La isla IV (fin)

Es tarde, la puesta de sol que se aprecia desde la plaza del poblado es preciosa, casi sobrecojedora. Entre las primeras penumbras del crepúsculo dos cuerpos desnudos se ven después de horas buscándose. Las lágrimas de la mujer hacen sentir al hombre más culpable aún; culpabilidad que, sin saberlo, hace que las lágrimas de su mujer salgan con más fuerza.

El abrazo es sincero, los cuerpos desnudos se funden, sudor, lágrimas... arrepentimiento, vergüenza.

- ¿Donde estabas? - Le susurra Sara al oído de Tino.
- Buscándote - Le responde este ahogando un sollozo.

Por primera vez en minutos se separan y se miran a los ojos. Algo no va bien y ambos lo saben. Lo que no saben es quien confesará primero.

Por primera vez en horas se percatan de que el pueblo ha cobrado vida propia. Alrededor de la plaza hay muchas antorchas haciendo el papel de farolas, el ambiente está coloreado de color amarillo fuego. En el centro de la plaza un banco, ancho, más parecido a un diván que a una cama.
El matrimonio, casi en medio de la plaza comienza a fijarse detenidamente en todo. Delante de la gran choza, del gran hombre han sacado su trono, que no deja de ser una silla hecha de gruesos troncos.

El matrimonio, de la mano, camina hacia la gran choza, desde hace algunos minutos no se miran a los ojos ya, solo caminan intentando pasar desapercibidos. Ahora es más fácil, la oscuridad es ya total en el cielo y la luz del fuego hace que todas las pieles sean del mismo color e igual de desnudas.

En la puerta de la choza aparece la imponente figura del jefe del pueblo, esta vez va desnudo completamente, polla descomunal colgando entre las piernas, de la mano lleva a sus dos concubinas, jóvenes, morenas, muy bonitas, muy desnudas también. El jefe mira a la pareja de invitados y con un gesto hace que dos chicos los tomen y los lleven hasta el centro de la plaza, donde está el diván y un par de grandes antorchas a los lados que iluminan el lugar. Allí los hacen sentarse. Sara se percata por primera vez que todo el pueblo esta haciendo un gran círculo alrededor de la plaza, gente y más gente, jóvenes, muy jóvenes, mayores y ancianos, todos absolutamente desnudos. A sus espaldas Tino reconoce a los tres viejos que les "rescataron" de la isla donde el tiempo se les escapó de las manos mientras dormían. Están alrededor de una gran vasija de barro, cortando hojas de cactus y exprimiendo su pulpa; para, a continuación, revolver mientras echan pétalos de una flor blanca. Cuando sacan la gran cuchara de madera, la mayoría de gente que esperaba haciendo un círculo se va acercando ordenadamente a ellos. Casi todos son jóvenes, hay algún niño, alguna que otra jovencita, y algún anciano. La oscuridad, la desnudez, el miedo y el desconocimiento no dejan ver claramente el número de personas que bebe de ese líquido... pero son muchas. Las dos últimas personas que beben de un pequeño vaso son las dos jóvenes que viven con el jefe. Regresan de la mano y se para delante de la pareja. Con una simple mirada les hacen entender que ellos también tienen que beber. Tino y Sara se levantan y, no sin miedo, se encaminan hacia la vasija.
El líquido sabe amargo, a verdura fresca mezclada con menta. Según baja por el pecho, notan un quemazón que súbitamente desaparece cuando el líquido reposa en el estómago.

Vuelven a su diván, se sientan, les pesa la cabeza y la aldea comienza a darles vueltas. Se toman de la mano, están asustados. Buscan un respiro bajando la cabeza y metiéndola entre sus respectivas piernas, tal como les dijeron en el barco en caso de fuerte oleaje... y se preve gran marejada.

Pasados unos cinco minutos de mareos varios, todo vuelve a su lugar.

Tino y Sara levantan la vista.

Cuerpos.

Cuerpos desnudos.

Cuerpos desnudos tocándose.

Miran al frente, allí está el jefe, con sus piernas abiertas, con su gran polla mirando a las estrellas, con sus dos niñas, lamiendo, chupando, pajeando... de nuevo esa imagen.
Sara no puede apartar la vista de ese aparato, y de pronto, Sara nota la mano de su marido buscando su coño. La cara de Tino es desconocida para Sara, los ojos muy abiertos, mordiéndose el labio inferior, respirando fuertemente. Sara se da cuenta de que ha abierto las piernas dejando así que su marido haya metido ya tres dedos en su coño. Sara vuelve a levantar la vista y ve como dos jóvenes se encaminan hacia ellos. Cuando llegan a su lado comienzan a hablarles de nuevo en su idioma, Sara no entiende nada, Tino está aún perdido buscando algo en el coño de su esposa. Los chicos se miran y se dan cuenta de que no les entienden.
En un abrir y cierra de ojos toman a Sara, la levantan y la obligan a arrodillarse entre las piernas de Tino. La polla de este está más que grande. Sara piensa que tiene que ser una alucinación, puesto que el tamaño de su verga es casi tan grande como la del jefe de la tribu. Uno de los chicos la toma por la cabeza y con cuidado la obliga a meterse el mástil de su chico en la boca. El otro muchacho, toma la polla de Tino y la dirige hasta la boca de Sara.

El acabose.

En cuanto Sara nota en las paredes, lengua y paladar la carne caliente de su hombre una locura se apodera de ella. Comienza a chupar como un cervatillo hambriento chupa de las ubres de su madre. Tino la agarra de la cabeza y le marca un ritmo frenético. Los dos jóvenes se quedan mirando la pareja y se alejan sonrientes (prueba superada)

Hay un calor insoportable en las entrepiernas y vientres de nuestros amigos, un calor que quema demasiado, un calor que solamente parece que se va cuando algo entra en los cuerpos de Sara y Tino.... Sexo.

Tino levanta la vista, sin dejar de agarrar la cabeza de su mujer. Ve al pueblo entero follar, masturbarse, bailar, todos están en trance. La gente cada vez se acerca más a la pareja. Tino se vuelve loco. Hay mujeres follando con hombres, adolescentes chupando pollas de hombres mucho más mayores, tres jóvenes chicas tocándose entre si, metiéndose dedos en boca, vagina....



Locura.

Sara levanta la cabeza y ve lo que ocurre a su alrededor. Sin pestañear se levanta y abriéndose los labios vaginales se introduce el mástil de su marido en el húmedo coño. Este la toma por la cintura agarrándola fuertemente. Los dos comienzan a follar mientras ven a la gente.... follar.

Alrededor de ellos hay una chica bastante joven de rodillas, detrás de ella un chico la penetra despacio. Detrás de este chico otro joven le marca el ritmo tomándolo de las caderas. A los pocos segundos se intercambia de posición y la chica vuelve a gozar otra vez.

Sara sigue cabalgando, ahora a un ritmo más lento. Tino tiene las manos en sus pechos y los masajea y pellizca sus duros pezones.

