Nota Informativa

Queridos lectores:

Veo que poco a poco el blog comienza a despegar, viendo incrementadas las vistas de todos ustedes de forma exponencial.
Me gustaría pedirles su colaboración, dado que hemos recibido escasos correo por su parte.
Pueden enviarnos sus sugerencias, comentarios y preguntas, así como sus propios relatos eróticos vía e-mail, a la dirección:
relatoseroticoshot@gmail.com
Sus opiniones serán tenidas en consideración, y atendidas a la mayor brevedad posible.
Feliz Navidad a todos y próspero Año Nuevo.


                                                                                                   El Equipo de Relatos Eróticos Hot

Relato nº 16: Pasión y lascivia madre e hijo.

Por primera vez me atrevo a revelar un secreto que he mantenido en estricta reserva por mucho tiempo y que atañe a una parte de mi vida caracterizada por la turbación, la culpa y la oscuridad, por una parte, y por el goce y el disfrute de los deleites carnales sin límite, por otra.
Fui madre muy tempranamente en mi vida de un bello varón. El padre del bebé en gestación se hizo humo, se desentendió de su paternidad. Mi familia, por otra parte, me repudió y me envió a un convento de monjas de claustro. Yo era muy joven, estaba muerta de miedo, colmada de incertidumbres y, encima, estaba encinta. Lo veía todo negro, sin perspectivas, sin futuro. Sin embargo, ese monasterio no parecía tan malo dentro de todo. En aquel lugar me ganaba el sustento y el cobijo propio y el de mi niño trabajando de sol a sol para las monjas. Hacía labores de limpieza, de criada.
A medida que mi hijo fue creciendo fue necesitando de instrucción. Yo no quería quedar al margen y delegar completamente la educación de mi hijo en terceras personas y por eso decidí prepararme para estar a la altura. Terminé mi educación secundaria por medio de cursos por correspondencia y exámenes libres validados por el Ministerio de Educación. Más tarde proseguí estudios superiores a través de un sistema, pionero en aquel entonces, de educación a distancia vía Internet. En eso las monjas me apoyaron mucho, me pasaron un ordenador para mi uso exclusivo y el servicio de Internet ilimitado estaba en todo el convento. Con mucho esfuerzo me gradué en administración y dirección de empresas, con énfasis en finanzas, en una universidad pública.
Con mis nuevos conocimientos las monjas me ofrecieron un puesto de trabajo en el área de administración del monasterio. Me empezaron a pagar una remuneración justa y habilitaron para mí y mi hijo un pequeño apartamento en un sector aislado e independiente de la abadía. Esta vivienda, que reemplazó al cuarto que nos había servido de albergue por años, constaba de dos habitaciones, un pequeño salón-comedor, cocina y un baño. Era muy mono y estaba amueblado y sobriamente decorado.
Con el tiempo me nombraron Administradora General del convento y, más tarde, también  asesora financiera de la orden a la que pertenecían las monjas. Tenía un sueldo bastante bueno, incluso mejor que el promedio de mercado para  cargos de trabajo análogos, considerando que teníamos vivienda, servicios básicos y alimentación sin coste extra.
La relación con mi hijo siempre fue muy estrecha, granítica. A medida que él se hacía hombre, guapo, varonil, amable, seductor innato, deportista, estudioso, etc., yo lo dejé de ver como al niño indefenso que requería de protección y lo comencé a ver como al varón de la casa, la figura masculina de nuestra familia.
Poco a poco lo empecé a admirar tanto por sus logros en el plano educativo como por sus cualidades personales. Después me atrajo también su virilidad, su vigor, su cuerpo fornido y bien tonificado, su porte, su estampa de galán. Sí, me fui sintiendo con el paso del tiempo, cautivada, deslumbrada, embelesada por mi hijo. Sin embargo, al mismo tiempo, experimentaba culpa por aquello que había germinado en mí. Era algo que los cánones de la sociedad decían que no debía ser, que no era correcto. Tampoco sabía si mi sentimiento era correspondido por mi hijo. Muchas veces una vocecilla interna, un grillo, voceaba insistentemente en mi mente:
—¡ábate, quítate del camino sentimental, sexual de tu hijo y cíñete estrictamente a tu rol de madre!
Pero no quería, o más bien dicho, no podía, era superior a mí, no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo. Sentía que me encontraba más allá del punto de retorno, no podía detenerme.
Traté de subyugar aquellos pensamientos impuros, impropios de una madre para con su hijo, según los preceptos de la sociedad en la que vivía.  Pero solo logré disimularlos, encubrirlos ante él y la demás gente. Pero durante mis solitarias noches resurgían con ímpetu y brío, con impudicia asombrosa. Cada noche me masturbaba, estimulaba mis genitales y mis zonas erógenas manualmente, y experimentaba uno o varios desfogues lujuriosa y colosalmente placenteros pensando en que mi hijo me follaba, en que yo rodeaba el glande de su rabo con mis labios y luego le chupaba la polla, en que su semen caliente bañaba mis tetas o llenaba mi vagina, en que mis fluidos íntimos eran sorbidos y paladeados por él con ansia, con fruición.
Al principio, después de hacerlo, de autosatisfacerme pensando en que mi hijo me hacía su mujer, me follaba con pasión, me sentía culposa, sucia. Con el paso del tiempo ya no experimenté tanto dicha sensación, cada día menos, pues por una indescifrable razón fui racionalizando poco a poco el tema, le fui sustrayendo la carga moral impuesta exógenamente, le fui quitando paulatinamente el peso de las reglas sociales y religiosas y me liberé, me emancipé de las ligaduras que no me dejabar gozar a plenitud. Me autoconvencí que no era algo para estar verecunda, pues solo era una de las muchas formas que tiene la sexualidad de manifestarse. Entonces me abrí al goce masturbatorio incestuoso en toda su integridad. Pero hasta entonces no pasaba de ahí. Lo hacía en secreto, en silencio, a oscuras, con sigilo. Convertí a mi cama en un testigo ignoto y afásico de mi accionar nocturno, de mis anhelos impúdicos, lascivos, concupiscentes, del apetito carnal desbordado para con mi hijo.
Una noche, en medio de una sesión de onanismo, me levanté a buscar agua helada a la cocina. Estaba excitada, caliente, y pensé, ilusamente, que un poco de agua helada aplacaría mi fuego interno, aminoraría las llamas del deseo sexual incestuoso.
Por lo avanzado de la noche creí que mi hijo dormía profundamente y por eso me levanté tal y como me metía en la cama todas las noches: sin ropa interior alguna y con un camisón corto, de tela delgada. Esta vez, además, el tejido del que estaba confeccionada mi camisa de dormir era semitransparente, dejaba ver con claridad mi figura delgada, mis tetas voluptuosas con sus pezones erectos, mi cintura de bailarina de ballet, parte de mi vagina y vello púbico cuidadosamente rasurado en forma de pequeño triángulo. Por detrás mi culo compacto, redondeado y respingón también quedaba expuesto. Completaban el cuadro una melena rubia, un rostro grácil de finas facciones, un par de ojos color azul celeste, una boca enmarcada en unos labios carnosos y sugestivos, amén de unas piernas esbeltas, blancas, tersas y bien torneadas, fortalecidas y vigorosas.
Estando en la cocina escuché unos pasos aproximarse y la voz de mi hijo decir:
—¡mamá!
Me giré hacia la puerta de la cocina sin tomar conciencia de mi semidesnudez ni de los signos físicos de mi estado de excitación sexual. Vi a mi hijo con el torso y piernas desnudas, cubriendo sus partes pudendas con un diminuto slip que hacía resaltar su pene gordo y largo.
—Parece que … a ti…también…te dio…sed  —me dijo con voz entrecortada al observar,  como nunca antes, mi cuerpo semidesnudo expuesto a su mirada penetrante.
En aquella ocasión noté por primera vez que mi hijo me miró con ojos libidinosos, lujuriosos. Incluso alcancé a atisbar, antes que parapetara su entrepierna contra un mueble de la cocina, que su rabo se levantaba deprisa. Eso me dio a entender a las claras que mi hijo podía sentirse atraído sexualmente por mí, que me podía ver como lo que era, una mujer con apariencia juvenil, atractiva, sensual, capaz de sentir y dar dicha carnal, y no solamente como a una madre.
Aquella noche, aquella situación, marcó un punto de inflexión, un antes y un después, en la relación de mi hijo conmigo y viceversa. Yo comencé a comportarme diferente frente a mi hijo. Me propuse seducirlo, tentarlo con cierto disimulo. Me empecé a duchar con la puerta del baño entreabierta, me cambiaba ropa sin cerrar la puerta de mi cuarto, en casa andaba con ropa sexy, vestidos cortos, braguitas minúsculas, pechos sin sujetador y, quizás lo más relevante, una actitud liberal y de seducción continua, una conducta que daba a entender, más allá de lo aparente, que esta mujer quería conquistar a ese hombre, a esa encarnación viva del deseo en que se había transformado mi hijo.
