Sexting

"Te echo de menos" le envió el chico a través del móvil, con una carita de pena.

"No me echarás mucho de menos cuando te vas con tus amigos antes que venir conmigo... cabrón". Pensó Laura desde su sofá y con su pijama ya puesto.

Y al capullo no se le ocurre otra cosa que enviarle una foto demostrándole lo "mal que lo estaba pasando" sin ella.
Los dos Gin Tonics que se había preparado para ahogar las penas después del chocolate hacían que su sangre hirviera más de lo normal... "Quieres fotos?... vas a tener fotos".
Lo primero que hizo fue quitarse el pantalón, quedándose en las braguitas que usaba para estar en casa. Pensó en algunas fotos que había visto por la Web y abriendo las piernas (no demasiado) hizo "click" con su móvil desde arriba, dejando ver sus bonitas pantorrillas y el gracioso estampado de las braguitas. Apretó "Enviar" sin pensar demasiado.... y los dos "cheks" de leído, se encendieron demasiado rápido.
"Esto te pierdes amigo" le escribió a continuación.
"Wowwww" le respondió el chico más tarde de lo esperado.



Laura sonríe, sabe que le ha puesto nervioso. Piensa que ahora sí que lo está pasando mal y que ahora sí que la está echando de menos.
Para la siguiente foto se desprende de la parte de arriba del pijama. Sus bonitos pechos quedan al aire. Los toma con el antebrazo izquierdo, tapando justo por encima de los pezones. "Click" de nuevo... pero no le gusta. Laura aprieta ligeramente los dos pechos contra su antebrazo para subirlos y que se vean como dos dulces flanes. "Click".... "perfecto" piensa.
"Enviar"...... doble check... segundos..... minutos..... "Joder, no la ha visto, será mamón" piensa Laura.
"Piiinnnggg" Suena el móvil de Laura que con una sonrisa, abre el mensaje: "Mi niña.... que maravilla. puedo pasarme por tu casa ahora? Hemos acabado aquí"
A Laura se le encienden los colores, rabia, odio, todo se le enciende. Y allí en su sofá y solo con sus braguitas puestas, tiene la mente tan fría que le responde: "Sí... te espero".
Pasaron 20 lentos y odiosos minutos hasta que sonó el timbre del portal.
Pasaron 55 rápidos y nerviosos segundos hasta que sonó el timbre de su puerta.

Laura se levantó del sofá, con sus bonitas braguitas, sus piernas al aire y sus tetas moviéndose al ritmo de sus pasos.
Abrió la puerta, rápido, del todo, sin pensar. Allí estaba el chico que la había plantado esa noche, que con cara de bebé hambriento se quedó mirando los bonitos pechos de su rubia amiga.

- Hay que saber elegir.... - Le espetó desde el otro lado del marco, con los pies a la altura de los hombros, con un brazo sobre su cadera y con el otro en la puerta.
Y con un movimiento felino, cerró la puerta en las narices del chico.

Tranquilidad, sosiego, sus labios dibujaban una maliciosa sonrisa.
Cuando se sentó de nuevo en el sofá, semi desnuda, notó que su respiración era rápida, casi jadeaba. Cogió el móvil y revisó una vez más que en ambas fotos no se viera su cara. Las revisó con gusto... "No estaban nada mal" pensó.
Se recostó en el sofá, con una sonrisa en la cara y aún semi desnuda, se dejó llevar.


No iba a ser tan mala noche después de todo.