El marido mira a su derecha y ve una pareja, el tumbado en el suelo, ella en cuclillas encima de el botando como una loca sobre su polla. Cada embiste de la chica los gemidos del chico son una mezcla de dolor y placer.

Sara mira al frente, ve al jefe, no, más bien ve la polla del jefe, ahora sola, grande, brillante. Los brazos en el trono, mirando su gente.

Follando.

Sara siente el pena de su marido dentro, muy dentro, pero ahora no piensa en el, ahora piensa en aquello grande que ve a lo lejos, le parece un mundo la distancia que hay entre ella y el jefe. De repente entre ella y aquel cipote aparece un chico. Muy alto, muy delgado no más de veinte años, qué sin mediar palabra (ni falta que hace), la desconecta de su marido y la coloca sobre el diván, boca abajo, piernas abiertas, culo en pompa y, por suerte, mirando hacia el jefe que, por primera vez, la observa solo a ella.



Tino mira como han colocado a su mujer, pero antes de reaccionar, tiene una cabeza en su entrepierna y justo cuando ve que a su mujer se la empieza a follar el chico alto, a el se la empieza a chupar algo oscuro que ha buscado hueco allí abajo.

Detrás de ellos un anciano está follándose a una joven mientras esta bebe de la entrepierna de una mujer ya bastante adulta.
Cuando el chico alto se separa de Sara, sin tiempo a reaccionar, otro ocupa su lugar. No quiero entrar en detalles sobre la cantidad de orgasmos que Sara está teniendo, por que no acabaría el relato nunca. Pero si os contaré que ese calor que la come por dentro, solo se calma cuando siente una polla dentro de su coño... y hace bastante que no siente ese calor.

Sara mira de nuevo a su izquierda mientras las caderas del quinto hombre la golpean sin cesar, ver una mujer, entrada en años y rellenita, de rodillas, con un jovencísimo chico penatrándola por detrás, mientras un hombre bastante mayor está follándole literalmente la boca.


Tino levanta un poco la vista y ve como detrás la la cabeza que hay entre sus piernas hay una espalda y detrás de esa espalda un culo en pompa que está siendo sodomizado por un chico.

Sara no puede más, ha perdido la cuenta de sus gemidos, de sus placeres y de sus orgasmos. Levanta la vista y vuelve a ver los ojos del gran jefe, clavados en ella. La visión dura bien poco, de repente una polla corta pero tremendamente gruesa se postra delante de ella y busca su húmeda boca, nuestra amiga la abre lo que puede, pero aún así el dolor de la comisura de sus labios hace que desista el intento por meterse eso en la boca. Comienza a pajearlo y a lamer su glande. Al cabo de pocos segundos un chorro de leche caliente se derrama y le cubre mejillas y boca. La polla se retira para dejar paso a dos chicas que comienzan a limpiar el semen del cuerpo de Sara. Lamen sus mejillas, besan su boca, chupan su lengua.



Sara está en el cielo (¿o será en el infierno?)

La turista se da cuenta del gran revuelo que se está formando alrededor de ella. En cuanto las dos jóvenes la dejan libre, dos hombres le dan la vuelta y la dejan tumbada boca arriba, le abren las piernas y metiendo sus cabezas entre ellas, comienzan a comer de su coño. Dos lenguas a la vez "nunca lo hubiera imaginado". No hay tabús. A los dos hombres les da igual que sus lengua se toquen dentro del coño de Sara.

Otro orgasmo, bestial.

Tino continua sentado y una joven dándole la espalda, está botando encima de el. Abierta de piernas, con las del hombre entre las de ella. Es la tercera mujer que pasa por su polla. Son solamente unos segundos, suficientes para que el fuego se apacigüe.

La chica se levanta y Tino divisa una cara familiar, la joven con la que tuvo sexo en la mañana aparece. No le da la espalda, se sube encima, se coloca la polla delante de su coño y sin contemplaciones comienza a follarlo, como antes, es una gata. Se contonea, se menea, se retuerce. Como si necesitara ayuda la mujer de detrás de ella, la toma por las caderas y le marca el ritmo.

"Esto es una locura"

Tino se corre, su grito es ensordecedor y hace que en toda la tribu reine el silencio por unos segundos. Su pequeña amante se retuerce y le clava la uñas en la espalda, su grito, más agudo, hace entender que también le ha llegado el placer.
A la pequeña, en un abrir y cerrar de ojos, dos hombres la levantan en volandas. Con una mano la toman de las piernas, mientras ella rodea con sus brazos ambos cuellos. Las delgadas piernas continúan abiertas y Tino ve como una oleada de cuerpos de mujeres desnudas se abalanza, como zombis hambrientos, sobre ella para comenzar a lamer, comer, beber y en resumidas cuentas limpiar su recién fecundado coño.

Nuestro hombre no da crédito, peor menos se cree aún cuando ve a su Sara empalada por un robusto hombre desde detrás es follada una y otra vez por dos jovenzuelos que, traviesos ellos, sonríen mientras la chica intenta tragar todo lo hondo que puede. El primer en llegar le agarra la cabeza y con cortos temblores descarga toda su leche en la boca de Sara, que intenta tragar, no sin antes tomar aire para no atragantarse. Inmediatamente después, el otro joven ocupa el lugar de su amigo y se corre rápidamente; esta ves la corrida se deposita en la lengua de Sara, que traga con avidez y, por que no decirlo, mucho vicio.

Tino no puede más, siente calor, miedo, excitación, hambre... todo.



Sara se separa del hombre que lleve martilleando sus caderas más de diez minutos y, como si de una pasarela de moda se tratara, se levanta y comienza a caminar, contoneándose, hacia el jefe.... El Gran Jefe.

Este la mira, Tino la mira, la joven que aún está en volandas la mira, los chicos que acaban de correrse en su boca la miran... Todo el pueblo la mira. Todo el pueblo sabe que va a intentar.

La polla mide 31 Cm de largo y unos 9 Cm de diámetro. Sí, puede parecer que es una misión imposible, pero el coño de Sara nunca ha estado tan lubricado, tan grande, tan dilatado... y Sara nunca ha tenido tantas ganas de meterse algo por alguna parte de su cuerpo en su vida.

Sara agarra el aparato con ambas manos, de repente el silencio de la aldea es sepulcral, nuestra amiga nota como cientos de ojos se clavan en ella. Sara se da la vuelta sin soltar aquel mástil y busca los ojos de Tino.

Los encuentra.
Tino, con la jovencísima muchacha de la mano, se incorpora y asiente.

Sara se escupe en las manos, mucho. Comienza a masajear la polla del jefe, a dejarla reluciente. Con ambas manos sube y baja, vuelve a escupir en su glande, con su lengua lo esparce bien.

Se sube a horcajadas encima de sus pantorrillas, comienza a bajar su pelvis. Esta vez no hace falta que nadie dirija el aparato, está firme y apunta al cielo... en este caso hacia la raja depilada y dilatada de Sara.

Con un sonoro "Mmmmpppppfffff" Sara comienza a introducírselo. No, no va a poder. Comienzan a escucharse murmullos. Sara trata por todos los medios de dilatar más y no hay cosa mejor que darse más placer. Se masturba frenéticamente.

