Negros

Me encanta viajar con amigas, amigas íntimas. Tienes confianza suficiente para hablar con ellas de lo que sea, son sensibles, te ayudan y no van a ningún lado solo pensando en follar... o eso creía yo.

Julia es una delicia, lista, amable, cariñosa y abierta, nos conocemos desde hace ya unos cuantos años y apenas hay secretos. Solo nos enrollamos una noche los dos colocados como monos, morreo, toqueteo y punto. No hablamos mucho del tema y quizás por eso seguimos manteniendo una más que aceptable amistad. Ella es de estatura media, morena, algo delgada para mi gusto, pero le queda lo suficiente para tener un bonito culo y extrañamente para su complexión, unas grandes y bonitas tetas.

Fui con Julia a Nueva York en febrero. Vuelo y estancia baratos para 7 días de visita en la Gran Manzana, mucho frío mucha compra, muchas risas y muchas fotos. La cuarta noche la pizza de rigor me sentó como un tiro cerca de Wall Street y le dije a mi amiga que me tomaba un taxi para ir al hotel (sí ese de enfrente del Madison) por que me encontraba algo mareado. Me miró con cara de "y me dejas aquí sola", pero me dijo que no habría problema, que iba a hacer alguna foto más y que se reuniría conmigo en la habitación.

A la mañana siguiente me levanté un poco mejor del estómago y dando algún ligero traspiés que otro, logré llegar al cuarto de baño. Abrí la puerta despacio, puesto que escuché el agua de la ducha caer y lógicamente si Julia no estaba en la cama, estaba en la ducha.
A punto de bajarme los pantalones oigo como desde detrás de la cortina suena un leve quejido, seguido de un suspiro y terminando con un "aaaammmhhh". Soy un hombre y lo primero que pienso es en que Julia se está masturbando... Y acierto, puesto que al mínimo ruido que hago, ella asoma la cabeza por la cortina y muy avergonzada, me pregunta:

- Me has oído? -
- Sí - Respondo - Pero tranquila, no se lo diré a tu madre -

Julia se ríe a carcajada limpia, toma la toalla del suelo y sale con ella alrededor de sus pechos y cubriéndole escasamente su culo. El cabello mojado la hace irresistiblemente hermosa.

- Ven, tengo que contarte algo - Me toma de la mano y me lleva hasta los pies de su cama.
Me siento y ella hace lo mismo en la única silla que hay en la habitación. Cruza las piernas de tal manera que la toalla ya no cubre casi nada, pero no deja ver su coño.

- Pasó algo ayer? - Le pregunto algo mosqueado.
- Ni te lo imaginas - Me responde con una sonrisa pícara.

Lo que a continuación escribo es, literálmente, lo que me contó Julia:

"A la media hora de marcharte ayer, me decidí a coger un taxi. No estaba muy cansada, así que le dije al taxista que me llevara hasta Roquefeller Centre. De camino comenzamos a hablar, era un chico negro como la noche, Senegalés para mas señas. Hacía 5 años que se vino a estudiar y que empezó a trabajar de taxista para costearse los estudios, pero al final los dejó y acabo solamente con el taxi. Me parecía majo, incluso atractivo, era alto y con una bonita sonrisa. Me dijo que si quería me llevaba hasta una tienda donde unos amigos suyos tenían un puesto de productos africanos a buen precio, cuadros, figuras, etc, etc. No tuve miedo puesto que me indicó en su mapa que estaba en una zona muy transitada.
Así era. Me cobró muy barata la carrera y yo supuse que se llevaría alguna comisión por ventas en la tienda de sus amigos.

Era un local pequeño, donde se entraba bajando unas escaleras. Estaba lleno de vestidos de colores chillones, de estatuas de dudoso material y de negros; altos, bajos, delgados, gordos. También había un par de turistas, también chicas, parecían alemanas o holandesas por su aspecto y habla.

Realmente me recordaba a una de esas tiendas de Marruecos o de Egipto. Con mi taxista haciéndome de interprete, trasteé hasta que di con un vestido precioso de una tela muy amorosa. El dueño de la tienda, un senegalés alto y muy guapo también, me dijo que me lo probara. Me llevó hasta "el probador" que no era más que una cortina de ducha entre una esquina. Allí, y bastante cortada, entré y me despojé únicamente de mis zapatos y pantalones. No tenía espejo, con lo cual salí del "probador" y (entre murmullos) me dirigieron al único espejo de la tienda. Allí me di cuenta de mi error y de el porque de su murmullo. El traje era claro, de una especie de lino y mi tanga negro no dejaba mucho a la imaginación. Miraba a sus caras y todas tenían esa risita idiota de "mírala que bonita está". Muy avergonzada me metí en el probador de nuevo y justo cuando me estaba quitando el vestido y salir corriendo de allí, el dueño de la tienda en su inglés más que escaso, me dijo algo así como:

- If you come out again and let us see you i can do it you a big discount -

Lo entendí a la primera. Me lo pensé, el vestido era muy muy apetecible y no soy de esas mojigatas.