Él también hizo cambios: se paseaba a menudo en calzoncillos o bañador por la casa, me miraba repetidamente y sin pudor mi escote, mis tetas desnudas, desprovistas de sostén; clavaba su mirada en mi culo, en mi entrepierna, me fisgoneaba cada vez que me duchaba y cambiaba de ropa. Unas cuantas veces lo vi masturbarse al interior de su dormitorio al tiempo que pronunciaba entre dientes cosas como:
—Así mamá, chúpemela entera, lame mis huevos, bébete mi leche, mami.
—Mamá dame tu culito para follártelo…para rompértelo. Abre tus piernas para que mi polla entre en tu coño y te haga gozar, te haga correrte a lo bestia.
—Mamá, déjame chuparte las tetas, acariciarte con mi lengua tu clítoris, succionar y beber con mi boca tus jugos íntimos, comer a besos y caricias tu ojete anal,…   
—Así mamá, pajéame hasta que me corra y mi leche bañe tu cara y empape tus tetas.
La primera vez que presencié uno de estos actos y oi una de estas frases quedé atónita, pasmada, incrédula en un primer momento. Al minuto siguiente me venía una sensación de dicha por sentirme ansiada, apetecida por quien yo tanto deseaba carnalmente. 
Varias veces en mi trabajo, luego de aquello, a solas en mi despacho, venían a mi mente imágenes de mi hijo cascándose el pene y retumbaban en mi cabeza aquellas frases guarras, obscenas, golfas que aludían a mí. Me excitaba de sobremanera al punto que debía concurrir al baño de mi despacho para alivianar la calentura con mis dedos, con gemidos sordos, enmudecidos por temor a ser sorprendida por una de las monjas.
Un viernes después del trabajo llegué a mi casa y al creer que mi hijo no estaba, me desnudé en mi cuarto y me fui así al baño para tomar una ducha reparadora. De vuelta a mi habitación vislumbré por el rabillo de un ojo a mi hijo, oculto en un rincón de su cuarto, pajeándose y mascullando sus frases guarras ya habituales. Impulsivamente me detuve, desnuda como estaba, y me asomé a mirar y oír.
—Así mamá, córrete, córrete y déjame sorber el elixir de tu coño con mi boca.
Sentí un escalofrío de fogosidad, de vivo deseo sexual, que me estremeció y recorrió mi cuerpo de la cabeza a los pies. Apenas pude corrí a mi cuarto y me encerré por más de una hora, aunque mi real anhelo era abordar a mi hijo y follar con él hasta quedar agotados, con mi cuerpo regado de semen y el suyo empapado con mis jugos vaginales.
Luego de tranquilizarme salí de mi dormitorio y fui a la cocina a calentar la cena que la monja a cargo de la cocina me había pasado al salir de mi trabajo.
Cenamos con abundante vino y conversamos de temas cotidianos y triviales, No obstante, mis achispados sentidos captaban algo extraño en el ambiente, algo que estaba a punto de bullir, de explosionar, de estallar. De pronto, en medio de la sobremesa y de mis cavilaciones, mi hijo me espeta:
—Mamá ¿me harías un favor?
—Sí, por supuesto cariño ¿de qué se trata? —respondí casi musitando, embargada por la sorpresa y por el temor —y la secreta esperanza— de que se tratara de algo vinculado con lo ocurrido hacía un rato y con la sensación ambiente por mí percibida.
—¿me dejarías bailar contigo, bailar juntitos algo romántico y sensual?
—¿sensual?
—Sí mamá, sensual, como un hombre y una mujer que se quieren ¿o me vas a negar que me quieres, que nos queremos más allá de como madre e hijo?
Un silencio sepulcral inundó el lugar. Sabía para dónde iba esa invitación, sus palabras lo trasuntaban nítidamente. Quise negarme, excusarme de cualquier manera, pero no podía porque él decía la verdad. Yo lo deseaba, nos deseábamos como un hombre y una mujer. Además el alcohol me hacía estar más desinhibida y con menos control de mi misma, avivaba la calentura que aún llevaba en el cuerpo.
—¿qué dices mamá? ¿bailamos? —insistió inquisitivamente.
—Sí —susurré excitada, caliente.
En un pispás estaba entre sus brazos, cogida de la cintura, con nuestros cuerpos muy cercanos y danzando con música suave, sensual, sugerente, provocativa.
Con el transcurrir del baile, mi hijo fue pegando su cuerpo al mío hasta el punto que mis tetas se hundían en su pecho y mi entrepierna húmeda abrazaba alegremente su pene. Recuerdo como si fuera hoy que en aquel instante me desaté, perdí el escaso control que aún mantenía de mi ser, dejé fluir todas mis ansias erótico-incestuosas acumuladas por tanto tiempo, todas las ganas  canalizadas en aquellas interminables noches de onanismo se hicieron carne en ese momento. Mis labios se unieron a los de mi hijo en un beso monumentalmente pasional, húmedo, con lengua, inacabable, liberador. Segundos después mi vestido caía al suelo e igual suerte corría mi pequeño calzón por acción de las ágiles manos de mi hijo. En paralelo le quitaba su camisa y bajaba sus pantalones, calzoncillos incluidos. La larga y gruesa verga de mi retoño se erguía orgullosa entre mis manos pidiendo ser agasajada.
Instantes más tarde estaba arrodillada, completamente desnuda, chupando aquella grandiosa polla de mi hijo, pero que en ese momento era más mi hombre, la viva materialización de mi apetito sexual refrenado. De fondo, como banda sonora, escuchaba las ya familiares guarradas de él para conmigo:
—Así mamá, chúpemela entera, mámamela, cómetela toda, lame mis huevos, mami...
—Chúpala más mamá que quiero correrme en tu boca, inundar de semen tus tetas, impregnar tu cara con mi leche caliente…
Unos minutos más tarde una enorme columna de semen brotaba de su pene alcanzando de lleno en sus fetichistas blancos: mi ávida boca, mi rostro y mis senos. Sentí mi cuerpo sacudirse, remecerse de un hondo placer indescriptible, coronado con un exquisito y prolongado orgasmo. Paramos un rato para saborear el momento y limpiarme la cara y los pechos con un pañuelo de papel.
Superado aquello, nos cogimos de las manos y nos fuimos a mi cuarto. Él me recostó boca arriba en la cama y se sumergió de lleno en mi entrepierna,  tomando por asalto mi vagina. Mi clítoris lo recibió gustoso, erecto, y fue lamido, succionado y mordisqueado. Yo, con los ojos cerrados, me dediqué a disfrutar y a gemir sin límites.
Cuando reabrí mis luceros azules, vi que mis piernas estaban abiertas y apoyadas en los hombros de mi hijo. Su pene enhiesto empezaba a refregarse contra mi clítoris lo que hacía trastornar mis sentidos de puro gusto. Reanudé los gemidos que luego pasaron a ser resuellos, después resoplidos y, finalmente, fuertes jadeos. Ahora era yo quien profería guarradas:
—Así hijo, así. ¡Cómete el coño de tu madre!
—¡Fóllame, fóllame, fóllame! ¡Métemela toda, hasta el fondo, deprisa!
Entonces observé con alborozo indisimulado cómo aquella gorda, espléndida y extensa polla entraba y salía de mi matriz rítmicamente, dichosamente.
—¿te gusta mamá, te gusta cómo te follo? —inquirió mi hijo.
—Sí, sí, sí, siiiií ¡me encanta! ¡dame más, más, maaaaás! ¡métela más fuerte! —respondí excitada, caliente, en llamas.
El mete y saca se aceleró ostensiblemente hasta el punto de estremecer mi cuerpo por completo, todo él vibraba de gozo y me hacía gritar de placer, de regocijo infinito. Era algo que hacía largo tiempo ansiaba con todo mi ser. Además, por años me había mantenido inactiva sexualmente. Parecía una monja más.
Súbitamente se detuvo aquel delicioso mete y saca veloz. Mi hijo me pidió colocarme a gatas encima de la cama. Abrió mis labios vaginales y empezó a chupar anhelantemente de nuevo mi clítoris, con fruición, con pasión desbordada. Después, con igual ahínco, se dedicó a ensalivar mi virgen, nunca penetrado, agujero anal. Esto me asustó, me inquietó porque yo jamás había practicado el sexo anal y porque la tranca de él era muy gruesa, muy gorda.
—Mamá ¿puedo encularte, follar tu culito? —preguntó mi hijo entre chupeteos.
Dudé qué responder…quería complacerlo…estaba caliente, ardiendo…pero el temor al dolor me hacía tener recelo.
—Bueno, cariño mío, pero por favor ten cuidado que nunca me lo han hecho por ahí —rogué entre sollozos de calentura entremezclados  con miedo.
Se levantó con su falo en ristre y apuntó al objetivo, lo posó a la entrada de mi ano y comenzó a empujar despacio, muy despacio. Mi cuerpo temblaba, tiritaba de pánico.
—Tranquila mamá, si te duele mucho no lo hacemos. —apuntó mi hijo con voz dulce, al tiempo que sus manos sobaban mis tetas y recorrían mi vagina de un extremo al otro.
  
