Una… zorra


“Se te ha ido de las manos, Silvia. Tú sólo querías hacerte pasar por una pequeña zorrita, llamar su atención, hacerle creer que en cualquier momento podría follarte... y ganarte un nuevo chico cándido a tu entera disposición... otro de tantos...

Y sin embargo estás aquí, joder, estás lamiendo, bebiendo en su polla de tu propia saliva. Esto no es zorrear, pedazo de puta. Se la estás comiendo, Silvi, y de qué manera... Dios mío, ¡estás haciéndole una puta... mamada!! Debes de haberte vuelto jodidamente subnormal”.


Aquel falo era más grande que cualquiera que hubiera visto antes, exigía ser acogido, cuidado, recompensado en su tórrida inmensidad. Y mis labios, groseros, por nada del mundo  iban a perderse esa experiencia. Luis, casi un desconocido, apenas si murmuraba unos gemidos contenidos mientras mi lengua, mi habitualmente tierna y modosita lengua, se recreaba en el sabor de su alucinantemente enorme... rabo.


No sé cómo lo había hecho. No sé en qué momento había escogido yo aquello. “¿Te la chupo un poco? ¡Sí, claro!”. ¡Ni sumergida en alcohol, vamos! ¡Se trataba de una opción totalmente... inconcebible!

Me sujetó la cabeza desde la nuca para llenar de aquel pollón toda mi boca, despacio, y un inesperado calambre respondió desde la parte interior de mis muslos con el sentimiento de estar siendo manejada cual muñeca entre su entrepierna y sus musculosos brazos. “¿Inconcebible, Silvia?” me dije al tiempo que despegaba aquel miembro de mi lengua y dejaba caer sobre él un poco de saliva antes de volvérmelo a... tragar, para seguir besándolo. “¿Inconcebible? ¿Estás de coña?”.

Luis era nuevo en el grupo, parecía un chico muy majo, y yo tenía la intención de intimar especialmente con él, pero sólo como amigos, lo normal, vamos. Al acercarme a él aquella noche pretendía, bueno, sí, deslumbrarle, calentarle un poquito; me gusta saber que mis amigos me miran así; pero la gracia no estribaba en terminar satisfaciéndoles, sino... más bien en lo contrario.

(Dios... Llevó un dedo hasta mi boca, humedeciéndolo, para después internar su mano en mi vestido desde el escote con el afán de envolverme de su tacto un seno y acariciarlo con ansiedad, mientras yo continuaba en mi sensual forma de lamérsela. Un mamar lento, sensual, caliente. El besar de una chica aplicada).

Las cosas habían salido de una forma muy distinta a la que me esperaba. Al fin y al cabo, Luis era el chico nuevo para todas, y yo no era la única que se lo quería ganar, es decir: Se pasó la noche rodeado de las zorras de mis amigas, de risas fingidas, de piropos fuera de lugar... de putas, joder, de putas. Y yo, que me había revestido con el gloss, el rímel, mis mejores trenzas y un vestido descarado apenas si podía aprender de lo bien que se les daba a todas. Supongo que él ni se podía creer aquel despliegue de feromonas de mujer que persistía en el espectáculo por su atención.

Ahora era mi gloss el se deshacía en su polla, claro, y el mismo tío que minutos antes ni me miraba estaba bajándome el vestido y desabrochándome el sujetador para dejar mis tetas pendiendo al alcance de su vista, desnudas, y así poder sobármelas a voluntad, al tiempo que el sonido que provocaba el jugo de mi boca al mamar era lo único que irrumpía en el silencio que nos rodeaba. “Me pregunto si seréis capaces de superar esto, panda de guarras”.

--¿Dónde está Luis? Hemos dejado los bolsos en su coche, y quería marcharme a casa --le pregunté a Juanjo, el chico del grupo que lo conocía ya de antes y que le había invitado a integrarse, una vez dí la noche por perdida.
--No lo sé, pero tranquila, ya me ha dejado una copia de las llaves por si acaso. Me las devuelves, ¿vale?

Genial. Contaba con poder estar a solas con él mientras me acompañaba hasta su coche, por lo menos. De hecho, era la única razón por la que había dejado allí el bolso, ya que cargar con él no me era tan incómodo y habíamos aparcado en un pequeño descampado que me quedaba lejísimos de casa. Pero ni eso me iba a dar. De hecho, iba a tener que acudir a aquel descampado yo sola en mitad de la noche. “En fin”, me resigné, preguntándome si el karma tendría algo que ver en todo aquello.

Pasé el camino recordando los pocos ratitos que había tenido para que hablásemos los dos solos, Luis y yo. Ya sabía que era muy majo de alguna vez que nos lo habíamos cruzado, y aquella noche no me había servido sino para reafirmarme. Agradable y caballeroso con nosotras, tan animal y divertido como el resto con ellos y, sobretodo, abierto. Sus ojos derrochaban sinceridad cada vez que te hablaba, característica que por desgracia resulta, hoy en día, tan sorprendente como cálida y reconfortante.