Me subí de nuevo el vestido y salí del probador, como una reina de las pasarelas, con pasos largos y medio contoneando mi culito. Los negros comenzaron a aplaudir y a vitorearme en su lengua nativa, pues no le entendía nada de nada.

- If you walk again no shirt dress free - Me dijo mi amigo el taxista

Su proposición me dio miedo. No obstante echando un vistazo al percal, me di cuenta de que la calle estaba a unos pocos metros de mi, de que si gritaba me escucharían enseguida y de que en la tienda los cuatro negros que quedaban no parecían malos chicos, ninguno me miraba con cara de psicópata sexual.

Asomé mi cabeza por la cortina y les dije:

- Free, ok? -

A algún lumbreras se le ocurrió la brillante idea subir el volumen de la música que sonaba en la tienda. Los cuatro chicos asintieron como locos, aunque la verdadera loca era yo por estar siguiendo este juego.

Una de las cosas con las que no había contado es que me gusta ir conjuntada con mi ropa interior, con lo cual el sujetador era negro también, con lo cual cuando salí de nuevo a contonearme (esta vez más recatada) delante de mis nuevos amigos.

Esta vez los aplausos y rumores subieron de tono y yo también.

Les hice una reverencia, pensando ya en la retirada con mi botín y sin gastarme ningún dolar. Justo cuando me agaché unas sonoras carcajadas sonaron a mi espalda. Era el taxista aplaudiendo a rabiar y diciendo algunas cosas ilegibles. Me incorporé de un salto y me ruboricé como nunca en mi vida.

Me volvía a dar la vuelta, entre las risas, los nervios y ni vestido semi transparente, todo me daba ya vueltas. Hasta que el propietario de la tienda se levantó de su taburete y contoneándose al ritmo de la música de timbales que sonaba se acercó a mi... mucho.

Reculé lo que pude, pero el seguía intentando bailar conmigo. Sus tres amigos seguían la música con las palmas y yo, para no quedar mal comencé a moverme al fuerte ritmo que sonaba en aquella tienda. Supuse que todo acabaría pronto y que me dejarían marchar, pero aquello no hizo más que empezar.

A mi espalda llegó mi amigo el taxista, ahora yo era un trozo de carne entre dos rebanadas de pan negro. La situación me excitaba mucho, los chicos eran muy guapos y el ambiente en ningún momento parecía extraño o peligroso.
Cuando quise darme cuenta, las cuatro grandes manos de mis acompañantes estaban posada sobre mis caderas y cintura. Yo, elegantemente subí los brazos para bailar con ellos en el aire. La escena era muy excitante y erótica.

En un momento dado comencé a notar como la parte de alante del pantalón de chandal del propietario de la tienda, comenzaba a rozarme mucho. El mismo me tomó una mano y me la bajó hasta que se posó en su cintura, y de allí a pocos centímetros de su polla. El taxista ya estaba magreándome ligeramente el culo.

Yo estaba en otro lugar.

Con un leve movimiento de cintura el que tenía delante logró que mi mano se posara sobre su miembro por completo y el que tenía detrás comenzó a masajearme el culo, abriendo los cachetes... como a mi tanto me gusta. Yo con los ojos cerrados no podía más que disfrutar, nunca había sentido cuatro manos sobre mi cuerpo y menos cuatro manos negras.

Logré ver a los otros dos chicos viendo la escena mientras bebían una especia de té, se relamían de gusto a verme en esa situación. Mi vestido (puesto que ya era mío) estaba ya en la cintura, mi mano estaba ya buscando el final de la polla de mi amigo Nº 1 y mi culo estaba siendo masajeado por mi amigo Nº 2

Los dos chicos me llevaron en volandas hasta el pequeño almacén al lado del pequeño probador. Me sentaron en un sofá sucio y comenzaron a quitarme el vestido dejándome solo con mi conjunto de tanga y sujetador negro. Mi primer reflejo fue el taparme como pude con mis manos, pero ellos susurrando algo en senegalés lograron quitarme las manos y el sujetador. Mis dos tetas quedaron al aire, ya excitadas y con sus pequeños pezones erguidos y duros.
Su reacción fue instantánea, comenzaron a sobarme, primero cuidadosamente, luego un poco más brusco, hasta que no pude más y dejé escapar un gemido de placer. Ese gemido parece que fue la señal de salida y los dos comenzaron a mamarme las tetas, chuparlas, lamerlas. Yo les incitaba a más acariciándoles su rizado pelo. A los pocos segundos aparecieron los otros dos chicos en la habitación. Supuse que habían cerrado la puerta y por un segundo tuve miedo, bastante, pero justo desapareció cuando los dos amigos se bajaron los pantalones y dejaron al aire dos tremendas barreras culturales. Me asusté un poco más, pero esta vez no fue por el miedo a que pasar algo en la tienda... si no el miedo a que no pasara nada.

