eso sí, la bronca de mi padre por no cuidar convenientemente a mi hermana pequeña fue de campeonato.

Tuvimos una niña preciosa, la cosa más bonita que había visto en mi vida ( y no es porque sea su padre) Estoy encantado con ella.

Lo realmente peliagudo fue que, Bea, también se quedó embarazada aquel loco fin de semana.

Ya nos ha comentado que se viene a vivir con nosotros, su empresa tiene delegación aquí, porque en casa de nuestros padres sería una tortura vivir en esas circunstancias. Les habrá contado alguna mentira que, supongo, se habrán creído a duras penas. A mí me empiezan a considerar una especie de santo, encargándome de las locas de mis hermanas y sus nietos.

No sé cómo nos lo vamos a montar, porque viene dispuesta a convertirse en madre y esposa. No va a dejar de follar por esta minucia y tampoco le va a poner los cuernos al padre de su retoño ¡No estaría bien visto!.

Lo de tener un harén, tampoco lo tenía previsto y no sé si seré capaz de soportarlo. Ya he oído cuchichear a mis hermanas a espaldas mías, así que creo que lo tienen todo planificado... Lunes tú, martes yo... fines de semana todos juntos...

Me asombra el cambio de Bea... Montó semejante bronca al principio y ahora está super acaramelada conmigo. Rocío me dice que es que soy un encanto y un amante fenomenal ¡Cosas de mujeres! Yo estoy encantado, me tratan como a un príncipe, colman todos mis caprichos, tanto sexuales como de cualquier otro tipo y, encima, no discuten entre ellas por mis favores.

Hemos tenido que comprar una cama de dos metros para caber lo tres; Bea ya está un poco gorda, pero nos montamos unos tríos espectaculares, que ya quisiera más de uno...

Como he dicho, con mi niña estoy encantado y estoy desando que Bea dé a luz.

Quien me iba a decir el vuelco que dio mi vida el día que accedí a llevar a Rocío a casa de su amiga Ana...


Escrito por Ifardavin

Rocio y yo (1ª parte)



Es curioso lo que piensa la gente, en general, sobre la familia. Siempre los vemos, o al menos ese es mi caso, como seres asexuados, cada uno con su personalidad, pero sin sexo definido. Para muchas cosas, una hermana es como un hermano, un padre como una madre, son personas a las que hemos visto desde que hemos o han nacido y ni se nos ocurre tener algún pensamiento sexual hacia ellos. Sin embargo, siempre existen excepciones que confirman la regla y se generan situaciones, en principio inesperadas, pero que luego son recordadas como alguna de las experiencias más gratas de nuestra vida.

Cuando tenía 18 años, yo era un chaval normal y corriente, acababa de empezar la universidad después de haber estudiado toda la vida en un colegio de curas donde solo había chicos y, si bien conocía a algunas amigas de mis hermanas que estudiaban en el colegio de monjas que había al lado, nunca había salido con ninguna chica en serio aparte de algún rollete de verano cuando íbamos de vacaciones a la playa. Era totalmente virgen, bastante puritano (por poco no fui al seminario a estudiar para sacerdote), muy deportista y también  bastante casero.

Tenía pocos amigos, más que nada por mi timidez, siendo del tipo de gente que se lleva bien con todo el mundo pero que no acaba de encajar en ningún grupo. Salía algunos fines de semana con amigos de mi antiguo colegio o con los nuevos de la universidad, sobre todo después de algún partido de fútbol o de lo que fuera -jugaba al fútbol, rugby, nadaba, esquiaba, jugaba al tenis, iba a examinarme para sacar el cinturón negro de judo y siempre practicaba cualquier deporte que pudiera- , pero en general, solía salir solo, al cine o a dar una vuelta.

Mis hermanas eran y son dos chicas preciosas, de pelo rubito y ojos azules, de estatura media, delgadas y con tetas y culo en su justa medida, o sea, un encanto. Eran casi tan deportistas como yo, sobre todo la pequeña que estaba en el equipo del colegio de gimnasia rítmica y era bastante buena. La mayor, soy el mediano, solía ir conmigo a esquiar y a nadar, pero desde que tuvo novio, las cosas fueron cambiando, como era lógico. También, como he comentado antes, nunca había tenido ningún pensamiento de que alguna vez pudiera tener algo con ellas, pero ya se sabe, las cosas no siempre son como uno piensa que deberían ser.

Vivíamos entonces donde siguen viviendo mis padres, en una urbanización de las afueras, de chalets individuales en calles tranquilas con setos de arbusto bien cuidados, en fin, un sitio tranquilo. Para ir al colegio o a la universidad usábamos el transporte público, un horror por lo que tardaba, o las  motocicletas que teníamos y nos dejaban usar cuando era verano. La única que tenía coche era mi hermana mayor Beatriz, Bea para los amigos, y a veces me lo dejaba para dar una vuelta con él, cosa que me encantaba ya que me acababa de sacar el carnet de conducir.

Todo el asunto empezó precisamente por esta causa. A mi hermana Rocío, la pequeña, que tenía unos 15 años por aquel entonces, la invitaron a casa de unos amigos a pasar el día. El sitio en cuestión estaba un poco  lejos de donde vivíamos, así que me pidió que la llevara en el coche de Bea, que se lo había pedido a ella pero no podía y que me lo dejaba todo el día si la llevaba yo. Como era un novato me apetecía conducir siempre que  podía, con lo que no puse ningún reparo para acercarla. Además, ya estábamos de vacaciones,  casi todos mis amigos se habían ido de veraneo y no tenía nada mejor que hacer. Nos fuimos para allí  antes de la hora de comer y siguiendo las indicaciones de mi hermana llegamos a otra urbanización de  las afueras parecida a la nuestra. Era una casa preciosa, rodeada de un seto bien cuidado, con un jardín bastante grande. Dejé a Rocío delante de la puerta y llamó al timbre que había junto a una  pequeña cancela. Le contestaron y cuando ya me iba me hizo señas para que esperara. Se acercó otra vez al coche...

- ¿Que pasa? - Le pregunté - Oye Luis, que me ha dicho Ana que te vengas. Es que le he hablado muchas veces de ti y te quiere conocer- - ¡Venga ya, tía, no jodas! Yo me piro a dar una vuelta por ahí, para una vez que tengo coche...

- No seas cabrón, anda. Ya le he dicho que estás aquí, y si no te quedas me vas a hacer un feo de la leche.- Joder, vaya vocabulario tenía mi hermana, cualquiera diría que iba a un colegio de monjas. En casa, desde luego, no hablaba así. La cuestión es que estaba intentando convencerme cuando se abrió la puerta del jardín y apareció una chica de unos 15 o 16 años, de pelo castaño claro y unos ojos color turquesa que eran una pasada, buen cuerpo, culo respingón y  unas tetas no muy grandes pero firmes...  Una auténtica monada...  Me quedé con la boca abierta. Mi hermana me la presentó...

- Mira Luis, esta es Ana, una amiga mía del colegio- Bajé del coche de un salto, y acercándome le di dos besos en las mejillas.

Olía de maravilla.

