Las Puertas del Cielo


Arrodillado, el joven monje se guardaba para consigo la peor de sus confesiones, y sor Ada podía leerlo en las expresiones de su compañero, mas no comprender por qué había de guardarse secreto alguno, cuando ambos dos eran humanos, hijos de Dios, imperfectos, como él los creo, sucios, mas por ello perdonados en su arrepentimiento.




Bien era verdad que una confesión para con una monja era algo no sacramental; y mucho menos a una novicia; Pero este tipo de actos eran habituales entre compañeros, en especial entre los más jóvenes. Si bien confesarse con una mujer de Dios  no constituía su perdón, sí que te otorgaba en muchas ocasiones consuelo, paz interior, y, desde luego, una amiga. Sor Ada tenía, además, un especial encanto: Sabía escuchar, empatizar, comprender, y nada le sorprendía, pues los caminos de Dios... solo Dios debe entenderlos. El hombre ha de vivirlos acorde a las lecciones sagradas, la vida de Jesucristo, y consciente de su impulcritud mas obligado al arrepentimiento. ¿Qué puede ser, hermano Dorian, lo que tanto te aflige?


-Dorian, sé que has venido a contarme algo, algo que te duele, que te quema, y de lo que te encuentras arrepentido. Pero de tu boca no surgen palabras que den forma al demonio que ahora mismo empapa tu alma. ¿Qué sucede? ¿Ya no puedes contar conmigo?
-Ada... es algo complicado.
-Lo sé. Mas no te duele lo complicado de su naturaleza. Es saber que el demonio lo carga lo que está acabando con tu siempre férrea resistencia, ¿no es así?
-Hermana... tú y la sabiduría de tu mente preclara... En efecto, es algo maligno lo que entorpece mi rectitud a ojos del Señor. Me siento sucio, marcado; tal vez castigado. ·Estoy atravesando por el momento más difícil de mi vida y... me temo que nuestro dios no se posicionaría, si yo hoy muriera, de mi lado.
-¡...Dorian!! Estás blasfemiando y desvariando por igual, en la confusión más completa que nunca te ha asediado. ¡Deja que salga! Bien sabes que es Dios quien te ha llevado hasta mis brazos, y si ahora murieras, lo harías cumpliendo su voluntad, así que no dejes de hacerlo y confiésate conmigo, monje iniciado. De sobra sabes que soy yo, Ada...

Dorian sonrió. Era cierto. Era Ada.

-Júrame que no me odiarás por esto.
-Es el acto el que castiga al ser humano, pero jamás su palabra ni pensamiento, sólo por haber errado. Así lo dicen las escrituras... Y yo, que no soy sino una humilde ignorante, con honor y servidumbre las acato. Además, la amistad que nos une bastaría por sí sola para que nada excepto nuestra fe pudiera separarnos... Puedes contar conmigo, Dorian.
-Muchas gracias, hermana.

Lo que habría de escuchar la sierva de Dios habría, en verdad, de dejarla impresionada. Dorian, como muchos monjes jóvenes, se enfrentaba a la sexualidad y el poder que la misma ejerce sobre el hombre. Hasta aquí nada era extraño, formaba parte de la rutina de una catedral, por desgracia. Era parte del camino. Lo que hirió los oídos de monja de la pobre Ada fue conocer las cotas de desesperación que el pobre confesado alcanzaba...

-Se dice que entre las monjas este problema no es tan grave... pero nosotros, los monjes más jóvenes, lo pasamos realmente mal y... bueno... algunos...
-... algunos...?
-...algunos experimentan su sexualidad entre ellos, hermana.
-¡No!!
-Adita... tú no sabes lo que se sufre. No conoces nuestras noches de angustia, nuestra obsesión continua, nuestra distancia hacia lo correcto. Muchos opinan que pecar así les compensa a la hora de, en su rutina, ser mejores cristianos. Y si el Señor lo ha dispuesto así, ¿quienes somos nosotros para contrariarlo?
-No, Dorian, no hablas en serio...
-No lo he probado nunca, hermana. Pero no creo que pueda aguantar mucho más.

Así, el joven monje habló a la novicia de sus noches sin sueño, del escaso control de su mente sobre su cuerpo, y también de un tremendo dolor de testículos que era ya casi continuo. En verdad estás siendo castigado por algo maligno, pensó la monja. Y no creo que merezcas tal tormento.
Sor Ada preguntó por cómo podía ser que dos monjes practicasen el sexo, estando ambos dotados de pene, e imaginando las cosas más estrafalarias. Dorian tuvo que hablarle de las felaciones, de las que algo había escuchado ya Adita, sin imaginar que tal cosa pudiese darse dentro de su propia catedral. Acostumbraba a aguantar inquebrantable las confesiones más sinceras, pero, en aquel momento, quedó trastocada.

-Pero Dorian... te conozco ya bien. Jamás me has ocultado nada en tus confesiones, y sé que eres un hombre de fe. Si conoces el camino, ¿cómo dudas del trayecto? Bien sabes que sólo Dios puede salvarte del tormento que acoges, y no tus actos. No trates de engañarle. Acógele con fuerza. Si tan grande es la prueba, quizás estés siendo probado. Quizás tengas un destino importante que cumplir, y vayas a necesitar de esta fuerza para afrontarlo.
-Pero esto no es vida, Adita... Si Dios nos ama, por qué nos fustiga así? ¿Por qué nos condena a precipitarnos sobre pensamientos tan... antinatura?
-Recuerda que su propio hijo fue sacrificado, hermano. Nada hay más duro que eso.
-No dirías lo mismo si conocieses mis lunas...
-Deja... deja que recapacite, Dorian. Tu problema en verdad me ha sobresaltado. ¿Podrás aguantar hasta mañana?
-Es más de un día lo que a mí me queda hasta lo que tú llamas mañana, pero lo intentaré. Gracias por escucharme, dulce Ada...
-Que Dios te bendiga por tu arrojo de valor para contármelo, hermano.


Y así se despidieron, sin poder cambiar de tema. Llegaría la noche, y sor Ada, intrépida, se aventuraría en la oscuridad de la catedral para conocer mejor la situación que atravesaban sus hermanos. No le costó. Pasando puerta por puerta, alcanzó a escuchar unos gemidos, y se atrevió a mirar por el ojo de la cerradura que los albergaba. Lo que encontró, sin ser sorpresa, consiguió sorprenderle. Tal y como Dorian le había contado, un monje se encontraba de pie. Junto a él, otro hermano, arrodillado. Ada quedó impactada por los cuerpos de aquellos chicos, que ella ya conocía de la vida en la catedral, pero que no se había imaginado tan moldeados. Se preguntaba si se debería a los trabajos de agricultura que realizaban... o si se cuidaban para complacerse más en sus momentos de agravio. El monje que se encontraba erguido gemía de más que comprensible placer, pero Adita quedó sorprendida por la actitud del arrodillado: Aferrado a la polla de su compañero, chupaba como si la salvación le esperara al otro lado y... lo disfrutaba. Desde luego que lo disfrutaba, se recreaba en su mamada. ¿Qué clase de voluntad del demonio podía ser responsable de corrupción semejante? Condenar tu alma... ¿por chupar un pene? Hermano Néstor... ¿qué te aliena? ¿cuanto tiempo llevarás haciendo esto sin que nadie en la comunidad haya sospechado nada?

La situación empeoró aún más. Desde el otro lado de la puerta, Ada, la pulcra e inocente Ada, sintió como nunca había sentido una subida de temperatura, mientras un calambre repentino la obligaba a aferrarse en la puerta: Se estaba excitando. Le excitaba ver aquellos cuerpos de hombre, el placer del sujeto pasivo, y aún más el del que estaba mamando. Y sentía que no era la curiosidad o el ansia de conocer lo que le mantenía mirando. ¿Estaría haciendo algo incorrecto con aquella escapada nocturna? ¿Serían aquellos sentimientos de castigo?


Algo estaba claro. Aquellos monjes se avocaban a una eternidad de torturas en el infierno por, según Dorian, ser buenos cristianos. No era justo. Quizás fuese Dios quien la había conducido después de todo. Quizás fuese Ada quien estaba destinada a salvarlos...

Fue después hasta la habitación de Dorian; la luz estaba encendida, sobresaliendo por debajo de su puerta. ¿Cómo no preguntarse qué habría al otro lado? Ada no podía evitar temerse lo peor: Encontrar a Dorian aferrado a algún otro monje, en aquel pecaminoso acto antinatura. Pero por fortuna, no fue lo que vio. Lo que se encontró fue a un amigo, a un buen cristiano, sufriendo por cumplir la voluntad de Dios. Al Dorian de siempre.

Estaba desnudo. Nervioso y agitado, paseaba por su celda. Entre sus piernas, su miembro en erección reclamaba una mujer, que no un hombre, y quién sabe qué pensamientos recorrían su mente. Con expresión de dolor en su cara, se masajeaba los testículos. Estaba sufriendo. Lo pasaba realmente mal. Fue más que suficiente para que Ada dejase atrás su sobreimpresión para volver a ser la Ada de siempre: La monja que escuchaba, comprendía, asentía y normalizaba. La chica con el don de saber mirar con los ojos de Dios. O eso se decía...

Se decía que los monjes no podían realizar prácticas antinaturales; lo natural es obra del Señor, y es hermoso. Mas habían de pasar por el celibato... Porque eran monjes, y habían de entregarse a Dios. El resultado, aquella monstruosidad que la misma Ada estaba observando mientras Dorian, su amigo y hermano, la padecía. ¿Qué había de natural en aquello? ¿Por qué no era natural responder a tu cuerpo y sí que lo era dejar que el mismo te llevase al borde de la locura? ¿Había diseñado realmente el Creador una tortura así para los más fieles de sus súbditos? ¿No era más lógico imaginar que las escrituras...? Se acercaba a la herejía, pero ¿no podían haber sido las escrituras mal interpretadas?

"Toc, toc" sonó la puerta.

¿Sí? -respondió el monje, sobresaltado
"Soy yo" -sonó la cálida voz de Ada
¿Ada? Dame un segundo...
Sé que estás desnudo, Dorian, te acabo de observar por la cerradura. No importa. De verdad, puedes abrir la puerta.
Pero...
Ábreme, por favor. Te lo ruego.

Le abrí, inseguro. Temí que pudiera estar acompañada, pero no lo estaba. Me miró con inquietud, cerrando la puerta tras de sí, y buscando mis ojos en una actitud tan segura como indecisa. "Siéntate", me pidió. Encantado, mi preciosa Ada.

Era una belleza. Rubia, esbelta, caliente. A veces me costaba pasar los ratos que compartíamos. Es muy duro ver una escultura semejante y recordar que te condenaría el mero hecho de recordarla con lascivia. Pero la deseaba, desde luego que la deseaba. La deseaba como deseaba el cielo. Y quizás sentirme así me alejase de esta meta tanto como ya lo estaba de compartir lecho con ella. Pero... era mi vida, y tendría que intentarlo.

Ada miró hacia la puerta cerrada a sus espaldas, y se volvió hacia mí.

-Has de prometerme que jamás le contarás a nadie lo que esta noche va a pasarte, a pasarnos, ¿de acuerdo?
-Pero Ada, sabes que no puedo prometerte eso. El sacramento de la confesión...
-No vas a cometer ningún pecado, ¿vale? Será la voluntad de Dios lo que estás por experimentar. Lo que experimentaremos ambos -dijo pensando en los monjes que acababa de ver practicando sexo oral.
-Pero... Eres tú, Ada... ¿Qué te traes entre manos?

Y entonces, Ada... se quitó su ropa! Su ropa de convento! Dios, no, Ada, pretendes matarme? Había determinación en su cara. Quedó desnuda ante mí. Creía que jamás vería a una mujer desnuda...
Su cuerpo era el de la perfección, la musa que los artistas buscaban, la prueba de que, si Dios es la criatura más bella que existe, no podía ser el hombre quien fue creado a su imagen y semejanza.

-No pretenderás que... que compartamos cama, no? -le interrumpí sin muchas razones para hacerlo.
-No, Dorian. Quiero respetar el celibato de ambos. Al menos esta noche. Tengo mucho que pensar. Pero no pienso marcharme de aquí abandonándote a tu suerte con tus demonios.

-...y qué harás, entonces?

La novicia me sorprendió entonces poniendo cara de picantona...



Me sonrió. Me sentó en mi cama.

...y se arrodilló ante mi polla. Yo me derretí. Si aquella era la prueba definitiva que mis creencias me imponían, hacía tiempo que la había fallado. Si por contra fuera una recompensa por los malos ratos sufridos... si aquella era la forma en que el señor recomensaba... entonces me moría por conocer su recompensa eterna. Sufrir una eternidad entera bien se merecía aquella experiencia.

La agarró, mirándola, insegura. Era una monja, tenía prohibido dar aquel paso. Y sí, allí estaba, desnuda, ante mí. Ada la responsable, la buena cristiana, mirando hacia el falo que se planteaba saborear. Se santiguó, y verla haciendo eso desnuda me calentó muchísimo. Pequeña novicia...

-Ada, si tú decides dar este paso, será cristiano el hacerlo. Eres tú. Eres Ada. Por favor, chúpamela...

Diría que se planteó el echarse atrás. Pero no lo hizo. La engulló. Se metió el pene entre sus labios en un gesto de determinación, y comenzó a mamarlo. Y, no sé por qué, sabía cómo hacerlo.

-Ada!!! -grité. Dios! Aquello era increíble! Era mágico! Bajé mis manos hasta sus tetas, de cuyo hechizo no podía escapar.

-Por favor... deja en paz mis senos. Quier hacer esto lo más sencillo posible. -me dijo contrariada, como si le molestase que lo disfrutara. Pero no importaba.

La sensación era maravillosa. Su lengua se paseaba por mi pene, volviéndome loco. Adita, entre mis piernas, me la chupaba con dedicación. Me miró, cómplice. Como diciendo "lo que hacemos está bien". Desde luego que lo estaba.