Para Norleva



Deseo en la playa





Me encantaban las playas solitarias. Salí del apartamento y comencé el largo paseo hasta la orilla cálida y blanca del mar. Ya llegaba hasta mi nariz el olor a sal y el ruido del oleaje. Apreté el paso y de pronto se extendió ante mí el gran mar azul, completamente desierto. Me encantaba contemplarlo. Desde el balcón de mi apartamento podía observar cual largo y ancho se extendía. Era una preciosidad.
Extendí la toalla y me desprendí del playero quedándome desnuda, salvo por el bikini en forma de tanga. Me senté y comencé a untar sobre mi cuerpo la crema protectora solar. Olía realmente bien y la mezcla de olores me relajó todavía más. Me tumbé exponiéndome al agradable sol y una leve brisa me refrescaba de vez en cuando. Después de unos minutos, me di la vuelta y apoyé la cabeza en mis brazos cruzados, esperando a que llegara.
Hacía un par de días, no era la única persona que disfrutaba de la soledad de aquella playa. Un chico, más o menos de mi edad, paseaba por la orilla junto a su perro. Me pilló en el agua, observándole y quedé prendada de él. Vestía un bañador de pantalón corto a cuadritos azules, claros y oscuros. Pude contemplar el magnífico torso bronceado, sus bíceps, su ancha espalda. Y su rostro, moreno de pelo con un corte irregular, pero moderno. Ojos almendrados, nariz pronunciada, labios con ganas de besar... Sí, me había excitado con tan solo verlo. El segundo día, volvió solo con su toalla y la extendió a unos metros de distancia. Lo justo para poder observarme con detenimiento. No hablamos nada, tan solo fueron miradas de deseo y sonrisas de complicidad.
Abrí los ojos y allí estaba, sentado en su toalla, a pocos metros de la mía y observándome. Sin querer me había dormido por unos minutos. Sentí un poco de vergüenza y me volví para incorporarme. Noté como las gotas de sudor recorrían mi pecho y un soplo de aire hizo que los pezones se alzaran. Sabiendo que él me observaba, recogí mi cabello en una coleta alta dejando expuestos a la vista mis pechos. Por el rabillo del ojo, noté un movimiento, un cambio de postura. Sabía que le había excitado y que el resultado era una erección.
Me levanté para tomar un baño. Tenía mucho calor y necesitaba el frescor del agua para calmarme un poco. Aunque con él al lado era algo imposible. El saber que eras observada, hacía que me excitara mucho más.
Mis pies rozaron la espuma de las olas y encogí los pies por el frío. De pronto sentí que alguien se aproximaba a mí. Noté un roce en mi hombro y la piel se me erizó. Siguió bajando por mi espalda, subió por la curva de mi trasero y bajó hasta la otra nalga para después volver a subir hasta el otro hombro. Apoyé mi cabeza sobre su pecho y dejé que continuara el roce por mi clavícula, bajando por un pecho, rozando el pezón varias veces provocándome un hormigueo en mi entrepierna. Siguió bajando por mi estómago, rodeó el ombligo y continuó hacia abajo, por mi pelvis, hasta rozar el clítoris. Hizo a un lado el bikini y su ágil dedo se introdujo en mi hendidura ya mojada y separé un poco las piernas para dejarle más acceso. Besó mi cuello y giré la cara para que se encontraran nuestros labios.
Me besó con ansia. Los dos bebimos el uno del otro, nuestras lenguas bailaban al unísono. Me giró y mis manos tocaron su cabello, mientras profundizaba más el beso. Él retiro su mano de mi entrepierna, para rodear mis pechos y acariciarlos.
- No sabía si estarías dispuesta a dejarte.
- Estoy dispuesta a dejarte y mucho más.
Tenía una voz ronca por la excitación que hizo estremecerme de placer. Recorrí mis manos por su torso sin dejar de besarle. Era bastante alto y tenía que ponerme de puntillas, pero eso no me importaba. Lo tenía ante mí, besándome y acariciándome con ansia.
Lentamente, nos fuimos introduciendo dentro del agua. Cuando nos cubrió hasta la cintura, mis manos entraron dentro de su bañador y acaricié con lentitud su verga erecta. Él siseó de placer y acogió en su boca uno de mis pezones. Lo succionó para después acariciarlo con la lengua.
Mis piernas temblaban de puro placer y ya no aguanté más. Necesitaba  sentir su miembro dentro de mí. Rodeé su cintura con mis piernas y mis brazos en su cuello. Era maravilloso tenerlo así de cerca, saborearlo, tocarlo, sentir la excitación que le provocaba mi cuerpo.
Él agarró con la mano su miembro y lo llevó a la entrada de mi sexo. Lentamente fue introduciéndolo en mí interior, provocando un dulce placer en mis paredes, haciendo que alzara mis pechos ante él y dejara caer mi cabeza hacia atrás.
Las olas movían mis cabellos, mientas él succionaba mis pechos y se adentraba más dentro de mí. Una vez estuvo por completo, me incorporé y comenzamos a movernos, friccionando mi clítoris en su pubis, entrando y saliendo su verga de mi sexo. Nos miramos un momento a los ojos y vi el placer en su rostro. Nuestros labios volvieron a juntarse entre jadeos. Él envestía con suavidad, lentamente, disfrutando del momento. Y yo me derretía de placer. Agarraba mi trasero y apretaba hacia él a la vez que su miembro entraba dentro mí.
Mi orgasmo se acercaba por momentos. La fricción que me proporcionaba sus embistes era increíble y su lengua en mis pezones hacía que hormigueara mi clítoris el doble. No pude aguantar más y comencé a moverme más deprisa, necesitaba llegar al éxtasis cuanto antes.
Él notó mi ansiedad y no dudó en proporcionármela. Se agarró a mi hombro, mientras con la otra mano empujaba mi trasero hacia su verga. Era delicioso el placer que recorría mi cuerpo. Me hormigueaba toda la pelvis y el clítoris ya hinchado estaba a punto de explotar.
Comencé a sentir un ligero placer, seguido de otro más fuerte y potente por todo mi sexo y no pude contener el grito de éxtasis. Había llegado al orgasmo en cuanto él se movió más deprisa. Pero no me detuve, mi sexo estaba a punto de mojarse con su corrida. Comenzó a temblar y un desgarrador gemido de placer, salió de su boca.
No me soltó, siguió abrazándome mientras recuperaba el aliento con su frente apoyada en mi hombro.
- ¿Mañana a la misma hora?
- Desde luego.
Mañana, la siguiente y todas las que hicieran falta. 