- Hola Luis- Me dijo -Rocío me ha hablado mucho de ti ¿Porqué no te quedas con nosotras y nos bañamos todos en la piscina? Podemos comer unos bocatas, hacer unas risas y pasarlo bien.

- Es que no he traído traje de baño... - Yo seguía con cara de idiota mirándola y no se me ocurrió nada mejor que decir.

- Que sí hombre. Tú te quedas. Te pones uno de mi hermano que a él no le importa.- A estas alturas ya no hacía falta mucho para convencerme del todo, así que aparqué el coche y me fui tras mi hermana y su amiga dentro del chalet. Allí nos encontramos con un chico de más o menos mi edad que me saludó muy amable y se avino enseguida a prestarme el bañador.

Me cambié en su habitación y nos fuimos a la parte trasera de la casa donde tenían una gran pradera con piscina, rodeada de tumbonas, una mesa de jardín con varias sillas y un par de grandes  sombrillas. Era una chulada.

Nos metimos en el agua jugando con una pelota, chicos contra chicas, una especie de partido a ver quien se la quitaba a los otros. Se acabó convirtiendo en una batalla campal, con agarrones, ahogadillas y de todo. Ana siempre se tiraba a por mí y en más de una ocasión me bajó el bañador al intentar coger la pelota, pasando las manos por todo mi cuerpo, arañándome y tocándome todo el paquete que, quieras o no, iba reaccionando. Me estaba poniendo a cien y yo, para no ser menos, hacía lo mismo, tocándole el culo, las tetas y dejándola medio en pelotas. Rocío y Miguel, el hermano de Ana, estaban en la misma situación que nosotros y así continuó el juego hasta que, reventados, decidimos dejarlo.

Nos echamos en las tumbonas a descansar y tomar algún refresco cuando las chicas se quitaron la parte superior del bikini,  para tomar mejor el sol, sacando a relucir unos pechos que si bien no eran demasiado grandes, dada la edad, eran preciosos,  redonditos y firmes como sólo unas chicas de 15 años pueden tener. ¡Que impresión! ¡Que buena estaba Ana! ¡Y qué buena estaba mi hermana! Naturalmente, la empalmada mía fue inmediata, poniéndoseme la polla mirando al cielo. No me esperaba algo así, tan de repente, encontrarme a dos tías buenísimas, casi en pelotas, sin comerlo ni beberlo. No es que nunca hubiera visto un par de tetas, pero así, tan cerca, seguro que no. Estas cosas sólo les pasaban a otros, pero no a mí... Miguel, sin pesárselo dos veces, empezó a bajarse el bañador...

- Oye Luis, si las niñas se quitan la ropa nosotros también, para que luego no digan que somos unos  mirones - ¡Joder que corte! Estaba que me moría de vergüenza y no me apetecía que todo el mundo me viera con el rabo tieso, pero tampoco quería parecer un mojigato delante de mi hermana y sus amigos, así que hice como el otro y me quité el tarje de baño. Mi polla estaba tan dura que me costó un poco pero, tras un corto forcejeo con la prenda, finalmente nos quedamos en pelota  picada. Ana se quedó mirando, embobada, el tamaño de mi pene y le dijo a mi hermana - Tu hermano tiene la polla más grande que el mío. Eso sí que es una polla en toda regla - He de reconocer, aunque esté mal decirlo, que tengo un nabo bastante considerable, y además sin estrenar. Pero lo que más me asombraba era el descaro de aquella chica, y no digamos el de mi hermana, haciendo comparativas de pollas. Daban la sensación de estar más salidas que el pico de una mesa.

Me puse rojo como una amapola y Rocío, siempre cachonda e interesada en temas sexuales no dejó escapar la oportunidad - O sea, que se la miras a tu hermano. ¿Le has visto empalmado? ¿Te lo has follado? - Ana se lo tomó como la cosa más natural del mundo... Algo de verdad tenía que haber en todo aquello. - ¡No, mujer, que va! Follármelo no, solo se la he tocado alguna vez. ¡A él le encanta! Y a mí también me gusta ver como se corre, ¡es guay! Además, aún soy virgen, tía. Siempre me ha dado un poco de palo acostarme con alguien, por el dolor y todo eso que cuentan, pero supongo que alguna tiene que ser la primera  vez... No te creas que no me apetece - Dijo, dirigiéndome una mirada cómpliceYo ya tenía los ojos como platos, no me podía creer todo aquello, estaba alucinando y pensaba que era una broma que me querían gastar entre todos. Rocío sabía que yo era virgen y se lo debía de haber contado a los otros...

No quise caer en la trampa, así que puse cara de estar de vuelta de todo y solté alguna chorrada, como si lo que acababa de decir Ana fuera lo más normal del mundo...Me quedé adormilado un rato en una de las tumbonas cuando, de pronto, me fui despertando poco a poco sin saber muy bien porqué.

Al momento lo entendí. Mi hermana se estaba dando un revolcón  de órdago con Miguel y Ana y un gritito suyo era lo que me había sacado de mi sopor.

Estaban tirados en la hierba, Rocío a cuatro patas, morreando con su amiga, mientras el hermano de ésta se la clavaba por detrás. Ana aprovechaba para sobarle esas tetas bamboleantes y tirarle de los pezones con fuerza, hasta que cambió de postura y, acostándose boca arriba, le ofreció todo el coño a mi hermana que no tardó en lanzarse sobre él y empezar a chupar con desesperación. Le lamía el clítoris y le metía la lengua en la vagina al ritmo que marcaban las embestidas de Miguel. La escena no es que fuera erótica, era de porno duro con lo que mi polla despertó de nuevo a velocidad de vértigo. No me podía imaginar que mi hermana fuera tan putón y que encima le diera igual con tíos que con tías. En fin, dadas las circunstancias decidí quitarme todos los tabúes de encima y no pensar en moralidades  así que acercándome  le metí el rabo en la boca a Ana que era la que me pillaba más a mano - No iba a hacer que me la chupara mi hermana y menos Miguel -.

Parecía que era lo que esperaba porque, sacándoselo un memento, me dedicó una sonrisa super cachonda y se lo volvió a meter hasta las pelotas. Casi me corro en ese momento. Empezó a juguetear con la lengua por todo el glande, a chupar con fuerza y de repente me sopló por el canalillo como si me lo quisiera hinchar. Aquello fue lo más, nunca había tenido una sensación igual y empujando con las caderas a fondo me pegué la corrida más fabulosa de mi vida, soltando borbotones de leche que fueron directamente a la garganta de ella, justo en el momento en que también alcanzaba un orgasmo producido por la lengua de Rocío que no había parado de trabajarle el coño en ningún momento.