Un picor recorrió toda mi polla diciéndome que necesitaba más velocidad en el vaivén de Ada. "Por favor, hazlo un poco más rápido" le rogué. Obediente, su ritmo aceleró. Aquello me disparó: "Ada, trata de hacer que sienta más tu lengua" "Dame más saliva, Adita..." "Trata de dejar que tus labios resbalen sin despegarlos"
Sumisa, Ada obedecía mis peticiones con precisión, volviéndome majareta. Jamás hubiera esperado sentir sensación alguna en mi pene. Jamás lo hubiese imaginado tan dulce. Jamás me hubiese planteado el celibato de haberlo experimentado primero. Y aquí estás, Ada, corrigiendo mis errores. Mi polla estaba tan húmeda por su saliva que sus labios se desenvolvían con total libertad, patinando, provocando en mí sensaciones increíbles. Le ponía empeño, dedicación.

Sentí como el primer orgasmo de mi vida me inundaba. Mis manos se arrojaron a por sus tetas, sin que en esta ocasión me lo impidiera. Sigue chupándomela, Adita... Ella estaba tan guapa... tan sexy... tan entregada... chúpamela joder, no sé por qué una monja sabe hacer mamadas, pero es colosal, increíble, pensaba y reproducía en voz alta. Me volvía tan loco ver cómo se aferraba como su lengua la lamía, cómo sus labios la besaban...

El calor estalló y yo, sin saber que iba a hacerlo, me corrí. Ninguno de los dos lo esperábamos. La primera corrida inundó su boca, tras lo que intentó apartarse; en vano, quedó cubierta de esperma. Se rió un poco. Daba la sensación... sí... lo has disfrutado, Ada?

Mi Jefe

Secretaria SexyHola a todos, soy Alejandra, aca les traigo un relato nuevo, yo era muy joven y apenas comenzaba a trabajar de camarera en un camping.
Espero que les guste, comenten y escriban cosas lindas.


Durante un tiempo trabajé como camarera en un camping donde se hacían eventos grandes durante todo el fin de semana. Se hacían fiestas de casamientos, eventos políticos, de deportes, etc. Una tenía que ir bien temprano el sábado, preparar el desayuno, después limpiar, preparar el almuerzo, limpiar, preparar una merienda, o ir a atender en la pileta del lugar, después la cena, y finalmente la fiesta hasta el domingo a la madrugada. Eran muchas horas, demasiadas. Pero pagaban muy bien, y la propina era mucho mejor. Hacer eso 3 veces por mes no significaba ningún sacrificio.
Diego era el encargado del lugar. Tendría unos 32 años. Yo lo conocí por su mujer, Laura, porque íbamos juntas al mismo gimnasio, y conseguí el trabajo gracias a ella.
Diego era de aparecer poco durante la jornada laboral. Estaba en el lugar, pero casi que no nos prestaba atención a las camareras. Si podía pagarnos antes era mejor, de esa forma se evitaba tener que vernos luego. Además siempre iba con su esposa a una cabaña del camping a descansar.
Una tarde un alto dirigente político me habló que se sentía muy conforme con el servicio, y que quería felicitar en persona al encargado del lugar, por lo tanto tuve que salir a buscarlo por todas las inmediaciones del camping.
Busqué en la pileta, en los kioscos, en el salón, en la parrilla. Finalmente lo encontré, estaba en la cabaña con su esposa. Vi su silueta por la ventana, estaba de pie, de espaldas. Yo tuve que dar la vuelta, la puerta estaba del otro lado, y encima estaba casi abierta de par en par, por lo tanto no tuve la delicadeza de golpear antes de entrar.
Abrí lo que quedaba de la puerta e ingresé. El levantó su vista y antes de que yo pronunciara palabra alguna quedé muda y roja de vergüenza y muy incómoda. Laura, que por suerte no me escuchó entrar, estaba de rodillas frente a él, vestida, Diego estaba con sus jeans por las rodillas. Su mujer le estaba practicando sexo oral, y yo estaba a unos pocos metros de la situación. Yo podía oír el chasquido de la saliva de Laura cada vez que su boca chupaba el pene de su marido, acompañado por pequeños y eróticos gemidos. Diego sujetaba con ambas manos la nuca de su mujer, y me miraba con ojos de pervertido, mientras su boca hacía muecas de placer. El pelo de Laura era largo, de un rubio oscuro, y ondulado. Su cabeza se movía hacia atrás y adelante. Yo permanecí de pie, anonadada, sin saber qué hacer, ya era tarde para salir corriendo y fingir no haber visto nada. Luego de un par de minutos de ver aquella escena, me alejé caminando hacia atrás tratando de no hacer ruido, y me quedé en la puerta.
Luego de un ratito los dos salieron caminando de la cabaña. Diego me saludó como si no hubiese pasado nada, fingiendo muy bien. Yo estaba muy nerviosa. Le dije que el político lo estaba buscando y se fue, dejándome a solas con su mujer. Laura me saludó alegremente con un beso en la mejilla, pude sentir que de su boca salía un aroma a semen muy fuerte, y una parte de su mejilla estaba craquelada debido a que el semen se había derramado allí y ya estaba seco. Ella se excusó diciendo que iría al baño. Era lo más lógico, pensé, tenía que ir a lavarse.

Durante la semana, en las clases del gimnasio, cada vez que veía a Laura con sus calzas ajustadas, mi excitación se incrementaba notablemente. Le miraba con atención sus labios, su boca, donde había estado el pene de Diego. Me volvía loca el hecho que ella me hablara como si yo no supiera nada, y lo había visto todo, la había escuchado gemir de rodillas, y eso me incitaba demasiado.
Al siguiente fin de semana se hizo la reunión previa a cada evento, donde Diego nos indica que hacer a cada una, y cual será nuestra tarea. Como lo sospeché, me dejó para lo último. Quedé sola en su oficina.
- ¿Te gustó lo que viste el otro día? – me consultó.
- Ay, Diego, por favor…
- ¿Te gustó o no?
- Fue un momento incómodo.
- ¿Te gustó?
- Si.
Me indicó cual sería mi labor. Solo tenía que estar detrás de la barra para preparar los tragos de la tarde y de la noche. El resto del día solo debía hacer acto de presencia y atender a quien lo necesite, no debería armar las mesas ni lavar las vajillas. Además me puso a cargo del resto de las camareras, cosa que molestó bastante el resto de las chicas.
- Te estás cogiendo al jefe trola…- me decían, mitad en broma, mitad en serio.
Esa tarde Diego me pidió que le llevara un trago a su cabaña. Cuando entré volvió a preguntarme.
- ¿Qué tanto te gustó lo que viste el otro día?
- Diego, basta, por favor…
- ¿Cuánto?
- Diego…
- ¿¿??
- Un poco – dije mirando hacia abajo y corriéndome el flequillo.
- ¿Pensaste en eso en la semana?
- Si.
- ¿Te excitó?
- Si.
Diego se puso de pie.
- Vení – me dijo – Arrodillate.
Yo sabía lo que me pediría. Traté de poner la excusa que su mujer era mi compañera, y que me llevaba bien con ella, pero él no comprendió, volvió a exigirme que me arrodillara frente a él. Una vez que lo hice, Diego sacó su miembro, que ya estaba erecto, y lo introdujo en el vaso trago largo, mojándolo con el trago de frutilla que me había pedido.
- Chupá puta, chupá…
Yo se la chupé. Un poco porque estaba excitada por recordar lo que había visto y porque la charla previa que había mantenido con él me mojó, y otro poco porque Diego estaba muy bueno, y su pene era estéticamente hermoso. Gordo, largo, una cabeza linda, prolijamente depilado, con una vena que sobresalía en uno de sus costados.

Cuando la introduje en mi boca el sabor a frutilla me excitó más. Yo succionaba su miembro con mis labios, lo metía y lo sacaba, todavía no era el momento de jugar con mi lengua ni de masturbarlo con mis manos, una buena mamadora mama usando solo sus labios. Luego movía mi cabeza en círculos, raspando con mis labios y la parte interna de mis mejillas todo el tronco de su pene. Llegó el momento de jugar con mi lengua, con mi mano, apenas con la punta de los dedos, sujeté el pene para que quede quieto, mientras con la carne de mi lengua lamía desde la base hasta la puntita, donde me quedaba jugando en el ojito, robándole el primer gemido y su primer temblor de piernas, hice ese movimiento varias veces, cada vez comenzaba la lamida desde más abajo, desde sus testículos, desde la parte trasera de sus testículos, hasta que llegué a su ano, que por suerte estaba depilado, y permanecí allí, chupando su culo un rato largo, mientras con mi mano pajeaba su pija, y con la otra acariciaba sus huevos. Volví a lamer su tronco, me detuve con mis labios en su punta y la raspé con toda mi lengua, toda la carne tibia y húmeda de mi lengua apoyada sobre la cabeza de su pene. Él lanzó un gemido enorme y por un segundo creí que iba a eyacularme en la boca. Me alejó y comenzó a desvestirme.
Cuando empezó a chuparme las tetas mis pezones ya estaban erectos, duros, apuntando hacia el techo de la cabaña. Él los lamió, jugó con su lengua en la puntita más sensible de mis pezones, yo me estremecí, comencé a jadear, mi piel se erizó y mi vagina chorreó un pequeño hilo de flujo que recorría mis muslos. A medida que chupaba mis tetas mi jadeos se convirtieron en gemidos, él metió su mano en mi vagina, primero la estimuló con un dedo, hasta que se abrió un poquito y pudo meterme dos, los metía y los sacaba, los metía y una vez en mi interior los doblaba de tal forma que quedaban como un gancho, y al sacarlos rozaba mi clítoris, haciéndome gemir con fuerza y pasión. Me vi rápidamente moviendo mi cadera sobre su mano, masturbándome, haciéndole el amor a su mano. Finalmente acabé, lancé un gemido largo a la vez que mis piernas temblaron y de mi vagina salió un tibio y pegajoso flujo que bañó su mano.

Llegó el momento del cunnilingus. Me recostó en el sillón, yo aun tenía mis piernas y mi vagina dormidas por el orgasmo reciente. Sentí la humedad de su lengua deslizarse por mis labios vaginales, me perdí en el placer, sujeté su nuca con ambas manos y comencé a gemir a los gritos y mover mi pelvis al compás de sus lamidas, ahora le estaba cogiendo la cara, y me gustaba, era una putita entregándose a su jefe, y eso me excitó mucho. Mi clítoris estaba sensible, y no tardé en volver a llegar al orgasmo, esta vez fue su cara la que se vio bañada de mi flujo.
Conmigo aun tirada en el sillón al borde del desmayo por el placer, Diego se reposó sobre mí y comenzó a penetrarme. Su pene ingresó sin inconvenientes en mi vagina, todo estaba muy bien lubricado. Yo agarré sus glúteos con fuerza y el comenzó a jadearme en el oído, yo gritaba…
- Ahh, ahh, así, así, me gusta, ahh, así…
Sus muslos goleaban la parte interna de mis piernas, me estaba dando con bastante fuerza, eran penetraciones lentas, no rápidas, pero profundas y fuertes, él quería que yo sintiera toda su pija en mi interior. Se movía en círculos, de frente, lamía mi cuello y mis orejas y me decía al oído que era una puta…
- Que puta que sos pendeja, como te gusta…
- Sí, me encanta, no parés, así, así…
Cambiamos de pose. Me tocó a mí ir arriba suyo. Llegó mi hora de demostrar mis cualidades como amante, de mostrarle que no era una pendeja, que era una mujer que sabía cabalgar a un hombre, tenía que demostrarle que sabía coger.
Sujeté su tronco por la base y me lo froté en la entrada de mi orificio vaginal, los flujos que salían de mi cuerpo hacían ruidito. Introduje solo su puntita, la parte más sensible, él jadeó y me agarró del culo con fuerza, como tratando de mermar el placer que le estaba generando. Luego metí su pija hasta la mitad y bailé en círculos sobre ella, me meneaba, siempre sujetándolo desde la base del tronco. La saqué y volví a meterla hasta la mitad, me fascinaba ver su expresión, sus ojos se cerraban con fuerza, fruncía su frente y abría la boca, yo me encontré inconscientemente imitando esa mueca de extremo placer.
Finalmente metí su pija en su totalidad, gemí, a pesar que mi vagina ya estaba abierta y lubricada, sentí un pequeño ardor que me hizo gemir. Comencé la montada de la mejor forma que pude. Coloqué mis manos en mi propia nuca, me senté en su pija con la espalda bien derecha, como una señorita inglesa que se sienta bien en una silla, tiré el culito para atrás, y desde allí me movía hacia arriba y hacia abajo, meneándome también a la vez para adelante y para atrás, un movimiento muy desgastante desde lo físico, ya que al no apoyarme con mis brazos toda la fuerza la estaban haciendo mis muslo y mis glúteos. Eso me gustaba. Yo gemía, gritaba de placer, me mordía mis labios y entrecerraba los ojos, estaba gozando mucho. Él cada tanto me daba una nalgada y yo lanzaba al aire un grito y alguna que otra obsenidad.
- Sí, pegame papito, pegame…

Comencé a transpirar y mis piernas temblaban, mitad placer mitad por el cansancio, estaba llegando al límite, debía apoyar mis manos en su pecho o en el sillón para ayudarme, pero mi orgullo femenino me lo impidió, mis movimientos ya no eran tan sexys, sino más bien bruscos producto del cansancio. Cuando mi cuerpo ya no pudo más caí desplomada sobre su pecho, y continué haciendo pequeños movimientos desde allí, hasta que mi fatiga y mi falta de aire fue tal que permanecí quietita sobre él, aproveché para besarlo, sus labios y su lengua, su cuello.
Diego se incorporó y se paró detrás de mí, hizo que apoyara una de las rodillas en el sillón, mientras que la otra pierna estaba apoyada en el suelo, mis manos se sostenían del respaldo del sillón, quebró mi cintura haciendo que mi culito quedara bien parado. Jugó con su pija en la entrada de mi anillo anal, generándome mucho placer, jugó allí un rato, como esperando mi aprobación.
- Sí papito, damela, dame ahí…
Fue todo un caballero. Rompió mi culo con mucho cuidado. Primero me lo chupo hasta que sus glándulas salivales se secaron, luego introdujo un dedo, luego dos y los movió un círculos, haciendo una especie de cono para ir abriéndolo, luego comenzó a pujar con su pene, sentí su cabecita dentro de mí, la sacó, presionó un poco más, hasta que ese CRACK que indica que la pija ya está adentro se hizo presente. Aun así, volvió a sacarla y meterla hasta la mitad, hizo eso varias veces, hasta que mi ano ya estuvo bien abierto. Finalmente la metió toda. Yo grité, sentí un dolor inmenso, pero el placer que me genero fue terrible, sentía un palo raspándome la parte interna de mi estómago, su pija me estaba cogiendo por el culo y eso me volvió loca. Empezó a bombearme cada vez con más fuerza, con sus manos separaba mis glúteos, me sentí muy puta, muy sucia, mi jefe me estaba abriendo el culo, me estaba dejando humillar, estaba indefensa, sometida a su sano antojo, mi culo estaba cada vez más abierto, por lo tanto la penetración era cada vez más profunda, y sus nalgadas cada vez más fuertes. Mis nalgas ardían, y me las imaginé rojas debido a los golpes.
Él me habló entre chirlo y chirlo.
- Tomá puta, como te gusta la puta madre, aaarrggg……
Mi desesperación producto de la calentura fue única. Hacía rato que había dejado de gemir eróticamente y sexy para estar gritando como una perra cogida por un caballo, parecía (y me sentía) una actriz porno fingiendo. Se me cruzó por la cabeza que mis gritos seguramente se escucharían en los alrededores inmediatos de la cabaña, y eso en lugar de intimarme, me calentó aun más, y me estimuló a gritara más fuerte.
Finalmente sus movimientos se fueron desvaneciendo a la vez que sus jadeos eran más fuertes, yo estaba esperando su leche en mi espalda, pero no, prefirió acabarme adentro del culo, me di cuenta cuando por mis muslos comenzó a caer como una babosa los restos de su semen mezclado con mis flujos. Él metió y sacó su pija de mi culo un par de veces más, como para saborearme por última vez, y quedamos los dos recostados en el sillón unos momentos.
Me besó, me indicó que me vistiera y que vaya a trabajar.
Desde esa vez, durante muchos meses, cada fin de semana que yo debía trabajar de camarera, terminaba cogiendo con mi jefe, hasta que nos descubrió la esposa, pero eso es parte de otra historia.


