La Vecina

“Buenas tardes”-
“Buenas tardes”- me contesta ella.

Todos los días la veo pasar, moviendo las caderas sin importarle nada, sin importarle que me vuelva loco. Sin importar que me haga soñar todas las noches con ella, más que un sueño es una pesadilla ¿porque siempre tengo que despertar? , ¡Maldita sea!!!.
¡Algo tengo que hacer, no puedo seguir viviendo así!

Esa noche ya es  tarde y no puedo dormir, acá hace demasiado calor, mejor voy a dar una vuelta para despejarme.
La calle esta desierta, soy el único noctambulo. Doy vuelta la esquina y sin darme cuenta miro hacia una ventana y no lo puedo creer: es mi vecina, la que tantas noches me quita el sueño.
 Mis pies se hacen de plomo, no quieren seguir caminando. Me agacho un poco para no ser visto, solo asomo la cabeza a través unos arbustos que hay en el jardín. Ahí está ella de pie, recién salida de la ducha, solo cubierta por una toalla. Esto no lo esperaba en lo más mínimo. En mi torpeza y mis ansias por querer ver más, los arbustos ceden un poco haciendo un ruido que parece atronador en medio de la quietud de la noche. Me hago un ovillo en el piso y con miedo miro de reojo si he delatado mi posición. Algo ha escuchado, abre la ventana y mira hacia donde estoy. ¡Como quisiera ser transparente!!!
Ella sigue mirando, creo que estoy perdido. Pero no, se hace la distraída, hasta mira de reojo y puedo ver una sonrisa que se escapa de su boca.
Y como si fuera un pedido mío deja deslizar la toalla al piso descubriendo su cuerpo, totalmente desnudo, hermoso, angelical. Ese cuerpo que tantas veces he soñado, hasta conocerlo de memoria. Se pone un camisón transparente que insinúan sus hermosas curvas, estoy a punto de enloquecer. Lo está haciendo a propósito, está brindando su mejor espectáculo.

¿Qué hago?

No quiero moverme aun.
Ella se recuesta en la cama y apaga la luz de la habitación. Se acabó todo, fue lindo mientras duro, pero no me doy cuenta que sigo agazapado y por la otra cuadra viene una pareja caminando. Si me paro me van a ver, aprovecho un agujero entre las matas  y paso para el jardín de la casa y sigilosamente me deslizo contra la pared al lado de la ventana.

!Maldición!!! Si miran hacia acá estoy perdido, me verán igual.
- “Pasa”
“¿Qué?”
“Pasa que te van a ver”
Era ella, estaba al tanto de todo lo que paso!!!

No lo pienso ni por un segundo y me escabullo por la ventana. Ahí estaba ella, de pie frente a mí, no podía creerlo, sus ojos iluminados por una luz tenue brillaban con luz propia en la oscuridad, los tengo clavados a los míos, ya no me importa nada, solo una vez en la vida se nos presenta una oportunidad única que por cobardía no aprovechamos, ya estaba jugado.

La tome por la cintura y tape su boca con la mía, así si su intención era gritar me daría tiempo a pensar algo. Lejos estaba de imaginar que a través de sus labios aparecería su lengua buscando la mía. El sueño hecho realidad!
La atraje más hacia mí y apreté sus glúteos contra mí para que me sintiera, sentí sus pechos duros contra mi pecho, su aroma, su sabor, todo me envolvía, me sentía en el paraíso.
La tome en mis brazos sin dejar de besarla y la deposite en la cama, sus brazos entrelazados a mi cuello comenzaron su recorrido hacia mis pantalones. Mientras ella me despojaba de mis pantalones yo hacía lo propio con su camisón. Ahí estaba totalmente desnuda y esperándome ansiosa.
Empiezo a recorrer con mi boca su cuello, sus pechos, sus pezones erectos. Son míos ahora, los hago míos, sigo descendiendo hasta llegar a su pubis, donde ella descarga un suspiro de aceptación, bebo el dulce néctar de su ser, mientras mis manos se hace cargo de sus pechos.
Su cuerpo empieza a contonearse como cuando camina por la vereda frente a mí, empieza a moverse en una danza frenética, solo atino a dejar mi lengua lo más afuera posible, ella hace el resto, conoce muy bien su cuerpo y lo está disfrutando. Sus jugos fluyen, los bebo, me alimento de ellos y en pequeñas pero perceptibles contracciones de derrama para mí.


