El Ascensor



Un poco cansado de las actividades diarias me subo al ascensor, en el tercer subsuelo... sólo.
Al llegar a planta baja, se llena en un segundo. Ufa, estaba tan cómodo y ahora parezco una sardina enlatada.
Tengo justo enfrente de mí... ¡¡¡¡¡oh, por favor!! Que hermosa cola... y está precisamente apoyada contra mi miembro. No te conozco, pero al verte por el espejo del ascensor veo tu dulce carita, que al principio pareció preocupada y quizás algo molesta, pero que luego de mirar al espejo y cruzarse con mi mirada, parece relajarse. Tus ojitos denotan una mezcla de dulzura, picardía y aceptación... ya que mi bulto ya no se contiene en los pantalones y comienza a ser algo notorio.
El ascensor continuo lleno, y casi no nos podemos mover... pero vos te las rebuscas para menear tu colita, frotándola contra mi pene, que quiere salir sin importarle el público presente...
Octavo piso... aquí debería bajarme, pero... que va, ni se me cruza por la cabeza salir de la posición que tengo ahora. El ascensor comienza a desalojarse, pero vos continúas pegada a mí. Ahora inclinas tu cabeza contra mi oído y me decís: " Hola...", "Hola", te contesto.
Décimo piso. Ya sólo quedan cuatro personas dentro del ascensor, de las cuales dos somos nosotros... aunque parecemos uno, ya que estamos muy pegados.
Piso quince... ya no hay nadie más que nosotros dos en el ascensor. Te das vuelta y me comes la boca de un beso. Que dulce y que sensual... hasta que comienzas a apretar mis glúteos y tu lengüita empieza a hacer de las suyas con mi boca... Hasta el piso treinta no sube nadie, lo que posibilita que nos olvidemos dónde estamos y yo, sin ningún tipo de vergüenza libere mis genitales completamente.... Bajas, a la vez que vas acariciando mi cuerpo con tus manos, y terminan agarrando mi sexo, una mano en el tronco y la otra sujetando fuertemente los testículos. Tu lengua sigue con sus jueguitos, ahora con el glande. De pronto te la introducís toda en la boca, contorsionando tu cuello para que entre hasta el fondo... y la mantenéis ahí por unos segundos. Luego empiezas a bombear, primero lento y después como si me la quisieses arrancar y comértela de un solo bocado.
Estoy a punto de llegar, pero me contengo. Estoy disfrutando demasiado como para correrme en este momento. Una de tus manos desciende entre tus piernas, corriendo tu falda y las bragas. ¡¡Te estas masturbando!! Por favor, no sé cómo hacer para no llenarte la boca... No puedo evitar inclinarme de costado para ver cómo tus deditos juegan primero con tus labios y tu clítoris, para luego entrar hasta los nudillos en tu sexo... No aguanto más. Si seguís así te voy a inundar la boca. Te tomo de los hombros y te invito a levantar. Ahora me toca a mí... y parece que lo sabes. Abrís las piernas para que mi cabeza entre tranquilamente entre tus piernas, y comienzo a jugar con tu clítoris, pero sólo un momento... Tampoco quiero hacerte llegar tan rápido. Intento lamer y morder tus labios, para humedecerte bien, pero eso ya ocurrió. Tu vagina es un mar, del que quiero beber, y lo hago.