"Sí"

La gente murmulla más.

Sara nota que su cuerpo se llena, desde su dedo meñique del pie, hasta el último pelo de su despeinada cabeza. En su entrepierna se reunen la angustia, el dolor y el placer.

La angustia gana terreno, pero enseguida desaparece, el masaje en su clítoris hace que el coño lubrique y haga más espacio. El dolor aparece cuando la polla del jefe pasa su glande y comienza a penetra el grueso tronco, pero el placer ya está ahí. Sara se masturba y tiene un orgasmo, brutal, casi asesino. El jefe no la toca, sabe lo que hace y tiene las manos en los brazos del trono.

Placer.

El murmullo ya casi es un grito de júbilo.

Cuando Sara acaba de sentir el placer de su masturbación, sus nalgas comienzan a notar que tocan algo.

"Sí"

Esta empalada.

Ahora el jefe la toma de las caderas y con un gesto sorprendentemente dulce, comienza a subirla y a bajarla, centímetros, casi milímetros.

"Sí"

Sara comienza a notar algo, un murmullo en su estómago que quiere salir a la oscuridad de la noche.

"Dios"

Sale, no se puede detener

"Dios"

Una última y leve embestida del jefe.

"Diiiiiiiiiiiiioooooooooooooooooooooooooooooooooosssssssssssssssssssaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.....Ahaaahhaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaa".

La tribu entera grita, exclama, vitorea, salta.


En la oscuridad de la noche ya sin antorchas... hay una nueva reina.




La pequeña barca que aparece por el horizonte lleva a bordo su capitán, tres tripulantes, dos policías y dos médicos.
En su idioma un hombre vestido con unos vaqueros rotos y una camisa floreada, habla con un anciano solo ataviado con un taparrabos.
Se despiden con un amable gesto y una sonrisa.

Tino siente la brisa en la cara, pro primera vez en dos días lleva una camiseta y un bañador, no son suyos, pero los agradece. Uno de los médicos le pregunta en inglés si está bien. Tino asiente sonriendo.
El otro médico habla con la chica en un inglés más que pobre. Ella no responde.

No sabe inglés, ni siquiera castellano. Tiene catorce años y el bikini que lleva le queda demasiado grande... y le es incómodo, no está acostumbrada a llevar ropa.

La isla III

Tino se despertó sobresaltado, casi dando un bote, no tenía muy claro si lo que había pasado había sido un sueño o si era realidad. Cuando se le aclaró la vista y vio donde estaba se percató de que de sueño nada de nada. Sentado al borde de la cama su mente comenzó a despertarse también y en pocos segundos esta se percató de que estaba extrañando a alguien. Ese alguien era Sara, su recién estrenada esposa.

Tino también se percató de que estaba desnudo, completamente en cueros; se levantó despacio mirando a la cama donde dormían las dos jovencitas y el hombre enorme, intentando ni respirar, empezó a buscar su bañador, pero a los pocos minutos lo dio por perdido. Se encaminó hacia la entrada de la choza y asomó la cabeza. Debía de ser muy temprano ya que la plaza central estaba desierta y no se oía ni un alma. El silencio era roto por el canto de pájaros y el sonido acariciando las hojas de las palmeras.

Salió despacio, como queriendo ser invisible a los ojos de nadie, caminando ridículamente comenzó a escuchar en las puertas de las casas colindantes. Estas no eran más que cortezas de árboles con lo cual cuando se desesperó por no escuchar nada, se atrevió a mirar dentro, cual 007, se había convertido en un espía de lo más efectivo. Las familias dormían en sus camas, familias numerosas, de dos, ancianos, jóvenes, la tribu tenía la demografía más típica del mundo, aunque estuviera lejos de el. Sus manos dejaron de tapar ridículamente su entrepierna cuando se percató de que todos en las chozas estaban desnudos. Quizás si el no lo fuera, sí llamaría la atención. Se relajó un poco más, la soledad y el silencio le acompañaban y esto hizo que ahora caminara con total normalidad y no como un simio.

En la décima casa que miró vio a dos chicas despiertas y hablando entre si que, por culpa de su sombra, le descubrieron al segundo. Una de ellas se levantó y hablándole en ese idioma extraño le invitó a pasar. Él comenzó a recular, pero la mano de la chica se adelantó y el miedo a que su voz despertara a más habitantes hizo a Tino ceder y en un santiamén se encontró dentro de la choza. Esta era pequeña comparada con la del jefe, un reducido espacio central, una cama a la derecha y dos taburetes bajos a la derecha. La chica le sentó en uno de los tabuteres, las rodillas de Tino le llegaban casi hasta su mandíbula. Este se sentía muy ridículo con todo su "paquete" colgando al aire.

Las dos chicas sentadas delante de el, empiezan a hablar entre si, bajito, casi susurrando. Tino se fija en ellas por primera vez detalladamente. Son hermanas, son casi idénticas, muy morenas de piel, pelo negro brillante y bastante largo. La mayor debe de rondar los 18, sus tetas son bonitas, firmes, grandes y con el pezón negro; la otra, Tino no le pone más de 15, es casi lampiña, tiene los pechos pequeños pero ya formados, delgada, en pleno crecimiento, en el coño tiene ese vello adolescente que la delata como "demasiado" joven. Las observa y justo cuando ellas dejan de hablar entre si, también comienzan a explorarlo con la vista.

En un esfuerzo por conseguir encontrar a su esposa Tino se anima y trata de hacerles entender si la han visto. Se pone de pie y trata de explicar mediante gestos y palabras sueltas si han visto a su chica. Se señala los ojos, acaricia su piel para hacerles ver que es de ese color... las chicas se ríen sin entender nada... o eso parece. La joven se adelanta y se arrodilla delante de Tino.

Le comienza a hablar como si Tino entendiera lo que le dice, este niega con la cabeza ya con un gesto mezcla de desesperación y nerviosismo. La niña sonriente se apoya en las rodillas del chico cuando ve que este hunde la cabeza en sus manos. Justo cuando nuestro amigo va a levantarse la chiquilla hace fuerza y se lo impide. Tino, sorprendido, vuelve a sentarse en el taburete. La hermana mayor se levanta y se encamina hacia el. Ambas sonríen pícaramente cuando le abren las piernas y ven su depilada entrepierna.

Tino trata de cerrar las rodillas, pero cuatro manos tirando de ellas son más fuertes. Quiere levantarse pero ellas empiezan a reír más alto y a decirle no-sé-qué. Tino escucha ruidos fuera de la cabaña y teme que entre alguien, que lo vea con las dos jóvenes y que piense cosas que no son. La mentalidad de occidente se impone. Tino se sienta y las chicas vuelven a abrir sus piernas mientras siguen sonriendo señalando su depilada verga.

La mayor acerca su mano y le da un suave golpecito con su dedo. Tino responde con un respingo hacia atrás, las chica se ríen a carcajada limpia. Tino vuelve a temer que entre alguien y que lo descubra siendo tocado por una menor y su hermana. Ahora la pequeña acerca su mano, mordiéndose el labio, impaciente y toca los genitales del chico... que ya no da respingo alguno.