Ahora es mi turno, vuelvo a recorrer esa pendiente en un camino de regreso que ya conocía, lentamente, disfrutando cada centímetro me detengo entre tus pechos a juguetear, pero tus manos me aferran de mis nalgas empujándome a que sigan el camino, llego a tu boca y nuestras lenguas comienzan su jugueteo.
Lentamente me voy acercando a ti, solo te apoyo para que me vayas sintiendo, estas ardiendo al igual que yo, tus manos en mis glúteos me van llevando hacia ti y voy penetrando tu ser, lenta y suavemente, para hacer la primera vez interminable y distinta. Tu boca se abre dejando escapar un gemido, dejando escapar tu alma. Ya eres mía y eso nadie lo cambiara, ya ingrese en tu mundo interior para ser parte de ti.
Tus piernas se abren más mientras tus manos me empujan más hacia tu cuerpo y comienzo a moverme dentro tuyo en un vaivén que cada vez se acelera más, la urgencia lo pide, más rápido más adentro y me derramo dentro de ti en el preciso momento en que tu cuerpo se arquea y entre convulsiones de gozo me entrega todo lo que necesito para saber que hemos terminado juntos el camino, nuestras manos entrelazadas debajo de la almohada, nuestras respiraciones agitadas y toda la paz.
Por unos segundos nos miramos a los ojos y me vi reflejados en ellos… pensé que era un sueño pero solo por unos minutos porque ella quería más en esa noche. 
 

Llueve

 Afuera está lloviendo. Es increíble como la lluvia nos induce a un estado de melancolía pura, recuerdos nostálgicos guardados en nuestra mente, casi olvidados, casi ajenos. Recuerdos de momentos que quisiéramos repetir, pero son únicos e inigualables.
Como aquella tarde que tocaste a mi puerta.......

La tormenta te había tomado por sorpresa. Llegaste totalmente empapada huyendo de la lluvia, acertaste a pasar por mi casa de camino a la tuya. Sabías que te ofrecería cobijo, como no hacerlo, nuestra amistad llevaba años, sabias de mis secretos más que las mujeres que estuvieron conmigo, como yo de los tuyos.
Te ofrecí una toalla y empezaste a secar tu cabello dorado, resplandeciente, no pude evitar bajar la vista, tu blusa mojada transparentaban tus pezones, erectos por el efecto del frío.
Cuando levanto la vista, me sorprendo al ver que estabas mirándome, me has atrapado en una situación incómoda, tu sonrisa lo dijo todo.

-Tengo frío- me dijiste.
Fui al dormitorio a buscarte una bata.

-Cámbiate, mientras tanto iré a preparar un café-

La situación era embriagadora y excitante, pero debía sacar esos pensamientos de mi cabeza, no podía echar por tierra una amistad de años por un momento de lujuria.