El dependiente se folla a mi mujer

-          Cielo en serio tenemos que ir hoy al centro comercial. No me apetece nada.

-          Sabes que tenemos que ir. Hay que hacer la compra para la cena de mañana y yo estoy esperando la regla y ya no me queda ni una jodida compresa.

-          Esta bien iremos a comprarte las dichosas compresas.

Aceleras un poco el coche para llegar cuanto antes. Aquel sábado no te apetecía nada ir a comprar. Después de una semana demasiado dura en el trabajo, lo único que te apetecía era quedarte con tu mujercita haciendo manitas debajo de la colcha.

Lo que mas te jodia de aquello era que ella estaba ya tan cachonda. No sabias como se te había podido de esas maneras. Justo cuando estaba apunto de comérsela hasta el fondo, aquel maldito teléfono no tiene otra cosa que hacer que sonar. Si no hubiera sido por aquella condenada llamada ahora mismo estaría debajo de las sabanas deleitándote con una buena mamada mañanera. Además,  ¿Que se les habría perdido a aquellos amigos que hace un siglo que no ves para querer venir a casa el domingo a comer?

Con un monumental cabreo, aparcas el coche en aquel parking. Tu mujer te tiende su mano y con una sonrisa en sus labios te dice:

-Venga gordi te invito a desayunar y por lo que hemos dejado a medias, no te preocupes. Antes de que te des cuenta tendré el palito de mi felicidad soltando soldaditos por mi boca.

- Esta bien pedimos un desayuno para llevar y rapidito que estoy cargado de amor.

Te ríes como un quinceañero. Aquellas bromas te hacían revivir sensaciones que tenias casi en el olvido.

Al llegar al ascensor te das cuenta de que no va a ser tu día de suerte. Esta hasta arriba y tu vas a la ultima planta. Parece que el destino esta jugando a putearte y bastante. Ya dentro del ascensor, te pegas mucho a tu mujer para poder entrar. Todo sea por acabar cuanto antes. Al pegarte tanto, sientes su pecho rozando el tuyo y lo que tienes entre tus piernas vuelve a crecer como si no fuera suficiente castigo. Con todo el disimulo del que puedes hacer acopio en aquella situación, te fijas por primera vez en la ropa que lleva tu mujer hoy. No entiendes como se te ha podido pasar ya que varias miradas están fijas en ella. Se había puesto la blusita blanca, esa que se le trasparenta un poquito lo que hay debajo, y la había combinado con el sujetador nuevo que la realzaba tanto los pechos. Entre el sujetador y el escote de vértigo, hubieras jurado que se le podía ver casi el ombligo. Para la parte de abajo había escogido una de esas faldas que no sabes muy bien si es un cinturón ancho o una falda muy corta. Sin cortarte ya un pelo y con el calentón a flor de piel, deslizas una mano en busca de cueva en donde gratamente descubres que o se ha hecho pipi encima o esta muy contenta de que la visite aquel inesperado invitado. Parada a parada el ascensor se va llenando aun más si es posible. Cada vez estas mas cerca de tu mujer y cada vez juegas mas con tus dedos en su coñito buscando su punto g. tu mujer se pega a ti y te susurra al oído.