Las chicas vuelve a reír. Ahora las dos acercan sus manos, y en un segundo Tino tiene en su entrepierna cuatro manos tocándola suavemente. La polla del chico comienza a aumentar de tamaño, él realmente no quiere y trata de zafarse, pero ellas siguen tocando, palpando, incluso estirando su picha y huevos. Su falta de vello les llama poderosamente su atención. La polla de Tino ya esta más que grande y las chicas se percatan de ello.

Como hemos observado en la tribu no son muy dados a dejar escapar oportunidades sexuales y sucede lo que tiene que suceder... pero no de quien esperamos.

La niña adolescente agarra la polla de Tino con fuerza y separando las manos de su hermana se lanza a un ataque frontal y bastante húmedo. En un abrir y cerrar de ojos, Tino se encuentra con la cara de la niña pegada a su entrepierna y con la polla dentro de su pequeña boca. Al contrario de los toquetéos previos, la boca de la joven no es nada suave, mama y mama sin pensarlo, como si tuviera mucha hambre y sed. Su pequeñas manos apoyadas en las piernas de Tino hacen de sujeción para sus impulsos mamarios. Tino levanta la vista para ver donde está su hermana mayor y la ve ya sentada en la cama, con las piernas abiertas y masturbándose lentamente viendo la escena.... y con un "no sabes donde te has metido" dibujado en su sonrisa.

La pequeña no para, Tino siente que se le va la vida por la polla y que esta acaba en la boca de su pequeña amante salvaje. Esta de vez en cuando abre los ojos y lo mira, sonríe con una mueca graciosa debido a lo que tiene en la boca, y lo que tiene en la boca ya es bastante grande, caliente y húmedo.



Tino se relaja un poco más, cierra los ojos y siente todo el placer que le da la joven chupona. Podemos asegurar que no era la primera vez que esa jovencita chupa la entrepierna de un hombre.

De repente la joven para y de un salto se incorpora, toma a Tino por la mano y lo lleva casi a rastras a la cama. La hermana se echa a un lado y la pequeña obliga a Tino a tumbarse boca arriba. El mástil de nuestro amigo está mas que enorme. La niña vuelve a llevárselo a la boca y escalando ágilmente logra colocarse encima de el, con su polla en la boca y con el coño colocado estratégicamente en la cara de Tino.
Este trata de escapar de esa entrepierna lampiña y caliente. Pero los movimientos de gata le impiden huir. Mientras ella se contonea con la polla en la boca, abre las piernas, mucho, mueve sus caderas y al final logra lo que desea: Tino abre su boca y comienza a comer del joven y dulce coño de su ninfa.

Ahora el 69 es oficial, la niña chupa más, no para casi ni para respirar; su lengua y boca están acabando con todas las preocupaciones de Tino; su coño es dulce y nuestro hombre lo come, lame y chupa. Tino le separa las nalgas del culo para jugar con toda su entrepierna. La niña sigue retorciéndose como una gata en celo.
Su hermana se sigue masturbando sin perder detalle de lo que pasa a escasos centímetros de ella. Los gemidos se vuelven sordos con las dos bocas llenas de sexo.
La chiquilla comienza a mover más violentamente sus caderas, de un lado a otro, casi haciendo un ocho en el aire. Se estaba corriendo y Tino trataba por todos los medios de que su corrida no se le escapara.... dulce, sabrosa, caliente. Tino agarró con fuerza las nalgas de su amante y, metiendo la lengua hasta dentro, tragó todo el placer que le soltó la chiquilla, que gritaba con la polla de Tino aún dentro de su boca.

Y como había pasado anteriormente la niña paró súbitamente y de otro salto se coloca entre sus piernas, con el mástil muy húmedo y duro. Tino ha olvidado la moral occidental y el orgasmo de la niña le ha puesto cardiaco.
La chica se acerca a el a gatas, Tino piensa que se la va a volver a meter en la boca, pero no. Para su sorpresa la chica abre sus piernas encima de las de el y con la ayuda de su hermana, que toma el pene de Tino con la mano, se lo inserta en su joven y caliente coño, de un solo golpe. La furia y sensualidad de la niña se hace patente una vez más; con Tino echado sobre la dura cama, con sus manos abiertas, sin saber que hacer, la chica le cabalga cual amazona salvaje, sube sus brazos, casi le hace daño al golpear sus glúteos con las piernas de Tino. Sus pequeñas tetas saltan ligeramente en cada embestida. Araña al hombre en el pecho, se mueve como una tigresa, hace círculos con su cuerpo, busca cada rincón de su coño con la polla de Tino. Este solo puede cerrar los ojos y disfrutar de uno de los mejores polvos que ha echado en su vida.

"No es virgen.... No es virgen..." se repite Tino a si mismo intentando auto exculparse.

No puede más, no puede más y se va a correr..... Y de nuevo el mismo movimiento. La pequeña gata salta de golpe y se baja de la cama. Su hermana lo está esperando de rodillas, justo delante de el. La imagen le recuerda a la que vio la noche anterior en la caseta del jefe: dos chicas de rodillas, esperando a que el se corra para beber su leche caliente.

Y así sucede.

Tino se sienta en el borde de la cama y las chicas comienzan a pajearlo mientras lamen y chupan su polla. De una se la pasan a la otra, agarrada por una mano de cada chica, lo pajean con verdadera devoción, mirando el glande y sin perder de vista los depilados huevos, que tocan y besan siempre que pueden. Cada lametazo es un segundo menos en la cuenta atrás del despegue. A los pocos lametazos consiguen que Tino expulse todo su placer, blanco, caliente y dulce.
Los pechos de las chicas se comienzan a teñir de blanco, así como algunas partes de sus caras, la mayor rápidamente se adelanta a la joven y se mete de golpe la polla de Tino en la boca, sorbiendo las últimas gotas de semen. La joven, esta vez segunda, se lanza a lamer la leche de los pechos de su hermana. Cuando la mayor acaba con la picha del chico, mira a su hermanita y levantando su cabeza, comienza a lamer sus mejillas, bañadas en leche de Tino, para a continuación bajar hasta sus pequeños pechos y lamer la leche en ellos depositada.

A Tino le vuelven las preocupaciones tan rápido como su polla baja de tamaño, ha sido "casi forzado" a tener sexo con una menor, muy menor, no encuentra a su mujer y cada vez se escucha más ruido de vida en el poblado.

La isla II

La luz de un nuevo día entró en la cabaña. Sara y Tino pudieron ver que era más grande de lo que habían visto la noche anterior.

En la cama de enfrente, el hombretón dormía plácidamente con las dos crías a su lado. Sara, dolorida por la dureza de la cama, trataba de levantarse lo más sigilosamente posible. Cuando logró ponerse de píe, notó dos ojos clavarse en ella. Una de las chicas la miraba desde el borde de la cama de enfrente. Con un salto de gata se incorporó y se acercó, absolutamente desnuda, a Sara. Nuestra amiga solo llevaba su pequeño bikini. susurrando ese dialecto que Sara no entendía, la chica comenzó a tratar de quitarle la pequeña prenda a Sara. Supongo que por el miedo a despertar a más gente, Sara trataba débilmente de impedir que la chica la dejara desnuda.