Los dos hombres que no estaban haciéndome nada eran algo más mayores, tendrían sus cuarenta y tantos, uno era bajito y algo regordete, el otro parecía mas viejo y tampoco era muy alto.

Mis dos jóvenes, se acercaron a mi. Tomo una de las pollas y comencé a pajearla, mientras le miraba a la cara. El otro me giro la cabeza y casi me obligó a meterme su tranca en la boca. Fue tal la sorpresa que me la saqué y, más por miedo que por vergüenza, comencé a pajearle también.



A los pocos segundos sus pollas se turnaban en mi boca, eran negras, grandes, diferentes: una era gruesa de unos 20 cm y sabía a hombre, la otra era más fina pero debía de medir unos 35 cm desde la base, sabía a fruta (sí a fruta). Me encantaban. Ellos me sobaban las tetas como podía entre sus jadeos y los mios.

Me sorprendí tratando de meterme aquellos dos trozos de carne a la vez en la boca y solo conseguí que me doliera la mandíbula; con lo cual proseguí chupando intermitentemente. Uno de mis amigos (ya no sé cual de los dos) se levantaba la polla para que le lamiera los huevos, eso hice y al verlo el otro, también logró que se los probara.

En un abrir y cerrar de ojos me di cuenta de que los otros dos hombres ya estaban delante mía, con los pantalones bajados hasta los tobillos y con dos buenas pollas asomando.
Me daba algo de reparo, puesto que parecían algo mayores, pero sus dos pollas eran grandes, estaban brillantes y eran para mi.
Por turnos comencé a chupárselas a todos, cada minuto cambiaba de carne y cada vez que volvía a comenzar por el primero descansaba recostada en el sillón, mientras ellos me magreaban las tetas, el coño, los pies, la boca, me besaban, me lamían, me comían. El taxista (creo que era el) comenzó a comerme el coño, como si le fuera la vida en ello, mientras los otros me sobaban con toda la paciencia del mundo... 8 manos para mi menudo cuerpo.

Me correría como unas 5 o 6 veces entre parón y parón de mamada. El último orgasmo llegó sin que nadie me tocase, solamente vi como esas 4 pollas se acercaban de nuevo y mi coño entró en erupción. El más viejo se percató de este detalle y fue corriendo a taparme la boca con su polla, tuve ese orgasmo con un buen trozo de carne dentro de mi boca.

Los demás siguieron con la rutina y después de más de 30 minutos de sexo oral tremendo comencé a conseguir que se corrieran: El primero fue el gordito, le tragué toda su leche, caliente y dulce. El segundo fue el dueño del la tienda, este me sacó la polla de la boca, saqué la lengua y en ella se corrió derramando su leche. El tercero fue el mayor que se corrió en mis tetas esparciendo todo el engrudo por ellas con su propio pene. El cuarto fue mi amigo el taxista, a este se la trague gustosamente, sabía agria, pero me gustó sentir los espasmos en la cadera mientras me hacía tragarla toda.

El dueño de la tienda me trajo mi ropa y una caja de pañuelos, los cuatro me miraban sin perder ojo de como me limpiaba y vestía. Yo estaba muy cansada pero aún tenía fuerzas para dedicarles sonrisas a todos. Me habían hecho pasar una de las noches más increíbles de toda mi vida."

Yo sentado en los píes de la cama, cruzaba como podía las piernas para que el pantalón del pijama no estallada de lo dura que tenía mi entrepierna. Julia no se quedaba corta y entre su respiración agitada al contarme toda esta historia y que le costaba tener las piernas cruzadas se le notaba más que excitada.

- Pues desde luego si es verdad, es algo para no olvidar nunca - Fue la primera gilipollez que me vino a la cabeza.
- Mira - Me dice Julia mientras saca de una bolsa de plástico un vestido claro y muy bonito.
- Ahora el que tiene que darse una ducha y no ser molestado soy yo - Le digo señalando al cruce de mis piernas.
_ Ve anda, te doy 10 minutos y si no sales tu voy yo a por ti - Me dijo tapándose los ojos con las manos.

fue un buen viaje.

Aprendiendo


“Mira ven, es que quiero que veas como lo hago” Me dice Ana

Se sienta en la silla, solamente vestida con su bikini, se abre las piernas, se introduce su mano derecha por dentro de las bragas y comienza a masturbarse. Los primeros dos minutos lo hace de manera suave, jugando con su coño, sin prisa. Su cabeza permanece erguida y con sus negros ojos cerrados.
Los siguientes cinco minutos se vuelve loca; en menos de un segundo se despoja de la parte de abajo del bikini con tanto ardor que está a punto de romperse la braguita, con la otra mano se pellizca los pezones. Su cabeza no para de moverse de arriba abajo, como si afirmase algo con rotundidad cientos de veces, su melena negra se mueve como una catarata salvaje.
Se abre más de piernas y veo su coño lampiño frotado fuertemente por su mano, veo como se entretiene más metiéndose uno, dos y hasta tres dedos, hurgando su agujero como si se le hubiera perdido algo. Los vuelve a sacar, usa la otra mano para abrirse los labios y comienza a masajearse rápidamente su clítoris.
Muy rápido.
Más rápido
De su boca no sale ni un sonido, se muerde los labios fuerte, muy fuerte.