-Preferiría una copa- me dijiste.
La sorpresa casi me hace derramar todo el café. Ahí estabas con mi bata, las manos en los bolsillos y el escote que se me insinuaba aún más. No podía simular mi turbación y tú lo presentías, era una lucha interna entre mi cabeza y mis hormonas.
Te acerque la copa y nos fuimos a sentar en el sofá. Charlábamos de las cosas simples de la vida, poniéndonos al tanto de las cosas que pasaron desde la fiesta en que nos vimos por última vez. Empezamos a reírnos tontamente, quizás por los vapores etílicos que ya empezaban a hacer su efecto.
Tu mano se apoya inocentemente en mi hombro y yo la miro, la retiras disimuladamente aunque sin mucho éxito, y el rubor comienza a encender tus mejillas.
Dejo la copa sobre la mesa y al darme vuelta veo tus ojos, iluminados, brillantes, intento decir algo pero mis palabras se ahogan en mi garganta. Nos quedamos mirando largamente esperando que alguno de los dos rompa el silencio, pero nada ocurre.
Nuestras miradas nos acercan como un imán, tu mano se desliza hacia mi pierna, ya no hay nada que nos detenga. Mi mano toma tu cuello y te atraigo hacia mí, nuestras bocas se unen, ya no importa nada, saboreo las mieles de tu boca y ya no quiero volver atrás.
Mis brazos te envuelven para no dejarte ir, mientras las tuyas recorren mi pecho y desabrochan mi camisa para posarse en mi espalda.
De a poco voy inclinándote mientras desato el cordón de la bata, sin dejar de besarte, para que tu boca no pronuncie ese tan temido "NO" que echaría por tierra este maravilloso momento. Libre de las ataduras mis manos empiezan a recorrer tus pechos hermosos que tantas veces mire de reojo y los sabios compañeros de otras manos.
El daño estaba hecho, no habría vuelta atrás. Libero tu boca con miedo, pero solo escucho tu respiración agitada, recorro tu cuello y me invade el perfume de tu piel que me embriaga, desciendo a tus pechos que ahora son míos, saboreo tus pezones dulcemente mientras tus manos se enredan con mis cabellos, no quieres que me detenga, también lo esperabas.
Me quitas los pantalones ya como una invitación a hacerte tuya.
Me detengo y te miro a los ojos. Porque te veo tan hermosa?, casi como un ángel?
Comienzo a invadirte lentamente, tu vulva húmeda y caliente no se resiste, ya eres mía, lo serás por siempre. No dejo de mirarte, de besarte, mientras nuestros cuerpos empiezan a moverse en una danza ancestral que nuestros cuerpos conocen por siglos.
Tus brazos me aprietan más hacia ti mientras tu cuerpo se convulsiona de placer, cierras los ojos, tu boca se abre, tu espalda se arquea y te dejas estar, te dejas llevar a ese lugar que visitamos pocas veces pero que nos lleva al placer extremo.
No puedo contenerme con tan maravillosa imagen y me derramo dentro de ti, cada latido de mi miembro deja dentro de ti una parte de mí, mudo testigo de que serás mía por siempre.
Quedamos así tendidos, exhaustos, felices y abrazados. Sin decir palabra, con nuestras propias vergüenzas de lo que habíamos hecho, pero sin arrepentimiento.
Nos quedamos dormidos, felices, abrazados uno al otro.
Al despertar me encuentro cobijado con la bata, ya no estas y siento vergüenza por lo sucedido.
Pasaron los días y volvemos a encontrarnos.


Es un acto del colegio, donde nuestros hijos participan de la obra. Estas ahí del brazo de tu marido, sonriendo feliz. Yo giro la cabeza y le dedico una sonrisa a mi esposa y la beso con eterna gratitud.....

La Oficina

-¿Si señora me llamo?

-Si, por favor lleva
 estos papeles a contaduría urgente que los están esperando.

¡Qué lindo que esta esté pendejo!

Si no fuera por miedo a perder el trabajo lo estaría acosando ya! 
Un cuerpo hermoso que desearía cualquier mujer y que a mí me vuela la cabeza.

Pero soñar no cuesta nada, si mi marido se entera que cuando hacemos el amor me imagino estar con él me mata.

-Perdón señora. Me dicen de contaduría que faltan los originales.

-Ah sí, deben estar el en archivo.

Porque no aprovechar? Es ahora o nunca........
Paso delante de él casi rozándolo y lo miro a los ojos con una sonrisita. Me sonríe también. Ahí es cuando me agacho a buscar los papeles que le apoyo mi cola en su entrepierna. Hum que cosita!!!

-Perdón.- le digo para disimular.

