Piel transparente



Parecía que sus tejanos fuesen su segunda piel. Des de su cintura a sus piernas, podía ver las diferentes partes de su cuerpo bien delimitadas y contorneadas. Hizo un gesto que repitió diversas veces y que me fascinaba observarlo: Ver sus manos agarrando sus pantalones a la altura del cinturón y subírselos con intensidad. En ese preciso momento aparecían todas las comisuras y profundos relieves que las mujeres habitualmente mantienen ocultas. En sólo un instante sentí y absorbí todo aquello que había visto, esto me produjo un leve cambio de temperatura en mi cuerpo e hizo que la noche tomase un nuevo rumbo.

Sus tacones me irían recordando el movimiento de sus nalgas acompasadas. El local era tranquilo, la música jazz sonaba de fondo, y el murmullo de la gente era soportable. Echaba a faltar el humo de los cigarros y los ojos enrojecidos, esto siempre me hacía sentir especial y relajado. No sé por qué. Reconozco que era un ambiente que ayudaba a saborear y disfrutar del aroma de tu combinado, sin prostituirlo con otros olores. Aunque siempre recordaré la frase de un buen amigo: “En este bar huele mal, huele a personas”.

Me levanté de la mesa donde estaba con mis amigos y fui hacia la barra a pedir otra copa. De nuevo me topé con ella, aunque estaba en nuestro grupo de amigos no habíamos estado tan cerca. En esa noche no intercambiamos prácticamente ninguna palabra, sólo se dejó asomar alguna mirada y alguna sonrisa. Me situé detrás de ella con la parsimonia de alguien que espera el turno para conseguir un sorbo de felicidad. No le di la más mera importancia a la situación, hasta que pasó algo que me descolocó totalmente.

Noté cómo una mano topaba con mis piernas y tanteaba insolentemente mis muslos. Sentí que la temperatura de mi cuerpo estalló en unos segundos provocando una rigidez instantánea en mi miembro. Acto seguido inició un recorrido con sus dedos por encima de mis pantalones, alrededor de los genitales, acariciándolos y manoseando. Sus manos despendían un calor insoportable que sumado al ambiente de local provocó que empezase a sudar. El recorrido que trazaba quedaba impregnado en mi mente y deseaba que sus dedos no parasen nunca de moverse, la única conclusión a la que podía llegar era desear que no acabase nunca.

Ella no se inmutaba y continuaba buscando la mirada del camarero para pedir su copa, con un aire de impertinencia. Sus manos continuaban moviéndose de forma independiente a su mirada. Finalmente el camarero le sirvió la copa que había pedido y volvió a la mesa sin dirigirme la mirada. Mis pensamientos tantearon sin un rumbo concreto durante unos segundos, hasta que conseguí aferrarme a la mirada del camarero y pedir mi copa.

Sentía un peso en mi cabeza y una nebulosidad que rondaba alrededor de mi cabeza, cómo si la bebida que había tomado hubiese multiplicado significativamente su efecto. Suerte que no había humo porqué no se podía fumar. Las conversaciones se iban encadenando y yo no podía seguir ninguna. Cabalgaba de frase en frase intentando disimular mi consternación, hasta que vi cómo se levantaba alejándose de la mesa.

Un impulso hizo que a los pocos segundos yo también estuviese levantado caminando detrás de ella. Se dirigía al lavabo de señoras. Entró sin desplazar su mirada a ningún lado ni mostrar el menor intento de girar su cabeza para ver si
alguien la seguía. Tuve mis dudas sobre si debía seguir ese camino, pero se disiparon inmediatamente al comprobar como sus nalgas se ajustaban aún más a sus pantalones. Las costuras de su pantalón ya no estaban visibles, ahora eran únicamente un relieve que quedaba totalmente absorbido por sus nalgas. Continué siguiéndola.