- Cof, cof, cof Aaaaaaaaa aaahhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, maaaaaassssssssssss, sigueeee, sigueeee - No sé si se lo decía a mi hermana o a mí, lo que sí estaba claro es que estaba disfrutando como una loca, sin soltar mi polla que daba aún sus últimos estertores  sobre su cara y tetas.  Se lo fue restregando por el pecho y yo me giré justo en el momento en que Miguel llenaba de leche el coño de mi hermana mientras ella también se corría patas abajo, gritando como una actriz de película erótica. Nos desmadejamos sobre la hierba, intentando recuperar un poco el resuello. Seguía pensando en lo golfa que había resultado ser mi hermana, cuando la muy puta coge mi polla, un poco flácida, y me la empieza a chupar entera. Pegué un salto de la leche - ¡¡¡Rocío!!! ¿Se puede saber qué coño haces??? - Una cosa era ver a mi hermanita follar con un tío y otra que me comiera a mí todo el rabo...- Luis, tío, como Ana no ha terminado de limpiártela bien, pensé que te convenía, por la higiene y eso... - Me dijo con una cara de vicio de impresión.A mi se me estaba cayendo el palo del sombrajo, los anillos y todo lo que se pueda caer. ¡Mi propia hermana queriéndome limpiar la polla! - ¡Joder Rocío, que soy tu hermano mayor, coño! - - ¿Y que? ¿No eres un tío? Y además estás super bueno, con un pollón alucinante, de lo mejorcito que he visto. No sé como no te has estrenado todavía con esa hermosura que tienes entre las patas -Yo alucinaba en colores, pero en ese momento Miguel se acercó a su hermana y se puso a besarla en los labios mientras le acariciaba las tetas con delicadeza. Bajó su boca hasta el pecho, empezó a morderle suavemente los pezones que reaccionaron endureciéndose y le metió un par de dedos en su cueva. Ana suspiraba de placer y segregaba jugos vaginales a raudales.

¡Hostias! ¡No era broma! ¡Estos hermanos se lo montaban entre ellos! Aprovechando mi despiste mi hermana siguió con la faena de limpieza. ¡Que experiencia tenía chupando pollas! Me la recorría de abajo a arriba con la lengua y al llegar al glande hacía unos jueguecitos sobre la zona del frenillo para después metérsela entera y pajear rápidamente con la mano.

Después paraba, bajaba otra vez a lo largo del tronco y chupaba un ratito los cojones.

Me puso la polla como la de un burro y, haciendo una pausa, subió hasta mí, me dio un beso en los labios y me dijo al oído - Ana quiere que la desvirgues tu... - Y allí estaba, calentándose con su hermano como Rocío me había calentado a mí. No quise esperar, tenía ganas de estrenarme así que me acerqué a ella con ese ansia que se tiene la primera vez.

¡Voy a follar! No dejaba de repetirme interiormente. Esperaba estar a la altura y no correrme enseguida. Intenté tranquilizarme y recordar todo lo que había visto y leído sobre el tema. Ya tenía claro lo que había que hacer, la cuestión es que me saliera bien y no lo echara todo a perder por ser un bestia o por una eyaculación precoz.

Sustituí a su hermano en las caricias, sobándole las tetas, amasándolas y pellizcando los pezones con el índice y el pulgar. Luego giraba los pulgares por sus areolas para, finalmente, meterme en la boca la teta entera, o todo lo que cabía. Así de un pecho a otro haciendo que jadeara cada vez más. Me acerqué a su boca a darle un beso, con delicadeza, besaba los labios para luego morderlos, primero el inferior, luego el superior e introducía mi lengua, jugando con la suya, repasándole los dientes. Mientras, con la mano derecha iba acariciándole el clítoris y metiendo un dedo en su vagina.

La besé las orejas, cosa que la puso muy cachonda y fui bajando por el cuello, otra vez las tetas, el ombligo hasta llegar a ese coñito tan bien arreglado que tenía. Acomodé mi postura para meter bien la cabeza entre sus piernas y, levantándola un poco por el culo, me dispuse a hacerle un trabajo que le hiciera olvidar el anterior de mi hermana (que, por cierto, se había puesto otra vez a darle con Miguel) Chupaba con los labios, metía la lengua y volvía a chupar. Enseguida vi que lo que más le gustaba era que cogiera el clítoris con los labios y, chupando hacia adentro, darle fuerte con la lengua. Total, me dediqué a ello hasta que Ana empezó a gritar, resoplar y retorcerse en un gran orgasmo. Seguí chupando con fuerza, me bebía todos sus jugos y ella seguía gritando...

-¡AAAAAAAAAA AAAAHHHHHHHHHHHHH! ¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH! PARAAAA, para que me muero, AHH, AHH, AHH - Paré porque parecía que se moría de verdad...

- Que gozada, Luis, tío, no había tenido un orgasmo así en mi vida - Sonreí triunfador, para ser mi primer polvo en serio estaba quedando como un campeón. Desanduve el camino con la lengua, ombligo, tetas, cuello, orejas hasta estamparle un besazo en todos los morros haciéndola saborear el producto de sus orgasmos mientras iba tomando posición. Había llegado la hora de la verdad. Guié con la mano mi polla hasta encontrar el deseado agujero y comencé a presionar. A pesar de la cantidad de flujos, aquello no entraba como había pensado, con facilidad, costaba más de lo esperado.

Empujé con más fuerza y poco a poco lo iba consiguiendo, pero también me tiraba a mí del frenillo haciéndome un poco de daño. Me paraba, la sacaba un poco y la volvía a meter. Ella apretaba los dientes y jadeaba muy fuerte, esperando. Llegué a una resistencia que me impedía seguir avanzando y allí me detuve un momento, esperando acostumbrarme a su estrechez.

Cuando la vi más relajada, empujé de golpe, como había leído en algún sitio.

Soltó un gemido con la boca apretada, me clavó las uñas en la espalda y mi rabo entró hasta las pelotas. Tuvo un orgasmo inmediato, corto y fuerte. No sé a quien le dolió más, si a ella o a mí, me había hecho polvo pero, a la vez, sentí la sensación más agradable de mi vida al rodear sus labios vaginales la base de mi polla. ¡Lo había conseguido! No sólo me había estrenado yo sino que había desvirgado a una tía buenísima.

Me quedé quieto otra vez, besándola y sobándole las tetas hasta que se me pasó el dolor que sentía. Despacio, fui sacándola para volverla a meter, despacio. Aquello iba cada vez mejor, ya se deslizaba sin contratiempos y tampoco me dolía, fui acelerando. Los jadeos de ella aumentaban, levantaba las piernas cada vez más y las flexionaba y yo intentaba, cada vez que llegaba al fondo, restregar su clítoris con mi vello púbico. Aquello funcionaba, empezaba a temblar entera, sus tetas se bamboleaban y tenía la cara toda arrebolada, estaba preciosa. Agarrándome fuertemente y arqueando la espalda, llegó a un nuevo éxtasis, muy prolongado que la hacía gemir más fuerte aún.

-AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH, AHH, AAHH, AAAAAAAAHHHHHHH, AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH - Ante el éxito obtenido, yo seguía dale que te pego. Cambié de postura, la puse a cuatro patas y se la enchufé por detrás. Así me entraba todavía más y mis pelotas rebotaban en sus labios vaginales. Aceleré el ritmo y con una mano le iba frotando el clítoris, subiéndola luego a los pezones, para volver al coño. Empezó a encadenar un orgasmo tras otro y a moverse como una loca, empujando el culo hacia atrás cada vez que yo iba hacia delante, era la locura y yo no pude aguantar más, empecé a correrme a lo bestia, apretando fuerte la polla hacia adentro, hundiéndole hasta el cuello de la matriz. Fue apoteósico, me dejé caer sobre su espalda mientras ella caía derrengada sobre la hierba. Estábamos empapados de sudor y mi pene seguía soltando los últimos goterones de leche aún dentro de su coño.