Y se corre.

Profunda, salvajemente, golpea el suelo con sus dos pies uno tras otro mientras oleadas de placer recorren su cuerpo.

Ahora sí grita, es más un lamento, un quejido, salvaje potente, como su orgasmo.

Los últimos temblores recorren su cuerpo mientras el placer va desapareciendo.
Tiembla
Se acaricia los brazos tiernamente.

Me mira y sonríe, tímida, avergonzada. Infantilmente se lleva un dedo a los labios.

-Ahora vas a aprender tu hermanita mía- me dice mientras me levanta y me despoja de la toalla que tengo alrededor de mi cintura. – Antes de que vuelvan papá y mamá –

Y me dejo llevar, lo que acaba de hacer mi hermana tiene que ser estupendo

¿Quien lee qué?

Os invito a que me digáis con vuestros comentarios que relato os ha gustado más y sobre que os gustaría leer próximamente.


Futuro impar (II)



David seguía con su media sonrisa, yo seguía muy excitado, no sabía bien que hacer. Allí estábamos los dos amigos con la mujer de este ya totalmente desnuda en el sofá, abierta de piernas, mordiéndose los labios y las manos medio entrelazadas sobre su pecho con una mezcla de vergüenza y de puro vicio.

David atacó, el es así.

Se acabó de quitar el pantalón del pijama y se acercó a Sonia, se paró entre sus piernas y allí su mujer comenzó a chuparle la polla, muy dura, muy mojada. En esa postura yo no podía interactuar de ninguna manera, así que decidí quedarme donde estaba sobándome mi excitado paquete por encima de mi pijama mientras veía como mis amigos tenían esa sesión de sexo oral.
Lo extraño es que David se corrió enseguida, lo supe por sus espasmos y por los esfuerzos de Sonia en tragarse su leche caliente. Su marido le separó la cabeza de su miembro y a continuación tomo a su mujer de la mano y la colocó de tal manera que quedo tumbada sobre el reposabrazos del sofá, boca abajo, con el culo en pompa y a la altura justa de nuestras entrepiernas.

No hizo falta decir más.

David estaba al lado de ella, acariciándole el culo, yo me acerqué con los pantalones ya abandonados en el suelo y sin que dijéramos nada, mi amigo abrió los labios del coño de su esposa y yo dándole las gracias a modo de asentimiento se la clavé.
Sonia dio un respingo de sorpresa y de placer. David dejó los labios sueltos y retrocedió un par de pasos, su polla aún brillaba bajo la tenue luz de la televisión aún encendida. Yo mientras tanto de píe y cómodamente movía mis caderas para tratar de insertar hasta el final mi polla en el húmedo coño de Sonia. Esta gemía suavemente. Después de algunos minutos follándola David apareció a mi lado y suavemente me obligó a retirarme de su posesión ocupando con su miembro mi lugar.

Siempre me gustó ver la cara de la mujer obteniendo placer, es una especie de fetichismo que no puedo remediar. Procurando pasar desapercibido me moví hasta lograr ver la cara de Sonia, rota por el placer, cerraba los ojos con fuerza en cada embestida de su marido, se mordía los labios en cada oleada de placer, se le encendía las mejillas y, algo que no había visto hasta ese momento, sacaba la lengua en punta, como una perrita queriendo lamer algo.
Me puso más cachondo aún si cabía.

David se retiró cuando me vio aparecer a su lado y, cómo no, ocupé su lugar de nuevo. Así estuvimos bastantes minutos, Sonia se corría ya casi una vez con cada uno de sus amantes. Al final con cada corrida ya parecía que lloraba. El placer era demasiado intenso. Para no corrernos nuestras las embestidas eran cada vez más cortas, llegando a ser de unos diez empujones de pelvis cada uno. Esto la excitaba aún más. Sentir dos pollas tan seguidas... tan diferentes.

David y yo no podíamos más, exaustos y con las pollas doliéndonos de la excitación sin premio, decidimos dejar descansar a Sonia que a duras penas se sentó en el sofá con las piernas cruzadas tratando de relajar su placer y su cuerpo.

En la TV... en la TV no se que ponían.
Eran más de las 3 de la madrugada.