Sin darme cuenta me encontré en el interior del baño de mujeres, extrañamente no había nadie pero sería cuestión de minutos que se presentase alguna fémina. Ella aún no había entrado en el compartimiento individual, seguramente invirtió algunos segundos para verse en el espejo. Al certificar mi presencia apareció algún atisbo de incredulidad en ella, creo que al ver mi mirada de deseo y curiosidad obscena se sintió placenteramente acorralada y continuó caminando hacia atrás hasta adentrarse en el pequeño espacio que se dirigía. Estábamos los dos solos en el habitáculo, sin hablar, mirándonos, oliendo unos aromas que seguramente no serían los más afrodisíacos para el momento. No sabía qué hacer, qué decir, qué tocar, qué besar ni cuál sería la primera pieza que se desprendería de su cuerpo.

Nos besamos, mejor dicho, nos devoramos, llegué a sentir cómo sus dientes chocaban con los míos. Nuestras lenguas recorrían todas las zonas interiores de nuestras bocas, parecían que buscasen alguna cosa de forma desesperada. No recuerdo lo que pudo pasar por mi cabeza, perdí la noción del tiempo y de la situación, dejé que mis manos tomasen la iniciativa y el cuerpo las siguiese. Lo que sí que recuerdo es el tacto de sus pantalones, sentía su piel por debajo de ellos, gracias a mis dedos reconocía nuevamente sus curvas y sus profundidades. Identifiqué la forma de sus nalgas y de sus labios, presos en sus apretados tejanos y envueltos en una delicada lencería seguramente. Cada zona de su cuerpo que acariciaba tenía una temperatura diferente, sus nalgas se calentaban a medida que danzábamos conjuntamente, sus ingles quemaban al sujetarlas con mi mano, y sus labios, sus labios ardían cuando pasaba sobre ellos.

Ella concentraba todos sus movimientos en mis genitales, los atrapaba cuando menos me lo esperaba, circulaba su mano con intensidad sobre ellos y los apretaba en los momentos de mayor placer. Deseaba que introdujese su mano por debajo de mis pantalones, pero parecía que no llegaba nunca ese momento. Pensaba que iba a estallar si continuábamos así durante unos minutos más. No quise bajarle los tejanos, creía que sería atentar con el inicio de toda esta historia y esos pantalones ya formaban parte de su piel, nunca se los arrebataría, sería como despojar a un animal de su preciado pelaje…….dejé que se fuese y me dirigí a la mesa a acabar el último sorbo de mi copa.


Búscame

El almanaque marcaba jueves de Septiembre, había empezado la semana con mucho trabajo y ayer no me alcanzo el tiempo por eso decidí quedarme.
Comenzaba el otoño, y vaya novedad para mí, no me gusta. Sólo me recuerda que quisiera emigrar como las aves, hacia países cálidos y playas doradas donde poder caminar descalzo contemplando el atardecer y dormir arrullado por las olas, pero por ahora solo es un sueño que alberga mi corazón porque la realidad dice que hoy no voy a escapar de otra jornada agotadora y la campanilla del teléfono lo recordó.

Esta sería una larga tarde de oficina. Pedí un café a la secretaria y avise que cuando terminara podía irse, yo iba a quedarme unas horas más, cerré la puerta de mi despacho y me sumergí en el ordenador a trabajar. Pasaron los minutos y cuando comenzó a pesar el cansancio en mis ojos surgió en el monitor un mensaje instantáneo…

“¿estás ahí cariño? “

Al ver el nombre de ella me sentí conmovido. Estaba conectada y hacia mucho que no coincidíamos.
Encontré su nombre un día, por casualidad, cuando buscaba a un contacto y llamo mi atención su blog, quise echar un vistazo por encima de la tapia de ese jardín y lo que vi me pareció realmente bonito, tanto que me quedo leyéndola, disfrutando de los escritos, paseado entre los arbustos, oliendo el perfume de cada flor, intentando descubrir el alma de su autora, pero no supe encontrarla entre sus plantaciones.
Había quedado aún más curioso de su perfil y yo no era de hablar con extraños por la Internet pero sentí curiosidad de ella y por eso le escribí tímidamente un:

“hola… muy bonito tu blog”

Me pregunte... ¿quién estaría del otro lado del ciberespacio? ... ¿seria acaso una aburrida ama de casa sentada frente al ordenador escribiendo sus más ardientes fantasías, mientras esperaba que la lavadora termine el programa y tenga que volver a los quehaceres domésticos...?
¿Cómo sería esa mujer?