Besitos!!!!!!!!!!!

La experiencia es un grado I

"No, no pienso meterme detrás de una barra, ni pienso hacer pizzas, no"

"No, no pienso meterme detrás de una barra, ni pienso hacer pizzas, no"

Adriana pensaba que si acababa de terminar la carrera con mucho esfuerzo era para dedicarse a eso precisamente. Fueron días duros, días sin salir de noche, semanas sin ver a su chico, meses sin salir de la biblioteca de su universidad, años de esfuerzo.

Y no, este fracaso en la oposición no la iba a ajar de su ilusión. Ilusión que mezclaba el gran corazón que tenía nuestra amiga con las ganas de trabajar y de ayudar a las personas más necesitada. En su caso eran los viejecitos, los ancianos, las personas con más historia de cuantas nos rodean.

Las prácticas que había hecho en la Cruz Roja, le habían servido para hacerse fuerte, limpar las heces de personas sexagenarias enfermas, darles el medicamento, la comida... ayudar. Desde luego el mundo necesitaba más personas como Adriana.

Se gastó todo un cartucho de tinta negra en sacar decenas de CV y los repartió por todas las residencias y geriatricos de su ciudad. Su novio la ayudó, el chico era comprensivo y conocía bien a Adriana, casi seis años de noviazgo daban para mucho y Martín sabía que ella no cesaría en su empeño.
Querían independizarse, habían apalabrado un pisito céntrico y apañado y solo con el sueldo de Martín no podrían costear todos los gastos.

Pasaron los días, las semanas y los meses, pero no había llamada, ni mail, ni nada. Y las deudas apretaban.

Justo cuando Adriana arrancó de una farola un papelito que demandaba una cuidadora para una señora en un piso (lipieza del mismo incluida) el cielo se abrió.

- Adriana? - Le preguntó una voz al otro lado de su teléfono móvil.
- Sí, soy yo - Respondió sin saber quien era.
- Le llamamos de la residencia "los pinos" y queriamos hacerle una entrevista. ¿Había dejado aquí su CV verdad?.
Adriana no se lo creía "¡¡una entrevista!!"

Esa noche su novio y ella follaron como leones, los nervios habían cambiado de bando y ahora un nuevo horizonte se abría ante ellos.

Adriana se vistió elegante y ligeramente sensual. Falda oscura por debajo de las rodillas, pero ajustada en su bonito culo. Camisa de manga larga blanca y portafolios debajo del brazo.
Quería dar una imagen de seria, responsable y atractiva. Siempre había sospechado que en esas residencias buscaban a jovenes agradables de aspecto para alegrar la vista a los ancianos. Era su teoria privada y ese día se confirmó que era cierta.

La entrevista fue breve. Sus buenas notas en toda la carrera, las prácticas en la Cruz Roja y su disposición al salario mímino y a trabajar los fines de semana convencieron al director de la residencia.

Era privada, muy privada. Con un extenso y cuidado jardín, piscina, tumbonas, juegos varios (minigolf, petanca), buffette abierto todo el día, ayudantes jóvenes y dispuestas. "Desde luego allí no irían pobres pensionistas" pensó Adriana.

Dentro de la mansión había salas de televisión, salas de baile, centros de masajes, un jacuzzi y todo lujo de accesorios para que las estancia de los abuelos fuera lo más agradable posible.

En el despacho de la ayudante jefe le dieron a Adriana su uniforme. Por supuesto era verde, con pantalones, camisa amplia, zuecos y un juego de llaves de las salas más comunes.
Cuando llegó a casa con el contrato firmado dentro de su portafolios, Adriana y su novio follaron de nuevo, hacia mucho tiempo que no lo hacían con asiduidad y hacia mucho tiempo que no tenían ese desenfreno propiciado por la evasión de preocupaciones.

- El sueldo no es alto, pero mucho mejor que el de una cajera o una asistenta del hogar - Filosofó Adriana en la cena post coito.
- Lo importante es que te adaptes rápido, tomes experiencia y quien sabe si esto te ayudará a subir de posición - La animó Martín
- El lugar es estupendo, de alta categoría, no creo que tenga problemas. No hay ancianos muy enfermos, no es que me importe, pero creo que no será difícil.

Adriana empezó a trabajar un lunes, esa primera semana le tocó el turno de tardes. Había tres turnos: Mañana, tarde y noche.
Printo comenzó a tratarse con una chica igual de joven que ella que llevaba trabajando allí cerca de un año.

Esta le explicó los pormenores de la residencia. Lo más problemático al principio era acordarse de las horas de ciertos medicamentos. Pero para eso tenían las listas con los nombres, las pastillas y las horas.
Las mujeres eran un poco más problemáticas, más gruñonas con las enfermeras. La compañera tenía la teoría de que para ellas las jovenes enfermeras eran las cuñadas. Las dos se rieron a carcajada limpia.
La compañera le explicó que los pellizcos en el culo, las palmadas en las nalgas y las toqueteos en los pechos eran más qu ecomunoes. Los hombres eran gente de dinero, que en su juventud no se habían privado de nada y en su vejez pensaban que el mundo seguía rigiéndose por el dinero.
Adriana pensó que no les faltaba razón.

La siguiente semana le tocó el turno de mañana, con otra compañera, esta más seria, mayor que Adriana y con cara de aburrida. Apenas hablaron de nada. Las mañanas eran más movidas. Al contrario que las tardes, donde todos dormian una plácida siesta, en las mañanas el jardín y las salas de ocio bullían de, sabiduría, canas y arrugas.

Las nalgas de Adriana ya comenzaban a sentir el toqueteo de algunas manos venosas. El hecho de no poder darles un guantazo o incluso de gritarles, hacía que las ancianas que observaban la escena, cuando Adriana pasaba a su lado, se llevara un "pero que cacho de guarra eres" o perlas por el estilo.
El medio día del jueves un anciano la sacó a bailar un poco en la pista destinada a mover el esqueleto, sin apenas tiempo para reaccionar su cuerpo se vio invadido por dos manos que en menos de dos minutos le habían sobado el cuello, la nuca, la espalda, el culo, la teta izquierda y se habían despedido dándole una palmadita en la nalga derecha.

Adriana solamente podía esbozar una cara de reprimenda y el consiguiente "señor Agustíííín".

Adriana se percató el viernes sobre las dos de la tarde que todos los día a esa hora un grupito de tres hombres de unos 75 años se sentaba en el banco del jardín principal y allí hablaban y se reían a gusto sin prestar atención al baile, a la petanca o a cualquier actividad de ocio que dentro se desarrollaba.

En los vestuarios de las enfermeras el domingo coincidió con su amiga que entraba al turno de tarde y le preguntó por esos tres caballeros.

"Solo te diré que no te acerques a ellos, son un peligro. Son señoritos que llevan toda su vida ganando dinero, haciendo lo que quieren y viviendo como les da la gana. Son un vividores y si te descuidas..... bueno, yo que tu no me acercaba mucho a ellos"
Le explicó su amiga en un tono tan misterioso como fascinante.

Adriana tuvo una buena, bonita y húmeda ración de sexo oral proporcionada por Martín. El chico era un Dios moviendo la lengua dentro del coño de Adriana, y está le premió con dos orgasmos la lengua de su chico dentro para acto seguido chupársela como una corderita chupa de las mamas de su progenitora. Justo cuando Adriana notó que su chico comenzaba a arquear la espalda anunciando su inminente corrida; a Adriana, fugazmente, le paso por la mente la imagen de las tres espaldas de los tres ancianos sentados en el banco del jardín. Sin darse cuenta Adriana estaba ya tragándose todo el semen que su chico estaba vaciando en su boca.

Dulce y misterioso.

El día siguiente Adríana consiguió que su amiga se quedara con ella para tomar un café. Hablaron de trabajos anteriores, planes de futuro y experiencias en la residencia. Adriana tenía las ideas muy claras y sin que se le notara, acabaron hablando de esos tres misteriosos ancianos.
Su amiga le volvió de decir que tuviera cuidado con ellos. Pero esta vez nuestra protagonista quiso saber a que se refería.

- Pero no entiendo. Son tres abueletes, ¿qué peligro pueden tener? - Pregunto haciéndose la inocente.

Su compañera miró a un lado, a otro y con gesto de la mejor espía acercó su silla a la de Adriana.

- Prométeme que esto no se lo dirás a nadie - Le susurró al oído.

- Pero...... - Comenzó a decir Adriana

- Ni peros, ni nada - Prométemelo o no te digo nada.

- Vale, vale, prometido está. Soy una tumba - Dijo Adriana con ceremoniosidad religiosa.

La bonita chica encendió un cigarro y comenzó a hablar con la mirada perdida en el humo de la cafetería.

"Llevo trabajando allí un año y dos meses, no he tenido más problemas que los pellizcos en el culo de Cosme, los insultos de alguna vieja arpía y poco más. Pero fue en un turno de noche cuando vi lo que vi.
La chica cuya plaza tu ocupas era joven, muy bonita y tambien con un alma caritativa muy utópica en estos tiempos. Estuvo solo medio año."

A Adriana se le abrieron los ojos y antes de que preguntara la razón, su compañera prosiguió la historia.

"Nos llevabamos muy bien, incluso cambiamos los turnos para que nos tocaran juntas. En uno de los de noche me dijo que iba a pasar por el salón y las habitaciones para controlar y la esperé en la sala de las enfermeras. Pasada casi una hora me extrañó que no volviera y salí a buscarla. En la residencia no hay viejos conflictivos, más o menos cascarrabias, pero nada violentos. No me preocupé demasiado.
Recorrí el pasillo de las habitaciones pero no la encontré, llegué a la sala pero, como estaba establecido, allí no había nadie a esas horas. Comencé a preocuparme"

Adriana la miraba absorta pensando en algo desagradable, violento.

"Hasta que llegué a la sala terapeutica. Sí esa de las duchas, jacuzzis y masajes. Y escuché risas y conversaciones. Me asomé por la ventana redonde de una de las puertas y allí los ví.
La chica solo llevaba puesto el pantalón verde del uniforme.... pero arriba no llevaba nada. Estaba sentada de frente a la puerta y pude verla así. Los tres viejos estaban a medio vestir. Uno con los pantalones puestos, otro en pijama y el tercero son su "aparato" al aire."

Adriana tragó saliba, no se lo podía creer.

"No quise interrumpir, me parecia muy violento pero a la vez me entró la curiosidad y me quedé a observar.
Los viejos le hacían cosquillas, a ella no parecía importarle lo más mínimo. De las cosquillas pasaron a las tocamientos en los pechos. No podía escuchar lo que hablaban, solo risas y algún que otro gritito nervioso de la chica.
Uno de los abuelos, calmó la situación y no sé que ordenó, pero todos se desnudaron. Los cuatro se quedaron sentados dentro del jacuzzi, desnudos y con su torso fuera del agua".

Adriana ya lo quería saber todo, le daban igual edades.

"A continuación la joven se pudo de píe y comenzó a moverse sensualmente, bajo el aplauso de los tres ancianos se contoneaba, se tocaba los pechos y se abría las nalgas. Era todo un desmadre y muy excitante.
Buscando alguna rezón vi como al lado de uno de los abuelos había una botella con un líquido verde y varios vasos alrededor. Supuse que estaban borrachos o algo peor.
Cuando paró de bailar los tres ancianos aplaudían entusiasmados.
A continuación fua la joven la que se sentó dejándome ver sus pechos, estaba colorada, el calor y aquella sustancia verde la tenía ligeramente congestionada. Los tres hombres se incorporaron y ella comenzó a hablar, tímidamente, llevándose la mano a la boca, como nerviosa y avergonzada.
Cuando paró de hablar (o dar ordenes) los tres viejos se rieron, se incorporaron y delante de ella pude ver como sus manos comenzaban a temblar haciendo movimientos que yo no podía ver ya que sus espaldas desnudas me lo impedían.
Pero lo que estaban haciendo era muy evidente...."

Adriana trataba de beber de la taza de café que estaba vacía desde que la chica estaba bailando para los viejos.