Amanecía ya cuando llegué al vehículo, contra un frío de la leche. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que dentro... había movimiento; mi reacción instantánea fue pensar que alguien estaba robando o algo, por lo que me escondí a mirar y saqué el teléfono para avisar a la policía; pero vaya, pronto volvería a guardarlo.

Era el mismo Luis el que estaba sentado en el asiento del conductor. No estaba allí para estar solo, claro: La melena de una chica, o más concretamente la de Laura, se dejaba intuir con intermitencia tras el volante. La muy puta bombeaba la cabeza sobre sus piernas, dándole a conocer su forma de besar de la más reconfortante de las maneras. Joder, Laura, siempre has sido la más zorra de todas nosotras, pero... ¿ya? ¿de verdad? ¿Una noche, y te lo llevas al coche a... mamársela?

Ahora suena irónico, ya lo sé. ¡Dejadme en paz! ¿Qué más os gustaría que ser vosotros los que en este mismo instante tuvierais vuestro glande deshaciéndose en mi lengua...? ¿Verdad? Cinismos los justos, muchas gracias.

Bueno, por suerte sabía como deshacerme de ella. Llamé al teléfono de Luis al tiempo que salía de mi escondrijo. Él tuvo la osadía de descolgar; ella, la picardía de seguir mamando, algo que pronto se había de acabar: Laurita tenía novio, y no podía dejar que yo los pillara.

--¿Sí?
--¿Luis? Oye, que soy Silvia, que te llamaba porque estoy yendo a tu coche para recoger el bolso... --su reacción inmediata, como cabía esperar, fue esconder la cabeza de Laura y mirar alrededor. Y me vio --¡Anda! ¡Ya te veo que estás dentro del coche! -fingí sorprenderme --Pues nada, ya te cuelgo!

El caos se originó al instante dentro del autocar, no tenían más remedio que ser descarados en su intento de disimular lo que allí dentro estaba pasando . Cuando llegué, Laurita aún se colocaba el vestido, con todo el pintalabios totalmente corrido alrededor de aquella experimentada boca que se gastaba.

--¡Hombre! ¡Laura! ¿Tú también habías dejado el bolso aquí? -le dije, haciéndome la despistada.
--Si... Sí, sí, venía a por el bolso también, pero vamos, que ya me iba ¿eh? ¡Que van siendo unas horas y eso...!

Se puso la cazadora, avergonzada, y salió del coche sonriéndome. Sin ningún bolso. Bah, era más que consciente de que los había pillado, hasta tal punto que ni tan siquiera hizo amago de alargar la situación y se despidió allí mismo de nosotros, con cara de tonta, supongo que con intención de reflexionar sobre cómo salir del atolladero en el que se había metido ella sola.

Cuando miré a Luis, lo que encontré fue aún más desconcertante. El tío se había cubierto las piernas con su chaqueta... pero no era difícil apreciar que sus pantalones seguían bajados ahí debajo. Por dios, hasta para mí era un escenario incómodo. Subí al asiento del copiloto sin saber muy bien dónde mirar, si bien triunfante por tener al fin un momento a solas con él... mas no supe muy bien qué decir, y un inquietante silencio se hizo entre ambos. Sería él quien lo habría de romper:

--Sí, ¿tu bolso no? Supongo que estará por el asiento de atrás... Cógelo, claro.
--Ya. ¿Me lo coges tú, por favor?

Me miró con cara de “tienes que estar de coña”, y pude apreciar en la sinceridad de aquellos ojos que estaba ciertamente cabreado conmigo. Normal, considerando que le acababa de joder una mamada -que para colmo le ponía en compromiso con el grupo-. Y, encima, le pedía que se girase a por mi bolso, sabiendo perfectamente que no podía hacerlo porque de inclinarse haría resbalar la chaqueta, revelando que sus pantalones no estaban donde debieran y destapando todo el marrón del que sabíamos de sobra que éramos conscientes ambos.

--Silvia, oye, dime... ¿has venido a joderme la vida? -me escupió resuelto.
--¿Qué? ¿Por qué dices eso, Luis? Claro que no...
--Venga ya, no me jodas. Sabes perfectamente lo que me estaba haciendo tu amiga. Tenías que habernos visto hacía ya rato para cuando me has llamado, estabas más que cerca. Bueno, qué coño, si aún se me nota la puta polla dura debajo de esta chaqueta de mierda, no me tomes por imbécil, por favor.

Mi vista se desvió involuntariamente al escucharlo. ¿Que se le notaba? ¿Dónde? Sí que había una especie de ‘arruga’ en la chaqueta sobre donde debería de estar, hipotéticamente, su polla, pero aquello no podía ser la figura de un falo... Más que nada porque de ser así sería demasiado... largo...