Para mi suerte a ella le pareció agradable mi timidez y acepto conversar conmigo.
No todos lograban llegar a ella o al menos conocerla más allá de la forma erótica de sus escritos. Yo había logrado llamar su atención.
Y así pasaron los días y nuevamente nos encontramos en ese inmenso ciberespacio, y esta vez la charla se extendió y aquellos dos extraños que éramos, dejamos de serlos, porque cada palabra escrita parecía ser el reflejo del otro.
Ella dijo: “tengo la sensación de que te conozco de siempre”, y yo sentía lo mismo.
¿Podía ser que dos personas que aun sin nunca haberse visto, se sintieran atraídas?
Notamos como estaba saliendo a la superficie algo que me parecía letárgico en el internet:

El deseo.

Mientras yo pensaba en que compuesto de hada y bruja era ella que despertaba mis más íntimos deseos tan solo con palabras escritas y una foto sexy.
Y ella se decía a sí misma como era posible que su alma se estuviera hilando a la de un hombre virtual del que ni siquiera conocía su rostro.

Pero la casualidad hace las cosas bien y volvimos a encontrarnos
Pero estaba vez el monitor le dio vida a los rostros imaginados y las palabras ya no fueron las mismas porque la webcam nos mostró que detrás de cada letra había un hombre y una mujer.
Ese fue el comienzo de horas y horas de charlas...de mails diarios, de intercambio de fotos que hacían volar la imaginación...de tanto deseo que traspasaba aquella pantalla cada vez que nos veíamos y soñábamos con ese día en que ya no existiera esa barrera y pudiéramos sentir nuestros cuerpos entrelazarse sin nada que los separe. 
El solo saber que ella estaba ahí conectada y ver su Nick me producía un intenso deseo,   como una descarga eléctrica desatándose por mi cuerpo, que aceleraba mis pulsaciones y terminaba en una potente erección. Ella lo llamaba energía sexual que nos conecta sin siquiera tocarnos, y era verdad. Porque yo podía sentir como ella se excitaba lentamente con cada letra que escribíamos y esa misma energía se desataba por su cuerpo. Comenzaba en su nuca como un soplido suave… bajaba por su espalda como un cosquilleo intenso hasta terminar estallando en su sexo acalorado y húmedo de sensaciones.
Me decía que su clítoris estaba hinchado y dolía, por eso en ese momento solo quería imaginar que mi lengua buscaba aliviar ese placentero dolor que la hacía estallar en un orgasmo. Más de una vez terminamos calmando ese deseo juntos.
La primera vez que lo hicimos ella fue quien me lo pidió. Tuve que encerrarme en el  baño de mi despacho  con mi laptop, porque estaba en horas de trabajo, mientras ella estaba en su casa. En esa ocasión fue a su dormitorio y comenzó a desvestirse lentamente frente a la webcam, rogándome que la acaricie y la bese. Sus manos fueron las mías y comenzó a estrujar sus senos como yo lo deseaba. Me moría de ganas de llenar mi boca con sus pezones y apretarlos entre mis húmedos labios, mientras la hacía retorcer de placer.
Ella comenzó a gemir y eso me excito aún más.  
 Yo no podía evitar comenzar acariciar mi pene que estaba tan duro que dolía entre mis pantalones. Así que lo libere y ella al verlo metió sus dedos en su boca succionándolos, en clara señal de querer llenarla con mi miembro. Ella dijo:
-        Me encanta lo que tienes para mí. Quiero ponerlo aquí entre mis labios y chuparlo. Me gusta como se ve. Esta húmeda y brillante su cabeza, que ya quiero tenerla aquí.
Señalándome su sexo en el que perdió los dedos que hasta hace unos segundos chupaba en su boca. Abrió sus muslos frente a mis ojos y comenzó a estimularse con ambas manos, mientras me pedía que la follara con más fuerza.
 ¡Madre mía! Si eso es lo que deseaba y estaba haciendo en mi mente, mientras me masturbaba imaginándome que bombeaba sin parar en aquel paraíso ardiente que se ofrecía a mis ojos. Era una hembra apasionada que sabía muy bien lo que deseaba.
 Escucharla gemir y pedir más, era enloquecedor, me estaba matando de placer,  mientras veía  sus movimientos agitados sobre su cama, hasta llegar a ese preciso momento en que comenzaba su cuerpo a sacudirse mientras se  aferraba a las sábanas y  ahogaba sus gemidos entre la almohada. Fue un instante culmine en que yo también me deje ir entre jadeos confusos que nos dejaron a ambos completamente relajados y fuera de la realidad por unos minutos.