"Venid" susurró Sonia. Eran casi las primeras palabras que alguno de los tres pronunciaba esa noche (No cuentan las que decía Sonia mientras se corría una y otra vez)

Nos acercamos a ella, los dos indefensos, desnudos, sudados, de pie delante de ella.
Nos hizo sentarnos uno a cada lado y allí comenzamos a chuparle las tetas, como dos bebés hambrientos, con cuidado y ternura, sin mordiscos, lamiendo y chupando. Ella recostó la cabeza hacia atrás y disfrutó de dos bocas para sus dos pezones.

Nuestras pollas estaban de nuevo tiesas y calientes y ella lo vio.

Separándose de nosotros se colocó encima de David con su polla apuntando a su culo. Debido a las corridas anteriores y a la humedad del nabo de su marido comenzó a entrar por la cueva más íntima de su mujer. Estoy seguro de que no era su primera vez, ni le dolió ni se arrepintió cuando con ella dentro comenzó a moverse en círculos con la polla de su marido en su ano.

Me tomó de la cintura y puso mi polla a la altura de su cara y allí en esa posición con su marido perforándole el culo y sobándole las tetas comenzó a chupármela como una perra sedienta.

Con una mano me acariciaba los huevos, con la otra se masturbaba suavemente el clítorix. Estaba en el octavo cielo.

Se volvió a correr, traté de separarme de su boca puesto que entre sus gemidos y su mamada yo también me venía, pero no me dio tiempo. Me empecé a correr en su boca.

No le importó.

Con una polla taladrándole el culo y otra dándole de beber Sonia se corrió de nuevo. Si la cuenta de sus gemidos no me fallaba era su noveno orgasmo.

Me apartó como pudo y con cuidado se separo de su marido, se arrodilló entre sus piernas y pajeando a David se la comenzó a chupar. Este no tardó en correrse, ella lo bebió todo de nuevo, mientras David subía sus caderas loco de placer.

Sonia se separó como pudo y se tumbó en la moqueta del salón, desnuda, con el pelo alborotado, sudada, cansada, casi muerta.

Eran casi las 5 de la madrugada.

A las 11.00 del sábado un olor a café me despierta del sofá. Solo con el pantalón del pijama entro en la cocina.

- Hola! - Me dice Sonia con una sonrisa en la boca - ¿Quieres un café? - Me pregunta.

No me cuadra, ¿que pasa aquí?, ¿ha pasado algo o lo he soñado?
Le digo que sí mientras me vuelvo a asomar al salón buscando pruebas de que no ha sido un sueño.

Y las encuentro: La alfombra tiene unos bonitos y secos lamparones de algo blanquecino.

Vuelvo a la cocina y me siento. Observo a Sonia con sus pantalones ultra-ajustados de pijama, con ese fantástico culo y con el pelo alborotado, "me gusta" pienso.

- David bajó a por el periódico, vendrá enseguida - Me dice mientras me sirve la taza de café.
- ¿Estás bien? - Le pregunto.
- Muy cansada, no he pegado ojo toda la noche - Me responde con voz algo avergonzada.
Sonrío y ella me acaricia la cara con ternura.
- Quizás hoy nos quedemos otra vez, nuestra casa esta muy fría aún - Me dice en voz baja


Fin

Futuro impar (I)

Futuro impar (I)


Acababan de llegar de La Rioja, un cambio de puesto de trabajo a mejor de ella los había traído más al oeste. El en sus infinitas oposiciones a profesor probaría suerte de nuevo en una nueva ciudad. Pero que carajo, eran mis amigos, muy buenos amigos. Nos queríamos los tres y nos conocíamos desde hace más de diez años.

David era un chico rubio, inquieto, un cachondo de la vida, bajito y relativamente atractivo. Sonia era una chica muy atractiva, rubia, siempre vestía muy elegante y a la vez provocativa, con un muy bonito culo y unas preciosas tetas que asomaban por sus vestidos siempre que podía.

Les había encontrado un piso en alquiler bastante céntrico y a buen precio. A los cuatro días de llegar y con su casa aún a medio colocar les invité a pasar esa noche de viernes conmigo en la mía, aceptaron con gusto pues la suya entre todas sus cosas y el frío de estar deshabitada desde hacía mas de un año era muy incomoda.

Aparecieron a las 21.00 con aspecto de cansados y vestidos muy informales. Les invité a ponerse sus respectivos pijamas puesto que ni íbamos a salir ni era una velada formal. Aparecieron en la cocina David llevaba un pijama largo muy cómodo, Sonia llevaba un pijama blanco con dibujos rosas de camisa de manga larga y pantalón muy, muy, muy ajustado…. Demasiado.

Sonia siempre me había parecido una chica muy agradable y guapa. Pero no solo eso, era cariñosa, muy cariñosa. No os equivoquéis, nunca había pasado nada entre nosotros, ni pensarlo siquiera. Pero si que me atraía. Se puede decir que era una tía buena y que “no le importaba que la cogiera de la cintura” durante unos segundos, siempre en plan de amigos y colegas.