--No, si yo no... -y el mundo, de repente, desapareció --oye... Dices que todo eso... ¿Es tu rabo? -pregunté, atónita.
--Si, ya, hazte la tonta ahora. Vamos no me jodas, Silvia.
--Dios... -murmuré en mi asombro, incrédula.

La curiosidad, aunque vestida de mi timidez, guió una de mis manos sobre la chaqueta para tocar el doblez al que yo me refería. Sólo... para comprobarlo. Aún no dejaba de esperar que fuera una forma de la prenda arrugada, y que cediese al tacto... y sin embargo, pude comprobar cómo su miembro, firme, se erguía duro debajo... --joder, pero si esto es enorme Luis...

Él calló de inmediato. Aún se le notaba molesto, no en vano le había interrumpido el lamer de la profesional Laura, pero le gustaba la dirección que estaba tomando el momento, y supongo que quería abstenerse de decir nada que pudiera complicarlo. Chico listo.
Yo, por contra, en absoluto tenía previsto por dónde tenía que seguir la circunstancia. Es decir... no sé, de repente le había tocado la... la cosa... yo no tenía intención de nada... y aquello no era... adecuado... mas tampoco es que sea tan tonta, estaba haciendo lo que estaba haciendo y, por primera vez en toda la noche, me sentía algo así como triunfante: Luis estaba allí, conmigo, rezando a la suerte, y con ninguna otra.

Desde luego, si de algo estaba segura era de que no iba a quedarme sin verlo, así que dejé deslizarse la chaqueta a un lado, descubriendo aquel monumento al hombre que Luis tenía por falo. La forma en que me miró me indicó que para él eso ya venía a querer decir que me estaba preparando para chuparla.

--Joder... -me fue imposible reprimir exclamar de nuevo al desnudarlo. Era aún más grande de lo que presentía, era una especie de pieza de carne ardiente del tamaño de mi antebrazo. El pene no es precisamente la parte más sensual de un hombre, pero es que aquél era de escándalo. Y sí, aquello lo hacía muy, muy caliente. Y el hecho de que fuera, bueno, de Luis...

Dejé que mi mano lo envolviera, o intentara envolverlo al menos. Seguía sin estar decidida a llevarlo más lejos, pero, virgen de mi vida, al menos no iba a quedarme sin tocarlo. Luis me miró, impacientado.

--Aun se nota la saliva de Laura... -murmuré hipnotizada, no sé si para él o para mí, al notar un poco de humedad en mis dedos --dios, mira... si tienes aquí toda la marca de su pintalabios...

Él insistía en su silencio, lo que era inteligente. Chicos, hay frases que pueden desatarnos, pero el resto tienden a echarnos atrás, por lo que si no estáis muy seguros de qué debéis decirnos, creedme, estáis más guapos callados.

De alguna forma, el hecho de notar aún las muestras de que Laura acababa de estar chupándolo me incitaba... bueno... a probar. Era como si, no sé, aquellas marcas lo convirtieran en algo para metértelo en la boca... como si aquel pene fuese algo “chupable”... como si fuese lo... lo propio... lo natural. Lo que, sumado a su tamaño...

Mis dedos, involuntariamente, habían empezado a moverse, masturbándolo un pelín en lo que pretendía ser tan sólo una misión de reconocimiento. Y yo, sin saber muy bien cómo, tenía aquella polla cada vez más cerca de mi cara...

--Te confieso que me está llamando probártela un poquito... -alcancé a decir sin estar segura de querer hacerlo --pero... no sé...

El movimiento de mi muñeca se había acelerado. Él seguía tenso, callado. Sólo dios sabe la manera en que el muy cabrón lo estaba deseando... y yo... yo no sé si lo deseaba... aunque sí que me sentía... como imantada, alienada... abducida, no sé cómo explicarlo...

Mi cabeza se había acercado muchísimo a aquel pene sin que yo me lo propusiera... Apenas podía creérmelo... Estaba completamente reclinada, a apenas unos centímetros de... de “él”... y el sabor de aquella polla, fuera por el olor, el recuerdo de sus predecesoras o el poder de la fantasía, se dejaba intuir ya con intensidad en mis papilas gustativas... abriendo mi apetito por.. bueno... por mamársela.

--Joder...-susurré, acercándome aún más despacio... y más... hasta alcanzar levemente el contacto con mis... labios... Silvia, ¿pero qué...? Le di un pequeño besito, húmedo... mientras sentía cómo el morbo provocaba que mi boca se llenara de saliva...

Dejé que mi lengua asomara un poquito... lamiéndola con timidez... y enfermé de calor al comprobar que aquella polla sabía intensamente a... Laura.