Aquella primera experiencia nos había unidos intensamente aunque el océano y las horas nos separaran físicamente… sabíamos que el deseo estaba ahí… diciéndonos Búscame a través de la web.   

La Zapatería

Habían quedado como cada semana ir a tomar el café.
Se conocían desde que iban al colegio.  Luego, ya más de mayores habían vuelto a coincidir y se convirtieron en amigas inseparables. 
Todos los miércoles del año coincidían en tomar el café a la misma hora, en el mismo bar. Aprovechaban que iban a la capital para charlar y luego dar una vuelta por las tiendas, hacer unas compras y pasar un día agradable juntas.
  Solían entrar siempre en la misma tienda de zapatos, les encantaban a las dos, y....el chico que las atendía estaba buenísimo!! Siempre hacían broma de quien se lo ligaría primero, pero siempre salían a dos velas y riéndose.

Aquella tarde entraron como de costumbre para dar un vistazo de las últimas novedades y ese día su "vendedor" no estaba solo, estaba acompañado por un comercial de zapatos que visitaba la tienda, los dos estaban hablando de negocios, interrumpieron un momento su charla para saludarlas y siguieron con sus temas, ellas notaron las miradas de los dos clavarse en sus glúteos, eso le gustó, y aprovecharon para contonear aún más sus apetitosas caderas hasta dirigirse al fondo de la tienda.

Se probaron varios modelos, mientras se sentían observadas, ellos las miraban y sonreían entre sí. Al cabo de un rato, se acercaron para ver cómo les iba con las pruebas, Silvia se estaba probando unas botas que le costaban un poco de poner, el comercial, Fernando, se le aproximó con una sonrisa:

 -¿me permites?
 colocó hábilmente sus dedos en el tobillo y la ayudó a que la bota se deslizase por sus piernas.
 - ¡Cuestión de tacto! le dijo con una sonrisa.

 Su amiga Merche hablaba con el vendedor, los dos sonreían, vio que él se había sentado al lado de ella, cada vez más cerca y que le acariciaba el pelo.

 Sin darse cuenta, las dos se estaban morreando con aquellos apuestos jóvenes, sin que se dieran cuenta se había hecho la hora de comer y habían bajado la persiana, y les quedaba un largo rato por delante.
 El saber que alguien podía mirar por el escaparate y podía verlas morreándose, les daba aún más morbo, de los besos pasaron a las caricias, y de las caricias a desnudarse....las dos se comieron una buena polla, las chupaban, las lamían, las besaban.
 Nunca se habían imaginado que las dos fuesen tan guarras, tan ardientes...competían por ver quien hacía gemir más a su chico...ellos se contorneaban en su sofá disfrutando de esas mamadas fenomenales.....en un momento dado empezaron a sobarles las tetas... las dos estaban bien dotadas y eso les hizo enloquecer....brotaron de sus pollas sendos chorros de leche que fueron a parar a las botas que se habían probado.
Ya no las podrían vender...de esa manera fue como a la noche cuando en casa su marido le pregunto si se las había comprado...ella dijo: 
- No, me tocaron en una rifa...hoy era mi día de suerte!


La mujer del Antifaz

 ¿Qué es lo que impulsa a una chica de su status, de su prestancia, a tomar esa iniciativa?