Cenamos con vino, preparamos una ensalada acompañada de embutido, unos miserables yogures de postre y unos chupitos caseros que ellos trajeron para acabar. Al rato nos fuimos al salón. Buscamos una película y David, goloso donde los haya, sacó una bolsa llena de gominolas. David dijo que estaba muy cansado de ordenar su casa y que le dejáramos el sofá pequeño para tumbarse un poco, a lo que Sonia le recriminó que si realmente hubiera hecho algo sí estaría cansado.

Risas.

Pusimos la película a la cual ni prestamos atención, hablamos, comimos gominolas, seguimos bebiendo licor casero y reímos. A David le podía el sueño y se adormilaba; Sonia aprovechaba para acercarse sus gominolas y robarle algunas. Cuando hacía ese movimiento su bonito culo se alzaba delante de mi en todo su esplendor.

Sonia puso la bolsa entre su pierna izquierda y la mía.

Somos animales y como tal tenemos instintos que a veces nos cuesta alejar de nosotros. El movimiento de dedos de mi amiga buscando las chucherías y rozando mi pierna derecha me estaba gustando y me turbaba.

“Pero quítate eso de la cabeza, solo está rozándote para coger gominolas” pensé. El problema fue cuando las gominolas se acabaron y ella buscó sin éxito en la bolsa de plástico. El roce de sus dedos contra mi pierna no podían ser casualidad. No estaba buscando, estaba acariciando.

Desperté bruscamente de mi “paja mental” cuando David se despertó y súbitamente gritó: “Perrilla… me has robado mis gominolas”. Me asusté, por que como os ha pasado a todos alguna vez, cuando estáis pensando algo malo (o travieso) y os sobresaltan pensáis que os han leído la mente y os han pillado, pero no, David solo preguntaba por sus gominolas.

David se espabilo del todo y se abalanzó sobre su mujer. Esta en su huida acabó con su cabeza sobre mis piernas y con David encima de ella, haciéndole cosquillas mientras fingía que buscaba sus gominolas.

Como os haber pasado también cuando estáis recién despierto de una paja mental, os queda esa cara de tontos y ese gesto de idiotas integrales y no sabéis que hacer, verdad? Pues mientras el matrimonio se magreaba ligeramente yo solo pude verlos y reírme estúpidamente.

Después de unos momentos de tensión David volvió a “su” sofá y continuamos “viendo” la película. Sonia se incorporó y se quedó alejada de mi, pero con sus pies debajo de mis piernas. “Hace frío, verdad?” me preguntó. Tras darle la razón saqué dos mantas del armario y mientras que una se la di a David, la otra la compartimos entre ella y yo. No soy tonto y procuré en mi caída para sentarme volver a tener los pies de Sonia debajo de mis piernas, cosa que conseguí con facilidad.

David dormía ya casi profundamente y Sonia y yo criticábamos de vez en cuando el bodrio de película que estábamos viendo. De vez en cuando se respigaba del frío que tenía. Me lancé (de perdidos al río) y le pregunté si tenía los pies fríos, a lo que me respondió que sí. Se los saqué de debajo de mis piernas y los puse sobre ella; con mis manos comencé a frotárselos suavemente y ella un tanto sorprendida sonrió y me dio las gracias. Así pasaron unos minutos muy jugosos, eso sí, en el más completo silencio. De pronto la película se había vuelto muy interesante.

David roncaba ya plácidamente, eran las 23.37 y la película a punto de acabar. Mi lado oscuro no quería que nos fuéramos a la cama. Desde luego no pasaba por hacer más que aquello y no se me ocurrió otra cosa que girarme y ponerme de frente a ella, abriendo mis piernas y subiendo mis rodillas, colocando sus pies casi sobre mi estómago sin dejar de tocárselos. Después de los títulos de crédito del final de la película por fin comenzamos a hablar algo, trivialidades. Los dos sabíamos que, como en la casta Edad Media algo estábamos haciendo más allá de nuestra amistad. Y como suele ocurrir en estos casos el intentar demostrar que “no pasaba nada” solía ser una mala idea. Sonia subió su mano hasta mis rodillas y con una risa de amistad cómplice allí las dejó jugando con sus dedos, mientras yo le hablaba de las bondades gastronómicas de mi ciudad.
La escena era que yo le masajeaba los píes a ella y ella apoyaba sus manos en mis rodillas. Puede parecer muy casto, pero todos sabéis que eso no esta “nada bien”.

Cuando mi amiga bajó sus manos y rozó mis fríos pies. “Wow! Tu también tienes los pies helados” Ni que decir tiene que la escena ahora era que los dos amigos se estaban masajeando los pies uno al otro. Y ni que decir tiene que ni entrepierna se puso bastante “tontona”.