-No, la culpa es mía por no hacerle lugar.

Me levanto y ensayo una de mis sonrisas picaras predilectas. Si hay algo de interés de su parte sabrá interpretar. No por nada pierdo mis horas en el gimnasio para cuidar este cuerpito que está deseoso de tenerte
Clava sus ojos en los míos, durante segundos no nos decimos nada, ambos esperamos que el otro haga el primer movimiento. Nada.

Desilusionada le entrego los papeles, pero para mi sorpresa en vez de tomarlos toma mi mano y me acerca hacia el lentamente. No me resisto en lo más mínimo, huelo su perfume, siento su calor.

Nuestras bocas se unen en un beso apasionado y me dejo llevar por mis instintos. Lo tomo de los glúteos y lo atraigo hacia mí para sentir nuevamente lo que esconde entre sus piernas, que ahora si es más notorio.

Empieza a besar mi cuello en forma salvaje, mientras que con las manos desabrocha mi camisa, el deseo no er
a solo mío, es algo que ambos esperábamos que ocurriera. Pasa las manos por mi espalda y desabrocha mi corpiño dejándome libre de ataduras y empieza a lamerme frenéticamente los pechos, primero uno, luego el otro.
Siento el fuego que me consume por dentro, estoy al borde de la locura.

Baja sus manos y me quita la braga, entonces aprovecho a recostarme en el escritorio con una pierna sobre el sillón y la otra en el aire le ofrezco toda mi intimidad para que se deleite y me disfrute. No se hace esperar y su boca hace presa de mi clítoris, su lengua ávida se mueve de un lado a otro. Lo agarro de los pelos y lo fuerzo a introducirse más dentro de mí, la lujuria es incontenible a este punto.

-Hazme tuya ahora.-
Sus pantalones caen al suelo y deja ver su hermoso miembro, quiero cobijarlo dentro mío, muy dentro mío. Me penetra una y otra vez, sus movimientos son cada vez más salvajes. Porta retratos, porta lápices, papeles, todo desaparece de arriba del escritorio para terminar desparramado por el suelo, solo hay lugar para nosotros y nuestra lujuria.

Es un toro salvaje que embiste una y otra vez, con toda la fuerza de su juventud, su fuego me penetra cada vez con más fuerza mientras me derramo una y otra vez, orgasmo tras orgasmo, es una locura que estamos cometiendo, pero que hermosa locura.

Sus movimientos comienzan a hacerse más rápidos y empieza a gemir con más fuerza cuando de repente se detiene, me mira a los ojos y comienza a descargar su líquido dentro de mí.

-Si cariño , así, así.- (Que increíble!!!)
No dejo de besar, ni abrazarlo, me ha regalado un hermoso momento que no vivía en años.
Nos separamos y nos vestimos rápidamente.

-Anda enseguida que puede entrar alguien.- (Que me importa ahora!!!)

Se acomoda la ropa y encara hacia la puerta.

-No te olvidas de algo?- Le pregunto.
-Qué cosa?.-
-Los papeles para contaduría.- Le digo con una sonrisa.
-Si perdón.- Me dice aun turbado por la emoción.

Le alcanzo los papeles, pero esta vez soy yo la que lo toma de la mano, lo atraigo hacia mí y le doy un profundo beso.-Gracias bebé.- Le digo, mientras atraviesa la puerta a seguir con su trabajo.

En el Bar

Es un día como todos, uno más, como siempre la misma rutina, voy al bar. 
 Pido mi café, mientras lo revuelvo, miro hacia afuera, veo las mismas caras de siempre,  esos rostros sin dueño que caminan sin ver.
A lo lejos se insinúa una silueta que nunca había visto, el reflejo del sol no me deja verla claramente pero se va acercando lentamente. Es una mujer.