Pero no lo consiguió.

A los pocos segundos Sara estaba desnuda, muy desnuda. La chiquilla la tomó de la mano y la sacó de la choza. El sol deslumbró por unos segundos a Sara, que cuando se acostumbró a la claridad, pudo ver la aldea en todo su esplendor. En el centro un gran descampado con un pequeño altar. Alrededor de la "plaza" todo eran chozas, unas más grandes, otras más pequeñas, pero todas compartían forma redonda y materiales rústicos.

Aún de la mano, las dos chicas, atravesaron el centro de la plaza y tomaron un estrecho camino rodeado de arbustos. Al cabo de diez minutos de silenciosa caminata, llegaron a un pequeño lago. Por primera vez en toda la caminata, la joven soltó la mano de Sara y entró en el agua. Por sus gestos Sara supo que estaba bastante fría.
Llamándola con ambas manos, Sara comenzó a entrar en la fría laguna.

La jovencita comenzó a lavarse su entrepierna, sus axilas, su negro cabello. Sara, muy tímidamente, empezó a hacer lo propio con su cuerpo.

Sara se fijó en el coño de la chica, sin depilar, con bastante vello y como si la telepatía hubiera aparecido en medio del lugar, la chica se fijó en la entrepierna totalmente depilada de Sara. Pero así como Sara solamente observó, la nativa se acercó a Sara.

Sara retrocedió lo que pudo, hasta que una gran roca la obligó a sentarse sobre ella. La joven se acercó y con un brusco movimiento le abrió las piernas, dejando su coño al aire y acariciado por las frías aguas del lago. La chica se puso en cuclillas y con sus pequeños dedos comenzó a explorar los labios vaginales de Sara. Esta solo pudo susurrar un "noooo, por favor". Llena de miedo se mordió el labio inferior y con la mano derecha temblorosa tratando de apartar los brazos de la joven.

Los dedos abrieron el coño de Sara y dejaron a la vista su rosado clítoris, que inmediatamente fue acariciado por la mano libre de la chiquilla.

- Por favor, por favor, por favor, por favor... para, para - Suplicaba Sara.

Pero la fuerza de la joven era superior al miedo de Sara.

Mirándola a los ojos, la chica comenzó a acariciar el rosado y pequeño apéndice de Sara. Sara comenzó a sentir calor, a olvidar la fría agua del lago y a morderse el labio inferior. Los jóvenes pero expertos dedos de la chica comenzaron a explorar, su cara era una mezcla de excitación y curiosidad, nunca había visto un coño depilado. Tenía un dedo dentro de la vagina de Sara y con otro abría los labios exteriores sin perder detalle alguno.

"Esto esta yendo demasiado lejos" pensó nuestra amiga y reuniendo fuerzas de donde solo había lujuria, empujó a la joven salvaje y la hizo caer de culo contra el duro suelo de piedras. Cuando Sara se dio cuenta de que la joven se había hecho daño de verdad, reunió fuerzas y, desnuda completamente, comenzó a correr por el camino angosto, hacia el poblado.
Cuando llegó, la vida ya se había abierto camino en la gran plaza central. Algunos ojos la miraban extrañados, la mayoría, sin embargo, apenas se percataron de su presencia. Su desnudez no llamó la atención, puesto que así iban muchas personas.
Una vez que paró de correr pensó lo que no había pensado hasta ahora "Y ahora qué?".

Cuando volvió la vista reconoció a la joven que aparecía por el camino que llevaba a la laguna. Parecía dolorida y enfadada. Sara no sabía donde meterse o que hacer, así que hizo lo que haríamos todos, se quedó quieta. La chica ni se paró, pasó a su lado, la agarró de la mano y se la llevó de nuevo a la choza donde habían pasado la noche.
Dentro estaban el hombre enorme, la anciana que los había encontrado en la playa, dos jóvenes y la otra chica.

La dejó en el centro de la choza y comenzó a hablar en su dialecto, se le notaba airada, enfadada, hacía gestos explicando que había pasado en el agua.
La vieja le dijo algo y la chica se volvió hacia Sara y obligándola a abrir ligeramente las piernas señaló su coño.
Todos en la choza abrieron los ojos y pusieron cara de curiosidad e incredulidad. El jefe le dijo algo a los dos jóvenes chicos qué, inmediatamente tomaron a Sara por las manos y la obligaron a tumbarse boca arriba en la dura cama del jefe.

"Tino, por favor, donde estás, por favor" sollozaba Sara.

El enorme jefe, las dos chicas, y la vieja se acercaron mientras los dos jóvenes le sujetaban abiertas las piernas. Sara trataba por todos los medios de zafarse, pero no lo conseguía. Cuando el jefe se acercó a su entrepierna, Sara logró soltar una de sus piernas y golpeó con su pie la enorme cara del jefe. El tiempo se detuvo durante medio segundo en la choza, justo para volver a la normalidad cuando el jefe le dio un bofetón a Sara. De la fuerza esta acabó de nuevo acostada en la cama, sollozando y con la mejilla caliente y roja.

Manos y más manos tocaban sus muslos, todo era curiosidad, el jefe abría los labios vaginales de Sara, las jóvenes tocaban su clítoris. Etnre tanto lío, el jefe dio una orden y todos se apartaron. Las piernas de Sara ya estaban libres, pero ella las mantenía abiertas. El hombretón comenzó a explorar su coño, sus dedos eran curiosos pero inexpertos, toscos pero grandes y gruesos. Con una mano le abría el coño, con la otra tocaba el clítoris, jugaba con el, introducía un dedo dentro de Sara. Cuando lo sacó lo miró con curiosidad y con una sonrisa en la boca. Llamó a uno de los jóvenes y se lo dio a probar. El joven se lo llevó a la boca y degusto el sabor de Sara. Con un gesto de aprobación dijo unas palabras. El jefe volvió a mojar su dedo dentro de Sara y el otro joven se acercó para probarlo. Las chicas se acercaron con cara de curiosidad. El hombre esta vez metió dos dedos en vez de uno, haciendo que a Sara le diera un respingo el cuerpo. Las chicas chuparon el índice y el corazón del jefe, y con gestos de aprobación se acercaron a la entrepierna de Sara.