"Sí, por como la chica se morcía los labios supe que estaba viendo a tres hombres masturbándose delante de ella. Apartó la vista de sus pollas y los miró a la cara. Se rió, puso sus manos en las mejillas y volviendose a morder el labio inferior, comenzó a acercar sus manos a los viejos.
En un abrir y cerrar de ojos pude sospechar como la chica comenzó a masturbar a los tres, turnandose las pichas cada pocos segundos. Pude ver como dejaba de morderse el labio para abrir la boca y sacar la lengua en un gesto nervioso e impaciente".

Adriana no daba crédito, sus piernas habían dejado de estar cruzadas, para dejar espacio a su mano izquierda que ahora reposaba apretada contra sus muslos. "No puede ser, no puede ser, no me lo creo" pensaba muy excitada.

Su compañera continuó: "Yo tampoco me lo creía. Una chica joven y bonita con tres viejos verdes.... era imposible, pero allí estaba pajeandolos a los tres. Supuse que se corrieron rápido pues ella dejó de mover sus manos y los señores, después de flojearles las rodillas, volvieron a sentarse dentro del agua. Los tres le dieron a la chica sendos besitos en las mejillas, supongo que como muestra de agradecimiento. Ella estaba avergonzada, borracha y escitada, puesto queuna de los viejos, con un gesto, la invitó a que s epusiera de pie. Ella lo hizo y volviendo a jugar con su pelo nerviosa, me volvió a dar la espalda. Se abrió de piernas y comenzó a masturbarse con las piernas abiertas y semi flexionadas".

Adriana estaba ya más en la sala con los cuatro protagonistas que en la cafetería. Su narradora encendió otro pitillo y acabó de contarle esa extraña e inverosimil historia.

"Después de pocos minutos la chiquilla se corrió, su melena mojada comenzó a bailar con sus movimientos orgásmicos de cabeza, flexionó más aún las rodillas y pude notar como su pubis se movía con gesto obsceno y placentero.
Los tres viejos aplaudieron a rabiar mientras ella se volvía a sentar entre ellos.
Yo me tenía que ir, pero pude ver como los ancianos la animaban, la abrazaban y sobaban todo lo que podían".

Reinó el silencio durante unos segundos eternos, Adriana no reaccionaba y su acompañante rompió el incomodo silencio.

- ¿No te lo crees verdad? -
- Es que se me hace muy difícil de creer. Tres viejos, con esa chica ¿La habrían drogado? -
- El liquido podría ser absenta. Es muy fuerte y si no estas de ello.... - Sospechó la joven.

Los cafés los pagó adriana aún pensando en lo que acababa de oir.

Llegó a casa y vió a su novio tirado en el sofá, viendo la TV. Adriana colgó su bolso se acercó a el y, como hipnotizada, se quitó el abrigo, se desnudo en pocos segundos, le bajo el pantalón del pijama a su chico y comenzó a hacerle una mamada, como poseida por el espíritu de un pequeño lechon que mama de su madre, Adriana mamó, chupó y succionó la polla de su chico, mientras este aún con la sorpresa en el cuerpo no sabía si pararla, seguir mirando la TV o decir "buenas noches". Adriana arrodillada con las piernas abiertas se masturbaba mientras sentía como la polla de su novio comenzaba a crecer en su boca. Como su respiración se hacía más profunda...

Adriana se corrió, con el clitoris entre sus dedos índice y corazón justo cuando su chico comenzó a darle su semen, dulce y caliente. Lo bebió todo, hasta la última gota.
Le supo a gloria.

Pero Adriana no estaba allí, Adriana no había chupado la polla de su chico, ni había bebido su semen.

Y Adriana lo sabía.

Mi Prima Mellissa


Nunca crei q mi primera vez seria con mi prima
Espero que les guste mi relato ya que es totalmente veridico.

Bueno esto me paso cuando tenia 17 años, yo nunca me he llevado bien con mi prima pero esto cambiaria y cambiaria nuestra relacion, mi prima melissa una chica de 24 años, de muy buena figura, un buen culo , unas buenas tetas, de estatura normal y blanquita.

Mi PrimaEsto paso en este verano, ya que hacia mucho calor mi familia y la familia de mi prima quedamos en ir a la playa para el dia siguiente, yo como tenia que ayudar a mi tia en su casa un ratito me fui a su casa de mi tia a ayudarla, termine de ayudarla a las 8pm mas o menos y al terminar me fui directo a su baño, entonces toco la puerta y me responde mi prima melissa que me dice que esperara un poco porque necesitaba terminar de ducharse, cuando salido de la ducha estaba envuelta con una toalla, cuando la vi se me pusieron los pelos de punta al ver el rico cuerpo que tenia mi prima.

Tenia un cuerpesito bien rico con una colita levantadita y bien durita, ella salio y se fue a su cuarto entonces entre yo a limpiarme y vi que habia dejado su hilo dental, al verlo no aguante las ganas y me lo puse a oler, tenia un olor bien rico lo que hizo que se me ponga bien dura, termine de limpiarme y me fui a mi casa, esa noche no podia dormir por lo caliente que me puso mi prima, esa noche me masturve dos veces con el recuerdo de mi prima y su lindo cuerpo.

A la mañana todos nos alistamos y nos preparamos para ir a la playa, yo fui a la casa de mi prima y todos hay se estaban alistando, pase por el cuarto de mi prima y vi que ella estaba elijiendo unas tanguitas y me vino a la mente la imagen de ella con esas prendas, no aguantaba las ganas de llegar a la playa, ya cuando todos terminamos de alistarnos nos fuimos a la playa, cuando llegamos yo me cambie y me fui directo al mar a nadar, cuando regrese a donde estaban todos ya habian armado la carpa y todos ya estaban con sus trajes, mi prima estaba con su bikini tan chiquito que hacia resaltar sus buenas piernas que ella tiene y sus lindos senos, ella se puso a tomar el sol y le pregunte que porque no iva a nadar y me dijo que no savia, yo le dije que le enseñaba a lo que ella apsedio, fuimos al agua y la agarre de la cintura y la fui llevando las dentro del agua, mientras mi miembro erecto chocaba con sus nalgas, ella se dio cuenta de eso y me dijo:

- Alexis mira tu eres mi primo y lo que estas ahiendo esta mal, ademas de que eres menor que yo y esto que haces es algo que va contra mis principios y se fue con la familia, yo no dejaba de pensar en lo que me dijo y me arrepentia de tratar de tener ago con mi prima.

Ya a las 5pm nos pusimos a tomar unas cervesas , como mi prima melissa no es de tomar estaba un poco mareadita.

A las 6pm mi prima dijo que tenia que ir al baño de alguna tienda pero como sus padres no querian qui ella fuera sola yo la acompañe, fuimos a una tienda y ella entro al baño, cuando salio nos fuimos, en el camino estabamos conversando , antes de llegar a donde estaba la familia habia una montaña de piedras con escaleras para llegar al ultimo piso del monte en donde se podia ver todo, subimos los dos arriba y nos pusimos a ver el paisaje, yo me disculpe por lo que habia pasado y ella me dijo que esta bien mientras no vuelva a ocurrir, estuvimos hay hasta que se hizo de noche y en eso le dije que ella me gustaba muxo y que aunque sea me permitiera besarla solo por una vez, ella dudo un momento y luego acepto, nos acercamos y nos besamos, estuvimos asi un buen rato, yo entonces comense a acariciarla mientras la besaba y note que ella se exitaba, yo estaba con mi short y ella estaba con su traje de baño pero con una de esas faldas para tapar su calsonsito.

Yo comense a frotar su seno un rato pero ella se me alejo y me dijo que no hiciera eso o se lo diria a mis papas, yo entonces la bese a la fuersa y comense a frotar su vagina y me lleve con una gran impresion al notar que estaba bien mojadita, ella se me alejo y me tiro una cachetada, me dijo que nunca hiciera eso nunca mas , entonces le dije a ella:

-porque estas mojada entonces porque no aceptas que te exito
-no hables tonterias alexis
-es la verdad acabo de tocarte y lo note
-alexis somos primos
-tu me gustas muxo y lo que pase ahora no se los voy a contar a nadie
-alexis pero....
-esta tal ves sera la unica noche q estemos solos asi que xq no la aprovechamos.

Ella se me alejo y se volteo, yo entonces me di cuenta de que no queria hacer nada entonces me puse a ver el paisaje nomas y en eso ella me volteo y me beso en un beso bien apasionado, entonces nos hechamos en el suelo y comensamos a acarisiarnos y besarnos, le quite la parte superior de su bikini y comense a chupar sus senos que estaba bien erectos, ella comenso a gemir, me dijo -alexis esto no se lo cuentes a nadie
- no te preocupes nunca lo dire.

Comenze entonces a quitarle la faldita y su calsonsito desgadito, y asi vi su linda vagina que estaba sin ningun pelito, le pregunte que porque se habia rasurado y me dijo que asi era mas facil masturbarse con sus deditos, comense a lamer su conchita humeda mientras ella gemia como una loca, comense a lamer su clitoris y acariciando sus muslos entonces ella se paro y me quito el short, entonces comenso a lamer la cabesa de mi verga , lo sentia bien rico, ella comenso a lamer y luego se lo metio todo en la boca como una experta, comenso a chupar y yo gemia de placer, la agarre de la cabesa para que no la sacara de su boca, ella lo chupaba bien rico y el placer que me daba era inmenso ademasdel morbo que me daba de follarme a mi prima de 24 años.

Melissa comensaba a chupar mas salvajemente mienrtas me masturbaba, luego ella me tumbo en el piso y me dijo si era virgen y yo le dije que si, entonces ella me dijo que ella me desvirgaria, entonces asi como estaba hechado en el piso ella se sento ensima mio y comensamos a hacer el amor, no podia creerlo, la agarre de los muslos y ella comenso a moverse, tenia unos lindos muslos y la imagen de sus senos moverse a la altura de mi cara me calentaba mas, yo los chupaba sus senos y ella gemia y gemia, me decia que mas mas mas mas y que estaba a puntode llegar, comesamos a gemir y a movernos cada ves mas rapido nos dos, entonces ella arquea su espalda y da un gemido como un ultimo aliento y siento que ella tiene una eyaculacion femenina porque salio con fuersa como en las pelis xxx lo cual yo creia q era imposible, al senti ese chorro y ver su cuerpo y su cara llena de placer yo tambien me corri dentro suyo, me corri como nunca me he corrido con otra chica

Los dos quedamos asi un buen rato hasta q recobramos las energias y saqe mi verga de su vagina yella prosiguio a limpiarla por completos con su boquita, nos cambiamos y nos regresamos con la familia, en el camino ella me pidio un favor, me pidio que esta no fuera la ultima vez, que lo volvamos a hacer de nuevo ya que ella habia estado con muchos chicos pero yo fui el primero con el que ha llegado al orgazmo hasta la eyaculacion, yo la bese y le dije q cuando regresaramos a nuestras casas volveriamos a hacerlo.

Cuando llegamos con la familia ya se estaban preparando para dormir asi que nos fuimos a dormir, y le dije "porque no nos dormimos juntos mi primita" ella acsedio gustosa y nos metimos a mi carpa, pero esa ya es otra historia

Espero que les haya gustado mi experiensia que paso en febrero y con mi primita, es una historia completamente real,  espero sus comentarios.

Simplemente Laura

Chica Sexy
Desde pequeñitos Laura y yo hemos estados muy unidos. Nacimos el mismo día, cosa que hizo que nuestras madres se hicieran amigas con el correr del tiempo, ya que compartieron la misma habitación del sanatorio. Como este es un pueblo que recién esta creciendo, por aquella época no era difícil volver a encontrarse, y eso ayudo también. La considero casi una hermana..., y es así, porque lo hemos vivido casi todo juntos, crecimos juntos, fuimos juntos a la misma escuela, vivimos la adolescencia juntos, cuando cumplimos 18 años pude ver como Laura pasaba de ser una niña a una atractiva chica, y luego llegar a ser una bella mamá y esposa como es ahora. La verdad es que el cambio ha sido maravilloso.

Pero volviendo en esa época, (los 18), a pesar que todavía no estaba totalmente desarrollada, mi hermana "elegida" era una mujer deliciosamente formada. Se podría decir, que para estas épocas, seria la típica lolita o pendeja que se exhibe en Internet. Era y es alta, mide 1.78, delgada (no flaca esmirriada), y con un cuerpo muy bien definido. Si, ya se que los hombres sólo nos fijamos en las tetas y el culo, pero ella tenia mucho más aparte de eso (aunque las todavía tiene bien grandes y en su lugar). El culo era firme, compacto, apetecible hasta el hartazgo..., de esos bien redonditos que dan ganas de estrujarlo, manotearlo, aunque menos sea, mirarlo..., las piernas largas y perfectas, una melena casi rubia (un castaño muy claro), ojos color miel, donde podes perderte eternamente..., una verdadera musa calienta hombres. Ella era consciente de ello aunque no se vistiese de forma provocativa, sabia que tenia a varios pibes a sus pies, rogando por un instante de su atención (cosa que nos provocaba mucha gracia). Y sobre novios de juventud, se que tuvo solamente tres, que duraron poco, las causas del rompimiento eran siempre las mismas..., celos enfermizos hacia cuanto hombre la mirara. Por suerte nunca estuve involucrado en dichas peleas.

Nuestra relación siempre fue excelente, obvio, con discusiones como todos, pero terminaban casi al instante. Fui su paño de lágrimas cuando se peleo con sus novios..., si... las tres veces estuve ahí.
Ya me imagino lo que están pensando..., "este hijo de puta aprovecho ese lado flaco para entrarle... hincarle el diente".
Pero no..., nada mas alejado a eso...; nunca había sentido una atracción física hacia ella, aunque en los típicos años de la adolescencia en los que te matas a pajas no había dudado en mirarle las tetas, el culo y demás, incluso, en varias oportunidades, ella se había paseado flojita de ropa (bahhh... casi en bolas), delante mío, pero no le había dado mayor importancia, como si fuera algo natural entre nosotros. Por mi parte, se podría decir que he tenido bastantes novias, tranzas, aprietes y amigovias, aunque no se porque Laura nunca las aceptó, de hecho cuando se las presentaba me solía decir que era muy hábil en rodearme de las chicas más estúpidas y boludas del pueblo. Nunca comprendí esa reacción, ni tampoco quiero hacerme la cabeza a esta altura.