La penetración continuó lenta, pero incesante hasta que su escroto, sus cojones, tocaron mis nalgas. Me sentí atravesada, invadida, llena por dentro y algo dolorida. Mi hijo mantuvo quieto su pene al interior de mi culo mientras lo amansaba y magreaba por fuera. Paulatinamente la sensación de dolor fue cediendo y dio paso a una de placentero agrado.
El pene de mi hijo empezó a moverse hacia atrás y hacia adelante muy lentamente en un cadencioso vaivén que me provocaba goce, disfrute y que apaciguaba mi calentura.
—¿te gusta mamá cómo te la meto por el culo?
—Sí cariño, mucho —contesté, no podía mentir, me estaba gustando mucho, muchísimo.
Empecé a tocar mi clítoris y la sensación de placer creció notoriamente al extremo que reaparecieron los gemidos y los jadeos. Las exhortaciones guarras también se hicieron presentes:
—Dale hijo, dale más fuerte. ¡rómpeme el culo y llénalo de tu leche!
Instantes después, la tranca de mi retoño entraba y salía de mi culo sin cortapisas, con virilidad, con pasión, con lujuria, con lascivia. Yo, en tanto, transitaba entre los gemidos, los chillidos, los jadeos y los francos gritos de gozo inmensurable.
El entrar y salir anal de la gorda y larga polla de mi hijo seguía y seguía, incansable, imparable hasta que un chorro de semen espeso y caliente inundó mi culo y comenzó a escabullirse hacia fuera al saturar la capacidad de absorción de las paredes  internas de mi culo. Mi hijo se desplomó extenuado sobre la cama. Su rostro denotaba cansancio, pero sobre todo, un enorme placer.
Nos acurrucamos desnudos en la cama, besándonos y haciéndonos arrumacos hasta quedarnos dormidos.
  
Tres o cuatro horas más tarde desperté por la presión del pene duro de mi hijo luchando por reingresar a mi coño y volver a follarlo. Follamos varias veces más hasta que el cansancio pudo más que nuestra pasión y  lascivia. Pero recomenzamos las sesiones coitales a la mañana siguiente.
Desde entonces y por largo tiempo dormíamos juntos y follábamos todos los días, en las mañanas, apenas regresábamos a casa después del trabajo o el estudio y en las noches.

Relato nº 15: Chantajeando a mi abuela

Con mi madre las cosas no andan nada bien, ella es muy mandona, cruel, exigente, además, muy pagada de si misma, pero eso si, es una hermosa mujer, con un busto deslumbrante. Desde la muerte de papá, en lo único que ella pensaba era, en el negocio que había montado, no atendiéndome para nada, solo se dirigía hacia mi para obligarme ha realizar todo el trabajo de la casa, ridiculizando cualquier error que pudiera cometer.

Cuando tenía una oportunidad de sacarse de encima mi presencia, la aprovechaba plenamente, una de esas ocurrió el verano pasado cuando me pudo mandar al campo algunas semanas a la casa de mi abuelo. Por ello me dijo, con su tonadita socarrona con la cual se dirigía siempre hacia mi:

Tu abuelo tiene que venir a Bs. As. a una reunión de trabajo y tu abuela necesita que le den una mano para limpiar el ático de la casa, por lo tanto te vas a ir inmediatamente para allá.

Pero mamá.....

Comencé a decir, pero no pude terminar la frase, pues me cruzó la cara con una fuerte cachetada, que provocó que me salieran lágrimas de mis ojos, dificultaran mi visión.

No quiero oír ninguna excusa....

me replico con voz muy alta y en un tenor muy agresivo.

Yo no quería ir a la casa de mi abuela, pues sabía que me iba a aburrir soberanamente pero me era imposible librarme de ello. Ella tenía 65 años, y era mucho mas embromada y criticona que mi madre.