¿Y el siguiente paso? Yo no Quiero que pasara nada serio, para mi esto era un juego y supuse que para ella también. Así que como para Sonia era un juego dejó de calentarme los pies (y solo Dios sabe que más) y me los empujó para ponerlos debajo de su precioso culo. Me sobresalté un poco, ella se dio cuenta y me tranquilizó con un “No te preocupes, aquí se los caliento a David y funciona de maravilla”. Supongo que lo dijo para tratar de tranquilizarme, pero lo que hizo fue ponerme aún más nervioso.

David seguía roncando.

Viendo lo que ponían en la TV Sonia comenzó a dar cabezazos de sueño, yo me mantenía muy despierto. Cuando comenzó a respirar profundamente y ya dormida no pude más que dejarme llevar:

Lo primero que hice fue mover ligeramente los dedos de mis pies y degustar ese culito. Seguía pensando que no íbamos a pasar de esos ligeros tocamientos y como estaba tan convencido estiré las piernas de Sonia hasta dejar sus pies a la altura de mi pecho y con ni mano comencé a acariciar suavemente con la yema de mis dedos el exterior de sus muslos por encima de su apretado pijama. Imaginaros mi cabeza con mis pies debajo de su culito y mis manos rozando sus piernas. Sabía que no iba a pasar nada más así que tras pensarlo subí su pie hasta mi boca y le besé suavemente el dedo gordo.

O destino cruel. Justo cuando levanté de nuevo la vista allí estaban sus ojos color miel, atravesando los míos. “Me encanta” me susurró sin dejar de mirarme a los ojos.
Ella misma subió de nuevo su precioso pie y acercándomelo a la boca se lo besé de nuevo, esta vez alargando el contacto de mis labios con su dedo.

Ni que decir tiene que mi entrepierna ya era un volcán del calor que desprendía. Ella lo pudo comprobar, sin quererlo, cuando bajó su otro pie y rozó con el mi polla. Se turbó y su primera reacción fue mirar a su marido que aún dormía placidamente en el sofá.

Como sabíamos que no iba a pasar nada serio, tomé sus pies y después de besarlos con suavidad se los bajé hasta ponerlos entre mis piernas, rozándome los testículos. Ella hizo lo mismo con los míos. En toda la noche nunca estuvieron nuestros pies tan calientes.

Eran las 00.10

David se despertó en el momento justo en el que mis pies comenzaban a jugar con su entrepierna.
El ser humano es excepcionalmente listo cuando hay momentos de tensión, así que ni Sonia ni yo nos movimos un milímetro, la manta haría el resto.

- ¿Qué, parejita, que hacéis? – Preguntó David frotándose los ojos
- Pues viendo un poco la tele y hablando bajito para no despertarte – Contestó su esposa con mis pies en su entrepierna.
David se incorporó y en ese momento supe que la noche del “no pasará nada serio” se iba al garete.
Pero el “es así” Se levantó y empujando a Sonia para que se acercara a mi, se sentó a su derecha, dejando a su mujer en medio de los dos. Allí se acurruco sobre su hombro y Sonia del peso tuvo que apoyar su mano izquierda donde primero pudo y donde primero pudo fue en el sofá, entre mis piernas y a escasos milímetros de mi poya. David, aún jugando se dejó caer sobre su mujer y esta se dejó caer sobre mi.

Risas (de David)

Ahora la escena era de David recostado sobre el costado de su mujer, esta acostada entre mis piernas y yo muy excitado.

Haré el inciso para explicar por que de mi excitación: Nada me unía a Sonia, excepto una gran amistad, no estaba enamorado de ella y no sentía celos de su matrimonio con David, los quería y punto. Mi excitación se basaba en la expectativa de ver a una amiga disfrutar o ser “tocada” por dos hombres. Soy así.

Logré poner mis manos en los hombros de Sonia, mientras David ya descansaba plácidamente sobre su vientre. Sonia tomó una de mis manos y se la llevó hasta su cuello, yo comencé a acariciarle tiernamente la nuca. Cuando David se volvió a dormir levemente, pasé mi otra mano a acariciar su cara, acariciando sus pómulos hasta llegar a sus labios los cuales rocé con mis dedos. Sentí su temblor al notar mi mano recorriendo sus labios. Miré a David que dormía de nuevo con una mano escondida bajo su cuerpo y con la otra metida por dentro del pijama sobre un pecho de su mujer. Eso me excitó aún más.

Sonia abrió la boca y me dejo entrar con un dedo, sacó su lengua y lo rodeó y lamió. Tuvo que notar como mi polla comenzaba a trabajar de nuevo, puesto que yo notaba como le rozaba su espalda. En un acto de lujuria (el primero de la noche) Sonia acarició la cabeza de su marido, mientras su lengua lamía aún mi dedo índice. Se sentía bien y estaba excitada, eróticamente estaba entre dos hombres. Huí de su boca y bajé mi mano hasta su pecho libre. Lo acaricié despacio y con cuidado por encima del pijama, su pezón estaba muy duro, me moría de ganas de probarlo, pero no quería que pasara nada serio.
Oía la respiración de mi amiga entrecortada y profunda, supuse que se estaría mordiendo su labio, puesto que su marido y yo estábamos disfrutando de sus pechos de manera muy distinta pero igual de disimulada.