Es alta… elegante… hermosa, con una figura escultural y viene hacia el bar. Los hombres y las mujeres que pasan a su lado no pueden evitar darse vuelta, las esposas clavan sus codos contra las costillas de sus maridos. No es una ilusión, es real.
Entra al bar y se instala en una mesa frente a mí. Es increíblemente bella, voluptuosa y con curvas insinuantes… un sueño.
No puedo dejar de mirarla. De pronto levanta la vista y sus ojos increíblemente claros y luminosos se clavan en mí, mi cara se incendia y de vergüenza insinúo una sonrisa simple sintiéndome más tonto aún.
Al contrario de lo que esperaba me responde con otra sonrisa mostrando unos dientes increíblemente blancos que brillaban bajo la luz del sol que entraba por la ventana.
Con una inclinación de cabeza me muestra la puerta lateral que lleva a los baños, bajo mi cabeza asintiendo y se levanta, empieza a caminar hacia la puerta y me levanto a mi vez siguiéndola.
Al pasar la puerta sin dejar de mirarme toma mi mano y me lleva hacia el baño de mujeres. Entramos. Todavía incómodo por la situación, con miedo de hablar y despertar de este sueño.
Se da vuelta y pasa sus brazos por mi cuello, su boca roja y deliciosa empieza a acercarse a mí y me besa con pasión, mientras mis manos comienzan tímidamente a bajar por su espalda hasta sus nalgas, las aprieto y la atraigo hacia mí, bajo más mis manos y levanto su falda…deseoso de acariciarla.
Mis manos al tantear descubren que no hay nada debajo y ella baja sus manos y empieza a aflojar mis pantalones y se encuentran con mi pene duro y ansioso para ser usado. Paso mis manos por sus muslos y la levanto hacia mí, la penetro lentamente como para que vaya sintiéndome poco a poco, para hacer el momento interminable. Mi cuerpo no responde a mi cabeza, como si fuera otro, empiezo a embestirla con furia, con cada embestida ella deja escapar un grito apagado, casi un suspiro. Mi boca se hace cargo de su cuello, comienzo a morderlo como una fiera, y su boca gime en mi oído, me pide más y más y más y más.....
De pronto sus piernas se tensan, su espalda se arquea casi hasta romperse mostrándome sus pechos a través de su blusa y los muerdo… los beso, succiono sus pezones. Ella clava sus uñas en mi espalda casi hasta arrancarme la piel y un gemido gutural se escapa de su garganta como un trueno en medio de una tormenta, afloja todo su cuerpo, me abraza y me mira a la cara como dándome las gracias.
Acaricia mi cara y su sonrisa aparece otra vez, mezcla de cómplice y picara. Se baja del lavabo y me da la espalda, se agacha y me ofrece todo su sexo hacia mí, esto es demasiado, pero irresistible para mí. Tomo sus caderas y la penetro nuevamente, una y otra vez, como si en ello me fuera la vida, sus gemidos pasan a ser gritos en cada embestida lo que me excita más y la penetro más salvajemente, más profundo, como queriendo entrar con todo mi cuerpo dentro de ella.
Su cuerpo empieza a sacudirse nuevamente y me regala otro orgasmo más hermoso que el anterior, ahora es mi tiempo, ya no puedo contenerme más, mi miembro empieza a hincharse y a descargar toda la lujuria contenida y siento como si mi cuerpo se partiera en dos con cada estampida de mi interior.
Solo se escuchan nuestras respiraciones agitadas, relajadas al extremo y felices, la doy vuelta y la tomo nuevamente entre mis brazos y la beso larga y apasionadamente.
Nos separamos y comenzamos a arreglar nuestras ropas rápidamente, la dejo salir primero para no levantar sospechas mientras lavo mi cara bañada en sudor. Salgo del baño y traspaso la puerta, la busco con la mirada y no la encuentro, salgo rápidamente a la calle y tampoco está. Pregunto a los que me miran con curiosidad. Nadie la ha visto. Pago mi café, y me voy caminando por la calle lentamente con las manos en los bolsillos. Ya es de noche. Mi cabeza es un torbellino de pensamientos entre la realidad y la ilusión........