Ante la evidencia de que nada podía impedir mi exilio forzado en esa casa, ubicada a unos pocos kilómetros de un pueblo del interior de la provincia, empecé a preparar mis petates, no olvidando mi grabador de audio, mi cámara fotográfica y la de video, para tratar de hacer menos monótona las dos semanas de estadía que me esperaban en la casa de mi abuela.

Muy temprano, en a la mañana del siguiente día, salí de mi casa, y me dirigí hacia la terminal, donde tomé el ómnibus que me llevaría a mi destino. Al llegar, mi abuela ya me estaba esperando para llevarme a la casa. Al verme descender del transporte, sin saludarme y sin demostrarme ningún tipo de gesto cariñoso de recibimiento, me ordenó.

Vamos, agarra tus bagajes y colócalos en el baúl del coche, así partimos rápido, que te están esperando un montón de trabajos en la casa.

Ya me imaginaba la cantidad de tareas que mi abuela había reservado para mi y sobre todo, considerando que tenía que realizarlas soportando el terrible calor existente para esa fecha. La temperatura durante el día raramente bajaba los 30 ºC.

La altura de mi abuela mide aproximadamente 1,70m y pesa unos 70kg, muy bien y uniformemente distribuidos. Su cabello estaba cortado corto y era rubio platinado, que producía un fuerte contraste con su piel completamente tostada, con un color bronceado. Su rostro aunque poseía arrugas propias de su edad, era hermoso, salvo que siempre poseía ese rictus que le daba estar siempre con una expresión de enojo y seria. Vestía un short, sandalias y una blusa suelta, que no podía disimular esa dos grandes protuberancias que sobresalían de su pecho, que eran sus pechos. Sus piernas están perfectamente contorneadas y se notan en ellas sus musculosas pantorrillas, resultantes de sus actividades en la casa y en sus horas de caminatas que realizaba, según le contaba a mi mamá.

Su porte era bastante parecido al de mi mamá, pero con un poco menos de torso.
Todo esto lo podía observar cuando ella no me estaba mirando, pues tenía miedo de cómo podía reaccionar.
Con una tonada de disgusto, me dijo:

¿¿¿¿Estas listo ya???

Luego de haber cargado todos mis bultos en el baúl del coche, subimos al mismo y nos dirigimos hacia la casa. Durante el transcurso de todo el recorrido no intercambiamos ninguna palabra.

Luego de instalarme en la casa, me dijo que me hiciera lo que quisiera comer y se fue, no la vi más, hasta el día siguiente. Al otro día, al levantarme, muy temprano en la mañana, lo primero que me dijo fue:

Jorge, vos estas aquí únicamente para trabajar, por la tanto, ve inmediatamente al ático y saca todas las cajas que hay en el extremo sur del mismo, pues todo eso es basura.

Refunfuñando toda la mañana conmigo mismo, subí y baje tantas veces esos tres niveles de escaleras que llevaban hasta al ático, que al final había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho.

Ya sea porque estuviera cansado o choqueado por el calor reinante en ese lugar de la casa, que sobrepasaba tranquilamente en 10º la temperatura exterior, en una de esos tantos viajes que realicé, trastabille y fui a dar contra una de las paredes divisorias que poseía el ático, aflojando uno de sus paneles. Al acontecer esto, quede helado por el terror, pensando que había roto el tabique y de cómo iba a reaccionar mi abuela ante este hecho. Al ponerme a observar con mas detenimiento lo que había hecho, me percate de que había solo aflojado un panel, y que detrás del, en el interior de la pared, había oculto un sobre, seguramente escondido por alguien.
Retiré el sobre y observé que la carta que contenía. Ante mi asombro, esta estaba fechada hacía veinte años atrás y esta escrita en forma manuscrita por mi abuela y dirigida al Pastor protestante del pueblo, al cual yo conocía, pues me lo habían presentado la anterior visita que había realizado a la casa de mis abuelos. La carta nunca había sido remitida.
Al leer lo que ella decía, se me pusieron los pelos de punta, mi abuela relataba en ella, con todo lujo de detalles, un encuentro sexual que había tenido con el Pastor y de cómo podían mantener el secreto de esta relación ante sus respectivos cónyuges. También había otra nota del Pastor rompiendo esa relación y expresando que le causaba mucha vergüenza esa debilidad que había tenido. Esta última esquela quizás explicaba el motivo por el cual mi abuela no había enviado su carta.
Ante este descubrimiento, en mi mente se hizo una luz y empecé a urdir un plan para poder que me permitiera obtener el control de esa mujer que me trataba como si fuera un trozo de basura, que era mi abuela.
Lo primero que hice fue poner el panel en su lugar, para que nadie se diera cuenta de que lo había removido y retirado el sobre, terminando luego de bajar todas las cajas, como me lo había solicitado.

Pasado el mediodía, ella se dirigió nuevamente hacia mi, diciéndome:

A te has tomado bastante tiempo para hacer lo poco que hiciste, ahora quiero que limpies bien todo ese lugar.

Sin preocuparse si estaba o no agotado por la tarea realizada, debido al alto calor reinante o al esfuerzo físico que ello demandó. Lo ordeno como si yo fuera su esclavo, que esa fuera mi única obligación, servirla a ella en lo que quisiera.
A ello le respondí:

Abuela, antes quiero mostrarte en mi cuarto algo que he hallado.

Termine de decir esto y giré sobre mis talones y me dirigí hacia mi cuarto. Al llegar a el oí que mi abuela me gritaba:

No tengo tiempo para tus juegos, ven para aquí y has lo que te ordené.

Ante ello, comencé a leer la carta que ella había escrito en voz alta. Al escuchar lo que estaba leyendo, se precipitó hacia mi cuarto y entro en el con los ojos completamente desorbitados, gritando en un tono aterrador y convertida totalmente en una fiera:

¡¡¡¡¡ De donde sacaste eso bastardo !!!!!!

Tu sabes de donde.......o no....

Le respondí en forma tranquila, confidente y con un tono de voz muy bajo.

Ella me respondió gritando, completamente desencajada:

Dame eso ya ahora....

A lo que le respondí, siempre con el mismo tono de voz que había empleado anteriormente:

Solo si haces una pequeñas cosas para mi.

Poder ver en su rostro las mandíbulas completamente apretadas y quiso hacer un movimiento para arrebatarme la carta de mis manos, cosa que fácilmente eludí y empecé a dirigirme hacia la puerta, diciéndole al mismo tiempo:

Me voy directamente para el templo y le daré esta carta a la esposa del Pastor.

Su rostro volvió transfigurarse con un gesto de horror, y sus ojos estaban completamente espantados. Trató de arremeter nuevamente contra mi, la cual volví eludir fácilmente y me dirigí directamente hacia la puerta de entrada de la casa, como si tuviera intención de ir al pueblo a la casa del Pastor. Ante ello exclamo:

No....Por favor espera.....

Luego demostrando su estado completo indefensión, me dijo con un tono mucho mas calmo y de impotencia:

¿¿¿ Que es lo que quieres ???

Volví a mi habitación, le señale un párrafo en el escrito y le dije:

Solo quiero que leas en voz alta este párrafo de la carta y cuando en el aparece el nombre del Pastor tu digas Jorgito y cuando diga "mi Pastorcito" tu digas "mi nietito".

No puedo hacer eso, eres un asqueroso, eres un degenerado.

Me grito, completamente fuera de sus cabales, a lo que yo le respondí calmadamente:

Vos sabrás lo que haces, luego podrás comentarlo con el abuelo y las comadres y chimenteras de este pequeño pueblo, cuando yo se lo muestre a todos ellos.