Me sorprendió ver el pijama de David con una considerable erección. Intenté recordar si los hombres nos empalmamos cuando estamos dormidos, justo cuando Sonia llevó su cabeza hacia atrás y me besó el cuello, suavemente, sin hacer apenas ruido. Esto me llevo más allá incluso. Veía la mano de David moverse dentro del pijama de Sonia, sobándole el pezón, mientras yo se lo acariciaba suavemente por encima de la camiseta.

Me pregunté si David estaba despierto (y estaba seguro de que lo estaba) ¿por que no le decía a su mujer que se fueran a la cama y allí se la follaba como se merecía? No me importaba la respuesta, sabía que no íbamos a llegar a nada más serio que esos toqueteos así que me arriesgue un poco más y con la mano que estaba en el hombro de Sonia comencé a buscar su boca de nuevo y esta vez no quería besitos, quería que me chupara. Ella lo entendió así y comenzó a hacerme una buena mamada al dedo anular.

Ahora su marido estaba sobándole un pecho por dentro de su pijama, yo estaba con el otro por fuera y ella me estaba chupando el dedo de tal manera que si lo estuviera haciendo a cualquiera de vuestras poyas (en el caso del lector hombre) ya os habríais corrido.

A mi no se me ocurría nada más, simplemente disfrutar de esta escena y pajearme como un loco en cuanto me fuera a la cama. Pero a David si, “el es así”.

Se incorporó haciéndose el dormido remolón y se reclino sobre la parte derecha del sofá, trayendo hacia sí a Sonia la cual quedó perfectamente sentada en el sofá, entre nosotros dos de nuevo. David cogió la manta y nos tapó a todos de nuevo, no fue suficiente: pude notar como llevaba la mano de su mujer hacia su entrepierna y como está poniéndose muy colorada comenzó a buscar algo.
Ahora yo solo podía disfrutar del espectáculo que me ofrecían mis dos amigos. “Mejor que nada” pensé.
Pero este no era el plan. Sonia me miraba con ojos de pedir algo. Y arriesgándome a que todo se fuera al carajo, me acerqué un poco y noté como su mano izquierda buscaba algo entre mis piernas. Cuando lo encontró lo acarició, lo sacó de su pijama y comenzó a menearla. David estaba con los ojos abiertos mirando a la televisión mordiéndose el labio inferior, Sonia miraba al más allá con la boca entreabierta y yo los miraba a ambos.

A estas alturas de la noche (00.50) todos sabíamos que estábamos haciendo.

David “es así”. Destapó su lado de la manta y dejo ver su gran polla masajeada por la mano de su esposa. Sonia paró por unos segundos y le miró, me miró… y no supo lo que hacer. David le enseñó el camino.

Nadie hablaba.

David le tomó la mano y llevo a Sonia hasta que pudo tomarle la cabeza y bajársela con cuidado para que le aplicara una mamada. Sonia se dejó hacer. La chica estaba entre asustada, avergonzada y muy excitada.

Cuando comenzó a chupar el aparato de su esposo, esté le tomo la cabeza y me miró.

- Quítale los pantalones – Me ordenó en voz baja

Aprovechando la postura a cuatro patas de Sonia, le baje el pijama hasta las rodillas pudiendo ver su coño depilado, palpitante y su precioso culo en pompa delante de mi. La primera reacción de mi amiga fue taparse con una mano poniéndosela entre sus piernas.
Mi polla palpitaba fuera de mi pijama y no deseaba otra cosa que entrar en su coño… o donde fuera.

David tomo las manos de su mujer y se las llevo hasta sus tetas. Sonia comenzó a chupar más rápidamente mientras que con una mano se apoyaba y con la otra se automasajeaba las tetas. La escena e pareció tremendamente excitante.
Me incorporé como pude y acerqué mis labios a las nalgas de Sonia. No vi la cara de David, pero su “mmmmmm” me delataba que lo que yo iba a hacer le estaba excitando bastante. Con mis dos manos tome su culo y comencé a besarlo y lamerlo. Notaba el movimiento de su cabeza arriba y abajo en todo su cuerpo, eso me excitó aún más. Llegué al ano y no pude más que lamerlo, Sonia trató de gritar pero le era difícil con la polla de su marido en la boca.
Le estuve comiendo su culo varios segundos hasta que pensé que tenía que probar el coño.
Bajé mi boca y comencé a trabajarlo.
Sonia se convulsionaba suavemente con cada embestida de mi lengua.

No tardó en correrse en mi boca, mentó a Dios un par de veces y un par de “joder” antes de sentarse y decirnos a los dos: “Por favor folladme” mientras se quitaba del todo los pantalones y la camiseta….




(Continuará)