Esta historia tuvo lugar hace muchos años atrás. Era viernes, estaba en la casa de Laura, como era habitual (era mí otra casa). Mí "casi" hermana se disponía a salir con sus amigas, yo en cambio no salía y debía quedarme en mi casa, amargado, porque estaba sin un puto mango y mi vieja no me había habilitado un mísero billete.
Mientras volvía de la cocina, gaseosa en mano, por el pasillo observé la puerta del baño entreabierta y ví a Lau maquillándose y dispuesta para salir. La verdad es que estaba preciosa.
-No traigas a ningún machito a casa eh… - le dije sonriendo
-Que boludo sos..., ¿que? ¿Te molestaría encontrarme acostada con un chico? - contesto, haciéndose la seria
-No para nada..., pero si es un pibe, lo cago a piñas... y si es una piba me prendo yo también...- conteste largando una carcajada que fue correspondida de la misma manera.
La verdad es que este tipo de conversaciones con Laura eran muy frecuentes, siempre nos estábamos jodiendo sobre temas referidos al sexo.

10 minutos mas tarde, entró al comedor donde estaba con Hilda y Juan, sus padres, para despedirse y se fue sonriendo y mirándome. Creo yo, que era por lo que habíamos charlado un rato antes.
La siguiente hora me la pasé lidiando con el T.E.G., que jugábamos, tratando de zafar y evitar lavar los platos de la cena que habían quedado como castigo para el que perdiera. Obvio que no lo logre y tuve que ponerme a limpiar toda la cocina, pero con la ayuda de Juan que también había perdido.

-che... si no salís, porque no te quedas acá a dormir y mañana temprano nos hacemos un asadito - me dijo Juan.
- dale... - respondí.

Tampoco era la primera vez que me quedaba a dormir en la casa. Era como un hijo más, así que era como mi casa también.
Después de terminar, y hacer café, nos pusimos a mirar una peli y luego nos fuimos a dormir. Tire un colchón en la pieza de Lau y me prendí un pucho a la luz del velador.
Un pensamiento se instaló en mi cabeza, ¿algo interesante debería tener Laura en su habitación? Así que, con el mayor cuidado empecé a rastrear por la habitación. "algo tiene que haber"- me decía. Por más que busqué no logré encontrar nada. Ya estaba por resignarme, cuando, debajo del colchón de su cama, ví un cuaderno, del tipo agenda personal y un video cassette (de los de filmadora). Deje de lado el cuaderno y me dedique al cassette, quería a toda costa saber que era lo que allí se había grabado. Seguro que seria algo muy íntimo, por como había sido escondido.
Gracias a dios, por la tarde habíamos estado pelotudiando con la filmadora y había quedado en el living.
Salí de la pieza, como quien va al baño... un silencio profundo reinaba en la casa, ya Hilda y Juan dormían.
Recogí la cámara y me fui rápidamente al cuarto. Realmente me moría por ver que carajo había en ese video.
Ya con todo listo, lo primero que ví fue una grabación de Lau, común y corriente que duro apenas un minuto, dónde se apreciaba que estaba en un "asalto" con sus amigas, luego como si fuera un corte de la transmisión, apareció en los primeros segundos sólo la imagen de su cama, pero después vino la verdadera fiesta: Laurita aparecía completamente desnuda, sólo llevaba puesto un antifaz, tratando de ocultar su identidad. Mi corazón se aceleró cuando ví que al subirse a la cama, llevaba en su mano un pepino (si... UN PEPINO), de respetables proporciones. Prendió el grabador y empezó a sonar música y mi "casi" hermana se introdujo sin ningún tipo de preludio, ese armatoste en su vagina.
Siento el deber describir como era la escena, no solo para que ustedes se hagan una imagen casi vivida de la situación, sino para que yo también vuelva a disfrutar de ese excelso recuerdo, mientras escribo, como lo hice aquella noche:
"lo primero que me sorprendió fue ver que Lau se había depilado con forma de corazón su vello púbico, no tenia en mente haberla visto totalmente desnuda desde que éramos muy pequeños, y la verdad, reconocí en ese momento, que su cuerpo se había desarrollado mas de lo que podía notarse: sus pechos eran sencillamente espectaculares, grandes pero sin llegar a gigantes, perfectamente redondos y firmes. Su cuerpo delgado estaba tenuemente bronceado, delatado por las marcas de su traje de baño; y su cola aparentaba estar dura como una piedra. Pude ver su manchita de nacimiento, con forma de almendra, en la nalga derecha (me contó que la tenia, pero nunca me había dejado verla).
A todo esto, ella continuaba con su masturbación frente a la cámara, y a juzgar por su cara, a pesar del antifaz, lo estaba pasando francamente muy bien.
Es mas que obvio, decir, que mi pene pugnaba por salir de mi calzón, Que lo parió…! me había excitado con mi “casi” hermana!
Quiero aclarar, que por aquellos tiempos, este tipo de vínculos, aun sin haber lazos sanguíneos, se respetaban a rajatabla, como si realmente existieran. De más esta decir entonces, que pensar en esta situación, se consideraba prohibitiva, rayando casi el “incesto”.
El video duraba solamente tres minutos, pero lo tenía que volver a ver. Rápidamente rebobine y me dispuse a verlo de nuevo. Me prometí mil veces que no me masturbaría pero no lo cumplí, fue mas fuerte mi calentura. Saqué la pija del calzoncillo y comencé a pajearme mientras veía a Laurita meterse ese enorme falo vegetal. No tardé ni un minuto en acabar; como nunca, echando chorros de semen por todos lados.
Me sentí muy culpable por haberme pajeado con Laura, pero quien podía resistirse ante tal infernal pendeja.
Esa noche no pude dormir, le daba vueltas y vueltas al dichoso video, de hecho, de madrugada, encendí la filmadora de nuevo y volví a masturbarme, de lo caliente que estaba.
La verdad es que ese video era, para ese tiempo y particularmente para mi, pura dinamita. A las 6 de la mañana, escuche como Laura llegaba a la casa, pegué la cabeza en la almohada, haciéndome el dormido, sin desestimar el mínimo ruido que se originaba, para no perder detalle alguno. Entro en la habitación, y me imagino, que al verme acostado, saco su pijama y fue a cambiarse al baño.
La sola idea que Lau estuviera a metros mío, sacándose la ropa para acostarse, provoco una erección en mí ya, manoseado pene. Volvió y con sumo cuidado, sin hacer ruido, se metió en la cama.
No había caso, no me podía quitar de la cabeza la imagen de ella desnuda, masturbándose, gozando irreverente frente a la cámara. Asumí, en forma concreta, que Lau, definitivamente me gustaba, me excitaba..., y además, tenia algo que me daba una posición de ventaja sobre ella, había visto su video, sabia su secreto. Era mi deber sacarle partido.
Pasé el resto del fin de semana escudriñando lo que podía hacer, como haría para tenerla a mis pies. Mi plan era más que claro: acostarme con Laura.
No solo se trataba de tener sexo, de coger..., descubrí que sentía algo más por ella, que hasta ahora había permanecido oculto muy dentro de mí ser.
Empecé a ponerme celoso con solo pensar que ella se desnudaba ante otros hombres, podía (o mejor dicho, puede, aun hoy) sonar muy machista esta actitud, pero así era.
Tenia que lograr que Laura, de alguna manera, cayera en mi trampa, así que opté por chantajearla, para lograr mi objetivo.
Esperé hasta el miércoles por la noche, cuando pasé por su casa para dar una vuelta en coche. Pergeñe mil y una de posibilidades, pero elegí ir de frente y deseché lo del chantaje, no me dejaba satisfecho esa postura ni ella se lo merecía.

- Lau, la otra noche cuando saliste y me quede a dormir, encontré algo que no tenia que haber visto. Ya sabés a lo que me refiero.
- aja… y? – preguntó con total tranquilidad y desinhibición.
- bueno…, ehhh, quiero decirte que me gustó mucho lo que ví, nunca te imagine así, y que me calentaste tanto que me hice varias pajas en tu honor – continué, con un dejo de vergüenza, por como me estaba exponiendo ante ella, no solamente en mi rostro sino en mi voz entrecortada.
- no era la idea original de ese video que vos lo vieras… es mío y solo mío… , no se que carajo tenés que andar revisando mis cosas, pero como ya lo viste, no hay nada mas que hacer… solo te pido que no cuentes nada… - termino bajando el tono de enojo con el que había comenzado.
- no Lau, mi boca esta cerrada…- le contesté.

Nos quedamos en silencio por un buen rato, casi sin mirarnos...
Repentinamente, Lau se abalanzó sobre mí, abrazándome y dándome un tierno y húmedo beso en la mejilla.

- no te pongas así, no estoy enojada... tonto!!! -dijo y agrego - solo que no quería que nadie lo viera...- para culminar con - estuviste revisando todo, porque?

Ahí fue que a duras penas le comente lo que me estaba pasando antes y después de ver el video. Nada de lo que le dije le llamo la atención. Si tuvo especial reparo en mis sesiones masturbatorias.

- así que te pajeaste muchas veces? - pregunto
- si... tres veces esa noche antes que llegaras y después un par de veces mas...
- y como fueron???..., porque?..., como lo hiciste? - acoto insistentemente.

Le conté con lujos y detalles. Pude ver en sus ojos cierto brillo de orgullo y fascinación por sentirse sexualmente irresistible.

- hagamos un trato - me dijo.
- yo también quiero verte, pero no hoy ni ahora... - culmino
- cuando entonces? - pregunte, tragando saliva e intentando no demostrar mi asombro.
- yo te aviso.

Paso la semana sin dar indicios de nada, y por consiguiente yo daba por finiquitado el tema. Seguí yendo a la casa y viéndola como lo hacia siempre, y cuando teníamos la oportunidad de estar a solas, tanto ella como yo, obviábamos tocar ese punto.
Era un miércoles por la tarde, estaba en mi casa solo, había vuelto del laburo y me preparaba para darme un baño cuando llegó Laura.
No la esperaba ni tampoco habíamos arreglado algo, solo llegó como lo hacia habitualmente. Le grité, ya desde la ducha, que me esperara que ya salía.
Estaba secándome cuando Lau entró al baño.
Iba envuelta en una toalla blanca que apenas le cubría el cuerpo, me sorprendió de sobremanera, ella no parecía nerviosa. En silencio quedé mirándola.

-Perdóname, pero cortaron el agua en casa y no pude ducharme

Hubo varios segundos de silencio y de miradas entre nosotros.
Ante tal situación, Laura se encaminó hacia la ducha, dejo caer la toalla, mostrando la totalidad de su hermoso cuerpo desnudo, y se metió en la bañera. No podía reaccionar, estaba como congelado, y encima, el único que si había dado señales de vida era mi pene que ya estaba en plenitud ante ese espectáculo que disfrutaban mis ojos.
Ella viéndome así, se sonrió, me miró y dijo…

- que parada la tenes…!!! Quiero verte como te pajeas…

Comenzó a tocarse el cuerpo bajo la lluvia, estrujaba sus pechos y apretaba sus pezones, con dulzura…Dos de sus dedos empezaban a rozar su vulva que continuaba depilada con forma de corazón, mordiendo su labio inferior, sin dejar de mirarme.
Para ese momento yo, había comenzado a acometer contra mi pene con movimientos bruscos. Con un vaivén bien marcado le mostraba la totalidad de mi glande, que estaba casi morado. Gotas de fluido seminal se escapan y humedecían toda la cabeza.
Ya sentía que estaba por acabar, y ella también lo percibió y empezó a meterse sus dedos más profundamente y con mayor intensidad. Un chorro de espeso elixir masculino salio disparado en su dirección, y un ahogado gemido exhalaron sus labios. Habíamos llegado juntos al clímax.
Me tendió su mano para que volviera a entrar a la ducha.
Abrazados bajo el agua, nos quedamos en silencio, sintiendo cada uno de los espasmos que recorrían nuestros cuerpos, deseosos el uno del otro.
Cruzamos nuestras miradas y nos besamos apasionadamente, con mucha dulzura, mas como una demostración de entrañable afecto que por excitación.
En silencio, salí de la bañera, con el sentimiento de haber hecho algo que deseaba, pero que podría causar muchos problemas posteriores si alguien se enteraba.
Terminó de ducharse; mientras me secaba y me giré para no verla desnuda. Oí como se enrollaba en la toalla, pasó a mi lado, una nueva erección me abordaba y cuando ví su cuerpo mojado apenas cubierto por la toalla, con el rabillo del ojo, estuve a punto de explotar.
Durante el resto del día no cruzamos palabra aunque a veces nos mirábamos divertidos y expectantes por como seguiría la cosa de ahí en mas. Yo a pesar de mi sentimiento de culpa, intuía que tarde o temprano tendríamos un encuentro sexual y ella seguro que pensaba lo mismo.
Fui al gimnasio y volví a casa a las 21 horas y ella todavía estaba, charlando con mi vieja y ayudando en la cena.
Después de comer, mi madre, se fue a su cuarto a descansar y volvimos a quedamos solos Laura y yo. Estaba un poco arrepentido y culposo por haber propiciado lo del baño. Así que decidí llevarla a su casa.
En el camino no nos dirigimos la palabra ni cruzamos miradas.
Al llegar a su casa, baje a saludar a Hilda y Juan, pero ya estaban acostados.

- hacete un cafecito, que voy al baño, Lau...-le dije, dejándola en la cocina.
Cuando salí, no la encontré. Fui hasta su habitación...
- Permisoooo...
-Pasa - me dijo

Abrí la puerta y la ví tumbada en la cama mirando tele, ya se había cambiado, estaba vestida con una larga camiseta, y nada más.

-Vengo a pedirte perdón por lo de hoy a la tarde. Y por lo del video... no tendría que haberlo visto...- dije, dando media vuelta para retirarme.
-Espera, quiero volverlo a ver, que no me acuerdo de cuando lo hice... - me contesto.

Ante mi sorpresa, ya tenia la cámara lista, para ver juntos el video que tantas pajas y excitación me había provocado.
La situación era de lo más excitante, los dos juntos viendo las imágenes de como se metía ese pepino en su hermosa y rosada vulva. Estaba tan caliente que a pesar de todos mis esfuerzos la erección fue inevitable. Para colmo, como llevaba puesto joggings no había manera de ocultarla.