Mi abuela registró el impacto de mis palabras, y quedó en un estado completamente grogui, tal cual cuando un boxeador recibe un impacto directo en la mandíbula. En ese momento me dí cuenta que ya la tenía en mi poder, que había concretado con éxito mi plan.
Mi abuela me pregunto con una voz muy extraña a mis oídos, totalmente dócil y abatida:

¿¿¿ Luego me devolverás la carta ???

Si...si lo haces bien, actuando realmente como si lo estuvieras realmente haciendo lo que lees y que da te da plena satisfacción lo que haces....te la devuelvo.
Le conteste muy seriamente.

¿¿¿ Que me quieres hacer decir ???

Me pregunto con ese mismo tono de voz que venía empleando últimamente.
Cuando le mostré el párrafo en cuestión y ella leyó lo que en decía, su cara se cubrió con un gesto de asco y vergüenza al mismo tiempo y me respondió:

Jorge no te puedo decir esas cosas diciendo tu nombre, especialmente tratándose de vos...

Lo tienes que hacer bien y en este momento.

Le ordené. Inmediatamente me acerque a la cómoda, hasta donde ella me siguió. Le puse la carta ante su vista, de manera tal que la pudiera leerla perfectamente e hiciera los cambios que le había solicitado mientras la leyera. Al ver que no tenía otra alternativa comenzó a leer lo que le solicitaba.

Ohhh, Jorgito jamás podré olvidar lo que sentí al tener tu pene dentro de mi boca....como la saboree pasando mi lengua sobre el......como sentí su tamaño y grosor al apretarla con mis labios. Incluso pensando que tu eres mi nietito, no podía resistir la excitación que me daba el estar dándote tu primera mamada y finalmente poder saborear tu lechita cuando acabaste. Jorgito...tragarme ese gran aparato que tienes, fue la cosa mas emocionante que me ocurrió en toda la vida.

Ella termino de leer y yo le permití quitarme la carta de mis manos. Se dio vuelta retirándose hacia la puerta y me dijo escupiéndome hacia atrás:

Nadie te creerá cuando hables de esto,...eres un bastardo degenerado.

Cuando ella se retiró como una tromba hacia el interior de la casa, yo removí el espejo ubicado arriba de la cómoda y retire el grabador que allí había instalado y verifique la grabación, para ver si este había registrado claramente y con fidelidad lo que ella había leído, lo cual afortunadamente así había acontecido.
Durante la tarde realice algunos trabajos, luego me di una ducha y me dirigí a mi dormitorio a preparar el segundo paso de mi plan para someter a mi abuela. Desde mi cuarto se olía perfectamente un olor a papel quemado, que seguramente había sido generado por mi abuela al incinerar la carta.
Ella se mantuvo apartada de mi, hasta eso de las seis de la tarde. Justamente yo me acababa de vestir con una camiseta, shorts y unos calzoncillos, cuando ella paso frente a la puerta de mi cuarto yendo hacia el suyo. Paró, me miró con una mirada feroz, que parecía que salían rayos de sus ojos y me dijo:

Eres un pequeño degenerado, yo te haré sufrir por tu travesura....Veremos cuan inteligente eres.

Cuando ella me dijo eso yo estaba sentado en mi cama, la miré directamente a sus ojos, apreté el botón "Play" del grabador y este reprodujo claramente su voz diciendo:

......Incluso pensando que tu eres mi nietito, no podía resistir la excitación que me daba el estar dándote tu primera mamada.......

Ahí detuve el grabador, y observé que efectos se producían en su rostro.

Eres una criatura endiablada... ella me grito y luego agregó Dame esa cinta ahora..

Entro en la habitación y se lanzó sobre mi para tratar de quitarme el grabador, pero yo la evité fácilmente rodando sobre la cama alejándome de ella. Ella se dio cuenta que no tenía forma de quitarme la cinta, y yo antes de que pronunciara ninguna palabra le dije:

Tal cual antes yo te di la carta, tu puedes obtener ahora la cinta si haces lo que yo te pido.

Como mordiendo las palabras, me contesto con un gruñido diciendo:

Yo no seré chantajeada por vos con esa obscena basura

Sabiendo que tenía el control de la situación, sin alterar mi voz y en forma muy tranquila le dije:

Yo deseo que luego de que me tienda sobre la cama, me desvistas completamente.

Nooo....nooo...absolutamente no.

Al responderme su voz fue adquiriendo una tonalidad cada ves mas fuerte.
En ese momento empezó a timbrar el teléfono, a lo cual le sugerí que lo atendiera pues no tenía ningún apuro y quería prolongar lo más posible la situación tan incómoda que le estaba haciendo sufrir. Ella giró y se dirigió hacia su propio cuarto, descolgó el micrófono y escuche que decía:

Holaaa...a Carlos...Que es eso....no...no tengo tiempo para hablar ahora contigo.

El que llamaba era mi abuelo, rápidamente levante el tubo de la extensión que estaba en mi cuarto y me puse a escuchar la conversación que estaban manteniendo. El le estaba tratando de relatar como e estaba yendo en la ciudad en lo que había ido a realizar, pero mi abuela quería cortar de inmediato la comunicación. Ante esa premura le dejo la dirección y el teléfono de donde estaba parando, cosa que también tome debida nota por si los necesitaba. Justo en el momento que el estaba por cortar, me metí en la conversación y dije:

Hola abuelo, soy Jorgito y le estoy ayudando a la abuela a limpiar todo el ático.

Ante esto mi abuela dijo con un tono muy severo:

Jorge... Deja el teléfono ya ahora y corta la conversación.

Al oír esto mi abuelo le dijo:

Deja que el chico hable tranquilo

A lo cual le respondí

Hola abuelo, quiero hacerte escuchar una cinta en la cual e obtenido una fabulosa grabación.

Entonces acerque el parlante al micrófono del teléfono y le deje escuchar parte de la grabación que había hecho cuando estaba anteriormente con mi abuela en la mi habitación, segundos antes de que la involucrara con el fatal texto que le hice leer. Al escuchar esto, mi abuela intervino en la conversación diciendo con un falsa dulce voz:

Eso es todo por ahora Jorgito.... ¿¿¿ No había algo que tu querías que yo hiciera ahora ???

Ohhh,.....si tienes razón.

Dije yo también dulcemente, y luego agregué:

Adios Abuelo

Le dije felizmente, pues nunca pensé que todo iba a salir tan bien, todo se estaba dando a la perfección.
Escuche que en su cuarto se despedía de mi abuelo y colgaba el teléfono, dirigiéndose a continuación hacia mi dormitorio. Sus ojos parecían los de un asesino, pero también mostraban un poco de terror, pues había caído en el problema que se encontraba si alguien escuchaba esa cinta. A todo esto yo me había sentado en la cama, del lado que miraba hacia la ventana y le ordené cuando entró:

Ven aquí y desnúdame completamente. Cuando finalices de quitarme toda la ropa te daré la cinta.

¿¿¿Me lo prometes???

Me preguntó.

Te lo prometo, lo haré tal cual lo hice con la carta.

Le respondí con toda convicción.

Ella se acercó a mi en la cama y rápidamente me sacó la camiseta por encima de la cabeza.