Ya los dos estamos excitadísimos; yo como nunca, y vos con un sexo que comienza a gotear en el piso. Sin que haga falta "invitación" te levantas y apoyas tus manitos en la puerta del ascensor, colocando tu cola en posición para ser bien penetrada. Te tomo de la cintura con firmeza, cosa que por el arqueo de tu espalda noto que te gusta. Te apoyo mi miembro en tu vagina, que parece succionarla. El ascensor se detiene; aprovecho el movimiento para embestirte hasta el fondo, arrancando un grito de tu boca... y comienzas a moverte, como si mis movimientos no bastaran; quieres más... y la quieres hasta el fondo. Ahora te sueltas de las puertas y tomas mis caderas, para marcar vos el ritmo. Tus gemidos me vuelven loco. Estoy por terminar... pero el ascensor comienza a moverse. Enojada, sueltas mis caderas y de un golpe aprietas el botón de parada, justo entre dos pisos. Te sacó de clima?
No lo sé, pero aprovechas la interrupción para tomarme de los hombros e inclinarme y luego acostarme en el piso. Acomodas tu falda y comienzas lentamente a sumergir mi sexo en tu vagina, si es posible, más jugosa que antes. Cuando pensé que ya tenías suficiente, que ya había entrado hasta donde tu cuerpito aguantaría... levantas los pies del suelo, haciendo que penetre toda. Y así, con el único punto de apoyo en tu sexo, porque tus piernas parecen tocar el cielo de tan abiertas y levantadas que están, haciendo que tus redonditos cachetes de la cola casi desaparezcan, comienzas a moverte, para adelante y para atrás; para adelante y para atrás. Un poco en círculos, como para que mi miembro recorra hasta el último recoveco de tu vagina y tu útero, porque siento que hasta allí llega.
Bajas tus piernas y, sin sacarla ni un milímetro, me agarras la cabeza con ambas manos y me volvéis a comer la boca. Con tus labios pegados a los míos, gemís como la peor de las gatas, usando mi boca como silenciador. Por tus gemidos, tus movimientos más suaves... y sobre todo por tu cara de relajada, intuyo que llegaste... Te tomas unos segundos para reponerte y sentís que algo pasa dentro tuyo. La sacas y bajas, para tomar tu justo premio. Con la mano la aprietas, como queriendo evitar que todo termine, para poder saborearla... no quieres que salga nada todavía. Por un momento, creo que me quieres hacer sufrir, pero en unos segundos la sueltas y dejas que fluya como nunca, un chorro casi interminable, que te recorre la cara desde la boca hasta la frente...
Me estaba relajando en ese instante, ya que realmente fue impresionante, cuando te escucho a vos, nuevamente, gemir como cuando la tenías bien adentro. Tuviste otro orgasmo... Comienzo a incorporarme, para besarte, pero vos estás ocupada en otra cosa... estas juntando con tus deditos, todo lo que hay en tu cara. Busco un pañuelo, como para ayudarte, pero... no es necesario. Lo estás degustando, gota a gota... No te quiero interrumpir, así que dejo que termines. Ahora sí, te puedo dar un beso. Nos acomodamos la ropa, y liberamos el ascensor. Cuatro pisos más abajo, se llenan nuevamente. En general nadie presiente nada... excepto esa parejita de novios, que mueven sus narices, como quien está oliendo algo sospechoso; algo que conocen.
Te miro, y nos sonreímos. Sabemos que se darán vuelta y que nos mirarán. Debemos prepararnos para poner la mejor cara de yo no fui, pero... no. No se dan vuelta. En realidad se comienzan a mirar entre los dos, y se ponen colorados. Ella saca un desodorante de su bolso, y se lo aplica, y como en un acto de desesperación, también le echa un poco a su novio... Qué estaban haciendo estos chicos de la oficina?
Nuevamente nos miramos, y ahora ya no es una sonrisa leve, sino casi una risa. Nos besamos y prometimos encontrarnos al día siguiente... en un lugar menos público...