-          No sabía que te cabían tantos dedos en mi coño y en mi culo.

Justo se para el ascensor y un vejete de unos 60 o 65 años sale de detrás de tu mujer no sin antes guiñarte un ojo mientras se huele los dedos.


Te encuentras entre la indignación y el morbo de saber que aquel viejo ha profanado el sagrado orificio de tu propiedad. Con estos contradictorios pensamientos llegáis por fin a vuestro piso. Decides que lo que acaba de pasar entre el viejo y tu esposa aun no se lo vas a contar. Lo dejaras para cuando lleguéis a casa a ver como se lo toma.

Pedís un par de cafés para llevar en aquel bar y salís disparados al supermercado vas caminando cuando tu mujer se detiene un segundo delante de una tienda de lencería.

-          Cariño sabes que me gusta tanto o mas que a ti pero por favor no te pares que quiero acabar cuanto antes para hundirte mi herramienta en tu ser.

Justo en aquel momento un chico de no mas de 20 años aparece montado con unos patines y de un fuerte empujón te hace caer hacia atrás tirándote todo el café encima. Cuando tu mujer se agacha a levantarte otro joven con patines hace su aparición y con una sonora palmada en el culo de tu señora grita:

-          Eso son carnes y no lo que hecha mi madre al cocido.

Antes de que te puedas levantar los chicos han salido disparados y les has perdido la pista. Estas con toda la camisa llena de café así que con un mosqueo más que evidente te diriges hacia los baños para intentar disimular aquel estropicio.

Diez minutos después y con la camisa mas sucia que limpia vuelves a donde habías dejado a tu mujer para que te esperara pero…. Allí no hay nadie. Levantas un poco la cabeza y ya sabes donde esta. En la tienda de lencería. Como un toro entras allí dispuesto a arrastrarla y acabar con aquellas compras cuanto antes.

La ves al fondo con un dependiente un poco más mayor de los que te han tirado hace un poco al suelo. Vas decidido pero algo te hace pararte en seco. Se están riendo y ella claramente le esta pidiendo opinión sobre unos sujetadores. Te acercas disimuladamente para que no se den cuenta de tu presencia y así poder escuchar toda la conversación.

-          José, ¿José te llamabas no? Decídete que me va a pillar mi maridito y le quiero dar una sorpresa ¿Cuál me llevo el rojo o el azul?

-          Uff no se sin verlos puestos es difícil decidir. De todas formas y sin querer ofenderla yo creo que sus pechos sin ropa interior se verían espectaculares.

-          Pues no eres tu pillín ni nada. Jajaja. De todas formas gracias por el cumplido pero me gusta realmente llevarla para calentar al máximo a mi cariñito. Bueno llévame a ver unos tanguitas con muchas transparencias que me vuelven loca.

Ropa interior, un viejo metiéndola mano en el ascensor, unos chavales que azotan su culo, ahora un yogurin intentando ligársela claramente… Aquello parecía Sodoma y Gomorra y ya no sabias si lo peor es que vieras que tu mujercita estaba disfrutando como una perra o que tu estuvieran tan empalmado como lo estabas.

Vas detrás de ellos y ves como tu chica coge el tanga más minúsculo que hay se lo pone por encima y con una cara de no haber roto un plato en su vida dice:

-          ¿Me lo puedo probar José?

El chico con un bulto más que visible en su pantalón tartamudea y asiente con la babilla casi escurriéndosele por la comisura de la boca. Se da la vuelta hacia los probadores. Y de lejos le suelta:

-          ¿Vas a venir a sujetarme la ropa o espero a que me atienda alguno de tus compañeros?

El chico con la misma cara de alelado que tenía tan solo hace unos segundos, sale detrás como si fuera un perrito faldero.

Les sigues hasta los probadores te metes disimuladamente en uno enfrente de ellos. Con el calentón que llevan ambos ni se dan cuenta de ti. Desde allí ves como le da el tanguita y uno de los sujetadores.

-          No mires viciosillo mientras me cambio.

Aunque le dice eso deja la suficiente abertura para que la vea y tu desde allí que no puedes verlo porque te lo tapa el chico.

-          Me puedes ayudar José se me ha enganchado el sujetador y no se abre.