Ante esto le dije:

Tómalo con calma y hazlo despacio, no tenemos apuro......Ven siéntate a mi lado y continua con el resto.

Luego de pensar por un instante que hacer, obedeció mi orden y se sentó a mi lado. Yo pensaba ayudarla para que no tuviera problemas para desvestirme. El tenerla tan cerca me excitaba mucho, pues ella olía muy bien, no a perfume, sino a limpio y fresco, aún con el calor que estábamos sufriendo. Observándola de costado podía ver sus senos, que se destacaban aún bajo su blusa suelta, los que se notaban enormes y un caídos, lo cual me produjo una calentura tremenda, teniendo mi pija a punto de explotar. Sacándome de mis pensamientos calenturientos me pregunto es voz muy baja:

¿¿¿¿Y ahora que deseas???

Que me desabotones el short y me bajes el cierre.

Le conteste. Ella con una sola mano, con un gesto de disgusto, usando sus dedos desabotonó mi short y me bajo el cierre muy fácilmente.

Listo, esto es suficiente

Dijo y comenzó a levantarse, a lo cual tomándola del brazo y obligándola a sentar nuevamente en la posición anterior, le repliqué sonriendo:

Todavía no hemos terminado......ahora tira y sácame el short.

Para facilitarle el trabajo, con la ayuda de mis manos, eleve mis caderas por encima de la cama. Ella giro su torso hacia mi, atravesó una mano por encima de mi cuerpo, y con los pulgares de ambas manos, fue deslizando hacia abajo despaciosamente mi pantalón, lo dejó caer al piso y yo lo patee cerca de la ventana que estaba iluminada por el sol.
Ahí estaba yo justo donde quería estar, en ropa interior blanca, que al ser estrecha, no podía disimular el tremendo bulto que producía mi pija en plena erección, debajo de ella.
Mi abuela se quedo contemplando por un instante la protuberancia que tenía entre las piernas, antes de girar la cabeza hacia delante y a tratar de comenzar de levantarse nuevamente de la cama, al mismo tiempo que me decía:

Que atrevido que eres.....eres un asqueroso

A lo cual le respondí disparándole en forma brutal

¡¡¡¡¡ Siéntate y sácame el resto de la ropa ya ahora !!!!!

Algo en mi voz a impresionó, pues sin replicar se sentó nuevamente, y muy lentamente comenzó a sacarme el calzoncillo, en la misma forma que lo había hecho con el short, con la diferencia que en esta oportunidad yo pensaba mostrarle todos mis atributos masculinos. Nuevamente levante mis caderas y ella empezó a bajar mi calzoncillo hasta que mi pija comprimida por el, al sentirse liberada salto como un resorte saliendo de su encierro, mostrándose plenamente en todo su esplendor y al igual que mi par de grandes huevos. Yo nunca me la había medido, pero sabía que era mas grande que el promedio de las personas adultas, aunque yo tuviera quince años de edad. Era un monstruo de pijón, del cual yo estaba muy orgulloso.
Mi abuela estaba completamente impactada con la situación y más aún cuando patee el calzoncillo cerca del pantalón. Ahí estaba yo completamente desnudo y muy al ladito de mi sexo tenía a mi abuela. Esto me emocionaba grandemente, pero recién era el comienzo. Gire mi cuerpo hacia ella, y antes que pudiera reaccionar tome su mano derecha y la puse sobre mi verga. Ella se estremeció de terror y trató de retirarla, pero yo se la retuve y no le permiti retirarla. En voz apasionada le ordené:

Escúchame, ahora me harás ya mismo una hermosa paja.

Nooo...Nuncaaaaa.....eres un pervertido...yo soy tu abuela....una anciana de 65 años......¿¿¿Cómo puedes pensar que yo haga algo así?????

Yo sabía que ese era un momento decisivo, sino lograba que me obedeciera iba a perder todo lo logrado hasta ese momento. Ante ello busque debajo de mi almohada el grabador y lo puse nuevamente en marcha para que escuchara lo que había dicho un rato atrás, y al mismo tiempo le pregunte con voz tranquila.

¿¿¿No recuerdas todo lo que tu tienes para perder???

Al principio con un movimiento prácticamente indectetable se acerco aún más a mi lado y fue llevando muy despaciosamente su mano derecha hacia encima de mi verga, colocando sus dedos alrededor de ella y apretándolo contra la palma de su mano en toda su circunferencia.
Es inexplicable el placer y la excitación que me dio ese primer contacto, mi abuela tenía su mano ubicada en mi zona mas privada. Era increíble.
Yo lentamente con mi mano la guié para que comenzara hacer un movimiento ascendente y descendente.

Suave y gentilmente

Le susurré y retiré lentamente mi mano de encima de la de ella. Sorprendentemente mi abuela siguió con el movimiento que le había indicado, pero no miraba lo que estaba haciendo, había girado la cabeza para otro lado, pero yo podía ver su cara completamente sonrojada pese a su color totalmente tostado.

Ahora rápido

Le ordene. Ella me obedeció y yo empecé a entrar en un estado indescriptible de placer, sintiendo mi pija contenida por eso dedos añosos, por lo cual yo debía actuar rápido, antes que mi gran cañón explotara. En mente todavía algo más para que mi hermosa abuela me hiciera.
Envalentonado por el desarrollo de los acontecimientos di el siguiente paso, y le ordené:

Ahora inclínate y utiliza tu boca en reemplazo de tu mano.

Queee.....

Me replico y al mismo tiempo se levanto bruscamente y empezó a escaparse rápidamente hacia la puerta del cuarto, diciéndome al mismo tiempo:

Has ido muy lejos. No te prestaré atención en todo lo que digas o hagas. Esto esta terminado...terminado para siempre.

Esto yo ya lo había previsto que podía ocurrir, por cual siguiendo mi plan, me levante sin mirarla y descolgué el teléfono y empecé a digitalizar el número de mi abuelo, que había anotado un rato antes y le comente mirando directamente a sus ojos:

Espera que el abuelo oiga esta cinta.

Ella se detuvo y quedo como petrificada en el umbral de la puerta, la tuve que tomar de un brazo, pues ella estaba completamente choqueada, y se estaba sosteniendo con la otra mano del marco de la puerta.

Noooo..... No lo hagas....

Me rogó.

Esta bien.....Pero tienes que volver a la cama y hacer lo que yo te diga sin chistar ni protestar ya mismo.

Le increpé mientras marcaba el último número del teléfono de mi abuelo en Bs.As. y acerqué el auricular a su oído para que oyera como este comenzaba a sonar. De golpe reaccionó, me arrebató el tubo de la mano y con la otra presionó la horquilla para colgar. Luego me dijo con voz completamente desesperada:

No lo hagas..... Yo haré todo lo que tu quieras.

Me senté en la cama en la misma posición que tenía anteriormente y deje que ella se tomara sus tiempos. Despaciosamente se sentó al lado mío, y los dedos de sus manos fueron tomando despaciosamente, pero en forma firme mi pija, que parecía querer por lo dura y grande que estaba, comenzó nuevamente a bombear la misma. Sus ojos miraban fijamente mi verga y parecía que la estaban llevando a la guillotina para ser ejecutada.
A todo esto yo me erguí un poco y coloque mi mano sobre su cuello y despaciosamente la fui deslizando entre su hermoso cabello rubio platinado hacia la nuca. Cuando la tuve ahí empecé
A presionar su cabeza despaciosamente, llevándola hacia mástil. En un primer momento ella me ofreció resistencia, pero luego cedió y me permitió guiarla hacia donde yo quería, pero me suplicó:

Por favor Jorgito no me hagas hacer esto...