Ella y su amiga



Salí temprano de la facultad. Una tarde de calor sofocante. Decidí ir a la quinta de Flor, mi novia, para disfrutar un rato de la piscina, ya que los padres se encontraban de viaje y disfrutar un poco también de ella. 
Fui directamente sin avisarle para sorprenderla, sin saber que el sorprendido terminaría siendo yo.
 Entro por la puerta lateral que da al parque para no delatarme y ahí la veo haciendo topless tirada sobre la reposera, magnífico espectáculo, cuando al asomarme un poco más veo a su amiga Natalia.

 Es la típica mujer que aparece en tu vida cuando decides  ponerte de novio con alguien y su mejor amiga es la perfección personificada. 
Ahí estaba también total y completamente desnuda tomando sol. Que cuerpo tan magnifico, un ángel caído del cielo brindándose a todo su esplendor. Pero tonto de mí, no me di cuenta que estaba totalmente expuesto a que Flor me viera y no habría excusa que me justificara, por suerte estaba con los ojos cerrados, o eso creía. Vuelvo a esconderme y el maldito celular empieza a sonar en mis pantalones!!! 
-¿Que fue eso?- pregunta Naty -Debe ser de la calle, ven vamos a refrescarnos un poco- dice Flor 

Espero un par de minutos y entonces decido asomarme otra vez. 
No esperaba esto pero ahí estaban las dos abrazadas con el agua hasta los hombros y comiéndose la boca una a la otra. No podía creer lo que veían mis ojos, ambas entrelazando sus leguas como queriéndose comer una a la otra. Desde ya que lo único duro en mis pantalones no era el celular, estaba pasmado sin saber que hacer, mil cosas pasaban por mi cabeza, de lo que estaba seguro, era que no quería dejar de mirar.
 -Salgamos- le dice Flor 
Y allí estaban las dos, secándose mutuamente sin dejar de mirarse, sin dejar de mirar yo mismo esos dos cuerpos prodigándose caricias.
 -Vamos a la habitación de mis viejos- dice Flor Menudo problema.
 Justo estaba parado en la ventana de la habitación de sus padres, trate de hacerme una tabla para que no me vean cuando entren. Se oyen sus murmullos, un rato de silencio y después unos gemidos, de a poco comienzo a asomarme y ahí estaban sobre la cama, besándose salvajemente y sus piernas entrelazadas friccionando sus clítoris para darse placer mutuamente, Flor comienza a bajar y recorre esos hermosos y deseables pechos mientras Naty muerde sus labios conteniendo sus gemidos, sigue bajando y entierra su cabeza entre las piernas de Naty que ahora la envuelve como una boa para no dejarla escapar. Intercambian roles, intercambian orgasmos uno tras otro, nunca había visto a mi novia gozar tanto. Eso me desmoralizo por completo.
 Di vuelta a la casa para no ser visto y salí a dar una vuelta para pensar un poco, la cabeza me daba vueltas. Tenía que terminar con esto, no podía seguir así. Tome el teléfono y la llame:

- Flor, estoy yendo para tu casa, necesito que hablemos. 
-Dale te espero estoy en la piscina tomando sol, un beso- dijo ella. 

Espere un tiempo prudencial para aclarar mis ideas y volví a la casa. Entre y fui hacia la piscina a su encuentro, Naty ya se había ido. Al verme vino corriendo hacia mí, seguía desnuda, se colgó de mi cuello y me dio un beso largo y profundo, ahora era yo el que era devorado y las imágenes volvieron a recorrer mi cabeza, ambas. Puso su mano en mi entrepierna y un gesto de admiración recorrió su rostro:
 - Ay amor, ni que fuera la primera vez que me ves desnuda- me dijo con una sonrisa pícara. 

Y sin mediar palabra se arrodillo, me despojo del pantalón y el slip y empezó a lamerme como si fuera la última vez, por dentro de mí pensaba: Esta yegua quiere más después de lo que vi.!!! 

-Vamos a la habitación ya, te quiero para mí, acá puede haber algún mirón- me dijo. 

Que ironía, hasta hace un rato el mirón había sido yo. Y allá fui, sin ganas, solo pensaba que esa sería la última vez, me deje hacer, mientras ella recorría con su boca todo mi cuerpo mi cabeza estaba en otro lado.

 -¿Que pasa amor, ya no tienes ganas de mí? Ya sé lo que te hace falta…. Naty pasa!!!- gritó. 

No podía creerlo, ahí estaba ella, otra mirona, totalmente desnuda y con una sonrisa lujuriosa como nunca había visto. Se acercó a nosotros y sin mediar palabra siquiera se abalanzo sobre mi miembro y juntas, empezaron a pelear con sus bocas y lenguas por la presa del momento.

-Dale, es todo tuyo-dijo Flor. 

Y Naty ni lerda ni perezosa me monto y empezó a cabalgarme frenéticamente mientras Flor la abrazaba por detrás y apretaba sus hermosos pechos y se besaban tan apasionadamente como cuando las vi en la piscina. Una y otra vez fueron turnándose en su cabalgata frenética, gozando, gimiendo, aullando, nuestros cuerpos entrelazados sin saber dónde empezaba uno y terminaba el otro, así fue hasta bien entrada la noche en que sucumbimos exhaustos por la batalla.

 -¿Te gusto la sorpresa mi amor?-me dijo Flor. Y yo ahí, tendido y rendido, abrazado entre dos mujeres hermosas, viviendo algo que jamás hubiera imaginado. Y yo que pensaba que sería el final, no fue sino el principio de una aventura que se repetiría por varios años.

Reseña Ochenta melodías de pasión

 
 
Trilogía erótica que gira alrededor de la tormentosa relación sexual y sentimental entre Summer, una violinista con mucho talento, y Dominik, un adinerado académico con apetitos sexuales poco convencionales, con Londres y Nueva York como escenarios principales.
 