Nos fuimos relajando, recuperando la respiración, solo para ver como terminaban su polvo Miguel y Rocío entre grandes gritos y suspiros. Esto nos hizo sonreír, me bajé de encima de ella y le di un beso con toda mi alma y mi cariño. No sabía que yo fuera tan romántico o sentimental. La acariciaba suavemente la espalda y el pecho y le daba besitos en los labios.

- ¿Te ha gustado? - La pregunté. Típica pregunta que, no sé por qué, hacemos siempre los hombres.

- Me ha encantado, ha sido genial. Más que genial, ha sido maravilloso, lo mejor de mi vida. - Eso hizo que me sintiera una especie de super hombre, la volví a besar con cariño.

Mi hermana se nos acercó gateando hasta ponerse en medio de nosotros, mientras que Miguel se tumbaba al lado de su hermana.

- Ha sido fenomenal Miguel, casi no me ha dolido y he tenido más orgasmos que pelos en el coño. - - Así me gusta Anita. A partir de ahora ya no tendremos ningún problema, por tus miedos y eso. Nos lo pasaremos genial - Se puso a besar a su hermana en la boca mientras ella le correspondía metiéndole la lengua hasta la campanilla. Rocío se giró hacia mí, me miró a los ojos, me sonrió y me dio uno de los besos más dulces que me hayan dado nunca. A pesar de mi asombro inicial, enseguida le correspondí, jugueteando con su lengua y sus labios. Ella se lanzó y empezó a acariciarme la espalda, el pecho hasta llegar a mi polla, flácida en esos momentos. Me pasó una pierna por encima mientras intensificaba sus besos y caricias, pero aquí reaccioné, separando mis labios de su dulce boca - Rocío, para. No puede ser. Mira, lo que hagan Ana y Miguel no me importa, pero nosotros... no me parece bien - Ella, sin contestarme, no paraba de intentar besarme y acariciarme y yo apartaba la cara y le intentaba coger las manos...

- ¡Rocío, que pares coño! - Me sujetó la cara con las manos y me dio un solo beso en la boca. Yo cerré los labios.

- Pero tonto, ¿No ves que estoy quedada contigo? - - ¿Qué estás quedada conmigo??? ¿Tú sabes que coño estás diciendo??? ¡Mira niña, que somos hermanos, a ver si te entra en la cabeza! - - ¿Y qué si somos hermanos? A mí me gustas y te quiero, no lo puedo evitar.

Te quiero como hermano, pero también como hombre y, por más que he tratado de evitarlo no he podido, por eso he querido que vinieras aquí, para que vieras cómo son Ana y Miguel y te lanzaras conmigo. - Mi hermana estaba empezando a sollozar y una lágrima rodaba por sus mejillas. Ya no me preocupé por los otros y sólo veía a Rocío, el resto del mundo había desaparecido. Me descubrí sentimientos contradictorios y en mi subconsciente se estaba librando una lucha mortal. Mi hermana me quería como hombre... Era más de lo que podía asimilar... Además, si tanto me quería, porqué había hecho que desvirgara a su mejor amiga... ¡Y había demostrado ser un putón verbenero! - ¿Y porqué  has querido que me follara a Ana? ¿Y Miguel? ¡Te has echado unos polvos con él de la hostia, aparte de comerle el conejo a tu amiga! - Ya...  bueno... A Ana se lo debía, es mi mejor amiga y me lo había pedido, el que te la follaras, claro, no creas que no me jode y lo de comerle el coño ya lo habíamos hecho algunas veces. No es que seamos tortilleras, porque nos van los tíos, pero las tías somos así a veces. Y lo de Miguel era por darte celos. - - ¿Celos? ¡Yo es que alucino contigo! ¡Cómo me van a dar celos!. - Rocío seguía llorando y eso me ablandaba cada vez más. No soporto ver llorar a una mujer. - ¡Mi hermana!. ¡Quedada conmigo! - Seguía pensando...

- Luis, no te lo tomes así, tampoco es la primera vez que ocurre una cosa así en el mundo. Pero si pasas de mí, lo dejamos y ya está... Lo que no quiero es que te cabrees conmigo... - ¡Joder, qué lío! ¡Yo con mi hermana! ¡Era una locura! ¡Qué pensarían mis padres! ¡Y Bea! ¡Seguro que se morían del susto! Nos amenazarían con todas las furias del infierno, la excomunión, nos echarían de casa o algo peor...

Claro que, si lo pensaba bien, tampoco era tanta locura. A Rocío la quería de verdad, la había visto crecer, había jugado con ella, nos contábamos secretos... De ahí a enamorarse sólo va un paso... Grande y difícil pero sólo un paso... Había que quitarse algunos tabúes o, mejor dicho, todos los tabúes... ¡Y pasar del resto de la familia! Pero me decidí. Entre lo guapa que estaba, desnuda encima de mí, las lágrimas, las caricias y los besos hicieron que mis barreras cayeran como las murallas de Jericó.

Le cogí la cara y besé sus lágrimas, sus ojos, su nariz y, finalmente, su boca. Metí mi lengua todo lo que pude buscando la suya, que no tardó en reaccionar. Acaricié su pecho izquierdo, que me quedaba a mano, amasándolo y jugueteando con el pezón, haciendo que sus suspiros de llanto se tornaran en suspiros de placer. Fui bajando la mano derecha por su costado hasta el culo, que sobé y disfruté con lujuria. Luego, metiendo esa mano entre nuestros cuerpos, la fui acercando a su rubio coñito, acariciándole toda la raja, hasta llegar a la entrada de su vagina, que se abrió a mi contacto como los pétalos de una flor.

Mi polla iba reaccionando y empalmándose poco a poco, así que Rocío no perdió el tiempo y se lazó a por ella rápidamente, no fuera a cambiar yo de opinión. Se la introdujo en la boca con un poco de ansia y me la chupaba como si fuera lo último que hiciera en su vida, mientras me pajeaba con una de sus manos. Le giré el culo hacia mí para poder comerle el coño y, así como estábamos, yo debajo y ella encima, hicimos el primer 69 de mi vida. Yo chupaba el clítoris con los labios y jugueteaba con la lengua por su agujerito, mientras le sujetaba las caderas con las manos haciéndola un movimiento de vaivén sobre mi boca. Sus jugos chorreaban y yo me los bebía con deleite, se acercaba a su orgasmo y aceleré mis movimientos. Ella soltó mi nabo para concentrarse en sus sensaciones...

- AAAAAAAAHHHHHHHH SSIIIIIIIIIIIII LUISSSSSSSSSS TE QUIEROOOOOOO - Temblaba y se retorcía sobre mí mientras se pegaba semejante corrida. Cuando se relajó un poco se dio la vuelta y nos dimos un beso super cachondo que sabía a coño y a polla. Me cogió la susodicha y guiándola a su entrada se fue sentando poco a poco sobre ella.