No le hice caso y la seguía guiando hacia mi, cuando los labios de mi abuela estaba a no más de un centímetro de la cabeza de mi glande, el cual ya, su pequeño orificio tenía hace rato brotando su líquido preseminal, le ordené:

Ahora abrí tu boca.

La calentura rebasaba todos mis límites, ero debía mantener el control si quería que mi plan no fracasara. Sus labios se abrieron y mi nabo hizo contacto con ellos y penetro solo un poquito. Aumenté la presión sobre su nuca y elevando un poco mi cadera logre introducirle toda la cabeza de mi pija en su boca.
Yo estaba en el paraíso, pero sabia que debía penetrarla más y fue lo que hice, Pero ella no hacia nada, ni se chupaba ni se movía. Su boca parecía una copa que albergaba mi miembro, estrangulándola con sus labios, pero aún así era hermoso.

Mas rápido.

Le dije, tomándole al mismo tiempo su mano con que apretaba sobre mi miembro e indicándole el ritmo que quería. Al ella tomar la velocidad de bombeo que le había fijado, me recosté hacia tras en la cama disfrutando la éxtasis de ese momento tan sublime e inolvidable, abrí mis ojos, y lo que vi, me puso aún más caliente, si eso fuera posible. Ahí estaba mi abuela con su boca llena por mi verga y su mano bajando y subiendo sobre ella. Estaba dándome una mamada y para más, la primera de mi vida.
Estando apoyado en las cercanías de mi almohada, sentí venir desde mis huevos un voluminoso torrente de leche caliente y blanca, que fue a parar dentro de la desganada boca de mi abuela.
Ella la recibió dando arcadas, por la cantidad que llenaba la boca y porque mi miembro le llegó hasta la campanilla.
En ese momento, ante su sorpresa, la tome del cabello y la retire de mi pija, por lo cual, mi segundo y tercer chorros de leche, fueron a dar a sus mejillas y cuello. Todo ello acompañado con una ruidosa exclamación de complacencia de mi parte, que lograron enmascarar dos "click" que vinieron desde un ángulo de la habitación.
Entonces presione nuevamente su cabeza hacia abajo metiendo nuevamente mi miembro dentro de su boca y comencé a metérsela y sacarsela a una velocidad pasmosa, moviendo mi cadera.
Por último, cuando yo había acabado en una forma espectacular y estaba tendido en la cama, completamente aturdido, ella rápidamente tomo mi grabador y saco la cinta comprometedora que en se encontraba. Seguramente pensó que había hecho algo muy inteligente, pero yo solo la deje hacer. Luego se retiró del cuarto, con todo su rostro aun embadurnado con mi leche y al mismo tiempo me especto:

Eres un bastardo.....un bastardo degenerado....

Yo mientras tanto continuaba tendido en la cama, con los ojos completamente cerrados, pensando en hermoso momento pasado, pues no necesitaba ver como ella se iba. La oí entrar al baño y me pareció sentir como si vomitara, lo cual no podía confirmar. Pero si luego el de la ducha, bajo la cual estuvo un largo tiempo.

Luego de un rato, empecé a volver a mis sentidos, recuperándome de los minutos pasados, y busque debajo de la almohada, hasta encontrar un pequeño botón negro conectado a un delgado cable que iba hacia la esquina del cuarto de donde habían provenido los clicks.
Me levante un poco sobre la cama, y reorganizando mis pensamientos me dije, que tenía trabajo para hacer.

Mi abuela me evito por todo el resto del día, y me tuve preparar lo que quise comer. Luego aproveche y me fui hasta el pueblo para hacer unos trámites. Mas tarde vi un poco de televisión, y a continuación de ello me dirigí a mi cuarto a realizar unos trabajos como mi hobby preferido.

A pesar del calor, esa noche dormí perfectamente, repitiéndose cientos de veces en mi mente, la imagen de mi abuela mamándose mi pija, pero nada de eso era comparable con lo que realmente había sentido, cuando ella me la estaba haciendo realmente.

Relato nº 14: Como me folle a la limpiadora en el ascensor.