Vina Jackson
Editorial Maeva
336 páginas
Ochenta melodías de pasión I
 
Cuando la editorial me envió por email la sinopsis-descripción de la novela, pensé pinta muy bien. Cogí la novela con muchas ganas, comenzó a gustarme, pero... mucha narración para mi gusto. ¿Dónde está el diálogo? Es muy escaso.
 
La novela no está mal, tiene su punto, pero no ha llegado a gustarme. No entiendo a los protagonistas, su forma de ver, pensar y hacer las cosas. Y no es porque yo sea una cerrada, he leído muchas novelas y BDSM también. Pero en esta relación, es muy raro todo.
 
Hay escenas de sexo, no muchas, pero las hay y lo que me ha parecido muy raro es que en esas relaciones, la protagonista no llegara a su propio placer. Creo que en toda la novela solo llegó a un orgasmo y si lo llegó a tener, la autora se olvidó de añadirlo. Eso me dio que pensar y descubrí que la novela está escrita por dos autores, hombre y mujer. No quiero discriminar al autor masculino, porque en la novela también a escrito una mujer, pero creo que eso ha hecho que a la novela le faltara mucho más placer para la protagonista. Al menos en esta novela.
 
Las escenas de ella tocando el violín son muy bonitas, eso me ha gustado. Pero poco más puedo decir, ya que no he disfrutado de la novela como yo esperaba.
 
 
3,5

Cita a Ciegas



Días atrás recibí un e-mail entre los muchos que recibo diariamente. Su mensaje era breve y conciso. 
Leí tus cuentos, búscame....
 Apenas esas pocas palabras eran un oasis en el desierto. Inmediatamente le respondí, porque acostumbro responder todos mis mails aunque sea brevemente. 
-¿Dónde?
 Rogaba que no me dijera Barcelona, Polinesia o Malasia, o Arabia Saudita.
Transcurrieron dos días y su silencio me olió a mentirilla. Dos largos días y llegó una respuesta que ya no esperaba: era un número de teléfono de Buenos Aires. Inmediatamente intuí la broma de algún amigo. O alguna otra persona realizando una de esas fantasías que pululan en Internet.
Fui a llamarla, aunque no estaba seguro si se trataba de él o ella. Una voz de gata ronronean te me dijo te espero y me dio una dirección. 
Salí hacia allá posponiendo todo lo que debía hacer ese día, y si hubiese sido necesario, todo lo que debía hacer durante una semana. Aunque nunca había aceptado una cita a ciegas, la situación era excitante y valía la pena probarla. Al tocar el timbre, me atendió inmediatamente y la puerta eléctrica se abrió. Subí por el ascensor al segundo piso, y antes de que llegara a la puerta, ésta se abrió con lentitud, dejando paso a una hembra descomunal, y visiblemente sedienta.
 Montaba sus espectaculares piernas sobre unos altos tacos de acrílico. Mis ojos la recorrieron desde abajo hasta arriba. Llevaba unas medias negras brillosas, y tenía a la vista un hermoso pubis sin pelos, un inmaculado pubis que se ofrecía como un regalo irrechazable. Dos globos que remataban en dos puntos duros eran sus magníficos pechos. Su cabello lacio y marrón caía salvajemente sobre sus hombros desnudos. Parecía agitada de pasión. Me acerqué y la besé en los labios. Pero aquello no fue besarla, sino acariciarle los labios con los míos, y hundirle la lengua hasta el fondo de su boca hambrienta. Era un coito oral. 
-Quiero que me hagas lo que contaste en el cuento del ascensor -preanunciaba el combate.
Como me gusta ser muy original, y suelo variar, le respondí: 
-Tengo algo mejor para ti. 
Y tomándola de sus delgadas muñecas la conduje hasta las escaleras. La ubiqué tres escalones más arriba y me arrodillé, sí,  como un esclavo, porque en ese momento sentía deseos de ser su esclavo sexual. Colocando mis manos en sus glúteos llevé mi boca hacia su cálida concha y jugué con mis labios encendidos y mi larga lengua exaltada. Ella entreabrió sus piernas y echó su pubis hacia adelante con decisión, cuando la penetré con mi lengua buscando su profundidad más ardiente. Por detrás, un dedo ya había alcanzado el grueso y tenso anillo de su esfínter, y lo hundí suavemente. Ese orificio no hacía resistencia alguna y emitía fuertes latidos al succionar mi dedo mayor. En ese instante comenzó a balancearse hacia atrás y hacia adelante, a hamacarse como una máquina y humedecerse abundantemente. Yo paseaba mi lengua sobre su clítoris rosado que crecía de tamaño y se levantaba como un dedo meñique. Luego la masajeé alrededor del orificio.
 Estuvimos así durante quince o veinte minutos, me encanta prenderme a los juegos orales y estar así indefinidamente, pero sus deseos se tornaron incontenibles. Gritaba. La puse de espaldas con sus manos apoyadas contra la pared, abierta bien de piernas y en el mismo escalón que yo me encontraba. Ella bajó su pulposa cola sobre mis piernas, y mi pene se perdió entre sus muslos.
Había ingresado donde minutos antes había besado, mamado y sorbido. No transcurrió mucho tiempo hasta que empezó a gritar el consabido ahhh, ahhh, ahhh. Le rogué que no gritara que nos descubrirían, y me respondió que en ese piso no había nadie a esa hora y continuó gritando más fuerte. Me dejé llevar por sus gritos y el frenesí de los roces en su estrecho y húmedo agujero. Y al cabo de unos minutos, mis gritos se sumaron a los de ella. Estábamos acabando juntos, yo terminaba con ella, y ella terminaba conmigo.