La situación se volvió completamente descontrolada, excepto la vieja, ahora todo el mundo estaba desayunando del coño de Sara... que se dejaba hacer. Con bastante cuidado, los jovenes metían sus dedos y los sacaban mojados, se relamían de gusto con los jugos de Sara. Las chicas eran menos cuidadosas, pero curiosamente cada vez sacaban los dedos más húmedos. El jefe metía su gran dedo índice y lo relamía con pasión.
Uno de los chicos dijo algo, las demás personas en la sala comenzaron a reír para, acto seguido, abrir un poco más las piernas de Sara.
El primero en meter su lengua en el coño de Sara fue el joven que tuvo la idea, sin ningún miramiento, bebía literálmente de Sara, a los pocos segundos ocupó su posición el jefe, que lamia y chupaba sin piedad alguna. El segundo chico metía un dedo y lo sacaba para seguir bebiendo, pero entre mete y saca, su cabeza se apoyaba en los muslos de nuestra amiga. Cuando fue el turno de las chicas Sara ya estaba más excitada que asustada. Ambas fueron las más placenteras y expertas. La primera le abrió el coño y metió su lengua hasta el fondo, sacando un gemido a Sara, bebió de ella hasta que se sació. La segunda, su amiga del lago, como venganza por el empujón, no metió su lengua dentro, comenzó a chupar el clítoris de Sara, mucho y rápido; hasta que esta, por fin, se corrió.



Sara trató de contenerse como pudo; se mordió el labio inferior, cerró fuerte los ojos, no gritó. Pero su espalda encorvada la delató.
Cuando la dejaron, Sara, avergonzada, permaneció tumbada boca arriba, con los ojos cerrados, intentando olvidar lo que había pasado y pensando cómo decírselo a su marido.

Pasados cinco minutos de total meditación Sara abrió los ojos y se incorporó. La vieja se había ido, los demás no...

El jefe estaba sentado en su "trono", las jovencitas estaban a cuatro patas delante de el, comiendo y lamiendo su gigantesca polla, mientras los dos jóvenes estaban detrás de ellas follándolas lentamente. Todo era lento, sin prisas. Las chicas se agarraban al mástil del hombretón y se la turnaban para darle lametones, masturbarlo, morderle el glande. Los chicos las miraban por encima de sus espaldas, mientras las penetraban despacio, casi no era un acto sexual, casi era una reunión social con alguna penetración de por medio.

El gran jefe, comenzó de nuevo a retorcerse en su silla y a gemir, las chicas a cuatro manos, comenzaron a masturbar la gran polla y en pocos segundos consiguieron otro geiser de esperma. Los jóvenes seguían follándolas detrás, pero al ver la escena de las niñas lamiendo el semen de su jefe, aceleraron la marcha y en pocos segundos también se corrieron dentro de las chicas. Pasados algunos minutos de limpieza y aseo, los dos jóvenes salieron de la choza, el jefe se quedó dormido en su silla y las chicas se acercaron a la cama donde Sara estaba, aún alucinada, sentada y desnuda.
Nuestra amiga se percató de que estaba en la cama donde dormían las jóvenes con el jefe e inmediatamente recordó que la última vez que había visto salir semen de la polla de hombre las chicas se tumbaron para masturbarse.
Y así ocurrió de nuevo.
Las chicas se tumbaron a la espalda de Sara y esta comenzó a notar como la dura cama se movía ligeramente al compás de las manos en las entrepiernas de las jóvenes. Sara no sabía que hacer, se quedó quieta y muda hasta que pequeños y leves gemidos comenzaron a salir de las boquitas de las chicas. Se estaban corriendo.

"Tino, Tino, por favor, donde estas" pensaba Sara con su mano en la entrepierna, mientras veía como, de nuevo, las chicas se iban a su cama y en ella se relajaban hasta dormirse

Sara no tardó en volver a salir de la choza.

La isla I

Sara y Tino, Tino y Sara.

La boda había sido perfecta, sus más y sus menos en los preparativos, pero perfecta, pequeña, familiar, divertida y romántica.

No era normal en estos días que dos jóvenes se casaran tan "jóvenes" pero Sara y Tino tenían una posición social más que buena. Ambos pertenecían al funcionariado de clase alta. En su casa entraban todos los meses más de 6000 Euros; eso daba para casarse a los 27 años de sobra.

Se habían conocido en el trabajo, ambos inspectores de hacienda, primera promoción y a vivir.

Sara era alta, cerca del 1.75 delgada, buen cuerpo, tetas pequeñas, culo muy bonito, ningún kilo de más, morena de piel, pelo liso y castaño por la nuca. Tino era de su mismo estatura, moreno, pelo rizado, sin kilos de más pero sin músculos que lucir.

En la boda ella había llevado un vestido palabra de honor, precioso, cola de casi 3 metros. Tino un traje de casi 6000 Euros pagado por su abuela.

Entre regalos y sobres los minutos fueron pasando, copas, puros y risas. Tino se había metido un par de rayas de coca. No os engañéis, no es ningún cocainómano millonario. Simplemente en su juventud lo había probado y ahora dos veces al año se juntaba con sus amigos y se colocaba ligeramente. Sara lo sabía, no le importaba, ambos lo tenían controlado.

EL regalo final fue el de la madre de Tino, señora viuda y muy bien llevado, gracias. Un crucero por Micronesia. Suena extraño "Micronesia? Crucero?" Sí, pero la gente de dinero se gusta de regalar cosas así. El asunto se basaba en un barco enorme, a todo lujo y parando cada día en una isla diferente, paradisiaca, semi deshabitada y exclusiva. Todo incluido: desayuno, comida, cena, bebidas, barbacoas, cursillos, excursiones.... Lujo, amigos, mucho lujo.

Llegó el día del viaje. Dos horas hasta Zurich, y muchas, muchísimas más hasta el destino.

Hacemos una pausa para explicar por que Tino y Sara son los jóvenes idóneos para que les ocurra lo que les va a ocurrir.

Ambos son muy abiertos en el tema sexual. Al principio de su noviazgo decidieron que no tenían por que ser sexualmente fieles y estuvieron tres meses acostándose con gente diferente, todo esto terminó cuando Tino se acostó con una buena amiga de Sara, esta se la devolvió acostándose con el hermano de Tino. Decidieron normalizar su relación y la jugada les salió bien.
Pero ellos querían un poco más. Como habréis sospechado su vida sexual era más que plena, pero dieron un paso más: en su 5º aniversario de novios, se pagaron una prostituta de lujo (Laura) que participó con ellos en su primer y hasta la fecha, último trío.
Sara se dejó llevar, bebió de la otra chica, se dejó hacer sexo oral con ella, las dos se la chuparon a su chico, dejó que Tino (en esa ocasión) se colocara hasta las cejas. El se la metió a su esposa, a Laura, a su esposa, a Laura, hasta que se cansó y se corrió mientras ellas se "peleaban" por su polla.

Los días siguientes, como en todo trío que se precie, fueron bastante tensos, sin hablar demasiado en general y absolutamente nada sobre la orgía en cuestión.

Volvamos al presente.

El barco era increíble, salieron de Papeete, el crucero consistía en navegar por la noche y atracar por el día: Puka Puka, Tuamotu, atolones y pequeñas islas llenas de lujo, playas de arena blanca y sol.

Ya morenos desde el segundo día, el calor, las bebidas, el sol, las excursiones, amistades, espectáculos nocturnos en la gran sala central del barco... todo era perfecto.


Hasta que llegó el sexto día.