- ehhh…!!!!, ya la tenés dura…??? - y sin mediar otra palabra, estrujó mi pene en sus manos. Parecía alucinada como si no hubiera visto una verga antes.

Yo intenté zafarme, más por reacción que por ganas, pero ella agarraba mi miembro con más fuerza, mi calzón estaba a punto de reventar.

-¿Todo esto es por mi?, ¿tanto te excito? – me pregunto

Yo ya no podía más y se lo acabé confesando.

- Si!!, es por vos…, desde que te vi en ese video no paso un día sin imaginarte y pajearme, estabas muy puta…!!!
-¿muy puta? Ahora vas ver. – dijo parándose…

Abrió el armario y ante mi sorpresa sacó el antifaz que usaba en el video, y luego buscó en una caja de zapatos y extrajo una enorme “garompa” de goma. Se desnudó completamente dejando ver su precioso cuerpo y se puso en la cama en cuatro patas.
Sin decir una palabra se empezó a meter el “vergon” en su rosada vulva, que empezó inmediatamente a drenar flujos a un ritmo acelerado.
Me miraba con una cara de atorranta indescriptible y se metía el dedo en la boca.
La situación estaba al rojo vivo y no dudé en sacar la pija del pantalón y empezar a pajearme nuevamente con esa escena.
Mi pene endureció como una roca… Nos masturbamos frenéticamente, mirándonos pero sin tocarnos… No tardamos mucho en acabar; primero fue Laura la que tuvo un orgasmo delicioso, empapando la colcha de su cama; luego yo… lanzando chorros de semen que me empaparon las manos, las rodillas y cayeron hasta al suelo.
Respiramos agotados por el esfuerzo que habíamos hecho, pero al mismo tiempo sabíamos que aquello no iba a culminar así.
Mi verga no perdió su plenitud eréctil y estuvo en posición de combate a los pocos segundos. Me desnudé y me acerqué a la cama, donde Lau me esperaba abierta de piernas.

-No sabes las ganas que tenia de cojerte - dije.
-Cállate y métemela ya, quiero que me llenés con tu pija – respondió, casi en forma imperativa.

Sumergí mi boca, en su empapada y ardiente vulva, jugueteando con mi lengua sobre su duro clítoris y labios…, provocando, que se arqueara y retorciera de puro placer y acabara llenándome la cara con sus flujos.
Loco de éxtasis, besé todo su cuerpo, su vientre, sus preciosas tetas y sus pezones que apuntaban al techo hasta que nos fundimos en un beso maravilloso.
El “Bombón” no perdió el tiempo y se puso a chuparme la pija frenéticamente, estábamos los dos enajenados, a pesar de nuestra edad se veía que Laurita tenia experiencia en el tema porque me hizo una mamada perfecta, se metió toda mi verga de una vez y me acarició los testículos suavemente. A veces lo sacaba y chupaba solo el glande mirándome con cara de puta. Estuve a punto de eyacular, pero la hice parar porque quedaba lo mejor.

-Quiero que cojerte, quiero metértela hasta fondo… toda… - le dije – llenarte la concha de leche…

Se la metí de un solo envión, entró a la perfección pues estaba muy lubricada. Empezamos a cojer a un ritmo acelerado, muy común para esa edad…
Yo estaba encima y ella me agarró el culo para que se la metiera hasta el fondo e intentaba aprisionar mi pene con las paredes de húmeda vagina.
A los pocos segundos se ruborizó y dio un largo suspiro, acababa de tener otro orgasmo…
Yo seguía penetrándola con dureza, aprovechaba para mordisquear sus pezones, pechos, orejas…y ella me atenazaba con sus piernas y tironeaba de mis cabellos, pidiendo más…
Cambiamos de postura, ella se puso en cuatro patas ofreciéndome una privilegiada vista de su empapada concha. La agarré de las caderas y la penetre de golpe, mientras sentía como mis huevos chocaban contra la entrada de su cueva.
Laurita inició un movimiento circular con su culo que me hizo estar al borde de la eyaculación muchas veces.
Nos entregamos a un polvo de escandaloso, evitando gritar y gemir de placer par no despertar a sus padres.

-Métemela más fuerte, mas…!!! – suplicaba con la vos entrecortada
-si… Lau…., si…. te voy a llenar de leche.

Poco tiempo mas estuve bombeando, estaba al borde del paroxismo…, en una embestida final, clavé mi pene en lo más profundo de su vagina y acabe como nunca, llenando su hermosa cavidad con mi semen que termino saliendo de su vulva y manchando todas las sábanas.
Nos besamos y nos acariciamos durante mucho tiempo después, desnudos, sudorosos, exhalando placer y lujuria en cada roce de nuestros labios y manos…, disfrutando del maravilloso “pseudo incesto” que acabábamos de cometer. Sabíamos plenamente que volveríamos tener sexo cuando lo quisiéramos, así que no hicimos la falsa promesa de dejar y terminar todo allí.
Y obviamente que eso ocurrió, pero mucho tiempo después… historia que relatare próximamente…

Cómo nunca llegué a ser un ángel -IV-

Textos anteriores: I y II, III

-IV-


Tras un rato enjuagando mi boca y limpiando mi cara, me sentí extraña. ¿Qué había hecho? Un sabor agrio había quedado atrapado en mi garganta. Y la noche aún no había comenzado...



Por fin, Raúl apareció, y aquello consiguió, inesperadamente y por difícil que fuera, terminar de amargarme la jodida velada. Su ropa era ajustada, algo que le quedaba muy bien (su cuerpo era auténtica carne) pero entre su polo de color rosita (jamás lo entenderé), su pelo mal engominado y, atención, ¡gafas de sol en mitad de la noche!, la líbido cayó por los suelos.
Me pregunté si lo estaba haciendo bien. Si aquello sería un buen paso. Yo sólo quería dar placer a este tío para impresionar al escritor... ¿Estaría llevándome al catre al mayor pringao de la pandilla y perdiendo imagen ante el resto? Sinceramente, no me convenía nada hacer eso... ni me apetecía tampoco, qué coño.

Sin embargo, recordé por qué mi cita era con el cortado. Era el escritor quien lo había elaborado todo. Quien había animado la maniobra, escrito las calientes palabras, acompañado a su amigo en el ataque. Sí, aquello le importaba... No sé. Qué coño, el plan era el plan. Y el cortado tenía un cuerpazo; si el maromo de la noche pasada me lo había hecho pasar tan bien, pues esta noche la diversión estaba asegurada, no? Además, sin un poco de buen sexo tras el desafortunado affair con el camarero, igual hasta se me quitaban las ganas y pasaba a formar parte del club de secas que mis amigas tenían montado... Raúl, Raulito, ya puedes ser un amante de los que merecen la pena, porque esta ardiente súcubo está llegando al límite de su paciencia.

-Hola- me dijo en un tono algo apagado -qué... ¿qué tal y eso?-

¿Qué tal y eso? Jaja. Pobre. Eres realmente cortado ah?

-Aquí- le respondí un poco de forma desenfadada -admirando el romanticismo del lugar al que me traes a cenar y tal-

No pilló el tono. Tendré que resignarme a borrar la ironía del vocabulario de esta noche...

-Oye- le dije, cogiendo el timón, antes de que se hundiera un barco que acababa de zarpar y comenzaba a hacer aguas -¿qué te parece si dejamos lo de la cena y nos vamos a dar un paseo por la playa? Tan vacía y tal... está una noche romántica. No sé... ¡Realmente me apetece! Eso sí sería una cita romántica!

(Y me alejaría del camarero que acaba de correrse en mi lengua, y de la chica que ha presenciado el espectáculo...)

-Pero... bueno...- farfulló él, poco convencido -me parece bien eh? Pero... tenía una mesa reservada, no sé...

Puaf... Seguro que para estas alturas de la noche Lucía ya se encontraba en algún baño público follándose a lo loco a algún desconocido con un cuerpo de impresión. Debo de ser idiota... Así que me puse dura.

-Mira, cariño, hacemos esto... te olvidas de que habías reservado una mesa en este antro, me acompañas en un paseo por la playa, y quizás folles esta noche, de acuerdo? -sonreí. ¿Pillaría la ironía esta vez?

Paralizado, no me llegó a responder. Le cogí la mano, dejé de sonreir, y lo arrastré fuera de aquel asqueroso lugar.



Una vez en la playa, por fin cambió el tono de la cita. El tío era tranquilo, agradable, su voz era bastante bonita. Seguía haciendo honores a su mote, “el cortado”, pero casi mejor. Necesitaba un poco de comodidad. Hablamos de mil cosas tontas, lo maleducados que son muchos turistas por lo asquerosa que habían dejado la playa, el buen tiempo, lo mucho que nos importaba el cambio climático, etc. Luego empezó a contarme que él y sus amigos practicaban surf, parecen majos tus amigos, argumenté buscando algo de información, sí bueno, un poco macarras y eso, dijo él, ¿macarras? No seréis muy macarras si me escribiste un mensaje tan bonito... ¿Te gustó? Pues claro que me gustó, tonto, ¿no ves que a unas horas de ese mensaje estoy a solas contigo en esta romántica playa? Sí bueno, supongo que sí, respondió ruborizado.

-La verdad...- dijo entonces -tenía miedo de que no te gustase, más que nada por el de tu amiga, que seguro que era mejor...
-¿El de mi amiga?- respondí perpleja.
-Sí... vaya... no sé, Ángel siempre ha escrito muy bien...

¿?

No. No puede ser. Socorro.

-¿Qu... quién es Ángel?- pregunté, evidentemente asustada
-Joe, pos mi amigo, el que le dejó el papelito a Lucía...

¡Puta zorra desgraciada!

-Pero... ¿te refieres al chico con novia?
-Sí, sí, claro, joe, Ángel. ¿Es que tu amiga no te ha contado nada?
-Bueno... sí... algo me ha contado, pero no te creas que mucho... sabes, como íbamos borrachas y apenas nos hemos visto desde entonces... -(mentí)
-Ah, ya... Bueno, Ángel le escribió aquello a tu amiga por mí, que soy un poco tímido, y me daba cosa entraros... ya sabes... si era capaz de hacerlo él, que tiene novia y tal, pues me demostraba un poco que no importaba...
-Ajá, qué mono... oye, ¿y cómo es que me dejaste el papelito a mí? ¿No te gustaba también Lucía?
-Bueno...- dijo mirando hacia otro lado -me gustabas más tú...

Sentí algo de calor en mi interior. Un calor inesperado. La sonrisa que surgió esta vez fue agradablemente sincera.

Allí, a la orilla del mar, la brisa nos refrescaba y la marea, calmada, azotaba vez tras vez a la orilla. Era romántico.

-¿Oye... te atreverías a meterte al agua?- le desafié -me... bueno, me resultaste muy atractivo en el mar.- mi voz sonaba cómplice. No sé, aquel chico me estaba gustando un poco, y todo.
-Pero... si estoy vestido...
-Vamos hombre, la vida está para vivirla, chico cortado. Date un baño para mí...

Le cogí la cabeza. Un pequeño beso juntó nuestras bocas. Pequeño, pero húmedo. Agradecí que no se percatase de lo último que habían tocado mis labios y le guié un ojo.

-Me gusta recompensar a los hombres que hacen cosas que me gustan...- susurré con mirada tierna.
-Claro...- respondió, no muy convencido.

Le besé en la mejilla. Comenzó a quitarse la ropa. Una vez en calzoncillos le dije, casi más como amiga que como amante, que tenía un cuerpo tremendo. Me lo agradeció, y se echó al agua. Pobre infeliz...


Acto seguido, cogí su ropa. Su móvil. Había varios Ángel en su agenda, pero uno en concreto aparecía con el mote de “el escritor”. Cómo no. Anoté su número. Sus pantalones también guardaban una pequeña petaca rellena del líquido que me había emborrachado en la playa. La llevé hasta mis labios, y alcé la cabeza para beber. Lucía, eres una puta. Una puta que de nuevo me lleva ventaja. ¿Cómo pudiste no decirme nada? Pero esta vez no dejaré que te salgas con la tuya. Ese escritor es el hombre de mis sueños. Lo siento, pero voy a llegar hasta el final, y si tiene que haber guerra...

...la habrá.

Raúl estaba saliendo del agua. Despeinado, sin ropa, sin gafas de sol, mojado y en calzoncillos, se convertía en un chico bastante caliente. Un Clark Kent transformado en Superman, ¡qué bien! Le miré. Eché otro trago de su petaca...

Le miré, desafiante. El quedó quieto, contemplándome. Pasé un dedo por mis labios, y lo mordí ligeramente, calentándole. Siguió admirándome...

Me quité calmadamente mi vestido y me lancé a por él, a besarle sin mediar palabra. Allí, a la orilla del mar. El cortado, que parecía no explicarse nada, se limitó a devolverme el beso. Una chica desnuda te abraza y te besa en una noche de playa a la orilla del mar, ¿y ni siquiera te dignas a, yo qué sé, meterle mano, sobarla, acariciarla? ¿qué clase de hombre eres tú? ¿te suena la palabra pasión? Me sentí un poco desgraciada... “Sigue con el plan, Anita” pensé para mis adentros.

Lo tumbé sobre la arena y me recosté encima suyo. Con mi boca cerca de sus ojos, le susurré:

-Cariño... no sé por qué, pero me vuelves loca... me gustas mucho... y no sé si tendré otra ocasión tan romántica para.. no sé... me gustaría hacerte feliz esta noche...

Su respiración se aceleró.

-Me gustaría... me gustaría que me recordases como fantasía... como a un ángel... como a un sueño... quiero que me desees, quiero que me toques, que me beses... quiero acariciarte y entregarme a ti... no es que suela hacer esto pero, ver tu cuerpo saliendo del mar en una noche ta romántica... eres caliente, nene... quiero follarte, cariño. Follarte como nunca...

El chico estaba nervioso, me miraba, miraba hacia todas partes, pero apenas se movía. Lo tenía todo, estábamos solos, en una playa vacía, se estaba tirando a una desconocida, a una desconocida que además era un auténtico bombón, joder, y nada, debía de ser de sangre fría, porque no reaccionaba... Metí la mano en sus calzoncillos. Premio, allí estaba... su pene, ardiendo, concentrando toda la capacidad sexual de mi amante en su erección. Él cerró los ojos.