 Pasos arriba y pasos abajo, sonido de llaves en cerraduras, puertas que se abrían, alguna voz, y todo ello sumado hizo que nuestro orgasmo fuera más acelerado y arrebatado.
Terminado aquel febril ajetreo corrimos hasta su departamento riéndonos. Llenó su bañera y nos metimos. Un poco apretados, cada uno entre las piernas del otro. Estuvimos un rato mirándonos a los ojos, riendo de nuestro juego de las escaleras, acariciándonos la piel suavemente con las yemas de los dedos. Cuando salimos del agua nos secamos juntos, nos fundimos en un abrazo y fuimos a la cama, se quedó de espaldas y humedecí su firme cola con placer y lentamente. Luego la penetré, ella me recibía gozosa. Más tarde nos dormimos una hora abrazados.
Al despertar fuimos hasta la cocina y tomamos un café,  juntos, en completa desnudez. 

-Toqué el cielo con las manos... -dijo.
 -¿Mañana vuelves? -Le dije que sí, y ví en sus ojos que estaba planeando otra cosa. Creo que me adivinó el pensamiento.
 -Quiero que hagamos el amor en el piso del living con las cortinas abiertas.
 Frente a su ventana había decenas de ventanas vecinas. Me reí, porque admiraba que a ella le gustaran las mismas cosas que a mí. Durante toda mi vida había esperado encontrarme con alguien así. Me imaginé acostado en el suelo, ella subida y galopándome. Su hermoso culo abierto hacia las ventanas, hacia los ojos que se asombrarían viéndola, hacia los dedos y las manos que se agitarían, observando esa escena placentera y fascinante. Se preguntarán qué edad tiene. Les respondo: la edad no importa, podría tener quince o cincuenta y uno, y gozaríamos de la misma manera. Lo importante es que ella, como yo, ha decidido dejar de tener una vida aburrida. Y cualquier edad es buena para eso.

La chica del Calendario



Fantasía de adolescente…  

Llego ese momento que tuve que terminar cediendo a los pedidos de mi novia para mudarnos a vivir juntos. No estaba muy convencido pero era tiempo de madurar, así lo dijo mi padre al pedirme que fuera a trabajar en su estudio. 
Soy abogado al igual que él, y tenía que decidir que iba hacer ahora que estaba comprometido. No me quedo otra alternativa que  aceptar la propuesta que me había hecho. Solo iba a ayudarlo en algunos casos cuando fuera necesario, mientras yo terminaba mi postgrado. Así fue como mi fantasía adolescente comenzó a cobrar vida.
Ese día me pasaron el llamado de una clienta de mi padre para pedir me que recibiera a una amiga suya que necesitaba un letrado para iniciar los trámites de divorcio. Derecho de familia no es mi especialidad pero este caso era una excepción así que acorde una entrevista por la tarde.
Fui almorzar con un amigo y me olvide de mi cita, cuando volví a la oficina la secretaria me aviso que me estaban esperando hacia una hora.
En la recepción vi a una mujer con gafas oscuras, muy guapa que ojeaba impaciente un magazine de moda.
    ¿Es ella quien me espera?
     Sí, y creo que es alguien conocida.
Su nombre no me sonaba, seguramente la conocía pero ahora no lo recordaba. Entre en mi despacho y pedí que entrara.
¡Madre mía! Cuando la vi de cerca no lo podía creer.
Era la chica del calendario. ¡Si era mi chica del calendario!
Claro que la conocía, habían pasado varios años pero nunca la olvidaría. Cuando era adolescente estuve muchas horas con ella en mi habitación compartiendo mis más íntimos placeres solitarios. Era una modelo y en esa época su imagen estaba en todas las revistas. Tenía un cuerpo y un rostro que eran la delicia para los ojos de cualquier hombre y un culo que era la envidia de las mujeres y el deleite de la platea masculina y yo estaba loco por ella, bueno quien no lo estaba.