-Mmmm... -gimió despacio una desconocida en mí al tiempo que mis labios rodeaban su glande.
-Oh, dios... -se atrevió él a decir, por fin.
-Joder... Luis... dime... -susurré al tiempo que le miraba de reojo...- ¿Te apetece que te la chupe un poco?
-Dios, sí...
-¿Quieres que te la chupe? ¿Sí? ¿Sabes? Creo que voy a chupártela... -el movimiento masturbatorio de mi mano era ya descaradísimo.
-Oh... joder...
-A chupartela toda... toda... toda... Dios... creo que estoy a punto de chupártela, Luis...
-Sí... por favor... sí...
-Sí... - le dí un lametazo, y después otro -sí.. te la voy a chupar... Luis te la voy a chupar...!!
-Chúpamela, vamos..!! ¡Chúpamela!

La besé, y volví a besarla, y saqué mi lengua para pasearla por todo aquel falo, desde su base hasta el glande.

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-Joder, Luis... Oblígame a hacerlo.
-¿Qué?
-Que me obligues. Que me fuerces. Por favor... oblígame a mamarte la polla... Me muero por comerte la polla... Luis... por dios, fuérzame a hacerlo...

Tenía que estar muy fuera de mí para estar hablándole así, pero pocas cosas coartan al hombre a renunciar a una mamada, y en un instante estaba sujetando mi nuca con cuidado y fuerza, en una mezcla de cautela e impaciencia, y envolviendo su pene en su otra mano para ponerlo apuntando hacia... mi boca... antes de disponerse a...

...empujar. Empujar hasta alcanzar el tacto.

--Oh, joder... -exclamó su voz al tiempo que su glande alcanzaba la frontera de mis labios, calentándome --vamos...

Él conducía mi cabeza, y yo le dejaba hacer, excitándome pensando en que ya tampoco podría librarme de su mano si quisiera. Iba a mamársela... y ya no podía hacer nada por evitarlo.

Y pues bien... ahí estaba yo ahora, lamiéndosela medio desnuda en un coche aparcado en mitad de un puto descampado. Mis tetas bailaban en mi vaivén, la mandíbula me dolía de tanto tenía que abrir la boca para meterme aquel rabo, y Luis miraba al cielo ya inmóvil conforme su orgasmo se acercaba. No tardaría en llegar, y su jugo terminó de rematar mi condición de guarra cuando se atrevió a eyacular sin pudor en mi boca, como si no pudiera molestarme... y, de hecho, no molestándome. Vamos, para nada...

Me levanté para recostarme en el asiento jodidamente extasiada, percatándome de que una sonrisa idiota se había instalado en mi cara. Aquello era sin lugar a dudas lo peor: Lo bien que me hacía sentir lo que había hecho. Jamás había tenido una relación sexual tan, tan desligada del compromiso. Creo que era el saber que lo había vuelto loco, que había sido la causa de hacerle sentir la mayor felicidad del mundo por un instante, y lo fácil que había sido hacerlo lo que me hacía sentir así.

Ahora se encontraba sentado, frente al volante, con los ojos cerrados y la cabeza mirando al cielo, respirando profundamente en una postura que delineaba su mandíbula y que lo hacía bastante atractivo, lo que no era difícil. Su pollón, por su parte, seguía tieso cual mástil entre sus (bastante atléticos, por cierto) muslos. Tanto tiempo mamándolo me había hecho olvidar cuan grande era aquel sable que ese chico se gastaba por paquete.

Mi mano volvió a él. Regresó a su polla. ¿Seguía dura, no? Pues hice lo propio volviendo a envolverla de mi tacto. No sé por qué, pero me sentía como si mi curiosidad siguiera ahí, incansable. Como... como si no acabase de chupársela, vaya.

Por supuesto, el falo estaba tan húmedo como la primera vez que lo había masturb... tocado. La diferencia, claro, radicaba en que esta vez lo que se notaba no era la saliva de Laura, sino la mía. Aún era más, mi gloss también lo había manchado, como lo hiciera primero el pintalabios de Laurita. Pude apreciar que la marca que ella había dejado quedaba significativamente por debajo de la mía, casi en la maldita base de aquella torre, lo que venía a significar que su mamada había sido mucho más profunda que la de mis labios. Pero... ‘¿cómo diantres lo haría?’, pensé. ‘¿Como podía habérsela metido... tanto?’.

Yo también quería tragar aquel pollón así. No quería ser menos que Laura. Cuanto menos quería... intentarlo.

--Oye, Luis... -susurré, de sobra apuntalada en mi rol de chica-que-te-la-chupa-porque-le-encanta --¿Te apetece otra?
--Otra... ¿mamada?
--Sí... Otra mamada... -de nuevo, mis dedos lo masturbaban sin pudores -¿No te apetece que te la chupe... otra vez?
--Dios...

Puso su mano sobre mi pierna, por encima del vestido. --Espera... -continuó al tiempo que volvía a recostarse en su asiento para recuperar el aliento.

Silvi, ¿alguna vez habrás sido así con otro hombre? Quiero decir, acabas de hacerle una mamada, tienes la puta mandíbula dolorida de lo que te ha costado hacerle esa mamada, los labios agrietados por el roce, y estás aquí, medio desnuda, con las peras fuera, masturbándolo de nuevo y ofreciéndole una segunda felación para ver si eres capaz de meterte aún más profundo el puto monumento de Luis... tal como lo ha hecho antes Laura. ¡Es una locura!