¡Que sensación otra vez! La verdad es que entraba mejor que en Ana, me deslizaba con cierta facilidad dentro de ella,  pero seguía notando tirantez en el frenillo. Eso no evitaba sentir sus labios vaginales abrazar la base de mi polla mientras empujaba el cuello del útero hacia el fondo. Eso le tenía que doler pero, por la cara que ponía, el placer debía de ser mucho mayor. Me cabalgaba despacio, rozando el clítoris con mi cuerpo y besándome por toda la cara y el cuello. Yo le devolvía los besos y levantaba mis caderas intentando una penetración más profunda, empezó a  acelerar, levantó un poco la cabeza para mirarme fijamente a los ojos, con la boca abierta jadeando más fuerte cada vez. ¡Qué guapa estaba! ¡Qué ojos tan azules! ¡Dios, cómo la quería! Intenté que mi orgasmo coincidiera con el suyo por lo que yo también aceleré, y sentí, de repente, el mayor placer de mi vida mientras ella soltaba un alarido de triunfo con su llegada.

- AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAHHHHHH HHHHHHHH - Sin embargo, mientras me corría y ella empujaba con fuerza hacia abajo "oí" un chasquido y empecé a sentir un escozor tremendo en el capullo.

- ¡AAAHHHH! ¡Rocío, quita, quita, que me ha pasado algo. - Se bajó de encima de mí y vi que tenía el rabo un poco ensangrentado. Al final me había desgarrado el frenillo y me dolía de cojones. Mi hermana se puso a reír mientras yo me retorcía. Ana y Miguel, que habían acabado con lo suyo, se acercaron a mirar y acompañaron las risas de Rocío.

- ¡Coño, que daño! ¡Y dejar de reíros, leches, que no tiene ninguna gracia!.

Me fui con Miguel a su habitación para hacer una cura de urgencia. El asunto era más aparatoso que grave y poco a poco dejó de sangrar. Me duché, me puse unas gasas alrededor del capullo para no manchar la ropa y me vestí. Cuando volvimos a la piscina las chicas se habían puesto sus bikinis y nos esperaban.

Estuvimos el resto del día haciendo bromas sobre mi polla, pero a mí no me molestaron. Rocío no se despegaba de mi lado y, de cuando en cuando, me daba un beso en los labios.

Estuve una buena temporada sin follar pero, a partir de entonces, mi hermana y yo comenzamos una relación más en serio.

Al principio tuve remordimientos por lo que habíamos hecho, pero Rocío se encargó pronto de disiparlos y, al poco tiempo, éramos como novios. Digo "como novios" porque tampoco podíamos ejercer como tales en casi ningún sitio. Ella demostró ser más madura que yo en ese aspecto ya que, una vez rota la barrera, yo iba lanzado, queriendo follar continuamente (le había cogido gustillo al asunto), pero Rocío siempre se encargaba de guardar las apariencias, en casa y en el colegio,  planificando todo con antelación.

Así, cuando acabé la carrera, se encargó de que buscara trabajo fuera de Madrid, en una capital de provincia del norte. "Casualmente", tres años después, cuando ella acabó la suya, aprobó unas oposiciones y la trasladaron a esta ciudad y, naturalmente, se vino a vivir conmigo. Esto les pareció muy normal a nuestros padres, que seguían sin enterarse de nada, así que quedamos instalados en mi casa desde entonces. Aquí somos "pareja de hecho", cosa que ya no extraña a nadie en este país, haciendo visitas cada vez más esporádicas a la casa paterna.

Ya han pasado unos años  y Rocío está cada vez más guapa y más enamorada, igual que yo. Follamos como locos a todas horas y en cualquier lugar. Esto de ser pareja de una hermana tiene sus ventajas, ya que apenas se discute por los problemas que suelen tener los demás, se está más compenetrado y, por más que se quiera, sabemos que no podemos dejar de querernos porque tenemos un vínculo más fuerte que los demás.

Claro que... ¡A ver cómo explicamos el tripón que tiene a nuestra familia!


Escrito por Ifardavin

Hace unos años con Ana



Esta es una historia real y, como sucede en estos casos, solo cambiaré los nombres de sus protagonistas, por si acaso, que el mundo es un pañuelo.

Soy el tercero de seis hermanos, tengo dos hermanas mayores que yo, otras dos más pequeñas y por último un hermano, de una familia de clase media alta, en la que nunca ha faltado nada sino más bien al contrario. Nuestra vida, hablo de hace unos años, era normal y rutinaria, de casa al colegio y del colegio a casa. Miércoles, sábados y domingo judo, martes y jueves natación, fines de semana de invierno esquí, sábados por la mañana fútbol. En fin, una vida sana y muy programada.

Estudiaba en un colegio de curas y, aunque no era el primero de la clase, sí que tenía, generalmente, buenas notas. Entre los hermanos nos llevábamos bien, con las peleas normales cuando éramos más pequeños y un mayor acercamiento cuando fuimos creciendo.

Cuando terminé el colegio, empecé a estudiar en la facultad de medicina y para mí supuso un cambio tremendo. El colegio, sin ser un agobio, sí que había sido bastante estricto en lo que se refiere a estudios, conducta,...

etc., sin embargo todo esto desapareció al entrar en la universidad. Todo era libertad, si no querías ir a clase, no ibas, con lo que aquel primer trimestre fue un desmadre. Nunca había salido con chicas y ahí tuve mis primeros rolletes, mis primeras borracheras y mis primeras juergas. Hasta ahí, todo normal.

Claro, este cambio de actitud fue enseguida notado por mis padres que tomaron, rápidamente, cartas en el asunto. Me empezaron a controlar las salidas, los estudios - mis notas del primer parcial fueron realmente penosas  - y hasta los amigos. Volví un poco a la rutina estudio - deporte que había tenido durante mi etapa escolar. Mis amigos de la facultad se convirtieron en meros compañeros de clase, ya nada de francachelas.

Consiguientemente, con quien empecé a salir los fines de semana fue con mi hermana Ana, la que va justo detrás de mí y tiene un año y medio menos que yo, y sus amigos, todos pertenecientes a las juventudes de una parroquia.

Mis hermanas mayores tenían novio e iban a su rollo y los pequeños eran demasiado pequeños para mí. En el grupo de mi hermana se hacían catequesis, charlas religiosas, misas... pero el ambiente no era tan horrible como pudiera parecer, pues a pesar de que  había quien estaba todo el día con la cantinela de "vamos a rezar vísperas", "vamos a rezar laudes", no era todo el mundo y en el grupo había de todo, además de disponer de un local estupendo para nosotros.

Mi entrada en el grupo fue bien recibida, sobre todo por parte del sexo femenino y, gracias a mi hermana, tuve un par de novias de entre las chavalas más monas que había...

-Oye Chema, que me ha dicho fulanita que le gustas - Era ir sobre seguro.