 ¿Qué motivos influyeron?...
 ¿Por qué esa decisión?...la verdad es que Madeleine no tenía respuesta para esos interrogantes, el hecho es que cuando algo se le ponía en su cabeza, estaba decidida  y ya no iba a parar hasta hacerlo.
   La cita era para las 4 de la tarde, llegaba con tiempo al lugar, era una zona de los suburbios.
  Un barrio donde no acostumbraba a estar, debía ir con cuidado que no la reconociese ninguna de sus amistades.
 Aprovechó que iba con tiempo para entrar a un gran bazar, se perdió entre los pasillos mientras miraba gran cantidad de objetos, y, de entre ellos uno que le llamó la atención, una llamativa máscara con plumas de color granate, le gustó...siempre le habían dado morbo esas cosas, Venecia en carnaval… las máscaras, el anonimato....

Se dirigió al sitio convenido, una estrecha escalera que llevaba hasta una primera planta, flanqueó la puerta y  un fornido negro la saludo como esperándola.  La dirigió hacia una pequeña sala en la que se oía  música de fondo y enseguida se presentó la persona con la que había contactado.
Comenzó a explicarle un poco los detalles de la sesión, se trataba de hacer unas fotos algo ligeras de ropa…  sensuales, algo que  quería hacerle de regalo sorpresa a su marido. Le gustó mucho la idea de lo que le había explicado. Ya le excitaba la sola idea de ver la reacción de su hombre cuando viera esas fotografías.

La indicaron  una sala con poca luz donde poder cambiarse y ponerse la poca ropa que traía y comenzar hacer la sesión de fotos. Se colocó su ropa interior y una transparente gasa negra que dejaba entrever sus pezones....entró el fotógrafo un hombre de unos 50 años, de aspecto no muy agradable, desaliñado, Se saludaron y le dio algunas indicaciones  para que ella posara con más libertad y lograra el efecto deseado de aquella sesión....se sintió muy cómoda, el hecho de que el hombre fuese feo la ayudó a relajarse y mostrarse en posiciones que no había pensado que hiciese, ese hombre la sabía llevar y ella se desinhibió...por un momento le pareció que incluso le estaba excitando por la voluminosidad de los pantalones en ese sitio en concreto. Fue más de dos hora en que transcurrió sin más novedades, que un cambio más de ropa.
Una vez terminada la sesión, el fotógrafo se despidió correctamente y ella se quedó para volverse a vestir.

  Se quedó sola en la habitación, le dieron ganas de tocarse un poco...esa sesión la había excitado y más le excitaría saber que su marido disfrutaría de esas fotos, y, que posiblemente las enseñaría a sus compañeros de trabajo, diciéndoles mira qué buena está mi mujer...seguramente, alguno de ellos, terminaría en su casa masturbándose pensando en lo buena que estaba la mujer de su jefe....justo empezaba a calentarse pensando en esa situación, cuando llamaron a la puerta. Su reacción instintiva fue colocarse el antifaz, no sabía quién podía ser y que la reconociesen, como nadie respondió, entró el chico que limpiaba las habitaciones de fotografía.....ella estaba sentada, aguantando el antifaz con una mano y casi desnuda de cintura para arriba...el chico primero se asustó entre sorprendido y admirando esos senos que para ser una madurita no estaban nada mal...

-Disculpe, no sabía que.....
- No te preocupes ya me marchaba....

El chico llevaba un pantalón apretado y ella notó que su presencia le provocaba ciertos cambios físicos.
No hubieron más palabras, en cuanto él se acercó por donde estaba Madeleine está lo miró a los ojos, y sin decir palabra le acarició esa prominencia por encima del pantalón, llevaba el antifaz puesto aún y eso la excitaba y la incitaba a comportarse de esa manera compulsiva....empezó a acariciar ese supuesto miembro. Hasta que no aguantó más, desabrochó los pantalones y apareció una verga bastante aceptable como hacía tiempo que no veía.....desapareció dentro de su boca, entre mamadas, besos y lametones.
Estaba claro que ese chico se acordaría de la mujer del antifaz...cuanto más se la chupaba, más se excitaba, hasta el punto de no poder parar sabía que el muchacho se le vendría en pocos momentos pero no paró, siguió, siguió, siguió…Hasta que notó la excitación en el glande y como una avalancha de leche se mezclaba con su saliva. Se sintió muy puta...y, a la vez muy feliz.

Se marchó casi sin despedirse...en el suelo quedó un antifaz y en la habitación un aire de perversión de una madura, un antifaz y el chico que limpiaba.