Me estaba poniendo nerviosa. No sé, no terminaba de encontrar el punto. El feeling. Y aquello me importaba mucho. Jodido cortado, ¿ahora vas a estropearme la noche? Por un chico que se fija en mí en vez de en Lucía, ¿tiene que ser un chico que no sabe follar? Empecé a impacientarme... ¿Puede que lo hayas hecho demasiado rápido, Anita? Coño, ¿pero es que este tío no es un hombre? ¿No les gusta así?

Le bajé los calzoncillos. Estuve a punto de entregarme a otra felación, pero no me apetecía mucho y, visto lo visto, el chico no daría muestra de expresión hasta correrse. Ni de coña. Completamente incapaz, coloqué su pene en la entrada de mi vagina para probar a ver si follando el calor de mi cuerpo conseguía activarle... y me miraba... y no reaccionaba...

Utilicé aquel falo para acariciarme, para masturbarme... Me pegué a él... Me froté con él... Dejé que su pene se introdujese en mi cuerpo... Ya me estás follando, chaval, te estás follando a tu cita...

...Pero nada. Él cerraba los ojos, miraba hacia atrás, ponía cara de concentración, pero no hacía nada. Ahí me tenía, encima suyo, sintiendo cómo entraba y salía de mí mientras mi cuerpo montaba el suyo, sin gran efecto. Comencé a sentir ganas de llorar.

Se corrió. Se corrió antes de lo imaginable. Se corrió dentro mío como si no pudiera importarme. Me estaba arruinando el plan. Bajé hasta su pene y comencé a mamársela. No quería que la noche acabara tan pronto, y sabía que era la única forma de despertar aquello una vez se considera satisfecho. Recuerda la técnica, Anita... la envolví con mis labios, la unté con mi lengua... chup, chup, chup... Era un pene grande... Algo es algo. El chico (hombre, si hay alguien ahí...!) gimió un poco. Bueno, al menos eres capaz de aguantar más de un orgasmo... Así que allí estaba, de nuevo chupando una polla que no era la deseada para no recibir más reacción que la que me ofrecería un puto cadáver. Hacía que me sintiera fuera. Como quien friega su casa, como un copiloto de coche, mi mente quería pensar en otras cosas, sin tener en qué concentrarse. No me sentía en el sexo.

-A.. Ana...- dijo su voz desde las alturas -¿de verdad quieres hacerme feliz?-

¿Qué? Uf... aquello me sonaba demasiado mal. Pero el plan era el plan, pensé... ¿Desde cuando las cosas tienes que ser fáciles?

-Desde luego...- respondí con la voz más sexy que me podía permitir. Volví a meter su polla en mi boca mientras me hablaba.

-Te... te importaría que te diera por... bueno... por...

Joder, algo me lo había dicho, pero no me lo creía. Sospechaba como terminaba esa frase...

-...culo?- dije completándole mientras mis temores se fraguaban en dura realidad. ¿Será el karma respondiendo duramente por mi desliz como prostituta? ¿Serían los trescientos euros que llevaba en el bolso?
-S..Sí... dios, por favor, sí...

Nunca lo había hecho nadie. Nadie me lo había llegado a pedir, y a mí no me había llegado a apetecer. Sólo una de las condiciones cambiaban ahora. Manda narices que seas tú, el cortado, el muerto al que mis mejores cartas no han conseguido despertar, el que me lo pida. Y mi mil veces desgraciado plan me obliga a ponerme a cuatro patas delante tuyo, a sonreirte ocultando un poco de miedo, y a responderte con voz picantona:

-Sírvete, vaquero...- mientras contoneo mis caderas para convertir ese ano en algo aún más apetecible de lo que ya debe resultarte.

Inmediatamente, Raúl se arrodilló detrás de mí y comenzó a sobarme. A sobarme por doquier. El culo, las caderas, las tetas... ¿Tanto te pone, cortadito? ¿Es esto lo único que activa tu sangre? Mientras tanto, yo preparaba mis mejores dotes interpretativas mientras rezaba porque aquello no doliese demasiado.

Sacó un pequeño botecito de sus pantalones. Era vaselina. El cabrón llevaba vaselina encima. Comenzó a untármela embaucado por mi pequeño agujero. Después, me lanzó su petaca.

-Te gustará más si te terminas eso- se atrevió a decir. Como prefieras, me lo metí de un trago. Serás capullo...

Comenzó a meter su pene entre mis deliciosas nalgas, poco a poco. Por lo menos tenía técnica en eso. Me pregunto, Raúl, qué clase de trauma te llevó a que te gustase tanto el sexo anal. Estoy convencida de que alguna novia o exnovia te ha ayudado a no hacer demasiado daño. O tal vez novio, visto lo visto...

-Oh... joder...- gimió su voz. Y es que lo peor de todo era lo caliente que se había vuelto para él la noche de repente. En mi interior, aburrida, no tardó en asediar mi cabeza la imagen de Lu tirándose al escritor. Quizás lo estuviera haciendo en ese mismo momento. Más ganas de llorar me atacaron. De nuevo, como respuesta, comencé a gemir y a dar pequeñas muestras de placer. Pese al alcohol y la vaselina, me estaba haciendo algo de daño. Mi vida es una mierda, pensé para mis adentros mientras, una bonita noche, a la luz de la luna y en la romanticidad de la playa, un virus se introducía en mí con, eso sí, buena técnica.

El cortado fue dilatándome el culo hasta metérmela entera. El tío estaba calientísimo. Dios mío, ¿tenías el ano virgen? Me preguntó sin cortarse. Lo estaba guardando para un hombre de verdad, respondí sin mentir. Comenzó a darle ritmo Y la verdad es que lo hacía bien. Quizás en otro contexto, yo lo estaría gozando. Pero no lo hacía. Sólo disponía la virginidad de mi ano a placer de aquel individuo mientras fingía que me gustaba. Ya puedes contarle esto al escritor, capullo. Estás haciéndote con una virginidad que quizás con él hubiera sido inolvidable.

-Joder, cómo te bailan las tetas! Oh, joder, joder!- dijo ante el bamboleo con que éstas respondían a sus embestidas... ¿Ahora me vienes con las tetas? Córrete ya, tío raro, por favor. Esto me escocerá mañana, sabes?

-Oh, mi culo... sí... -gemí

-Sí, sí, sí, deja que te de por culo, deja que te de por culo!! Joder, te la estoy metiendo por el puto culo, sí!!!-

Wow, enhorabuena, veo que tienes un gran dominio del lenguaje, Raulito... y yo te tengo que seguir el juego:

-Oh, sí, dame por culo cariño, dame por culo, socorro joder, me gusta, me encanta!!!- simulaba yo gritar desconsolada. Gemía como una loca. En algunas ocasiones, había empezado así y había terminado disfrutando de verdad. Pero no iba a ser el caso.
-Sí dame tu culo!!! Sí Lucía, sí, sigue, sigue!!!-

Sentí como el corazón se me hacía pedazos, y respondí.

-Oh sí, imagina que le estás dando por culo a Lucía, que le estás dando por culo a mi amiga, que le rompes el culo, y métemela, métemela, métemela!!!-

Una pareja de novios pasó por delante nuestro. Genial, testigos del momento más triste de mi vida desde que mi hermano me grabase en vídeo y lo colgara en internet. Les mostré mis dos preciosos dedos medios mientras se iban a paso apresurado.

Raúl se recostó sobre mí y comenzó a sobar mis pechos, sus embestidas aumentaban el ritmo, yo era Lucía, comenzábamos a sudar, y nada tenía sentido. Cómo estaba disfrutando el muy imbécil mientras me daba más y más por detrás.

Entonces la sacó, me subió para arrodillarme y me la metió violentamente en la boca mientras se corría. “Lucía...” murmuró... Yo me aferré a su pene, le miré de forma lasciva y le sonreí. Lamí hasta cerciorarme de que aquel glande no expulsaría más semen.

Extasiado, me miró. Me sonrió. Yo le sonreí. “Dios, eres un auténtico hombre”, le mentí.

Socorro. De vuelta al hotel, pasamos por el Mojito”s Pub. Mi íntimo camarero se había quedado limpiando las mesas.

-Déjame aquí, he quedado con una amiga. Espero que te lo hayas pasado bien... -le vacilé sin perder la compostura. El culo me dolía. Frustrante...

-S.. sí claro... ¿volveremos a vernos? -él, por su parte, volvía a ejercer de cortado.
-Desde luego... -le sonreí.

Cuando por fin se marchó, me metí en el bar, para sobresalto del camarero, que comprobé se encontraba solo. Saqué los trescientos euros de mi bolso, y se los devolví, esperando que a mi karma le llegara la señal. Por si no era suficiente, desabroché la cremallera de su pantalón y, de nuevo, se la comí. Le ofrecí sexo, pero me decepcionó pidiéndome que, por favor, no dejase de chupársela. Dicho y hecho, sobredosis de esperma que me estaba asqueando.


Al volver al hotel, me sentía deprimida, destrozada. ¿Qué estás haciendo, Ana? El sexo... empezaba a sentarme raro. Mi tripa estaba revuelta. Mi alma, rota.

Sin saber muy bien por qué, entré en la habitación de Lucía. Estaba vacía. Me deshice de mi vestido, que me hacía sentir como una guarra, pero no quería andar con mis pechos desnudos, y alcancé uno de los sujetadores de mi amiga. Cómo no, me quedaba grande.

Socorro. Me eché sobre su cama. Sobre la cama de mi amiga. Dejé que la frustración me invadiera...

Y lloré hasta quedar dormida y desconsolada. ¿Ángel, por qué me dejas así? ¿Por qué... por qué no vienes... y me rescatas?

Cómo nunca llegué a ser un ángel – III

Textos anteriores: I y II


-III- 



“Mojito's Pub”, el garito donde mi cita me había enviado no era nada del otro mundo. Sí que estaba junto a la playa, que por la noche quedaba vacía y acogedora, pero su limpieza y su aspecto, bueno... dejaban que desear. El menú, grasiento a más no poder, culminaba el ambiente de seducción, definiéndolo como el lugar más antierótico al que me hayan invitado nunca. Para colmo, Raúl, el Cortado, llegaba tarde. Vaya una noche.



Mi ropa procedía del más valiente de mis armarios, se trataba de un vestido rojo, ajustado y de textura similar al látex, comprado en una tienda especializada en ropa para gogós. Tan atrevido que apenas me solía atrever a sacarlo por la calle, ahora tenía que aguantar a toda la clientela del bar, y aún más a su servicio, mirándome sin perder detalle. Los chicos de forma más disimulada, las chicas descaradamente... todos probablemente criticándome en lo que para mí no era más que una muestra de lo cínica que puede llegar a ser la gente. Sin sujetador, era el propio vestido el que se encargaba de sujetar mi escote. Se trataba básicamente de enseñarlo todo sin enseñar nada...

Pero coño, no esperaba que fuese a hacerlo para tanta gente joder!

-Disculpe, ¿le importaría que usara el baño?- pregunté a uno de los camareros con intención de esconderme allí mientras esperaba. Era el clásico mozo simple, no parecía demasiado espabilado, y llevaba ya rato sumándose al deporte de observarme del que en aquel local sabían tanto.
-N.. no, lo siento, solo para clientes -nervioso, quiso hacerse el interesante, rollo maitre o algo, sin que le saliera, y sin dejar de mirar hacia mis tetas, como si fuesen ellas las que se lo habían pedido, y ahora estuvieran discutiendo. Ni siquiera apartó la vista al terminar de hablarme.
-Mm.. bueno... no sé... Dame un segundo... -rectificó mientras miraba a ambos lados -anda corre, pasa al fondo, procura que no te vean mis compañeros vale?
-Gracias guapo -le recompensé agradecida por aquella ruta de escape mientras tomaba la dirección que me indicaba. "Buen trabajo, chicas", reí para mis adentros consciente de que mi talla de sujetador era la razón última de la decisión del camarero.

Una vez en el lavabo, me encendí un cigarro para llevarlo a mis labios. Siempre reconfortante, dulce tabaco, espero que no le moleste a mi cita de esta noche.
Con el canutillo en la boca, y como cada vez que fumaba delante de un espejo, me descubrí jugando sola a poner poses atractivas, elegantes, morritos... tonterías, cuando escuché que la puerta se abría, y decidí correr hacia un baño a encerrarme. Si algo pretendía, era estar sola.

La expresión de mi cara cambió cuando escuché que, quienfuera, cerraba la puerta... con llave!

-Em... disculpa? -aquella era la voz del camarero, que evidentemente sabía que yo seguía en el baño; Lo que me daba un poco de mal rollo.
-...¿Sí? -respondí sin creer que tuviese otra opción.
-Sí, hola... oye... perdona... quería preguntarte... -bueno, el tono no era malo, ¿pero qué coño querría? -cuánto sueles cobrar cuando... bueno, a tus clientes, ya sabes...
-A... mis clientes?

Dios, ese tío realmente había creído... que yo era una prostituta! Abrí la puerta.

-Oye... creo que te has confundido. No soy ninguna puta ni nada eh? Es solo un vestido ajustado...

-¿No? Venga ya, ¡claro que eres una puta!
-¿Disculpa?
-Por favor, mírate, y por esta zona, tienes que ser una puta!
-Pero serás gilipollas...??? -respondí ofendida mientras me iba hacia la puerta. Traté de abrirla, airada. Pero fue en vano, estaba cerrada con llave, claro.
-Vamos, nena...

El tío se atrevió a bajarse pantalones y calzoncillos, quedando su pene al aire. Cerdamente, empezó a acariciárselo y procedió a masturbarse para que quedase erecto, apuntándome. Cómo podían pasarme estas cosas a mí? Por dios...

-Escucha... no sé cuanto cobras... pero es que ese vestido me pone muchísimo, y aún no he conseguido que una nena me la chupe. Hoy he cobrado. Estoy dispuesto a dejarme el dinero que debería haberme gastado en putas todos estos años en esa experiencia. Es en serio... Joder nena, me pones tanto...
-Ya... ¿y de cuánto dinero estaríamos hablando?