Ahora estaba frente a mí y por lo que mis ojos estaban viendo seguía siendo muy sexy. Estaba vestida elegante, aunque yo solo la recordaba en traje de baño. Tendría unos quince años más que yo pero no se notaban, era una mujer madura en su máximo apogeo.  Me sentí como en un sueño. Ella se acerco y extendió su mano en saludo. Trate de no mostrar mi emoción  al contrario hice como no reconocerla. Solo una clienta más, pero no iba a desperdiciar la oportunidad de indagar mas sobre ella, como era, que hacía.
Comenzamos una charla distendida, le invite un café mientras me conto los motivos por los que estaba necesitando de mis servicios. Hacía diez años que estaba casada con un empresario y por diferencias irreconciliables me dijo deseaba terminar con ese matrimonio. Todo parecía simple. Pero algo me intrigaba un poco.
     ¿Y cuáles son esas diferencias irreconciliables?—pregunte
     Que se acabo el amor —dijo— ¿Estas casado?— me pregunto.
    Conviviendo hace muy poco—dije— soy nuevo en esto de vivir en pareja muy a mi pesar.
    Claro, entiendo. Todavía no conoces a los enemigos del amor. —dijo con una sonrisa que me encanto.
    No lo sé todavía no estoy muy convencido de haber hecho lo correcto.
    Yo tampoco lo estaba. Deje mi profesión, el éxito, la fama por seguir al amor y hoy creo que fue un error. Mi esposo se enamoro de aquella mujer que todos deseaban y no de mí.
    No lo creo—dije— es usted una mujer encantadora y cualquiera podría enamorarse.
Y me quede mirándola como un idiota baboso. Quise decir algo para alagarla y creo que había metido la pata al  mostrar lo que me generaba. Aunque pareció no darse cuenta.
    Gracias por su elogio pero ya me acostumbre a que me vean solo como una mujer de imagen sexy. Es lo que mostré durante mucho tiempo. Es lo que mi imagen vendía y lo que la gente deseaba de mí. Pero yo no soy esa. Soy  una mujer común, que deseaba ser amada y hoy me siento muy sola estando casada.

Me quede sin palabras. Yo que siempre tengo letra y respuesta para todo. Estaba frente a una hermosa mujer que me estaba exponiendo su corazón. Yo que había soñado tantas veces con tenerla en mis brazos, haciéndola mía. Amándola, gozando de su cuerpo y de sus besos.
    No voy a aburrirte con mis problemas Javier—dijo—me caes bien y creo que podrás arreglar mis asuntos. ¿Estamos de acuerdo?
    Si será un gusto ayudarte. Estoy a tu disposición en lo que necesites y a la hora que sea.
Me miro y sonrió complacida. Hacia unos minutos que nos conocíamos y había química entre nosotros. Me dejo todos sus datos para empezar y me pidió que la llamara si necesitaba algo más a su teléfono privado o que la contactara por mail. Al despedirnos apoyo su mano en mi hombro y beso con suavidad mi rostro, al percibir su aroma tan cerca de mí volví a sentir ese inmenso deseo juvenil.
Apenas se fue me puse averiguar todo sobre ella en la red. Algo tenía que encontrar,  fotos de esas que yo miraba tanto, hasta la del calendario, alguna que otra con su esposo y por lo que se sabía de su vida actual se dedicaba a pintar cuadros. Hasta había expuesto en una galería. Al hablar con ella note que era una mujer sensible, había en sus ojos un brillo especial que la hacía más hermosa. No podía creer que se sintiera sola.
Quede deslumbrado por ella. Esa noche estuvo en mis sueños y desperté excitado.