Hacía algún tiempo que no tenía sexo, pero la oportunidad aparece cuando menos lo esperas, y así un buen día comenzó dándole una alegría al cuerpo. Aquella calurosa mañana salía de casa sobre las diez y media, tenía algo de prisa, pulsé el botón del ascensor, tardo en llegar y al abrir la puerta en su interior se encontraba la limpiadora en pompa enjabonando el suelo, se le distinguía a través de la tela toda la pipa y ganas daban de pellizcársela. No era la primera que eso ocurría, estaba habituado a ello, trabajaba en mi escalera desde hacía aproximadamente un año, no sabía su nombre, ni se estaba casada o tenía hijos, era una mujer madura de nacionalidad brasileña que pasaba los cincuenta años, de 1,63 ms. poco más o menos, con cierto atractivo, piel blanca con pelo corto negro algo rizado y ojos del mismo color, boca grande, rechoncha que no gorda, con caderas marcadas, un buen culo redondo y respingón muy brasileño con nalgas agarrable y, sobretodo, me llamaba la atención y me ponían su magnífico par de tetas de 120 de talla aproximadamente, muy bien puestas por cierto para mi gusto.
     Siempre solía hablar con amabilidad, con ese deje latino de “corazón”, “papasito”, “cariño”, etcétera…. Bien una vez dentro del ascensor a solas, nos saludamos y pulsé hacia el piso inferior sin más dilación mientras de espaldas a mí fregaba una de las paredes del ascensor, observaba como movía el culo a un lado y otro, vestía una fina camiseta blanca que sugería unos pezones muy gordos a pesar de llevar sujetador, un pantalón ajustado de color amarillo parecido a un pijama marcándole todo los muslos, el coño y el culo. No es mi tipo de mujer pero siempre me dio mucho morbo y de las que uno piensa que se la follaría, de solo verla así se me comenzó a empinar…
     De repente cuando solamente habíamos bajado un piso y medio se detuvo bruscamente el ascensor entre dos pisos, se volvió hacia mí preguntándome, “¿qué ha pasado?”; “no lo se, ha parado, hacia tiempo que esto no ocurría” contesté fastidiado por la prisa que tenía. Pasados unos cinco o seis minutos el calor comenzaba a hacer mella entre nosotros, ciertamente era insoportable, no sabía cuantos grados haría en el interior del pequeño ascensor ocupado solamente por nosotros, el cubo y la fregona. Comenzó a abanicarse con una mano y con la otra a sacudirse la camiseta hacia adelante y atrás marcando cada vez mas sus pechos, sin perderla de vista continuaban impresionándome el grueso de sus pezones a través del sujetador y la camiseta aun sin estar excitada, fue en ese instante cuando se despojó de la misma expresando que había cierta confianza y no aguantaba más tanto calor, “más se ve en la playa verdad, cariño”, me refirió sonriéndome. En ese momento mi polla creció aun más, pienso que había advertido el grosor en mi entrepierna, se quedó de cintura para arriba en sujetador, de color blanco muy escotado, dejando ver un agradable canalillo, la prenda además poseía unos encajes en la parte superior cerca de sus abultados pezones que parecían querer traspasar el tejido. A los cinco minutos, tras una nerviosa charla, me dice:
ELLA: Te estoy observando y… ¿te gusta lo que ves, no cariño?.
YO: No se… ¿a que te refieres?. Le dije haciéndome el sorprendido a sabiendas de que se trataba.
ELLA: Pues, a mi par de tetas, corazón,…las miras demasiado.
YO: La verdad es que es inevitable, tanto como apecibles. Le dije un poco cortado aunque viniéndome un poco arriba.
ELLA: Ja,ja,ja…¿verdad que sí?, son toditas naturales. Me expresó a la vez que se las palpaba de abajo hacia arriba masajeándoselas un poco.
     En aquellos instantes llevó sus brazos a la espalda soltándose el sujetador y dejar sus ubres al descubierto, a la vez que colgaba el sostén por la copa en el palo de la fregona pude ver como sus tetas se movían con total libertad al realizar esta acción, con esta exhibición sus pezones alcanzaron una dimensión maravillosa envueltos en aureolas marrones que parecían rodajas de mortadela. Eran unas tetas asombrosas, blanditas, por la edad un poco caídas pero bien definidas, de la misma manera llamó mi atención el cuidado busto que mantenía pese a la edad, sin duda debía de hacer algo de gimnasio para mantenerse bien.
     Aquellas tetas me estaban desafiando, estaba impresionado, verla allí frente a mí mirándome fijamente con el busto desnudo y un ceñido pantalón amarillo marcándole todo el conejo y su generoso culazo como ya he comentado, solo con verle el ombligo me imagine como tendría el coño e hizo que me pusiese torito y mi polla o salía de mi pantalón o estallaba, por lo decidí sacármela y mostrársela orgulloso, una por otra, necesitaba liberármela, yo estaba como una moto y no me importó hacerlo. Quedó sorprendida por mi acción a la vez que estimulada por lo que denotaba su expresión golosilla  y sobretodo sus pezonazos, se la notaba muy cachonda, ahora ambos estábamos frente a frente a pocos centímetros, ella con sus grandes tetas al aire y yo con todo el plátano duro y empinado fuera pasándome la mano invitándola a probarlo, tardamos pocos segundos en acercarnos y lanzarnos el uno al otro, yo hacia sus esplendorosos pechos y ella cogiéndome el nabo, hundí mi boca y lengua en aquellas tetas y pezones haciéndole de todo al mismo tiempo que ella comenzó a realizarme una agitada paja, a un lado la puerta del ascensor y al otro el espejo ella me ordeñaba y yo le comía las tetas, me estaba atiborrando de tetas.
     La avisé que pronto me iba a correr y se agachó en cuclillas situando mi polla en su canalillo realizándome una cubana inolvidable masajeando ella sus tetas abajo y arriba, comencé a eyacular como una fuente llenándole las tetas de leche, algo atrapó con la lengua hasta que resolvió metérsela en la boca tragándose todo el semen. Verla como me la mamaba con apetito, moviendo la cabeza y las tetas colgando golpeándome en las piernas rozándome con sus puntiagudos y gordos pezones hizo que me excitase en exceso y lanzase varios golpetazos de leche que se tragaba haciendo cortos descanso para poder respirar, al tiempo que le expresaba frases como “No sabía lo guarra que eres…, cómeme bien el nabo, sigue, sigue zorra…”, “sé que te gusta lo que te digo, que te pone cachonda ¿verdad?”. Estaba cachondísima de escuchar las marranadas, las aceptaba sin oponerse.
     Terminamos e incorporándose comenzamos a magrearnos nuevamente metiéndome la lengua hasta la campanilla a la vez que mi polla volvía a alcanzar vigor, bajándose nuevamente al pilón pero esa vez inclinándose un poco dejando el culo en pompa, la lamía con la lengua como una excelente profesional, continué diciéndole guarradas, “… ¿otra vez?, te gusta comer pollas por lo que veo…”, “…sigue comiéndome el nabo… ¡que bien lo haces!... ¿a cuantos vecinos se la has comido, guarra…?”. Al tener toda su espalda ante mí la acaricié y le hice cosquillas por los costados hasta llegar al pantalón que baje un tanto hasta introducirle la mano por debajo de las cortas bragas que llevaba pasándole la mano por las nalgotas que apretaba hasta alcanzarle el coño, que aunque no lo veía al palparlo advertí que estaba afeitado con un poco de vello y poseía unos labios muy carnosos, estando sumamente empapado tras haberse corrido, e introduciendo dos dedos hurgué un tanto en el exterior y posteriormente se lo follé con fuerza estimulándole el clítoris, algo que la excitó sobradamente volviéndose a meter la polla en su boca para masturbarme hasta que nuevamente volví a correrme profusamente, ella se fue al mismo tiempo en mi mano. ¡¡¡Estaba pletórico!!!.
     Acabamos y quería más, me pidió que la follara. Esta bien, “vuélvete de espaldas, quiero follarte por detrás viéndote ese culo que tienes” le dije nervioso ante tan agradable invitación, y volviéndose de espaldas se abrió de patas colocando sus manos en las paredes del ascensor y dándose un fuerte palmetazo en una de las nalgas dejándola algo colorada me indicó que estaba preparada; reparé en el coño y era como me lo imaginé, grande, gordo y carnoso, en principio hurgué en él con una mano y acto seguido trincándola por las caderas decidí penetrarla con energía hasta el fondo entre gemidos de ambos, entrando muy bien con facilidad por lo lubricado que teníamos ambos sexos, comencé un lento mete y saca que se fue haciendo cada vez más rápido e insistente a medida que me la follaba para concluir en un acto casi animal con fuertes embestidas sosteniéndola por las nalgas primero y acabando cogiéndole las tetas que colgaban y se meneaban morbosamente, las magreé a la vez que me eché sobre la pared, tanto gozo me hizo nuevamente decirle cochinadas, “…esos pezones los tienes así de la cantidad de veces que te los han comido y estirado, pedazo de puta…”, le dije al mismo tiempo que ella trabajaba moviendo y meneando el culo con energía y rapidez, ahora los embates los daba ella golpeando sus nalgas en mi vientre mientras le decía “…que puta eres, ¡cómo follas!, se nota que te gusta…zorra” a la vez que entre jadeos y gemidos se corría chorreándole el flujo por los muslos, al pronto me corrí llenándole su interior de abundante leche . Polvazo.
     Estábamos extenuados por el frenesí y la pasión que le habíamos puesto, me quedé apoyado con la verga colgando mientras observaba como se limpiaba el coño y la parte superior de los muslos, al terminar para mi sorpresa me cogió el sable e igualmente me lo limpió no sin antes frotármelo un poco, mientras aproveché para tentarle nuevamente las tetas y gruesos pezones a la vez que me decía con su acento carioca, “que bueno, mi amor, hacía tiempo que no me daban un buen follao de improviso, ha estado muy rico…bastante rico…que bueno comenzar así el día…”.
     Una vez vestidos, limpiado y perfumado el ambiente, nuestra preocupación era salir de allí, pulsamos varias veces el timbre hasta que nos rescataron. Me volví a mi domicilio a limpiarme bien y al bajar la vi en el portal charlando con varias vecinas como si nada hubiese ocurrido, ni se imaginaban que me la había follado momentos antes, eso sí la mirada que me echó era de agradecimiento por el gustirrinin que nos habíamos dado.