¡Ana Mar! ¿A ti qué coño te importa? ¡Si es un idiota perdido! y, ¿recuerdas que no eras una puta? ¿Por qué coño has tenido que decir eso? Al chico, por supuesto, se le iluminó la cara...

-De doscientos euros...

¡Doscientos euros! ¡En verdad era una pasta!... Pero, por suerte o por desgracia, yo no quería dar ese paso.

-Lo... lo, lo siento, pero no soy puta... de verdad, por favor, ábreme la puerta...
-Está bien, cerda. Que sean trescientos...
-...Trescientos? ...Podría verlos?

¡Joder Ana Mar!

-Claro... -en efecto el chico se sacó de los pantalones caídos su cartera, y allí dentro había muchísimo dinero. Colocó seis billetes de cincuenta sobre el lavabo. Demasiado real. Hora de marcharse.
-Ya... lo siento, de verdad, pero no puedo hacer eso. En serio, me abres? -ahora le hablaba sin dejar de mirar hacia su pene. ¿Trescientos euros por una mamada? Aquello era una burrada... y yo se la había chupado a tíos más feos, sólo por divertirme... y a ese tío no se la habían chupado nunca...

-Vamos... chúpamela por favor... cómeme la polla... tienes que ser una puta...

...y no me convenía caerle mal al camarero que nos iba a servir... y no me estaba abriendo la puerta, y yo no quería pelea...

...podría practicar una última mamada antes de impresionar a mi cita...

y... me acerqué a él. Le miré. Me sentía nerviosa, como alienada.

Me arrodillé, sin dejar de mirarle. Serios, uno frente al otro, sin mediar palabra. Trescientos euros... Su pene, erecto, quedó justo a la altura de mis labios, que relamí con mi lengua, sexy. Seguía sin estar segura de querer dar aquel paso, cuando quizás ya no cupiera la marcha atrás. Sin querer decidirlo, me acababa de ofrecer a esa felación, no sé hasta qué punto planeada. Y aquello convertía el momento en algo muy, muy caliente...

-joooder, sí... -gimió el chaval que no dejaba de mirarme, incrédulo

Excitada, dejé que mi mano agarrara su polla. La moví. Me sentí sexy mientras lo hacía. Y poderosa. Trescientos eurazos, me sentía muy, muy poderosa. El chico se adelantó, para llevar su glande hasta mi boca, que no aparté. Acarició mis labios. Saqué un poco mi lengua para devolverle la caricia... y aquello me calentó, me excitó... pero, por alguna razón, no me salía engullir ese miembro, y la mamada no comenzaba...





Impaciente, mi "cliente" agarró mi cabeza y, sujetándola, introdujo su pene, suspirando, paseando por mi boca y llenándola de aquel pene. Hasta entonces algo en mí había dado el paso, pero no lo había considerado dado. Aquel momento lo cambió todo. No había forma de excusar que se la estuviera chupando, entre mis dos mejillas había un pene que me llenaba hasta la garganta. Y lo peor, la forma en que lo hizo me volvía loca. Lo lamí.

Su pelvis se decidió a bailar, follándose mi boca. Gemí ante el arrebato del chaval, diciéndome "estás enferma, Anita" al tiempo que me aferraba a la polla que se encontraba entre mis dientes y la chupaba, acompañando con mi cabeza el baile mientras una de mis manos la masturbaba. Decidí probar una vieja técnica, idea de mi hermanito que había vuelto locos a cuantos hombres la habían experimentado. Consistía en ensalivar bien la boca, envolviendo el pene, y dejar después sonar esa saliva en un continuo "chup, chup, chup...". Sabía que me dejaba como una zorra, como una puta de las felaciones; en aquel momento, esa barrera estaba ya traspasada, así que sería perfecto...

No tardó en comenzar a sonar... Chup... chup... chup, chup... y joder, sonaba excitante...

-Dios... sí... -alcanzó a murmurar el hombre que se escondía tras el falo -me la estás chupando... oh, me estás haciendo esa mamada... sí...!!!

Sí chaval. Estoy comiéndome tu polla por trescientos eurazos. Aún no sé cómo he caído en todo esto. También me tienes encerrada. De alguna forma, también me estás violando. Mientras no llegues mas lejos, es caliente...

Chup, chup, chup... Ese pene se deslizaba cada vez mejor a través de mis labios, que se estaban llenando de mi propia saliva. Acuérdate de usar bien la lengua, Anita. Tus labios le calientan, tu saliva le excita, pero es tu lengua lo que le derrite. Y tú sabes bien cómo derretir a un hombre... Y así llegó el equilibrio, una puta mamada increíble, o al menos a mí me lo estaba pareciendo, que hizo que las piernas del chico se tambaleasen... que su corrida se acercase... y yo me excitaba en mi propia mamada... estás siendo una puta, Anita... una maldita puta...

Pero no quería ser una puta.

Si el chico se corría, todo estaría hecho. Habría sido una prostituta aquella noche. Y... y... sabría a semen cuando besase al cortado que ya debía estar esperándome... y... dios... estaba mal...

Vi que sus llaves sobresalían del pantalon que estaba tirado en el suelo...

-Oh sigue... sigue zorra... cómemela, puta... sigue...!!!

Como si hubiese entendido lo contrario, la puta no siguió. No era una puta. Mi mamada se detuvo dejando al chaval allí a las puertas del cielo, separando su pene de mi lengua mientras un poco de saliva goteaba de la comisura de mis labios, saliva que me quité pronto con la mano. Me miró. Puso cara de espanto. Jaja, el pobre estaba gracioso. Comenzó a masturbarse, en vano. Después de lo que le había dado, no conseguía hacer nada él solito. Comenzó a farfullar y a medio llorar. Yo saqué las llaves de su pantalón y, sin que él luchara por evitarlo, abrí la puerta del baño para marchar en busca de la auténtica presa de la noche. Es un mundo cruel, lo siento. Y esos trescientos euros hubieran sido un buen trofeo...
 
Sí... la experiencia me había puesto a cien, era cierto... y la mamada me estaba excitando... desde luego...

Quizás me gustaría haberla terminado... dios... me estaba apeteciendo tanto esa corrida cuando te he cortado...

Haber sido una puta... joder, qué excitante... qué ocasión...

Definitivamente, tenía que haber dado el paso... un affair transformada en prostituta... terminar esa mamada... me apetecía probar ese semen... no podría explicarlo...!!!

 Qué guarra eres, Anita.

Volví a entrar en el baño. El camarero seguía tratando de sustituirme con su mano. Me miró. Le sonreí. Me acerqué. Una de mis rodillas se clavó en el suelo. La otra, obediente, la imitó. Mis labios se encontraron de nuevo ante su pene, que besaron. Me bajé los hombros del vestido, hasta dejar descubiertas mis tetas. Las mismas que lo habían seducido. El chico se seguía masturbando; todo terminará pronto, cliente mío. Espero que te haya merecido el dinero...

Volví a besar el miembro que me exigía más labios, lo ensalivé para envolverlo con mi boca, haciéndole dar gracias al cielo... Con mi lengua, bombeé... Y ahora no me importaba hacer por completo de zorra... Una puta, Anita... ¿Habría hecho Lu alguna vez aquello? ...Chup, chup... chup...

Una clienta entró entonces, no había reparado en volver a cerrar el baño con llave. Me encontró arrodillada, con mis tetas fuera, adherida aquella polla, en ese movimiento de cabeza bombeante. Me volví para mirarla. Fue torpe por mi parte.

-Joder, me corro, me corro!!! -gritó el camarero.

Joder Ana, claro que se corre, lo estabas notando, ¿quién te mandaba dejar de chupar? Si había una cosa que no deseaba, era que su semen me manchase la cara, y traté de evitarlo. Dirigí mis labios de nuevo a finalizar su trabajo. Demasiado tarde. Su corrida brotó desenfrenada saltando sobre mis párpados hasta que mis labios, como pudieron, consiguieron alcanzar aquel glande y dejar así que mi boca engulliese el resto. Un gran espectáculo para nuestra invitada... Torpe Anita, me dije con aquel semen resbalando por mi cara o escapando de mi boca...

Torpe y puta, Ana.

Sí o sí

Vale.

El hotel era bonito y habíamos quedado así, simplemente para tener sexo, para sentir placer y tener orgasmos, muchos orgasmos y cuanto más salvajes mejor.
Pero no, no era mi día ni el tuyo y después de todo el sexo oral del mundo y de las posturas más acrobáticas, yo me había corrido pero tu no.

Y esto no podía quedar así.

Yo entré al baño a limpiarme un poco ya reponer fuerzas. Y escuchaba descolgar el teléfono de la habitación y como hablabas y como colgabas... Y como a los cinco minutos tocaban a la puerta y tu, loca de calor, y cual caza tesoros en busca del santo Grial, la abrías sin acordarte de que estabas desnuda (o eso quise creer).
Le decías al chico que necesitabas su ayuda. El joven estaba nervioso y perdido, no se lo creía. Le tomaste de la mano y lo llevaste a la habitación. Como los dos somos de esa manera (con la bestia siempre asomando).... yo me senté en el sofá y me dedique a ver que le hacías. Te sentabas en la cama y rápidamente le bajabas los pantalones y los shorts y tomándole la polla con las dos manos le decías "Tienes que metérmela, necesito placer, mucho placer". Te la metías en la boca y en pocos segundos tenias dentro de tu boca una gran polla dispuesta a introducirte por tu sexo.

Te pones a 4 patas, quieres un orgasmo YA y traes la polla del chico hacia ti. Te la inserta y comienza a bombear. Gimes, gritas y te arqueas. Te mueves tan rápido que haces que, como me ha pasado a mi, el chico se corra enseguida, de nuevo dentro de ti. Sientes su calor, su leche.... pero tu no te has corrido. Yo os veo desde mi sofá y me masturbo lentamente.
El chico se retira entre espasmos de placer y se recuesta en el sofá más grande. Pero tu necesitas más, necesitas un orgasmo... y vuelves a levantar el teléfono. Pides una pizza, "curiosa coincidencia" pienso; y a los 10 minutos, mientras esperas en la cama tumbada y viéndonos desnudos, te tocas suavemente por todo tu cuerpo.

Suena la puerta, pero..... al abrirla desnuda de nuevo, te encuentras a una chica, joven, guapa y negrita. Maldices y la haces pasar. La chica se asusta al ver a su compañero y a mi desnudos y a ti también. Me levanto y la tomo de la mano, deja el plato en la mesa y le susurro al oído lo que está pasando. Ella sonríe avergonzada y le susurro de nuevo al oído algo.

En un abrir y cerrar de ojos me separo de ella, te tumbo boca arriba en la cama, tomo a la joven negrita de la mano y te la acerco, te abre las piernas y comienza a besarte en los muslos, pasarte la lengua por las ingles..... te vuelves hacia mí y me preguntas que qué le he dicho, me acerco a ti, justo cuando la chica comienza a lamer tu clítoris: "Le he dicho que se llevará una gran propina si te saca un buen orgasmo". Te estremeces loca de placer y morbo. La chica continua lamiendo tu coño, bebiendo de el y tu te respingas. Ella te mete dos dedos en tu coño y estás a punto de llegar ya. si SI SI SI SI SIIIIIIIIIIIIIAAAHHHHHH.

Pero no.

Justo en el momento en que el estás a punto de correrte en su oscura boquita, saca sus dos dedos y eso te impide llegar. Gritas de impaciencia, de rabia.....

Entonces es cuando te derrumbas y crees que esa noche, con dos pollas para ti, con una joven dándote placer en tu coño, con dos corridas dentro... piensas que esa noche no tendrás tu orgasmo.

Pero justo en ese momento giras la cabeza y ves como la chica está chupando las pollas del joven camarero y la mía. Nos las está poniendo muy duras y tu la miras, con celos, con envidia, pero comienzas a masturbarte, viendo como la chica se está poniendo las botas. Nos levanta a los dos chicos y nos toma de la mano, nos lleva hasta la cama y.... apartándote con mucho cuidado hace que yo me tumbe boca arriba, ella se sube sobre mi y se inserta mi dura polla. Ella se da un respingo de placer. El otro chico sospecha lo que debe de hacer y se coloca detrás de su culo. Ella le abre las nalgas para facilitarle la penetración y en un abrir y cerrar de ojos está insertada por dos pollas.

Tu la ves, nos miras, escuchas los gritos de los tres, te masturbas... como una loca. Es curioso, pero la chica con dos pollas ensartadas en su cuerpo, parece que está muy cerca del orgasmos que tu aún no has tenido. Pero es más curioso aún como tu mano y nuestra escena hace que estás más cerca de un gran orgasmo que en toda la noche.

Pero tu ego es orgulloso y quieres un orgasmos acompañada.

La chica grita, se está corriendo y gime desesperada aprisionada por dos pollas que la hacen estremecerse de placer. Tu paras el ejercicio de onanismo y te levantas. Empujas casi de mala manera a la joven y ocupas su lugar. Las pichas están bien lubricadas aún del orgasmos de la joven negrita y tus dos agujeros están más que dilatados por el calor, la humedad y las ganas.... muchas ganas.

Primero el chico te inserta su polla en tu culo, abres las nalgas mientras te masturbas ligeramente para dilatar lo más que puedas, cierras los ojos en una mueca de placer y dolor. Cuando el chico está ya dentro de ti, me miras y con un "¿A que esperas?" haces que te la meta.

Con un ritmo que ni el mismísimo Tony Manero, comenzamos a taladrar tu cuerpo, como dos magos atravesando una caja con sables.

Y sí, esta vez comienzas a sentir que allá a lo lejos esta llegando la horda de bárbaros, muy cabreados y enfadados y con ganas de guerra.

Arqueas tu espalda, pero la polla del camarero en tu culo apenas te deja, abres los ojos y la boca, ahogas un grito de placer que sonaría en toda la ciudad. aprovecho esos momentos de descuido pre-orgásmicos y me muevo rápidamente buscando correrme en tu coño.

Tu grito es infernalmente celestial, un "SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ" sale de tu boca al mismo tiempo que mi leche en tus adentros.

Estás jadeando por casi tres minutos, apenas sin poder moverte.


"Las propinas van a ser legendarias"