Y entonces, me besó. Por primera vez en toda la noche, se inclinó hacia mí hasta alcanzarme y besarme. Si le molestaba el sabor que su semen podía haber dejado en mi boca, la manera en que me metió la lengua lo disimulaba como los ángeles. Y todo dejó de parecerme una locura. Y dejé de pensar en nada. En nada que no fuera besarle. Llevó su mano izquierda hacia mi cuerpo, hasta tocarme las tetas. No me importaba, ya me las había sobado suficiente antes. Lo que me importaba era que estaba besándome. En un principio, podría incluso decirse que con ternura, pero la temperatura, como podréis imaginar, no tardó en subir, y lo que eran unos labios conociendo otros labios y una lengua conociendo otra lengua se convirtió en dos bocas con sed, incapaces de sentirse nunca lo suficientemente cerca. Su cuerpo se inclinó sobre el mío, empujándome contra el asiento al tiempo que su lengua trataba de invadirme. Cariño, eso lo hacías mejor con la polla... pero esto es aún más fácil de disfrutar.

Cuando se despegó de mí, sentí que me faltaba el aire. Pude ver en su cara el reflejo de la expresión que debía de estar poniéndole. Siempre me parecieron sexys los gestos que cualquier chica hace cuando se siente cerca de satisfacer cuantos deseos la convierten en necesitada. Un calambre escaló desde uno de mis jodidos pechos gracias a sus dedos, que jugaban a acariciarme el pezón, llegando a pellizcarlo... Y que subieron hasta mis labios para acariciarlos... a lo que respondí con mi lengua, por lo visto incansable. Pero su tocar escaparía de nuevo hacia mis senos para dejar mi besar disponible y permitir así a Luis volver a volatilizarme. Joder, Luis, si hubiera sabido que existían hombres así antes...

Su boca me abdució de nuevo, ¿cómo no iba a hacerlo, si besaba como los malditos dioses? Y aún estaba sumergida en su besar cuando noté que su inquieta mano empezaba a jugar con mis piernas... ascendía el tacto por mis muslos... y llegaba a mi entrepierna... Pero... No, Luis... Eso no... Buscaba mi vagina... Por dios, Luis... No... La encontraba... percatándose de que estaba empapada... la acariciaba... Oh joder... encontrando mi clítoris... Maldita sea, Luis... y masturbándome con aquel don sexual que no se relegaba al tamaño de su... Joder Luis... No... no lo dejes, por dios... Mientras su lengua seguía desesperada por lamer cuanto escondían mis besos...

--Oh sí, ¡Luis!... -gemí: estaba caliente como una zorra, desbocadísima, mi cadera se contraía sobre el asiento para sentir aún más lo bien que a aquel chaval se le daba masturbar, y mi cuerpo empezaba a sudar, todo él, cuello, muslos, pechos, ¡todo!, era increíble, era absolutamente increíble, tenía que estar soñando, tenía que estar muriendo, tenía que...

...tenía que acostarme con él. Por dios, como fuera. Tenía que meterme a aquel hombre. Tenía que hacérmelo, tenía que hacerlo todo, tenía que sentirlo todo.

Lo separé de mí con mis dedos de mujer y lo recosté sobre su asiento para llevar mis pequeñas manos bajo el vestido y quitarme con mis braguitas la única pieza de ropa interior que aún vigilaba mi castidad. Me percaté de que mis zapatos, de fiesta, seguían calzados... y me pareció... divertido.

No lo demoré un segundo, pasando mi pierna sobre las suyas y colocándome sobre él, de forma que mis pechos quedasen colgando sobre su boca. ‘Cómetelas, cielo’, exclamó en mi cabeza la voz de la peor de mis conciencias, recordándome que no había reparado en cuánto me apetecía que me lamieran las tetas. Las pegué a él y, como todo hombre que haya conocido, no dudó ni un instante en besar. La diferencia está en que algunos lo hacen mal, y otros bien... Y Luis, por descontado, sabía hacer que te sintieras tal como lo harías si estuvieras lamiéndotelas tú misma... Dios mío, Luis, ¿dónde coño estarías escondido toda mi vida?

Mis manos se apoyaban en su asiento, justo por encima de sus hombros, sujetándome encima de aquella polla en erección que insistía en reclamarme para mi deleite. Llevé una de ellas hasta la parte inferior de mi vestido para subirlo hasta hacerlo quedar por encima de las nalgas, cual trapo arrugado entre mis muslos y unas tetas que no se cansaban de ser besadas, y conduje su brazo derecho hasta quedar su mano sobre mi trasero. Su otro brazo lo imitó al tiempo que yo sacaba las tetas de esa boca para besarle el cuello, saboreando su piel.