Al siguiente día me puse a trabajar con su caso, quería adelantar y llamarla con alguna excusa, volver a verla era mi objetivo. De alguna manera tenía que acercarme más.
Y lo hice. La llame por teléfono y quedamos en ir almorzar para acordar algunos detalles. Solo excusa de mi parte para volver a verla. O esa noche no podría conciliar el sueño y mi mujer recibiría esa catarata de ganas contenida que yo estaba acumulando.
Cuando la vi entrar en el restaurante y acercar  a mi mesa creo que mi cara lo dijo todo. Yo estaba enamorado de ella. Ese fue el almuerzo que mas disfrute de los últimos tiempos, estaba con la mujer de mis sueños. Que voy a decir: desplegué todo mi encanto y galantería,  y si sabes escuchar a una mujer y mirarla  a sus ojos mientras ella te habla, habrás encontrado una puerta a su corazón. Charlamos de sus pinturas, de mi frustrado deseo aventurero de viajar, de sus días como modelo, de mis ganas de escapar a la playa, de su deseo de vivir en Paris… de tantas cosas hablamos menos de su matrimonio y del mío. 
    Eres realmente un joven interesante – dijo – Hace mucho tiempo que no disfrutaba charlando con un hombre, que hasta me he olvidado de la hora y ni siquiera hablamos de mi caso.
    No importa- dije- podemos seguir en otro momento si quiere. Igual no se preocupe por nada, yo haré todo para que este bien, puede confiar plenamente en que sabré defenderla.
    Nunca lo he dudado. Y te agradezco. 

Instintivamente tomo mi mano y la apretó en señal de confianza. La suavidad de su piel en ese contacto hizo que me ruborizara ante su gesto. Y ella lo percibió.
Salimos juntos del lugar y antes de despedirnos me dijo que le había alegrado la tarde con mi presencia y  esperaba que volviéramos a repetir el encuentro.
 A la semana me llamo para decir que necesitaba hablar conmigo, que pase por su casa después de la siete de la tarde.  Quedé pensando que era tan importante que no podía decírmelo por teléfono. ¿Era esto una invitación…porque yo le había gustado? ¿O era solo por trabajo?
 Tantas conjeturas me hice porque estaba nervioso de pensar que iba a volver a verla. Esa mujer me generaba una inquietud en el alma que hacía que yo no pudiera controlar mis deseos por ella.  
Fui puntual en llegar a su puerta, cuando abrió, note enseguida en su mirada una tristeza angustiante y pregunte si todo estaba bien.
-        No – dijo y me invito a sentarme junto a ella en la sala.
-        ¿Qué ha pasado? – pregunte.
-        Mi ex recibió el pedido de divorcio y vino furioso a reclamar. No hizo otra cosa que insultar y maltratar con el único objetivo de lastimarme.

De sus hermosos ojos brotaron lágrimas y su voz se entrecorto. Yo instintivamente la abrace consolándola  y el aroma cálido de su cuerpo invadió mis sentidos.
Me deje llevar por esa sensación intensa.
Mis manos se convirtieron en dos suaves plumas que se deslizaron por su espalda y ella apretó sus senos contra mi pecho respondiendo en un abrazo más fuerte.
Me sentí en un sueño y tuve el impulso de besarla. Me miro leyendo mis pensamientos y sus labios terminaron sellando mi boca con un beso que fue de entrega  mutua y que se perpetuo.
Porque el deseo nos envolvió de tal forma que nos quemaron las ganas de fundir nuestros cuerpos. Ella comenzó quitando mi chaqueta y abrió mi camisa sin dejar de besarme. Mientras mis caricias se deslizaron suavemente por sus largas piernas  haciéndola estremecer de placer. Busco mi miembro deseando sentirlo entre sus manos y se sorprendió con el vigor que se encontró, note en su mirada un destello de lujuria que opaco esa tristeza que la había hecho llorar antes.
 Ella fue directa y sin preámbulo a besarlo con la delicadeza y precisión de una amante apasionada. Sus carnosos labios me fueron devorando de una forma que no pude resistirme a  compartir el placer oral  junto con ella.
Termine acostado sobre el sillón buscando su precioso sexo para comerlo de una vez con la postura más equitativa de todas en el momento de disfrutar el deseo íntimo de los amantes.
 Su cuerpo se estremecía chupándome con más énfasis  y era maravilloso sentir como su miel se derramaba en mi boca mientras la llevaba al límite del clímax.
Entre gemidos ahogados me dijo:
-        ¡Me enloqueces…  por favor cógeme que no doy más!  