Lo malo es que, dado el ambiente en el que se movía esta pandilla, todo acercamiento sexual consistía en unos cuantos besos y algún magreo detetas por encima de la ropa. Las chicas estaban siempre pendientes de sureputación, la que se dejaba tocar por alguno de sus novietes por debajo del sujetador ya era considerada una golfa. ¡Qué tiempos...!

La cuestión del asunto es que Ana y yo cada vez nos teníamos másconfianza, nos contábamos más cosas y nos íbamos haciendo inseparables.

Eso no quiere decir que diéramos de lado al resto de hermanos pero, al salir juntos en la misma pandilla, la compenetración era mayor.

Poco a poco y, sin que me diera cuenta prácticamente, mi hermana me iba pareciendo mejor que cualquiera de las chicas con las que andábamos, las comparaba con ella y siempre salía ganando Ana.

Un día, en una discoteca, sonaba música lenta, yo estaba un poco achispado y, además, me gusta poco bailar; de las chicas que había no me gustaba ninguna por lo que permanecía sentado a mi bola y con mi cubata, al que no daba tregua.

Ana estaba muy mona, su pelo negro le llegaba casi a la cintura, suelto, enmarcando una cara preciosa donde se veían unos ojazos enormes una naricita respingona y unos labios de esos que dicen cómeme. Llevaba una minifalda, no excesivamente corta pero sí lo suficiente para enseñar unas piernas que ya quisieran para sí cualquiera de las chicas que he conocido y un jersey cortito y muy ceñido. No tenía unas tetas de escándalo pero sí muy bien puestas y redonditas, de esas caídas hacia arriba de puro tieso.

Se le ocurrió la feliz idea de sacarme a bailar y yo me resistía pues no tenía ninguna gana, pero insistió tanto que finalmente fuimos de la mano a la pista.

Sonaba la música... El alcohol corría por mis venas... Ana me dijo que me quería mucho, que era su hermano preferido. Me hizo mucha ilusión y,  casi sin querer, le di un beso en los labios. Fue un beso corto aunque no excesivamente, sin lengua, pero muy apasionado. Me puse como un tomate y le pedí perdón, pero ella solo sonrió y me dijo que no por bailar juntos nos teníamos que enrollar.

Ya sé que era broma y sé que ella no pensó nada raro pero yo tuve una especie de revelación: se me hizo un nudo en el estómago, otro en la garganta y, lo que es peor ¡Me había empalmado!

¡No podía ser!. ¿Cómo me podía enamorar de Ana? ¡Con la cantidad de tías que hay por ahí! Sin embargo, la realidad se me iba haciendo cada vez más evidente, cuanto más lo pensaba más seguro estaba; en los sentimientos no se puede mandar.

Disimulando todo lo posible seguimos bailando un rato y luego nos fuimos a casa, yo bastante serio y mi hermana, alegre como siempre, sin sospechar lo que pasaba por mi cabeza.

Me fui dejando llevar... Mi relación con ella no cambió por esto, no iba a dejar que se me notara nada, hubiera sido tremendo tener que dar explicaciones. A pesar de que mi hermana está bastante buena, nadie me habría entendido y sería el cachondeo de todo el mundo, eso sin contar a mi familia ¡Catástrofe total!

Ahora bien, conforme iba pasando el tiempo, más ganas tenía de decirle a Ana lo que sentía, pero seguía sin atreverme, no encontraba la manera de hacerlo. Cualquiera va y le dice a su hermana - Oye, ¿quieres enrollarte conmigo? - o - Mira Ana, que me he enamorado de ti, que me gustas un montón y que si quieres que echemos un polvo - No me parecía muy ético, pero algo había que hacer...

Por aquella época mi hermana no estaba saliendo con nadie, cosa curiosa, así que pensé que podría tener más posibilidades de éxito en mi empresa, aún siquiera por definir.

Empecé a mostrarme más íntimo en mis conversaciones con ella, le hablaba de mis gustos y experiencias sexuales, de las chicas que había en la facultad y con las que, al principio, había tenido algún escarceo... Todo con la esperanza de que me viera como yo la veía a ella, que tuviera celos de que alguien se metiera en medio de nuestra relación, tan íntima y especial. No notaba yo grandes avances pero tampoco me atrevía a ir más allá...

Un sábado cualquiera habíamos quedado todos los amigos para jugar un partido de fútbol en el campus de la universidad y decidimos hacer una sangría para pasarlo bien y que los espectadores, o sea, las chicas y los que no jugaban de la pandilla, pudieran ponerse a tono, amén de utilizarse como elixir para los jugadores. En un garrafón metimos el vino, el limón, la fruta, el azúcar y, por si acaso, un litro de coñac y otro de ginebra.

Aquella sangría era un bombazo.

Ya jugando, cualquier excusa era buena para acercarse a la banda y beber un vasito de aquel bebedizo, así que con el paso de los minutos, en vez de un equipo de fútbol éramos una panda de borrachos arrastrándonos por el campo. En la grada, ni te cuento.

En un momento del partido y por estar ya bastante bebido me llevé una patada descomunal que me dejó revolcándome en el suelo de dolor. Enseguida salieron las masajistas, todas las chicas de la pandilla, montando juerga y con el garrafón. Me llevaron fuera del campo y me hicieron beber un vaso tras otro, con lo que fui subiendo el grado de embriaguez de forma más que considerable. Ya no veía un balón sino dos y acabé deambulando por el campo hecho cisco. Mi hermana se empezó a preocupar y pidió que me cambiaran para llevarme al vestuario a darme una ducha a ver si me despejaba.

Me ayudó a llegar y allí me quedé tirado en un banco incapaz de moverme de la tajada que tenía. Ana no se había atrevido a entrar por ser el vestuario masculino pero, viendo que yo no contestaba a sus llamadas desde fuera, se decidió, encontrándome hecho una piltrafa.

-Chema, venga, levántate, vamos a la ducha –

-No puedo, no me puedo ni mover. Si me levanto, todo me da vueltas y me encontraré peor, ya lo sabes - Dije con voz gangosa y sin levantar la cabeza.

-Ven, te voy a llevar a la ducha. Seguro que luego te sientes mejor.

Venga, ayuda algo que no puedo sola contigo... - Ana intentaba tirar de mí pero yo pesaba demasiado para ella y no hacía ningún esfuerzo.

Siguió insistiendo hasta que consiguió ponerme sentado en el banco. Yo estaba con la cabeza agachada entre los brazos, con unas náuseas terribles. Me quitó las botas de fútbol, las medias y las espinilleras e intentó ponerme de pié. A duras penas me sostenía...

-Vamos, quítate la ropa para ducharte, no pretenderás hacerlo vestido... -

-¡Joder, Ana! ¡Que no puedo! ¡Me encuentro fatal!- No se como había llegado a ese estado. Muchas veces me había emborrachado, pero nunca asta ese punto; debía ser que estaba en ayunas y que la sangría con coñac y ginebra era muy fuerte y entraba muy bien. A raíz de la patada me haría bebido más de un litro casi de golpe, más lo que llevaba de antes...