Aquello es lo máximo. Aquel chico corrió un poco la cortina y se metió allí dentro. Es entonces cuando tu amante mujercita repara en ti. Abre un poco los ojos con miedo al que la dirás pero se muerde los labios y hace algo que tu no pensabas que pudiera hacer nunca. Se da la vuelta y enseña al pobre dependiente aquel buen par de atributos.

El chico no se lo piensa dos veces y como si fuera un lactante los ataca. Tu mujer se mueve mucho y ves como intenta colocarse para que tú puedas ver el máximo del espectáculo sin que él se dé cuenta. Le ves devorar los pechos que llevan tu nombre y aquello era lo que realmente necesitabas para asumirlo. Te gusta ver como se follan a tu chica. Lo decides de una vez, te bajas los pantalones y te preparas para la mejor paja de tu vida.

En el probador de al lado no pierden el tiempo y ahora es ella la que afanosamente se entretiene en desabotonar y dejar salir el pollon que calza aquel niño. Lo intenta agarrar con una mano pero le es imposible. Ni con las dos es capaz de rodearlo. Y como tu bien sabes. Ante una cosa así no se puede hacer otra cosa que lo que hace tu mujer. Arrodillarse y empezar a lamerlo poco a poco. Al principio como si fuese un helado. Después metiéndoselo hasta donde le da. La oyes atragantarse y tu mientras ella le devora aquel monstruo de un solo ojo te estas pajeando a una velocidad poco recomendable. Ella sigue con la mamada. Ahora le presta atención a sus testículos. Se los mete enteros a la boca y juega con ellos. Cuando el chico parece que se va a correr en su boquita, le saca la polla y la pone de pie. Le sube un poco la falda y le quita el tanga. Sin mucho cuidado lo lanza al exterior del probador. Miras ese tanga como si fuese un caramelo y sin pensártelo dos veces lo coges. Te lo llevas a la nariz donde compruebas lo bien que huele un coño mojadito. Sin pensártelo un segundo más, te lo pones y empiezas a tocarte con el tanga de tu mujer puesto.

Levantas los ojos y ves como el jovencito le esta haciendo una comida a tu parejita que la hace poner los ojos en blanco. Sabes que pronto se va a correr por su respiración así que esperas el momento y… Splash el joven dependiente acaba con su cara salpicada de la corrida de tu señora. Se relame y se le oye decir entre dientes.

-          Métemela Por favor.

El no espera más. La apoya contra la pared del probador y la destroza sin compasión taladrándole sin piedad su agujero. La follada es salvaje. Así que por miedo a que les oigan el dependiente busca en el suelo el mini tanga que ha llevado al probador y se lo mete a la boca para hacerla callar. El ritmo de la follada es brutal sabes que muy pronto el joven potro va a soltar su cargamento la pregunta es ¿Dónde?

La respuesta la sabes antes de lo que a ti te hubiera gustado. Le da la vuelta a tu mujer, la arrodilla. Ella te mira a los ojos por un segundo y recibe en su cara una corrida salvaje. Uno, dos, tres, cuatro, cinco chorros de espesa lefa llegan a ella que los intenta sin mucho éxito meter dentro de su boca. Aquello es demasiado así que te corres como nunca antes en su tanguita húmedo, mientras ves su cara salpicada por la semilla de aquel hombre que  acaba de conocer. Le ves coger su polla e ir recogiendo los restos de corrida de su cara y llevárselos a la boca para luego dejársela bien limpita.

Igual que entraste te vas sin hacer ruido con el tanga de tu señora debajo del pantalón. Sales de la tienda, esperas 5 minutos fuera y vuelves a entrar.

Ella esta en el mostrador con su cara de no haber roto un plato en su vida.

-          ¡¡¡Hola cariño!!!  Jo me has pillado yo que quería darte una sorpresa. ¿Sabes una cosa? He perdido el tanga aquel tan bonito que me compraste mientras me probaba ropita así que me he comprado otro. ¿Te gusta?

Lo saca de la bolsa y te lo enseña.

-          Muy bonito.

-          Pues anda págale a este chico tan majo y dale una propinilla que me ha apoyado mucho en la decisión.

Sacas la cartera y le pagas. Le das 20€ mas y ella antes de que se los des, coge un bolígrafo que había por encima de la mesa. Apunta su teléfono y:


-          Cuando entre la nueva colección avísame que estoy deseosa de probármela.

Salimos de allí y se oye decir.

-          Señor. Muuuuchas gracias.