Sara y Tino llegaron con los demás turistas, como casi todos los días, en un bote fletado desde el barco a la isla en cuestión, en esas islas no hay suficiente calado y los grandes barcos no pueden acercarse más. El bufete ya estaba preparado en la orilla. Baños, hamburguesas, cocina regional, bebida, descanso...
La isla era relativamente grande, quizás la más grande de las que habían visto hasta ahora. Tenía una montaña en su centro que la hacía muy espectacular. Sara le dijo a Tino que si iban a explorar un poco el terreno. El guiño de ojo, junto con una pícara sonrisa hicieron ver a Tino que su recién estrenada mujer quería algo más que una caminata. Hacía dos días habían hecho el amor en el mar, en una cala escondida de las miradas de los demás turistas.
De la mano y vestidos solamente con sus bañador y bikini respectivamente, Tino y Sara comenzaron a alejarse de la playa donde estaban los demás

- No tenemos reloj y nos dijeron que a las 19.00 teníamos que estar en el embarcadero - Dijo Tino

- No te preocupes, no tardamos nada - Dijo Sara mientras tiraba de su brazo.

Llegaron a la otra parte de la playa de donde habían salido, estaba desierta. Solo una pequeña barca de madera rota y erosionada por el mar y el viento. "Algún pescador local, que ahora vende collares" pensó Sara.

Se metieron en el agua hasta las rodillas, en ese lado de la isla soplaba algo más de viento, pero casi se agradecía. Sara mirando a Tino a los ojos, se despojó de su mini bikini, parte de arriba y parte de abajo, despacio. Tino hizo lo mismo. Desnudos los dos se fundieron en un apasionado beso. Sara notaba como la polla de su marido comenzaba a crecer. Bajó sus manos hasta que se la agarró y tiro despacio de ella y lo sacó de nuevo a la orilla. Sara sin pensárselo se colocó a cuatro patas, dejando su depilado coño a la vista de su hombre. Tino tampoco pensó mucho y se lanzó a comer el coño de su mujer. Ella a cuatro patas, el como un perro, a cuatro patas también, pasando su lengua por coño y ano.

En pocos segundos cambiaron de posición, Tino se sentó sobre la arena y con la polla apuntando a su mujer, la llamó con un gesto de manos. Esta, obediente, se acercó y así desnudos los dos, ella comenzó a hacerle una gran mamada a cuatro patas.



La polla de el chico estaba demasiado tiesa para permanecer más tiempo al aire. Tino se incorporó y separando las nalgas de su mujer, se la insertó de un solo golpe. Sara gritó y su alarido se escuchó con claridad en toda la playa.
Y así follaron, durante casi diez minutos Tino se la metió por su húmedo y salado coño hasta que le sacó un primer orgasmo. Las olas bañaban sus piernas y manos. Ahora Tino se tumbó boca arriba y Sara se colocó en cuclillas sobre el. Comenzó a botar mientras las manos de su chico la ayudaban levantándola por el culo.

Tino se corrió dentro de ella entre bufidos y gritos de placer.

Tino y Sara tuvieron un primer fallo: no llevar reloj. Pero tuvieron un segundo mucho más grave: Dormirse.

Cuando Sara abrió los ojos su reacción fue inmediata, el terror se apoderó de ella. El cielo tenía ese color de crepúsculo, entre rojizo y oscuro

- Tino, Tino, joder, Tino despierta, que nos hemos dormido - Dijo mientras movía con violencia a su esposo.

Tino tardó pocos segundos en sentir el pánico que ya tenía encima su mujer.

- Vale, vale, tranquila, es seguro que nos están buscando, tienen un recuento de pasajeros y saben que estamos aquí fuera - Trato de engañarse a si mismo Tino y por si colaba, a su esposa.

Los dos se pusieron de píe, nerviosos, muy nerviosos.

- Aún hay algo de luz, deberíamos irnos a la otra playa a ver si están allí esperándonos - Dijo Sara

De la mano y con cuidado, los dos se pusieron en marcha. Cada minuto que pasaba la visión se volvía más oscura.
A los treinta y cinco minutos de buscar desesperadamente el embarcadero se detuvieron y sin decir palabra llegaron a la conclusión de que ambos estaban en un grave problema.

Sin hablarse aún caminaron hasta encontrar una playa, ya no se veía prácticamente nada, solamente la luna creciente y las estrellas ayudaban un poco.

Tino se subió a una palmera medio caída y trató de divisar algo.

- Tino, Tino, baja..... - Dijo Sara en voz baja.

Cuando tino estaba ya en la arena su mujer le susurró al oído: "acabo de ver tres sombras detrás de aquel árbol"

Tino, nervioso y asustado se acercó donde le había señalado su mujer.

"Hola?!?!?!?... Hello?!?!?!?!" gritó

Nada ni nadie le respondía.

- ¿Estás segura? - Le preguntó Tino.

los ojos de Sara se abrieron como platos justo cuando iba a responderle a Tino.

Tres sombras salieron de entre las palmeras a la espalda de Tino. Se quedaron a escasos metros de la asustada pareja.
Mirándolos con cara de curiosidad, torciendo la cabeza para verlos mejor entre la oscuridad, las tres sombras comenzaron a hablar en un idioma extraño, casi gutural.

Sara y Tino no podían articular palabra, de la mano y muy asustados se quedaron sobre la arena, sin poder reaccionar a nada de lo que les estaba ocurriendo.

Las tres sombras se acercaron a ellos y por fin pudieron ver sus rostros. Eran dos hombres y una mujer. Casi ancianos los tres.
Cuando se detuvieron estaban a un metro de la pareja. Cuando los ojos se acostumbraron a la oscuridad, Tino y Sara pudieron ver que los tres solamente llevaban un taparrabos escaso. La mujer tenía los pechos muy caídos y los hombres eran altos, uno delgado el otro más robusto.

Cuando las manos de los tres comenzaron a acercarse al cuerpo de Sara, esta se agarró más fuerte a la mano de su marido. Este le susurró que estuviera tranquila.

La mano de la mujer le tocó el pelo, la mano del delgado le tocaba los hombros y la del otro anciano la barriga. Cuando acabaron de explorar el cuerpo de la chica, pasaron al de su esposo. A este el hombre gordo le toco el bañador encontrándose con la polla de Tino, la anciana le palpaba la cara y el otro la barriga.

Sara comenzó a llorar, desconsoladamente.

- Por favor, por favor, no nos hagan daño, por favor, nos hemos perdido, por favor. ¿Me entienden? - Suplicó mirando a los tres individuos.

Volvieron a hablar en su idioma y tomándolos de la mano, se los llevaron.

En solo diez minutos los cinco estaban en un bote, estrecho pero firme sobre el mar. Sara no paraba de gimotear y Tino la agarraba y consolaba como podía.

- No te preocupes, tranquila, seguro que nos llevan a una isla con teléfono o algo así y mañana estamos en el barco o en un hotel, ya verás - Le decía Tino.

Los dos se creyeron ese consuelo en forma de palabras. Pero la realidad iba a ser otra.