--Cariño... -susurré cuando su oído se encontró cercano al sendero de mi lengua... --¿te apetece... follarme? -sus manos se apretaron a mis nalgas de sólo escucharlo.
--Joder...
--Pues cielo... ¿a que estás esperando...?
--Nena...

Sus brazos se tensaron, haciendo presión en mi cintura para... bajarla...

Continuará... ;)

Mis Buenas Vecinas " los jueves Mujeres"

Como muchos termine separado, con el alma en pedazos y sin saber que iba hacer de mi vida en los próximos meses o en el próximo año. Por lo pronto llego el momento de empezar a buscar algo a donde mudarme. Mi matrimonio estaba terminado y no sabía a donde yo iba a terminar. Mis padres me dieron asilo por unos días pero solo con la condición que buscara apartamento lo antes posible.
Mi trabajo ocupaba la mayor parte de mis días y no encontraba consuelo a esa sensación de vacío que había ahora en mi vida. No era que extrañara a mi mujer, pero me hacía falta la vida de hogar, el tener un lugar a donde aterrizar después de una jornada de trabajo. Añoraba a mis hijos, el verlos y compartir con ellos cada día. Esto no iba a resultar tan fácil me había quedado sin nada y era como si un tsunami hubiese arrasado con mis sueños.
Lo único bueno de esto es que me habían quedado algunos amigos del alma, como Marcelo que hacía tiempo no veía pero al encontrarnos y enterarse de mi situación lo primero que hizo fue ofrecerme un lugar.

- Tengo el departamento de mi madre, ella está en Italia con mi hermana y casi no viene.
Está desocupado la mayor parte del año y tengo que seguir pagando los gastos. Si quieres puedes quedarte ahí. Te ahorraras bastante. Además que está bien ubicado y tienes tu trabajo cerca. ¿Qué te parece? – me dijo.
Era perfecto. No todas eran malas para mí. Acepte enseguida. Es más me dijo: vamos por tus maletas y te llevo al edificio para presentarte con el conserje y mostrarte todo lo que tengas que saber sobre la casa. Estaba feliz y agradecido de que aun hubiese tipos como mi amigo que estaban dispuestos a ayudar.
Al llegar encontré un lugar de primera. Un semipiso con todas las comodidades como para no extrañar nada.
- ¡es perfecto!! – dije – es mucho mejor de lo que imaginaba amigo! Gracias por hacerme este gran favor. - De nada amigo. Es un buen lugar, solo tiene un pequeño problema y son las vecinas.
La verdad es que no las conozco, pero mi madre se vive quejando de ellas. No sé cuál será el problema, pero bueno ya vos te vas a enterar. Ahora te dejo para que te pongas cómodo y mañana hablamos
. Nos despedimos y volvi a recorrer cada rincón de aquel apartamento.
Me instale en la habitación de huéspedes, debía ser la de mi amigo porque estaba decorada con un estilo masculino, tenía una ventana que daba al pulmón del edificio y se veían otras ventanas del departamento de enfrente. Me acorde del comentario de mi amigo sobre las vecinas.
Debían ser unas viejitas coquetas e insoportables.
Aquella noche logre conciliar el sueño con facilidad, estaba más tranquilo. Pero me sentía solo. La casa era grande y el silencio lastimaba, hasta que un golpe me despertó. Era el ascensor que abría y se escuchaba voces de mujeres que hablaban fuerte y se reían sin parar. Serian las vecinas?
Me levante y fui hasta la puerta, escuche que una decía:
- Oye que te franeleo el culo y vos muy putita te dejaste. Como te gusta calentar y no dejarte hacer nada… jajá
- Noooo que quieres que me coja cuando él quiere! Noooo .. solo cuando yo quiera... a mi manera y con quien yo quiero!!!… Jaja
No sonaban a voces de ancianas ¡y como hablaban! Escuche las llaves y el abrir de una puerta.
Me quede intrigado con su conversación, ya me habían despertado y eran pasada la una de la madrugada. Volví al dormitorio a oscuras y mire hacia sus ventanas, se encendieron todas las luces. Estaba ahí de mirón, en la oscuridad cuando vi la figura de una mujer entrar en uno de los cuartos.
Ah si esto sí que no me lo esperaba era una preciosura de cabello rojizo vestida con un uniforme azul y no solo era una… sino dos.
Entro una morena más alta vestida con un uniforme igual a la otra, se soltó el cabello y comenzó a quitarse la chaqueta que llevaba puesta. ¡Ohh esto era de película!!!
No me digan que este era mi día de suerte.
Hablaban y seguían riendo mientras continuaban desprendiéndose de la ropa una a una, verlas me excito… el desabotonar de las camisas… como iban quitándose las faldas para terminar quedando en ropa interior… me estaba enloqueciendo. Ahora venia lo mejor. Como quería estar ahí con ellas. La pelirroja fue la primera en quitarse el corpiño. Oh! Preciosos senos y abundantes como me gustan a mí, los masajeo con sus manos varias veces como quitándose la sensación de haber estado apretados
Uyyy… como deseaba besarlos y chupárselos suavemente, lo necesitaba y ya lo estaba haciendo, mi mente está ahí con ellas.
La morena tenía los senos pequeños con pezones oscuros se notaban muy ricos...para morderlos con delicadeza… mientras acariciaba esos glúteos espectaculares paraditos y duros… de esos que te provoca azotarlos con tus manos mientras le das por detrás. ¡Realmente estaban muy buenas mis vecinas! Se colocaron unas batas y apagaron la luz del cuarto y no pude ver más.
¡Maldición!. Yo quería ver más, me tuve que conformar con las imágenes que tenía, pero me basto esa noche para masturbarme más de una vez antes de quedarme dormido.