Fue ella la que me quitó la camiseta y el pantalón de deporte dejándome desnudo. Naturalmente, ella nunca me había visto así y se quedó un momento recreándose la vista. Al ponerme ella de pie sucedió lo inevitable; mis náuseas fueron en aumento y me tuve que meter en un váter a vomitar. Eché hasta mi primera papilla mientras Ana intentaba mantenerme erguido. ¡Qué espectáculo! Desnudo delante de mi hermana y vomitando mientras ella hacía de buena samaritana, aparte de la vergüenza me sentía profundamente agradecido para con ella.

Me llevó medio a rastras a las cabinas de duchas, me metió en una de ellas y, en cuanto me soltó, caí desmadejado a suelo. Vuelta a levantarme con muchísimo esfuerzo, no me tenía en pié sin ayuda, así que, ni corta ni perezosa, mi hermana abrió el grifo del agua mientras me sujetaba. La ducha cayó sobre los dos, a mí despejándome un poco y a Ana empapándole la ropa. Dio un gritito y se apartó, dejándome caer otra vez.

-Espera un momento - Me dijo, y empezó a desnudarse mientras yo estaba allí tirado.

-No tengo más ropa y no voy a volver calada a casa. Me puedo coger una pulmonía. - Dejó sus vaqueros, camiseta, jersey y ropa interior bien
extendidos en otro de los bancos del vestuario y se metió conmigo en la ducha ayudándome a levantar otra vez.

Yo tampoco la había visto desnuda en mi vida y me quedé alelado. ¡Que buena estaba! Esas tetas bien tiesas ganaban mucho al natural y qué culo. Tenía un culo de infarto, tieso, duro, respingón... ¡Y que decir del coño! Lo tenía depilado por las ingles, dejando el vello justo. ¡Era una maravilla!

A pesar de la borrachera que tenía mi polla reaccionó de inmediato y, sin poderlo evitar, le puse una mano en las tetas. ¡Guau! ¡Qué suavidad!

-¡Oye! ¡No te emociones! ¡Ni se te ocurra ponerme una mano encima, idiota! - Si tenía alguna duda de cómo decirle a Ana que me gustaba quedó disipada al momento. Debí poner una cara de hecho polvo tremenda...

-Venga, no seas tonto y deja que te duche - Dijo, con una voz mucho más cariñosa. Empezó a enjabonarme todo el cuerpo con sus manos ¡Qué gozada! Me frotó el pecho, la espalda, las piernas y, por fin el culo. Luego se dirigió a mi polla y la dio un repaso de órdago, yo creo que se estaba tirando más tiempo con ella de lo necesario

-¡Vaya empalme tienes!. ¿Siempre la tienes así cuando bebes o es porque estoy en pelotas? - Su tono era entre cariñoso y divertido...

-¡Hombre, si me la sobas así qué quieres... - Le dije mientras seguía apoyado contra la pared de la ducha

-No vengas con cuentos que ya estabas empalmado antes de que te enjabonara, Lo que pasa es que te excito. ¡Mira que ponerte así con tu propia hermana! ¡Los hay guarros! –

Me estaba dejando alucinado pues, mientras me decía esto de una forma más que cachonda, me estaba haciendo una paja en toda regla, o eso me parecía, apoyando sus tetas en mi espalda y restregando, poco a poco, su pubis con mi culo. Me di la vuelta y me la quedé mirando fijamente a los ojos. Todo lo fijamente que podía porque veía cuatro en vez de dos. El agua seguía cayendo sobre nosotros, estaba preciosa con el pelo mojado y además, seguía moviendo la mano de arriba abajo sobre mi pene a punto de reventar. Pero el alcohol hace maravillas y estaba teniendo un aguante fuera de lo normal. No dije nada, simplemente dirigí como pude mi boca a sus tetas, engullendo el primer pezón que se me puso a tiro. Succionaba con los labios y jugueteaba con la lengua, así de un pecho a otro mientras ella había tenido que soltar mi aparato y sujetarme para que no me volviera a caer. Empezó a suspirar quedamente, apenas audible por el ruido del agua al caer. Dirigí mis manos a su culo y empecé a sobarlo y a amasarlo con ganas. Que culo tan rico, que suavidad la de su piel, qué pezones, qué tetas... Me estaba poniendo a mil.

Delicadamente fui bajando a lo largo de su tripa hasta llegar a su sonrosada alejita. Intentó subirme y cerrar las piernas...

-No Chema... Que soy Ana...Eso no... Déjame... - Me dijo, pero a mí no me sonaba convincente. Qué calientapollas, pensé en ese momento. Me hace una paja, deja que le coma las tetas, pero en cuanto llega la hora de la verdad se echa para atrás.

Hice un poco de fuerza y metí toda la cara entre sus firmes muslos.

Enseguida mi lengua empezó a jugar con sus labios mayores, recorriéndolosde arriba abajo, abriéndolos y buscando su cueva. ¡Qué sabor...! A limpio, a mujer excitada... ¡Alucinante!. A duras penas me sostenía en cuclillas agarrado a su hermosísimo trasero y trabajándole el coño con fruición, pero el agua de la ducha y, sobre todo, la vagina de mi hermana estaban obrando maravillas. Cada vez estaba más despejado y me daba cuenta mejor de lo que hacía. Para mí no había vuelta atrás. Cada vez disfrutaba más y hacía disfrutar más a Ana. Suavemente cogí su clítoris con los labios e hice una pequeña succión frotándolo a la vez con la lengua; le empezaron a temblar las piernas, hacía movimientos de cadera incontrolados y lanzó un gran suspiro a la vez que me apretaba la cara contra ella tirando fuerte del pelo. Sus flujos, abundantes, se mezclaban con el agua y con mi saliva mientras intentaba tragármelos con rapidez.

Como aún me costaba ponerme en pie seguí comiéndome su conejo sin desfallecer, acariciando su culo e intentando meter un dedo en su ano sonrosadito. Esto parece que no le hizo gracia porque enseguida intentó quitarme la mano. Sin embargo, aceleré mis movimientos linguales provocándole un nuevo orgasmo, más intenso que el anterior y así aproveché para introducir el dedo índice completamente y empezar a hacer círculos dentro. Esto hizo que suspirara con mayor fuerza aún y lanzara algún gritito entrecortado. Estaba a punto de desfallecer...

-Chema... Chema... Por favor... No sigas... Por favor... - Dijo, de forma entrecortada.

¡Cómo para parar estaba yo! Poniendo sus manos en mis axilas tiró de mí hacia arriba y yo me dejé hacer. Al estar erguido intenté aprovechar para besarle la boca.

Apartó la cara, no sé si por asco a sus propios flujos o por ser yo su hermano. La verdad es que no la entendía muy bien, era ella la que me había provocado con esa paja inconclusa y lo demás había venido rodado. ¡Y ahora se hacía la estrecha!

Pero yo estaba cada vez más y más excitado, era la mujer de mis sueños, estaba hasta las cejas de alcohol y no iba a dejar que se me escapara.

Cogí su cara con las manos y la obligué a mirarme, tenía una expresiónindefinible entre placer y temor. Mi expresión era de profundo cariño, o al menos eso intenté, y volví a la carga con el beso. Como estaba sujeta no pudo apartarse...