Después de casi treinta minutos remando, llegaron a un pequeño embarcadero. La noche seguía siendo cerrada, pero esta vez a lo lejos se veían luces.

- Te lo dije, ¿ves? - Le dijo Tino mientras besaba la cabeza de su mujer, que aún temblaba.

Cuando llegaron por un pasillo natural a las "luces" estas no eran más que antorchas. En el centro había una gran hoguera y difuminadas por las sombras se adivinaban decenas de casetas hechas con madera y ramas de palmeras.

La pareja se asustó, mucho, más que antes.

Aún tirados de las manos por los dos hombres, llegaron ante una caseta, grande, iluminada por las llamas de una antorcha cercana.

Debido a su resistencia y su miedo los hicieron pasar a empujones.

En la choza estaba sentado un hombre, más bien un elefante. Oscuro de piel, gordo, muy gordo, enorme, de cerca de dos metros. Estaba sentado en una especie de trono de paja. Era lo más parecido a un luchador de sumo que Tino había visto en su vida.
A su lado había dos mujeres, mas bien niñas. Sara no les echaba más de quince años a cada una. Ambas estaban apoyadas sobre las enormes rodillas del mastodóntico hombre.

Toda la cabaña crujió cuando el ser se levantó y con una agilidad impropia de alguien de su peso se acercó a la pareja.

Por la entonación la pareja supo que les estaba preguntando algo, pero su idioma era incompresible. Sara y Tino negaban con la cabeza. Sara cabizbaja no se atrevía a mirar los enormes ojos negros del hombre, su rostro tatuado impresionaba. Se fijó en los pies, en las rodillas y el el taparrabos que en otra circunstancia podría haber sido perfectamente una tienda de campaña.

El hombre al ver que Sara no lo miraba a la cara, la tomó con su enorme y rolliza mano y le levantó su cara hasta que ella le miró a los ojos.

- Tranquila Sara, tranquila - La trató de calmar Tino.

El gigantón se colocó delante de la chica y comenzó a mirarla curioso. Levantó su mano y le tocó el pelo, las mejillas, los hombros, le paso las manos por encima de sus pequeños pechos (Sara dio un respingo hacia atrás), la tomó con ambas manos de la cintura y la elevó sobre el suelo con suma facilidad.
Sara dio un gritito y el hombre, dirigiéndose a las jóvenes que estaban de rodillas en el suelo, exclamó algo que las hizo estallar en una sonora carcajada. Ambas se levantaron justo cuando el hombre volvía a bajar a Sara.

Las chica se acercaron a Tino, les llamó la atención su piel casi blanca comparada con su color ceniza. Una de ellas se percató de su bañador y comenzó a tocarlo con curiosidad, la otra joven también bajó y las cuatro pequeñas manos comenzaron a acariciar la tela. Inconscientemente cada vez que Tino sentía las manos de las chicas tocar su polla, este daba un respingo para atrás.

Mientras, el hombre se había llevado a Sara a su trono, se había sentado de nuevo y la seguía examinando cuidadosamente, apretando casi en cada poro de su cuerpo. Dando la espalda a su marido el hombretón le tocaba la espalda, piernas, ombligo, pechos, pelvis, nalgas. Sara estaba muy asustada, pero su nerviosismo se había relajado debido a los inocentes toqueteos sin aparente peligro del gigantón

A su espalda, una de las chicas intentaba quitarle el bañador torpemente a su marido. La otra mientras tanto le acariciaba el pelo y la espalda.

La situación no dejaba de ser extraña y placentra.

Cuando El bañador salió de sus tobillos Tino, desnudo, se tapó su entrepierna con ambas manos. La chica que estaba su espalda comenzó a acariciarle el culo, mientras la otra olía y jugaba con el bañador, tratando de ponérselo.
El gigantón se reía viendo a sus niñas jugar con el extraño. Sin tiempo a reaccionar, sentó a Sara sobre una de sus rodillas y atrapándola con una mano por la cintura, comenzó con la otra a acariciar sus pequeños pechos por encima del bikini. Todo esto sin perder de vista a las dos chiquillas y a Tino.

Sara no sabía que hacer, trataba de separar la enorme mano del hombre y no daba crédito a lo que veía. Ahora una de las jóvenes, se había puesto delante de el y trataba de separar las manos de su marido para ver su polla. Cuando lo consiguió tomó la polla de Tino y comenzó a hablar con la otra chica, esta, ya con el bañador puesto encima de su diminuto taparrabos, se acercó.
Ambas comenzaron a toquetear y a estirar la flácida polla de Tino, mientras este trataba de volver a crubrise.

Cuando el enorme hombre se percató de que las dos jóvenes se estaban divirtiendo con la entrepierna del extraño, de un empujón tiró a Sara de su rodilla y con dos palabras extrañas (que debían de ser sus nombres) hizo que las dos jóvenes se acercaran a el.

Sin mediar palabra, se levantó, se desanudó el taparrabos y dejó al aire algo descomunal. Entre sus piernas se abría paso una polla de un tamaño megalodónico. Ambas chicas se pusieron de rodillas delante del aparato y sin pensárselo comenzaron a chuparlo.

Una de ellas lo aguantaba con ambas manos, mientras que la otra comenzaba a darle lametazos. Sus caras eran de puro vicio. Intercambiándose los papeles cada poco tiempo aquella polla comenzó a engordar, curiosamente no creció mucho más ya que hubieran tenido que desalojar la choza, pero aún así era un polla tremenda.

Sara y Tino apenas podían mirar, muertos de vergüenza, Sara con un pecho fuera del bikini y Tino desnudo completamente, no sabían donde mirar.

Las dos chicas, ya con la polla bien firme comenzaron a lamer y chupar a la vez. A los pocos minutos el hombre comenzó a bufar como un toro salvaje y de su polla salió un chorro de esperma que, como un geiser, subió para regocijo de las dos jóvenes chupadoras. Ambas, una vez calmado su hombre, comenzaron a lamer toda la leche caliente de piernas y barriga.

Sara no sabía donde meterse o donde mirar, pero en unos segundos descubrió que la polla de Tino estaba tiesa, dura y colorada. Tino no perdía detalle de las dos jóvenes.
Cuando acabaron de limpiar al hombre las dos chicas se levantaron y se recostaron juntas en una cama que había en un rincón oscuro de la habitación. Sin ningún pudor se desnudaron y comenzaron a masturbarse en silencio.

El hombre señaló otra cama, un poco más grande que había al otro lado de la habitación. La orden era clara: "A dormir". Sara y Tino obedecieron, era tarde e incluso con los nervios y el miedo a cuestas estaban cansados.

Tino seguía desnudo, Sara con su bikini. La cama era dura, pero al menos grande.

- ¿Estás bien? - Le preguntó Tino a su mujer

- Sí, solo me ha magreado un poco..... - Respondió Sara, tratando de tranquilizarlo.

- A mi también, no sé que hacer - Le confesó Tino

- Espero que mañana las cosas vayan mejor...... y a ti que te devuelvan el bañador -

Se durmieron pronto.



Continuará.