Esa mañana al levantar mire hacia el departamento de ellas, haber si las veía nuevamente, pero las cortinas estaban cerradas y no se notaba movimiento alguno. Sería muy temprano para ellas.
Esa tarde al volver del trabajo pase por el autoservicio chino que hay en el barrio a comprar algo para comer y para mi sorpresa ellas también estaban de compras, esto no era una coincidencia mas.
Pase por su lado y recordé lo de la noche anterior.
Realmente eran guapas las dos, diría que no sabría con cual quedarme si me dieran a elegir.
La morena destilaba sexualidad a su paso y le gustaba mostrarse.
Tenía puesto un vestido colorido con flores, ajustado, corto, que mostraba las piernas desnudas y dejaba notar apenas el triangulito de su ropa interior metido en su culo, no había tipo que pasara a su lado y no volteara a mirarla.
Ella disfrutaba de esas miradas, en cambio la pelirroja era recatada, hasta en su forma de vestir, aunque sus hermosos y generosos senos no podían ocultarse fácilmente a las miradas masculinas.
Usaba gafas y llevaba el cabello recogido prolijamente, ella irradiaba una sensualidad diferente, casi angelical que te provocaba deseos de amarla.
Pase varias veces cerca de ellas y no me atreví a preguntar nada como para empezar una conversación y presentarme, después de todo éramos vecinos.
Antes de volver pase a comprar cigarrillos y al entrar al edificio ellas estaban esperando el ascensor.
Ahora era el momento de hablar así que salude con un tímido: buenas noches!
La morocha saludo de inmediato y comenzó a mirarme de arriba abajo.
El ascensor abrió y ellas subieron con sus bolsas de mercado y yo detrás con las mías.
- ¿Qué piso señoritas? – pregunte
- Octavo – dijeron las dos al mismo tiempo.
- Bueno vamos los tres al octavo entonces. - dije
- ¿vives en el octavo? – pregunto la morocha
- Si, en el departamento A... ¿y ustedes en el B imagino?
- Exacto! … ¿vos sos el hijo de la señora Marta?
- No. Soy amigo del hijo. Me llamo Carlos y estoy viviendo aquí por un tiempo.
- ¡Qué bueno! Eres nuestro nuevo vecino. Que placer. Yo soy Leona – me dijo la morocha con ese tono de voz caribeño que tenía.
– Ella es Sissy! – Saluda chica a nuestro vecino – le dijo a la pelirroja que solo me observaba.
Me sentí pequeño ante la esbelta presencia de ellas, el aroma de sus cuerpos tan cerca de mí me termino haciendo sudar.
Esas mujeres me habían hecho olvidar en un segundo de todos mis problemas y me provocaban sensaciones de placer con solo verlas.
Leona se encargo de preguntarme en el corto viaje del ascensor lo suficiente para que supiera que estaba solo y sin perro que me ladre.
Al llegar al piso antes de despedirnos me dice:- Oye Carlos… ¿quieres venir con nosotras a cenar esta noche?
-Los jueves vamos aquí cerca a un restaurante italiano, ¿te prendes?
Me pareció la mejor propuesta y no dude en decir que si que estaría con ellas, no tenía ningún plan para esta noche y no iba a pasarlo nuevamente solo.
- Te pasamos a buscar a las diez – dijo Sissy
Quede sorprendido porque hasta ahora no había hablado, solo me miraba y sonreía de vez en cuando con las preguntas que me hacia su amiga.
Creo que las chicas se traían algo conmigo, entre ellas había miradas picaras que me tenían intrigado.
Que la morocha decía: compañera tenemos que tratar bien a nuestro nuevo vecino…
que te parece si lo agasajamos como corresponde… le decía a la pelirroja que sonreía mirándome con un brillo libidinoso en sus ojos.
Que ya me estaba haciendo la película y lo que había visto de ellas la noche anterior me habían hecho hervir la sangre hasta el punto de fantasear con meterme con las dos.