Provoco en mí, mayor deseo y continúe lamiéndole el clítoris hasta hacerla estallar entre mis labios.
Ahora quería ver su mirada de gozo. Termine por desnudarme y me senté nuevamente en el sofá poniéndome a su disposición… invitándola a montarme. Comenzó a masturbarme mientras yo iba quitando sus ropas y acariciaba sus senos.

-        Ven siéntate sobre mí.

Se fue acomodando sobre mis muslos hasta que fuimos uno, sentí mi verga llegar al fondo de su matriz como una estaca. Su cuerpo pegado al mío comenzó a moverse con  una violencia pasional que me estremecía con cada clavada. No deje de besarla y chupar sus preciosos pezones hasta verla acabar nuevamente.
Deje que se calme entre mis brazos, llenándola de caricias, sin dejar de penetrarla una y otra vez suavemente hasta escucharla nuevamente pedirme

-        ¡Cógeme, cógeme que me encanta como lo haces!
-         
Coloque sus piernas sobre mis hombros y volví a llenarla con mi vigor una y otra vez colmándola de ternura…de placer, de delirio hasta sentir esta vez que me estaba corriendo intensamente dentro de ella.  Fue un orgasmo memorable para mí. Había deseado tanto a esa mujer que nunca podría olvidarla.
Quedamos desnudos en la sala acariciándonos.
 En silencio.
Yo viviendo mi ensoñación aunque sea por esa noche… Ella… ella … el tiempo me lo diría .  

















Reseña Nuestra para amarte



Xander Santiago lleva años ejerciendo a la perfección el papel de playboy millonario. Jamás le dieron la oportunidad de contribuir en el imperio empresarial de la familia, y se convirtió en un maestro del sexo.
Su hermano Javier se ha erigido en el único responsable del holding y ha conseguido elevarlo a la cúspide empresarial a base de trabajo y dedicación. Pero ese esfuerzo le ha pasado una factura que, unida al asesinato de su esposa, provoca que desde hace un año busque refugio en el fondo de una botella de vodka. La ira y la culpa han tomado las riendas de su vida... hasta que su hermano Xander acude a su rescate y, obsesionado por ayudarlo a salir de la rueda de autodestrucción en la que está inmerso, le aparta del mundo y la rutina. Louisiana parece un buen punto de partida… Y allí conocerán a la única mujer capaz de equilibrar las enormes diferencias entre sus mundos.
London McLane es una mujer irresistible. Posee un carácter y una tenacidad implacables, lleva una década luchando contra las secuelas de un terrible accidente sufrido cuando era una adolescente y ha decidido que es el momento de vivir la vida en toda su plenitud.
Los hermanos Santiago están más que dispuestos a ayudarla en todos los sentidos y ella se presta a todas sus sugerencias con la esperanza de poder recompensarlos con un amor limpio, capaz de sanar todas sus heridas.
Pero un asesino les vigila con la inquebrantable misión de destruir a los hermanos Santiago, su empresa y a la propia London. El miedo y el deseo se enlazan en sus corazones, pues saben que cada latido puede ser el último…

Shayla Black
Editorial Phoebe
384 páginas
Serie Guardaespaldas VII

Adoro esta serie de Shayla Black y me moría por leer la siguiente. Lo que no tenía muy claro, es de quién trataba la historia, si de Javier o Xander, con lo cual me ha llevado a formarme algún que otro lio. Pero en conclusión, me ha gustado mucho y envidio enormemente a la protagonista London.

Me hubiera gustado que la trama hubiera sido un poco como la anterior novela, con algo más de acción. Cuando por fin llega me ha parecido algo cutre. 

Los protagonistas no han estado nada mal, aunque ha sido ¡¡muy precipitado todo!! ¡¡Pero todo!! Y repito, me muero de la envidia. ¿A quién no le habría gustado conocer a los hermanos Santiago y compartido con ambos experiéncias inolvidables? Yo la primera :p

London es una inocente inexperta. Xander es conocido como el playboy, demasiadas chicas al día para compartir sexo y Javier es un Amo con necesidades. 

Encontraremos un poco de BDSM, que me ha gustado y para nada escandalizado. Al revés, me pondría en su lugar para experimentar lo mismo ^^

El final me ha sorprendido muchísimo, de ahí a que me de tanta envidia. Si lo leéis, entenderéis por qué lo digo.
8,5