Al principio no fue muy receptiva pero, poco a poco, iba cediendo, iba abriendo los labios, iba colaborando, iba haciéndose a la idea... Aunque después del par de orgasmos que había tenido, no sé a que idea tenía que hacerse. ¿A que veía que iba a perder su virginidad? ¿A que era su hermano el que la hacía disfrutar? ¿A que estaba descubriendo sentimientos similares a los míos? No sé...

Lo que sí sé es que tenía la polla como un garrote y necesitaba meterla en algún sitio. Con suavidad y cuidado, intentando no romper la magia del momento, la fui abriendo las piernas y acercando el glande a su entrada, todo esto sin dejar de besarla. Empecé a empujar popo a poco...

-No, no, no... Por favor... - Era más un lloriqueo de niña indefensa queuna petición, pero yo iba a por todas... Seguí empujando sin descanso hasta conseguir llegar al fondo de su coño virginal. En algún momento debí romperle el himen, pero no me di ni cuenta. Solo disfrutaba del momento ¡Qué gloriosa sensación! ¡Se la había metido entera! ¡Me sentía en las nubes!
Ana, la pobre, tenía los ojos y dientes apretados, debía de haberle hecho bastante daño. Seguí quieto durante un buen rato mientras la besaba el cuello y las orejas con pequeños mordisquitos, a la vez que la sobaba las tetas con pasión. Empecé a moverme despacito, entrando y saliendo... Su tensión inicial iba cediendo, empezaba a disfrutar...

Por primera vez le hable...

-Te quiero Ana. Te quiero muchísimo... – En ese momento me sentía realmente enamorado...

-Yo también Chema, también te quiero. Pero esto... - No la dejé acabar lafrase, le di un beso en la boca con toda mi alma, metiendo la lengua hasta dentro buscando la suya. Su entrega fue total, entablamos una batalla delenguas intercambiando saliva como posesos. Me fui dejando caer al suelo hasta acabar sentado con ella encima de mí. Ahora no logro recordar como pude mantenerme derecho hasta entonces.

Era Ana la que me cabalgaba y en ningún momento se le ocurrió levantarse, ahora que tenía oportunidad. Empezó a moverse cada vez más rápido, jadeaba, restregaba su pecho contra el mío y su clítoris contra mi vello púbico...

Su orgasmo se acercaba a la misma velocidad que el mío, yo no aguantaba más, quise decirle que se levantara, que me iba a correr, que era peligroso... Pero no pude... Empecé a soltar chorros de esperma en su interior con toda la celentura del momento ¡Qué manera de correrme! Levantaba el culo intentando metérsela lo más dentro posible y surtió efecto. Ana se apretó muy fuerte contra mí, me clavó las uñas en la espalda, me dio un mordisco en el hombro y soltó un gran AAAAHHH que casi me deja sordo.

Luego quedó totalmente desmadejada, abrazándome el cuello y dándome besitos tiernos en los labios...

-¡Joder Chema! ¡Qué pasada...! ¿Pero te das cuenta de lo que hemos hecho? -Me dijo con voz aún jadeante por el cansancio del orgasmo.

-¿Lo que hemos hecho? El amor, eso hemos hecho. Es lo normal entre personas que se quieren ¿No? –

-¿Entre hermanos también? –

-Hombre, eso no es tan normal, pero seguro que no somos los únicos - Yo yaintentaba levantarme, caí en la cuenta de que el resto del equipo estaría a punto de llegar y no era plan que nos pillaran en estas condiciones.
-Venga Ana, que seguro que están todos a punto de venir –

Ana se vistió a todo meter, Tenía la ropa un poco mojada, pero eso no le extrañaría a nadie y me ayudó a mí que, aunque bastante repuesto, no estaba bien del todo. Salimos del vestuario justo a tiempo, los demás llegaban bastante alegres a causa de la sangría...

-Vaya Chema, como estabas ¿Eh? - Me soltó uno de mis amigos. Y así elresto, haciendo bromas a causa de mi estado...

-¡Qué tajada chaval!. Que para saber beber hay que saber mear. -
-Iros a tomar por el culo. ¿No habéis visto lo que me han hecho beber las chicas? ¡Un poco más y me meten el garrafón entero! –

-Venga, no te mosquees. Por cierto Ana, estás calada. Pídele a alguna chica que te deje algo de ropa... O te dejo yo mi chándal - Dijo Fernando, uno de la pandilla que estaba un poco quedado con mi hermana, pero ella no le hacía ni caso. Y después de lo que acababa de pasar, menos.

-No te preocupes, Fer, Ya cojo el chándal de Luis – Era cierto, se nos había pasado que yo tenía un chándal para dejarle y que no fuera mojada...

-Oye, que nosotros nos vamos ya en mi coche a casa. ¿Quedamos luego, por
la tarde? –

-Vale, pero deberías esperar un poco para conducir - Nos despedimos de los demás y fuimos a dar un paseo hasta que se me pasaran totalmente los efectos del alcohol. Además nos apetecía estar solos, había mucho que hablar.

-Chema... - Empezó Ana -Esto que hemos hecho... No sé... No debería haber pasado. Me he dado cuenta de que también te quiero, que me gustas, vaya.
Pero eso no quita que seamos hermanos. No se pueden liar dos hermanos, está prohibido y es pecado mortal.-

-¿Pecado mortal? También follar fuera del matrimonio y veinte mil cosas más. Me importa un huevo que sea pecado. Solo sé que ahora no puedo dejarte. Lo único que me da miedo es que se enteren los papás o los demás - Dije, refiriéndome a nuestros hermanos. -Ahí si que no sé que pasaría... Pero lo que sí tengo claro es que no me voy a separar de ti. –

-¿Y como quieres ocultarlo? Esas cosas se notan. Seguro que si siguiéramos acabarían por descubrirlo y entonces fijo que nos matan. –

-Pero... Yo... Ana, después de esto... – Dije con voz entrecortada.

-Déjalo estar Luis. Ya veremos que pasa -

Pasaron los días. Ana y yo manteníamos una actitud normal dentro de casa. Al salir juntos, con los mismos amigos, no extrañaba a nadie en casa que tuviéramos tanta intimidad. Eso sí, al ser tantos hermanos, más nuestros padres y dos chicas de servicio era imposible tener cualquier tipo de encuentro sexual en casa.

Solo me quedaba el recuerdo del increíble sabor de su coño... Del sublime momento de la penetración, para mí el más placentero, más incluso que el propio orgasmo... El haber sentido como los labios vaginales de mi hermana me rodeaban y apretaban la base de la polla me volvía loco... También recordaba cómo me comía sus tetas, son preciosas, con esas areolas rosaditas y esos pezones que se excitan al menor contacto...

Pero, en fin, un día, Ana, al cabo de unas cuantas semanas, descubrió que estaba embarazada. No sé como pudo pasar, solo lo habíamos hecho una vez; a pelo sí, pero mira que es difícil acertar a la primera. El panorama que se nos presentaba era bastante desolador... En España, por aquel entonces, no existía el aborto, ni aún en casos de violación. Ni idea con respecto al incesto y tampoco se me ocurrió preguntarle a nadie.

Pero esa es otra historia...


Escrito por Ifardavin