Esa noche pasaron por mi puntualmente, deslumbrantes las dos y que decir cómo me sentí de afortunado de tener a dos mujeres brindándome su atención.
La cena fue muy amena, me contaron que trabajaban en un hotel internacional, por esos sus uniformes, la pelirroja era la dueña del departamento y tenía un novio en el extranjero y Leona era centroamericana y…me gusta un amor en cada aeropuerto - me dijo riendo.
Estuvimos bebiendo bastante cuando nos dimos cuenta que era tarde y el alcohol nos había puesto más que alegres.
Que de vuelta a casa las dos se colgaron de mis brazos muy agarraditas y Leona comenzó a acariciar mi brazo y decirme:
- Oye que se notan firmes tus músculos y como me gusta cómo se sienten… luego si me permites… y fue derecho a mis glúteos y los apretó.
¡Madre mía! Que era atrevida. No podía pasarme de listo. Pero si tenía ganas de tocárselos a ella.
Sissy también comenzó a acariciarme suavemente y no pude ya reprimir de mis instintos, estaba excitado y busque la forma de acercarme más a su cara…ella me dio un beso en la mejilla tan cerca de mi boca que quede esperando mas.

Llegamos al edificio y subimos rápidamente en el ascensor. La morocha se acerco a mí, tanteo mi cuerpo y dijo algo a mi oído. Me estaban invitando con ellas a su departamento.
No pude resistirme.
Las dos me llevaron, cada una, tomo de mi mano y al entrar en la casa se abalanzaron sobre mí. Lo estaban disfrutando y mucho.
- ¿Dime quieres hacerlo con las dos? – dijo Leona
Que tomo la iniciativa de comenzar a acariciar mi miembro por encima del pantalón, mientras besaba suavemente mi cuello.
Comencé a repartir mis besos entre las dos cuando la pelirroja desapareció de la escena y me pregunte si estaría de acuerdo, me había dicho que tenía novio, tal vez solo era idea de su amiga.
Ya era tarde y estaba muy caliente para seguir pensando en otra cosa.
Fui directo a Leona que estaba buscando desprenderse de mi ropa mientras me besaba, comencé a corresponderle a esos sabrosos besos que se deslizaron fugazmente por mi pecho y fueron bajando hasta mi miembro y sin dejarme respirar comenzó a chuparlo jugando con su lengua en mi glande. Sus labios carnosos lo hacían con tanta delicadeza y gusto que me tenía extasiado al punto que no me percate de la figura de Sissy que nos miraba.

Estaba sentada en otro extremo de la sala en un sillón, vestida con lencería negra transparente que dejaba ver sus preciosos senos cubiertos apenas por el rojizo cabello que caía sobre ellos, mientras acariciaba su sexo con su mano izquierda y en la otra mano tenía un vibrador del tamaño de mi pene con el que comenzaba a masturbarse.
Ver la imagen de ella y lo que me estaba haciendo la morocha hizo que estuviera a punto de correrme.
Pero me contuve, respire profundamente y fui en busca del sexo de mi compañera que estaba candela y deseosa de ser penetrada.
La puse sobre el sofá en el que estábamos, aparte su tanguita para comenzar a chuparla lentamente... Ante el primer contacto comenzó a gemir con intensidad y a correrse en mi boca mientras hundía mi cara en su sexo pidiéndome más y mas.
No pude evitar mirar mientras lo hacía, como la otra mujer se agitaba en su lugar al ritmo del aparato que manipulaba suavemente y gemía deseando que continuara hasta hacerla acabar.
Continúe haciéndolo hasta sentirlas a las dos gritar de placer al correrse.
Era precioso verlas así a las dos excitadísimas.
Sissy se incorporo y se acerco a nosotros lentamente, levanto mi cara que continuaba chupando el sexo de su compañera y comenzó a besarme apasionadamente.
La morocha también busco besarme mientras acariciaba los senos de su amiga.

Ohh esto era más de lo que me esperaba. Ellas comenzaron a intercambiar caricias y besos mientras yo me las quede mirando. Cuando me di cuenta la morocha se monto sobre mi y comenzó a lubricar mi miembro e introducírselo suavemente por su culo, me decía cuanto le gustaba así mientras se movía cada vez mas fuerte aprisionándome en cada embestida que se daba. Era fabuloso.
La otra mujer puso su sexo en mi cara para que continuara chupándole el coño. Esto era más de lo que me imagine. Estaba tan ocupado como para dejarme ir en un instante. Las dos gemían enloquecidas y yo esperaba darle más de lo que podría hacer por esa noche.
Perdí la noción del tiempo y solo goce de ellas hasta que no di más y acabe llenándole las entrañas a la morocha que gritaba de placer.

Quedamos rendidos y relajados los tres después de tan merecida faena. Que voy a decir de más desde ese día ellas me invitan a cenar los jueves, yo pago como todo un caballero… como dejarlas a ellas… son mis buenas vecinas y siempre me invitan a comer el postre en su casa. Mi amigo no conoce todavía a mis vecinas y por un ahora ni pienso en mudarme.